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1 Corintios 2,1-16

El documento resume un programa de radio sobre 1 Corintios 2:1-16. En 3 oraciones o menos: Pablo no usó un método filosófico o de sabiduría humana para predicar, sino que se enfocó en predicar a Cristo crucificado. Explicó que predicó con debilidad, temor y temblor, dependiendo del poder del Espíritu Santo en lugar de palabras elocuentes. La fe de los corintios debía basarse en el poder de Dios, no en la sabiduría humana.
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1 Corintios 2,1-16

El documento resume un programa de radio sobre 1 Corintios 2:1-16. En 3 oraciones o menos: Pablo no usó un método filosófico o de sabiduría humana para predicar, sino que se enfocó en predicar a Cristo crucificado. Explicó que predicó con debilidad, temor y temblor, dependiendo del poder del Espíritu Santo en lugar de palabras elocuentes. La fe de los corintios debía basarse en el poder de Dios, no en la sabiduría humana.
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PROGRAMA No.

0523

1 CORINTIOS

Cap. 2:1 - 16

Llegamos hoy al capítulo 2 de esta Primera Epístola a los Corintios. Esperamos que
usted tenga su Biblia abierta y si tiene sus notas y bosquejos, pues, se dará cuenta que son
de mucha ayuda. Ahora, como ya dijimos, si no las tiene, le invitamos a que nos escriba
para solicitar su copia, ya que con muchos gusto le enviaremos una gratuitamente. Ahora,
en el capítulo 2, vamos a considerar la claridad del Espíritu Santo y que eso corrige la
sabiduría humana. Hemos visto algo sobre eso en nuestra última oportunidad en nuestro
programa anterior, pero en el primer capítulo se enfatiza la centralidad de Cristo
crucificado y que ello es lo que corrige las divisiones. Y la claridad del Espíritu Santo
corrige la sabiduría humana. Usted puede notar que al comenzar el capítulo 2, dice el
apóstol Pablo en el versículo 1:

1
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui
con excelencia de palabras o de sabiduría.

Aquí tenemos dos cosas a las cuales quisiera dirigir su atención; la primera de ellas es que el
apóstol Pablo no usó un método filosófico para su predicación. El no era un predicador textual
o un predicador sobre tópicos, él era un expositor de la palabra de Dios. Y creemos
personalmente que ese es el método de Dios, por lo menos fue el método utilizado por nuestro

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Señor.

El dice aquí primeramente, que no llegó con un lenguaje exagerado o con la sabiduría del
mundo, anunciando el testimonio o el misterio de Dios. ¿Qué es lo que quiere decir por
misterio? Bueno, la palabra misterio es una palabra que vamos a enfrentar vez tras vez en esta
epístola, y la vamos a considerar en detalle. Pero aquí simplemente quiere decir “aquello que no
ha sido revelado con anterioridad.” El misterio de Dios es ahora el hecho de que Cristo fue
crucificado, y eso fue algo que no había sido revelado antes. Ahora es revelado. Era antes
solamente en la tipología y en la profecía del Antiguo Testamento. Entonces, dice el apóstol
Pablo en el versículo 2, de este capítulo 2 de la Primera Epístola a los Corintios:

2
Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste
crucificado.

En otras palabras, Pablo no quiso entrar en discusiones filosóficas que provocan divisiones,
sino en su lugar él se mantuvo firme en su misión específica, permaneciendo con la predicación
de la cruz de Cristo, el Salvador crucificado, Uno que había muerto por los pecados del mundo.
Y una vez más, quisiéramos decir que este es el tipo de misterio que se necesita
desesperadamente entre nosotros este día. Y ahora, vemos en el versículo 3:

3
Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;

Pablo está abriendo aquí su propio corazón y le permite a usted observar sus pensamientos
más profundos y la manera de pensar suya cuando estaba entre ellos. El, como lo hace ver aquí
con toda claridad, estaba visiblemente inquieto entre ellos. Dice que estaba “con debilidad y
mucho temor y temblor.” No nos sorprende que dijera eso ya que Dios ha elegido a las cosas

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débiles de este mundo. Dios ha elegido las cosas que no son. Pablo no tenía una concepción
más alta de sí mismo. Y, aún así, él era un hombre de gran intelecto. Pensamos que él era un
gran hombre en muchas maneras. Pero él nunca pensó de sí mismo en esa forma. Y continúa
diciendo en el versículo 4 de este capítulo 2 de la Primera Epístola a los Corintios:

4
y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino
con demostración del Espíritu y de poder, . . .

Hoy nosotros tenemos las palabras de sabiduría de muchos. Tenemos mucha predicación,
pero muy poco se presenta “con demostración del Espíritu y de poder.” Y eso, una vez más, es
algo que es necesario en estos días. Hay quienes piensan hoy, que si nosotros utilizamos el
método correcto, o si tenemos el sermón apropiado, o si aun decimos lo que corresponde,
entonces tendremos buen resultado. Sin embargo, lo importante es hacerlo “con demostración
del Espíritu y de poder,” como lo dice el versículo 5 de este capítulo 2 de la Primera Epístola a
los Corintios:

5
para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de
Dios.

En otras palabras, si se utiliza la sabiduría humana para ganar a un hombre, entonces su fe


descansa en eso; pero si él llega a la fe por medio del poder de Dios, entonces su fe descansará
en eso. Esa es la razón por la cual desconfiamos en gran manera de la predicación apologética,
que tiene por objeto defender la religión cristiana contra los ataques de sus adversarios. Es
decir, tratar de probar que la Biblia es la palabra de Dios, tratar de probar que el primer capítulo
de Génesis es algo científico, y que el diluvio fue algo que en verdad ocurrió. Ahora, no
queremos que usted nos entienda mal, amigo oyente. Nosotros creemos que para eso hay un

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lugar, y le damos gracias a Dios por aquellos que han tomado esos puntos y se han especializado
en ellos. Pero nosotros necesitamos entender que la salvación no se basa en el hecho de saber si
nosotros podemos verdaderamente probar la inspiración de las Escrituras. Pensamos que usted
lo puede hacer, pero ese no es el caso. La cuestión es: ¿en qué se basa su fe. Cuál es la base en
la cual descansa su fe? Bueno, creemos que nuestra fe descansa en el poder de Dios. Allí está
la base, y por lo tanto, ya que está descansando en eso, entonces, no va a descansar en otras cosas
por más importantes que sean. Y por la parte que tengan en llamarnos la atención hacia la
palabra de Dios. Pero, la fe tiene que estar firme en el poder de Dios. Por tanto, el apóstol
Pablo continúa diciendo en el versículo 6:

6
Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no
de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

Pablo dice, yo no uso los métodos mundanos o humanos para nada. “Mas hablamos
sabiduría de Dios en misterio.” Aquí volvemos a tener otra vez esta palabra misterio. Sigue
diciendo, “la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria.”
Ahora otra vez aparece el misterio. Debemos ser bien claros en indicar que aquí no se trata de
uno de esos misterios que son populares, como una novela de suspenso. Para nosotros la palabra
misterio tiene que ver con algo que se ha hecho en secreto, en privado. A veces leemos en los
periódicos que alguien ha sido asesinado y que todavía no se ha encontrado al culpable, y queda
en completo misterio la forma en que se llevó a cabo ese crimen. Bueno, eso fue un misterio.
¿Qué es lo que queremos decir entonces por misterio? En ese caso quiere decir algo que uno no
sabía, algo para lo cual no se tenía una respuesta. En realidad, la palabra se usa aquí también en
las Escrituras, y tiene un significado más profundo que eso. No es algo que no se entienda, sino
algo que no se había entendido en el pasado pero que ahora es comprendido. Es algo que está
muy, pero muy claro. Esta palabra “misterio,” aparece 28 veces en el Nuevo Testamento.

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Aparece tres veces en el evangelio de Mateo, y en el evangelio de San Marcos, y también en
el de Lucas, y siempre en los labios del Señor, pero en referencia a la misma parábola. El dice
“Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos.” En otras palabras,
esas son parábolas misteriosas, como hemos leído allá en el capítulo 13 del evangelio según San
Mateo. ¿Por qué son ellas parábolas misteriosas? Porque ellas indican la dirección que va a
tomar el reino en el intervalo entre el rechazo del rey, hasta el momento en que El regresará para
preparar su reino. Eso no ha sido revelado en el Antiguo Testamento para nada. Dios no lo
había revelado aún a los hombres. Pero ahora, El lo está revelando a los hombres. El dice,
“mas hablamos sabiduría de Dios en misterio.”

Eso es algo que es muy interesante aquí. Es una palabra que proviene de las escuelas
griegas de filosofía de la palabra “octo” y de la ciencia, y Pablo asiéndose de ella, o agarrándose
de ella, dijo: “hablamos sabiduría de Dios en misterio.” Pero él le da un significado
completamente nuevo. Misterio viene de una palabra que quiere decir boca, y significa tener la
boca cerrada. Es una proposición que se indica con el sonido Shhhhh! Pero el apóstol Pablo
nunca la usó de esa manera. Eso que había sido silencioso se ha podido decir vocalmente.
Aquello que no había sido conocido y que no podía ser conocido, como resultado de las
investigaciones humanas, ahora es conocido y el misterio del Nuevo Testamento siempre quiere
decir algo que no se puede descubrir por medio del intelecto humano, sino que es revelado para
que el intelecto humano lo pueda entender. Misterio es algo que ha sido revelado para que
pueda ser entendido por la mente del hombre, y por el intelecto humano.

Y también tenemos sabiduría. Pablo dice, “Tenemos una filosofía.” Ahora, no es de este
siglo ni de este mundo, es la sabiduría de Dios. Y pertenece a la cruz de Cristo. Lo que él está
diciendo es algo maravilloso. Y luego, continua él en los versículos 7 al 9 de ese capítulo 2, de
la Primera carta a los Corintios, diciendo:

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7
Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó
antes de los siglos para nuestra gloria, 8la que ninguno de los príncipes de este siglo
conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.
9
Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en
corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman

Aquí tenemos un versículo que muchas veces se ha entendido mal. Ha ido a los entierros
muchas veces, y no creemos que sea un versículo que se deba usar en un entierro. Lo hemos
oído mencionar cuando éramos muchachos, cuando el Dr. Fulano de Tal o cualquier otra persona
moría, y allí estaba su cuerpo ante nosotros; cuando él estaba entre nosotros no podía ver muy
bien, tampoco podía oír bien, y él no podía entender bien. Pero ahora él está vivo y puede
comprender todo. Bueno, eso no es lo que Pablo está diciendo. Pablo está diciendo que aquí,
ahora, en este lugar, hay ciertas cosas que el ojo no ha visto. Hay ciertas cosas que uno no
puede percibir por medio del ojo humano.

Nosotros aprendemos mas a través de nuestros ojos que de cualquier otra forma, pero hay
ciertas cosas que uno no puede aprender por medio del ojo. Ni tampoco por medio del oído. El
oído es otra de las maneras por las cuales nosotros aprendemos. Aprendemos oyendo. Y aún
así, hay ciertas cosas que uno no puede comprender por medio del oído. El dice, “Ni ha subido
en corazón de hombre.” Es decir, por medio de la meditación, por medio de la reflexión, por
medio del pensamiento, el razonar. Hay ciertas cosas que uno nunca puede obtener. Dios
nunca tuvo un Cristóbal Colón. Usted no puede descubrirlo. ¿Tampoco lo puede hacer
buscando a Dios? Por supuesto que no. Ahora, estas son cosas que uno no puede aprender;
cosas que Dios ha preparado para aquellos que le aman. Usted, amigo oyente, no lo recibe por
medio del ojo, por el oído o por medio de la razón. ¿Cómo lo podemos recibir entonces?
Bueno, veamos el versículo 10, de este capítulo 2 de la Primera carta a los Corintios, y dice:

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10
Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña,
aun lo profundo de Dios.

Ahora, lo que él está diciendo aquí, sencillamente es que lo que uno no puede recibir por
medio del ojo, o del oído, el Espíritu de Dios se lo puede enseñar. Hay ciertas cosas en la Biblia
que usted puede recibir a través del ojo, y que usted puede recibir a través del oído y que puede
comprender por medio de la razón. Un profesor cuenta que había muchos estudiantes devotos
en el Seminario, que piensan que Dios les va a dar a ellos la respuesta en los exámenes. Ellos
pensaban que si ponían su Biblia bajo la almohada durante la noche, antes de los exámenes, que
las respuestas saldrían de la Biblia y que llegarían a introducirse en sus mentes de alguna
manera; algo que es completamente ridículo. Usted, amigo oyente, no va a aprender por ese
método. Hay ciertas cosas que usted puede aprender estudiando la Biblia, como es la historia,
puede aprender de la poesía de ella y muchas otras cosas que se aprenden utilizando la mente de
uno, y por medio del estudio. Pero uno no puede recibir las verdades espirituales de esa manera
porque lo importante es que “Dios nos las reveló a nosotros por medio del Espíritu.” Hay
ciertas cosas que solamente el Espíritu de Dios nos puede revelar. Luego, continúa Pablo
diciendo aquí en el versículo 11:

11
Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que
está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Usted y yo, amigo oyente, nos podemos entender el uno al otro porque tenemos el espíritu de
hombre. Yo, por ejemplo, puedo saber cómo se siente cuando se cae en la vía pública. Le hace
pasar vergüenza, ¿verdad? En cierta ocasión, un señor salía de una tienda de víveres y saliendo
a la calle, se resbaló y cayó al suelo. Ahora, él llevaba en sus manos, dos frascos grandes, o sea
dos galones llenos de aceite, que había comprado. Pero al caer, no se quebró ninguno de los dos

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frascos. Pero sí se dio un buen golpe. Ahora, él se levantó rápidamente y miró en todas
direcciones para ver si alguien lo estaba observando. ¿Por qué hizo eso? Yo sí sabía por qué lo
había hecho. Lo estaba haciendo porque le había dado vergüenza, y quería saber si alguien lo
estaba viendo. Y yo entiendo eso, amigo oyente, porque yo tengo el espíritu del hombre. El
tiene el espíritu del hombre, también. Pero, yo no entiendo cómo se siente Dios. No sé de eso.
Y si yo voy a entender algo acerca de Dios, El será quien tenga que revelármelo. Ahora, el
apóstol Pablo nos dice en el versículo 12 de este capítulo 2 de la Primera Epístola a los Corintios:

12
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de
Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, . . .

Hay cosas que nosotros podemos comprender, solamente si el Espíritu de Dios nos las revela.
Y él lo hace libremente. El quiere ser nuestro maestro. Y el versículo 13 nos dice:

13
lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con
las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

El hace esta declaración bastante profunda aquí, que es un axioma de las Escrituras, es decir
un principio que no necesita explicación. Es un versículo muy conocido, pero el hombre
natural, es decir, el hombre que no ha sido salvo, y así es como todos nosotros nacemos en este
mundo, muertos en nuestros delitos y pecados, sin ninguna capacidad para Dios, nos hemos
hecho enemigos de Dios, así es el hombre natural. Y Pablo dice que el hombre natural no
percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.

Permítanos contarle algo que escuchamos constantemente en nuestro programa. Un hombre


contó que él era un vendedor que viajaba a distintas ciudades. El dijo que, “un día estaba

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sencillamente girando el dial de su radio en el automóvil, mientras se dirigía a otra ciudad en
viaje de negocios. Al escuchar la radio, dijo, “bueno, aquí tenemos a otro predicador y yo ya
estoy cansado de oírlos. Y entonces, comencé a cambiar de estación”. Luego, dijo este
hombre: “El está enseñando la Biblia.” Yo no sé qué pasaje de la Biblia estábamos
considerando entonces, pero él se preguntó: “¿Qué será lo que va a decir sobre eso? Y decidió
escuchar. Ahora, él resistió eso. Más adelante, él finalmente se puso a escuchar otro programa
y dijo: “Ese hombre será algún chiflado religioso.” Pero, al siguiente día, viajando a otra ciudad
se dijo que volvería a escuchar, y así lo hizo. Luego, al regresar, recordó la hora del programa y
volvió a escuchar otra vez. Finalmente, llegó a conocer a Cristo como su Salvador personal.
Pero el hombre natural, amigo oyente, no podía percibir las cosas que son del Espíritu de Dios.
¿Por qué? Porque son locura para él.

Usted que nos está escuchando ahora y que no es un creyente, sino piensa que lo que estamos
diciendo es locura, hay algo que anda mal con usted o conmigo. Uno de nosotros está
equivocado porque Dios dice que el hombre natural no percibe las cosas que son el Espíritu de
Dios, porque para él son locura. Es decir, la predicación de la cruz de Cristo para salvación.
Y Él dice: no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

A veces, cuando uno ha recibido algunos estudios, piensa que puede entender cualquier cosa
que se haya escrito. Sin embargo, muy pronto descubre que no es así. Y ciertamente, nosotros,
amigo oyente, no vamos a conocer la Palabra de Dios, sino hasta cuando el Espíritu de Dios abra
nuestras mentes y nuestros corazones para que entendamos. El apóstol Pablo dice aquí: Porque
para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. Sólo el
Espíritu de Dios puede tomar las cosas de Cristo y enseñárnoslas. El Señor Jesucristo dijo eso
allá en el evangelio según San Juan, capítulo 16, versículos 13 y 14; escuche lo que dijo: 13Pero
cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su
propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de

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venir. 14El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Amigo oyente, estamos seguros que hasta cuando el Espíritu de Dios le muestre a usted las
cosas de Cristo, nuestro hablar aquí ciertamente es en vano. Veamos ahora lo que dicen los
versículos 15 y 16, de este capítulo 2 de la Primera carta a los Corintios:

15
En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16Porque
¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente
de Cristo.

Usted no le puede decir nada a Dios, pero El sí que le puede decir a usted muchas cosas. Y
El no lo puede hacer hasta cuando usted tenga la mente de Cristo, es decir, hasta cuando el
Espíritu de Dios tome esas cosas y se las muestre.

Nos quedan sólo unos instantes antes de finalizar el programa de hoy, y quisiéramos hacer un
experimento con su ayuda en este día. Sabemos que hay muchas personas que nos están
escuchando y que dentro de esa gran compañía de oyentes, hay aquellos que no son creyentes.
Usted, por alguna razón nos ha sintonizado hoy. No sabemos el por qué. Quizá haya
escuchado sólo parte del programa. Pero si usted en este día, amigo oyente, no es una persona
salva, ¿no le parece a usted que la predicación de la cruz es una locura? ¿No cree usted que la
muerte de Uno en la cruz parezca ser una derrota total? ¿No le impresiona eso a usted, no como
salvación, sino simplemente algo parecido a la locura?

Sin embargo, amigo oyente, Dios dice que este es Su método, que ésta es Su sabiduría, que
El entregó a Su Hijo para que muriera en la cruz por nosotros, para que usted y yo fuéramos
salvos, y que usted y yo, confiemos en El. De modo que usted, amigo oyente, debe confiar en

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El para poder ser salvo. Ahora, ¿no le da a usted la impresión de que eso es locura? Si usted
no es salvo en el día de hoy, con usted queremos hacer este experimento. ¿Le molestaría mucho
escribirnos una breve nota diciendo: “Señor, le escuché y sé que usted quiere conocer mi
reacción; y yo le quiero decir que creo que lo que usted está diciendo es locura. No puedo ver
que eso sea importante. No puedo ver cómo eso me va a salvar a mí o a alguna otra persona.”

Ahora, si esa es su experiencia, ¿por qué no nos escribe y nos informa? Y si esa no es su
experiencia, bueno, me gustaría saberlo también. Y luego, si usted es un hijo de Dios, quisiera
también, conocer su reacción.

Y aquí vamos a detenernos por hoy, porque nuestro tiempo ya se ha agotado.


Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Hasta entonces, pues, ¡que las
bendiciones del Señor, sean su más preciada posesión, es nuestra ferviente oración!

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