Leyenda urbana: El alumno.
Autor: Benítez Pablo Gabriel.
Estoy listo para contar un hecho, una historia o como se diga. Una anécdota
una muy aterradora anécdota. Todo comienza una noche cualquiera, había
llegado a la escuela como siempre, ese día era viernes y yo estaba cansado
porque estuve ocupado todo el día, no dejaba de bostezar y cerraba los ojos
por el cansancio.
Durante la clase me dormí, pero me despertaron, le dije al profesor si podía ir a
lavarme la cara. Una vez en el baño me sentí raro, sentí a alguien detrás de mí,
me di vuelta y no había nadie, no le di importancia y me fui al salón.
En el salón noté que faltaban dos alumnos y pregunté al profesor dónde
estaban, pero no me respondió. Sin decir nada salí del salón a ver si estaban
afuera pero no había rastro. En ese momento me dije a mí mismo, ¿dónde
estamos? No pueden estar afuera porque no está permitido, tampoco en el
baño porque venía de ahí y estaba vacío. De repente un grito agobiado cortó
mis pensamientos.
Me dirigí hacia el pasillo de la escuela y al llegar un resplandor iluminó el
oscuro pasillo. Era un chico, estaba de espaldas llorando, fue su grito lo que
había escuchado. Giró hacia mí y vi su aterradora cara, se abalanzó hacia mí y
me tomó del cuello asfixiándome, me quedé sin aire y me desmayé.
En la oscuridad, abrí los ojos y vi que estaba en el suelo y con todos mis
compañeros mirando con preocupación, igual que el profesor.
Me dijeron ¿Estás bien?
Respondí: ¿Qué diablos pasó? ¿Dónde está el chico pálido y flaco?
Todos me miraron como si estuviera loco y el profesor dijo con una cara muy
nerviosa.
¿Acaso el chico tenía cicatrices en la frente?
Cuando dije que sí, nos contó que hace tiempo hubo un alumno del turno tarde
que era muy estudioso. Un día se quedó en la escuela a estudiar, él estaba
agobiado porque no podía terminar su tarea, al día siguiente desapareció y no
se supo nada más de él.
Se dice que ronda la escuela, se encuentra su espíritu en agonía y dolor,
arrastrando las cadenas de su corazón. Se lleva las almas de aquellos que no
estudian o no lo hacen con ganas, haciendo que se ahoguen en desesperación
y dolor.
Así que recuerda: si no estudias, tu destino ya está marcado.