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Responsabilidad del Abogado en Daños

Este documento analiza la responsabilidad del abogado. Examina la normativa aplicable tanto internacional como nacional, la doctrina, y la jurisprudencia. Explica que los abogados tienen una responsabilidad por culpa si causan un daño a sus clientes debido a negligencia o impericia, y deben indemnizar por pérdida de chance, daño emergente y daño moral. Los abogados deben actuar con diligencia en representar los intereses de sus clientes.
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Responsabilidad del Abogado en Daños

Este documento analiza la responsabilidad del abogado. Examina la normativa aplicable tanto internacional como nacional, la doctrina, y la jurisprudencia. Explica que los abogados tienen una responsabilidad por culpa si causan un daño a sus clientes debido a negligencia o impericia, y deben indemnizar por pérdida de chance, daño emergente y daño moral. Los abogados deben actuar con diligencia en representar los intereses de sus clientes.
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Trabajo Práctico Final - Derecho de Daños

Responsabilidad del abogado

Comisión: 0028

Profesora: ROMANO, Elisa

Alumnos: Vega Natalia DNI 36.355.313

Fatima Palacios DNI

María Eugenia Baccini DNI 37.733.716

Felipe Tomás Rodrigo DNI 41.710.551

Año 2022- Primer cuatrimestre

1
Índice

- Introducción………………………………………..pág. 3

- Normativa aplicable...……………………………...pág. 6

- Doctrina……………………………………………..pág 9

- Jurisprudencia………………………………………pág 19

- Conclusión………………………………………….. pág 29

2
I. Introducción

El presente trabajo tendrá como objeto analizar la responsabilidad del abogado.

Nos ha parecido fundamental como futuros profesionales del derecho, el estudio y análisis de
la posible responsabilidad que cabe ante el desarrollo irregular de nuestra actividad
profesional.

En tanto pesa sobre el abogado el juramento de dirigir sus actos conforme la ética de
acuerdo con su responsabilidad social, así como de respetar y hacer respetar nuestra Carta
Magna y las Leyes. Es claro que recae sobre los hombros de los abogados el desarrollo de su
actividad y profesión orientado siempre hacia dichos fines y por consiguiente la eventual
responsabilidad que pueda surgir de no obrar conforme a ello.

Como iremos analizando a lo largo del trabajo, si bien la actividad del abogado se
encuentra sujeta al cumplimiento de los Códigos de Ética dictados por los Colegio de
Abogados, quienes regulan la actividad profesional y frente a quienes deberá responder,
también será responsable por los daños y perjuicios que causare por su inconducta e impericia
al ejercer la profesión y deberá indemnizar, llegado el caso, los rubros resarcibles que se
originen del daño causado, como la pérdida de chance, el daño moral o el daño emergente.

Para poder acercarnos a este análisis, debemos destacar que el ejercicio de la abogacía
queda comprendido dentro de las llamadas profesiones liberales, entendidas éstas cómo
aquellas que se desarrollan de forma independiente y que necesitan para su ejercicio título
universitario habilitante y matrícula expedida por el ente que regula su actividad y quien dicta
los códigos de ética que los profesionales tiene el deber respetar.

La responsabilidad de las profesiones liberales se encuentra regulada por el Código Civil y


Comercial de la Nación, en su art. 1768, donde establece que la actividad de las profesiones
liberales está sujeta a las obligaciones de hacer y que, a menos que se haya prometido un
resultado concreto, la responsabilidad es subjetiva.

3
El abogado, como todo profesional liberal, tiene el deber de obrar diligentemente a
favor de los intereses de su cliente conforme la ética y la buena. Pero puede suceder que el
resultado final no sea el esperado por quien ha contratado sus servicios. Esto último, en tanto
la actividad del letrado haya sido la debida en razón de su profesión y conocimiento, no
genera responsabilidad, ya que al tratarse de una obligación de medios, el cumplimiento no
dependerá del éxito final de la actividad, si no de la diligencia y prudencia con la que la
propia acción fue realizada.

Esta característica del desarrollo de la profesión del abogado podemos encontrarla


receptada, por ejemplo, en el Código de Ética del Colegio Público de Abogados de la Ciudad
de Buenos Aires, quien regula la actividad profesional en esa jurisdicción. En su art. 19 inc.
a), entendiendo el deber de fidelidad como uno de los deberes fundamentales de los abogados
para con sus clientes, el cuerpo normativo dispone “…Decir la verdad a su cliente, no
crearle falsas expectativas, ni magnificar las dificultades, o garantizarle el buen resultado de
su gestión profesional y atender los intereses confiados con celo, saber y dedicación…” 1 (el
resaltado me pertenece). El articulado es tajante en este aspecto, al imponer como deber decir
la verdad al cliente al no asegurarle resultados concretos, es decir el abogado deberá ser
diligente en su obrar al representar y llevar adelante los intereses de su cliente, pero bajo
ningún punto de vista podrá asegurarle a éste el éxito de la acción.

Nos encontramos, como dijimos, ante una obligación de medios, por lo que el factor
de atribución, en el caso de que exista un daño cierto e imputable al accionar del abogado,
será subjetivo por dolo o por culpa. En este último sentido la valoración de la conducta
culpable deberá responder al criterio previsto por el art. 1725 del CCCN, en tanto que en el
desarrollo de la profesión le es exigible al abogado, por su formación universitaria, una
mayor observancia de las diligencias debidas. No es menos cierto que existe por parte de los
clientes una confianza especial hacia el abogado, en tanto que aquel le ha confiado a éste la
prosecución de sus derechos e intereses al contratar sus servicios.

Sin perjuicio de lo hasta aquí explicado puede suceder que el abogado tenga a su
cargo obligaciones de resultado, en donde no habrá necesidad de probar la culpa imputable al
sujeto, sobre este tema nos explayaremos en el punto V. del presente trabajo.

1 “El abogado deberá en todo momento mantener y serle otorgada la protección de confidencialidad
respecto a los asuntos de clientes actuales o pasados, salvo que lo contrario sea permitido o
requerido por la ley y/o por reglas de conducta profesional aplicables”.

4
Ahora bien, supongamos que un abogado no desarrolla su tarea profesional de forma
diligente, y deja vencer por impericia un plazo de caducidad que perjudica de manera tal que
no se hace lugar a la pretensión del sujeto que hay contratados sus servicios. En este caso
cabe la responsabilidad por culpa, ya que la inacción del abogado provocó un daño cierto al
interés del cliente, quien, de haber actuado el abogado con la diligencia debida, podría haber
visto satisfecha su pretensión.

Podríamos hablar entonces de una responsabilidad por culpa que genera un


resarcimiento por la pérdida de chance, claro está que habrá que analizar en el caso con qué
grado de certeza era posible la obtención de la finalidad de la acción iniciada por el cliente, a
fin de poder calcular el valor de ese daño ante la frustración de la acción por culpa del
letrado.

En el caso de ejemplo también será pasible de indemnización el daño emergente que


surja por los gastos realizados por el cliente en pos de promover la acción a su favor, por
ejemplo, la tasa de justicia, diligenciamientos, trámites, la propia consulta con el letrado, etc.
Será reclamable entonces toda erogaciones que haya realizado el cliente para el impulso de
una acción que ha quedado trunca por las inobservancias del letrado.

El incorrecto desempeño de las funciones del abogado también podrá traer aparejado
un reclamo por daño moral, entendido éste como la perturbación del espíritu y la psiquis ante
el accionar de un tercero que afecta directamente al sujeto. Es dable entender que, ante la
frustración del sujeto a ver satisfecha la pretensión por la cual había iniciado la acción
judicial, los bienes espirituales se puedan ver afectados agravando la situación que existía,
como bien se dijo, un alto nivel de confianza para con su abogado. Así lo determinó la Sala I
de la Cámara Civil y Comercial de Azul en cuanto entendió que "...debe responder por el
daño moral el abogado que permitió se decretara la caducidad de la instancia en los juicios
en que actuaba, pues el mismo se sustenta en la pérdida de tiempo y expectativa en los
juicios que no concluyeron adecuadamente..."2.

En síntesis, es de manifiesta importancia la diligencia con la que los abogados deben


llevar adelante el cumplimiento de sus tareas profesionales, en tanto sus acciones generan
responsabilidad y por las cuales, ante un eventual daño causado por la culpa de su obrar
negligente, deberá responder con su patrimonio.

2 Código de Ética Profesional de la Provincia de Buenos Aires. Art. 2

5
Es la finalidad de la presente monografía, por medio del análisis de doctrina y fallos
jurisprudenciales, reflejar dicha importancia, generando conciencia y conocimiento sobre las
consecuencias de no desarrollar la labor profesional del abogado conforme los fines que él
mismo ha jurado proteger y respetar.

II. Normativa aplicable internacional y nacional

Normativa Internacional

En cuanto a la normativa aplicable a la responsabilidad del abogado, podemos


distinguir entre la órbita nacional y la órbita internacional.
Refiriéndonos a la esfera internacional, podemos nombrar en primer lugar un
instrumento ideado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos, llamado “Principios Básicos sobre la Función de los Abogados”. En
este instrumento, podemos ver que se tienen en consideración todos los tratados
internacionales concernientes a la protección de los derechos sociales y civiles como por
ejemplo la Declaración Universal de Derechos Humanos o el Pacto San José de Costa Rica.
Estos últimos, garantizan y protegen el derecho a la igualdad ante la ley, presunción de
inocencia, derecho a ser oído públicamente, entre otros, por lo que podemos interpretar que
los abogados deben tener esto como base y como norte de actuación para poder desempeñar
su profesión acorde a la ética.
En este acuerdo, vemos reflejados las cuestiones de responsabilidad en sus art. 12 a
15, que establecen cuáles son las obligaciones y responsabilidades de los abogados. Entre
ellos se encuentran: prestar asesoramiento en todas las formas posibles y adecuadas, prestar
asistencia ante los tribunales judiciales y organismos administrativos, proteger los derechos
de los clientes y la causa de la justicia y velar lealmente por los intereses de sus clientes.
Siendo este instrumento un instrumento ratificado por Argentina, podemos deducir que los
profesionales que ejerzan la abogacía dentro del país, estarán sujetos a cumplir con estos
principios, pudiendo incurrir en caso de incumplimiento en un supuesto de negligencia o
impericia profesional, generando una responsabilidad de responder por los daños causados.
También, podemos mencionar los “Principios Internacionales de Conducta para la
Profesión Jurídica” redactados en el año 2011 por la International Bar Association. Si bien

6
estos principios, por disposición del mismo instrumento, no deben ser usados para imputar
ningún tipo de responsabilidad o sanciones en el profesional, entendemos que apuntan en
cierta medida a establecer normas generales que sirvan como marco de actuación para los
abogados. De esta manera, vemos como establece una serie de principios ideales que deben
llevarse a cabo en la práctica profesional, pudiendo mencionar entre ellos: el artículo 2 que
reza “El abogado deberá mantener en todo momento los estándares más altos de honestidad,
integridad y justicia hacia los clientes, los tribunales, colegas y todos aquellos con quien el
abogado entre en contacto profesional”, el artículo 3 que establece el deber de evitar
aquellos casos en los que se pueda presentar algún tipo de conflicto de interés entre los
intereses del cliente y los intereses del abogado mismo o de otro de sus clientes, y por último
el artículo 4 que manifiesta como principio el deber de confidencialidad” 3. Cabe destacar
que estos principios, al ser receptados por el orden internacional, reflejan una manifiesta
conformidad y unanimidad de criterios entre los países firmantes, por lo que se deberán
cumplir en pos de fomentar los principios receptados y poder practicar la profesión de la
manera más justa y transparente posible.

Normativa Nacional

Pasando a la esfera de la normativa local argentina, podemos basarnos en las normas


establecidas en el Código Civil y Comercial de la Nación. Comenzando por el ya mencionado
concepto de responsabilidad genérica profesional, encontramos el artículo 1768, que
menciona que “La actividad del profesional liberal está sujeta a las reglas de las
obligaciones de hacer...” y que por otro lado también será una responsabilidad subjetiva,
siempre que el profesional no se haya comprometido a obtener un resultado concreto.
Cuando hablamos de responsabilidad subjetiva nos referimos a los supuestos en los
que el daño se configura por culpa o por dolo (art.1724), entendiendo como dolo a la
producción del daño de manera intencional y a la culpa como la producción de un daño como
resultado de una conducta negligente o imprudente y también como la configuración de una
conducta de impericia en el arte o profesión.
Siguiendo en la misma línea de normativa interna, podemos mencionar la norma
inmediatamente subsiguiente al 1724, el art. 1725 que establece un plus no menos importante
como lo es la valoración de la conducta, establecida en la norma de la siguiente manera:
“Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas,
3 Código de Ética Profesional de la Provincia de Buenos Aires. Art. 5

7
mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las
consecuencias”. Por lo tanto, se tendrá en cuenta la expertise de la persona en el ejercicio de
su profesión, pudiendo esto agravar la responsabilidad imputable, ya que un mayor
conocimiento implicaría una mayor previsibilidad de las consecuencias y por ende, una
mayor responsabilidad en el actuar.
Por otro lado, también podemos mencionar el Código de Ética Profesional del
Abogado, creado gracias al art. 32 inc. b del Decreto 5410/49, que establece la obligatoriedad
del Colegio de la Provincia de Buenos Aires de crear normas de ética profesional que serán
de observancia obligatoria para todos los profesionales que ejerzan la profesión. De esta
manera, podemos mencionar algunas de las normas del Código de Ética Profesional de la
Provincia de Buenos Aires, aplicable a todos aquellos que realicen el ejercicio de la abogacía
dentro de la mencionada jurisdicción, donde encontramos reglas como: mantener el honor y
la dignidad profesional4, el deber primordial de respetar y hacer respetar las leyes y las
autoridades5, conducir su accionar en concordancia con la veracidad y la buena fe,
implicando esto el deber de abstenerse de realizar o aconsejar actos fraudulentos o realizar
actos que estorben la expedita administración de la justicia 6 y el ya conocido secreto
profesional7 , entre otros.
Existiendo los Códigos de Ética Profesional expedidos por los distintos Colegios de
abogados del país, es necesario que exista un órgano fiscalizador encargado de monitorear el
cumplimiento de las normativas relacionadas al ejercicio de la profesión. Es así como
encontramos el Tribunal de Disciplina que “juzga la conducta del profesional que se hubiere
apartado de las normas y principios éticos que regulan la profesión” 8. De esta manera, aquel
profesional que no cumpla con las normas de ética profesional impuestas por el Colegio al
que pertenece, podrá ser denunciado por el damnificado y juzgado por el Tribunal de
Disciplina que decidirá si incurre en una falta y cuál será la responsabilidad que pesa sobre el
profesional.
Finalmente, debemos recordar que la obligación del abogado será siempre una
obligación de medios y no una obligación de resultados. Este tipo de obligaciones se
configuran cuando el deudor promete la prestación de un conducta diligente tendiente al

4 Código de Ética Profesional de la Provincia de Buenos Aires. Art. 6


5 Código de Ética Profesional de la Provincia de Buenos Aires. Art. 11
6 El Tribunal de Disciplina en <[Link]
7 CNCiv., sala E, 26/12/1991, "Pinheiro de Malerba L., Esther c. Nostro, Alicia N.", LA LEY
1993-A63; cita online: AR/JUR/596/1991
8 CCiv. Com. y Min. San Juan, sala I, 31/08/1993, JA 1994-I-455

8
logro de un resultado final pretendido por el acreedor, el que podrá o no obtenerse. Es esta
conducta diligente la que se dará cuando se actúe en conformidad con los principios
impuestos tanto por la normativa internacional como en la normativa interna. La obligación
de medios, sólo podrá verse incumplida cuando el abogado no hubiere actuado de manera
diligente, acarreando una responsabilidad de tipo subjetiva, ya que se configuraría la culpa en
el accionar del profesional al tratarse de un actuar negligente.

IV. Doctrina

Para comenzar a desarrollar la responsabilidad de abogado es necesario hacer algunas


consideraciones en cuanto a las características esenciales de esta responsabilidad.
La responsabilidad del abogado es una responsabilidad civil del profesional liberal,
por lo tanto tiene características particulares tales como la autonomía técnica derivada de la
especialización en derecho; la ética profesional que tiene normas particulares como el Código
de ética del abogado; los Colegios que agrupan a los profesionales y las obligaciones
especiales inherentes a la materia/profesión a la que se dedican los abogados como las
obligaciones intuitu personae.
A diferencia del anterior Código Civil de Vélez, el nuevo Código Civil y Comercial
dictado en 2015, presenta la regulación de los profesionales liberales teniendo en cuenta que
hay alguien experto en una materia y otro que no ejerce ese conocimiento. También se va a
aplicar una responsabilidad especial en los casos en que el profesional produzca un daño a la
persona en razón del ejercicio que realiza.
Es importante destacar que la unificación de la órbitas de responsabilidad trajo
consecuencias sobre el deber de resarcir de estos profesionales ya que en un principio existían
2 sistemas: la Responsabilidad contractual que tiene que ver con una obligación preexistente
en el contrato y la Responsabilidad extracontractual que es la violacion de un mero deber no
obligacional.
Actualmente la Responsabilidad civil está unificada y ambas órbitas de
responsabilidad comparten la misma finalidad que es resarcir todo el daño causado
injustamente sufrido y contienen los mismos elementos como antijuricidad, factor de
atribución, daño y relación causal.

9
Esta unificación de responsabilidad de ambas órbitas trae una misma finalidad, pero
esto no quiere decir que ambas responsabilidad se equiparen ya que tienen aspectos
determinados, sino que va a haber una unidad en los efectos aplicando las mismas reglas.
Unificar la responsabilidad no implica diluir la distinta estructura del contrato y el
hecho ilícito, sino simplemente unificar las consecuencias de ambos, sometiéndolas, salvo
casos de excepción, a las mismas reglas9.

Actualmente la responsabilidad del abogado se encuentra en el Art 1768 CCyC. Este


artículo establece que el deber de resarcir del daño que pesa sobre los profesionales liberales
se rige por las reglas de las obligaciones de hacer. Es por ello que es considerable el art 774
CCyC que habla de las prestación de servicios ya que la prestación a cargo del experto puede
consistir en realizar un determinada actividad con la debida diligencia más allá de su éxito o
en la obtención de un resultado específico perseguido por el acreedor.

Es importante destacar que este “hacer” tiene que ver con la prestación de algún
servicio, tiene que ser hecho dentro del tiempo y modo en que las partes pactaron. En este
sentido el obrar de un abogado, que brinda el servicio de asesoramiento jurídico y
representación en la defensa de los derechos del cliente, tiene que ser ejercido con la debida
diligencia.
La responsabilidad del profesional va a depender según sea la prestación a la cual se
comprometió ya sea de medio o de resultado. Esto será tratado más adelante.

También el deber de resarcir en principio se va a regir por la responsabilidad subjetiva


ya que el profesional liberal generalmente cuando realiza un incumplimiento se relaciona con
la negligencia o la impericia de su conducta. Es decir, por su accionar negligente en la
prestación de acuerdo al modo que se comprometió. Es por esto que el abogado no garantiza
el fin perseguido por el cliente en el litigio.
No obstante, el art 1768 del CCyC habla de la posibilidad de que el profesional se
haya comprometido a un resultado concreto como es el resultado perseguido del acreedor. El
abogado va a realizar una obligación de medio ya que no garantiza el resultado del juicio,
pero también contrae una obligación de resultado cuando se compromete por ejemplo a
redactar un contrato, una demanda o presentar los escritos para llevar a cabo la pretensión.

9 C5ªCiv. y Com. Córdoba, 06/11/2003

10
Es por esto que más allá del principio general de obligación de medio que se aplica al
ejercicio profesional del abogado, muchas veces no es posible determinar la naturaleza de la
obligación comprometida que puede resultar en una obligación de resultado.
Destacamos la opinión del Dr. Ameal en su libro Derecho de las Obligaciones Civiles y
Comerciales con respecto a este tema ya que sostiene que cuando hay una obligación de
medios en realidad hay pequeñas obligaciones de resultado10.

Respecto a la culpa, en el caso de los profesionales liberales se aplican las reglas del
art 1724 y el art 1725 del CCyC. La culpa del profesional debe apreciarse en comparación
con los patrones generales de conducta, es decir, se tiene en cuenta las circunstancias del caso
y se compara con la debida diligencia que tiene que tener el abogado en función de su
ejercicio.
Esto tiene que ver con uno de los principios de la Responsabilidad Civil y es el
principio de Buena fe. También se relaciona con el art 961 del CCyC cuando sostiene que las
partes se obligan a actuar de acuerdo a lo que razonablemente se habría obligado un
contratante cuidadoso y previsor. Tiene que ver con actuar para no perjudicar al cliente,
llevando a cabo las diligencias necesarias para prevenir cualquier incumplimiento que genere
un daño.
El art 1725 destaca “Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno
conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la
previsibilidad de las consecuencias”, esto es importante ya que el deber del abogado tiene que
ver con haber actuado con la diligencia debida para prevenir consecuencias no deseadas
siempre y cuando el abogado pueda haberlas evitado.
El análisis de reproche que se le hace a esos profesionales es más que haber incurrido
en una culpa común que es la que puede incurrir cualquier persona.
Tiene que ver con la culpa profesional donde una persona que desarrolla el ejercicio
profesional incurre en una falta a los deberes especiales que tiene esta profesión.
Como sostiene “La construcción del distingo no corresponde a un criterio simplista,
como si dijéramos que se trata de una sola culpa - imprudencia, negligencia e impericia -
juzgada sobre la base de un mismo parámetro, en el que la única diferencia estriba en juzgar,
en un caso, el obrar de un ciudadano cualquiera y, en el otro, el de un ciudadano profesional.
No se trata de eso. La distinción encierra un afán tuitivo, ya aludido, y apunta a juzgar con

10 SC Mendoza, sala I, 28/02/2001, Lexis 1/5513023

11
benevolencia el quehacer profesional, atendiendo a una serie de razones, que se juzgan
decisivas”11.

La conducta del profesional se va a valorar de acuerdo a la confianza depositada, a la


naturaleza de la obligación y la condición especial por la cual el cliente contrata al
profesional susceptible de reparación si ocurre algún daño.
La actividad del abogado puede determinarse en el marco de los contratos de servicios
según el art 1252 CCyC, cuando la obligación consiste en realizar cierta actividad
independiente de su eficacia y cuando se promete un resultado eficaz.
Este sería el encuadre jurídico de la actividad del abogado ya que se ejerce la profesión en
forma independiente y esto trae como consecuencia que el abogado puede tomar la decisión
de su modo de llevar adelante su actividad profesional conforme a los “…conocimientos
razonablemente requeridos al tiempo de su realización por el arte, la ciencia, y la técnica
correspondientes…” según el art 1256 del CCyC.

Por eso para establecer el alcance de la responsabilidad del abogado es importante,


como se dijo anteriormente, que la responsabilidad del profesional va a depender según la
prestación a la cual se comprometió ya sea de medio o de resultado. En efecto, el art 774
CCyC menciona que la prestación de un servicio sin procurar un resultado concreto es una
obligación de medios, pero si procura un determinado hacer, la obligación es de resultado. La
diferencia entre estas dos obligaciones es la eficacia del resultado. Este es el caso de un
abogado apoderado que actúa procurando un resultado concreto de la parte desempeñando su
tarea en todos los actos del proceso.

Esto también es importante porque de acuerdo al tipo de obligación que se trate es que
se van a aplicar las normas del factor de atribución subjetivo o el objetivo para el deber de
resarcir, la carga de la prueba y los eximentes de responsabilidad.

Las obligaciones de medios del abogado tienen que ver con la defensa de su cliente,
donde el profesional no asegura a su patrocinado el éxito del proceso pero por su parte va a
emplear todos los recursos para que tenga éxito su actuación. Por esta razón va a quedar

11 CNCiv., sala E, 27/09/1999, "M., W. H. c. G., C.A.", Lexis 10/8141; cita online:
AR/JUR/1470/1999; CNCiv., sala D, 12/12/1979, "Fernández, Helena I. c. Nicosia, Horacio
C.", ED 87-157; cita online: 70066908; CNCiv., sala F, 27/07/1976, DJ 1973-21-14.

12
exento de toda responsabilidad si obró con diligencia en cuanto a emplear todo su
conocimiento.

En cuanto a las obligaciones de resultado, es necesario que el abogado demuestre que


ha actuado con debida diligencia como también cualquier interrupción en el nexo causal ya
sea por hecho de la víctima, de un tercero por el cual no debe responder o por caso fortuito.
Es importante ver en este punto que no es necesario la prueba de la culpa del abogado porque
se presume la responsabilidad por los daños generados debido a su actuación negligente.

También es fundamental hablar de la 2 manera que tiene el abogado de llevar adelante


su actividad ya que ser patrocinante o apoderado del cliente.
La Responsabilidad del abogado apoderado se relaciona con las obligaciones del
mandatario que se encuentran en el art 1324 CCyC.
Unas de las obligaciones más importantes se encuentran en el inc 1 “cumplir los actos
comprendidos en el mandato, conforme a las instrucciones dadas por el mandante y a la
naturaleza del negocio que constituye su objeto, con el cuidado que pondría en los asuntos
propios o, en su caso, el exigido por las reglas de su profesión, o por los usos del lugar de
ejecución” y el inc 2 “dar aviso inmediato al mandante de cualquier circunstancia
sobreviniente que razonablemente aconseje apartarse de las instrucciones recibidas,
requiriendo nuevas instrucciones o ratificación de las anteriores, y adoptar las medidas
indispensables y urgentes”.
El abogado apoderado toma las decisiones jurídicas para direccionar el pleito, para
esto debe suscribir y presentar los escritos necesarios, concurrir a la secretaría a tomar vista,
asistir a las audiencias, interponer recursos contra toda resolución contraria a los intereses del
cliente.
En este sentido, la jurisprudencia también dijo que cuando el profesional asume el
papel de apoderado, se encuentra obligado a una prestación de resultado. En consecuencia, si
los actos procesales se precluyen por el no ejercicio en término de aquellos y quedó
clausurada la etapa respectiva, no es necesario probar la culpa del abogado, sino que basta
con la objetiva frustración del resultado esperado.

En cambio, la Responsabilidad del abogado patrocinante tiene que ver con asesorar
legalmente al cliente en cuanto a la dirección técnica del proceso y la obligación de informar
al cliente.

13
El letrado que actúa como patrocinante no tiene la representación de su cliente y su
tarea consiste únicamente en conducir el litigio y aconsejar las soluciones legales que
considere convenientes.
Además el art. 52 del C.P.C.C. establece que el juez puede imponer la responsabilidad
solidaria del abogado apoderado con el patrocinante.
Palacio sostiene “...la responsabilidad del letrado patrocinante debe suponer, por parte
de éste, una actitud incompatible con la diligencia que cabe exigir a una razonable dirección
técnica ”12, esto es importante ya que las decisiones del cliente en el proceso no eximen de
responsabilidad al abogado en cuanto a su diligencia.
También dice Palacio que “…no cabe admitir –con carácter general- que el abogado,
pese a no haber asumido el carácter de apoderado, pueda desentenderse totalmente de la
forma en que se ejecutan los actos procesales, prescindiendo de tomar contacto directo con la
marcha de los procedimientos…”.

La jurisprudencia estableció que “…la asistencia letrada importa para el profesional


asumir responsabilidades emergentes de la dirección del pleito…” (CNCiv, Sala C, en LL
1978-C-530) y que “…la dirección del juicio obliga integralmente y no solamente a la
exposición de los hechos y planteamiento de las cuestiones de derecho. Su papel no se define
por la pasividad, sino por la actividad; lo que implica celo en el desarrollo de la causa,
vigilancia sobre el procurador (cuando lo hay)…” (CNCiv, Sala C, en LL 1982- A-212).

Asimismo es quien debe impulsar el proceso ya que además de ser quien cuenta con
los conocimientos específicos, es quien naturalmente va tomando conocimiento de la marcha
del expediente, sea a través de las cédulas que recibe en su estudio –donde generalmente se
constituye el domicilio- o a través de la consulta del expediente en la mesa de entradas del
juzgado.

La función del abogado patrocinante, salvo pacto en contrario, no se limita al


asesoramiento del cliente y a la preparación de los escritos que por imposición legal deben
necesariamente llevar su firma correspondiéndole el cabal cumplimiento de las obligaciones,
cargas y deberes que la conducción técnica o dirección del proceso judicial impone, por lo
que no puede él válidamente desentenderse del trámite de la causa, cuyo abandono (en el
caso, no impulsar el trámite) llevaría al estado de indefensión de la parte que patrocina (cfr.
12 C3ªCiv. y Com. Córdoba, 08/03/2005.

14
Fenochietto-Arazi, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, 2da. ed, Astrea, Buenos
AIres, 1993, T. I, p. 245 y sus citas) (Sala I "Llanos María Daniela c/ C.P.A.C.F.", del
12/10/00) ([Link]).

En suma “…la misión de los abogados patrocinantes no puede ser solamente la de


preparar los escritos que deban llevar su firma, sino que el patrocinio implica asumir la plena
dirección jurídica del proceso, el cabal cumplimiento de los deberes que ello comporta y el
empleo de toda su diligencia para conducirlo de la mejor manera posible hasta su
terminación, es decir, actividad y celo en el desarrollo de la causa. Agregando que si el
letrado no podía cumplir su deber profesional en razón de la supuesta falta de colaboración de
su cliente, un actuar diligente imponía tratar de resguardar su propia responsabilidad,
renunciando por escrito en el expediente (…) y que la circunstancia de que no se haya
conferido mandato al abogado, no excluye su responsabilidad por los errores cometidos en la
tramitación del juicio, si ellos manifiestan una negligencia inexcusable o un desconocimiento
injustificado de las reglas procesales…” (CNCiv, Sala K, sentencia del 26/3/2003, citada por
MORELLO, SOSA y BERIZONCE, op. cit., loc. cit., pág. 786/787.

En pocas palabras, la responsabilidad del abogado patrocinante es estrecha y plena, la


pérdida de contacto con el cliente lo limita su responsabilidad debido a la obligación que
asumió y que si comete un error de trámite compromete su responsabilidad.
A lo dicho sumamos lo que establece el art 56 de la Ley 5177 que establece las
funciones de la profesión de abogado tales como defender, patrocinar o representar en el
ámbito judicial o administrativo, evacuar consultas, prestar todo tipo de asesoramiento.
Tambien dice que “...cometerá falta grave quién no respete esta disposición, y su violación
podrá dar lugar a la pertinente denuncia ante el superior jerárquico del infractor, debiendo ser
sustanciada de inmediato. El profesional afectado se encuentra legitimado para la radicación
e impulso de los trámites respectivos”.

Los rubros resarcibles que se dan dentro de esta responsabilidad tienen que ver con la
mala praxis que tuvo el abogado al desempeñar su ejercicio. La reparación del daño no va a
estar dada por el monto pretendido en el juicio sino con la pérdida de chance que tuvo el
cliente por la frustración de la demanda, se repara por la posibilidad de éxito frustrada.

15
Ghersi sostiene que “...la chance es la posibilidad de un beneficio probable futuro, que
integra las facultades de actuar del sujeto, conlleva daño, aun cuando pueda ser dificultoso
estimar la medida de ese daño”13.
Esta pérdida de chance configura un daño actual, resarcible cuando implica la
probabilidad suficiente de un beneficio económico que resulta frustrado por el responsable, y
puede ser valorada en sí misma aun, prescindiendo del resultado final incierto.
En este sentido, la jurisprudencia sostuvo que “la actuación negligente del letrado que
no hizo comparecer al testigo en tiempo oportuno, que no ofreció y acompañó la causa penal
que dio lugar al ilícito o que no expresó los agravios, es susceptible de ocasionar una pérdida
de chance de obtener un pronunciamiento favorable para el cliente” 14. También los defectos
de asesoramiento legal o la pérdida de un juicio en razón de negligencia del abogado
configura la pérdida de chance que merece indemnización.
La evaluación de la pérdida de chance se da por el cálculo de la probabilidad que tenía
el cliente de ganar el juicio. Esto es importante ya que si el proceso terminó en la perención
de instancia por la negligencia del abogado patrocinante el resarcimiento es esta pérdida de
chance.

En cuanto al resarcimiento del daño moral es considerable destacar que va a ser el


ocasionado por el mal desempeño del profesional que frustró el derecho de resarcimiento
solicitado en la demanda. Este daño moral se aplica en forma restrictiva ya que es necesario
para su viabilidad un contenido de confianza en el abogado como por ejemplo que ante un
pérdida de empleo, el abogado promete la reincorporación al mismo. Entonces para que
proceda el daño moral debe exigirse un acontecer de entidad razonable para producirlo.
Hay varios ejemplos dentro de la jurisprudencia “debe responder por el daño moral el
abogado que permitió se decrete la caducidad de la instancia en los juicios en
que actuaba, pues el mismo se sustenta en la pérdida de tiempo y expectativa en los juicios
que no concluyeron adecuadamente”15. También “más allá de las consecuencias económicas,
la actitud del letrado demandado, el engaño sobre el estado del trámite del juicio laboral, la
descripción y la ira por la situación que le tocó vivir al actor, son motivos suficientes para
admitir el reclamo por daño moral”16.

13 CNCiv., sala E, Lexis 2/10097


14 C1ªCiv. Mendoza, Circ. 1º, 14/08/1998
15 Código de Ética del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, art. 19 inc, a)
16 CAM. CIV. Y COM. AZUL, SALA I, 24/02/2000, LLBA., 2001-331.

16
Otro de los rubros resarcibles sería el daño emergente, el gasto afrontado por el cliente
tales como el pago de la tasa de justicia, los honorarios de peritos y demás profesionales que
intervengan en el proceso. No debe imponerse el monto original de la demanda sino el daño
emergente producto de lesión producida por la pérdida de la probabilidad de ganar el juicio.

Con respecto a las sanciones, el abogado debe responder por las consecuencias jurídicas
que se generaron debido a su accionar. Estas sanciones no solo son resarcir el daño sino que
también existen otras sanciones que se aplican ya sea desde el Código de procedimiento
como del Tribunal de Disciplina del Colegio de abogados.
El CPCyC establece los supuestos en donde se va a sancionar al abogado. El art 45
habla de la conducta temeraria o maliciosa para establecer una multa como sanción para el
abogado cuando litiga convencido de la falta de razón y sabiendo que no se cuenta con
protección legal, como también cuando utiliza el proceso con fines contrarios a este, es decir
obstaculizando el proceso o retardando la decisión judicial.
La sala L de la Cámara Nacional Civil sostuvo que si el abogado niega los hechos
probados en las 2 instancias con el solo fin de prolongar injustificadamente el proceso, le
corresponde una multa por su accionar malicioso contrario a los deberes de lealtad y de buena
fe.
También el art 52 CPCyC establece la responsabilidad del abogado de abonar las costas
declaradas judicialmente por su accionar negligente en el proceso. Estas costas se pueden
aplicar tanto al letrado apoderado como al patrocinante.
En relación a esto, es fundamental la obligación que establece el art 50 del CPCyC para los
apoderados y es seguir el juicio mientras no haya cesado legalmente su cargo.

Por otro lado, también el Colegio de abogados dispone una normativa para la conducta
del abogado ya que se relaciona con la ética profesional.

Tenemos la Ley 23187, que trata el ejercicio de la profesión de abogado en la Capital


Federal y la ley 5177 que trata lo mismo pero dentro de la Provincia de Buenos Aires.
Existe un Tribunal de disciplina creado por el Colegio de abogados que es el encargado de
aplicar las sanciones correspondientes a los abogados ya sean llamados de atención, multas,
suspensión o exclusión de la matrícula17.

17 CNCiv., sala G, 29/03/2001, "F., R. M. c. G. de la C., O. J.", LA LEY 2001-E, 14; cita
online:AR/JUR/3158/2001.

17
La Cámara Nacional de apelaciones en lo contencioso administrativo federal establecio
“Las sanciones impuestas por el Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de
la Capital Federal remiten a infracciones éticas más que jurídicas propiamente dichas, en
cuyo diseño juegan enunciados generales o inespecíficos, que si bien no resultarían
asimilables en un sistema punitivo abstracto fundado en una situación de supremacía general,
caben perfectamente bajo un régimen de supremacía especial, como expresión tanto de la
disciplina interna de la organización como por la cercanía moral de los titulares del órgano
sancionador, pares del inculpado, interpretando un sistema ético que los envuelve a todos18.

Los casos más comunes de mala praxis se dan por caducidad de instancia, rechazo de
demanda fundada en algún supuesto de excepción previa, negligencia probatoria,
incumplimiento de rendición de cuentas y entrega, actos procesales como no apelar, no
contestarlas vistas y traslados, la falta de renovación de medidas cautelares, etc.
En cuanto a la caducidad de instancia, la responsabilidad dek abogado tiene que ver con
la negligencia de su actuar. Es necesario evaluar si la caducidad de instancia es imputable al
abogado, es decir la relación de causalidad entre la actuación profesional, y la caducidad
declarada.
Si por esto el cliente pierde la acción, puede ejercer su derecho en un nuevo proceso ya
que la responsabilidad del letrado comprenderá la “pérdida de la chance” del cliente, por la
expectativa frustrada en el proceso caduco.. Pero si no pierde la acción, se deben pagar las
costas y los intereses devengados durante el proceso que caduco.

También se da la responsabilidad por negligencia en la producción de pruebas. La


producción de las pruebas está sujeta a plazos perentorios que su ausencia de cumplimiento
importan la pérdida de la prueba en el proceso. Se debe analizarse la medida en que la
pérdida de esta prueba influyó en el resultado del litigio. También, la relación de causalidad
entre el incumplimiento profesional (la prueba perdida) y el daño alegado por el cliente (el
resultado que la misma hubiera tenido en la sentencia)

Unas de las obligaciones mas importantes que tiene el abogado es presentar los escritos
en el plazo indicado por la ley. Esto muchas veces es considerado como una obligación de

18 CNCiv., sala G, 24/02/2005, "Monzón, Argentina N. y otro c. I., J. D.", cita online:
AR/JUR/139/2005

18
resultado ya que la carga de la prueba se verá invertida, y frente a un supuesto como el
presente, el letrado sólo podrá eximirse por el caso fortuito o fuerza mayor.

La jurisprudencia sostuvo que “La actitud negligente del letrado, al desatender sus
obligaciones profesionales provocando que el recurso de apelación fuese denegado por
extemporáneo, resulta reprochable, dado que ella configura una omisión en el cumplimiento
de sus obligaciones, que no encuentra justificación en la circunstancia de que -según el
recurrente- le habría entregado el escrito sin estar vencido el plazo para presentarlo, toda vez
que es su deber seguir la marcha del proceso, máxime si -debido a la mala relación con su
cliente- no atinó a asegurarse de que esa presentación fuese realmente efectuada o, en su
caso, a dejar a salvo su responsabilidad”. (Se confirma la sanción de advertencia en presencia
del Consejo Directivo prevista en el art. 45, inc. b) de la ley 23.187, por violación del art. 19,
incs. a) y f) del Cód. de Etica y 44 incs. e) y g) de la ley 23.187” Autos: SCHVINDLERMAN
Jorge s/ CONDUCTA Mi., Ga. y J. de P. C. - Fecha: 16/03/1993 [Link].,
SALA IV - Ref. Nor.: 187, ART. 44 L. 23.187, ART. 45.

Además también puede aplicarse sanciones por el incumplimiento de los requisitos


formales estrictos que deben conocer y tomar en consideración al interponer algún recurso,
más precisamente un recurso extraordinario como es la Acordada 4/2007 de la Corte
Suprema19.

Por otro lado se pueden producir daños vinculados al derecho de privacidad, secreto y
derecho a proteger la información como consecuencia de representar o asesorar
simultáneamente o sucesivamente, en una misma causa, intereses contrapuestos 20. Esta es una
prohibición que impone el Colegio de Abogados, ya que el abogado debe actuar con lealtad y
buena fe en el desempeño profesional, diciendo la verdad al cliente y no creando falsas
expectativas como sostiene el art 19 del Código de ética del Colegio de abogados. Añadimos
el deber de fidelidad que sostiene “poner en conocimiento inmediato de su cliente las
relaciones de amistad, parentesco o frecuencia de trato con la otra parte, o cualquier otra

19 CNCiv., sala K, 26/03/2003, "Vitale, Roberto Juan c. V., A. H.", cita online:
AR/JUR/357/2003
20 CNCiv., sala M, 23/08/2002, "Riera, Sergio M. c. Valenzuela, Juan C.", LEXIS 1/62293

19
circunstancia que razonablemente pueda resultar para el cliente un motivo determinante para
la interrupción de la relación profesional21.
Es notable destacar que el Código de ética profesional de abogado presenta las mismas
sanciones que la Ley 23187, solo agrega la graduación de la sanción distinguiendo falta grave
y falta leve, como atenuantes o agravantes la situación personal del abogado afectado.

Estos deberes éticos exponen la responsabilidad del profesional ya sea disciplinaria,


civil ya que se debe resarcir el daño causado por su actuar y finalmente, la responsabilidad
penal cuando su conducta está tipificada como un delito.

Algo para destacar es la responsabilidad originada en el “deber de informar” que tiene


el abogado con el cliente, esto puede darse ya sea por omitir información al cliente acerca del
estado del proceso o por brindar un consejo incorrecto que implique un daño para este.
Frente al conflicto que le indica el cliente, el abogado debe brindar un asesoramiento que le
permita al cliente resguardar sus intereses. Si el profesional es ajeno a la ateria que trata la
consulta debe excusar de tomar el caso en caso no sepa como trabajar en el caso. Esto es
importante ya que el abogado si toma un caso en donde desconoce el proceder de la materia,
puede asesorar erróneamente al cliente y luego ser civilmente responsable por el daño
causado.

V. Jurisprudencia

El objetivo de este título es plasmar cómo actúa la responsabilidad profesional del


abogado por medio del análisis de distintos precedentes judiciales.
Entre los casos más comunes en los cuales los abogados incurren en mala praxis
profesional, se encuentran: La caducidad de instancia, el rechazo de demanda fundada en
algún supuesto de excepción previa; el acuse de negligencia probatoria (cfr. art. 384, Cód.
Proc. Civ. y Com.); el incumplimiento de rendición de cuentas y entrega (representación del
cliente); los actos procesales como: no apelar (arts. 242 Cód. Proc. Civ. y Com.), no contestar

21 CCiv., Com. y Min. San Juan, sala II, 02/09/1992, "de Quiroga, Ambrosia A. c. Sánchez
Bustos, Martín C.", JA 1994-I-196, cita online: 941063

20
las vistas y traslados (art. 150, Cód. Proc. Civ. y Com.), incurrir en pluspetición inexcusable
(art. 72, Cód. Proc. Civ. y Com.) rechazándose el beneficio de litigar sin gastos (art. 81, párr.
2º, Cód. Proc. Civ. Y Com.) y la falta de renovación de medidas cautelares; entre otros.
También existen casos donde si bien no existe un imperativo legal hacia el desempeño del
abogado, queda a criterio de los Tribunales (civiles y de disciplina) el alcance de la
responsabilidad, según las circunstancias de la causa. Ello surge cuando del texto de la norma
surge "puede" y no "debe" (por ejemplo, la impugnación de pericias art. 477 y los alegatos
art. 482, Cód. Proc. Civ. y Com.).
La responsabilidad del abogado varía según la clase de obligación asumida por el profesional
(art. 774, incs. a y b CCCN).
En cuanto a las obligaciones de medios, la jurisprudencia ha reiterado en modo
prácticamente pacífico, que "la circunstancia de que no se haya conferido mandato al
abogado no excluye su responsabilidad por los errores cometidos en la tramitación del
juicio, si ellos manifiestan una negligencia inexcusable o un injustificado desconocimiento
de las reglas procesales..."22. En complemento con ello, "la obligación del abogado en la
defensa de su cliente es una obligación de medios y no de resultado. el profesional no
asegura a su patrocinado el éxito en el proceso, sino sencillamente emplear por su parte los
recursos conducentes a ese triunfo..."23 ; "nos encontramos frente a una obligación de
medios, de fuente contractual en la que el deudor se compromete a poner de su parte, los
medios razonablemente conducentes a la obtención de un resultado; por lo que, se logre o no
el mismo, queda exento de toda responsabilidad, si cumplió empleando todos sus
conocimientos, aptitud, diligencia, etc., es decir, poniendo de su parte todos los medios
idóneos y aptos en procura de aquella finalidad"24 .
En cuanto a las obligaciones de resultado, la jurisprudencia, en cambio, sostiene que
la prueba de demostrar haber actuado con la debida prudencia y diligencia profesional
quedará en cabeza del abogado, al igual que demostrar la interrupción del nexo causal, ya sea
por el hecho del damnificado (art. 1729), el hecho de un tercero por quién no debe responder
(art. 1731), o el caso fortuito (art. 1730). Así, por ejemplo, se destaca que el abogado no solo
debe prestar la debida diligencia que la profesión requiere, sino también la imposición de la
carga de la prueba. Con respecto a ello, los pronunciamientos judiciales sostienen: "son

22 CNCiv., sala B, 02/09/2003, "C. D. T. c. V. N. D. s/ ds. y ps.", cita online:


AR/JUR/3255/2003 (cfr. CNCiv., sala E, 27/09/1999, LA LEY 2000-E, 286; cita online:
AR/JUR/1470/1999
23 C3ªCiv. y Com. Córdoba, 08/03/2005
24 González Freire, 2019

21
deberes de resultado a cargo del abogado (...) razón por la que se lo tiene por responsable
de los daños que se deriven de la omisión, sin necesidad de la prueba de su culpa..."25. En el
sentido señalado, "cuando el profesional asume el papel de apoderado, se encuentra
obligado a una prestación de resultado (...). en consecuencia, si los actos procesales se
precluyeron por el no ejercicio en término de aquellos y quedó clausurada la etapa
respectiva, no es necesario probar la culpa del abogado, sino que basta con la objetiva
frustración del resultado esperado"26; "el abogado que actúa como mandatario judicial está
obligado a una prestación de resultado en cuanto a los actos procesales que debe cumplir
específicamente, es decir, a ofrecer la prueba, a diligenciarla, a contestar los traslados y
vistas, etcétera"27; "en el papel de apoderado, el abogado se encuentra obligado a una
prestación de 'resultado', en relación con los actos procesales de su específica incumbencia,
tales como: suscribir y presentar los escritos correspondientes, asistir a las audiencias que
se celebren, interponer los recursos contra toda resolución adversa a su parte, y en general,
activar el procedimiento en las formas prescriptas por la ley"28.
Por último, y en relación con la exoneración, "la responsabilidad del abogado no
surge si acredita que el daño proviene de un factor que rompió el nexo adecuado de
causalidad, entre ellos, culpa de la víctima, el hecho del tercero por quién no debe
responder, el caso fortuito o la fuerza mayor (...). la parte es lega y, por lo tanto, el abogado
debe demostrar que la labor no pudo ser realizada por obstáculos imputables a la parte"29.
Si bien la responsabilidad del abogado (ya sea ante obligaciones de medios o de
resultado) es susceptible de resarcimiento a favor de quién era su cliente, este conlleva un
estudio que no depende tanto de cómo se desplegará la pretensión jurídica, sino de la suerte
que este tendría al finalizar el pleito. Así, por ejemplo, la reparación del daño no va a estar
dada por la suma pretendida en el juicio dónde se cuestiona la praxis del abogado, sino la
pérdida de chance con la que el cliente se queda debido a la frustración de la demanda. "la
frustración de un negocio jurídico por defecto de asesoramiento legal o por la pérdida de un

25 Yzquierdo Tolsada, Mariano, “Responsabilidad civil contractual y extracontractual”, Madrid,


Ed. Reus, Madrid, 1993, Tª I, p. 122; Larroumet, Christian, “Por la responsabilité contractuelle”,
en Le droit privé francaise a la fin du XX w siècle, Ed. Litec, Paris, 2001, p. 16.
26 Derecho de Obligaciones Civiles y Comerciales, Alterini - Ameal, ed. AbeledoPerrot, 2009, 4a
edición.
27 Mosset Iturraspe, Jorge, Responsabilidad por daños. Código Civil y Comercial de la Nación.
Responsabilidad de los profesionales, Santa Fe, Rubinzal-Culzoni, 2015, t. VIII, pág. 158.

28 PALACIO, Lino E. Derecho Procesal Civil, T. III, pág. 87. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1976.
29 Ghersi, Carlos E. Teoría general de la reparación de daños, pág.400. [Link], Buenos Aires,
1997.

22
juicio en razón de omisiones atribuibles a errores o negligencia del profesional, configura la
pérdida de una posibilidad, es decir, de una chance que merece indemnización"30; "la
indemnización... no puede consistir como lo pretenden los actores, en los importes que se
hubieran reclamado de haberse iniciado el proceso"31 .
Es decir, entonces, que la pérdida de chance se entrelaza lisa y llanamente con el éxito
que conlleva la demanda, poniéndose especial énfasis, dentro de esa probabilidad, si existen
la posibilidad de poner iniciar nuevamente el pleito, o realizar ese acto procesal que frustró la
pretensión original del actor. En relación con ello, se sostiene: "la valuación de la chance ha
de consistir entonces en la realización del cálculo de las probabilidades que tenían los
actores de ganar el juicio..."32; como también, "si el proceso concluyó en la perención de
instancia por la desatención del abogado patrocinante de la actora, el resarcimiento ha de
consistir en la pérdida de la chance en sí misma, la cual importa la frustración de una
probabilidad en la que conviven elementos de certeza e incertidumbre"33; "si las
posibilidades de éxito de un juicio dónde se declaró la perención de la instancia eran muy
remotas, no corresponde acordar a la actora ninguna indemnización, toda vez que en última
instancia el daño que el comportamiento de su abogado le ha causado sería puramente
eventual o hipotético"34 .
En cuanto al resarcimiento del daño moral se debe distinguir entre la dolencia que el
cliente manifestó y reclamo en la demanda de origen, con la producida por el abogado que
frustró su derecho al resarcimiento. Este daño se aplica mayoritariamente en forma
restrictiva, requiriéndose para su viabilidad la existencia de un contexto o contendido de
confianza depositado en el abogado que provoque un quebranto que pueda distinguirse de las
inquietudes y/o los considerados disgustos comunes. A tal efecto "no hay que identificar el
daño moral con cualquier molestia, porque con ello todo hecho negativo (por insignificante
que fuere) o todo contratiempo podría ser causante de daño moral. No es ese el sentido de la
ley. Debe exigirse un acontecer de entidad razonable para producirlo. Por lo tanto, no
alcanza para fundar una condena de este carácter el compulsar los hechos en que se vio
protagonista la actora, de una situación, que, si bien originó desagrado, molestias y
30 CNCiv., sala E, 14-10-96, Lexis 10/3356.
31 [Link] Azul, sala I, 24-2-00, LLBA, 2001-331.

32 CNCiv., sala I, 5-10-04, elDial, cita: AE1FC7.


33 Ley 23187, Art 45.
34 CNCAF, “P., J. y otro c/ Colegio Público de Abogados de la Capital Federal s/ ejercicio de la
abogacía”, sentencia del 8 de septiembre de 2020, Sala 04.

23
angustias, ese estado de ánimo es consecuente y forma parte de los riesgos que se corren
constantemente en la vida cotidiana y no tiene intensidad necesaria para configurar daño
moral"35. A mayor abundamiento, "...[p]arece razonable pensar que el tomar conocimiento
de la deficiente actuación de su abogada pueda haber generado en el actor fastidio, disgusto
o un justificado enojo, pero entre estos estados de ánimo, desagradables si se quiere, y una
modificación o alteración espiritual que afecte el equilibrio emocional de la víctima y pueda
ser considerado un daño moral indemnizable, media una considerable distancia"36.
“En cuanto a las erogaciones efectuadas por el cliente (considerado como daño
emergente, o los que debe afrontar en lo sucesivo, producto de la desidia profesional), tales
como el pago de la tasa de justicia, los honorarios de peritos y demás profesionales que
intervengan en el proceso, deberán ser reintegrados por quién haya propinado el reproche.
Ya no se habla entonces de una pérdida de chance, ni de un daño moral, sino de los gastos
afrontados por el cliente”.37 .
A continuación, destacaré la jurisprudencia más reciente sobre responsabilidad civil
del abogado en la Cámara Nacional de Apelaciones en sus distintas salas:

ARGÜLLES MIGUEL ANGEL c/ LATRECCHIANA HORACIO ALEJANDRO s/


DAÑOS Y PERJUICIOS. 9/03/17 CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO
CIVIL. Sala C.

“1-Resulta procedente la acción que persigue el cobro de una indemnización por los daños y
perjuicios derivados de un incumplimiento contractual por parte de un abogado ante la
omisión injustificada en promover los juicios encomendados por su cliente -consignación de
alimentos y tenencia-, lo que provocó la pérdida de chance de retomar el vínculo filial con el
hijo y el hecho de poder asistirlo económicamente.
2-El presidente de una institución conocida en el medio público -la Asociación de
Padres Alejados de sus Hijos- que prestó servicio en nombre de la citada entidad, a la que el
actor acudió con el fin de restablecer el contacto con su hijo y además para que se le brindara
asistencia, también resulta responsable por el hecho de haber sido quien le proporcionó el
nombre del letrado codemandado en el marco del servicio que ofrecía. Mas aun, habiendo

35 CNCAF, “Visconti, Luis Juan y otro c/ Colegio Público de Abogados de Capital Federal s/ejercicio
de la abogacía”, sentencia del 26 de febrero de 2019, Fallos: 69101:2018, Sala V.

36 Ley No. 23187 de Abogacía, B.O del 25/06/1985, Art 10, inc a.
37 Código de ética profesional, art 19, inc d.

24
cobrado honorarios y presupuestado los trabajos encomendados, sin adoptar todas las
diligencias que correspondían a dicho servicio.
3-El daño moral padecido por una persona a la cual su letrado no inició los procesos
de familia encomendados debe resarcirse, dado que no cabe duda que el actor debió haber
sufrido una frustración cuando se enteró tal situación -sin explicación justificable en cuanto a
esa omisión-, con la consecuencia de no poder restablecer el vínculo con su hijo y constatar
que la asistencia económica prestada no le había sido alcanzada.”

(Sumario n°26174 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y


Juriprudencia de la Cámara Civil). ALVAREZ JULIA, DIAZ SOLIMINE.

P.A.E. c/ C.A.E. s/ DAÑOS Y PERJUICIOS. 12/04/17 CÁMARA NACIONAL


DE APELACIONES EN LO CIVIL. Sala D.
“1-Iniciada demanda de daños y perjuicios contra el abogado apoderado en una causa
por despido, en la que se tuvo por no presentada la demanda, por cuanto la presentación de la
misma ha sido extemporánea, no procede la indemnización por pérdida de chance. Ello pues,
si bien existió una mala praxis profesional, dado que quedó acreditado que el obrar del
demandado no ha sido diligente, ni oportuno, ello no ha sido la causa determinante que
frustró el cobro indemnizatorio por despido.
2-No resulta ser un diluyente o eximente de responsabilidad profesional la singular y
especial situación económico-patrimonial que atravesaba o envolvía -en un posterior devenir
temporal- a la empresa accionada en los mentados actuados; toda vez que el conjetural riesgo
o eventual alea de insolvencia, luego, sobreviniente no reviste o configura un rango de
paliativo exoneración profesional en lo que atañe a su desatendida actividad a poco que se
observe que fue su conducta negligente y descuidada la que desbarató a su asistido de las
fortuitas o contingentes posibilidades de percepción -parcial o total- de los blandidos
reclamos laborales.
3-Por lo tanto, corresponde admitirse la indemnización solicitada en concepto de daño
moral por quien fuera su representado por cuanto la frustración del derecho de éste fue total y
la conducta omisiva del profesional le impidió acceder, incluso, a la promoción de un nuevo
juicio. Ello en virtud, asimismo, del padecimiento espiritual generado por la pérdida de la
confianza y lealtad depositadas en el idóneo y por la pasiva actitud de éste frente a las
contingencias procesales sobrevinientes con la subsecuente frustración de la esperanza que

25
pudo albergar el actor acerca del resultado, aún en el supuesto que la actividad esperada
contara con remotas posibilidades de éxito.”

(Sumario n°26105 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y


Jurisprudencia de la Cámara Civil). ALVAREZ, BRILLA DE SERRAT, BARBIERI.

C., J.R. c/ G., A.C. s/ DAÑOS Y PERJUICIOS. 16/04/18 CÁMARA NACIONAL DE


APELACIONES EN LO CIVIL. Sala D.

“1- Resulta responsable el abogado apoderado por no haber interpuesto recurso de


apelación contra la sentencia que rechaza la pretensión del cliente, sí más allá de las
manifestaciones vertidas por la letrada acerca de su opinión con respecto al resultado de la
apelación, la que consideró innecesaria en virtud de lo que surgía de la causa laboral y no
efectuó ninguna mención respecto de haber consultado a su cliente acerca de la presentación
o no de la apelación, ni se hizo memorandum alguno del cual surgiera la conformidad de éste
a la no realización de este acto procesal.
2- La relación abogado-cliente es de neto carácter contractual y cuando se trata de un
letrado apoderado hay que observar de igual modo las reglas que instituyen la figura del
mandato, debiendo apreciarse -en concreto- la naturaleza de la obligación y las circunstancias
de las personas, tiempo y lugar.
3- La obligación que contrae el letrado apoderado es una prestación de resultado con
relación a los actos procesales y es de su específica incumbencia. De ahí, entonces, que la
condición o cualidad del letrado apoderado implica la asunción plena de la dirección del
proceso, el cabal incumplimiento de los deberes que ello comporta el empleo de toda su
diligencia para conducirlo de la mejor manera hasta su total terminación.
4- Es obligación del letrado apoderado realizar todos los actos procesales que le han
sido encomendados por su cliente, y desempeñar la función de acuerdo a la ley 23.187, art 6°,
inc. e) y art 19 inc. a) y f) del Código de Ética de la profesión de abogado, entre otros.
5- La relación de causalidad debe establecerse entre el hecho y la pérdida imputable
de la oportunidad o expectativa, pues ésta constituye por sí misma un daño cierto.
6- El valor que debe indemnizarse consiste en el resarcimiento de la pérdida de la
probabilidad, es decir la frustración de la chance y no la de la ganancia malograda. En
consecuencia, deberá valorarse en concreto el reclamo trunco por la conducta del abogado y
el grado de probabilidad del planteo allí intentado. En otras palabras, evaluar la posibilidad de

26
éxito de la demanda laboral en segunda instancia, pues, el daño eventual, incierto no es
indemnizable; sí lo es el daño que, aunque futuro, sea cierto. En la especie, el actor no tenía
posibilidades ciertas de que con la apelación de la sentencia se obtuviera la revocación de lo
decidido en ella, se ajustó a derecho y, por otra parte, no se aprecia relación o nexo causal
legítimo entre los daños y perjuicios que se dicen y la no formulación del recurso-.
7- Cuando la responsabilidad contractual se atribuye por el incumplimiento o mala
prestación de una actividad a la que alguien está obligado en razón del contrato y ese
incumplimiento está directamente encaminado a satisfacer un interés extrapatrimonial del
acreedor, el daño será también directamente extrapatrimonial. En el caso, el daño moral
aparece como consecuencia inmediata y necesaria del incumplimiento contractual, toda vez
que el contrato que ligaba a las partes tenía un alto contenido de mutua confianza, habiéndose
encomendado al abogado la defensa de los derechos patrimoniales pero también con
características reparadores ante los daños producidos en la esfera laboral del actor, su
naturaleza moral resulta innegable.”

(Sumario N°27581 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y


Jurisprudencia de la Cámara Civil). BARBIERI, ALVAREZ, ABREUT DE BEGHER.

MASLAUSKAS, Ana Valeria c/ MASLAUSKAS, Ivone Ester s/ DAÑOS Y


PERJUICIOS - RESP. PROF. ABOGADOS. 7/05/19 CÁMARA NACIONAL DE
APELACIONES EN LO CIVIL. Sala L.

“1- La relación jurídica entre un abogado y su cliente debe caracterizarse como un


vínculo contractual, en el marco de un contrato de servicios. Es un vínculo de confianza
especial entre las partes, en la medida en que la elección del profesional es realizada por el
cliente teniendo en consideración sus cualidades especiales.
2- El hecho de que la abogada de la parte actora, como directora técnica y principal
responsable por la defensa de los intereses de su clienta en el proceso, no hubiera impulsado
las actuaciones dentro del término legal previsto, permitiendo que se declarase la caducidad
de la instancia, da cuenta de un desempeño muy alejado, o más bien contrario, al "celo, saber
y dedicación" que le impone el Código de Ética del Colegio Público de Abogados de Capital
Federal. Y por tales motivos es que debe responder por las consecuencias dañosas padecidas.

27
(Sumario N°27966 de la Base de Datos de la Secretaría de Documentación y
Jurisprudencia de la Cámara Civil). ITURBIDE, LIBERMAN, PEREZ PARDO.

G., L. V. J. c/ E., M. H. s/ daños y perjuicios - Resp. Prof. Abogado SENTENCIA 20 de


Septiembre de 2021 CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CIVIL.
CAPITAL FEDERAL, CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES Sala D.

Magistrados: Patricia Barbieri - Gastón Matías Polo Olivera - Gabriel Gerardo Rolleri
Id SAIJ: FA21020037

Corresponde condenar a una abogada a indemnizar por daño moral a un cliente por no
iniciar el proceso a tiempo, lo cual generó la prescripción de la acción correspondiente, y por
negarse a devolverle toda la documentación original obrante en su poder, puesto que es
obligación del letrado realizar todos actos procesales que le han sido encomendados por su
cliente, y desempeñar la función de acuerdo al Código de Ética de la profesión de abogado.
Se tiene entendido en la especie que la relación abogado-cliente es de neto carácter
contractual y cuando se trata de un letrado apoderado hay que observar de igual modo, las
reglas que instituyen la figura del mandato (arts. 1869° y conc. del Cód. Civil), debiendo
apreciarse –en concreto-la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas,
tiempo y lugar (art. 512° del mencionado cuerpo legal) – conf. CNCiv., Sala M, 28.02.2012,
ar/jur/39777/2012 – asimilable a una singular obligación de resultado con relación a los actos
de su específica incumbencia – conf. CNCiv., Sala K, 04.04.2008, LL 2008- E, 686. Ídem
Alterini, Juan M. La responsabilidad del abogado en el marco de la teoría de las obligaciones
de resultado atenuadas, RCyS 2001-II-79. Idem, Sobrino, Augusto R. La responsabilidad
profesional de los abogados, DJ 1999- II- 290.
La relación de causalidad debe establecerse entre el hecho y la pérdida imputable de
la oportunidad o expectativa, pues ésta constituye por sí misma un daño cierto.
El valor que debe indemnizarse consiste en el resarcimiento de la pérdida de la probabilidad,
es decir la frustración de la chance y no la de la ganancia malograda. En consecuencia, deberá
valorarse en concreto el reclamo trunco por la conducta del abogado y el grado de
probabilidad del planteo allí intentado (Conf. Orgaz, Alfredo, El daño resarcible, p. 98).
“La posibilidad perdida debe ser cierta, auténtica, y no una quimera cualquiera. Nada
debe indemnizarse cuando del análisis que realiza el juez se arriba a la idea de que las
posibilidades de la acción frustrada eran nulas o casi nulas” (Vetrano, Alejandro,

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Responsabilidad por daños causados por abogados, en Bueres - Highton, op. cit., pág. 636).
Así se pronunció esta Sala en antigua composición, decidiendo que cuando las posibilidades
de éxito eran muy remotas, no corresponde otorgar indemnización alguna, toda vez que en
última instancia se trataría de una daño puramente eventual o hipotético (in re “Minuzzi de
García Huerga, Rosa c/Alconada Aramburu, F. s/cobro de pesos” del 4/5/1979, Sala D,
CNCiv.).
Así, cuando la responsabilidad contractual se atribuye por el incumplimiento o mala
prestación de una actividad a la que alguien está obligado en razón del contrato y ese
incumplimiento está directamente encaminado a satisfacer un interés extrapatrimonial del
acreedor, el daño será también directamente extrapatrimonial (conf. Zannoni, Eduardo, El
daño en la responsabilidad civil, p. 330, núm.98)
El daño moral aparece como consecuencia inmediata y necesaria del incumplimiento
contractual considerando las especiales circunstancias de autos. Solo basta advertir que el
contrato que ligaba a las partes tenía un alto contenido de confianza, habiéndose
encomendado al abogado la defensa de derechos patrimoniales, pero también con
características reparadoras ante los daños producidos en la esfera laboral de la actora, su
naturaleza moral resulta innegable.
Tiene entendido esta Sala, conforme anteriores decisorios volcados en casos análogos,
que: “…para valorar si ha mediado culpa del letrado, hay que comparar su comportamiento
con el que habría tenido un profesional prudente, dotado del bagaje científico que cabe exigir,
en las mismas circunstancias, teniendo en cuenta que el error de orden científico no es
constitutivo de culpa si resulta excusable” (conf. fallo de esta Sala, en el expediente “ M.E.A.
y otro c. R. de C.I. y otro” cita Online: AR/JUR/10077/2006).

U. C., J. C. y otros c/ B., M. G. s/ daños y perjuicios SENTENCIA 16 de Junio de 2021


CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CIVIL. CAPITAL FEDERAL,
CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES Sala G.

Magistrados: Carlos Alfredo Bellucci - Carlos Carranza Casares - Gastón Matías Polo
Oliveira
Id SAIJ: FA21020021

Corresponde condenar a un abogado a indemnizar por daño moral a clientes por haber
presentado escritos en procesos civiles con la firma falsa de sus patrocinados, dado que

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constituye una responsabilidad profesional que las actuaciones judiciales sean efectivamente
suscriptas por el cliente con independencia de quién haya sido el autor de las grafías, y si bien
los abogados no son escribanos ni certifican firmas, en principio son los responsables de los
actos que llevan su patrocinio, al menos en cuanto al cumplimiento de las formalidades
legales que los mismos requieren para su validez. En consecuencia, el letrado debe ser
condenado a abonar una indemnización en concepto de daño moral en virtud de padecimiento
espiritual generado por la pérdida de la confianza y lealtad depositadas en el profesional a
raíz de avatares generados por su negligencia, que van más allá de las vicisitudes que cabe
esperar del vínculo contractual con sus clientes.
La responsabilidad del abogado forma parte de la de los profesionales que, a su vez,
constituye un capítulo dentro del vasto espectro de la responsabilidad civil en general; de allí
que su configuración requiera la concurrencia de los mismos presupuestos que son comunes a
todo evento dañoso, cualquiera sea su fuente: hecho ilícito o incumplimiento contractual
(daño, nexo causal, factor de atribución e ilicitud)1 . Ha dicho esta sala que si se trata de la
inejecución o cumplimiento defectuoso del contrato de servicios profesionales, lógicamente
la responsabilidad es de origen contractual. Según la tendencia doctrinal dominante se
considera que son cuatro sus elementos esenciales: a) la antijuridicidad: resulta de la
violación de un deber jurídico preexistente que está consagrado en una o más reglas
normativas, específicamente en el plano contractual deriva de la transgresión de obligaciones
pactadas en un convenio previamente concluido entre el letrado y su cliente y que tiene para
ellos fuerza de ley; b) el factor de atribución, en cuyo mérito el letrado debe responder por el
resultado lesivo de su comportamiento, sea éste doloso o por imprudencia o negligencia, es
decir, culposo, pues, que en principio, se trata de una responsabilidad subjetiva por el hecho
propio; c) el menoscabo o "daño", tomado el mismo en sus diversas y variadas especies, que
aquel comportamiento —ya activo u omisivo— cause a su cliente; y por fin, d) la existencia
de una adecuada relación de causalidad que enlace el proceder profesional con el perjuicio
sufrido, o sea, la relación entre la conducta atribuida y la pérdida de la oportunidad o
expectativa, tomada esta última como "chance malograda"2 .
El letrado ha de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, teniendo en
cuenta su especial condición profesional (arts. 512, 902 y 909 del Código Civil) y acatando
no sólo las obligaciones emanadas del contrato que lo vinculan a su cliente, sino también las
que surgen de la regulación de su profesión (la ley 23.187 y el Código de Ética del Colegio
Público de Abogados de Capital Federal; ver también el arts. 46 a 58 del Código Procesal)3 .

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STARK, JUAN CARLOS C/ CARDINALI, BRUNO ADRIÁN S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS. 15/03/22 CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CIVIL.
Sala M.
“Aunque la pérdida de un juicio por omisiones u errores que le sean imputables al
abogado configura generalmente un daño cierto, la indemnización, no puede consistir en lo
pretendido en el propio juicio adverso.
El resarcimiento consiste en la pérdida de una “chance” o posibilidad de éxito en las
gestiones, cuyo mayor o menor grado de probabilidad dependerá, en cada caso, de sus
especiales circunstancias.
La caducidad de la instancia decretada en las actuaciones cuyo objeto es daños y perjuicios,
privó al accionante de la posibilidad de promover un nuevo juicio contra el accionado pues la
acción ya se hallaba prescripta a ese tiempo.
Para que se configure una chance resarcible, es indispensable verificar que con motivo de la
perención sobrevenida por culpa del letrado, se produjo la prescripción de la acción frustrada.
Si todavía subsiste la posibilidad de iniciar nuevamente el reclamo, la responsabilidad del
letrado debería limitarse a las costas derivadas del juicio concluido y a los intereses
devengados.
Aunque la caducidad de la instancia se haya resuelto cuando la causa todavía no se había
abierto a prueba, los elementos reunidos permiten evaluar como probable un resultado
favorable a la parte actora.”

VI. Conclusión

Luego del análisis integral realizado, podemos concluir que el abogado, en tanto
desarrolla su profesión prestando un servicio y obligándose ante su cliente a llevar los
intereses y pretensiones de éste de manera diligente y por medio de los buenos oficios,
responderá por la negligencia e impericia que pueda surgir de un mal desempeño profesional
o por la omisión de las diligencias debidas.

Las obligaciones y la responsabilidad del abogado alcanzan tal relevancia que, como
pudimos observar, no solo se limita su regulación a la esfera normativa nacional por medio

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del Código Civil y Comercial de la Nación o los Códigos de Ética dictados por los Colegios
Públicos de Abogados, si no que va mucho más allá y alcanza trascendencia internacional por
medio de instrumentos como los “Principios Básicos sobre la Función de los Abogados” de
la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

No podría ser de otra manera en tanto es el abogado quien “habla/interviene en favor


de”, su cliente, quien le confía la defensa y resguardo de un bien tan preciado como son sus
derechos.

Cierto es que en la práctica muchos letrados se sirven de colaboradores en el impulso


de los procesos a su cargo, pero esto no lo exime de responsabilidad ya que en todo caso será
su dependiente, por el que debe responder, quien comete el error o la negligencia, pero en
razón de la importancia que lleva inherente el trabajo del abogado, no cabe que esté se limite
a impartir directivas sin una revisión y corrección del trabajo realizado. No es casualidad que
los casos más comunes de mala praxis jurídica estén relacionados mayormente a defectos u
errores procesales relacionados a la caducidad de instancia, el rechazo de demanda fundada
en algún supuesto de excepción previa; el acuse de negligencia; el incumplimiento de
rendición de cuentas y entrega (representación del cliente); no apelar (arts. 242 Cód. Proc.
Civ. y Com.), no contestar las vistas y traslados (art. 150, Cód. Proc. Civ. y Com.), incurrir en
pluspetición inexcusable (art. 72, Cód. Proc. Civ. y Com.).

Sea una obligación de medios o una de resultados, nace con claridad el deber por parte
del abogado de reparar el daño causado por mal desempeño, sea este emergente, moral o bien
la frustración de la conclusión exitosa de una acción o un negocio jurídico. Como bien se ha
dicho en el precedente ya citado ARBIERI, ALVAREZ, ABREUT DE BEGHER.
MASLAUSKAS, Ana Valeria c/ MASLAUSKAS, Ivone Ester s/ DAÑOS Y PERJUICIOS -
RESP. PROF. ABOGADOS. 7/05/19 CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO
CIVIL. Sala L, la valoración de la conducta de un abogado que presta su servicio a favor de
un tercero, genera un alto grado de confianza en razón del vínculo que se da a raíz de la plena
creencia, de quien contrata, en las cualidades y aptitudes de su abogado. Esa misma confianza
que provoca la firme creencia de que sus intereses se encuentran bien representados y
promovidos, porque ¿quién mejor para proteger y salvaguardar los derechos del cliente que
un profesional experto en la materia? Quien contrata cree ciegamente en que el profesional
desarrollará con pericia el trabajo encomendado, pero cuando esto no sucede esa confianza se
ve profundamente afectada generando un daño mayor al previsible.

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Es por todo lo hasta aquí expuesto, que queremos destacar la relevancia que tienen
nuestras decisiones y acciones como profesionales en los intereses de nuestro clientes, que en
muchos casos, se relacionan con los aspectos más personales y fundamentales de la vida, y
que como tales deben ser resguardados con el mayor de los cuidados y llevados adelante con
la pericia que es esperable de un profesional de la matrícula.

Bibliografía:
● Principios Básicos sobre la Función de los Abogados - Oficina del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
● Principios Internacionales de Conducta para la Profesión Jurídica -
International Bar Association - 2011
● Código de Ética Profesional del Abogado de la Provincia de Buenos Aires -
Colegio de Abogados de San Isidro
● Código Civil y Comercial de la Nación

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