O 9 9 ASUNCIÓN (PARAGUAY), 31 DE JULIO DE 1913.
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Año I. NÚM. 8.
\7pora.
Es en el gran lago soberbio de tumbos castiga el azote del torbellino. El rayo
de mar: en el viejo Ypacaraí de las le (ara-tirí) hiere las cumbres anubladas.
yendas, cuyos desbordes sólo pudo con A sus fragores y á su resplandor sinies
tener el conjuro del beato Bolaños cuan tro, parece que crepitasen aquellas ribe
do los raudales que brotaron de su pri ras solitarias que, como las de Mincio,
mitivo ycuá (1) amenazaban devorar la seducen mereciendo eternamente una can
tierra, como el Ilion de las tradiciones ción de los poetas. La ilusión del caos,
celtas. Es en el gran lago sonoro que inás que las furias dei huracán, las ver
coronan los gigantes de las montañas bera con los horrores de las venganzas
azules. de Dios. Es la hora trágica del viejo
Las bíblicas cigüeñas han abandonado Ypacaraí de las leyendas, en cuyo fondo
las fluctígenas de la costa. No canta duermen sepultas las ruinas de Arecayá,
el triste ñajhaná en la monotonía del la pequeña Akte americana.
estero, ni el ala del yrybú (2) prende Sordos rumores de guerra confunden
sus azabaches en las fáculas encendidas el silbo del viento, que enrisca las olas.
del sol de la tarde. Una ligera barda Son como el lejano remedo del choque
bermeja se columbra en el horizonte. del indio primitivo contra la férrea co
Los nimbos (ara-i) han enlutado el fir raza del bravo español altivo de la con
mamento, donde mora Tupang, el ancia quista. Gritos de horror, ó himnos so
no dios guaraní que fecunda los campos berbios de cien trompetas de triunfo;
y da claridad á la luna. Y al lago in desoladoras quejas de las mujeres indí
menso de iras de Flevo se ciernen las genas ante la gloria del enemigo blanco;
sombras de la tempestad. ayes fatigosos de la barbarie cayendo al
De pronto, una llamarada sangrienta, golpe de los mosquetes de la civiliza
como las del monte de Aspadana, ilumi ción, ó alaridos salvajes de . las tribus
na el vecino roijal sin límites. Es el arrastradas por el turbión de las de
relámpago augur (ara-verá), al que su rrotas ... Todo el gran drama de la
cede el estampido formidable del trueno conquista revive (en cantos y lágrimas)
(ara-sunú), que estremece las cuencas en el lago proceloso cuando la tempes
del mundo. El cerro Patino se envuelve tad incendia las nubes. Y de él brota
en su capa de vapores sombríos, y de entonces una vaga armonía lastimera,
sus antros profundos sale el teyú-yaguá, prolongada en forma de eco al través de
el lagarto monstruoso con cabeza de pe las distancias y los siglos. ¿No será la
rro que ladra furiosamente mientras lo nenia de la profunda tristeza americana
(1) Manantial.
(2) Cuervo.
142 Crónica
por sus bravas estirpes muertas, ó la busca su refugio en el nido de los
voz de los sepulcros en que vela el ge alonsos (horneros). Las huertas vecinas,
nio de la raza? ¿No será esa infinita arrasadas, recuerdan á aquella Asgard
tristeza impenetrable del indio hecha justa y famosa que destruyó el diluvio,
canción, hecha música, y que, como la y el lago mismo, al pavoroso estruendo
voz del Señor sobre los tanques sagra de las olas, de los rayos y los aquilo
dos de Penna Kunda y Belligola, tam nes, tiene todo el horror de aquel bitu
bién en el Ypacaraí tiembla y solloza minoso Mar Negro encendido que traga
con la elocuencia de las edades cuando un continente, en las tradiciones míticas
el huracán sacude los montes y el rayo hebreas y escandinavas. La cólera del
incendia las nubes? Y pora es vengativa, como la del Acdes-
Mas, entre los sordos y extraños ru tio romano, nacido de una piedra; y ese
mores, hay en el lago turbulento azo genio guaraní, já falta de las cavernas
tado de la tempestad un aullido aterra de Lipari y del odre de Eolo para guar
dor inconfundible. No es el zumbido dar sus ábregos y sus rachas, ha here
del viento que añasca los cedros y la dado la virtud de las trasfiguraciones,
honda raigambre del tayí gigantesco; á la manera de los otros dioses de la
no es la esplosión de la ola deshecha Grecia. Sabe ser una serpiente (mboi-
en añicos de espuma en las grietas del chiní), como Pitón, ó como Stelles, un la
ribazo, ni el trueno del peñasco desga garto que se oculta en el musgo de las
jado que se arroja violento á los abis sendas. También sabe ser un escollo,
mos profundos. Es un aullido que, como aquella Scila que se enamoró de
arrancando del limo de los fondos, como Pico, y otras veces, en las noches sere
el Tapaicuá que engendraron las (las, nas, aparece sobre las olas como un
triunfa siempre del rugir de la tromba monstruo de Lerma, que agita las aguas,
y del bramar horrendo de los aqui para desaparecer en los abismos.
lones ... Es el grito del Y pora, el genio Maiiana, cuando cese la borrasca y la
de las aguas de los primitivos guaraníes. virgen aurora encienda en sus luces de
Sus notas ásperas preceden á la tormen oro prados, montañas y vericuetos; cuan
ta, y siguen vibrando aún después de do entonen su canto inmortal, en una
la borrasca, con aquella maravillosidad sola onda armoniosa, el jhabía, (4) los
ingénua en que surgió la ilusión del tordos y el boyero, y se besen las flores,
antropomorfismo helénico y la adoración y se duerma sonriente el lago, el Y pora
de los indos por las misteriosas fuerzas será en ais frondas de la margen una
de la naturaleza, Isis eternamente velada. triste paloma zorita, el yerutí ó el py-
A ese grito desolador, todo se humi casú, ó convertido en grulla, como Neo-
lla en la tierra paraguaya. La melena cles, recorrerá las riberas solitarias. Mi
verde del pindó (3) recoge sus gracias rará el fondo del lago, donde yacen las
apacibles en un mechón aguzado que ruinas de su pueblo, y luego, caminando
tirita, al soplo de las rachas, como un pausadamente, románticamente, buscará
suplicio en las manos de un verdugo; los vestigios de su heroica grandeza pa
las navecillas se arrebujan en el abrigo sada, sumergidos en la sombra de esos
de las rocas quebradas, y los viejos, sitios encantadores, donde no mueren ja
aturrullados, no se atreven á rememo más los recuerdos de su raza pujante,
rar sus hazañas ó sus aventuras en e! con su salvaje amor profundo y austero
fondo de las chozas de los labradores. y con todos los encantos y tristezas de
Yacy-Yateré, el genio de las florestas, su también salvaje poesía ...
Fortunato TORANZQS BARDEL
San Bernardino, Diciembre de 1908.
(3) Clase de palmera.
(4) Zorzal.