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Historias Biblicas

Jonás desobedece a Dios al negarse a predicar en Nínive y en su lugar aborda un barco hacia Tarso para huir de la presencia de Dios. Esto provoca una gran tormenta que pone en peligro la vida de los marineros. Jonás admite ser la causa de la tormenta y pide ser arrojado al mar, lo que calma las aguas. Más tarde, Jonás es tragado por una gran ballena y después de arrepentirse es vomitado en tierra firme, donde finalmente obedece a Dios y predic

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Historias Biblicas

Jonás desobedece a Dios al negarse a predicar en Nínive y en su lugar aborda un barco hacia Tarso para huir de la presencia de Dios. Esto provoca una gran tormenta que pone en peligro la vida de los marineros. Jonás admite ser la causa de la tormenta y pide ser arrojado al mar, lo que calma las aguas. Más tarde, Jonás es tragado por una gran ballena y después de arrepentirse es vomitado en tierra firme, donde finalmente obedece a Dios y predic

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LA DESOBEDIENCIA DE JONÁS

Hoy les voy a contar la historia de un hombre que era profeta de Dios y su trabajo era
hablarle a las personas de las cosas que Dios tenía predestinadas para ellas.
Un día este hombre recibe un mandato del Señor de que fuera a una ciudad llamada
Nínive a proclamar que
iba a ser destruida, pero Jonás se fue a otro lugar llamado Tarso, sólo para no
obedecer la voz de Dios, pagando pasaje en un barco, para poder irse lejos de la
presencia del Todopoderoso.
Con lo que no contaba Jonás no se si por hacerse el tonto, era que Dios iba a desatar
tremenda tormenta en medio mar donde se estaba desplazando el barco donde él iba,
fue tan fuerte la tormenta que los marinos comenzaron a gritar y a rogarle a Dios que
los ayudara, comenzando a sacar por la borda todo cuanto tenían dentro del barco,
tratando de quitarle carga al mismo. Mientras tanto Jonás se había quedado dormido
profundamente en la bodega (Ni cuenta se estaba dando de todo el desastre que
estaba ocurriendo), cuando el capitán del barco se da cuenta que un profeta de Dios
está tan desatendido de todo y además durmiendo como lirón, lo despierta y le pide
que más bien se ponga a orar para que el Señor calmara la tormenta.
Otra historia que puedes contarles a los niños es quien fue David de la biblia, si
ingresas a al enlace, lo sabrás.
subió entonces Jonás a cubierta y estaban los marineros echando suerte para ver por
culpa de quién ellos estaban
pasando por todo eso y resulta que la suerte estuvo en Jonás. cuentos para niños de
la biblia
Entonces todos los marinos lo miraron extrañados y le preguntaron el porqué les
estaba aconteciendo todo aquello, que de donde era y él les declaro que era judío y
que su Dios era nada más y nada menos, el que había creado el cielo y la tierra, lo
cual trajo mucho temor sobre ellos, porque en ese momento se percataron de que
Jonás estaba intentando escapar de su Dios y este lo había encontrado y en el barco,
razón por la cual todos ellos perecerían por culpa de Jonás, Los hombres se
desesperaron y comenzaron a remar para ver si lograban alcanzar la orilla, pero sus
esfuerzos eran inútiles, porque el mar cada vez se embravecía más y más, entonces
viéndose perdidos oraron a dios y le rogaron que nos los matara a ellos por culpa de
Jonás y lo echaron al mar, a penas Jonás tocó el océano el mismo se calmó.
Cuando estos hombres observaron todo lo que había
sucedido temieron mucho a Dios viendo de todo lo que
era capaz de hacer y le hicieron promesas a Dios.
Mientras tanto Jonás se hundía en el fondo del mar,
pero Dios no quería destruirlo, solo quería enseñarle
obediencia y envió entonces un pez muy, pero muy enorme para que se lo tragara.
Y estuvo Jonás en el estómago de ese pez por tres días y tres noches y oró Jonás a
Dios una oración en donde se arrepentía de su desobediencia y le alabó mientras
estuvo en el estomago del pez.
Entonces escuchó Dios la oración de Jonás y ordenó al pez que lo expulsara y el
enorme pez lo vomitó en la orilla del mar.

y fue entonces Jonás a Nínive y predicó todo lo que el señor le había ordenado y
entonces el pueblo se arrepintió de sus pecado e hizo tres días de ayuno (incluyendo
los animales) y dios se arrepintió del mal que dijo que les haría y porque se
arrepintieron todos, dios los perdonó.

CUIDADO DE LOS ANGELES PALABRAS DE AMOR


Yo estaba muy cansado, y la sala de espera del aeropuerto era muy linda y cómoda.
Durante semanas, había estado viajando por el Caribe, tomando fotos y filmando una
película sobre las diversas actividades de los miembros de iglesia de allí́.
Había filmado a pastores y miembros laicos que compartían el amor de Dios con todos
los que conocían. Había visto médicos curar enfermos, estudiantes prepararse para
convertirse en médicos, predicadores y maestros. Había conocido héroes reales que
habían sacrificado mucho para honrar al Dios que aman. Había fotografiado a jóvenes
que compartían información sobre como recuperarse de enfermedades. Había
escuchado música y predicaciones poderosas, y había visto personas bautizarse.
Ahora era el momento de regresar a casa.
Cerré́ los ojos mientras sentía que la presión de mi rutina ocupada se desvanecía.
Pronto estaría en casa, en mi cama.
De repente, me di cuenta de que ya no escuchaba a nadie hablar a mi alrededor. La
sala de espera, hasta hace un momento llena de pasajeros, agentes de viajes y niños,
ahora estaba vacía. Todo lo que había era el silencio, y el sonido de los motores de
aviones que tomaban carrera.
Entré en pánico. ¡Mi vuelo a casa! El viaje que me llevaría de regreso a casa se había
ido sin mí. ¡Lo había perdido! Me había dormido y, mientras lo hacia, me habían
dejado.
Entonces, escuché una voz fuerte que salida de los parlantes de la solitaria sala de
espera del aeropuerto. “Atención, por favor. Atención, por favor. Este es el último
llamado a embarque para el vuelo 982 rumbo a Miami. Todos los pasajeros deben
abordar la aeronave en este momento. Si tiene el pasaje para el vuelo 982 a Miami,
diríjase inmediatamente al portón de embarque. Este es el último llamado a
embarque”.
Probablemente haya establecido el récord de corrida más rápida hasta el portón de
embarque. La puerta del avión estaba a punto de cerrarse cuando yo corrí́ hasta el
mostrador y grité: “¡Espérenme! Yo estoy en ese vuelo. Tengo el boleto. ¿Lo ve? Aquí́
tengo también mi tarjeta de embarque. ¡Por favor, déjeme subir! ¡Quiero ir a casa!”
¿Sabias que en este momento hay una “voz fuerte” que te está llamando a ti,
también? Esta fuerte voz está llamando a todos en el mundo. Es la voz de Dios, que
sale de los labios de los tres ángeles que vuelan alto y que han sido enviados desde el
cielo para hacer dos cosas: 1) advertir de los peligros venideros, y 2) compartir lo que
debemos hacer para ir pronto al Hogar, con Jesús.
En aquella ocasión, una voz fuerte me despertó́ y me avisó que debida subirme al
avión en ese momento. La potente voz de Dios tiene un mensaje similar. La diferencia
es que esta vez no iremos a Miami; ¡iremos al cielo! Asegurémonos de estar
despiertos, para poder escucharla.
LA MENTIRA QUE SE HIZO GRANDE

Los niños contaban el dinero en las alcancías. “¡Cincuenta y seis pesos!”, exclamó
Daniel alegremente. “Tenemos mucho dinero, Laura. Tomemos un poco y compremos
dulces mañana en el camino a casa”.

“No podemos”, dijo Laura. “¿Recuerdas? Mamá nos dijo que


siempre debemos regresar directo de la escuela a casa”.
“Ella no lo sabrá”, dijo Daniel. “Podríamos bajar por aquella
calle después de la tienda de la esquina. Sólo será un poco
más largo, sólo un poquito”.
vitrinas llenas de dulces para elegir
Al día siguiente Daniel y Laura salieron rápido de la escuela a la pequeña tienda de la
esquina. Había vitrinas llenas de dulces para elegir. Por fin Daniel compró un dulce de
limón. Laura compró algunos corazones rosados de caramelo; luego corrieron a casa
rápidamente.

“Llegaron tarde, niños”, dijo mamá, echando un vistazo al reloj.


“¿Qué han estado haciendo?”
“Nada”, contestó Daniel, sin mirar a su mamá. “Corrimos y
corrimos, ¿verdad, Laura?”
Cuando Laura asintió con su cabeza, la mamá se dio vuelta y
volvió a su trabajo.
Después de la cena los niños salieron. Sentándose detrás del garaje, comieron sus
caramelos. En ese momento su papá los llamó, “Vengan niños. Vamos a dar un
paseo”. Laura y Daniel corrieron al auto y subieron en el asiento trasero.
“¡Oh, Daniel!”, exclamó mamá. “Tu boca esta toda sucia. ¿Qué has estado comiendo?”
“Un dulce de limón,” refunfuñó Daniel.
“¿Dulce de limón?”, dijo mamá con sorpresa. “¿Dónde lo conseguiste?”
Daniel miró hacia afuera por la ventana, luego respondió: “Ah... un muchacho en la
escuela me lo dio”.
Mamá dio a Daniel un pañuelo para limpiar su boca. “Sabes que no me gusta que
comas dulces entre comidas”, le reprendió ella.
Laura empujó a Daniel y susurró: “Dijiste dos mentiras hoy”.
dándole una palmadita
“Tranquila", dijo él, dándole una palmadita.
“¡Niños!”, dijo papá. “Por favor dejen de pelearse y cantemos algo".
Daniel presionó su nariz contra la ventana y luego dijo: “No quiero cantar hoy, papá”.

Laura comenzó a cantar y luego paró. “Tampoco


quiero cantar”, dijo ella.
Mamá y papá se miraron el uno al otro
Mamá y papá se miraron el uno al otro. Entonces
papá giró el auto hacia una calle lateral y paró. “Pienso que necesitamos tener una
pequeña conversación”, dijo él.
“¿Niños hay algo que deban decirnos?”
Daniel agachó su cabeza y dijo: “Yo…..yo dije dos mentiras hoy. Lo siento. Por favor
perdónenme”.
“Cuéntanoslo todo”, dijo el padre amablemente.
Cuando los niños habían contado todo, Laura dijo: “Lo siento mucho, desobedecí y fui
a la tienda. Pero no dije ni una mentira, mamá”.
“Hay diferentes maneras de mentir”, dijo la mamá con tristeza. “Daniel dijo las
palabras, pero en vez de decir la verdad, Laura, tú te quedaste callada. Entonces tú
aceptaste la mentira. Es tan incorrecto ocultar una mentira como decirla”.
“Ah”, dijo Laura, con lágrimas en sus ojos. “Lo siento, mamá. Por favor perdóname”.
“Sólo dije una pequeña mentira al principio”, dijo Daniel tristemente. “Pero la siguiente
se hizo más grande”.
Jacob mintió
“Esto me recuerda la historia de Jacob en la Biblia”, dijo el padre. “Jacob quería la
bendición que pertenecía a su hermano Esaú. Entonces planeó engañar a su padre
ciego y conseguir la bendición. Jacob tomó un plato de carne que su mamá había
cocinado y lo dio a su padre. Cuando su padre preguntó: ‘¿Quién eres tú, hijo mío?’
Jacob mintió y dijo: ‘Soy Esaú’.

“‘¿Cómo conseguiste la carne tan rápidamente?’, preguntó su


padre. Esta vez Jacob le dijo una mentira terrible. Dijo que Dios
le había ayudado a conseguir la carne. Otra vez su padre le
preguntó si él realmente era su hijo Esaú. Y Jacob dijo: ‘yo
soy’. ¿Te das cuenta? Cuando planeamos engañar a alguien
diciendo una mentira, por lo general terminamos diciendo otra mentira para cubrir la
primera. Y así sigue creciendo y creciendo”.
Daniel preguntó: “¿Es Satanás quien nos hace mentir?”
“No exactamente”, respondió papá. “Satanás es un mentiroso, y él nos tienta para que
mintamos, pero él no puede hacernos mentir. Podemos decidir mentir o decir la
verdad. Cuando decidimos mentir, esto pone a Dios muy triste porque Él detesta todo
lo que es deshonesto, como la mentira, la trampa y el robo”.
“¿Es tan malo mentir como robar?”, preguntó Laura.
“Sí, sí lo es”, respondió papá. “Ambos son muy malos. La Biblia dice: ‘No mientan el
uno al otro’. En otro versículo Dios nos dice que Él odia los labios mentirosos, pero
aquellos que dicen la verdad, son su deleite”.
los niños oraron
“Papá”, dijo Daniel, “quiero decirle a Dios ahora mismo que estoy arrepentido”.
“Yo también”, dijo Laura.
Luego que los niños oraron, papá dijo: “Daniel y Laura, Dios los ha perdonado. Pero
recuerden: siempre digan la verdad, aun si esto significa que serán castigados cuando
han hecho algo malo”.

Daniel y Laura asintieron. Entonces Laura preguntó: “¿Nos


van a castigar?”
“Sí”, respondió papá. “Ustedes no tendrán ninguna mesada durante tres semanas. Y
no quiero que hagan alboroto por esto”.
“No haremos alboroto”, prometieron los niños.
Cuando papá prendió el auto, mamá dijo: “He pensado en un buen versículo para que
lo aprendamos hoy. Es el Salmo [Link] ‘Escogí el camino de la verdad’”.
Ellos aprendieron el versículo rápidamente. Entonces Daniel dijo: “Quiero cantar
ahora, papá”.
“Yo también”, dijo Laura.
Y ELLOS CANTARON.

Elias alimentado por cuervos


Textos clave y referencias:
1 REYES 17:1-16;
PROFETAS Y REYES, PP. 87-97

Versículo para Memorizar:


“Mi Dios les dar a ustedes todo lo que les falte” ( Filipenses. 4:19 , DHH).

Mensaje:
Dios se ocupa de nuestras necesidades.

Padres:
Al finalizar el mes sus hijos podrán:
Saber que Dios se encarga de sus necesidades.
Sentir gratitud porque Dios los cuida.
Responder con alabanzas a Dios por su cuidado.
Mei Ling mira al pichoncito. La mamá le
trae alimento a su bebé.
Hace mucho tiempo, los pájaros le llevaron alimento a un hombre.
Dios le dijo a Elias que llevara un mensaje al rey Acab. Así
que dijo al rey:
—¡No lloverá por uno, dos, tres años! [Cuente con los dedos
de un niño.]
El rey Acab [señale al rey] se enojó con Dios y también con
Elías. [Señale a Elías.] Elías es amigo de Dios. Dios
esconderá a Elías. ¡Corre, Elías, corre! El rey te anda
buscando. [Con la mano, haga sombra sobre sus ojos y mire
por todos lados.] ¡Elías, corre hacia el bosque! [Corra con el niño alrededor de la
mesa.] ¿Dónde está Elías? [Que el niño señale a Elías.] Está escondido. Elías se
escondió del rey malo Acab. [Juntos se esconden detrás de una silla, y terminan de
leer esta página.] El rey no puede ver a Elías. Nadie puede ver al amigo de
Dios. [Haga sombra sobre sus ojos y mire por todos lados.] Pero Dios puede ver a
Elías. ¡Dios cuida bien a su amigo!
[Aplaudan.]
¡Shhhh! [Haga un ademán indicando guardar silencio y poder en susurros.] Escuchen,
escuchen. ¿Qué oye Elías? Elías oye el agua. [Señale el agua.] Elías oye el viento
entre los árboles. Y Dios oye la oración de Elías. [Junten las
manos para orar.] “Querido Dios, por favor cuida a
Elías”. Descansa, Elías, descansa. Descansa al lado del agua.

Bebiendo, bebiendo. [Simule que bebe.] Elías tiene mucha


agua. Pero ¿dónde está la comida de Elías? [Señale a Elías y las
rocas que lo rodean.] No hay alimentos. Elías no tiene qué comer. No tiene pan, no
tiene arroz, no tiene papas. “Querido Dios, por favor cuida a Elías”.

Mira los grandes pájaros negros. Ellos vuelan por el cielo. [Haga como que vuela.]
Esos pájaros negros grandes, le traen alimento a Elías. Sartén de tren. [Simule
comer.] ¡Am-am-am! Qué rico el pan que viene Elías. [Junte las manos para orar.]
“Gracias Señor, por el pan que enviaste con esos pájaros negros”.

Es hora de dormir. Elías se arrodilla para hablar con Dios. [Arrodíllense y cierren los


ojos.] “Te agradecemos Señor, por este lugar seguro. Gracias por el agua. Gracias por
los pájaros negros que trajeron comida a Elías. Gracias por amarme. Amén". [Abraza
a su niño.]

Cada mañana y cada noche, los pájaros venían a Elías. [Simule que vuela.] Pájaros
grandes le traen pan. Durante uno, dos y tres años no llovió. [Cuente con los dedos
del niño.] Los árboles se secaron. [Señale una hoja seca.] El agua se secó. [Trate de
beber de un vaso vacío.] Pero Elías estaba a salvo. Dios cuidó a su amigo. “Gracias
Jesús, porque amas a Elías y nos amas a nosotros”.

Jesús en la iglesia
Textos clave y referencias:
LUCAS 4:16-22;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, CAP. 24, págs. 209-
216.
Versículo para Memorizar:
“Vamos a la casa del Señor” ( Salmo 122:1 ).

Mensaje:
Vamos a la iglesia porque amamos a Jesús.

Padres:
Durante este mes puede ayudar a su niño[a] a:
Saber que Jesús quiere que vayan a la iglesia.
Sentir felicidad con Jesús en la iglesia.
Responder adorando con su familia cada semana.

Carla va a la iglesia. Carla canta y ora a Jesús.


A Jesús también le gustó ir a la iglesia.
En la Biblia leemos acerca de la iglesia de Jesús.

Cuando Jesús era pequeño le gustaba ir a la iglesia.


(Señalar a Jesús.) El pequeño Jesús cantaba en la iglesia. (Canten un canto.) En la
iglesia el rabí lee el rollo de la Biblia. (Haga un rollo, enroscando algún papel.) Al
pequeño Jesús le gusta escuchar al rabí leyendo el rollo de la Biblia.

Jesús viene a la iglesia sinagoga.


—¡Miren cuánto ha crecido Jesús! —cuchichean los muchachos. (Muéstrame cuán
grande eres.)
— ¡Cuánto ha cr-ec-ido Jesús! —cuchichean los hombres.

A Jesús le gusta estar en la iglesia. Le gusta cantar y orar con amigos. (Canten un


canto y oren.).Jesús toma el rollo de la Biblia. (Hagan
como si abriera un rollo de la Biblia.) ¡Shhh! (Lleve el
índice a los labios y susurre.) Escuchan, escuchan. Las
grandes personas escuchan. Los niños escuchan.
¡Shhh! Nadie habla. (Hablando y sonriendo.) Todos
sonríen. (Sonría a su niño[a].) Jesús va a leer el rollo de
la Biblia.

Jesús abre el rollo de la Biblia. Encuentra el lugar para


leer. Jesús mira a la gente y les sonríe. (Sonríale a su niño[a].)
—Escuchen la Palabra del Señor —dice él. (Lleve el índice a su boca y susurre.)
¡Shhh! Escucha cómo lee Jesús.
¡Shhh! (Sostenga un dedo sobre sus labios y susurre.) Jesús está leyendo en el rollo
de la Biblia.
“El Espíritu del Señor está sobre mí” ( Lucas 4:18 ). Lee Jesús. Las grandes personas
escuchan.
(Señale la gente grande.) Los niños escuchan. (Señale al niño.) El rollo de la Biblia
está hablando acerca de Jesús.
—Esto habla de mí —dice Jesús.

Terminó la lectura de la Biblia. Jesús se sienta. Toda la gente piensa en las palabras


de Jesús.
Una niñita va a Jesús y le dice:
—¡Gracias, Jesús! ¿Puedes decir:
“Gracias, Jesús”? Jesús ama a los niños. Y los niñitos aman a Jesús. Él es su amigo.

Nos gusta estar en la iglesia. A Jesús le gusta estar en la iglesia cada semana
también. A Jesús le gusta escuchar cuando cantamos y oramos. (Canten un canto
familiar y oren.) A Jesús le gusta que escuchemos su historia. Él está contento de que
vayamos a la iglesia cada sábado. La Biblia dice: “Vamos a la casa del Señor” ( Salmo
122:1 ).

LOS PASTORES ENCUENTRAN AL BEBÉ JESÚS


¿Alguna vez has estado esperando algo muy especial, como quizás un regalo de
cumpleaños? ¿Lo obtuviste?
Texto y clase de referencias:
LUCAS 2:15–20;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, cap. 4, pp. 29-33.
Versículo para memorizar:
“¡El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros!”
(SALMO 126:3).
Mensaje:
Adoramos a Jesús cuando hablamos a otros acerca de él.

Ha noche empezó como cualquier otra. Los pastores cuidaban sus rebaños en las
colinas cercanas al pequeño pueblo de Belén. Estaban reunidos conversando acerca
de la promesa especial que Dios había hecho hacía muchos años, de que un Rey
vendría a la tierra.

Repentinamente una luz brillante apareció en el cielo. ¡Qué temerosos estaban los
pastores! Pero cuán emocionados estuvieron cuando escucharon el mensaje del
ángel. 

—No tendrás miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha
alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador.
—¿Será cierto? —se preguntaron los pastores—. ¿Ha enviado a Dios el Salvador que
prometió hace ya mucho tiempo?

—Encontrarán al Bebé envuelto en pañales y se acostarán en un


pesebre —continuó el ángel.

Entonces cientos y cientos de ángeles se unieron al ángel, iluminando el


cielo. El aire resonó con el canto que cantaban.

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de buena
voluntad”.

Los ángeles terminaron su canto y su luz se fue desvaneciendo mientras regresaban a


los cielos. El grande y resplandeciente coro, se fue alejando más y más, y haciéndose
cada vez más pequeño, hasta quedar como la luz de una estrella en el oscuro
cielo. De nuevo la noche quedó en silencio sobre las colinas de Belén. Los pastores
se miraron unos a otros.

—Yo creo que es verdad —dijo uno.

—Pienso que debemos ver por nosotros mismos —dijo otro.

—De acuerdo —dijo un tercero—. Vamos a Belén, a ver lo que ha sucedido y que el


Señor nos ha dado a conocer.

Así que fueron de prisa a Belén. “En un pesebre”, había dicho el ángel. Todos los
pastores sabían que un pesebre debían encontrarse en un granero o en un establo, el
lugar donde se guardan los animales. Los animales comen la paja que les pone en un
pesebre la persona que los cuida.

Y allí, en la noche, encontraron a María y José, con el bebé Jesús


acostado en un pesebre, tal como el ángel les había dicho. Pensaron
en las palabras del ángel: “Ha nacido un Salvador”. Sabían que este
bebé había venido de Dios. Silenciosamente, se arrodillaron y
adoraron al niñ[Link] los pastores saldrán y regresaron a las
colinas para seguir cuidando sus rebaños. Volvieron a las colinas,
alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. En el camino les
decían a todos los que encontraban que habían visto a Jesús, el Salvador del mundo.

Hablaron acerca de lo sucedido aquella noche por mucho tiempo,


contando a quien quisiera escucharlos, acerca de la visita de los ángeles,
del maravilloso canto, y del bebé Jesús que se encontró acostado en un
pesebre.
María y José estaban asombrados. ¡Qué maravillosa noche había sido para
ellos! María siempre recordaría la visita de los pastores. ¡Y años después, le hablaría
a Jesús acerca de aquella noche!

Una Historia Acerca de Elena G. de White

La joven Elena Harmon (Más tarde Elena G. de White) tuvo su primera visión profética
al mes siguiente de haber cumplido sus diecisiete años y solamente dos meses
después del chasco de octubre de 1844.
Debió haber sido una ocasión conmovedora. Estaba arrodillada en oración con otras
cuatro amigas en la casa de su querida amiga, la señora Hains, en el sur de Portland,
Maine. Estas cinco consagradas mujeres oraron con la esperanza de que su Padre
celestial les revelara la razón por la cual Jesús no había venido como lo habían
esperado en octubre 22.
Mientras oraban por entendimiento y dirección, la joven Elena sintió el poder de Dios
sobre ella como nunca lo había sentido antes. Arthur W. Spalding dijo: En un
momento perdió de vista a los que la rodeaban, vio la visión de Dios". "Vio una senda
angosta y derecha que se perdía arriba sobre el mundo, sobre la cual el pueblo de
Dios viajaba a la Ciudad Eterna del Más Allá. Detrás de ellos sobre la senda brilló una
luz resplandeciente, en la cual un ángel le dijo que era el 'llanto de medianoche de
1844'. El 22 de octubre de 1844 fue llamado el Día del Chasco, pero en realidad fue el
Día de Su Encuentro.
Aquellos viajeros sobre el sendero que mantuvieron sus ojos en Jesús y caminaron en
la luz que fue vertida sobre su senda fueron con seguridad, pero los que desarrollaron
desánimo y cobardía perdieron el paso y cayeron. Pronto escucharon la voz de Dios
anunciando la Segunda Venida de Jesús, y entonces vieron una pequeña nube negra
aumentando en tamaño y brillantez, hasta que el arco iris del cielo reveló la venida del
Hijo del Hombre en Su gloria". Footprints of the Pioneers, págs. 65, 66.
Cuando Elena salió de esta primera visión, sus amigos se sintieron aliviados pues
habían pensado que estaba muerta. No había aliento en sus pulmones, sus ojos
estaban abiertos pero no podía ver nada. Unicamente con los ojos de su mente podía
ver las escenas de la visión. Dijo: "Nunca pensé que vendría al mundo otra vez.
Cuando mi aliento vino a mi cuerpo, no podía oír nada. Todo estaba oscuro. La luz y la
gloria sobre la que mis ojos han descansado, ha ocultado la luz. Así fue por muchas
horas.
Entonces gradualmente empecé a reconocer la luz y pregunté dónde estaba. "'Estás
aquí en mi casa', dijo la dueña de la casa. ¿Qué? ¿Aquí? ¿No sabes acerca de esto?
entonces todo volvió a mí. ¿Es este mi hogar? ¿He venido aquí otra vez? ¡Oh!, el peso
y la carga que vinieron a mi alma" MS 16, 1894; Messenger to the Remanent, pág. 6.
Lloré cuando me encontré aquí, y me sentí nostálgica. Había visto un mundo mejor, y
él había dañado éste para mí., --Life Sketches, págs. 67, 68. Esta es la preciosa luz
que la hermana White recibió en sus visiones y que vemos reflejados en cada página
de sus maravillosos libros. ¿Cuántos de estos libros ha leído? ¿Puede nombrar cinco
de sus libros?

Una Historia Sobre Jaime White


Jaime White nació en Palmyra, Maine, el 4 de agosto de 1821. Era descendiente de
uno de los peregrinos que vinieron en el "Mayflower" en 1620. El hecho de que creció
en una granja montañosa en Maine y vivió en un hogar humilde únicamente añade
interés a la historia de su vida. En su juventud fue un maestro de escuela. Llegó a ser
un ministro de la denominación cristiana de Maine. Aceptó los puntos de vista de Miller
sobre la segunda venida y tuvo éxito en la predicación de la doctrina de la pronta
venida del Salvador. En enero de 1843, a mediados de un frío invierno de Maine, fue a
más de 100 millas de distancia a lomo de caballo, escasamente cubierto y sin dinero,
para trabajar entre extranjeros. En una ocasión un grupo, instigados por no creyentes,
se juntaron alrededor de la casa de reuniones y quitaron las ventanas. Cuando el
joven ministro empezó a orar, una bola de nieve silbó a través de la ventana y salpicó
el techo. Este fue el comienzo de un fusilamiento de bolas de nieve que se estrellaban
en el techo y lo mojaban a él y a la Biblia. Cerrando su Biblia, empezó a mostrar los
terribles sucesos del día de Dios. Fue inspirado para dar esta clase de sermón como
nunca había sido capaz de hacerlo antes. Rápidamente, bajo el curso de su
elocuencia, el alborotador de la gente se calmó. Al hablar, sacó un clavo de su bolsa,
el cual le había sido arrojado y le había pegado en la frente la noche anterior.
Sosteniendo el clavo dijo: "Algún pobre pecador me lanzó este clavo anoche. Dios se
apiade de él. El peor deseo que tengo para él es que en este momento esté tan feliz
como lo estoy yo. ¿Por qué debía resentirme por este insulto cuando a mi Maestro se
los pusieron a través de sus manos? "En ese momento levantó sus brazos y colocó
sus manos sobre la pared detrás de él, en la posición de Cristo en la cruz. Con
lágrimas corriendo por sus mejillas, el joven ministro llamó a los pecadores al
arrepentimiento. El efecto fue poderoso. Más de cien estaban llorando y muchos de
ellos se levantaron para orar". "Terminando la reunión, el joven trató de salir a través
de la multitud. Alguien lo tomó del brazo, lo guió y ayudó a través del gentío. El no
conocía a esta persona, sin embargo, le parecía singularmente familiar. Cuando el Sr.
White pasó a través de la multitud, perdió a su compañero y nunca supo sobre la
identidad de ese protector enviado del cielo. Sus pláticas continuaron en ese lugar por
tres o cuatro noches sin la menor oposición, y esto dio como resultado un
reavivamiento general". Pioneer Stories Retold, págs. 64-65. En un lugar el joven
Jaime White celebró reuniones públicas y doscientos conversos se unieron a la iglesia.

Una Historia Acerca de Miller


En 1818 William Miller llegó a la conclusión de que Cristo iba a regresar en 1843 ó
1844, pero vaciló en decirle a la gente porque pensó: "soy solamente un agricultor y se
burlarán de mí". Así que estudió el asunto por quince años más. Un día, el 2 de agosto
de 1831 para ser exactos, le prometió al Señor que si el camino se abría, iría. Arturo
Spalding relata cómo el Señor guió a su sobrino Irwing hacia su casa, con la invitación
que él había convenido. "¿Qué quieres decir por el camino abierto?" "Que si alguien
viene, sin mi iniciativa, y me pide que salga y proclame el mensaje, diría que el camino
está abierto". "Entonces Irving en la puerta del frente, hablaba y daba el mensaje de
su padre de: Venir y hacerse cargo del servicio en la iglesia en ausencia del
predicador local. "Ven y enseña a nuestro pueblo que el Señor viene. . . " Guillermo
Miller estaba asombrado por este llamado repentino. No contestó una palabra al niño,
sino que dando vuelta, cruzó la puerta de atrás, bajó la pequeña cuesta del lado oeste
y subió nuevamente al bosque de arce donde a menudo fue a orar. A lo largo de todo
el camino una voz susurraba en sus oídos: "¡Ve y dilo! ¡Ve y dilo! ¡Ve y dilo al mundo!"
En su bosque de arce (aún erguido, con varios patriarcas del tiempo y algunos árboles
tiernos) cayó de rodillas y gritó: "¡Señor, no puedo ir! ¡No puedo! Soy solamente un
agricultor, no un predicador; cómo puedo llevar un mensaje como Noé?" Todo lo que
pudo escuchar fue: "¿Romperás una promesa tan pronto después de haberla Hecho?
¡Ve y dilo al mundo! "Al fin se rindió, exclamando: "Señor no sé cómo puedo hacerlo,
pero si tú irás conmigo iré". "Su carga fue quitada. Su espíritu se elevó. Saltó, éste
calmado y viejo agricultor de edad madura, brincando de un lado a otro, aplaudía y
clamaba: Gloria, Aleluya!" "Lucía, su hija más pequeña, su casi constante compañera,
lo siguió mientras él se apresuraba por el sendero; y ahora parándose a su lado,
estaba atenta a su acción y su triunfo. Asombrada por esa explosión que nunca antes
había visto en su padre, corrió de regreso a la casa gritando: "¡mamá, mamá, ven
rápido! Papá está en el bosque y se ha vuelto loco!" Eso fue lo que el mundo dijo de él
más tarde, pero Lucía reconsideró su juicio y siguió sus enseñanzas hasta el final de
sus días". --Footprints of the Pioneers, págs. 20-22. Esta es la historia del llamado de
Miller a la predicación del segundo advenimiento de nuestro Señor. ¡Qué poderoso
predicador era él también! Considerado, enérgico. Miles fueron convertidos por su
ministerio. Si esperamos que el Señor nos ayude a estar listos para su venida y
ayudar a otros a estar listos, debemos estudiar la Biblia con ahínco y ser tan fieles en
nuestra obra como Miller lo fue en los últimos años de 1830 y en los primeros de 1840.

Una Historia Acerca de J. N. Andrews


Cuando J. N. Andrews era joven, quería llegar a ser un congresista, en Washington, D.
C. Soñaba con un futuro y a juzgar por su fuerza intelectual latente y sus cualidades
literarias, seguramente habría tenido éxito. Su tío Carlos era congresista y un
importante hombre de política en Maine, pero Dios tenía planes más vastos para el
joven Juan. En la primavera de 1844 llegó un folleto a las manos de una familia en
París, Maine, llamada Stowell. Este folleto era la reimpresión de un artículo que había
aparecido en una revista adventista de Portland conocida como La Esperanza de
Israel. El propósito de este folleto era convencer a la gente de que el séptimo día era
el sábado cristiano y debía observarse en lugar del domingo. Stowell tomó el folleto y
lo puso a un lado, pero su hija Marian de quince años de edad, lo recogió y lo leyó.
Quedó convencida. Así también pasó con su hermano Oswaldo después de leerlo.
Entonces Marian compartió el folleto con Juan Andrews, que tenía entonces sólo 17
años de edad. El lo leyó, se lo trajo de vuelta y le preguntó: "¿Han leído esto tu padre
y tu madre?" no, dijo Marian, "pero yo sí y encontré que no estamos guardando el
sábado legítimo. ¿Qué piensas tú, Juan?" "Yo creo que el séptimo día es el sábado. Si
tú y yo creemos ésto, Marian, debemos guardarlo". "Por supuesto, mi hermano
Oswaldo y yo, guardamos el sábado pasado. Nos alegraremos si nos acompañas.
Pero lleva el folleto del pastor Preble a tu padre y a tu madre para que lo lean". "Muy
bien". El señor Andrew lo leyó, lo llevó de vuelta a los Stowells. Ambas familias
guardaron el siguiente sábado celebrando la reunión en una de sus habitaciones. Si
ese folleto no hubiera intervenido, Juan Nevis Anrews podría no haber llegado nunca a
ser un gran autor, dirigente religioso y misionero. Poco tiempo después que él aceptó
la verdad sostenida por los adventistas guardadores del sábado, el joven Juan tuvo
una experiencia extraña. En París, donde vivían, había un grupo de fanáticos que
sembraron semillas de discordia entre los cristianos guardadores del sábado. La
presencia de estos fanáticos eran tan perturbadora que no se realizaron reuniones por
un año y medio. Pero después de un tiempo se anunció una reunión y los dirigentes
de la iglesia asistieron. En esta reunión los fanáticos fueron derrotados. El poder de
Dios descendió en forma semejante como lo hizo en el día de Pentecostés. Los
padres confesaban sus faltas a sus hijos, los hijos a los padres y unos a otros. El
hermano J. N. Andrews, conmovido, exclamó: "Cambiaría mil errores por una verdad".
En esta reunión, el joven Andrews llegó a un punto de decisión que echó las bases
para su vida futura entera. Se dió por completo a la tarea de dar el mensaje que había
aprendido a amar. El resto de su vida vivió para promover los intereses del reino de
Dios. ¡Qué ejemplo para nosotros!
Una Historia Acerca de S. N. Haskell
W. C. White cuenta la siguiente historia acerca de la experiencia de Esteban Haskell
en introducir la idea de los estudios bíblicos entre los Adventistas del Séptimo Día:
"Durante el Congreso en el otoño de 1879 y primavera de 1880, al cual asistí con mi
madre, Elena White, ella habló a a nuestros ministros acerca de la obra de los
Congresos y dijo que debiera haber menos predicación y más enseñanza. Pasó algún
tiempo antes de que esto hiciera una verdadera impresión en la mente del pastor
Haskell, pero en la primavera de 1880, en el Congreso de Hanford, mi madre repitió
este asunto en forma tan enfática que el pastor Haskell fue completamente animado.
Después de pensar sobre el asunto, una mañana me invitó a ir con él a un sembrado
cercano para una sesión de oración. Dijo que no podía entender exactamente lo que
la Hna. White quería decir y hablamos y oramos sobre el particular. Finalmente dijo
que probaría y vería qué podía hacer. En una reunión de la mañana, en la carpa
grande, comenzó a hacer preguntas sobre características importantes de nuestra fe,
pidiendo a los hermanos que buscaran el texto que él citaba y lo leyeran. "Después de
proseguir la reunión por una media hora, comenzó a llover. Al llegar la hora de
terminar estaba lloviendo excesivamente fuerte y nadie deseaba salir de la carpa. El
pastor Haskell continuó su estudio bíblico por casi dos horas. La gente parecía
encantada con la instrucción y con el método que usaba y pidieron que otros estudios
fueran conducidos en la misma forma. Así, hasta donde sé, la obra de lectura bíblica
que el pastor Haskell condujo y otros que entusiastamente se le unieron, comenzó.
The Ministry, diciembre de 1948, p. 21. El plan que el pastor Haskell inauguró se
llamó: "Predicación informal laica". El nombre "estudio bíblico" nació en un congreso
en Lemoore, California. La idea se propagó como pólvora. En los Angeles en el
Congreso de Upper Columbia, en San Francisco, en Healdsburg y en San José, el
interés creció enormemente. La Asociación de California pasó la primera resolución
formal recomendando el plan de estudios bíblicos. Se ofreció un curso de instrucción
para laicos que deseaban servir en el campo dando estudios bíblicos, en Healdsburg.
Entonces en Michigan e Indiana, en los Congresos celebrados allí, se adoptó el plan.
El 30 de octubre de 1883 comenzó, en Battle Creek, un instituto para enseñar a los
adventistas a dar estudios bíblicos. Se reunió una clase de 300 personas bajo la
dirección de S. N. Haskell. La asistencia fue aumentando hasta pasar los mil. A estas
personas se les llamó "ayudas" ( 1Cor. 12:28). En 1884 se publicó la revista mensual
Bible Reading Gazette. Los estudios Bíblicos no eran cortos, sencillos y agradables
como son actualmente. ¡El primero tenía 149 preguntas! Hoy el plan de estudios
bíblicos es una de las formas más exitosas que tienen los Adventistas del Séptimo Día
para ganar almas a la verdad. Leer: The Bible Instructor in Personal and Public
Evangelism de Louse C. Kleuser, págs. 350-351. Además "Origin of the Our Bible
Work" en la revista Ministry,

Perros debajo de la mesa (Basado en Mateo 15:27)


Tenemos en esta historia dos o más perritos que tal vez eran del mismo dueño. Ellos
no eran de raza. ¿Qué nombres son comunes entre los perritos? Todos los días ellos
salían a pasear con sus dueños, los niños de la aldea... Estos animalitos, corrían al
frente de los niños y si ellos eran llamados por sus dueños, volvían corriendo con sus
lenguas afuera y moviendo la cola. Les gustaba también saltar y jugar con los niños y
cuando éstos corrían, ellos también corrían juntos.
Pero la vida de estos perritos no era solamente para jugar. Ellos también cuidaban la
casa. Si un extraño aparecía en el portón, la familia era alertada por los ladridos
nerviosos de los perros.
Una vez por semana sus dueños llenaban una vasija con agua y jabón y les daban un
buen baño. Ellos intentaban escapar, pero los niños corrían detrás de ellos y los traían
de vuelta. Después del baño, los perritos se sacudían bastante hasta que toda el agua
del pelo desaparecía. Lo que venía después era mucho mejor pues recibían agua
limpia y un plato grande de comida.
Aun cuando estaban bien alimentados, a los perros les gustaba esconderse debajo de
la mesa de la cocina en la hora del almuerzo; porque cuando los niños comían,
siempre caía un poco de alimento y ellos se llenaban a más no poder.
Pienso que Jesús estaba observando a los perritos comiendo las migajas que caían
de la mesa. Por eso, un día en que Jesús se encontró con una mujer que no
pertenecía al pueblo de Dios, Jesús se acordó de aquella escena.
La mujer estaba muy angustiada porque sólo tenía una única hija y la niña estaba muy
enferma. Tan enferma, que todos pensaban que moriría. La madre al ver a Jesús le
dijo:
“¡Señor, socórreme! ¡Mi hija está gravemente enferma!
En vez de ir con la mujer a visitar a la hija, Jesús sólo le dijo: “No puedo ayudarla
porque tú no eres parte del pueblo de Dios y no está bien tomar el pan de los hijos y
echarlo a los perros”.
Y la mujer respondió inmediatamente: “Es verdad Jesús, pero aún los perros comen
de las migajas que caen de la mesa de sus amos. ¿No tienes tú, alguna migaja de
atención y cura para mi hija?
Jesús no estaba ofendiendo a la mujer con sus palabras. Jesús estaba hablando
aquello que las personas que lo estaban escuchando, pensaban. Las personas
pensaban que Jesús sólo podía ayudar a quien era judío porque Jesús lo era. En otras
palabras, Jesús solamente debería ayudar a las personas que eran de su misma raza
y familia; así como hoy las personas que piensan que Jesús sólo puede bendecir a
aquellos que van a nuestra iglesia, a quien es de su familia o sus amigos.
Pero la mujer estaba ayudándole a Jesús a enseñarnos, que Él ama a todas las
personas del mundo y está dispuesto a ayudar a cualquiera que tiene fe en Él.
Jesús debe haber sonreído al oír las palabras de aquella mujer, porque Él conocía
bien lo que los perritos hacían, debajo de la mesa a la hora de comer. Y claro está,
Jesús curó a la hija de aquella señora llamada en la Biblia: la mujer cananea,
escuchando su pedido. Y hoy en día, Jesús oye a su pueblo y atiende sus oraciones
cuando están enfermos como aquella niña. Vamos a orar agradeciéndole a Jesús
porque quiere ayudar a todos y también para que nosotros recordemos contar esta
historia a las personas que todavía no lo conocen.
Los conejos salvajes y sus
casas
(Basada en Prov. 30: 24 - 26)
¿Quién sabe qué animal es este? Muy bien, un conejo. ¿Alguien ya tocó un conejo de
verdad? Su pelo es fino, suave. ¿Pasemos la mano por nuestro conejo?
El conejito de nuestra historia hoy, es un animalito muy saludable. Todo el mundo
sabe que los conejos son animales muy saludables, sólo comen cosas que hacen bien
a la salud: zanahoria, coliflor y otras hojas verdes. ¿A ustedes también les gusta la
zanahoria, coliflor, achicoria, lechugas y otras verduras verdes? ¿Comen alguna de
estas saludables verduras? Cuando el conejito de nuestra historia nació, él no tenía
ningún pelo y su mamá precisó cuidar muy bien de él. Así como ustedes cuando
nacieron, no sabían comer solitos, ni caminar, ni hablar, ni ponerse sus ropas, por eso
también necesitaban de todos los cuidados de sus mamás.
El conejo, es un animalito muy [Link] mirar todo lo que pasa a su alrededor,
porque sus ojos perciben hacia al frente, abajo, encima y a ambos lados al mismo
tiempo.
Cuando alguien lo molesta, el conejo suelta sus grandes uñas y así como los gatos,
araña a la persona para que lo suelte.
¿Les gusta a ustedes que alguien les tire las orejas? A los conejitos no les gustas que
lo sujeten por las orejas, porqueles duele.
Un día el rey Salomón estaba observando a un conejo y habló de él, y lo que dijo
quedó escrito en la Biblia. Salomón dijo que los conejos salvajes, no son fuertes, no
asustan a las personas, pero aún así, los conejos salvajes son mucho más inteligentes
que las personas más inteligentes, pues ellos hacen sus casas en las rocas y esto me
recuerda algo que Jesús dijo, Él también habló que las personas sabias construyen su
casa sobre una roca.
Los conejos salvajes pequeñitos que pesan solamente 5 kilos, necesitan defenderse
viviendo en casas donde es difícil que alguien los encuentre y es exactamente por eso
que las construyen en las rocas.
Los seres humanos también necesitan construir sus casas bien firmes y seguras sobre
piedras y adobe unidos porfierros y cimiento sobre una roca firme, para que cuando
venga la tempestad, ella no se caiga.
Y nosotros necesitamos construir nuestra vida en Jesús. Si Jesús fuera la persona
más importante en nuestra vida, aunque venga una tempestad de problemas, nosotros
no iremos a hundirnos. Vamos a cantar aquel canto que nos hace recordar al conejito
de nuestra historia, salvaje y sabio, que construye su casa en la roca.
El camello y la aguja
(Basado en Mateo 19:24)

¿Este es un…? ¡Muy bien, un camello! Y su nombre es “Andarillo”, porque él puede


andar hasta 100 km sin cansarse, sin comer y sin beber
agua. “Andarillo” come hojas y ramas verdes de las plantas y cuando bebe, bebe 120
litros, un tanque de agua entera él solito. Es por eso que “Andarillo” puede pasar días
sin beber agua. Y por eso su dueño aprovecha a viajar por el desierto montado en él.
¿Ustedes saben que en el desierto no hay ni una gota de agua, no es cierto? Pero
“Andarillo” no se incomoda con esto, pues él no siente sed. “Andarillo” tiene dos
montañas en el lomo. Éstas se llaman jorobas. Los dromedarios son de la misma
familia de los camellos pero tienen una cosa diferente ¿Saben lo que es? Ellos sólo
tienenuna joroba en el lomo.¿Sabían que allá en la región donde“Andarillo” y otros
camellos viven, las personas toman leche de camella y comen su carne también?
Pero el dueño de “Andarillo” disfruta de él porque él, es un animal muy fuerte y puede
cargar muchas cosas en sus dos jorobas, bien en el medio de ellas. Él puede hasta
llevar su mudanza encima: su tienda, mesas, sillas, ropas, ollas, además de su
dueño.
Yo creo que Jesús conocía a “Andarillo” y que incluso lo estaba observando cuando él
llegó de viaje con su dueño. Ellos se detuvieron cerca del portón de una ciudad y
Jesús habló una cosa más sobre este amigable camellito.
¿Saben lo que dijo Jesús? Él dijo: es más fácil que un camello pase por el ojo de una
aguja, que un rico entre en el cielo” (Mateo 19:24).
¿Creen ustedes que el camello “Andarillo” puede pasar por el ojo de una aguja? Yo
creo que no, porque él mide 2 metros de altura. Vamos a llamar al hermano (llame a
un hombre alto de la iglesia) y “Andarillo” es todavía más alto que él. ¿Piensan
ustedes que el hermano X puede pasar por el orificio de estaaguja? ¿Será que Jesús
no quiere que los ricos entren en el cielo? ¡No, claro que no! Cuando Jesús habló del
ojo de la aguja en realidad se estaba refiriendo a una puerta muy pequeña que se
encontraba al lado de la puerta principal del muro de la ciudad.
Cuando el sol se ponía, esta puerta grande debía ser cerrada por varias personas,
pues era muy pesada. Si algún viajero llegaba tarde, esta puerta no se volvía a abrir
ya
imaginarás por qué, era muy complicado… por sí se abría “la aguja” la puerta menor.
¡Sólo imagina al pobre camello intentando entrar por esta puerta tan pequeña! ¡A
veces lo lograba, pero qué difícil era! Así comparó Jesús lo difícil que puede resultarle
a las personas que tienen mucho dinero y están tan preocupadas Cuidando de él,
invertir tiempo para leer la Biblia y para ir a la iglesia a alabar a Dios y orar.
Los niños también pueden invertir mejor su tiempo. Eso quiere decir que necesitamos
pasar menos tiempo viendo televisión, viendo películas, video-juegos, conversando o
divirtiéndose en la Internet.
Vamos a pedirle a Jesús que nos ayude a amar más las cosas celestiales, cosas
importantes como las historias de la Biblia, ir a la iglesia, estudiar la lección de la
Escuela Sabática y jamás descuidar la oración. Oremos
La mamá cabra y los 7 cabritillos - Cuento infantil sobre la prudencia y cautela

En una bonita casita del campo vivían 7 cabritillos y su mamá.


Un día la mamá cabra tuvo que irse de compras al pueblo y dijo a sus hijitos:
- Hijos míos, me voy a comprar al pueblo y cuando yo vuelva daremos un paseo por el
campo. Os traeré exquisita comidita. 
Y todos los cabritillos, felices, dijeron:
- ¡Vale, mamá!!
Antes de salir de casa, la mamá cabra les dijo:
- Mientras yo no llegue, no abran la puerta a nadie, ¿vale
hijitos?
Y los cabritillos, obedientes, dijeron:
- ¡Vale, mamá!!
Fuera de casa, detrás de un árbol se escondía un temible lobo que observaba
cómo la madre cabra salía con su bolso de casa, dejando a sus hijitos solitos
dentro de la casa.
Minutos después de que la madre cabra saliera de casa, el lobo se acercó a la puerta
y dando algunos golpes, TOC TOC TOC a la puerta de la casa de los cabritillos, dijo:
- Soy vuestra mamá y os traigo buena comidita. ¿Podéis abrirme la puerta?
Reconociendo la voz del lobo, los cabritillos gritaron:
- NOOO... tu no eres nuestra madre. ¡Eres el lobo!!!
Decepcionado, el lobo se fue y se acercó a una granja que había allí cerca, y se comió
docenas y docenas de huevos para aclarar y suavizar su voz. Y volvió a la casa de los
cabritillos.
TOC TOC TOC... Y con voz suave dijo:
- Niños, soy vuestra mamá, ¿podéis abrirme la puerta?
No convencidos de que era su madre, los cabritillos le dijeron:
- Si eres nuestra madre, entonces enséñanos vuestra pata.
El lobo no dudó en enseñarles su pata negra y peluda por debajo de la puerta. Y los
cabritillos dijeron:
- NOOOO... tu no eres nuestra madre. Eres el lobo!!!
Contrariado, el lobo se dirigió a la casa de un molinero
y le pidió un saco de harina. Metió una patita en la
harina para que se la blanqueara y se fue otra vez a la
casa de los cabritillos.
TOC TOC TOC... Y les dijo:
- Niños, soy vuestra mamá y os traigo comidita muy exquisita del pueblo. ¡Abrid la
puerta!
Los cabritillos volvieron a decirle:
- Si eres nuestra madre, entonces enséñanos tu pata.
El lobo enseñó su pata bien rebozada en harina por debajo de la puerta y los
cabritillos dijeron:
- ¡Esta vez sí que eres mamá! Y abrieron la puerta.
El lobo entró rápidamente en la casa y empezó a correr para alcanzar a los cabritillos.
Los cabritillos salieron corriendo y se escondieron cada uno en un sitio distinto.
En este momento, pasaba por allí un cazador que, oyendo todo el ruido de voces y el
ajetreo, entró en la casa y estaba a punto de matar el lobo cuando el animal salió
corriendo asustado y con miedo, rogando al cazador que no le matara y jurando que
jamás volvería por aquellos lados.
Al cabo de un rato llegó la mamá cabra y se encontró la puerta abierta y la casa vacía.
- Ay, ¡mis hijitos! Seguro que a todos se los ha llevado el lobo.
Fue entonces cuando todos los cabritillos, uno a uno, fueron saliendo de su
escondrijo, para la alegría de la mamá cabra. El cazador le explicó todo lo que había
ocurrido. Y entonces, como agradecimiento al cazador, la mamá cabra y sus cabritillos
prepararon una gran fiesta donde pudieron comer la rica comidita que había comprado
la mamá cabra en el mercado del pueblo.
FIN
Cuento sobre el amor al prójimo: Mishka "un regalo de amor"

Cathi, una periodista de un país muy rico viajó a la India, y mientras caminaba cerca al
hotel un niño se le acercó y le dijo:
—Señora, por favor, cómpreme un par de
zapatos.
Ella bajó la cabeza para ver quien le
hablaba. Al hacerlo, vio a un pequeño niño,
con la ropa rota y muy sucia, y los pies
descalzos.
—Por favor, señora, necesito zapatos —
volvió a repetir el niño.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó la
mujer.
—Mishka —respondió el niño, y sabiendo que su nombre era especial agregó—; y
significa “regalo de amor”.
—Mi nombre es Cathi —se presentó ella, mientras sonreía del ingenio del pequeño—,
y hoy te daré ese regalo que me pides.
Al frente del lugar había un almacén, entraron y compraron los zapatos que el niño
eligió. Al salir, Mishka dio las gracias y se marchó muy contento.
Otro día, nuevamente el niño, al verla salir del hotel, le pide un par de zapatos.
—¿Qué hiciste los que te compré? —preguntó Cathi.
—Los he regalado porque me quedaron pequeños —dijo Mishka algo apenado, pero
con una leve sonrisa.
—Bueno, está bien —respondió Cathi después de poner a prueba su generosidad—.
Yo también, más de una vez, compré zapatos que después me apretaron los pies.
Entraron a la tienda y compraron un nuevo par de zapatos, esta vez más grandes que
los anteriores. El niño salió feliz con su regalo.
El tercer día, ocurre la misma escena, pero esta vez Mishka le pedía zapatos a otro
turista. Cathi, como buena periodista decide poner atención a lo que pasaba y
escuchó:
—Me parece que esos zapatos son de niña —le dijo el hombre a Mishka.
—Señor, estos son los zapatos que me gustan, así se usan en la India —respondió
Mishka con algo de picardía.
El hombre decidió comprarle los zapatos al gusto del niño, al fin de cuentas eran
zapatos muy baratos, y qué sabía él de la moda en la India.
Cathi al ver a Mishka salir del almacén y separarse del turista, lo siguió sigilosa, para
no ser descubierta.
—¿Mishka está engañando a los turistas? ¿Trabajará para algún ladrón que explota a
los niños?, se preguntaba Cathi  mientras lo seguía por diversas calles de la ciudad.
Al final, llegaron a un callejón sin salida; era un sitio sucio y oscuro, que se veía
bastante peligroso. Mishka dio un silbido, y después otro más fuerte, y de la nada
comenzaron a llegar niños y niñas; todos muy pobres y más pequeños que Mishka.
Una niña sin zapatos salió presurosa dando brincos y diciendo:
—Mishka, ¿Me has traído mis zapatos?
—Sí —respondió el niño con una gran sonrisa—, por fin he podido traerlos, me los ha
comprado un turista.
Cathi observó en el rostro de la niña una gran felicidad al probarse  sus zapatos, y
aunque sus pies eran mucho más pequeños, inmediatamente salió a correr con 
ellos. Al fijarse bien, también reconoció que dos niños llevaban puestos los zapatos
que ella le había comprado a Mishka, mientras él seguía descalzo.
Ese día Cathi descubrió porque Mishka era: “Un regalo de amor”.
Cuento de Ricitos de Oro

Érase una vez una familia de osos que vivían en una linda casita en el bosque. Papá
Oso era muy grande, Mamá Osa era de tamaño mediano y Osito era pequeño.
Una mañana, Mamá Osa sirvió la más deliciosa avena para el desayuno, pero como
estaba demasiado caliente para comer, los tres osos decidieron ir de paseo por el
bosque mientras se enfriaba. Al cabo de unos minutos, una niña llamada Ricitos de
Oro llegó a la casa de los osos y tocó la puerta. Al no encontrar respuesta, abrió la
puerta y entró en la casa sin permiso.
En la cocina había una mesa con tres tazas de avena: una grande, una mediana y una
pequeña. Ricitos de Oro tenía un gran apetito y la avena se veía deliciosa. Primero,
probó la avena de la taza grande, pero la avena estaba muy fría y no le gustó. Luego,
probó la avena de la taza mediana, pero la avena estaba muy caliente y tampoco le
gustó. Por último, probó la avena de la taza pequeña y esta vez la avena no estaba ni
fría ni caliente, ¡estaba perfecta! La avena estaba tan deliciosa que se la comió toda
sin dejar ni un poquito.
Después de comer el desayuno de los osos, Ricitos de Oro fue a la sala. En la sala
había tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña. Primero, se sentó en la
silla grande, pero la silla era muy alta y no le gustó. Luego, se sentó en la silla
mediana, pero la silla era muy ancha y tampoco le gustó. Fue entonces que encontró
la silla pequeña y se sentó en ella, pero la silla era frágil y se rompió bajo su peso.
Buscando un lugar para descansar, Ricitos de Oro subió las escaleras, al final del
pasillo había un cuarto con tres camas: una grande, una mediana y una pequeña.
Primero, se subió a la cama grande, pero estaba demasiado dura y no le gustó.
Después, se subió a la cama mediana, pero estaba demasiado blanda y tampoco le
gustó. Entonces, se acostó en la cama pequeña, la cama no estaba ni demasiado
dura ni demasiado blanda. De hecho, ¡se sentía perfecta! Ricitos de Oro se quedó
profundamente dormida.
Al poco tiempo, los tres osos regresaron del paseo por el bosque. Papá Oso notó
inmediatamente que la puerta se encontraba abierta:
—Alguien ha entrado a nuestra casa sin permiso, se sentó en mi silla y probó mi
avena —dijo Papá Oso con una gran voz de enfado.
—Alguien se ha sentado en mi silla y probó mi avena —dijo Mamá Osa con una voz
medio enojada.
Entonces, dijo Osito con su pequeña voz:
—Alguien se comió toda mi avena y rompió mi silla.
Los tres osos subieron la escalera. Al entrar en la habitación, Papá Oso dijo:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Y Mamá Osa exclamó:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama también!
Y Osito dijo:
—¡Alguien está durmiendo en mi cama! —y se puso a llorar desconsoladamente.
El llanto de Osito despertó a Ricitos de Oro, que muy asustada saltó de la cama y
corrió escaleras abajo hasta llegar al bosque para jamás regresar a la casa de los
osos.
Cuento de los tres cerditos

En un pueblito no muy lejano, vivía una mamá cerdita junto con sus tres cerditos.
Todos eran muy felices hasta que un día la mamá cerdita les dijo:
—Hijitos, ustedes ya han crecido, es tiempo de que sean cerditos adultos y vivan por
sí mismos.
Antes de dejarlos ir, les dijo:
—En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, deben aprender a trabajar para lograr sus
sueños.
Mamá cerdita se despidió con un besito en la mejilla y los tres cerditos se fueron a vivir
en el mundo.
El cerdito menor, que era muy, pero muy perezoso, no prestó atención a las palabras
de mamá cerdita y decidió construir una casita de paja para terminar temprano y
acostarse a descansar.
El cerdito del medio, que era medio perezoso, medio prestó atención a las palabras de
mamá cerdita y construyó una casita de palos. La casita le quedó chueca porque
como era medio perezoso no quiso leer las instrucciones para construirla.
La cerdita mayor, que era la más aplicada de todos, prestó mucha atención a las
palabras de mamá cerdita y quiso construir una casita de ladrillos. La construcción de
su casita le tomaría mucho más tiempo. Pero esto no le importó; su nuevo hogar la
albergaría del frío y también del temible lobo feroz...
Y hablando del temible lobo feroz, este se encontraba merodeando por el bosque
cuando vio al cerdito menor durmiendo tranquilamente a través de su ventana. Al lobo
le entró un enorme apetito y pensó que el cerdito sería un muy delicioso bocadillo, así
que tocó a la puerta y dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito menor se despertó asustado y respondió:
—¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo feroz se enfureció y dijo:
Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de paja se vino al piso.
Afortunadamente, el cerdito menor había escapado hacia la casa del cerdito del medio
mientras el lobo seguía soplando.
El lobo feroz sintiéndose engañado, se dirigió a la casa del cerdito del medio y al tocar
la puerta dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito del medio respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de palo se vino abajo. Por
suerte, los dos cerditos habían corrido hacia la casa de la cerdita mayor mientras que
el lobo feroz seguía soplando y resoplando. Los dos hermanos, casi sin respiración le
contaron toda la historia.
—Hermanitos, hace mucho frío y ustedes la han pasado muy mal, así que disfrutemos
la noche al calor de la fogata —dijo la cerdita mayor y encendió la chimenea. Justo en
ese momento, los tres cerditos escucharon que tocaban la puerta.
—Cerdita, cerdita, déjame entrar —dijo el lobo feroz.
La cerdita respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y soplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas, pero la casita de ladrillos resistía sus
soplidos y resoplidos. Más enfurecido y hambriento que nunca decidió trepar el techo
para meterse por la chimenea. Al bajar la chimenea, el lobo se quemó la cola con la
fogata.
—¡AY! —gritó el lobo.
Y salió corriendo por el bosque para nunca más ser visto.
Un día cualquiera, mamá cerdita fue a visitar a sus queridos cerditos y descubrió que
todos tres habían construido casitas de ladrillos. Los tres cerditos habían aprendido la
lección:
“En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, debemos trabajar para lograr nuestros
sueños”.
Mi papá está muy ocupado
El papá de Alberto era un hombre importantísimo y muy ocupado que trabajaba tantas
horas, que a menudo debía trabajar los fines de semana. Un domingo Alberto se
despertó antes de tiempo, y al escuchar que su papá abría la puerta de la calle para
salir hacia la oficina, corrió a preguntarle:
- ¿Por qué tienes que ir hoy a trabajar, papi? Podríamos jugar juntos...
- No puedo. Tengo unos asuntos muy importantes que resolver.
- ¿Y por qué son tan importantes, papi?
- Pues porque si salen bien, serán un gran negocio para la empresa.
- ¿Y por qué serán un gran negocio?
- Pues porque la empresa ganará mucho dinero, y a mí es posible que me asciendan.
- ¿Y por qué quieres que te asciendan?
- Pues para tener un trabajo mejor y ganar más dinero.
- ¡Qué bien! Y cuando tengas un trabajo mejor, ¿podrás jugar más conmigo?
El papá de Alberto quedó pensativo, así que el niño siguió con sus preguntas.
- ¿Y por qué necesitas ganar más dinero?
- Pues para poder tener una casa mejor y más grande, y para que tú puedas tener
más cosas.
- ¿Y para qué queremos tener una casa más grande? ¿Para guardar todas esas cosas
nuevas?
- No hijo, porque con una casa más grande estaremos más a gusto y podremos hacer
más cosas.
Alberto dudó un momento y sonrió.
- ¿Podremos hacer más cosas juntos? ¡Estupendo! Entonces vete rápido. Yo esperaré
los años que haga falta hasta que tengamos una casa más grande.
Al oír eso, el papá de Alberto cerró la puerta sin salir. Alberto crecía muy rápido, y su
papá sabía que no le esperaría tanto. Así que se quitó la chaqueta, dejó el ordenador
y la agenda, y mientras se sentaba a jugar con un Alberto tan sorprendido como
encantado, dijo:
- Creo que el ascenso y la casa nueva podrán esperar algunos años.

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