0% encontró este documento útil (1 voto)
2K vistas143 páginas

Anatomía Del Estado

El documento define lo que es el Estado. Explica que el Estado es la organización que mantiene el monopolio del uso de la fuerza y la violencia en un territorio determinado. Obtiene sus ingresos a través de la coerción y los impuestos en lugar de contribuciones voluntarias. El Estado sistematiza el proceso depredador de explotar a la población en lugar de dedicarse a la producción y el intercambio voluntario. Surge típicamente cuando un grupo conquistador somete a otro y se establece como gobernante, exigiendo

Cargado por

Alison Mauriola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (1 voto)
2K vistas143 páginas

Anatomía Del Estado

El documento define lo que es el Estado. Explica que el Estado es la organización que mantiene el monopolio del uso de la fuerza y la violencia en un territorio determinado. Obtiene sus ingresos a través de la coerción y los impuestos en lugar de contribuciones voluntarias. El Estado sistematiza el proceso depredador de explotar a la población en lugar de dedicarse a la producción y el intercambio voluntario. Surge típicamente cuando un grupo conquistador somete a otro y se establece como gobernante, exigiendo

Cargado por

Alison Mauriola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Anatomía del Estado

Anatomía
del Estado
Por Murray Rothbard
Murray Rothbard

ÍNDICE
LO QUE EL ESTADO NO ES.......................... 8
LO QUE EL ESTADO ES.............................. 12
CÓMO SE PRESERVA EL ESTADO A SÍ
MISMO............................................................ 17
CÓMO EL ESTADO TRASCIENDE SUS
LÍMITES........................................................... 30
LO QUE EL ESTADO TEME........................ 31
CÓMO LOS ESTADOS SE RELACIONAN
ENTRE SÍ......................................................... 39
LA HISTORIA COMO COMPETENCIA EN-
TRE PODER ESTATAL Y PODER SOCIAL
.......................................................................... 56
NOTAS............................................................. 59

7
Anatomía del Estado

Lo que el Estado no es
El Estado es considerado casi universal-
mente como una institución de servicio pú-
blico. Algunos teóricos veneran al Estado
como la apoteosis de la sociedad; otros lo
consideran como una amigable, aunque al-
gunas veces ineficiente, organización para
el logro de fines sociales; pero casi todos lo
consideran como un medio necesario para
lograr los objetivos de la humanidad, un
medio a ser contrapuesto al “sector priva-
do” y que usualmente gana en esta compe-
tencia por recursos. Con el surgimiento de
la democracia, la identificación del Estado
con la sociedad se ha redoblado, hasta el
punto que es común escuchar la expresión
de sentimientos que virtualmente violan
todos los principios de la razón y el sentido
común, tales como “nosotros somos el go-
bierno”. El útil término colectivo “Nosotros”
ha permitido que un camuflaje ideológico
haya sido extendido sobre la realidad de la
vida política. Si“nosotros somos el gobier-
no”, entonces todo lo que un gobierno le
haga a un individuo no es sólo justo y no-ti-
ránico, sino también voluntario de parte

8
Murray Rothbard

del individuo involucrado. Si el gobierno ha


incurrido en una enorme deuda pública la
cual debe ser pagada gravando a un grupo
en beneficio del otro, la realidad de la carga
es oscurecida al decir que “nos lo debemos
a nosotros mismos”; si el gobierno recluta a
un hombre, o lo encierra en prisión por sus
opiniones disidentes, entonces “se lo hizo
a sí mismo”, y por lo tanto, nada grave ha
sucedido. De acuerdo a este razonamiento,
cualquier judío asesinado por el gobierno
Nazi no fue realmente asesinado, sino que
debe haber “cometido suicidio”, ya que los
judíos eran el gobierno (el cual fue demo-
cráticamente electo) y, en consecuencia,
cualquier cosa que el gobierno les haya he-
cho fue voluntario de su parte. Uno pensa-
ría que no es necesario elaborar sobre este
punto, y sin embargo la gran mayoría de la
población cree en esta falacia en menor o
mayor grado.

Debemos entonces enfatizar que “noso-


tros” no somos el gobierno, el gobierno
no es “nosotros”. El gobierno no represen-
ta en ningún sentido preciso, a la mayoría
del pueblo1. Pero aún si lo hiciera, aún si
el 70% de la población decidiera asesinar

9
Anatomía del Estado

al restante 30%, eso sería de todas formas


asesinato y no suicidio voluntario de parte
de la minoría masacrada2. A ninguna me-
táfora organicista ni calmante irrelevante
de que “todos somos parte del otro”debe
permitírsele oscurecer este hecho básico.

Si, entonces, el Estado no es “nosotros”, si no


es la familia humana juntándose para deci-
dir sobre sus problemas comunes; si no es
una reunión de una logia o “Country Club”;
¿qué es el Estado? Brevemente, el Estado es
aquella organización en la sociedad que in-
tenta mantener un monopolio sobre el uso
de la fuerza y la violencia en una determi-
nada área territorial; en particular, el Esta-
do es la única organización que obtiene sus
ingresos, no a través de contribuciones vo-
luntarias o el pago por servicios prestados,
sino a través de la coerción. Mientras que
otros individuos o instituciones obtienen
sus ingresos por medio de la producción
de bienes y servicios y por la venta volunta-
ria y pacífica de dichos bienes y servicios a
otros individuos, el Estado obtiene su renta
mediante el uso de la compulsión, es de-
cir, la amenaza de la cárcel y la bayoneta3.
Luego de usar la fuerza y la violencia para

10
Murray Rothbard

obtener sus ingresos, pasa a regular las


demás acciones sus súbditos individuales.
Uno pensaría que la simple observación de
todos los Estados a lo largo de la historia
y sobre todo el globo terráqueo, sería su-
ficiente prueba de esta afirmación; pero el
aura de mito ha envuelto por mucho tiem-
po las actividades del Estado, que cierta
elaboración es necesaria.

11
Anatomía del Estado

Lo que el Estado es
El hombre viene al mundo desnudo y con
la necesidad de usar su mente para apren-
der como tomar los recursos que le ha
dado la naturaleza y transformarlos (por
ejemplo, mediante la inversión de capital)
en formas y maneras y lugares en los cuales
dichos recursos puedan ser usados para la
satisfacción de sus necesidades y el avan-
ce de su nivel de vida. La única forma por
la cual el hombre puede lograr tal cosa es
mediante el uso de su mente y su energía
para transformar recursos (“producción”) e
intercambiar dichos productos por bienes
creados por otras personas. El hombre ha
descubierto que a través del proceso de in-
tercambio voluntario y mutuo, la producti-
vidad, y por tanto el nivel de vida de todos
los participantes en el intercambio puede
incrementarse enormemente. El único
curso “natural” para la supervivencia del
hombre y la obtención de riqueza es, por lo
tanto, el uso de su mente y energía para de-
dicarse al proceso de la producción e inter-
cambio. El hombre hombre hace esto, en
primer lugar encontrando recursos natura-

12
Murray Rothbard

les y transformándolos (“mezclando su tra-


bajo con ellos”, según Locke), para hacerlos
su propiedad individual y luego intercam-
biando dicha propiedad por la propiedad
similarmente obtenida de otros. El camino
social dictado por los requerimientos de la
naturaleza del hombre es, por consiguien-
te, el camino de los “derechos de propie-
dad”. A través de este camino los hombres
han aprendido a evitar los métodos de la
“selva”, el pelear por los recursos escasos,
de manera que A sólo puede obtenerlos a
expensas de B y, en cambio, ha aprendido a
multiplicar dichos recursos inmensamente
en harmoniosa y pacífica producción e in-
tercambio.

El gran sociólogo alemán Franz Oppenhei-


mer señaló que hay sólo dos formas mu-
tuamente excluyentes de obtener rique-
za: en primer lugar, el método anterior de
la producción e intercambio, al cual llamó
los “medios económicos”. La otra forma es
más simple, en el sentido que no requie-
re de productividad, es el método de la
captura de los bienes o servicios de otros
por medio de la fuerza y la violencia. Este
es el método de la confiscación unilateral,
del robo de la propiedad de otros. Este es

13
Anatomía del Estado

el método que Oppenheimer denominó


“medios políticos” hacia la riqueza. Debería
estar claro que el uso pacífico de la razón y
la energía propia para la producción es el
camino natural para el hombre: sus medios
de supervivencia y prosperidad en esta Tie-
rra. Debería ser igualmente claro que los
medios coercivos y explotadores son con-
trarios a la ley natural, son parasíticos. Pues
en vez de agregar a la producción, substrae
de ella. Los “medios políticos” desvían la
producción hacia un individuo o grupo pa-
rasítico y destructivo; y esta desviación no
sólo substrae del número de productores,
sino que también reduce el incentivo que
estos tienen para producir más allá de su
propia subsistencia. A largo plazo, el ladrón
destruye su propio medio de subsisten-
cia al menguar o eliminar la fuente de sus
propias provisiones. Pero no sólo eso, pues
aún en el corto plazo, el depredador está
actuando en contra de su propia naturale-
za como ser humano.

Estamos ahora en una posición de contes-


tar más completamente la pregunta:
¿Qué es el Estado? El Estado, en palabras
de Oppenheimer, es la organización de los

14
Murray Rothbard

medios políticos; es la sistematización del


proceso predatorio sobre un territorio de-
terminado4. Pues el crimen es, en el mejor
de los casos, esporádico e incierto, el pa-
rasitismo es efímero y la vida coercitiva y
parasítica puede ser cortada en cualquier
momento, a través de la resistencia de las
víctimas. El Estado provee un canal legal,
ordenado y sistemático para la depreda-
ción de la propiedad privada; hace segura y
relativamente pacífica la vida de la casta de
parásitos en la sociedad.5 Ya que la produc-
ción debe preceder siempre a la depreda-
ción, el mercado librees anterior al Estado.
El Estado nunca ha sido creado mediante
un “contrato social”, siempre ha nacido de
la conquista y la explotación. El paradigma
clásico era el de una tribu conquistadora
haciendo una pausa en sus métodos an-
cestrales de saqueo y asesinato de una tri-
bu conquistada, para darse cuenta que el
tiempo de vida de la depredación sería más
largo y seguro, y la situación más placente-
ra, si a la tribu conquistada se le permitie-
se vivir y producir, con los conquistadores
asentándose entre ellos como gobernan-
tes, exigiendo un tributo anual estable.6
Un método para el nacimiento del Estado

15
Anatomía del Estado

puede ser ilustrado de la siguiente manera:


en las colinas del sur de “Ruritania” un gru-
po de bandidos logra tomar el control físico
sobre el territorio y entonces, el cacique de
la banda se proclama a sí mismo “Rey del
gobierno soberano e independiente de Ru-
ritania del Sur”. Y si él y sus hombres tienen
la fuerza necesaria para mantener este go-
bierno por un rato, ¡Bienvenidos! Un nuevo
Estado se ha unido a la “familia de Nacio-
nes”, y los antiguos líderes de la banda han
sido transformados en la nobleza legal del
reino.

16
Murray Rothbard

Cómo se preserva el Esta-


do a sí mismo
Una vez que el Estado ha sido establecido,
el problema del grupo o casta dominante
es cómo mantener su dominio7. Mientras
que la fuerza es su modus operandi, su pro-
blema básico y de largo plazo es ideológi-
co. Pues para continuar a cargo, cualquier
gobierno (no solamente uno democrático)
debe tener el apoyo de la mayoría de sus
súbditos. Este apoyo, se debe hacer notar,
no necesariamente debe ser entusiasmo
activo, muy bien puede ser resignación
pasiva, como ante una inevitable ley de la
naturaleza. Mas apoyo debe haber, en el
sentido de aceptación de algún tipo; de
otra manera la minoría de gobernantes del
Estado eventualmente sería abrumada por
la activa resistencia de la mayoría del pú-
blico. Debido a que la depredación debe
ser mantenida a partir de los excedentes
de la producción, es necesariamente cier-
to que la clase constituyente del Estado -la
burocracia permanente y la nobleza- debe
ser una minoría bastante pequeña del país,

17
Anatomía del Estado

aunque puede, desde luego, comprar alia-


dos entre los grupos importantes de la po-
blación. Por lo tanto, la principal tarea de
los gobernantes es siempre asegurar la
aceptación activa o resignada de la mayo-
ría de los ciudadanos8,9.

Por supuesto, uno de los métodos para


asegurarse apoyo es la creación de privi-
legios. Por lo tanto, el rey solo no puede
gobernar, debe tener un grupo considera-
ble de seguidores quienes disfrutan de las
prerrogativas del dominio, por ejemplo, los
miembros del aparato estatal, tales como la
burocracia permanente o la nobleza conso-
lidada10. Pero este método garantiza sola-
mente una minoría de seguidores ávidos y,
hasta la fundamental compra de apoyos a
través de subsidios y el otorgamiento de
privilegios no es capaz de lograr el consen-
timiento de la mayoría. Para lograr tal con-
sentimiento la mayoría debe ser conven-
cida por medio de la ideología de que su
gobierno es bueno, sabio, al menos inevi-
table y ciertamente mejor que las alternati-
vas concebibles. La tarea social fundamen-
tal de los “intelectuales” es promover dicha
ideología entre la gente. Pues las masas de

18
Murray Rothbard

hombres no cran sus propias ideas, es más,


ni siquiera piensan a través de ellas inde-
pendientemente, sino que siguen pasiva-
mente las ideas adoptadas y diseminadas
por el cuerpo de intelectuales. Los intelec-
tuales son, por lo tanto, los “formadores de
opinión” en la sociedad. Y ya que precisa-
mente lo que el Estado necesita desespera-
damente es el moldeamiento de la opinión
pública, la base de la antigua alianza entre
el Estado y los intelectuales se hace clara.

Es evidente que el Estado necesita a los in-


telectuales; no es tan evidente por qué los
intelectuales necesitan al Estado. En pocas
palabras, podemos afirmar que el susten-
to de los intelectuales es un mercado libre
nunca está demasiado seguro, pues estos
deben depender de los valores y eleccio-
nes de las masas de sus compatriotas y es
precisamente característico de las masas
que generalmente están desinteresadas
en los asuntos intelectuales. El Estado, por
otro lado, está dispuesto a ofrecerle a los in-
telectuales una posición permanente den-
tro del aparato estatal y, por lo tanto, renta
segura y la panoplia del prestigio. Pues el
intelectual será recompensado generosa-

19
Anatomía del Estado

mente por la importante función que des-


empeña para los gobernantes, grupo del
cual ahora pasa a formar parte.11

La alianza entre el Estado y los intelectua-


les fue simbolizada por el deseo ansioso de
profesores de la Universidad de Berlín du-
rante el siglo XIX de formar la “guardia in-
telectual de la Casa de Hohenzollern”. En la
actualidad, debemos notar el comentario
revelador de un eminente académico mar-
xista en relación al estudio crítico del pro-
fesor Wittfogel sobre el antiguo despotis-
mo oriental: La civilización que el profesor
Wittfogel está atacando tan amargamente
era una que podía convertir poetas y aca-
démicos en funcionarios.12 De innumera-
bles ejemplos, podemos citar el desarrollo
reciente de la “ciencia” de la estrategia, al
servicio del brazo más violento del gobier-
no, el militar.13 Además, una institución
venerable, es la del historiador oficial o de
la “corte”, dedicada a proporcionar la visión
del gobernante sobre sus propias acciones
y las de sus predecesores.14

Muchos y variados han sido los argumen-


tos mediante los cuales el Estado y sus in-

20
Murray Rothbard

telectuales han inducido a sus súbditos a


apoyar su hegemonía. Básicamente la cade
na del argumento puede ser resumida así:
(a) los gobernantes estatales son hombres
grandiosos y sabios (gobiernan por “gracia
divina”, son la “aristocracia” de los hombres,
son los “expertos científicos”), mucho más
grandiosos y sabios que los buenos pero
bastante simplones súbditos y (b) la hege-
monía del gobierno es inevitable, absolu-
tamente necesaria y muchísimo mejor que
los indescriptibles males que surgirían des-
pués de su caída. La unión de la iglesia y el
estado fue una de las más antiguas y exi-
tosas de estos instrumentos ideológicos. El
gobernante o era bendecido por Dios o, en
el caso

de muchos despotismo orientales, él mis-


mo era Dios; por lo tanto, cualquier resis-
tencia a su dominio sería blasfemia. Los
sacerdotes estatales realizaban la labor
intelectual básica de obtener el apoyo po-
pular e incluso la adoración de los gober-
nantes. 15

Otra arma exitosa era inspirar miedo de


cualquier forma alternativa de gobierno o

21
Anatomía del Estado

desgobierno. Los gobernntes actuales, se


mantenía, proveen a los ciudadanos de un
servicio esencial, por el cual deben estar de
lo más agradecidos: protección contra cri-
minales esporádicos y merodeadores. Pues
el Estado, para mantener su propio mono-
polio de la depedación, en efecto se asegu-
raba de que el crimen privado y esporádi-
co fuese mantenido al mínimo; el Estado
siempre ha sido celoso de su propio domi-
nio. Especialmente el Estado ha sido exi-
toso en siglos recientes en inspirar miedo
de otros gobernantes. Ya que la superficie
terrestre del Globo ha sido parcelada entre
Estados particulares, una de las doctrinas
básicas del Estado fue identificarse a sí mis-
mo con el territorio que gobernaba. Como
muchas personas tienden a amar su tierra
natal, la identificación de dicha tierra y su
gente con el Estado era un medio de hacer
trabajar al patriotismo natural a favor del
Estado. Si “Ruritania” estaba siendo atacada
por “Walldavia”, la primera tarea del Estado
y sus intelectuales era convencer a los ha-
bitantes de Ruritania de que el ataque era
realmente contra ellos y no simplemente
contra la casta gobernante. De esta forma,
una guerra entre gobernantes fue con-

22
Murray Rothbard

vertida en una guerra entre pueblos, con


cada pueblo saliendo en la defensa de sus
gobernantes, bajo la creencia errónea que
los gobernantes los estaban defendiendo a
ellos. Este truco del “nacionalismo” ha sido
exitoso sólamente, en la civilización Occi-
dental, en siglos recientes; no hace mucho
tiempo que las masas de súbditos conside-
raban las guerras como batallas irrelevan-
tes entre distintos grupos de nobles.

Numerosas y sutiles son las armas ideoló-


gicas que el Estado ha empuñado durante
siglos. Un arma exitosa ha sido la tradición.
Mientras más largo sea el tiempo que el go-
bierno del Estado ha sido capaz de preser-
varse a sí mismo, esta arma es más podero-
sa; pues entonces las dinastía X o el Estado
Y tiene el peso aparente de siglos de tradi-
ción tras de sí16. La adoración de nuestros
ancestros se convierte entonces en un me-
dio no tan sutil de adoración de nuestros
gobernantes ancestrales. El mayor peligro
para el Estado es la crítica intelectual in-
dependiente; no hay mejor manera de re-
primir dicha crítica que atacando cada voz
aislada, cada promotor de nuevas dudas,
como un profano violador de la sabiduría

23
Anatomía del Estado

de sus ancestros. Otra potente fuerza ideo-


lógica es depreciar al individuo y exaltar
la colectividad de la sociedad. Puesto que
cualquier gobierno necesita aceptación
de la mayoría, cualquier peligro ideológi-
co para dicho dominio sólo puede surgir
a partir de unos pocos individuos de pen-
samiento independiente. La nueva idea,
mucho menos la nueva crítica idea, nece-
sita comenzar como una opinión de una
pequeña minoría; por lo tanto, el Estado
debe cortar dicha visión de raíz ridiculizan-
do cualquier idea que desafía las opiniones
de las masas. El “Escuchad sólo a vuestro
hermano” o “ajústese a la sociedad”, por lo
tanto, se transforman en armas ideológicas
para aplastar la disidencia17. Con tales me-
didas las masas nunca aprenderán sobre la
inexistencia del traje de su emperador18.
También es importante para el Estado ha-
cer parecer inevitable su dominio; aún si su
reinado es impopular será enfrentado en-
tonces con resignación pasiva, como ates-
tigua el aparejamiento familiar de “muer-
te e impuestos”. Un método es inducir al
determinismo hitoriográfico en oposición
la libre voluntad individual. Si la dinastía
X nos gobierna, esto es debido a que las

24
Murray Rothbard

“Leyes Inexorables de la Historia” (o la Vo-


luntad Divina, o el Absoluto, o las Fuerzas
Materialistas Productivas) lo han decretado
así y nada que un endeble individuo pueda
hacer podría cambiar ese decreto inevita-
ble. También es importante para el Estado
inculcar a sus súbditos una animadversión
por cualquier “teoría de conspiración de la
historia”; pues la búsqueda de “conspiracio-
nes” significa una búsqueda de motivos y
la atribución de responsabilidades por las
fechorías históricas. Sin embargo, si cual-
quier tiranía, corrupción o guerra agresiva
impuesta por el Estado, no fue causada por
los gobernantes del Estado, sino por las
misteriosas y secretas “fuerzas sociales”, o
por el imperfecto estado del mundo, o si de
alguna manera todo el mundo fuese res-
ponsable (“Todos somos asesinos”, procla-
ma un eslogan), entonces no tiene sentido
que la gente se sienta indignada y se levan-
te en contra de tales crímenes. Además, un
ataque contra las “teorías de conspiración”
significa que los súbditos se harán más
crédulos al tragarse las razones de “bienes-
tar general” que siempre son presentadas
por el Estado para dedicarse a cada una de
sus actividades despóticas. Una “teoría de

25
Anatomía del Estado

conspiración” puede desestabilizar el siste-


ma al causar que el público dude de la pro-
paganda ideológica del Estado.

Otro método probado y auténtico para do-


blegar a sus súbditos a la voluntad del Esta-
do es inducir sentimientos de culpa. Cual-
quier incremento en el bienestar privado
puede ser atacado como “avaricia escanda-
losa”, “materialismo” o “excesiva opulencia”;
el producir ganancias puede ser atacado
como “explotación”, “usura”; intercambios
mutuamente beneficiosos denunciados
como “egoísmo” y, de alguna manera, siem-
pre llegando a la conclusión que más recur-
sos deben ser desviados del sector privado
al “público”. La culpa así inducida hace al
público más presto a aceptar exactamente
eso. Pues mientras las personas individua-
les tienden a dejarse llevar por la “avaricia
egoísta”, la incapacidad de los gobernantes
de comprometerse en intercambios se su-
pone que debe representar su devoción a
causas más elevadas y nobles -siendo apa-
rentemente la depredación parasítica mo-
ral y estéticamente magnánima en compa-
ración con el trabajo pacífico y productivo.

26
Murray Rothbard

En la presente, más secular, época el dere-


cho divino del Estado ha sido suplido me-
diante la invocación de un nuevo dios: la
Ciencia. Se proclama ahora que el gobier-
no del Estado es ultracientífico, al constituir
planificación por expertos. Pero, a pesar
que la “Razón” es invocada más frecuente-
mente que en siglos anteriores, esta no es
la verdadera razón del individuo y su ejer-
cicio del libre albedrío; esta es aun colec-
tivista y determinista, implica agregados
integrales y la manipulación coercitiva de
los pasivos súbditos por parte del Estado.

El creciente uso de la jerga científica le ha


permitido a los intelectuales del Estado te-
jer apologías obscuras del Estado que sólo
habrían sido ridiculizadas por los habitan-
tes de una época más sencilla. Un ladrón
que justificase sus robos diciendo que en
realidad él ayuda a sus víctimas, al estimu-
lar las ventas minoristas con sus gastos, ha-
llaría muy pocos conversos; pero cuando
esta teoría es disfrazada con ecuaciones
Keynesianas y referencias impresionantes
al “efecto multiplicador” desafortunada-
mente posee más convicción. De manera
que el asalto al sentido común continúa,

27
Anatomía del Estado

cada época realizando la tarea a su propio


modo.

De manera que, siendo el apoyo ideológico


algo vital para el Estado, este debe intentar
impresionar incesantemente al público con
su “legitimidad”, para distinguir sus activi-
dades de los meros bandidos. Sus constan-
tes asaltos al sentido común no son un ac-
cidente, pues como Mencken vívidamente
mantuvo:

El hombre promedio, cualquiera que sean


sus otros errores, al menos ve claramente
que el gobierno es algo que está fuera de
él y de la generalidad de sus semejantes
-es decir, un poder separado, independien-
te y hostil, sólo parcialmente bajo su con-
trol y capaz de causarle gran daño. ¿Es un
hecho insignificante que robar al gobierno
es considerado en todas partes como un
crimen de menor magnitud que robar a un
individuo, o aun a una corporación? … Lo
que está detrás de todo esto, creo yo, es un
profundo sentido del antagonismo funda-
mental entre el gobierno y la gente a la que
gobierna. Este es entendido, no como un
comité de ciudadanos escogidos para en-

28
Murray Rothbard

cargarse de los asuntos comunales de toda


la población, sino como una corporación
separada y autónoma, principalmente avo-
cada a la explotación de la población para
el beneficio de sus propios miembros [los
del Estado]… Cuando un ciudadano priva-
do es robado, una persona valiosa es pri-
vada de los frutos de su trabajo y ahorros;
cuando un gobierno es robado lo peor que
pasa es que ciertos granujas y parásitos
tendrán menos dinero para jugar que an-
tes. La noción de que ellos se ganaron ese
dinero nunca es considerada; para la mayo-
ría de las personas sensibles dicha noción
sería ridícula19.

29
Anatomía del Estado

Cómo el Estado trascien-


de sus límites
Como Bertrand de Jouvenel sagazmente
señaló, a lo largo de los años los hombres
han inventado conceptos diseñados para
contener y limitar el ejercicio del gobier-
no del Estado; y una vez tras otra el Esta-
do, usando a sus aliados intelectuales, ha
logrado transformar estos conceptos en
sellos de aprobación intelectual de legiti-
midad y virtud adjuntados a sus decretos
y actuaciones. Originalmente, en Europa
Occidental el concepto de soberanía divi-
na sostenía que los reyes sólo podían go-
bernar de acuerdo a la ley divina; los reyes
transformaron el concepto en un sello de
aprobación divina para cualquiera de las
acciones del rey. El concepto de democra-
cia parlamentaria comenzó como una limi-
tación popular al poder de la monarquía
absolutista; terminó con el parlamento
como la parte esencial del Estado y cada
uno de sus actos como absolutamente so-
berano. Como Jouvenel concluye:

30
Murray Rothbard

Muchos escritores sobre la teoría de la so-


beranía han divisado uno (…) de estos me-
canismos de restricción. Pero al final, todas
y cada una de estas teorías han perdido su
propósito original tarde o temprano y han
venido a ser meros trampolines al Poder,
al proveerlo con la poderosa ayuda de un
soberano invisible con quien poderse iden-
tificar satisfactoriamente con el paso del
tiempo.20.

Similarmente con doctrinas más específi-


cas: los “derechos naturales” del individuo
consagrados por John Locke y la Ley de
Derechos se conviertieron en el estatista
“derecho a un trabajo”; el utilitarismo se
transformó de argumentos en favor de la li-
bertad en argumentos contra la resistencia
a las invasiones de la libertad por el Estado,
etc.

Ciertamente el intento más ambicioso de


imponer límites al estado ha sido la Ley
de Derechos y otras partes restrictivas de
la Constitución de los Estados Unidos, en
los cuales límites escritos sobre el gobier-
no se convirtieron en la ley suprema a ser
interpretada por un poder judicial supues-

31
Anatomía del Estado

tamente independiente de las otras ramas


del gobierno. Todos los estadounidenses
están familiarizados con el proceso por el
cual la construcción de límites en la consti-
tución ha sido inexorablemente expandida
a los largo del último siglo. Pero pocos han
sido tan agudos como el profesor Charles
Black para ver que en el proceso el Estado
ha transfromado la misma revisión judicial
de un instrumento para limitar a tan sólo
un instrumento más para suministrar legiti-
midad ideológica a sus actuaciones. Pues si
un decreto de “inconstitucionalidad” es una
contención potente del poder del Estado,
un veredicto implícito o explícito de “cons-
titucionalidad” es un arma fabulosa para
alentar la aceptación pública de cada vez
mayores poderes gubernamentales.

El profesor Black comienza su análisis seña-


lando la crucial necesidad de “legitimidad”
para que cualquier gobierno perdure, esta
legitimación significa aceptación mayori-
taria básica del gobierno y sus acciones21.
La aceptación de la legitimidad se hace un
problema particular en un país como los
Estados Unidos, donde limitaciones sus-
tantivas están incluidas en la teoría sobre

32
Murray Rothbard

la que el gobierno descansa. Lo que se


necesita, agrega Black, es un medio por el
cual el gobierno pueda asegurar al público
que sus crecientes poderes son, de hecho,
constitucionales. Y esta, concluye, ha sido
la principal función histórica de la revisión
judicial.

Dejemos que Black ilustre el problema:

El riesgo supremo [para el gobierno] es la


deslealtad y sentimiento de indignación
ampliamente diseminado en la población,
y la pérdida de autoridad moral por el go-
bierno como tal, por mucho que esta sea
apoyada por la fuerza, la inercia o la falta
de una alternativa atractiva disponible in-
mediatamente. Casi cualquier persona que
viva bajo un gobierno de poderes limita-
dos, tarde o temprano se verá sujeto a una
acción gubernamental que desde la óptica
de la opinión privada se encuentra fuera de
los poderes del gobierno o prohibida po-
sitivamente. Un hombre es reclutado, aun-
que no encuentra nada en la constitución
sobre ser reclutado (…) A un granjero se
le dice cuánto trigo puede cosechar, y des-
cubre que algunos abogados respetables

33
Anatomía del Estado

creen igual que él que el gobierno no tiene


más derecho de decirle cuánto trigo puede
cosechar que de decirle a su hija con quién
se puede casar. Un hombre va a la cárcel fe-
deral por decir lo que quiere y se encuentra
en su celda recitando (…) “El Congreso no
pasará leyes que limiten la libertad de ex-
presión”. A un comerciante se le dice cuán-
to puede y debe pedir por una mantequilla.
El peligro es bastante real de que cada una
de estas personas (¿y quién no se cuen-
ta entre sus filas?) confronte el concepto
de limitación del gobierno con la realidad
(como a él le parece) de la flagrante trans-
gresión de los límites concretos y llegue a
la obvia conclusión respecto al estado de
su gobierno en cuanto a su legitimidad.22.

El peligro es evitado por el Estado al propo-


ner la doctrina que una agencia debe tener
la última palabra en asuntos de constitu-
cionalidad y que esta agencia debe ser, en
el análisis final, parte del mismo gobierno
federal23. Pues mientras la aparente inde-
pendencia del aparato judicial federal ha
jugado un papel vital en convertir sus ac-
ciones en Santa Palabra para la masa de la
población, también es cierto que la judica-

34
Murray Rothbard

tura es parte y parcela del aparato guber-


namental y es nombrada por las ramas eje-
cutiva y legislativa. Black admite que esto
significa que el Estado se ha convertido en
juez de su propia causa, violando en con-
secuencia un principio jurídico básico en la
búsqueda de decisiones justas. Black niega
bruscamente la posibilidad de otra alterna-
tiva.24

Black agrega:

El problema es entonces, inventar los me-


dios gubernamentales de manera que [con
un poco de suerte] se reduzca a un mínimo
tolerable la objeción que el gobierno es
juez de su propia causa. Habiendo logrado
lo anterior, sólo se puede esperar que esta
objeción, aunque teóricamente aun válida
[énfasis mío], pierda en la práctica suficien-
te fuerza, de manera que la labor legiti-
madora de la institución que decida gane
aceptación. 25

En el análisis final, Black encuentra el lo-


gro de la justicia y la legitimidad de que el
Estado perpetuamente esté juzgando sus
propias causas como “un verdadero mila-

35
Anatomía del Estado

gro”26

Aplicando su tesis al famoso conflicto entre


la Corte Suprema y el New Deal, el profesor
Black incisivamente regaña a sus compañe-
ros colegas pro-New Deal por su miopía al
denunciar la obstrucción judicial:

La versión estándar de la historia del New


Deal y la Corte, a pesar de ser precisa en su
forma, desplaza el énfasis (…) se concentra
en las dificultades; casi olvida la forma en
que todo el asunto terminó. Su consecuen-
cia fue [y esto es lo que me gusta enfatizar]
que después de casi 24 meses de resisten-
cia (…) la Corte Suprema, sin un sólo cam-
bio en las leyes de su composición, o de he-
cho, en su directiva efectiva, colocó el sello
afirmativo de legitimidad en el New Deal y
en la totalidad del nuevo concepto de go-
bierno en los Estados Unidos27

De esa forma, la Corte Suprema fue capaz


de mandar al sueño eterno al amplio grupo
de estadounidenses que tenía serias obje-
ciones constitucionales contra el New Deal:

Desde luego, no todo el mundo estuvo sa-

36
Murray Rothbard

tisfecho. El Bonnie Prince Charlie del lais-


sez-faire mandado constitucionalmente
todavía agita los corazones de unos pocos
fanáticos en las Montañas de la irrealidad
colérica. Pero ya no hay ninguna duda pú-
blica significativa o peligrosa respecto al
poder constitucional del Congreso para
manejar economía nacional de la forma
que lo hace (…) No teníamos otro medio,
sino la Corte Suprema, para imprimirle le-
gitimidad al New Deal.28

Tal como Black reconoce, John C. Calhoun


fue uno de los más importantes teóricos
políticos que se dio cuenta -y con bastan-
te anticipación- de la manifiesta laguna
jurídica en los límites constitucionales al
gobierno resultante de colocar el poder
de interpretación definitivo en la Corte Su-
prema. Calhoun no estaba contento con el
“milgro”, sino que en cambio procedió con
un análisis profundo del problema consti-
tucional. En su Disquiciones, Calhoun de-
mostró la tendencia inherente del Estado
de violar los límites de tal Constitución:

Una constitución escrita ciertamente tiene


muchas y considerables ventajas, pero es

37
Anatomía del Estado

un error grave suponer que la mera inser-


ción de provisiones para restringir y limitar
el poder del gobierno, sin investir a quienes
para cuya protección han sido insertadas,
de los medios para hacerlas cumplir [énfa-
sis mío], será suficiente para evitar que el
partido dominante abuse de sus poderes.
Siendo el partido que posee al gobierno, y
a partir de la misma naturaleza del hombre
que hace necesario al gobierno para pro-
teger a la sociedad, este estará a favor de
los poderes que la constitución otorga y
opuesto a las restricciones diseñadas para
limitarlo (…) El partido menor o más débil,
por el contrario, tomará la dirección opues-
ta, y las considerará [las restricciones] esen-
ciales para su protección contra el partido
dominante (…) Pero donde no hay medios
con los cuales obligar al partido dominante
a respetar las restricciones, el único recurso
que les queda sería un construcción estric-
ta de la constitución (…) A esto el partido
dominante opondría una construcción li-
beral (…) Sería construcción contra cons-
trucción -una para reducir y la otra para ex-
pandir los poderes del gobierno al máximo.
¿Pero de qué utilidad sería la construción
estricta del partido débil, contra la cons-

38
Murray Rothbard

trucción liberal del partido fuerte, cuando


este tendría todo el poder del gobierno
para poner en práctica su construcción y
el otro estaría privado de todos los medios
de hacer cumplir su construcción? En una
lucha tan desigual, el resultado sería indu-
dable. El partido a favor de las restricciones
sería abrumado (…) el final de la luch sería
la subversión de la constitución (…) en últi-
ma instancia las restricciones serían anula-
das y el gobierno se convertiría en uno de
poderes absolutos.29

Uno de los pocos científicos políticos que


reconoció el análisis de Calhoun sobre la
Constitución fue el profesor J. Allen Smi-
th. Smith nota que la Constitución estaba
diseñada con separación de poderes para
limitar cualquiera de las ramas del gobier-
no y sin embargo había entonces desarro-
llado una Corte Suprema con el monopolio
del poder de interpretación definitivo. ¿Si
el gobierno federal fue creado para limitar
las invasiones de la libertad individual por
parte de los estados, quién limitaría el po-
der federal? Smith mantenía que en la idea
de la separación de poderes constitucional
estaba implícita la visión concomitante de

39
Anatomía del Estado

que a ninguna de las ramas del gobierno


se le puede conceder el poder de interpre-
tación definitivo: La gente supuso que al
nuevo gobierno no podía permitírsele de-
terminar los límites de su propia autoridad,
ya que esto lo haría - y no la Constitución-
un gobierno absoluto30

La solución propuesta por Calhoun (y apo-


yada en este siglo por escritores como Smi-
th) fue, por supuesto, la famosa doctrina
de la “mayoría concurrente”. Si cualquier
interés de una minoría substancial en el
país, específicamente el gobierno de un
estado, creía que el gobierno federal se
estaba excediendo en sus límites y violan-
do sus derechos, la minoría tendría el de-
recho de vetar este ejercicio de poder por
inconstitucional. Aplicada a los gobiernos
estatales, esta teoría implicaba el derecho
a la “anulación” de una ley o un fallo federal
dentro de la jurisdicción de un estado.

En teoría, el sistema constitucional resul-


tante aseguraría que el gobierno federal
limitara cualquier invasión de los derechos
individuales por parte de los estados, mien-
tras que los estados limitarían cualquier

40
Murray Rothbard

poder federal excesivo sobre el individuo.


Y sin embargo, aunque las limitaciones se-
rían más efectivas que actualmente, hay
muchas dificultades y problemas con la so-
lución de Calhoun. Si, de hecho, un interés
subordinado debería tener veto legítima-
mente sobre los asuntos que le concier-
nen, entonces ¿por qué detenerse en los
estados? ¿po qué no otorgar poder de veto
a los condados, las ciudades, los distritos?
Además los intereses no son sólo secciona-
les, también son ocupacionales, sociales,
etc.

¿Qué de los panaderos o taxistas o cual-


quier otra profesión? ¿No se les debería
permitir el veto sobre sus propias vidas?
Esto nos trae al importante punto de que
la teoría de anulación confina sus límites a
las agencias del mismo gobierno. No olvi-
demos que los gobiernos federal y estatal,
con sus respectivas ramificaciones, son to-
davía Estados, todavía están guiados por
sus respectivos intereses de estado en vez
de por los intereses de los ciudadanos pri-
vados.

¿Qué prevendría que el sistema de Cal-

41
Anatomía del Estado

houn funcionase al revés, con los estados


tiranizando a sus ciudadanos y vetando al
gobierno federal sólo cuando este intenta
intervenir para detener dicha tiranía? ¿O
que los estados consientan la tiranía fede-
ral? ¿Qué evitaría que los gobierno federal
y estatal formen alianzas mutuamente be-
neficiosas para la explotación conjunta de
la ciudadanía? Y aun si las agrupaciones
profesionales privadas tuviesen alguna for-
ma de representación “funcional” en el go-
bierno, ¿qué prevendría que estas usen al
gobierno para ganar subsidios y otros pri-
vilegios especiales para sí mismas o impo-
ner carteles obligatorios sobre sus propios
miembros?

En resumen, Calhoun no lleva su teoría ra-


dical sobre la concurrencia suficientemen-
te lejos: no la lleva hasta el individuo mis-
mo. Después de todo, si el individuo es a
quien se le deben proteger los derechos,
entonces una teoría consistente sobre la
concurrencia implicaría poder de veto para
cada individuo; es decir, alguna forma de
“principio de unanimidad”. Cuando Cal-
houn escribió que debería ser imposible
ponerlo o mantenerlo [al gobierno] en ac-

42
Murray Rothbard

ción sin el consentimiento concurrente de


todos, quizás estaba justamente implican-
do tal conclusión sin darse cuenta.31 Pero
semejantes especualciones nos comienzan
a desviarnos de nuestro tema, puesto al
final de este camino se encuentran siste-
mas políticos que difícilmente podrían ser
llamados “Estados”.32 Por una razón: así
como el derecho de anulación para un es-
tado implica lógicamente el derecho de se-
cesión, de la misma manera el derecho de
anulación individual implicaría el derecho
de todo individuo a “separarse” del Estado
en el que vive.33

De manera que el Estado ha demostrado


siempre un impresionante talento para la
expansión de sus poderes más allá de cual-
quier límite que le pueda ser impuesto. Ya
que el Estado necesariamente vive de la
confiscación obligatoria del capital privado
y ya que su expansión implica necesaria-
mente incursiones cada vez mayores sobre
el individuo z y la empresa privada, debe-
mos afirmar que el Estado es profunda e
inherentmente anti-capitalista. En cierto
sentido, nuestra posición es la opuesta al
dictamen marxista que el Estado es la “Jun-

43
Anatomía del Estado

ta Directiva” de la clase gobernante actual-


mente, supuestamente los capitalistas. En
cambio, el Estado -la organización de los
medios políticos- constituye y es la fuente
de la clase gobernante (más bien casta go-
bernante) y está en permanente oposición
al capital privado genuino. Podemos en-
tonces concurrir con de Jouvenel:

• Sólo aquellos que no conocen otro tiem-


po sino el propio, que están completamen-
te en la oscuridad respecto a las maneras
del comportamiento del Poder a lo largo
de miles de años, considerarían este tipo
de procedimientos [nacionalizaciones, im-
puestos sobre la renta, etc.] como el fruto
de un tipo particular de doctrinas. Dichos
procedimientos son, de hecho, las manifes-
taciones normales del Poder, y no difieren
para nada en su naturaleza de las confisca-
ciones de los monasterios por Enrique VIII.
El mismo principio entra en acción, el ham-
bre por la autoridad, la sed de recursos; y
en todas estas operaciones las mismas ca-
racterísticas están presentes, incluyendo al
rápida elevación de los repartidores del bo-
tín. Sea Socialista o no, el Poder debe estar
siempre en guerra contra las autoridades

44
Murray Rothbard

capitalistas y despojar al capitalista de su


riqueza acumulada; al hacerlo obedece las
leyes de su propia naturaleza.34

45
Anatomía del Estado

Lo que el Estado teme


Lo que el Estado teme por sobre todas las
cosas es, por su puesto, cualquier amenaza
fundamental a su propio poder y existen-
cia. La muerte del Estado puede suceder
por dos vías: (a) a través de la conquista por
otro Estado, o (b) a través del derrocamien-
to revolucionario por sus propios súbditos,
es decir, por guerra o por revolución. La
guerra y la revolución, como las dos ame-
nazas básicas, generan en los gobernantes
sus máximos esfuerzos y la más intensa
propaganda entre la gente. Como se ha di-
cho anteriormente, cualquier método debe
ser usado siempre para movilizar a la gente
para que venga en defensa del Estado bajo
la creencia de que se está defendiendo a sí
misma. La falacia de la idea se hace eviden-
te cuando se utiliza la conscripción contra
aquellos que se niegan a “defenderse” a sí
mismos y, en consecuencia, son obligados
a unirse a la banda militar del Estado: no
hace falta decirlo, ninguna “defensa” se les
permite contra este acto de “su propio” Es-
tado.

46
Murray Rothbard

En guerra el poder del Estado es llevado al


máximo y, bajo el eslogan de la “defensa” o
la “emergencia” puede imponer una tiranía
sobre el público que en tiempos de paz se-
ría resistida abiertamente. La guerra, por lo
tanto, ofrece múltiples beneficios al Estado
y, de hecho, cada guerra moderna ha trai-
do a los pueblos beligerentes un legado
de más cargas sobre la sociedad. Además,
la guerra proporciona al Estado tentadoras
oportunidades para la conquista de tierras
sobre las que ejercer su monopolio de la
violencia. Randolph Bourne ciertamente
estaba en lo correcto cuando escribió que
“la guerra es la salud del Estado, pero para
un Estado determinado, la guerra puede
traer salud o heridas graves.35

Podemos probar la hipótesis de que el Es-


tado está en gran medida más interesado
en protegerse a sí mismo que en proteger
a sus súbditos preguntando: ¿cuál catego-
ría de crímenes persigue y castiga el Esta-
do más intensamente, aquellos contra los
ciudadanos privados o aquellos en su con-
tra? Los crímenes más graves en el léxico
estatal son casi invariablemente no inva-
siones contra las personas o la propiedad

47
Anatomía del Estado

privada, sino amenazas contra su propia


satisfacción, por ejemplo, traición, la deser-
ción de un soldado a las filas del enemigo,
falla al registrarse en la recluta, subversión
o conspiración subversiva, asesinato de los
gobernantes o tales crímenes económicos
contra el Estado como la falsificación de
su dinero o la evasión de sus impuestos. O
compare el celo dedicado a la persecución
del hombre que asalta a un policía, con la
atención que el Estado presta a quien asal-
ta a un ciudadano ordinario. Curiosamente
sin embargo, la prioridad asignada por el
Estado a su propia defensa contra el públi-
co sorprende a pocos como inconsistente
con su supuestaraison d’etre.36

48
Murray Rothbard

Cómo se relacionan los


Estados entre sí
Ya que el área territorial de La Tierra está
dividida entre distintos Estados, las relacio-
nes inter-estatales deberán ocupar mucho
del tiempo y energía de cada Estado. La
tendencia natural del Estado es expandir
su poder, y externamente tal expansión
tiene lugar mediante la conquista de un
territorio. A menos que un territorio no
tenga Estado o esté deshabitado, cualquier
expansión de este tipo representa un con-
flicto de intereses ineherente entre los go-
bernantes de un Estado y los del otro. Sólo
un grupo de gobernantes puede obtener
un monopolio de la coacción en una deter-
minada área en un determinado instante
de tiempo: el poder absoluto sobre un te-
rritorio del Estado X sólo puede ser alcan-
zado mediante la expulsión del Estado Y. La
guerra, aunque riesgosa, siempre será una
tendencia permanente del Estado, con pe-
ríodos intercalados de paz y cambios en las
alianzas y coaliciones entre Estados.

49
Anatomía del Estado

Hemos visto que el intento “local” o “do-


méstico” de limitar al Estado, entre los siglos
XVII y XIX, alcanzó su forma más notable en
el constitucionalismo. Su contraparte “ex-
terna” o de “política exterior” fue el desarro-
llo de la “ley iternacional”, especialmente
tales formas como las “leyes de la guerra”
o los “derechos de neutralidad”.37 Partes
de la ley internacional eran originalmente
completamente privadas, originándose en
la necesidad de los comerciantes de pro-
teger su propiedad y adjudicar disputas
dondequiera que estuvieran. Ejemplos de
esto son la ley de almirantazgo o la ley co-
mercial. Pero aun las reglas gubernamen-
tales eran voluntarias y no eran impuestas
por ningún “super- estado” internacional.
El objetivo de las “leyes de la guerra” era li-
mitar la destrucción inter-estatal al mismo
aparato estatal, protegiendo de ese modo
al inocente público “civil” de la matanza y
la devastación de la guerra. El objetivo de
los derechos de neutralidad era proteger el
comercio internacional civil, aun con países
“enemigos”, de confiscaciones por alguna
de las partes en guerra. De manera que el
propósito fundamental era limitar la exten-
sión de cualquier guerra y, particularmen-

50
Murray Rothbard

te, limitar su impacto destructivo en los ciu-


dadanos de los países neutrales y hasta de
los países en guerra.

El jurista F. J. P. Veale describe encantadora-


mente tal “guerra civilizada” tal como flore-
ció brevemente en la Italia del siglo XV:

Los ricos burgueses y comerciantes de la


Italia medieval estaban demasiado ocu-
pados haciendo dinero y disfrutando de la
vida para sufrir las penurias y peligros de
hacerse soldados. De manera que adop-
taron la práctica de contratar mercenarios
para que pelearan por ellos y, siendo aho-
rrativos, hombres de negocios, rápidamen-
te despedían a sus mercenarios cuando sus
servicios se hacían innecesarios. Por lo tan-
to, las guerras eran peleadas por ejércitos
contratados para cada campaña (…) Por
primera vez ser soldado se convirtió en un
profesión razonable y comparativamente
inofensiva. Los generales de aquel período
maniobraban contra el otro, frecuentem-
enre con habilidad consumada, pero cuan-
do uno había ganado ventaja, el otro ge-
neralmente se retiraba o se rendía. Era una
regla reconocida que un pueblo sólo podía

51
Anatomía del Estado

ser saqueado si ofrcía resistencia: siempre


se podía comprar la inmunidad mediante
el pago de un rescate (…) en consecuen-
cia ningún pueblo resistía nunca, siendo
obvio que un gobierno demasiado débil
para defenderlo había perdido el derecho
a su lealtad. La población civil tenía poco
que temer de los peligros de la guerra, que
eran asunto sólo de los soldados profesio-
nales.38

La casi absoluta separación del civil priva-


do de las guerras del Estado en la Europa
del siglo XVIII es destacada por el profesor
Nef:

Ni siquiera la comunicación postal era inte-


rrumpida por mucho en tiempos de guerra.
Las cartas circulaban sin censura, con una
libertad que asombra a una mente del siglo
XX (…) Los súbditos de dos países en gue-
rra se hablaban al encontrarse, y cuando no
se podían encontrar se carteaban, no como
enemigos, sino como amigos. La noción
moderna de que los súbditos de un país
enemigo son parcialmente responsables
por las acciones beligerantes de sus go-
bernantes difícilmene existía. Ni tenían los

52
Murray Rothbard

gobernantes enfrentados la más mínima


disposición para detener la comunicación
con súbditos del enemigo. Las viejas prácti-
cas de espionaje conectadas con creencias
y ritos religiosos estaban desaparecien-
do, y ninguna inquisición relacionada con
comunicaciones políticas o económicas
era siquiera contemplada. Los pasaportes
fueron creados como salvoconductos en
tiempos de guerra. Durante la mayor parte
del siglo XVIII rara vez se les ocurrió a los
europeos abandonar sus viajes por países
extranjeros con los que el suyo estaba en
guerra.39

Y siendo el comercio crecientemente re-


conocido como beneficioso para ambas
partes, las guerras del siglo XVIII también
tienen su contraprte en una cantidad con-
siderable de “comercio con el enemigo”40

Cuán lejos han sobrepasado los Estados las


reglas de guerra civilizada durante este si-
glo no necesita ser elaborado acá. En la era
moderna de la guerra total, combinada con
la tecnología de destrucción total, la misma
idea de limitar la guerra al aparato estatal
parece más curiosa y obsoleta que la cons-

53
Anatomía del Estado

titución original de los Estados Unidos.

Cuando los Estados no están en guerra,


frecuentemente son necesarios acuerdos
para mantener las fricciones al mínimo.
Una doctrina que curiosamente ha ganado
amplia aceptción es la supuesta “santidad
de los tratados”. Este concepto es tratado
como contraparte de la “santidad de los
contratos”. Pero un tratado y un contrato
genuino no tienen nada en común. Un con-
trato transfiere, de manera precisa, títulos
de propiedad privada. Como el gobierno
no “posee”, en ningún sentido apropiado,
el territorio que ocupa, cualquier acuerdo
que concluya no confiere títulos de propie-
dad. Por ejemplo, si el Sr. Jones le vende o
le da su tierra al Sr. Smith, el heredero de
Jones no puede aparecérsele al heredero
de Smith y reclamar la tierra como legal-
mente suya. El título de propiedad ya ha
sido transferido. El contrato del viejo Jo-
nes es automáticamente vinculante sobre
el joven Jones, porque aquel ya ha trasn-
ferido la propiedad; el joven Jones, por lo
tanto, no tiene derecho a tal propiedad. El
joven Jones sólo puede reclamar lo que ha
heredado del viejo Jones, y el viejo Jones

54
Murray Rothbard

sólo puede legar aquello que todavía po-


see. Pero si en una cierta fecha el gobierno
de, digamos, Ruritania es coaccionado o
incluso sobornado por el gobierno de Wal-
daviapara entregar parte de su territorio,
es absurdo pedir que a los gobiernos o los
habitantes de los dos países se les prohíba
para siempre reclamar la reunificación de
Ruritania con base en la santidad de los tra-
tados. Ni la gente, ni la tierra del Noroeste
de Ruritania son poseídas por ninguno de
los dos gobiernos. Como corolario, cierta-
mente un gobierno no puede obligar, por la
mano muerta del pasado, a posteriores go-
biernos a través de tratados. Similarmente,
un gobierno revolucionario que derrocara
al rey de Ruritania, difícilmente podría ser
hecho responsable por las acciones o deu-
das del rey, pues un gobierno no es -como
sí lo es un niño- un verdadero “heredero” de
la propiedad de su predecesor.

55
Anatomía del Estado

La historia como compe-


tencia del poder estatal y
el poder social
Así como las dos básicas y mutuamente
excluyentes interrelaciones entre hombres
son la cooperación pacífica o la explota-
ción coactiva, producción o depredación,
la historia de la humanidad, particular-
mente su historia económica, puede ser
considerada como una competencia entre
estos dos principios. En una mano hay pro-
ductividad creativa, intercambio pacífico y
cooperación; en la otra dictados coactivos
y depredación sobre aquellas relaciones
sociales. Albert Jay Nock felizmente cali-
ficó estas fuerzas en lucha: “poder social”
y “poder estatal”.41 El poder social es el
poder del hombre sobre la naturaleza, su
transformación cooperativa de los recursos
naturales y su entendimiento de las leyes
de la naturaleza, en beneficio de todos los
individuos participantes. El poder social es
el poder sobre la naturaleza, el nivel de vida
alcanzado por el hombre en intercambio
mutuo. El poder estatal, como hemos visto,

56
Murray Rothbard

es la coactiva y parasítica confiscación de


esta producción -un drenaje de los frutos
de la sociedad en beneficio de gobernan-
tes improductivos (de hecho, antiproduc-
tivos). Mientras el poder social es sobre la
naturaleza, el poder estatal es podersobre
el hombre. A lo largo de la historia las fuer-
zas productivas y creativas del hombre han
ideado, una y otra vez, nuevas formas de
transformar la naturaleza en beneficio del
hombre. Esos han sido los tiempos cuando
el poder social ha tomado la delantera al
poder estatal, y cuando el grado de inva-
sión de la sociedad ha disminuido conside-
rablemente. Pero siempre, después de un
tiempo largo o corto, el Estado se ha movi-
do hacia estas nuevas áreas, lisiando y con-
fiscando el poder social una vez más.42 Si
entre los siglos XVII y XIX, en muchos países
de Occidente, fueron tiempos de creciente
poder social y un corolario aumento de la
libertad, paz y bienestar social, el siglo XX
ha sido principalmente una era durante la
cual el poder estatal se ha estado recupe-
rando
-con la consecuente reversión hacia el es-
clavismo, guerra y destrucción.43

57
Anatomía del Estado

En este siglo, la raza humana se enfrenta


una vez más al virulento reino del Estado -
del Estado armado ahora con los frutos de
los poderes creativos del hombre, confisca-
dos y pervertidos para sus propios objeti-
vos. Los recientes

siglos fueron tiempos en los que los hom-


bres trataron de poner límites constitu-
cionales y de otro tipo al Estado, sólo para
darse cuenta que tales límites, como con
todos los otros intentos, han fallado. De
las numerosas formas que han tomado
los gobiernos a lo largo de siglos, de to-
dos los conceptos e instituciones que han
sido probadas, ninguna ha tenido éxito en
mantener al Estado bajo control. Eviden-
temente, el problema del Estado está tan
lejos de una solución como nunca antes.
Tal vez nuevas formas de pensar deban ser
exploradas, si es que la solución exitosa y
definitiva del problema del Estado ha de
ser lograda algún día.44

58
Murray Rothbard

Notas
1. No podemos desarrollar en este capítu-
lo los múltiples problemas y falacias de la
“democracia”. Aquí será suficiente con decir
que un verdadero agente o “representante”
de una persona está siempre sujeto a las ór-
denes a las órdenes de éste, puede ser des-
pedido en cualquier momento y no puede
actuar en contra de los intereses o deseos
de su cliente. Claramente, el “representan-
te” en una democracia no puede cumplir
con tales funciones fiduciarias, las únicas
consonantes con una sociedad libertaria
2. Los socialdemócratas usualmente argu-
mentan que la democracia -la elección por
mayoría de los gobernantes- lógicamente
implica que la mayoría debe dejar algunos
derechos a la minoría, pues esta puede
convertirse algún día en mayoría. Sin con-
tar otros errores, este argumento no es váli-
do cuando la minoría no puede convertirse
en mayoría, por ejemplo, cuando es de un
origen racial o étnico distinto al de la mayo-
ría
3. Joseph A. Schumpeter Capitalismo, So-
cialismo y Democracia New York: Harper

59
Anatomía del Estado

and Bros., 194), p. 198.:

La fricción o antagonismo entre la esfera


privada y la pública fue intensificada por
el hecho primordial (…) que el Estado ha
estado viviendo de una renta que estaba
siendo producida en la esfera privada con
propósitos privados y tenía que ser des-
viada de estos propósitos por medio de la
fuerza política. La teoría que construye los
impuestos sobre la analogía de cuotas de
un club o de la compra de los servicios, di-
gamos, de un doctor, sólo prueba cuan ale-
jada de los hábitos del pensamiento cientí-
fico está esta parte de las ciencias sociales.

También véase Murray N. Rothbard, The fa-


llacy of the public sector New Individualist
Review (Summer, 1961): 3ff.

4. Franz Oppenheimer El Estado pp.


24-27:

Hay dos medios fundamentalmente opues-


tos por los cuales el hombre, en necesidad
de sustento, se ve obligado a obtener los

60
Murray Rothbard

medios necesarios para satisfacer sus de-


seos. Estos son el trabajo y el robo, el traba-
jo de uno mismo y la expropiación forzosa
del trabajo de otros (…) Yo propongo que
en la discusión subsiguiente

llamemos al trabajo propio y el consiguien-


te intercambio del trabajo propio por el
trabajo de otros, los “medios económicos”
para la satisfacción de las necesidades,
mientras que a la apropiación unilateral del
trabajo de otros la llamaremos los “medios
políticos” (…) El Estado es la organización
de los medios políticos. Por lo tanto, nin-
gún Estado puede surgir antes que los me-
dios económicos hayan creado un número
suficiente de objetos para la satisfacción de
necesidades, los cuales puedan ser arreba-
tados o apropiados a través del robo beli-
coso.

5. Albert Jay Nock escribió vívidamente


que

El Estado exige y ejerce el monopolio del


crimen (…) prohibe el asesinato por parti-
culares, pero él mismo organiza asesinatos
en una escala colosal. Castiga el robo por

61
Anatomía del Estado

particulares, pero inescrupulosamente le


pone las manos a cualquier cosa que de-
see, ya sea la propieda de ciudadanos o ex-
tranjeros.

Nock On Doing the Right Thing, and Other


Essays (New York: Harper and Bros., 1929),
p. 143; citado en Jack Schwartzman, “Albert
Jay Nock— A Superfluous Man,” Faith and
Freedom (December, 1953): 11.

6. Oppenhaimer El Estado, p. 15:

¿Qué es el Estado entonces, como concep-


to sociológico? El Estado, comlpetamente
en su génesis (…) es una institución social,
impuesta por un grupo victorioso de hom-
bres sobre un grupo derrotado, con el único
propósito de regular el dominio del grupo
victorioso sobre el derrotado y asegurarse
a sí mismo contra revueltas internas y de
ataques externos. Teleológicamente, este
dominio no tiene otro propósito sino el de
la explotación económica de los derrota-
dos por los victoriosos.

Y de Jouvenel ha escrito: El Estado es esen-


cialmente el resultado de los éxitos de una

62
Murray Rothbard

banda de criminales, quienes se superpo-


nen a sociedades diversas y más pequeñas.
Bertrand de Jouvenel Sobre el Poder (New
York: Viking Press, 1949), pp. 100–01

7. Sobre la distinción crucial entre “casta”


-un grupo con privilegios asignados coer-
citivamente por el Estado- y el concepto
marxista de “clase” en la sociedad, véase
Ludwig von Mises Teoría e Historia (New
Haven, Conn.: Yale University Press, 1957),
pp. 112ff.

8. Tal aceptación no implica, desde luego,


que el gobierno del Estado se ha hecho
“voluntario”; pues aunque el apoyo de la
mayoría fuese activo y ansioso, dicho apo-
yo no es unánime de todos los individuos.

9. Que cualquier gobierno, sin importar


cuan dictatorial sobre el individuo, debe
asegurar tal apoyo ha sido demostrado
por teóricos de la política tan prominentes
como Etienne de la Boétie, David Hume y
Ludwig von

Mises. Véase p. ej. David Hume Sobre los


principios del Gobierno en Essays, Literary,

63
Anatomía del Estado

Moral and Political (London: Ward, Locke,


and Taylor, n.d.), p. 23; Etienne de la Boé-
tie Anti-Dictator (New York: Columbia Uni-
versity Press, 1942), pp. 8–9; Ludwig von
Mises, Acción Humana(Auburn, Ala.: Mises
Institute, 1998), pp. 188ff. Para más sobre
la contribución al análisis del Estado por la
Boétie, véase Oscar Jaszi y John D. Lewis,
Against the Tyrant (Glencoe, Ill.: The Free
Press, 1957), pp. 55–57.

10. La Boétie, Anti-Dictator, pp. 43-


44:

Cada vez que un gobernante se convierte


en dictador (…) todos aquellos corrompi-
dos por la ambición candente o la avaricia
extraordinaria se reúnen a su alrededor y le
apoyan, para obtener una parte del botín y
convertirse a sí mismos en jefecillos insigni-
ficantes bajo el gran tirano.

11. Esto no quiere decir de ninguna


manera que todos los intelectuales se alían
al Estado. Sobre los aspectos de la alianza
de los intelectuales y el Estado, véase Ber-
trand de Jouvenel The Attitude of the In-
tellectuals to the Market Society The Owl

64
Murray Rothbard

(enero, 1951): 19–27; idem, “The Treatment


of Capitalism by Continental Intellectuals,”
in F.A. Hayek, ed., El Capitalismo y los His-
toriadores (Chicago: University of Chicago
Press, 1954), pp. 93–123; reprinted in Geor-
ge B. de Huszar, The Intellectuals (Glencoe,
Ill.: The Free Press, 1960), pp. 385–99; and
Schumpeter, Imperialism and Social Clas-
ses (New York: Meridian Books, 1975), pp.
143–55.

12. Joseph Needham, Review of Karl


A. Wittfogel, Oriental Despotism, Science
and Society (1958): 65. Needham también
escribe que sucesivos emperadores chinos
tuvieron a su servicio en todos los tiempos
por una gran compañía de académicos pro-
fundamente humanos y desinteresados,
p. 61
13. Jeanne Ribs The War Plotters, Li-
beration (Agosto, 1961) Los estrategistas
insisten en que su ocupación merece la
“diginidad de la contraparte académica de
la profesión militar”. Véase tambiénMar-
cus Raskin, “The Megadeath Intellectuals,”
New York Review of Books (Noviembre 14,
1963): 6–7.

65
Anatomía del Estado

14. En consecuencia, el historiador


Conyers Read, en su presentación presi-
dencial aconseja la supresión del hecho
histórico como servicio a los valores “de-
mocráticos” y nacionales. Read proclamó
que La guerra total, ya sea caliente o fría,
enlista a todos y llama a cada uno a jugar
su papel. El historiador no está más libre
de esta obligación que el físico. Read Las
Responsabilidades sociales del historiador
American Historical Review (1951): 283ff.
Para una crítica de Read y otros aspectos
de la historia cortesana, véase Howard K.
Beale, El Historiador Profesional: Su teoría
y práctica The Pacific Historical Review (Au-
gust, 1953): 227–55. También Herbert Bu-
tterfield, Historia Oficial: sus escollos y cri-
terios History and Human Relations (New
York: Macmillan, 1952), pp. 182–224; y Ha-
rry

Elmer Barnes, Los historiadores cortesanos


versus el revisionismo (n.d.), pp. 2ff.

15. Véase Wittfogel Despotismo


Oriental, pp. 87-100. Sobre los contradic-
torios roles de la iglesia frente al Estado en
la China Antigua y el Japón, véase Norman

66
Murray Rothbard

Jacobs The Origin of Modern Capitalism


and Eastern Asia (Hong Kong: Hong Kong
University Press, 1958), pp. 161– 94.

16. De Jouvenel, Sobre el Poder p.


22:

La razón esencial de la obediencia es que


se convierte en un hábito de la especie. (…)
El poder es para nosotros un hecho de la
naturaleza. Desde los primeros días de la
historia registrada ha presidido siempre los
destinos humanos (…) las autoridades que
gobernaban [las sociedades] en tiempos
pasados no desaparacieron sin heredarles
a sus sucesores sus privilegios, ni sin dejar
en las mentes de los hombres huellas cu-
yos efectos son acumulativos. La sucesión
de gobiernos que, a lo largo de los siglos,
dominan la misma sociedad pueden ser
vistos como un gobierno subyacente que
se alimenta de acreciones contínuas.

17. Sobre tales usos de la religión en


China, véase Norman Jacobs, passim.

18. H. L. Mencken A Mencken Chres-


tomathy (New York: Knopf, 1949), p. 145:

67
Anatomía del Estado

Todo lo que [el gobierno] puede ver en


una nueva idea es cambio potencial y, por
tanto, una invasión de sus prerrogativas.
El hombre más peligroso, para cualquier
gobierno, es el hombre capaz de ingeniár-
selas por sí mismo, sin consideración por
las supersticiones y tabúes existentes. Casi
inevitablemente llega a la conclusión de
que el gobierno bajo el que vive es desho-
nesto, insensato e intolerable y entonces, si
es romántico, intenta cambiarlo. Y aún si no
es de personalidad romántica, es bastante
apto para dispersar el descontento entre
aquellos que lo son.

19. Ibid., pp. 146–47.

20. De Jouvenel, Sobre el Poder, pp.


27ff.

21. Charles L. Black Jr. The People


and the Court (New York: Macmillan, 1960),
pp. 35ff.

22. Ibid., pp. 42–43.

23. Ibid., p. 52:

68
Murray Rothbard

La función primaria y más necesaria de la


Corte [Suprema] ha sido la de validación,
no la de invalidación. Lo que un gobierno
de poderes limitados necesita al principio
y para siempre es un medio para satisfacer
a la gente en que ha dado todos los pasos
humanamente posibles para mantenerse
dentro de sus límites. Esta es la condición
de su legitimidad, y su legitimidad es, en
el largo plazo, la condición de su vida. Y la
Corte, a lo largo de la historia, ha actuado
como la legitimación del gobierno.

24. Para Black, esta “solución”, aunque para-


dójica es casualmente obvia:

El poder final del Estado (…) debe detener-


se donde la ley lo detenga. ¿Y quién esta-
blecerá el límite, y quién lo hará cumplir,
en contra del mayor poder? Pues, el Estado
mismo, desde luego, a través de sus jueces
y sus leyes. ¿Quién controla a los mesura-
dos?
¿Quién enseña a los sabios? (Ibid., pp. 32–
33)

69
Anatomía del Estado

Cuando las preguntas se refieren al poder


del gobierno en una nación soberana, es
imposible escoger un árbitro fuera del go-
bierno. Todo gobierno nacional, en tanto es
gobierno, debe tener la palabra final sobre
su propio poder. (Ibid., pp. 48–49)

25. Ibid., p. 49.

26. Esta atribución de milagroso al


gobierno es reminiscente de la justificación
del gobierno de James Burham a través del
misticismo y la irracionalidad:

En los tiempos antiguos, antes que la ilu-


sión de la ciencia corrompiera la sabiduría
tradicional, los fundadores de ciudades
eran conocidos como dioses o semi-dioses
(…) Ni la fuente ni la justificación del go-
bierno puede ser puesta en términos ente-
ramente racionales (…) ¿por qué debería
yo aceptar el principio hereditario, demo-
crático o cualquier otro principio de legiti-
midad? ¿Por qué un principio debe justifi-
car el gobierno de ese hombre sobre mí?
(…) Acepto el principio, (…) bueno, porque
lo acepto, porque así es como es y como

70
Murray Rothbard

siempre ha sido.

James Burnham, Congress and the Ameri-


can Tradition (Chicago: Regnery, 1959), pp.
3–8. ¿Pero qué si uno no acepta el princi-
pio?
¿Entonces, cómo sería?

27. Black, The People and the Court,


p. 64.

28. Ibid., p. 65.

29. John C. Calhoun, A Disquisition


on Government (New York: Liberal Arts
Press, 1953), pp. 25–27. También cf. Mu-
rray N. Rothbard, “Conservatism and Free-
dom: A Libertarian Comment” Modern Age
(Spring, 1961): 219.

30. Allen Smith, The Growth and


Decadence of Constitutional Government
(New York: Henry Holt, 1930), p. 88. Smith
agregó:

Era obvio que donde una provisión de la


Constitución estaba diseñada para limitar
el poder de un órgano del gobierno, aque-

71
Anatomía del Estado

lla podía ser efectivamente anulada si su in-


terpretación y cumplimiento era dejada a
las autoridades que la misma debía limitar.
Claramente, el sentido común exigía que
ninguno de los órganos del gobierno de-
biera ser capaz de determinar sus propios
poderes.

Claramente, el sentido común y los “mila-


gros” dictan una visión muy distinta del go-
bierno (p. 87)

31. Calhoun, A Disquisition on Go-


vernment, pp. 20–21.

32. Recientemente, el prinicipio de


unanimidad ha experimentado una re-
surrección altamente diluída, particular-
mente en los escritos del profesor James
Buchanan. Sin embargo, inyectar unani-
midad a la situación actual y aplicarla sólo
para los cambiosal status quo y no a las
leyes existentes, sólo puede resultar en la
transformación de un concepto limitante
en un sello de aprobación para el Estado. Si
el principio de unanimidad sólo ha de ser
aplicado a los cambios en edictos y leyes,
entonces la naturaleza del “punto de parti-

72
Murray Rothbard

da” inicial hace toda la diferencia. Cf. James


Buchanan y Gordon Tullock, The Calculus
of Consent (Ann Arbor: University of Michi-
gan Press, 1962), passim.

33. Cf. Herbert Spencer, “The Right


to Ignore the State” en Social Statics (New
York: D. Appleton, 1890), pp. 229–39.

34. De Jouvenel, On Power, p. 171.


35. Hemos visto que es esencial para
el Estado el apoyo de los intelectuales y
esto incluye apoyo contra sus dos ame-
nazas graves. Así, sobre el rol de los inte-
lectuales estadounidenses en la entrada
de los Estados Unidos a la Primera Guerra
Mundial, véase Randolph Bourne “La gue-
rra y los intelectuales” en The History of a
Literary Radical and Other Papers (New
York: S.A. Russell, 1956), pp. 205–22. Como
afirma Bourne, una táctica fundamental de
los intelectuales para ganar apoyo a favor
del Estado, es canalizar cualquier dicusión
dentro de los límites de la política básica
del Estado y desaconsejar cualquier crítica
fundamental o total de su estructura.

36. Como Mencken l o

73
Anatomía del Estado

pone en su estilo inimitable:

Esta banda (“los explotadores que forman


el gobierno”) está bien cercana a la inmu-
nidad contra el castigo. Sus peores extor-
siones, aun cuando cuyo propósito claro es
el beneficio privado, no conllevan ninguna
pena bajo nuestras leyes. Desde los prime-
ros

días de la República, menos de unas po-


cas docenas de sus miembros han sido
enjuiciados, y sólo unos pocos oscuros
don nadie han sido enviados a la cárcel. El
número de hombres sentados en Atlan-
ta y Leavenworth por rebelarse contra las
extorsiones del gobierno es siempre diez
veces superior que el número de oficiales
del Estado condenados por oprimir a los
contribuyentes en su propio provecho.»
(Mencken, A Mencken Chrestomathy, pp.
147–48)

Para una vívida y entretenida descripción


de la falta de protección del individuo con-
tra las invasiones de su libertad por parte
de sus “protectores”, véase H.L. Mencken,

74
Murray Rothbard

“The Nature of Liberty,” en Prejudices: A


Selection (New York: Vintage Books, 1958),
pp. 138–43.

37. Esto debe ser distinguido de la


ley internacional moderna, con su énfasis
en la maximización de la extensión de la
guerra a través de conceptos como la “res-
ponsabilidad colectiva”.

38. F.J.P. Veale, Advance to Barbarism


(Appleton, Wis.: C.C. Nelson, 1953),
p. 63. Similarmente, el profesor Nef escri-
be sobre la guerra que Don Carlos libró en
Italia entre Frncia, España y Cerneña contra
Austria, en el siglo XVIII:

En el sitio de Milán por los aliados y varias


semanas después en Parma (…) los ejérci-
tos rivales se encontraron en una feroz ba-
talla en las afueras del pueblo. En ningún
lugar las simpatías de los habitantes se mo-
vieron seriamente hacia un lado o el otro.
Su única preocupación era que las tropas
de alguno de los ejércitos cruzara las puer-
tas de la ciudad y la saqueara. El temor pro-
bó ser infundado. En Parma los ciudadanos

75
Anatomía del Estado

corrieron a los muros de la ciudad para


mirar la batalla en el campo abierto cerca-
no. [Cambridge, Mass.: Harvard University
Press, 1950], p. 158. También cf. Hoffman
Nickerson, Can We Limit War? [New York:
Frederick A. Stoke, 1934])

39. Nef, War and Human Progress, p.


162.

40. Ibid., p. 161. Sobre el apoyo al co-


mercio con el enemigo por parte de los lí-
deres de la revolución estadounidense véa-
se Joseph Dorfman, The Economic Mind
in American Civilization (New York: Viking
Press, 1946), vol. 1, pp. 210–11.

41. Sobre el concepto de poder es-


tatal y poder social, véase Albert J. Nock,
Our Enemy the State (Caldwell, Idaho: Cax-
ton Printers, 1946). Véase también Nock,
Memoirs of a Superfluous Man (New York:
Harpers, 1943), y Frank Chodorov, The Rise
and Fall of Society (New York: Devin- Adair,
1959).

42. En medio del flujo de expansión


o contracción, el Estado siempre se asegu-

76
Murray Rothbard

ra de capturar y retener ciertos “puestos de


comando” esenciales de la economía y la
sociedad. Entre estos puestos de comando
está el monopolio de la violencia, monopo-
lio del poder judicial definitivo, los canales
de comunicación y transporte (el correo,
carreteras, ríos, rutas aéreas), el agua irriga-
da en los despotismos orientales y la edu-
cación -para moldear las opiniones de sus
futuros ciudadanos. En la economía mo-
derna, el dinero es el puesto de comando
crucial.

43. Este proceso de “recuperación”


parasítico ha sido proclamado casi abierta-
mente por Karl Marx, quien admitía que el
socialismo debía ser establecido mediante
la confiscación de capital previamente acu-
mulado bajo el capitalismo.

44. Ciertamente, un ingrediente fun-


damental de tal solución debe ser el quibre
de la alianza de los intelectuales y el Estado,
mediante la creación de centros de investi-
gación y educación intelectual, los cuales
serán independientes del poder estatal.
Christopher Dawson nota que los grandes
movimientos intelectuales del Renacimien-

77
Anatomía del Estado

to y la Ilustración fueron logrados trabajan-


do fuera, y algunas veces en contra, de las
universidades afianzadas. Estas academias
de las nuevas ideas fueron establecidas
por patrocinadores independientes. Véase
Christopher Dawson, The Crisis of Western
Education (New York: Sheed and Ward,
1961)

78
Murray Rothbard

79
Anatomía del Estado

80
Murray Rothbard

81
Anatomía del Estado

82
Murray Rothbard

83
Anatomía del Estado

84
Murray Rothbard

85
Anatomía del Estado

86
Murray Rothbard

87
Anatomía del Estado

88
Murray Rothbard

89
Anatomía del Estado

90
Murray Rothbard

91
Anatomía del Estado

92
Murray Rothbard

93
Anatomía del Estado

94
Murray Rothbard

95
Anatomía del Estado

96
Murray Rothbard

97
Anatomía del Estado

98
Murray Rothbard

99
Anatomía del Estado

100
Murray Rothbard

101
Anatomía del Estado

102
Murray Rothbard

103
Anatomía del Estado

104
Murray Rothbard

105
Anatomía del Estado

106
Murray Rothbard

107
Anatomía del Estado

108
Murray Rothbard

109
Anatomía del Estado

110
Murray Rothbard

111
Anatomía del Estado

112
Murray Rothbard

113
Anatomía del Estado

114
Murray Rothbard

115
Anatomía del Estado

116
Murray Rothbard

117
Anatomía del Estado

118
Murray Rothbard

119
Anatomía del Estado

120
Murray Rothbard

121
Anatomía del Estado

122
Murray Rothbard

123
Anatomía del Estado

124
Murray Rothbard

125
Anatomía del Estado

126
Murray Rothbard

127
Anatomía del Estado

128
Murray Rothbard

129
Anatomía del Estado

130
Murray Rothbard

131
Anatomía del Estado

132
Murray Rothbard

133
Anatomía del Estado

134
Murray Rothbard

135
Anatomía del Estado

136
Murray Rothbard

137
Anatomía del Estado

138
Murray Rothbard

139
Anatomía del Estado

140
Murray Rothbard

141
Anatomía del Estado

142
Murray Rothbard

143

Common questions

Con tecnología de IA

El establecimiento inicial de un Estado tiene como propósito principal crear un monopolio de poder sobre un territorio, controlando aspectos esenciales como la violencia, el sistema judicial, y los recursos económicos para asegurar su dominio y perpetuación . Además, el Estado busca instaurar un sistema que permita la explotación sistemática de la población para el beneficio de una clase gobernante, utilizando métodos coercitivos para mantener su poder e influencia . Promover el bienestar general y la seguridad también se mencionan como justificaciones ideológicas para sus actividades .

Murray Rothbard describe el método para la perpetuación ideológica del Estado como una serie de estrategias que buscan asegurar la aceptación activa o resignada de la mayoría de los ciudadanos. Entre estas estrategias, destaca el monopolio de la educación para moldear las opiniones de las futuras generaciones, el control de la comunicación para difundir la propaganda estatal, y la manipulación ideológica para hacer sentir culpabilidad por el bienestar individual y desprestigiar las "teorías de conspiración" que pudieran desestabilizar el sistema. Adicionalmente, se utilizan privilegios y alianzas con grupos influyentes para lograr su apoyo, y la imposición de sentimientos de necesidad de protección frente a amenazas externas o internas supuestas .

El Estado busca movilizar el apoyo popular en tiempos de guerra mediante el uso de propaganda y apelando al nacionalismo. Se hace creer a la población que la defensa del Estado es su propia defensa, presentando cualquier ataque al territorio como un ataque directo a los ciudadanos. Esto convierte el conflicto, que originalmente puede ser entre gobernantes, en una guerra entre pueblos, con cada grupo defendiendo a sus gobernantes bajo la falsa concepción de que así se están protegiendo a sí mismos . Además, los intelectuales son utilizados para reforzar esta idea, canalizando las discusiones dentro de los límites aceptados por el Estado y desalentando la crítica fundamental a su estructura . El Estado también busca crear un sentimiento de inevitabilidad sobre su dominio, promoviendo una aceptación pasiva de su autoridad .

La historia y los historiadores juegan un papel crucial en la perpetuación del Estado al crear y difundir ideologías que legitiman su dominio. Un método clave es moldear la opinión pública mediante la promoción de ciertas ideologías que hacen parecer inevitable, bueno o sabio el gobierno del Estado. Los historiadores e intelectuales son fundamentales para este proceso al ser los "formadores de opinión", y su alianza con el Estado les ofrece seguridad y prestigio . Además, el Estado utiliza la historia para mitigar la crítica radical y censurar cualquier interpretación que pueda desafiar su legitimidad. Se desanima la "teoría de conspiración de la historia" y se induce una aceptación resignada de su poder como algo inalterable y natural . Esta manipulación ideológica se ve facilitada por el uso de tradiciones y la exhaltación de la continuidad histórica del Estado, ya que otorgan legitimidad a sus acciones . Así, la historia se convierte en un instrumento para justificar el control estatal al presentarlo como una necesidad histórica o natural .

El Estado promueve el nacionalismo convirtiendo guerras entre gobernantes en guerras entre pueblos, haciendo que cada pueblo defienda a sus gobernantes bajo la creencia errónea de que se están protegiendo a ellos mismos . Este "truco del nacionalismo" es una herramienta para que las personas apoyen al Estado, permitiendo una mayor movilización y compromiso social . Además, el uso de propaganda nacionalista es fundamental para generar un sentido de identificación entre el Estado y el territorio que gobierna, utilizando el amor natural de las personas por su patria como un medio para fortalecer el poder del Estado .

El Estado justifica su dominio argumentando su inevitabilidad y necesidad absoluta, afirmando que sin su hegemonía surgirían indescriptibles males. Además, el Estado se presenta como protector contra criminales y otros males, instigando miedo hacia formas alternativas de gobierno. Los gobernantes son retratados como más sabios y grandiosos que el pueblo, utilizando mitos como el "nosotros somos el gobierno" para suavizar su control sobre la sociedad . El Estado mantiene un monopolio sobre la violencia en un territorio, obteniendo ingresos mediante coerción, y regula las actividades de los individuos bajo su dominio .

Los intelectuales juegan un papel crucial en el apoyo al Estado al servir como formadores de opinión que promueven la ideología estatal y garantizan el consentimiento de la mayoría de la población. Esta función es esencial para legitimar el gobierno y disuadir cualquier crítica fundamental contra su estructura . Los intelectuales ayudan a canalizar las discusiones dentro de los límites aceptables para el Estado y desaconsejan cualquier crítica total . Además, son recompensados con seguridad económica y prestigio por su apoyo, lo que fortalece la alianza con el Estado .

El Estado emplea diversas estrategias ideológicas para minimizar la crítica y disidencia intelectual. Una de las principales es asegurar la aceptación activa o resignada de la mayoría de los ciudadanos, lo cual se logra mediante la creación de privilegios y el apoyo de un grupo leal que disfrute oportunidades y beneficios especiales . La alianza entre el Estado y los intelectuales es otra táctica clave; los intelectuales ayudan a diseminar la ideología estatal al promover que el gobierno es benigno e inevitable, asegurando así la conformidad social . Además, el Estado busca desacreditar y ridiculizar a los pensadores independientes que podrían amenazar su dominio, etiquetándolos como agitadores que desafían la sabiduría heredada de los antepasados . Por último, el Estado se esfuerza por cultivar una imagen de inevitabilidad y necesidad histórica, empleando el determinismo historiográfico para desmotivar la disidencia, sugiriendo que cualquier resistencia es fútil e imposible frente a las "Leyes Inexorables de la Historia" . Estas tácticas se diseñan para alentar la pasividad y desalentar cualquier surgimiento de ideas contrarias al Estado dominante.

La relación entre religión y Estado implica una alianza ideológica donde el Estado utiliza la religión para legitimar su poder ante la sociedad. Tradicionalmente, la fusión entre iglesia y Estado ha servido como un potente instrumento ideológico para asegurar el apoyo popular, presentando al gobernante como elegido o bendecido por una figura divina, lo que convierte cualquier resistencia en un acto de blasfemia . Esta unión refuerza la hegemonía del Estado al generar una percepción de inevitabilidad y necesidad de su existencia, creando un ambiente en el que la crítica intelectual independiente es suprimida . El apoyo estatal a la religión y su uso en la educación servía para inculcar al pueblo que el orden estatal es legítimo y necesario, aprovechando el respeto y la tradición religiosa para mantener la estabilidad del Estado . La propaganda ideológica del Estado está diseñada para inducir a los ciudadanos a aceptar y enterrar cualquier crítica o alternativa política, reforzando la idea de que el Estado es indispensable para la vida social ."}

El Estado gestiona la percepción de inevitabilidad de su autoridad al fomentar la idea de que su dominio es un hecho natural e inmutable de la historia . Se utilizan conceptos como el determinismo historiográfico, la voluntad divina, o fuerzas históricas inevitables, para socavar la percepción de la libre voluntad individual en los asuntos políticos y así perpetuar la aceptación pasiva del orden establecido . Esta estrategia asegura que incluso bajo condiciones de impopularidad, el dominio estatal se vea como algo perpetrado por poderes más allá del control humano .

También podría gustarte