Cruce de Caminos
Cruce de Caminos
Cuaderno 79
Año 20
Número 79
Mayo
2020
Giros visuales
Editora
Fabiola Knop
1º Edición.
Cantidad de ejemplares: 100
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
Mayo 2020.
La publicación Cuadernos del Centro de Estudios en
Diseño y Comunicación [Ensayos] (ISSN 1668-0227) se
Impresión: Artes Gráficas Buschi S.A.
encuentra indexada por EBSCO.
Ferré 250/52 (C1437FUR)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
ISSN 1668-0227
Cuaderno 79
Año 20
Número 79
Mayo
2020
Giros visuales
Los estudios publicados están centrados en líneas de investigación que orientan las acciones del
Centro de Estudios: 1. Empresas y marcas. 2. Medios y estrategias de comunicación. 3. Nuevas
tecnologías. 4. Nuevos profesionales. 5. Diseño y producción de objetos, espacios e imágenes. 6.
Pedagogía del diseño y las comunicaciones. 7. Historia y tendencias.
Giros visuales
Prólogo
Julio César Goyez Narváez y Alejandra Niedermaier..............................................pp. 11-19
Marca M para Hitchcock - Dial M for Hitchcock. Los hilos y matices que se
repiten en la obra del director
Vanesa Brasil Campos Rodriguez.............................................................................pp. 75-94
El arte de la creación
Basilio Casanova Varela...........................................................................................pp. 95-101
(*)
Profesor asociado e investigador del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura
–IECO– de la Universidad Nacional de Colombia. Doctor en Comunicación Audiovisual
de la Universidad Complutense de Madrid. Coordinador académico de la Maestría en
Comunicación y Medios. Ha publicado varios libros y numerosos ensayos sobre teoría y
estética de la imagen, comunicación audiovisual y cultura popular, y análisis textual del
film. Miembro de la Junta Directiva de la asociación cultural Trama y Fondo de España.
(**)
Fotógrafa, docente e investigadora. Magister en Lenguajes Artísticos Combinados
(UNA). Profesora de la Universidad de Palermo en el Área de Investigación y Producción
de la Facultad de Diseño y Comunicación. Coordinadora Académica de la Escuela de Fo-
tografía Motivarte, docente del Posgrado de Lenguajes Artísticos Combinados de la UNA.
Publica libros y ensayos acerca de los derroteros del lenguaje visual desde sus aspectos
históricos y contemporáneos como así también sobre los aspectos didácticos. Forma parte
del Cuerpo Académico de la Maestría en Gestión del Diseño. Miembro del Consejo Asesor
Académico. Dirige el Proyecto de Investigación Giros y perspectivas visuales. Pertenece a
la Facultad de Diseño y Comunicación desde el año 2008.
Relatan también una interesante experiencia en una institución francesa ligada al arte
donde un estudiante de doctorado debe trabajar junto a un artista y un académico en for-
ma paralela. Coinciden este escrito y el de Alejandra Niedermaier en sus preocupaciones
sobre el arte como conocimiento y sobre los derroteros pedagógicos.
María Ximena Betancourt Ruiz, confirma con su estudio social crítico y enfoque semió-
tico visual –enfocando Colombia– uno de los poderosos giros de la imagen en la era del
diseño y la publicidad: empoderarse como marca; es decir, como mediación cultural que
incorpora la realidad de los sujetos, sus identidades, las entidades comerciales, los territo-
rios, las diferencias culturales, pero lo hace como herramienta del poder homogeneizador
del sistema capitalista que la alimenta. La autora revisa y analiza la identidad en la lógica de
la imagen y los imaginarios, donde la marca es un signo de figuración y cosificación, pero
además, afirma que “mediado por las tecnologías de la imagen, no sustituye una realidad, la
simula, incluso, la anticipa desde su inexistencia, dando pié a innovadoras formas de domi-
nación simbólica que propenden por la diversidad, mientras acentúan la negación de la “al-
teridad”. El artículo organiza su argumentación explorando la necesidad de representarse
para poder ser reconocido (territorio e identidad son cuestionados ofreciendo un punto de
ruptura con el sistema dominante), contextualizando y analizando los imaginarios identi-
tarios y las estrategias políticas y económicas que producen, por ejemplo, el ser colombia-
no a nivel nacional e internacional (imagen fragmentada, contradictoria, deficitariamente
representada). Al final, esclarece las posiciones conceptuales que sostienen y cuestionan la
imagen visual como la marca que representa el territorio, poniendo en juego cibercultural
los imaginarios y representaciones que la cultura mediática sabe-hacer y hacer-saber.
Desde la teoría del texto, el lenguaje y el deseo, Vanesa Brasil Campos, se asoma a un ras-
treo de resonancias formales, estéticas y estructurales en las obras que ha elegido del genial
Alfred Hitchcock, el mismo que inaugura un giro manierista par la cultura visual. La letra
M que reverbera como movimiento, movie (cine), mirada, melancolía, muerte; lo propio
ocurrirá con los nombre de sus múltiples y complejos personajes femeninos que están sig-
nados por la letra M, incluyendo la M de madre. Haciendo suyas las palabras de Truffaut,
la autora reafirma que el cineasta del suspenso “filma escenas de crimen como si fueran
escenas de amor”. En su recorrido por las obras del inquietante director, Vanesa Brasil
visibiliza un tejido real-simbólico entre los personajes femeninos Hitchcockianos (Marie,
Marnie, Melanie, Mitch, Madelaine, Margot) con la madre, pero no con una mujer fruto
del azar, sino con una siniestra que domina por completo el universo de su hijo, reinando
como una diosa desquiciada que ocupa el lugar minado del Dios patriarcal, tal como lo ha
expuesto Jesús Gonzalez Requena (2006), al teorizar la caída del padre y de la ley simbólica
en el relato manierista y su refrendación en el posclásico donde el relato sucumbe al puro
espejismo. No en vano, la autora termina afirmando que el “El universo hitchcockiano es
un terreno fértil y propicio para la emergencia de mujeres-madres fálicas, castradoras y/o
mortíferas”. Los hombres, en cambio, son débiles y pusilanimes, nada de heroísmo habita
en ellos. El abismo y sus metáforas, la insaciabilidad de la mirada, el ojo como organo
deseante, pulsional, escópico; la obra de Hitchcock trata de la mirada, del acto de mirar y
ser mirado; del cine, su realización y nuestros conflictos interiores.
Basilio Casanova nos introduce en un concepto bastante trabajado también en este cua-
derno, el del acto creador como “experiencia”. Menciona en este sentido a Freud y su refe-
rencia a la sublimación como una de las fuentes de la actividad artística para añadir luego
el concepto de Lacan y su reflexión acerca de que, para evaluar la sublimación en el arte,
debemos tener en cuenta que toda producción artística está históricamente determinada.
Cita entonces a Jesús González Requena como corolario de la creación: “la experiencia de
una revelación… la revelación de lo real”.
Muchos autores de esta compilación establecen sus reflexiones a través del concepto de
dispositivo. A tal efecto podemos recurrir a Giorgio Agamben (2014), que retoma el tér-
mino de Michel Foucault hacia fines de los años ’70. El pensador italiano entonces lo abre
del siguiente modo al establecer que el dispositivo es un conjunto heterogéneo lingüístico
o no lingüístico y que es una red que se establece entre ambos discursos. Indica que el dis-
positivo se inscribe entre el cruce de relaciones de poder y de saber. Y agrega que en todos
los casos los dispositivos inciden en los procesos de subjetivación.
Julio César Goyes Narváez realiza su estudio a partir del análisis textual como enfoque
interdisciplinar: antropológico, semiótico, estético, psicoanalítico, filosófico, cinematográ-
fico, necesario para examinar lo relativo a la visualidad. A través de un recorrido por dis-
tintos realizadores y películas resume que la cámara (boligráfo) ha pasado de ser un dispo-
sitivo de acción que tranporta la eficacia del relato a uno de pensamiento que lo desintegra
en puro “dispositivo-conciencia” que se define por su capacidad de establecer relaciones
que permiten interrogar, objetar, provocar, expresar y experimentar. El audiovisual (el tex-
to) y la audiovisualidad (la experiencia) que despliega, no puede considerarse únicamente
como fruto de máquinas semióticas, sino como textos de la cultura potentes, poderosos
y complejos tan reales como sígnicos, tan imaginarios como simbólicos que reinscriben
la experiencia vital, onírica y deseante de los sujetos (González Requena, 2006). A partir
del camino trazado, Goyes se adentra en los aspectos del cambio estético que reescribe lo
social y político en lo que él denomina cultura popular reimaginada por el audiovisual,
pero que también podríamos identificar con cuestiones que hacen a lo latinoamericano
en tanto interacciones sociales, económicas y simbólicas heterogéneas y transnacionales.
El redactor de este ensayo alerta también sobre la mirada multiculturalista que intenta
borrar los elementos auténticos.
Dentro de la globalización intercultural, la cuestión centro/periferia no puede ser clasifi-
cada como par binario sino en base a una mirada atenta a los encuentros y desencuentros,
a lo situado y específico que, además, incluye lo contingente. El paso a la contemporanei-
dad se gestó simultáneamente en ambos sitios pero no de un modo idéntico. Por ello las
características periféricas adquieren una condición intersticial y dialógica entre el adentro
y el afuera y revelan a partir de su porosidad, una desmesura, un carácter extático.
La indagación se refiere también, al igual que la de Alba y Buenaventura, a la “investiga-
ción-creación” como condición de posibilidad de un encuentro entre lo interior y lo ex-
terior. La investigación-creación apela también a la mirada abierta e interdisciplinaria ya
citada y que tendería a cumplir con el pensamiento Antonio Gramsci que aventura: “Ins-
trúyanse porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia, conmuévanse porque necesi-
taremos de todo nuestro entusiasmo (…)”. Es decir, combinar lo sensible y lo inteligible.
Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo, firman una propuesta que, en sus términos, es
una “experiencia enmarcada dentro del proceso del proyecto Huerta que mediante diver-
sas estrategias estimula la emergencia de narrativas del territorio buscando hacer visible
imágenes, operadores sociales y Ethos culturales, sean concebidas y vividas como tejido,
construcción y condición de posibilidad; así mismo, ayuden a soportar la incompletud del
mundo que el sujeto percibe e imagina como suyo.
En la línea contamporánea de que las películas son un potente giro visual constructor y
transformador de la realidad social, Wilson Orozco, hace un análisis comparativo de la
forma como se ha representado la pobreza a través de dos textos fílmicos documentales
de gran relevancia para sus países de origen: Las Hurdes, Tierra sin pan de Luis Buñuel
(España, 1932) y Agarrando pueblo de Carlos Mayolo y Luis Ospina (Colombia, 1978). La
constatación de que los cineastas manipulan los datos de la realidad, las imágenes cap-
turadas y luego montadas, para conformar un tipo de enunciado, llevó a pensar en un
paradigma nuevo de documentar la “realidad”. Lo propio ocurrió con los cineastas co-
lombianos, quienes recreando también la realidad, lograron revolucionar y subvertir el
género a través de la parodia (la imagen fetiche y la caricatura exagerada) y el carácter
satírico de sus personajes, cuestionando las representaciones en torno a la pobreza: mani-
pulación, fetichismo, “pornomisieria”, exotismo, espectacularización, etc. Según Willson
Orozco, sorprende su similitud entre las dos obras a pesar de su distancia en el tiempo
y la diferencia de espacios (La hurdes y el centro urbano). Concluye que estos cineastas
deconstruyen y revolucionan el documental mismo a través de la parodia, logrando que
la ficcionalización o “falso documental” alcance una profundidad que antes, lo real y lo
humano, no habían conseguido.
Sebastián Russo trabaja el concepto de insurrección en arte a través de la exposición Su-
blevaciones concebida y curada por Georges Didi Huberman y del film En el intenso aho-
ra de Joao Moreira Salles. La sublevación comprendida como experiencia vital es vista
desde la exposición, y cuestionada por Russo, por su eficacia en tanto convocatoria a la
insurrección, a su condición de impulsora en contraposición con la muerte del deseo. Sig-
mund Freud hablaba de la indestructibilidad del deseo, por eso la gran pregunta es cómo
mostrar esa indestructibilidad para que no se vea ahogada y que siga funcionando como
motor. A partir de su análisis surge también una interrogación similar a la que se produce
alrededor del concepto de multiculturalismo, es decir, el peligro de una “universalización”
como borramiento de los elementos auténticos.
En ambos casos, exposición y película, estamos ante la operación contemporánea de la
recolección y del montaje, operación que tiene como eje la rememoración histórica de la
capacidad del ser humano de erguirse.
Por su parte, Juan Manuel Pérez, elabora un texto sobre un tema de reflexión ultra con-
temporáneo, las macro y micropoéticas alrededor del cuerpo. Ocasión para desterritoria-
lizar y, a su vez, reterritorializar el concepto de cuerpo considerado como materia signifi-
cante. En su enumeración sobre la elaboración fotográfica acerca del proceso traumático
de los cuerpos ausentes, a causa de fenómenos político dictatoriales en la Argentina, tal vez
pueda agregarse al de Lucila Quieto mencionado, el trabajo de Andrés Borzi en cuanto a
la necesidad de ambos de darle un cuerpo a la desaparición.
Vuelve a aparecer, como en el texto de Sebastián Russo (y Niedermaier también se refiere
un poco a eso) la posibilidad de la creación estética –y del cuerpo en este caso– de tra-
bajar el concepto de sublevación, de insurrección. Una pulsión de vida habita tanto en
la insurgencia como en el cuerpo; es por eso que la producción artística se hace cargo de
las interrogaciones acerca de jerarquías, clases y géneros. Redunda así en una praxis vital.
En todos los casos que este artículo menciona prevalece, lo que también explicita, que el
régimen estético del arte está construido por las condiciones de producción, representa-
ción, presentación y circulación.
Bajo el sugestivo título “Visualidades en tránsito” Eduardo Russo comienza citando la
mítica revista de los años ’90 denominada October que realizaba eficaces estudios visuales.
Los teóricos de esa revista ya inscribían el mundo de lo cinematográfico en coordenadas
más amplias. Este nuevo paisaje es tratado también en los textos de Sabeckis-Vallaza y de
Zuzulich.
Russo menciona la aparición de un giro filosófico (Deleuze, Badiou y Rancière) que
coadyuvó a la consideración del cine como una singular aventura del pensamiento.
A partir de estas formulaciones realiza un estudio de la producción de David Lynch com-
prendiendo que el espesor de la obra de este realizador requiere una mirada intersticial,
intermedial. Como en otros escritos de este cuaderno interroga sobre distintos pares bi-
narios que atraviesan la imagen: la transparencia, el ocultamiento, la representación y la
presentación como así también lo irrepresentable. Hace referencia también a su condición
híbrida y a sus aspectos perceptuales. Ahonda en el accionar de las imágenes fílmicas sobre
el imaginario por medio de relaciones de causa y efecto. Desde ciertas estrategias estéticas
Russo compara algunos elementos de la producción de William Blake y Francis Bacon con
la de Lynch mientras que también destaca un accionar relacionado con aspectos de la físi-
ca. Finalmente busca la reivindicación de las imágenes en su particularidad y complejidad.
Un giro visual que reedita lo que otrora se denominaba video arte, lo proporcionan Ca-
mila Sabeckis y Eleonora Vallaza, al exponer el cine expandido –esa aleación de arte y
tecnología– como muestra museística o en exposiciones artísticas. Las autoras se enfo-
can en el campo cultural argentino, obras de arte y artistas destacados. Partiendo de una
muestra-instalación que incorpora la imagen electrónica a través de pantallas de televi-
sión, se hace un recorrido desde los años sesenta hasta algunas experiencias en el 2017. El
punto de partida fue pensar el tipo de relaciones que el público tenía en sus hogares con
la televisión, poner en crisis esa relación cambiando el lugar de enunciación: los museos y
centros culturales. Luego había que someter a los espectadores a la “hiper-fragmentación”
de los mass media, a través de entrevistas audiovisuales y recepción de programas de radio
y exposición de fotografías simultáneos, resaltando la sensorialidad, interactividad y los
modelos narrativos de los medios. Finalizan su artículo, referenciando tres experiencias
recientes de cine expandido. Las obras, según las autoras, incluían piezas de video arte
relevantes no como enlaces de montaje, sino como ejes-mensaje destacados en la acción
comunicativa. El cine expandido ahora está incluido y goza de relativo prestigio en las
muestras artísticas, exhibiendo a través de formatos audiovisuales, multiplicidad y simul-
taneidad de pantallas, interactividad con el espectador, relato no lineal, gran formato y
proyecciones en cualquier espacio, entre otras características.
Nicolás Sorrivas nos acerca su experiencia iniciática al cine para reconocer luego los efec-
tos de la multipantalla en nuestra vida cotidiana y para diagnosticar luego un nuevo giro
visual. Se detiene finalmente en un profundo análisis sobre la serie Black Mirror. Su texto
es elaborado como un relato ficcional y ensayístico lo cual nos introduce a una situación
inmersiva particular. Situación que por otra parte analiza al reflexionar sobre sus distintas
características como la narración transmedia y la generación App por ejemplo. A partir
de la exploración de la mencionada serie surge la pregunta sobre el devenir, especialmente
sobre cuán próximo o alejado se encuentra del presente.
Charlie Brooker, creador de la serie, explica que el título alude a un espejo oscuro en el que
no queremos estar reflejados. Hay así un doble juego por parte del voyeur: desde la mirada
hedonista hasta la espectacularización de la vida cotidiana.
La artista Liliana Maresca es exhaustivamente indagada para este Cuaderno por Valeria
Stefanini. La presencia de su cuerpo, a través de una indagación performática y autorefe-
rencial, ponía de manifiesto sus estrategias discursivas. Un discurso –siempre provocador–
que bregaba por una identidad transindividual (ni puramente individual ni puramente
colectiva). En todos los casos se trasluce un modo de poiesis, es decir de enunciación que
pone de manifiesto un proceso que partía de su individualidad pero que definitivamente
estaba habitado además por el conjunto de las condiciones sociopolítico-culturales en el
que se hallaba inmersa. Maresca unía entonces los términos enunciación y experiencia al
establecer lazos entre estética y política poniendo su propio cuerpo para construir un diá-
logo con el Otro. Estos lazos se tradujeron en un vínculo entre el hecho y la forma al uti-
lizar el recurso de la performatividad para lograr una inscripción histórica, una densidad
narrativa y una dimensión ética. Apelaba así a acciones que se realizan con el objetivo de
ser fotografiadas. Liliana Maresca en toda su producción y especialmente en las fotografías
realizadas con López, con Kuropatwa y con otros cumplió con la idea expuesta por Boris
Groys de que vivir es estar expuesto a la mirada de los otros.
Stefanini indica que Maresca mantenía un discurso deictizado que fijaba su posición
como enunciataria al establecer lo relativo al yo, al aquí, y al ahora.
En sus producciones colaborativas (Maresca-Lopez, Maresca-Kuropatwa, Maresca-Mi-
randa) se visualiza un entrecruce de miradas: ella mirando al fotógrafo y a su vez al recep-
tor, el fotógrafo reteniendo esa mirada para hacerle llegar a los espectadores ese recorte de
espacio y de tiempo. Así el cruce de sus acciones con la fotografía resultaba un ingrediente
medular en su obra y escapa del tradicional registro de una performance.
Jorge Zuzulich también inicia su escrito a partir del concepto de dispositivo, incluyendo
en él a todo el engranaje que rodea a las imágenes, es decir, tomando en consideración
todo el proceso de producción y circulación. A partir de estas apreciaciones relaciona el
gesto del productor que está al acecho por encontrar algo con un idéntico gesto por parte
del curador. Analiza pues el lugar del cuerpo del espectador en tanto presencia y receptor
de significado para adentrarse en cómo esa presencia en un espacio determinado provoca
una experiencia en ese cuerpo receptor. Menciona entonces, mediante ejemplos, el po-
tente encuentro entre cine y arte contemporáneo, tema al que hacen referencia también
Camila Sabeckis y Eleonora Vallaza.
Los ensayos aquí compilados abren espacios de deliberación –siempre provisorios– que
permiten analizar el modo en que forma y contenido se tramitan incesantemente ante
nuevas búsquedas que conforman los giros visuales de nuestros días.
Con la inmensa alegría de poder poner nuevamente a consulta un conjunto de reflexivos
artículos, los invitamos cordialmente a su lectura.
Referencias bibliográficas
Abstract: This Journal is the result of various continuities. Integrates a sequence that had
begun with the Issue No. 56 Pedagogies and policies of the image also carried out in con-
junction with the National University of Colombia through its Institute of studies in com-
munication and culture - IECO and compiled by the same coordinators, Julio César Goyez
Narváez and Alejandra Niedermaier, of this Journal that are always attentive to the course
of the image in the contemporary visuality. Visual turns request a constant and watch-
ful look on its evolution. The present compilation give an account of deep researches
around the symbolic impact of the image, its ability to create imaginary, its manifestation
as symptom of various problems and its ability to generate stories. This Journal takes into
account also the different members of the communication circuit. Many writings also
include studies on the educational aspects that are needed today.
Resumo: Este caderno é o resultado de várias continuidades. Integrar uma sequência co-
meçou com o notebook nº 56 Pedagogias e políticas da imagem também feitas em em
conjunto com a Universidade Nacional da Colômbia, através do Instituto de Estudos em
Comunicação e Cultura –IECO e compilado por Julio César Goyez Narváez y Alejandra
Niedermaier, os mesmos coordenadores deste caderno, que estão sempre Atento às di-
reções da imagem na visualidade contemporânea. Solicitação de virada visual um olhar
constante e atento sobre o seu devir. A presente compilação dá conta investigações pro-
fundas em torno da incidência simbólica da imagem, sua capacidade de criar imaginá-
rios, sua manifestação como um sintoma de diferentes problemas e sua capacidade de
gerar histórias. Este caderno também leva em conta as diferentes membros do circuito de
comunicação. Em muitos escritos, os estudos também estão incluídos sobre os aspectos
didáticos que são necessários hoje.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
Resumen: Este artículo busca esbozar las distintas acepciones del concepto de “investiga-
ción-creación” con el fin de aprovechar su capacidad heurística. Se afirma que sorprende
el uso monolítico del neologismo en castellano, en contraste con la variedad de matices
de significación que caracterizan al concepto en inglés. Se definen conceptos como “inves-
tigación basada en la creación”, “investigación dirigida a la creación”, “creación como in-
vestigación”, el “performance como investigación”, “el uso de las artes en la investigación”,
la “artegrafía”, la “creación como investigación”. Se realiza una historia del debate sobre el
tema y se ponen las bases de un estado del arte guiado por la pregunta: ¿es el arte, inves-
tigación? Finalmente, se enfatiza en la creación como investigación en procesos concretos
e históricos de creación artística y, a partir de las categorías propuestas por el artista e
investigador australiano Graeme Sullivan, se formulan cinco categorías para entender los
actos investigativos en los que se involucran artistas y cineastas concretos.
Introducción
Los matices lingüísticos en inglés de la relación entre investigación y creación, nos llevan a
detenernos en cada uno para comprender sus semejanzas y diferencias.
Practice-based research
La académica australiana Linda Candy define este concepto como
Practice-led research
Linda Candy afirma que este tipo de investigación
Arts-based research
Desarrollado por los académicos americanos Tom Barone y Elliot W. Eisner, el concepto
busca usar las artes como método de investigación para movilizar procesos de educación,
desarrollo académico y crecimiento comunitario. Elizabeth Andrews ha definido el con-
cepto como el uso sistemático de procesos y expresiones artísticas (en diferentes formas
y disciplinas) como el medio primario para entender y examinar la experiencia de un
investigador y las personas involucrados en sus investigaciones. En un sentido amplio, el
Arts-based research busca desarrollar, pero también entender, el papel de las artes dentro
de las ciencias sociales (Andrews, 2006, pp. 21-22). Podríamos denominar en castellano
este concepto como el uso de las artes en la investigación.
Arts-informed research
El concepto, desarrollado por Gary Knowles y Andra Cole, expertos en la metodología de
“historia de vida”, está relacionado con el de Arts-based research. El concepto más cercano,
dentro de las ciencias sociales latinoamericanas, sería el de Investigación-Acción Participa-
ción -IAP-, en la medida en que la investigación busca transformar al investigado y al in-
vestigador, e intervenir, definir y proceder desde entornos comunitarios, sociales, políticos
e ideológicos. Afirman Knowles y Cole que, “…como un marco para la indagación, el arts-
informed research es lo suficientemente fluido y flexible para servir tanto como una herra-
mienta de aprovechamiento metodológico a otros acercamientos investigativos, como una
metodología cualitativa con su propio valor” (Knowles y Cole, 2014, p. 59). Podríamos
denominar en castellano estos dos conceptos como el arte en la investigación, el arte para
la investigación o, en una versión más radical, como la investigación-arte participativa.
A/r/tography
La práctica de la “A/r/tegrafía”, como afirma su más conocida proponente, la profesora
canadiense Rita L. Irwin, experta en el campo de la educación artística, es,
to inquire in the world through an ongoing process of art making in any art
form and writing not separate or illustrative of each other but interconnected
and woven through each other to create additional and/or enhanced meanings.
ron de una masa crítica de información y datos que sólo podía ser respaldada por procesos
sistemáticos de investigación. De esta forma, la investigación aplicada al diseño comenzó,
en Inglaterra, a principios de los 60, con el proyecto pionero, liderado por Bruce Archer,
acerca de las especificaciones técnicas para el diseño de las camas hospitalarias británicas,
y con el establecimiento en 1966, de la Design Research Society, agremiación académica
líder en la aplicación de la investigación al diseño industrial.
En las artes, se produjeron procesos similares. El monopolio académico que había poseído
la historia del arte y la crítica especializada sobre la indagación del arte, empezó, lenta
pero inexorablemente, a resquebrajarse y la mirada sobre “la obra” comenzó a dar paso a
la mirada sobre “los procesos” (Rust, Mottram y Till, 2007, pp. 14-16).
Las rígidas fronteras entre disciplinas artísticas empezaron a desdibujarse, tanto en la prác-
tica artística misma como en la crítica especializada. Fue todo un periodo de surgimiento
de nuevas vanguardias, y se produjo la llamada “descolonización” del arte y la masificación
de la educación artística. En el audiovisual, surgieron las “nuevas vanguardias”, y empezó
el proceso de consolidación de nuevos clásicos como la Nueva Ola Francesa, el Cinema-
verité, el Nuevo Cine Latinoamericano, entre tantos otros movimientos de renovación. En
el contexto del cine norteamericano, la caída del “sistema de estudio” hollywoodense se
había también iniciado. Los sesenta fueron un periodo, además, en que se consolidaron
los públicos masivos de la televisión, hambrientos de otras estéticas y otras sensibilidades.
Es lo que el profesor colombiano Jesús Martín-Barbero ha llamado el amalgamiento entre
cultura popular, cultura masiva y cultura culta. Creemos, a manera de hipótesis, que el
surgimiento de la investigación-creación en las artes, como posibilidad, es un elemento
adicional que caracteriza esa renovación de época.
¿Qué estaba pasando en el campo audiovisual? Según Desmond Bell (2006, p. 87), un
elemento fue el crecimiento, entre 1986 y 2006, de los programas curriculares en cine o de
comunicación audiovisual y multimedia, dentro de la educación superior en Gran Breta-
ña, Europa continental y Estados Unidos, bajo fuertes presiones políticas para legitimar
su “relevancia vocacional”, y con millonarias inversiones en laboratorios audiovisuales lo-
grando, efectivamente, que las universidades acogieran la mayor concentración de recur-
sos tecnológicos audiovisuales por fuera de los medios masivos tradicionales. De nuevo,
fue una vertiginosa expansión tecnológica y curricular basada en la noción pedagógica del
“studio-based learning”, –el aprender-haciendo bajo la supervisión de un maestro-–, por
lo que, como anota Bell, ese crecimiento no siempre estuvo acompañado de una rigurosa
reflexión conceptual sobre la relación entre dicha creación audiovisual y la producción
intelectual (proveniente de los film studies, los cultural studies o de la mass comunication
research). En el contexto australiano, Linda Candy (2006, p. 4) traza el origen del debate
sobre la investigación-creación con el surgimiento en 1984 de dos doctorados en escrituras
creativas en universidades en ese país.
La llegada al gobierno británico del Partido Conservador, durante los años 80 y 90, con su
énfasis en la eficiencia y la evaluación académicas, le dio mayor relieve al debate sobre la
investigación-creación en las artes. Según Rust, Mottram y Till (2007, p. 17), una coyuntura
decisiva fue la transformación en 1992 en Gran Bretaña, de los tradicionales politécnicos
en universidades. Lo que, al menos sobre el papel, implicaba que las artes, el diseño y la
arquitectura debían fortalecer su perfil investigativo, sin mencionar el hecho de que, con
esa transformación institucional, los politécnicos quedaron habilitados para otorgar di-
plomas de doctorado. El problema se agudizó con el establecimiento en Gran Bretaña, de
programas de doctorado en creación artística bajo el supuesto de que dichos posgrados
incluyeran componentes neurálgicos de investigación. Así, entre 1996 y el 2005, se escri-
bieron 406 disertaciones de doctorado en el área. De estas, 148 eran de arte, 99 de diseño
y 81 de arquitectura. Según Rust, Mottram y Hill (2007, p. 21), el 20% de esos doctorados
eran “investigaciones acerca de los procesos del hacer o que pretendían indagar acerca de
prácticas artísticas contemporáneas, incluyendo trabajos descriptivos y aquellos escritos
realizados para acompañar obras artísticas”. Por lo visto, la investigación estaba ya ubicada
con firmeza en la creación, al menos en Gran Bretaña.
Una parte decisiva del proceso fue el establecimiento, en 1992, del Research Assessment Exer-
cise (RAE), como un proceso público de acreditación y calificación de la investigación uni-
versitaria bajo el principio de “quien más investigación realiza, más recursos tiene derecho
a recibir”. Según Bell (2006, pp. 87-88), el resultado de su aplicación en las escuelas de artes
fue que los académicos estuvieron bajo una presión mayor para identificar las obras de arte,
producidas por sus profesores, en términos de “resultados de investigación”, sin que esa iden-
tificación entre unos y otros se haya realizado con los debidos cuidados epistemológicos.
Si nos atenemos a la reflexión propuesta por Bell, tanto a las entidades reguladoras y finan-
ciadoras de ciencia y tecnología como a los y académicos de las áreas de arte y de diseño, “les
convino”, por las razones más pragmáticas posibles -acreditación y financiación-, ignorar
las cuestiones epistemológicas más problemáticas, buscando ubicar las actividades de arte
y diseño dentro de un “modelo genérico” del desempeño cuantificable de investigación:
And, if the will was there, then it wasn’t too hard to find a way of establish-
ing a suitable fit. Bodies of photographic work, films, sculpture, paintings etc.
could be treated as research outputs irrespective of the original motives of
their authors providing they found a public exhibition forum paralleling the
peer-reviewed publication outlets of written work. This was the primary mod-
el employed by the RAE to assess individual academics research output, and
art institutes were greatly relieved to find they could reinscribe the art work
of their lecturing staff within it and qualify for RAE recognition and funding.
Universities began to hire professional filmmakers and visual artists with im-
pressive portfolios of exhibited work to strengthen their research profile in the
areas of art, design and the media (Bell, 2006, pp. 87-88).
El resultado fue que muchas instituciones universitarias lograron, con gran eficacia, ad-
ministrar
(…) the new research economy to great effect and money flowed into ‘research
active’ departments. Almost overnight British universities became important
funders of arts projects and of the artists undertaking them, rivalling –and in
some areas, threatening– to eclipse arts funding from regional and national
arts councils. Despite the apparent rigour of the national research exercise, the
reviewers did not seek to critically interrogate the knowledge claims made for
this ‘research activity’ in the arts (Bell, 2006, pp. 87-88).
périeur de musique et de danse de Paris (CNSMDP), la École nationale supérieure des Arts
Décoratifs (L’École des Arts Déco), la École nationale supérieure des Beaux-Arts (ENS-
BA), la Ecole normale supérieure (ENS) y la Ecole nationale supérieure des métiers de l’image
et du son (La Fémis). Un estudiante del Doctorado SACRe debe trabajar bajo la dirección
simultánea de dos tutores: un artista vinculado al medio creativo y un académico vincula-
do a la investigación. Dentro del Doctorado SACRe, se busca que:
(…) the notion that creative practice itself –with its enthusiasms and confu-
sions, expressivity and sheer immanence– could be the crucible for a process
of systematic research investigation remains a harder sell within the wider aca-
demic community. And yet, that is precisely what has to be established if the
specificity of academic research in the creative arts disciplines is to be deline-
ated and given due intellectual recognition (Bell, 2006, p. 85).
Estaban quienes defendían (Darren Newbury, por ejemplo) la aplicabilidad plena del pa-
radigma de la investigación en ciencias sociales a la creación en arte y diseño. Si seguimos el
panorama delineado por Bell, para estos autores, la investigación-creación sería, más bien,
una “creación basada en la investigación” y el modelo ideal de “investigación” sería aquel,
La propuesta de Bell es clara: ¿Qué modelo de ciencia asumen y defienden quienes preten-
den que la creación artística sea equiparable a la ciencia? ¿Qué tan empiristas y positivistas
son? ¿De qué tipo de ciencia estamos hablando cuando hablamos de ciencia? ¿De qué tipo
de ciencia social estamos hablando cuando hablamos de ciencia social? Insinúa Bell que,
de pronto, este acercamiento (“ciencia igual a arte”) podría beneficiarse de una mirada
más atenta a las disciplinas humanas no empíricas, como la investigación histórica y/o
la hermenéutica y, por tanto, alejarse de aquellas miradas científicas basadas en el empi-
rismo lógico. La insinuación de Bell es interesante: la investigación-creación, por ejemplo,
de un largometraje de ficción, ¿podría relacionarse con aquellas disciplinas más conexas,
como la teoría de la imagen, los film studies, la historia y estética del audiovisual, en vez
de referirse a la sociología, la antropología o la psicología? Como cree Bell, el modelo
empirista de las ciencias sociales –filosóficamente desacreditado, históricamente desinfor-
mado y éticamente cuestionable– y que ha sido objeto de más de cincuenta años de duros
cuestionamientos desde las teorías críticas del conocimiento, ahora es aplicado al mundo
de la investigación del arte y el diseño. Lo que se sacó por la puerta trasera de las ciencias
sociales, se coló subrepticiamente por la ventana de la investigación-creación.
Of course few of those who wish to articulate art and design research methods
within a positivist paradigm adhere in any rigorous way to the fallibilist imper-
ative which is central to the logical empiricists epistemological claims. Rather,
the pseudo-positivism now present in the research application formulations
of some arts practitioners and most traditional arts and humanities scholars,
functions primarily as a discourse to legitimize claims for support for art and
design projects to bodies like the AHRC and other funding bodies. We have all
learned to talk the talk, and the talk is a sub-positivist discourse of ‘research
Finalmente, y relacionada con todas estas preguntas, se encuentra la duda sobre la rela-
ción entre investigación-creación y calidad artística. Como muchos directores y tutores de
trabajo de grado pudieron observar, se produjeron obras de arte de dudosa calidad artís-
tica basadas en investigaciones de gran calidad. ¿Es la investigación un prerrequisito de la
calidad artística? ¿Por qué hay casos, no infrecuentes, de diseño y arte de calidad, que no
han requerido investigación alguna? Se pregunta Bell: “Si la investigación para la práctica
creativa no mejora esa práctica, ¿para qué entonces la investigación?” (Ibided).
Of course, it could be argued that arts pedagogy itself involves a critical di-
mension and that historically this pedagogy, rather than ‘pure’ research, has
been the locus of critical reflection and theorising within the creative arts (one
thinks of the pedagogic writings of Malevich, of those of the Bauhaus Masters
or Eisenstein’s extensive reflections as a teacher on filmic form and meaning).
Certainly, as teachers, we are concerned with assisting our students to develop
their work and to understand it through its critical contextualisation and in-
terrogation within a public culture (Bell, 2006, pp. 87-88).
One of the weaknesses of many of the media arts programmes which have
emerged out of media studies, is that while they have offered students some
experience of media production, they have been slow to embrace a project-
based arts pedagogy which gives the formal critique a central role in the devel-
opment of a student’s creative abilities. Indeed, a commitment to make sense
of work within a public cultural context and with reference to available modes
of critical thinking is present in the best film and imaging programmes where
the acquisition of technique and mastery of convention and form is balanced
with the teaching of practices of self-criticism and public accountability (Bell,
2006, pp. 87-88).
Marta Lucía Barriga (2011), retomando a Roberto Fajardo, ha explorado la noción del
“educador-artista-investigador”: un artista que fluye entre la sistematización de su prácti-
ca artística, su difusión con vistas al enriquecimiento creativo en la enseñanza-aprendiza-
je, y la creación misma. De alguna manera, la investigación-creación se encuentra a gusto
con la pedagogía y con la educación artística.
Otro elemento de estas diferencias es el tema de la comunicabilidad del conocimiento ad-
quirido, por ejemplo, en el contexto de la investigación-creación doctoral. Desmonnd Bell
(2006:90), ha calificado los requerimientos escritos de enunciación y elaboración teórica
de nivel doctoral, como una especie de “autoderrota” de aquellos que buscan la autonomía
del conocimiento en las artes. La pregunta amplia es, por supuesto, si la obra de arte, para
ser obra de arte, tiene que someterse a la discursividad de la investigación tradicional.
(…) many creative arts academics reject what they perceive as the scientistic
character of the dominant discourse about research. The drift towards a sub-
positivist discourse in art and design research has led to outbreaks of romantic
resistance and the ‘return of the muse (Bell, 2006, p. 92).
La posición de estos autores busca defender la creación por sobre la investigación, y la ex-
presión artística como una actividad básicamente irracional e, incluso, mística. Bell toma
distancia de este acercamiento. Para él, es difícil ver cómo el uso de tal misticismo, y de tal
abandono del método crítico, puede ayudar a avanzar nuestras discusiones acerca de la
investigación-creación. Concluye que:
This raises the tricky question identified by the PARIP team, ‘What makes an
instance of practice “count” as research?’ (op.cit, p. 118). Is it merely the loca-
tion of the practice project within the academy that establishes its research sta-
tus? This is patently not so as teachers of drama in universities often produce
work which plays in university theatres and which has no intrinsic research as-
piration. Surely practice as research must have different methods and planned
outcomes to ‘pure’, i.e. professional, practice.
The water has been muddled further by RAE assessment practices in the field
of drama and the performing arts. These evaluations have treated professional
productions and art works attributed to academics and entered for the nation-
al research assessment exercise as quantifiable research outputs, irrespective of
whether the authors themselves conceived of their arts works in this way. Lec-
turers in arts colleges have always produced their own art works and exhibited
these. Only recently however, and in response to institutional pressures, have
they been tempted to describe this activity as research (Bell, 2006, pp. 93-94).
Para radicalizar el debate está el otro tema del carácter “efímero” de muchas de las prácti-
cas del arte y, en especial, de las artes del performance. ¿Cómo registrar un performance en
toda su amplitud y complejidad, si sólo podemos acceder a él a través de la inmediatez de
su puesta en escena –en el aquí y en el ahora–? En muchas disciplinas artísticas, el “resul-
tado” de un proceso creativo son “obras” materializadas en el espacio y/o el tiempo. ¿Es así
en las artes escénicas? ¿Qué implicaciones tiene ese carácter “efímero” para ciertas discipli-
nas artísticas escénicas que buscan también ubicarse en el paradigma de la investigación-
creación? Sin embargo, estaríamos desconociendo la complejidad epistémica del problema
si lo reducimos a un asunto de “registro académico”. En realidad, el tema está, de nuevo,
relacionado con la centralidad del discurso escrito en el mundo académico tradicional y
dentro de las prácticas de circulación del conocimiento en las disciplinas tradicionales.
PARIP has provided a useful forum for airing a series of issues about the relation-
ship between professional practise per se and its operationalization as a research
method where the primary object becomes an epistemic rather than an art one.
Its discussants have explored how the methodology of PAR resembles and dif-
fers from that operating in other disciplines in the arts, humanities and social
sciences. They have posed questions about the relationship between the propo-
sitional forms of knowledge and writerly practice characteristic of traditional
scholarship, and the tacit and embodied forms of visually-led knowledge found
in art practice. Departing from Phelan’s concern with the ontological specificity
of performance, they have questioned the role of written report and textual anal-
ysis characteristic of traditional research documentation and have highlighted
the forms of reflexive analysis encoded in the performance work itself.
So far so good. But after these extensive PARIP deliberations, are we any clearer
about the epistemic character of practice as research? Far from it being the case
that the, ‘time for questions is over’, as Piccini and Kershaw playfully suggest in
their review of the work of PARIP (op. cit, p. 118), we haven’t really started ask-
ing the right questions. Apart from a brief skirmish with positivist models of
knowledge generation (indicted for privileging propositional over experiental
knowledge), and a parading of a lineage of phenomenological and post-critical
philosophers from Heideigger to Polanyi, held to have shaped performance
theory’s concern with the embodied subject and with reflexivity, the PARIP re-
searchers seem to have little to say about the conditions of possibility of knowl-
edge through art practice. Yet, the imperative within creative arts research re-
mains to, ‘do the epistemological spadework’ required to provide answers to
these methodological queries, however tentative and provisional these might
be (Bell, 2006, p. 94).
La investigación en el arte
Finalmente, debemos preguntarnos por la investigación-creación en su acepción en lengua
inglesa como research acts in art practice; es decir, por la investigación como una dimen-
sión constitutiva del trabajo artístico. Como ha propuesto Graeme Sullivan, a quien segui-
remos de cerca en este tema,
Sullivan ha propuesto cuatro categorías para entender los actos investigativos en los que se
involucre un artista:
- Actos teoréticos.
- Actos formativos.
- Actos interpretativos.
- Actos críticos.
- Actos metodológicos.
…artists have always been deep thinkers. What has expanded, however, is the
range of conceptual tools, creative approaches, and communal contexts, with-
in which artistic practice takes place. A characteristic of this practice shows
that artists periodically “think in a medium”, “think in a language”, and “think
in a context” (Sullivan, 2004). The creative and critical intent of artists who
“think in a medium” emphasize formal and expressive properties that are re-
vealed by their explorations of media. For artists who “think in a language” a
rich interpretive landscape is opened up because art experience is extended
through dialogue and discourse. On the other hand, artists who “think in a
context” are interested in creating critical artistic encounters that change the
way we think about things around us. Consequently, in considering art prac-
tice as theory, the way artists think about studio processes as forms, ideas and
actions (…), gives a sense of the rich theoretical underbelly that propels art
inquiry. Conceiving art practice as a theoretical act within a framework of in-
quiry sets in place the prospect of doing research in artmaking. When used as a
site for research, art practice brings into play the seamless relationship between
the ‘researcher’ (artist) and the ‘researched’ (art practice) and this builds on all
the discursive arguments that disrupt untenable dichotomies such as the fic-
tive subjective-objective divide. Or to put it another way, the task is to claim
a legitimate place for the artist in the research process, and to do this, other
research acts can be taken up (Sullivan, 2006, p. 30).
Desmond Bell estaría de acuerdo. Según este autor, el desarrollo de cierto nivel crítico –
como crítica conceptual– forma parte de un quehacer artístico complejo. Así, siguiendo
a Kathyrine Grushta, Bell (206, pp. 86-87) sostiene que existe un “ciclo hermenéutico” de
involucramiento y alejamiento afectivo, del hacer y del criticar.
Sullivan (2006, p. 31) también ha propuesto que un artista desarrolla actos formativos.
¿Qué son los actos formativos?
Although the mind is the medium that most clearly shapes art practice, for
many art researchers art materials are still the most tangible means that give
form to imaginative thought. Therefore, when under taking studio research
where there is a focus on structural qualities among other interests, the art-
ist really does think in a medium. In this process the artwork becomes the
primary site and source of knowledge, just as with painting where questions,
problems, and insights emerge as part of the practice. Research acts such as
visual problem finding and problem solving are characteristic of this kind of
inquiry process whereby forms, materials, properties, and qualities become the
means by which concerns are explored and expressed. This reflective intent
fuels an exploratory tendency as new forms and images are created, and these
open up the possibility of new meanings.
De acuerdo con Sullivan, una característica de estos actos formativos es que la compren-
sión emerge dentro de un ´proceso de experimentación con medios y que ese conocimien-
to performativo puede equipararse a estrategias tradicionales como la observación y la
confirmación empírica.
Sullivan también ha propuesto que un artista desarrolla actos interpretativos:
For those art researchers whose focus of inquiry pursues an interpretive inter-
est this can invoke a somewhat different set of research acts. There is an ac-
knowledgment that art practice is not only a personal pursuit but also a public
process that can change the way we understand things. Consequently, the ideas
expressed and communicated have an interpretive utility that assumes differ-
ent textual forms as others make sense of what it is artists have to say through
what it is they see. Interpretive research acts build on the rich conceptual tra-
ditions associated with image making whose purpose is to open up dialogue
between the artist and viewer, and among an interpretive community whose
interests may cut across disciplines. The linguistic turn of postmodernism
has done much to disrupt the easy equation that presumes an artwork and its
'reading' by viewers is a simple matter of encoding and decoding visual forms.
Interpretive acts open up the space among the artist, artwork, and the setting
as different interests and perspectives are embraced. New understandings re-
sult as they are filtered through the interpretive community of art writers and
theorists. As Arthur Danto (1981) reminds us You can call a painting anything
that you choose, but you cannot interpret in any way you choose, not if the
argument holds that the limits of knowledge are the limits of interpretation
(Sullivan, 2006, pp. 31-32).
The rational scrutiny of art practices and of creative arts pedagogy is just as
likely to constitute an effective starting point for elaborating a model of re-
search through creative practice than any attempt to apply a generic model of
research that is inevitably unresponsive to the distinctiveness of the creative
and performing arts as intellectual endeavors (Bell, 2006, pp. 86-87).
Sullivan también ha propuesto que un artista desarrolla actos críticos. Este autor diría que
todo artista quiere, de alguna manera, “cambiar el mundo”.
Art practice also draws on critical research acts and this stance has always been
part of the history of art. There is an enactive or 'doing' element here, for criti-
cal action implies both a reactive and proactive stance, which is responsive to
circumstances and contexts that require attention. Artworks have long been
used as an instrument of social and political action, yet artists are sometimes
hard pressed to show what their actions actually achieve. For some arts com-
mentators, the presumed social role of artistic inquiry is misguided and should
be left to the social scientists and political theorists (Hughes, 1993). Maxine
Greene (2003), however, is fond of saying that art cannot change the world,
but it can change someone who can. She talks of the “social imagination” as
a site where what is possible can take flight, and where incompleteness and
uncertainty are relished as habits of mind. For an arts researcher inspired by a
call to critical action, any inquiry is undertaken for personal and public ends.
A questioning attitude that is socially and culturally directed readily maps onto
methods of inquiry and research acts that are responsive and exploratory. Yet
the most crucial element within this inquiry process is the need to be able
to create forms from which critical options can be more clearly assessed and
addressed. This will require moving in and beyond the comfort of prescribed
discipline knowledge, as issues and concerns demand approaches where new
perspectives are opened up. Consequently it is the creation of new opportuni-
ties to see beyond what is known that has the potential to lead to the creation
of new knowledge (Sullivan, 2006, p. 33).
mación. Los llamaremos como actos metodológicos. Desmond Bell, refiriéndose al campo
de las artes audiovisuales, afirma que:
Desde estas cinco categorías (actos teoréticos, actos formativos, actos interpretativos, actos
críticos y actos metodológicos), es posible abordar el análisis de prácticas creativas en el
arte en general y, para lo que nos interesa, es posible entender y comprender las prácticas
creativas en el cine de ficción. Esa es nuestra apuesta.
Algunas conclusiones
Haroldo de Campos, el gran poeta brasilero, releyendo a Sergei Einsenstein, Ernest Fene-
llosa y Ezra Pound, ha reiterado el carácter icónico de la escritura ideográfica china, una
vieja tradición de los poetas. De esta forma, Ernest Fenellosa, traducido al portugués por
Campos, creía que los ideogramas chinos cargaban sentido, no sólo de cosas sino sobre
todo de acciones y movimientos. Cada ideograma, según Fenellosa, evocaba movimiento,
tanto en los ideogramas individuales como en los compuestos. Así, en el proceso de com-
posición, de “juntar” dos imágenes, no sólo se produce una tercera, sino que se sugiere una
relación fundamental entre ambas. Fenellosa ofrece varios ejemplos:
Sergei Eisenstein, también traducido al portugués por Campos, perseguía todos los posi-
bles entrecejos de la noción de montaje cinematográfico. Para él, la escritura china y japo-
nesa eran formas primigenias de montaje y, al “juntar” dos imágenes, se creaban nuevos
sentidos que los componentes originales, por si mismos, apenas podían evocar. También
proporcionaba varios ejemplos:
-El ideograma para “ladrar”, según Eisenstein, muestra un “perro” y una “boca”.
-El ideograma para “gritar” muestra una “boca” y un “niño”.
-El ideograma para “cantar” muestra una “boca” y un “pájaro”.
-El ideograma para “tristeza” muestra un “cuchillo” y un “corazón”.
No se trata aquí de simplificar un debate lingüístico, crítico y literario muy complejo y, tal
como lo rastreaba el mismo Campos, los tres intelectuales y poetas citados eran grandes
creadores pero no necesariamente los mejores sinólogos o unos traductores expertos (de
Campos, 2000).
Sin embargo, podríamos preguntarnos, como se hizo al inicio de este artículo: ¿qué pasa
cuando la “investigación” se encuentra con la “creación”? ¿Qué ocurre cuando la ima-
gen/palabra “investigación” se confronta con la imagen/palabra “creación”? Y usando la
anterior reflexión, ¿qué ocurre cuando el ideograma “investigación” se amalgama con el
ideograma “creación”? Nos precedió también la inquietud de si ¿el arte es investigación?
Hemos tratado de responder a estas preguntas y, en el intento, hemos encontrado varias
posibles acepciones:
Tal riqueza de vida, y tales minucias de sentido, es lo que produce la relación entre “in-
vestigación” y “creación”. Ante tal variedad, y tal movimiento, la investigación-creación en
la América Latina requerirá, en el futuro, de un dinámico profundizar y ahondar en un
debate y en una epistemología pero, sobre todo, requerirá ahondar en las posibilidades
de una práctica. Y no sólo como respuesta a un medio institucional y político hostil o, al
menos, indiferente, sino como necesidad de relanzar y perfilarse como un proyecto inte-
lectual propio y creativo.
Notas
1. Afirma Graeme Sullivan que estas diferencias geográficas se explican por el hecho de
que los conceptos de “arts-based research and arts-informed research in its various forms
(are) being taken with enthusiasm within the United States and Canada”.
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3. Print.
Abstract: The article seeks to outline the different meanings of the relationship “research/
art”, in order to take advantage of its heuristic capacity. The article emphasizes the con-
cept “research/art” in the audiovisual arts, placing the notion in the wider debate of the
arts, of artistic creation and, indirectly, in the fields of design and architecture. It is said
that the “monolithic” use of the neologism “research/art” in the Spanish contrasts with
the variety of meanings that characterize the concept in English. Several concepts are de-
fined: “practice-based research”, “practice-led research”, “practice as research”, “practice as
research in performance”, “arts-based research”, “arts-informed research”, “a/r/tography”,
and “research acts in art practice”. A history of the debate on the subject, and the funda-
ments of a state of the art, is proposed, guided by the question: is art research? Finally, the
article emphasizes on “research acts in art practice” in concrete and historical processes of
artistic creation and, based on the categories of Australian artist and academician Graeme
Sullivan, five categories are proposed to understand the research acts in which concrete
artists and filmmakers are involved.
Key words: Research - artistic creation - creativity - creative processes - film - art practice
- art - research acts in art practice.
concretos e criação artística histórica e, a partir das categorias propostas pelo artista e pes-
quisador australiano Graeme Sullivan,cinco categorias são formuladas para compreender
os atos investigativos em que artistas e cineastas específicos estão envolvidos.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
(*)
Docente Asociado II Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, Diseñadora Gráfica,
Especialista en Pedagogía de la comunicación y medios interactivos y Magister en Co-
municación Educación, Doctoranda en Estudios Sociales de la Universidad Externado de
Colombia.
Introducción
identitaria5 que se dan en Colombia, para abrir la posibilidad de otras propuestas de apre-
ciación, diseño y gestión coherentes e incluyentes con la realidad actual del país.
Surge del interés de los resultados arrojados por el Estado del Arte de investigaciones pro-
pias previas y actuales, que mostró un vacío de conocimiento en los Estudios Sociales
sobre el impacto de las imágenes visuales que representan la identidad colombiana y en
general escasos estudios alrededor de la marca territorio como imagen mediación entre el
yo, el tu y el nosotros en la contemporaneidad. En consecuencia, se parte de perspectivas
vigentes del campo de los estudios sociales, que facilitan la comprensión del contexto. Pos-
teriormente, desde una perspectiva semiótica, se relacionan con el campo de los estudios
visuales para, en espacios interdisciplinarios, encontrar lógicas correlacionales diferentes
a las establecidas por la institucionalidad que permitan identificar puntos de identidad
país relevantes.
Se realiza una revisión y análisis de la identidad en la lógica de la imagen y los imagina-
rios6 como constructores sociales en pro de reconsiderar, reconocer y potenciar el valor
social de la imagen visual como mediadora y productora de identidad. Se reconoce que
la representación ocurre a través de una serie de negociaciones que se dan en diferentes
dimensiones expresando las diferencia y el pluralismo propios de la identidad. Por ello la
comprensión de los imaginarios urbanos es necesaria pues éstos son un registro sensible
de esta complejidad.
El desarrollo de este acercamiento a la imagen representación de identidad atraviesa cinco
categorías que permiten la comprensión del problema: la primera desarrolla la necesidad
de representarse para ser reconocido, resaltando la importancia del surgimiento y desarro-
llo de la marca territorio y cuestionando su verdadero valor identificatorio. La problema-
tización reconoce un contexto que se define como espacio de lucha por el reconocimiento,
en donde el poder de la identidad ofrece un punto de ruptura con el sistema dominante
(Robertson &Pineda, 1998), por ello se harán evidentes las tensiones entre las representa-
ciones dominantes y las representaciones emergentes a través de los imaginarios globales
del “nosotros” en choque con los imaginarios regionales y locales. La segunda parte desa-
rrolla una breve contextualización de los análisis y propuestas de reconocimiento identi-
tario que se han producido en el contexto nacional y en el internacional. La tercera parte
aborda y justifica las posiciones teórico conceptuales desde las cuales es posible entender,
argumentar y cuestionar el poder y el sentido de la marca como imagen visual material
que potencia las representaciones de territorio y el juego que se da entre imaginarios y
representaciones en un plano cibercultural, contextual mediatizado.
Las representaciones visuales, marcas del país emitidas desde el poder de centro, adicio-
nal a los objetivos exógenos propios de este tipo de imagen, construyen imaginarios de
identidad nación, buscan suscitar sentimientos de pertenencia por parte de sus habitantes
locales y adhesión por parte de los foráneos. Su gestión política y económica, afecta todos
los ámbitos de la vida: Identifican, descubren o niegan identidades; por ende, aunque su
aparición supone solo el figurar en los entornos comerciales, su proyección en todos los
ámbitos de la vida, afecta directamente a los individuos y sus prácticas culturales y socia-
les, incidiendo en sus acciones.
Lejos del interés por el medio y en el mismo sentido por el contenido en tanto
captura del mundo, la imagen deviene en un rastro, en una pista para la com-
prensión del algo mayor. Nada tiene que ver con que tenga valor iconográfico,
o que desde ésta pueda ser planteada una exploración hermenéutica; simple-
mente se advierte como el tránsito a la visibilidad (Sienra, p. 70).
El inicio de siglo, muestra una “tendencia” que lleva a los territorios a la urgencia de contar
con un identificador visual distinto a los símbolos instituidos históricamente, a razón de
una apremiante necesidad de ser reconocidos en el escenario global. Presiones tanto inter-
nas como externas, incitan a mostrar en el contexto mundial, una sumatoria de atributos
y factores diferenciales que otorguen valor al territorio a través de la gestión de una marca.
Esta funciona como estrategia de venta del territorio en sus múltiples facetas incluso la
de las personas que lo habitan. Narra en sus dinámicas, imaginarios y realidades y en este
sentido afecta simbólicamente y de manera amplia a quienes la ven, ya sea por ser nativo,
inmigrante, ciudadano, extranjero, etc., o por la importancia que cobra saber el origen de
las cosas, el made in, para la decisión de compra. Además es una necesidad creciente de
posicionamiento en los mercados internacionales en función de obtener un papel signifi-
cativo en el mundo. El territorio, al igual que una empresa, deberá desempeñar “funciones
de producción” (Sassen, 2001).
En el mundo, un gran número de países han promovido su identidad desde finales del
siglo pasado y comienzos de éste, ya no desde los productos sino en la perspectiva del
marketing actual, que se traduce en “¡Marcas sí, productos no!”: tal fue la divisa del re-
nacimiento del marketing, liderado por la nueva clase de empresas que se consideraban
La marca territorio busca en lo local, la adhesión de las personas seduciéndolas para que
se vinculen de nuevo a las políticas del Estado nacional y en el escenario internacional
competir a nivel global. En un escenario se es producto, en otro, es cultura (Dinnie, 2008).
Pero a pesar de los muchos esfuerzos por la enunciación de discursos positivos a través de
la marca país, la negación de los derechos en contraposición a las promesas de bienestar
por parte del Estado, ha incentivado en mucho, la desvinculación de los individuos de su
sentimiento de pertenencia al mismo.
Las marcas forman parte del sistema-mundo capitalista que procura todo como mercan-
cía, haciendo del lucro su única finalidad, “(…) es una muestra del patrón de poder den-
tro del cual habitamos, y el cual además nos habita; del modo como el capital y el capitalis-
mo mundial han estado desarrollándose, en una tendencia cada vez más perversa, cada vez
más tecnocrática” (Quijano, 2010, p. 55), y sin embargo, exitosa. Así lo señalan rankings
como el registrado por Future Brand7, donde se expone el lugar que se está ganando el país
en el mundo y en la región gracias al marketing territorial.
Es cierto que la marca como potenciador simbólico conjuga la identidad, el posiciona-
miento y la imagen de un país desde la perspectiva de las relaciones públicas, pero también
genera un reduccionismo del territorio a “producto” en proyección de utilidad, (Echeverri,
Estay & Rosker, 2012), ocasionando una falsa idea de singularización, cuando en realidad
homogeniza en lo global, desmantelando, muchas veces, el tejido productivo endógeno
que existe, gracias a la colonización económica exógena, lo que fomenta desigualdades
económicas, sociales y ambientales. En otras palabras, todo lo contrario a lo que promete.
La marca de lugar se proyecta en lo visual, pues esta es su expresión simbólica, se revela
a través de un sistema complejo entre texto, contexto e imagen que se soporta en macro
estructuras y superestructuras. En suma, a través de una gama de recursos tecnológicos
afecta a los individuos de diversas maneras. En este sentido el concepto de identidad se
reduce en la marca a la permanencia y persistencia del mejor modelo que pueda ser ex-
puesto. Por esto, la identidad en relación al territorio, según Reyes, (2000), es comparable
con la ciudadanía y con la identidad nacional. Con la ciudadanía, pues esta
La “marca territorio” está ligada al primer tipo, pero su estrategia se sostiene en el segun-
do, pues entre sus intenciones están, uniformizar “culturalmente”, pero manteniendo la
unidad del Estado. Entonces es una marca que comercializa un producto, el territorio. Es
asumida como otro emblema nacional y es soporte de relaciones internacionales, lo que
evidencia aún más su base política y su carácter de manipulador simbólico (Bourdieu,
2010, p. 169).
Por ejemplo, entre los objetivos planteados en el desarrollo de la marca “Colombia es
pasión” referenciados por Moreno y Figueroa, (2010), estaban: “generar una sola iden-
tidad que integre todas las actividades productivas del país y promocionar y posicionar
una identidad clara, definida y unificada y evitar los regionalismos” y entre los resultados
obtenidos aparecen los siguientes: “Mejora la imagen de un país; alinea la percepción de
los ciudadanos hacia un mayor patriotismo y orgullo nacional; ofrece una ventaja com-
petitiva a medida que los países compiten en tres indicadores específicamente: inversión,
turismo y exportaciones; refuerza el concepto made in en las etiquetas de los productos
lación con la identidad es obligada. En la perspectiva del arte, según el Maestro Freddy
Ojeda Jayariyu: las manifestaciones artísticas han sido el medio que posibilita a todas las
culturas originarias, subsistir y pervivir en medio de la aculturación al mismo tiempo
que promocionar su propia identidad8. Por otra parte se destacan propuestas como la de
Bourriaud, 2006, que describe la experiencia artística como un punto de inflexión para
que la cultura local se revalore en un proceso compensatorio frente a la globalización.
El arte debe instalarse en el intersticio social, para lo cual propone la presencia del factor
relacional en la práctica artística como una imperiosa necesidad de animar la recupera-
ción y reconstrucción de los lazos sociales a través del arte. En Colombia, en particular,
en procesos de “reparación simbólica”, el arte ha sido protagonista, aunque muchas veces
su expresión no ha tenido éxito por ser impuesta desde el exterior en contextos donde la
reparación solo es posible desde el interior de las comunidades.
Algunos antecedentes
Marca país del Área. El desarrollo de marca en países como Perú, Bolivia, Ecuador, Chile,
Paraguay, Uruguay, Brasil y Venezuela, responden a estrategias estatales que se muestran
como incentivadoras del turismo, pero que en el fondo se soportan en objetivos políticos
y económicos, cuya finalidad reside en la asociación polos de deseo y la vinculación de
los locales para lograr mayor cohesión nacional, al mismo tiempo que una mayor gestión
territorial a nivel global en el marco de planes estratégicos como el Consenso de Washing-
ton, o el plan 2020 UE.
Colombia - Popular de lujo. Por más de 15 años, este colectivo se ha dedicado a investigar
la cultura visual y la gráfica popular en Colombia, imágenes que se producen al margen de
los grandes medios de comunicación y por fuera del circuito de las agencias de publicidad.
“Al revisar la gráfica popular con respeto, estamos señalando el valor de una valiosa cul-
tura visual largamente subestimada y contribuyendo a dar mayor visibilidad a personas,
comunidades, experiencias y costumbres que no han tenido suficiente representación en
América Latina”. http://www.populardelujo.com
En Bogotá, igual que en otra ciudades del país, surgen diferentes colectivos locales que en
su prácticas, por lo general desde el cine, el comic o el arte, construyen identidad desde
la resistencia, La Tremenda Revoltosa batucada feminista, Ántrax Street Art, Festival ojo
al sancocho, Sharpball, etc, y colectivos globales que se fijan en lo local como el colectivo
Hijos que aparece en varios países del mundo pero que tiene su expresión en lo local. Por
otra parte gran parte de las acciones de estos colectivos tienen su iniciativa en los jóvenes
y se dirigen a ellos, abriendo las posibilidades al reconocimiento y afirmación identitaria
posible de ser expresada en las ciudadanía comunicativa, concepto acuñado por Germán
Muñoz (2006, Clacso).
Por otra parte se dan en Colombia fuertes movimientos sociales que desde la estética
buscan recuperar su identidad después de más de 50 años de violencia a través de la repa-
ración simbólica por fuera del marco institucional, como son las Tejedoras de Mampuján
- Corregimiento de María La Baja (Bolívar) uno de los municipios de los Montes de María
que hace 17 años sufrió la campaña de terror de los paramilitares.
Argentina - Colectivo Iconoclasistas. Es un colectivo que desde el año 2006 combina arte
gráfico, talleres creativos y la investigación colectiva a fin de producir recursos de libre cir-
culación, apropiación y uso, para potenciar la comunicación, tejer redes de solidaridad y
afinidad e impulsar prácticas colaborativas de resistencia y transformación. Su práctica se
extiende por y mediante una red dinámica de afinidad y solidaridad construida a partir de
compartir e impulsar proyectos libres y talleres colectivos por Argentina, Latinoamérica y
Europa. [email protected]; Colectivo Onaire. Colectivo gráfico formado por dise-
ñadores gráficos argentinos egresados UBA, que desarrollan un método de trabajo propio.
Trabajan temas relacionados con la historia, con la realidad social y cultural. Elegido el
tema tienen una primera etapa de expresión individual, donde cada uno vuelca su mirada,
sus pensamientos y dibuja. Luego los recortan y hacen un gran “guiso gráfico”. Una pieza
en común donde se unen las visiones de cada uno en una sola composición. Se rompe la
expresión individual para lograr una expresión colectiva. El grupo cree que el diseño y su
capacidad de expresión pueden fomentar el conocimiento y hablar de la sociedad a través
de un lenguaje que los representa, múltiple y heterogéneo. El Siluetazo. La realización de
siluetas como práctica artístico política se presentó en los años 80s en Argentina como una
práctica de reivindicación en la que se representaban “la presencia de una ausencia”, la de
los miles de desaparecidos durante la dictadura militar.
comunidad social equitativa, democrática y más humana. La Minga, es uno de los ejes de
asociación indígena y popular más reconocidos en Latinoamérica.
Chile - Chilogo. Surgió durante 2008 como un ejercicio académico en los talleres de segun-
do año de la carrera de Diseño Gráfico de la U. del Pacífico en Santiago de Chile. Allí los
estudiantes, junto a sus Profesores Pedro Álvarez y Cecilia Durán, abordaron el tema de la
identidad nacional a través de la creación de pictogramas del Chile de antaño y también
el de hoy. El proyecto original buscó –tomando como referencia los trabajos de Otl Ai-
cher, Lingua Gráfica y Lingua Universalis (de Mutabor, Alemania), Nobrand (del estudio
imagenHB, Argentina) y algunos antecedentes locales como Tipicons, Dingbats República
(Pablo Rivas) y Chilepixel– rescatar ciertos personajes, eventos, tradiciones y rasgos que
son propios del imaginario cultural chileno, resultando una particular galería donde toda
la carne se puso a la parrilla: desde los mitos mapuches, a un fragmento de cordillera, un
prócer nacional o algún sobreexpuesto animador de televisión, los íconos desfilan como
hojas de ruta que describen con la simplicidad de algunos trazos un país lleno de fortalezas
y también debilidades. https://www.chilogo.cl/
La marca visual es una construcción estética que narra lo que se es como entidad dife-
renciada en una imagen, reduciendo parámetros complejos de identidad a necesidades
puntuales de reconocimiento. Esta imagen visual que en principio se presenta como em-
blemática, en la gestión se llena de significados para convertirse en un símbolo. Represen-
ta sistemas ideológicos, políticos, sociales, culturales. No parece cuestionable, pues es lo
que es, gracias a la estratificación del poder y a las presiones económicas que fomentan
su aparición y sustentan su validez. Si es dominante, su base son ambiciosos estudios de
marketing, además de mediciones de impacto económico y diplomático. Si es emergente,
su base son las adhesiones, las lealtades y las redes.
Es también fenómeno de comunicación y como tal es producto de una institucionalidad
que quiere transmitir ciertos contenidos de su identidad a una pluralidad de receptores
de forma homogénea con el fin de obtener algún tipo de beneficio en algunos casos de
carácter económico; en otros la búsqueda de la visibilidad con algún interés.
Para el Diseño de Identidad Visual, campo profesional especializado en diseñar símbolos,
signos y logotipos; una entidad es un sujeto que puede ser público o privado, individual o
colectivo, incluso, puede ser perdurable o efímero. Se diseñan identificadores visuales, que
se convertirán en marcas a diferentes sujetos: empresas, productos, sujetos, etc. Un territo-
rio, país, ciudad, reserva; es uno de los sujetos más complejos que existen. En este marco,
una de las críticas constantes al diseño es la cosificación de la identidad, pues la identidad
volcada en la marca, ha sido propicia al sistema capitalista que poco a poco y con ayuda de
los creadores de imagen, ha venido reduciendo su valor simbólico y sus referentes cultura-
les producto de la historia, al mínimo necesario para beneficio del intercambio comercial.
Esto muy a pesar de la reflexión de varios teóricos en la perspectiva de diseño social, cu-
yas posturas resultan críticas ante estos efectos (Frascara, 1997; Papanek, 1977; Margolin,
2012-2015; Ochoa, 2012).
Para Costa (2003) “la Marca territorio es un nuevo fenómeno de la cultura global de ser-
vicios. Es una macromarca y como tal debe ser concebida y gestionada. Es una realidad
multipolar. Una constelación irresistible de macro y micro polos de deseo”. Es un entra-
mado simbólico entre comunicación y sistema visual que se convierte en paraguas que
cobija todo lo que el territorio es, hace y proyecta. (Chaves, 2001; Costa, 2003; González
Solas, 2004; Ollins, 2002).
La ampliación del concepto a una dimensión geopolítica, además de los discursos afines al
diseño, cubre la premisa sociológica, el marketing territorial, el posicionamiento, la eco-
nomía y la reputación. Esta última entendida como un proceso mediante el cual la imagen
de una nación puede ser creada, monitoreada, evaluada y gestionada con el fin de mejorar
o aumentar la reputación de un país en la opinión pública de una audiencia internacional,
evitando la imposición de la misma (Anholt, 2007; Fan, 2009; Boiser, 2006), por lo que
se recurre a un trabajo focalizado sobre la base del poder blando con lo que se establecen
relaciones de confianza (Van Ham, 2005). El Soft Power (Anholt, 2007; Azpiroz, 2012), en
el marco del marketing territorial es una de las estrategias de la Diplomacia Pública11, Jian
Wang (2011) y Melissen (2005) señalan que los valores de un país –democracia, derechos
humanos, comportamiento de sus líderes– son indicadores para concentrar poder blando
en un entorno diplomático.
Los conceptos de country brand, city branding y place brand, con los que se nombra la marca
territorio, provienen de varios autores: Olins (2002); Govers (2009); Anholt (2008); Gobe
(2010); Echeverri Rosker (2014), entre otros. Específicamente en nuestra región “Marca
País”, fue propuesto por primera vez por el argentino Roberto Occhipinti, en “Conciencia
Exportadora (1989)” ampliándolo en “Marca País” (2003). El posicionamiento de “marca
país” en el mundo ya se venía gestando desde finales de la II guerra mundial con la con-
versión industrial de grandes empresas a multinacionales que se expandieron al diseminar
sus productos por todo el mundo, de forma muchas veces asistencialista. Este primer reco-
nocimiento de marca se hizo bajo la noción de “productos de origen”, por ejemplo Estados
Unidos con Olivetti, IBM o Coca-Cola, o Colombia con Café de Colombia. Para esa época
el escenario mundial ya contaba con símbolos que aún hoy continúan marcando a los
lugares. Es el caso de la Torre Eiffel, las pirámides de Egipto, El Taj Mahal, las cataratas del
Niágara, etc.
En el proceso de significación, la marca de un país es atravesada por imaginarios de identi-
dad nacional. En el caso colombiano, lo autóctono, lo precolombino, lo popular, los narcos
que se vuelven superhéroes, las reinas y su belleza, la pobreza y la riqueza natural; en trán-
sito de lo que debería ser, a finalmente lo que es (Castoriadis, 1986). La postura de Bour-
dieu en este aspecto es muy significativa y está en coherencia con lo citado por Silva en re-
lación a lo público, al individuo y a lo colectivo pues para él, siguiendo a Michel Foucault,
Las técnicas de gobierno incluyen no sólo las del gobierno de los otros sino las
del gobierno de sí mismo, de esta manera lo que se entiende por “sí mismo”,
estaría determinado por una modalidad de gobierno, sería el producto de un
conjunto de prácticas de poder que constituyen una subjetividad y dirigen su
conducta. (…) Así por un efecto que caracteriza apropiadamente las relaciones
de (des)conocimiento y de reconocimiento, los detentadores de la identidad
dominada aceptan, la mayor parte del tiempo tácitamente, a veces explícita-
mente, los principios de identificación, de los que es producto su identidad
(Bourdieu, 2006, p. 167).
Relación representación-identidad
La identidad social es un criterio de difícil definición. Está constituido por el espacio so-
cial, el discurso de la etnicidad, la territorialización, la diferencia y está atravesado por la
cultura. Su interpretación deviene en mucho de las representaciones que de ella se hagan
y de los imaginarios que surgen de estas. En general pueden propender o no, por la homo-
geneidad o por la diferencia. En este sentido y en acuerdo con Silva (2013), se entiende que
Para otros autores, la identidad está directamente relacionada con la nacionalidad (Reyes,
2008, Mercado & Hernández, 2010), se entiende a la nacionalidad como forma comunita-
ria de vínculo entre individuos y se le otorga la idea de memoria colectiva, de construir un
todo, un territorio, un futuro juntos. “De esta manera podríamos muy brevemente decir
que esta doble construcción, la de la etnia y la de la nación, comportan dos miradas en
direcciones distintas pero complementarias: la etnia mira al pasado y la nación al futuro”
(Reyes, 2008, p. 168).
Adicionalmente hay dos afectaciones a esta idea que no pueden desconocerse, la primera
es que se asume que todos los ciudadanos pertenecen a la misma comunidad o “nación”;
y la segunda es que, como se enunció anteriormente, lo que une a estos individuos es una
etnicidad, lengua, raza, religión o antepasados comunes (Castells, 1997-1998). Ante esto
Hobsbawm aclara que la “cohesión comunitaria de los ciudadanos en la nación políti-
ca no implica ninguna otra forma de homogeneidad, excepto por motivos pragmáticos”
(Hobssbawn, 1993, p. 7).
La definición de la identidad antes centrada en la unidad de instituciones tradicionales:
el Estado, la Iglesia y la Escuela, ahora se define por otras formas de pertenencia y de uni-
dad, atadas a los nuevos medios de interacción digital. Que aunque parecen más leves y
frágiles, garantizan la solidez del grupo a partir de estrategias diferentes a las establecidas
tradicionalmente.
Según Hobsbawm,
modelos: las singulares con cierto contenido intrínseco y esencial definido por un origen
común y una estructura común de experiencias, y las múltiples, temporales, inestables, re-
lacionales e incompletas, siempre en proceso. Ambas conviven en la misma temporalidad
y responden a estrategias similares, además, los sujetos que las protagonizan pueden estar
situados en la estructura de poder o al margen de esta.
Por ellos es necesario pensar la imagen desde los Estudios Visuales que en el marco de los
Estudios Culturales han ampliado la discusión con relación a la imagen y a la represen-
tación desde categorías como la visión, la mirada, la visualidad y el discurso, en directa
consecuencia con los medios técnicos y tecnológicos que la hacen posible en contextos
sociales (Renaud, 1999; Nancy, 2007-2008; Didi-Huberman, 2008).
En este sentido W.J.T. Mitchell, en 1992 en el “El giro Pictórico” o “giro icónico”, consi-
deraba que la imagen sustituye al lenguaje como centro de conocimiento y moldeador
de conductas sociales. Buscaba comprender los mecanismos de sentido de las imágenes
y ver a la imagen como un elemento idóneo de estudio de lo cultural, para rastrear las
intersecciones de la representación, el lenguaje, la historia, la imaginación, etc. De lo que
se trata no es de disputar hegemonías sino de analizar la visión en relación directa con las
prácticas culturales específicas (Mitchell, 2003; Ledesma, 2010).
Entender que la imagen es inferencia social (Arfuch, 2006) amplía los análisis sobre la
misma más allá de los estudios sobre óptica y percepción y los lleva al contexto social,
político y económico. Brea (2005) y González Requena (1988), en la misma línea, reiteran
la posibilidad de encontrar conocimiento sin articulación discursiva, (González Requena,
1988). La idea del panóptico de Foucault, y del Gran Hermano de Orson Welles, (Guigou,
2001), sigue cobrando sentido en la medida en que se sigue reproduciendo mecanismos
de poder totalizantes para vigilar (Sienra, 2014).
La visualidad y la visibilidad surgen como elementos indispensables para la profundiza-
ción social: “Visualidad como la estrategia de presentación a partir de la cual se puede
hacer comprensible un horizonte de reflexión” (Bourriaud, 1999) es visualidad no en tér-
minos de lo que dispone a nuestra mirada sino lo que nos hace posible visualizar (Sierna,
2014). Y visibilidad:
todos los problemas de la identidad, sin contar los de alteridad (Barbero, 2008,
pp. 76-77).
El concepto visibilidad agente permite reconocer los cambios actuales de la mirada con
lo que se busca revelar que la imagen representación de identidad, está formada por dos
elementos: la imagen que la constituye y la visibilidad que agencia. En el contexto actual
mediado por las TICs, la simulación, la realidad virtual, la realidad aumentada; se cons-
truyen nuevos vínculos con lo visible, el ser humano entra en dinámicas que a través de la
percepción afectan todos los niveles de la vida, ya que las imágenes-representación obser-
vadas no son representación de lo real en el orden de lo que se entendía por lo real. Señala
Renaud (1990) que “La imagen, objeto óptico de la mirada se convierte en imagerie, praxis
operativa de una visibilidad agente”. Esta imagen-representación más allá de ser reflejo, es
link que posibilita la llegada a otros mundos de conocimiento y a la construcción de redes
socioculturales, esto en un contexto que podría ser el de modernidad líquida, Bauman
(2004) ó según la interpretación que se asuma, la era del vacío, Lipovetsky (2000), en el
que se produce un cambio en las prácticas habituales desequilibrando los soportes cultu-
rales establecidos históricamente y que entran en un estado de cambio constante.
Merleau Ponty (1975) propone que para entender lo visible es necesario la validación de
“la invisibilidad” como fundamental en la comprensión de lo visto, por lo que:
Tanto Merleau Ponty como Aumont en sus discursos relacionan la percepción, de hecho,
es imposible hablar de visibilidad sin remitirnos a la percepción y al sujeto eje de la misma.
Aumont curiosamente titula un pequeño capítulo en su libro La Imagen: “El espectador
construye la imagen, la imagen construye al espectador” y lo inicia comentando las tra-
dicionales funciones de la imagen propuestas por Gombrich (1983), pero deteniéndose
con mayor precisión en la de reconocimiento y en la de rememorización. Básicamente la
primera atiende a la identificación de la cosa vista en la imagen y al placer que esto causa
y la segunda a la capacidad para ser recordada atendiendo a ciertos códigos que portan sa-
beres específicos. Para hacer evidentes estas dos funciones necesariamente hay que olvidar
completamente la noción de mirada inocente ya rebatida hace bastante años por el mismo
Gombridge. Curiosamente parecería que Aumont está hablando de signos identificadores,
pues básicamente estas funciones los convierten en lo que son.
El enfoque cognitivo de la imagen aclara ciertas funciones del signo de la identidad, pues
además de la imagen, su productor entra a interactuar con los modelos de pensamiento
del espectador, lo que implica de una u otra manera una enseñanza de ciertos códigos. Los
antecedentes de este enfoque alrededor de la imagen, nos vienen desde Arnheim (1985),
pero es Bruner (1984), quien demostró la influencia de la cognición y la motivación en
la percepción a través de la observación de varias pruebas con niños, con las que pudo
determinar que “la percepción se asienta pues sobre la formulación de hipótesis y sobre la
toma de decisiones, influyendo en ella las necesidades, valores y deseos del sujeto” (Oyar-
bide, 2004).
La agencia (Bourdieu, 2006; López & Enrique, 2004), se remite directamente a la capa-
cidad del sujeto para interactuar en libertad. Comprende las estructuras sociales en las
que está inmerso y toma decisiones racionales sobre su vida cuyo resultado determina su
acción política en el mundo como un actor social. Para Aristóteles (1995), la agencia se
refiere a una potencia de/para actuar, remite a lo posible. La posibilidad de ser de muchas
maneras. Adjudicarle a la imagen la categoría de agente sugiere pensarla como dispositivo
capaz de agenciamiento, tal cual lo describen Deleuze y Guattari, como un acto indirecto
de un marco social organizativo.
Finalmente, la visibilidad agente es convergencia, pues se traslada lo que constituye la
acción del sujeto a la acción misma de la imagen, es decir de la imagen a la agencia y de la
agencia a la acción del sujeto que ejerce un verdadero efecto sobre la realidad que ya no
es individual, del sujeto único sino es una posibilidad compartida por todos los sujetos
o toda la colectividad que sugiere sentido de pertenencia con el signo de la identidad
propuesto. De este modo la agencia de la visibilidad es la mediación misma entre el sujeto
social y su representación. Provocar, generar esta agencia, esta dinamización de lo visible
implica poder y desemboca en la acción.
Imaginarios y representaciones
La representación, concepto híbrido de composición polimorfa, integra en sí conceptos
de distinta naturaleza, procesos cognitivos, intersecciones sociales, factores afectivos, sis-
temas de valores, creencias, actitudes, etc. (Ibañez, 1988); permite reconstruir, repensar y
rehacer a modo propio y concreto algo (Moscovici, 1992); es distinta al objeto mismo a
pesar de que se desarrolla a partir de él.
Según Abric (2001) y Moscovici (1984), las representaciones siempre son sociales, colecti-
vas. “Todas, siempre, explican hechos y justifican interpretaciones, emociones y compor-
tamientos desde un horizonte compartido” (Páez, 1991). Son a la vez producto y proceso
de una actividad mental por la que un individuo o un grupo reconstituye la realidad que
enfrenta y le atribuye una significación específica. Son construcciones complejas formula-
das e interpretadas por sujetos sociales en un espacio tiempo al que pertenecen. Dependen
de las constricciones y habilitaciones propias del contexto mediato e inmediato: natura-
leza, finalidad, ideología, dinámica social, lugar del individuo en el grupo, etc. Y rigen las
acciones de los individuos, pues determinan comportamientos y prácticas. “La signifi-
cación de una representación social está entrelazada, anclada siempre en significaciones
más generales que intervienen en las relaciones simbólicas propias al campo social dado”
(Doise,1992, p. 189).
La categoría imaginarios ha sido desarrollada por Silva (2013) con base en el psicoanáli-
sis (Freud, Lacan, 1966); los estudios sobre cine (Metz, 1979); la filosofía y la sociología
(Castoriadis, 1982). El imaginario “se experimenta como una serie de verdades profundas
de los seres humanos así estas no correspondan a hechos comprobables empíricamente”.
“La construcción de los imaginarios no corresponde a una cuestión caprichosa. Obedece
Conclusiones
incluso substituyendo a las formas tradicionales de alteridad con sus culturas asociadas.
La globalización reduce las formas de ser diversos.
La imagen representación de la identidad es una tarea intelectual controlada por unos
códigos, parámetros y esquemas culturales dominantes que obedecen a una política de-
terminada que puede ser identificada. Esta imagen es parte y agente del proceso cultural,
político y económico de una sociedad.
Entonces, la marca Colombia actual presenta una imagen del país fragmentada, contra-
dictoria y medianamente representativa. Esta y otras formas visuales de representar el país
desde la institucionalidad parecen ser el resultado de estrategias políticas y económicas
que responden a intereses particulares. Ante este panorama la hipótesis o supuesto, es que
el país está sometido a imposiciones de identidad que redundan en una falsa idea de lo
que somos encontrándose desmarcado, sin embargo no se desconoce la existencia de diná-
micas de reconocimiento, resistencias y proyecciones de reconstrucción social surgidas en
el marco de lo local desde las que se proyecta otra imagen del país más coherente. Ambas
formas de representar la identidad son susceptibles de ser analizadas, jerarquizadas, esca-
ladas y potenciadas en el marco de los estudios sociales para contribuir a la identificación
y categorización de la diversidad de posturas desde las que socialmente se reconoce y se
da credibilidad a una identidad local y a la identidad del país, determinar el impacto de
la imagen visual material en los imaginarios y la representación identitaria y aportar a la
reflexión sobre la agencia de la imagen en contextos sociales.
Notas
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relações com o visível que moldam novas formas de identidade e tornam possível tanto a
submissão quanto a emergência de resistências.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
Resumen: Este ensayo reúne la producción fílmica de Alfred Hitschcock con otras obras
estéticas a partir de una lectura interdisciplinaria.
(*)
Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, España. Pro-
fesora titular de UNIFACS, Universidad de Salvador, Bahía, Brasil.
Este ensayo surge de la percepción de que los filmes del gran maestro del suspense, Alfred
Hitchcock, poseen algunos elementos que se repiten y dialogan entre si y con otras obras
estéticas y, por ello, despertaron mi atención y me han convocado para una lectura más
profunda. El estudio abarca la semiótica narrativa en interfaz con el psicoanálisis, la antro-
pología y la cultura. Señalamos las resonancias formales, estéticas y estructurales entre las
obras estudiadas. En este texto, propongo iniciar el trayecto a partir de la letra “M”, como
la inicial que se inscribe en distintos elementos presentes en los filmes del director, tanto
en la estructura, como en la forma, en los nombres de las protagonistas y de ciertos luga-
res, y en el motivo principal de su obra: murder, el asesinato. “M” es, otrosí, la letra inicial
de movie (film, película), de movimiento, de mujer y de madre, elementos significativos
de la escritura hitchcockiana.
A continuación, mostraremos otros elementos estilísticos y estructurales que se repiten
en las obras del periodo hollywoodiano del director: la espiral, el abismo, los ojos y la
conexión profunda de la estética de sus filmes con la pintura de Edward Hopper. Estos
elementos que iremos señalando van a conformar la tesitura, –los nudos y los hilos– que,
creemos, tejen su escritura, su texto, construyendo su obra fílmica.
filmes son verdaderas clases de cine, sus técnicas son osadas, su creación de suspense es
magistral.
M es la letra de Murder (muerte violenta, asesinato, crimen). El suspense de Hitchcock
marca un antes y un después en la historia del cine. El cineasta rompe con paradigmas,
con los códigos del cine clásico y empieza a mostrar escenas de asesinato con elegancia,
ingenio y sutileza. Pero, sobre todo, Hitchcock “filma escenas de crimen como si fueran
escenas de amor”, como afirma Truffaut (Truffaut, Scott, 2004). Filma y muestra la vio-
lencia, sí, que es lo propio del choque de los cuerpos, pero sin trivializarla o vulgarizarla.
Es decir, el cuidado con no banalizar el tema del asesinato, con no ser demasiado explícito
o gráfico, sumado al tratamiento impecable de dirección, dota a sus películas del estatuto
de obras maestras. Podemos ponerlas al lado de obras literarias de suspense con el calibre
de aquellas nacidas de la pluma de Edgard Alan Poe o Sir Arthur Conan Doyle. Creo que
ha logrado realizar, con su obra, el sueño de los asesinos en Festín Diabólico (Rope, 1948):
¡hacer del crimen una obra de arte!
Pues
[…] las más grandes obras de arte son las que devuelven con mayor precisión,
con mayor rigor y exactitud, la lógica que da sentido al modo de representa-
ción al que pertenecen y a través del cual una época se piensa y se conforma
(González Requena, presentación, en Casanova Varela, 2007, 8).
Sus películas Psicosis (Psycho, 1960) y Los Pájaros (The Birds, 1963) marcan el comienzo
del cine postclásico. Su ingenio anticipa, muchas veces, el cine contemporáneo al introdu-
cir nuevas técnicas en los filmes de suspense. ¿Cómo explicar que ni una sola gota de agua
manche la lente de la cámara en Psicosis en un plano nadir de la ducha? Siempre por de-
lante de su tiempo, Hitchcock filmó La llamada fatal (Dial M for Murder) en 3D, em 1953,
para conseguir una mayor profundidad del escenario1 y el resultado fue extraordinario.
La letra M es la inicial del personaje fundamental de varias obras del director: Missus or
Mistress (esposa o amante). Es la M de Mujer. Y, por ello, comparece también como la
inicial de sus grandes protagonistas: Marion Crane, de Psicosis; Marnie, de Marnie, la la-
drona; Madeleine, de Vértigo (Vertigo, 1958); Mrs. (madam, missus) Winter, la muchacha
(Joan Fontaine no tiene nombre propio en la película Rebeca); Margot Wendice, de Dial M
for murder, Crimen Perfecto; y Melanie, protagonista del film Los Pájaros (The Birds). Estas
mujeres encarnan varias facetas de composición de los personajes femeninos: decididas,
imaginarias, fantasmáticas, enigmáticas, amedrentadas, dóciles, fuertes o frágiles.
M es, sobre todo, la inicial de Madre (mother), un personaje poderoso, que se impone en
la gran mayoría de los filmes del director en su etapa manierista2 en Hollywood (después
de 1940). La madre está presente aun cuando no se revela, como ocurre en Psicosis (1960).
Ella domina, desde lo alto de la colina, la mansión de los Bates y el universo interior de
su hijo.
se ve obligada a casarse con Mark Rutland (Sean Connery), un empresario que ha que-
dado fascinado por la potencia enigmática de la mujer y su enfermedad. Pero la fobia por
el color rojo la impide de disfrutar los placeres de la noche de nupcias en la que queda
petrificada. A lo largo de la película, el problema de Marnie se va revelando tanto para el
personaje, como para el propio espectador. Bernice Edgar (Louise Lathan), madre de Mar-
nie, es la fuente de toda fobia de la muchacha. La niña siempre ha implorado el amor de
su madre que solo tiene ojos para la hija de una vecina. Marnie se ve excluida y rechazada,
hecho que queda evidente cuando busca consuelo en el regazo materno. Pero la siniestra
madre niega constantemente el cariño que demanda su hija y rechaza cualquier suerte de
aproximación. El regazo materno está frío y vacío, no es para ella. Siempre lo reservó para
los demás: para los marineros o para la niña del otro lado de la calle. Es significativo el
gesto repetitivo de Marnie sentada en el suelo intentando apoyar su cabeza en la pierna de
su madre. Pero ella la desprecia.
El retorno a la casa materna en una noche de tormenta acaba por revelar la fuente del
trauma reprimido. El rojo sobre fondo blanco ha traído a la superficie la sangre sobre
el uniforme del marinero a quien ella, a los cinco años, asesina a golpes de atizador. Ha
revivido la caída del hombre sobre el cuerpo de su madre, cuya pierna permanece, desde
entonces, inutilizada para siempre. El bastón de la madre se transforma en un elemento
castrador e inhibidor, ya que comparece para punir y castrar el deseo de la hija.
El horror al rojo es también el horror al sexo, al dolor del sexo y a sus entregas. La madre
que, en su juventud, se ha sometido al sexo hasta sus últimas consecuencias, de alguna
forma impide que la hija lo realice plenamente y le inculcó que los hombres son criaturas
viles y los matrimonios, instituciones terribles. Por un lado, Marnie desarrolla una perso-
nalidad fóbica y, sin embargo, compulsiva, pues está siempre tramando planes para robar
grandes sumas de los cofres de las empresas donde trabaja. Roba a los hombres a quienes
anteriormente ha seducido.
Las madres, en buena parte de las películas de Hitchcock, en el período aquí estudiado, son
mujeres poderosas y terribles. Madame Sebastian (Leopoldine Konstantin), la madre de
Alexander Sebastian (Claude Rains), una mujer fuerte y dominadora, ayuda a concebir un
plan para envenenar poco a poco Alicia (Ingrid Bergman) con arsénico en Tuyo es mi co-
razón (Notorious, 1946). Otras madres de la filmografía de Hitchcock, por ejemplo, Lydia
Brenner (Jessica Tandy), la madre del abogado Mitch Brenner (Rod Taylor) en Los Pája-
ros (The Birds, 1963), es una mujer dominadora que impide la consumación de los lazos
sexuales de su hijo. La escena final del film, cuando la protagonista Melanie Daniels (Tippi
Hendren) está completamente herida y sumisa a su suegra, es un ejemplo que muestra
el dominio de estas madres terribles en las tramas hitchcockianas. Estas madres estarían
muy próximas de las diosas terribles y mortíferas, universo trabajado por González Re-
quena. Son elementos que emergen cuando la figura paterna, que debería encarnar la ley,
sucumbe. De sus fragmentos, nace una mujer todopoderosa, avasalladora, que impide el
deseo del sujeto.
La Sra. Danvers funciona como esta madre-siniestra, alguien que espía, acorrala, ame-
drenta y está siempre omnipresente. Es la figura materializada de Rebeca, su faz visible.
Pero, ambas (Rebeca-Sra. Danvers) tienen un peso en escena mucho más potente que el
de la protagonista, la Sra. Winter, la muchacha. González Requena la compara a la imagen
de Carlota Valdés, de Vértigo (Vertigo): “figuras delgadas, estiradas y ásperas, ambas de
desconfiada, fría y dura mirada”. (González Requena, Presentación, en Casanova Varela,
2007, p. 10).
La protagonista interpretada por Joan Fonteine es alguien que nunca tendrá un nombre
propio en el filme, será siempre Mrs. Winter. Su marido, Maxim, como el nombre propio
indica, es, para la mujer, lo máximo, y ella, lo mínimo. Minimalismo presente incluso en
sus ropas simples, trajes sin cualquier detalle que la haga sobresalirse sobre las demás. El
bello vestido de gala que copia del cuadro enorme de la pared no agrada a su esposo, que
la rechaza en plena fiesta. En España, una chaquetita de punto que solía vestir la muchacha
del film se hizo famosa y pasó a denominarse rebeca. Es significativo que la prenda no lleva
su nombre, sino el de la protagonista invisible. El personaje está siempre oprimido por
la imagen de la inolvidable Rebeca, por la mansión Manderley, por la obsesión de la Sra.
Danvers y por la distancia de su marido.
Otra madre que comparece con estatuto de dominadora es la Sra. Thornhill, personaje
de la película Intriga internacional (North by Northwest, 1959). Su aspecto siniestro no es
tan evidente como el de la Sra. Danvers de Rebeca, de la madre meretriz de Marnie, o de
la Sra. Bates de Psicosis, pero su presencia angustiante sobre el hijo se torna densa a partir
del arranque de la película, tanto así que el protagonista la denomina perro sabueso. Como
bien describe Casanova “Y sin embargo, detrás de ese acelerado arranque del film late una
cita esencial, aquélla que habrá de concentrar todo el interés de Thornhill: la cita con su
madre –que es también una cita con la locura” (Casanova Varela, 2007, p. 50).
La confusión inicial del film con el cambio de identidad tiene origen en esta cita con la ma-
dre, una cita que lo absorbe a punto de equivocarse de manera irremediable. Preocupado
en enviar un telegrama a su madre, Thornhill levanta la mano para llamar al botones, al
mismo tiempo en que se oye por la megafonía el nombre de George Kaplan. Él comparece
como Kaplan y, a partir de entonces, tendrá otra identidad: “un signo, un significante rela-
cionado con la madre, provoca por tanto un desvarío: desde ese momento Roger se encon-
trará metido en una delirante historia en la que incluso se queda sin identidad” (Martin
Arias, 1998, p. 15). Y su madre se convertirá en fantasma, en el fantasma de Roger: “Ella es,
pues, el centro de atención de Thornhill, su figura lo domina todo, y es por tanto hacia esa
figura hacia donde él dirige su deseo” (Casanova Varela, 2007, p. 96).
Por otra parte, en oposición a esta miríada de madres fuertes, los universos hitchcockia-
nos son habitados por personajes masculinos débiles, pusilánimes, que no asumen gestos
heroicos cuando para ellos son convocados. En Psicosis, Sam Loomis (John Gavin) no
protege a Marion y no es capaz de pagar sus propias deudas. Esta relación que no se re-
suelve precipita a Marion a un viaje hacia su trágico destino final. Ni siquiera cuando la
muchacha desaparece, el hombre es capaz de asumir una postura heroica. Es Lila Crane
(Vera Miles) quién desvendará el crimen como una verdadera detective. Es ella quien va
a solucionar todo el misterio, examinando, habitación por habitación, la mansión de los
Bates hasta su encuentro con el esqueleto en el sótano.
como alguien obcecado por la figura de Carlota Valdés, su abuela, y pasa largas horas en el
museo del Palacio de la Legión de Honor de San Francisco, delante del retrato de su antepa-
sada. La imagen del cuadro muestra a una mujer sentada con el mismo modelo de moño en
espiral portando un ramo de flores en sus manos. La secuencia está construida a partir de
una estructura formada por una sucesión de planos subjetivos –mirada de Scottie– y otra
que es la de la mujer del cuadro, que mira al espectador desde la superficie pictórica. Como
afirma Castro de Paz, se establece un juego circular de miradas extremadamente complejo:
El tema del cuadro dentro del cuadro, el cuadro-vivo, el cine-pintura, en suma, es uno de
los elementos más significativos de la escritura hitchcockiana y del cual Vertigo constituye
un modelo ejemplar4.
Volviendo al tema de la mirada de Scottie y la construcción de una mujer imaginaria y
quimérica, nos concentramos ahora en la secuencia en la que Madeleine se precipita en
la bahía de San Francisco, simulando un suicidio, lo que atrae al detective de forma irre-
versible hacia un abismo que se sitúa en un espacio más allá de la vida. O, como afirma
Trías (2006, p. 91), Vértigo es “una historia “de amor constante más allá de la muerte”, para
decirlo en términos de Quevedo”. La mirada fascinada del protagonista, mirada vertigi-
nosa, está presa a un abismo profundo. Lo que queremos enfatizar es que el personaje de
Madeleine está construido a partir de la mirada ilusionada de Scottie. Es la imagen fan-
tasmática de mujer que lo atrae, pues representa el propio abismo que tanto teme y desea
que lo trague. Madeleine, al saltar en las aguas de la bahía encarna la muerte y construye
la imagen fascinante y etérea de un fantasma. Pero antes de desplomarse ha dibujado un
escenario perfecto para abrigar su cuerpo de suicida, coloreando las aguas con las flores
y pétalos esparcidos de su ramo, imagen que remite inmediatamente a la pintada en el
cuadro Ofelia, de Millais5. Esta caída finalmente se consolidará en la torre de la Misión es-
pañola ante la mirada angustiada de un Scottie petrificado, inmovilizado por su acrofobia.
La imagen del cuerpo que cae y que se precipita delante de los ojos de Scottie es un tema
repetido varias veces en la película: en su arranque, el cuerpo del policía que cae del tejado;
en la escena da torre de la Misión de San Juan Bautista, como la verdadera esposa de Elster;
en su propio cuerpo desplomando en una espiral vertiginosa de su sueño; en la escena
final, cuando Judy finalmente cae de la torre de la misión.
¿Cómo reconstruir una muerta, cómo resucitarla? Scottie parece recuperado de su crisis
de locura, pero sigue como en un trance persiguiendo la imagen imaginaria de la mujer
muerta, deseada e inalcanzable, recorriendo los mismos lugares que ella frecuentaba. Su
búsqueda vertiginosa prosigue hasta encontrarse con Judy, una muchacha muy semejan-
te a su fallecida amada. Pero no se conforma con una mujer distinta a su objeto de de-
seo imaginario y no descansará hasta transformarla en Madeleine, su Eurídice perdida,
Con M de Muerte; La llamada fatal (Dial M for Murder, 1954) puede que no fuera el film
preferido de su director, pero está entre los grandes según Scorsese. En mi opinión es la
película de Hitchcock que muestra a la Mujer con la M mayúscula. El personaje de Margot
(Grace Kelly) es una esposa que tiene un amante, el escritor americano Mark Halliday
(Robert Cummings), y su marido, el fracasado jugador de tenis Tony Wendice (Ray Mi-
lland), teme que ella lo deje en la miseria. Él va a tramar un asesinato para recibir el seguro
de vida de Margot y planea lo que supone una coartada perfecta. Tony contrata a un aven-
turero (Anthony Dawson) para estrangular a su mujer mientras él permanece en un club
en compañía del rival. El crimen tenía todos los ingredientes para ser perfecto ya que la
coartada de su inductor la proporcionaba el propio amante de la mujer.
Pero Margot lucha con todas sus fuerzas contra el agresor y termina por clavarle unas
tijeras y así lo mata en defensa propia. Ella encarna a la mujer valiente y el vestuario que
luce, se va tiñendo de colores fuertes con el desarrollar de las escenas, en el que se destaca
un estupendo vestido rojo como la pasión que nutre por Mark. Pero sus ropas se van os-
cureciendo a medida que la trama se va tornando más sombría.
Ni loca, ni ladrona, ni fantasma. Margot es la mujer que no se rinde ni flaquea. Es una
mujer que coge el toro por los cuernos.
más, montan el bufé sobre el baúl en el que yace el cadáver de un chico. El escenario fue
concebido como un apartamento situado en Manhattan con enormes ventanas de cristal
asemejándose a un gran acuario donde todos los participantes de la fiesta parecen estar
clausurados e imposibilitados de huir, como peces ornamentales. La sensación de que algo
está a punto de estallar o emerger va aumentando con la llegada de la noche. El paisaje
de Nueva York, visto a través la transparencia de los cristales, se va coloreando de tonos
rojizos, sanguíneos, que se acentúan a medida que el clima de resolución del crimen va
llegando a su zenit. La atmósfera de angustia se torna más densa a través del recurso del
plano secuencia, pues el espectador vive la trama sin pausa ni cortes de escena.
Otro escenario poderoso en la filmografía hitchcockiana es el del Monte Rushmore. Uno
de los momentos de mayor tensión del film North by Northwest transcurre en ese local
emblemático de los EUA, con las efigies de los padres de la patria estadounidense talladas
en la piedra: Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln. La cima del monte Rushmore es
el local perfecto para la cita entre el protagonista Robert Thornhill-Roger Kaplan (Cary
Grant) y Eve (Eva Marie-Saint) al borde del precipicio. “Es un abismo lo que Roger-Robert
ofrece a su Eve” (Casanova Varela, 2007, p. 187) sobre la cabeza de los dioses de la patria.
Hitchcock saca el mejor provecho de los paisajes y los transforma en lugares cruciales para
la trama: “¡Es necesario intentar utilizar de forma dramática todos los elementos locales,
debemos servirnos de los lagos para ahogar a las personas, y de los Alpes para hacerlas caer
en las simas de un glaciar!” (Hitchcock en Truffaut, Scott, 2004, p. 105).
El abismo y sus metáforas constituyen otro elemento fundamental en la obra de Hitchcock.
Cuerpos que están a punto de desplomarse, o se desploman, imantados por este punto de
atracción localizado en la profundidad de un lugar material o de uno mismo. Guy Haines
(Farley Granger) está a punto de caer en la escena del carrusel desgobernado en Pacto
Siniestro (Strangers on a train, 1951). En Psicosis, la caída de Arbogast (Martin Balsam) en
la escalera de la mansión Bates, después de recibir una cuchillada de “la mujer misteriosa”,
es vertiginosa. Notamos este signo que se repite en los muchos cuerpos de personajes que
se desploman en Vertigo o en el propio protagonista que a punto está de saltar al vacío
durante toda la película, atraído por esa fuerza imperiosa que viene de su interior. En
Rebeca, el inicio de la película ya introduce el tema del abismo al mostrar la silueta de un
hombre al borde de un precipicio. Una sensación de vértigo invade el espectador cuando
un plano detalle enseña sus pies listos para el salto fatal. Entre tanto una voz femenina lo
interpela y él se detiene.
En el sueño de Ballantine (Gregory Peck) magníficamente ilustrado por Salvador Dali en
Cuéntame tu vida (Spellbound, 1945), observamos esos elementos abisales con “su arqui-
tectura –De Chirico es muy semejante–, las sombras alargadas, el infinito de las distan-
cias, las líneas que convergen en la perspectiva … los rostros sin forma…” (Hitchcock en
Truffaut, Scott, 2004, p. 165). En Saboteador (Saboteur, 1942), la escena final en la Estatua
de la Libertad sitúa a dos personajes al borde de un abismo descomunal. En la escena de
la lucha en la antorcha de la descomunal estatua cuando el villano Frank Fry (Norman
Lloyd) está suspendido en el vacío, Hitchcock muestra la manga del traje que se deshila
a través de un primerísimo plano “se puede decir que su vida prende de un hilo” cómo
ha subrayado Truffaut (Truffaut, Scott, 2004, p. 146). A continuación, Pat (Priscilla Lane)
sostiene al héroe Barry Cane (Robert Cummings), que a punto está de caer también, lo
sujeta por el brazo y lo sube al parapeto. Se trata de un boceto del penúltimo plano de
North by Northwest, “pero enriquecida y completada por el gesto que lleva a los dos héroes
directamente del monte Rushmore hasta la litera superior en el vagón-litera” (Truffaut,
Scott, 2004, p. 150).
Pero nunca el escenario fue tan protagonista como en La Ventana Indiscreta (Rear Win-
dow). La película, que es metalenguaje del cine, muestra un ambiente que ofrece al espec-
tador la metáfora de las múltiples escenas, personajes, acciones y el propio acto de mirar
y/o dirigir un film. En los títulos de crédito las persianas van, poco a poco, subiendo, como
cortinas en las salas de cine de aquellos años, para ofrecer un nuevo universo al espectador.
El espectáculo va a comenzar para los espectadores convertidos en voyeurs.
La Ventana Indiscreta es, también, metáfora del acto de filmar. Jeff (James Stewart) es un
fotógrafo inmovilizado en una silla por culpa de una fractura en la pierna. Solo le queda
la visión de su vecindario con muchas ventanas abiertas que muestran las escenas que
transcurren en el interior de cada apartamento. Un escenario con varias historias, dramas,
un crimen y un voyeur. El protagonista es un hombre incapacitado, con una pierna esca-
yolada, que no “ve” a Lisa Fremont, la mujer bellísima que tiene a su lado (Grace Kelly).
Sólo la mira cuando se sitúa delante de su cámara, en el piso de en frente, víctima poten-
cial de un asesino y está a la vera de la muerte. Es así, y solo así, cuando la ve. Y, como un
estribillo en la filmografía hitchcockiana, también en La Ventana Indiscreta alguien –aquí
será el héroe– quedará colgado al borde del vacío. Mirada y abismo, dos caras de la misma
moneda en la escritura del mago del suspense.
M de Mirada. Un ojo-abismo
El ojo es, en efecto, el órgano mismo del cine, el lugar genético y pasional que
se inflama en visiones alucinadas al proyectarse en la pantalla. Ese ojo rasgado,
arrancado a picotazos, vaciado, convertido en cuenco de desagüe o en cavidad
de la calavera sugiere la destrucción de la ficción, de esa delgada película de
agua, agua de nuestros sueños, que separa el sueño de la realidad. Y bien, la
irrupción de lo siniestro, caída del abismo, visión del abismo, percepción alu-
cinada desde el ojo de lo que carece de ojo, visión tremenda de una cuenca sin
ojos, eso es la plena realización de la ficción […] (Trías, 2006, p. 108).
Los grandes ojos plasmados en la pantalla son el espejo de los nuestros que los observan.
Esta mirada encuentra su perfecta figuración en otra secuencia magistral de Psicosis. Des-
pués de conferir y comprobar que Marion firmó un nombre falso en el libro de registros,
Norman se dirige a la salita de los pájaros y cierra la puerta. Percibimos que el aposento
es contiguo a la habitación de la mujer. La escena muestra a Norman, rodeado de aves de
rapiña, retirando un cuadro de la pared. Se trata de una representación barroca de “Susana
y los viejos” del pintor holandés Mieris, el viejo. El tema de la pintura fue inspirado en el
relato bíblico que aborda el acto de observar y de los límites para la mirada (Rodríguez,
2012, 2014).
Al apartar el cuadro de la pared se muestra un gran agujero y, en su interior, se oculta otro
menor. Los agujeros son irregulares, como hechos a zarpazos o picotazos. El hombre se
aproxima para mirar cómo se desnuda la mujer. Un gran plano detalle del globo ocular en
perfil aparece ocupando mitad de la pantalla, enorme, devorador. El agujero irregular, una
fisura en la pared, ocupa la otra mitad del plano. Esta imagen emblemática es, sin duda, la
mejor metáfora plástica para la pulsión escópica. Ese plano sintetiza también la fusión de
la mirada del espectador con la del personaje, reducido a la posición de voyeur.
Cuando Norman espía por el agujero en la pared, el espectador ve a si mismo mirando,
y, por su parte, se ve siendo observado, pues, en el ámbito del contraplano nos identifi-
camos con esta mujer amenazada. Es de la pasión y del riesgo de mirar de que nos habla
Hitchcock en esta escena antológica. De mirar y ser mirado, del acto de observar y de ser
cuerpo que atrae las miradas.
Otra película que resalta el tema de la mirada, con énfasis en el ojo y sus metáforas, es
Vértigo. En los títulos de crédito, después de mostrar un gran plano detalle de un labio
femenino, la cámara se eleva en busca de los ojos. Ellos miran a derecha y a izquierda
asombrados. La cámara enfoca el ojo izquierdo que se vuelve, de pronto, rojizo. Del inte-
rior dela pupila algo empieza a surgir. “Como del fondo de un abismo cósmico, empiezan
a brotar formas que invaden toda la pantalla sugiriendo un espacio infinito y absoluto
donde la imagen envuelve en espiral al espectador”, enfatiza Trías (2006, p. 90). El autor
resalta que el abismo está en los ojos de Scottie y de ellos no se separará en todo el film. La
sensación de vértigo del personaje se revela en su mirada de reojo, pues, en el contracampo
se encuentra algo que teme y al mismo tiempo le fascina: el abismo profundo o el rostro
de la fantasmática Madeleine. Señala Trías: “Un ojo es la primera imagen como hemos
visto de Vertigo: un ojo que prefigura un abismo o es el abismo. Ese ojo-abismo, mostrado
en Vertigo en el registro pasional, reaparece en Psicosis en el registro macabro, siniestro”
(Trías, 2006, p. 107). Trías afirma que el abismo sube, el abismo se eleva, se acerca a los ojos
quien lo mira, se mete y se introduce en los ojos quien lo ve. “Un ojo así quiere que ese
abismo se encarne, se materialice, se proyecte en un rostro, sea el propio abismo un rostro,
sea el propio abismo un ojo” (Trías, 2006, p. 94).
Una de las escenas más impresionantes de la película Los Pájaros es cuando la madre del
protagonista se encuentra con el cadáver del vecino al que los pájaros le han dejado vacías
las cuencas de los ojos. La irrupción de lo siniestro puede percibirse en las cuencas sin ojos
en las películas que hemos señalado, pero también en Cuéntame tu vida en la escena di-
señada por Dali del sueño del protagonista cuando unas enormes tijeras cortan imágenes
de grandes ojos.
Mirada y abismo también se encuentran en North by Northwest. En la impresionante se-
cuencia en el Monte Rushmore, que ya hemos señalado, Eve y Roger están colgados, su-
jetados por un brazo en el ojo de piedra del presidente Jefferson. Pero, el ojo petrificado
no los observa, su mirada se dirige al otro lado, hacia algo distante de ellos. En el plano
siguiente un abismo los aguarda. De nuevo el tema del vértigo en conexión con la mirada
como ocurre en Vértigo.
El movimiento que más se destaca en la obra de Hitchcock es aquel que conduce al es-
pectador a una sensación de estado hipnótico. La figura de la espiral, sus metáforas y los
movimientos rotatorios están presentes de forma significativa en muchas películas del
director. Este elemento nos lleva no solo a la figura plástica del mismo, sino también a
aquella “espiral de sentidos que constituye el recorrido textual” de la obra del director,
como resalta Wood (1968, p. 256).
Este elemento nos conduce a un vórtice, a una vorágine, al movimiento de la locura e
introspección, presentes en el interior del sujeto, en sus pasiones desbocadas, sus deseos
ocultos, en los laberintos del ser. El punto de partida del film Enviado Especial (Foreign Co-
rrespondent, 1940) es una escena en la que aparecen algunos molinos. Uno de ellos posee
una pala que gira en sentido contrario a la dirección del viento. Este es el movimiento del
agua en el desagüe de la bañera en Psicosis y de la cámara en el ojo de Marion Crane. Es
un movimiento giratorio él de la silla de la Sra. Bates en la escena del descubrimiento del
esqueleto en el sótano.
Lo último que vemos de Marion al ser asesinada por Bates es el ojo. Ese ojo,
al extinguirse, deja paso a una de las más crueles asociaciones que el cine ha
producido: el desagüe de la bañera, la espiral de agua de la ducha deglutida por
el desagüe. Es la espiral infame y nauseabunda que forma el reverso en negro,
el contraplano negativo de la espiral pasional de Vertigo: espiral de los carteles
introductorios surgidos del fondo de la pupila izquierda del ojo de la mujer,
espiral de la escalera de caracol, espiral del moño de Madeleine y de Carlota
Valdés (Trías, 2006, p. 108).
Lo que está inscrito en el fondo de la espiral es un agujero negro, un lugar siniestro, como
el que surge en los títulos de crédito de Vértigo. Martin Arias afirma que “[…]ese ojo,
virado en rojo pasión, en rojo sangre, se abismaba de inmediato, a través de la emergencia
de la espiral, en cuyo centro aparece el terrorífico agujero negro de lo real” (Martin Arias,
1997, p. 133).
El moño de la protagonista, el bucle de Carlota, es el objeto fetiche de Scottie, como ha se-
ñalado Basilio Casanova (2017). En Vértigo, el detective, en su ansia de transformar a Judy
por satisfecho. ¿Qué es lo que buscaba? ¡Lo Real! El genio logró rozar el fondo del ojo, el
agujero negro, lo siniestro: “cumplimiento en lo real de un sueño que al fin se revela pesa-
dilla” (Trías, 2006, p. 115).
La escena filmada es, casi sesenta años después del estreno del film, una obra de arte. La
secuencia de la ducha es considerada un marco en la historia del cine, no solo por los
cortes y montaje innovadores, sino también por la extrema asociación que el director hace
entre el ojo del espectador y la cámara que filma la mujer. Podemos observar a lo largo
de la secuencia que las líneas diagonales dibujadas por los hilos de agua que salen de la
ducha aparecen en contraposición a los movimientos, también diagonales, de los golpes
del cuchillo. Así, la sucesión de líneas que se cruzan en el espacio ayuda a cortar a la mujer
como las propias cuchilladas de la sombra asesina. El sonido estridente de los violines,
presentes en la banda sonora de Bernard Herrmann, también colabora con la tarea de he-
rir profundamente el cuerpo de la mujer con una serie de notas agudas y fragmentadas. Y,
para completar, los múltiples cortes en el montaje de la secuencia son determinantes para
fraccionar y fragmentar el cuerpo de la mujer en sus partes: rostro, piernas, tronco, manos
y boca. Así como, nuestra mirada se confunde con la cámara y descuartizamos el cuerpo
femenino y asumimos, por eso, una identificación con el asesino –o el director– presente
en la escena. Es nuestro ojo, es nuestra mirada la que goza cortando y decoupando el cuer-
po de la mujer en una multitud de planos. Pues la fragmentación de la planificación se
convierte en sinónimo de descuartizamiento. El cuchillo, los hilos de agua, las notas agu-
das de los violines y los cortes de la secuencia se materializan en la más perfecta metáfora
de nuestra mirada. Escena revolucionaria. Con Hitchcock el suspense adquiere una nueva
dimensión. De una u otra forma, todos los directores de este género post-Hitchcock lo
homenajean en sus películas.
Así como Scottie en Vertigo, el director sube a la torre más alta, pero…
¿Qué más quiere, qué más puede desear, si cuanto deseaba se ha hecho reali-
dad? Eso que vemos ahora: un hombre que ha satisfecho en lo real su deseo; la
imagen misma del efecto que produce en el sujeto ese poder y esa libertad tan
afanosamente buscada (Trías, 2006, p. 115).
de una película en 3D. Las ventanas son personajes concretos, secretos, indiscretos. En
La Ventana Indiscreta observamos la soledad del artista plástico, la del músico, de la bai-
larina e, incluso, la del asesino. La noche en La Ventana Indiscreta es de los solitarios, los
insomnes, los voyeristas. Hallamos momentos semejantes en la obra de Hopper. El cuadro
Automat, de 1927, muestra a una solitaria mujer con sombrero en un restaurante tal como
la vecina de vestido verde lo hace en una cena en su salón, en la película de Hitchcock. En
Night Windows, de 1928, Hopper pinta un lienzo donde se observa un edifico a corta dis-
tancia con una ventana y sus cortinas mecidas al viento, mientras por la otra se vislumbra
a una mujer de espaldas con una lencería transparente en tonos de rosa. Es una escena muy
similar a la de La Ventana Indiscreta cuando vemos a la bailarina, con trajes semejantes y
en una postura de cuerpo casi idéntica, observada por Jeff. En Hotel room, una mujer está
sentada en una habitación de hotel y tiene libro abierto al que parece leer, pero su rostro
está ensombrecido. Una imagen similar es mostrada en la película a través de una rendija
de una ventana del edificio de en frente. Hopper en Room at New York muestra a una pareja
donde cada uno está a sus asuntos. Él lee el periódico y ella está melancólica, inmersa en
sus pensamientos mientras teclea un piano. Observamos una escena muy semejante cuan-
do el artista está junto a una mujer en su piso en La Ventana Indiscreta.
En nuestra investigación nos deparamos también con otras obras del pintor estadouni-
dense que dialogan con filmes de Hitchcock. En muchas películas del director encon-
tramos planos casi idénticos a la pintura de Hopper, un diálogo estético de profundas
conexiones estructurales y de sentido. En Compartiment C, car 293, 1938, una mujer que
usa vestido y sombrero azules lee solitaria en su vagón en un tren. En 39 escalones (1935)
observamos a Pamela (Madeleine Carrol) a bordo de un tren en la misma postura y lugar
del cuadro de Hopper. El encuadramiento, la iluminación, la composición y la actitud de
los personajes transmiten el mismo sentimiento de soledad, tanto en la pintura como en
el film. Ambos artistas poseen formas muy semejantes para crear imágenes y situaciones.
Office at Night, de Hopper (1940) muestra a una muchacha trabajando por la noche, de
pie delante de un archivo, mientras su jefe está en su mesa, leyendo. El cuadro nos recuerda
una secuencia de Marnie la ladrona, cuando la protagonista trabajaba después del expe-
diente para su jefe enamorado. La oficina y la atmósfera de una relación llena de interro-
gantes del cuadro está presente también en el film de Hitchcock.
Queensborough Bridge (1913) representa el nuevo puente Manhattan-Queens, mientras se
ve una mansión que parece oprimida por la gran construcción y aislada en la orilla opues-
ta. En Sombra de una duda (Shadow of a Doubt, 1943) un puente que conecta Jersey City a
Newark es muy similar al que retrató Hopper y sirve de telón de fondo para una merienda
de dos hombres solitarios.
Los edificios de Hopper son una fuente de inspiración constante para Hitchcock. En Hou-
se by the RailRoad (1925) la atmosfera asustadora y enigmática también está presente en
Psicosis. El cuadro fue una verdadera inspiración para la mansión de los Bates. El apar-
tamento-acuario de Festín Diabólico nos remite al cuadro Nighthawks (1942), de Edward
Hopper. La escena de la pintura retrata tres personas sentadas en la barra de un bar mien-
tras les sirve un camarero. Pero la diferencia es que en el escenario de Hitchcock el espec-
tador se localiza dentro del propio acuario y no como un observador pasivo o un paisano
situado en el ambiente externo, como en el cuadro de Hopper.
Como en una pintura de Hopper, la historia de La Sombra de una Duda se narra con
frecuencia a través de las ventanas, y por las propias ventanas. Las luces se encienden y
se apagan y revelan detalles del enredo. En Vértigo, la escena en que Madeleine mira por
una ventana de su habitación en el hotel nos lleva a la pintura de Hopper Cape Cod Mor-
ning, 1950. En ella la joven situada delante de una gran ventana tiene, como Madeleine, la
mirada perdida en el horizonte. ¿Locura, alejamiento o soledad? La verdad es que las dos
protagonistas poseen una mirada distanciada y misteriosa.
Hopper posee, como Hitchcock, la mirada de voyeur para captar los momentos privados,
las situaciones misteriosas, solitarias e íntimas. La pintura de Hopper respeta un cierto
alejamiento, una distancia necesaria para no perturbar el objeto representado. En Summer
interior, de 1909, el pintor muestra el interior de una habitación con una cama deshecha y
una mujer desnuda en el suelo en postura de total desconsuelo (la imagen nos conecta con
la de Marnie deshecha después del rechazo de su madre). Pero el pintor toma prudente-
mente una distancia necesaria para no perturbar a la mujer en su momento de melancolía.
El cuadro The City, de 1927, parece un fotograma de la secuencia inicial de Psicosis, en
plano general, cuando la cámara busca la ventana del cuarto del hotel donde se encuen-
tran Sam y Marion Crane. Por su parte, Room for Turists es una mansión que posee una
arquitectura muy parecida a la casa donde se hospeda el Tío Charlie, de La Sombra de una
Duda. Pero, una vez que el cuadro fue pintado dos años después del lanzamiento del film
es probable que el pintor se haya inspirado en el film para concebir su lienzo.
M de Materialización y de Metáfora
La investigación está lejos de concluir. El corpus de filmes de Hitchcock posee una inago-
table fuente de estudio. Las imágenes analizadas en las películas del período estadouniden-
se poseen camadas profundas arraigadas a elementos icónicos que se repiten como un re-
frán. Tratamos de tejer aquí un texto cruzando los hilos con los matices que se repiten en la
obra de este increíble director. Y, equipados de los hilos y hebras, movidos por la aguja del
sentido, intentamos tejer un tapiz con el mismo entusiasmo y pasión con los que Aracne
hizo los suyos. Partiendo de un centro, un núcleo, imprimiendo un dibujo helicoidal, que
es el movimiento por antonomasia de Hitchcock, construimos nuestro entramado. Así
vimos emerger un tejido cuyas conexiones nos llevan a lo más íntimo del sujeto: la madre,
la mujer, la melancolía, la mirada, la muerte… La inicial M, en mi opinión, no es una mera
coincidencia, sino que se trata de la M de la Metáfora de nuestros más recónditos luga-
res, nuestros secretos, nuestros deseos. Materialización de un edificio que, a partir de los
fragmentos descubiertos en el texto hitchcockiano, vamos poco a poco reconstruyendo. Es
algo que resuena y vibra en lo más íntimo de uno. Un punto de encuentro entre obras de
arte y la trama de nuestros conflictos interiores.
Notas
Referencias bibliográficas
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Pessoa, F. (1999). O livro do desassossego. São Paulo: Companhia das Letras.
Rodríguez, V. B. C. (2014). Além do espelho. Análise de imagens de arte, cinema e publicidade.
Curitiba: Appris.
Rodríguez, V. B. (2012). “El relato de Susana y los viejos. Representación en la pintura y
resonancias en Hitchcock” en Revista Trama y Fondo, n º 31, pp. 65-76.
Samain, E. (2011). “As ‘Mnemosyne(s)’ de Aby Warburg: entre antropologia, imagens e
arte” Revista Poiésis, Florianópolis, n. 17, p. 29-51.
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Trías, E. (2006). Lo bello y lo siniestro. Barcelona: DeBolsillo.
Truffaut, F. (2003). El cine según Hitchcock. Madrid: Alianza editorial.
Truffaut, F.; Scott, H. (2004). Hitchcock/Truffaut: entrevistas. São Paulo: Companhia das
Letras.
Wood, R. (1968). El cine de Hitchcock. México: Era.
Wittkower, R.; Wittkower, M. (1985). Nacidos bajo el signo de Saturno. Madrid: Cátedra.
Abstract: This essay brings together the film production of Alfred Hitschcock with other
aesthetic works from an interdisciplinary perspective.
Resumo: Este ensaio reúne a produção cinematográfica de Alfred Hitchcock com outros
trabalhos estéticos de uma leitura interdisciplinar.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
(*)
Doctor en Filosofía, es profesor de Teoría del Texto Audiovisual y Arte contemporáneo en
la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Es
autor de los libros Vida en sombras o el cine en el cine (Ed. Caja España, 2002) y Leyendo a
Hitchcock. Análisis textual de North by Northwest (Castilla Ediciones, 2007).
1. El arte y lo sagrado
En su artículo El arte y lo sagrado. En el origen del aparato psíquico, Jesús González Requena
pone en relación dos obras: la famosa pintura rupestre del hechicero embestido por un
bisonte de Lascaux (Francia), y la La creación de Adán, que Miguel Ángel Buonarroti pintó
en el techo de la capilla Sixtina.
¿Qué tendrían en común dos obras en apariencia tan diferentes y distantes en el tiempo?
Que en ellas el ser humano hace la experiencia de lo sagrado, que es como decir que hace
la experiencia de su propia humanidad.
González Requena lo describe en los siguientes términos:
Acceso a lo sagrado, intimidad con el dios –que la proximidad de las dos figu-
ras traduce–, experiencia del sexo –la erección es patente– y de la muerte –el
instante del choque… la dialéctica del hombre y su dios –es decir: la dialéctica
La capacidad de sublimación se resume para Freud en que la energía del individuo es des-
viada, en su totalidad o en su mayor parte, “del uso sexual y aplicada a otros fines”.
El proceso de sublimación consistiría en que a las intensas excitaciones que proceden de
las diversas fuentes sexuales se les procuraría un drenaje que haría posible su empleo en
otros campos, produciéndose así un incremento de la capacidad de rendimiento psíquico.
Aquí podría discernirse, en opinión de Freud, “una de las fuentes de la actividad artística”
(Freud, 1905, p. 218).
No todo el mundo poseería talento para la sublimación; que es como decir que no todo
el mundo posee “el arte de sublimar sus pulsiones” (Freud 1912, p. 118). Es probable, dice
Freud hablando esta vez de los artistas, “que su constitución incluya una vigorosa facultad
para la sublimación” (Freud, 1917, p. 343).
Sublimación pareciera ser sinónimo en Freud a veces de espiritualización. Así, en el caso
de Cristo y su Pasión la sublimación habría provocado, según él, el “desvío de lo sensual
hacia procesos puramente espirituales” (Freud, 1918, p. 105).
Las sublimaciones pueden no ser suficientes para cancelar lo acuciante de la tensión pulsio-
nal, y la diferencia entre lo uno y lo otro puede generar un “factor pulsionante” que, citando
al Goethe del Fausto, “acicatea, indomeñado, siempre hacia delante” (Freud, 1920, p. 42).
Durante el proceso sublimatorio el destino de la pulsión sufre un cambio de vía, “de suerte
que la pulsión originariamente sexual halla su satisfacción en una operación que ya no es
más sexual, sino que recibe una valoración social o ética superior” (Freud, 1923, p. 251).
La sublimación, dice Freud, es un proceso que atañe a la libido –energía sexual– del indivi-
duo y que consiste en que la pulsión se lanza a una meta distante y distinta de la sexual. La
sublimación, aclara el padre del psicoanálisis, describe algo que sucede con la pulsión, que
sería lo sublimado; “una vía de escape que permite cumplir con las exigencias pulsionales
sin dar lugar a la represión” (Freud, 1914, p. 92).
En La ética del psicoanálisis (Seminario 7), Jacques Lacan pone el acento en esta vía de
escape de la pulsión satisfecha sin represión. Así, en la sublimación el cambio en los obje-
tos o en la libido “no se realiza por medio de un retorno de lo reprimido, que no se hace
sintomáticamente, indirectamente, sino directamente, de una manera que satisface direc-
tamente” (Lacan, 1959-60, p. 51).
Lacan vuelve a insistir en ello en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, (Se-
minario 11), al señalar esta vez que “Freud sostiene que la sublimación es también satis-
facción de la pulsión, a pesar de que está zielgehemmt, inhibida en cuanto a su meta. La
sublimación no deja de ser por ello una satisfacción de la pulsión, y además sin represión”
(Lacan, 1964, p. 173).
En la sublimación la satisfacción de la pulsión sería, recuerda Lacan, diferente de su meta –
de su meta natural, que es la sexual. La pulsión, que no es puro instinto, estaría relacionada
entonces con lo que él llama La Cosa –das Ding–, en tanto que ésta es diferente del objeto.
Esto lleva a Lacan a dar una fórmula general de la sublimación, que es ésta: “ella eleva un
objeto a la dignidad de la Cosa” (Lacan, 1959-60, p. 138).
La Cosa sería el objeto imposible de la pulsión en tanto sublimada, el objeto elevado a la
dignidad de la Cosa, como es elevado en dignidad el objeto femenino en el amor cortés.
Ello equivaldría a darle a un objeto la dignidad de la que antes carecía.
Lacan nos recuerda que no es posible una evaluación correcta de la sublimación en el arte
si no tenemos en cuenta que toda producción artística está históricamente determinada.
Así, no se pinta en la época de Picasso como en la época de Velázquez, ni se escribe una
novela en 1930 como la escribía en su tiempo Stendhal.
¿Y no consistirá en eso, precisamente, el acto mismo de creación? El acto creador del dios
creando a su criatura, como el acto creador del artista creando su propia obra.
Toda forma artística lograda es por definición sublime en tanto es el resultado de un pro-
ceso de sublimación de la pulsión. Y en toda forma de sublimación el vacío, opina Lacan,
juega un papel decisivo.
De lo que se deduce que sublimar es, de alguna manera, dar forma al vacío; hacerlo posi-
ble. Sólo del vacío –uno que es posible llenar– puede surgir, entonces, una forma nueva.
La sublimación artística consistiría en dar forma a la pulsión que busca, con toda la fuerza
de la que es capaz, llenar ese vacío.
La pulsión no encontraría satisfacción en objeto alguno, sino en el vacío de objeto que
ella misma rodea. Y sólo en la medida en que el lugar del objeto es un lugar vacío –el del
objeto caído, perdido–, puede ese objeto ser elevado, como dirá Lacan, a la dignidad de la
Cosa como imposible.
Se trata, a nivel de la experiencia subjetiva, de un punto ciego, vertiginoso, de “experiencia
pura” (Ortiz de Zárate, 2008, p. 73); una suerte de vacío creador. La última etapa creati-
va de Miguel Ángel, pero también la de Vincent van Gogh, Arthur Rimbaud o Friedrich
Nietzsche constituye un claro ejemplo de esa experiencia límite de la creación.
Dice Massimo Recalcati en su libro Melanconia e creazione in Vincent van Gogh, que cual-
quier objeto puede ser objeto de elevación –sublimación– artística. Por eso, afirmará que
para van Gogh pintar es siempre pintar “el rostro del santo; es decir, elevar un objeto,
cualquier objeto, a la dignidad y a la fuerza de un icono intraducible” (Recalcati, 2009, p.
1708)1. Incluso cuando pinta, cómo no, Un par de zapatos (1886), el efecto es el de “una
productiva generación de la fuerza” (Recalcati, 2009, p. 1692)2.
Recalcati pone también el acento en que la sublimación freudiana no es un mecanismo de
defensa sino “la inusual capacidad de alcanzar otro tipo de satisfacción” (Recalcati, 2009,
p. 1683)3.
La “dimensión agónica” de la sublimación sería “la posibilidad de que lo real de las pul-
siones, que su fuerza informe pueda encontrar una forma, pueda manifestarse como una
potencia generadora de formas” (Recalcati, 2009, p. 1683)4. Se trataría de transformar el
caos de las pulsiones, su fuerza erótica, en sí misma informe, en una nueva forma:
“poder dar a la fuerza una forma”. Sublimar sería, entonces, “dar una forma nueva a la
fuerza” (Recalcati, 2009, p. 1641)5.
La tensión presente en toda auténtica obra de arte es la misma que se da entre lo apolíneo
y lo dionisíaco (Nietzsche), el mundo y la tierra (Heidegger), la fijación y la plasticidad
pulsional (Freud), lo real y la determinación significante (Lacan). El artista es un sacerdote.
Uno que oficia su ceremonia artística en un templo –que es siempre también un lugar que
construye un vacío y un silencio interiores– donde ha de vérselas con la dignidad de la Cosa.
¿Cómo dar forma al encuentro, inevitablemente traumático, con lo real? Tanto el Adán
de Miguel Ángel como el hechicero del artista prehistórico de Lascaux nos sitúan ante esa
experiencia vertiginosa, ese punto ciego del que brota, como un milagro, el acto de enun-
ciación –artístico, creador. El misterio de la forma.
Una forma, la artística, siempre inédita, singular y, por ello mismo, universal, capaz de ser
valorada socialmente. Se trata de la forma que el artista ha logrado dar a la causa incons-
ciente, imposible siempre de definir, de su deseo.
¿Qué hace tan valioso pues al arte? El valor de la creación artística estaría en dar una forma
inédita a la pulsión, a la que sólo es posible dar forma a través de un vacío. La pulsión, en
tanto energía no ligada a ningún objeto, es sólo fuerza, empuje que busca una vía de salida,
de satisfacción. Pero, como la existencia del arte demuestra –y en eso quizá resida lo más
valioso de él, su auténtico valor social–, ese objeto de satisfacción pulsional no existe; es un
lugar vacío, un lugar imposible de llenar. El lugar del deseo.
El valor del arte residiría en representar el fondo, misterioso, sagrado, del objeto elevándo-
lo a la dignidad de la Cosa, que es la de hacer posible lo imposible.
Por eso el arte de la creación sería también el arte de lo invisible. Lo que está al fondo tanto
de La creación de Adán como del hechicero embestido por la bestia es el misterio de la vida
y de la muerte; un misterio indescifrable.
En la obra de Miguel Ángel tanto los dedos de las manos del hombre como los de su dios
están ahí para ceñir, delimitar, señalar ese misterio. No serían en eso muy diferentes a las
manos, más artesanales quizá que artísticas, del alfarero construyendo también con su
vaso un vacío. O las manos del pintor confrontándose con su pincel al blanco del lienzo o
de la pared. O las del escritor y el músico ante la página y la partitura en blanco.
Como escribe Recalcati en Il mistero delle cose, “la tarea del artista consiste en interrumpir
la continuidad de la posibilidad llevando al corazón de la imagen el signo, la marca, la
figura de lo imposible” (Recalcati, 2016)6.
En el arte emerge pues lo real como imposible: “… hacer de la figuración misma un índice
de lo real como imposible… una trascendencia enigmática. Un evento, la venida del Otro”
(Recalcati, 2016)7.
Hablar de arte es hacerlo, como escribe González Requena en Apólogo de la bicicleta, de
“la experiencia de una revelación… la revelación de lo real” (González Requena, 2008, p.
91). Es ahí donde el arte “nos descubre su insólita faz… la de un espacio donde acceder a
la interrogación del sujeto” (González Requena, 2008, p. 97). La revelación de lo real en el
texto artístico cobra la forma, para el sujeto, de “un punto de ignición: de una quemadura
que –en el caso del arte visual– focaliza nuestra mirada y carga de intensidad eléctrica los
significantes que la rodean” (González Requena, 2015, p. 141).
¿No será eso, precisamente, lo que nos impresiona de La creación de Adán, de la pintura
de Lascaux, y de la creación artística en general? La capacidad de sublimar, es decir, “de
hacer una nueva experiencia del mundo, de realizar una apertura del mundo dentro del
propio mundo” (Recalcati, 2016)8. La experiencia misma del deseo inconsciente como lo
imposible, en cada uno de nosotros, de definir.
Notas
1. “Il volto del santo, è, cioè, elevare un oggetto, qualunque oggetto, alla dignità e alla
forza intraducibile di un´icona…” (Las traducciones del texto en italiano de Massimo
Recalcati son mías).
2. “Di una generazione produtiva della forza”.
3. “La possibilità inedita di raggiungere un´altra soddisfazione”.
4. “La possibilità che il reale della pulsione, che la sua forza informe possa trovare una
forma, possa manifestarsi como una potenza generativa di forme”.
5. “Poter dare alla forza una forma” y “dare una forma nuova alla forza”.
6. “L’operazione dell’artista consiste invece nell’interrompere la continuità della possibi-
lità portando al cuore del quadro il segno, la marca, la figura dell’impossibile”.
7. “…fare della figurazione stessa un índice del reale como impossibile… una trascenden-
za enigmática. Ecco l´evento, la venuta dell´Altro”.
8. “di fare una nuova esperienza del mondo, di realizzare un´altra apertura del mondo
propio all´interno del mondo”.
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Basilio Casanova Varela El arte de la creación
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2014. (Formato Kindle)
Recalcati, M. (2016). Il mistero delle cose. Nove ritratti di artisti. Milano: Feltrinelli editore.
Abstract: We reflect in this brief article on the artistic creation fact linking it with the
sublimation process as it has been theorized first by Sigmund Freud and later by Jacques
Lacan, Jesús González Requena and Massimo Recalcati. Our starting point is two well-
known works: the rock paintings at Lascaux cave –the sorcerer being rammed by a
wounded beast– and the other from the Sistine Chapel –the creation of Adam of Miguel
Ángel. From the confrontation of both works with the theory of artistic sublimation we
can deduce that what makes art socially valuable is its ability to make us play the truth of
desire, their unconscious cause, the emptily that constitutes it; the mystery from its birth.
Resumo: Refletimos sobre este breve artigo sobre o fato da criação artística relacionando-
-o ao processo de sublimação como foi teorizado pela primeira vez por Sigmund Freud e
posteriormente por Jacques Lacan, Jesús González Requena e Massimo Recalcati. Nosso
ponto de partida são duas obras bem conhecidas: uma pintura rupestre da caverna de
Lascaux –o feiticeiro prestes a ser atacado por um animal ferido– e outro da Capela Sistina
–A Criação de Adão, de Michelangelo. A partir da comparação de ambas as obras com a
teoria da sublimação artística, deduzimos que o que torna a arte socialmente valiosa é sua
capacidade de nos fazer tocar a verdade do desejo, sua causa inconsciente, o vazio que a
constitui; o mistério daquele que nasceu.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
Resumen: Me propongo integrar la narrativa etnográfica que transita por las tecnologías
de la imagen –el cine y el video, fundamentalmente– a la cultura popular reimaginándola
desde los nuevos regímenes de audiovisual, saberes y prácticas que involucran a creadores
y receptores, productores y consumidores. Interrogo lo popular no ya desde su definición
o surgimiento tal como lo hace la historia y la teoría social, sino subrayando algunas es-
trategias teóricas y prácticas que generan experiencia y conforman subjetividad; en suma,
propongo algunas vías de acceso para comprender como lo popular opera y se transforma
en un dispositivo de pensamiento y acción creativa. Finalmente, más allá de considerar la
comunicación audiovisual popular como un campo de estudios, propongo una aproxima-
ción a un lugar interdisciplinario en el cual problematizar su esencialismo y universalidad,
intentando comprender que tipo de giro visual ha tenido y tiene lugar en nuestros días.
(*)
Profesor asociado e investigador del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura
–IECO– de la Universidad Nacional de Colombia. Doctor en Comunicación Audiovisual
de la Universidad Complutense de Madrid. Coordinador académico de la Maestría en
Comunicación y Medios. Ha publicado varios libros y numerosos ensayos sobre teoría y
estética de la imagen, comunicación audiovisual y cultura popular, y análisis textual del
film. Miembro de la Junta Directiva de la asociación cultural Trama y Fondo de España.
El video como tecnología y como estética obliga, en nuestros días, a que enfrentemos el
hecho de que en una vertiente considerable se arma para la televisión, digamos que es más
formato, diseño narrativo, convencionalismo. Hay otro que es experimental o de ensayo
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
que se arrima a la cinematografía; en cualquier caso, las pantallas digitales parecen absor-
berlo todo. Si el video, en un primer momento circuló dentro del lenguaje y la estrategias
del cine, separándose de la televisión y buscando su propia estética y manera de operar
la realidad quizá más cercano al arte, como observa Omar Rincón (2002), hoy tanto el
cine como la televisión no pueden prescindir de los hallazgos expresivos, comunicativos y
experimentales del video.
Establecer diferencias de uso, circulación y consumo más que estéticas puede permitirnos
encontrar una epistemología de la re-imaginación, pero sobre todo, comprender prácticas
culturales más allá de la idea clásica de lo artístico donde la obra pereciera incontaminada;
estoy pensando en el video como escritura audiovisual que pone en juego todo el espectro
del lenguaje (signos, imágenes y la dimensión simbólica como vía para soportar lo real).
El video sigue atado a lo artístico y al cine en sus más eficaces propuestas, que duda cabe;
sin embargo, hoy el cine como el video se han movido a lo social y político, hecho que per-
mite re-imaginar fenómenos populares que habían caído en el olvido o cuyas audiencias
eran restrictas y acotadas. Estoy pensando en mitos, leyendas y relatos del folclor, hechos
sociales, económicos y políticos que sobreviven en la memoria e historia oral de los pue-
blos. Todo vuelve a ser contado o es susceptible de ser contado, con mayor inclusión de
formatos, géneros y diversos puntos de vista. De esta manera, los textos audiovisuales que
hoy circulan por las múltiples pantallas, son relacionales, interactivos, intertextuales; para
usar dos categorías importantes en la investigación de fenómenos de la cultura popular,
diremos que son polifónicos (diversas voces), dado que remiten a estructuras de compo-
sición formal, y dialógicos, puesto que revelan las interpretaciones ideológicas entre las
voces (Bajtín, 1986).
La aleación oralidad y tecnologías de la imagen –como la confluencia oralidad/literatura–1,
ha creado nuevas sensibilidades y formas de conocimiento popular-masivo que posiciona
la telenovela, las series de dramatizados, los reality show, hasta los documentales regionales
que emocionan y conmueven por su originalidad y riesgo. Esto es un hecho; otra cosa es
la crítica en torno de estos textos que, como los Reality show, acaban con la sorpresa de la
representación que el relato sostiene, ni siquiera hay un imaginario creativo experimental,
sino que se acerca peligrosamente a lo Real sin mediación alguna, a la pura constatación de
los hechos, a la imagen repetida del verismo o la fascinación de lo escópico.
Para Arlindo Machado, la audiovisualidad (cine, video, televisión, pantallas digitales), es
el resultado de las “máquinas semióticas” que producen discursos, formas de percepción,
modelos de representación, un habla constante que inculca ideologías, nuevas maneras de
sensibilización (2000: 245). No obstante, el audiovisual y la audiovisualidad que despliega,
no puede considerarse únicamente como fruto de máquinas semióticas, sino como textos
de la cultura potentes, poderosos y complejos (reales, sígnicos, imaginarios, simbólicos)
que reinscriben la experiencia vital, onírica y deseante de los sujetos. El audiovisual transi-
ta por nuevos regímenes de visualidad, aquellos donde lo visual cataliza y capitaliza todos
los demás sentidos, recontextualiza y re-edita la imagen, lanzando al sujeto –que cada vez
se queda sin relato eficaz que conforme su deseo– a un contacto sin mediación con lo real
del sexo, la violencia y la muerte.
Uno de los textos audiovisuales que se ha revitalizado en la cultura del siglo XXI, es justa-
mente el cine; desde la producción de sus imágenes podemos mapear lo que está ocurrien-
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
Desarrollando la teoría del texto y análisis textual como enfoque interdisciplinar (antro-
pológico, semiótico, estético, psicoanalítico, filosófico, cinematográfico) que encuadra la
comunicación audiovisual, González Requena llama la atención en aspectos como el es-
pectáculo en la cinematografía más reciente o posclásica, rasgo que ya había adelantado en
El discurso televisivo: espectáculo de la posmodernidad (1988), al notar que éste se encuentra
atrapado en una economía fetichista, especular y seductora que desimboliza el relato y
fulmina su trama, y donde la mirada a cámara “es el cordón umbilical visual y escópico
que liga al espectador con el espectáculo televisivo” (p. 106).
Insistamos en que esta deconstrucción de la forma/fondo clásica ha venido ocurriendo
desde el mismo arranque de las vanguardias históricas e incluso, desde los mismos emba-
tes del romanticismo, en las que toda convención y coherencia verosímil del discurso, se
debilita, ahuecándose la palabra y el relato que la hace posible. Así proceden dos geniales
cineastas rusos tan diferentes y lejanos en el tiempo, Sergei Eisenstein (vanguardia) y An-
dréi Tarkovski (posvanguardia); no obstante, ambos realizadores descreen de la palabra
y cuando la usan se ahueca reiterando la obviedad y alcanzando el sinsentido (González:
2006). El director de El espejo (1974), dejó la siguiente constancia:
Las imágenes, las impresiones visuales lo consiguen mejor que la palabra, pre-
cisamente en nuestro tiempo en que la palabra ha perdido su dimensión má-
gica, admonitoria. Las palabras se van degradando cada vez más hasta ser solo
sonidos huecos, no significan ya –ésta es la experiencia de Alexander– nada
más. Nos ahogamos en informaciones, pero los mensajes más importantes,
los que podrían transformar nuestra vida, esos ya no nos alcanzan (Tarkovski,
1986, pp. 249-250).
En conclusión, sin destinador y sin tarea que el héroe deba cumplir, no hay deseo ni es-
tructuración del sujeto; por consiguiente, el protagonista ya no es notable ni representa-
tivo, sino apenas la huella de la realidad que encapsulada en imágenes violentas, arroja
el film posclásico. Por eso, quien entra a escena en el cine de los últimos años ya no es
el héroe –El club de la pelea (1999) de David Fincher, es un texto emblemático– sino el
sicópata, uno que no acata la ley ni tiene tarea que cumplir e, impotente, se afirma en el
otro negándolo, destruyéndolo, hasta que finalmente, se pierde en sus pulsiones porque
no focaliza ya ningún deseo.
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
Si hasta hace poco, la televisión la comprendíamos como una práctica comunicativa coti-
diana informativa y lúdica, por lo mismo que efímera, el cine como expresivo, fotográfico,
de autor por lo mismo que estético, y el video como artístico, experimental, de realizador
por lo mismo que investigativo (Omar Rincón, 2002), hoy, en la era de la cultura mediá-
tica e hipermoderna de la pantalla global, pantallocracia (Gilles Lipovetsky y Jean Serroy,
2007), estas diferencias son imposibles de sostener. Del relato clásico hemos pasado a la
vanguardia emancipadora y la experimentación de autor, de esta al relato manierista que
se burla inteligentemente de la tradición reeditándola, sobreviene la batalla con lo clásico
que da origen a la caída del argumento y la desarticulación del montaje en el relato posclá-
sico, cuyos efectos especiales se vuelven espectaculares para el consumo de los espectado-
res, pues utiliza todas las tecnologías y estrategias narrativas posibles.
Hoy están trastocadas todas las dimensiones cinematográficas: creación, producción,
realización, posproducción, promoción, distribución, consumo, géneros, formatos, etc.
A estas alturas se puede afirmar que el cine ha mutado en el video y el video encontró la
manera de ser cinematográfico o, lo que es más polémico, la televisión ya no es otra cosa
que video y el video no pude dejar de usar otra plataforma que la televisión. Aunque ya lo
hemos dicho, las pantallas digitales depredan y manducan todas estas tecnologías, textos
o “máquinas semióticas”; es cuestión de tiempo, dirán los investigadores, la televisión y el
cine lentamente van siendo asimilados por las pantallas de internet y las redes electróni-
cas (TV streaming, Netflix on-line, cine expandido, canales YouTube, webcine vimeo, we
documental interactive, multimedia, Smart TV, etc.)2. Esta convergencia entre el cinema-
tógrafo y la computadora, le ha hecho vaticinar a Jorge La Ferla:
Sin embargo, todo estos hallazgos que promueven una revolución creativa tecnológica,
artística y científica, prosumidora, ya estaban adivinados con el cine ensayo, experimental,
o de autor, desde las vanguardias cinematográficas. Si hacer cine era un acto de heroísmo
cultural o alcanzar la televisión un esfuerzo desmedido de parentesco y poder, con el video
se democratiza la audiovisualidad y cualquiera puede accede a la nueva forma de pensar la
realidad, leerla y escribirla con imágenes o reconstruirla como se pega como jarrón valioso
y antiguo que yace roto, y todo eso desde la visualidad que canaliza los demás sentidos.
Al suprimir la imagen-movimiento que dio origen al cine y dar paso a la imagen-tiempo,
el acontecimiento y lo inorgánico detonan el centro que el cine clásico armaba en la ac-
ción. La referencia es a la idea histórico-ontológica del cine sostenida por Gilles Deleuze
(1986), según la cual hay una separación entre la imagen-movimiento y la imagen-tiem-
po; en este paso, el cine se hizo consciente de su propia potencia estética y tecnológica.
La imagen-acción ha entrado en crisis dando paso a la imagen-mental y sus situaciones
ópticas y sonoras puras. Hitchcock, por ejemplo, será para Deleuze el cineasta que encarna
esta crisis y transformación mediante situaciones de parálisis o inhibición motriz.
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
tendencia a hacer cine en primera persona e inventar su propia forma quebrando las reglas
cinematográficas del relato, el género, la duración, el punto de vista, etcétera.
Aunque una consecuencia de este enfoque y práctica audiovisual es la sobrevaloración de
la subjetividad, la crisis del relato, la narración en primera persona, muy del resorte de la
literatura confesional o testimonial, la videografía ha ido soltando sus amarras de autor
y diversificándose en puntos de vista poéticos, miradas fragmentarias y colectivas que se
ensamblan, documentales polifónicos, objetividades cotidianas, etnografías narrativas,
experimentaciones de todo tipo. Ahora bien, hay que constatar que el simple ensamble de
piezas y fragmentos, la atractiva pirotecnia emocional, no conforman un texto o un relato.
Reimaginar lo popular
Lo popular ya no significa algo excluido o marginado sino algo positivo, un hacerse conti-
nuo, un espacio de expresión y comunicación diferente donde los sectores reimaginan sus
haceres y situaciones diversas recreando las formas de su tradición propia para asumir los
desafíos que impone la modernidad hegemónica (Ticio Escobar, 2003, p. 281). De suerte
que la especificidad histórica de lo popular en América Latina es: “el ser espacio denso de
inter-acciones, de intercambios y reapropiaciones, el movimiento de mestizaje. Pero de un
mestizaje que es proceso no puramente ‘cultural’ sino dispositivo de interrelación social,
económico y simbólico” (Barbero, 2003, p. 137).
La cultura popular ha estado marcada por tendencias bien conflictivas que llevaron a la
confusión su carácter enmancipatorio y/o preservativo. La mirada romántica, por ejem-
plo, defendió la auténtica cultura rural amenazada por la industrialización moderna. Este
sentimiento de nostalgia hacia un pasado estático no reconoce la hibridación de la vida
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
tradicional con la moderna. Otra mirada dice que la cultura popular “no puede menos
que adoptar la forma de una variedad de cultura de masas –lo cual puede ser una tragedia
o una solución, dependiendo del punto de vista” (Rowe y Schelling, 1993, p. 14). En esta
postura los sectores populares no tienen la capacidad para reimaginar y producir una
modernidad legítima. Otro punto de vista polémico es el marxista que ve en la cultura
popular una misión enmancipatoria y utópica, donde las comunidades oprimidas a través
de la conquista de medios y relaciones de producción adecuados imaginan una sociedad
alternativa. Rowe y Schelling observan que esta posición tiene la desventaja de que ubica
al observador en un sitio ideal desde el cual juzgarse como promotor (o no) de un futuro
positivo emergente, además escamotea la cuestión de “cómo unas tácticas populares po-
drían traducirse en una estrategia para tomar el poder y cómo este podría mantenerse sin
autoritarismo” (1993, p. 15).
La relación –las más de las veces desafortunada– entre los territorios populares-tradicio-
nales y los medios de comunicación audiovisuales, ha impulsado el desprecio de los secto-
res cultos que no leen más que “incultura” y pobre elaboración en sus producciones. Jesús
Martín Barbero y Germán Rey en Ejercicios del ver (1999), observan como este desprecio
confundió al analfabeto con el inculto y se concentró especialmente en la televisión, el
chivo expiatorio que da cuenta de la violencia, la crisis moral y la degradación cultural de
Colombia; se preguntan porque los intelectuales e investigadores sociales “siguen mayori-
tariamente padeciendo un pertinaz ‘mal de ojo’ que les hace insensibles a los retos cultu-
rales que plantean los medios, insensibilidad que se intensifica hacia la televisión” (17). No
olvidemos, para el tema que nos ocupa, que la unidad por excelencia que arma la parrilla
televisiva, es justamente, el video en sus variantes: telefilm, videoclip, video musical, video
documental, video experimental.
Todavía podemos sostener que la televisión es uno de los ejes tecnológicos audiovisua-
les poderosos de nuestra actual cultura, aunque ya lo hemos insinuado, cada vez más
debilitado e intervenido por las pantallas digitales (computador, celular, tablet). Por la
televisión en continua reprogramación está pasando la memoria popular y la imaginería
de masas, pues hay una producción cada vez más variada y pertinente que hace que las
culturas audiovisuales populares estén dentro del proceso de cambio que tienen que sufrir
las subalternidades. Néstor García Canclini en Culturas populares en el capitalismo (2002),
observa algo que es vigente:
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
Oralidad y visualidad
¿Qué tienen los signos orales y visuales que los emparenta en esta revolución de la infor-
mación y la comunicación sin precedentes en la historia de la humanidad? Tal vez que
son signos holísticos, simultáneos y sensuales, que apelan a los imaginarios corporales y
hacen uso de las dimensiones contextuales que los circundan. En tanto que el signo verbal
escrito es líneal, secuencial y abstracto, apela a las dimensiones contextuales que inventa e
inscribe en el texto. Si este último individualiza, carga al sujeto de una autorreflexión y una
identidad de conciencia que lo hace aparecer como el centro del mundo, la audiovisuali-
dad es más colectiva. No otra cosa vio Walter Benjamín (1982) en la reproducción técnica
del arte, la nueva sensibilidad cultural de las masas y la presencia creativa de lo popular.
Benjamín configura un nuevo sensorium al mirar que la percepción “recogida” del indi-
viduo en soledad, el observador de pintura o el lector de literatura se ha “dispersado”. Así
pues, la dispersión fragmenta y multiplica el antiguo modo cultural de la recepción lectora
performada en el “recogimiento”. Con la “imagen múltiple” que acontece en el universo
urbano, Benjamín intentó significar el montaje cinematográfico que articula múltiples
puntos de vista, de temporalidades simultáneas e instantáneas y fragmentos narrativos.
Todo esto, claro, se opone al concepto de unicidad que reclamaba la mirada clásica o el sig-
no visual tradicional anclado en el icono letrado y plástico clásico. La lectura de Benjamín
se ubica a caballo entre lo rural y lo urbano, lo simbólico y lo sígnico; la audiovisualidad,
entonces, es una experiencia híbrida.
Reeditando lo que dice Jesús Martín Barbero de los dramatizados y lo que escribe Sergei
Gruzinski en su famoso libro La guerra de las imágenes (1994), podemos decir que lo
audiovisual constituye hoy un particular espacio de mestizajes y de batalla cultural. Más
allá de los esquematismos narrativos y las estratagemas del mercado, la audiovisualidad
produce transformaciones tecnoperceptivas que posibilitan a los sectores populares, ya no
exclusivamente urbanos, apropiarse de la Modernidad sin dejar su cultura oral (Barbero,
2003, p. 318). Hoy, a lo largo y ancho de centro y Suramérica, encontramos proyectos,
experiencias y actividades realmente emancipadoras e híbridas en lo rural, canales de tele-
visión indígeno-campesinos, realizadores audiovisuales de ficción y documentalistas que
atienden desde la descolonización la crisis de la representación del conocimiento nativo y
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
la autoridad del texto etnográfico dialógico (León, 2016). Este tipo de textos audiovisua-
les logran un reconocimiento internacional y causan verdaderas transformaciones en su
territorios4.
La oralidad de la cultura popular es secundaria, como lo ha descrito Walter Ong (1987),
pues en ella ese mestizan la larga duración del relato primitivo, la ritualización de la ac-
ción y la topología de la experiencia que impone una codificación de las formas y una
separación tajante entre héroes y villanos, malos y buenos. De esta manera consideramos
que la oralidad de la cultura popular reimaginada en la audiovisualidad narrativa explora
los imaginarios heroicos, los relatos de aventuras, los cuentos de miedo y misterio que se
desplazaron del campo a la ciudad (literatura de cordel brasileña, hoy vertida al formato
de cómic y la fotonovela), el corrido mexicano que canta las aventuras de los narcotrafi-
cantes, el vallenato que fusiona el rock y el reggae, el Rap y sus variaciones rítmicas que en-
cuentra espectadores en los barrios; los dramatizados barriales, de inmigrantes y el video
musical y experimental. Sin duda, lo que hay en esta hibridación cultural que complejiza
la identidad, es una lucha por el reconocimiento, la dignidad y la voz subalterna.
Hasta hace poco todo indicaba que la comunicación oral y visual eran opuestas, tenía ar-
gumento en el momento histórico en que el alfabeto se proclamó hegemónico, enviando
a la imagen y a la oralidad a un plano vicario y moral. Pero no hay tal, si hay distinción
psicodinámica, también hay complementariedad. La imagen no es un estadio de conoci-
miento anterior o posterior a la palabra, porque no puede concebirse el uso de la una sin
la otra. Hoy la imagen retorna en el audiovisual como Hermes de entre el fuego de las pie-
dras esculpidas por el tiempo, y su retorno es potente y generoso porque apela a las fuerzas
primigenias de lo sentidos, en especial la vista y empodera desde allí las expresiones y
secretos de la cultura tradicional, ancestral y popular que solapados por ser considerados
primarios, fantasiosos, banales, sensuales y groseros, sobreviven en la imaginación de to-
dos los días o yacen hibridados en los fenómenos de masas como distracción y consumo.
Quizá es necesario insistir no tanto desde el significado (el enunciado) cuanto desde la
forma (la enunciación), el estilo, la superficie, el artificio, las sensaciones, el espectáculo, el
derroche y la diversión que busca efectos inmediatos y efímeros; aunque dicho sea de paso,
el goce se asienta en los símbolos que análoga las imágenes al interior de un contexto local
y regional. Porque al penetrar en los imaginarios locales como dialogía frente a la globa-
lización, se recuperan los contextos y su desarrollo cultural y cambio social. Partiendo de
aquí Andrew Darley en su preocupación por la cultura visual digital y sus relaciones con lo
masivo y popular, se pregunta si esta ornamentación, este estilo, este llamado espectáculo,
este vértigo que sentimos en la cultura digital popular son “conceptos inferiores desde un
punto de vista estético, o más bien se trata sólo de nociones distintas (ajenas) a las ideas
establecidas en el arte literario, clásico y moderno” (Darley, 2004, p. 23).
De suerte que el audiovisual popular ya no dibuja un sujeto colonizado y dominado, ya
no se reconoce en la comunidad incontaminada y auténtica que resiste la corrupción de la
modernidad, dejando de ser definido desde el formalismo esteticista, el normativismo de
la disyunción binaria y la ruptura vanguardista, y pasa a ser reimaginado como maniobras
formales que alcanzan lo social, como escenas de producción simbólica o tramazón entre
la huella, el icono y el signo, como un acto político de cara al reconocimiento complejo y
heterogéneo, pues como nos lo recuerda Ticio Escobar “los lindes que separaban, tajantes,
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
El poeta y etnólogo Michel Leiris recalca que es un problema de estructura mental, mien-
tras afirma que no es posible despojarse de la cultura propia para entrar e intentar hacer
parte de otra. De esta manera, propone la práctica vital en el trabajo etnográfico: dejarse
cautivar, sorprenderse y entrar en el juego dialógico del adentro y el afuera. Tener la ca-
pacidad de tomar distancia de manera consciente para analizarse a sí mismo desde fuera.
Un compromiso poético significa atravesar un proceso de conciencia en el cual se juegan
la experiencia y el conocimiento; he allí la capacidad de asombro por lo visto y vuelto a
ver, la auto-observación que implica lo sagrado de la vida cotidiana (Leiris, 1938). De
suerte que el observador y su perspectiva de observación deben ser incorporados en la
descripción. Quizá por esta razón la pregunta que continuamente debe ser subrayada es:
¿cuánta participación y cuánta exclusión son necesarias para lograr un conocimiento?
(Geist, 1997, p. 177).
Con el tiempo la etnografía audiovisual nos hizo comprender que la representación del
otro (tanto en forma escrita como audiovisual) no era sino una expresión resultado de
elecciones y criterios provenientes de una manera particular de ver las cosas, que en rea-
lidad no representaba la totalidad de cómo deberían verse. Es decir, ver equivale a tener
una intención e, incluso, obliga a ver con un interés determinado. De suerte que, una vez
la etnografía audiovisual toma relevancia, comienza a aportar modos de registrar al otro,
maneras diferentes de contactar, comunicar, intercambiar y expresar su mundo social;
porque hay tantas formas de vivir como de mirar, de registrar, de escribir al otro y su
entorno. Aquí vuelve el tema de la subjetividad presente en toda investigación audiovisual
de carácter socio-antropológico, pues hay muchos que niegan la legitimidad científica a
la representación audiovisual como modo de producir y vehicular conocimiento (Geist,
1997, p. 110).
Las producciones audiovisuales que nos rodean y configuran no solo las leemos e inter-
pretamos, sino que las escribimos y las creamos. Los textos audiovisuales hacen parte de
nuestro proceso cultural, constituyen nuestro universo simbólico y configuran nuestra
realidad interna, conforman nuestra subjetividad. Las narrativas audiovisuales nos ayu-
dan a representar el mundo, explicarlo y experimentarlo. No obstante, no olvidemos la
mediación creativa. Así, por ejemplo, en Etnografías contemporáneas III, Myriam Jimeno
plantea que la narrativa traduce la experiencia en relatos codificados culturalmente. Esto
quiere decir que las narrativas, al ser construidas por sujetos o por colectividades según su
sistema de significación y sus propias experiencias históricas, pueden ser leídas y escritas
por agentes exógenos (investigadores, escritores, curiosos); sin embargo, “la condición es
que se evite la ilusión naturalista del relato y que se pueda acceder a su entramado de sig-
nificación” (Jimeno, 2016, p. 14).
La audiovisualidad tiene efectos reales sobre las relaciones sociales y el medio natural en
que esos comportamientos tienen lugar, impone de manera contundente o solapada una
percepción de los pueblos y las etnias y cohesiona, deriva o distorsiona nuestra propia
identidad (Ardévol y Muntañola, 2004, p. 14). Estamos muy acostumbrados a elaborar
conocimiento con textos escritos, pero no con textos audiovisuales. Si a los primeros se
les asegura una elaboración cognitiva, a los otros se les achaca emocionalidad, como si la
emoción no fuera esa otra posibilidad humana constructora de conocimiento.
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
La investigación-creación
Quizá ya estamos en el umbral del sueño de Leibniz, según el cual los símbolos matemá-
ticos liberarían la imaginación. Lo digital es ese link que conecta a la cultura audiovisual
con los imaginarios creativos de los sujetos sociales, llámense masivos, populares, tradi-
cionales, de elite, o como sea. Ya no es posible ver como a través de un cristal a la ciencia,
al arte y a la tecnología separados, irreconciliables, divididos por un espacio inalcanzable;
ahora ese cristal que nos dividía nos une en una exposición surreal de luces e imágenes.
Los saberes rodean las vitrinas desde el deseo y el consumo, desde la identidad y la dife-
rencia, desde lo público y lo privado.
Todo proyecto moderno intenta ir de la creación abstracta a la acción creativa pasando por
una urdimbre de indagaciones. Se busca liberar la imaginación pero ejerciendo un control
investigativo. Dentro de la ejecución de la producción misma se lleva a cabo la investi-
gación, por ejemplo para el caso del video, el audiovisual, la multimedia, etc. No se trata
exclusivamente de una producción audiovisual al margen de un planteamiento teórico o
viceversa, sino que la fase teórica queda incorporada en el proceso creativo. Bien lo dice el
profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Fernando Zalamea Traba,
al referirse a la dinámica combinatoria de inteligencia y emoción que dio vida al museo
Guggenheim en Bilbao:
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
consumo. No olvidemos –en la línea de Marcel Mauss recuperado por Marinas (2001, p.
18)– que el consumo al abarcar la totalidad de los espacios de la vida y las dimensiones de
la persona, es también un hecho social total. Desde este punto de vista, lo estético ya no
esta restringido a la participación de lo “bello” y “agradable”, sino que es también la expre-
sión de aquello que resiste el embate comunicativo, trazando la experiencia, las reflexiones
sobre las prácticas de representación y los procesos creativos situados en la emancipación
de las diferencias. Las experiencias estéticas son manifestaciones de la capacidad humana
para encontrar dignidad en sus acciones, dado que más allá del adorno y el entretenimien-
to hay potenciación de la sensibilidad y nuevo conocimiento que surge.
Notas
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
fico indígena-campesino-obrero del Guaviare canalizado a través del Fondo Mixto de Cul-
tura, Guillermo Monteferte en México, Martha Rodríguez en Colombia.
5. http://xurl.es/jvb9z / www.eltelegrafo.com.ec (Consulta: 03/11/2017)
6. Nanook of the North (Nanuk, el esquimal) es un largometraje cinematográfico de 1922
de género documental dirigido por Robert Flaherty (Míchigan, 1884 - Vermont, 1951).
Este film está considerado como el comienzo de la etnografía audiovisual, no solo porque
recoge el diario vivir de una familia en el Ártico, sino porque el director interviene en la
grabación reelaborando las escenas para mostrar la grandeza de los personajes antes de
que el hombre blanco invadiera su cultura. La escasa neutralidad del documental sede
ante la reflexividad y relatividad de la narrativa que pone en jaque el conocimiento positi-
vista. https://es.wikipedia.org/wiki/Nanuk,_el_esquimal consulta: 03/07/2016
7. El caso de Mead y Batenson es que se demoraron en pasar de la descripción a la na-
rración, su formación científico positivista no los dejó ver la ostensión del dispositivo; sin
embargo, Margarte Mead en 1952 edita registros hechos en 1934 y 1937 y realiza el film
Trance an dance in Bali, donde pone en escena y narra (la voz en off es de ella) un mito
balinés popular teatralizado. Pero aun es más sorprendente, el uso de un efecto especial de
cámara lenta intentado con ello advertir al espectador de detalles y sutiles movimientos.
El reconocimiento de la subjetividad en la investigación ha tenido inicio. Otro documen-
talista etnógrafo importante es el francés Jean Rouch, quien fundó la antropología visual
y propuso el cine directo centrando su atención en ¿Cómo filmar al otro? y como disponer
La cámara entre los hombres. La cámara no solo como registro sino como comunicación,
expresión, contacto e intercambio. Rouch expone al otro no tanto mostrándolo o expli-
cándolo, sino intentando legitimar su valores, creencias y discursos (Guarini en García y
Velasco, 2011, pp. 101-103).
Bibliografía
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
Abstract: I intend to integrate the ethnographic narrative of the image –film and video
technologies fundamentally– to popular culture re-imagining it from the new audiovisual
regimes, knowledge and practices that involve creators and receivers, producers and con-
sumers. I ask the popular not from its definition or rise as the history and social theory
does, but stressing some theoretical strategies and practices that generate experience and
shape subjectivity. In short, I propose some access roads to understand how the popular
operates and is transformed into a device of thinking and creative action. Finally, rather
considering the popular media as a field of study, I propose an approach to an interdis-
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Julio César Goyes Narváez Audiovisualidad, cultura popular e investigación-creación
ciplinary place in which we can discuss its essentialism and universality, trying to under-
stand the past visual turn and the nowadays.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Resumen: Se relatará acerca del proyecto Mesa radicante que fue una experiencia enmar-
cada dentro del proceso del proyecto Huerta que mediante diversas estrategias estimula la
emergencia de narrativas del territorio buscando hacer visible en la imagen la situación, el
lugar y las acciones, y establecer un vínculo entre lo rural y lo urbano.
(*) Trixi Allina Bloch: artista y antropóloga, artista independiente con una larga trayec-
toria académica en la Universidad Nacional de Colombia; desde el ejercicio sobre lo foto-
gráfico y sobre la imagen desarrolla desde hace varios años procesos en arte colaborativo.
Ritmos
¿qué se espera?
¿qué se debe esperar?
Sorpresas, marcas
¿de qué manera se construyen?
El espacio se comunica, nos comunica, nos habla,
se deja ver, se dispone, se despliega y configura.
(Paisaje leído)1
Mesa radicante es una experiencia enmarcada dentro del proceso del proyecto Huerta que
mediante diversas estrategias estimula la emergencia de narrativas del territorio buscando
hacer visible en la imagen la situación, el lugar y las acciones, y establecer un vínculo entre
lo rural y lo urbano.
Desde el año 2014 la huerta se instala en proceso mediante el formato colaborativo, cons-
tituyéndose en una plataforma de exploración estética en el ámbito de las relaciones entre
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
arte y vida con énfasis en las redes de circulación, intercambio y reciprocidad de la coti-
dianeidad rural.
El objetivo central del proyecto, poniendo la práctica artística relacional y colaborativa al
servicio de la producción de imágenes, consistió en instalar una experiencia colectiva sobre
las huertas y el mercado, y más allá de la discursividad sobre la vida cotidiana y la produc-
ción y circulación de alimentos en su entorno, se propuso captar mediante diversas ma-
terialidades de la imagen, las cualidades de su contexto e interacciones para devolver a las
comunidades –actores del proyecto– un ejercicio performativo de exposición de arte in situ.
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
pensar desde el inicio no sólo la relación entre potencia y acto, entre lo posible
y lo real, sino también a considerar de manera nueva, en la estética, el estatuto
del acto de la creación y de la obra y, en política, el problema de la conserva-
ción del poder constituyente en el poder constituido (Agamben, 2007, p. 367).
Proceso-reflexión
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
La exploración tomó como directriz las formas de circulación y movilidad que hoy per-
miten a los campesinos de los municipios de Tinjacá, Ráquira y Sutamarchán4 interactuar,
dado que hoy se opera una gran transformación ‘administrativa’ en las plazas de mercado.
Éstas desde la Colonia fueron instituidas no sólo como lugares para el intercambio de
productos sino como modos de encuentro que sostuvieran las redes solidarias comunales;
de esta manera, intercambio y encuentro se ligaron como actividad a la vida doméstica y
hortelana/agrícola.
Se desarrolló un proceso que dando lugar a una imagen de sí, retornaría a la comunidad
y a sus actores. Se hizo seguimiento a las dinámicas de articulación con la huerta como
núcleo cultural de la vida doméstica; alrededor de los alimentos, el salón comunal, las
rutas y el transporte, y la plaza de mercado, se manifestaron como escenarios políticos del
encuentro y las transacciones sociales, simbólicas y económicas.
La conexión entre nodos del territorio, integrados al horizonte del paisaje, dibujó un per-
fil, mostrando sus texturas y visibilizando experiencias a los propios actores que los viven
y los actualizan día a día inscribiendo sus marcas, huellas y presencias como labriegos. Nos
referimos al aquí y ahora y sin embargo encontramos que, al no abordar explícitamente
un pasado narrado, fueron las fricciones mostradas durante los encuentros y los comen-
tarios los que, manifestando el presente, llevaron a los participantes a plantear preguntas
y reflexiones sobre su paisaje y su destino.
Entendimos que un proceso de reflexividad animó la mirada sobre sí pues introdujo en el
lenguaje el acto de suscitar ‘comentarios’ enlazados al repertorio de significados y sentidos
propios del lugar.
“La imagen no sólo presenta algo sino que quien mira hace un movimiento de co-pre-
sentación del mismo gesto de presentar”, Según Menke, citado por Romina Conti (Conti,
2014, p. 10).
Los medios locales, entre ellos el ´voz a voz´, la comunicación telefónica, las visitas, los im-
presos como recordatorios de los encuentros también fueron sustanciales para las dinámicas
de interacción de estos procesos. Sin embargo, más que confirmar hechos se manifestaron
incertidumbres al incluir ‘temas difíciles’ que no se verbalizan en su cotidianidad habitual.
Registramos que, desplazados los animales como medios de transporte y trabajo, el ca-
mión repartidor hoy se instala como mercado o ‘servicio a domicilio’ –como lo llaman
ellos–, afirmando que viven una cierta ‘mímesis’ con los procesos urbanos; el camión hace
las veces de mediador trashumante entre veredas y municipios a la vez que des-plaza la
producción y las mercancías, re-localiza los encuentros y los intercambios entre actores
de una vereda y otra, de un municipio a otro. En el año 2016, dentro de las observaciones
preliminares del proyecto, hicimos una visita a ‘la Plaza de las Sepulturas’ vereda Ermita-
ño-Sutamarchán, lugar del que habíamos sido informados que funcionaba un mercado
veredal. En esa ocasión al llegar al lugar, encontramos un espacio dispuesto como plaza de
mercado tradicional pero notamos la ausencia de puestos de mercado. En su lugar, varios
camiones de transporte de alimentos estaban parqueados de manera que la gente podía
acercarse y comprar en el camión verduras y otros.
Había un vendedor de ganado en pie que quería vender un buey y un grupo de personas
se reunía para dialogar mientras bebían una cerveza frente a una caseta de latón que fun-
cionaba como tienda5.
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Al regresar, durante la acción Radicante, en 2017, sólo encontramos las huellas de la vida
del mercado que habíamos conocido el año anterior; ahora, el lugar seguía siendo utili-
zado para compra y venta de alimentos pero sólo desde uno o dos camiones que vendían
a menos de diez personas que se acercaban a comprar. La tienda de cerveza, cerrada y las
personas muy renuentes a relacionarse con ‘esos extraños’ que llegábamos a interactuar en
este espacio que había dejado de ser de ‘encuentro’.
Lo actual en la vereda Ermitaño del municipio de Sutamarchán es que el camión-plaza
borre fronteras, participe y represente la emergencia visible de un tejido-red de la cultura
transveredal que circula por los caminos y así nos lo había anunciado Eutimia Coy el año
anterior estando con ella en la Plaza de las Sepulturas.
En este contexto, los mercaderes recorren carreteras terciarias y caminos veredales; apoyan
y vinculan zonas y comunidades alejadas y facilitan a los campesinos aliviar las pesadas
cargas de alimentos y productos que se transportan entre periferias y zonas urbanas. Sin
embargo, las plazas de mercado aún siguen siendo lugares donde se expresan metáforas
fundacionales de la cultura –estructura, roles, dramaturgia, montaje, fuerzas protagónicas
y antagónicas, conflictos, etc.– parecerían campos de resistencia que las administraciones
locales urgen adaptar a nuevas formas de encuentro como son las canchas de juego cons-
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
truidas sobre sus cimientos, mientras que en virtud de los cambios económicos y sociales
del país, el mercadeo y la movilidad se activan por los ingeniosos comerciantes locales y
ocasionales capitalistas foráneos.
Es decir que, las redes de distribución participan de un fenómeno de DES-PLAZAMIEN-
TO mediante el uso del transporte veredal repartidor, el distribuidor y comercializador de
alimentos, entre pequeños productores y consumidores rurales; dinámicas que inciden
también en los desplazamientos sociales y de la cultura.
Las reuniones y charlas con actores locales han sido grabadas por medio de audio, fotogra-
fía y video. Los documentos resultantes se convierten en huellas de memoria y a la vez son
la imagen de sí mismas que se devuelve a las comunidades y sirven para impulsar una es-
trategia no solo de difusión sino de pensamiento centrado en la realización de exposiciones
e intervenciones en diferentes lugares relacionados con el patrimonio, el arte, la cultura.
Lo visual colaborativo
Promover la curiosidad por ver, mirar y sentir nuestros entornos, referir el espacio del arte
a la vida cotidiana, poner la sensibilidad a favor del conocimiento y potenciar la creación
y el encuentro en virtud de la relación estética (Bourriaud, 2008, p. 106) y su incidencia en
la vida comunitaria, anima las prácticas artísticas y colaborativas que establecen vínculos
entre las maneras de ser y los modos de hacer (De Certeau, 1999, p. 80). Entre la fotografía,
el audio y el video con nuestros paisajes sociales y territorios culturales se movilizó el de-
seo y el intercambio al interior del entorno social y con el entorno físico.
Para Bourriaud (2008, p. 13),
La posibilidad de un arte relacional –un arte que tomaría como horizonte teó-
rico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social, más que la
afirmación de un espacio simbólico autónomo y privado– da cuenta de un
cambio radical de los objetivos estéticos, culturales y políticos puestos en juego
por el arte moderno.
Esta concepción, ‘desterritorializa’ el acto creativo del capital y expande los límites del arte
que ahora escapa de instituciones y circuitos legitimados para instalarse en la experiencia.
Por su parte, Michel de Certeau, centra su reflexión sobre el lugar de lo estético en la com-
prensión de las maneras de hacer cotidianas que marcan una diferencia entre la población
consumidora de bienes culturales y los productores de esos bienes (De Certeau, 1999, p. LI)
Situados en esta aproximación a la experiencia en el arte, dotado de aspectos tanto íntimos
como comunes, dimos apertura a la creación de mundos posibles, de imaginarios que
conciernen a la vida común y a la producción de múltiples perspectivas, tonos, texturas y
cualidades.
Dada la singularidad, se legitiman convergencias, contra-dicciones y trans-formaciones
en el transcurso y desarrollo del proceso. Considerando que el artista actúa en defensa
de lo íntimo, desde aquellos lugares que pertenecen al territorio de lo público: la plaza de
mercado, lo común; la huerta, lo doméstico; el salón comunal, lo comunitario, introduce
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Documentos
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Si se piensa en los medios masivos, éstos son orientados por las dinámicas y lógicas del
entretenimiento y la información. Para Benjamin, la información nos aleja del mayor po-
tencial de la comunicación: el intercambio de experiencias. En la medida en que los relatos
de los medios audiovisuales sean más generales y concretos, se alejarán más de esa posibi-
lidad de narrar y se quedarán en el ámbito superficial de informar.
El objetivo de estos actos fotográficos, NO ha sido informar ni exaltar las virtudes esteti-
cistas, ni las texturas rítmicas de un artesano tejedor, por el contrario, plantean compartir
una imagen que capta las singularidades del territorio habitado por el cuerpo-rostro, des-
plazando un lenguaje que apenas trace los bordes de la imagen.
Escritura
Exponer o compartir la imagen es devolver un texto que ha sido escrito ‘en colaboración’;
entendemos que ésta es la condición de posibilidad para que un sonido, una fotografía,
una imagen en movimiento, desarrollen su potencia, resuenen con el interés de situar una
imagen de sí.
Instalar un diálogo entre el sujeto protagonista y el sujeto que “registra” es el punto 0 a
partir del cual se implica no solo la producción de la imagen, sino también la lectura como
un ejercicio colectivo; colectivamente nos referimos al mismo texto/imagen, aunque cada
experiencia sea individual; la lectura, que paradójicamente se dispone al colectivo, se hace
individualmente como un acto de afirmación de quien lee; cada quien lee, interpreta y
estructura sus propios significados, y a la vez que estos significados pasan por un registro
colectivo, nos permiten interactuar, reconocer-nos, identificar-nos y situar-nos. La ima-
gen-texto cuya finalidad no es informar sobre un asunto específico, convoca a cada uno de
los actores vinculados con el territorio/paisaje a que desentrañen sus propias narrativas y
que seguramente encuentren aspectos resonantes entre ellos mismos y con otros ‘especta-
dores’… Es así como, las múltiples capas de sentido que se desentrañan al leer la imagen,
tienden a vincular más que a cumplir con un objetivo; no es necesario un narrador exter-
no que sirva de mediador entre la realidad y lo que la imagen capta.
¿Cómo disponer y desplegar el paisaje para que deje de ser una ‘figura’ que des-cribe con
líneas el horizonte lejano y mudo a los ojos?
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
conductor se puede ver la vegetación que está en el borde del camino. El verde
y la luz del sol contrastan con la oscuridad interior del vehículo.
Hay un cambio de plano; ahora el mismo hombre, con sombrero, está parado
frente a un campo amplio; al fondo se ve el cielo azul, con algunas nubes. Hay
pequeñas montañas y el color del paisaje tiene varios matices de verde. Es una
hondonada que parece muy fértil; en la mitad, un ojo de agua. De nuevo un
cambio de plano.
Un carro amarillo, tipo “campero” está estacionado bajo un techo que se sostiene
por columnas de metal. Tras al carro, una mujer, vestida de bluyín y saco negro,
con botas de tacón y un sombrero, está parada; al lado, dos perros. En una banca,
al lado del carro, hay una bolsa plástica con algo dentro. La puerta trasera del
carro cubre casi todo el cuerpo del mismo hombre que entrega algo a la mujer8.
Imagen de sí
Los recorridos entre plazas, caminos y huertas nos han permitido, por medio de aparatos
de registro, realizar una documentación de la experiencia.
La huella de esta experiencia se refleja ahora en una ‘colección’ compuesta de piezas foto-
gráficas, de video y de audio: una colección en donde se puede ‘mirar’ el resultado de lo
que ha ocurrido en el camino, en la ruta. Este reflejo-huella no es la huella del tiempo sino
de la experiencia, corresponde a la aparición de una imagen constituida por contigüida-
des, por semejanzas y posiblemente vinculaciones afectivas y evocación de ‘un recuerdo’:
es el síntoma que irrumpe en la colección y la estalla en múltiples sentidos.
De manera que estos documentos coleccionables y expositivos son más que referencias
descriptibles de un paisaje; son mucho más que retratos de la realidad y de sus actores;
son “la aparición de un síntoma que irrumpe y resiste a la observación banal” dice Didi-
Huberman (2011, p. 63). Quien mira la imagen “compone duraciones múltiples, tiempos
heterogéneos y memorias entrelazadas”, es decir, que nuestro ‘espectador’ (que pudo haber
sido también uno de los protagonistas) situado ante el abismo de su propio paisaje, lee un
relato propio. Lo comparte.
Nuestra experiencia en la acción consistió en exponer las imágenes de manera que las
fotos se pudieran manipular, tocar, comentar, circular… y estuvieron contenidas en “cajas
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Ahora, la cercanía con la imagen, el poderla compartir, hacerla pasar de una persona a
otra, permite que haya un re-conocimiento communitas. Se activan pensamientos y sensa-
ciones que resuenan en grupo sobre el entorno que se habita. Los cuerpos no están en el
paisaje; el paisaje llega desde la imagen, a visitar los cuerpos.
Como expresamos anteriormente, la relación con la imagen trasciende lo visual y se vuelve
táctil. La imagen incluye al cuerpo y activa el espacio. No son imágenes dispuestas para
sobre-cogerse con ellas sino para que entren en el espacio de quien mira. Es la misma ló-
gica de la mirada táctil a la que Benjamin (1989, p. 90) refiere para el cine. La foto permite
pensar porque es móvil, y al ser móvil no entra en el registro de la mercancía sino en el de
los bienes comunes.
Para el espectador la distancia con la imagen no diferencia a quien observa de la cosa
observada. La imagen implica a las personas. Esto se materializa, según Didi-Huberman
(2008, p. 66), en lo que Benjamin, admira de la imagen en la Pequeña historia de la fo-
tografía: la posibilidad de “ofrecer una experiencia y una enseñanza”; no en el sentido
didáctico sino en el del reconocimiento del propio entorno en la imagen. No es una iden-
tificación, es la capacidad de “ver sintiéndose mirado”; de “perdurar, permanecer, habitar
un cierto tiempo en esa mirada-ahí, en esta implicación”.
El sujeto no ve su yo en la imagen; más bien puede decir quien está en la imagen podría ser
yo; la implicación mantiene la tensión sin explicar. La imagen es una presencia implicante
porque quienes la miran comparten sentidos y vínculos.
La colección de imágenes (foto, video y sonido) se ha convertido en un archivo vivo: una
serie de piezas que dibujan el mapa de la región desde los sentidos. El archivo cobra vida
cuando se exhibe y circula; cuando irrumpe en la cotidianidad de un espacio público y se
hace común.
Una característica de esta colección es la errancia, pues se ha construido en el camino radi-
cante; el carro, la carretera y el recorrido permitieron el encuentro para su producción. Aho-
ra, el sentido de la mirada en el paisaje es relacional y se consolida con la circulación, permite
que el paisaje no se imponga como forma sino como experiencia; esta imagen es sentido.
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Performatividad de lo visual
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Ante una imagen –tan reciente, tan contemporánea como sea–, el pasado no
cesa nunca de re-configurarse, dado que esta imagen solo deviene pensable en
una construcción de la memoria, cuando no de la obsesión. En fin, en una ima-
gen tenemos humildemente que reconocer lo siguiente: que probablemente
ella no sobrevivirá, que ante ella somos el elemento frágil, el elemento de paso,
y que ante nosotros ella es el elemento del futuro, el elemento de la duración.
La imagen a menudo tiene más memoria y más porvenir que el ser que la mira
(Didi-Hubermann, 2011, p. 32).
Notas
Referencias
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Trixi Allina Bloch y Alejandro Jaramillo Hoyos Mesa radicante: experiencia e imagen
Abstract: This paper will tell about the Mesa radicante project that was an experience
within the process of Proyecto Huerta that stimulates the emergence of narratives about
the territory through different strategies looking to make visible through images the situ-
ation, the place and the actions, and establish a link between the rural and the urban.
Resumo: Será relatado sobre o projeto Mesa Radical que foi uma experiência enquadrada
no processo do projeto Huerta que através de várias estratégias estimula a surgimento de
narrativas territoriais buscando tornar a situação, o lugar e as ações visíveis na imagem, e
estabelecer um vínculo entre o rural e o urbano.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Esmeralda Hernández Toledano y Luis Martín Arias El cine como modelo de realidad (...)
Resumen: Toda película susceptible de ser analizada puede ser considerada como un mo-
delo de realidad. Y toda película –o toda buena película– es un documento de nuestro
propio psiquismo, de las fantasías que constituyen nuestra subjetividad. Para ilustrar esta
hipótesis, hemos elegido como objeto de estudio “El”, de Luis Buñuel, película rodada en
México en 1953. Nuestro objetivo principal es llevar a cabo, teniendo en cuenta la Teoría
de las “Funciones del Lenguaje”, un análisis textual de lo que de ‘poético’ hay en la película,
descartando las otras funciones lingüísticas, la científica y la ideológica; considerando que
la imagen ha de ser pensada en tanto que componente esencial del Lenguaje.
(*)
Doctoranda de la Universidad de Valladolid. Máster en Investigación de la Comunica-
ción como Agente Histórico-Social por la Universidad de Valladolid.
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Sin embargo, este punto de vista llevó a Rorty a insinuar una conclusión ideológica que ha
aportado fundamentación filosófica al auge (en los EE. UU., primero, y en Europa y el res-
to de América, después) de la ingeniería social, encaminada al sometimiento del Lenguaje
a lo políticamente correcto. Así, Rorty afirma, y con esto ya se diferencia plenamente de lo
que nosotros proponemos mediante la idea de “contrapolítica” (Martín Arias, 2016), que
el repetidamente mencionado giro impone “el punto de vista de que los problemas filo-
sóficos pueden ser resueltos (o disueltos) reformando el lenguaje” (Rorty, 1998), mientras
que para la contrapolítica, en cambio, tal “reforma” es imposible en lo que se refiere a las
estructuras lingüísticas profundas, o bien resulta banal, afectando solo a la función super-
ficial (e ideológica) del Lenguaje. Y es que, para Rorty, tras una aparente deducción lógica
(en realidad ideo-lógica), si la realidad no está dada ni predeterminada fuera del Lenguaje,
sino que se crea desde el propio Lenguaje, esto conlleva que dicha realidad puede modifi-
carse en su interior, mediante la mencionada reforma lingüística. Por eso, evolucionando
hasta el posterior optimismo sobre la eficacia de la manipulación lingüística, mediante los
“cultural studies” y lo políticamente correcto, este “giro” ha supuesto el refuerzo definitivo
de un relativismo ciertamente pernicioso, cuya crítica y desenmascaramiento forman par-
te del objetivo principal, en el ámbito gnoseológico, de la contrapolítica que proponemos.
Pero lo que ahora nos interesa es que, más allá de sus perniciosos efectos colaterales ideo-
lógicos, a partir de la asunción del giro lingüístico podemos plantearnos qué es eso que
llamamos “la realidad”. Para ello, nos tomaremos en serio la alegoría que propuso en su
momento la película “Matrix” (1999) de los, por entonces, hermanos Wachowski (ahora
se definen como hermanas, tras un cambio de “género”). El título de la película se refiere a
una especie de matriz (en todos sus significados: como metáfora del útero materno, como
estructura o soporte y como concepto matemático), que no es sino la misma realidad en
la que vivimos los seres humanos, un mundo virtual creado por un programa informático.
De tal forma que, lo que creemos que es nuestra vida cotidiana consciente, todo nues-
tro entorno incluidos nosotros mismos, no es nada más que aquello que elabora nuestra
mente y que, a partir de ahí nuestro cuerpo siente empíricamente, como resultado de las
señales eléctricas que ese superordenador, al que estamos conectados desde que nacemos
sin ser conscientes de ello, nos envía al cerebro.
Esta fantasía se justificaba, lógicamente, a partir de la excusa argumental que le brindaba el
ser una película de ciencia - ficción, pero dejemos de lado esa parte imaginada, propia de
una película de género y vayamos más allá, trascendiendo los efectos especiales y las espec-
taculares escenas de acción, intentando ver que si dicha fantasía nos impacta como narra-
ción es porque esconde un fondo de verdad; contiene algo reconocible que el espectador,
más o menos explícitamente, percibe como verosímil, ya que esta historia futurista remite,
fuera ya de su entorno de género hipercodificado por el cine comercial, a esos momentos
subjetivos en los que todos hemos tenido –aunque haya sido de manera puntual y muy
esporádica– la extraña sensación de vivir como en un sueño, de tal modo que el mundo
empírico perdía su consistencia y fundamento, haciéndose más artificioso e impostado.
Pues bien, vamos a proponer a partir de ahora, como hipótesis de trabajo, que lo que, en
la alegoría de la película de los/las Wachowski, es nombrado como “Matrix” podemos
encontrar una pertinente metáfora del Lenguaje humano, de esa estructura que efectiva-
mente nos envuelve y nos atrapa por completo desde antes de nacer, en su condición de
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dera conciencia (ética) frente a la falsa conciencia (moral) que nos suministra la ideología
es el dilema del ser humano.
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relación con el cine de los Lumière, siempre se ha señalado que la “impresión de realidad”
que producía la “fotografía del movimiento” es lo que explica su éxito. El cine sería así una
mera apariencia, un simulacro de la realidad. Pero si, como hemos señalado, para noso-
tros la realidad es un hecho de lenguaje, su apariencia, su impresión en el celuloide es, así
mismo, otro hecho de lenguaje (la película). Por tanto, la novedad radical y profunda del
cine, es que nos desvela, mediante un reflejo especular, es decir provocando una reflexión
en sentido estricto, que la realidad es una impresión que se produce en nosotros, seres
hablados y hablantes desde y por el Lenguaje.
La película nos desvela, de manera explícita, que esa apariencia que es la realidad está
hecha, en un porcentaje muy importante, de significantes que llamamos imágenes. Por
tanto, y esta es la hipótesis de este trabajo, toda película que merezca la pena analizar (las
grandes obras de la historia del cine) puede ser considerada como un modelo, asumible y
hasta cierto punto manejable, de realidad; un modelo en el que podemos explorar la im-
portancia de las imágenes. Toda buena película de ficción, incluso de ciencia-ficción como
“Matrix”, es un documental, es decir un documento de nuestro psiquismo, una prueba
de cómo funciona nuestra mente, de las fantasías esenciales que constituyen nuestra sub-
jetividad. Para comenzar a ilustrar y verificar esta hipótesis proponemos el análisis de la
película de Buñuel que hemos elegido en esta ocasión.
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Este método de análisis quedó bien definido en un artículo del mencionado autor (Gon-
zález Requena, 1996), que sostiene que el Lenguaje está estructurado en tres registros: ‘lo
real’, ‘lo imaginario’ y ‘lo real” y una dimensión, la de “lo simbólico”. Siguiendo la pro-
puesta de Requena, que modifica la inicial de Lacan, entendemos, por tanto, que en las
imágenes que, como ya hemos señalado, forman parte esencial del Lenguaje, se puede
analizar no sólo su componente semiótico sino también el imaginario, es decir aquel que
desde la imago interpela al espectador en el plano del deseo y en el de la seducción, es-
tando muy ligado a la identificación (Requena, 1996, p. 13). Frente a estos componentes
semióticos e imaginarios estaría el registro de Lo Real, idea que desarrolló Jacques Lacan,
y que abarcaría todo aquello de lo que nada quiere saberse, “que está más allá del Lenguaje
y que constituye la materialidad misma del mundo, no sería sino el horror, el caos infor-
me e inaccesible, de tal modo que la única verdad que puede asumir el ser humano es la
de admitir el sin-sentido, el vacío absoluto que reina en Lo real” (Martín Arias, 2015, p.
310), y que se manifiesta como “huella de lo real” (Requena, 1996), haciendo que sufra-
mos, nosotros, como espectadores, ese impacto. En el presente artículo nos centraremos,
precisamente, en este registro, en aquello que en la película tiene que ver con lo real de la
violencia, del sexo o de la muerte, pero en su relación con la dimensión de Lo Simbólico,
teniendo en cuenta que el texto artístico nos permite, precisamente, acercarnos a lo real
de una forma contenida y controlada, no destructiva ni aniquiladora y ese goce estético es
precisamente lo que hace posible la dimensión simbólica del Lenguaje.
No obstante, en esto, en abordar desde este punto de vista lo que de texto hay en “Él”, tam-
poco seríamos originales, ya que se han realizado previamente excelentes análisis textuales
de “El”, como el de González Requena (2008) o el de Pedro Poyato (1995), pero todos ellos
deudores, de una u otra manera, y debido al uso que llevan a cabo del psicoanálisis, en
tanto que teoría que ha dado lugar a un método terapéutico, de lo que podemos llamar el
“desenfoque psicoanalítico” (del que es un paradigma el “desenfoque lacaniano”). Precisa-
mente, Jacques Lacan, que utilizó la película como ejemplo de descripción de la paranoia
en sus clases y seminarios, fue una de las personas que más se interesaron por ella. Así nos
lo cuenta Buñuel:
Además, en su escrito “Kant con Sade” (1962), que debería haber sido el prólogo a “La
filosofía en el boudoir”, Lacan vuelve a hacer referencia a la película de Buñuel y al “com-
plejo de castración”.
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En resumen, esta forma de abordar la película, que podemos denominar “clínica” y con
la que no estamos de acuerdo, puesto que defendemos un uso crítico, y no clínico, del
psicoanálisis (Didi-Huberman, 2007), ve en ella un caso de locura, de psicosis paranoide.
Esta visión no deja de ser una reducción del arte al ámbito de la enfermedad mental; una
minusvaloración, por tanto, de lo estético. Por este motivo, nuestro análisis pretende dis-
tanciarse por completo de esta visión, residiendo ahí, creemos, su originalidad.
Para explicar un poco más lo que queremos decir, tomemos el ejemplo del personaje pro-
tagonista de la literatura moderna por excelencia: Don Quijote. Es obvio que su importan-
cia y perdurabilidad en el tiempo y en el espacio de diversas culturas, incluso muy alejadas
entre sí, no se debe a que pueda ser analizado como un caso clínico de locura. La psicosis
delirante de Don Quijote es una ‘licencia poética’, al igual que la psicosis paranoide y celo-
típica de Francisco (Arturo de Córdova), protagonista de “Él”. Los numerosos lectores del
Quijote han visto en su protagonista algo que es intersubjetivo, que está presente siempre,
y más allá de su contexto histórico, en el ser humano, en todo ser humano. Proponemos
ver a Francisco, entonces, no como el enfermo de una historia clínica, sino como el prota-
gonista de una historia en cuya trama, todos aquellos a los que nos gusta la película, nos
vemos, de una manera u otra, identificados.
Por tanto, una vez descartado el análisis de la ideología, del contexto histórico, y de lo clí-
nico, nos queda aquello que nos interesa: ‘lo poético’. En este sentido, nos vamos a centrar
en el análisis de la escena inicial del film como ejemplo de lo que puede ser un análisis
textual de la función poética, teniendo en cuenta que no existen textos completamente
artísticos, por lo que la mejor opción es, como decíamos, intentar separar lo poético de las
otras partes de las que se compone un texto. Resumiendo todo lo posible esta cuestión tan
compleja, diremos que esta escena expresa, al igual que la película en su conjunto, un con-
flicto subjetivo propio y consustancial a todo ser humano; es decir que esta escena apela
a lo que, parafraseando a Chesterton, podemos llamar el “Hombre Eterno”; se dirige, por
tanto, a lo que el ser humano tiene de inmutable.
Este conflicto subjetivo forma parte de una serie que subyace, inevitablemente, en el com-
plicado proceso de adquisición del Lenguaje humano. Dichos conflictos emergen secuen-
cialmente durante ese periodo dramático que podemos definir como el del “Edipo am-
pliado” (Requena, 2010), idea construida a partir del Edipo de Freud completado con la
‘escena primaria’, también expuesta por Freud, y el cuento maravilloso de Vladimir Propp,
como modelo de relato simbólico. Es durante este ‘arco edípico’ cuando se constituye el
sujeto, que habla a partir de su atrapamiento, doloroso y problemático, en la dimensión
fundadora del Lenguaje. Es decir, se trata de reflexionar sobre la capacidad que tiene el
Lenguaje para sujetar al Yo en lo simbólico, para construir su subjetividad, siendo, precisa-
mente, el Edipo ampliado “el soporte material” (Martín Arias, 2016: 330) de dicha dimen-
sión del Lenguaje, que podemos revivir a través de los textos artísticos; tal es la principal
característica de este tipo de textos.
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Se abre la primera escena de la película con el plano detalle o inserto de un símbolo cató-
lico en forma de triángulo (el triángulo, como podemos observar, se encuentra ya desde
el mismo comienzo, y en esta ocasión, de forma literal, en la película), aunque con todas
las velas apagadas, a pesar de encontrarnos en plena ceremonia del lavatorio de pies del
Jueves Santo. Esta imagen rima con el siguiente plano de tres sacerdotes descendiendo las
escaleras ante la atenta mirada del público, los mismos sacerdotes que luego impedirán a
Francisco seguir a Gloria y a su madre.
Tenemos aquí una referencia al problema que a todos los seres humanos nos plantea lo
simbólico mediante un explicitación visual de ese –hasta cierto punto– irresoluble con-
flicto entre el deseo y la pulsión, propios ambos del ser humano. Y, más allá, del conflicto
entre lo real de su organismo biológico y lo abstracto, artificioso, del Lenguaje en el que
queda atrapado desde antes incluso de nacer.
El triángulo (igual que el número tres) remite a la razón, a la lógica y al conocimiento
objetivo (recuérdese el lema que colocó Platón en su Academia: “no entre aquí nadie que
no sepa geometría”); es la referencia concreta a una abstracción razonada, a un mundo ar-
ticulado por enunciados justificados e inferencias lógicas, pero el problema está en cómo
inscribir la vivencia pulsional, el deseo apasionado, las emociones más profundas en ese
universo frío y sin brillo (las velas apagadas remiten a la ausencia de fuego, de calor). Es
decir, el problema universal y eterno del ser humano es el de cómo hacer que el cuerpo, lo
real del cuerpo, inevitablemente atravesado por deseos imaginarios y pulsiones, encuentre
su lugar y acomodo en la abstracción del significante, en la lógica gramatical, en el mundo
del Lenguaje, en definitiva.
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Por otra parte, el triángulo (y la cifra simbólica que se pone en escena con los tres sacerdo-
tes, es decir tres “padres”) remite a la estructura misma del Edipo ampliado, a ese triángulo
que no es sino la escenografía melodramática en la que discurre la novela apasionada –que
es a la vez drama escénico– en la que el sujeto se fundamenta. Pero el triángulo edípico,
especialmente en lo que se refiere a la función paterna que hace de cierre, es muy conflic-
tivo y está lleno de contradicciones. Es de esto, precisamente, de lo que nos habla conti-
nuamente la película de Buñuel. Es decir, de una verdad dolorosa que sólo puede vivirse
a través de la ficción poética, la cual, en tanto representación estética, nos permite, como
decíamos antes, un contacto mediado y contenido con lo real. Esta verdad metaforizada
en “Él” (la de la dificultad de la función paterna y lo trágico del destino del sujeto en su
afán por acomodar su pulsión en el Lenguaje racional y lógico) ya se anuncia aquí, con la
presencia inicial del triángulo y de las velas apagadas.
Después de que veamos por primera vez a Francisco, que es quien vierte el agua en la
palangana, y de que observemos como el párroco lava el pie a uno de los jóvenes, hay un
marcado movimiento de avance de la cámara, en travelling de aproximación, hasta cerrar
en escala de primer plano el rostro del cura, que está besando, con mayor delectación de la
que cabría esperar, el pie del adolescente, manteniendo sus labios en esa posición durante
unos segundos.
Seguidamente, el sacerdote repetirá la misma acción. Esta vez, sin embargo, el beso está
vinculado a la mirada subjetiva y atenta de Francisco, expresando el deseo del protago-
nista, por lo que parece alargarse más en el tiempo que el primero. El prolongado y ex-
cesivamente efusivo beso del cura en el pie del muchacho, así como la fijeza de la mirada
de Francisco, nos hablan de que, tras la irrupción de la metáfora del triángulo con las
velas apagadas, emerge aquí lo carnal, la pulsión, tanto a través de ese contacto erotizado
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entre la boca y el pie, como a partir del fuego que anida ya en la mirada de Francisco. El
conflicto entre las pasiones ardientes del cuerpo y la abstracción fría del Lenguaje emerge
merced a la puesta en escena, que la enunciación va construyendo gracias al movimiento
de la cámara y a sus posiciones para el encuadre, ya que la proximidad de la escala en la
que se representa el beso del cura o la mirada de Francisco rompe la fachada empírica y
superficial, de apariencia normalizada, que un seguimiento distanciado de la cámara del
proceso ritualizado (el lavatorio de Jueves Santo) hubiera propiciado.
A continuación, la mirada de Francisco se desplaza del pie desnudo del adolescente en
busca de otros pies susceptibles de focalizar su deseo (Requena, 2008, p. 206). Sin embar-
go, han sido esos pies adolescentes los que han excitado el deseo de Francisco. “(…) el vía
crucis del propio Francisco hacia su oscuro objeto de deseo sugiere que su ruta hacia la
mujer sólo es accesible a través del hombre” (Evans, 1998, p. 117). Esto es subrayado por
los planos paralelos de Gloria y el adolescente, especialmente cuando ambos humillan la
mirada mientras Francisco les observa.
Sin embargo, este no es sólo un problema particular del personaje de Francisco. Como
venimos señalando, el espectador no queda atrapado, identificado con la trama, porque
sea un observador objetivo y alejado de los supuestos problemas psiquiátricos de un per-
sonaje. Si la película nos atrapa es porque en ella, nosotros, como espectadores, podemos
reconocer un conflicto propio, rememorando un drama subjetivo por el que inevitable-
mente hemos pasado, en tanto que sujetos parlantes. La película, por tanto, está hecha de
la misma materia que subyace en el proceso mental y emocional de cada uno de nosotros.
En el fondo, lo que esta sucesión de planos desvela, metaforizando el conflicto, es que la
pulsión, en su manifestaciones más primarias –la oral (el beso) o la escópica (la mira-
da)– es pura energía libidinal; una fuerza que emerge independientemente de la posterior
dinámica inmanente a la diferencia sexual (que, como Freud explica, sólo la interioriza el
sujeto al final de todo este largo y complejo proceso edípico; pero que es ajena al esbozo de
la subjetividad en estas fases iniciales).
Acto seguido, la cámara, mediante travelling, va a ir de la caricia y el beso al pie del mucha-
cho, a la mirada de Francisco, que se desliza de la hilera de pies desnudos a un plano detalle
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o inserto del pie derecho, enfundado en zapato negro de Gloria que, aunque casto, no le
resta ni un ápice de feminidad, destacando el empeine y el tacón del mismo, que aparece
resaltado en la sombra y convertido, paradójicamente, en representación “fálica”. Si bien,
en un primer momento, la cámara pasa de largo, acto seguido retrocede y, al igual que la
mirada de Francisco, se detiene en los pies de Gloria.
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mirando a Gloria de forma insistente, completamente arrobado por el brillo de ella. Llega-
dos a este punto, la teoría del estadio del espejo de Jacques Lacan resulta muy útil, puesto
que, según dicha teoría, la conciencia del yo nacerá “por identificación de la imago que el
otro le brinda” (Lacan, 1983), permitiendo que el ‘yo’ se vea en ella, pero sin diferenciarse
aún de la misma. Esta primera identificación será fundamental y enlaza con las distintas
identificaciones que irán teniendo lugar después.
Y es que estamos en ese momento del Edipo que es el del narcisismo primario:
Por eso, Francisco caerá en una angustia extrema cada vez que desaparece Gloria, especial-
mente cuando esta decide, al fin, huir de casa.
Además, esta escena inicial, donde se ven por primera vez los protagonistas “Se siente la
fascinación entre el gavilán y la paloma, ¿verdad? Allí comienza la pasión de Francisco”
(Pérez Turrent Y Tomás, 1993, p. 61), desprende un fuerte aroma fetichista, como todo
el resto de la película, y como muchas de las obras de Buñuel, siendo algunos ejemplos
representativos: Viridiana (1961), Tristana (1970), Diario de una camarera (1964), La vida
criminal de Archibaldo de la Cruz (1955) o La Edad de Oro (1930)…
Esta emergencia explícita del fetichismo resuena en los espectadores entregados a la pelí-
cula porque pone en escena, metaforizado, un conflicto propio y subjetivo de todos y cada
uno de nosotros, vívido, excitante, de sumo interés para el espectador, más allá de toda
supuesta observación objetiva de un “caso clínico”, que ni emociona ni produce identifi-
cación de ningún tipo.
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Para el sujeto que se construye en el Edipo, del cual Francisco es aquí un representante
o delegado actancial, el fetichismo es una especie de protección frente al ‘complejo (y la
amenaza) de castración’. El fetiche permite, tanto al sujeto femenino como masculino, que
se está constituyendo en el Lenguaje, negar lo real de la castración que la conciencia de
la muerte, a través del Lenguaje precisamente, va haciendo angustiosa e inexorablemente
presente. El fetichismo, por tanto permite dejar provisionalmente de lado el horror que
produce el sexo femenino (Freud, 1979), origen de nuestra vida (y testimonio insoslayable
de la muerte que nos aguarda). Por eso, la podofilia permite que el deseo imaginario fije
su energía libidinal en un objeto parcial del cuerpo del otro, en el pie; un objeto de deseo
desplazado, alejado (está justo en el extremo inferior) del sexo femenino.
Y es que el uso del pie como fetiche se inscribe dentro de ese polimorfismo perverso que se
manifiesta en todos los niños, en todos los sujetos, que están aún en construcción durante
el proceso del Edipo, y que les lleva a practicar todas las trasgresiones posibles (Freud,
2015, p. 71). Así ocurre con la sexualidad de carácter homosexual en los varones, que
permite de nuevo eludir parcial y provisionalmente el horror al sexo de la madre, en tanto
que explicitación de lo real de la castración; siendo este un aspecto de la sexualidad poli-
morfa de todo sujeto que Buñuel deja entrever en varias escenas del film, especialmente
en aquella en la que Francisco acude en mitad de la noche al dormitorio del mayordomo y
se sienta a los pies de su cama mientras solloza y le dice: “Pablo, soy muy desgraciado. En
estos momentos necesito alguien que me quiera y que me comprenda”.
En la escena inicial, que estamos ahora analizando, es en las imágenes de los pies de los
muchachos a los que el cura lava y besa los pies, donde se reúne y articula el fetichismo
(podofilia) y el polimorfismo homosexual. Por eso, esta escena nos confronta con las ver-
dades incómodas propias del momento en el que nace el deseo en lo imaginario, en la fase
de construcción narcisista del yo: “De hecho, en el orden imaginario, narcisista, la diferen-
cia de los sexos resulta a la vez intolerable e improcesable. Pues la imagen de plenitud nar-
cisista sobre el que el Yo se ha asentado no tolera diferencia alguna” (Requena, 1996, p. 23).
En resumen, mediante el análisis minucioso de estas pocas imágenes que configuran la
escena inicial, hemos ido desplegando los conflictos subyacentes que posibilitan el pro-
ceso de identificación del espectador con la trama narrativa de la película; ya que dicha
identificación no es verosímil que se produzca con un “caso clínico” de delirio de celos o
de psicosis paranoide (¿a quién puede interesar tal cosa, salvo, quizá, a aquellos psiquiatras
parisinos que Lacan llevó a ver “Él”?). Por el contrario, dicha identificación se produce en
tanto el espectador reconoce, reconocemos, en la película de Buñuel nuestros propios con-
flictos subjetivos y las fantasías que los han acompañado durante el proceso edípico que
estructura esa dimensión fundadora del Lenguaje que nos hace sujetos. De este modo, “Él”
se nos ofrece como un modelo adecuado para explorar, desde el análisis de las imágenes,
la realidad psíquica que habitamos.
Referencias bibliográficas
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Abstract: Every film liable to be analysed can be considered as a model of reality. And
every movie –or any good film– is a document of our own psyche, of the fantasies that
constitute our subjectivity. To illustrate this hypothesis, we have chosen as object of study
the film “The”, of Luis Buñuel, shot in Mexico in 1953. Our main goal is to make a textual
analysis, taking into account the theory of the “functions of language”, of the ‘poetic’ con-
tent of the movie, discarding other linguistic functions, the scientist and the ideological;
considering that the image has to be thought as an essential component of language.
Resumo: Qualquer filme que possa ser analisado pode ser considerado como um modelo
de realidade. E todo filme –ou qualquer bom filme– é um documento de nossa própria
psique, das fantasias que constituem nossa subjetividade. Para ilustrar essa hipótese, esco-
lhemos como objeto de estudo “El”, de Luis Buñuel, um filme filmado no México em 1953.
Nosso principal objetivo é realizar, levando em conta a Teoria das “Funções da Lingua-
gem”, uma análise textual. do que ‘poético’ existe no filme, descartando as demais funções
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Esmeralda Hernández Toledano y Luis Martín Arias El cine como modelo de realidad (...)
lingüísticas, científicas e ideológicas; considerando que a imagem tem que ser pensada
como um componente essencial da linguagem.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Derroteros
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Alejandra Niedermaier Posibilidades de la imagen en tiempos de oscuridad
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Por otra parte, otro rasgo del desplazamiento ocurrido es la posibilidad de la imagen de
integrarse, fusionarse junto a otros lenguajes. La enunciación realizada a través del nexo
entre distintos lenguajes contiene una poiesis en cruce que posee sus propias lógicas tanto
hacia adentro como hacia fuera. La lógica resultante da clara muestra de la complejidad
de un discurso estético pero también de la complejidad del objeto que aborda. Resultan así
“(…) focos enunciativos que instauran nuevos clivajes entre otros adentros y otros afueras
y que promocionan un distinto metabolismo pasado-futuro a partir del cual la eternidad
pueda coexistir con el instante presente”(Guattari, 1996 p. 112). La combinatoria de len-
guajes conforma pues, interfaces que dan cuenta y acortan la brecha entre la exterioridad y
la interioridad, provocando precisamente un ensanchamiento de los puntos de vista al es-
tablecer una red de vínculos, una extimidad materializada en un espacio topológico. Cabe
agregar que en la combinación de lenguajes –en tanto coalescencia– se producen mezclas
sensoriales y semióticas que convocan a nuevos modos de subjetivación.
Para atender otro aspecto del deslizamiento mencionado, se encuentra el concepto de
estética a la vez que se halla en el libro Estética de la fotografía de François Soulages y que
contribuye con precisión a la lectura de la fotografía contemporánea en tanto recupera
“las fuerzas infinitas de la obra” (2005, p. 223) y puede ser utilizada incluso como rúbrica
de análisis en virtud de que coadyuva a la lectura de la fotografía actual. La imagen se abre
así a nuevos sentidos y la estética a la vez promueve justamente la articulación de lo real
con lo imaginario ya mencionada.
De este modo, la fotografía contribuye a comprender tanto la historia como el devenir y
el accionar contemporáneo. En términos de Soulages, la realización de imágenes parte de
búsquedas técnicas y de sentido a la vez. Como integrante del lenguaje visual este dispo-
sitivo reflexiona sobre diversos tópicos: lo público, lo privado, lo psicológico, lo político,
lo histórico, lo contemporáneo e instituye finalmente la historia de la imagen de cada
colectivo. La imagen supone pues una operación social en base a la impresión de sentidos
y es la constituyente primera, polimorfa y plástica de la iconósfera, “a partir de la cual toda
conciencia teje sus relaciones con el mundo y con el sentido” (Wunenburger, 2005, p. 32).
Además los textos visuales contienen un “Ethos cultural”2, es decir una ética y una política
de su momento, que convoca a su interpretación. Por ello la fotografía torna visible el
resplandor del instante pasado y presente.
A su vez, como práctica discursiva, permite indagar sobre la elección de los modos de
enunciación en virtud de que cada productor visual presenta distintos modos de aproxi-
marse al lenguaje visual. A propósito es interesante la coincidencia de criterios de Boris
Groys como filósofo contemporáneo y lo desarrollado entre los años ’70 y ’90 por el pen-
sador argentino Carlos Cullen (1987, p. 15). Ambos proponen que la cuestión del sujeto
no debe diluirse en un discurso de no subjetividad sino que ese mismo discurso debe
incorporar otras subjetividades. Cullen considera la existencia de una dialéctica en la que
aparecen las operaciones de marcar y borrar las rúbricas espaciales y temporales. En este
sentido resulta oportuna la siguiente estrofa de Jorge Luis Borges:
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de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas
traza la imagen de su cara.
A partir de este fragmento se puede agregar la siguiente frase de Groys: “el campo del arte
representa y expande la noción de sociedad, porque incluye no solo a los vivos sino tam-
bién a los muertos e incluso a los que todavía no nacieron” (2014, p. 19).
El estatuto extático de la producción artística se debe pues a que revela verdades de un
modo diferente, de alguna manera, trascendente. Si se considera a la realización estética
como la manifestación sensible de la idea (Hegel) y como poiesis del destino histórico del
ser (Heidegger) se arriba a la concepción de que se trata de la expresión de una fuerza vital
a través de una praxis vital.
Síntoma
La posmodernidad, fenómeno que comienza hacia fines de los años ’60, producto de una
sociedad postindustrial y que fuera tan bien descripta por Fredric Jameson es sucedida
luego, por la caída del muro de Berlín en 1989 con la consecuente aparición del fenómeno
de globalización que, a su vez, trajo aparejado un multiculturalismo tendiente a una hibri-
dación cultural. Se puede advertir asimismo un tercer momento, el de una fluidez, fruto
de la desterritorialización que el capitalismo promueve, y que presenta rasgos múltiples.
Por eso, se adhiere al concepto de “vanguardias simultáneas” de Andrea Giunta (2014)
en tanto diversidad de producciones como resultado del abordaje de variedad de temas.
A partir de este esbozo, se observan dentro del campo artístico negociaciones fronterizas
entre lo excluido y lo admitido. Para explicar esta característica, Nicolás Bourriaud (2015,
p. 11) utiliza el término exforma como el que designa la forma atrapada en un procedi-
miento de exclusión o inclusión como así también a los signos que se despliegan entre el
centro y la periferia y que flotan entre la disidencia y el poder.
El arte es –y siempre ha sido– el lugar donde se hallan las preguntas, los cuestionamientos,
las dudas, las incertidumbres. Estas características resuenan hoy más que nunca. Se ad-
vierte pues una heterocronía ya que se observan prácticas estéticas que utilizan las herra-
mientas informáticas de búsqueda para poner en co-presencia diferentes épocas y lugares.
En tal sentido Boris Groys considera que la vida se concibe como un proceso puramente
material, no-teleológico y agrega que es justamente sobre esa materialidad que el arte ope-
ra, tanto para su conocimiento como para la percepción de su devenir (2016, pp. 46 y 47).
Entre 1924 y 1929 Aby Warburg desarrolló su proyecto inconcluso Atlas Mnemosyne. Este
proyecto mostraba su modo de agrupar una heterogénea serie de imágenes. Por esos años,
Walter Benjamin, conocedor del proyecto, establece un método que se relaciona con el de
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tal vez destruidas. Se halla entonces un espacio intersticial entre lo que es dado a ver y lo
que no.
Se encuentra también hoy un deseo de recuperar la cosa misma (presentación) frente a
la representación que se encontraba en las distintas producciones. Existe pues un ideario
que considera que la presentación asegura una especie de transparencia por encontrarse
circunscripta a un presente. La noción de aletheia heideggeriana como idea de desoculta-
ción comprende una lógica de visibilización de lo no visible. De algún modo, dentro de la
actividad estética como producción simbólica, la elección de la presentación adhiere al si-
guiente pensamiento de Baudelaire: “extraer la eternidad de lo transitorio” (en Bourriaud,
2009, p. 105). A propósito, Sigfried Kracauer sostenía que la posibilidad de la fotografía no
es solo reproducir un objeto dado sino su capacidad de separarlo de sí mismo (en Cadava,
p. 39). En esa separación se crea un espacio intersticial en donde se presenta, se exterio-
riza el síntoma. Las imágenes por su carácter de inscriptores de sentido, dan cuenta del
síntoma y coadyuvan a una mirada crítica y/o redentora de lo real, según sea el caso, pero
siempre colaboran con su hermenéutica.
La imagen se coloca así entre lo sensible y lo inteligible produciendo un relevamiento
de los síntomas. La imagen interrumpe el curso normal de la representación, muestra el
aspecto inconsciente y permite desplegar sintagmáticamente la función poética y emotiva
que subyace detrás de cualquier discurso. En ocasiones la estética a la vez, ya mencionada,
se encuentra determinada por un lado, a interrogar las tensiones y relaciones de lo real y,
por otro, a desarrollar lo simbólico. El realizador visual se encuentra además, ante la dico-
tomía de mostrar lo real –hasta el punto de convertir las imágenes en documentos– pero,
al mismo tiempo, de descubrir también lo privado, lo interdicto de cada caso relevado. En
ocasiones se conjuga al mismo tiempo, lo documental con lo autoral.
De este modo, los productores se convierten en verdaderos “espigadores”3 que crean na-
rrativas a partir de procesos intertextuales como la trasposición, la apropiación, la parodia,
la cita. A su vez, las metamórficas se apoyan sobre cierta indiscernibilidad, en ocasiones
relatan algo pero de otro modo, establecen distintas relaciones para arribar a una especie
de interdefinibilidad.
La imagen se presenta también como generadora de relatos, como señaladora, indicadora,
capaz de instaurar relaciones. Se trata, al decir de Benjamin, “de levantar las grandes cons-
trucciones con los elementos constructivos más pequeños (…) Descubrir entonces en el
análisis del pequeño momento singular el cristal del acontecer total” (en Didi Huberman,
2015, p. 18).
En las diferentes modalidades, desde el orden de lo simbólico, la imagen síntoma tiene una
significación que invita a ser descifrada, como un enigma a resolver.
Gesto
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Para desplegar los aspectos del gesto productor, se partirá de la consideración de Julia
Kristeva en tanto que el lenguaje demarca, significa y comunica, agregándole el pensa-
miento del filósofo Gilles Châtelet, quien sostenía que “el pensamiento está enraizado en el
cuerpo” y agregaba “Todo pensamiento es el anudamiento de un espacio y un gesto (…)”
(en Badiou, 2009, p. 156-157). Ya se ha mencionado la consideración de Walter Benjamin
acerca de la percepción de un inconsciente óptico del mismo modo que el psicoanáli-
sis permite percibir el inconsciente pulsional. Justamente, este autor hizo referencia así a
Freud en su búsqueda por identificar el pasaje del inconsciente a la conciencia para la cual
realizó analogías con medios técnicos. En “Nota sobre el inconsciente” el psicoanalista
estableció una correspondencia con el pasaje del negativo al positivo. Tanto el incons-
ciente como el negativo están conformados por un entramado de trazos a la espera de
su revelado. La cámara, a través del gesto enunciador, representa entonces la condición
de posibilidad de luz y de escritura. Es a partir de esta concepción, vinculada tanto a la
producción como a la comunicación, que se desarrollarán algunos conceptos sobre la ca-
tegoría de gesto.
Michel Foucault ha considerado que la enunciación ocupa un lugar fundacional y de vital
importancia para entender al autor: “Analizar las positividades significa mostrar según
qué reglas una práctica discursiva puede formar grupos de objetos, conjuntos de enun-
ciaciones, juegos de conceptos, series de elecciones teóricas” (En Agamben, 2009, p. 20).
Se puede establecer que los dispositivos, integrantes del lenguaje visual, como la fotogra-
fía, el cine y el video circunscriben mediante el gesto del encuadre y resultan productores
de una semiosis. Esta semiosis, a su vez, trata de ser comunicada a un receptor por medio
de una sintaxis. Por ello se adhiere a la concepción foucaultiana de práctica discursiva,
en la cual la enunciación ocupa un lugar fundacional. Este autor destaca que las prácti-
cas discursivas son sistemas que crean significados culturales a partir de la subjetividad
del enunciatario. Además, el discurso, es una instancia de análisis donde la enunciación
no puede ser disociada de su enunciado. La enunciación entendida, entonces, como el
conjunto de condiciones presentes en la producción de un mensaje, es decir, una enun-
ciación que parte de la individualidad del enunciador pero, también, de su relación con la
caracterización de la época tanto desde lo filosófico como desde el ámbito socio político y
cultural en el que está inmerso.
Jacques Fontanille sostiene que enunciar es hacer presente cualquier cosa con la ayuda del
lenguaje. De este modo, la enunciación constituye el universo de lo estético-artístico y, por
tanto, se encuentra siempre presente en el interior de un enunciado (en Ducrot, Todorov,
2003, p. 367).
La enunciación se constituye pues a través de una urdimbre donde la referencia a lo exter-
no es materializada desde una interioridad y la forma en que se va estableciendo la interac-
ción entre ambos. Michel Foucault expuso en 1969 ante la Sociedad Francesa de Filosofía
que la noción de autor individualiza la historia de las ideas, de los conocimientos, de la
filosofía, de las ciencias y de las artes. El pensador francés relataba que hubo un tiempo en
que los textos literarios eran, por ejemplo, puestos en circulación sin que se conociese su
autoría, identificando solo diferencias entre autores de discursos científicos y aquellos de
discursos literarios. Esto fue modificándose a partir de los siglos XVII y XVIII. A su vez,
los análisis comunicacionales incorporaron dos aspectos que denotan y connotan la pre-
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sencia autoral: la función poética y la función emotiva. Ambas funciones delatan al autor
como un individuo social y visibilizan sus competencias lingüísticas y culturales como así
también sus determinaciones psicológicas e ideológicas. Tanto Mijail Bajtin como Fredric
Jameson hacen referencia a esta última determinación con el nombre de ideologema. Al
respecto, Bajtin sostenía:
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El relato contemporáneo
A partir de la caracterización realizada del gesto productor se puede agregar, en las opcio-
nes narrativas, el gesto de enlazar, el gesto del montaje. En el montaje se articulan elemen-
tos, se los vincula y se otorga sentido.
A pesar de la desmaterialización desde el advenimiento de la tecnología digital y sus posi-
bilidades de una rápida circulación y consumo ya comentada, el fotolibro resulta un fenó-
meno creciente que contradice la existencia de una única vía de comunicación inmaterial.
El fotolibro nace del libro de artista. El libro de artista es una obra de origen conceptual
que, a través de un accionar pensado, aúna en ocasiones la imagen y la palabra. El deno-
minado “giro lingüístico” tuvo gran incidencia en la emergencia y el desarrollo del arte
conceptual. Justamente, el libro de artista obtiene un sitio dentro de la producción artísti-
ca en una época en que el arte conceptual y el arte intermedia comenzaron a desplegar su
influencia. Ulises Carrión también contemplaba al libro de artista como una obra concep-
tual y por eso exponía en El nuevo arte de hacer libros (1980): “Un libro es una secuencia
de espacios. Cada uno de esos espacios es percibido en un momento diferente: un libro
también es una secuencia de momentos”.
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Acerca de la recepción
En el circuito comunicacional que atraviesa un mensaje estético se produce una transfe-
rencia de subjetivación entre el productor y el receptor.
En la contemporaneidad la recepción se encuentra atravesada por la reflexión acerca del
contexto de la producción de la obra, de su distribución y emplazamiento, de su eficacia
de comprensión y de la afluencia del público (según Boris Groys esto ya fue anunciado por
Marx y Engels en el libro Ideología alemana (2016, p. 95).
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Desde las estructuras que se mueven hasta aquellas en que nosotros nos move-
mos, la poética contemporánea nos propone una gama de formas que apelan a
la movilidad de las perspectivas, a la múltiple variedad de las interpretaciones.
Pero hemos visto igualmente que ninguna obra de arte es de hecho “cerrada”,
sino que encierra, en su definición exterior, una infinidad de “lecturas” posi-
bles (1992, p. 48).
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Louis Marin coincide con este pensamiento ya que plantea que la lectura nunca es estática
ya que se trata de un “sistema abierto de fuerzas en constante y perpetua recomposición”
(1978, p. 53). En todos los casos, la noción de contexto (en sus variables cronotópicas)
también forma parte de los indicadores de lectura. A propósito, Adolfo Sánchez Vázquez
señala justamente los cambios que han producido las tecnologías en la recepción estética.
La percepción produce una deictización del espacio, establece parámetros espaciotem-
porales. Esta deictización opera pues sobre las categorizaciones semánticas del espacio
cultual que el receptor percibe en combinaciones tales como lo público y lo privado. Así el
espectador es convocado a una mirada que descubra mucho más allá de lo que se muestra
y que perciba la irradiación que toda obra pretende convocar.
Se comprende entonces que se hallan –y se buscan– comunidades interpretativas creado-
ras que establezcan pactos de lectura, de comprensión, de sensibilidad que posibiliten una
acción. La puesta en escena de un “proyecto comunicativo” (Eco, op.cit., p. 59) trata de
convocar a un espectador que busque no solo lo expuesto a su visión sino que establezca
relaciones, que se plantee interrogantes, que complete lo faltante acerca de las tensiones
individuales e históricas. A propósito, Didi Hubermann considera que es necesario “rear-
mar los ojos” para ver, intentar ver y reaprender a ver. De hecho, propicia oponer el poder
de la mirada por sobre el poder de las imágenes (2015, pp. 104-105).
La esfera estética ya no es simplemente contemplada, es sometida entonces a diferentes
miradas vivaces. En este punto es interesante considerar la opinión de Ticio Escobar cuan-
do expresa: “Quizá todo se reduzca a una operación de administrar distancias, de aplicar
políticas eficaces de la mirada” (2015, p. 13).
Relato didáctico
La historia del lenguaje visual no es un archivo inmóvil de imágenes, se trata de un reper-
torio de “gestos de la humanidad” (Agamben, 2001, p. 51) en permanente movimiento
interpretativo y que incide directamente sobre el devenir. Además, el imaginario se en-
cuentra conformado por la circulación de las imágenes que ya existen en el mundo. Por
todo eso resulta tan importante atender dos aspectos didácticos diferentes: por un lado
una alfabetización visual y, por otro la didáctica específica. Ambos casos deben atender
cuales son los aspectos que se tornan visibles en una imagen y qué representaciones se
pueden detectar en cada una.
Con respecto a la alfabetización, Lazlo Moholy Nagy indicaba:
El prerrequisito para esta revelación es, desde luego, darse cuenta de que el
conocimiento de la fotografía es tan importante como el del alfabeto. Los anal-
fabetos del futuro serán aquellos que ignoren el uso de la cámara y de la pluma
(en Fontcuberta, 2003, p. 195).
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Por su parte, la didáctica específica debería estar compuesta por una atenta contemplación
en términos filosóficos y una teoría tendiente a la práctica, a la acción vital. En este senti-
do se identifican varias producciones estéticas como acciones vivaces que dieron cuenta
de un saber, por ejemplo: Kandinsky reconocía su giro hacia la abstracción a partir de la
teoría de la relatividad de Einstein, el constructivismo ruso reflejó las tendencias políticas
de la teoría marxista, el surrealismo articuló con la teoría del inconsciente de Freud y,
posteriormente el arte conceptual tuvo un correlato con las distintas teorías del lenguaje.
En la actualidad, se identifican, entre otros, las manifestaciones artísticas que responden a
la preocupación por el Antropoceno4.
A su vez se aprecia la concepción de que los distintos lenguajes (entre el que se encuentra
desde su aparición, el visual) son una forma de conocimiento y como tal su decodificación
hermenéutica debe ser emprendida. En tal sentido, una didáctica –conforme a las necesi-
dades contemporáneas– del lenguaje visual está en condiciones de romper con la dicoto-
mía de una didáctica general más próxima a las teorías del pensamiento y a los procesos
de cognición mientras que la específica se encuentra ligada a la práctica. En consecuencia,
ambas didácticas deben coordinarse en un esfuerzo teórico-práctico (Camilloni, 2007).
Una teoría le abre las puertas al conocimiento, es un punto de partida y no de llegada y es,
a su vez, la condición de posibilidad de tratar un problema. Esta multiplicidad se manifies-
ta además en el diseño visual al formar parte de una disciplina proyectual que se enriquece
con la interacción con otras disciplinas.
La relación entre la teoría y la práctica presenta una gran complejidad en la formación
universitaria en virtud de la diferencia que existe entre esa institución y una escuela arte-
sanal. Se tratará pues de visualizar ambos componentes didácticos de una manera integral,
en la cual las dos se fortalezcan a través de una interacción. La teoría se constituye en un
permanente recurso para la práctica y juntas resultan la condición de posibilidad de un
conocimiento consciente y pleno que contribuirá a que el día de mañana el futuro profe-
sional pueda insertarse –dentro de su especialidad– en distintos campos.
Es una buena ocasión de establecer qué consideramos teoría. Tal vez sea interesante re-
cordar que un manual de uso es un elemento teórico. Lo mismo sucede en las clases que
comunican variables técnicas. En cualquier ocasión emplear algunas estrategias para ase-
gurar un aprendizaje significativo resultan convenientes. Una de ellas es la del relato.
Vladímir Propp elaboró una teoría en torno a la narración que podemos aplicar en el aula
para los análisis teóricos: Realizar una puesta en común de posibilidades para encontrar
juntos la trama, el nudo de una teoría. A pesar de que algunas teorías componen una to-
talidad, las mismas se pueden secuenciar. Las secuencias se pueden entrelazar y se pueden
suceder una después de la otra. Tornar inteligible algo implica elegir, ordenar, ligar as-
pectos y fragmentos. La conclusión es una oportunidad didáctica a la que pueden arribar
juntos en clase todos los integrantes del acto educativo. Asimismo se puede trabajar una
teoría (una pieza, un autor) como protagonista y oponerle otra como antagonista.
En realidad la búsqueda está puesta en “experimentar” el aula. La revelación, en tanto des-
cubrimiento intelectual y emocional, conduce a la experiencia que impacta directamente
sobre lo inteligible y lo sensible. Una de las formas de unión es durante las correcciones de
las distintas imágenes o piezas de diseño recordar algunas consideraciones teóricas vistas
en la clase. Cuando se completa la experiencia con un sentido teórico se posibilita el me-
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Cierre y apertura
A modo de cierre de este escrito pero de apertura a seguir reflexionando sobre la inciden-
cia de los diferentes registros visuales se adhiere con lo escrito por Ticio Escobar acerca de
que el arte permite vincular presencia y ausencia, desconocer sus propios límites, iluminar
donde otras esferas fracasan y abrir, como ya se ha indicado, a “opciones políticas de la
mirada” (op. cit., p. 15).
Así, todo lo vertido hasta aquí intenta señalar la emergencia de las imágenes en la contem-
poraneidad, marcada por diversos factores que, a modo de resumen, se pueden enunciar
como su inmaterialidad, su disposición inmediata y transmisibilidad y finalmente su pro-
fusión. Sin embargo, este señalamiento es –al mismo tiempo– una propuesta y una apuesta
a una imagen que siga develando los diversos síntomas de la actualidad, que sea realizada
por un gesto comprometido y creativo (un tanto insurgente) y que apele a la sensibilidad
y pensatividad del receptor.
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Notas
1. Este tema fue abordado con mayor detalle en “La distribución de lo inteligible y lo sen-
sible hoy” en Polo Viviana, Niedermaier Alejandra (Eds) (2012) Acerca de la subjetividad
contemporánea, Cuaderno nº 43, Buenos Aires, Universidad de Palermo.
2. Eduardo Grüner alude a que la estética de un texto artístico está impregnado de la ética
y la política de su momento histórico en la Introducción de Michel Foucault: Nietzsche,
Freud, Marx, Buenos Aires, Ediciones El cielo por asalto, p. 11. Por su parte, Carlos Cullen
considera que el ethos ubica éticamente lo social (…) en Reflexiones desde América, Fun-
dación Ross, Rosario, 1987, p. 19.
3. Se toma este término a partir de las películas “Los espigadores y la espigadora” de Agnès
Varda de los años 2000 y 2002. Varda comienza estas narraciones partiendo del amplio
concepto de espigar en el que habitan verbos como recoger y recolectar. Verbos que con-
llevan un gesto con el que la directora construye su enunciado, incluyéndose ella misma
como una espigadora, recolectora de imágenes, de momentos, de vivencias para mostrar
los desgarramientos, los pliegues y las fisuras de un sistema económico, político y cultural.
4. Término que proviene de la geología para designar la era que abarca desde la invención
de la máquina de vapor hasta el presente por encontrarse en ella huellas de la intervención
humana sobre la tierra. Algunos pensadores contemporáneos diagnostican que el momen-
to actual está caracterizado por una acumulación de capital que conlleva un deseo sin
límites de incremento. De allí que el hombre se ha convertido en un agente de destrucción
ya que no tiene en cuenta que sus acciones poseen una consecuencia directa sobre el medio
ambiente. El concepto de antropoceno como peligro de extinción del planeta y de la hu-
manidad deriva de la economía basada en actividades que afectan directamente a la tierra.
5. Se reitera el concepto “juntos” en varias ocasiones porque es el que mejor describe las
distintas interacciones a las que se aspira en el accionar educativo.
Referencias bibliográficas
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Abstract: The contemporaneity and its growing visual turn request a profound research
on their various aspects. The image is conceived as a condition of possibility of a certain
pensativity (within the distribution of the sensible and the intelligible) and to the differ-
ent aspects that bring out, small stories, communities, identities, geopolitical aspects and
others. It will be also given account of the various manifestations of the visuality, through
its symbolic impact and ability to create imaginary, its manifestation as symptom of vari-
ous problems, the gesture of the producer and finally, its ability for the generation of short
stories. The present problems of use will be also analysed and to finish the article some
considerations on didactics will be carried out.
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Alejandra Niedermaier Posibilidades de la imagen en tiempos de oscuridad
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Wilson Orozco La representación ficcional de la pobreza (...)
Palabras clave: falso documental - parodia - Tierra sin pan - Agarrando pueblo - pobreza.
(*)
Wilson Orozco es Doctor en Humanidades por la Universitat Pompeu Fabra y Magíster
en Literatura Colombiana. Profesor de la Universidad de Antioquia y coordinador del
Grupo de Estudios Fílmicos. Actualmente se encuentra en proceso de investigación so-
bre las representaciones de los docentes de idiomas, traductores e intérpretes en el cine.
Miembro de la Asociación Trama y Fondo de España y colaborador del Grupo de Inves-
tigación “Análisis del Texto Audiovisual” de la Universidad Complutense de Madrid. Ha
publicado diversos artículos académicos y ha presentado ponencias en torno a narratolo-
gía, cine y literatura. Igualmente ha publicado dos libros de cuentos titulados Gente que
necesita cerveza y Burócrata imperfecto.
Tierra sin pan de Luis Buñuel es un crudo documental sobre la situación de atraso en el
que permanecía –para el momento de la II República– la región de Las Hurdes en España,
basándose en un estudio antropológico de Maurice Legendre. Esta pieza fílmica generó
gran debate desde su estreno, debate animado en el fondo por querer ocultar lo que se
presenta como molesto e incómodo para las clases dominantes. Su impacto, pues, fue
innegable y su posterior influencia en la configuración de un nuevo paradigma en eso de
documentar la “realidad” (Hueso, 1998, p. 147) ha sido de una importancia meridiana.
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Wilson Orozco La representación ficcional de la pobreza (...)
Porque si las condiciones de la región de Las Hurdes presentadas en Tierra sin pan en el
momento de su filmación eran, por supuesto, de miseria y de atraso, no menos cierto es
que dicha realidad fue también manipulada como fue, por ejemplo, el sacrificio de una
cabra con tal de lograr un mejor desarrollo narrativo (Ibarz, 1999, p. 118). Aunque este no
es el único caso: una niña enferma que aparentemente muere no sucedió en realidad, y un
niño que yace al parecer muerto realmente estaba durmiendo. Elementos que, entre otras
y al irlos integrando, forman una clara isotopía sobre la muerte. Y el culmen del pathos se
logra mucho más con la utilización de los niños. Especialmente son relevantes, por ejem-
plo también, sus pies descalzos como clara señal de su pobreza. La insistencia con los niños
se puede corroborar entonces con en el número de planos dedicados a ellos: 66 de un
total de 258 (Herrera, 2006, p. 173). Es decir, su carácter de víctimas inocentes denuncia
aun más un sistema social injusto. Así que con esta y otras imágenes impactantes, Buñuel
buscó manipular evidentemente un mensaje.
La escenificación de la pobreza en este documental está hecha igualmente en clave sub-
versiva (Breu, 2010). Ello se puede corroborar si consideramos el posterior actuar de los
discípulos figurados de Buñuel (Millán, 2002), y quienes, a juzgar por sus trabajos, en-
tendieron muy bien dicha clave. De esta manera, uno de los aspectos más importantes de
Tierra sin pan es el influjo que ha tenido en cineastas de todo el mundo, configurando así
lo que serían las características del género documental (Sala, 2001, p. 127). El colombiano
Luis Ospina ha sido un ferviente admirador de Tierra sin pan, y, junto con Carlos Mayolo,
han llevado la mencionada clave subversiva de Buñuel hasta niveles extremos con Aga-
rrando pueblo. Lo lograron recreando también la realidad, revolucionando y subvirtiendo
el género a través de la parodia, y cuestionando las representaciones en torno a la pobreza,
especialmente de aquellos que se lucraban de esta a través de su filmación, todo en aras
de explotar económicamente el manido tema. Las críticas de Mayolo y de Ospina parten
también de un concepto antropológico, esta vez el de “cultura de la pobreza” propuesto
por Oscar Lewis.
Agarrando pueblo da cuenta pues de la realización de un documental que se titula ¿El
futuro para quién? en el que un grupo de cineastas filma las condiciones de miseria de
ciertos habitantes de Cali y Bogotá. Estos se verán frenéticos, sometidos a sus estereotipos,
filmando imágenes ya prefijadas en los típicos clichés: mendigos, locos (o a quienes creen
que están locos), niños de la calle (haciéndose explícitas, por ejemplo, las monedas que se
les dan para que actúen). De esta manera, en Agarrando pueblo los niños son igualmente
utilizados como imagen fetiche y caricatura máxima. Y pareciera que fuera muy impor-
tante para los productores, por ejemplo, enfocar sus pícaras caras, así como enfocar a sus
padres en poses de mendicidad, asemejándose a una cierta iconografía religiosa, sobre
todo mariana. Con poses que, en Agarrando pueblo, remiten, por supuesto, a ciertas imá-
genes de Tierra sin pan, sobre todo cuando los campesinos cargan a los niños. O aún más
cuando un niño de Agarrando pueblo, y que yace dormido, evoca claramente a esos otros
niños enfermos o a punto de morir del documental de Buñuel.
A su vez también, los productores de Agarrando pueblo, entrenan a una pareja con niños
en un hotel para que luego en una casa (que no será la de ellos), den respuestas ficticias a
las preguntas de un entrevistador. Una vez filmado el documental, la intención es enviarlo
a una productora en Alemania. Durante la filmación, Luis Alfonso, el verdadero habitante
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Wilson Orozco La representación ficcional de la pobreza (...)
de la casa, llega a esta, y, por supuesto, reniega, grita e insulta, expulsando como es debido
tanto a productores como a actores de su propia casa invadida. Aunque luego veremos que
ello, a su vez, ha sido todo un engaño para el espectador, ya que Luis Alfonso mismo está
representando su papel de desenmascarador. En una escena final y postnarrativa, Ospina
y Mayolo, hablan luego reposadamente con Luis Alfonso. Este nos ofrecerá su visión de lo
que hacen los productores de este tipo de documentales, planteando además otras frescas
y sensatas reflexiones.
Así que narrativamente hay que decir que Agarrando pueblo tiene tres momentos: prime-
ro, la filmación de los productores del documental conducente a mostrar las condiciones
de miseria del tercer mundo. Segundo, la crítica de ciertos personajes por dicha labor des-
embocando en la reacción de Luis Alfonso. Y allí se da un paso más, ya que los espectado-
res de la filmación cuestionan la labor de los cineastas, desembocando en la intervención
final de Luis Alfonso. Y esos que cuestionan el proceder nada ético de los productores se
podrían dividir en dos:
- Los transeúntes que ven in situ lo que se está grabando. Uno de ellos dice, por ejemplo:
“Esto ya lo conocemos nosotros”, afirmación en forma de cuestionamiento, y que inserta
la pregunta en torno a la utilidad de lo filmado.
- Ciertos personajes que son filmados no apareciendo ya tan sumisos. Por el contrario,
lucen amenazantes hasta el punto de querer atacar a los cineastas. Porque si en Tierra sin
pan es probable que los “locos” agredan, en Agarrando pueblo estarán más que dispuestos
a hacerlo, respondiendo con violencia a la misma violencia a la que ellos se han visto so-
metidos por la filmación. Finalmente, tenemos el desenmascaramiento con el que somos
conscientes de que todo no era más que un falso documental, y luego las reflexiones finales
en diálogo con los directores reales de Agarrando pueblo.
Así, en este documental, la miseria que se muestra es tanto la de siempre, como la miseria
moral de los realizadores al hacer una parodia del actuar de algunos de ellos, señalando su
falta de escrúpulos, y develando sus intereses económicos. Asistimos de esta manera a los
entresijos de ese tipo de producciones a través de un mórbido detrás de cámara, un relato
que carece ya de la mirada compasiva y es reemplazada por una irónica. Y los espectadores
llegamos a ser conscientes, como invitados voyeristas, de esta usual manipulación del pro-
ceso creador, de los desajustes entre lo real, lo escenificado, lo filmado y lo representado.
Así que todo es un juego de espejos: vemos la realización del documental que da cuenta
de las acciones de los cineastas en blanco y negro, a la vez que en algunos momentos
vemos las imágenes a color que los futuros espectadores extranjeros verán. En ese juego
especular, los cineastas despersonalizan al otro, lo convierten en fines para sus propósitos,
son simples etiquetas. Porque si en Tierra sin pan tenemos seres con deficiencias mentales,
por ejemplo, en Agarrando pueblo tendremos también a los etiquetados como locos por
los cineastas. Y cualquiera, en su afán, puede pasar por uno de ellos, como sucede con un
artista callejero en el documental de Ospina y Mayolo.
Pero las cosas cambian radicalmente con Agarrando pueblo, ya que no se trata de promo-
ver una vez más una mirada compasiva, o una oportunidad para que los espectadores con
mejores condiciones sepan de esa miseria de la que carecen. Y todo ello empieza con la
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Wilson Orozco La representación ficcional de la pobreza (...)
reacción más bien de rechazo por parte de ciertos personajes filmados. Como si llegaran
al hartazgo de ser tratados como seres exóticos y diversiones circenses. Porque si el docu-
mental de Buñuel hace parodia del propio formato (Fuentes, 2000, p. 48), desenmascara
la ideología detrás de los documentalistas, y a través de este hace una deconstrucción del
documental etnográfico (Fuentes, 2000, p. 49), con Agarrando pueblo esto se llevará hasta
evidentes extremos, incluso de humor negro. Porque este, junto con la autocrítica, son los
ejes conductores de dicha película (Correa, 2012, p. 25).
Y ya que hemos hablado de los “locos” y de los cuestionamientos implícitos tanto en Tie-
rra sin pan como en Agarrando pueblo, pues Luis Alfonso, desplegando todo un evidente
actuar excéntrico, es quien desenmascara la farsa de los cineastas, y, en otro nivel meta-
fílmico, nos ofrece sus sensatas reflexiones. Allí los directores reales se sientan y están al
mismo nivel de este, señalando espontáneamente el carácter “satírico” de la película. A
través de esta escena, el acercamiento es mayor con aquel que es filmado y el cuestiona-
miento mucho más evidente: un cuestionamiento en torno a la falta de escrúpulos por la
violencia que sufren a través de la filmación casi obscena de sus vidas. Además, por esa
explotación económica, por lo abyecto de intentar despertar compasión en el extranjero.
Con un desenmascaramiento que, junto con la intención final de la película, tiene como
fin respetar al otro, humanizar el cine, sacarlo del circuito económico, en últimas, hacer
reflexión sobre su propio proceder. A través de este falso documental, lo productores lla-
man la atención sobre la explotación y el aprovechamiento de la situación desesperada del
otro, considerado siempre en desventaja, rasgo típico de ciertos documentales compasivos
(Sánchez-Navarro, 2001, p. 11). En últimas, lo que pretende es hacernos reflexionar en
torno a por qué creemos lo que creemos, y despertarnos de nuestra mirada adormecida e
ingenua (Sánchez-Navarro, 2001, p. 25).
Por otra parte, si hacemos una comparación entre Agarrando pueblo y Tierra sin pan, am-
bos documentales parecieran calcadas, gracias a las malas condiciones sociales registradas
en ambas obras. Lo que sorprende es su similitud a pesar de su distancia en el tiempo, más
de cuatro décadas. Así que, desafortunadamente, el hambre y la miseria parecieran seguir
haciendo actual el trabajo de Buñuel. Aunque en Agarrando pueblo no habrá un despla-
zamiento hacia una apartada región para señalar las duras condiciones de sus habitantes.
Ello ya se puede hacer con un simple recorrido en taxi, yendo a esa parte escondida, casi
vergonzosa de la ciudad, a esa urbe que difícilmente sale registrada en los medios oficia-
les; aunque eso sí, explotada por ciertos cineastas sin escrúpulos. Y si en la España de la
II República surgió la necesidad de registrar las duras condiciones del pueblo, las ansias
de un cambio social (Fuentes, 2000, p. 46), así como el interés decidido por crear un cine
nacional; en Colombia, esas luchas sociales intensificadas en los años sesenta y setenta
encuentran en un cineasta como Carlos Mayolo, por ejemplo, el aporte del cine club y
la realización documental como formas de conciencia social. Aun más, y ya que hemos
señalado la admiración declarada de Luis Ospina por Tierra sin pan, teniéndola en su lista
de obras cinematográficas veneradas, hay que decir que Agarrando pueblo pareciera su
homenaje hasta en el formato, ya que ambos documentales tienen casi la misma duración,
alrededor de 28 minutos. Y Agarrando pueblo compartió también, en sus inicios, la suerte
de su inspiración, ya que fue rechazada igualmente en su país de origen, aunque fue acla-
mada también en diversos festivales en el extranjero (Rojas, 2011, p. 471). Y si según Mercè
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Wilson Orozco La representación ficcional de la pobreza (...)
Ibarz (1999), Buñuel en Tierra sin pan habla de él mismo, de sus orígenes provincianos,
del atraso de su comarca, pues igualmente podríamos decir que el trabajo de Ospina y
Mayolo es una especie de autorreflexión en torno a lo que ellos, ciudadanos con mejores
condiciones socioeconómicas, y sus colegas hacen de manera cuestionable. El grito de Luis
Alfonso hacia el final parece una autoflagelación hacia ellos mismos. Finalmente, hay que
decir que tanto el valor de Tierra sin pan como de Agarrando pueblo tendría que ver con
esa deconstrucción y revolución del documental mismo a través de la parodia. Y una vez
más se demuestra que a través de lo escenificado y lo falso, se puede llegar a niveles mucho
más profundos en torno a lo real y a lo humano.
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Abstract: One of the most representative films of the beginnings of the second Spanish
Republic is a “Land without bread” by Luis Buñuel. This film has never been without
controversy due to the fictional recreation of the extreme poverty. On the other hand,
Luis Ospina, one of the most important Colombian filmmakers, has always pointed out
the influence of the Spanish director in his work and takes generally as a particular case
“Land without bread”. Ospina, with Carlos Mayolo, performed in 1978 a documentary
called “Catching people” in which they subvert the genre through a scathing parody which
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Wilson Orozco La representación ficcional de la pobreza (...)
criticizes those directors who seek awards and fundings thanks to the fictional recreation
of Latin American poverty. The primary interest of this work is to note some similarities
between both documentaries.
Palavras chave: Documentário falso - paródia - Terra sem pão - Agarrando pessoas - po-
breza.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Juan Manuel Perez Macropoéticas y Micropoéticas (...)
constelaciones de artistas trabajando sobre los mismos fenómenos y permite un corte sin-
crónico y un corte diacrónico. Me refiero con esto que, por ejemplo, podemos tomar un
eje diacrónico desde los 60’ hasta la actualidad signado por la propuesta del Instituto Di
Tella hasta la exposición organizada por el museo Muntreff “Perder la Forma Humana” en
el año 2014 lo que nos arrojaría al territorio de formación de una estética particularmente
latinoamericana donde se desarrollan distintos discursos artísticos en torno a la corpora-
lidad. Este corte sincrónico mantiene un fuerte contenido experimental en lo estético y
revolucionario en lo político.
Pensar al cuerpo en su territorialidad implica la indagación de su propia historicidad, es
decir, el principio de necesidad histórica por el que una poética corporal corresponde a
un tiempo determinado y a la inserción de ese tiempo en una territorialidad particular
en cuanto a sus condiciones de posibilidad. Hay un principio de necesidad histórica que
produce y legitima procesos estéticos como placas tectónicas. Se trata, entonces, de cons-
truir un análisis que lleve a considerar la poética del cuerpo en su inexorabilidad histórica,
desde las condiciones de posibilidad de su advenimiento estableciendo conexiones entre
cada poética y un polisistema histórico con sus combinatorias de series: es decir, combi-
natorias de tramas históricas, políticas, culturales, políticas, etc. Esto nos permite pensar
en una doble articulación de la historicidad: una interna (o inmanente a la poética de
cada artística, es decir, manifestaciones concretas individuales) y una externa (o, más bien,
consecuencia de la relación entre poética y el contexto histórico).
Roman Jakobson en Cuestiones de poéticas y Tzvetan Todorov en Nosotros y los otros se-
ñalan cómo el sentido de una obra se desplaza entre lo universal y lo particular, entre lo
abstracto y lo interno, entre lo general y lo concreto, Alejandra Niedermaier dirá también
en “Cuando me asalta el miedo, creo una imagen” entre lo real y lo imaginativo; es desde
ese posicionamiento desde donde podemos organizar el análisis entrecruzado de micro
poéticas y macro poéticas. La primera se trata de un espacio de heterogeneidad, tensión y
debate: cruce, diferentes materiales y procedimientos, espacios de diferencia y de repeti-
ción, es como afirma Peter Brook en El espacio vacío, “cada espacio poético está compuesto
de infinitos detalles: el detalle del detalle del detalle”. Una Macro poética, por otra parte,
resulta de la confrontación de distintas realizaciones para el armado de un conjunto con
rasgos comunes en un determinado correlato histórico y que permiten generar una cons-
telación, hablar de una mirada generacional. Esto me permitió tener en cuenta variaciones
temporales y a la vez individuales y poner en evidencia, por ejemplo, la Constelación de
la Ausencia: la saga de artistas visuales que comienzan a producir luego del fundacional
acontecimiento del 21 de mayo de 1983, El Siluetazo, y que luego Andreas Huysen, al pro-
logar la obra de Brodsky La clase, incluyó como realizadores del Memory Art y que conflu-
yen en la misma línea de lo imaginal al momento de producir sus obras sobre el motivo de
la ausencia (la pérdida, el álbum incompleto, la alegoría de la presencia, lo fantasmático de
la fotografía). Su máxima concreción en fotografía es Lucila Quieto, en mi opinión, pero
ahí están los trabajos de Inés Ulanovsky, Gerardo Dell’ Oro, Res, Helen Zout, Julio Pantoja,
Paula Luttringer, Gustavo Germano, entre otros.
En ¿Qué es un dispositivo? Giorgio Agamben hace una pequeña genealogía sobre el término
y, en un análisis muy de cercano al planteo de Michel Foucault, cierra que al régimen social
que produce procesos de subjetivación alienada cuya estructura sostiene un discurso he-
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Tengamos en cuenta que el cuerpo fue el objeto privilegiado de las políticas represivas de
los gobiernos dictatoriales a través de un plan sistemático que se desarrollaba en el abanico
de la cárcel, el exilio, la tortura, y el asesinato. Carlos Leppe reflexiona sobre la administra-
ción de los cuerpos, señala las técnicasa del Estado para disciplinarlos. En sus diversas ma-
nifestaciones y en sus diversas performances Leppe señala y denuncia el discurso discrimi-
nador de la medicina, de la educación, del sistema carcelario y de las políticas de frontera
y sus ejes son las inscripciones de la memoria como una marca lacerante, el travestismo, la
normalización de las sexualidades no hegemónicas, la mutilación y la violencia.
Pensemos en una de sus obras más insignes: su autorretrato El Perchero (1974), montado
en un tríptico fotográfico y que fue expuesto en la galería Módulo y Forma de Santiago de
Chile. Allí Leppe expone su cuerpo desnudo cubierto de vendas y contorsionado. En plena
dictadura chilena, El Perchero es el germen latinoamericano de una dinámica corporal
trans que expone en primera línea la puesta en escena del debate artístico sobre los cuer-
pos violentados, violados, torturados por las políticas terroristas estatales. Su obra es una
de las iniciadoras del discurso de la disidencia cultural, como escenario de confrontación
donde están en conflicto las políticas contrasexuales del margen y las fuerzas normaliza-
doras estatales. En este sentido, podemos evidenciar que toda la obra de Leppe es un mapa
de la represión y que el pensamiento visual del arte de denuncia se materializa en la cons-
trucción de toda su obra. Pero hay algo más, su obra puede leerse también como la puesta
en práctica de la biopolítica foucaultiana: siempre con el cuerpo como único elemento
material, como una zona de mediación y umbral entre el individuo y la comunidad, la
mayoría de las acciones artísticas que realizó fueron siempre en distintos contextos marca-
dos por la cosificación y el disciplinamiento: hospitales, cárceles, manicomios, prostíbulos.
La pregunta que Dávila nos plantea es clara ¿Cómo pensar una historiografía contempo-
ránea de las representaciones del cuerpo evidenciando la marginación de lo trans? ¿Cómo
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incluir esta temática en el relato histórico de una sociedad sin violentar sus bases patriar-
cales? ¿Qué es lo que se cambia de lugar cuando el pabellón nacional, cuando la iconogra-
fía de una nación se pone en tensión con lo popular?
En 1994 Juan Dávila representa a Bolívar travestido, mestizo, transido de gestos que lo
vinculan a la cultura popular y a los discursos de la contracultura. Enfrentándose con el
relato historiográfico que construye la historia de la identidad de una región, con su inter-
vención cuestiona directamente la galería iconográfica que forma parte del imaginario de
una nación y pone en tensión sus valores más tradicionales. Al no reproducir un héroe la
horma de un héroe blanco, valiente, masculino, aristocrático, en fin: broncíneo, se corre
de la línea tradicional que el discurso oficial y naturalizado asume sobre la representación
del cuerpo sagrado del prócer, el Padre de la Patria.
Esta adaptación disruptiva de la figura de héroe (una parodia que une lo trans, lo margi-
nal, la vulgata, lo pop estridente de la moda de los ‘90) cuestiona la fundamentación en
crisis del proyecto político moderno y, lo que es más peligroso, porque es más visual: su
régimen de representación. Es decir, la reproducción iconográfica del progreso moderno,
del ideal romántico blanco de la patria, las marcas de la masculinidad de los Padres de la
Patria, la pureza de estirpe no sirven para relatar la historia de una nación, Perú, en el cen-
tro de un continente principalmente mestizo y aborigenista. Al deformar la figura de uno
de los héroes por antonomasia, Dávila pone en tensión la posibilidad de, a partir de una
revisión historiográfica icónica de la representación de los cuerpos que llevaron a cabo la
épica nacional, tramar otros discursos marginales. Un caso análogo sucede en Argentina
con el acervo fotográfico de Domingo Faustino Sarmiento: mientras los daguerrotipos
lo delatan como un mestizo con visibles marcas corporales de su negritud, el pabellón
iconográfico nacional prefiere el rosa de sus mejillas, su nariz aguileña y sus ojos preten-
didamente verdes.
En el preludio de Aisthesis, escenas del régimen estético del arte, Jacques Rancière afirma
que una historia del arte no estaría vinculada tanto a la recepción de las obras de arte sino
más bien al tejido de experiencia sensible dentro del cual se producen. El régimen estético
del arte que Rancière analiza está construido por el conjunto de condiciones materiales
de aparición –representación, presentación, circulación– que hacen posible que palabras,
formas, movimientos y ritmos se sientan y se piensen a sí mismas como arte. Las escenas
que originan nuevos modos de leer el entramado del arte contemporáneo transforman el
régimen de percepción del arte, lo amplían. En este sentido, los cambios en el régimen de
percepción se evidencian cuando el sistema artístico de una época puede incluir nuevas
imágenes, nuevos objetos que debatan contra la idea del arte bello (figuras vulgares, exal-
tación de las actividades prosaicas, versos sin métrica, edificios industriales, etc).
El mecanismo de este régimen estético absorbe estas emergencias marginales y no deja de
redefinirse en ellas, habilitando nuevas posibilidades en las combinaciones del sensorium,
desdibujando las especificidades de cada género artístico y de sus propias fronteras. Este
sensorium implica una corporeidad y un sinfín de relaciones que se desprenden de la red
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Juan Manuel Perez Macropoéticas y Micropoéticas (...)
del régimen estético, en el campo perceptivo, en la esfera de las artes y en los entramados
sociopolíticos. La obra de arte, como experiencia estética, está siempre enmarcada dentro
del sensorium, y la estética (el régimen estético) se nutre de él constantemente. Leer en
la emergencia de las obras de Leppe, Dávila y la exposición colectiva del Siluetazo las
anomalías que hacen mutar el tejido sensible que constituye el arte contemporáneo nos
pone frente a los esquemas de transformación del arte contemporáneo y de uno de sus
principales elementos de acción. La materialidad corporal es un espacio privilegiado de
“pensatividad”; habilita nuevas posibilidad de un pensamiento, que no siempre puede
asignarse intencional, dentro del régimen estético de su propio tiempo y, como afirma
Jacques Ranciére, “se ubica en un estado indeterminado entre lo activo y lo pasivo”. La
carne que constituye la corporeidad de la esfera contemporánea, y en la que se inscribe la
figura del tiempo histórico, tiene un lugar protagónico en distintas poéticas individuales
y marca, a partir de la década del 60, la emergencia de un nuevo discurso estético y fun-
damentalmente político.
Conclusión
No podemos entender las figuraciones culturales artísticas del cuerpo bajo la dinámica de
una lectura lineal. No registra una isotropía, un solo camino de lectura, el cuerpo es una
realidad plural con yuxtaposiciones, como lo resume el Barthes de El placer del texto, se lo
recorre como a las vetas de una madera, y es en los límites donde se produce el sentido de
la obra. En las yuxtaposiciones, en las deconstrucciones y en sus emplazamientos funcio-
nan las heterotopías del cuerpo entendido como el espacio propio del siglo xx que genera
subjetividades.
Estas líneas son pensadas a partir del análisis de cómo piensa su política y su lugar prepon-
derante en distintos regímenes estéticos el dispositivo cuerpo. En este itinerario aparece
representado como espacio de contigüidad, de topografías, de contornos, de proyecciones
sobre cómo una comunidad lo imagina y como esas fantasmagorías devuelven a la comu-
nidad una unidad de sentido estético y político; ilumina, además, un territorio clave de
contraposiciones y paradojas (tecnológicas, políticas, territoriales y jurídicas ya que es en
el estatuto de los cuerpos donde se aplica el “hacer vivir” foucaultiano de la una sociedad
) y se muestra como un terreno de indagación sobre las propias condiciones históricas en
donde se materializa el acervo cultural de lo contemporáneo. Todo se debate ahí: entre el
cuerpo material y el espacio subjetivo e identitario del individuo y de la comunidad. Desde
la educación visual tenemos que contribuir a realizar este abordaje crítico del surgimiento
del cuerpo como un dispositivo fuertemente semióforo, abierto y dinámico.
¿Qué señala esta potencialidad indeterminada de las figuraciones del dispositivo cuerpo?
En su análisis sobre la emergencia de discursos y poéticas transgresoras en la cultura bra-
sileña Mario Cámara plantea un doble efecto como respuesta y que podríamos resumir
de esta manera: por un lado su condición de artificialidad: nada es natural, siempre hay
una alineación, un entramado, un proceso de subjetivación hegemónico sobre él; por otro
lado y como consecuencia, su permanente estatuto de alucinación y transgresión. Esta
noción espectral de un cuerpo político y estético conduce nuestra mirada sobre el pasado
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Juan Manuel Perez Macropoéticas y Micropoéticas (...)
y nos obliga a preguntarnos por las herencias, porque hurgar en una herencia o en un
archivo es producir, y esto implica un movimiento de liberación de voces, de historias,
de subjetividades. En su lúcido libro sobre la carne como figura de la historia, la ensayista
Alicia Montes se preguntó si en aquello no simbolizable que existe en los imaginarios de la
comunidad y que retorna como calamidad peligrosa, degenerada, ajena a atentar contra los
estatutos artísticos establecidos, a deconstruir binarismos a reposicionar en el centro del
canon matérico los cuerpos trans, alterados, deconstruidos, puestos en cuestión, no hay
una herramienta para leer los sentidos de la violencia contemporánea y no nos da, acaso,
los materiales insurgentes para construir una comunidad crítica ya que originan nuevas
formas de contar la historia y de vivir nuestras nuevas subjetividades.
Bibliografía
Abstract: This essay retrieves the notion of territoriality to lay out the possibility of the
construction of a comparative poetic about the representations of the contemporary body
within the panorama of the Visual Arts in Latin America and its devices of production,
representation, presentation and circulation.
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Juan Manuel Perez Macropoéticas y Micropoéticas (...)
dentro do panorama das artes visuais na América Latina e seus dispositivos de produção,
representação, apresentação e circulação.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
Resumen: El así denominado “giro visual” y los estudios sobre cine han mantenido una
fructífera relación a lo largo de las últimas dos décadas, no sólo respecto de sus influencias
cruzadas, sino también reconfigurando el campo de lo que hoy entendemos como cine en
relación con la cultura visual. Una obra artística fronteriza como la de David Lynch, que
articula su producción a través de la plástica, la fotografía, el cine y los nuevos medios, en
este artíclo es examinada a partir de la confluencia interdisciplinaria entre Visual Studies y
Film Studies. El abordaje intenta no sólo dilucidar distintos aspectos de la producción de
este artista, sino contribuir al replanteo de ciertas cuestiones fundamentales que hacen al
lugar y construcción de lo visual en el cine, y a los estados y procesos que hacen a la ima-
gen artística contemporánea, expandida por medios y técnicas en transformación.
(*)
Investigador, teórico y crítico de cine y artes audiovisuales. Dirige el Doctorado en Ar-
tes de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Es profesor de la Universidad de
Palermo desde 1992.
Durante los años noventa, la relevancia de la articulación entre el ascendente campo pro-
ducto del giro visual agrupado bajo la conveniente pluralidad de los así denominados
estudios visuales, y la entonces ya consolidada área de los Film Studies quedaba ya en
evidencia. En el célebre cuestionario sobre cultura visual elaborado en 1996 por la revista
October en su número 77, formulado a varios referentes en este terreno, no solamente
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
taba, entonces, no tanto de buscar afanosamente el texto en las imágenes, o de entender las
imágenes en tanto texto, sino de reparar las implicaciones de su materialidad, su visuali-
dad; indagar sus efectos de sentido, pero también el impacto de su presencia, sus determi-
naciones tecnoculturales y su efecto sobre los sujetos y la cultura. El impulso del pictorial
turn detectado por Mitchell también acusaba recibo no solamente de una reconfiguración
del campo de lo visual y un cuestionamiento a toda una serie de presupuestos básicos de
la Historia del Arte, sino de cierto retorno a marcos teóricos que desbordaban los presu-
puestos de cientificidad y metodología general que eran una de las fortalezas habituales
esgrimidas por el giro lingüístico. De ese modo, la hegemonía de la semiótica del cine y
las metodologías derivadas, por ejemplo, de la práctica sistemática de un análisis fílmico
cuyas reglas parecían dispuestas a asentarse sólidamente en el terreno de la investigación
académica, comenzaron a verse afectados, en el campo de las teorías y la crítica del cine
y del audiovisual, por otra inflexión, la del llamado giro filosófico. Sin inscribirse dentro
del terreno del giro visual, autores como Gilles Deleuze, Alain Badiou o Jacques Rancière,
entre otros, presentaron ejes de trabajo conceptual en relación al cine que permitieron
no solamente trascender el foco en las representaciones visuales entendidas como textos
codificados en los terrenos del cine o la pintura, y sus mutuas determinaciones, sino que
interrogaron en sus fundamentos mismos a la imagen y la visión. Las viejas preguntas so-
bre qué es una imagen, o qué significa ver como un hecho culturalmente construido, vol-
vieron a plantearse. Ante todo, el sentido del giro visual fundó su poder en traer al primer
plano la pregunta por el enigma de la visión, y la oscura trama que existe en ese conjunto
de experiencias sensibles e inteligibles que designamos con el nombre general de imagen:
“Lo que se juega en el pictorial turn es fundamentalmente una ‘recualificación –positiva o
negativa– de las imágenes, una reafirmación de su consistencia propia’ (Rancière, 2016, p.
78). Pero había otro elemento crucial en el giro visual, que involucraba de manera central
a lo cinematográfico, tanto como a la fotografía, de tradición más extensa: su condición de
ser ámbitos de la visualidad posibilitados por las imágenes técnicas, esas imágenes que no
podían existir sin la existencia de aparatos cuya misma operación signaba su producción,
imponiéndose definitivamente a la tradicional destreza manual o el trabajo artesanal con
herramientas simples. Así pudo remarcarlo Jacques Rancière:
De manera que el pictorial turn no es tanto un giro visual (imagier) del pensa-
miento contemporáneo como un retorno dialéctico de la máquina que trans-
forma las imágenes y la vida en lenguaje codificado. La máquina que quiere
producir vida artificialmente produce, de hecho, una nueva especie de imá-
genes que define una potencia nueva de la vida, de una vida que no se deja
separar de sus imágenes y de sus monstruos, de sus enfermedades y de sus
mitologías (Rancière, 2016, p. 82).
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
El test de Lynch
Desde sus mismos inicios de su trayectoria, ha sido remarcable la forma en que la pro-
ducción artística de David Lynch se ha empeñado en atravesar fronteras entre prácticas
y disciplinas artísticas, desconcertando a los especialistas. Iniciado en artes plásticas en la
Escuela de Arte de Filadelfia, sus producciones en forma de dibujos, pintura y escultura,
o circulando entre fronteras desafiadas entre distintos medios expresivos, pronto dieron
paso a la experimentación en medios audiovisuales, conjugando además la fotografía, los
medios electrónicos y los new media. Hasta el presente, la enorme masa de su producción
también ha incorporado elementos que se extienden a la música popular y el arte sonoro.
Por otra parte, ha desbordado también el terreno del mundo artístico, ingresando en la pu-
blicidad y el diseño, además de participar en el más sofisticado sector de la pop culture con
experiencias como la serie televisiva Twin Peaks (1990-91). No resulta exagerado conside-
rar a David Lynch, y por extensión a lo lyncheano, ese extraño mundo relacionado con su
obra, como presencias inmediatamente reconocibles en la cultura visual contemporánea.
Acercarse a la obra de Lynch sumando a la teoría y crítica cinematográfica los recursos
aportados por el giro visual no implica de ningún modo abandonar la productividad que
ha demostrado, a lo largo de su prolongada trayectoria, el análisis textual respecto de sus
producciones. Más bien esta propuesta, como bien indicaba Jacques Rancière en su apre-
ciación sobre el pictorial turn, consiste en redirigir la atención hacia el espesor y la con-
sistencia de unas imágenes que se resisten a ser atrapadas por completo en las redes de la
textualidad, que son reacias a decantarse sólo en operaciones productoras de sentido, y
que insisten en una eficacia tan oscura como contundente, en las mismas fronteras de la
visualidad contemporánea.
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En otras palabras, lo que aquí se resalta es que en el giro visual está ausente la pretensión
de un “todo es visual”, de un horizonte de visualidad total. Por lo contrario, interrogar a
lo visual es plantearse su territorio pero también someter a escrutinio sus limitaciones y
explorar un más allá de lo visible. No solamente esto implica, dentro del territorio de lo
visual, expandir las cuestiones en juego más allá de la representación, por ejemplo, para
enfrentar el problema de lo irrepresentable. Sino que la empresa consiste en indagar las
zonas oscuras que envuelven a la cultura visual. Por otra parte, esta contratesis indica que
como no existen los medios visuales como algo puramente dado, lo visual involucra desde
su misma construcción las percepciones y el procesamiento de lo elaborado por otros
sentidos. Por si esto no bastase, también hace a las maneras en que esos sentidos se conta-
minan y desafían sus presuntas especificidades a partir de experiencias como la sinestesia.
Como señala Gregg Olson en la definición que oficia como exordio de nuestro artículo,
no sería inapropiado referir a buena parte de las producciones de David Lynch para la
pantalla como pinturas cinematográficas. La apreciación coincide, por otra parte, con la
aproximación seguida por Allister MacTaggart en su estudio integral sobre la obra lyn-
cheana como film paintings, que a su juicio pone a prueba la misma consistencia de la
teoría cinematográfica que se ve expuesta a sus límites ante la rareza y la heterrogeneidad
de este objeto. Armado con conceptos de teoría del cine tanto como con los aportes de
referentes de los estudios visuales como Mieke Bal o T. J. Clark, MacTaggart inicia su re-
corrido por un universo cuya construcción en capas diferentes lo asimila tanto a la citada
pintura cinematográfica como a un palimpsesto (MacTaggart, 2010).
Frente a tanta incursión académica o cinéfila en la producción de Lynch a partir de ver-
siones más o menos actualizadas de un auteurisme, o a su consideración en tanto cineasta,
pintor, escultor, fotógrafo y unos cuantos etcétera, la aproximación de aportes como los
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4. No existen los medios visuales, en el sentido en que todos los medios son
mixtos, con varias ratios de tipos sígnicos y sensoriales. (Mitchell, 2003, p. 26)
El palimpsesto al que MacTaggart hace referencia no solamente posee sus capas de trazos
distintos bajo una misma superficie, sino que ellos están compuestos con materiales y pro-
cedencias diversas. Así como desde las primeras pinturas de Lynch se convocaban valores
táctiles y pronto experimentó con piezas mixtas, entre la pintura, la escultura y la imagen
proyectada, como el mismo artista describe, revisando su obra temprana, en el documen-
tal de compilación de sus trabajos The Short Films of David Lynch (2002), en sus películas y
producciones televisivas asoma su trabajo plástico y hasta de diseñador, como ocurre con
el mobiliario de la mansión de Fred Madison de Lost Highway (1997).
Por último, la quinta contratesis propuesta por Mitchell resulta de especial interés para
nuestra intelección de la producción de Lynch. En ella el teórico desarrolla incipientemen-
te una idea que más tarde sería el punto de partida para su conceptualización de las imá-
genes como organizaciones a las que el sujeto adjudica una actividad particular, animada
incluso por un presunto deseo:
La relación que Mitchell postula en este breve texto como dialéctica, y cotejando su acción
con la de especímenes y especies, llevándolas hacia un sorprendente ámbito biológico,
luego sería desarrollada en torno a las tesis centrales de su sugestivo volumen What Do
Pictures Want? (Mitchell, 2006).
No sólo hay en la producción lyncheana una consustancial dimensión intermedial desde
sus mismos inicios, y sus obras comportan una compleja mezcla en sus propios cimien-
tos, que atraviesa desde la estructura hasta las texturas, sino que también las imágenes de
Lynch parecen especialmente inclinadas a operar como agentes y no meros objetos pasi-
vos. Ellas se dedican a hacer algo, y ese algo se lo producen a los espectadores de un modo
particularmente perturbador. Aunque no queden nada claros sus procesos productores
de sentido ni el resultado final de su lectura, funcionan como Sigmund Freud resaltaba
en cuanto al trabajo del sueño: operan transformando. Es en ese sentido en que Mitchell
plantea su ya muy debatida pregunta, circulante desde el momento de la publicación de
su libro hasta la actualidad, en numerosos debates académicos. No se trata bajo ningún
concepto de personalizar a las imágenes en un sentido animista, sino de reconocer hasta
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
qué punto estamos vinculados y dependemos de ellas, llegamos a atribuirles una dinámica
propia y permitirles una oscura eficacia de la que no somos partícipes activos sino más
bien los afectados. Muy a menudo el sujeto frente a las imágenes reacciona dramática-
mente, aunque no sepa qué es lo que lo ha golpeado, y eso es lo que ocurre en algunas
de las experiencias más perturbadoras que suscitan las imágenes de David Lynch. Acaso
en la aproximación a su producción la mejor estrategia sea la de concentrarse en objetos
parciales, recortando esos espacios o momentos al modo en que proponía otro estudioso
de la cultura visual, Victor Burgin.
De acuerdo al procedimiento planteado por Burgin en The Remembered Film, es posible
indagar el impacto en el sujeto de una obra cinematográfica a partir del poder evidenciado
en algunas escenas aisladas, de esas que perseveran en la memoria desgajadas de una cau-
salidad narrativa plena, casi como hechos plenos y portadores de un efecto de retorno que
no cede en la memoria del espectador. Más aún, la insistencia con la que perduran parece
estar relacionada con el poder de retorno propio de lo reprimido. El ensayista propo-
ne denominar a esos bloques compactos y persistentes compuestos por imagen y sonido
como imágenes-secuencia (sequence-image). A diferencia de una convencional secuencia
de imágenes en el cine, organizada linealmente como unidad narrativa, esta formación
imaginaria no dispone sucesividades, sino que persevera como un arreglo donde las si-
multaneidades predominan sobre las sucesiones, donde las relaciones oscuras entre sus
componentes evocan analogías y correspondencias más allá de las relaciones de causa y
efecto (Burgin, 2002, pp. 14-22).
Además de ser particularmente reveladoras a través de sus bloques de imágenes-secuencia,
es necesario considerar a las piezas lyncheanas como un entramado heteróclito. En cierto
sentido, más allá de los medios expresivos seleccionados para cada caso, su estructura es
deliberadamente compuesta por medios mixtos. Bien puede encontrarse un precedente
ilustre para su caso, que compartió también el ánimo visionario y cierto aire de artista úni-
co en su categoría: el de William Blake con sus obras inclasificables, instaladas entre la poe-
sía, la pintura y las artes gráficas. Como destaca con perspicacia Jacques Rancière, las obras
de William Blake eran extrañas criaturas anfibias, “trenzados ejemplares de palabras y de
formas visibles” (Rancière, 2016, p. 79). Las de Lynch manifiestan similar condición, lo que
les asegura un tránsito particularmente fluido a través de medios, soportes y plataformas.
Si de lo que se trata en David Lynch es de pinturas cinematográficas, y que, como hemos
visto con W. T. J. Mitchell, no todo en lo visual es visible, sea por sinestesias o por encon-
trar en la ceguera un límite a interrogar, acudamos a dos conocidas afirmaciones lyn-
cheanas, que evocan su tránsito de la pintura al cine y el diálogo entre los dos ámbitos. La
primera declaración pertenece al influyente volumen que Michel Chion le dedicase hace
un par de décadas: “Lo que me faltaba cuando miraba los cuadros era el sonido; esperaba
que saliera un sonido, quizá el del viento. También quería que desaparecieran los bordes,
quería entrar en el interior. Era espacial…” (Chion, 2001, p. 34).
Dos movimientos en el interior de su fase inicial como artista plástico incitan a la mixtura
de medios, hacia una ampliación a partir de lo visible que se postula intermedial, aunque
en la memoria de los espectadores suela ser evocada como poderosamente visual, en el
mismo sentido en que un sujeto dice que “ve una película” aunque la misma situación
sensoperceptiva es más compleja. Por un lado, la imagen convoca al sonido ausente. Entre
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otros logros, una buena parte del libro de Chion está orientada a la indagación de Lynch
como decisivo artista sonoro. No nos extenderemos en este punto, también trabajado
abundantemente en otras aproximaciones investigativas a su obra; tan sólo consignare-
mos que el sonido y la música forman parte central y crucial de sus piezas audiovisuales.
Por otro lado, el espacio pictórico solicita el desvanecimiento del marco para absorber al
espectador. En numerosas oportunidades, Lynch ha enfatizado que el tránsito de la pintu-
ra hacia la cinematografía obedeció principalmente a deseo de habitar sus obras plásticas,
de poder entrar en ellas. Pero reparemos en otro comentario autobiográfico formulado a
Chris Rodley, al evocar un momento epifánico de sus tiempos de estudiante en la Escuela
de Arte de Filadelfia:
Todo un programa radicaba en ese gesto. Por otra parte, la pintura en movimiento que
estaba buscando Lynch poseería una cualidad cuyo orden no pertenece a la mecánica de lo
móvil en cuerpos sólidos, sino a un tipo de fluido particular, con una materialidad y hasta
una dimensión mitopoiética propia. De acuerdo a una perspectiva más tradicional de
las interrelaciones entre cine y pintura pueden establecerse importantes desarrollos, por
ejemplo, explorando la conexión evidente entre Lynch y la plástica de un Francis Bacon
(que el propio cineasta ha reconocido en numerosas entrevistas). Así lo hace de manera
productiva Susan Felleman, indagando las determinaciones baconianas en las imágenes de
Lynch (Dalle Vacche, 2012, pp. 310-318). Pero creemos que el espectro de estas influencias,
de acuerdo a otra lección aprendida por la expansión del foco de atención propuesto por
el giro visual desde la circunscripción de las imágenes artísticas hacia las provenientes de
otros ámbitos, debe ampliarse hacia otros referentes que exceden el campo artístico y que
pertenecen a un imaginario tecnocientífico, aunque refractado de modo deformante.
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o Marcel Duchamp, resulta productivo trasladarse un poco más hacia atrás, para recalar
en los promedios del siglo XIX. Si examinamos ese contexto cultural, nos percataremos
bien pronto que en cierto sentido Lynch en un artista que extrae sus recursos de la llamada
“síntesis de Maxwell”. No es momento aquí para extendernos en un breve repaso de un
momento clave de la historia de la ciencia moderna, sólo recordaremos que James Clerk
Maxwell fue el científico que pudo integrar, en una teoría unificada, a la electricidad, el
magnetismo y la luz. No hace falta resaltar cómo en las pantallas que muestran imágenes
lyncheanas, los fogonazos seguidos de súbita oscuridad, los chisporroteos eléctricos, las
misteriosas conexiones entre sujetos, objetos y espacios poseen una matriz eléctrica cuya
intensidad roza lo alucinatorio. Ya en la misma producción plástica o fotográfica del artis-
ta, las imágenes son plasmadas en materias ex-puestas, en estado de crisis, degradación o
disolución. Y en sus obras audiovisuales esto se convierte en fenómeno ondulatorio, cuya
inestabilidad es constitutiva.
Es a través de la modulación de unas imágenes que se convierten en fenómenos donde
toda forma es una conquista provisoria, que Lynch, estableciendo sus tránsitos y pasajes,
se dedica en sus ficciones a pensar el medio como un sistema inestable: estas modula-
ciones implican, en el tránsito de las imágenes de un estado a otro, de un artefacto –real
o imaginario– a otro, pensar el cine, pensar la televisión, el video y la imagen digital. En
ese sentido es particularmente significativo el lugar que en la imagen lyncheana ocupa
lo electrónico. Es un lugar equívoco, en cierto modo retro, que relaciona elementos de la
cultura popular del siglo XX en un entorno digital del siglo XXI. La iconografía técnica
que predomina en sus producciones de las últimas dos décadas, a partir de Lost Highway,
y que llega a lo paroxístico en Twin Peaks: The Return, presenta una mexcla de contem-
poraneidad con elementos de contornos cuasi decimonónicos, o que a lo sumo remiten
a un entorno técnico de la Segunda Guerra Mundial o la posguerra. La inspiración visual
en torno a aparatos pioneros de la cultura eléctrica de consumo masivo (radiorreceptores,
televisores, electrodomésticos, etcétera) se liga con la apología de la electricidad al modo
romántico, pre-científico. Por otro lado, cabe destacar que en Lynch el contacto con lo
digital ha ingresado, en lo que su producción audiovisual respecta, más por el costado del
registro, por las tecnologías de las cámaras, estallando en Inland Empire (2006), que por la
imagen de síntesis, generada por computadoras.
Un estado fluido de las imágenes provoca que en Lynch la electricidad se aloje en los pla-
nos: como estática o estableciendo corrientes eléctricas, los planos son dispuestos en tanto
superficies que se superponen, se intersectan, se queman o provocan un choque al menor
contacto, tanto a sus personajes como a los espectadores. La óptica propia de Lynch no es
aquella de las lentes de la modernidad (una óptica pasiva, dispuesta a partir de la trayec-
toria de la luz a través de cristales de microscopios o telescopios), de ahí su desdén por las
perspectivas y la integración orgánica de las composiciones en pantalla. Por lo contrario,
la suya es la óptica activa del análisis electrónico de la imagen, de la composición inestable
y la descomposición ante la súbita falla, o la desaparición siempre al acecho cuando se in-
terrumpe el circuito. Desde la serie original Twin Peaks en adelante, vale la pena recordar,
una experiencia vista originalmente a través de las viejas pantallas electrónicas de tubos
catódicos, la inestabilidad de la imagen y sus estados en colisión dentro del mismo plano
ocupan un lugar creciente en las escenas lyncheanas. Más que con planos o imágenes esta-
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
bles, David Lynch trabaja con campos (en sentido maxwelliano). Toda apelación a corrien-
tes o fluidos en su cine lleva a consolidar campos en tensión, haciendo que el fluido eléc-
trico se despliegue en el plano y también entre los planos. Así es que conforma campos de
energía visible y audible. Cada plano rompe su consistencia imaginaria, sus coordenadas
espaciales, especialmente las delimitaciones entre dos dimensiones y tres dimensiones. Las
reales dos dimensiones del lienzo o el display de la pantalla, y la ventana imaginariamente
tridimensional que parece abrirse a un espacio con profundidad para, a cada momento,
revelar su condición ilusoria y golpear con su platitud.
En el choque entre luz y oscuridad en las piezas de Lynch, pertenezcan o jueguen en el me-
dio que sea, o lo desafíen, se abre un combate audiovisual ubicado más acá de la imagen.
No sólo pone en juego la siempre inminente pérdida de la forma por medio de la desfigu-
ración (anamórfica o pluriforme) sino por la misma escasez de luminosidad, partiendo
hacia el fuera de campo por medio de la invasión de la oscuridad. Si en algún momento
parece tomar elementos de la iconografía y el imaginario de la ciencia ficción (como lo
hace también con el noir o la soap opera) sólo serán tomados para desnaturalizarlos, arran-
carlos del marco genérico. Son, ante todo, imágenes. Pero el problema central consiste en
saber, o no mejor aún, no poder saber, de qué cosa son imágenes. No pertenecientes a la
codificación visual de un género, sino despegadas de esos géneros para ingresar en una
zona equívoca, reconocida con el conveniente apelativo de lyncheana.
No se trata solamente aquí de un desborde de los límites de la pantalla, como los que mo-
vieron al joven Lynch hacia la experimentación con la imagen proyectada y en movimien-
to sobre sus esculturas y pinturas, sino que lo que está en juego es el propio movimiento
del medio en el cual ha dispuesto la producción audiovisual por la que es principalmente
reconocido: el cine. Cabe resaltar que se trata de un cine cuyos contornos desafían las
categorías habituales.
Los tránsitos afines a la producción lyncheana para la pantalla implican un cuestiona-
miento rotundo a las definiciones de lo cinematográfico en términos de su recepción con-
vencional en espacios asignados, a saber, la clásica sala cinematográfica y el confinamiento
a su consumo en los espacios domésticos por medio de las pantallas electrónicas. El in-
tervalo que fue desde la serie original Twin Peaks, emitida durante los años 1990-91 Y la
reciente Twin Peaks. The Return (2017) equivale a la distancia que media entre el intento
por instalar un universo con aspiraciones cinematográficas dentro de las limitaciones del
flujo y el negocio televisivo de fines de siglo pasado, y la búsqueda de supervivencia de
un cine de autor en el escenario postmedia abierto por las plataformas digitales, en un
entorno crecientemente post-televisivo. Las pantallas hogareñas, con sus aspiraciones ci-
nematográficas cada vez más refinadas en términos de prestaciones audiovisuales, y la
convivencia con todo tipo de dispositivos móviles, impuesto como experiencia prolife-
rativa más allá de la rara eventualidad de un visionado colectivo, el último Lynch circuló
ajeno a las salas a la manera tradicional. Por otra parte, es necesario remarca un punto ante
quienes insisten en considerar a Twin Peaks, The Return como un fenómeno inserto en el
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auge devorador de las series televisivas, que en términos de discurso y de tratamiento au-
diovisual amenaza engullir a la puesta en escena cinematográfica a partir de una primacía
del guión y una indefinida prolongación narrativa que, por lo general, va empalideciendo
a través de sucesivas temporadas. El caso de Twin Peaks: The Return presenta la totalidad
de sus casi 18 horas de cine dirigidas por el mismo Lynch, cuando en la serie de los años
noventa, sólo seis capítulos estaban bajo su autoría. Y puesto a percibir lo que se presenta
dado a ver y oír, desafía la mayoría de las codificaciones actuales de cómo opera una serie
televisiva ante su espectador, subvirtiendo sus acuerdos básicos. Si de algo se trata este
extraño experimento que es el de Twin Peaks: The Return, es de ser un objeto cinematográ-
fico desplazado, filtrado en múltiples pantallas y de potencia insólita, enmascarado como
serie televisiva. Algo así como la serie para acabar con todas las series.
En referencia a los tránsitos del cine contemporáneo entre los espacios comerciales tra-
dicionales y el museo, la producción de David Lynch también parece proliferar en una
zona intermedia, que no encaja exactamente en la expansión del cine hacia los espacios
museales que en las últimas décadas viven numerosos cineastas actuales. Más bien parece
procurar zonas intersticiales como la abierta exitosamente con Twin Peaks, el regreso, o
anteriormente osciló entre las pantallas electrónicas en estado de proyecto, y culminó con
estrenos en sala en cuanto al resultado final, como ocurrió con Mullholland Drive o Inland
Empire, concebidas inicialmente como miniseries y finalmente plasmadas como largome-
trajes. Algo resiste en las obras lyncheanas incluso a la catalogación y exhibición curada
de las cinematecas. Señalaba Rancière: “La relación entre cine y museo hoy es también
una relación de etiquetado cultural de las películas” (...). La filmoteca me parece menos
importante para el futuro del cine como arte que el espacio que el cine comercial reserva
al cine de autor. Lo que hace visible al cine como arte no es tanto la filmoteca como Wong
Kar-Wai o David Lynch “colgados” de salas destinadas a un público amplio. Sin duda, la
filmoteca alberga obras maestras del cine, como el museo las de pintura. Pero ésta lo hace
como espacio tradicional de conservación y presentación frente al espacio de los museos,
que hoy es un espacio dedicado a las formas de hibridación y transformación de las artes
(Rancière, 2005). No hay en su estrategia un refugio museal, aunque no lo desdeñe para
nada, sino la búsqueda de nuevos espacios alterados para su producción.
En esta política de diseminación intersticial de sus imágenes, el cine de Lynch se expande
en escenarios que se redefinen ante su propio contacto. El cuerpo de las imágenes adopta
formas fluidas y e irrumpe no sólo en crecientemente diversas pantallas, sino que se es-
pecializa en circular entre ellas, atravesarlas, para habitar en sus espectadores. Es más que
una curiosidad el caso del reciente documental My Beautiful Broken Brain (Lotje Sodder-
land y Sophie Robinson, 2014), que narra lo vivido por una de sus directoras a partir de
un grave derrame cerebral cuyas secuelas determinaron ciertas alteraciones de su habla,
visión y audición. La joven Lotje vivió el estado alterado de su percepción mediante cons-
tantes comparaciones con el imaginario lyncheano, efecto que el mismo documental se
ocupa –con suerte diversa– de reproducir, para involucrar al espectador en la perspectiva
de su protagonista. El caso es que ella, en cierto momento de su difícil convalecencia,
conoció al mismo Lynch, que finalmente no solo apareció en el documental, sino que
contribuyó a su producción. La visualidad lyncheana, considerada desde este ángulo entre
la estética y la clínica, presenta aristas que llevan indefectiblemente a una de las relaciones
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fundamentales que las imágenes convocan: las que mantienen con nuestros propios cuer-
pos, y nuestra autopercepción en el mundo.
Señalaba Jacques Rancière en su comentario a ¿Qué quieren las imágenes?: “Dar a las imá-
genes su consistencia propia es justamente darles la consistencia de cuasicuerpos, que son
más que ilusiones y menos que organismos vivos” (Rancière, 2016, p. 87). Este estado
intermedio, que remite a un movimiento entre lo inmaterial y la presentificación de cuer-
pos cuya actividad es inconstestable, nos hace retrotraer en nuestra conclusión a algunas
de las consideraciones formuladas al inicio de este artículo. El ¿Qué quieren las imágenes?
formulado por Mitchell consiste también en un giro rotundo respecto de la vieja pregun-
ta que cada día cuesta más responder: ¿qué es una imagen? En ese interrogante, lejos de
acechar una delirante propuesta de personificación y atribución de deseos que habría que
detenerse un momento a pensar por qué produjo tanta discusión, cuando otros autores,
sin mayores recaudos, han insistido en el campo de la filosofía o la historia del arte en ha-
cer referencia a una vida de las imágenes –hay otro movimiento en juego. El ¿qué quieren?
interpela hasta la sana provocación, más incisiva si reparamos en cómo sigue el título en
la edición original: vida y amores de las imágenes. En nuestro caso, correspondiendo a la
estrategia de Mitchell, deberíamos precisar la pregunta con un marcador específico ¿qué
quieren las imágenes de David Lynch? Destacaba el referente del pictorial turn:
Referencias bibliográficas:
AA.VV. (2003). “Cuestionario sobre Cultura Visual”, en revista Estudios Visuales, Nº. 1,
CENDEACC, Murcia, Noviembre.
Burgin, V. (2004). The Remembered Film. London: Reaktion Books.
Chion, M. (2001). David Lynch. Barcelona: Paidós.
Dalle Vacche, A. (1996). Cinema and Painting. How Art is Used in Film. Austin: Texas Univ.
Press.
Dalle Vacche, A. (2003). The Visual Turn. New Brunswick: Rutgers.
Felleman, S. (2012). “Two Way Mirror: Francis Bacon and the Deformation of Film” en
Angela Dalle Vacche, comp. (2012) Film, Art, New Media ¿Museum Without Walls?, New
York: Palgrave McMillan.
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
Referencias electrónicas
Rancière, J. “El futuro del cine como arte”, entrevista con Emmanuel Burdeau y Jean-Michel
Frodon, Cahiers du cinéma número 598, febrero 2005. Disponible en: https://intermedio
dvd.wordpress.com/2012/01/09/el-destino-del-cine-como-arte-entrevista-a-jacques-
ranciere-sobre-la-publicacion-de-malestar-en-la-estetica/
Abstract: The called “visual turn” and the film studies have maintained a fruitful relation-
ship over the last two decades, not only with regard to their cross influences, but also in
the reconfiguration of the field of what today we understand as the film in relation to
the visual culture. A border art work like David Lynch, which articulates its production
through the plastic, photography, film and new media, is examined in this article from the
interdisciplinary convergence between visual Studies and film Studies. The approach at-
tempts to not only elucidate various aspects of the production of this artist, it contributes
also to the reconsideration of certain fundamental issues of the visual in the film, the pro-
cesses that make the artistic image contemporary, expanded by media and transformation
techniques.
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Eduardo A. Russo Visualidades en tránsito: el cine de David Lynch
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Resumen: ¿Cómo representar una insurrección? ¿Cómo no solo representarla sino expre-
sarla? Insurreccionar una imagen, expresar su potencia insurrecta, es forzarla a que diga
lo que no dice a primera vista. Una primera vista preconfigurada en la mesa de costura
y confección de la industria cultural. Es desplegarla. Abrirla a su pasado y futuro. Abrirla
a sus relaciones coetáneas, formales, supervivientes, sin descargar su potencia afectante.
Trabajaremos en este texto sobre dos formas contemporáneas de expresar la insurrección
en/de imágenes. La muestra “Sublevaciones” de Didi Huberman y el film “En el intenso
ahora” de Joao Moreira Salles.
(*)
Sociólogo –especialización Sociología de la Cultura– (UBA) Docente de “Antropología
y Sociología del Arte” (FFyL UBA), de “Sociología (de la Imagen)” (FADU-UBA) y Teoría
de la Imagen y la Comunicación (UNPAZ); director de los proyectos de investigación
“Figuras de lo invisible. Imágenes ausentes, espectrales, persistentes (FFyL UBA) (2016/7)
y “La imagen expuesta: ensayismo y performatividad. Teoría crítica y práctica de/ torno a
la visualidad contemporánea” (FADU-UBA)(2017/8) Co-editor y co-fundador de la serie
Tierra en Trance. Cuadernos de Cine latinoamericano. Cofundador de las revistas, En
ciernes, Epistolarias y Carapachay. Miembro de la Comisión directiva de la Asociación Ar-
gentina de Estudios de Cine y Audiovisual y del grupo Rebelando imágenes. Ha publicado
artículos ensayísticos en distintos libros y revistas culturales.
Walter Benjamin sostenía, en “El autor como productor” (1975), que una obra que tema-
tice una revolución no puede hacerse sin revolucionar su propio discurso. De lo contrario
se estaría ante la peligrosa posibilidad de adocenar lo más sagrado del universo político,
aquello que puede cambiarlo todo. Adocenarlo en nuestra contemporaneidad de transpa-
rencia celebrada es brindarlo al modo espectacularizante y/o musealizante. Lo contrario
es hacer del discurso (por caso visual) sobre revoluciones, sobre insurrecciones, una alu-
sión insurrecta. Una insurrección “en” la imagen, pero necesariamente acompañada por la
insurrección “de” la imagen.
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La imagen (insur)recta
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Hacerle justicia a una imagen que expresó algún tipo de revuelta (así seleccionada por
el curador, así interpretadas a través del indubitable título de la muestra), hacer justicia
a aquella revuelta, hacer justicia al concepto de revolución, debe evitar tanto su enclaus-
tramiento académico como su devenir espectáculo. Espectacularizar una insurrección es
tanto igualarla (igualación que la prerrogativa necesaria de la mercancía), llevarla al uni-
verso de lo siempre igual (tal la caracterización adorniana de la Industria Cultural (2009),
como volverla una imagen sin densidad, mera apariencia (tal la tesis de Guy Debord en
La sociedad del espectáculo (2007). Por el contrario, la imagen que insurrecta se apuntala
en una diferencia, en el doblez, lo oscuro, secreto. En un “hender” la imagen, hurgar en
sus pliegues, manteniendo su latencia, su fogosidad. Buscar el modo de entramarla, sin
que pierda (o multiplique) su capacidad incendiaria, su potencia insurrecta, su punzante
existencia. Esa es la tarea de todo artista, es la tarea de todo historiador, y claro, de todo cu-
rador. También en términos del propio Didi Huberman en este caso en Pueblos expuestos,
pueblos figurantes (2014), donde propone el vínculo entre imagen y justicia, entendiendo
que la tarea consiste (tal el famoso poema de Pizarnik, en la mirada sobre la rosa hasta
incendiarnos nosotros, nuestros ojos) dejándose interpenetrar por la materia que esta-
mos observando, que estamos seleccionando (montando), para luego, sin perder nuestro
punto de vista, sin devenir un impostado acolito de aquello sensible a que interrogamos,
poder entrar en diálogo, en conversación, cual encuentro intempestivo en el que surge
algo novedoso, propio del encuentro.
Georges Didi Huberman, en “Sublevaciones”3, toma el desafío de una muestra visual so-
bre insurrecciones. Sin duda una apuesta mayúscula: una vida podría justificarse en ella.
Problematizando y expandiendo el ethos revolucionario, aquí desde la retórica del y en el
campo del arte, “Sublevaciones” es una muestra de imágenes (fotografías, videos, afiches,
tapas de libros, de revistas) que en principio y como mínimo “tematizan” la sublevación.
Imágenes de distintas épocas, lugares, autores, agrupadas en “episodios”: Elementos, Ges-
tos, Palabras, Conflictos, Deseos. Y que Didi Huberman la ha comenzado en París, lleván-
dola luego a Barcelona, Buenos Aires y hasta ahora San Pablo. Didi Huberman es teórico
y curador, y hace confluir aquí ambos oficios (que digamos siempre lo están, él mismo
de hecho ha enfatizado en su obra la necesidad y evidenciación de este imbricamiento: el
historiados debe ser artista, y a la inversa). Aunque aquí figure solo como curador.
Utilizando la lógica del montaje, del re montaje, Didi Huberman pone aquí en práctica
y evidencia los conceptos de Aby Warburg (aunque repetimos, teorizar es también una
práctica “curatorial”), conceptos que él mismo propagó e incluso devinieron canon: como
el de anacronismo y el de supervivencia.
De hecho, “Sublevaciones”, actúa como si fuera un panel de Warburg, que en vez de ha-
blar de la Primavera de Boticcelli lo hace desde el Mayo del 68 sus derivaciones, antes y
después, aquí y allá. La foto que fue elegida para el catalogo, las publicidades, es de hecho
de un suceso de Londres del 69, revueltas anti católicas. Pero referencian al mayo del 68
francés, tanto por el modo en que están vestidos, por ser jóvenes burgueses, incluso por
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la pose que evidencia el gesto de tirar piedras incorporado, hasta con un cierto estilo y
charme, digamos, francés, en la forma que toma su cuerpo.
El dislocamiento temporal del anacronismo se entrama aquí con un desanclamiento espa-
cial. Seleccionando imágenes de todos los tiempos, todos los lugares, de todas las formas,
parecería querer expresar una humanidad que tiene en su núcleo el espíritu superviviente
de la revuelta. Tal el “lenguaje universal de las imágenes”, de la tradición warburgiana. Sea
donde sea, sean las condiciones que sean.
El anacronismo es una fuerza mesiánica. Una política de las formas (de la política) Expre-
sión de tiempos que se encuentran, chocan y crean mundo. La supervivencia un modo es-
pectral, anti progresivo de pensar la historia (Walter Benjamin es parte del ideario/corpus
de Didi Huberman) ¿Pero cómo son incorporadas aquí? ¿Es su invocación efectivamente
disruptiva, tal como su herencia benjaminiana lo requiere?
Por un lado, la conjunción de imágenes aquí reunidas parecerían querer expresar un esta-
do de inminencia conflictiva que se impulsa a encender. Una muestra que intenta incidir
en un presente convocando fantasmas del pasado. Una apelación vivificante, activadora.
Didi Huberman parecería oler un 68, así como Herbert Marcuse pero en el siglo XXI y
querer incentivalo, fomentarlo.
En tanto toda representación es una expresión, una puesta en acto, no puede pensarse
solo una representación histórica de las revueltas. Hay tanto un contexto histórico, con
el que esta muestra itinerante dialoga, lo quiera o no, como documentos: el de un Michel
Foucault interviniendo de modo fáctico en un conflicto en una prisión, los panfletos de
la CNT durante la guerra civil española, textos de Ranciere sobre la revolución. También
están Cuba, el Subcomandante Marcos, las Madres de Plaza de Mayo, que expresan tal
estado de ebullición aludida. Y en tal sentido, o un compromiso político con un estado de
emancipación potencial o, de lo contrario, el riesgo de su fetichización. Siendo que a los
discursos sobre insurrecciones o se los vitaliza o se los vuelve vitrina. Difícil escapar a estos
destinos tratándose de “sublevaciones”. Y para ello la lógica conversacional, de diálogo en-
tre y con contextos históricos debe ser planteado, densificando y no meramente ex-puesto.
La des-contextualización, la mezcla aquí prima. Propiciando des vínculos particulares y
univerzalizantes. Y tal tarea de enlace debe proponerse. Como en Jacques Derrida donde la
herencia (o el duelo) depende de una (tal) tarea, no adviene, se la motoriza, se la “elabora”
(2002). Sino las formas habituales del tópico es la que irrefrenablemente se impone. Urge
hacer que esas imágenes, que son (como toda imagen) chispas, condensación vibrante de
sentido, no terminen por acrecentar el cúmulo de imágenes candentes que se naturalizan,
se desactivan en su consumo, por medio de su igualación des particularizada.
Por otro lado, la propuesta de Didi Huberman asume una pretensión de totalidad. Dice
Silvia Schwarzbock (2016) en Los espantos. Estética y postdictadura, retomando a Teodo-
ro Adorno que el juicio estético asume el todo, aspira o se contempla en el marco de lo
sublime. En cambio el político, el gnoseológico (del conocimiento) asume el de la parte.
Es decir, el estético tiene un vínculo con la idea, y la política y el conocimiento con “la
realidad” (negociada, negociable, a negociar).
Y he aquí una obra total, de aspiración totalizante. Una totalidad sublimada, vuelta hecho
estético que atraviesa no solo distintos tiempos, distintos lugares, sino distintos formatos
(panfletos, revistas, cartas, pinturas, dibujos, grabados, instalaciones, audiovisuales), dis-
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tinto estatuto de autores (desde consagrados: Goya, Picasso, Debord, Joseph Boys, Francis
Alys, a artistas contemporáneos, incluso “anónimos”) Además, distintas las instancias de
una revuelta están queriendo ser contempladas: desde la revuelta de la forma (Michaux,
Man Ray, Duchamp, Miró, Hans Richter), al gesto, las palabras, los conflictos, incluso los
deseos. Yendo de la forma elemental, microscópica, prefigurada, a su encumbramiento (el
conflicto), y retornar al deseo, nuevamente como el motor, la energía inicial. Pero también,
luego del conflicto, como el modo superador, amoroso: luego de la violencia, el amor, el
afecto, los sueños.
Gesto totalizante como en “Toda la memoria del mundo”, de Alain Resnais en 1956, pero
donde este autor toma un tono irónico, de constructor, expresando a una biblioteca, la
Nacional de París, en su afán totalizador. En Didi Huberman donde habría una deriva de
esa tradición, se expresa, en cambio, un halo de corrección política sublimada, al incluir
todas las formas posibles del resistir, incluso en las formas de “rebeldías” asumidas, legiti-
madas (que lo eran en tiempos de Warburg –anacronismos y pathos formel–, en tiempo
de surrealistas –montajes y remontajes–), pero que hoy, incluso en el marco de un museo,
no son más que el correcto hacer de tiempos donde el arte institucional, y la imagen,
incluso la disruptiva, violenta, lo puede hacer todo –aunque en apariencias, recuérdese la
29° Bienal de San Pablo (2010) y Roberto Jacoby expulsado por hacer panfletismo a favor
de Dilma Rousseff–.
Estamos pues así lo interpretamos, ante una representación adocenada de rebeldías, en
suma, una revuelta, una vuelta al mundo de las revueltas, sugestiva aunque estetizada.
Donde la totalización des contextualizada licua la potencia política de la anacronía y la
supervivencia.
Donde para el “gran público” deviene un aplanamiento y rejunte de estampas virulentas.
Casi como un recorrido por Google cliqueando “revuelta”, y navegando en sus “imáge-
nes relacionadas”, bajo la lógica informativa que se ve a diario en cualquier noticiario,
con mínima referencia y vértigo in-afectable. Y para el “especializado”, sobre todo para
los lectores del curador, una muestra post hubermaniana, donde el teórico replica a sus
maestros (Warburg, Benjamin) un centenar de años luego. Aunque lo sabemos, lo que fue
revolucionario a fines del siglo XIX hoy puede devenir mera estrategia comunicacional,
auto celebrante.
Si la disputa para la crítica cultural debe ser con el marketing político/cultural, el expertise
gestionador, arraigado en lógica transparentista: he aquí su expresión en el campo del arte,
que bajo el modo de “tierra arrasada” nos deja aún más a la intemperie de como entramos,
bajo la falsa (publicitaria) promesa de la esperanza (como principio, aquí fin).
Invoquemos por otro lado como contrapunto un trabajo reciente que toma al Mayo del
68 como enclave histórico-simbólico de las revoluciones de la segunda mitad del siglo XX.
Me refiero al film “En el intenso ahora” de Joao Moreira Salles.
La imagen (in)tensa
Joao Moreira Salles, en su film “En el intenso ahora” (2017), desde su historia personal/
familiar se entremete con cuestiones político/sociales. Tal como ya lo había hecho en “San-
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tiago” (2007) donde retrata a su mayordomo y las relaciones de afecto y clase social que
en él se imbrican. Desde una trama íntima, se propone interrogar aquí nuevamente una
trama mayor, la que refiere en este caso al Mayo del 68, y a este como prisma desde don-
de pensar las revueltas del siglo XX, y en términos conceptuales la idea de Revolución.
Moreira Salles, desde una voz en off sensible, reflexiva, comenzando con las tomadas por
su madre en la revolución cultural de Mao, analiza y reúne un conjunto de imágenes de
archivo, de revoluciones contemporáneas a esta. Desde ellas interroga distintos aspectos
de una sublevación, como objeto de estudio, y universo de sentido a desentrañar.
Dentro de los tópicos que va eligiendo se encuentra el de los referentes revolucionarios. En el
caso de Mayo 68, la que va a analizar en mayor detalle, a Daniel Cohn Bendit. Evidenciando
tanto que las revoluciones las hacen los sujetos, como que algunos tienen un papel funda-
mental, tanto para su irrupción como para otorgarle un carácter singular, incluso de fracaso.
En el caso de Cohn Bendit, “el revolucionario”, expresa su devenir de joven brillante e
insolente, manejando y dejando en ridículo a avezados periodistas televisivos, a vedette
espectacularizada de la revuelta. Algo que se vuelve incontrolable para sí mismo, incluso
parte de su caída. Salles se ocupa de expresar este periplo, este proceso. El de cómo se
destacaron y como se vendieron los revolucionarios. Y Godard con su mirada crítica y
desencantada sobre la intelectualidad flota en el aire, con sus Tout va bien o Letter to Jane,
ambas de 1972. Por momento histórico, crítica, y modalidad deconstructiva.
Analiza y compara también las frases de la revolución, de las revoluciones. Diciendo que
algunas son más bonitas pero menos políticas que otras. Otras más surreales que mar-
xistas. Más políticas en China que en Francia. Criticando incluso la no toma del poder.
Viendo las imágenes de las marchas del mayo del 68 pasar por al lado de las instituciones,
sin intención de meterse en ellas. Y con Cohn Bendit diciendo que el poder está en todos
lados, que no está concentrado. Frase de interés, propia del concepto de micro política,
asociado a esos años. Pero inefectiva en términos políticos.
Muestra y escruta incluso imágenes de la contramarcha del mayo del 68. Quinientas mil
personas. Con bandera de “Cristo vence”. En una interesante evidenciación de contrapeso
que de hecho explica también el fracaso de Mayo. Tanto por sus líderes, por sus tibiezas,
como por una cantidad enorme de gente en contra. Evidenciando un mapa de fuerzas,
imposible de ver en una imagen.
Y esta ponderación, esta evaluación, esta apuesta, esta jerarquización es fundamental. So-
bre todo para la politicidad de una obra en tanto aparición de un autor, con el cual poder
discutir, ponderando las propias ideas. Lo contrario, la obliteración de un punto de vista
en relación a una revolución deviene pura mistificación.
Moreira Salles, en términos “metodológicos” analiza las imágenes en clave farockiana. Las
imágenes se repiten, se interrogan, se despliegan. Muestra a los que tiran piedras, analiza y
reconstruye el movimiento. El retroceso que se hace luego del lanzamiento. En búsqueda
de detalles fenomenológicos, huellas, indicios.
Expresa el carácter no cristalino, no transparente del discurso visual. Densificándolo in-
terpretativamente. Evidenciando el estatus equívoco y la necesidad de imprimirles una
perspectiva, un punto de vista.
Y lo hace también en herencia warburgiana. Montando y armando secuencias (pathos
formel) Como la secuencia de mártires, la de risas, de frases, de caídas de líderes.
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Dice y muestra: no había negros, ni mujeres en el Mayo del 68. Dice, buscando lo que falta,
lo ausente, lo sintomático de las imágenes.
También la escena de la vuelta al trabajo. Evidenciando la derrota de la revolución. Cuan-
do ya antes había analizado la jeraquización entre obreros y estudiantes en las imágenes
canónicas del Mayo. Ahora la cámara, dice, ya no filma a los estudiantes, sino al sindicalis-
ta y a la obrera, desencantada.
En una revolución, Salles plantea ver todas. Al menos las que fueron clave y configurado-
ras de nuestros días.
Las compara, va y vuelve con las imágenes, sus reflexiones, abre las imágenes, el hecho
revolucionario, y desde lo familiar, la afectivo. Moreira Salles piensa la insurrección, desde
los conflictos sociales, políticos, estéticos y personales. La revolución cultural y Mao, desde
el viaje de su madre burguesa y un grupo de amigos, la de Praga, una revuelta en Río de
Janeiro.
A diferencia de “Sublevaciones”, “En el intenso ahora”, es un film que expresa la revolu-
ción, las revoluciones, como procesos, desde su germen y desarrollo a sus caídas. No solo
en su instante sublimatorio, en su momento de “ahora-presente-intenso”, sino su devenir,
su despliegue, sus contradicciones, sus derivas. Algo que le otorga a la insurrección aludida
un carácter histórico, y no solamente mítico (tal el mito revolucionario de Sorel) Y mito
no como una farsa, claro está, sino imagen plasmatoria, condensadora.
Corolario
Insurreccionar una imagen, expresar su potencia insurrecta, es forzarla a que diga lo que
no dice a primera vista. Una primera vista preconfigurada en la mesa de costura y confec-
ción de la industria cultural.
Es desplegarla. Abrir su intenso ahora, sin diluir su intensidad. Abrirla a su pasado y futu-
ro. Abrirla a sus relaciones coetáneas, formales, supervivientes, sin descargar su potencia
afectante.
Insurreccionar una imagen, es tanto abrirla a y en su proceso de construcción como tal,
como re-entramarla, constituyendo un nuevo universo de sentido donde re-cobra signifi-
cación, vida. Es deconstruirla y reconstruirla, y con ella a su eventual re-presentación, en
una re-memoración ahora fabúlica, otra.
Hay que ser responsable y cuidadoso con las siempre escasas fuerzas revoltosas que tienen
en este caso las imágenes. Como un fuego siempre a punto de extinguirse, que en su feti-
chización e igualación (cual industria cultural del conflicto) se los puede estar arrastrando
a la anécdota, al avistaje superfluo, plano, liso, sin rugosidad traducible alguna, al cualun-
quismo de lo que debe ser punzamiento expandible.
Entrometerse en un proceso insurreccional no puede hacerse sin pensar y encarnar la in-
surrección que late en él. Así lo despliega en escena, en acto, Joao Moreira Salles. Así lo ha
entendido teóricamente Didi Huberman, que dijo en el libro llamado precisamente “Des-
confiar de las imágenes”, dedicado a Harun Farocki: “Elevar el propio pensamiento hasta
el enojo. Elevar el propio enojo hasta el punto de quemarse a uno mismo. Para mejorar,
para denunciar serenamente la violencia del mundo” (2013).
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Notas
1. El propio Georges Didi Huberman hace alusión a este dilema en torno a las imágenes
de los campos de exterminio nazi. En Didi Huberman, Georges (2004) Imágenes pese a
todo. Barcelona: Paidós.
2. Ana Longoni propone este entrecruce entre el universo del arte y de la política a partir
de la experiencia de las vanguardias artísticas argentinas de los años 60. En Longoni, Ana
(2014) Vanguardia y Revolución. Arte e izquierdas en la Argentina de los sesenta-setenta,
Buenos Aires: Ariel.
3. “Sublevaciones” se llevó a cabo del 21 de junio al 27 de agosto en el MUNTREF, Centro
de Arte Contemporáneo, sede Hotel de Inmigrantes, perteneciente a la Universidad de
Tres de Febrero.
Referencias bibliográficas
Abstract: How to represent an insurrection? Not only how to represent it but also how to
tell it? To show the insurrection of a picture, to express its rebellious power, is forcing it to
say what does not be seen at a first sight. A first glance preconfigured at the manufacture
table of the culture industry. It is to deploy it. Open it to its past and to its future. Open
to contemporary, formal, survivor relationships without unloading its power. We will
work on two contemporary forms of expressing the insurrection images: The exhibition
“Soulèvements” curated by Georges Didi Huberman and the film “In the intense now” by
João Moreira Salles.
Resumo: Como representar uma insurreição? Como podemos não apenas representá-lo,
mas expressá-lo? Insurreição de uma imagem, para expressar seu poder insurrecional, é
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forçá-la a dizer o que não diz à primeira vista. Uma primeira visão pré-configurada na
tabela de costura e confecção da indústria cultural. Está se desdobrando. Abra-o para o
seu passado e futuro. Abra-o às suas relações contemporâneas, formais e sobreviventes,
sem descarregar seu poder de influência. Trabalharemos neste texto sobre dois modos
contemporâneos de expressar a insurreição em / de imagens. A amostra «Revolta»: de Didi
Huberman e o filme “No intenso agora” de Joao Moreira Salles.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Camila Sabeckis y Eleonora Vallazza La integración del cine expandido (...)
Resumen: En las últimas décadas la presencia de obras de cine expandido, o lo que origi-
nalmente se conoció como video arte, ha dejado de ser una excepción en las muestras y
exposiciones artísticas montadas en los museos, galerías de arte y espacios dedicados a la ex-
hibición de producciones culturales. En la actualidad en las exposiciones artísticas, ya sean
sobre un autor específico o un tema elegido por un curador o la institución que lo contrata,
la inclusión de obras de cine expandido ha pasado a ser casi obligatoria, e incluso en muchos
casos hay muestras armadas exclusivamente a partir de la utilización del recurso audiovi-
sual para transmitir el mensaje que el curador o el artista desean hacer llegar al público.
En las páginas siguientes desarrollaremos cuatro ejemplos de este tipo de exhibiciones que
han tenido lugar en Buenos Aires, Argentina, entre 2015 y 2017, que dan cuenta de este
fenómeno cada vez más habitual que es la inclusión de material visual o audiovisual en los
espacios dedicados a exposiciones artísticas, dos de los ejemplos refieren a muestras en las
que las producciones de cine expandido forman parte de un conjunto de obras de distin-
tos formatos , y los otros dos son muestras montadas exclusivamente con obras audiovi-
suales. También plantearemos antecedentes que, dentro del campo cultural argentino, han
marcado un cambio en la perspectiva de montaje y curaduría de muestras, al incorporar
imagen electrónica y pantallas.
De esta manera el cine expandido hace honor a su nombre expandiéndose cada vez más
hasta convertirse en una presencia imprescindible en el ámbito de las exposiciones artís-
ticas y culturales.
(*)
Licenciada y Profesora en Artes, Especialización Artes Combinadas, colaboró como
asistente de investigación en el Instituto de Historia del Arte Latinoamericano y Argenti-
no, Facultad de Filosofía y Letras de la Univerisad de Buenos Aires. Las tareas desempeña-
das fueron las siguientes: redacción de trabajos críticos y monográficos, colaboración en la
organización de jornadas y congresos internacionales del GETEA (Grupo de Estudios de
Teatro Argentino e Iberoamericano) durante los años 2000-2002. En los últimos años se
dedicó a las tutorías de proyectos de graduación. Actualmente se desempeña como tutora
del Proyecto de Graduación de Lucila María Sanguinetti, alumna de la Carrera de Licen-
ciatura en Comunicación Audiovisual de la Universidad de Palermo. Título: El espejo
resquebrajado, El metacine y sus características.
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Camila Sabeckis y Eleonora Vallazza La integración del cine expandido (...)
ción Konex) Licenciada y Profesora en Artes (FFyL-UBA). Cargo docente: Adjunta. UADE
y UP (Argentina). Investigadora categorizada: nº 5. En el mismo año como integrante del
Programa de Investigación de la Facultad de Diseño y Comunicación de Universidad de
Palermo, presentó en el 2° Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño el pro-
yecto de investigación 2011: “El Found Footage como práctica del video-arte argentino de
la última década”. Coordinó la publicación “50 de años de soledad: aspectos y reflexiones
sobre el universo del video arte” en el cual publicó el prólogo y el ensayo El video arte
y la ausencia de un campo cultural específico como respuesta a su hibridación artística
[Cuaderno Nº 52 UP]. En vinculación directa con la temática planteada publicó Nuevas
tecnologías, arte y activismo político [Cuaderno Nº45 UP].
La Menesunda fue una de las exposiciones, según Marta Minujín que en esos
años sesenta convocaron una cantidad inédita de visitantes (y aquí hay que
señalar que la exhibición de arte cinético del Groupe de Recherche d’Art Visuel
realizada un año antes en el Museo Nacional de Bellas Artes también tuvo una
convocatoria formidable: 50.000 visitantes en 1964 contra los 30.000 durante
los quince días de La Menesunda) (Plante, 2015).
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Según el investigador Rodrigo Alonso, los antecedentes de los vínculos entra el arte y la
tecnología, también pueden ampliarse al concepto desarrollado por el presente ensayo, el
de “cine expandido”, ubicándonos en la década del sesenta en Argentina. El autor, en prin-
cipio realiza una contextualización de los medios de comunicación masivos y su relación
con el entorno cotidiano. Plantea que en los sesenta la penetración de la televisión en los
hogares estaba redefiniendo las relaciones del público con la imagen en movimiento. Es
aquí en donde los espacios culturales como museos o centros culturales cobran un lugar
fundamental a la hora de poner en crisis esta relación demostrando las tensiones entre el
medio televisivo y los relatos construidos por el mismo. Se produce así la deconstrucción
de esa situación en museos y galerías de arte. “Influenciados por el pop art y el concep-
tualismo, algunos artistas comenzaron a experimentar con el uso de filmes en el espacio”
(Alonso, 2005).
Alonso señala también que en 1966, inspirada en la cultura hippie y las teorías sobre los
medios de comunicación masiva del filósofo estadounidense Marshall McLuham, “Mar-
ta Minujín comienza una serie de obras que exaltan la mediatización de la experiencia
cotidiana, sumergiendo al espectador en el universo visual e hiper-fragmentado de los
mass media” (Alonso 2005). La primera de esas obras fue Simultaneidad en Simultaneidad
presentada aquel año en el Instituto Di Tella de Buenos Aires. Para su realización, Minu-
jín convocó a 60 invitados que fueron filmados, fotografiados y entrevistados, antes de
ocupar un lugar frente a un televisor, que debían mirar al mismo tiempo que escuchaban
un receptor radial. Once días más tarde, las mismas personas ubicadas en los mismos
lugares vieron proyectadas en las paredes las fotografías y filmes tomados el primer día,
escucharon sus entrevistas en los altoparlantes de la sala, observaron en los televisores las
imágenes de la primera jornada y escucharon en las radios un programa especial referido
al suceso. En 1967 Minujín realiza otra experiencia denominada Circuit en la Expo ‘67
de Montreal; una ambientación más compleja pero que sigue privilegiando los aspectos
sensoriales de los medios.
Los participantes fueron elegidos por una computadora que seleccionó perso-
nas con características similares a partir de encuestas publicadas en un perió-
dico. La ambientación incorporaba algunos datos de los participantes, mien-
tras circuitos cerrados de televisión permitían a algunos grupos observar el
comportamiento del resto (Alonso 2005).
Otra experiencia de la artista que explora las relaciones de los medios de comunicación a
través de la imagen electrónica con el público fue Minucode (New York, 1968). Aquí, Marta
Minujín realizó tres cócteles con diferentes grupos de personas –empresarios, persona-
lidades de los medios y artistas– que eran registrados con una cámara cinematográfica
oculta. Los registros fueron proyectados en las paredes de una sala a la que se invitaba lue-
go a los mismos participantes a concurrir. En la situación final, cada participante interac-
tuaba no sólo con las imágenes de los diferentes grupos sino también con sus integrantes.
Continuando con los antecedentes artísticos de la década del sesenta y setenta en Argen-
tina, que integra la imagen electrónica como también el cine expandido a espacios mu-
seísticos, podemos mencionar obras de diversos artistas. En 1967 Oscar Bony, presentó
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Durante las décadas mencionadas la imagen electrónica también comienza a ser traba-
jada como parte fundamental de una muestra artística. Uno de los primeros casos fue
en 1966 con Simultaneidad en Simultaneidad. En 1967 David Lamelas presentó Situación
de Tiempo una sala iluminada por diecisiete televisores que transmitían ruido de señal y
sonidos vagos. La instalación llamaba la atención sobre la naturaleza temporal del medio
electrónico. Esta obra se relacionó con otra de 1968, donde Lamelas dispuso en una sala
dos proyectores de diapositivas que sólo proyectaban luz, condición de posibilidad de la
imagen cinematográfica.
En 1969, otras dos piezas volvían a utilizar la imagen electrónica: Especta, del Grupo Fron-
tera y Fluvio Subtunal de Lea Lublin. La primera era una experiencia comunicacional for-
mada por un mini-estudio de grabación y seis televisores. Los espectadores respondían
una pregunta mientras eran registrados en video; al salir, podían ver su respuesta en los
monitores junto con la concurrencia del lugar. Fluvio Subtunal era un recorrido en nueve
“zonas”. Una de ellas, la “zona tecnológica”, incluía quince televisores en circuito cerrado
mostrando lo que ocurría en las restantes.
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En el presente año, 2017, dos muestras muy diferentes entre sí, por el tema y la intención
del curador a la hora de diseñarlas, y por los espacios culturales donde fueron montadas,
tuvieron lugar en la ciudad de Buenos Aires. La primera, “El CCK en movimiento”, una
muestra de carácter local, curada por el argentino Rodrigo Alonso y realizada en el mes de
Febrero en el Centro Cultural Kirchner, ubicado en pleno centro de la ciudad (espacio que
hasta el año 2015 fuera la sede del correo central, que ha sido remodelada especialmente
para cumplir la función de Centro Cultural). La segunda una muestra internacional: “Su-
blevaciones”, curada por el historiador de arte francés Didí Huberman, presentada entre
los meses de Junio y Agosto en el Museo de los inmigrantes, (lugar que en el siglo XIX
había sido un hotel para inmigrantes y conserva aún la impronta del espacio original),
perteneciente a la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que si bien está ubicado cerca
del centro de la ciudad el acceso a este espacio es menos directo que al Centro Cultural
Kirchner, lo que podría presuponer que los públicos que concurrieran a ambas exposicio-
nes fueran diferentes, teniendo en cuenta además la diferencia de las temáticas propuestas
en ellas. Ambos espacios tenían en común el hecho de pertenecer al ámbito público, es
decir, no eran instituciones privadas.
Dos muestras muy disímiles entre sí, como puede deducirse de lo expuesto, presentadas
en espacios prácticamente antagónicos, pero que tenían en común la inclusión de varias
piezas de video arte en su recorrido, las cuales poseían además una presencia destacada
dentro del diseño de la exposición, es decir no eran una excepción dentro del montaje
de la misma sino que tenían un lugar relevante, tanto en lo referente al espacio físico que
ocupaban, como a su ubicación en el recorrido de la muestra y a la importancia de su
presencia para el mensaje que el curador buscaba transmitir.
El CCK en movimiento
Como mencionamos anteriormente la muestra tuvo lugar en el mes de febrero en el Cen-
tro Cultural Kirchner, y fue realizada por Rodrigo Alonso, destacado curador argentino,
con una amplia experiencia curatorial internacional, quien además ha escrito una serie
de ensayos sobre arte y nuevas tecnologías, e incluso ha investigado el tema del video arte
y tiene varios artículos escritos sobre esta cuestión. Alonso fue contratado especialmente
por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires como curador para que diseñara una exhi-
bición que se presentaría en las salas del segundo piso del Centro Cultural mencionado
como dijimos, en Febrero de 2017, época de receso de verano y poca concurrencia de
público a este tipo de espacios.
La exposición diseñada por Alonso estaba pensada a partir del tema de la “performan-
ce”, por eso la palabra “movimiento” del título de la misma, y se caracterizaba, al igual
que la de Didí Huberman, por la diversidad estética de las obras presentadas: fotografías,
videoinstalaciones, performances en vivo y otras filmadas, a cargo de distintos autores
provenientes de las artes escénicas y visuales, e incluso en el marco de la muestra, que duró
ocho días (se presentó entre el 11 y el 26 de febrero de jueves a domingos), se ofrecieron
además una serie de charlas y conferencias a cargo de diversos artistas, curadores e intelec-
tuales, en relación con las nuevas miradas sobre las temáticas presentadas en la exposición,
cuyo eje central era el mismo que el de la exhibición, la performance.
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Debido a los límites de extensión del presente ensayo, hemos decido realizar una selección
de piezas de las muestras analizadas para ejemplificar el tema desarrollado, entre ellas
podemos destacar las siguientes:
Burbujas (2003) de Karina Peisajovich: consistía en una obra audiovisual en la que se veía
a una mujer con una peluca roja vestida con círculos rojos que se asemejaban a globos, que
luego explotaban provocando un fuerte sonido muy similar al ruido de un disparo, el ves-
tido iba desapareciendo pero no se mostraba el cuerpo de la mujer sino un vacío gradual,
de esta forma el cuerpo era construido partir de una serie de globos separados entre sí.
Por su parte, Gabriela Golder, artista y curadora Argentina que se destaca por su produc-
ción en el ámbito del video experimental monocanal y de las instalaciones audiovisuales,
presentó su obra Conversation Peace (2012) una video instalación, que fue montada en
tres pantallas gigantes, una al lado de la otra, en las cuales veíamos y escuchábamos a dos
niñas leyendo El Capital de Carl Marx bajo la atenta supervisión de su abuela. El especta-
dor se encontraba con la video instalación ni bien entraba en la sala, en la pantalla que es-
taba frente a él a la izquierda se veía un plano medio de la abuela sentada leyendo un libro,
en la del medio la toma se abría, transformándose en un plano general, para mostrarnos
la habitación donde ocurría la acción, veíamos entonces a la abuela en un sillón leyendo
y en diagonal a ella sentadas en otro sillón de estilo antiguo dos niñas leyendo un libro
cada una, en la tercera pantalla el plano volvía a acercarse y tomaba a las niñas en un plano
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medio. De esta forma la artista mostraba una misma acción dividida en tres pantallas, el
video presentaba así el proceso de aprendizaje como algo misterioso y fascinante.
Otra de las piezas de video arte destacadas fue la video performance de la artista Ananké
Assef, Constelaciones (2010): en un espacio cerrado había diez personas de distintos sexos
y edades paradas, la artista era una de ellas, el lugar comenzaba a llenarse de agua que
ingresaba al reducto a presión a través de varios chorros de agua, mientras se observaban
variaciones de viento e iluminación. Quienes participaban de la performance ignoraban
cuánto iba a durar la acción y cuál era el límite de subida del agua que poco a poco lle-
naba el reducto. La consigna de la performance era “resistir”. El video duraba en total 25
minutos. Los participantes se veían impasibles frente a la situación, no evidenciando en
sus expresiones en ningún momento algún tipo de temor, preocupación o incomodidad
por la situación a la que estaban expuestos, mientras que la tensión del espectador crecía a
medida que observaba como el agua iba subiendo y tapando los cuerpos.
Sistema de caminos (2009), es otra de las obras que consideramos importante destacar,
consistía en una video instalación conformada por pantallas de diferentes tamaños y for-
matos, algunas ubicadas en el piso, otras colgadas de las paredes, en las que se reproducían
distintos momentos de un video de la artista Florencia Levy, en el cual veíamos el recorrido
que hacían algunos de sus amigos y conocidos en sus viajes cotidianos al trabajo mientras
eran filmados por Levy que los acompañaba en su trayecto, transformando así una situa-
ción rutinaria y monótona en videoarte. La artista hace en esta obra una suerte de inves-
tigación de la vida cotidiana al acompañar los recorridos de otros y registrar lo que ellos
viven cada vez que se trasladan a su trabajo, tratando de ver aquello que los otros ven en
su trayecto diario a bordo de un medio de transporte. El video contenía en total 16 viajes.
Sublevaciones
La muestra “Sublevaciones”, como mencionamos, tuvo lugar en el Centro de Arte Con-
temporáneo de la UNTREF, en el ex Hotel de Inmigrantes. No era una exposición artística
convencional, sino más bien un ensayo en imágenes del historiador de arte y curador
Georges Didí-Huberman, uno de los filósofos franceses más relevantes de la última déca-
da, quien reflexiona respecto de que es lo que nos moviliza a sublevarnos.
Conformada por más de 290 imágenes, la exhibición se montó por primera vez en el Mu-
seo Jeu de Paume de París (entre Octubre de 2016 y Enero de 2017), pasó por Barcelona
en el mes de Mayo de 2017 y se prevé que se realice también en México y Brasil. En la ex-
posición se mostraban grabados, xilografías, fotografías, videos, pinturas, etc. La muestra
cambia de acuerdo al país en que se presenta, dado que se agregan obras que tengan que
ver con el contexto histórico del mismo o de países cercanos. En el caso de la exhibición
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que se armó en Buenos Aires se agregaron 50 obras que fueron seleccionadas por la Direc-
tora de la Untref, Diana Wechsler.
El prólogo escrito por Didí Huberman, que podía leerse en una pared del Museo antes
de ingresar a la muestra, resumía la idea de la que partió el curador para conformar la
muestra:
¿Qué nos subleva? Una serie de fuerzas: psíquicas, corporales, sociales. Con
ellas transformamos lo inmóvil en movimiento, el abatimiento en energía, la
sumisión en rebeldía, la renuncia en alegría expansiva. Las insurrecciones ocu-
rren como gestos: los brazos se levantan, los corazones palpitan más fuerte, los
cuerpos se despliegan, las bocas se liberan. Las sublevaciones no llegan nunca
sin pensamientos, que a menudo se convierten en frases: la gente reflexiona, se
expresa, discute, canta, garabatea un mensaje, fabrica un cartel, distribuye un
panfleto, escribe un libro de resistencia (2017).
Entre las 290 piezas que conformaban el ensayo en imágenes propuesto por el curador
el video arte tuvo un lugar destacado, no sólo por la cantidad de obras audiovisuales que
formaron parte de la muestra sino también porque el recorrido comenzaba y terminaba
con una obra de videoarte, ambas realizadas por la misma artista. Apenas el espectador
atravesaba la puerta que conducía a la primera sala (de las dos en que se montó la exhibi-
ción) se encontraba con un video proyectado en grandes dimensiones en una pared que
dividía la sala en dos espacios. El título de la obra era Remontajes: un video de la artista
griega María Kourkouta, del año 2016, en el que se veían imágenes de importantes films
clásicos que tratan el tema de las sublevaciones, como La Huelga (1924) o El Acorazado
Potemkim (1925) del director de cine Sergei Eisenstein, cuya obra se caracterizó por ser
un cine político y de propaganda. Al final de la muestra otro video de la misma autora,
esta vez reproducido en un televisor de pantalla plana, mostraba a migrantes, hombres,
mujeres y niños, que caminaban por la frontera entre Grecia y Macedonia.
Además de estas obras cuyo tema estaba ligado ineludiblemente a sublevaciones relacio-
nadas con lo político social, la muestra incluyó otros videos que trataban el tema de la
sublevación de forma más abstracta, que consistían en perfomances cuya acción implicaba
una sublevación individual sin relación alguna con el tema político que impregnaba en
general el eje de la muestra. Era el caso de un video de Claude Catellain, denominado 46
(2009) que se proyectaba en un televisor de pantalla plana en una pared en perpendicular
a la que en el ingreso mostraba los fragmentos de films. En el video veíamos a un hombre
en una habitación vacía, quien durante poco más de seis minutos intentaba permane-
cer sentado en una silla, mientras la levantaba pretendiendo poner debajo de sus patas
delanteras una serie de bloques de madera para que la silla quedara apoyada sobre estos
en posición inclinada. El video era reproducido continuamente sin sonido, para poder
escucharlo era necesario colocarse unos auriculares ubicados al costado del televisor que
permitían oír los sonidos que producía la perfomance, el video no tenía música ni ruidos
ajenos a la acción filmada.
Otro video que podemos destacar de la muestra es Un vaso de leche (1972), de Jack Golds-
tein, que era proyectado sobre una pared al fondo de la sala, el sonido producido por
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esta obra, (un golpe continuo contra una mesa) se escuchaba constantemente desde que
entrabamos al espacio de exhibición, aunque hasta que no avanzábamos en el recorrido
no podíamos saber de qué se trataba, ya que la obra no estaba visible al ingresar debido a
que la sala se encontraba divida en secciones por varios paneles, de los que colgaban obras
de diversos formatos. El video realizado en blanco y negro muestra sólo una mesa con un
vaso con leche, y en el extremo de la misma un puño que golpea constantemente la mesa
provocando el derrame del contenido con cada golpe y que el vaso se vaya moviendo cada
vez más hacia el borde hasta terminar cayendo al piso.
También nos parece interesante mencionar un video denominado Conde Ferreira (2003),
de Paulo Abreu, el cual mostraba una habitación con una ventana, en la que había un par
de placares y una cajonera contra las paredes, en el centro de la pieza, con la ventana a
sus espaldas, un joven con rastas vestido sólo con pantalones saltaba y se sacudía cons-
tantemente en el aire, sin llegar nunca a tocar el suelo. A medida que el video avanzaba
la imagen filmada se iba alejando haciéndose cada vez más pequeña hasta desaparecer.
Una música estridente al ritmo de los movimientos del joven sonaba de fondo durante
el minuto y medio que duraba el video, que es en realidad una performance filmada que
presenta unos saltos de capoeira que editados semejan un estado de exasperada levitación.
Deja a la imaginación del espectador elaborar un significado de lo que se ve en el video,
que bien podría asociarse a un estado de locura o exasperación.
Los ejemplos desarrollados son sólo una pequeña reseña de lo que podía verse en “Suble-
vaciones”, una muestra en la cual como dijimos muchas de las 290 piezas expuestas eran
de carácter audiovisual.
Al entrar a la sala vemos que está invadida por las máquinas, por proyectores
de cine, montados en andamios, metros y metros de película, pantallas que
interceptan imágenes de las cintas que se mezclan y entrecruzan. Todo está
interceptado por todo. Cada cosa u objeto es soporte, es contenido, a la par que
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Las tres obras que integraban Clamor consistían en dos proyectores de cine enfrentados
que emitían cada uno las mismas imágenes que eran capturadas por una pantalla que se
encontraba entre ellos. Una de las proyecciones mostraba el corto Obreros saliendo de la
fábrica (1895), de Louis Lumière; una de las primeras películas filmadas en la historia del
cine, un documental en el que vemos a unos obreros saliendo de su trabajo. La otra pro-
yección exhibía La bandera argentina, (1897) de Eugenio Py, la primera filmación realiza-
da en nuestro país (Argentina) que consiste en la imagen de una bandera flameando. Las
únicas diferencias entre las tres obras que conformaban la videoinstalación era el soporte
cinematográfico de los films proyectados, así como también los proyectores correspon-
dientes, las estructuras con las que se sostenían estos proyectores y sus tamaños.
La obra propiciaba la participación del espectador, ya que para que se accionara el meca-
nismo de reproducción de imágenes, este debía meterse dentro de la estructura y caminar
entre los equipos que proyectaban las imágenes, porque los proyectores contaban con sen-
sores que accionaban la maquinaria al moverse el visitante, razón por la cual el espectador
debía implicarse en la obra y no solamente contemplarla. De esta manera Clamor cumple
con una de las características más distintivas del cine expandido, que es que el espectador
no sea pasivo, sino que sea interpelado por la obra. La denominación de las obras Éramos
esperados podría asociarse a este hecho de la necesidad activa del espectador para que
la obra funcione, ya que sin espectador la maquinaria que permite que las proyecciones
comiencen no funciona, por lo tanto no hay obra.
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Los ríos de la memoria no siempre son caudalosos, pero aunque corra una pe-
queña línea de agua por su lecho, ella es tan obstinada, que modificará la tierra
por la que pasa, aunque tan solo sea por el paso del tiempo mismo. Quiero ser
ese lecho, quiero ser esa tierra, quiero contarle al mundo sobre ese poder que
tiene el hecho de estar acá y seguir recordando (Carri, 2015).
Operación fracaso y el sonido recobrado estaba conformada por cuatro espacios en los que
podían verse diferentes instalaciones visuales y sonoras: Allegro y A piacere, El punto impro-
pio, Cine puro y La investigación del cuatrerismo, que ocupaban distintos sectores de la sala.
- Cine puro: dentro de una especie de cueva gigante hecha de rollos de celuloide, se pro-
yectaban imágenes de un rollo de película que había quedado olvidado en un galpón, lo
que podía verse eran manchas, rastros de lo que originalmente fue filmado y que el paso
del tiempo ha ido borrando.
- A piacere y Allegro eran dos instalaciones sonoras, que compartían un mismo espacio,
detrás de estas, en la pared del fondo de la sala estaba escrita en letras gigantes la palabra
“presente”. En A piacere, el espectador debía encender unos viejos proyectores que pro-
ducían ciertos sonidos que Albertina Carri asociaba con lo que se vivencia dentro del
vientre materno. Allegro constaba de máquinas de proyectar sin películas, de forma que el
espectador escuchara el sonido del cine, sin la presencia de cinta. Aunque estas obras no
pueden incluirse dentro de lo que denominamos cine expandido, porque no proyectaban
imágenes, consideramos necesario mencionarlas por el hecho de que los proyectores que
componen la instalación remiten a la esencia misma del cine.
-
- Punto impropio: era una video instalación en la cual se podían escuchar, en la voz de
Albertina Carri, fragmentos de las cartas que su madre le enviara a ella y sus hermanas
estando detenida. En una sala casi a oscuras veíamos proyectadas una serie de imágenes
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en loop, figuras de distintos colores y formas que se repiten una y otra vez, y en el piso la
proyección de una imagen en la que estaba escrito el nombre Ana María, que es como se
llamaba la madre de Albertina Carri, entre medio de los dos nombres, había una imagen
circular en tonos blancos y azules que eran las cartas filmadas a través de un microscopio,
una especie de textura conformada por tinta y papel. Las cartas hablaban de la vida coti-
diana de Albertina y sus hermanas en el momento en que su madre estaba cautiva, en ellas
le preguntaba a sus hijas respecto de situaciones que vivían a diario y les daba consejos
sobre cómo proseguir con sus vidas.
Carri vuelve sobre temas ya trabajados en obras anteriores, relacionados con la desapa-
rición de sus padres durante la última Dictadura militar Argentina. Ficción y realidad
se entrecruzan para reconstruir la memoria sobre los desaparecidos. La muestra era una
suerte de autobiografía de la artista, en la que recordaba a sus padres, a la vez que volvía a
hacer presente un período trágico del pasado de nuestro país.
Para armar las instalaciones la artista recopiló documentos, cartas, publicaciones, frag-
mentos fílmicos, guiones, etc. que permiten recuperar la memoria de ese momento tan
traumático que fue la Dictadura de 1976 en Argentina y que a Carri le tocó vivir muy
de cerca. La obra hablaba de su historia personal pero remitía también a nuestra historia
como argentinos.
Reflexiones finales
A partir de lo desarrollado creemos que es posible hablar del cine expandido como una
modalidad artística, que habiendo surgido como algo experimental y marginal en los años
sesenta, en la actualidad ha sido incorporada de manera casi excluyente en las exhibiciones
artísticas que se presentan en Museos y espacios dedicados a muestras Culturales. Como
hemos podido apreciar en los ejemplos descriptos, los curadores hoy eligen este tipo de
obras realizadas en formato audiovisual para incluirlas en exhibiciones en las que también
pueden verse expresiones artísticas de todo tipo: pintura, fotografía, escultura, perfor-
mance, etc., eligiéndolas siempre en relación con la temática que guía la exposición, sin
importar si se trata de un recorrido por la producción artística de un autor, como puede
ser una muestra sobre un pintor, un fotógrafo, o un escritor específico, por ejemplo, o de
una exhibición que plantea dar cuenta de un tema determinado, como era el movimiento
como creación en el caso del trabajo diseñado por Rodrigo Alonso o de aquello que nos
mueve a sublevarnos, en el ensayo en imágenes de Didí Huberman. Asimismo hemos
visto como incluso el cine expandido ha terminado por conformar muestras artísticas
en sí mismas como es el caso de las obras de Andrés Denegri y Albertina Carri, que no
formaban parte de una muestra más amplia en la que se presentaban obras realizadas en
otro formato, sino que eran exhibiciones de obras realizadas en formato audiovisual cuyas
características: multiplicidad de pantallas, proyecciones simultáneas, participación activa
del espectador, no linealidad del relato fílmico, proyecciones en pantallas de gran formato
o paredes, etc. son algunas de las que predominan en lo que Gene Youngblood en su libro
del año 1970 denominó cine expandido, un nuevo cine que se aleja del formato clásico y
sale del espacio de la sala oscura para expandir sus fronteras más allá e involucrar al es-
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Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 211-224 ISSN 1668-0227 223
Camila Sabeckis y Eleonora Vallazza La integración del cine expandido (...)
Goldstein, J. (1972). Un vaso de leche. Disponible en: https://vimeo.com › Voir & Dire ›
Videos (Extracto).
Abstract: In recent decades the presence of expanded cinema works, or what was origi-
nally known as video art, is not any longer an exception in the art exhibitions in museums,
art galleries and exhibition spaces. Today in the art exhibitions, either about a specific
author or a theme chosen by a curator or the institution that hired him, the inclusion of
works of expanded cinema has become almost mandatory, and even in many cases there
are exhibitions armed exclusively from the utilization of the audiovisual. On the following
pages we will develop four examples of this type of exhibition that took place in Buenos
Aires, Argentina, between 2015 and 2017.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
Resumen: El propósito del presente texto es analizar la innovación y la crítica social que
realiza la serie británica Black Mirror, instalando la idea del mal uso que la sociedad con-
temporánea hace de las nuevas tecnologías. Además, se propondrá una lectura de cómo es
la representación que hace esta serie de los desarrollos tecnológicos alrededor de la imagen
(las redes sociales, la realidad virtual, entre otras).
(*)
Lic. en Enseñanza de las Artes Audiovisuales (UNSAM). Técnico Superior en Realiza-
ción Cinematográfica (CIEVYC). Guionista, dramaturgo, director teatral y docente.
1. Introducción
Una noche de tormenta. Una puerta de vidrio que se abre y (me) conduce al
interior de un edificio que (nos) sirve de refugio. El hall repleto de hombres y
mujeres sin rostro. Todos con cabellos color ceniza y vestidos con olor a naf-
talina. En la boletería, un ticket descolorido y de un valor ridículo que apenas
se distingue. Una larga cola hasta un frío ascensor de metal. Y un viaje de diez
pisos infinitos hasta el cielo. Un nuevo hall. Inmensos ventanales desde los que
apenas pueden visualizarse los autos en la calle debido al diluvio. Y una puerta
de madera que se abre. Un rostro sonriente. Una mano que se extiende hacia
delante. Una alfombra cuyo rojo ha sido invadido por grandes manchones co-
lor petróleo. Una butaca de madera que se ilumina, en la que me siento y siento
que algo se apodera de mí. Un frío que me corre por todo el cuerpo. Y un susu-
rro en mi oído derecho: “Rosebud”. El instinto de relajar el cuerpo y dejarse lle-
var. En la oscuridad, continúo escuchando la lluvia. El agua vuelve a mojarme.
Abro los ojos. Estoy en una calle de tierra de un pueblo que desconozco. Apenas
puedo vislumbrar el edificio de madera a cien metros de donde estoy. Corro.
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
Soy maestro. Y como maestro, intento llevar a mis estudiantes por el camino de la magia.
Creo en la ilusión. Creo que el cine es ilusión. Y, cuando planifico cada cuatrimestre, re-
cuerdo aquel día en que conocí el cine (el verdadero cine), de la mano de Akira Kurosawa.
Era abril del 2002, mes en el que comenzaba mis estudios en un pequeño instituto en
Constitución. Yo venía del interior. No tenía la menor idea de lo que era una película. En
Coronel Pringles, mi ciudad natal, apenas teníamos una sala que subsistía proyectando al-
gunos de los grandes tanques que llegaban desde la Capital. Pero cuando decidí mudarme
a Buenos Aires, abrí mis ojos a los más de cien años de historia del cinematógrafo. Descu-
brí el cine de los grandes estudios, el espíritu joven del cine francés, el cine por instinto de
los primeros directores argentinos y los ritos del cine oriental. Durante mi adolescencia,
apenas había estado una veintena de veces en una sala de cine pero, cuando comencé mi
camino hacia la adultez, el cine se apoderó de mi cuerpo y durante años fue mi gran com-
pañero. En 2005, llegué a ver más de quinientas películas (ocho films en un mismo día,
mi récord durante un festival). Estaba enamorado del celuloide. Estaba enamorado de esa
pantalla que, en la oscuridad, en la intimidad de una sala de cine, me regalaba historias
donde se hacían realidad todos mis más íntimos deseos. Y Rashomon fue la pérdida de mi
virginidad cinematográfica, mi primer amante. Soñé con esa noche de lluvia torrencial va-
rias veces en los últimos quince años. La última, una noche, hace un par de meses, inspira-
do por uno de mis capítulos favoritos de Black Mirror: “San Junípero”, del que hablaremos
posiblemente más adelante.
No recuerdo la última vez que fui al cine este año. No se si pasaron semanas o meses. Por
falta de tiempo, más bien por falta de estímulos, abandoné la sala de cine. Escribo estas pa-
labras y me doy cuenta que mi alrededor hay una multiplicidad de dispositivos que están
interviniendo en mi escritura. Múltiples pantallas que gobiernan mi mente alterando lo
que debería ser un texto académico. No puedo escribir de otra manera. No se escribir de
otra manera. Mis textos son multitasking. Ensayos sobre la vida postpostmoderna en los
tiempos que corren líquidos hacia la eternidad.
El cine ha muerto. Veinticinco años se cumplieron del momento en el que Jean-Luc Go-
dard expresó estas palabras. Hoy, casi un cuarto de siglo después, descubrimos cómo su
pensamiento está más presente que nunca. Es que, es verdad, el cine, tal como lo concibie-
ron los primitivos, tal como lo diseñaron los clásicos, ha llegado a su fin. Hoy, el cine (el
cine comercial pero también gran parte del cine independiente) está subdesarrollado, sus
creadores tienen muy poco sentido acerca de lo visual y sus consumidores, el público que
asiste a las salas de cine, no poseen una educación visual que les permita ver más allá de la
historia. Basta con recorrer la cartelera actual de los complejos de cine para verificar que
la afirmación de Godard, lamentablemente, se ha hecho realidad.
Entonces, ¿hay futuro para el cine? Muchos afirman que es la revolución digital la que lle-
gó para salvar la pantalla cinematográfica. El cine y la televisión on demand, las múltiples
pantallas, la narrativa transmedia, las redes sociales, se expresan como la nueva forma de
contar historias. Sin embargo, en la vereda opuesta, varios teóricos opinan exactamente lo
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
contrario: las innovaciones tecnológicas en comunicación nos han ido llevando, silencio-
samente, hacia la incomunicación. Eso no es cine, juzgan los más críticos.
El giro visual está en marcha. Los medios de comunicación tradicionales están en vías de
extinción y las nuevas tecnologías se apoderan rápida y silenciosamente de nuestra vida.
En este contexto, la serie británica Black Mirror se presenta como una crítica social cons-
truida a partir de un relato innovador. Entonces, el presente texto, propondrá una lectura
de cómo es la representación que hace esta serie de los desarrollos tecnológicos alrededor
de la imagen. Una excusa para hablar del cine y la televisión. De su muerte y su, posible
resurrección. El cine ha muerto, larga vida al cine.
Despierto. Ni bien logro hacer foco en la realidad veo mis antebrazos. Un mon-
tón de botones de colores se traslucen bajo mi piel. Por instinto, apago lo que
parece ser la alarma. Siento un cosquilleo en todo el cuerpo. Oigo una melodía
que parece lejana pero que viene desde el interior de mi cuerpo. Un dibujo si-
milar al de un tubo de teléfono no deja de vibrar en mi muñeca. Apenas lo rozo
con la yema de mis dedos una voz se escucha dentro de mi cabeza. Abro los ojos
y mi habitación, aquel cuarto que alguna vez había tenido infinidad de posters
de películas, ahora es una gran pantalla, llena de pequeños y coloridos dibujos.
No hay puerta. No hay ventanas. Sólo una pantalla que rodea mi realidad.
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
Para que el contenido transmedia sea efectivo, el espectador debe navegar entre las dis-
tintas plataformas, invirtiendo tiempo y esfuerzo (y, claro, dinero), para así lograr una
experiencia más significativa. En el libro Convergence culture, Henry Jenkins califica a la
narración transmedia como una nueva estética que surgió como consecuencia de la con-
vergencia de medios. Lo considera el arte de crear mundos.
¿Recuerdan cuando en 2016 no entendíamos qué hacían los adolescentes caminando por
las calles de Buenos Aires con sus smartphones en mano cazando criaturas en su realidad
aumentada? Si bien Pokemon Go, el juego que permitía a los usuarios transformarse en ver-
daderos entrenadores de Pokemons, pasó rápidamente de moda, lo cierto es que las grandes
productoras están en búsqueda de desarrollar este tipo de contenidos multimedia que per-
mitan a un millennial cursar alguna asignatura de magia y hechicería en Hogwarts, transitar
por el Upside Down de Stranger Things, o transformarse en un verdadero Maestro Jedi.
En la vereda de enfrente a la supuesta realidad que habitan los Millennials (quien no escu-
chó alguna vez a un docente decir que sus estudiantes no leen o no escriben), un joven o
una joven de la generación Y es una persona hiper activa en las redes y los medios digitales,
generadores de contenido y lectores. Una historia se inicia en un cómic, luego se continúa
en la pantalla grande (o en la pantalla chica), se desarrolla en paralelo en el videojuego y
en los webisodios, en los contenidos generados por los usuarios y difundidos en Internet.
Impulsados por los influencers (booktubers, jóvenes especialistas en narrativa que ofrecen
a sus seguidores críticas audiovisuales de los libros que leen), los adolescentes se transfor-
maron en los grandes consumidores de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires,
ganándole incluso a los docentes.
Qué lejos quedaron las grandes innovaciones de nuestra generación: los libros de Elige tu
propia aventura o el Tamagochi que olvidábamos bañar y se transformaba en una incuba-
dora de gérmenes digitales. Hoy todo es multitarea. Hoy todo es sistema.
La Generación App, y su narrativa transmedia, es la protagonista y el contexto en el que se
escribe la serie que, de aquí en más, vamos a analizar. Black Mirror es una radiografía de la
sociedad contemporánea, una crítica sobre el uso de las tecnologías y una premonición de
lo que puede suceder con nosotros si no estamos atentos al mundo que nos rodea.
Black Mirror es una serie de televisión británica creada por Charlie Brooker y producida
por Zeppotron para Endemol. En Latinoamérica puede verse a través de la plataforma
on demand por excelencia: Netflix. Cuenta con tres temporadas y un total de trece epi-
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
sodios que refleja de una manera futurista la transformación que ha(n) desatado la(s)
tecnología(s) en nuestra vida. Al ser un unitario, cada capítulo es una historia nueva. No
hay un hilo conductor en las historias que debamos seguir en el siguiente episodio. Cada
capítulo tiene un tono diferente, ocurre en un contexto diferente, incluso en una realidad
diferente. Y aún así, se siente como si cada una de estos relatos podría estar ocurriendo en
algún lugar del mundo o podría ocurrir(nos) en los próximos diez minutos si nos descui-
damos o descuidamos las tecnologías que nos rodean.
Steve Jobs, el ingenioso creador detrás de Apple, solía hablar en sus discursos, acerca de
cómo el hombre, acompañado por herramientas, tenía la capacidad de mejorar como
especie. Esa fascinación por las nuevas tecnologías, las innovaciones que hicieran su vida
(nuestra vida) mucho más fácil, mucho más cómoda e inteligente, se convirtió en el motor
y la pasión de su vida. Y lo llevó a gestar una de las empresas de diseño y producción de
equipos electrónicos y software más grandes e importantes del planeta. Charlie Brooker,
creador de la serie Black Mirror, está en una vereda definitivamente opuesta.
No es la tecnología a lo que le teme el guionista británico, sino a la inacabable capacidad del
homo sapiens para transformar algo maravilloso en un instrumento diabólico: desde el des-
cubrimiento del fuego hasta la energía nuclear. Black Mirror, entonces, es la fábula defini-
tiva. Una colección de cuentos para el nuevo milenio que desnuda sin piedad nuestras im-
perfecciones y nos señala con su dedo acusador, subrayando, en cada capítulo, la moraleja.
Charlie Brooker, en artículo escrito para el periódico The Guardian, comparó a la tecnolo-
gía con las drogas y sus efectos secundarios.
Está área –entre el placer y el malestar– es donde Black Mirror está establecida.
El ‘espejo negro’ del título es lo que usted encontrará en cada pared, en cada
escritorio, en la palma de cada mano: la pantalla fría y brillante de un televisor,
un monitor, un teléfono inteligente (Brooker, 2011).
“La tecnología no hace escalofriante al futuro de Black Mirror, lo que lo hace terrorífico es
la distancia con que la ciencia ficción nos permite observar las desgracias de nuestra socie-
dad presente” explica Rodrigo Illarraga, historiador y doctorando en filosofía del Conicet,
en entrevista con la Agencia Telam (Avolio, 2016).
A diferencia de las obras de ciencia ficción del siglo pasado que ubicaban a los autos vola-
dores y los robots en un futuro muy muy lejano, el contexto en el que transcurre Black Mi-
rror se parece más a una realidad paralela, a una realidad que, tranquilamente, podría estar
ocurriendo en algún lado del planeta. En el mundo de Black Mirror los autos no vuelan, las
pizzas no crecen solas en el horno y la ropa hay que continuar secándola en el lavarropas.
Sin embargo, existen otras tecnologías, algunas de ellas casi invisibles, que alteran la vida
de los protagonistas, muchas veces llevándolos a la soledad o a un mundo no tan feliz.
Así, si bien la obra de Brooker no es la primera en considerar a la especie humana poco
merecedora de las herramientas que el propio hombre ha creado, ubica el relato en un
lugar diferente, remarcando esa vocación aleccionadora y de señal de advertencia siempre
presente en la ciencia ficción distópica, amplificándola de manera exponencial.
La distopía es la representación imaginaria de una sociedad futura con características ne-
gativas que son las causantes de alienación moral. Consensualmente, se tiene a las obras:
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Brad-
bury como la trilogía fundacional del género distópico.
Lo significativo y a la vez contradictorio de Black Mirror es la plataforma desde la que de-
cide llegar al mundo. Su creador podría haber optado por un recurso mucho más román-
tico, una serie de cintas en formato analógico que sólo pudieran verse en festivales de cine,
casi como una acción revolucionaria. Sin embargo, Brooker elige la forma de discurso
contemporáneo por excelencia: el streaming.
El streaming es la distribución digital de contenido multimedia a través de una red de
computadoras, de manera que el usuario utiliza el producto a la vez que lo descarga. La
palabra retransmisión se refiere a una corriente continua que fluye sin interrupción, donde
la experiencia del usuario es inmediata (no necesita descargar por completo el archivo
para poder acceder al contenido).
Si bien existen varias plataformas de streaming, Netflix es, sin dudas, la gran ganadora ya
que tiene más de 100 millones de suscriptores en todo el mundo. Netflix, además de su
servicio de retransmisión, se convirtió en 2011 en productora de su propio contenido,
generando telefilms y series en varios de sus países sedes, entre ellos, Argentina. En 2015,
Netflix compró los derechos de las primeras dos temporadas de Black Mirror y le propuso
a su creador realizar los siguientes capítulos, transformando en coproductores de la saga.
¿Cuál es la diferencia, entonces, entre las fábulas contemporáneas que propone la serie
británica con otras obras de ciencia ficción? En la delgada línea que separa la realidad de
la ficción. En la advertencia que dice que, parafraseando la canción de Patricio Rey y sus
Redonditos de Ricota, el futuro llegó hace rato.
A pesar que la serie implique una visión futurista, se pueden establecer ciertas analogías
entre los episodios y lo que ocurre en nuestra sociedad actual en términos de, por ejem-
plo, las consecuencias de la viralización de videos, las tecnologías de almacenamiento, la
influencia de las redes sociales en nuestra vida, en nuestro autoestima y reconocimiento
social, el control absoluto sobre alguien por tener información privada al ser adquirida
por medio de información que hacemos pública por diversos medios, y todas aquellas in-
novaciones tecnológicas que nosotros vemos como elementos que nos facilitan las tareas,
programas de entretenimiento que nos ayudan a olvidar lo que es real y nos sumergen en
un mundo ideal.
En este sentido, lo que aparece en forma transversal en varios capítulos es la concepción
de la “espectacularización de la vida”, que lleva al debate implícito sobre si es más impor-
tante la experiencia o la necesidad de registrarla. Poco a poco, las tecnologías se fueron
convirtiendo en elementos necesarios o indispensables y nos fueron sumergiendo en sus
prácticas hasta el punto de no reconocer la realidad anterior donde no se utilizaba.
En el episodio 8, de la décimo cuarta temporada de Grey’s Anatomy, la serie creada por
Shonda Rhimes, un hacker piratea el sistema informático del Grey Sloan Memorial (el
hospital donde transcurre la acción dramática). Sin el uso de los avances tecnológicos a
los que los médicos se han acostumbrado, deben confiar en sus instintos para tratar a sus
pacientes. En ese contexto, Richard Weber, un cirujano de otra generación, les enseña a sus
colegas más jóvenes a trabajar como lo hacían en, textual, la “Edad de Piedra”.
En Black Mirror no hay Edad de Piedra. No hay posibilidad de dar marcha atrás. Todo
ya está en funcionamiento. Los ‘what if ’ que tan bien maneja Charlie Brooker son el de-
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
tonante para hablar de lo horrible que somos los seres humanos. Las nuevas tecnologías
que aparecen en Black Mirror son circunstanciales. En esta distopía no-tan-distópica lo
importante son las personas, sus hábitos, sus responsabilidades y sus decisiones. Con na-
turalidad, cada capítulo de Black Mirror crea un entorno en el que la tecnología no es
la protagonista sino el contexto. Black Mirror no odia la tecnología. Los villanos de esta
fábula contemporánea somos nosotros, los seres humanos.
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
15 Million Merits
Este capítulo sucede en un realidad alternativa. En una sociedad donde el proletariado
cumple su lamentable rutina sin ver la luz del sol. Como en una Metrópolis del nuevo
milenio, los hombres y mujeres que habitan este mundo de Black Mirror tienen el deber
de andar en bicicletas fijas para generar la energía necesaria para que el planeta (al menos
su planeta) no se apague.
A cambio de esta tarea, reciben méritos (¿dinero digital?) que utilizan para hacer su días
“más bellos”. Con estos puntos, pueden comprar pasta dental, alimentos “más sanos” o
bien pueden personalizar sus avatares digitales (casi como si se hubiera hecho realidad el
videojuego de simulación social y estrategia The Sims).
Se trata de una sociedad hiper mediatizada donde todo, absolutamente todo, es una pan-
talla y la sensación de agobio es constante (tanto en los protagonistas como en los espec-
tadores de este capítulo). Es un claro juego de espejos donde el público de Black Mirror
contempla su propia realidad representada por un mundo –no tan lejano– de ficción.
En esa misma pantalla, habita su única esperanza: para salir de la situación de esclavitud
a los trabajadores se les permite participar en un programa de televisión al estilo The
X-Factor, un gran show de talentos en el que se les permite demostrar que cuentan con
una habilidad especial por la que merecen ser eximidos de volver a la bicicleta. El único
inconveniente es que el golden ticket que les otorga el pase a los castings del programa vale
esos quince millones de méritos del título.
La eterna promesa de la realidad virtual donde un “yo virtual” vale más que un “yo real” y
en donde no existe escapatoria, posibilidad real de liberación. Porque el talentoso también
seguirá pedaleando –aunque en otro tipo de bicicleta– para que la cadena de producción
no se rompa. Se ofrece una ilusión de libertad, más no la libertad en sí misma.
En el último plano del capítulo, el protagonista logra alcanzar el “éxito” y lo vemos en una
nueva habitación, más amplia que la que habitaba al comienzo del relato. Está mirando
por lo que parece ser una ventana, hacia el exterior, donde una amplia selva verde inunda
el paisaje. Pero, nuevamente, nos preguntamos: ¿acaso esa ventana será real o será una
nueva pantalla?
¿Cuánto tiempo falta para que habitemos una realidad como la que plantea este capítulo
de Black Mirror? Un mundo del futuro pero un futuro muy presente.
Nosedive
Nosedive eleva la apuesta, presentando un nuevo futuro posible en donde las redes sociales
han permeado en todos y cada uno de los aspectos de la vida. En este mundo moderno
todos son calificados por sus publicaciones y su forma de interactuar con la gente. Gracias
a un implante visual, cada habitante de Nosedive puede ver la calificación de quienes los
rodean (y elegir si interactuar, o no, con ellos). En esta sociedad, los que tienen mayor
puntuación están en la cima de la pirámide social, son admirados y envidiados, y por el
contrario, aquellos con peores puntuaciones son renegados, los desprecian, desconfían de
ellos como si se tratara de delincuentes, son la escoria de las sociedad.
Además, estas calificaciones no sólo influyen en la manera en que otras personas los per-
ciben, también determina los lugares donde pueden vivir, sus sitios de trabajo, si se les
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
permite o no hacer un viaje, el tipo de auto que pueden manejar… Todo en la vida de los
habitantes de Nosedive gira en torno a su clasificación.
Thomas Hobbes, uno de los filósofos más importantes del siglo XVII, describe, en su li-
bro Leviathan, la razón del surgimiento del Estado. Según Hobbes, la humanidad decide
construir el Estado para huir del constante caos del “estado de naturaleza”, ese mundo en
donde cada individuo se valía por sí mismo. El Estado, entonces, nació como un órgano
regulador para mantener el orden, brindar protección y hacer cumplir las leyes imprescin-
dibles para el desarrollo pacífico de la sociedad.
En Nosedive, todos los humanos actúan como animales amaestrados. Son obligados a
mantener una falsa cortesía para evitar ser mal calificados. Participan voluntariamente en
sus propios procesos de opresión. Modelan sus vidas alrededor de una estructura artificial
que se encarga de determinar el valor de cada humano a través de sus actos superficiales.
Es allí, donde aparece la crítica. De repente, Lacie, la protagonista, a través de una serie de
hechos nada fortuitos, comienza a perder puntaje. Y ya no hay marcha atrás. La sociedad
la empuja a convertirse en una paria más. Lacie, que estuvo a punto de obtener un pun-
taje perfecto, que toda su vida la dedicó a llegar a las cinco estrellas, ahora relegada a un
puntaje en negativo, descubre que fuera de la caverna está la verdadera luz. Al final del
episodio, a pesar de ser prisionera, Lacie insulta al hombre de la celda de enfrente. Él hace
lo mismo. Ambos, libres de la influencia social, encuentran ese momento donde pueden
actuar como quieran, donde pueden revelar su verdadero ser.
Como todo en Black Mirror es un espejo constante, para completar la paradoja y subrayar
la moraleja, el equipo de comunicación de Netflix creó una aplicación donde los espec-
tadores –de nuestro humano, real y presente planeta– podían analizar sus interacción en
las redes sociales (Facebook, Instagram y Twitter) y obtener el puntaje que poseerían si
vivieran en Nosedive. Un claro ejemplo de cómo actúa la narrativa transmedia explicada
anteriormente.
San Junípero
La historia de este capítulo inicia en San Junípero, en el año 1987. San Junípero es una
pequeña y agradable ciudad costera de California a la que llega Yorkie, una tímida joven
que se enamora del lugar y de una de sus habitantes, Kelly, una linda y extrovertida chica
afroamericana. Pero esta historia de amor está atravesada por el prejuicio y las chicas no
vuelven a verse. En algún momento de la trama, Yorkie vuelve preguntando por Kelly y le
dicen que la busque “en otra época”.
Entonces, el argumento comienza a complejizarse. Y Yorkie viaja por el tiempo buscando
a Kelly para reconquistarla (el trabajo de la dirección de arte y el diseño sonoro de este ca-
pítulo de Black Mirror son impecables). Finalmente, en el 2002 se reencuentran y la verdad
sale a la luz. Kelly le confiesa que, en “la vida real”, su cuerpo está agonizando.
Como si se tratara de una muñeca rusa, el relato finalmente descubre el mundo real: es el
año 2040 y San Junípero es una ciudad de fantasía, una realidad simulada en la que viven las
consciencias de las personas ya fallecidas o que están en sus últimos días de vida. Allí pasa
sus días Yorkie, quien había quedado parapléjica tras un accidente sucedido 40 años atrás,
al huir en coche muy afectada tras ser rechazada por sus padres debido a su sexualidad.
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
Finalmente, Kelly y Yorkie, deciden juntas “trasladarse” a San Junípero para siempre. En
San Junípero hay esperanza. En San Junípero hay un final feliz. Sus protagonistas tienen
la opción de encontrar la felicidad en el simulacro, lo que podría suponer el primer happy
ending legítimo de Black Mirror… si no fuera por la abrasiva y perturbadora última se-
cuencia: un montaje paralelo entre el regreso de las chicas a San Junípero y la instalación
de dos nuevos enlaces en un gigantesco servidor de la empresa de sistemas TCKR, al ritmo
de “Heaven Is a Place on Earth”, gran hit de los 80, interpretado por Belinda Carlisle.
Queda la duda queda planteada: ¿será que Yorkie se queda con su propia versión de Kelly,
algo así como un “fantasma” o un código hecho para que la protagonista tenga su propia
versión del paraíso? Al menos en la ficción, las chicas bailan, sonrientes, y guapas, para
siempre.
El espejo es un símbolo que, por sus múltiples posibilidades de sentido, tiene un gran
valor en todo el ámbito de la cultura universal. Funcionan como espejo el agua, cualquier
superficie bruñida, la mirada, el sueño, el pensamiento, el lenguaje, la literatura, el cine y
la televisión.
En la superficie del cristal el objeto es nuevamente presentado por la imagen que la re-
flexión devuelve. El reflejo es un modelo de lo real, cuya inmaterialidad lo dota de una
irrealidad constitutiva. El espejo es el símbolo por excelencia de la representación de la
realidad. Esta representación es fiel sólo en apariencia pues ofrece una imagen idéntica
pero invertida, mostrando una suerte de revés de la historia.
¿Será por eso que Borges le temía tanto a los espejos?
Están ahí, delante nuestro. Tiranos. Representando nuestra peor versión. Una copia exacta
pero en negativo. Una especie de Upside Down, donde nosotros somos nuestro propio
Demogorgon. Si Borges hubiera visto Black Mirror se haría un festín. O quizás moriría de
miedo. Porque la serie británica camina, transcurre, justo en el borde filoso del espejo,
mostrándonos que esa oscura realidad, que el contexto de sus ficciones, de sus capítulos,
nos rodea hace rato.
Como espectadores, ¿somos capaces de ver más allá de lo evidente? ¿Tenemos la capacidad
de de-construir activamente el relato propuesto por Charlie Brooker? ¿O simplemente nos
detenemos frente al espejo negro como si se tratara de un espejo ordinario, un espejo de
todos los días, donde apenas maquillamos nuestra realidad para transcurrir en la rutina?
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
En este aspecto, la propuesta de Black Mirror es donde se muestra más inocente, ya que,
producto de la cultura Millennial, producto de la cultura de consumo contemporánea, cae
en su propia trampa.
El espectador de Black Mirror es un habitante más del universo diegético que propone la
serie. Un espectador que agobiado por el mundo que lo rodea, se aisla en la soledad de sus
dispositivos de entretenimiento, y religiosamente, se deja arrastrar hasta la pantalla negra
de la que habla el título. San Junípero, entonces, es esa realidad de ficción, en donde como
espectadores nos transformamos en las protagonistas que huyen de su triste realidad en
busca de un paraíso de fantasía.
La narrativa transmedia, las multitareas, las redes sociales, entonces, se transforman en
dispositivos por los cuales todos los habitantes de este planeta ya vivimos en un capítulo
de Black Mirror hace tiempo. Y, como en un cuento de Cortázar, o en una poesía de Borges,
será imposible salir de este eterno laberinto.
Referencias Bibliográficas
Avolio, M. (2016). El lado oscuro de Black Mirror. Agencia Télam. Disponible en http://www.
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Brooker, C. (2011). The Dark Side of Our Gadget Addiction. The Guardian. Disponible
en https://www.theguardian.com/technology/2011/dec/01/charlie-brooker-dark-side-
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Bibliografía
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Nicolás Sorrivas Black Mirror: El espejo que nos mira
Abstract: The purpose of this paper is to analyse the innovation and the social criticism
that make the British series Black Mirror, installing the idea of misuse that contemporary
society make of new technologies. Moreover, the proposal is to analyse the representation
that makes this serie of technological developments around the image (social networks,
virtual reality, among others).
Resumo: O objetivo deste texto é analisar a inovação e a crítica social da série britânica
Black Mirror, instalando a ideia de uso indevido da sociedade contemporânea faz de novas
tecnologias. Além disso, uma leitura de como a representação que faz esta série de de-
senvolvimentos tecnológicos em torno da imagem será proposta (redes sociais, realidade
virtual, entre outros).
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Resumo: Este texto reflexiona sobre dos obras de la artista argentina Liliana Maresca: Es-
pacio disponible y Maresca se ofrece todo destino, tratando de establecer las líneas que unen
las dos muestras, y observar cómo se complementan para alcanzar un objetivo que pode-
mos rastrear en prácticamente todas sus obras: establecer un dialogo con el espectador e
influir en su vida de alguna manera, generar una reflexión propia y hacer pensar al otro.
Las dos obras elegidas serán pensadas desde marcos teóricos de la semiología y del análisis
del discurso para poder abarcar la complejidad que ambas proponen en la indagación
acerca del rol del artista en el medio local, del uso del cuerpo y su puesta en escena, y los
vínculos que el artista mantiene con las instituciones y el mercado.
Basaremos este trabajo en la información obtenida en entrevistas, para poder dar cuenta
de la palabra de la propia artista que quedó registrada y grabada por distintas personas en
el transcurso de su carrera.
(*)
Valeria Stefanini es licenciada en Artes por la Universidad de Buenos Aires y la Universi-
dad de Chile, con un posgrado en Gestión Cultural por la Universidad de Chile, actualmen-
te está realizando la Maestría en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural en la Univer-
sidad Nacional de San Martín. Sus áreas de interés e investigación son: temas que vinculan
la ética y la fotografía, estudios sobre el uso del cuerpo en las artes plásticas y la fotografía,
relaciones entre estudios de género y la representación del cuerpo y la fotografía de moda.
Es docente de historia del arte y ética en distintas universidades y escuelas de arte, diseño y
fotografía, coordina grupos de estudio sobre historia del arte. Forma parte desde 2016 del
grupo de investigación sobre Arte y Fotografía contemporánea radicado en UADE. Integra
el cuerpo docente de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.
El final del siglo XX ha hecho evidente que el problema del arte surge desde el principio,
desde la reflexión sobre el propio objeto de estudio.
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Desde esta hipótesis el análisis se construirá enlazando estas dos obras que nos permitirán
comprender un punto de vista sólido y profundo acerca del rol de la artista, especialmente
de la artista mujer, inmersa en la sociedad contemporánea y en el mercado del arte.
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Liliana Maresca es una artista que toma relevancia en la escena local en el retorno a la
democracia, un momento en el que en Buenos Aires los circuitos culturales crecen enfer-
vorizados con la promesa de libertad de expresión y de acción artística.
Su corta carrera atravesada por la enfermedad y la temprana muerte, ocurrida en 1994
con tan solo 43 años de edad, va a tocar los temas más importantes y angustiantes para su
generación y que no han perdido relevancia en la actualidad. Su obra es profundamente
política y establece un punto de vista acerca del cuerpo individual y social inscripto en la
historia, el cuerpo atravesado por el género, por el sexo y el disfrute, el cuerpo que goza,
duele y es bello, el cuerpo que es artista y es obra al mismo tiempo, el cuerpo que busca y
desea ser libre en un momento en que la libertad era una esperanza que la sociedad argen-
tina no sabía de qué manera concretar.
Liliana Maresca enferma y muere de SIDA en 1994, una enfermedad que signó la década
del noventa y afecto los modos de relacionarse y los vínculos que empezaban a definirse
en ese momento. Las ansias de libertad de toda una generación, que celebró los cambios
políticos y sociales de 1983 con el retorno a la democracia, en los noventa se trastocan una
vez más encontrando en la enfermedad un nuevo límite y una nueva restricción.
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Maresca se plantea como una artista colectiva, en muchas de sus obras contó con la ayuda
de fotógrafos que realizaron las fotos de sus performances, ya sea a modo de obra o de
registro de carácter documental. Alejandro Kuropatwa, Marcos Lopéz o Adriana Miranda,
son las figuras siempre presentes. Maresca impone un modo de trabajo que no es común
en la escena local, la colaboración y el trabajo colectivo ya que prácticamente todas sus
obras cuentan con el otro, lo requieren y lo necesitan para tomar forma y poder ser. Más
allá del concepto romántico del artista solitario y atormentado, Maresca hace de la obra
una fiesta con muchos invitados. Ella coordina, convoca, nuclea y da sentido en una obra
en la que todos son necesarios.
Un claro ejemplo de esto es cuando junto con Ezequiel Furgiuele fundó el Grupo Haga.
Javier Villa en el Catálogo de la artista deja que ella lo explique con sus propias palabras,
“El Grupo Haga producía eventos, producía cosas fuera de contexto, fuera de lugar…
Producir, producir, producir” (p. 50) de aquí surgieron varias obras en colaboración como
por ejemplo Una bufanda para la ciudad de 1985, donde los dos artistas entrelazan telas
diversas y construyen una especie de recorrido textil que emergía desde la galería Adriana
Indik por las ventanas hacia la calle con el lema “ahora viene el frío y hay que cuidar la
salud de la ciudad”, o la obra que transcurre en un lavadero, titulada Lavarte del mismo
año. Todas estas estrategias buscaban sacar la obra de los museos, galerías e instituciones
artísticas a la calle donde podían ser vistas por aquella gente que justamente no frecuenta-
ba los espacios considerados tradicionalmente como espacios culturales. Los artistas que
organizan Lavarte (Liliana Maresca, Ezequiel Furgiuele, Alejandro Dardik, Marcos López
y Martín Kovensky) publican un texto cuando deben levantar la muestra en el que relevan
su importancia, el texto menciona que “… esta experiencia ha permitido que actividades
sociales y culturales que inexplicablemente continúan siendo presentadas en ambientes
de élite confluyan hacia espacios no tradicionales”. La galería y el museo son entendidos
como espacios cerrados y restringidos a pequeños grupos en dónde se presentan obras
que no se vinculan con el gran público masivo dado que este no accede, la gente común
no es uno más de los invitados.
Es entonces que sacar la obra de esos lugares limitados y cerrados se vuelve una tarea fun-
damental. La artista sigue diciendo en el texto de Julio Sánchez,
El arte es pensado para toda la gente ya que este genera una marca en la vida misma, no es
creado para decorar el ambiente burgués, para embellecer o dar prestigio a espacios o per-
sonas, la labor del artista es incidir efectivamente en el mundo y en la sociedad por medio
de la propia obra que crea. Con respecto a este punto ella misma menciona al hablar de su
obra Maresca se entrega todo destino que,
…el arte metido en museos, años después de haberse generado no tiene vali-
dez, se convierte en un esqueleto y pierde el sentido que lo generó; si la obra
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En general esa obra que Maresca crea está atravesada por esta intensión política y social
del arte que la vuelve un instrumento para pensar y para modificar la realidad. De ahí
la utilización del propio cuerpo como recurso expresivo. Gran parte de su trabajo son
acciones que realiza ella misma y a las que accedemos por medio de un registro fotográ-
fico que esta concebido como parte medular e indisociable de la obra, con fotos sacadas
por fotógrafos amigos. La obra, la acción, la intención, el tiempo todo esto se funde para
conformar una obra que en algunos casos desapareció ni bien fue sucediendo y de la que
queda cierto recuerdo y algunos registros aislados.
La Kermese es quizá la obra colaborativa más importante de su trayectoria, en la que
participan casi 200 artistas en distintas prácticas para la organización de una gran fiesta
de carácter popular en el Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires ubicado en el barrio de
Recoleta, un evento efímero y convocante que se transformó en un hito del arte argentino
de los 80. El concepto de kermese remite a un evento de carácter barrial y popular en el que
se realizan distintos juegos, bailes y actividades con el fin de recaudar dinero para financiar
instituciones como clubes, colegios, etc., pero al realizar esta kermese en un barrio como
el de Recoleta, que está ubicado en una de las zonas más elegantes de la ciudad, lo elitista
y lo popular parecen juntarse por un momento en el desarrollo de la fiesta, los públicos y
las actividades coinciden en un espacio de unión y celebración. La operación se invierte y
en vez de sacar la obra a la calle para que interpele al espectador, lleva una obra popular a
una institución artística para que dialogue con otro tipo de espectador. En los dos casos la
obra sorprende a un público que no la espera o por lo menos no espera que se desarrolle
de este modo.
Las dos obras que mueven esta investigación son Espacio disponible y Maresca se ofrece
todo destino. En estas dos obras Maresca busca indagar acerca de la condición de la artista
en el arte contemporáneo más especialmente trabaja alrededor de la problemática del
mercado del arte y los condicionamientos que este impone al artista.
Espacio disponible
Esta obra se propone como una instalación en la que la artista utiliza una pequeña ha-
bitación del Casal de Catalunya en la que cuelga tres carteles que por su diseño, texto y
tipografía imitan los carteles que cuelgan las inmobiliarias en los inmuebles en venta o al-
quiler. Dos de los carteles colgaban de las paredes con los siguientes textos escritos en con-
cretas letras negras sobre fondo blanco: DISPONIBLE 23-5457 y ESPACIO DISPONIBLE,
el tercer cartel se ubicaba en el suelo en el medio de la sala abierto de forma triangular a
modo de un caballete con un texto más largo y concreto en el que se volvía a mencionar
el número de teléfono pero esta vez ya se le explicaba al espectador que el espacio estaba
disponible y que era apto para todo destino, también aparecía el nombre de la artista, su
propio número de teléfono y por último una serie de números que hacían referencia a
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tora Liliana Maresca donó su cuerpo a Alex Kuropatwa –Fotógrafo–, Sergio De Loof –Trend
Setter–, y Sergio Avello –Maquilladora– Para este maxi aviso donde se dispone a todo”.
La obra resulta entonces de la acción colaborativa en la que participan distintos personajes
muy conocidos en la escena artística y under local. Sergio De Loof y Sergio Avello realizaran
el vestuario y maquillaje, la publicación será registrada bajo el copyright de Fabulous Nobo-
dies, marca de Roberto Jacoby y Kiwi Sainz, y Alejandro Kuropatwa realizará la fotografía.
Más de trescientas personas llamaron al número ofrecido en la publicidad. Con cuatro de
las cuales la artista se reunió. Es posible que la explícita identificación de Maresca como
una escultora que aparece en el texto hiciera que muchas personas notaran que no era
una llamada a una línea Hot común y percibieran que la publicidad era parte de algo más,
aunque no todos los usuarios de la revista se detuvieran a pensar en ello.
la gente que llamaba se enganchaba por lo erótico, salvo dos que se engan-
charon por lo intelectual de la obra [...] Aún hoy después de tres meses sigo
recibiendo llamados, fundamentalmente establezco una comunicación telefó-
nica, cuando alguien llama y escucha mi voz se da cuenta de que esto no es
prostitución (Maresca).
¿Qué es eso erótico que “engancho” a quienes llamaron? Carlos Cuellar plantea una defini-
ción de la representación del cuerpo erótico que puede empezar a ayudarnos a pensar en
lo que significa la intervención del arte en un espacio marcado por el erotismo,
La vuelta que logra dar Maresca es justamente hacer una obra en la que la presencia del
factor erótico no anule el argumento sino todo lo contrario genera una lectura rica y
profunda.
Maresca también va a plantearnos su propia definición de erotismo,
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Maresca no deja al deseo sólo separado del amor y de su comunión con el otro, el erotismo
es lo que me une con otro y allana el camino para permitirme dialogar.
La elección de una revista erótica es una cuestión de estrategia, que refleja un punto de
vista por parte de la artista hacia el uso de su propio cuerpo. “El gesto de apertura total es
un hecho artístico, desnudarse y ofrecer todo es como hacer body art (arte del cuerpo),
expresar una idea con mi cuerpo”. Desnudarse es un hecho artístico y el uso del cuerpo
desnudo entra en el ámbito del discurso promulgado, de lo dicho.
De todos los mensajes que recibió de gente que llamó al número que aparecía publicado
en la revista ella eligió sólo a cuatro y estableció una comunicación por medio de entre-
vistas personales, la artista reconoce que algo muy interesante que sucedió con esta obra,
… esta es la primera vez que tengo retorno con una muestra, la obra continúa
con los llamados que hacen pensar qué estoy haciendo. El público es gente que
está fuera del circuito de la plástica, no me llaman para decirme ‘¡Qué buena
tu obra!’: en general la captación es elemental, evidentemente cuanto más ele-
mental, más llegás a la mayoría de la gente [...]
Maresca reconoce en esta obra la oportunidad de una apertura al dialogo con un espec-
tador que no es un amigo o alguien del medio artístico con el que ya está establecido que
se manejan los mismos códigos que nos permiten pensar las obras y sus problemas, la
posibilidad de hablar con otro que real y claramente es otro permite contrastar, poner en
juego y en tensión el propio discurso.
[…] lo único que me interesa es que el ser humano pueda producir una obra
que conmocione a otros, que comunique cosas, que hable, que sea revulsiva,
que hable de la mierda, del horror, del querer trascender ese horror y esa mier-
da… (Maresca citada por Villa, p. 68).
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Tienen que ver con la libertad expresiva. Si aceptás un cierto tipo de reglas en-
marcadas en el buen gusto (determinado, por otra parte, de modo arbitrario)
darás por resultado los productos que configuran el arte oficial, el que la mayoría
de la gente acepta gustosa porque le muestra el mundo del color rosa que quiere
ver. Por ejemplo, es posible que alguien prefiera una Venus ateniense esculpida
en mármol a una pieza como las mías, construidas con desechos, –cartón, ma-
dera, hierros y material descartado–. Pero acá los escultores no tenemos acceso
a esos materiales costosos para trabajar y sí tenemos, en cambio, basura, ele-
mentos de desecho y un mínimo margen para transformarlos en otra cosa que
muestre la realidad. Porque cuando el arte sale de su contexto deja de hacer evi-
dente lo real y deja de cumplir, por consiguiente, con la función de modificarlo.
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La artista no cree más que en el arte –como trabajo, idea, imagen, conocimien-
to y reflexión– y a partir del arte recompone las relaciones con el mundo, en un
proceso de convicción –y fe– escalonado. Es decir, Liliana Maresca no cree en
nada salvo en el arte –su única certeza–, que es una inflexión; y desde ese lugar
cree brutalmente y a toda costa.
Es interesante tratar de entender de qué manera esta frase de Maresca puede vincularse
con la anterior o si es que podemos encontrar alguna contradicción en estas dos afirma-
ciones. Quizá podemos pensar que lo que plantea Maresca es un modo propio de pensar
el arte, una nueva obra que esté totalmente atravesada por la intensión de comunicar una
potente idea del mundo, o como ella misma lo expone citada por Gisela Rota, “Yo creo
que mi misión en la vida es molestar. Hacer cosas que sean una patada en los huevos” (p.
27). Una concepción muy socrática de la función del artista que se piensa no para agradar
a nadie sino para obligar a una profunda reflexión, sobre temas que quizá no gustan y que
muchas veces duelen.
Y siguiendo su idea de que la obra es la que debe hablar con el espectador es que nos pa-
rece apropiado pensar la obra como discurso, entender a Maresca como el locutor de este
y a su público que participa, que la interpela y responde, llama por teléfono o no lo hace,
como el alocutario.
Según Emile Benveniste, el discurso es un objeto desde el cual el sujeto habla del mundo,
el sujeto produce discursos y este discurso es la propia lengua en uso. Benveniste nos pro-
pone dejar de lado el concepto de Saussure de habla y reemplazarlo por el concepto de
enunciación para poder comprender las relaciones que existen entre discurso e ideología y
entre discurso y poder. El sujeto a través de un acto histórico, único, ubicado en el espacio
/tiempo e irrepetible se apropia de la lengua y la pone a funcionar para producir un enun-
ciado, que es la relación entre el sujeto y esa lengua. Benveniste trabaja con el concepto
de enunciación, que se definiría como el acto histórico, único e irrepetible desde el cual el
sujeto se apropia de la lengua y se la pone a funcionar. Enunciación es el decir, es el acto de
producir un enunciado y no el texto en sí, es el acto individual de utilización de la lengua.
El enunciado es lo dicho.
Es desde este lugar desde donde la obra de Maresca alcanza todo su espesor de sentido.
Desde un lugar y un momento que claramente determinan la obra, Maresca se apropia
de un modo de construir sentido uniendo la palabra con la imagen en una construcción
única y personal.
Esa búsqueda de una obra que “hable” que menciona Maresca implica definir una si-
tuación enunciativa y un enunciado, en el que el sujeto aparece cómo problema ya que
enfrenta la pregunta de su relación con el discurso.
El hombre se convierte en sujeto en la medida en que puede auto nombrarse y esto tiene
muchas consecuencias. En la obra Espacio disponible Maresca se inscribe en la obra desde
el texto de una forma difusa y poco reconocible. Aparece su nombre citado en el cartel que
se apoya en el suelo sin ninguna otra referencia. El espacio de exposición del Casal de Ca-
talunya es un lugar pequeño que da cita a la comunidad artística más cercana, es un lugar
en el que se reúnen amigos que no necesitan mayores datos para reconocer la pertenencia
de la obra. Por el contrario en Maresca se entrega todo destino, el público se amplía tanto
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que resulta ser impredecible, la revista llega a mucha gente de características imposibles de
definir. El texto que acompaña esta obra no sólo incorpora el nombre sino que aparece la
mención de que Liliana Maresca es escultora, la autora define desde el texto el lugar desde
el que enuncia. Esa definición podría pensarse en contradicción con la imagen de las fotos
que nos muestra a Maresca sin ninguno de los atributos que nos permiten reconocer el
oficio del escultor, sino posando semi desnuda de manera provocativa y el único objeto
que posee es un oso de peluche con el que juega cual Lolita, en una construcción total-
mente estereotipada de la seducción femenina.
Es interesante pensar las 14 imágenes que aparecen en la obra Maresca se entrega… como
un sistema en el que cada parte se define en relación al resto del sistema, un signo se define
en relación al otro y funcionan en relación al todo. Cada una de las fotos por separado muta
o pierde su sentido, generan interés cuando están todas juntas, acompañadas del texto que
funciona como el elemento aglutinador que permite contextualizar y dar sentido a las imá-
genes. No son partes que puedan separarse sin transformarse completamente en otra cosa.
Por otro lado no podemos dejar de pensar que las fotos ampliadas y enmarcadas si colga-
ran de la pared de una galería cada una por separado nos llevarían a realizar asociaciones
totalmente diferentes. La lectura de la obra funciona como un sistema que tenemos que
apreciar de manera completa.
La Referencialidad contextual, se refiere a la posibilidad de establecer el contexto que
aporta el dato que permite la comprensión de una obra. Una obra si es vista en una galería
esta contextualizada de una manera en particular y va a ser leída de esa manera, que será
completamente diferente a una obra que está dentro de una revista erótica, por más que
mencione o dé datos que permitan vincularla con el medio artístico (ya que menciona
que Liliana Maresca es escultora, da los créditos de la producción, etc.) pese a todo eso es
leída como publicación erótica y muchos lectores llaman sin intuir que puede haber otro
sentido. Es interesante poder experimentar concreta y prácticamente de qué modo el con-
texto condiciona la lectura de la obra. Esto que puede aparecer como una simple intuición
en otros casos se nos revela de manera concreta en la comparación de la respuesta que la
artista obtuvo con las dos obras, frente a una de ella (Espacio disponible) nadie se sintió
inclinado a llamar y frente a la otra la artista recibió gran cantidad de llamados.
Maresca se coloca aquí como una artista reflexiva pero pragmática, ella siempre buscó
separarse de la teorización excesiva en relación al quehacer artístico. En 1991 va a partici-
par de una muestra colectiva de esculturas en el patio de la facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad de Buenos Aires. La obra que realiza se titula Ouroboros y representa a
una serpiente gigante que se come su propia cola totalmente construida de hojas de libros
y apuntes, muchos de estos textos eran bibliografía de las materias que se dictaban en la
facultad. El mensaje es claro y los alumnos lo entienden rápidamente y por eso el fuerte
rechazo que en algunos provocó la obra. La teoría o el exceso de esta es un ejercicio que se
alimenta a sí mismo y no tiene relación con el afuera, con la vida, se encuentra aislado en
una universidad que lee la vida en vez de verla o vivirla. Maresca en cambio es una artista
con una formación no académica que comprende su función desde la praxis. Es por esto
que busca medir de manera concreta el alcance de la obra, de qué modo impacta en el
espectador, entender si es que lo moviliza, esto es lo que nos permite pensar que quizá la
primer obra es parte indisociable de la segunda, no por que trabaje sobre el mismo tema
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o de una manera equivalente, sino porque Maresca se entrega… es la otra estrategia que
genera ante la necesidad de dialogar con el espectador.
La definición de Pierce de signo lo sitúa como aquello que está en lugar de otra cosa.
Entonces ¿Maresca en lugar de qué está? Maresca posa en lugar de la artista o de la prosti-
tuta, ambas ofreciendo un servicio que socialmente nos hemos acostumbrado a entender
como diferente. Esta obra nos enfrenta a una pregunta importante: desde qué lugar puede
pensarse que esta diferencia no es tan significativa y esta es quizá una de las reflexiones
más interesantes que plantea la artista. ¿En qué momento Maresca puede entender que
una artista y una prostituta son figuras equivalentes? La frase ya citada de la entrevista
realizada por Alejandra Dahla, “Si aceptás un cierto tipo de reglas enmarcadas en el buen
gusto (determinado, por otra parte, de modo arbitrario) darás por resultado los produc-
tos que configuran el arte oficial, el que la mayoría de la gente acepta gustosa porque le
muestra el mundo del color rosa que quiere ver”, nos permite ver como Maresca piensa
que el mercado del arte y la búsqueda de que obra sea aceptada por las instituciones lleva
al artista a la aceptación de reglas impuestas que desvinculan el arte con la realidad, con
una finalidad significativa y es ahí cuando el artista se prostituye, prostituye sus fines y
trabaja sólo por dinero.
Los deícticos son los signos indiciales que establecen el yo, el aquí, y el ahora. Cuando el
locutor se apropia del aparato formal de la lengua y enuncia su posición lo hace mediante
indicios específicos. El locutor fija su posición al enunciar y todo enunciado implica una
toma de partido, un posicionamiento. En el caso de estas obras el posicionamiento por
más que nos resulte polisémico es plenamente consciente y buscado por la artista que
logra generar una obra llena de capas que interpelan al espectador y lo enfrentan con una
serie amplia de problemas que pueden ser abordados con distinta complejidad.
Cuando Maresca establece el Yo se coloca con su nombre y apellido, la tipografía también
ayuda a posicionar la obra y la imagen es consecuente. En un primer nivel uno ve a un
Yo fuerte que se hace responsable completamente de la enunciación y de lo que esta im-
plica. Pero en la obra Maresca se entrega…, inmediatamente ella establece el colectivo, la
obra con la participación del otro y los nombra uno por uno y les permite hacerse cargo
de diversos fragmentos (fotografía, vestuario, maquillaje, etc.) y si bien su imagen nos la
presenta sola sabemos por el texto que atrás de cámara hay mucha más gente. El texto
cita que la escultora Liliana Maresca donó su cuerpo a los artistas que la acompañan en la
producción, y acá se genera una fuerte ambivalencia que no nos permite precisar si Ma-
resca se dona a sus pares (los otros artistas y amigos) o al público desconocido que ve la
publicidad. Por las dudas el público llama e intenta concertar la ansiada cita.
El sujeto de la enunciación es la causa y el efecto del enunciado. El Yo que se instala desde
el propio cartel que en grandes letras negras dice su nombre, será reconocido por muchos
de los espectadores como el yo de la artista que hace una obra de arte. Maresca hace sus
obras en primera persona, su voz y su nombre aparecen claramente como centros de la
enunciación y como la razón misma de que esta suceda. Maresca está claramente inscripta
en el enunciado.
Todo enunciado lleva a cabo una acción. Oswald Ducrot plantea que hablar es actuar por-
que lo que se busca es influir en el otro. Hablar es intervenir en una situación contextual
específica. Hablar implica, compromete, construye un vínculo con el otro, busca modifi-
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car al otro. Maresca ha establecido claramente que busca molestar, pinchar al otro con la
intensión de producir algún tipo de reacción, y en sus entrevistas esta parece ser la única
preocupación que la mueve.
En la obra Maresca se entrega… podemos ver también a una artista que busca seducir,
agradar, provocar deseo. En uno o en otro caso el tú, el alocutario, el otro de la obra
no permanece indiferente y si esto sucede significa que la obra no esta funcionando y se
puede volver a intentar, realizándola de alguna otra manera, buscando otra estrategia que
genere que el otro llame, que el otro accione.
El enunciado construye el YO/TU y el vínculo entre los dos, Maresca busca influir en el
otro y provocar una reacción, estas obras no son estéticas ni estáticas y no promueven
un espectador contemplativo, la reflexión es crítica y esa crítica que producen desde el
discurso debe ser sostenida por el espectador que es un participante. En el caso de Espa-
cio Disponible la misma distribución de la obra en el espacio implica un espectador que
es participativo, que recorre y trata de reconocer cuál es la obra. Benveniste plantea que
hablar es llevar al otro a que saque una conclusión, no hablo sólo porque sí, o por el placer
de hacerlo, hablo con una finalidad que es persuasiva.
El sujeto de la enunciación al enunciar su mensaje construye una puesta en escena de lo
real que da sentido a su discurso y funciona como una contextualización de este. Tomar la
palabra, decir es una puesta en escena. El enunciado es una puesta en escena, una repre-
sentación de la escena de lo real.
El Ethos del enunciador tiene que ver con su presentación pública e histórica, no indica
lo que es sino lo que parece, el modo en que lo hace debe resultar verosímil con el fin de
generar un efecto persuasivo. Dominique Maingueneau resalta la concepción aristotélica
que se plantea en la Retórica,
Aristóteles entiende el discurso como una acción tendiente a una finalidad, que no sucede
en el vacío, mi discurso está dirigido a convencer al otro, se ajusta a esa necesidad y fun-
ciona en consecuencia buscando estrategias para realizarla. Para Aristóteles esta finalidad
es dar una buena impresión, los sofistas lo entenderán como convencer, Maresca busca
movilizar y generar una impresión en el espectador aunque no sea positiva. La última
parte de la cita es muy significativa por que plantea que la construcción del ethos está
ligada al momento del discurso y puede prescindir de todo conocimiento anterior sobre
quién enuncia. El lector de la revista El libertino, no necesariamente conoce a Maresca (ni
como artista ni como prostituta) pero construye una imagen de ella con la información
que obtiene en ese momento, de ese primer y único contacto.
Maingueneau explica que su noción de ethos permite articular cuerpo y discurso. La no-
ción de ethos que propone es interesante para el análisis de esta obra ya que permite esta
articulación en la que plantea que el discurso es indisociable de un cuerpo enunciante
históricamente especificado. Maresca construye una obra en la que está siempre articula-
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Valeria Stefanini El yo desnudo. La puesta en escena del yo (...)
do su discurso al cuerpo que lo enuncia, ella siempre aparece y habla en primera persona,
asumiendo la responsabilidad de la enunciación de manera completa.
El Ethos se juega en el estereotipo. Simone de Beauvoir nos dice que “la mujer se hace, no
nace”, igual que la puta y la artista, estas se construyen con una puesta en escena que per-
mite su rápida identificación y es por esto que su actuar es estereotipado.
En la primer obra Maresca se presenta en escena con el ethos de una artista y sostiene su
discurso desde ese lugar de enunciación. Las fotos de la inauguración la muestran sonrien-
te, posando y brindando con cada uno de los amigos y artistas que se acercó a compartir
el momento.
Maresca se entrega… necesita para funcionar la construcción de un ethos diferente que
instale su propio sistema de verosimilitud y juegue con la sospecha o la certidumbre de
lo que estamos viendo. En estas dos obras hay una puesta en escena que es mucho más
estereotipada en la construcción de una puta que en la construcción de una artista. La puta
funciona para el otro no para sí misma por lo que debe ser rápidamente reconocida por
ese otro a quien se dirige. Maresca utiliza el cliché de sensualidad y erotismo más artificial
y estereotipado posando con un osito en una mezcla de niña mujer. Mostrando y ocultan-
do su cuerpo al mismo tiempo como estrategia para incitar el deseo. La construcción del
ethos refuerza el sentido de la oferta, la artista está disponible, se ofrece todo destino. El
ethos se construye en la interacción con el destinatario.
Michel Foucault en su Lección Inaugural en el College de France plantea como hipótesis
de su trabajo un abordaje político e ideológico en el uso del discurso que se nos muestra
como una estrategia de poder. Foucault plantea lo siguiente:
Esta idea de control sobre la producción del discurso puede ser interesante si pensamos
que la artista buscará recurrir a un medio de difusión ajeno a lo que tradicionalmente
pensamos como dispositivo artístico: para hablar de arte y de la condición artística, Ma-
resca deberá salir a un ámbito diferente y mostrar la obra en una publicación erótica.
La primera obra que sucede en un espacio destinado al arte y pensado para el arte licua el
mensaje. Curiosamente los interesados en reflexionar acerca de la propuesta de Maresca
son en primera instancia los visitantes a la muestra del Casal de Catalunya y no los lecto-
res de El Libertino. Sobre esto podemos pensar en función de la palabra de Maresca que
cuando se refiere al futuro y cómo este mirara su obra ya entiende esta asimilación que el
ambiente artístico genera de todas las obras, ya sea las que cumplen los cánones estableci-
dos y se atienen a las reglas o las que no lo hacen nunca,
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Valeria Stefanini El yo desnudo. La puesta en escena del yo (...)
cosas y encontrará para ello nuevos canales. No puedo decir que carecemos de
nihilismo. Leer el diario enfrenta con una actualidad que no ofrece otras alter-
nativas. Pero existe además otra tendencia en nuestro arte, que es la exaltación
de la sexualidad –que algunos interpretan equivocadamente como pornogra-
fía– y eso no es nihilista en absoluto. Más bien es un grito de vida, o sea que en
lo nuestro se combinan los opuestos [...].
Ese control de la palabra está dado por los procesos de exclusión y de prohibición y uno
de los principios más fuertes es la sexualidad y la política, el deseo y el poder. Referirse a
la violencia sobre el cuerpo femenino y el cuerpo de la artista desde su puesta en escena,
tomar el poder de la palabra y del propio cuerpo transformándolo en objeto de deseo, es
un acto político de reafirmación del poder.
Conclusión o cierre
Bibliografía
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Rota, G. (1991). “Liliana Maresca: el placer de romper libros”, en Cerdos y peces, N°42,
Buenos Aires, septiembre.
Abstract: This text think about two works of the Argentinian artist Liliana Maresca: called
“Available space” and “Maresca offers all destinations” and tries to establish the lines that
connect the two samples. It will also observe how complementary are each other and to
establish a dialogue with the viewer generating own reflection and suggest another. The
two chosen works will be designed from theoretical frameworks of semiology and the
analysis of the discourse in order to cover their complexity. It enquires also about the role
of the artist in the local environment, the use of the body and its staging and the links that
the artist kept with institutions and the market.
Resumo: Este texto reflete sobre duas obras da artista argentina Liliana Maresca: Espaço
disponível e Maresca oferece todo o destino, tentando estabelecer as linhas que unem as
duas amostras, e observar como se complementam para atingir um objetivo que podemos
traçar em praticamente todas as suas obras : estabelecer um diálogo com o espectador e
influenciar sua vida de alguma forma, gerar sua própria reflexão e fazer o outro pensar.
Os dois trabalhos escolhidos serão pensados a partir de referenciais teóricos de semiologia
e análise do discurso, a fim de abranger a complexidade que ambos propõem na investi-
gação sobre o papel do artista no ambiente local, o uso do corpo e sua encenação, e links
que o artista mantém com as instituições e o mercado. Basearemos este trabalho nas infor-
mações obtidas em entrevistas, a fim de podermos dar conta da palavra do artista que foi
gravada e gravada por diferentes pessoas durante o curso de sua carreira.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
Resumen: El presente trabajo tiene por objeto dar cuenta de ciertos desplazamientos que
están aconteciendo en un espacio de intersección dado por los campos de las artes visuales
contemporáneas y del cine. En tal sentido, dicha espacialidad procede como alentadora
de una serie de producciones estéticas que fundan su despliegue, por un lado, en la de-
construcción del dispositivo cinematográfico, esto es, en la evidenciación crítica de su
lógica productiva y receptiva y, por otro, en la captura de propuestas desarrolladas en
el ámbito del arte contemporáneo (instalación, performance). A la vez que ambos cam-
pos se retroalimentan, es factible señalar que encuentran en la institucionalidad del arte
contemporáneo, en sus circuitos de exhibición (bienales, galerías, museos), un ámbito de
recepción privilegiado.
(*)
Director de la Carrera de Gestión e Historia de las Artes en la Universidad del Salvador.
Licenciado en Gestión e Historia (UNTREF). Magíster en Historia del Arte Argentino y
Latinoamericano (IDAES-UNSAM). Doctorando en Arte Contemporáneo por la Univer-
sidad Nacional de La Plata. Es investigador y docente universitario de grado y posgrado
en diversas universidades nacionales (USAL, UNTREF y UNA); así como ha prestado ser-
vicios docente en la Universidad de Cuenca (Ecuador) y la New York University (EEUU).
Ha curado numerosas muestras de arte tecnológico y contemporáneo. Miembro de la
Asociación Argentina de Críticos de Arte. Ha ejercido la crítica especializada en arte y
tecnología. Dirige la colección Pensamientos Inactuales (Ediciones Arte x Arte de la Fun-
dación Alfonso y Luz Castillo). Es autor de numerosos libros y compilaciones.
I.
Tal vez, el campo de la producción cinematográfica y el de las artes visuales tengan más de
un punto en común, y este no se encuentre circunscripto a una correlación de similitudes
inmanentes a las formas que se develan hacia el interior de la propia imagen (el carác-
ter rectangular de la imagen heredado de la proporcionalidad renacentista, las lógicas de
composición del cuadro, el fuerte carácter mimético que portan ambas visualidades, etc.).
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
II.
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
En tal sentido, y tal como plantea el propio Agamben, las relaciones entre el cuerpo del
individuo y el dispositivo son configuradoras de subjetividad, en tanto este último propo-
ne la internalización de un determinado orden. De esta manera, en sus propias palabras:
“Llamaré dispositivo a la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, mo-
delar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, y los discursos de los seres vivientes”
(2014, p. 18).
Para Castro, habría tres condiciones más que darían forma a este concepto operativo:
Por otra parte, la teoría cinematográfica ha abonado un territorio fructífero para la emer-
gencia de una analítica vinculada a la noción de dispositivo.
III.
Como señala Ismael Xavier en su ensayo Las aventuras del dispositivo. (1978-2004), el cam-
po de la estética y la teoría cinematográfica ha desplegado fecundas discusiones en torno
al concepto de dispositivo, en especial a partir de los posicionamientos desarrollados por
Jean-Louis Baudry en los años setenta.
Entendiendo esta noción, en primera instancia, como una maquinaria productora de sub-
jetividad cuyo orden aparece cimentado en lo ideológico.
De alguna manera, estos posicionamientos se pueden vincular a ciertas formas producti-
vas espacializadas del arte contemporáneo y de la curaduría en tanto dispositivo. En rela-
ción con ello, Xavier sintetiza con claridad los posicionamientos de Metz, cuando sugiere
que, el
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
evidentes. La relación establecida por Vilém Flusser en Dispositivo, cine y arte torno a la
etimología de la palabra aparato es sugerente para pensar los alcances de la noción de
dispositivo. Como señala en Una filosofía de la fotografía:
La palabra latina apparatus está del verbo apparare, que significa “preparar”.
Además, existe en latín el verbo praeparare, que significa, asimismo, “preparar”.
Para ilustrar en alemán la diferencia entre los prefijos “ad” y “prae”, apparare
podría traducirse por paraparar (fürbereiten). Visto así, el “aparato” sería un
objeto al acecho de algo, mientras que el “preparado” sería una cosa a la espera
paciente de algo. La cámara está al acecho del acto de fotografiar, se le alargan
los dientes por él. Apuntemos en este intento de definición etimológica del
concepto de aparato “esta disposición félida” (1993, pp. 23-24).
En tal sentido, podemos advertir que todo dispositivo se presenta en ese estado latente que
presupone estar al acecho, tendiente a la captura de algo que permite la emergencia de su
funcionamiento. Quizá, en el dispositivo curatorial contemporáneo pueda subyacer algo
de la lógica del aparato, en vinculación a las dos determinaciones descriptas: como algo
que se presenta a la espera paciente del espectador pero que, en el mismo movimiento,
captura la atención de este.
La cuestión relativa a la pasividad / actividad del espectador ocupa un espacio central tan-
to en los debates de las artes visuales como de la teoría cinematográfica. Dentro de esta ló-
gica puede pensarse, aunque no de manera conclusiva, que la labor curatorial tradicional,
tiende a acotar las posibilidades de actividad del espectador, en tanto, determina o recorta
las variaciones en la relación de los objetos presentados en tanto dicha relacionalidad por-
ta, en su puesta en espacio, un sentido preestablecido que requiere o presupone una suerte
de protocolo de recepción que encausa el modo en que esas obras deben ser recepcionadas
en dicho contexto. Los textos de salas introductorios establecen el sentido general de la
muestra, en tanto que los textos de bloque hacen lo propio en relación con las secciones
en que la muestra está compuesta, articulándose como microrrelatos de una totalidad.
De manera inversa, la obra artística espacializada alienta el carácter abierto de la experien-
cia espectatorial.
IV.
En el campo de las artes visuales, también podemos evidenciar un recorrido que va desde
la profundización de las lógicas modernista hasta la puesta en crisis de estas en el terreno
de la contemporaneidad.
En tal sentido, para Clement Greenberg, lo moderno implica la defensa de una matriz
instalada por Kant de manera definitiva: ser moderno es ser crítico. Lo cual implica asumir
“los métodos específicos de una disciplina para criticar esta misma disciplina. […] con la
finalidad de […] afianzarla más sólidamente en su área de competencia” (2006, p. 111).
Desde esta perspectiva: ¿cuál sería el objeto del arte? ¿Qué determinaría sus búsquedas? El
encuentro con la tan ansiada esencia a través de la autocrítica. A partir de ella como guía,
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
las disciplinas artísticas, el arte todo, desecharía su excedente, aquello que no le pertenece
y que ha tomado prestado de otros territorios, iniciando así su camino hacia la pureza.
El camino parecía irreversible, el proceso de autocrítica de la pintura desembocó, de ma-
nera ineluctable, en la acentuación del carácter planimétrico del cuadro como condición
esencial de lo pictórico. Esta cuestión nos retrotrae al señalamiento de Worringer, en tan-
to para Greenberg, la emergencia de la abstracción implicó, de manera preeminente, un
procedimiento signado por la anulación de toda tridimensionalidad como “garantía” de
“pureza” disciplinar.
Lógica productiva abstracta que anuda, como contraparte, al igual que en el cine, un sen-
tido privilegiado: el visual. En cierta medida, captar ópticamente la forma es captar la idea.
Esta lógica moderna implicó la prosecución de un modo de ver que Martin Jay ha deno-
minado “ocularcentrista”, la primacía del ojo que se configura como sinónimo de intelec-
ción (resuena aquí el legado cartesiano) y que, de alguna manera, anula la corporeidad del
receptor centrado identificándolo con un par de ojos incorpóreos.
Pero este movimiento autoconsciente, característico del arte moderno, no significó para
Greenberg una ruptura con la tradición, sino una inscripción de dichas prácticas artísticas
en el territorio mismo del progreso.
En líneas generales, Michael Fried continuó las directrices trazadas por su maestro, y en su
ensayo Arte y objetualidad (1967) realizó una fuerte crítica a los postulados del minima-
lismo, a la vez que el texto dio muestras de que el modo de hacer moderno parecía haber
llegado a su fin, abriéndose nuevas perspectivas expresivas que, para el autor, detentaban
una profunda negatividad.
Si la pintura abstracta modernista implicaba una neutralización del cuadro en tanto obje-
to, el minimalismo acentuaba la necesidad de evidenciar la objetualidad del mismo, esta úl-
tima cuestión se volvió problemática para la definición de lo pictórico en clave modernista.
Para Fried, la presencia que manifiesta la obra modernista parecería no tener duración,
experimentándose “como una especie de instantaneidad […] como si un instante único e
infinitamente breve fuera lo suficientemente largo como para verlo todo, para experimen-
tar la obra en toda su plenitud y profundidad, y resultar convencido por ella para siempre”
(2004, p. 193).
Contrariamente, el minimalismo implicó la instalación de una lógica temporal en la obra,
y esta deviene del señalamiento de la obra en tanto objeto que delimita una zona de si-
tuación para una experiencia que incluye la totalidad del cuerpo del espectador, en otras
palabras, ese cuerpo es un cuerpo en situación de vívida experiencia estética. Esta teatra-
lidad, tal la denominación que utiliza Fried, es asumida con la dimensión de una pérdida
irreparable, en tanto esta nueva poética (minimalismo) derrumba la pureza que había
hecho posible la configuración de un arte estrictamente moderno.
Fried parece erigirse en testigo crítico de una época en donde emerge este sentido diso-
lutorio para el arte moderno, el cual aparece sustentado en una “incorporación de los
objetos, imágenes y formas de la ‘vida’ en el ámbito del arte. De este modo, es posible de-
terminar […] aquellos movimientos estéticos que configuran una lógica de incorporación
irrestricta de la vida en el arte” (Fragasso, 2002, p. 58).
De esta manera, lo contemporáneo emerge de esta crisis moderna, caracterizada por la
tensión entre pureza e hibridación, cuestión que dio lugar, además, y de manera no exclu-
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
Esta doble posibilidad que deviene de la centralidad del efecto espacial, la dualidad tangi-
bilidad / intensidad, será central para rastrear los efectos de presencia que subyacen a una
multiplicidad de modos de hacer del arte contemporáneo.
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
V.
Si la lógica maquinal del dispositivo ha establecido una férrea correlación entre espaciali-
dad (configuradora de la experiencia receptiva), objeto artístico (cerrado sobre sí) y mi-
rada a distancia (capturadora de lo subyacente en la obra); no menos cierto es que esta
dinámica se suscita bajo el dominio de la transparencia, es decir, bajo un modo que invi-
sibiliza su propio funcionamiento y, así, logra su máximo poder de eficacia y sugestión.
Agamben señala que, ante la desmesurada e imparable proliferación de dispositivos en
nuestra contemporaneidad, la anulación absoluta de los mismos ya no sería viable. Por
lo tanto, su propuesta es profanarlos. En tal sentido, sugiere que: “La profanación […]
implica una neutralización de lo que se profana. Cuando ha sido profanado, lo que era
indisponible y separado pierde su aura y es restituido al uso” (citado en Castro, 2008, pp.
153-154).
Sin lugar a dudas, la contemporaneidad artística ha promovido de manera sostenida un
sentido profanatorio en relación con este funcionamiento maquinal. En el territorio de las
Bellas Artes ha operado una desarticulación de aquel sentido modernista anteriormente
desarrollado; y esto ocurre en relación con el sostenimiento de la obra como espacio efec-
tivo de la experiencia para el cuerpo del espectador. La pintura y la escultura rompen sus
límites convirtiéndose en espacio: la primera hace estallar el marco y la segunda el contor-
no del volumen cerrado sobre sí.
De esta manera, el cuerpo ingresa en una espacialidad, la de la propia obra, que no lo
excluye, que no lo coloca a distancia para contemplarla sino que, ahora, lo contiene en su
interioridad. Por lo tanto, el cuerpo experimenta fragmentariamente el objeto artístico y
se indistingue de él.
Quizás, en este punto, se produzca el más potente encuentro entre el cine y el arte contem-
poráneo (y no, como vacuamente se ha señalado en los últimos tiempos, a partir de que la
institucionalidad de este último albergó las producciones del primero en exposiciones o
bienales internacionales, aunque eso puede verificarse efectivamente).
Cine y arte contemporáneo comparten ese impulso profanador que disloca el dispositivo
moderno, tan ligado a la instauración de la lógica biopolítica. En tal sentido y como señala
Parente, también en el campo cinematográfico se erige una profanación de la forma-cine,
o de su pretendida naturalización, la cual se identifica con la proyección de una historia
en una sala a oscuras.
Dentro de estas posibilidades profanadoras, al decir de Parente, quizás la de mayor cer-
canía con las prácticas expansivas y expresivas del arte contemporáneo sea la del deno-
minado cine expandido, en donde, además podemos ubicar a ciertas producciones que
incorporan las innovaciones abiertas en el campo de la interactividad. Como el propio
Parente señala:
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
VI.
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
del espectador. Irónicamente, la obra de Maire parece estetizar el instante previo a la emer-
gencia del denominado Modo de Representación Institucional.
Por otra parte, y de manera colateral, podría evidenciarse una relación formal entre los
muñecos de acrílico animados de Maire y cierta porción de la productividad de la argenti-
na Liliana Porter: objetualidad, industrialidad, conceptualidad, ready-made, ironía.
El propio medio cinematográfico, su artefactualidad (proyector-pantalla) y su materia-
lidad efectiva (fílmico), se convierten en el eje productivo y reflexivo de la instalación
Éramos esperados (plomo y palo) (2013)4 de Andrés Denegri.
Cuestionando la forma-cine, una compleja maquinaria establece un rol ambivalente para
la propia película de 16 mm en la medida en que esta es el objeto de proyección a la vez
que su propia pantalla. “Lo que vemos sobre la pantalla formada por tiras de celuloide son
imágenes de represión policial y militar durante movilizaciones obreras y sociales realiza-
das a lo largo todo el siglo XX” (La Ferla, 2014, p. 57). La violencia del instante registrado
y proyectado adquiere un equivalente en la celeridad y fragmentariedad que el nuevo dis-
positivo, profanado, sostiene.
El andamiaje del cine se transparenta: su violencia silenciada y naturalizada, la cual con-
siste en proponer la internalización de una determinada discursividad obliterando su ma-
quínico lugar de enunciación.
En tal sentido, pareciera cumplirse el señalamiento de Hito Steyerl cuando sentencia que
el cine aparece ligado a una lógica de organización industrial fordista signada por el con-
trol temporal y la reclusión de los cuerpos; en tanto que el museo disloca dicha operati-
vidad, al trastocarse el control férreo de la temporalidad, configurando una lógica más
abierta que permite la emergencia de la multitud (2014, pp. 70-71).
Convergentemente, de modo crítico, la obra de Denegri deja al descubierto la esencia
industrial del cine, su andamiaje procesual y artefactual; a partir de su sentido deconstruc-
tivo emerge la idea del cine-fábrica. Pero efectivamente la experiencia con la instalación
no es semejante a la propuesta por el cine, aquella no aparece sujeta, subsumida a la lógica
temporal de este, por lo tanto, la experiencia se ha abierto.
A propósito de esto último y en relación al espacio de emplazamiento de la obra (ámbito
ligado a la institucionalidad del arte contemporáneo), las últimas producciones de De-
negri instalan un interrogante crítico en torno a la relación del cine con las instancias de
circulación del campo artístico contemporáneo.
Tal vez, uno de los ideales desplegados por la emergencia de internet que impactó fuer-
temente en el campo artístico fue en torno a la ampliación de posibilidades que el nuevo
medio portaba. Posibilidades que abogaban por el cumplimiento de una promesa demo-
cratizadora tanto a nivel de circulación como de recepción de las obras, la cual operaban
a partir de la negación de la institucionalidad espacial del arte. De esta manera, los artistas
podrían exponer sus obras libremente en el ciberespacio y el público podría acceder a las
mismas sin mediación alguna.
Si bien este ideal democratizador no logró plasmarse en su totalidad, algunas experiencias
artísticas generadas a partir del advenimiento de nuevas tecnologías permiten sostener
cierto sentido crítico en el marco del despliegue de dichas producciones.
En tal sentido, Alejandro Schianchi ha desarrollado parte de su producción en el límite
mismo de las necesidades de espacialización propuestas desde el dispositivo institucional
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
Su obra Sin Título (video deriva)6, de 2011, se inscribe dentro de los parámetro definidos
como intervención virtual locativa. La misma se conforma a partir de una serie de clips
de video que son geolocalizados en diversos puntos del microcentro porteño, los cuales
pueden ser visualizados con dispositivos móviles. Los videos establecen una relación espe-
cífica con el espacio en donde son visualizados, a veces el punto de vista del video coincide
con el punto de vista del espectador y en otros casos tensiona al mismo.
En tal sentido, el recorrido del espectador es tensionado por el recorrido planteado por
el video y su disposición espacial. En primer lugar, es necesario señalar el marcado ana-
cronismo entre registro y momento de visualización, en donde existe una superposición
temporal entre el pasado del primero que se actualiza en la reproducción y el recorrido
corporal en el espacio efectivo, allí donde ese video fue registrado. Juego de diferencias
y similitudes enmarcadas por la experiencia urbana y del dispositivo que interpelan al
cuerpo.
De esta manera, podríamos tender un puente entre los procedimientos propuestos por
Schianchi en sus trabajos y la noción de deriva, en tanto esta funciona como disruptiva,
proponiendo un tipo de experiencia que tiende a la apropiación creativa del espacio urba-
no. Como señalara el propio Guy Debord:
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
llevar por las solicitaciones del terreno y por los encuentros que a él corres-
ponden. La parte aleatoria es menos determinante de lo que se cree: desde el
punto de vista de la deriva, existe en las ciudades un relieve psicogeográfico,
con corrientes constantes, puntos fijos y remolinos que hacen difícil el acceso
o la salida de ciertas zonas (1999, p. 1).
VII.
Notas
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2019). pp 255-267 ISSN 1668-0227 265
Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
Referencias bibliográficas
Bibliografía
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Jorge Zuzulich Dispositivo, cine y arte contemporáneo
Abstract: The present work aims to give in account certain shifts that are happening at
the intersection given by the fields of contemporary visual arts and cinema. The deploy-
ment, on one hand, is the result of the deconstruction of cinematic device, that is, on the
evidence of acid criticism of its productive and receptive logic and, by another, in the cap-
ture of proposals developed in the field of contemporary art (installation, performance).
There is a feedback within both fields so it can be point out that they find in institutions of
contemporary art and in its display circuits (biennial, galleries and museums), a privileged
area of reception.
Resumo: O presente trabalho visa dar conta de certos deslocamentos que estão ocorrendo
em um espaço de intersecção dado pelos campos das artes visuais e filmes contemporâne-
os. Nesse sentido, a espacialidade é encorajadora de uma série de produções estéticas que
baseiam sua implantação, por um lado, na desconstrução do dispositivo cinematográfico,
ou seja, na evidência crítica de sua lógica produtiva e receptiva e, de outro, na captura
de propostas desenvolvidas no campo da arte contemporânea (instalação, performance).
Ao mesmo tempo em que ambos os campos são realimentados, é viável apontar que eles
encontram na institucionalidade da arte contemporânea, em seus circuitos expositivos
(bienais, galerias, museus), um ambiente de recepção privilegiado.
[Las traducciones de los abstracts fueron supervisadas por el autor de cada artículo]
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2019). pp 255-267 ISSN 1668-0227 267
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•Escritos en la Facultad
Es una publicación periódica que reúne documentación institucional (guías, reglamentos,
propuestas), producciones significativas de estudiantes (trabajos prácticos, resúmenes de
trabajos finales de grado, concursos) y producciones pedagógicas de profesores (guías de
trabajo, recopilaciones, propuestas académicas).
Se publican de cuatro a ocho números anuales con una tirada variable de 100 a 500 ejem-
plares de acuerdo a su utilización.
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Esta serie se edita desde el año 2005 en forma ininterrumpida, su distribución es gratuita
y recibe colaboraciones para su publicación. La misma tiene el número ISSN 1669-2306
de inscripción en el CAICYT-CONICET.
•Actas de Diseño
Actas de Diseño es una publicación semestral de la Facultad de Diseño y Comunicación,
que reúne ponencias realizadas por académicos y profesionales nacionales y extranjeros.
La publicación se organiza cada año en torno a la temática convocante del Encuentro
Latinoamericano de Diseño, cuya primera edición fue en Agosto 2006. Cabe destacar que
la Facultad ha sido la coordinadora del Foro de Escuelas de Diseño Latinoamericano y la
sede inaugural ha sido Buenos Aires en el año 2006.
La publicación tiene el Número ISSN 1850-2032 de inscripción y tiene comité de arbitraje.
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> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Cine e historia.
Representaciones fílmicas en un mundo globalizado. Zulema Marzorati y Mercedes
Pombo: Prefacio | Eje 1: Etnicidades en la pantalla: Tzvi Tal: Brechas y etnicidad. Personajes
judíos violentos en películas de Argentina, Uruguay y Venezuela | Alejandra F. Rodríguez:
¿Dónde está el sujeto?: problemas de representación de los pueblos originarios en el cine
| Eje 2: Construyendo la historia: Mónica Gruber: Medios y poder: 1984 | Adriana A.
Stagnaro: Lo imaginario y lo maravilloso de Internet. Una aproximación antropológica |
Zulema Marzorati y Mercedes Pombo: Humanismo y solidaridad en El puerto (Kaurismäki,
Finlandia/Francia/ Alemania, 2011) | Eje 3: Cine, historia y memoria: María Elena Stella:
Holocausto y memoria en los tiempos de la globalización. Representaciones en el cine
alemán | Claudia Bossay P.: Libertadores; bicentenarios de las independencias en el cine
| Marta N. R. Casale: La imagen faltante, de Rithy Panh, testigo y cineasta. El genocidio
en primera persona. (2020). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y
Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 77, mayo. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Moda, Diseño
y Sociedad. Laura Zambrini: Prólogo | Carlos Roberto Oliveira de Araújo: Metamorfose
Corporal na Moda e no Carnaval | Analía Faccia: Discursos sobre el cuerpo, vestimenta
y desigualdad de género | Griselda Flesler: Marcas de género en el diseño tipográfico
de revistas de moda | Jorge Leite Jr.: Sexo, género y ropas | Nancy de P. Moretti: La
construcción del lenguaje gráfico en el diseño de moda y la transformación del cuerpo
femenino | María Eugenia Correa: Diseño y sustentabilidad. Un nuevo escenario posible
en el campo de la moda | Gabriela Poltronieri Lenzi: O chapéu: Uma ferramenta para
a identidade e a responsabilidade social no câncer de mama | Taña Escobar Guanoluisa
y Silvana Amoroso Peralta: El giro humanista del sistema de la moda | Suzana Avelar:
La moda contemporánea en Brasil: para escapar del Siglo XX | Daniela Lucena y Gisela
Laboureau: Vestimentas indisciplinadas en la escena contracultural de los años 80 | Paula
Miguel: Más allá del autor. La construcción pública del diseño de indumentaria en Argentina
| Gianne Maria Montedônio Chagastelles: Arte y Costumbres: Los pliegues azules en
los vestidos de vinilo de Laura Lima (1990-2010) | Patricia Reinheimer: Tecendo um
mundo de diferenças. (2020). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y
Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 76, mayo. Con Arbitraje.
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Daniel Mancipe Lopez | Ana Urroz-Osés | Camilo de Lelis Belchior. FORMACIÓN PARA
EL DISEÑO SOCIAL: Rita Aparecida da Conceição Ribeiro | Cristian Antoine, Santiago
Aránguiz y Carolina Montt | Polyana Ferreira Lira da Cruz y Wellington Gomes de
Medeiro | Carlos Henrique Xerfan do Amaral, André Ribeiro de Oliveira y Sandra Maria
Nunes Vivone | Ana Beatriz Pereira de Andrade y Henrique Perazzi de Aquino. (2018).
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 69, septiembre. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Cine e Historia.
Pluralidad de voces y miradas sobre el autoritarismo y el totalitarismo. Zulema Marzorati
y Mercedes Pombo: Prólogo | Rodolfo Battagliese: Poder estatal y dominación de género:
sus representaciones en La linterna roja (China, 1991) de Zhang Yimou | Lizel Tornay:
Representaciones de mujeres en el cine de realizadoras feministas durante los períodos
posdictatoriales. España y Argentina | Zulema Marzorati y Mercedes Pombo: El fascismo
en la pantalla: Vincere (Italia, Bellochio, 2009) | Victoria Alvarez: Cine, represión y género
en la transición democrática. Un análisis de La noche de los lápices | Tzvi Tal: La estética del
trauma y el discurso de la memoria: personajes infantiles ante el terror estatal en Infancia
clandestina (Ávila, Argentina, 2011) | Moira Cristiá: Frente el autoritarismo,la creación. La
experiencia de AIDA y su relectura en el film El Exilio de Gardel (Fernando Solanas, Francia
/ Argentina, 1985) | Sonia Sasiain: El lugar del Estado en la representación de la vivienda
popular: desde la construcción de la opinión pública hacia la censura | Mónica Gruber:
Medios y poder: 1984. (2018). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y
Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 68, julio. Con Arbitraje.
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227 275
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> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Los procesos
emergentes en la enseñanza y la práctica del diseño. M. Veneziani: Prólogo | M. Veneziani:
Moda y comida: Una alianza que predice hechos económicos | M. Buey Fernández:
Involúcrame y entenderé | F. Bertuzzi y D. Escobar: El espíritu emprendedor. Un
acercamiento al diseño independiente de moda y las oportunidades de crecimiento comercial
en el contexto actual argentino | X. González Eliçabe: Arte popular y diseño: los atributos
de un nuevo lujo | C. Eiriz: Creación y operaciones de transformación. Aportes para una
retórica del diseño | P. M. Doria: Desafío creativo cooperativo | V. Fiorini: Nuevos escenarios
de las prácticas del diseño de indumentaria en Latinoamérica. Conceptos, metodologías
e innovación productiva en el marco de la contemporaneidad | R. Aras: Los nuevos
aprendizajes del sujeto digital | L. Mastantuono: Tendencias hacia un cine medioambiental.
Concientización de una producción y diseño sustentable | D. Di Bella: El cuerpo como
territorio | V. Stefanini: La mirada propia. El autorretrato en la fotografía contemporánea
| S. Faerm: Introducción | A. Fry, R. Alexander, and S. Ladhib: Los emprendimientos en
Diseño en la economía post-recesión: Parson`s E Lab, la Incubadora de Negocios de Diseño
| S. Faerm: Desarrollando un nuevo valor en diseño; del “qué” al “cómo” | A. Kurennaya:
Moda como práctica, Moda como proceso: los principios del lenguaje como marco para
entender el proceso de diseño | L. Beltran-Rubio: Colombia for Export: Johanna Ortiz,
Pepa Pombo y la recreación de la identidad cultural para el mercado global de la moda
| A. Fry, G. Goretti, S. Ladhib, E. Cianfanelli, and C. Overby: “Artesanías de avanzada”
integradas con el saber hacer; el papel del valor intangible y el rol central del artesano en el
artesanato de alta gama del siglo 21 | T. Werner and S. Faerm: El uso de medios comerciales
para involucrar e impactar de manera positiva en las comunidades. (2017). Buenos Aires:
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Pueblo, comunidad y mito en Juan Moreira de Leonardo Favio y en Facundo. La sombra del
Tigre de Nicolás Sarquís | Marcos Zangrandi: Antín / Cortázar: cruces y destiempos entre
la escritura y el cine. 3. Imágenes/escrituras. Álvaro Fernández Bravo: Imágenes, trauma,
memoria: miradas del pasado reciente en obras de Patricio Guzmán, Adriana Lestido y
Gustavo Germano | Laura Ruiz: Bronce y sueños, los gitanos. Nomadismo, identidades por
exclusión y otredad negativa en Jorge Nedich y Josef Koudelka | Santiago Ruiz y Ximena
Triquell: Imágenes y palabras en la lucha por imposición de sentidos: la imagen como
generadora de relatos. (2017). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y
Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 61, marzo. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Lecturas y poé-
ticas del arte latinoamericano: apropiaciones, rupturas y continuidades. María Gabriela
Figueroa: Prólogo | Cecilia Iida: El arte local en el contexto global | Silvia Dolinko: Lecturas
sobre el grabado en la Argentina a mediados del siglo XX | Ana Hib: Repertorio de artistas
mujeres en la historiografía canónica del arte argentino: un panorama de encuentros y desen-
cuentros | Cecilia Marina Slaby: Mito y banalización: el arte precolombino en el arte actual. La
obra de Rimer Cardillo y su apropiación de la iconografía prehispánica | Lucía Acosta: Jorge
Prelorán: las voces que aún podemos escuchar | Luz Horne: Un paisaje nuevo de lo posible.
Hacia una conceptualización de la “ficción documental” a partir de Fotografías, de Andrés
Di Tella | María Cristina Rossi: Redes latinoamericanas de arte constructivo | Florencia
Garramuño: Todos somos antropófagos. Sobrevivencias de una vocación internacionalista
en la cultura brasileña | Jazmín Adler: Artes electrónicas en Argentina. En busca del eslabón
perdido. (2016). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación,
Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 60, diciembre. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Cine y Moda.
P. Doria: Prólogo Universidad de Palermo | M. Carlos: Moda en cine: signos y simbo-
lismos | D. Ceccato: Cortos de moda, un género en auge | P. Doria: Brillos y utopías | V.
Fiorini: Moda, cuerpo y cine | C. Garizoain: De la pasarela al cine, del cine a la pasarela.
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Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
nessa Brasil Campos Rodríguez: Una mirada al borde del precipicio. La fascinación por
lo siniestro en el espectáculo de lo real (reality show) | Mônica Ferreira Mayrink: La es-
cuela en escena: las películas como signos mediadores de la formación crítico-reflexiva
de profesores | Jesús González Requena: De los textos yoicos a los textos simbólicos |
Julio César Goyes Narváez: Audiovisualidad y subjetividad. Del icono a la imagen fílmi-
ca | Alejandro Jaramillo Hoyos: Poética de la imagen - imagen poética | Leopoldo Lituma
Agüero: Imagen, memoria y Nación. La historia del Perú en sus imágenes primigenias |
Luis Martín Arias: ¿Qué queremos decir cuando decimos “imagen”? Una aproximación
desde la teoría de las funciones del lenguaje | Luis Eduardo Motta R.: La imagen y su
función didáctica en la educación artística | Alejandra Niedermaier: Cuando me asalta
el miedo, creo una imagen | Eduardo A. Russo: Dinámicas de pantalla, prácticas post-
espectatoriales y pedagogías de lo audiovisual | Viviana Suarez: Interferencias. Notas
sobre el taller como territorio, la regla como posibilidad, la obra como médium | Loren-
zo Javier Torres Hortelano: Aproximación a un modelo de representación virtual lúdico
(MRVL). Virtual Self, narcisismo y ausencia de sentido. (2016). Buenos Aires: Univer-
sidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y
Comunicación. Vol. 56, marzo. Con Arbitraje.
280 Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227
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sual/digital de las tapas de las revistas. Aportes de la biopolítica para entender su u-topia.
(2015). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro
de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 54, septiembre. Con Arbitraje.
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> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Diseños es-
cénicos innovadores en puestas contemporáneas. Catalina Julia Artesi: Prólogo | Andrea
Pontoriero: Vida líquida, teatro y narración en las propuestas escénicas de Mariano
Pensotti | Estela Castronuovo: Lote 77 de Marcelo Mininno: el trabajoso oficio de narrar
una identidad | Catalina Julia Artesi: Representaciones expandidas en puestas actuales
| Ezequiel Lozano: La intermedialidad en el centro de las propuestas escénicas de Diego
Casado Rubio | Marcelo Velázquez: Mediatización y diferencia. La búsqueda de la forma
para una puesta en escena de Acreedores de Strindberg | Distribución cultural. Yanina
Leandra: Prólogo | Andrea Hanna: El rol del productor en el teatro independiente. La
producción es ejecutiva y algo más… | Roberto Perinelli: Teatro: de Independiente a
Alternativo. Una síntesis del camino del Teatro Independiente argentino hacia la con-
dición de alternativo y otras cuestiones inevitables | Leila Barenboim: Gestión Cultural
3.0 | Rosalía Celentano: Ámbito público, ámbito privado, ámbito independiente, fron-
teras desplazadas en el teatro de la Ciudad de Buenos Aires | Yoska Lazaro: La resignifi-
282 Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227
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cación del término “producto” en el ámbito cultural | Tesis recomendada para su publi-
cación: Rosa Judith Chalkho. Diseño sonoro y producción de sentido: la significación de
los sonidos en los lenguajes audiovisuales (2014). Buenos Aires: Universidad de Palermo,
Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol.
50, diciembre. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Los enfoques
multidisciplinarios del sistema de la moda. Marisa Cuervo: Prólogo | Marcia Veneziani:
Introducción Universidad de Palermo. El enfoque multidisciplinario: un desafío peda-
gógico en la enseñanza de la moda y el diseño | Leandro Allochis: De New York a Buenos
Aires y del Hip Hop a la Cumbia Villera. El protagonismo de la imagen en los procesos
de transculturación | Patricia Doria: Sobre la Enseñanza del Diseño de Indumentaria.
El desafío creativo (enseñanza del método) | Ximena González Eliçabe: Arte sartorial.
De lo ritual a lo cotidiano | Sofía Marré: El asociativismo en las empresas de diseño de
indumentaria de autor en Argentina | Laureano Mon: Los caminos de la innovación en
la Argentina | Marcia Veneziani: Costumbres, dinero y códigos culturales: conceptos
inseparables para la enseñanza del sistema de la moda | Maximiliano Zito: La ética del
diseño sustentable. Steven Faerm: Introducción Parsons The New School for Design.
Industria y Academia | Lauren Downing Peters: ¿Moda o vestido? Aspectos Pedagógicos
en la teoría de la moda | Steven Faerm: Del aula al salón de diseño: La experiencia transi-
cional del graduado en diseño de indumentaria | Aaron Fry, Steven Faerm y Reina Arakji:
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284 Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227
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> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Moda y Arte.
Marcia Veneziani: Prólogo Universidad de Palermo | Felisa Pinto: Fusión Arte y Moda
| Diana Avellaneda: De perfumes que brillan y joyas que huelen. Objetos de la moda
y talismanes de la fe | Diego Guerra y Marcelo Marino: Historias de familia. Retrato,
indumentaria y moda en la construcción de la identidad a través de la colección Carlos
Fernández y Fernández del Museo Fernández Blanco, 1870-1915 | Roberto E. Aras: Arte
y moda: ¿fusión o encuentro? Reflexiones filosóficas | Marcia Veneziani: Moda y Arte en
el diseño de autor argentino | Laureano Mon: Diseño en Argentina. “Hacia la construc-
ción de nuevos paradigmas” | Victoria Lescano: Baño, De Loof y Romero, tres revolu-
cionarios de la moda y el arte en Buenos Aires | Valeria Stefanini Zavallo: Para hablar de
mí. La apropiación que el arte hace de la moda para abordar el problema de la identidad
de género | María Valeria Tuozzo y Paula López: Moda y Arte. Campos en intersección |
Maria Giuseppina Muzzarelli: Prólogo Università di Bologna | Maria Giuseppina Muz-
zarelli: El binomio arte y moda: etapas de un proceso histórico | Simona Segre Reinach:
Renacimiento y naturalización del gusto. Una paradoja de la moda italiana | Federica
Muzzarelli: La aventura de la fotografía como arte de la moda | Elisa Tosi Brandi: El
arte en el proceso creativo de la moda: algunas consideraciones a partir de un caso de
estudio | Nicoletta Giusti: Art works: organizar el trabajo creativo en la moda y en el
arte | Antonella Mascio: La moda como forma de valorización de las series de televisión.
(2013). Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Cen-
tro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 44, junio. Con Arbitraje.
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227 285
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
ción de la escritura narrativa como indagación de sí mismo | Cayetano José Cruz García:
Idear la forma. Capacitación creativa | Daniela V. Di Bella: Aspectos inquietantes de la
era de la subjetividad: lo deseable y lo posible | Paola Galvis Pedroza: Del universo sim-
bólico al arte como terapia. Un camino de descubrimientos | Julio César Goyes Narváez:
El sujeto en la experiencia de lo real | Sylvia Valdés: Subjetividad, creatividad y acción
colectiva | Elizabeth Vejarano Soto: La poética de la forma. Fronteras desdibujadas entre
el cuerpo, la palabra y la cosa | Eduardo Vigovsky: Los aportes de la creatividad ante
la dificultad reflexiva del estudiante universitario | Julián Humberto Arias: Desarrollo
humano: un lugar epistémico | Lucía Basterrechea: Subjetividad en la didáctica de las
carreras proyectuales. Grupos de aprendizaje; evaluación | Tatiana Cuéllar Torres: Car-
tografía del papel de los artefactos en la subjetividad infantil. Un caso sobre la imple-
mentación de artefactos en educación de la primera infancia | Rosmery Dussán Aguirre:
El Diseño de experiencias significativas en entornos de aprendizaje | Orfa Garzón Rayo:
Apuntes iniciales para pensar-se la subjetividad que se expresa en los procesos de do-
cencia en la educación superior | Alfredo Gutiérrez Borrero: Rapsodia para los sujetos
por sí-mismos. Hacia una sociedad de localización participante | Viviana Polo Florez:
Habitancia y comunidades de sentido. Complejidad humana y educación. Considera-
ciones acerca del acto educativo en Diseño. (2013). Buenos Aires: Universidad de Paler-
mo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación.
Vol. 43, marzo. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Arte, Dise-
ño y medias tecnológicas. Rosa Chalkho: Hacia una proyectualidad crítica. [Prólogo] |
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Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
Florencia Battiti: El arte ante las paradojas de la representación | Mariano Dagatti: El vo-
yeurismo virtual. Aportes a un estudio de la intimidad | Claudio Eiriz: El oído tiene ra-
zones que la física no conoce. (De la falla técnica a la ruptura ontológica) | María Cecilia
Guerra Lage: Redes imaginarias y ciudades globales. El caso del stencil en Buenos Aires
(2000-2007) | Mónica Jacobo: Videojuegos y arte. Primeras manifestaciones de Game
Art en Argentina | Jorge Kleiman: Automatismo & Imago. Aportes a la Investigación de
la Imagen Inconsciente en las Artes Plásticas | Gustavo Kortsarz: La duchampizzación
del arte | María Ledesma: Enunciación de la letra. Un ejercicio entre Occidente y Oriente
| José Llano: La notación del intérprete. La construcción de un paisaje cultural a modo
de huella material sobre Valparaíso | Carmelo Saitta: La banda sonora, su unidad de
sentido | Sylvia Valdés: Poéticas de la imagen digital. (2012) Buenos Aires: Universidad
de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comu-
nicación. Vol. 41, junio. Con Arbitraje.
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227 287
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Picas (2011)
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 36, junio. Con Arbitraje.
288 Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
la enseñanza a través del método del case study. María Laura Ríos: Manifiesto de Niños,
o la escenificación de la violencia. Mariano Saba: Pelayo y el gran teatro del canon: los
condicionamientos críticos de Unamuno dramaturgo según su recepción en América
Latina. Propuestas de abordaje frente a las problemáticas de la diversidad. Nuevas es-
trategias en educación superior, desarrollo turístico y comunicación. Florencia Bustin-
gorry: Sin barreras lingüísticas en el aula. La universidad argentina como escenario del
multiculturalismo. Diego Navarro: Turismo: portal de la diversidad cultural. El turis-
mo receptivo como espacio para el encuentro multicultural. Virginia Pineau: La Educa-
ción Superior como un espacio de construcción del Patrimonio Cultural. Una forma de
entender la diversidad. Irene Scaletzky: La construcción del espacio académico: ciencia
y diversidad. Maestría en Diseño de la Universidad de Palermo. Tesis recomendada para
su publicación. Yaffa Nahir I. Gómez Barrera: La Cultura del Diseño, estrategia para la
generación de valor e innovación en la PyMe del Área Metropolitana del Centro Oc-
cidente, Colombia. (2010) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y
Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 34, diciembre. Con
Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: txts. (2010)
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 32, mayo. Con Arbitraje.
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227 289
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Typo. (2009)
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 29, agosto. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Relaciones Pú-
blicas 2009. Radiografía: proyecciones y desafíos. Paola Lattuada: Introducción. Fernando
Arango: La medición de la reputación corporativa. Alberto Arébalos: Yendo donde están
las audiencias. Internet: el nuevo aliado de las relaciones públicas. Alessandro Barbosa
Lima y Federico Rey Lennon: La Web 2.0: el nuevo espacio público. Lorenzo A. Blanco: en-
trevista. Lorenzo A. Blanco: ¿Nuevas empresas… nuevas tendencias… nuevas relaciones
públicas…? Carlos Castro Zuñeda: La opinión pública como el gran grupo de interés de
las relaciones públicas. Marisa Cuervo: El desafío de la comunicación interna en las orga-
nizaciones. Diego Dillenberger: Comunicación política. Graciela Fernández Ivern: Conse-
jo Profesional de Relaciones Públicas de la República Argentina. Carta abierta en el 50°
aniversario. Juan Iramain: La sustentabilidad corporativa como objetivo estratégico de
las relaciones públicas. Patricia Iurcovich: Las pymes y la función de la comunicación. Ga-
briela T. Kurincic: Convergencia de medios en Argentina. Paola Lattuada: RSE: Responsa-
bilidad Social Empresaria. La tríada RSE. Aldo Leporatti: Issues Management. La comu-
nicación de proyectos de inversión ambientalmente sensibles. Elisabeth Lewis Jones: El
beneficio público de las relaciones públicas. Un escenario en el que todos ganan. Hernán
Maurette: La comunicación con el gobierno. Allan McCrea Steele: Los nuevos caminos de
la comunicación: las experiencias multisensoriales. Daniel Scheinsohn: Comunicación
Estratégica®. Roberto Starke: Lobby, lobistas y bicicletas. Hernán Stella: La comunicación
de crisis. (2009) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunica-
ción, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 28, abril. Con Arbitraje.
290 Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Sandro Be-
nedetto: Borges y la música. Alberto Farina: El cine en Borges. Alejandra Niedermaier:
Algunas consideraciones sobre la fotografía a través de la cosmovisión de Jorge Luis
Borges. Graciela Taquini: Transborges. Nora Tristezza: El arte de Borges. Florencia Bus-
tingorry y Valeria Mugica: La fotografía como soporte de la memoria. Andrea Chame:
Fotografía: los creadores de verdad o de ficción. Mónica Incorvaia: Fotografía y Reali-
dad. Viviana Suárez: Imágenes opacas. La realidad a través de la máquina surrealista o
el desplazamiento de la visión clara. Daniel Tubío: Innovación, imagen y realidad: ¿Sólo
una cuestión de tecnologías? Augusto Zanela: La tecnología se sepulta a sí misma. (2008)
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 27, diciembre. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Catalina Julia
Artesi: ¿Un Gardel venezolano? “El día que me quieras” de José Ignacio Cabrujas. Marcelo
Bianchi Bustos: Latinoamérica: la tierra de Rulfo y de García Márquez. Reflexiones en
torno a algunas cuestiones para pensar la identidad. Silvia Gago: Los límites del arte.
María José Herrera: Arte Precolombino Andino. Alejandra Viviana Maddonni: Ricardo
Carpani: arte, gráfica y militancia política. Alicia Poderti: La inserción de Latinoamérica
en el mundo globalizado. Andrea Pontoriero: La identidad como proceso de construcción.
Reapropiaciones de textualidades isabelinas a la luz de la farsa porteña. Gustavo Valdés de
León: Latinoamérica en la trama del diseño. Entre la utopía y la realidad. (2008) Buenos
Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios
en Diseño y Comunicación. Vol. 26, agosto. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Rosa Judith
Chalkho: Introducción: artes, tecnologías y huellas históricas. Norberto Cambiasso: El
oído inalámbrico. Diseño sonoro, auralidad y tecnología en el futurismo italiano. Máximo
Eseverri: La batalla por la forma. Belén Gache: Literatura y máquinas. Iliana Hernández
García: Arquitectura, Diseño y nuevos medios: una perspectiva crítica en la obra de An-
toni Muntadas. Fernando Luis Rolando: Arte, Diseño y nuevos medios. La variación de la
noción de inmaterialidad en los territorios virtuales. Eduardo A. Russo: La movilización
del ojo electrónico. Fronteras y continuidades en El arca rusa de Alexander Sokurov, o del
plano cinematográfico y sus fundamentos (por fin cuestionados). Graciela Taquini: Ver
del video. Daniel Varela: Algunos problemas en torno al concepto de música interactiva.
(2007) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro
de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 24, agosto. Con Arbitraje.
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227 291
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Sylvia Valdés.
Diseño y Comunicación. Investigación de posgrado y hermenéutica. Daniela Chiappe.
Medios de comunicación e-commerce. Análisis del contrato de lectura. Mariela D’Angelo.
El signo icónico como elemento tipificador en la infografía. Noemí Galanternik. La inter-
vención del Diseño en la representación de la información cultural: Análisis de la gráfica
de los suplementos culturales de los diarios. María Eva Koziner. Diseño de Indumentaria
argentino. Darnos a conocer al mundo. Julieta Sepich. La pasión mediática y mediati-
zada. Julieta Sepich. La producción televisiva. Retos del diseñador audiovisual. Marcelo
Adrián Torres. Identidad y el patrimonio cultural. El caso de los sitios arqueológicos de
la provincia de La Rioja. Marcela Verónica Zena. Representación de la cultura en el diario
impreso: Análisis comunicacional. Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de
Palermo. (2006) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunica-
ción, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 22, noviembre. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Oscar Eche-
varría. Proyecto Maestría en Diseño. Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de
Palermo. (2006) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación,
Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 21, julio. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Rosa Chalkho.
Arte y tecnología. Francisco Ali-Brouchoud. Música: Arte. Rodrigo Alonso. Arte, ciencia y
tecnología. Vínculos y desarrollo en Argentina. Daniela Di Bella. El tercer dominio. Jorge
Haro. La escucha expandida [sonido, tecnología, arte y contexto] Jorge La Ferla. Las artes
mediáticas interactivas corroen el alma. Juan Reyes. Perpendicularidad entre arte sono-
ro y música. Jorge Sad. Apuntes para una semiología del gesto y la interacción musical.
(2006) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro
de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 20, mayo. Con Arbitraje.
292 Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227
Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Sylvia Valdés.
Cine latinoamericano. Leandro Africano. Funcionalidad actual del séptimo arte. Julián
Daniel Gutiérrez Albilla. Los olvidados de Luis Buñuel. Geoffrey Kantaris. Visiones de la
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xico. Marina Sheppard. Cine y resistencia. (2005) Buenos Aires: Universidad de Palermo,
Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol.
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> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Guía de Ar-
tículos y Publicaciones de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de
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Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Alicia Ban-
chero. Los lugares posibles de la creatividad. Débora Irina Belmes. El desafío de pensar.
Creación - recreación. Rosa Judith Chalkho. Transdisciplina y percepción en las artes
audiovisuales. Héctor Ferrari. Historietar. Fabián Iriarte. High concept en el escenario del
Pitch: Herramientas de seducción en el mercado de proyectos fílmicos. Graciela Pacua-
letto. Creatividad en la educación universitaria. Hacia la concepción de nuevos posibles.
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de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comu-
nicación. Vol. 16, junio. Con Arbitraje.
> Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. [Ensayos]: Adriana Amado
Suárez. Internet, o la lógica de la seducción. María Elsa Bettendorff. El tercero del juego.
La imaginación creadora como nexo entre el pensar y el hacer. Sergio Caletti. Imagina-
ción, positivismo y actividad proyectual. Breve disgresión acerca de los problemas del
método y la creación. Alicia Entel. De la totalidad a la complejidad. Sobre la dicotomía
ver-saber a la luz del pensamiento de Edgar Morin. Susana Finquelievich. De la tarta de
manzanas a la estética bussines-pop. Nuevos lenguajes para la sociedad de la informa-
ción. Claudia López Neglia. De las incertezas al tiempo subjetivo. Eduardo A Russo. La
máquina de pensar. Notas para una genealogía de la relación entre teoría y práctica en
Sergei Eisenstein. Gustavo Valdés. Bauhaus: crítica al saber sacralizado. (2003) Buenos
Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios
en Diseño y Comunicación. Vol. 15, noviembre. Con Arbitraje.
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Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuaderno: Ensayos. José Guillermo Torres Arroyo. El paisaje, objeto de diseño. (2003)
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 13, junio.
> Cuaderno: Relevamiento Documental. María Laura Spina. Arte digital: Guía bibliográfica.
(2001) Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 7, junio.
> Cuaderno: Proyectos en el Aula. Fernando Rolando. Arte Digital e interactividad. (2001)
Buenos Aires: Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de
Estudios en Diseño y Comunicación. Vol. 6, mayo.
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Publicaciones del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación
> Cuaderno: Proyectos en el Aula. Débora Irina Belmes. Del cuerpo máquina a las máquinas
del cuerpo. Sergio Guidalevich. Televisión informativa y de ficción en la construcción del
sentido común en la vida cotidiana. Osvaldo Nupieri. El grupo como recurso pedagógico.
Gustavo Valdés de León. Miseria de la teoría. (2001) Buenos Aires: Universidad de Palermo,
Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol.
5, mayo.
> Cuaderno: Material para el aprendizaje. Orlando Aprile. El Trabajo Final de Grado.
Un compendio en primera aproximación. (2002) Buenos Aires: Universidad de Palermo,
Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol.
2, marzo.
> Cuaderno: Proyectos en el Aula. Lorenzo Blanco. Las medianas empresas como fuente
de trabajo potencial para las Relaciones Públicas. Silvia Bordoy. Influencia de Internet
en el ámbito de las Relaciones Públicas. (2000) Buenos Aires: Universidad de Palermo,
Facultad de Diseño y Comunicación, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación. Vol.
1, septiembre.
Cuaderno 79 | Centro de Estudios en Diseño y Comunicación (2020). pp 269-295 ISSN 1668-0227 295
Síntesis de las instrucciones para autores
Los autores interesados deberán enviar un abstract de 200 palabras en español, inglés y
portugués que incluirá 10 palabras clave. La extensión del ensayo no debe superar las 8000
palabras, deberá incluir títulos y subtítulos en negrita. Normas de citación APA. Bibliogra-
fía y notas en la sección final del ensayo.
Presentación en papel y soporte digital. La presentación deberá estar acompañada de una
breve nota con el título del trabajo, aceptando la evaluación del mismo por el Comité de
Arbitraje y un Curriculum Vitae.
Artículos
. Formato: textos en Word que no presenten ni sangrías ni efectos de texto o formato
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. Autores: los artículos podrán tener uno o más autores.
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. Títulos y subtítulos: en negrita y en Mayúscula y minúscula.
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sencillo.
. Tamaño de la página: A4.
. Normas: se debe tomar en cuenta las normas básicas de estilo de publicaciones de la
American Psychological Association APA.
. Bibliografía y notas: en la sección final del artículo.
. Fotografías, cuadros o figuras: deben ser presentados en formato tif a 300 dpi en escala de
grises. Importante: tener en cuenta que la imagen debe ir acompañando el texto a modo
ilustrativo y dentro del artículo hacer referencia a la misma.
Importante:
La serie Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación sostiene la exigencia
de originalidad de los artículos de carácter científico que publica.
Es sistema de evaluación de los artículos se realiza en dos partes. En una primera instancia,
el Comité Editorial evalúa la pertinencia de la temática del trabajo, para ser publicada en
la revista. La segunda instancia corresponde a la evaluación del trabajo por especialistas.
Se usa la modalidad de arbitraje doble ciego, permitiendo a la revista mantener la
confidencialidad del proceso de evaluación.
Para la evaluación se solicita a los árbitros revisar los criterios de originalidad, pertinencia,
actualidad, aportes, y rigurosidad científica. Será el Comité Editorial quien comunica a los
autores los resultados de la misma.
Consultas
En caso de necesitar información adicional escribir a [email protected] o
ingresar a http://fido.palermo.edu/servicios_dyc/publicacionesdc/vista/instrucciones.php
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