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Santa Cecilia

El documento habla sobre la vida y martirio de Santa Cecilia. Describe su nacimiento en una familia noble en Roma, su educación cristiana desde temprana edad y su voto de virginidad. También describe su matrimonio con Valeriano, a quien convierte a la fe, y la conversión y martirio de su hermano Tiburcio.

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Santa Cecilia

El documento habla sobre la vida y martirio de Santa Cecilia. Describe su nacimiento en una familia noble en Roma, su educación cristiana desde temprana edad y su voto de virginidad. También describe su matrimonio con Valeriano, a quien convierte a la fe, y la conversión y martirio de su hermano Tiburcio.

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Hojitas de Fe nº 12 –4– FIESTAS DEL SANTORAL

refutó sabiamente todos los argumentos con que Almaquio trataba de persuadirla
para que adorara a los dioses romanos. Viendo que era inútil insistir, Almaquio
mandó que Cecilia fuese ejecutada; mas no queriendo derramar la sangre de una
joven de tal nobleza, mandó que se la encerrara en los baños de su palacio, y que Sed imitadores míos 5. Fiestas del Santoral
allí fuese asfixiada por el vapor y la falta de aire.
Así se hizo; mas el vapor y el humo no lograron asfixiarla, ya que Dios envió,
como en el caso de los jóvenes del horno de Babilonia, una brisa que dejó salva
y sana a la joven. Enterado Almaquio del prodigio, mandó que un verdugo le
cortara la cabeza.
Cecilia había suplicado al Señor la gracia de vivir aún tres días, ya que sabía Santa Cecilia es una de las vírgenes y mártires romanas más veneradas. Su
que el Papa San Urbano se hallaba escondido en su palacio, y quería recibir antes nombre se halla en el Canon de la Misa. Brillan en ella las gracias con que el
de morir su bendición y los sacramentos. Y así dispuso Dios que el verdugo Señor quiso decorarla, especialmente la firmeza de su fe y la integridad de su
manejara torpemente su espada y le diese tres golpes en el cuello sin lograr de- castidad.
capitarla. No le estaba permitido al verdugo rematar a la víctima después de un
tercer golpe dado sin acierto; por lo que Cecilia sobrevivió aún tres días en este 1º Primera infancia de Santa Cecilia.
estado de agonía, mientras era asistida por San Urbano y consolaba y alentaba a
todos sus familiares y a los pobres a los que tenía costumbre de auxiliar con sus Nació Santa Cecilia en Roma, y pertenecía al noble linaje de los Cecilios.
limosnas. Sabemos que desde muy temprano fue instruida en el cristianismo, tal vez por
Murió Santa Cecilia, y fue sepultada en la misma postura en que había muer- alguna de sus abuelas o nodrizas convertidas a la fe, pues sus padres permane-
to: recostada sobre su lado derecho, las rodillas reunidas con modestia, la cabeza cieron en la infidelidad, aunque no parecen haberla contrariado en su adhesión a
caída hacia el suelo, los brazos extendidos el uno sobre el otro, y sus dedos pro- una religión que cada vez ganaba más adeptos, y que tenía seguidores incluso en
el palacio imperial.
fesando el misterio de la Santísima Trinidad.
Por eso mismo, aunque fue educada en la opulencia y pompa romana, Cecilia
Conclusión. supo hacerse ajena a los atractivos del siglo, y practicar con entera fidelidad la
ley divina que Cristo vino a traer a los hombres. Cecilia oraba así con los fieles
Santa Cecilia es un ejemplo ilustre del poder que la gracia tiene: en las iglesias donde se celebraban los sagrados misterios con cierta publicidad,
durante los días de Alejandro Severo, más serenos para la religión cristiana por
• Ante todo, para ganar para Dios a un alma en medio del lodazal y peligros la tolerancia que mostró hacia los cristianos.
del mundo, insinuándole deseos de entregarse sólo a El y de desprenderse de
todo lo terreno. El amor de Cristo que Dios infundió en el corazón de la joven Cecilia, alma
limpia y recta, fue tan grande, que Cecilia tenía todas sus delicias en conversar
• Luego, para difundir alrededor suyo ese ejemplo de vida virtuosa, llevando continuamente con Jesús en su interior. Como nos dice el Breviario, «no cesaba
a otras almas a la conversión, a la vida cristiana e incluso al martirio. de estos divinos coloquios ni de día ni de noche»; todo su amor estaba en Nues-
• Finalmente, para mantener a esas mismas almas firmes y constantes en los tro Señor. Y hasta tal punto supo cautivar Nuestro Señor esta alma, que le inspiró
propósitos tomados, refutando todos los sofismas, pretextos, halagos y amenazas el deseo de entregarse enteramente a El; y así, ya antes de llegar a la edad núbil,
de que se valen el mundo y el demonio para amedrentar a quienes quieren ser hizo a Dios voto de virginidad, esto es, de no admitir jamás esposo mortal. Para
fieles a Dios. mostrarle el Señor cuán agradable le fue este voto, dio orden a su ángel de la
Que esta Santita, grande ante Dios y los hombres, nos alcance de Dios la guarda de mostrarse a ella continuamente, y de defender su virginidad contra el
gracia de la docilidad y de la fidelidad a nuestra santa fe, y sea para todos noso- mundo, contra los sentidos y contra todo temerario que se atreviese a desearla.
tros un ejemplo patente de que, aún hoy, es posible practicar las virtudes de cas-
tidad y modestia, en medio de la corrupción terrible del siglo.1 2º Matrimonio de Cecilia,
y conversión de Valeriano y de Tiburcio.
© Seminario Internacional Nuestra Señora Corredentora
C. C. 308 – 1744 Moreno, Pcia. de Buenos Aires Llegó, con todo, la edad núbil, en que toda joven debía ser casada. Los padres
FOTOCÓPIAME – DIFÚNDEME – PÍDEME a: [email protected] de Cecilia, aunque la dejaban practicar la religión cristiana, la obligaron a con-
Hojitas de Fe nº 12 –2– FIESTAS DEL SANTORAL FIESTAS DEL SANTORAL –3– Hojitas de Fe nº 12

traer matrimonio, puesto que ignoraban el voto que su hija hizo a Dios. El ele- —Mereced conservar estas coronas por la pureza de vuestros corazones y la santi-
gido para esposo de Cecilia fue un joven pagano llamado Valeriano, noble de dad de vuestros cuerpos. Y ahora, Valeriano, puesto que accediste al deseo de Ceci-
nacimiento y de hermosas cualidades físicas y de alma. Cecilia, llena de estima lia, Cristo, el Hijo de Dios, me envía a ti para concederte lo que quieras pedirle.
por las cualidades de este joven, lo hubiese amado como a un hermano; pero ella Valeriano expresó entonces su ardiente deseo de que su hermano Tiburcio, a
era ahora su prometida. Tenía, es cierto, la protección de su ángel de la guarda, quien amaba entrañablemente, recibiera como él la fe y el bautismo. El ángel le
pero ahora había llegado el tiempo en que ella misma debía luchar por guardar prometió que él mismo ganaría el corazón de su hermano para Cristo.
fidelidad a Nuestro Señor. Así sucedió de hecho: Tiburcio, venido a visitar a su hermano para felicitarlo
Por eso, se preparó a las bodas por medio: • de la penitencia: debajo de sus por su matrimonio con Cecilia, fue exhortado al punto por Valeriano a hacerse
suntuosos vestidos, disimulaba un cilicio que mortificaba su carne inocente; • del cristiano. Frente a las dudas de Tiburcio, Valeriano, ayudado por Cecilia, le ha-
ayuno: según el uso de los primitivos cristianos, cuando se quería alcanzar una bló de la vida eterna que no perece, de las riquezas del cielo, y del ángel protector
gracia del Señor, se ayunaba durante dos o tres días, tomando solamente una de Cecilia, que les había prometido ya a ambos la corona del cielo. Tiburcio
frugal colación que sostuviese la vida; • de la oración ardiente y continua que se manifestó al punto el deseo de ver al ángel, como garantía de lo que le enseña-
escapaba de su corazón: ¡con cuántas instancias debía suplicar a Dios por esa ban, y aceptó para ello ser instruido en la religión cristiana y bautizado, como
hora que tanto temía! había accedido antes Valeriano al pedido de Cecilia.
Llegó, por fin, el día en que Valeriano debía desposarse con Cecilia. Cecilia Ya convertidos, Valeriano y Tiburcio se distinguieron entre todos los cristia-
contrajo matrimonio con Valeriano con la firme voluntad de permanecer fiel a nos de Roma por sus obras de caridad, especialmente la de enterrar los cuerpos
Cristo y de convertir a su esposo a la fe católica. Durante el banquete de bodas, de los cristianos martirizados; pues aunque el emperador Alejandro Severo se
en que todos cantaban y danzaban al son de los instrumentos, Cecilia —nos dice había mostrado tolerante con la religión cristiana, estaba ausente de Roma, y
una hermosa antífona— cantaba interiormente en su corazón: «Consérvese in- durante su ausencia el prefecto Almaquio, arrogándose derechos que no tenía,
maculado mi corazón, para que no sea yo confundida». Después del banquete empezó a perseguirlos cruelmente. Enterado Almaquio de la actividad de Vale-
Cecilia fue conducida a la habitación nupcial, y allí, apenas entrada, se volvió riano y Tiburcio, los mandó comparecer delante de él para ofrecer libaciones a
hacia Valeriano y le dijo: los dioses y mostrar así que su profesión de cristianismo no era verdadera. Va-
leriano y Tiburcio se negaron a ello, refutando todos los razonamientos de Al-
—Tierno amigo, tengo que confiarte un secreto, pero júrame que me lo respetarás.
maquio, por lo que Almaquio los condenó a muerte: siendo nobles romanos,
Valeriano se lo juró con ardor, y Cecilia le replicó entonces: debían ser decapitados.
—Mira, tengo como amigo al ángel de Dios que vela sobre mi cuerpo con solicitud. Al enterarse Cecilia de la condenación a muerte de Valeriano y de Tiburcio,
Si él ve que, en la mínima cosa, te atreves a obrar conmigo arrastrado por un amor se despidió de ellos diciéndoles:
sensual, su furor se encenderá contra ti y sucumbirás bajo los golpes de su venganza;
mas si, al contrario, ve que me amas con un amor sincero y un corazón sin mancha, —¡Valor, soldados de Cristo, arrojad las obras de las tinieblas y revestíos de las
y guardas inviolada mi virginidad, te amará como me ama a mí y te colmará de sus armas de la luz!
favores. Durante el camino al suplicio, Máximo, que debía ejecutarlos, quedó atónito
Valeriano, completamente perplejo ante esta situación inesperada, no acertó de la tranquilidad con que Valeriano y Tiburcio, muy considerados en Roma,
sino a contestar: iban a la muerte. Les preguntó la razón, y los dos hermanos le hablaron de Cristo
y de la vida eterna, y lo exhortaron a convertirse, prometiéndole como señal de
—Cecilia, si quieres que crea en tus palabras, hazme ver a este ángel. Cuando lo la verdad de lo que le decían que en el momento en que serían ejecutados vería
vea, lo reconoceré por el ángel de Dios, y haré lo que me pides; mas si amas a otro las coronas que recibirían de Dios. Así sucedió de hecho, y Máximo se convirtió
hombre, yo mismo te atravesaré, a ti y a él, con mi propia espada.
a la fe con un gran número de soldados (unos 400). Todos ellos murieron tam-
Cecilia le contestó que vería ciertamente al ángel de Dios si aceptaba hacerse bién mártires de esta persecución de Almaquio.
cristiano y bautizarse. Como Valeriano, en quien empezaba a hacer efecto la
gracia implorada por las penitencias y oraciones de Cecilia, accedió, Cecilia lo 3º Martirio de Santa Cecilia.
envió a San Urbano Papa, que vivía entonces escondido, e instruido por él reci-
bió de sus manos el bautismo. Al volver a donde estaba Cecilia, la halló orando; El prefecto Almaquio fue informado de la influencia que tuvo sobre Vale-
y junto a ella vio al ángel, rodeado de gran esplendor, que tenía en la mano dos riano su esposa Cecilia, por lo que al punto la hizo comparecer delante de sí para
coronas de flores frescas, y les dijo: que desmintiera ser cristiana. Cecilia, que conocía bien la doctrina evangélica,

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