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Debate Sobre El Toreo

Este documento presenta un debate sobre la prohibición de las corridas de toros en Barcelona y argumentos a favor y en contra de esta práctica. A favor se argumenta que las corridas de toros representan una forma de arte y cultura arraigada que ha inspirado a grandes artistas. En contra se argumenta que matar toros por diversión es un acto de sadismo. El autor concluye que prohibir las corridas de toros lesionaría la libertad cultural y reorientaría la violencia hacia formas más crudas, en lugar de eliminarla.

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Este documento presenta un debate sobre la prohibición de las corridas de toros en Barcelona y argumentos a favor y en contra de esta práctica. A favor se argumenta que las corridas de toros representan una forma de arte y cultura arraigada que ha inspirado a grandes artistas. En contra se argumenta que matar toros por diversión es un acto de sadismo. El autor concluye que prohibir las corridas de toros lesionaría la libertad cultural y reorientaría la violencia hacia formas más crudas, en lugar de eliminarla.

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Debate sobre el toreo

Torear y otras maldades

Mario Vargas Llosa [Link]


otras-maldadesnoticia-463693

Tesis: El intento de prohibir las corridas de toros en Barcelona ha repercutido en medio


mundo y, a mí, me ha tenido polemizando en las últimas semanas en tres países en
defensa de la fiesta ante enfurecidos detractores de la tauromaquia. La discusión más
encendida tuvo lugar en la noche de Santo Domingo —una de esas noches estrelladas,
de suave brisa, que desagravian al viajero de la canícula del día—, en el corazón de la
Ciudad Colonial, en la terraza de un restaurante desde la que no se veía el vecino mar,
pero si se lo oía.

Argumentos y contraargumentos

1-Su previsible respuesta fue que una cosa era matar animales para comérselos y así
poder sustentarse y vivir, un derecho natural y divino, y otra muy distinta matarlos por
puro sadismo

2-los toros representan una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y
enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un
poema de Vallejo. Que, para saber que esto era cierto, no era indispensable asistir a una
corrida. Bastaba con leer los poemas y los textos que los toros y los toreros habían
inspirado a grandes poetas, como Lorca y Alberti, y ver los cuadros en que pintores
como Goya o Picasso habían inmortalizado el arte del toreo, para advertir que para
muchas, muchísimas personas, la fiesta de los toros es algo más complejo y sutil que un
deporte, un espectáculo que tiene algo de danza y de pintura, de teatro y poesía, en el
que la valentía, la destreza, la intuición, la gracia, la elegancia y la cercanía de la muerte
se combinan para representar la condición humana.

3-Quienes quieren prohibir la tauromaquia, en muchos casos, y es ahora el de


Barcelona, suelen hacerlo por razones que tienen que ver más con la ideología y la
política que con el amor a los animales. Si amaran de veras al toro bravo, al toro de
lidia, no pretenderían prohibir los toros, pues la prohibición de la fiesta significaría, pura
y simplemente, su desaparición. El toro de lidia existe gracias a la fiesta y sin ella se
extinguiría. El toro bravo está constitutivamente formado para embestir y matar y
quienes se enfrentan a él en una plaza no solo lo saben, muchas veces lo experimentan
en carne propia

Lo que no es tolerable es la prohibición, algo que me parece tan abusivo y tan hipócrita
como sería prohibir comer langostas o camarones con el argumento de que no se debe
hacer sufrir a los crustáceos (pero sí a los cerdos, a los gansos y a los pavos). La
restricción de la libertad que ello implica, la imposición autoritaria en el dominio del
gusto y la afición, es algo que socava un fundamento esencial de la vida democrática: el
de la libre elección.
La fiesta de los toros no es un quehacer excéntrico y extravagante, marginal al grueso de
la sociedad, practicado por minorías ínfimas. En países como España, México,
Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y el sur de Francia, es una antigua
tradición profundamente arraigada en la cultura, una seña de identidad que ha marcado
de manera indeleble el arte, la literatura, las costumbres, el folclore, y no puede ser
desarraigada de manera prepotente y demagógica, por razones políticas de corto
horizonte, sin lesionar profundamente los alcances de la libertad, principio rector de la
cultura democrática.

Prohibir los toros no disminuirá en lo más mínimo esta verdad y, además de destruir una
de las más audaces y vistosas manifestaciones de la creatividad humana, reorientará la
violencia empozada en nuestra condición hacia formas más crudas y vulgares, y acaso
nuestro prójimo

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