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La aventura digestiva de la galleta María

María, una galleta, emprende un viaje por el sistema digestivo de Juan después de que él la come. María pasa primero por la boca, donde los dientes la cortan y trituran. Luego desliza por el esófago hasta llegar al estómago, donde nada en los jugos gástricos. Más tarde, María recorre el intestino delgado y conoce al hígado y el páncreas. Finalmente llega al intestino grueso y es expulsada a través del ano, siendo arrastrada por el agua de
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La aventura digestiva de la galleta María

María, una galleta, emprende un viaje por el sistema digestivo de Juan después de que él la come. María pasa primero por la boca, donde los dientes la cortan y trituran. Luego desliza por el esófago hasta llegar al estómago, donde nada en los jugos gástricos. Más tarde, María recorre el intestino delgado y conoce al hígado y el páncreas. Finalmente llega al intestino grueso y es expulsada a través del ano, siendo arrastrada por el agua de
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La galleta María 1 Erase una vez una galleta llamada María que vivía en una caja junto a sus

hermanas. Un
día soleado Juan, un niño pecoso que llegaba de jugar con los amigos y amigas en el parque, cogió un zumo
del frigorífico y a la galleta en su mano, y se quedó mirándola atentamente. María con ojos espantados
pregunto:- -¿Qué vas a hacer conmigo?- -Pues comerte, ¿que si no? Replico Juan.- -Pues yo no quiero que
me comas. Dijo María casi llorando- -Es que necesito recuperar la energía que he perdido corriendo, saltando,
jugando... Continuó Juan
-Bueno, está bien, pero no me hagas daño por favor.- -¡Pues claro que no! ¡Además vas a vivir una aventura
apasionante! Realizarás un viaje por mi sistema digestivo, ¡te divertirás muchoooooooo!- -¡Muy bien, estoy
preparada! Allá voy dijo suspirando. María se introdujo en una cueva llamada boca, estaba oscura y húmeda,
llena de saliva. Al fondo se veía la campanilla. Estaba rodeada de dientes y muelas. De pronto escuchó una
voz:- -¡Chicos y chicas tenemos trabajo! Acaba de llegar una galleta. - ¿Cómo? ¿Qué queréis decir? Habló
Dientín:
Escucha, nosotros formamos un equipo que ahora te voy a presentar. Estos son mis compañeros los incisivos
que se encargan de cortar, como si fueran cuchillos.- -¿Cómo? ¿Y que queréis? ¿Cortarme a mí? ¡No me lo
puedo creer! Si me han dicho que no me iban a hacer daño, y eso tiene que doler..... ¡Jolines! ¡Yo me voy
ahora mismo de esta cueva! -Espera galleta, es verdad que no te va a doler, no ves que ahora estás mojada
en saliva. Esto va a facilitar nuestro trabajo, y además tú no sentirás nada, estarás dividida en trozos más
pequeños y podrás continuar el camino hacia el esófago.
-Bueno, no estoy muy segura, hasta ahora este viaje no me parece divertido, interesante sí, pero divertido…
no mucho la verdad. -¡Dientín, sigue presentándome a tus amigos y amigas! -Vale, estas chicas son las
muelas, que se encargan de triturar, los de allí detrás son los molares que muelen, y estos son los colmillos
que se encargan de desgarrar. -No sigas, ¡me estás poniendo los pelos de punta! -Será mejor que empecéis
cuanto antes, para continuar con mí aventura, ¡verás cuando se lo cuente a mis hermanas galletas!
María continuó su camino. La lengua saboreándola la empujó hacia el esófago, si se hubiera equivocado
podría provocar el atragantamiento de Juan. Se deslizo por el esófago; como si de un tobogán se tratara: -
Que divertido ¡allá voooyyyyy! Grito María. El cardias le dio la bienvenida al estómago: -Bienvenida Sra.
María, pase usted al estómago, la estábamos esperando. El estómago estaba tan contento que comenzó a
producir ácido clorhídrico.
María estaba emocionada con semejante bienvenida. El estómago comenzó a llenarse y María nadaba en los
jugos, hacia delante y hacia detrás, divertida reía, hasta que….El estómago se llenó, y la galleta quedó
sumergida. Buceó un buen rato, pero ya no pudo más, así que busco una puerta de salida. -¿Dónde me
encuentro? pregunto María, que ahora caminaba a gatas porque era muy estrecho. Estás en el intestino
delgado, esto es como un laberinto, y mide de 6 a 8metros, Antes de que sigas tu camino te presentaré al
hígado y el páncreas – le comentó el intestino delgado
Hola soy María, encantada de conoceros- ¡Encantados! Respondieron al unísono Aún te queda un gran
trecho- comentaron el hígado y el páncreas. -Es verdad son al menos 6 metros, eso es mucho, me tenéis que
ayudar. Después de un largo viaje, el intestino delgado comenzó a ensancharse y María por fin se pudo poner
de pie. -Hola dijo una voz. -Buenas tardes, ¿Quién es usted?
-Soy el intestino grueso. -¿Me puedes dar un poco de agua? La galleta se exprimió la falda. -No me queda
más, lo siento mucho; ¿sabéis cuanto me queda para llegar? -Muy poco- respondió el intestino grueso. Ya
mismo llegas al ano, que es la salida. Verás mucha luz, pero no te asustes. -Ok, ¡estoy deseando llegar al
final del trayecto! Dijo emocionada María. María llego al ano y cuando menos lo esperaba salió disparada a
una gran taza llena de agua. Miró hacia arriba y vio el culete de Juan. El ano le decía adiós. Sopló un fuerte
viento, se trataba de un pedo que se había escapado, también quería despedirse de la galleta. De pronto en el
agua se hizo un remolino. Juan había tirado de la cisterna, María era arrastrada por el agua. ¿Dónde irá María
ahora?

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