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ok eet Aetinas
experimentadas por las mujeres victim:
Las pérdids
; 1p eso quedé tirado,
Nosorros tentamos ganado, marrano, galling, perros, todo eso quedd irado tng
‘ op quedé botado por alld, imaginese
matz, una roza de arroz, © ‘olino, todo
P75
roza de
Sur de Bolivar,
al (Bolivar), tocd salir de all dejando todo. La expe.
estimonios de las mujeres. Esta expe-
sus pertenencias, Sus relaciones
Como sefiala una mujer de Papay’
riencia de dejarlo todo es muy recurrente en los t
riencia de desposesién de la propia vida, de sus casas, 1
y amistadas, supone una dimension tragica de pérdida. La violencia contra las mujeres
también conllev6 pérdidas materiales en cuatro de cada diez casos (42%), ya sea como
estruccién de sus bienes (19.7%; n=184), debido a la destrucci6n pro-
vocada durante los allanamientos (11.9%; =111) o mediante la requisa (10.5%; n=98)
de los mismos. Estas pérdidas fueron mas frecuentemente reportadas por mujeres de
entre 30-59 afios, en mujeres que se identificaron como mestiza, indigena y afrodes-
cendiente, asf como de las regiones de Bogota, Chocé, Putumayo, Santander y Valle.
resultado de la di
Eran como las seis de la tarde, tocaron y nos dijeron: tienen que salir, les damos
tantas horas, y tienen que salir. Y nosotros dejamos todo. Mercaderes, Cauca,
2006, P.830.
En muchas ocasiones las mujeres habfan sido victima de sucesivos desplazamientos entre
diferentes regiones del pais.
Ahi me quedé, poquito tiempo me é f
i quedé, y de aht nos sacaron otra
desplazados. Caiias Gordas, Antioquia, 1998, P.7. a
58del conflicto armado colombiano
Capitulo 1. Mujeres victimas y sobrevivien
fa abrumadora de mujeres se refiere a la experiencia de la “pérdida” como el
‘ho més doloroso € injusto vivido por ellas y sus familias en el contexto del conflicto
‘ado. “Desde ese momento, se me acabé la vida”, afirma una mujer de la comunidad
Bojaya (Chocd, 2002, P.83). En efecto, las mujeres victimas lo han perdido todo en
guerra. Han perdido sus raices, han sido despojadas de vinculaciones importantes a
territorio, a un lugar propio o su cultura, El desplazamiento forzado las obliga a aban-
‘ar los lugares amados, pacientemente construidos, los Iugares de vida y trabajo: la
a, la finca, la tierra, los animales
mayo!
pérdida de la casa es muy dolorosa para las mujeres. La casa esté ligada a los afectos,
Ios hijos e hijas, a los bienes pacientemente adquiridos, a la armonfa y belleza que las
yujeres logran imprimir a sus hogares.
Después del entierro, que fue el domingo 25, yo salt de mi pueblo dejando mis
cosas, dejando mi casa. Lo que mds me extrafé a mi es que esa gente atacé mi
casa, me robaron, prdcticamente sacaron mis cosas jmuchas cosas! Me ataca-
ron mi casa, la puerta me la tumbaron a patadas. El Tambo, Cauca, 2001 , P.320.
tas huidas, forzadas por el conflicto armado, son especialmente duras para mujeres
igenas, profundamente ligadas al territorio.
Las circunstancias de la continua guerra que ha vivido el pats han sido las que nos
han obligado, a miy a mi familia, a prescindir de lo que los abuelos y los mayores
que lucharon y trabajaron para el bienestar de sus descendientes, entre esos noso-
ros. A los dos meses de nacida, ya con mis padres y mis cinco hermanos mayores
nos tocé huir de Natagaima. En el resguardo indigena El Tambo, dentro del terri-
torio nos adjudicaron una hectdrea para hacer nuestras viviendas y allé viviamos...
Pues principalmente me ha afectado a mi, a toda mi familia, creéndome un desape-
go, una separaci6n de todos ellos, abandonar el territorio, venir a la ciudad a pasar
necesidades... Natagaima. Tolima y San Onofre, Sucre, 1997, P.255.
Muchas refieren también haber perdido el apoyo econémico y la estabilidad que propor-
cionan los hijos y compafieros.
Me afecté terrible, porque es el hijo de uno, y perdi la estabilidad, perdé todo, por-
que él era el que me ayudaba econdmicamente. Me ayudaba a pagar el arriendo, se
rebuscaba para la comida de los dos, y a él me lo mataron, y ahoritica yo estoy sin
ningiin apoyo, mi vida cambié totalmente. Mesetas, Meta, 2007, P.191.
La pérdida de la salud y la movilidad hace parte de esta dolorosa experiencia. Especial-
mente en el numeroso colectivo de las victimas de minas, constituido en su mayoria por
Poblacién civil. Las minas anti-persona producen enormes secuelas y discapacidades, con
el consiguiente impacto psicolégico y sobrecarga para sus familias.
59Jel conflicto armado en Colombia
aes, Victimas ¢
jas Mujer
dad de
La Vert
1992.en una mina antipersonal, eran poco mg,
i do porque yo era madre cabeza de _ meng
arm padera, yo (08 habia mandado adelante q 4 €% eigy
z le dejé el camino al macho ¥ yO me salt det cam; ‘asq Men.
cai al piso y volé mas 0 menos 12 metros. Cy.’ tM he
miré y ya mi pierna izquierda no la tena, y Obitg
sompletamente El Tambo, Cauca, Ymi
2004, p3gy
de
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Je son los proyectos de vida en la comunidad, Paciente y amy
eparabl
érdida irreparal :
One jas mujeres.
mente construidos por |
Yo tenta muchos planes alld en mi c omunidad donde estaba, pero a rte
vito, uve que desplazarme de alld, renuncié a mi trabajo que ten
co '
i Ma
comunidad.. Vereda El Recreo, Antioquia, 1991 y 2006, P.54, COn Ig
generan mayor pobreza en las mujeres; la autonomfa a
Estos procesos de despojo
P jas, se ve amenazada por los efectos del contflicto,
ca dificilmente lograda por ell
Eso me trajo muchas cosas, porque la familia se desband6 toda, muchos
que salirse del rio Bebard, y a mi me gener6 mas pobreza de la que podia
porque ya yo no podta manejar mis cosas; me. faltaba la fuerza de él, yo tenia épog
que vivia enterradita en la mina, solita para cuidar los peladitos y para darles
libra de arroz, a veces también nos tocaba aguantar porque habia dias que no teni
‘mos plétano y por no comerlo vacto nadie comia... necesitdbamos la platica
comprar la liga [la carne], ya no chinchorridbamos [para pescar] porque estdl
solos, aburridos, estresados, y viviamos ast. Zaragoza, Antioquia, 1998, P65.
Pero, sin duda, la experiencia de pérdida més dolorosamente vivida por las mujeres
de las personas amadas, hijos e hijas, compafieros de vida, padres, madres, herm
hermanos, novios. Tres de cada cuatro mujeres entrevistadas sefialaron la pérdida
seres queridos ya fuera como ejecuciones extrajudiciales (54.1%, n = 506) o desap
nes forzadas (18.7%, n = 174). Estos datos dan cuenta de la severidad y masividad
pérdidas humanas. Si bien estas pérdidas afectaron a mujeres de todas las edades
¢stadisticamente las mujeres mas afectadas fueron mujeres indigenas y a S
tes, y se dio especialmente en regi i
giones de Antioquia, Chocé y Putumayo, y de los
de edad correspondientes 50-59 y mayores de) afios. : aeCapitulo 1. Mujeres victimas y sobrevivientes del conflicto armado colombiano
comprender: “cuando quise regresar para mi casa, me dijeron que no podia subir para alld
arriba, porque habia enfrentamientos” . La mujer no entiende estas razones: “Yo les decta,
épero enfrentamientos con quién?””. Entonces es cuando le informan que, en su ausencia,
toda su familia ha sido asesinada en Ia finca. El dolor es insoportable: “en ese momento no
supe del mundo, yo me tiré al suelo, yo no supe de nada”. La mujer se sobtepone y hace
varios intentos por subir a su finca. Experimenta la soledad, la falta de apoyo: “entonces me
dejaron sola, me quedé debajo de un palo de ceiba, pensando qué podfa hacer...” Decide
recurtir a la policia en Sincelejo, pero las condiciones no permiten el acceso a la montaifia.
Entonces inicia sola esa subida, y es agredida por actores armados: “me encontré a los gue-
rrilleros alld, pero yo no los identificaba, no sabia qué grupo era, cémo se llamaban. Me
dijeron: ‘pa donde sube, chismosa’, y me dieron con la cacha del fusil en la cabeza, yo senti
un tormento, cai privada, me dejaron como si fuera muerta, botando sangre por la nariz,
por la boca, por los ofdos...” La mujer no se rinde: “volvi, me quité la blusa, y me cent la
cabeza con ella, y segut”. No puede llegar a su finca, y esta vez decide poner la denuncia.
Pero la policia no se decide atin a intervenir. Es el alcalde de Bosconia, quien al fin ordena
que una comitiva llegue a las montafias de Bolivar. “La comitiva era como de 14 polictas
un camién, y los cajones. Me dijeron que cuantos cajones eran y les dije que eran 9, y
metieron 9”. Nueve son las personas de su familia asesinadas: “fue una matanza tan gran-
de... mi papd, mi mama, mis cuatro hijos, mi abuela, mi abuelo y mis tios, que quedaron
enterrados en Bosconia, Cesar”. E} dolor, el horror, la violencia experimentada por esta
mujer es inenarrable. Su relato culmina con una frase que expresa el estado de aturdimiento
y enajenaci6n al que ha llegado: “qué mds podia yo decir, yo no supe mas, sali corriendo y
me estrellé contra las rejas del cementerio...” Maria La Baja, Bolivar, 1991, P-225.
Hasta el sol de hoy. La experiencia de la desaparicién de personas amadas
En la aproximacién a las historias vividas por las mujeres colombianas en el marco del
conflicto, la desaparicién de las personas amadas se configura como una de las mas duras
experiencias traumaticas que marcan un antes y un después en sus vidas. Son inevitables
las preguntas: D6nde estan...? {Quién les da raz6n...? Una de cada cuatro mujeres de-
nunciaron la desaparicién forzada de algun familiar (18.7%). Muchos relatos reflejan esta
situacion de vacio permanente.
La hermana desaparecio y hasta el sol de hoy no sabemos donde esté. A ella como
que la cogieron y ella alcanz6 a volarsele a ellos (paramilitares) y no sabemos
donde esta... No sé si estaré muerta o estaré viva. Bogota, D.C., 1986, P.3.
Mucha mujeres recuerdan los tltimos instantes en los que vieron a sus seres queridos, como
una memoria vivida, un destello que les acompaiia desde entonces. Como en este caso, en el
que la mujer que dio testimonio, entonces nifia, recuerda atin las tiltimas palabras de su ma-
dre desaparecida: “cuando empiece a llover vuelvo”. La dura experiencia de la pérdida de
la madre, es vivida por dos nifias desplazadas a Villavicencio. Su madre decide arriesgarse e
ir a recoger las cosas al lugar de donde habfan sido desplazadas. Recomienda a su hermana
‘que cuide de sus nifias: “cufdemelas, no haga preguntas, cuédemelas, aqut le dejo diez mil
61Jel conflicto armado en Colombia
ctimas del ©
res. Vict
La Verdad de las Muje!
Jo manana por ellas” Sus dos pequeiias bia
go pasad
acato, yo Vengo Pe Hilt oe |
pesos para su re Jes dijo “mamitas, Se portan JUICIOS ue bs voy yenence
cella, al despedire™” We yuelvo...” Ella nunca regres6. A ellas, sus pj ‘
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ydas sus cositas “las traia en una tula y se fue
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olvida que se fue dejan?
zado
El desplazamiento forzado
a sido traumatica por los desplazamientos continuos que he tendo.
Mi vida ha
aqueté, 2003, P. 108.
rencia,
EI desplazamiento es Ia méxima expresion cae eae Sa tee salir co
Muchas mujeres manifiestan haber su! rido multip! es desplazami
El desplazamiento forzado afecté a tres de cada cuatro mujeres entrevistadas (76.2%:
711). La mayor cantidad de los casos corresponden a desplazamientos familiares (61.7%)
seguidos de desplazamientos colectivos (8.7%) y desplazamientos individuales (5,89)
La mayor parte de los desplazamientos reportados se producen entre Zonas urbanas y
entre distintas zonas rurales. El desplazamiento familiar se asocia de forma signifi
con el lugar de residencia de las mujeres y el desplazamiento colectivo con la etnia, f
primer caso los desplazamientos familiares fueron mds frecuentes en las zonas de B
Bolivar, Risaralda y Santander, mientras que los desplazamientos colectivos se as
la identificacién con etnias indigenas y con afrodescendientes.
dejar todo atras.
Debido a la violencia me tocé abandonar esa vereda e irme para otra de
también tuve que desplazarme, por otro caso de violencia que me tocé ver
un familiar, me dio mucha nostalgia, mucho guayabo, me fui para otra part
toco ver matar a un amigo... Bajo Atrato, Choc6, 1998, P.139.
No siempre los actores armados que los provocaron fueron los mismos. Es més, Ya
mujeres cuentan que fueron victimas de dos 0 mas actores, mostrando Ia violencia cru
da de la que han sido objeto. En la mayorfa de los casos, las victimas refieren
plazamiento fue directamente ordenado por los actores armados, incluso poniendo|
definidos. Pero en algunos casos este desplazamiento forzado o parte, como U
curso, de las acciones para enfrentar |
s los hechos: “4 i
expresa una mujer. Giron, Santander, 2001 , P.127 oe :
los bienes y ayCapitulo 1. Mujeres victimas y sobrevivientes del conflicto armado colombiano
Uno de los testimonios, que evoca la experiencia vivida por una joven mujer respon-
sable del sustento de su madre y su pequefio hijo, ejemplifica estas situaciones. Des-
plazada de manera forzada toda la familia, después de vivir una madrugada de terror
en una precaria vivienda de una vereda caldense, la mujer descrita como “timida, a
siente que sobre ella recae
‘itua-
quien no gustaba estar por ahi en bailes ni parrandas”
ahora la supervivencia de la familia. Analiza las opciones que ofrece la nueva
cidn y concluye: “mamd, aqui no hay mds de otra, hay que hacer esto”. La madre,
rota de dolor, solo acierta a responder: “Hija, eso lo decide usted, eso es problema
suyo, usted lo decide”
Esta forma de prostitucién, forzada por el desplazamiento, incrementa de manera
dramitica la subordinacién y di
armado, y configura nuevas formas de control sobre los cuerpos femeninos y de vio- |
lencias a que son sometidas en el ejercicio de la prostitucién, especialmente de mu-
jeres j6venes en situacién de desplazamiento y precariedad absoluta. San Sebastian,
Buenos Aires, Cauca, 2007, P.328.
Yo tenia una buena vida... 0 lo irreparable en la vida de las mujeres victimas
Al hilo de la lectura de los relatos de las mujeres surge una inevitable pregunta: ,c6mo
arar, c6mo restituir tantas pérdidas vividas por las victimas? En general se habla de re-
arar o de restituir, en casos de violaci6n, de asesinatos de familiares, de pérdida de tierra,
ro lo que develan y revelan las entrevistas es que detrés de esos hechos impactantes y
dolorosos, hay pérdidas irreparables, que tienen que ver con la vida construida en relacién
con un territorio, con unas costumbres y rituales, con unos afectos.
Tuvimos que salir (del Jardin de las Pefias, en Meta, a Bogota) con el solo vestido
que tentamos encima, y pues eso fue lo mas duro que nos pudo pasar porque noso-
tros teniamos muy bien de qué vivir, viviamos super bien y desde ese dia la vida de
nosotros se volvié un caos porque uno sufre muchisimo acd, la vida acd es muy dura,
y hemos aguantando hambre, hemos llevado, mejor dicho, del bulto. Jardin de las
Pefias, Meta, 1998, P.114.
Diversos testimonios hacen referencia a la “vida buena” que las mujeres tenfan antes de
los hechos de violencia.
Antes de desplazarme, mi vida era muy buena porque yo vivia muy tranquila,
vivia en un pueblo llamado Opogad6 que era corregimiento de Bojayd. Noso-
tros alld permanectamos en la orilla del Atrato, cultivébamos comida, de alld
saliamos al pueblo. Lo que es su platano, su banano, su matz, su arroz...es0 uno
lo cultivaba... Mi marido hacta oficios varios, él era pescador, era cazador, de
todo, un tipo que mantenta la carne del monte ahi, el maiz... Opogad6, Choc6,
1987, P.488.
63
criminacién de las mujeres victimas del conflicto |victimas del conflicto armado en Colombia
as, Victima
Mujeres
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La Verdad
-i0, Choco, vivia tranquil, empiezo por ahi, vie
josucio,
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vr, tenta mi companero, vivia alrededor de a
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mpid cuando un dia cualquiera ya se lay ya
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ontrar a Riosucio... Dabeiba, Any quia, oa
de Ja que muchas mujeres hablan en sus testimonios g¢
-ompartido, la posesion de bienes (finca, ti 17a, animales, eit
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nte, de tener un hogar unido, por los afect lay
a ja en comunidad, la vineulacig
), la vida © d, 1a vineul al
a tranquilidad, la normalidad.
el trabajo f :
dad de sostenerse ec
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Jos compaiie!
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Jos ancestros y, en par
La vida mia era una vida normal, era una persona alegre, trabaj
La ’
metida con mi familia, mi comunidad; era una persona que a vadora,
alegria. Vivia en la comunidad del 18, Carmen de Atrato, C\ aa
Chocé, 1999, P.420.
Mi vida era muy activa, amigable, muy sociable, compartta mucho, yo
cualquier hora, no le temfa a nada, era una vida normal, de una perso
ha sufrido ningiin tipo de maltrato. Grupos al margen de la ley, que sus
les desconocemos, llegaron el 2 de mayo del 2002 a las diez y cuarenta y
de la mafana y tiraron una pipeta a la capilla donde murieron muchas
inocentes, ahi empezé algo crucial en mi vida, como un viacrucis,
mento se me acabé la vida, las ganas de seguir, las ganas de luchar...
Antioquia, 2002, P, 83.
Es importante sefialar que la estrecha vinculacién de las mujeres con sus
con la tierra, con la casa y sus bienes, con los animales, con la comunidad
sufrimiento que comportan las innumerables pérdidas.
Esa vida buena que las mujeres victimas evocan {como podra
Tepararse la pérdida del saludo majianero a los Ae van a trabajar la ti
ee Junto a la cerca de la finquita, de los atardeceres largos land
ras llega la noche, de las fiestas comunitarias, de los amores ocultos?Capitulo 1. Mujeres victimas y sobrevivientes del conflicto armado colombiano
Este “poner la vida por encima de todo” se hace evidente en una experiencia limite vivida
or una mujer en Tad6 (Chocé). Ella narra la presi6n ejercida por la guerrilla para que les
ntregue a su hijita de 6 afi
La nifa era blanquita, bajita y gordita, y una de las mujeres de la guerrilla me
la queria quitar a las malas. Yo le dije que a mi hija no se la podéa entregar, y
entonces ella me dijo: qué quiere, perder la vida o entregarme la nifia? Y le dije
yo: ni perder la vida ni entregarle mi hija. Cuando ellos se fueron, arrancamos
nosotros... Lo perdimos todo. Tad6, Choc6, 2002, P.666..
Esta decisién de las mujeres de proteger la vida, se hace muy explicita en las narraciones
je muestran cémo muchas de ellas lo perdieron todo por salvar a sus hijos de la muerte,
reclutamiento forzado, del abuso. Por ejemplo, una mujer Callo Embarrado, El Cas-
lo, Meta, 2002, P.152 narra cémo al regresar al barrio de invasién en que vivia después
participar en un evento conmemorativo del Dia de la mujer, encuentra su cambuche
odeado de hombres armados que quieren Hlevarse a sus tres hijos. La mujer piensa: “ante
odo, primero mis hijos”. Renuncia a su vida; rechaza el compromiso que las AUC le
proponen, que consiste en seguir viviendo tranquila en su vereda a cambio de entregarles
hijos y sale, de noche, huyendo hacia un futuro incierto.
control sobre las mujeres vi as
entrevistas realizadas muestran de manera recurrente el terror experimentado por las
mujeres ante la presencia amenazante de los actores armados. Estos guerreros despliegan
titudes, lenguajes, signos y simbolos asociados al poderio masculino que producen te-
mor y temblor en las mujeres. La maxima expresi6n de ese poder son, sin duda, las armas.
exacerban la violencia masculina contra las mujeres.
militarizacién de amplios territorios genera formas de dominaci6n y control sobre la:
as de las mujeres, y exacerba la superioridad masculina que esté en la base del sistem:
ociosexual patriarcal. Esta dominaci6n es tan profunda que los guerreros que desplazar
ejercen control Ilegan a convertirse en “la ley” en la vida de las mujeres.
Pues yo, cuando estuve en Sanchez, Narifio, me desplacé por el movimiento es
que se dice... “la ley”. De ahi nos sacaron otra vez, otra vez desplazados. L
mismo, “la ley”, st, y esta vez... cilindros, tiraron cilindros y todo eso, y... st, “l
ley” otra vez. Samaniego, Narifio, 2004. P.280.
El testimonio de una mujer santandereana evoca vividamente el terror y el horror experi
itado por ella y su pequefia hija en uno de sus desplazamientos.
El primer desplazamiento fue en Sabana de Torres, que unos enmascarados me iba
a matar a mt. Yo tenia mi nifia pequena, la nina tenia como seis afios, y me apunta
ban y yo ponia la nifia al frente porque yo decta, si yo pongo mi nifia al frente nom
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