INSECTOS COMESTIBLES Y SEGURIDAD ALIMENTARIA
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ha
publicado recientemente el documento ”Looking at edible insects from a food safety
perspective” (Observando los insectos comestibles desde una perspectiva de seguridad
alimentaria).
Los insectos comestibles pueden diversificar las dietas, mejorar los medios de vida,
contribuir a la seguridad alimentaria y nutricional y tener una menor huella ecológica
en comparación con otras fuentes de proteínas. Si bien reconoce estas diferentes
oportunidades que brinda el sector de los insectos comestibles, este documento
analiza las implicaciones para la seguridad alimentaria asociadas con la producción y el
consumo de insectos. Se consideran algunos peligros potenciales para la seguridad
alimentaria de los insectos comestibles: biológicos (bacterias, virus, hongos, parásitos),
químicos (micotoxinas, plaguicidas, metales pesados, antimicrobianos) y físicos.
También se discute el potencial de riesgos alergénicos y se presentan los marcos
regulatorios que rigen los insectos comestibles en varias regiones.
MARCO REGULATORIO:
En esta publicación, se debaten los marcos regulatorios que gobiernan los insectos
comestibles en diferentes regiones del mundo.
Además, el documento destaca algunos de los desafíos, como las brechas en la
investigación y el aumento de la producción, que el sector de los insectos deberá
superar para tener un alcance más global.
Los destinatarios de esta publicación son los profesionales de la seguridad alimentaria,
los encargados de formular políticas, los investigadores, los productores de insectos,
así como los consumidores.
Salvo en algunas regiones, hay una ausencia de marcos regulatorios internacionales
para apoyar la producción, la evaluación de riesgos, las medidas de control de calidad y
la comercialización de insectos.
En Europa, desde el 1 de enero de 2018 es de aplicación en todos los Estados
miembros de la Unión Europea el Reglamento (UE) 2015/2283 del Parlamento
Europeo y del Consejo de 25 de noviembre de 2015 relativo a los nuevos alimentos,
por el que se modifica el Reglamento (UE) nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y
del Consejo y se derogan el Reglamento (CE) nº 258/97 del Parlamento Europeo y del
Consejo y el Reglamento (CE) nº 1852/2001 de la Comisión.
Los insectos están incluidos en la definición de «nuevo alimento» del nuevo
Reglamento, en la categoría de alimento que consiste en animales o sus partes, o
aislado de estos o producido a partir de estos, que las personas no hayan consumido
en una medida importante en la Unión Europea antes del 15 de mayo de 1997 (fecha
límite que fija el Reglamento).
Este Reglamento prevé dos tipos de procedimientos que serían aplicables a los
insectos:
procedimiento de solicitud de autorización de nuevos alimentos.
procedimiento de notificación para alimentos tradicionales de terceros países,
que se basará en el historial de uso alimentario seguro en un tercer país, de
manera que tales alimentos deben haber sido consumidos en al menos un
tercer país durante por lo menos veinticinco años como parte de la dieta
habitual de un número significativo de personas.
En consecuencia, cualquier operador que quiera comercializar insectos para
alimentación humana en la Unión Europea, debe presentar una solicitud de
autorización o de notificación, en base a uno de los dos procedimientos. Una vez que
la Comisión Europea lo incluya en la lista de la Unión, tal y como prevé el Reglamento,
se podrá iniciar su comercialización.
En enero de 2021, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó la
primera evaluación de seguridad de un insecto como nuevo alimento. Concretamente
la referida al conocido como gusano de la harina, tanto el insecto completo seco como
en forma de polvo (larva Tenebrio molitor).
Las evaluaciones de seguridad realizadas por EFSA son un paso necesario en la
regulación de nuevos alimentos en Europa, ya que el asesoramiento científico respalda
la toma de decisiones a la hora de posibilitar la comercialización de estos productos en
el mercado europeo.
RIESGOS DERIVADOS DEL CONSUMO DE INSECTOS
1. RIESGOS NUTRICIONALES:
Aunque los alérgenos de insectos específicos son en gran parte desconocidos,
hay algunos casos reportados de reacciones alérgicas asociadas con la
entomofagia.
Los alimentos a base de insectos pueden presentar riesgos alérgenos
potenciales para los consumidores, en particular para aquellos que son
alérgicos a los crustáceos debido a la reactividad cruzada.
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2. RIESGOS BIOLÓGICOS
Mientras que los microbios patógenos de los insectos (entomopatógenos) se
consideran inofensivos para humanos y animales debido a diferencias
filogenéticas, los insectos pueden ser un vector de varios microorganismos que
son perjudiciales para el ser humano y la salud de los animales, especialmente
en condiciones higiénicas mal controladas.
El riesgo de transmitir infecciones zoonóticas a los humanos a través de
insectos comestibles parece bajo, pero este tema requiere una mayor
investigación para aclarar los riesgos potenciales para los alimentos y los
piensos.
- BACTERIAS:
Varias especies bacterianas se han asociado con los insectos comestibles,
tanto los criados en granjas como aquellos capturados en la naturaleza,
entre las que destacan algunas especies bacterianas del género
Staphylococcus, Streptococcus, Bacillus, Pseudomonas, Micrococcus,
Lactobacillus, Erwinia, Clostridium y Acinetobacter, así como miembros de
la familia Enterobacteriaceae.
- VIRUS:
Hasta ahora, los riesgos asociados con los virus transmitidos por los
alimentos, como el virus de la hepatitis A, hepatitis E y norovirus, por
consumir insectos comestibles son bajos. No obstante, los insectos pueden
ser vectores potenciales de virus que infectan a los vertebrados.
- HONGOS:
Algunos hongos son patógenos para los humanos y pueden formar
micotoxinas que son extremadamente nocivas para los humanos. Se han
asociado diferentes especies de hongos con la microbiota que se encuentra
en la superficie del cuerpo o intestino de insectos comestibles.
- PARÁSITOS:
Algunas especies de insectos comestibles pueden ser vectores de parásitos,
por lo que es un riesgo que debe tenerse en cuenta. Sin embargo,
actualmente no existe suficiente evidencia científica sobre los riesgos
parasitarios asociados a los insectos comestibles que pueden afectar a los
humanos.
- GENES TRANSFERIBLES DE RESISTENCIA A ANTIMICROBIANOS:
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Los genes de resistencia a los antimicrobianos (RAM) son una preocupación
emergente. Un abuso y mal uso de los antimicrobianos en animales
productores de alimentos seleccionan microorganismos resistentes, que
pueden afectar a la salud de los seres humanos. La evidencia científica
sugiere que los insectos pueden actuar como vehículos para bacterias que
portan genes de RAM entre granjas y comunidades urbanas.
La aplicación de buenas prácticas agrícolas y de higiene por los productores de insectos
es clave para evitar y mitigar la posible aparición de los peligros descritos.
3. RIESGOS QUÍMICOS
Los insectos criados en residuos agrícolas pueden estar expuestos a micotoxinas,
productos para la protección de cultivos como pesticidas y otros peligros químicos
como metales tóxicos y dioxinas. Si se utiliza estiércol de ganado y aves de corral
para la cría de insectos, pueden estar expuestos a antimicrobianos y pesticidas.
- MICOTOXINAS:
Se han detectado varias micotoxinas (beauvericina, eniantina A y A1) en
mosca doméstica seca, aunque a niveles que no dan lugar a problemas de
salud pública. Sin embargo se han documentado aflatoxinas en niveles
elevados en gusanos mopane “listos para comer”, destacando la
importancia de la manipulación, el procesamiento y el almacenamiento en
su prevención.
La evidencia científica muestra que la exposición a sustratos con altos
niveles de micotoxinas no parecen acumularse en los insectos, sino que se
metabolizan o excretan. No obstante, se necesita más investigación para
identificar mejor las rutas de metabolismo, los metabolitos y su potencial
efecto toxicológico en la salud humana y animal.
- PLAGUICIDAS:
Los plaguicidas utilizados en la producción agrícola pueden acumularse en
insectos. No obstante, la alimentación controlada en las granjas de insectos
comestibles ayudaría a minimizar los riesgos asociados con los residuos de
plaguicidas. En cualquier caso, es previsible que en la legislación
comunitaria que establece límites máximos de residuos de plaguicidas en
alimentos se establezcan unos límites para los insectos con objeto de
eliminar los riesgos asociados a los plaguicidas.
- METALES TÓXICOS:
Su acumulación en insectos se encuentra asociada a factores como el tipo
de metal, la especie de insecto, la fase de crecimiento, los sustratos
utilizados y la contaminación del medio ambiente.
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La acumulación de cadmio se ha documentado en algunas especies de
interés comercial, encontrándose en algunas muestras de moscas
domésticas a niveles superiores a los permitidos en la UNIÓN EUROPEA en
la alimentación animal. Se encontraron niveles altos de plomo en
chapulines (saltamontes), que fueron identificados como una de las fuentes
que contribuyeron a un brote de envenenamiento por plomo entre la
población migrante en Monterrey (México).
En cuanto al arsénico, estudios científicos muestran que dependiendo de la
especie de insecto puede acumularse o excretarse, y por tanto plantear
problemas de seguridad o no. La capacidad de la quitina para adsorber
metales pesados hace que sea un factor importante a considerar.
- OTRAS SUSTANCIAS DE PREOCUPACIÓN:
RETARDANTES DE LLAMA:
Estudios científicos indican que, aparte de las actividades durante el
período de cría de insectos, la manipulación industrial y la adición de varios
ingredientes influyen en la carga química del producto alimenticio final.
DIOXINAS:
Actualmente no hay información suficiente sobre la acumulación de
dioxinas, pero se ha demostrado que los PCB se pueden acumular en grillos
expuestos a suelos contaminados, aunque los niveles encontrados no se
consideran de preocupación para la salud.
ACEITES MINERALES:
Se han encontrado niveles altos de hidrocarburos de aceite mineral (MOH)
en algunos insectos. Como los hidrocarburos son componentes integrales
de lípidos cuticulares de varios insectos, es importante estudiar el
contenido nativo de MOH en especies comestibles.
El procesamiento de insectos también puede dar lugar a compuestos
potencialmente tóxicos como aminas aromáticas heterocíclicas,
hidrocarburos policíclicos (HAP), cloropropanoles, furanos y acrilamida
debido a sustancias químicas o a reacciones térmicas entre insectos y otros
ingredientes. Se necesita una mayor evaluación sobre la bioacumulación de
contaminantes químicos del procesamiento al considerar el uso insectos
como alimento para el consumo humano.
- ANTIMICROBIANOS:
Al margen de los medicamentos veterinarios que se utilizan para el
tratamiento y prevención de las enfermedades que afectan a las abejas
productoras de miel para consumo humano, existe escasa bibliografía sobre
el uso de antimicrobianos para el tratamiento de infecciones
microbiológicas y parasitarias de insectos para comestibles. No obstante, es
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posible que la cría en granjas requiera de la realización de algún tipo de
tratamiento como medida de contingencia para controlar los problemas
microbiológicos.
No obstante, ya como sucede con el resto de animales productores de
alimentos, se establecerían unos límites máximos de residuos de
medicamentos veterinarios y procedimientos pertinentes para gestionar
este posible riesgo.