Responsabilidad del Abogado en Daños
Responsabilidad del Abogado en Daños
Comisión: 0028
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Índice
- Introducción………………………………………..pág. 3
- Normativa aplicable...……………………………...pág. 6
- Doctrina……………………………………………..pág 9
- Jurisprudencia………………………………………pág 19
- Conclusión………………………………………….. pág 29
2
I. Introducción
Nos ha parecido fundamental como futuros profesionales del derecho, el estudio y análisis de
la posible responsabilidad que cabe ante el desarrollo irregular de nuestra actividad
profesional.
En tanto pesa sobre el abogado el juramento de dirigir sus actos conforme la ética de
acuerdo con su responsabilidad social, así como de respetar y hacer respetar nuestra Carta
Magna y las Leyes. Es claro que recae sobre los hombros de los abogados el desarrollo de su
actividad y profesión orientado siempre hacia dichos fines y por consiguiente la eventual
responsabilidad que pueda surgir de no obrar conforme a ello.
Como iremos analizando a lo largo del trabajo, si bien la actividad del abogado se
encuentra sujeta al cumplimiento de los Códigos de Ética dictados por los Colegio de
Abogados, quienes regulan la actividad profesional y frente a quienes deberá responder,
también será responsable por los daños y perjuicios que causare por su inconducta e impericia
al ejercer la profesión y deberá indemnizar, llegado el caso, los rubros resarcibles que se
originen del daño causado, como la pérdida de chance, el daño moral o el daño emergente.
Para poder acercarnos a este análisis, debemos destacar que el ejercicio de la abogacía
queda comprendido dentro de las llamadas profesiones liberales, entendidas éstas cómo
aquellas que se desarrollan de forma independiente y que necesitan para su ejercicio título
universitario habilitante y matrícula expedida por el ente que regula su actividad y quien dicta
los códigos de ética que los profesionales tiene el deber respetar.
3
El abogado, como todo profesional liberal, tiene el deber de obrar diligentemente a
favor de los intereses de su cliente conforme la ética y la buena. Pero puede suceder que el
resultado final no sea el esperado por quien ha contratado sus servicios. Esto último, en tanto
la actividad del letrado haya sido la debida en razón de su profesión y conocimiento, no
genera responsabilidad, ya que al tratarse de una obligación de medios, el cumplimiento no
dependerá del éxito final de la actividad, si no de la diligencia y prudencia con la que la
propia acción fue realizada.
Nos encontramos, como dijimos, ante una obligación de medios, por lo que el factor
de atribución, en el caso de que exista un daño cierto e imputable al accionar del abogado,
será subjetivo por dolo o por culpa. En este último sentido la valoración de la conducta
culpable deberá responder al criterio previsto por el art. 1725 del CCCN, en tanto que en el
desarrollo de la profesión le es exigible al abogado, por su formación universitaria, una
mayor observancia de las diligencias debidas. No es menos cierto que existe por parte de los
clientes una confianza especial hacia el abogado, en tanto que aquel le ha confiado a éste la
prosecución de sus derechos e intereses al contratar sus servicios.
Sin perjuicio de lo hasta aquí explicado puede suceder que el abogado tenga a su
cargo obligaciones de resultado, en donde no habrá necesidad de probar la culpa imputable al
sujeto, sobre este tema nos explayaremos en el punto V. del presente trabajo.
1 “El abogado deberá en todo momento mantener y serle otorgada la protección de confidencialidad
respecto a los asuntos de clientes actuales o pasados, salvo que lo contrario sea permitido o
requerido por la ley y/o por reglas de conducta profesional aplicables”.
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Ahora bien, supongamos que un abogado no desarrolla su tarea profesional de forma
diligente, y deja vencer por impericia un plazo de caducidad que perjudica de manera tal que
no se hace lugar a la pretensión del sujeto que hay contratados sus servicios. En este caso
cabe la responsabilidad por culpa, ya que la inacción del abogado provocó un daño cierto al
interés del cliente, quien, de haber actuado el abogado con la diligencia debida, podría haber
visto satisfecha su pretensión.
El incorrecto desempeño de las funciones del abogado también podrá traer aparejado
un reclamo por daño moral, entendido éste como la perturbación del espíritu y la psiquis ante
el accionar de un tercero que afecta directamente al sujeto. Es dable entender que, ante la
frustración del sujeto a ver satisfecha la pretensión por la cual había iniciado la acción
judicial, los bienes espirituales se puedan ver afectados agravando la situación que existía,
como bien se dijo, un alto nivel de confianza para con su abogado. Así lo determinó la Sala I
de la Cámara Civil y Comercial de Azul en cuanto entendió que "...debe responder por el
daño moral el abogado que permitió se decretara la caducidad de la instancia en los juicios
en que actuaba, pues el mismo se sustenta en la pérdida de tiempo y expectativa en los
juicios que no concluyeron adecuadamente..."2.
5
Es la finalidad de la presente monografía, por medio del análisis de doctrina y fallos
jurisprudenciales, reflejar dicha importancia, generando conciencia y conocimiento sobre las
consecuencias de no desarrollar la labor profesional del abogado conforme los fines que él
mismo ha jurado proteger y respetar.
Normativa Internacional
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estos principios, por disposición del mismo instrumento, no deben ser usados para imputar
ningún tipo de responsabilidad o sanciones en el profesional, entendemos que apuntan en
cierta medida a establecer normas generales que sirvan como marco de actuación para los
abogados. De esta manera, vemos como establece una serie de principios ideales que deben
llevarse a cabo en la práctica profesional, pudiendo mencionar entre ellos: el artículo 2 que
reza “El abogado deberá mantener en todo momento los estándares más altos de honestidad,
integridad y justicia hacia los clientes, los tribunales, colegas y todos aquellos con quien el
abogado entre en contacto profesional”, el artículo 3 que establece el deber de evitar
aquellos casos en los que se pueda presentar algún tipo de conflicto de interés entre los
intereses del cliente y los intereses del abogado mismo o de otro de sus clientes, y por último
el artículo 4 que manifiesta como principio el deber de confidencialidad” 3. Cabe destacar
que estos principios, al ser receptados por el orden internacional, reflejan una manifiesta
conformidad y unanimidad de criterios entre los países firmantes, por lo que se deberán
cumplir en pos de fomentar los principios receptados y poder practicar la profesión de la
manera más justa y transparente posible.
Normativa Nacional
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mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las
consecuencias”. Por lo tanto, se tendrá en cuenta la expertise de la persona en el ejercicio de
su profesión, pudiendo esto agravar la responsabilidad imputable, ya que un mayor
conocimiento implicaría una mayor previsibilidad de las consecuencias y por ende, una
mayor responsabilidad en el actuar.
Por otro lado, también podemos mencionar el Código de Ética Profesional del
Abogado, creado gracias al art. 32 inc. b del Decreto 5410/49, que establece la obligatoriedad
del Colegio de la Provincia de Buenos Aires de crear normas de ética profesional que serán
de observancia obligatoria para todos los profesionales que ejerzan la profesión. De esta
manera, podemos mencionar algunas de las normas del Código de Ética Profesional de la
Provincia de Buenos Aires, aplicable a todos aquellos que realicen el ejercicio de la abogacía
dentro de la mencionada jurisdicción, donde encontramos reglas como: mantener el honor y
la dignidad profesional4, el deber primordial de respetar y hacer respetar las leyes y las
autoridades5, conducir su accionar en concordancia con la veracidad y la buena fe,
implicando esto el deber de abstenerse de realizar o aconsejar actos fraudulentos o realizar
actos que estorben la expedita administración de la justicia 6 y el ya conocido secreto
profesional7 , entre otros.
Existiendo los Códigos de Ética Profesional expedidos por los distintos Colegios de
abogados del país, es necesario que exista un órgano fiscalizador encargado de monitorear el
cumplimiento de las normativas relacionadas al ejercicio de la profesión. Es así como
encontramos el Tribunal de Disciplina que “juzga la conducta del profesional que se hubiere
apartado de las normas y principios éticos que regulan la profesión” 8. De esta manera, aquel
profesional que no cumpla con las normas de ética profesional impuestas por el Colegio al
que pertenece, podrá ser denunciado por el damnificado y juzgado por el Tribunal de
Disciplina que decidirá si incurre en una falta y cuál será la responsabilidad que pesa sobre el
profesional.
Finalmente, debemos recordar que la obligación del abogado será siempre una
obligación de medios y no una obligación de resultados. Este tipo de obligaciones se
configuran cuando el deudor promete la prestación de un conducta diligente tendiente al
8
logro de un resultado final pretendido por el acreedor, el que podrá o no obtenerse. Es esta
conducta diligente la que se dará cuando se actúe en conformidad con los principios
impuestos tanto por la normativa internacional como en la normativa interna. La obligación
de medios, sólo podrá verse incumplida cuando el abogado no hubiere actuado de manera
diligente, acarreando una responsabilidad de tipo subjetiva, ya que se configuraría la culpa en
el accionar del profesional al tratarse de un actuar negligente.
IV. Doctrina
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Esta unificación de responsabilidad de ambas órbitas trae una misma finalidad, pero
esto no quiere decir que ambas responsabilidad se equiparen ya que tienen aspectos
determinados, sino que va a haber una unidad en los efectos aplicando las mismas reglas.
Unificar la responsabilidad no implica diluir la distinta estructura del contrato y el
hecho ilícito, sino simplemente unificar las consecuencias de ambos, sometiéndolas, salvo
casos de excepción, a las mismas reglas9.
Es importante destacar que este “hacer” tiene que ver con la prestación de algún
servicio, tiene que ser hecho dentro del tiempo y modo en que las partes pactaron. En este
sentido el obrar de un abogado, que brinda el servicio de asesoramiento jurídico y
representación en la defensa de los derechos del cliente, tiene que ser ejercido con la debida
diligencia.
La responsabilidad del profesional va a depender según sea la prestación a la cual se
comprometió ya sea de medio o de resultado. Esto será tratado más adelante.
10
Es por esto que más allá del principio general de obligación de medio que se aplica al
ejercicio profesional del abogado, muchas veces no es posible determinar la naturaleza de la
obligación comprometida que puede resultar en una obligación de resultado.
Destacamos la opinión del Dr. Ameal en su libro Derecho de las Obligaciones Civiles y
Comerciales con respecto a este tema ya que sostiene que cuando hay una obligación de
medios en realidad hay pequeñas obligaciones de resultado10.
Respecto a la culpa, en el caso de los profesionales liberales se aplican las reglas del
art 1724 y el art 1725 del CCyC. La culpa del profesional debe apreciarse en comparación
con los patrones generales de conducta, es decir, se tiene en cuenta las circunstancias del caso
y se compara con la debida diligencia que tiene que tener el abogado en función de su
ejercicio.
Esto tiene que ver con uno de los principios de la Responsabilidad Civil y es el
principio de Buena fe. También se relaciona con el art 961 del CCyC cuando sostiene que las
partes se obligan a actuar de acuerdo a lo que razonablemente se habría obligado un
contratante cuidadoso y previsor. Tiene que ver con actuar para no perjudicar al cliente,
llevando a cabo las diligencias necesarias para prevenir cualquier incumplimiento que genere
un daño.
El art 1725 destaca “Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno
conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la
previsibilidad de las consecuencias”, esto es importante ya que el deber del abogado tiene que
ver con haber actuado con la diligencia debida para prevenir consecuencias no deseadas
siempre y cuando el abogado pueda haberlas evitado.
El análisis de reproche que se le hace a esos profesionales es más que haber incurrido
en una culpa común que es la que puede incurrir cualquier persona.
Tiene que ver con la culpa profesional donde una persona que desarrolla el ejercicio
profesional incurre en una falta a los deberes especiales que tiene esta profesión.
Como sostiene “La construcción del distingo no corresponde a un criterio simplista,
como si dijéramos que se trata de una sola culpa - imprudencia, negligencia e impericia -
juzgada sobre la base de un mismo parámetro, en el que la única diferencia estriba en juzgar,
en un caso, el obrar de un ciudadano cualquiera y, en el otro, el de un ciudadano profesional.
No se trata de eso. La distinción encierra un afán tuitivo, ya aludido, y apunta a juzgar con
11
benevolencia el quehacer profesional, atendiendo a una serie de razones, que se juzgan
decisivas”11.
Esto también es importante porque de acuerdo al tipo de obligación que se trate es que
se van a aplicar las normas del factor de atribución subjetivo o el objetivo para el deber de
resarcir, la carga de la prueba y los eximentes de responsabilidad.
Las obligaciones de medios del abogado tienen que ver con la defensa de su cliente,
donde el profesional no asegura a su patrocinado el éxito del proceso pero por su parte va a
emplear todos los recursos para que tenga éxito su actuación. Por esta razón va a quedar
11 CNCiv., sala E, 27/09/1999, "M., W. H. c. G., C.A.", Lexis 10/8141; cita online:
AR/JUR/1470/1999; CNCiv., sala D, 12/12/1979, "Fernández, Helena I. c. Nicosia, Horacio
C.", ED 87-157; cita online: 70066908; CNCiv., sala F, 27/07/1976, DJ 1973-21-14.
12
exento de toda responsabilidad si obró con diligencia en cuanto a emplear todo su
conocimiento.
En cambio, la Responsabilidad del abogado patrocinante tiene que ver con asesorar
legalmente al cliente en cuanto a la dirección técnica del proceso y la obligación de informar
al cliente.
13
El letrado que actúa como patrocinante no tiene la representación de su cliente y su
tarea consiste únicamente en conducir el litigio y aconsejar las soluciones legales que
considere convenientes.
Además el art. 52 del C.P.C.C. establece que el juez puede imponer la responsabilidad
solidaria del abogado apoderado con el patrocinante.
Palacio sostiene “...la responsabilidad del letrado patrocinante debe suponer, por parte
de éste, una actitud incompatible con la diligencia que cabe exigir a una razonable dirección
técnica ”12, esto es importante ya que las decisiones del cliente en el proceso no eximen de
responsabilidad al abogado en cuanto a su diligencia.
También dice Palacio que “…no cabe admitir –con carácter general- que el abogado,
pese a no haber asumido el carácter de apoderado, pueda desentenderse totalmente de la
forma en que se ejecutan los actos procesales, prescindiendo de tomar contacto directo con la
marcha de los procedimientos…”.
Asimismo es quien debe impulsar el proceso ya que además de ser quien cuenta con
los conocimientos específicos, es quien naturalmente va tomando conocimiento de la marcha
del expediente, sea a través de las cédulas que recibe en su estudio –donde generalmente se
constituye el domicilio- o a través de la consulta del expediente en la mesa de entradas del
juzgado.
14
Fenochietto-Arazi, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, 2da. ed, Astrea, Buenos
AIres, 1993, T. I, p. 245 y sus citas) (Sala I "Llanos María Daniela c/ C.P.A.C.F.", del
12/10/00) ([Link]).
Los rubros resarcibles que se dan dentro de esta responsabilidad tienen que ver con la
mala praxis que tuvo el abogado al desempeñar su ejercicio. La reparación del daño no va a
estar dada por el monto pretendido en el juicio sino con la pérdida de chance que tuvo el
cliente por la frustración de la demanda, se repara por la posibilidad de éxito frustrada.
15
Ghersi sostiene que “...la chance es la posibilidad de un beneficio probable futuro, que
integra las facultades de actuar del sujeto, conlleva daño, aun cuando pueda ser dificultoso
estimar la medida de ese daño”13.
Esta pérdida de chance configura un daño actual, resarcible cuando implica la
probabilidad suficiente de un beneficio económico que resulta frustrado por el responsable, y
puede ser valorada en sí misma aun, prescindiendo del resultado final incierto.
En este sentido, la jurisprudencia sostuvo que “la actuación negligente del letrado que
no hizo comparecer al testigo en tiempo oportuno, que no ofreció y acompañó la causa penal
que dio lugar al ilícito o que no expresó los agravios, es susceptible de ocasionar una pérdida
de chance de obtener un pronunciamiento favorable para el cliente” 14. También los defectos
de asesoramiento legal o la pérdida de un juicio en razón de negligencia del abogado
configura la pérdida de chance que merece indemnización.
La evaluación de la pérdida de chance se da por el cálculo de la probabilidad que tenía
el cliente de ganar el juicio. Esto es importante ya que si el proceso terminó en la perención
de instancia por la negligencia del abogado patrocinante el resarcimiento es esta pérdida de
chance.
16
Otro de los rubros resarcibles sería el daño emergente, el gasto afrontado por el cliente
tales como el pago de la tasa de justicia, los honorarios de peritos y demás profesionales que
intervengan en el proceso. No debe imponerse el monto original de la demanda sino el daño
emergente producto de lesión producida por la pérdida de la probabilidad de ganar el juicio.
Con respecto a las sanciones, el abogado debe responder por las consecuencias jurídicas
que se generaron debido a su accionar. Estas sanciones no solo son resarcir el daño sino que
también existen otras sanciones que se aplican ya sea desde el Código de procedimiento
como del Tribunal de Disciplina del Colegio de abogados.
El CPCyC establece los supuestos en donde se va a sancionar al abogado. El art 45
habla de la conducta temeraria o maliciosa para establecer una multa como sanción para el
abogado cuando litiga convencido de la falta de razón y sabiendo que no se cuenta con
protección legal, como también cuando utiliza el proceso con fines contrarios a este, es decir
obstaculizando el proceso o retardando la decisión judicial.
La sala L de la Cámara Nacional Civil sostuvo que si el abogado niega los hechos
probados en las 2 instancias con el solo fin de prolongar injustificadamente el proceso, le
corresponde una multa por su accionar malicioso contrario a los deberes de lealtad y de buena
fe.
También el art 52 CPCyC establece la responsabilidad del abogado de abonar las costas
declaradas judicialmente por su accionar negligente en el proceso. Estas costas se pueden
aplicar tanto al letrado apoderado como al patrocinante.
En relación a esto, es fundamental la obligación que establece el art 50 del CPCyC para los
apoderados y es seguir el juicio mientras no haya cesado legalmente su cargo.
Por otro lado, también el Colegio de abogados dispone una normativa para la conducta
del abogado ya que se relaciona con la ética profesional.
17 CNCiv., sala G, 29/03/2001, "F., R. M. c. G. de la C., O. J.", LA LEY 2001-E, 14; cita
online:AR/JUR/3158/2001.
17
La Cámara Nacional de apelaciones en lo contencioso administrativo federal establecio
“Las sanciones impuestas por el Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de
la Capital Federal remiten a infracciones éticas más que jurídicas propiamente dichas, en
cuyo diseño juegan enunciados generales o inespecíficos, que si bien no resultarían
asimilables en un sistema punitivo abstracto fundado en una situación de supremacía general,
caben perfectamente bajo un régimen de supremacía especial, como expresión tanto de la
disciplina interna de la organización como por la cercanía moral de los titulares del órgano
sancionador, pares del inculpado, interpretando un sistema ético que los envuelve a todos18.
Los casos más comunes de mala praxis se dan por caducidad de instancia, rechazo de
demanda fundada en algún supuesto de excepción previa, negligencia probatoria,
incumplimiento de rendición de cuentas y entrega, actos procesales como no apelar, no
contestarlas vistas y traslados, la falta de renovación de medidas cautelares, etc.
En cuanto a la caducidad de instancia, la responsabilidad dek abogado tiene que ver con
la negligencia de su actuar. Es necesario evaluar si la caducidad de instancia es imputable al
abogado, es decir la relación de causalidad entre la actuación profesional, y la caducidad
declarada.
Si por esto el cliente pierde la acción, puede ejercer su derecho en un nuevo proceso ya
que la responsabilidad del letrado comprenderá la “pérdida de la chance” del cliente, por la
expectativa frustrada en el proceso caduco.. Pero si no pierde la acción, se deben pagar las
costas y los intereses devengados durante el proceso que caduco.
Unas de las obligaciones mas importantes que tiene el abogado es presentar los escritos
en el plazo indicado por la ley. Esto muchas veces es considerado como una obligación de
18 CNCiv., sala G, 24/02/2005, "Monzón, Argentina N. y otro c. I., J. D.", cita online:
AR/JUR/139/2005
18
resultado ya que la carga de la prueba se verá invertida, y frente a un supuesto como el
presente, el letrado sólo podrá eximirse por el caso fortuito o fuerza mayor.
La jurisprudencia sostuvo que “La actitud negligente del letrado, al desatender sus
obligaciones profesionales provocando que el recurso de apelación fuese denegado por
extemporáneo, resulta reprochable, dado que ella configura una omisión en el cumplimiento
de sus obligaciones, que no encuentra justificación en la circunstancia de que -según el
recurrente- le habría entregado el escrito sin estar vencido el plazo para presentarlo, toda vez
que es su deber seguir la marcha del proceso, máxime si -debido a la mala relación con su
cliente- no atinó a asegurarse de que esa presentación fuese realmente efectuada o, en su
caso, a dejar a salvo su responsabilidad”. (Se confirma la sanción de advertencia en presencia
del Consejo Directivo prevista en el art. 45, inc. b) de la ley 23.187, por violación del art. 19,
incs. a) y f) del Cód. de Etica y 44 incs. e) y g) de la ley 23.187” Autos: SCHVINDLERMAN
Jorge s/ CONDUCTA Mi., Ga. y J. de P. C. - Fecha: 16/03/1993 [Link].,
SALA IV - Ref. Nor.: 187, ART. 44 L. 23.187, ART. 45.
Por otro lado se pueden producir daños vinculados al derecho de privacidad, secreto y
derecho a proteger la información como consecuencia de representar o asesorar
simultáneamente o sucesivamente, en una misma causa, intereses contrapuestos 20. Esta es una
prohibición que impone el Colegio de Abogados, ya que el abogado debe actuar con lealtad y
buena fe en el desempeño profesional, diciendo la verdad al cliente y no creando falsas
expectativas como sostiene el art 19 del Código de ética del Colegio de abogados. Añadimos
el deber de fidelidad que sostiene “poner en conocimiento inmediato de su cliente las
relaciones de amistad, parentesco o frecuencia de trato con la otra parte, o cualquier otra
19 CNCiv., sala K, 26/03/2003, "Vitale, Roberto Juan c. V., A. H.", cita online:
AR/JUR/357/2003
20 CNCiv., sala M, 23/08/2002, "Riera, Sergio M. c. Valenzuela, Juan C.", LEXIS 1/62293
19
circunstancia que razonablemente pueda resultar para el cliente un motivo determinante para
la interrupción de la relación profesional21.
Es notable destacar que el Código de ética profesional de abogado presenta las mismas
sanciones que la Ley 23187, solo agrega la graduación de la sanción distinguiendo falta grave
y falta leve, como atenuantes o agravantes la situación personal del abogado afectado.
V. Jurisprudencia
21 CCiv., Com. y Min. San Juan, sala II, 02/09/1992, "de Quiroga, Ambrosia A. c. Sánchez
Bustos, Martín C.", JA 1994-I-196, cita online: 941063
20
las vistas y traslados (art. 150, Cód. Proc. Civ. y Com.), incurrir en pluspetición inexcusable
(art. 72, Cód. Proc. Civ. y Com.) rechazándose el beneficio de litigar sin gastos (art. 81, párr.
2º, Cód. Proc. Civ. Y Com.) y la falta de renovación de medidas cautelares; entre otros.
También existen casos donde si bien no existe un imperativo legal hacia el desempeño del
abogado, queda a criterio de los Tribunales (civiles y de disciplina) el alcance de la
responsabilidad, según las circunstancias de la causa. Ello surge cuando del texto de la norma
surge "puede" y no "debe" (por ejemplo, la impugnación de pericias art. 477 y los alegatos
art. 482, Cód. Proc. Civ. y Com.).
La responsabilidad del abogado varía según la clase de obligación asumida por el profesional
(art. 774, incs. a y b CCCN).
En cuanto a las obligaciones de medios, la jurisprudencia ha reiterado en modo
prácticamente pacífico, que "la circunstancia de que no se haya conferido mandato al
abogado no excluye su responsabilidad por los errores cometidos en la tramitación del
juicio, si ellos manifiestan una negligencia inexcusable o un injustificado desconocimiento
de las reglas procesales..."22. En complemento con ello, "la obligación del abogado en la
defensa de su cliente es una obligación de medios y no de resultado. el profesional no
asegura a su patrocinado el éxito en el proceso, sino sencillamente emplear por su parte los
recursos conducentes a ese triunfo..."23 ; "nos encontramos frente a una obligación de
medios, de fuente contractual en la que el deudor se compromete a poner de su parte, los
medios razonablemente conducentes a la obtención de un resultado; por lo que, se logre o no
el mismo, queda exento de toda responsabilidad, si cumplió empleando todos sus
conocimientos, aptitud, diligencia, etc., es decir, poniendo de su parte todos los medios
idóneos y aptos en procura de aquella finalidad"24 .
En cuanto a las obligaciones de resultado, la jurisprudencia, en cambio, sostiene que
la prueba de demostrar haber actuado con la debida prudencia y diligencia profesional
quedará en cabeza del abogado, al igual que demostrar la interrupción del nexo causal, ya sea
por el hecho del damnificado (art. 1729), el hecho de un tercero por quién no debe responder
(art. 1731), o el caso fortuito (art. 1730). Así, por ejemplo, se destaca que el abogado no solo
debe prestar la debida diligencia que la profesión requiere, sino también la imposición de la
carga de la prueba. Con respecto a ello, los pronunciamientos judiciales sostienen: "son
21
deberes de resultado a cargo del abogado (...) razón por la que se lo tiene por responsable
de los daños que se deriven de la omisión, sin necesidad de la prueba de su culpa..."25. En el
sentido señalado, "cuando el profesional asume el papel de apoderado, se encuentra
obligado a una prestación de resultado (...). en consecuencia, si los actos procesales se
precluyeron por el no ejercicio en término de aquellos y quedó clausurada la etapa
respectiva, no es necesario probar la culpa del abogado, sino que basta con la objetiva
frustración del resultado esperado"26; "el abogado que actúa como mandatario judicial está
obligado a una prestación de resultado en cuanto a los actos procesales que debe cumplir
específicamente, es decir, a ofrecer la prueba, a diligenciarla, a contestar los traslados y
vistas, etcétera"27; "en el papel de apoderado, el abogado se encuentra obligado a una
prestación de 'resultado', en relación con los actos procesales de su específica incumbencia,
tales como: suscribir y presentar los escritos correspondientes, asistir a las audiencias que
se celebren, interponer los recursos contra toda resolución adversa a su parte, y en general,
activar el procedimiento en las formas prescriptas por la ley"28.
Por último, y en relación con la exoneración, "la responsabilidad del abogado no
surge si acredita que el daño proviene de un factor que rompió el nexo adecuado de
causalidad, entre ellos, culpa de la víctima, el hecho del tercero por quién no debe
responder, el caso fortuito o la fuerza mayor (...). la parte es lega y, por lo tanto, el abogado
debe demostrar que la labor no pudo ser realizada por obstáculos imputables a la parte"29.
Si bien la responsabilidad del abogado (ya sea ante obligaciones de medios o de
resultado) es susceptible de resarcimiento a favor de quién era su cliente, este conlleva un
estudio que no depende tanto de cómo se desplegará la pretensión jurídica, sino de la suerte
que este tendría al finalizar el pleito. Así, por ejemplo, la reparación del daño no va a estar
dada por la suma pretendida en el juicio dónde se cuestiona la praxis del abogado, sino la
pérdida de chance con la que el cliente se queda debido a la frustración de la demanda. "la
frustración de un negocio jurídico por defecto de asesoramiento legal o por la pérdida de un
28 PALACIO, Lino E. Derecho Procesal Civil, T. III, pág. 87. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1976.
29 Ghersi, Carlos E. Teoría general de la reparación de daños, pág.400. [Link], Buenos Aires,
1997.
22
juicio en razón de omisiones atribuibles a errores o negligencia del profesional, configura la
pérdida de una posibilidad, es decir, de una chance que merece indemnización"30; "la
indemnización... no puede consistir como lo pretenden los actores, en los importes que se
hubieran reclamado de haberse iniciado el proceso"31 .
Es decir, entonces, que la pérdida de chance se entrelaza lisa y llanamente con el éxito
que conlleva la demanda, poniéndose especial énfasis, dentro de esa probabilidad, si existen
la posibilidad de poner iniciar nuevamente el pleito, o realizar ese acto procesal que frustró la
pretensión original del actor. En relación con ello, se sostiene: "la valuación de la chance ha
de consistir entonces en la realización del cálculo de las probabilidades que tenían los
actores de ganar el juicio..."32; como también, "si el proceso concluyó en la perención de
instancia por la desatención del abogado patrocinante de la actora, el resarcimiento ha de
consistir en la pérdida de la chance en sí misma, la cual importa la frustración de una
probabilidad en la que conviven elementos de certeza e incertidumbre"33; "si las
posibilidades de éxito de un juicio dónde se declaró la perención de la instancia eran muy
remotas, no corresponde acordar a la actora ninguna indemnización, toda vez que en última
instancia el daño que el comportamiento de su abogado le ha causado sería puramente
eventual o hipotético"34 .
En cuanto al resarcimiento del daño moral se debe distinguir entre la dolencia que el
cliente manifestó y reclamo en la demanda de origen, con la producida por el abogado que
frustró su derecho al resarcimiento. Este daño se aplica mayoritariamente en forma
restrictiva, requiriéndose para su viabilidad la existencia de un contexto o contendido de
confianza depositado en el abogado que provoque un quebranto que pueda distinguirse de las
inquietudes y/o los considerados disgustos comunes. A tal efecto "no hay que identificar el
daño moral con cualquier molestia, porque con ello todo hecho negativo (por insignificante
que fuere) o todo contratiempo podría ser causante de daño moral. No es ese el sentido de la
ley. Debe exigirse un acontecer de entidad razonable para producirlo. Por lo tanto, no
alcanza para fundar una condena de este carácter el compulsar los hechos en que se vio
protagonista la actora, de una situación, que, si bien originó desagrado, molestias y
30 CNCiv., sala E, 14-10-96, Lexis 10/3356.
31 [Link] Azul, sala I, 24-2-00, LLBA, 2001-331.
23
angustias, ese estado de ánimo es consecuente y forma parte de los riesgos que se corren
constantemente en la vida cotidiana y no tiene intensidad necesaria para configurar daño
moral"35. A mayor abundamiento, "...[p]arece razonable pensar que el tomar conocimiento
de la deficiente actuación de su abogada pueda haber generado en el actor fastidio, disgusto
o un justificado enojo, pero entre estos estados de ánimo, desagradables si se quiere, y una
modificación o alteración espiritual que afecte el equilibrio emocional de la víctima y pueda
ser considerado un daño moral indemnizable, media una considerable distancia"36.
“En cuanto a las erogaciones efectuadas por el cliente (considerado como daño
emergente, o los que debe afrontar en lo sucesivo, producto de la desidia profesional), tales
como el pago de la tasa de justicia, los honorarios de peritos y demás profesionales que
intervengan en el proceso, deberán ser reintegrados por quién haya propinado el reproche.
Ya no se habla entonces de una pérdida de chance, ni de un daño moral, sino de los gastos
afrontados por el cliente”.37 .
A continuación, destacaré la jurisprudencia más reciente sobre responsabilidad civil
del abogado en la Cámara Nacional de Apelaciones en sus distintas salas:
“1-Resulta procedente la acción que persigue el cobro de una indemnización por los daños y
perjuicios derivados de un incumplimiento contractual por parte de un abogado ante la
omisión injustificada en promover los juicios encomendados por su cliente -consignación de
alimentos y tenencia-, lo que provocó la pérdida de chance de retomar el vínculo filial con el
hijo y el hecho de poder asistirlo económicamente.
2-El presidente de una institución conocida en el medio público -la Asociación de
Padres Alejados de sus Hijos- que prestó servicio en nombre de la citada entidad, a la que el
actor acudió con el fin de restablecer el contacto con su hijo y además para que se le brindara
asistencia, también resulta responsable por el hecho de haber sido quien le proporcionó el
nombre del letrado codemandado en el marco del servicio que ofrecía. Mas aun, habiendo
35 CNCAF, “Visconti, Luis Juan y otro c/ Colegio Público de Abogados de Capital Federal s/ejercicio
de la abogacía”, sentencia del 26 de febrero de 2019, Fallos: 69101:2018, Sala V.
36 Ley No. 23187 de Abogacía, B.O del 25/06/1985, Art 10, inc a.
37 Código de ética profesional, art 19, inc d.
24
cobrado honorarios y presupuestado los trabajos encomendados, sin adoptar todas las
diligencias que correspondían a dicho servicio.
3-El daño moral padecido por una persona a la cual su letrado no inició los procesos
de familia encomendados debe resarcirse, dado que no cabe duda que el actor debió haber
sufrido una frustración cuando se enteró tal situación -sin explicación justificable en cuanto a
esa omisión-, con la consecuencia de no poder restablecer el vínculo con su hijo y constatar
que la asistencia económica prestada no le había sido alcanzada.”
25
pudo albergar el actor acerca del resultado, aún en el supuesto que la actividad esperada
contara con remotas posibilidades de éxito.”
26
éxito de la demanda laboral en segunda instancia, pues, el daño eventual, incierto no es
indemnizable; sí lo es el daño que, aunque futuro, sea cierto. En la especie, el actor no tenía
posibilidades ciertas de que con la apelación de la sentencia se obtuviera la revocación de lo
decidido en ella, se ajustó a derecho y, por otra parte, no se aprecia relación o nexo causal
legítimo entre los daños y perjuicios que se dicen y la no formulación del recurso-.
7- Cuando la responsabilidad contractual se atribuye por el incumplimiento o mala
prestación de una actividad a la que alguien está obligado en razón del contrato y ese
incumplimiento está directamente encaminado a satisfacer un interés extrapatrimonial del
acreedor, el daño será también directamente extrapatrimonial. En el caso, el daño moral
aparece como consecuencia inmediata y necesaria del incumplimiento contractual, toda vez
que el contrato que ligaba a las partes tenía un alto contenido de mutua confianza, habiéndose
encomendado al abogado la defensa de los derechos patrimoniales pero también con
características reparadores ante los daños producidos en la esfera laboral del actor, su
naturaleza moral resulta innegable.”
27
(Sumario N°27966 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y
Jurisprudencia de la Cámara Civil). ITURBIDE, LIBERMAN, PEREZ PARDO.
Magistrados: Patricia Barbieri - Gastón Matías Polo Olivera - Gabriel Gerardo Rolleri
Id SAIJ: FA21020037
Corresponde condenar a una abogada a indemnizar por daño moral a un cliente por no
iniciar el proceso a tiempo, lo cual generó la prescripción de la acción correspondiente, y por
negarse a devolverle toda la documentación original obrante en su poder, puesto que es
obligación del letrado realizar todos actos procesales que le han sido encomendados por su
cliente, y desempeñar la función de acuerdo al Código de Ética de la profesión de abogado.
Se tiene entendido en la especie que la relación abogado-cliente es de neto carácter
contractual y cuando se trata de un letrado apoderado hay que observar de igual modo, las
reglas que instituyen la figura del mandato (arts. 1869° y conc. del Cód. Civil), debiendo
apreciarse –en concreto-la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas,
tiempo y lugar (art. 512° del mencionado cuerpo legal) – conf. CNCiv., Sala M, 28.02.2012,
ar/jur/39777/2012 – asimilable a una singular obligación de resultado con relación a los actos
de su específica incumbencia – conf. CNCiv., Sala K, 04.04.2008, LL 2008- E, 686. Ídem
Alterini, Juan M. La responsabilidad del abogado en el marco de la teoría de las obligaciones
de resultado atenuadas, RCyS 2001-II-79. Idem, Sobrino, Augusto R. La responsabilidad
profesional de los abogados, DJ 1999- II- 290.
La relación de causalidad debe establecerse entre el hecho y la pérdida imputable de
la oportunidad o expectativa, pues ésta constituye por sí misma un daño cierto.
El valor que debe indemnizarse consiste en el resarcimiento de la pérdida de la probabilidad,
es decir la frustración de la chance y no la de la ganancia malograda. En consecuencia, deberá
valorarse en concreto el reclamo trunco por la conducta del abogado y el grado de
probabilidad del planteo allí intentado (Conf. Orgaz, Alfredo, El daño resarcible, p. 98).
“La posibilidad perdida debe ser cierta, auténtica, y no una quimera cualquiera. Nada
debe indemnizarse cuando del análisis que realiza el juez se arriba a la idea de que las
posibilidades de la acción frustrada eran nulas o casi nulas” (Vetrano, Alejandro,
28
Responsabilidad por daños causados por abogados, en Bueres - Highton, op. cit., pág. 636).
Así se pronunció esta Sala en antigua composición, decidiendo que cuando las posibilidades
de éxito eran muy remotas, no corresponde otorgar indemnización alguna, toda vez que en
última instancia se trataría de una daño puramente eventual o hipotético (in re “Minuzzi de
García Huerga, Rosa c/Alconada Aramburu, F. s/cobro de pesos” del 4/5/1979, Sala D,
CNCiv.).
Así, cuando la responsabilidad contractual se atribuye por el incumplimiento o mala
prestación de una actividad a la que alguien está obligado en razón del contrato y ese
incumplimiento está directamente encaminado a satisfacer un interés extrapatrimonial del
acreedor, el daño será también directamente extrapatrimonial (conf. Zannoni, Eduardo, El
daño en la responsabilidad civil, p. 330, núm.98)
El daño moral aparece como consecuencia inmediata y necesaria del incumplimiento
contractual considerando las especiales circunstancias de autos. Solo basta advertir que el
contrato que ligaba a las partes tenía un alto contenido de confianza, habiéndose
encomendado al abogado la defensa de derechos patrimoniales, pero también con
características reparadoras ante los daños producidos en la esfera laboral de la actora, su
naturaleza moral resulta innegable.
Tiene entendido esta Sala, conforme anteriores decisorios volcados en casos análogos,
que: “…para valorar si ha mediado culpa del letrado, hay que comparar su comportamiento
con el que habría tenido un profesional prudente, dotado del bagaje científico que cabe exigir,
en las mismas circunstancias, teniendo en cuenta que el error de orden científico no es
constitutivo de culpa si resulta excusable” (conf. fallo de esta Sala, en el expediente “ M.E.A.
y otro c. R. de C.I. y otro” cita Online: AR/JUR/10077/2006).
Magistrados: Carlos Alfredo Bellucci - Carlos Carranza Casares - Gastón Matías Polo
Oliveira
Id SAIJ: FA21020021
Corresponde condenar a un abogado a indemnizar por daño moral a clientes por haber
presentado escritos en procesos civiles con la firma falsa de sus patrocinados, dado que
29
constituye una responsabilidad profesional que las actuaciones judiciales sean efectivamente
suscriptas por el cliente con independencia de quién haya sido el autor de las grafías, y si bien
los abogados no son escribanos ni certifican firmas, en principio son los responsables de los
actos que llevan su patrocinio, al menos en cuanto al cumplimiento de las formalidades
legales que los mismos requieren para su validez. En consecuencia, el letrado debe ser
condenado a abonar una indemnización en concepto de daño moral en virtud de padecimiento
espiritual generado por la pérdida de la confianza y lealtad depositadas en el profesional a
raíz de avatares generados por su negligencia, que van más allá de las vicisitudes que cabe
esperar del vínculo contractual con sus clientes.
La responsabilidad del abogado forma parte de la de los profesionales que, a su vez,
constituye un capítulo dentro del vasto espectro de la responsabilidad civil en general; de allí
que su configuración requiera la concurrencia de los mismos presupuestos que son comunes a
todo evento dañoso, cualquiera sea su fuente: hecho ilícito o incumplimiento contractual
(daño, nexo causal, factor de atribución e ilicitud)1 . Ha dicho esta sala que si se trata de la
inejecución o cumplimiento defectuoso del contrato de servicios profesionales, lógicamente
la responsabilidad es de origen contractual. Según la tendencia doctrinal dominante se
considera que son cuatro sus elementos esenciales: a) la antijuridicidad: resulta de la
violación de un deber jurídico preexistente que está consagrado en una o más reglas
normativas, específicamente en el plano contractual deriva de la transgresión de obligaciones
pactadas en un convenio previamente concluido entre el letrado y su cliente y que tiene para
ellos fuerza de ley; b) el factor de atribución, en cuyo mérito el letrado debe responder por el
resultado lesivo de su comportamiento, sea éste doloso o por imprudencia o negligencia, es
decir, culposo, pues, que en principio, se trata de una responsabilidad subjetiva por el hecho
propio; c) el menoscabo o "daño", tomado el mismo en sus diversas y variadas especies, que
aquel comportamiento —ya activo u omisivo— cause a su cliente; y por fin, d) la existencia
de una adecuada relación de causalidad que enlace el proceder profesional con el perjuicio
sufrido, o sea, la relación entre la conducta atribuida y la pérdida de la oportunidad o
expectativa, tomada esta última como "chance malograda"2 .
El letrado ha de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, teniendo en
cuenta su especial condición profesional (arts. 512, 902 y 909 del Código Civil) y acatando
no sólo las obligaciones emanadas del contrato que lo vinculan a su cliente, sino también las
que surgen de la regulación de su profesión (la ley 23.187 y el Código de Ética del Colegio
Público de Abogados de Capital Federal; ver también el arts. 46 a 58 del Código Procesal)3 .
30
STARK, JUAN CARLOS C/ CARDINALI, BRUNO ADRIÁN S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS. 15/03/22 CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CIVIL.
Sala M.
“Aunque la pérdida de un juicio por omisiones u errores que le sean imputables al
abogado configura generalmente un daño cierto, la indemnización, no puede consistir en lo
pretendido en el propio juicio adverso.
El resarcimiento consiste en la pérdida de una “chance” o posibilidad de éxito en las
gestiones, cuyo mayor o menor grado de probabilidad dependerá, en cada caso, de sus
especiales circunstancias.
La caducidad de la instancia decretada en las actuaciones cuyo objeto es daños y perjuicios,
privó al accionante de la posibilidad de promover un nuevo juicio contra el accionado pues la
acción ya se hallaba prescripta a ese tiempo.
Para que se configure una chance resarcible, es indispensable verificar que con motivo de la
perención sobrevenida por culpa del letrado, se produjo la prescripción de la acción frustrada.
Si todavía subsiste la posibilidad de iniciar nuevamente el reclamo, la responsabilidad del
letrado debería limitarse a las costas derivadas del juicio concluido y a los intereses
devengados.
Aunque la caducidad de la instancia se haya resuelto cuando la causa todavía no se había
abierto a prueba, los elementos reunidos permiten evaluar como probable un resultado
favorable a la parte actora.”
VI. Conclusión
Luego del análisis integral realizado, podemos concluir que el abogado, en tanto
desarrolla su profesión prestando un servicio y obligándose ante su cliente a llevar los
intereses y pretensiones de éste de manera diligente y por medio de los buenos oficios,
responderá por la negligencia e impericia que pueda surgir de un mal desempeño profesional
o por la omisión de las diligencias debidas.
Las obligaciones y la responsabilidad del abogado alcanzan tal relevancia que, como
pudimos observar, no solo se limita su regulación a la esfera normativa nacional por medio
31
del Código Civil y Comercial de la Nación o los Códigos de Ética dictados por los Colegios
Públicos de Abogados, si no que va mucho más allá y alcanza trascendencia internacional por
medio de instrumentos como los “Principios Básicos sobre la Función de los Abogados” de
la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Sea una obligación de medios o una de resultados, nace con claridad el deber por parte
del abogado de reparar el daño causado por mal desempeño, sea este emergente, moral o bien
la frustración de la conclusión exitosa de una acción o un negocio jurídico. Como bien se ha
dicho en el precedente ya citado ARBIERI, ALVAREZ, ABREUT DE BEGHER.
MASLAUSKAS, Ana Valeria c/ MASLAUSKAS, Ivone Ester s/ DAÑOS Y PERJUICIOS -
RESP. PROF. ABOGADOS. 7/05/19 CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO
CIVIL. Sala L, la valoración de la conducta de un abogado que presta su servicio a favor de
un tercero, genera un alto grado de confianza en razón del vínculo que se da a raíz de la plena
creencia, de quien contrata, en las cualidades y aptitudes de su abogado. Esa misma confianza
que provoca la firme creencia de que sus intereses se encuentran bien representados y
promovidos, porque ¿quién mejor para proteger y salvaguardar los derechos del cliente que
un profesional experto en la materia? Quien contrata cree ciegamente en que el profesional
desarrollará con pericia el trabajo encomendado, pero cuando esto no sucede esa confianza se
ve profundamente afectada generando un daño mayor al previsible.
32
Es por todo lo hasta aquí expuesto, que queremos destacar la relevancia que tienen
nuestras decisiones y acciones como profesionales en los intereses de nuestro clientes, que en
muchos casos, se relacionan con los aspectos más personales y fundamentales de la vida, y
que como tales deben ser resguardados con el mayor de los cuidados y llevados adelante con
la pericia que es esperable de un profesional de la matrícula.
Bibliografía:
● Principios Básicos sobre la Función de los Abogados - Oficina del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
● Principios Internacionales de Conducta para la Profesión Jurídica -
International Bar Association - 2011
● Código de Ética Profesional del Abogado de la Provincia de Buenos Aires -
Colegio de Abogados de San Isidro
● Código Civil y Comercial de la Nación
33