ESTUDIOS
MINDONIENSES
anuario de estudios histÓrico-teolÓgicos
de la diÓcesis de mondoñedo-ferrol
ESTUDIOS MINDONIENSES
CONSEJO DIRECTIVO
Director
Segundo Leonardo Pérez López
[email protected]
Vocais
LuIs Asorey garcía
Enrique Cal Pardo
José María Fernández y Fernández
Uxío García Amor
José Luis López Sangil
José Martinho Montero Santalha
Fernando Monterroso Carril
José Luis Novo Cazón
Fernando Porta de la Encina
Margarita Sánchez Yáñez
CONSEJO ASESOR Y CIENTÍFICO
Eleutino Álvarez Álvarez
Edelmiro Bascuas lópez
Xosé Carlos Breixo Rodríguez
Colin smith
Carlos de Castro Álvarez
Francisco miguel Castro Allegue
José María Díaz Fernández
Richard Fletcher
Carlos García Cortés
Antonio García y García
José Manuel García Iglesias
José García Oro
Isidro García Tato
Peter A. Linehan
Francisco Mayán Fernández
Manuel Mejuto Sesto
Juan Monterroso Montero
Eduardo Pardo de Guevara y Valdés
Teresa Porto
Manuel Recuero Astray
Xosé Rubal Rodríguez
francisco singul lorenzo
Rafael Usero González
Ramón Izquierdo Perrín
Secretaría e Administración
Benito Méndez Fernández
Ramón Otero Couso
archivo y biblioteca
carlos m. alonso charlón
Apartado 176
15480 FERROL (A Coruña).
Tfno. 689 537 321 - 981 353 295
PORTADA
Diseño de Portada: Fausto C. Isorna
ESTUDIOS
MINDONIENSES
anuario de estudios histÓrico-teolÓgicos
de la diÓcesis de mondoñedo-ferrol
23
2007
cabildo de la catedral. mondoñedo
centro de estudios
de la diÓcesis de mondoñedo-ferrol
fundaciÓn caixa galicia
Depósito Legal: S. 837-1986
ISSN: 0213-4357
Imprenta KADMOS
Políg. El Tormes
Río Ubierna, naves 5-6
Teléf. 923 28 12 39
SALAMANCA 2007
Presentación
Hemos pasado ya el meridiano del Año Jubilar de San Rosendo, en
el momento que prologamos el número 23, una vez más voluminoso, de
nuestro anuario diocesano Estudios Mindonienses. Como no podía ser
menos, en esta ocasión dedica una buena parte de sus trabajos a estudiar
las distintas facetas que han configurado el ambiente, vida y proyectos de
nuestro santo Patrón.
En la carta-convocatoria de este Año Jubilar manifestaba: “El año
2007 celebraremos, si Dios quiere, el XI Centenario del Nacimiento de San
Rosendo, una de las más ilustres figuras del siglo X en Galicia, Obispo en
San Martín de Mondoñedo y patrono de nuestra diócesis mindoniense-
ferrolana. Destacó como un gran impulsor del monacato en Galicia; tam-
bién fue una persona comprometida con la realidad histórico-social de
esta hermosa tierra gallega, destacando su labor pacificadora. Sus restos
mortales reposan en el Monasterio de Celanova, fundado por él, en la dió-
cesis de Ourense”. A lo largo de este año vamos recobrando su memoria
desde distintos ámbitos: religioso, cultural, de divulgación escrita y espiri-
tual de su figura. Estudios Mindonienses contribuye con este volumen
a acercarnos, desde un ámbito científicamente riguroso, a una época de
Galicia sugestiva y significativa en muchos aspectos.
La figura de San Rosendo sigue siendo atrayente, tal como ya mani-
festaba en la citada Carta: “Cuentan sus biógrafos “cómo engrandeció a su
Iglesia, cuan honestamente trató al clero, con cuanta diligencia restauró
los lugares de culto, con cuánta preocupación ayudó con los beneficios
de su propia herencia a viudas y huérfanos, a los que venían a instalarse
en aquella comarca y a los extraños que pasaban por allí. Era su rostro
angelical, y su palabra como la miel por la dulzura de su pronunciación”.
Unidos, como diócesis, hemos de disponernos a vivir un momento de
renovación espiritual y a tomar conciencia de lo que significa vivir en una
m. sánchez monge
Iglesia particular donde se hace presente y operante la Iglesia una, santa,
católica y apostólica.
Por otra parte, no podemos olvidar la faceta cultural y social de nues-
tro santo Patrono, de un fuerte impacto en el pueblo gallego. La figura de
San Rosendo lo merece y Galicia no puede olvidar su pasado si quiere
construir con lucidez su futuro. Para las múltiples actividades que que-
rríamos llevar a cabo precisamos la colaboración de todos. No sólo de las
autoridades municipales y autonómicas, también de los sacerdotes, consa-
grados y seglares”.
Es evidente que Estudios Mindonienses, desde el ámbito que le
es propio, contribuye, de forma decisiva, a acercarnos la figura de san
Rosendo, en todo aquello que, de forma documental, nos es dado saber
sobre su papel en la cultura de su tiempo y de su influjo hasta la Galicia de
hoy.
La celebración del XI Centenario del nacimiento de San Rosendo está
representando, pues, una nueva ocasión, propicia y necesaria, para recu-
perar aspectos inéditos, o sintetizar los estudios realizados, acerca de una
de las figuras más egregias de la historia de la cultura Gallega, desde todos
lo puntos de vista.
En él siglo IX, y sobre todo en él siglo X, en todo el norte cristiano
de la Península se produce un vigoroso resurgir de la actividad cultural,
impulsada por diversos factores: cierta estabilidad política, la reorganiza-
ción de la vida eclesiástica, la instalación de grupos mozárabes en unos
puntos y de gentes formadas en regiones ultrapirenaicas en otros. En el
siglo X la Iglesia gallega se encontraba, de nuevo, en período de reorgani-
zación y padecía parecidos problemas a los del periodo suevo. Desde una
perspectiva prácticamente monástica la Iglesia de Galicia da estabilidad y
orden a este tenso tejido de la agitada vida gallega del siglo X.
Al filo del año mil, con expresivos representantes en el pensamiento
escolástico, se da un profundo pesimismo y un ambiente apocalíptico en
el que parece palparse el fin del mundo. La crisis del sistema feudal, las
pestes y la hambruna reinantes no dan pie para muchos entusiasmos. Pero
toda la oscuridad del mundo no es capaz de ocultar la tenue luz de una
vela. De esta forma entendemos que en este ámbito brilla con luz propia la
figura de san Rosendo, de tal forma, que podemos afirmar, que se trata de
la figura más representativa del la Alta Edad Media gallega.
Hablar del siglo X en el noroeste español es hablar, pues, de la figura
de san Rosendo, personaje destacado como monje, como obispo y como
gobernador y pacificador de Galicia, ya que a él se debe la fundación de
presentación
uno de los más importantes monasterios benedictinos gallegos, como es
Celanova, cuya proyección histórica es extraordinaria por su acción colo-
nizadora en una parte considerable de las tierras galaico-portuguesas. A
él y su familia hay que añadir la intervención en la fundación o reforma
de prácticamente todos los monasterios gallegos.
Describir el cuadro de su episcopado en San Martín de Mondoñedo-
Dumio, conociendo la esmerada preparación y sus tareas sin haber reba-
sado el período de adolescente y joven, parece cosa inútil pues con facili-
dad se adivina. Como dice Yepes: “lo que en edad tan temprana, para otros
fuera verde, en él estaba muy madura y sazonada”. El cardenal Jacinto
afirma en el Breve de su beatificación que “era verdaderamente Obispo,
pues fue consuelo de los afligidos, sustento de los hambrientos, ojo de los
ciegos, pies de los cojos y único socorro de los necesitados”.
Los estereotipos negativos, tanto antes como ahora, estrechan la capa-
cidad de comprensión de determinados fenómenos o momentos históri-
cos. Tal sucede en mucha de la historiografía acerca de la Edad Media en
general, y del siglo X en particular. Se llamó aquella época “edad de hierro
del pontificado” y, de alguna manera, de la Iglesia con un pretendido
influjo negativo en la sociedad. Algunos autores piensan que la sociedad
dependía totalmente de una Iglesia feudal, que había perdido su fervor
inicial y el pensamiento de la época patrística, y que no hay nada especial
que reseñar en el campo de la cultura de aquel tiempo, en cualquiera de
sus manifestaciones.
Este juicio a nivel general es cuando menos discutible. Sin embargo,
en el Noroeste hispánico, en la antigua Gallaecia romana no es admisible
en absoluto. En el siglo X se da un auténtico renacimiento espiritual, cul-
tural, político y económico de Galicia. Nos encontramos con una serie de
figuras que brillan con luz propia en toda la Iglesia: San Froilán, en Lugo;
San Atilano en Zamora, San Pedro de Mezonzo, autor de la Salve y, como
faro indiscutible de luz y constructor del futuro de Galicia, San Rosendo.
Desde una perspectiva, prácticamente monástica, la Iglesia de Galicia
da estabilidad y orden a este tenso tejido de la agitada vida gallega del
siglo X. Tiene muy clara la conciencia de su tradición romano visigoda
que impone la permanencia de la metrópoli bracarense, incluso cuando
sus titulares tienen que refugiarse en Lugo. El proceso de consolidación se
demuestra ahora en la creación de los distritos territoriales mayores, equi-
valentes a los futuros arciprestazgos, de los que todavía llevan su nombre
algunas parroquias. San Rosendo, obispo de Mondoñedo y organizador de
la vida religiosa en su espacio, se mantiene equidistante tanto de las for-
mas antiguas, claramente caducadas, como la de los abades-obispos de la
10 m. sánchez monge
antigua Dumio, que el no quiere restaurar en tierras mindonienses, como
de las nuevas y no arraigadas en el espacio galaico, como la Regla Bene-
dictina que conoce y cita tanto cuando se trata de organizar el monasterio
de Lorenzana (969) como al emprender su gran empresa monástica en
Celanova, desde 942 en adelante. San Rosendo es un aristócrata y piensa
que la vida monástica puede tener también rasgos solemnes y públicos,
muy diferentes de los semieremíticos y ascéticos de San Fructuoso. Cela-
nova es un cenáculo de alcurnia en el que todo se hace con solemnidad y
con seguridad.
Corresponde a un momento en que el monacato carolino centroeuro-
peo se configura como un poder temporal y espiritual, capaz de asegurar
no sólo la autarquía económica sino también la tradición cultural. Es el
aliento que San Rosendo intenta llevar sin imposiciones a los innumera-
bles monasterios gallegos, necesitados de regeneración para salir de la
órbita particular y familiar, y empezar a formar una red compacta al lado
de la Corona y del Pontificado.
San Rosendo sólo parece apuntar este camino. Le tocará abrirlo a
Cluny y al Cister, que no tardan en llegar por el nuevo Camino de San-
tiago a Galicia. En Caaveiro, Celanova y Guimaraes dejó San Rosendo su
sello y su modelo monacal: apertura acogedora hacia el mundo mozá-
rabe, que aportaba tradición y cultura hispano romana adaptada a los
tiempos y códices de reglas, en los que figura como gran novedad la
Regla Benedictina con los respectivos comentarios y la dotación capaz de
garantizar la autonomía y la independencia de cada cenobio, lo cual era
camino y meta para el futuro.
San Rosendo, después de muchos avatares de la vida gallega en que
estuvo presente, pasó de este mundo al Padre en Celanova, donde repo-
san sus restos, el 1 de marzo del año 977. El autor de su primera biografía,
Ordoño de Celanova, resumió certeramente los cómputos de la vida del
santo, que acabó en efecto sus días a los 42 años de haber iniciado la
construcción del cenobio (en 935), a los 70 después de que había sido pro-
metido en el monte Córdoba (nacido en 907) de los cuales 10 como obispo
(de Iria: 968-977) y 22 como abad (en Celanova: 955-977).
Y concluyó al fin su biografía con las siguientes palabras: “Emigró
junto a Cristo. De él recibió a la hora precisa, según hemos visto, la paga
del descanso eterno, de acuerdo con aquella frase del Evangelio: «Cuando
se hizo de noche dijo el dueño de la viña a su administrador: llama a los
obreros y dales su jornal». Por esto, como este santo varón desde la pri-
mera hora del día, esto es, desde sus primeros años, trabajó dignamente
en la viña del Señor, al final del día, conforme al mencionado precepto del
presentación 11
dueño, mereció recibir, según lo convenido, su digna recompensa. Cuyo
auxilio nos acompañe por Aquél que vive y reina con Dios Padre en la uni-
dad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén”.
Felizmente fue recibido en la gloria, recibiendo, por galardón del
Remunerador de los justos, inmarcesible corona. Cuenta la Vida de
Ordoño que, a la misma hora de su muerte, se hallaba Santa Senorina con
sus monjas en el coro cantando Completas. Ésta oyó voces celestes que
salmodiaban un solemnísimo Te Deum. Preguntó la abadesa a las mon-
jas si habían percibido algo de voces extraordinarias. Como le hubiesen
contestado negativamente, llamó la Santa a una niña y le hizo la misma
pregunta. La niña le contestó que había oído voces como del cielo, pero
que no sabía lo que querían decir. Entonces, la abadesa dijo: “Sabed que
nuestro Señor, el Obispo Rudesindo, salió de este mundo y acompañado
de Angeles penetra en las Celestiales alturas”. Las monjas enviaron mensa-
jeros a Celanova, comprobando la verdad de la revelación.
Algo, y mucho más, de todo esto encontramos, estimado lector, en
este grueso volumen. Es un trabajo bien hecho y que, junto con otros estu-
dios referidos al ámbito de la diócesis mindoniense y de todo Galicia, nos
enriquecen a todos; y, sobre todo, nos estimulan a ser fieles continuadores
de aquellos que creyeron en la fuerza de la fe para crear cultura, y creando
cultura cristiana dignificaron a este pueblo y a esta tierra.
Como pastor de esta Iglesia de Mondoñedo-Ferrol quiero agradecer
de corazón el trabajo generoso de todos los colaboradores, y manifestar
un reconocimiento especial a la Fundación Caixa Galicia, que durante
tantos años nos permite el deleite de volver a las fuentes para saber quié-
nes somos y hacia dónde debemos ir, como Iglesia y como pueblo.
En Mondoñedo, en la festividad de san Rosendo, 1 de marzo de 2007.
+ Manuel Sánchez Monge
Obispo de Mondoñedo-Ferrol
Algumas notas sobre S. Rosendo
I
S. Rosendo, um Santo Tirsense
Se não existisse, requerer-se-ia, de pronto, a sua invenção! Pois con-
correm as duas coisas em S. Rosendo: a história e a lenda. Sob o flash
acrescido desta figura carismática, a vida do noroeste peninsular, ao sec. X,
terá de súbito inteligência que baste...
Camilo, em Maria Moisés, dirá que o Porto nos deu um santo. Mas
que não promete mais nenhum! O facto, porém, será mais pungente
ainda para os anais da Cidade Invicta: é que nem este, S. Rosendo, ela
o deu... Quem o deu foi Santo Tirso! Se não lhe coube, ao Porto, a sorte
grande, fica-lhe o consolo do aperitivo: estaremos sempre no interior do
aro distrital da Cidade Tripeira...
Concordo, porém, com Díaz y Díaz: o mais importante na vida de um
homem, como este, não é o seu nascimento, mas o dinamismo que soube
imprimir à história. Mais que o lugar onde viu a luz, o palco onde fez luz.
E, quanto a isto, sim, foi a Galiza que se iluminou de brilho na acção apos-
tólica e evangelizadora de S. Rosendo.
Concordo, repito. Mas deixem aos pobres sonhar no delírio das
migalhas da sua riqueza... E, sobretudo, que eles, ricos de cem cabeças,
não roubem ao pobre a única ovelhinha de todo o seu enlevo!
É que alguns espanhóis “puxam a brasa para a sua sardinha”. E fazem
de S. Rosendo natural das Astúrias (Gomez Moreno e Frei Justo Perez
Urbel), onde até não faltariam topónimos, como Salas e Corduario; ou
natural dos arredores de Celanova, na Galiza (Fernandez Alonso, Garcia
Alvarez, Mayan Fernandez...), onde as demarcações toponímicas mais se
adensarão. Por exemplo, ao lado de Salas e de Corbeira ou Corva, os ora-
gos em igrejas, como S. Salvador do Torno e S. Miguel de Lovios...
14 f. carvalho correia
Sim, é que a base de decisão é ainda o Liber de uita sancti Rudesindi,
dos monges de Celanova Estêvão e Ordoño e que Herculano recolheu no
Scriptores, no PMH . Ali se encontram todas as condicionantes geográfi-
cas do problema. E que bem se ajustam ao figurino de uma candidatura
tirsense ! Confessam-no, aliás, nomes de Espanha mesmo. Homens de fun-
damentado saber. Tanto do passado como do presente. Recordo: Castellá
Ferrer, Yepes, o grande Flórez... Hoje o notável estudioso Díaz y Díaz.
É certo que, a priori, as dúvidas semeariam fáceis reticências como
desconfianças retraídas. Se a ascendência robustecida do nosso santo pela
Galiza actual se teria fortemente radicado; e se, para mais, a sua educação,
desde os verdes anos, no mesmo território se iria desenvolver, quase não
haveria, pois, hiato, para que se desse lugar à hipótese de um aconte-
cimento tão inesperado nas terras humildes, votadas ao esquecimento,
como aquela de um humilde lugarejo nas bandas do rio Ave, que recebe,
como maná caído do céu, o dom “inesperado” de berço do heróico defen-
sor das gentes da sua Galiza, do pastor devotado da sua igreja de Mondo-
nhedo e de Iria, do pio fundador da vida austera, no celebrado mosteiro
de Celanova.
Apesar de tudo, por incrível que o pareça, foi exactamente aqui, na
ribeira do Ave, nestas paragens tão singelas como ignotas, que o nosso
santo houve de nascer.
Sim. Para quem entendesse melhor, uma inesperada entreaberta se
rasgaria. Guterre Mendes, o pai de S. Rosendo, era o Conde Portucalense.
A Cidade que hoje – e já há muito – se diz Invicta, nem sempre assim o
fora nem sequer o deveria ser por aí adiante. Na altura, começos do sec.
X, muito exposta havia de estar, quer às arremetidas dos muçulmanos,
quer aos desembarques dos temíveis nautas que o eram os Normandos.
O Conde, não porque temesse por si, mas por amor dos seus familiares,
acolher-se-ia ao interior mais recatado. E vai eleger estas paragens mon-
tecordubenses. Espaldado pelas costas no macisso montanhoso, teria, da
banda do poente uma panorâmica alargada, donde pudesse precaver-se
das hostes inimigas que das bandas do mar viessem de ameaça.
A relação entre os dois autores é ainda hoje discutida, bem como o papel de
cada um, na parte que lhe pertencerá. O que se vinca – sobretudo, Díaz y Díaz –, na forma
substancial como hoje se apresenta, é a relação da obra com a canonização do santo de
1172, facto este que levaria Ordoño a redigir uma vida do santo fundador de Celanova,
servindo-se de um esboço já elaborado de milagres, de uma data anterior (1140-1160), com
certeza da pena do dito Estêvão, baseado na tradição popular que cedo aureolou a figura
de S. Rosendo; com um acréscimo suplementar de mais alguns milagres, à medida que a
devoção popular se foi intumescendo, com a sua canonização.
algumas notas sobre s. rosendo 15
Foi assim que S. Miguel do Couto se faria, por algumas décadas, a
capital do Condado Portucalense. Pouco depois, os sucessores de Guterre
Mendes na alta chefia das hostes militares, mais arrecuaram, para Guima-
rães, onde, dentro de um século, fermentará a rebelião que vai dar origem
à nossa independência. Os acontecimentos que em rápido esboço, houve-
mos de traçar, permitem a priori uma aberta à plausibilidade do berço tir-
sense do nosso santo.
Julgo ser a opinião mais exacta, sem patriotismos que, aliás, me não
acalentam. Amicus meus Plato, sed magis amica veritas... E será opinião
mais exacta, pelos motivos que seguem.
De resto, se a sua presença, na Galiza, foi continuada e persistente,
também é certo que nunca se teria arredado definitivamente do Portugal
de hoje, de forma concreta, da terra que lhe foi berço. Em 961, está em
Lorvão, onde assinará uma doação de Inderquina Pala. Onze anos mais
tarde, por 973, aí mesmo poderá ter regressado. E, de forma particular,
recordo a presença do santo nas vizinhanças da terra de seu nascimento,
a 20 quilómetros, ou menos, de S. Miguel do Couto. De facto, é já conhe-
cida a sua intervenção na fundação do mosteiro de Guimarães, pela sua
parenta, a condessa Mumadona: S. Rosendo confirma em primeiro lugar
o documento de 959, assinado no dia da sagração da igreja abacial, sem
dúvida por ter sido o sagrante principal.
De mais a mais, em toda a sua existência, na memória se lhe ficaria
gravada a paróquia de S. Miguel do Couto. Aliás, o terá manifestado num
momento soleníssimo da sua vida: na fundação do mosteiro orensano.
Se trocou o nome do sítio – de Vilar para Cela Nova – não o terá feito
por oposição à Cela – lugar de S. Miguel do Couto – que o viu nascer
? E a capela construída em memória de seu irmão – a joia de arquitec-
tura pré-românica, a de S. Miguel, junto do famoso mosteiro, não a terá
erguido em lembrança querida da aparição do arcanjo em Monte Cór-
dova, quando anunciou a Ilduara que Deus lhe iria fazer o dom inesti-
mável de um filhinho? O acontecimento memorando estará na origem do
oratorium do Conde Guterre Mendes em Salas, junto de Santo Tirso, que,
DC 84.
DC 107. Suspeita Mattoso da falsificação ou interpolação do documento MAT-
TOSO, José – Religião e Cultura na Idade Média Portuguesa, ed. INCM, Lisboa, 1982, p.
21.
MATTOSO, José, o.c., p. 20. E S. Rosendo confirmará também o testamento da
sua parenta, Mumadona
Penso que Sela se deveria escrever com um S, já que me parece terá vindo do
diminutivo de Sala, (Paço, Palácio) Salela (Paçozinho).
16 f. carvalho correia
pois, iria ter por orago S. Miguel. E que, com o baptismo de S. Rosendo
nele, desta maneira o transformará na igreja paroquial de S. Miguel do
Couto. Não seria, de facto, pela lembrança da igreja de S. Miguel do
Couto, onde teria mergulhado nas águas lustrais do primeiro sacramento,
que S. Rosendo mandara se erguesse, no interior do mosteiro de Cela-
nova, o templozinho venerando de S. Miguel ?
1. O contexto geográfico da Vita Sancti Rudesindi
Aqueles topónimos são aqui muito pertinentes: Salas e Monte Cór-
dova; as igrejas de S. Salvador de Monte Córdova e de S. Miguel (do
Couto), igreja esta que aglutinará o nome de Salas como topónimo seu.
Depois, há um elemento muito particularizador e restritivo que não
se verificará em tantos indicadores geográficos, eventualmente apostados
na reivindicação rudesindiana, no noroeste actual de Espanha. E´ que,
segundo a Vita, de Salas – onde S. Rosendo nasceu – a Monte Córdova
– onde a sua santa mãe Ilduara impetrou o milagre do seu nascimento – há
um espaço de duas milhas, tanto quanto postula a Vita. O que se observa,
aliás, neste recanto tirsense. O que, com certeza, e por outro lado, dissol-
verá toda a consistência de muitas das hipóteses que se nos opõem. Mais:
que a comunicação entre as duas localidades se fazia por caminho mon-
tanhoso e íngreme, com S. Salvador no cume do monte, e S. Miguel a meio
da encosta, o que mais polariza as atenções favoráveis em volta da nossa
terra.
2. A tradição popular
Muito importante, creio: só as freguesias tirsenses de S. Miguel do
Couto e de Monte Córdova, com as suas limítrofes, saboreiam uma tra-
dição popular, enraizada de muitos séculos, que, nascida da presença do
santo, dá a todas as suas pegadas na região um encanto que seduz e uma
inteligibilidade que surpreende.
Desta crença radicada temos alguns testemunhos, como os que
seguem.
O cura de S. Miguel do Couto, P.e Manuel Monteiro de Araújo, nas
respostas ao P.e Cardoso, em 5 de Abril de 1758, garante:
algumas notas sobre s. rosendo 17
Nesta freguesia há uns campos chamados Sás – que consta neles
houve uma vila nos tempos antigos que se chamava Salas, e que foi sen-
hor dela um Conde chamado Dom Guterre e sua mulher Dona Ulduara,
os quais eram pais de São Rosendo, e consta que o dito Santo foi bapti-
zado no Mosteiro de S. Salvador de Monte Córdova que é matriz desta
igreja; e nesta igreja de S. Miguel do Couto se acha ainda a pia em que o
dito Santo foi baptizado ou a maior parte dela. A maior parte dela, por-
que se fragmentou com o afã de se conseguirem bocados para relíquias
ou se alcançarem curas miraculosas .
Por seu turno, o reitor de Monte Córdova, P.e Veríssimo de Araújo,
afirmava também ao mesmo destinatário, a 16 de Abril de 1758:
Mosteiro Velho que um muito alto monte onde antigamente esteve a
paróquia, que também foi Mosteiro dos Monges de S. Bento, chamado a
Igreja ou Mosteiro do Salvador, onde ia fazer oração a mãe de S. Rosendo,
e donde foi a sua pia baptismal para S. Miguel do Couto, anexa desta, e
apresentação minha .
A tradição mantém-se, talvez até mais viva que nunca. Mas, mesmo
na primeira parte do sec. XX, colheu o Dr. Joaquim Alberto Pires de Lima
umas informações, que passo a transcrever, como prova da manutenção
da fé deste povo da aldeia e com as provas complementares de certas
achegas, hoje desconhecidas ou alteradas, por obras e arranjos na matriz.
Dizia este nosso amigo e conterrâneo:
A pequena, mas airosa igrejinha setecentista da minúscula freguesia
de S. Miguel do Couto levanta-se à esquerda, numa curva da estrada que
vai de Santo Tirso para o Monte da Senhora da Assunção. Começa ali a
frondosa mata que, há quarenta ou cinquenta anos, foi plantada por dili-
gências do cultíssimo abade Pedrosa, de Santo Tirso. Em frente da igreja,
do outro lado da estrada, numa bouça, encontra-se o pedestal mutilado
dum cruzeiro: uma grande pedra, forrada de musgos e de líquenes, com
tôscas gravuras rupestres.
Aos lados do altar-mór da igreja, estão dois retábulos com pintu-
ras em madeira, quási apagadas, bem como as respectivas legendas. A
pintura do lado do Evangelho representa o Anjo S. Miguel a anunciar
do Céu à Condessa Ilduara que ela conceberia o menino Rosendo neste
lugar, junto à vila de Salas. Da bôca do Arcanjo sai um facho de luz
CST II (1952-1953) 491.
CST III (1954-1955) 220.
Hoje não é assim, pela construção da nova estrada
18 f. carvalho correia
em direcção à Condessa, com a anunciação da gravidez tão desejada.
E, no fundo do quadro, outra legenda explicaria o significado da pin-
tura.
Do lado da Epístola, outro quadro simétrico representa o baptismo
de S. Rosendo. Vê-se um sacerdote com o Menino ao colo; à esquerda, está
outra figura, a segurar uma tocha, e, à direita, várias personagens assis-
tem à cerimónia. No fundo, uma legenda, muito apagada já, informa
que o quadro representa o baptizado de S. Rosendo, filho do Conde Gutie-
rres Arias... celebrado nesta capela no anno de 907.
Aos lados do Arco-cruzeiro encontra-se, à direita, o altar da Senhora
do Rosário e, à esquerda, o altar de S. Rosendo.
Neste último, ao centro, sobre um pedestal, encontra-se uma grande
imagem do Santo, com mitra e báculos episcopais. À direita, mais
abaixo, está uma pequena imagem, que parece a redução da primeira.
À esquerda, está um relicário constituido por um antebraço esculpido em
madeira, coberto de roupagens e terminado pela mão, de face palmar
voltada para diante e com os dois últimos dedos flectidos, como nas ima-
gens.
No meio do antebraço, vê-se uma cavidade circular, onde estaria
arquivada uma relíquia do Santo, resguardada por um vidro, que há
alguns anos desapareceu, bem como a relíquia.
Á esquerda da capela-mór, encontra-se uma pequena capela, que
hoje serve de sacristia; e à esquerda do corpo da igreja, há outra capela,
com grande altar desprovido de imagens. Diz-se que, dentro desse altar, se
encontra a pia, milagròsamente conduzida para ali, onde foi baptizado
S. Rosendo. Efectivamente consegui ver, através de uma fenda do altar,
uma grande pedra, que poderá ser uma pia baptismal.
Em S. Miguel do Couto, na encosta do Monte, mais acima da igreja,
existe um rochedo, ainda hoje denominado Penedo da Condessa10
Diga-se, desde já, que o antebraço violado ainda se acha, mas recolhido na sacris-
tia. Hoje, há também a imagem pequena do S. Rosendo. Mas não me parece aquela que
viu o Sr. Dr. Joaquim Alberto mai-lo bom e distinto etnógrafo Dr Alexandre Lima Carneiro,
nesse ano recuado de 1933. Antes, de feitura recente E as esculturas e pinturas referidas,
bem como o altar se encontram hoje, fora da capela-mor, em capela lateral, tangente ao
corpo da igreja, do lado do evangelho, onde está a famosa pia do baptismo.
10 Ainda hoje – eu mesmo o ouvi – se mantém esta tradição. Só que o meu informa-
dor, por fenómeno fonético de assimilação, pronunciava Condensa.
algumas notas sobre s. rosendo 19
Reza a tradição que ali receberia Santa Ilduara a anunciação que
lhe fez o Arcanjo S. Miguel. Cultiva-se ali perto um grande campo, ainda
hoje denominado Agra de Salas; nesse campo e noutros circundantes,
têm-se encontrado “pedras antigas, tejolos e mós de moinhos”. De tudo
isto me informou um inteligente lavrador do lugar.
Na freguesia de Monte Córdova é, talvez, ainda mais viva a tradição
de S. Rosendo. O Penedo da Condessa, informou-me uma mulherzinha,
é atravessado por um largo sulco. Trata-se duma passagem, miraculòsa-
mente aberta através do Penedo, para que Santa Ilduara, grávida de S.
Rosendo, encurtasse o caminho que tinha de percorrer.
Noutro artigo11, o Dr. Joaquim Alberto Pires de Lima conta uma his-
tória doutro penedo próximo deste:
Perto do Penedo da Condessa e da ermida do Pilar, havia outro
penedo com a seguinte inscrição:
“Feliz será quem me virar”
Há anos, um indivíduo de Santo Tirso, chamado Cataluna, supondo
encontrar um tesouro debaixo desse rochedo, à custa de grande trabalho,
conseguiu voltá-lo, mas nada encontrou, a não ser esta legenda gravada
na outra face do rochedo:
“Fizeste bem em me virar, porque já estava cansado daquela
posição...”
Antigamente, em ocasiões de estiagem, era costume fazerem-se pro-
cissões de penitência, nas quais eram conduzidas imagens de santos. Uma
vez, estava um calor ardentíssimo e levou-se em procissão o andor de S.
Rosendo. Ao chegar à Senhora de Valinhas, a chuva era torrencial...12
Reatando uma tradição antiga, muito obliterada vão-se fazer, este
ano, festejos populares a S. Rosendo, em S. Miguel do Couto13.
11 Publicado em JST em 9 de Abril de 1938 e também reproduzido em A meu ver...,
p. 163 e ss.
12 No artigo de 1938, acrescentava o Sr. Dr. Joaquim que na procissão se cantava
um cântico, da qual a sua informadora apenas conhecia dois versos de uma quadra:
“Milagroso São Rosendo
Qu’andais p’raqui degradado...”
13 A Meu ver..., Porto, 1947, pp. 156-159. Trata-se de um artigo, originalmente
publicado em Ocidente, de Abril de 1936. O Dr. Joaquim Alberto Pires de Lima foi acom-
panhado de outro grande etnógrafo, o Sr. Dr Alexandre Lima Carneiro.
20 f. carvalho correia
3. Cronistas, hagiógrafos, corógrafos e viajantes
Vamos recolher agora muitos depoimentos de pessoas, que por aqui
passaram e por eles nos deixaram informações própias ou dados colhidos
na tradição das gentes locais que auscultaram. Antes de mais, de autores
portugueses:
André de Resende, o grande humanista de Évora, recolheu abundan-
tíssimas informações – muitas delas anteriores a 1533 –, para uma obra
elaborada em definitivo, a partir de 1569. Trata-se do volume De Antiqui-
tatibus Lusitaniae, que foi postumamente publicado, em 1593. A respeito
das serras, detém-se particularmente sobre Monte Córdova, aonde, meto-
nimicamente, lhe virá à memória a figura do nosso santo:
O Monte Córdova, na diocese do Porto, conserva ainda hoje aber-
tamente o nome, com a particularidade de que, por ignorância, a gente
inculta começou primeiro a designá-lo abreviadamente por Cordoua e
depois, com maior deturpação, por monte Corva. Dele e das basílicas aí
sitas do Salvador e de S. Miguel Arcanjo será feita referência especial na
história dos feitos e da vida do bispo e confessor S. Rosendo, que também
um dia, e com a ajuda de Deus, nos esforçaremos por trazer da obscuri-
dade para o conhecimento público14.
Do grande humanista restar-nos-á esta sumida nomeação, já que a
biografia do nosso santo, parece-me, não chegou a sair dos propósitos e
intenções desta celebrada figura do sec. XVI.
D. Rodrigo da Cunha, em 162215, distancia-se doutras fontes em pôr
o baptizado de S. Rosendo na igreja de S. Salvador de Monte Córdova,
onde, no Padrão, estaria, aliás, ainda ao seu tempo, a igreja paroquial. O
mesmo dirá, em 1651, Frei Leão de S. Tomás.
Afirmará Dom Rodrigo da Cunha:
Era a continua habitação destes senhores (de D. Guterre e Dona
Ilduara) na sua villa de Salas, que ficaua distante desta cidade (scil.,
do Porto), ao pè do monte Corduba, a que agora corrumpido o voca-
bulo chamão Corua, aqui viuia a Condessa Ilduara, gastando todo o
tempo que podia furtar ao gouerno de sua caza, em orações, parte pello
14 De Antiquitatibus Lusitaniae, introdução, tradução e comentário de R.M. Rosado
Fernandes, ed. Fundação Calouste Gulbenkian, Lisboa, 1996, p. 107.
15 Catalogo e Historia dos Bispos do Porto, Porto, por João Rodriguez Impressor de
Sua Senhoria, 1623, Parte I, c. 13, pp. 143 e ss.; cf. Parte II, cap. 45, p. 403.
algumas notas sobre s. rosendo 21
bom sucçesso das emprezas do Conde seu marido, que ordinariamente
andaua em companhia de seu Rey, nas guerras contra os Mouros: parte
em pedir a Deos lhe desse algum filho, a quem aueria maes pera o dedi-
car, e consagrar a seu seruiço, que pera o deixar por herdeiro de suas
riquezas. O lugar em que maes frequentemente fazia estas orações, era a
Igreja do Saluador, edificada no maes alto do monte Corua, que subia a
pè, e descalça, muitas vezes na somana, e pera que fossem melhor ouui-
das, tomaua por auogado seo, ao Archanjo S. Miguel, de que sempre foi
deuotissima, foi Deos seruido conçederlhe sua petição, e assi hum dia lhe
mandou prometer pello glorioso Archanjo, hum filho, que fosse o lustre
da sua linhagem, e a gloria de toda a Hespanha (...). Passados os noue
mezes, nasçeo aos Condes o filho que tanto desejauão, a 26 de Nouembro,
em que a Igreja çelebra a festa dos gloriosos Martyres S. Facundo, e Primi-
tivo, do anno de 907. Teue deuação a Condessa sua may de o bautizarem
na Igreja em que Deos lho dera, e fora a do Saluador, que estaua no maes
alto do monte, e como là não auia pia de bautizar, por não ser freiguezia,
a leuarão da Villa em hum carro, mas o caminho era tão aspero, e a
subida tão ingreme, que não foi possiuel chegarem os bois açima, e assi
no no meio do monte quebrou o carro, mas nem isso foi bastante pera a
pia deixar de chegar à igreja, leuada maes por milagre, que por forças
humanas. Guardase ainda hoje esta pia na Igreja de S. Miguel do Couto
annexa a S. Saluador do monte Corua, e fica sobre ella edificado hum
dos altares collateraes: a pedra pella deuação, que os fieis tem de tirarem
d’ella reliquias pera suas enfermidades, estâ jà por fora notauelmente
gastada, e consumida (...).
Pouco depois – três anos tão só –, Gaspar Estaço16 escrevia:
Entre os Bispos, que confirmárão o testamento, ou doação da Con-
dessa Mumadona, foy hum Rudesindo, chamado commumente Rosendo.
E porque foy Santo, e natural desta terra de entre Douro, e Minho, razão
he, que não passemos sem delle dar alguma noticia, aos que a não
tem (...). Nasceo na Freguesia de São Miguel do Bispado do Porto junto
daquelle lugar, aonde depois se edificou o insigne Mosteiro de Santo Tyrso
– aliás, um ano, apenas, depois da morte de S. Rosendo – da Ordem de S.
Bento, que está entre o Porto, e Guimarães 17.
16 Várias antiguidades de Portugal, publicado pela primeira vez em 1625.
17 Várias Antiguidades de Portugal, novamente dado á luz, Lisboa, 1754, p. 20.
Como é que este nome tão ilustre soube da data exactíssima da fundação do mosteiro
de Santo Tirso: 978? Esta cronologia que só se fixou documentalmente, por 1950, quando
Alberto Feio encontrou esta data no testemunho da controvérsia sobre os limites entre
Braga e Porto?…
22 f. carvalho correia
Vinte e cinco anos depois, toma a palavra Frei Leão de S. Tomás.
De Coimbra. Monge, porém, de Santo Tirso, pertíssimo do local onde,
segundo a tradição que ele auscultou, foi nascido S. Rosendo, a que adi-
cionaria pegadas e vestígios de que pessoalmente deu conta. A freguesia
mesma era uma das cinco paróquias, que por inteiro ou parcialmente,
faziam parte do couto do mosteiro.
Era Senhor (D. Guterre) de huma Villa chamada Salas nos Bispado
do Porto, que estaua fundada perto do nosso Mosteyro de Santo Thirso, ao
pê de monte Cordoua, e à vista do rio Aue; e ainda hoje naquella parte
há hum campo de muyto pedregulho chamado Sala, por onde parece que
ali estauão os paços em que o Conde Dom Gutierre, e a Condeça Dona
Alduara fazião sua habitação ordinaria. Viuião algum tanto desconso-
lados, por não ter filhos, os quais pedião a Deos com grande instancia,
particularmente a Condeça, ajuntando as suas orações, iejuns, esmolas,
e outras obras pias. E o lugar em que mais frequentemente fazia suas
orações a Deos, era a Igreja do Saluador edificada no mais alto do monte
Cordoua, aonde sobia de sua casa a pè, e descalça, e pera que suas pre-
ces fossem mais aceitas à Magestade Diuina, tomou por seu intercessor, e
auogado ao Archanjo S. Miguel, de que sempre foy deuotissima. Foy nosso
Senhor seruido de a ouuir, e pera a consolar lhe mandou o mesmo Archa-
nio, que da sua parte a certificasse, que auia de conceber hum filho, que
fosse a honrra, e gloria de toda sua geração, e de toda Hespanha (...) con-
cebeo Aldara, e teue parto felice, parindo o minino prometido em huma
quinta feira vinte e seis do mês de Nouembro do anno de nouecentos e
sete, vespora que era dos Santos Martyres Facundo e Pirmitiuo, com os
quaes teue S. Rosendo em quanto viueo grande deuação, e solemnisaua
aquelle dia de seu nascimento com dar grandes graças ao Senhor, e
fazendo muytas esmolas, o que deixou encommendado em seu testamento
se fizesse no Mosteyro de Celanoua, que edificou, e nelle se guarda com
pontualidade. E da propria sorte os Condes seus Pays festejarão aquelle
dia, dando liberdade a muytos escrauos, e escrauas que tinhão, fazendo
diferentes esmolas a pobres, orfãos, e viuuas, e mandou Aldara fazer
huma Igreja na sua Villa de Salas a honrra do Archanjo São Miguel em
memoria da embaixada que lhe trouxera da auer de ter hum filho de
benção: chamasse oje S. Miguel do Couto, e he annexa da de São Salua-
dor do monte Cordoua.
Teve e Condeça deuação de bautizarem o minino na Igreja, em
que Deos lho dera, que foy a mesma do Saluador, na qual não auia pia
de bautizar, e da Villa de Salas a leuarão em hum carro, mas como o
caminho era muy aspero, e muy ingreme, no meyo delle quebrou o carro,
algumas notas sobre s. rosendo 23
porem nem por isso a pia deixou de se leuar ao mais alto do monte aonde
a Igreja estaua, mais por milagre, que por forças humanas. Poserão nome
ao minino Rodesindo ou Rosendo, que conservou sempre em quanto
viueo. A pia, em que foy bautizado se vê ainda hoje na Igreja de São
Miguel do Couto, que fica sobre ella edificado hum dos Altares colleterais,
e pella deuação dos fieis está a pedra por fora notauelmente gastada, por
tirarem della reliquias pera suas enfermidades 18.
Como se vê, nesta tradição de que se faz eco D. Rodrigo da Cunha
e Frei Leão de S. Tomás, o baptizado é mesmo em S. Salvador do Monte
Córdova. O carro parte, no trajecto entre S. Miguel e S. Salvador. O mila-
gre do seu transporte consiste no aparecimento da fonte no interior desta
última igreja, sem causa ou razão humana que o explique. Noutra tra-
dição, o carro parte, ao passar junto da igreja de S. Miguel. E neste exacto
fenómeno se vê indício de uma vontade celeste de que o menino seja ali
mesmo baptizado. Até nesta hipótese, há referência ao milagre na transpo-
sição sobrenatural da pia para o interior da igreja.
O P.e Jorge Cardoso, no Agiológio Lusitano, vai dizer: Em Galliza,
no sumptuoso mosteiro de Cella-noua da familia Benedictina a solemne
festiuidade do verdadeiro Portuguez S. Rosendo Bispo, e Confessor, filho
dos illustres Condes Guterres, e Ilduara, os quaes carecendo muitos annos
de Morgado, a pia mãe (como a outra Anna do Profeta Samuel) clamava
sempre ao ceo com orações fervorosas, jejuns estreitos, e continuas esmo-
las lhe concedesse o desejado frutto,mais para o consagrar ao diuino
serviço, que para o constituir herdeiro de seus estados, e riquezas; para o
qual effeito, tendo os seus paços ao pè do monte Corduba, com os seus des-
calços muito a miudo visitava a hermida de S. Saluador, que no mais alto
delle era situada, em não piquena distancia da sua villa de Sallas, nem
da cidade do Porto, que lhe ficaua vizinha (…)19.
Em 1707, Carvalho da Costa recolheu tradições populares das duas
paróquias rudesindianas de Santo Tirso. Alguns dados são absolutamente
certos e seguros. Outros da tradição. Esta já mais evoluída, de modo espe-
cial a propósito da pia baptismal de S. Rosendo. Já não é só o milagre do
seu transporte, de S. Miguel para S.Salvador, aquando do baptismo do
nosso santo. É agora também o milagre do seu transporte, mas em tempos
muito posteriores, quando a pia se fizera já relíquia veneranda. Quis o
abade do mosteiro de Santo Tirso trazer para o seu mosteiro a fonte que
18 Benedictina Lusitana t. II, Coimbra, 1651, pp. 145-146.
19 LUIS CARDOSO – Agiológio Lusitano, na Officina de Henrique Valente d’ Oli-
veira, Lisboa, 1657, t. II, pp. 2-3.
24 f. carvalho correia
santificou, nas águas lustrais, o S. Rosendo. Agora o carro não quebraria.
Os animais, apesar de fortes, é que sentiriam o peso maciço do vaso de
pedra, que não deixaria arredar-se. Palavras da Corografia:
S. Salvador de Monte Cordova foy Mosteiro de Frades Bentos, que
fundou o pay de S. Rozendo Guterre Arias, Conde de Arminio, que viveo
pelos annos de 907, em que S. Rozendo nasceo aqui perto, aonde parece
era sua vivenda na Villa de Salas, que destruío o tempo, e este sitio cahe
agora na Freguesia seguinte (scl., de S. Miguel do Couto), que desta se ere-
gio. Foy este Mosteiro sogeito muitos annos depois, e Priorado do de Cella
nova em Galliza, que punha alli um Frade, e o Convento comia a renda,
que de cá lhe hia por consentimentos dos Bispos do Porto, querendo o que
S. Rozendo quis, que vivessem seus Religiosos nelle: nam sabemos o tempo
em que se variou esta Ordem, mas que poucos annos há se mudou esta
Igreja para outra parte da Freguezia, em que ficou acõmodando melhor
os freguezes, que são trezentos e quarenta visinhos: he Commenda de
Christo, e Reytoria da Mitra, que rende ao todo cento e cincoenta mil reis,
e para o Commendador com a annexa seguinte quinhentos mil reis.
S. Miguel do Couto, Curado annexo de S. Salvador de Monte Cordova,
com quem se arrenda, foy feita pelos pays de S. Rozendo, por Deos lhes
dar este filho, que nella foy servido se bautizasse; hum dos Altares do Cru-
zeiro está fundado sobre a pia em que o Santo recebeo este Sacramento,
da qual se conta, que querendo trazella para S. Thirso hum Dom Abbade,
levando para isso muitos homens, e boys, nunca a puderão mover, e vol-
tando para seu lugar, humas fracas vacas a levarão. Tem o Cura sessenta
mil reis de renda, e o apresenta o Reytor de S. Salvador de Monte Cordova:
tem trinta e seis visinhos 20
Daí por diante, a referência a uma história, já não por palavras, mas
em catecismo de imagens. Conta-a a freguesia de S. Miguel, por 1700,
quando mandou colocar nas paredes da igreja a história da aparição do
arcanjo a Santa Ilduara e o baptismo de S. Rosendo, muito embora despida
esta última representação do tecido legendarizado na memória da Vita do
nosso santo.
E não deixaremos de contar com os depoimentos dos párocos de S.
Miguel e de S. Salvador de Monte Córdova, bem como mais recentemente
20 CARVALHO DA COSTA, D. António – Corografia Portugueza, t. I, Lisboa, 1706,
p. 369; PIMENTEL, Alberto – Santo Thyrso de Riba d’Ave, Santo Tirso, e. Do Club Thyr-
sense, 1902, pp. 51-53; PIRES DE LIMA, Augusto César – Estudos Entográficos, Filológicos e
Históricos, vol. III, ed. da Junta de Província do Douro Litoral, Porto, 1948, p. 543)
algumas notas sobre s. rosendo 25
– apesar dos começos do sec. XIX – do Dr. Joaquim Alberto Pires de Lima
que redescobriria a famosa pia de S. Rosendo.
4. Testemunhos de Espanha. E de Celanova...
Mas até os cronistas e livros de viagens do país vizinho o confessam.
A própria tradição de Celanova o confirma.
Filipe II de Espanha encarregaria Morales , em 1572, de um périplo
que o levaria até à região galega, com o encargo de arrolar alguns bens
respeitantes à história da arte: relíquias, joias e livros antigos etc., que
pudessem constituir fundos, com que enriquecesse o mosteiro do Escorial
que havia edificado. E Morales passou por Celanova. De tudo quanto viu
e ouviu fez o relato. Entre o que observara, com os seus próprios olhos, o
volume ricamente iluminado da vida e milagres de S. Rosendo, de Ordo-
nho e Estêvão... Da vida destacamos o que mais a propósito nos vem,
com pormenores que empurram decididamente o local do nascimento do
nosso santo para a nossa terra:
Seus pais (de S. Rosendo) possuiam terra em Galiza e Portugal. E,
entre outros lugares, o de Sala, perto da cidade do Porto, junto do monte
a que chamam de Córdova. Não tinham filhos. E estando o Conde D.
Guterre com o Rei D. Ramiro, o segundo deste nome, na guerra, em
Coimbra, a Condessa, de pés descalços, subia até à igreja de S. Salvador
naquela serra de Córdova. Enquanto ali rezava, teve uma certa revelação
de que fora ouvida na sua oração. Mandou chamar o Conde. Nasceu o
menino a 26 de Novembro de 945 21. Levando-o a baptizar na dita igreja
de S. Salvador, sucedeu um grande milagre (...) 22.
Aliás bastaria, creio eu, a tradição do mosteiro de Celanova, de que
se faz eco um monge desta casa, por 1600, Fray Benito de la Cueva 23. A
sua obra está separada por dois livros. Mas, é natural, fosse, nas intenções
deste cronista, apenas um só livro Cela nova Ilustrada ou Anais de S.
21 Na era de César. Logo, em 907.
22 Cf. IGLESIAS, Miguel Anxo Araújo - San Rosendo, Bispo e Fundador, Parroquia
de San Rosendo e Concello de Celanova, 1999, pp. 57-58.
23 Nasceu em Ocaña e tomou o hábito beneditino em Celanova, a 8 de Fevereiro
de 1609. Aqui, neste mosteiro, onde professou, foi prior por duas vezes. E arquivista.
Daqui lhe veio o começo e a composição da sua obra Celanova Ilustrada. A outra parte
– História dos mosteiros e prioratos anexos a Celanova – talvez a tivesse redigido ou termi-
nado em S. Pedro de Rocas, aonde foi Prior e onde faleceria, em 1649
26 f. carvalho correia
Rosendo e História dos mosteiros e prioratos anexos a Celanova. Pois, Fray
Benito, nesta segunda parte, toma a Vita, recolhe as tradições da sua casa e
concretiza os pormenores geográficos de Ordonho:
Como os condes D. Guterre e Santa Ilduara eram mui grandes senho-
res na Galiza e em Portugal, grande seria a fazenda que a S. Rosendo lhe
veio a caber por herança. Entre muitas vilas e lugares que assinalámos e
que o dito santo teve em Portugal foi a vila de Sala, junto de Monte Cór-
dova, donde os condes, seus pais, foram senhores e onde tiveram casa de
habitação, por ser perto da cidade do Porto e de outras fronteiras de que o
Conde era governador e capitão general. Distava a igreja de S. Salvador,
no alto do monte, uma légoa da vila de Sala onde viviam. Desta forma, o
dito lugar, como muitos outros, e a igreja de S. Salvador estavam dentro
da jurisdição dos condes.
Depois da morte do Conde, sucederam-lhe os filhos, em todos os seus
estados. Desejava S. Rosendo edificar um mosteiro na igreja de S. Salva-
dor, em memória do seu baptismo nesta igreja. Ainda hoje ali se conserva
a pia em que o santo recebera o baptismo. Ali fora colocada pelas mãos
dos Anjos. Então todos os seus irmãos o ajudaram na edificação e lhe
cederam o direito de património que, nessa terra, lhes coubera. Pôde
assim o nosso santo, com toda a liberdade, cumprir o seu voto. E assim
edificou um mosteiro, um priorado anexo ao convento de Celanova,
donde levou monges para que nele morassem e administrassem as rendas
que o santo lhes deixara na vila de Salas, couto de Refojos, em Portugal, a
vila e castro de Laboreiro, para que, com elas, auxiliasse o mosteiro prin-
cipal de Celanova.
Sendo assim um priorato anexo a Celanova, gozou este mosteiro das
rendas do de Monte Córdova, de forma pacífica e tranquila, enquanto S.
Rosendo viveu. Mesmo depois da sua morte, se puseram por sua iniciativa
um prior e monges, sem que ninguém lhes perturbasse a sua posse.
Até aqui, teve a palavra Fray Benito. Ao tempo do nosso rei D.
Manuel, veio o esbulho. A primeira machadada, em 1514, quando o Ven-
turoso pediu ao Sumo Pontífice lhe concedesse autorização para poder
desmembrar dos mosteiros beneditinos, situados dentro de Portugal, até
ao valor de vinte mil ducados, para ajuda e defesa do nosso reino. O golpe
definitivo mais tarde, em 1597.
Foi exactamente nesta altura que viveu Fray Benito. E muito lamen-
tou a sorte do priorado de Monte Córdova. Não tanto pelos rendimentos
– que eram píngues e que de cá se canalizavam para Celanova -, quanto,
sobretudo, pelas memórias venerandas que o ligavam a S. Rosendo, como,
algumas notas sobre s. rosendo 27
de resto, os lugares das vizinhanças. Num lirismo exacerbado terminaria o
cronista:
Já era tarde, o mosteiro (de Celanova) ficaria para sempre sem o de
Monte Córdova. E foi a maior perda que daí nos veio a acontecer. Embora
fosse grande a sua renda – subia a mais de oitocentos ducados! – , a
maior foi, sem dúvida, termos perdido aquele santuário, onde foi conce-
dida a Santa Ilduara a graça do glorioso S. Rosendo, onde o glorioso santo
foi baptizado, onde hoje se encontra a pia do seu baptismo, que os Anjos
ali colocaram, e, finalmente, por ser uma terra sagrada, pisada e regada
com as lágrimas de Santa Ilduara, que nos deu um fruto tão abençoado,
como o foi S. Rosendo. Confesso, cristão leitor, que todas as vezes que me
lembro deste santuário me vêm as lágrimas. E, sobretudo, que o santo no-
lo deixou e que, por descuido nosso e negligência de nossos antepassados,
se tenha perdido24 .
II
Culto de S Rosendo
Algumas achegas
Canonizado ao sec. XII, o culto de S. Rosendo não se expandiu
muito no Portugal de hoje e mesmo na Galiza É bem restrita a devoção
a este santo que se circunscreve a poucos locais do norte de Portugal:
Santo Tirso, em Santa Maria das Júnias. Pegadas quase delidas em Braga
e Porto. E havia razões para que avivada mais o fosse. Particularmente em
Braga – já que S. Rosendo fora bispo de Dume, e o santo bem afeiçoado
se deu ao título que nem em Mondonhedo o largava25 – e em Santo Tirso,
onde nascera e que nunca deixaria de lembrar-se do berço que nascença
lhe deu. Ao sec. XIX, Camilo vai lembrar S. Rosendo. Para denegrir o
Porto em cuja burguesia se não reencontrava.
24 História de los monasterios y prioratos anejos a Celanova ed., notas e índices
por Maria Teresa Gonzalez Balasch. Intr. de José Ignacio Fernandez de Viana e Vieites,
ed, da Universidade de Granada, 1991, pp. 93-97.
25 Três meses, antes de morrer, ainda assinará o seu testamento sob o título de
“Episcopus dumiensis”: Sub divina potentia ego Rudesisndus Dumiensis episcopus hanc
concessionem a me facta et post nomen Salvatoris mei et eius cultoribus ultro firmavi (sig-
num). Cf. ANDRADE CERNADAS, José Miguel - O Tombo de Celanova, ed. do Consello
da Cultura Galega, vol. I, Santiago de Compostela, p. 11.
28 f. carvalho correia
Mas, até mesmo em Espanha e até na sua Galiza - onde tantas
pegadas fundas deixara da sua passagem – a sua personalidade susci-
taria tamanha piedade e fervor. Nem sequer por efeito da expansão da
sua vida, pela pena e arte de Ordonho e Estêvão de Celanova. Ou da
intervenção da autoridade oficial da igreja na causa da sua canonização,
mesmo redobrada. Talvez que, por efeito da expansão das suas relíquias,
em 1601 – e que até chegariam a Santo Tirso e ao Porto26 – se agitasse
um certo interesse pelo nosso santo. Se sim, de qualquer forma ainda
localizado restará.
Dois centros, porém a destacar-se: Mondonhedo e Celanova. Com-
preender-se-á: para esta última localidade deixaria em testamento o
galardão do mosteiro, onde devotado se recolheu e onde, sepultado,
adormecera no Senhor. E acalentaria a sua devoção, quando os seus res-
tos mortais se recolheram em túmulo de prata, em 1601, com uma outra
“vita”, em imagens cinzeladas do nosso santo pelo génio artístico de João
de Nápoles. Veio a recontar, aos alvores do sec. XVII, as maravilhas do
santo bispo e fundador do seu querido mosteiro. Destacada ainda ficará a
silhueta inconfundível de S. Rosendo em Mondonhedo, onde a sua activi-
dade pastoral lhe esgotara as energias da sua alma de apóstolo devotado.
Mostras concretas desta devoção minduniense o calendário das Consti-
tuições sinodais que relembraram a solenidade deste santo, para o dia 1
de Março27. E, na segunda parte do sec. XVII já se fala deste santo como
padroeiro da mesma diocese28. E foi nesta altura que a celebração do
ofício divino se irá impor em toda esta circunscrição eclesiástrica, após a
aprovação da Santa Sé, a 23 de Outubro de 1693.
Por fim, na edição galega do Missal Romano figurará a missa de S.
Rosendo que se propõe como solenidade para a diocese de Ferrol-Mon-
donhedo e como festa de memória obrigatória nas restantes dioceses da
Galiza29.
26 Foram levadas relíquias para Roma – hoje de paradeiro desconhecido – aquando
da sua canonização, ao sec. XII. E no sec. XVII, aos começos, para a Galiza – Tominho,
Orense, Verín S. Tiago, Mondonhedo, Valencia – e Portugal. Cf. PEREZ LOPES, S. San
Rosendo e Mondoñedo. Razóns dun Centenario (907-207), Mondoñedo, 2006, p. 54.
27 CAL PARDO, E. - Episcopologio Mindoniense., pp. 41-41, nota 189. A igreja
– lembremo-lo – não celebra o aniversário do nascimento de um santo – só muito excep-
cionalmente, o fez a respeito de S. João Baptista -, mas antes o trânsito, ou seja, a morte do
bem-aventurado.
28 Hoje há várias paróquias da Galiza – umas quatro – tuteladas sob o patrocínio
de S. Rosendo.
29 Missal Romano, Barcelona, 1977, pp. 609-612.
algumas notas sobre s. rosendo 29
Mas há outros sintomas. Bastariam as imagens que dele se possuem
para testemunhar a veneração de que foi objecto.
Em Portugal, também S. Rosendo veio a ser venerado. Mas tarde,
relativamente. Nos livros litúrgicos de Braga, nos mais antigos, dele não
há lembrança. Assim, no Missal de Mateus, do sec. XII, não há referências:
nem no corpo do missal (de 1130-1150), nem no calendário bracarense
que lhe anda anexo (por 1150-1170)30. O mesmo acontecerá mais adiante,
no Breviário de Soeiro, dos finais do sec. XIV e começos do seguinte31.
Numa intervenção, há tempos, porém, nas colunas do jornal “Semana Tir-
sense” 32, dei a conhecer duas breves referências ao culto de S. Rosendo.
Melhor, duas notícias sumárias e pouco vincadas, de resto.
Uma a propósito das ordenações que D. Gil, bispo de Titópolis, efec-
tuou a 1 de Março de 1487 e que o notário registaria com a circunstância
cronológica de que a cerimónia teve lugar em dia de S. Rosendo 33.
Um pouco à frente, em 1508, entre os ordenados, cita-se um tal
Afonso, filho de João Afonso e de Margarida Dias. E acrescenta-se: que era
da freguesia de S. Rosendo34. Não conheço outra freguesia, em Portugal,
de que S. Rosendo seja ou tenha sido orago. Nem na freguesia onde nas-
ceu – S. Miguel do Couto – nem naquela onde sua mãe o impetrou e rece-
beu, por mediação do Arcanjo S. Miguel, a confirmação dos seus anseios, a
freguesia do Salvador de Monte Córdova.
Também aquela de que se falará, em 1508, já não existe como paró-
quia. Tanto quanto sei, é mero lugar da de Santa Maria das Júnias. Mas foi
paróquia na Idade Média. E da invocação rudesindiana. Terá sido extinta
por entre 1508 e 1746. O que é curioso é que, nesta última data, ainda
mantinha avivada na memória do lugar – Pitões, Barroso – a condição
perdida da sua autonomia passada. A meio do sec. XVIII, ainda possuia
duas coisas que são características de uma igreja paroquial: tinha pia do
baptismo, santos óleos. Mais, aí ouviam missa conventual os seus fiéis, aos
Domingos, na metade do ano, durante o tempo de Inverno. Mais ainda:
em 1746 irão os seus moradores recuperar a posse de sacrário, com Santí-
sssimo Sacramento...
30 Missal de Mateus, intr., leitura e notas de Joaquim de Oliveira Bragança, ed. Fun-
dação Calouste Gulbenkian, Lisboa, 1975.
31 ROCHA, Pedro Romano – l’Office divin au moyen âge dans l’église de Braga,
ed. Fundação Calouste Gulbenkian, Centro Cultural Português, Paris, 1980.
32 S. Rosendo e a sua festa litúrgica, na Idade Média, na série “No Pó dos
arquivos... “, n. 143, de 2 de Junho de 2000, p. 11.
33 ADB Matrículas de Ordens, Pasta n. 4, Caderno n. 31, f. 17.
34 ADB Matrículas de Ordens, Pasta n. 6, Caderno n. 8, f. 58 v.
30 f. carvalho correia
Ver-se-á. Para agora, mais um facto da devoção a S. Rosendo, que
nos remete para os começos do sec. XVII.. A 1 de Maio de 1601, no
decurso de uma cerimónia solene, sob a presidência do Bispo de Orense,
D. Miguel Anes de Canaval, houve uma distribuição de várias relíquias de
S. Rosendo. E para Portugal trouxeram quatro monges negros do mos-
teiro de S. Bento do Olivar – nas vizinhanças da cidade do Porto e que
recentemente se teria fundado – um osso de S. Rosendo35.
Mas voltemos à igreja de S. Rosendo de Pitões.
O dossier que se segue contém os documentos desta condição que
nós poderíamos alinhar cronologicamente desta forma:
1. Em 1746, pela segunda parte do ano, já há muito que S. Rosendo
de Pitões, em Barroso, Trás-os-Montes, se extinguira como paróquia e se
anexara à de Santa Maria das Júnias. Deixará, pois, de ser freguesia, e se
transformará em mera localidade de Santa Maria, e a matriz de S. Rosendo
passaria a simples capela da freguesia absorvente.
2. Mas ficaram vivas as memórias e testemunhos da sua primeva
condição. E não apenas na consciência e na tradição dos homens. Dados
objectivos o asseguravam também: lá estava, ainda ao sec. XVIII, a pia
baptismal; lá, em S. Rosendo, cumpriam os moradores do lugar o pre-
ceito da santa missa, ao Domingo, na metade do ano. E celebrava a missa
o pároco de Santa Maria. Aí, na agora capela rudesindiana. Era obrigação
sua fazê-lo…
Agora, em 1746, ficariam a ter também os moradores do lugar de S.
Rosendo o sacrário na sua ermida, em ordem à instalação do Santíssimo,
para que, a modos de Viático, fossem socorridos os doentes do lugar. Para
complemento do sacrário, já teriam em seu poder a píxide – oferta de um
patrício que ao Brasil fora em busca de trabalho e que nunca da sua terra
se esquecera. Já tinham fundado mesmo uma Confraria do Santíssimo
Sacramento, que velasse pelo culto da alâmpada e pela decência da vene-
ração eucarística.
3. Daqui a memória mais avivada dos moradores de que o lugar já
fora comunidade paroquial e que a capela teria sido já a igreja matriz dos
seus moradores. No actual concelho de Santo Tirso, o mesmo se passara
com as ermidas de Santo André de Sobrado (nas Aves) e com a de Santa
Maria de Negrelos (de Roriz). Ambas foram matrizes de paróquias. Há
35 DIAZ Y DIAS, o.c., PARDO GOMEZ, M.ª V., e VILARIÑO PINTOS, D. – Ordoño
de Celanova: Vida y milagros de San Rosendo, ed. “Fundación Pedro Barrie de la Maza
Conde de Fenosa”, 1990, pp. 304-305.
algumas notas sobre s. rosendo 31
tantos documentos, a este respeito!…Mas, mesmo sem a apoio documen-
tal, não restariam dúvidas: em ambas se encontram ainda hoje as pias
baptismais. Além disso, em Santo André de Sobrado ainda é bem visível a
condição desta capela como igreja cemiterial que o fora. À sua volta ainda
a circundam algumas das antigas sepulturas. Aliás, o mesmo sucedeu com
Santa Maria de Negrelos: aqui, mas no seu interior, se topam campas rasas,
com inscrições, algumas delas.
Creio que não será necessário dizer aos nossos leitores uma coisa
muito simples: durante muitos séculos, até meados de 1800, não houve
cemitérios. Os fiéis elegiam sepultura no interior da igreja ou no adro, à
sua volta. E só na igreja matriz. Mais um indício, pois, da condição paro-
quial de um templo: a tumulação no seu espaço, interior ou exterior.
Mas, antes da relação, umas referências embora breves a formas
menos ortodoxas do culto rudesindiano, em S. Miguel do Couto. Por
exemplo, D. Rodrigo da Cunha, dirá, após uma visita pastoral à freguesia
(?) Guardase ainda hoje esta pia na Igreja de S. Miguel do Couto annexa
a S. Salvador do monte Corua, e fica sobre ella edificado hum dos alta-
res collateraes: a pedra pella deuação, que os fieis tem de tirarem della
reliquias pera suas enfermidades, estâ jà por fora notauelmente gastada,
e consumida. Na mesma altura, o confirmará Frei Leão de S. Tomás, que
visitou o lugar, onde se edificava o palácio de D. Guterre Mendes e de
Santa Ilduara e se levantou a igreja de S. Miguel do Couto, ele, o autor da
Benedictina Lusitana, que apenas viveu a 1 quilómetro de distância, no
convento de Santo Tirso, onde professaria, aquando da liderança benedic-
tina do primeiro abade trienal.
Outra forma devocional igualmente pouco ortodoxa, que faz de
S. Rosendo um santo casamenteiro. A saber, em S. Miguel do Couto,
durante a procissão, os moços e moças, da berma da estrada atiram
pedrinhas ao andor de S. Rosendo, com a certeza de que o santo,
dentro de um ano lhes arranjará um namorado – ou namorada -, à
feição e ao gosto dos seus desejos... 36 .
Dito isto, alguns documentos sobre a igreja de S. Rosendo de
Pitões, a freguesia que teve o nosso santo por seu orago.
36 Informação de uma minha aluna, natural de S. Miguel do Couto.
32 f. carvalho correia
1746, Outubro, 21 - O Dr. José Gomes Dias visita a igreja de Santa
Maria das Júnias e, ouvindo as razões dos moradores do lugar de S.
Rosendo de Pitões e o assentimento do abade de Santa Maria, exorta-os a
que peçam ao Arcebispo a devida autorização para se instalar o Santís-
simo na capela de S. Rosendo.
O Doutor Jozé Gomes dias Protonotario Appostolico de Sua Santidade
Dezembargador da Rellaçam Primaz Vizitador do Arcediagado de Barrozo
Iure devoluto por Sua Alteza o Serennissimo Senhor Dom José Arcebispo
e Senhor de Braga Primaz das Hespanhas etc. Faço Saber em Como aos
vinte e hum dias do mês de Outubro de mil e Sete centos , e quorenta e
Seis vizitej pessoalmente esta Parochial Igreja de Santa Maria das Junnias
de Pitois em prezença do Reverendo Padre Frey Izidorio Gutierres Abbade
della e Cura, Clerigo, e da mayor parte de Seus freguezes fis a procissam
dos deffuntos vizitey o Sacrario do Santissimo Sacramento Santos Oleos,
e Pia Baptismal ornamentos e tudo o mais pertencente ao Culto Divino, e
provendo no spiritual e temporal ordeney o Seguinte
(...)
Constame pela verba do testamento com que falleceu na Cidade do
Rio de Janejro Manoel Gonçalves Mohinhos deixar duzentos mil reis pera
renderem para o azeyte da Alampeda que em termo de dous annos Se haja
de colocar na Igreja de Sam Rosendo de Pitois o Santissimo Sacramento e
por na mesma Se conservar pera com mais promptidam Se admenistrar aos
freguezes por ficar a de Junnias em destancia e Ser aspero Caminho prin-
cipalmente em tempo de Inverno e que no caso de Se nam Colocar na dita
Igreja em o Referido tempo, Se lhe desse o dito dinheyro diuersa appli-
caçam Cuja verba apprezentou Andre Gonçalves de Parada do Outeyro
que disse lhe havia de Chegar o dito dinheyro na frota proxima conforme
os avizos, e ouvindo ao Reverendo Dom Abbade e os moradores de Pitois,
todos uniformemente Convem em que Se aceite o Legado e Se Coloque
o Santissimo na dita Igreja em que há Sacrario aonde já esteve Colocado
algum tempo Como tambem Se me reprezentou que o mesmo testador
em sua vida mandar um Vazo e hum Calix aos Confrades do Senhor do
mesmo Lugar erigindo Confraria e que o dito vazo e Calix Se acham ainda
na Cidade de Lisboa donde Se obrigou a mandalo vir o Doutor Domingos
Lourenço Lopes natural do dito Lugar e o dito Padre Gonçalves, pelo que
mando que façam conduzir huma e outra couza Com a melhor brevidade
que puder Ser, e chegado que Seja o vazo e Calix passara o Reverendo
algumas notas sobre s. rosendo 33
Parocho Certidam jurada de que esta prompto, e o mais necessario pera
a dita Conservaçam do Santissimo Com a quoal recorrem os officiais ao
Serenissimo Senhor Arcebispo Primaz e juntamente com este Cappitulo
implorando Licença pera o dito effeito em Concideraçam do que me repre-
zentou o Reverendo Dom Abbade que Sempre tambem o quer Conservar
na Igreja de Santa Maria de Junnias, e o dito dinheyro Se pora a juro em
mão de pessoa Segura e abonnada com boas Hypothecas, e fianças de
sorte que em nenhum tempo haja fallencia, e Sempre ficaram tambem
obrigados aquelles que o derem a juro e emquoanto Se nam der a juro Se
primeiro Se Collocar o Santissimo na dita Igreja, Se dará o azeyte necessa-
rio para a Lampada da mesma Confraria no que tambem duvidam.
Recomendo aos moradores ellejam officiais pera Servirem na Con-
fraria do Senhor, e estes cuidaram logo em fazer Seus estatutos ouvindo
primeyro ao Reverendo Parocho pera o nam prejudicarem nos Seus ren-
dimentos Parochiais, cuja approvaçam procuraram logo, e teram seu Livro
pera Se assentarem os Confrades, que o queiram Ser, e outro para receita,
e despeza he o que Conthem o Cappitulo da Vizita (...).
1746, depois de Outubro - Requerimento dos moradores de Santa
Maria das Júnias e de S. Rosendo de Pitões ao arcebispo D. José de Bra-
gança, para colocação do sacrário, em S. Rosendo de Pitões, “per modum
Viatici.
Serenissimo Senhor
Dizem os moradores de Nossa Senhora das Junias e Sam Rosendo de
Pitões Commarca de Chaues, que o Reuerendo Doutor Vizitador e Dez-
embargador Procurador geral da Mitra mandou pelo Cappitulo inserto
na Certidam junta que requeressem a Vossa Alteza Serenisima pera lhe
dar Licença pera Collocarem na dita Igreja de Sam Rosendo o Santissimo
Sacramento por se lhe haver deixado do Rio de Janeyro Manoel Gonçalves
Mohinhos duzentos mil reis pera a Sua Consevaçam pondo-se dentro de
Dous annos, e por isso mesmo lhe ter dado outras peças, que estam entre-
gues de que vay outra Certidam e porque esta Collocaçam he em grande
utelidade do Povo, e aceitaçam do Abbade e freguezes Segundo Consta
da formalidade do dito Cappitulo pois nam Se aceitando e Colocando em
dous annos tera outra applicaçam o tal dinheyro.
34 f. carvalho correia
Pede a Vossa Alteza Serenissima lhe faça merce de mandar passar
Provizão para Se Colocar o Santissimo Sacramento na Igreja de Sam
Rosendo onde Se admenistrará todos os Sacramentos a este povo por
ficar a Igreja de Nossa Senhora das Junnias distante e Com aspereza dos
(?) Caminhos e Se aproveitarem do dito legado sendo tudo assim do Ser-
viço de Deos e aggrado de Vossa Alteza Serenissima, E Recebera merce.
1747, Janeiro, 10 - Informa o abade de Santa Maria das Júnias,
Frei Isidoro Guterres, da conveniência da instalação do sacrário em S.
Rosendo de Pitões, mantendo-se também a presença eucarística na matriz
de Santa Maria das Júnias, e, ao mesmo tempo, dando conta de que a
capela de S. Rosendo tem, desde sempre, pia baptismal, e os seus morado-
res lá cumprem o preceito dominical, durante os seis meses de Inverno.
(…) Frey Izidoro Gutierres Abbade da freguezia de Santa Maria das
Junnias de Pitois Certefico que a Igreja de Nossa Senhora de Junias distante
meio quarto de Legoa do lugar do Pitois he a Matris, onde há e sempre
houve Sacrario e o Supplicante a Sua Relligião o quer conservar porem
pela distancia que he da dita Igreja ao lugar, e haver no dito Lugar huma
Cappela de Sam Rozendo aonde Sempre Se conserva a Pia Baptismal, e
Se lhe dis Missa os Seis mezes de Inverno e achasse a dita Cappella muito
Capax, e ter vazo e os paramentos necessarios, e dozentos mil reis que já
Se entregaram a Irmandade do Senhor para (…) o alumiar (…) em que
se Coloque o Santissimo na dita Cappella de Sam Rozendo, pera que os
freguezes sejam admenistrados com melhor commodidade sem que por
a dita colocaçam perca o direito a Igreja Matriz de Nossa Senhora de que
nela Se desobriguem na quaresma, Se faça as mais obrigaçoens costuma-
das he o que posso informar, e por verdade juro in sacris.
Braga Janeyro des de mil e Sette Centos, e quarenta e Sete Frey Izidro
Gutierres.
1747, Janeiro, 14 - O Bispo auxiliar de Braga, D. Eugénio Botto da
Silva, por Sua Alteza Sereníssima, concede aos fiéis de S. Rosendo de Pitões
autorização para, na sua capela, terem permanentemente o Sacrário.
algumas notas sobre s. rosendo 35
Dom Eugenio Botto da Sylva Bispo de Hetholonia Coadjutor Provizor
e Vigario Geral neste Arcebispado Prezidente da Rellaçam e Reytor do
Seminário de Sam Pedro desta Corte por Sua Alteza Serenissima Senhor
Arcebispo Primaz, etc. Pela prezente havendo respeito ao que na peticam
retro reprezentara ao mesmo Serenissimo Senhor os moradores de Nossa
Senhora das Junnias e Sam Rozendo de Pitois da comarca de Chaves e
Remessa do Serenissimo Senhor Resposta do Reverendo Doutor Dezem-
bargador Geral da Mitra, e mais documentos (f. 226 v.) juntos lhe Conce-
demos Licença para que na Cappela do dito lugar possam ter Sacrario e
nela colocado o Santissimo Sacramento pera Ser admenistrado per modum
Viatici o quoal Sacrario Sera Collocado na Cappela Mayor e havendo algua
Cauza justa por onde nella não possa estar Se porá em hum altar Colateral
que houver na dita Cappela mais decentemente no quoal estará Sempre
hua Lampada acceza Continuamente, e com toda a mais veneraçam devida
tendo para isso os paramentos necessarios, e por acharmos que da Refe-
rida Colocaçam rezultará serviço de Deos Nosso Senhor lhe mandamos
passar a prezente que depois de por nós Ser assignada Se registará no
registo geral desta Corte Sem o que nam valha.
Dada em Braga Sobnosso Signal e Sello desta Corte aos quatorze dias
do mês de Janeyro de mil e Sete Centos e quarenta e Sete annos (...).
Prof. F. Carvalho Correia
Santo Tirso. Portugal
36 f. carvalho correia
1
Igreja de S. Miguel do Couto
A toponímia – Salas, Sás, Sela (de Salela, a não ser que seja, antes, Cela, a dar
hipoteticamente origem, por oposição, a Celanova) –, a iconografia – pintura, escultura,
o relicário – , o mobiliário litúrgico – a pia baptismal –, o orago – capela de S. Miguel
de Celanova, a lembrar S. Miguel do Couto e as “aparições” do Arcanjo em S. Salvador de
Monte Córdova – a tradição popular: eis os poros da comunidade tisense, por onde tran-
sudam as lembranças rudesindianas de S. Miguel do Couto por sobre o mosteiro orensano.
Particularmente através da igreja que vemos na imagem. A actual será do sec. XVII,
finais. Mas a cadeia dos séculos passou de mão em mão as contas de um rosário mais que
milenar.
Tornada paroquial como baptismo de S. Rosendo, foi até ao sec. XIX, filial de S.
Salvador de Monte Córdova, donde se desdobrou.
algumas notas sobre s. rosendo 37
2
Altar de S. Rosendo, em S. Miguel do Couto
Até à primeira parte do sec. XX, as imagens e as pinturas – as da aparição de S.
Miguel e a do baptismo de S. Rosendo – encontrar-se-iam na capela-mor e nos altares
colaterais do mesmo espaço. Aqui,na imagem que vemos nesta foto - estava então, um
altar um só altar, sem mais que o pudéssemos melhor descrever. Entretanto, o Dr. Joaquim
Alberto Pires de Lima vislumbrou a famosa pia do baptismo de S. Rosendo.
Então o Sr. P.e Luís, pároco erudito de S. Miguel do Couto, trouxe para aqui as ima-
gens de S. Rosendo – que estavam no altar colateral, do lado do evangelho, na capela-mor
– e que agora ficaria ladeado de Santo António que, igualmente viria do altar principal
da capela-mor, e mais das pinturas rudesindianas, respeitates ao anúncio do arcanjo S.
Miguel e do baptismo do nosso santo. Além do mais, pôs à contemplação dos fiéis a pia,
retirando o frontal de madeira que a ocultava, e substituindo-o por uma placa de vidro.
38 f. carvalho correia
3
Imagem de S. Rosendo (S. Miguel do Couto)
Há duas imagens de S. Rosendo, em S. Miguel do Couto. A maior é do sec. XVII e
representa o nosso santo como bispo – mitra, báculo, luvas, capa magna. Distinta de for-
mas, em relação ao S. Rosendo da igreja matriz de Santo Tirso, que o representará como
abade beneditino: além dos símbolos prelatícios, a cogula…
Ao lado desta imagem de S. Miguel do Couto, existe uma segunda, na mesma igreja,
réplica da primeira – salvo algumas diferenças, para além do tamanho, destinadas ao
ósculo dos fiéis, em dias da solenidade de S. Rosendo. Esta pequena está guardada. Só se
expõe ao culto – para ser beijada ou levada em procissão – em dias de festa. Nesta ocasião,
se torna o nosso santo patrocinador dos casamentos: as moças, da margem da estrada,
atiram um pedrinha ao andor de S. Rosendo, esperando que, no decurso do ano, sejam
felizes no amanho de um namorado !…
Ironicamente, da imagem mais pequena, pende-lhe da fíbula da capa magna uma
cruz de Cristo, símbolo da Ordem militar deste nome, à qual foram doados em comenda
os réditos do padroado do mosteiro rudesindiano de Monte Córdova, depois de retirados
aos frades celanovenses…
algumas notas sobre s. rosendo 39
4
Fonte baptismal de S. Rosendo, em S. Miguel do Couto
A célebre pia baptismal de S. Rosendo, do sec. X. Relíquia veneranda da igreja pré-
românica que os pais de S. Rosendo edificaram sobre este sítio, o de Salas, em S. Miguel do
Couto É de baptismo de imersão, da forma primitiva como se administrava o sacramento.
Tanque escavado numa pedra única. Muito destruído pela devoção supersticiosa dos fiéis
que bebiam água ou vinho polvilhado de pó, desbastado de esculturas ou de objectos como
este, na qualidade de preventivo ou de remédio dos seus males. Esta prática também se
verificará, em Santo Tirso, com a imagem de Santo Isidro, orago da extinta paróquia de
Santo Isidro de Negrelos, preciosa escultura do sec. XVI, de pedra de Ançã, com o dorso
já bem raspado também como mezinha, a tomar-se, com água ou vinho, em caso de
doença.
Oculta, para evitar que mais se deteriorasse, foi a pia de S. Rosendo redescoberta
na primeira parte do sec. XX pelo Dr. Joaquim Alberto Pires de Lima, famoso professor de
Anatomia na Universidade do Porto e devoto de S. Rosendo.
40 f. carvalho correia
5
Relíquia deS. Rosendo
Antebraço, coberto de roupagens, esculpido de madeira, com mão em gesto que
abençoa. A meio, entre o cotovelo e o pulso, rasga-se um lóculo onde se albergava uma
relíquia de S. Rosendo, talvez dos começos do sec. XVII, quando se terá feito uma redis-
tribuição das relíquias deste sant pela igreja do mosteiro de Celanova, aquando da
construção do túmulo de prata, onde então se guardariam os despojos sacrossantos deste
ilustre fundador do mosteiro de Celanova.
Hoje, já não existe esta relíquia neste ostensório de S. Miguel do Couto, que foi vio-
lado. Para os fiéis de S. Miguel do Couto, bastar-lhes-á a relíquia mais importante: a pia
do baptismo do grande renovador da vida religiosa no noroeste de Espanha.
O relicário que, julgo dos começos do sec. XVII, e que, há anos estava dentro da
igreja, sobre um altar lateral, guarda-se, agora, violado, como dito ficou, no arcaz da
sacristia.
algumas notas sobre s. rosendo 41
6
S. Rosendo, escultura da matriz de Santo Tirso
Huma dos mais Illustres Santos que Hespanha, e a Ordem de S. Bento teue, e com
quem Portugal, e Galisa se autorizão, foy o glorioso S. Rosendo (Frei Leão de S. Tomás,
Benedictina Lusitana).
Esta ligação à Ordem Beneditina está figurada nesta bela imagem de S. Rosendo,
estufada e dourada, que o Abade Frei Paulo da Assunção adquiriu no seu triénio de
1722-1725, para figurar na capela da sacristia do mosteiro de Santo Tirso. Hoje no corpo
da matriz, sobre modilhão apenso à parede lateral do lado da epístola.
Embora o nosso santo conhecesse a regra beneditina, não foi, realmente, monge
desta ordem.
42 f. carvalho correia
7
Uma das sepulturas da necrópole do Monte do Padrão
O mosteiro de Monte Córdova estava dependente de Celanova. Atribui-se a fundação
a S. Rosendo. A necrópole extensa que a circunda demonstra a natureza paroquial deste
templo, que se caracteriza, em princípio, para além de um espaço cemiterial, pela posse
também de uma fonte do baptismo, e pela sua relevância de casa da assembleia da famí-
lia cristã para a celebração da eucaristia, no cumprimento do preceito do Domingo. A
igreja seria, pois, monástica e paroquial.
A extensa necrópole inclui o tipo de caixa de tampa única e o tipo dos de caixa sim-
ples, que muito mais numerosos, aqui, revelam a existência dos diferentes estratos sociais
de que se compunha a comunidade cristã de Monte Córdova e, simultaneamente, e da
desproporção enorme do seu número, com um núcleo, relativamente muito pequeno, de
uma elite
algumas notas sobre s. rosendo 43
8
Iconografia de S. Rosendo
Algumas das representações iconográficas mais antigas de S. Rosendo estão no
manuscrito da Biblioteca Nacional de Lisboa, do sec. XIII. Copia e ilustra a Vida e Milagres
de S. Rosendo, de Ordonho e Estêvão.
Esta iluminura que se vê na imagem representará S. Rosendo como bispo que fora de
Dume, Mondonhedo e e Iria.
Diga-se, desde já, que, no Arquivo Distrital do Porto, existe uma outra cópia medieva
da Vita de S. Rosendo.
44 f. carvalho correia
9
Ruínas do Padrão (Monte Córdova)
Nas diversas etapas, por que passou a estação arqueológica do Padrão – desde o
Bronze Final (900-500 AC), 2.ª fase (500-138 AC), 3.ª fase (138 AC-I DC), 4.ª fase ( (sec.
II/1 DC- III/1 DC) -, interromper-se-ão os vestígios de presença humana que só se retoma-
rão desde 900 ao sec. XII. Condicionaram esta última fase a vida e feitos de Guterre Men-
des, de Ilduara e de seu filhinho, S. Rosendo.
O mosteiro rudesindiano e a necrópole são os elementos estruturais de maior expres-
são. O cenóbio dependeu sempre, até ao sec. XVI, como se sabe, de Celanova. Demonstra-o
a mole de documentos que o confirmam. Com a mudança da séssega paroquial para o
local hodierno, o Padrão adormecerá na letargia do tempo.
As cerâmicas – azulejaria hispano-árabe, sobretudo – e uma que outra peça de
metal – uma, pelo menos, esmaltada - , estelas funerárias, de remate circular, decorado de
motivos cruciformes, moedas, um remate de um padrão, que crismará o monte, com um
Cristo românico, esculpido em pedra, tanto na face anterior como posterior - este de relevo
menor -, ainda se manifestam como sinais de uma vitalidade que só, ao sec. XVI, pelos
finais, dará o extremo suspiro
algumas notas sobre s. rosendo 45
10
Anunciação do Arcanjo S. Miguel a Ilduara
Antes do Sr. P.e Luís tomarconta da paróquia de S.M iguel do Couto, havia nesta
igreja três altares: o principal e dois retábulos colaterais. No do lado do evangelho, figu-
rava esta pintura sobre madeira. É do sec. XVII. Plasmada sobre o episódio da “aparição”
em S. Salvador de Monte Córdova – e o relato da Vita et miracula de S. Rosendo está matri-
ciado na aparição do Anjo S. Gabriel a Nossa Senhora – o acontecimento, nesta tela, está
descrito de dois modos: figurativa e literariamente. Por imagens: Ilduara recebe a notícia
do arcanjo, tradicionalmente representado com a armadura militar - chefe na luta dos
anjos bons contra os rebeldes - e como “oficial” da justiça divina - como o insinua o
símbolo da balança : a de que vai conceber o menino Rosendo, a quem Deus reservará
um grandioso destino providencial . Um facho de luz que sai da boca do Anjo até à face
piedosa da Condessa, veicula de forma verba lo anúncio. Em rodapé e em linguagem
informativa, se descerá a pormenores.
46 f. carvalho correia
11
Baptismo deS. Rosendo
Simétrico daquele – no altar lateral do lado da epístola, e segundo uma pintura da
mesma época e sobre madeira também. Representa, anacronicamente, o baptismo de S.
Rosendo: um sacerdote segura o menino sobre a pia – do sec. XVII – o que já algo diz do
tempo da sua feitura, com dois personagens imediatos à sua esquerda. São os pais de S.
Rosendo: Guterre Mendes, conde portucalense, e Ilduara.
Em rodapé, a inscrição já muito delida: Baptismo de S. Rosendo filho do Conde
Guterres Arias e Ilduara celebrado nesta capela no anno de 907.
algumas notas sobre s. rosendo 47
12
S. Rosendo, escultura de IreneVilar, na cidade de Santo Tirso
Além do seu papel como bispo de Dume – aldeia próxima de Braga -, de Mondon-
hedo e de Iria (hoje Compostela), foi S. Rosendo governador político-militar, por carta de
omisso, com data de 19 de Maio de 1955. É nesta condição de dupla vertente que o retrata
a notável escultora Irene Vilar, nesta estátua, frente à Câmara de Santo Tirso e que se eri-
giu, por 197, no milenário de sua Rosendo.
Bem dele se poderia dizer o que de outros, mais tarde, se dirá: numa das mãos a
cruz, a espada noutra…
La singularidad de San Rosendo en el contexto
del Monasterio de Celanova y su área geográfica.
Influencias culturales andalusíes en territorios galaicos
Para todos aquellos investigadores que sabiamente
conocen el conjugar una intensa vida intelectual con una humilde
vida espiritual, y para mi amigo D. Francisco Olea, verdadero
“mozárabe” en tierras del Norte.
Para determinar a un Rosendo abad en un cenobio tan particular
como el de Celanova en la Galiza nuclear del siglo X, y más en una
Gallaecia amplia y duriense, como la que recogía la tradición romano-
suevo-visigótica desde aquel mítico siglo VIII, cumple hacer un esfuerzo
mental, epistemológico e historiográfico de no poca envergadura.
Si a todo lo dicho, con su tradición cristiana (subrayemos de escuela
isidoriana) y peninsular, le añadimos el sutil aroma de los aires innovado-
res (eruditos, tal vez heterodoxos) del Islam cultural que llega a tierras de
Cella nova / “in territorio Bibali”, lo que hacemos es complicar un tanto
las ya de por sí difíciles interpretaciones de nuestros escuetos documentos
monásticos al respecto. Como es trabajo sin par y un proyecto de largo
alcance, sólo vamos intentar tocar en este resumido trabajo algunas teclas
de un gran “clavicémbalo” llamado mozarabismo (otro concepto hoy día
tan revisado como poco definido, y es tema de arduos debates que aquí
El clásico y siempre inspirado De Isidoro al siglo XI (1976) de nuestro profesor
Díaz y Díaz nos recuerda que “Al fundarse Celanova (Orense) en el 942, San Rosendo le
entrega entre otros muchos libros unas Etimologías y unas Sentencias; unos Sinónimos
y la Regla en el 952, y 955, al recién fundado monasterio de Sobrado (La Coruña)”, pág.
177. Estamos hablando de la tradición viva e isidoriana en el corazón y pleno Noroeste
peninsular, y no eran ajenas a la misma otros centros espirituales gallegos (Mondoñedo,
Caaveiro, S. Pedro de Montes berciano), y además desde ya antes del siglo IX.
50 J. C. ríos camacho
no traeremos a la arena) en Gallaecia, centrándonos en la figura y obra
del tenaz obispo y abad de múltiples funciones y ubicaciones.
1. Geografía rosendiana (área Celanova – Ourense) y Vías de comunica-
ción Norte – Sur
Tenemos por fuerza que relacionarnos con la ubicación geográfica
del monasterio-pivote desde el que Rosendo canaliza su estrategia espi-
ritual y política. La Celanova interflúvica de los afluentes Tuño y Ourille
del gran Arnoia, edificada sobre un villare de pertenencia familiar (dona-
ción de Froila, 942) de los ilustres Gutier Menéndez y en especial su hijo
Rosendo Gutiérrez, es comarca natural conocida como Bubalo ouren-
sano “territorio Bubalo” del año 935, de clima interior frío en invierno
y caluroso en verano, pero todo ello dulcificado por un microclima que
las nervaduras fluviales aportan, siendo apta para ser una tierra que ya el
monje Ordoño de Celanova contaba como rica en viñedos (sólo siendo
así las condiciones se puede dar este cultivo, destinado con preferencia
para servicios litúrgicos) en el s.XII (Vita Rudesindi), árboles de todo tipo
–frutales-, llanuras de praderas y aguas que imaginan un sitio paradisíaco
para establecer allí tierras de labor y asiento de retiro espiritual. Sabemos
que no sólo consta lo mencionado, es este una territorio-región donde
la presencia mozárabe conecta desde el exterior por el Este y Sur y que
establece interconexiones entre los centros religiosos y poblaciones (de
insistente continuidad castrexa hasta sus villae) cuales S. Pedro de Rocas,
Sta. Eufémia de Ambia, Sta. Comba y S. Torcuato de Bande (tan ligado a
la historia de la Casa de S. Salvador de Celanova...), S. Xés de Francelos,
S. Salvador de Mixós, Sta. Eufémia de Ambia, S. Martiño de Pazó, Vila-
nova das Infantas, Dúmio, S. Frutuoso de Montélios, etc. No puede ser
Nos relatan Río Barxa y Rodríguez Lestegás (Os ríos galegos, 1995) que el Arnoia
discurre “polos terreos xistosos das terras de Cartelle e Celanova, que desenrolan un mode-
lado maino que se traduce en superficies de aplanamento entre os 400 / 500 m. Recibe
neste tramo, ploa dereita, o río das Ellas e pola esquerda o Ourille, que baixa da Fonte
Santa [nota propia- de 1086 m. de altura], e o Tuño, que drena os montes de Cexo e bótase
no Arnoia despois de formar unha cunca de 67 km2, aportando un caudal de 1 m3/s...”,
pág. 282 de op. cit.
Documento extraído de una de las ediciones con las que trabajamos para el estu-
dio del Tumbo de Celanova: ANDRADE CERNADAS, J. M et alii. O Tombo de Celanova:
Estudio introductorio, edición e índices (ss. IX-XII). (Vols I e II). 1995. En concreto nuestra
mención es del doc. nº505, 935, 6 Enero.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 51
este gran núcleo de continuidad suevo-visigoda y ahora tocada de moza-
rabidad, una casualidad en la Gallecia del Noroeste altomedieval.
Es prioritario de entrada, conectar el área de Celanova con la única
referencia urbana que es Ourense (tal vez Braga, Claves) y tomar direc-
ciones que nos encaminen hacia esa importante ciudad de legado suevo
que es Palla Aurea (en el Parroquial suevo), exportador también de
vinos hacia Este y Norte, principal encrucijada de todos los caminos del
sur gallego (desde León y Astorga, desde las Rías costeras, y desde Por-
tugal hacia oriente y centro del interior), núcleo estimulador de las rutas
a ambas orillas del río Miño. Desde Palla Aurea podíamos tomar dos
caminos hasta Santiago de Compostela: uno es el que vemos a continua-
ción desde A Gudiña-Monterrei, y otro que desde Braga y todo el Miño
galaico-lusitano, pasa por Celanova. La misma ciudad amurallada de
Ourense reflejaba la dirección de sus rutas, entre otras sus entradas: Porta
da Fonte Arcada (Este), Porta da Aira, camino de León y Castilla, y Porta
do Vilar, donde recogía al que venía de Celanova y el norte portugués
desde el sur; Porta da Fonte do Bispo o Porta do Rei, la que se dirigía al
importante puente romano de la ciudad, al Norte.
Unida Ourense a la geografía navegable del Miño y a su modelo
de asentamiento castreño, la ciudad fue atravesada por un puente que
recogía el camino (vía XVIII antoniniana) que venía desde Baños de
Molgas (mansio Salientibus), dominando la depresión miñota, apoyando
las rutas, gentes y prestigio que procedían desde Chaves, hasta que la
civitas Auriensis la sustituyó en importancia desde el siglo VI, ya obis-
pado ourensano. No ha habido importantes períodos de “despoblación”
(una vez más, falsos documentos del s. XII que afirman lo contrario,
con intenciones sufragáneas entre otras) y sí una constatable continuidad
(alrededor de la iglesia de Santa María Madre, Praza da Magdalena, castro
de Vilar d’Astrés, éste con tumbas antropomorfas) de ocupación pobla-
cional desde el controvertido siglo VIII y todo el IX.
Las vías de comunicación de estos territorios interflúvicos hacían
conectar no sólo con el gran norte gallego-portugués, sino con la parte
meseteña de Zamora. Uno de esos caminos que venían hasta Ourense,
Sabemos que nuestra zona auriense (pero iguales a las de las ciudades y regiones
de Braga o Chaves...) ocuparía una región supuestamente deshabitada desde el Cantábrico
al Duero (Crónicas asturianas, con preferencia las de Alfonso III) y son ejemplos los docu-
mentos de los años 832 (precisa donación de Alfonso II al obispado de Lugo de las urbes de
Braga y Ourense, desiertas o destruidas por los musulmanes para mayor interés lucense...),
833, 900 ó 915. Sánchez Albornoz se fundamentó en estos documentos para defender su
tesis sobre esta región, tesis de despoblación-población para justificar la supuesta nueva
población de los obispados y ciudades de Ourense y Braga.
52 J. C. ríos camacho
era el que partía desde el valle de Sanábria y que seguía por A Gudiña
(relieve visigótico o mozárabe en esta población), Laza, Xinzo de Límia
y así poder enlazar con Bande y su comarca (Sta. Comba de Bande, con
estratigrafía creemos que también mozárabe de tradición visigoda, antigua
ruta de peregrinación por lo menos paleocristiana), tal vez Aquis Quer-
quernis (Baños de Bande, Our.), toda una derrrota que nos habla de sus
enlaces con las ferias meseteñas de Medina o del comercio de Gallaecia
bracarense que penetraba por Chaves (vía XVIII) hacia Xinzo, Monterrei,
por enlaces secundarios pero transitados. Una de las estribaciones (cami-
nos bien empedrados) nos hubiera llevado al monasterio con importantes
restos mozárabes de S. Pedro de Rocas -Our.- (inscripciones, capillar-
altar, soporte del mismo, sepulcros antropomórficos, testigo de tradición
eremitista en su templo rupestre), en la sintomática para nosotros Terra
de Aguiar. No lejos de Rocas, localizamos en Mosteiro de Eiré y S. Xoán
de Camba, ventanas geminadas de arquitos de herradura que también
remiten a vida religiosa retirada que no sólo podemos tildar de “suevo-
visigoda” o presilámica, porque tiene adjetivo (E. Gómez Moreno, 1919).
Otros puntos de referencia de arte y ubicación mozárabe de la provincia
y sur de Ourense serían: Sta. Eufémia de Ambia (sus arquitos de herra-
dura-antropomorfos son para comentario aparte), S. Xinés de Francelos
(comarca del Ribeiro), Sta. Mª de Mixós (posible monasterio, arcos de
herradura, sogeados, cascarones de ladrillo, ménsulas de rollo, Vilanova
das Infantas (con singulares modillones de lóbulos galecienses que ya
La iglesia y asentamiento de Santa Comba y San Torcuato de Bande merecería
un comentario más desarrollado por nuestra parte y que gracias a las investigaciones de
Ladislao Castro (Sondeos en la arqueología de la religión en Galicia y norte de Portugal...
, 2001) podemos corroborar como son ciertas algunas intuiciones que poseíamos sobre
rutas de tránsito tanto religioso como comercial o de gentes entre la Gallaecia y Al-Ánda-
lus. La propia tradición galaica al dios Bandua, la proliferación de formas torqueadas
o de discos solar-centralizados, asociaciones de antropología cultural entre personajes
como Lupa, Sta. Comba, Señoras-Vírgenes, Mouras, o la misma continuidad historiográfica
de los Siete Varones Apostólicos dan en un punto de origen y resultado: el culto a uno
de aquellos Varones, San Torcuato, en una ruta de peregrinar desde Guadix (Granada),
pasando por el Toledo mozárabe (iglesia de S. Torcuato) hasta el núcleo de tradición visi-
gótica y presencia mozárabe como es esta región del sur ourensano con especial centro
en Bande. Algo parecido acontecerá con la igual ruta desde Guadix en la advocación a
otro Varón, San Eufrasio. Lo comentaremos en otros horizontes mozarabizadores, donde
es referente obligatorio Samos.
Toda esta región ourensana, alrededor de la influencia celanovense, es de vital
importancia para conocer el arte mozárabe galaico. Destacamos aquí la iglesia y monasterio
femenino que fue Sta. Mª de Vilanova das Infantas (s. X), de importante relación con el arte
leonés, en plena koiné galeciense. Las características del edificio, hoy derrumbado y del
que sólo tenemos piezas aisladas, eran de planta rectangular (de estructura similar a la de
Sto. Tomás de las Ollas en León), muros de sillería con cuatro arcos murales de herradura
capitel con talla a bisel. Los modillones de rollo del exterior son de impronta suponemos
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 53
estudiaremos) en la comarca del Arnoia y rutas de Ribadavia a Celanova.
Siguen los restos romanos (calzadas, miliarios, campamentos, puentes),
habitación castreña anterior, puentes ya medievales, portazgos, hospitales
(cerca de otro núcleo conocido para nosotros S. Martiño de Pazó –Alla-
riz-, con arco de herradura, convento dúplice y de fundación privada) y
ferias de renombre dado el volumen del comercio transportado: la ruta
portuguesa desde Celanova- Milmanda por Lobeira.
Por la amplia comarca del río Límia se continúa lo que se desarrolló
desde Ourense. Aprovechando la III (una vez más en la XVIII antoni-
niana) vía militar romana hasta Sandiás, casi todos los caminos, ferias
y peregrinaciones se concentran en Celanova. Vuelve el protagonismo
antiguo de Sta. Comba y San Torcuato de Bande o de la ruta entre Cela-
nova y Temple, que nos relata el ya moderno Ambrosio de Morales (s.
XVI), cuando tiene lugar el traslado del cuerpo de San Torcuato, robado
aunque recuperado en su traslado de Bande al nuevo monasterio, por un
San Rosendo milagrero del siglo X (Ermita de San Trocado).
Finalmente, el valle de Monterrei era otra de las importantes puertas
a Galiza desde el Sur:
“...la ruta que entra por el valle de Monterrei, viniendo de Portugal
o de las tierras zamoranas, tuvo bastante importancia en la Edad Media;
era un camino comercial más activo que el francés con el interior de la
Península” E. Ferreira Priegue (1988).
Así pues, nada más lejos de nuestro esfuerzo ubicacional, el de con-
siderar un hinterland del Celanova rosendiano apartado de las rutas, más
bien observamos nudos de comunicación o lugares de partida y llegada
indígena en lo referente a las rosetas exteriores de los mismos, junto con las ruedas sola-
res que también veíamos en Toques (capitel), Celanova, Peñalba o Lebeña.
Volviendo a Monterrei nos llama la atención la continuidad morfológica de los
modillones en las arquivoltas intermedias, en su intradós, donde aún perviven en pleno
siglo XIII, en el Castillo y en la portada de su iglesia de Santa Mª de Grácia, con modillo-
nes que exteriormente exponen rosáceas y esvásticas gravadas a dextrossum (hexasquel),
todo en la mejor línea de el testigo de formas celanovenses, asturianas y durienses, pero
sabemos que a su vez de tradición indígena castrexa (múltiples en Santa Trega –Pont.-,
Diadema de Elviña –AC.-) galaico-astur y hasta cántabra, de simbología prerromana e
indoeuropea (culto solar y a sus aguas en fluido desarrollo: brazos móviles de rayos, de
brazos de agua), ya patente en la era del Bronce (petroglifos con formas de esvástica no
faltan en la amplia Gallaecia) y Hierro.
Sobre el tema de los modillones de rollo como auténtico leiv-motiv arquitectónico
galeciense y mozárabe, algún día tendremos que desarrollarlo como se merece y poder
deshacer si cabe, una de las claves-guía a descifrar para ver la conexión entre lo indígena,
lo visigótico-mozárabe y lo árabe.
Op. cit. pág. 176.
54 J. C. ríos camacho
de intenciones pobladoras o bien visitadores de santuarios anexos y/o
vinculados al monasterio central.
Lo que en otro momento hemos llamado “Caminos mozárabes” y que
llega hasta el Celanova-desviación de la vía XVIII desde el nudo de Baños
de Bande y que a su vez enlazaba con la cabeza de diócesis de Ourense,
no podía ser sino un destino más de aquellas rutas andalusíes de tradición
romana y altomedieval que partían desde enclaves como Guadix, Gra-
nada, Andújar, Córdoba o Sevilla y que desde allí engarzaban con la “Vía
de la Plata” occidental para remontar Mérida, Béjar, Salamanca, Zamora
(las “desviaciones” mozarabizadoras son casi forzosas: Távara, S. Martín de
Castañeda...) para ya adentrase en nuestra Gudiña y Mesquita aludidas, la
“puerta” a la Galiza nuclear.
2. Rosendo como abad-obispo, su facción, su benedictinismo
En el siglo X pujante, Rosendo (907-977) debía pertenecer a algunas
de las facciones que bien desde el seno de la cristiandad septentrional ya
se cuestionaban y debatían, teniendo como adalides del litigio, influencias
que o bien procedían de la cristiandad andalusí (su sede metropolitana en
Toledo, ciertos sectores anti-martirialistas de los núcleos sevillano y cordo-
bés) , o bien eran permeables a los aires renovadores de Centroeuropa y la
Francia poscarolingia..
En la cristiandad peninsular, en la Gallaecia occidental y central del
Norte del Duero, se detectaban igualmente ciertos posicionamientos en
consonancia a lo que estaba ocurriendo en la Spania andalusí. Gracias
a una carta (785, incluida y citada dicha carta en la obra de Beato y Ete-
rio, Adversus Elipandum) del arzobispo toledano Elipando a Fidel, abad
y presbítero del valle de Liébana, existirían en la Iglesia soberana de la
Gallaecia, es decir, la astur, dos bandos o facciones (duae qaestiones)
Tesis doctoral en proceso (2001-2007), Mozarabismo en la Gallaecia alto-
medieval. Estudios generales y análisis desde sus fuentes documentales monásti-
cas (siglos VIII, IX, X y XI), de propia autoría.
En M. C. Díaz y Díaz (1976), op. cit se afirma: “Que en Asturias había grupos
contrarios en el mundo clerical es cosa sabida a través de Beato y Heterio que, en su carta
apologética contra Elipando, hablan de escisiones en la Iglesia de Asturias; y es probable
que en algún momento secuaces de Elipando se identificaran con moderados que apoya-
ban al partido político contemporizador, dando de un lado y otro pie a un cierto eclecti-
cismo, que no estaban dispuestos a tolerar los más intransigentes, los cuales (...), llegaron
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 55
sobre una de las cuales se habrá de sustentar el poder laico de la nueva
dinastía: la facción de los que reconocen la autoridad dogmática y polí-
tico-eclesial de Elipando (en la Tarraconense le seguirán el obispo de
Urgel, Félix, y en Europa se pueden rastrear la influencias de estos en
Anselmo de Canterbury –s.XI– o el otro discípulo de Félix, Claudio de
Turín) donde situaríamos al citado abad Fidel, al obispo de alguna sede
norteña pero probablemente nuevo afincado mozárabe en el Norte, Ascá-
rico (de formación isidoriana) y abad Tunseredo, y tal vez el anónimo del
Himno en honor a Santiago ; no falta quienes –J. Pérez de Urbel, C. Sán-
chez-Albornoz– lo hayan atribuido a Beato de Liébana por su adscripción
al culto y divulgación del patrono Santiago. Creemos que toda una Cris-
tología y Teología cristiana en movimiento hispanista que revitalizaba un
cándido cristianismo andalusí exportable al Norte, era quién de reforzar
los vínculos con la Sede de Toledo, al mismo tiempo que se revitalizaba
intelectualmente contra el vigoroso Islam que los permitía, aunque al
mismo tiempo los sostenía en periódica batalla metafísica y metapolítica,
todo ello en un ambiente y contexto de relativa apertura a la arabización
cultural de los cristianos.
En la otra parte, y siguiendo la carta de Elipando a Fidel, estaría
encabezándola el monje del valle de Liébaba Beato, el cántabro-astur de
formación carolingia, hábil reconductor de lo inicialmente aportado por
el anónimo del Himno a Santiago e incitador de la advocación del nuevo
reino a un Santiago patrono batallador, a un Camino de Santiago Após-
tol alternativo, denunciador ante el Papa del desviacionismo herético de
Elipando, denuncia por cierto más que “oportuna” para aprovechar polí-
ticamente la controversia y conducirla hacia a una postura “nacionalista”
del cristianismo catolicista y ortodoxo astur contra el colaboracionismo
e intrusismo de la prestigiosa Sede metropolitana y primada de Toledo.
Sus intereses ideológicos o su facción no coincidieron seguramente con
los de los reyes Mauregato (783-788), ni con los de Bermudo I el Diá-
cono (789-791), siendo este último un monarca que no aparecerá ni en
posteriormente a obtener el apoyo político y religioso de la corte carolingia, pues no es
casualidad que la estrecha relación con el imperio franco coincida con el final triunfo doble
de la dinastía de Alfonso II y de los oponentes Elipando y Félix de Urgel. Visto así el mundo
asturiano, parece que política real y tendencias religiosas coinciden más de lo que suele
decirse al analizar por un lado el problema dinástico, y por otro el impacto de las doctrinas
elipandianas” in pág. 251, donde en nota 27 se inserta: “... Es curioso que tanto se empeñe
el profesor Sánchez-Albornoz en considerar inconclusa la paternidad beatiana de este
himno (de Santiago, nota propia) que es sólo admisible, y aún esto, poco probable; en el
fondo el supremo argumento deriva de tener a Beato por la única persona culta del reino
de Asturias (...)... si es verdad que no tenemos testimonios positivos sobre estos grupos
políticos que he supuesto, sí sabemos de las divisiones, profundas e irreconciliables, dentro
de la Iglesia asturiana”.
56 J. C. ríos camacho
la Nómina real de los Annales astures del s. VIII por su claro posicio-
namiento contra el partido alfonsino y el de su tía Adosinda, a quien
obligó a profesar en un monasterio en 785 y que sí serán partidarios de
la ortodoxia más prorromanista posible; ni siquiera Mauregato10 será bien
tratado por la historiografía oficialista del nuevo reino. Sin embargo contó
con todo el sector alfonsino como los obispos operativos del Noroeste
galaico como Teodomiro de Íria (toda una tradición para este partido
iriense que continuarán en el siglo IX y X Rosendo, Pelayo, Sisnando I
y II, Pedro de Íria...hasta Gelmírez), eficaz un constructor de la inventio
y mito del apóstol Santiago (reconducción paradójica del texto anónimo
del autor del Himno al apóstol...), seguramente con el apoyo de los aba-
des mozárabes de Samos, Argerico y presbítero Adilano, de intelectuales
contra la versión adopcionista del cristianismo como el clérigo y embaja-
dor Basilisco (embajadas no por casualidad a la corte carolingia en 795 y
798), del abad de Osma pero natural lebaniego, Eterio, coautor con Beato
del Apologeticus adversus Elipandum.
Es intrigante observar como la región Este de Asturias, consecuencia
directa de los nuevos poblamientos de cántabros, castellanos o meseteños
leoneses desde los tiempos de Alfonso I, situados con preferencia en el
famoso valle del Liébana, son los que encabezan esta facción ortodoxa, que
una vez con el apoyo papal, son a la vez los que suscitan todas las simpatías
de la que quiere ser nueva Sede de Oviedo (D. Pelayo obispo de Oviedo).
Cómo no, el resto de la cristiandad y mozarabía septentrional tanto
clerical como laica estarían en una horquilla mayoritaria, ajena o neutra a
una dura pero decisiva polémica para el futuro político, religioso e histo-
riográfico del reino de Asturias y el símbolo que éste va a significar como
diríamos semióticamente hablando.
Es curiosamente en los años veinte del siglo X, cuando Rosendo
es ya obispo de Mondoñedo, concierta una política de reconstrucción–
repoblamiento (estrategia de dinamización y restauración de monasterios
10 En DÍAZ y DÍAZ, M. C. De Isidoro..., pág. 248: “Es altamente probable que uno
de los apoyos de Mauregato consistiese en su política de contemporización con el mundo
musulmán, quizá plasmada en algún sometimiento tributario simbólico, que luego iba a
extrapolarse contra su memoria bajo la forma legendaria del tributo de las cien doncellas:
esta política de coexistencia debió causar preocupación a los grupos más conservadores
que hallaron, pronto, ocasión para denunciar sus peligros con motivo de la controversia
antielipandiana en que más allá de la polémica teológica (...) vemos dibujarse una política
tradicional religiosa que va a manifestarse en los religioso con la presentación de Asturias
como reducto de la ortodoxia frente a las posibles innovaciones proislámicas (?) de la sede
de Toledo, y en lo político, en tiempos de Alfonso II, con la restauración del “orden godo”
en Oviedo, como única y legítima continuadora del poder visigótico”.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 57
donde las haya...) de monasterios e iglesias cuales Portomarín, Caaveiro,
Loureiro, Samos o Loio: en este último cónclave episcopal de 927, consta
el abad de Samos entre los presentes y va a ser una constante la relación
entre las abadías de Samos –cenobio de tradición igualmente mozárabe–
y Celanova, llegando incluso hasta litigios como el de 960, con propio
protagonismo de un Rosendo abad, en funciones episcopales mindonien-
ses pero aún no compostelano-irienses.
Acaba por practicar Rosendo un probenedictinismo11 (Regla de San
Benito) moderadamente activo, aunque tamizado por una fuerte inercia
fructuosiana e isidoriana (no falta quien lo haya calificado de eclecti-
cismo), aún así es especialmente importante este hecho en una Galiza y
Gallaecia refractarias a toda innovación regular, pactual e incluso ritual-
litúrgica que conllevaba el romanismo ortodoxo que desde Celanova y
norte portugués (Mummadomna lo difunde en cenobios como Guima-
rães), ya que sólo inician este paradigma con posterioridad el mismo
San Xiao de Samos, San Paio de Antealtares, San Martiño Pinário, Xúbia,
Lourenzá, acabando el trabajo un Císter especialmente febril en gran
parte de los monasterios de importancia de nuestra geografía: Sobrado,
Penamaior, Meira, Oseira.
La alternancia multifuncional de Rosendo como abad de Celanova,
de Caaveiro, obispo de Dúmio bracarense, de Mondoñedo y de Íria-San-
tiago de Compostela, creemos puede proceder de un prototipo político-
eclesiástico sintetizado en la figura de un episcopus sub regula y abad-
obispo, una entidad entre lo tradicional y lo restaurador.
11 No faltan historiadores que relativicen dicho benedictinismo. En ISLA FREZ, A.
La Sociedad gallega en la Alta Edad Media, 1992, leemos: “... Rosendo se constituye como
el continuador de una vieja tradición que se remonta a Martín y Fructuoso de Dúmio. Se
trata de una revitalización del monacato sobre la que se desarrolla su actividad episcopal
(...), Rosendo parece haber asumido la posición del episcopus sub regula que aparece
en el pacto monástico. Por otro lado, este episcopado monástico podía desarrollarse en
un medio poco urbanizado en el que no hay (...), el abandono de una sede urbana para
ocuparse del monasterio de su fundación. Por lo que sabemos de Celanova –ausencia
de familias y de comunidad dúplice-, Rosendo sigió más las disposiciones de la Regula
monachorum que lo reflejado en la Communis, lo que evidentemente está en la línea
de un rigorismo monástico, pero en ningún caso de una benedictinización del monacato
galaico”, pág. 84. No podemos, sin embargo, obviar cierta influencia de la RB en la men-
talidad rosendiana: la falta de comunidades dúplices (no permitidas desde el benedic-
tismo) en una geografía y tradición galaica plagada de las mismas, nos permite ver que tal
evidencia no tenía la fuerza suficiente en el grupo aristocrático de la familia de Rosendo
(Ilduara y Gutier) como para implantarlas, optando por cenobios de hombres, como el
propio de Celanova, u otro separado de mujeres, tal como el de Santa Maria de Vilanova
(hoy Vilanova das Infantas), donde también se retirará su madre Ilduara (ver la obra de
PALLARES MÉNDEZ, M. C. Ilduara, una aristócrata del siglo X, 1998).
58 J. C. ríos camacho
La figura del abad-obispo (“obispado monastizado” al estilo marti-
niense suevo-oriental, siguiendo la estela que continuó Fructuoso y que
creemos hereda Rosendo) según un modelo que nos recuerda al irlandés
– celto-británico (pero más que parecido –y hasta entroncado por la pro-
pia tradición africano-orientalista de este noroeste– a un Abad-Maestro de
la escuela egipcia), es el del perfil de un hombre santo, líder de un grupo
étnico-social, de prestigio espiritual, tal vez extraído de eremitorios cono-
cidos (¿en dónde puede encontrar sino Rosendo, la figura de un Fránquila
que es reconocido ipso facto en su autoridad por determinadas comunida-
des en el ámbito de Celanova?12) y para nuestro caso concreto, recolector
de preceptos de los Antiguos Padres (sobre todo los textos regulamen-
tares de Jerónimo, Basilio-Rufino, San Agustín y otras collecta –Casiano,
Isidoro- que ya circulaban por Europa, esencial continuidad patrística)
pero sin “reglas fijas” y aún menos homogéneas (incluida la aplicación
del famoso Pacto monástico confederal y fructuosiano) para el resto de
las comunidades. Podrían ser por lo tanto Codex Regularum o mixtas que
finalmente serán confirmadas por el obispo diocesano correspondiente,
de hecho, según este cánon, abad y obispo se unen en una misma per-
sona o en protagonistas afines a una misma idea de poder . Sabemos que
12 Sobre Fránquila, podemos añadir algunas suposiciones que nos podrían llevar
a una militancia o afinidad mozárabe que parte de: 1. La confianza de Rosendo en el
mismo, su disponibilidad, efectividad y preparación para continuar la fundación rosen-
diana en Celanova. 2. La tradición eremitista (el área de la “Ribeira Sacra” lo es en gran
medida) de Fránquila se constata (salvo coincidencia insalvable) en la inscripción de S.
Xoán de Cachón, Frankila abba condidit..., lo cual puede hacer compatible el entronque
de la tradición indígena eremitista o de monjes en constante desplazamiento, con la tra-
dición isidoro-visigótica que portaban las gentes mozárabes, al estilo de Ofilón o Fatalis
de Samos, tal vez Odoário de Lugo, o las fundaciones de S. Martín de Castañeda, Sahagún
o Mazote. 3. Mecanismo de liderar un grupo de hermanos que tienen una vivencia en
común en la tradición eremitista de Ribas de Sil, es decir, líder de un grupo religioso (o
étnico-religioso) que ejemplifica la efectividad de sus acciones en el documento del año
871 / 921, en privilegio de Ordoño II a favor de S. Estevo de Ribas de Sil: .quum essemus
in valle Baroncelli perrexit presentiam nostram abba Franquilani cum fratribus suis et
cum comite Guttier Menendiz et fecerunt nobis suggessionem pro ipsum locum (...) ipse
abba illum locum iacentem in ruina fracoris sicut ab antiquis fuerat relictum... (colección
diplomática del monasterio, in DURO PEÑA, E. El monasterio de San Esteban de Ribas de
Sil, 1977, doc. 1, pág. 248). Solicitud autorizada por la cual reconstruyen la iglesia con el
citado monasterio, aunque la fecha no está muy clara para paleógrafos y diplomatistas del
documento: el remate de las obras de S. Xoán de Cachón fue en el 916 (J. Freire, 1998) y
es posible el ajuste de la fecha. 4. Hay una intencionalidad de San Rosendo, de unificar,
confinar, aportar una cierta estabilidad de comunidades eremíticas con o sin inercia giró-
vaga, para tratarlas y refinarlas en un monasterio fijo y con reglas de convivencia, normas
y pactualidad clara (de ahí la necesidad, compatible de momento de las reglas fructuo-
sianas e isidorianas con las nuevas benedictinas en la realidad del pleno siglo X): cuenta
para todo este proyecto con la fidelidad y preparación de Fránquila.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 59
la uniformización hacia la Regla benedictina acabó con dicha práctica y
con ella coincidente, una iglesia de cierta huella insular, galaica... y la
mozárabe13. Se impone desde la promoción y fundación rosendiana de
Celam Novam un nuevo estilo de concentración y centralización desde
las casas-madre de los grandes dominios monásticos (al estilo más Cluny
posible), hasta una idea fija de incorporar la nueva liturgia gregoriana, de
neto estilo romanista, en la podemos considerar, ya “desgastada” antigua
liturgia hispánica, muy arraigada en la antigua Gallaecia, que ya esperaba
los aires renovadores del Concilio de Coyanza de 1055, aún relativamente
contemporizadora de variadas tendencias regulares todavía vivas.
3. Huellas arquitectónicas en Celanova y su área en Gallaecia
Creemos importante advertir que lo que nosotros podemos entender
como huellas de mozarabidad no es sólo una impregnación cultural arabi-
zante en onomástica, toponimia-hagiotoponimia o un determinado estilo
artístico. Para nosotros, la mozarabaidad conllevaba implícita un aporte de
cristianismo muy antiguo: el de los Antiquorum patrum / antiquis patri-
bus y no sólo con sus normas y reglas monacales, sino con su ejemplo de
austeridad y rigor ascético, el de los “Padres del Desierto” más o menos
aplicado en esta Gallaecia. Toda la tradición del norte africano (venida de
Oriente) desde Casiano, Cipriano o Agustín, se plasma a nuestro ver ini-
cialmente en Prisciliano, luego en Martín Dumiense rectificador, Fructuoso
regulamentar, Valério, e incluso la más normalizadora política conciliarista
de la impronta isidoriana.
No descartamos que el eremitismo activo de este ángulo y extenso
Duero, el cierto influjo del legado monástico celto-británico (nuestra
sede Britoniense, su Monasterio maximi, su “obispado étnico”), incluso
13 A nuestro entender, no es coincidencia que el ataque directo al singular cris-
tianismo de tradición irlandesa fuese prácticamente por las mismas razones por las que
la Iglesia Hispánica fue declinando: diferente práctica litúrgica, además de distinto tipo
de tonsura y calendario religioso (Pascua, Santoral). Comparte igualmente las sospechas
desde Roma la proliferación en las respectivas Iglesias de monasterios dúplices (en Galiza
fue Gelmírez quien solicitó su prohibición en 1103, con Pascual II Papa), los patronatos-
fundaciones laicas de monasterios (Iglesias privadas o de “propios”), una cierta movilidad
de sus comunidades (H. Rodríguez Castillo, 2005), su tendencia al ascetismo, a la mís-
tica, y finalmente una determinada inclinación a un modelo social en el cual serían muy
activas las colectividades religiosas abiertas, más allá del modelo de familia nuclear que
Roma proponía.
60 J. C. ríos camacho
un priscilianismo vivo aunque ya muy mitigado por la pérdida de sus
líderes y el avance de una cierta ortodoxia asimiladora oficialista, todos
ellos podrían enlazar correctamente con la tradición de la antigua Iglesia
Hispánica en la que estaban empeñados los monasterios cordobeses (los
dúplices son una referencia obligatoria para nuestros intereses14), la gen-
tes cristianas de la dimma andalusí (no tanto cierto partido martirialista
que encabezarían Paulo Álvaro, y más moderadamente Eulogio y Espera-
indeo...) y por supuesto la Sede Primada de Toledo.
Llegados a un punto de confluencia de todas estas ramas e itinerarios
netamente (reconozcamos que algunas de ellas no totalmente “ortodoxas”)
cristianos, con las inscripciones15 de cierto nominalismo germánico (arabi-
14 No se nos puede escapar que San Rosendo e Ilduara madre no apoyan el modelo
de monasterios dúplices (RODRÍGUEZ CASTILLO, H. Os Mosteiros dúplices en Galicia na
Alta Idade Media, 2005), aunque son capaces de combinar un antiguo arraigo inmerso
en la sociedad galaica y galeciense que ellos mismos representaban: sus monasterios aún
estaban vinculados a un clan familiar fundacional, a un cierto sentido de la propiedad (los
dúplices S. Salvador de Chantada o Ferreira de Pallares son un ejemplo de lo dicho). Es
cierto que la “ruptura” de la familia Gutiérrez con la actividad de los monasterios dúplices
se plasma en los cenobios de comunidades de sexo unívoco, (de hecho, la tuitio de los
monasterios de monjas son ya la constatación de una suerte de desconfianza hacia un sexo
posiblemente pernicioso para la sensualidad masculina), pero también en el proyecto glo-
bal de Rosendo-Ilduara, al concentrar a grupos de monjes diseminados (ahí Fránquila es
una de las claves del éxito rosendiano) de cierto perfil de “eremitismo social”, disolviendo
los mismísimos conventos dúplices, reciclados ahora a una formalidad más benedictinista,
ya fuera de toda sospecha de cara a la ortodoxia romanista.
15 Aunque de muy temprana edad para nuestros directos intereses en algunos
casos, la constatación de un eremitismo activo gallego según nos comunican desde el
siglos VII e inicios del VIII, Valerio y Fructuoso bercianos, así como la documentación del
s. X y XI –la huella del abad Fránquila es notoria- de monasterios como Samos, Celanova
(dicente in voce anacorites Dei Sancti Salvatoris ripe Silis) y Caaveiro, nos debería llevar
a hacer una estricta observación y análisis filológico (por ende arqueológico asociado)
de las inscripciones epigráficas que la arqueología (Freire Camaniel, 1998; M. C. Pallares,
1998) determina en:
1. S. Sebastián de Piñeiro (Póvoa de Tribes, Ourense): IN N(OMI)NE D(OMI)NI
INCOAVIM(V)S HANC OPVS FABRICE IN ERA MI(LLESIM)A DECIMA LOCO ISTO VERE
OPIDVM S(AN)C(T)E MARIE DICITVR.
2. San Víctor (restos arquitectónicos, sepulturas antropomorfas; Parada do Sil,
Ourense) toponimia relacional con S. Lourenzo de Barxacoba.
3. San Miguel do Canal (igual municipio; restos de antigua ermita: ventana gemi-
nada, arcos de herradura, ménsulas: ¿siglos IX-X?). Cerca de allí, en la Capela da Virxe das
Neves (Ribas do Sil, Nogueira de Ramuín, Our.), ménsulas mozárabes, rosácea, arco de
herradura, trisquel de seis brazos (“concretamente de época mozárabe”, Rivas Fernández,
2003). Similares características en la pequeña iglesia de Sta. Mariña de Vilarnaz (Gustei,
Coles, Our.).
4. San Xoán do Cachón (igual municipio; ermita, ventanas aspillera) inscripción
(siglo X): + CVM DEI ADMINICLO FRANKILA ABBA CONDIDIT OPVS ERA DCCCCZVI.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 61
zado o no) o cristiano-latino, incluso helénico, si están en un contexto
ruralizante, insertados en espacios de tradición eremítica, todos ellos son
focos asimiladores del cristianismo hispánico un tanto sincretista (tanto,
que adoptaron muchos de ellos, no todos, la impronta de la cultura islá-
mica...) y antiguo que irradiaba aún el Al-Ándalus cristiano, antiguo reino
visigodo e hispánico del cristianismo que aún residía allí y que reivindi-
caban como primacía legitimizadora sus Sedes católicas (Sevilla, Córdoba,
Toledo, Mérida, Badajoz, Coimbra etc.) oficialmente aceptadas tanto para
Roma, como para el poder emiral y califal de Córdoba. Tenemos que vol-
ver a hablar, relacionando con todo lo expresado, las enigmáticas tumbas
pétreas antropomorfas ligadas directamente a estos lugares anteriores y
que siguen, porque nos obliga la analogía de gentes con un parecido
pensamiento ascético antiguo, una similar forma de habitación (rupestre
y artificial-rupestre) y un sentido estético del espacio, un especial trata-
miento de la vida contemplativa y un austero tratamiento de la muerte.
Nos valen pues los núcleos de eremitismo y anacoretismo de toda
la Ribeira del Sil, S. Sebastián de Piñeiro (Our.), S. Víctor (Our.), S.
Miguel do Canal (Our.) y su aledaño San Xoán do Cachón (Our.): esta
última ermita coincide formalmente con capillas e iglesias “prerrománi-
cas” coma la del Salvador de Samos o la paradigmática de S. Miguel de
Celanova16. Seguimos y sólo en un hinterland aproximado a tierras del
5. San Xoán Bautista (Pantón, Lugo; sepulturas antropomorfas, pila de antigua ere-
mita) inscripción: + ORA FRATER ASTER ALFAPE QV. Probable siglo X.
6. San Xoán de Coles (Parada do Sil, Ourense: “Ribeira Sacra”; sepulturas antropo-
morfas) inscripción no descifrada.
7. San Mamede de Vilar de Astres (Ourense; sepulturas antropoides, restos de
ermita, tampa con relieves de tipo mozárabe -¿posible reducido monasterio?-). Siglos IX-X.
8. San Pedro de Rocas (Esgos, Ourense; monasterio rupestre, iglesia, sepulturas
antropomorfas, origen eremítico) Inscripción (año 573): + HEREDITAS: N EVFRAXI:
BESAN: QVINEDI: EATI: FLAVI: RVVE: ERA: DCXI.
9. Sarcófago de San Vintila (Punxín, Ourense) Inscripción: HIC REQVUESCIT
FAMVLVS DEI VINTILA QVI OBIIT DIE X KALENDAS IANVARIAS ERA DCCCCXXVIII.
10. Santa Mariña de Vilanova das Infantas (Our.): en sus calles se localizó una tumba
pétrea antropomorfa, en la mejor tradición fabril de las anteriormente comentadas; también
capitel “prerrománico”.
11. Monasterio de S. Salvador de Celanova, incripción-epitafio de Ilduara (madre de
S. Rosendo): DEGET HIC HVMATIVM ILDVARE C(e)NTSE S(an)C(an)C(tu)M / CORPVS
CONDITA A RVDESINDO EP(iscopo)O PROLIS SVO / XIII K(alendas) I(anua)R (ia)ER(a)
DCCCCLXXXXVI.
16 No sólo eso, sino con toda la tipología galaica de plantas trapezoidales. En
FREIRE CAMANIEL, J., El Monacato gallego en la Alta Edad Media, 1998, podemos rete-
ner: “Una distribución semejante –planta trapezoidal, puerta lateral en el lado S., próxima
al ángulo izquierdo, y cabecera en el lado paralelo más estrecho del trapecio-, la tiene la
antiquísima capilla monasterial de Samos (Lugo). Igualmente la capilla de San Miguel de
62 J. C. ríos camacho
dominio celanovense, con San Xoán Bautista (Lu.), San Xoán de Coles
(Our.), San Mamede de Vilar de Astres (Our.), San Pedro de Rocas (Our.)
nuestro ejemplo de templo rupestre tan continuado por la tradición eremí-
tica peninsular17, el sepulcro de Vintila en Sta. María de Punxín (Our.). Le
seguirían en en un mismo o semejante estilo Sta. Catalina de Reza a Vella,
S. Miguel de Eiré, S. Xoán de Camba, Sta. Eufémia de Ambia, S. Xés de
Francelos, S. Salvador de Soutomerille (ya en Lugo), todos estos ejemplos
están caracterizados con arcos de herradura más o menos peraltados con
elementos decorativos similares, arcos geminados, sogeados, ventanas
geminadas de un buen, aunque ruralizante estilo mozárabe de tradición
visigoda y descendente influencia islámica, sin olvidar el sutil aporte indí-
gena en algunas de sus rosáceas y elemento solares de sus modillones: los
hemos visto en Vilanova das Infantas (Our.), en el oratorio de S. Miguel
celanovés, pero los veremos en toda la koiné del Noroeste amplio de la
Gallaecia y más allá: desde la mezquita de Córdoba, en triángulo hasta Sta.
Cristina e Lebeña astur y yendo por Santiago de Peñalba (y con esta iglesia
casi toda el área leonesa galeciense), hasta llegar a prototipo comentado
de San Miguel, o esos restos de modillones de rosáceas que vemos en la
arqueología del monasterio inicial de Sobrado de Présaras coruñés.
4. Toponimia asociada mozárabe: de origen árabe y no árabe
Como la relación de toponimia asociada al área de influencia rosen-
diana y celanovesa-auriense es de considerable extensión por su estudio
Celanova (Ourense) abre en el lado S. su única puerta –también con dintel del siglo X-,
desplazada hacia el ángulo izquierdo, y tiene la Capilla Mayor en el lado E. La Iglesia pre-
rrománica de Santa Eufemia de Ambía (Ourense) abre, de igual modo, la puerta de entrada
en el lado Sur, así mismo, probablemente, la de Santa María de Mixós (Ourense); la de San
Manmede de Vilar de Astres (Ourense) parece tener planta ligeramente trapezoidal, con el
lado paralelo más corto hacia el Este”, pág. 233 (tomo I).
17 Aplicado a la amplia Gallaecia antigua y altomedieval, no es esta su excepción.
Creemos que el eremitismo y el anacoretismo primordial cristiano aquí asentado en la
Península, entronca de forma natural con la tradición suevo-visigoda y con el priscilia-
nismo militante del ancho y hasta meseteño Noroeste. Los trabajos a través del la “Via de
la Plata” y los caminos que conducen desde Al-Ándalus con Gallaecia testimonian tal con-
tinuidad. Seleccionamos los trabajos de A. M. Martínez Tejera, “La realidad de los monas-
terios y cenobios rupestres hispanos (siglos V-X)”, Monjes y monasterios hispanos en a Alta
Edad Media, 2006 y de R. Grande del Brío Eremitorios altomedievales en las provincias
de Salamanca y Zamora, 1997. El rastro a nuestro parecer podría llevar hasta el mismo
complejo malagueño de Bobastro, pero esos son otros trabajos.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 63
pormenorizado, nos conformaremos con una continuada enumeración
de zonas con nombre de lugar que nos han llamado la atención, algu-
nos de los mismos dignos de ser comentados en notas que hemos pro-
puesto. No pretende ser ésta una lista exhaustiva del complejo fenómeno
de mozarabismos (árabes y latino-romances) en la amplia área del sur
ourensano (ampliable a esta región y su proximidad galeciense “más allá
da Gudiña”...y el Tâmega por el Sur), sino una primera aproximación
al fenómeno toponímico de esta zona que implica una cierta influen-
cia andalusí en el campo de los nombres de lugar. Nos centraremos de
momento en nombres de lugar común, y los derivados de la onomástica
con su antroponimia consiguiente.
4.1. De origen árabe
Abavides (2 Our.) ver Benavides (nótese la influencia del grupo con-
sonántico radical árabe b-d-s± que significa “fuerte”).
Abuzalema (Our.) < Abu– Sala–ma (onomást.).
Ademourán (Our.) < al-d≥ay´a y Marwa–n (“aldea de Marwán”?
–Zozaya-; compuesto con onomást.).
Alcouco (Our.) < al-qaus (> al-qaws > Alcauso > Alcauço > Alcouco,
“refugio”).
Aldeia / Aldea (Minho/Galiza extend.) < al-d≥ay´a (“aldea” o granja).
Alfándiga /Alfândega (Lu., Le., Minho) < al-funduq (residencia, pues-
tos de frontera; tb. posiblemente “foso” o “barranco”-al-jandaq-).
Alhama, A / Alama (4 Our., Lu) < h≥amma–m y derivados (“baño”,
lugar también de reunión social: para hombres y para mujeres).
Almuzara18 / Almozara (Le., Our., AC.) < al-musa–rà (lugar de paseo,
ejercicio en las afueras –Corriente-; “prensa de aceite” –O. Asín-; posible
gentilicio de Musayra -J. Zozaya-).
18 A. Maurín (1994) lo transcribe desde el árabe musâra (sic) y muzâra’ a, “campo
de cereales”, “tierra, campo de labor agrícola” desde testimonios de documentos leoneses.
La importancia de este término para nuestros objetivos es destacable: [Almuzara] Se trata
de un término propio de la población mozárabe, que llegó a los reinos norteños de León
y Galicia, como demuestra su frecuencia en la toponimia de estas regiones. Esta interpre-
tación conviene precisamente a la localidad leonesa de Almuzara, pueblo montañés del
municipio de Cármenes que, pese a lo accidentado de su terreno, posee (...) 20 fanegas de
64 J. C. ríos camacho
Amúnia (Our.) idem Almuíña: Almuíña (Lu., Pont.) / Almuinha
(Minho, extend.) < al-munya (huerta, casal cerrado con árboles, heredad,
granja).
Anagaza (Our.) < al-naqqa–za o al-naqza (“señuelo o artificio”).
Arrabal / Arrabaldo (Our., Ov.) / Arrabais (Lu.) < al-rabad≥ (“subur-
bio” o barrio fuera de la ciudad-centro; < barrî, “exterior”> “barrio”). Para
el top. Rabal, tenemos igual explicación, más adelante.
Arrabalde (Minho, Trás Os., 4 Our., extend.) idem Arrabal.
Asueiros (Pont., Our.) < Sawara (diminutivo ár. con plural roman.;
onomást.).
Atafona (Minho, Lu., Our.) / Tafona (Lu.) < at-t≥a–h≥u–na (“muela de
molino” o molino simplemente; por extensión “horno” o “panadería”).
Atalaia / Atalaya (AC., Our., Le., Pont., Lu., Minho, Ov.) < al-t≥ala–’i´
(“punto de observación” y en jerga militar, “centinela”).
Azorita (Our.) < assúr; ár. clás. al-su–r (“muralla”).
Barxa/s (Our., Lu., extend. Galiza, Le., Zam.) < barj(a) / clás. al-
bury§ (“torre”, intención militar).
Betar (Our.) < al-batar (posible relac. con al-bayt o al-barı-d).
Ceide / Zaide (extend. Galiza, Lu.) / Oucide, Costamoura de (Lu.) <
Sayyid - sı-d (“señor” con prestigio, puede derivar en onomástico).
Fradalbit (Our.) < al-bayt (relac.con Albite; Zozaya relac. con signifi-
cado posible “Vilar de Frades”).
Gándara (extend. Galiza) < al-y§ andal (“guijarros”, “tierra alta y
pedregosa”-Corriente-).
Marvão / Marbán19 (Minho, Our.) < Marwa–n (onomást.).
Mazaira (2 Our.) < Mazara (diminutivo de onomást.).
tierra cultivable que dan centeno, trigo y legumbres [Madoz]”, in pág. 154 de op. cit. Tene-
mos que añadir el ejemplo histórico de la heredad de la Almuzara del tumbo de Samos
del año 1020 (doc. 19), con sus gentes adscritas a las tierras, y ofrecidas al monasterio.
19 Relacionado con Vilamaior do Val (Our.) al ENE, Cf. Tb. Ademourán y Vez de
Marbán (Toro, Zam.).
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 65
Mezquita20 / Mesquita (Salam., 3 Our., extend. Galiza-Norte Portugal)
< al- masy§id (“lugar de postración” ár. andalusí).
20 Oliver Asín (1973) confirma o establecimiento de musulmanes en el NW
península: “pero sólo en el norte de Portugal y zonas limítrofes, sobre todo en Orense,
provincia donde apreciamos algunos núcleos de mahometanos a través, por lo menos,
de seis topónimos MEZQUITA. Leite de Vasconcelos (1931) confirma esta asentada teoría,
diciendo que “Mesquita” y el diminutivo “Mesquitela” aparecen en Portugal veintisiete
veces aumentando del norte al sur su porcentaje, tal vez modificado con el tiempo, con
la influencia greco-cristiana. El extraordinario trabajo de A. Moralejo Lasso (1977), ya un
clásico para todos nosotros, ratifica y enriquece lo anteriormente dicho: “Durante un largo
período latino-romance se depositó (...) un estrato de toponimia arábiga que en algunas
regiones de España y Portugal es bastante abundante, pero muy escasa en Galicia (...) Y
que quizá se deba más que a la permanencia o al paso por aquí de los árabes, a la venida
de mozárabes de la España musulmana (...) Ya que se trata en varios casos de vocablos
que pasaron al romance gallego como al castellano y que pudieron emplearse después
como topónimos (Aldea, Alfoz, Almuzara, Mezquita, Talaya por Atalaya y otros)”.
Fernando Cabeza Quiles (1992) afirma con cierta discreción y poco riesgo que los
nombres de lugar gallegos de procedencia árabe son infrecuentes en comparación con
el resto de las áreas peninsulares, a lo cual por nuestra parte hay que comentar inmedia-
tamente el hecho de que existen y que además, esperan un estudio aún por desarrollar
en este inescrutado campo de la filología gallego-portuguesa, tan falta de acercamiento a
otras lenguas que no sean las románicas.
Si los topónimos arábigos gallegos pueden proceder por lo regular de palabras del
léxico coloquial, llegando a nuestra lengua a través del castellano y del portugués meri-
dional, podríamos preguntarnos otras cuestiones a modo de ejemplos: ¿cómo es que la
“z” castellana se ha impuesto en los nombres de lugar de la tierra, siendo estos topónimos
documentos históricos claramente expresados en lengua gallego-portuguesa? Así, por qué
el nombre “Mezquita” y no “Mesquita”? ¿por qué se usó siempre la forma castellana a la
hora de conformar un mapa toponímico gallego sin tener en cuenta criterios lingüísticos
diacrónicos e sincrónicos?
El topónimo “A Mesquita”/”A Mezquita” es pues un nombre con artículo del sur
arraiano y ourensano que está arraigado con ese artículo que lo hace diferenciar de otros
lugares “Mesquita” del país, justificando y verificando así el habla viva e escrita de este
topónimo, contrayendo siempre na Mesquita ou da Mesquita.
El padre Sarmiento, erudito paisano del siglo XVIII, intentó ocultar a su manera (su
arabofobia nos es conocida) el origen claramente árabe del topónimo, aludiendo a la cla-
sificación de “Mesquita” como derivada del sinónimo silbarda, jairda/jardeira o silbardeira
(ruscus aculeatus), arbusto que pica a quien toca sus hojas, “acevinho” o “acivo menor”.
Sin embargo, la palabra árabe ratificada con asentamientos de musulmanes beréberes
(no árabes de raza, por lo tanto) y presencias posteriores mozárabes, muladíes en terri-
torio cristiano, siervos o libertos mauros, constatan que “Mesquita” y su lugar gallego es
procedente de al-mas_id o lugar de oración en la creencia islámica, literalmente “lugar
de postración”, orientada siempre (con excepciones para el caso hispánico) cara al este,
concretamente hacia la ciudad de Meca en Arabia, aunque no podemos descartar un sig-
nificado de “iglesia” para la voz “mezquita” en cristianos arabizados.
Corriente (1999) nos da nuevos datos reveladores y además de matiz mozarabi-
zante: “Tampoco se ha sospechado que los mozárabes pudieran haber alterado jocosa-
mente esta voz convirtiéndola por mofa en ma/usqíta* (“la que hace caer en el error”) (...)
Es también posible que la acepción “estiércol” de la voz (en nota añade: “está atestiguada
la voz masqát como “estercolero” en los documentos de los mozárabes de Toledo –cf.
“almizcate”-, fácilmente convertible en el citado ma/usqíta* que se habría prestado al
malévolo juego de palabras”) también responda a parecidos propósitos escarnecedores”
in Diccionario de arabismos...
66 J. C. ríos camacho
Mones (Our.) < Mun’is (onomást.).
Moura, Igrexa da (Our.) idem Moro.
Moure (Minho hasta Beiras –Alta, Baixa–; extend. Galiza) < lat.
maurus (en sentido de “musulmán peninsular”).
Mouril (Our.) idem Moro.
Mourillóns (Our.) idem Moro.
Mourisca21 (2 Our.) / Mourisco/s (Lu., 3 Our.) / Mouriscados (Pont.,
Our.) / Mouriscas (2 Our.) idem Moro.
Mouro/a (extend. Galiza y Norte Port.) idem Moro/Moure (conexión
entre la idea de mouro prerromana, la beréber, y la de los asentados
mauros de los dominios eclesiásticos; posteriormente onomástico).
Názar (Our.) < al-Nas≥r (onomást.).
Názara (Our.) < nas≥a–ra– (cristianos bajo protección del Islam, mozá-
rabes en su denominación árabe).
Rabal (8 Our.) / Rabaza (2 Our.) ibidem Arrabal. Se menciona como
villa en varios documentos del Tombo de Celanova: Ravanale, Ravanal,
in villa Ravanal territorio Arnogie, prácticamente todos en el siglo X de
cronología rudesindiana.
Ramil/o (3 AC., Pont., 3 Our., extend. Galiza) < ramla (“arenal de
lecho de río”, posibl. auríferas, explot. económicas fluviales; relac. con
pontazgos ligados a Quintas y Villas).
Sarracinos (Our.). En documentación de Celanova, pero no identifi-
cado hoy (doc. 486 del Tombo)
Valdemir (Our.) < ibidem y Amı-r o ´A–mil (onomást. o cargo de
gobernador “Emir”).
Valdolide (Our.) idem Valladolid.
Valdomar (Lu., Our.) < val –roman.– y ´Umar (“Omar”, onomást.,
compuesto).
Xeval (Our.) < al-y§abal (“montaña”; coincide cota alta).
Zureira (Our.) idem Azoreira. Assureira (Minho) / Azoreira (Our.) /
Azoreiros (Our.) < surar (“planta colorante”, diminutivo).
21 Incluimos la voz MOURISCO-A/ MORISCO-A con toda la significación e impor-
tancia que tiene la de “moro”, ya que dicha voz “morisco” según Coromines (1987) es ya
del siglo X (966) viniendo a significar aún en el siglo XVII también el “ardid propio de los
moros”.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 67
4.2. De origen no árabe22
Aguiar (Pont.) / Aguieira/eiro/s (extend. Galiza) < aquila relac. con
al-Nasr / Nusu–r (“aguilar”; relativo a punto alto).
22 De entre los criterios aquí aplicados hemos de destacar el de Juan Zozaya (1998)
ya que este arqueólogo e investigador ha logrado unificar un método de visión creemos
que portador de nuevas perspectivas para el estudio toponímico altomedieval y en con-
creto para los asentamientos poblacionales durienses más allá de la visión desertizante para
la frontera Gallaecia-Al Ándalus. A la toponimia de origen árabe, de inevitable vinculación
indirecta / directa para asentamientos mozárabe-muladíes e incluso “neo-mozárabes”, ha
de añadirse la de origen latino-romance con su propios dialectos (A. Galmés, 1983), pero
en las siguientes dimensiones, donde la región celanovense es rica en situaciones:
1. En el origen propio y significación del nombre de lugar e incluso antropónimo.
2. En su localización exacta o aproximada: su geografía concreta.
3. Su relación con otros topónimos en dicha ubicación. Destaca aquí la idea de
reparto en quintas partes del terrotorio conquistado o Jums (Quintas, Quintelas, Villas)
–idea ya anterior de J. Oliver Asín, 1974-; los puestos de observación o Aguilares/Oteros/
Atalayas/Torres; fortificaciones (Castros, Castelos); arquitectura de posibles asentamientos
(Arcos/Alcouco); Gentilicios-antropónimos regulares; Baños (Alhama/Alama); sitios de
asentamiento (Alcoba/Cubas/Cubelo); ubicación de lugares de habitación regular-irregular
(Aldaras/Albite), o el relativo a Moro/Mouro que se intersecciona con la toponimia antigua
y popular, a veces coincidente con la presencia islámica altomedieval.
4. Dicha ubicación relacional geográfica de esta serie de combinaciones de pobla-
miento hace coincidirlas en radios que nunca superan los 8 kms., salvo casos aislados.
Por poner dos ejemplos y sólo es eso de momento lo que desde aquí pretendemos,
diremos: topónimo Castro (AC., extend. Galiza) mapa 71/1/, 1:50.000; 43º 07’ 45’’N, 4º
26’ 05’’W, se sitúa a 3’5 kms al SE de Castro de Ares, 2’1 kms al SW de Vilarbello, 5 kms al
WSW de Quintadóniga, 1 kms al NE de Vilares y 3’1 kms al NE de Rif. Topónimo Quintas
(AC.), después de localizarlo por coordenadas se relaciona con Vilar, 0’8 kms Al NE, 1’8 km
al NW, 2’1 kms al NE, Torre a 3’5 kms al WNW. Todo ello de una manera regular y cons-
tante. Hemos creído necesario añadir esta dimensión de situación relacional, si queremos
intentar comprender toda la significación, la propia y la vinculante de la herramienta de
la toponímica para el discurso historiográfico, sin limitarnos en exceso en todo este com-
plejo proceso de interpretar y perseguir la huella mozárabe a lo largo y ancho de la Magna
Gallaecia.
No añadiremos en esta lista anexa la hagiotoponimia de procedencia mozárabe, ya
que su difusión es amplia, fuera de lo que es razonamiento meramente lingüístico (aun-
que aquí no hemos utilizado sólo esa metodología para seleccionar los nombres de lugar)
y merecedora, por su propia naturaleza, aparición y desarrollo, de una más contextual
explicación asociativa a ciertos monasterios y centros religiosos. A modo de ejemplo, San
Ciprián de Sanábria (Zam.) es no sólo claro y testimoniado asentamiento mozárabe (hoy
apenas cuenta con 72 casas) sino ejemplo de “isla lingüística” (de similares características
de “colonia” asturiana mozarabizada es El Payo -Salam-) de dialectos mozárabes traídos
no sólo desde el sur, también desde un norte asturiano (o ¿”gallego / -os”, con sus topó-
nimos de colonización?), así se dan los plurales femeninos –as > -es, a cerrada en e, ter-
minaciones en –an, o verbo ser en yes, yet, etc (M. Pidal, Galmés Fuentes). También los
denominaremos en nuestra lista: Fornas, Lastres, etc.
68 J. C. ríos camacho
Aguillón (Our.) ibidem.
Arcos23 (Our., Pont.) < arcus (descriptivo arquitectónico, asenta-
miento).
Astureses (Our.) / Asturianos de Sanabria (Zam.) < Asturia (tierra de
asturianos: migraciones internas en Gallaecia).
Bangueses (Our.) < relativo a gentes procedentes de Banga (Carba-
lliño, Our.) en migraciones interiores de la Galliza nuclear.
Castro24 (extend. Galiza) /Castro de Ares (AC.) / Castro, O (Our.) /
Castro das Seixas (Lu.) / Castro de Gunsalvo iben Muza (Le.)< castrum
(“campamento fortificado tipo “oppidum”).
Cheles (Badajoz) / Chelo (Lu., Our.) / Chelos (Our.) posible derivado
del dialecto mozárabe –as >-es. También Iela / “Yela” (Lu.): ¿“Xela”?
Cobas (2 Our.) < cubus < kýbos –gr. (griego)- (“sólido limitado”
–Coromines-; analogía con al-qúbba –ver orig. árabe-, relac. con Alcoba).
Cobela (Our.) ibidem.
Cubelo (2 Our., AC.) / Cubela (Pont.) ibidem.
Faramontanos25 de Tabarra (Zam.) / Faramontaos (9 Our.) < “terra de
foris (montis)” (gentes venidas de fuera, posible “más allá de montes”).
23 Relación situacional de ARCOS con Mouriscas a 2 kms y Cf. A Quinta.
24 Aunque no se puede negar la evidente relación del CASTRO (incluso su reuti-
lización) con asentamientos prerromanos y romanos en la amplia Gallaecia, J. Zozaya
(1998) adelanta una analogía con qasr (fortificación), relacionado en topografía con luga-
res derivados de ‘Iskar (torre de defensa de una finca, también con connotaciones reli-
giosas de llamada a la oración, o ambas a la vez), Muqtabas, atalayas, bury (una vez más,
torre, punto de observación), complementando todo lo dicho un sistema de de control
mediante sistemas de comunicación de postas de correo empleadas por la vigilancia mili-
tar, de ahí Alberite (la posta), términos precedidos por Mas-/Maz (Mazaricos, Mazalbete) o
los de tipo qubb (los hay reiterativos como Alcoba de la Torre). Claro ejemplo de sincre-
tismo de romanización y arabización es el castrum de Gunsalvo iben Muza, que citamos,
en documentación leonesa altomedieval (V. Aguilar, 1994).En el noroeste (más en el oeste
y menormente en centro peninsular) se impone el derivado latino en castrum frente al
diminutivo castellum (presente en el Este peninsular).
25 Pensamos relativo a los habitantes que pudieron haberse incorporado a nuevos
territorios desde terra de foris / de montis o ambos casos. Esta “terra de foris” difícilmente
serían las sierras orientales gallegas, más bien más allá del amplio valle del Bierzo (Ber-
gido), tradicional tierra de asentamiento mozárabe, otros gallegos (Limianos) y galecianos
(astureses, leoneses, zamoranos). Por contraposición a los territorios de la pars maritimam
Gallecie, esta idea (de foris / de montis) creemos que nos da unas zonas de asentamiento
de “gentes de fuera”, incluso desde la misma Gallaecia y Galiza / Galicia nuclear.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 69
Limianos de Sanábria (Zam.) relativo a gente emigrada de A Límia
(Our.) para ocupar altos valles sanabreses.
Mirallos (Lu, Our.) < miraculos (“atalayas”, “puntos de observación”
–Mariño Paz26 (1998), Marsá (1960)-; voz que arabizó en Atalaya o quedó
latinizada).
Niñodáguia (AC., 3 Our.) < nidu(s) e idem Águila (“nido de águila”,
compuesto).
Outeiro27 (extend. Galiza, Minho) / Outeiral (Our., extend. Galiza) /
Outeiro de Torneiros (Our.) < altariu(m) (“otero, punto alto de observa-
ción”).
Pereiro de Aguiar (Our.) relac. Aguilar/Aguiar.
Portela de Quinta (Our.) ver Quinta.
Portoquintela (Our.) ibidem.
Queiroás (4 Our.) / Queirugas (3 Our.) gentes procedente de Quiroga
(Lu.) (< Cairoga) en migraciones internas de la Galiza nuclear.
Quinta28 (Our., Minho, extend. Galiza) / Quintas < quinque-cinque
(“quinta parte del botín entregada al señor de la hueste; < quinio-onis
“grupo de cinco” –Coromines-).
26 Idea que aporta R. Mariño Paz (1998) en Historia da lingua galega, pag. 71, nota
18. Recoje la idea de trabajos de Marsà (1960) “Toponimia de Reconquista” in Enciclopedia
Lingüística Hispánica. CSIC.
27 La situación de topónimos de altura tipo Aguilar / Otero / Torre / Atalaya y
derivados, con otros de tipo más habitacional (aunque también podrían ser estratégicos)
tal como Vila-Villa / Castro / Quinta, es evidente desde la observación topográfica de los
mismos y su situación regular situacional de los mismos. Militarmente todo ello implica
administración, defensa y control de la población indígena y de otra probable de nuevo
asentamiento por “quintas partes”.
28 Chalmeta (1994) y Oliver Asín (1974) han contribuido a retomar el tema de la
repartición de tierras por el vencedor ocupacional y bélico. Quintus o quinta parte no
aparece como topónimo en Francia e Italia y sí en Gallacia y Al Ándalus como ya vemos.
El jums árabe-islámico se aplicó anteriormente con la tradición latino-visigoda específica
hispánica sin grandes problemas. Es el quintu(m) practicado como “la quinta parte de
los bienes hereditarios que, como supervivencia de las leyes góticas, eran consideradas
como cuota de libre disposición y empleada en obras piadosas” (Álvarez Maurín –1994-,
a su vez de Floriano –1949-). Podemos asociar Quintas y derivados a necróplolis y villas
bajoimperiales (Quintana Redonda, Soria) es decir, Quintas a villae.. Y cómo no el Jums
codificador del vencedor musulmán. Álvarez Maurín concluye (1994): “Se trata de una
costumbre de origen árabe y extendida después entre los españoles” retomando ideas de
M. Pidal (1964) y Coromines y J. Pascual (1980-1991).
En el capítulo del libro de Ibn Abi Zaid al-Qairawani, La Risala. Tratado de Creen-
cia islámica y Derecho musulmán (edic. 1999 de ‘Ali Laraki que ya hemos comentado)
70 J. C. ríos camacho
Quinta, A (3 Our.) / Quinta, Portela de (Our.) ibidem.
Quintal do Humoso (Our.) ibidem.
Quintairos (Our.) ibidem.
Quintas (2 AC., 7 Our., Minho) ibidem.
Quintela (AC., 3 Our.) / Quintela de Leirado (Our.) / Quintela de
Humoso (Our.) ibidem.
Quintela de Azurara (Pal.) ibidem con idem Assureira (orig. ár.).
Sagres (Algarve, Port.) / Sagra (Our.) / Sagramón (Lu.) desde sagra
evoluciona en plural dial. moz. (–as > -es).
Sarreaus (6 Our.) < villa Sárria (gente procedente del valle del Sárria
en migraciones interiores de la Galiza nuclear).
Toldaos (5 Lu.) / Toledo, O (Our.) / Toldanos (Le., Zam.) < Toletum
(habitantes del Toledo andalusí trasladados a Gallaecia).
del siglo X y en su capítulo de “Y§ihad (su obligatoriedad)” tenemos: “Que el Emir tome
un quinto del botín que obtengan los musulmanes fruto de la batalla, y que se repartan
los cuatro quintos restantes entre los miembros del ejército. Es preferible realizar dicho
reparto en territorio enemigo (dar al-harb). El botín obtenido por incursiones de la caba-
llería y demás unidades montadas y en las refriegas se divide en quintos y se reparte (...)
Se repartirá el botín entre quienes hubiesen pareticipado en la batalla, o quien –sin haber
participado en la batalla- hubiese estado ocupado en interés del yihad de los musul-
manes”. El espectro de poder ocupar y poseer propiedades para un musulmán es muy
amplio, aunque no estuviese éste directamente vinculado en la campaña militar.
Si se trata de tierras, y éstas son de cultivo, se convierten generalmente en waqf o
habús, y dicha renta (aquí el jaray) se empleará en beneficio de los musulmanes. Si la tie-
rra no fuese de cultivo, será propiedad de quien la convierta en provechosa, siguiendo la
doctrina jurídica maliki. Creemos que este último caso era el más numeroso para Gallae-
cia y fronteras de las marcas cristiano-islámicas, adaptable para muladíes y por extensión
a mozárabes: si éstos fuesen públicamente cristianos no podrían acceder al derecho de
propiedad (se contempla esto diafanamente en la “Risala”), de ahí la idea con que hemos
venido insistiendo de una doble naturaleza muladí-mozárabe del culturalmente arabizado,
no sólo per exención fiscal, sino por tratamiento, prestigio-ascenso social y finalmente
propietario... según las conveniencias y movimiento de fronteras.
Zozaya (1998) remata esta hipótesis de trabajo al vincular Quinta, primero por su
situación relacional con Castro y Villa –y a partir de ahí Torre, Aguilares, Otero / Outeiros,
Ramil, Alvite, etc., como sus complementos ocupacionales–, constatando la singularidad
fiscal y territorial de la misma en España y Portugal. La tesis final la complementa el
arqueólogo con hallazgos de acuñaciones, enterramientos (con iglesias / mezquitas de
doble culto –¿los “oratorios?– y mal orientadas a Meca...), poblaciones-urbanismo, arqui-
tectura poblacional y militar, tecnología, cerámicas y muchos otros criterios atrayentes sin
duda para el campo del mozarabismo.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 71
Torre (2 Our.) < turris –lat.- y al-bury§ (relac. significado y situacio-
nal).
Vila (extend. Galiza, León, N. Portugal) < villa-vila –lat, roman.-
(“aldea o granja” altomedieval, después designará núcleo poblacional algo
mayor).
Vila de Rei (Our.) ibidem.
Vilar dos Santos (Our.) ibidem.
Vilariño das Poldras (Our.) ibidem.
Zafra (Our.) < Al-Hayrat al-Nusu–r / Alija (tipo “Aguilar” y deriva-
dos).
Zamoiros / Zamorana, A / Zamorela (Our.) < Semure / Seminure
(relativo a gentes desplazadas de la Gallaecia duriense occidental, desde
Zamora y sus tierras, a la Galiza nuclear).
4.3. Otros posibles de la región ourensana
Albarona (Our.); Atáns (Our.); Bubela (Our.); Gomariz (Our.); modelo
de “póvoa” para Valdeorras (Our.) de posible fundación al reocupar tierras
y poblaciones de presencia beréber o muladí29. Alrededor del dominio
celanovés: Coto de Atalaia, A Mourisca, S. Miguel de Berredo, S. Pedro de
Mourillos, Mouve, Sta. Baia de Portela, etc.
5. Selección de documentos celanovenses
Adelantando que el amplio campo del estudio de la mozarabidad en
Gallaecia no está más que empezando, vamos a seleccionar aquí algu-
nos documentos del Tombo de Celanova30 que a primera vista nos han
29 Aspecto que nos aporta R. Mariño Paz (1998) en su obra Historia da lingua
galega, pág. 71, nota 18, ya comentada.
30 Usaremos aquí las dos versiones del Tombo de Celanova que hemos empleado,
preferentemente, la edición de ANDRADE CERNADAS, J. M. (1995) y de la que extrae-
remos su enumeración documental. También la siempre rigurosa edición de SÁEZ, E. y
SÁEZ, C. (2000) es de nuestro interés, aunque indicaremos la edición de los Sáez si utili-
zamos su enumeración de documentos.
72 J. C. ríos camacho
llamado la atención, intentando centrarnos en el siglo X rosendiano, y de
los mismos enumeraremos series léxicas y correspondientes comentarios
que una vez más, sólo a modo de ejemplificación metodológica preten-
demos mostrar a nuestros lectores. Sabemos que no son los únicos docu-
mentos susceptibles de ser aquí traídos, pero pueden ser sintomáticos y
significativos, aunque a fuerza de seleccionar se nos puedan quedar otros
tantos, tan o más importantes que estos que ahora siguen.
936, Septiembre 12 (doc. 256): Ego Froyla et uxor mea Sarracina;
Sarracina un hanc seriem testamenti quod vir; con sirvientes, dudum ibi
servientes vocati Moraria, Sampiri et Poleiares. Con cierta posición social,
Sarracina (esposa del conde Froila y cuñada por lo tanto de Rosendo)
dona vilares y sus correspondientes siervos, dando importancia jurídica y
validez confirmante a una mujer, justo antes de la cada vez más relegada
Lex Gótica, que poco a poco va sustituyendo la influencia del derecho
canónico gregoriano en la aplicación civil de las leyes.
942, Septiembre 26 (doc. 2): El obispo Rosendo dota a su fundación
monástica de Celanova (siendo abad Fránquila, al que hace venir desde
su destino de abad de S. Estevo de Ribas de Sil) de una serie de bienes
inmuebles y muebles, ganado, objetos litúrgicos, libros, etc. Le da el fun-
dador a Fránquila (su origen nos es desconocido y a nosotros nos parece
un desplazado de otras latitudes –tal vez por su preparación y líder de
grupos-, canónico bien preparado y de la confianza de Rosendo...) el
cargo de la abadía, en teoría bajo la Regla de San Benito, aunque en rea-
lidad es muy probable que ésta no fuese aplicada31. También aquí, Sarra-
cina confirmat, una vez más, ni más ni menos que la esposa del conde
Froila Gutiérrez, hermano de Rosendo y nombrado aristócrata que dejará
perpetuado su nombre en el dintel de la puerta de entrada al oratorio
mozárabe de San Miguel en Celanova. El protagonismo de Froila-mozara-
bizante en la Fundación de Celanova debió ser especialmente activo, sutil
y categórico.
En la invocación a los santos del documento son de nuestro interés
sancti Romani y sancti Micahelis arcangeli.
Arabismos o relacionados con los mismos: alchaz (seda); feyrach
cardena (ropón o abrigo de color morado); barragán (septima Barra-
gán, manto de lana; también hay un tipo de casulla confeccionada de
esta guisa); mariache (tela rameada, VIII cardena marayce); vitiones
31 DÍAZ Y DÍAZ, M. C. et alii, Ordoño de Celanova: Vida y Milagros de San
Rosendo, 1990. Léanse las páginas al respecto, 145, con sus notas.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 73
(telas para forrar); alliphaphes vuturinos (cobertores finos –tapices- para
oración, usados aquí para otros menesteres de decoración); arrodomas
sic aeyraclis VIIII (según Fdco. Corriente, “frasco de cuello estrecho” o
redoma); bizath (fuente llana, iravicella bizath / navicella bizath32; tal
vez, “tapiz” según el profesor Corriente).
Los objetos litúrgicos (Ministeria ecclesia), los libros eclesiásticos y
los complementos domésticos y de cama para uso de los frailes y sus ser-
vicios, nos parecen muy en la línea de la celebración aún de liturgia de rito
hispano-mozárabe de tradición visigoda y todavía no de determinantes
aires renovadores romanos.
942 – 977 (doc. 158). San Rosendo instala en Celanova una serie de
siervos (pistoribus) para varios servicios: siervos en general, coquinarius et
carcerarius, fratres et sorores suis, custodios de rebaños y cuidadores de
baños, de qoquina, da Manzanada (árboles frutales, pomarias), occulum
canis, y otros para tornar porcos, lavare cupas et facere balneus ille et
semen illius.
Puede estar claro que esta clientela de sirvientes son de influencia
arabizadora y posiblemente tornadizos o moriscos, que con el paso del
tiempo se decantarían mediante generaciones y ubicación, a la religión
cristiana, aunque de momento podrían ser practicantes musulmanes. Los
mozárabes destacados en el cenobio ourensano podrían ser unos prácticos
intérpretes e intermediarios par con el resto de la comunidad y habitantes
del monasterio y dominio.
Relativos arabismos: Rudericu Moysa, Sesnando Huraz, Ydiu Sesnan-
diz; Cidi Gontoiz; Cidi genui Maria Cidiz. En la abundante genealogía y
onomástica de este documento, se entrelazan por una parte elementos
indígenas con su onomástica germánica (Quemdulfus, Ermolfuz. Ermolfo,
Mogeime, Tedina, Eriz, Balduz) o celto-románica (Carneiro, Amoroniz),
cristiano-latina (Petro, Maria, Martinus, Marina) con otras gentes que
consideramos originarias de Al-Ándalus, desde las vías de comunicación
meridionales, o bien desde la frontera del Duero conviviente.
Arabismos claros en onomástica y/o estirpe: Salvador Rodesindiz fuit
maurus et habet quinque filios; De quoquina. Fees mauro de Monte Cor-
duba genuit Santio Fees et Gemondo Fees. Santio Fees genuit Fernando
Ardaga et omnes filios de Fernando Ardaga et Vimara Sanchiz cum suis
filiis, et Ausinda Sanchiz cum filiis suis. Ausinda Sanchiz genuit Santio
32 Navicella bizath en edición de los Sáez (1996-2000, dos volúmenes). Enumerado
doc. 72, pág. 156.
74 J. C. ríos camacho
Martiniz. Et Ausinda Fees genuit Santio Gemondiz et Cristina Gemon-
diz.... Definitivamente estos moriscos, pasarían a adoptar onomástica ger-
mánica y cristiano-latina, la más abundante del momento y lugar33.
En otro lugar he hablado del “fenómeno maurus” como indicador
de un cambio de fe y no como determinante de la estirpe étnica a la que
supuestamente pueden estar encuadrados: para nosotros el indicador ver-
bal fuit maurus es relativo a su confesión y no a su característica biológica
(aunque en ciertos contextos , ambas características puedan coincidir, pero
no como una catalogación a priori), tal como el personaje Fees mauro de
monte Corduba... Pero además del siguen Pelagius Maurum, homo de
Celanova, Moaas, homo de Celanova, Petrus Maurum, homo de Cela-
nova.
Había baños para los frailes en el monasterio de Celanova, según cos-
tumbre hispanomusulmana llegada a nuestra geografía y cultura: Aulfus
fuit de criatione de episcopo Rudesindo statuit et servitum suum sicuti aliis
fecit, ut custodiret greges porcorum et abluere cupas et de semine illius
facere balneos, in quibus fratres Cellanove corpora abluissent; otro ejem-
plo en Petro Aquilion tornar porcos et lavare cupas, et facere balneum ille
semen illius. Esta sana costumbre podemos adivinar que se extendería en
la corte de Oviedo y León, ciudad esta última, como sabemos, altamente
mozarabizada. Sánchez Albornoz afirma que dicha práctica de higiene per-
sonal corporal (y simbólicamente hablando y en un contexto de espiritua-
lidad, purificadora) se pudo haber practicado también en Sahagún, Lugo, o
Zamora, en sus correspondientes episcopados, cortes y monasterios.
955, Marzo 9 (doc. 75). Arabismos: vaetitum zoramen cárdena
(“capa con carapucha”, “capote ou capa branca” longa34, tal vez un color
tendente a morado, desde tonos azulados –lat. cardinu–). Onomástica:
Sarracinus testis.
938, Febrero 27 (doc. 4). Arabismos: almuzala morgom (tapiz bor-
dado, de figuras geométricas, alfombra o alfamar, cobertores finos, válidos
también para la oración), allihaffes vultunarias (cobertores o colchas de
33 En prácticamente toda la onomástica galaica altomedieval, se han enumerado
(aunque no sea exacta la cifra, nos vale su aproximación significativa) 1145 nombres ger-
mánicos, 23 francos, 52 griegos, 41 hebreo-cristianos, 269 latinos, 356 de origen descono-
cido y céltico-indígena, y 55 de origen árabe. Se impone la onomástica y la antroponimia
y toponimia germánica en los lugares y gentes del Noroeste, plenamente vigente en el
siglo X.
34 VARELA SIEIRO, X. Léxico cotián na Alta Idade Media de galicia: o enxoval,
2003. Págs. 116-117.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 75
cama, aquí con dibujos geométricos en espiral35), culcrita addani36 (bor-
dados de oro, nombre que o relaciona con la ciudad de Adén, -Yemen-,
el uso bien podría ser litúrgico, a modo de brocado de seda) tramisiri-
cas (tejido confeccionado con trama de sede e hilos de lino, prenda de
cama), alias mataraffes (tapete, posible mantel para mesa o altar, de uso
litúrgico), una mezqui (toalla, paño –¿de color pardo?-, casulla también
de seda), suruz (cierto tejido de seda, quizás sólo un color verdoso, alia
suruz), amarello (referido a mataraffes), alvexi (brocado), almagama
(velo bordado), exaurata kaskerxi (¿tejido de seda sin tratar?, tal vez de
blanco litúrgico en lino o lana), tyrace vermelia (tapiz para decorar alcá-
zares, pero posiblemente para aplicación litúrgica de cierta solemnidad:
en colores y con tradición en las conocidas fábricas de dar al tiraz de
Almería y Córdoba), Murugutio (¿morgomes?). La lista podría continuar.
También, Sarracina confirmat, Zissila episcopus, de claro entroncamiento
con la sede primada de Toledo. En resumen, este singular léxico locali-
zado en el Noroeste de ámbito celanovense, tiene que producirse por un
directo contacto con gentes de Al-Ándalus, tanto cristianos como musul-
manes; es X. Varela (2003) quien afirma,
“Se hai algunha peculiaridade que distingue a este tipo de léxico
[tecidos e materiais téxtiles] é a abundancia de palabras de procedencia
árabe, que reflicten o estreito contacto entre dúas linguas, entre dúas
culturas”37.
35 Idem, pág. 161: “colchas labradas en espiral”.
36 X. Varela Sieiro (2003) se refiere a addani (del árabe ‘adani, procedente de
Adén): “normalmente a faringal espirante sorda do árabe non se reflicte na escritura se
ben no doc. leonés temos un h-. Por outro lado, o –t- da mesma acta deberíase, segundo
Corriente (1999: 31) a que “el esfuerzo por reproducir como tensión la geminación, oída
a los mozárabes, parece responsable de caos de ensordecimiento como cs. Atorra”. Na
documentación medieval cumpriría engadir a posibilidade de que tales variantes gráficas
obedecesen a unha latinización das grafías”, in pág. 322.
37 Idem, pág. 321. En otro trabajo del mismo autor, VARELA SIEIRO, X. (ed.
Manuela Marín). “Tejer y vestir: de la Antigüedad al Islam”. CSIC. Madrid. 2001, se repasan
las razones de la presencia de gentes y lengua árabe en nuestro ángulo galaico. La cita del
profesor F. Corriente puede aclarar algunas dudas: “En el caso de la Península Ibérica, es
bien sabido que la ocupación islámica y la posterior reconquista cristiana produjeron varias
comunidades bilingües (mozárabes y mudéjares, luego moriscos), así como grupos meno-
res tales como algaraviados, cautivos, comerciantes y alfaqueques, y puede afirmarse sin
empacho que la mayoría de los arabismos del iberorromance resultaron de la existencia
de aquellas comunidades, y muy especialmente para la Alta Edad Media, de la emigración
masiva y continua de mozárabes, lingüísticamente tan arabizados que llevaban nombres
árabes, hacia todas las zonas septentrionales de dominio cristiano”., cf. CORRIENTE, F.
“Los arabismos en las Cantigas de Santa María”, 1985. Se citan a continuación las posibles
razones de la presencia arabizante en este ángulo de la cristiandad, las de Gómez Moreno
(1919), repoblacionistas a partir del siglo IX; las de Morala Rodríguez (1993), que mitiga la
76 J. C. ríos camacho
Esta donación de Doña Ilduara al monasterio de Celanova en memo-
ria de su marido Gutier, nos induce a pensar en la vitalidad de las vías
de comunicación Gallaecia – Al-Ándalus a través de sus múltiples estri-
baciones, amén de hacernos pensar en personales viajes directos de la
aristocracia gallega (a la que pertenecía Rosendo38), tanto a nivel particu-
lar como oficial, valiéndonos de ejemplos las embajadas León – Córdoba,
todas coincidentes en cronología perfectamente rosendiana, realizadas
en fechas como 935 (Ramiro II), 940 (idem), 941 –942 (Ramiro II), 956
(Condes de Castilla y Saldaña, Ordoño II) 971 (Ramiro III), 973 (reyes de
Navarra, Castilla y Monzón, conde gallego Rodríguez Velásquez); además
de otras de 1003 (Conde Menendo González) y 1004 (Sancho García de
Castilla y Menendo González).
977, Enero 17 (doc. 1). Sarracina confirmat. Igual o semejante a esta
onomástica tenemos otros documentos que sólo fecharemos: 925 (doc. 23,
edic. Sáez) Sarracinus presbiter ts. ubi presens fui. Fromaricus presbiter
ts. Seniorinus presbiter ts., muy apreciado por nosotros por ser un clérigo
onomásticamente mozarabizado; 986 (doc. 5) Sarracino Siliz confirmat,
Harramel Alvariz, Domno Sarraciniz; 1007 (doc. 3) Zaman Oratiz testis;
950 (doc. 7) Sarracinus Addaulfici; 1091 (doc. 11) y en 1075 (doc. 20)
Sarracena Leovegildiz confirmat / exigua famula Dei Sarracina Leove-
gildi respectivamente; 1065 (doc. 16) ...de parte nostro Munio Sarraciniz;
983 (doc. 432) occidente vinea de Abdumeliki (...) Kazem testis, Abadía
presbiter ts., Kazam presbiter ts.; 907 (doc. 429) et discurrente valle que
descendet de Zuizfel (...) usque ad molino de Abolgamar; 1046 (doc. 299)
Adaulfo cognomento Cidi Sarrazini; 936-977 (doc. 454) Nuño Sarraci-
niz hereditate, Afrigano terras, Cidi Bono; 955 (doc. 453) de quinione de
Zarraquino XIIII ; abundante en onomástica Sarracinus es el del año 1056
(doc. 474) Didaco Sarraciniz (juez), Sarracino Eriz, Domnus Sarraciniz
arabización a meros contactos comerciales esporádicos, y las razones ya citadas de Fede-
rico Corriente (1985), más cercanas a las nuestras, también acertado al matizar que los
comúnmente llamados “arabismos” no proceden exactamente del árabe, sino del hispanoá-
rabe andalusí, tanto desde su fonética como en su léxico, aún en estudio.
38 Rosendo procedía de la alta nobleza galaica (de ascendencia sueva, directa-
mente del rey Teodomiro; también era sobrino del obispo Savarico II, que le precedió en la
sede y fue tío de Arias, quien le sucedió en la cátedra mindoniense). El hijo de Ordoño II,
Sancho, era primo de Rosendo (ya que Elvira, madre de Ordoño II, era hermana de Gutier
Menéndez, padre de Rosendo; la reina Goto esposa de Sancho, era sobrina de Rosendo, al
ser hija de Múnio, hermano de Rosendo). Bisabuelo de Rosendo era el conde Gatón (reina-
dos de Ordoño I y Alfonso III); abuelo paterno del obispo y abad era Hermenegildo Gutié-
rrez, mayordomo de palacio de Alfonso III, etc. No nos debería extrañar que este selecto
estamento social tuviese más de una oportunidad de desplazarse a tierras meridionales y
entablar lazos y contactos con las gentes e influencias culturales andalusíes.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 77
testis, Eita Sarraciniz (2 veces), Erus Sarraciniz (4 veces): contamos 10
en total; con el documento del año 941 (doc. 48) hacemos otro total de 17,
estilo Megitus Sarraciniz, teniendo en cuenta nombres propios y patroní-
micos, de igual interés para nuestros objetivos.
No debe ser casualidad que el Sarracinus iben Sila testis (947, doc.
229), en villa de Abeleda, lleve con el nombre propio de terminación (-
inus) latina, su nasab de propia tradición onomástica árabe e islámica:
en un serie de contextos los “Sarracinus” (igualmente afirmamos para el
caso de los Citi / Cidi y variantes) son de una referencia obligatoria para
el seguimiento de las huellas de mozarabismos y que consideramos, no se
pueden desechar, ya que despreciaríamos con excesiva generosidad, unas
ya de por sí, parcas fuentes de información que aún nos tienen mucho que
decir, aunque el esfuerzo por desentrañarlas es aún considerable.
Variando la serie léxica en otros nombres de personas: 987 (doc. 94)
Habze, Abdella, Timini (habitantes in villa Zacoys); 879 (doc. 271) Hazme
/ Hazeme presbítero dirige un grupo de diáconos y clérigos, fundadores
beneficiarios de la iglesia de Laroá (Límia, Our.); 1026 (doc. 468) Harake,
suegro de Toedemiro (Vermudo Eroptiz inventaría a homines de creatione
en esta conocida región de Baroncelli (Sta. Mª de Berin) onomástica de
Zemal, Sarracino; 983 (doc. 428) Kazam / Kazan / Kazem presbítero
con Zait testis, Zeit Abiubet, Zeit diaconus confirmat, Algalip diaconus;
993 (doc. 272) Mahamuti Alvariz, Menindo Zulumaz, Francolino Musas,
Sarracino Luzi; s. XI (doc. 144) hombres de Celanova que habitan entre
los río Deva y Eires, Marecco, homo de Celanova; Zaccaria Alvariz, Cidiz
/ y Cid (varios...), Maurenzo; 1006 (doc. 524) casare de Mukicime; 926
(doc. 577) Muza, puer, homo de Gunterigus; 927 (doc. 533) Muza, ibena-
bdella confirmat; 905 (doc. 101) Homar presbiter (2 veces), curiosamente
la confesa Gudesteiz le vende a este presbítero Homar las iglesias de San
Martín en las riberas del río Límia, en iuxta aquas calidas; también nos
sonaba un in Eclesiola, Omari (1025-1040, doc. 159), cuando se relacio-
nan hombres de la propiedad del fraile Vimara; 959 (doc. 356) Zalamma
presbiter, en sitios donde se saca hierro: undifer ferrum eicunt; 938 (doc.
428) Hodman testis; 983 (doc. 428) Zeit Abiumet (igual que Zeit diaconus
conf.); 1000-1026 (doc. 468) Zemal, homo de Celanova.
1029, Diciembre 1 (doc. 457). Carta de donación y dote del Conde
Rodrigo, hijo de Ordoño, para su esposa Toda. Destacan con las pertenen-
cias, las gentes, Mancipios et mancipellas quos fuerunt ex gentes mahelita-
rum et agarini, siendo éstos: Petro, Marino, Domengu, Halephe. Item post
Alveidar Maria, Gigenia, Marina, Semza, Zeida, Adosinda, Nomen Bono,
et de avolengarum criazone parentum Petro Petriz, Sunana, Salamiro,
78 J. C. ríos camacho
Salamom, Godina, Orabona, Cidi et quator suos filios... Son cautivos
conversos al cristianismo, vinculados a las pertenencias y tierras del conde
Rodrigo, aún en proceso de conversión y de culturización latina, ya entre-
mezclada con la propia de sello árabe.
En igual línea investigativa se ha de ver a estos mancipios o siervos
domésticos, en documentos como el destacable de la sierva Muzalha
(932, doc. 172; pero también Semza mancipia en 942-977 –doc. 229-
), donde nuestro obispo concede la libertad a una ya manumitida, le
entrega bienes (propiedades en Caldelas, Sallar, Bubal y Leza), es decir,
que hay ya una plena integración en el mundo de los hombres libres para
moriscos de origen musulmán, aunque éstos aún estén de alguna forma,
“dependientes” de la influencia del poderoso obispo y abad: puede no
ser casualidad que sea Rosendo y no otro, quien dé este paso importante
en la historia de la vinculación integral ya entre lo cristiano e islámico en
reinos católicos.
Algo semejante acontece en el documento sin data (muy posible-
mente del siglo X, doc. 361):
“Ego Goldregoto una cum filiis meis tibi mancipia mea Iulia in
Domino Deo eternam salutem. Dubium quidem non est sed multis
manet notum eo quod fuerunt genitores tui de tribus Ismaelitarum tribu
Salomonorum necnon etiam et ipsa supradicta domna nostar Gota pla-
cuit nobis (...) de virum meum Adanaricum cognomento Marvan ut in
die iudicii ante Dominio mercede vel indulgentiam accepiamus”.
Esta sirviente morisca, Iulia (nombre ya debidamente latinizado y
cristianizado), de ascendencia musulmana, accede a la libertad, siguiendo
unos cánones clásicos del derecho más puramente romano (ciudadanía
romana, abandonando el status de esclavitud, o así lo interpretamos,
siguiendo una inercia histórica que parte de tiempos bajoimperiales, ss. V
hasta VII) siendo sus antiguos señores doña Goldregoto y sus hijos, uno de
ellos llamado Marvan, tocado ya de arabismo.
6. Algunas consideraciones sobre San Miguel de Celanova
“Desde un punto de vista arqueológico hay que explicar varias
cosas: la presencia de Melque, la de Santa Comba de Bande, quizás
Celanova, la moneda de Kirman en Navalvillares (...), la existencia
de Vascos (Toledo), la cerámica pintada de Peñafiel, las murallas
de Guarda y Viseu, los conjuntos de Conimbriga ya “corregidos” por
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 79
Retuerce, las necrópolis con tumbas de orientación musulmana “pre-
andalusí” (nota propia.- es decir, cristianas con orientación islámica),
las cerámicas no vidriadas anteriores al 857, lugares como la torre
de Covarrubias, el asentamiento de Gormaz en la ribera derecha del
Duero, el conjunto de torres vigías que “pasan” el Duero y que enlazan
con la línea de Calatañazor-Soria-Garray-Cervera del Río Alhama, la
presencia de la de Andaluz, por no decir su topónimo, en fin: hilos suel-
tos que han quedado como retazos materiales de la historia”. J. Zozaya
(1998).
La cita de J. Zozaya Stabel-Hansen39 no podía dejarnos indiferentes,
por fuerza en un mínimo análisis de mozarabidad y contexto-cronología
rosendiana, y aunque se hayan escrito ríos de tinta sobre esta excepcional
joya del arte galaico-mozárabe, teníamos que acariciar el enigma que es
para nosotros el oratorio de San Miguel de Celanova, anexo al monasterio.
Tampoco vamos aquí a descodificar toda la interpretación para asombro
de todos, sólo queremos añadir a este sucinto trabajo una serie de cuestio-
nes y puntualizaciones sobre lo que es y puede ser la capilla-oratorio de
aspecto inequívocamente mezquital.
1. El contexto geográfico de Celanova y su entorno es conocido
por una cierta densidad habitacional ya histórica (vías de comunicación
aparte ya comentadas), que deja sus huellas desde el área de Chaves
(estatuas-menhir, estatuas fálicas, guerreros pétreos), Ourense (necró-
polis tardorrananas, vilas ya mencionadas en la antigüedad tardía: como
Xunqueira de Ambia, Canedo, Reza y Untes como portum, y con iglesias
prerrománicas como las de Sta. Mª Madre, Santa Eufémia do Centro,
Seixalbo40), la extensa área del dominio de los castros de considerables
proporciones de Castromao y San Cibrán de Las (entroncados a su vez
con la región galaico-bracarense castrexa y tardorromana), y finalmente
para cerrar el área comentada el templo de San Torcuato y Santa Comba
39 ZOZAYA, Juan. “771-856. Los primeros años del Islam Andalusí o una hipótesis
de trabajo”. Revista de Cuadernos Emeritenses. Nº15.1998. págs. 85-142. Este trabajo ya era
conocido por nosotros gracias al simposium “Santiago-Al-Ándalus” de 1997 en Compos-
tela, donde las conversaciones con el profesor Zozaya fueron de lo más aprovechables y
beneficiosas para nuestra investigación. El trabajo referido de M. Retuerce es La Cerámica
andalusí de la Meseta (1998).
40 La enumeración de las huellas de pre-urbanización del área de Ourense las cote-
jamos desde los trabajos de LÓPEZ QUIROGA, J. El final de la Antigüedad en la Gallaecia.
La transformación de las estructuras de pobalmiento entre Miño y Duero (siglos V al X),
2004.
80 J. C. ríos camacho
en Bande41, donde llegan a juntarse adoraciones paleocristianas y otras
de raíz céltica como el mismo culto al dios Bandua.
2. Siguiendo una corriente de investigación sobre el lugar que ocupa
la capilla en el conjunto monasterial, no es extraño que recientes trabajos
de cierta perspicacia (A. Pena Graña, 200442) incidan en sus interpreta-
ciones sobre el “outeiro” anexo a la capilla miguelina, todo una enigma
recientemente iniciado en resolverse, apuntado hacia una idea de “trono
de piedra” (“altar de piedra del Estado”) de iniciación de la soberanía y
poder del jefe-rey indígena galaico, una categoría del poder soberano (la
primera función dumeziliana), ahora divinizado de nuevo bajo la doctrina
cristiana, muy vinculada de momento a la intercesión de la Mater, dadora
de la legitimidad y de escenificación de un nuevo vínculo (¿matrimonio?)
entre el caudillo y su comunidad de gentes que le juraban fidelidad: ¿por
qué está contiguo este ahora recuperado “outeiro” (antes oculto entre
otras edificaciones artificiales que no permitían su visión directa...) a la
capilla mozárabe –en igual orientación Este, diríamos que alquiblada-,
a la cual hay que añadir a mayores una común separación del conjunto
global del monasterio?
3. Sobreentendidos los primeros puntos, cabría una nueva inter-
pretación sobre la inscripción de Froila43 en la fachada Sur y entrada en
la pequeña nave. Se incide en el carácter y utilidad oracional del edifi-
cio, diseñado especialmente para ese cometido: Dele pecata omnibus te
Christe hic orantibus (...) in Domino te coniurat, o bone dilecte qui legis /
ut me peccatore memoria habeas sacra ex oratione.
Conocidas las interpretaciones que los historiadores del arte dan a
esta singular capilla (M. Núñez, 198844), quizá sólo nos queda añadir que
41 Es de formal referencia el destacado trabajo de CASTRO PÉREZ, L. Sondeos en
la arqueología de la religión en Galicia y norte de Portugal: Trocado de Bande y el culto
jacobeo, 2001.
42 PENA GRAÑA, A. “Cerimonias celtas e entronación real na Galiza”, Anuario
Brigantino nº 27, 2004.
43 La inscripción del frontispicio es: Auctor huius operis tu Deus esse cre-
deris. / Dele pecata omnibus te Christe hic orantibus. / Instat presens memoria
indigno famulo Froila, / qui obtat et in Domino te coniurat, o bone dilecte qui
legis, / ut me peccatore memoria habeas sacra ex oratione.
44 NÚÑEZ RODRÍGUEZ, M. San Miguel de Celanova, 1988. Entre otras finalidades
destacamos las aportadas por este autor: 1. Oratorio cercano a la zona de huéspedes y de
múltiple funcionalidad. 2. Recordar al indigno famulo Froila puede tener una intención
fúnebre de encomendación a su alma, tal vez acabada la obra y ya fallecido su conde y
hermano Froila. 3. Seguir una tradición de pequeña ermita que tiene precedentes en la del
Salvador de Samos, en Sta. Mª de Salceda o la cella de Caaveiro, o en San Martiño Pinário.
4. No se excluye el posible sentido “memorial-cementerial” debido a la ubicación próxima
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 81
es esencial para nosotros la dedicatoria y destinatario a quien va dirigida
la obra de S. Miguel, el conde Froila Guitierrez, hermano de Rosendo
y magnate gallego afincado en la corte leonesa (Ramiro II, Ordoño III,
Sancho I), mencionado en el documento de donación fundacional (942,
doc. 2)45, entre otros escritos. No nos es ajena la vida y contactos político-
culturales del aristócrata en cuestión: León, desde ahí a todas las rutas e
itinerarios con Al-Ándalus (la misma Córdoba, Sevilla, Toledo), amén de
la propia familia tener vínculos y propiedades directas con las tierras de
Coimbra y su área (sólo por citar, su hermano Munio, asiste a reuniones
de primera instancia e Aliobrio, con Ordoño II, expediciones militares a
Coimbra no faltan de su padre Gutier con los posibles reyes Ramiro II
o Alfonso III), amén de las suyas propias que poseía, heredadas de su
padre y de su tío Arias Menendiz46: la huella andalusí tuvo que hacer
mella en el conde. Su mujer, Sarracina (onomástica arabizante por lo
tanto en el propio seno de la familia Gutiérrez) tampoco debió ser ajena
al proceso culturizante de más allá de los reinos cristianos.
El modelo oracional de las personas que se allegaban al conjunto
debió ser por lo menos heterogéneo: desde mozárabes (de diversa clase,
origen y facción) que allí familiarmente se retiraban a hacer sus preces,
los propios monjes y huéspedes (recordemos que posiblemente también
musulmanes comerciantes o los mismos constructores del oratorio47...) y
el enclave tanto exterior como el interior daba pie a unas ciertas prácticas
oracionales que tal vez dentro del edificio cenobital pudieran ser bien
vistas por el resto de la comunidad, suponemos más ortodoxa que los
conocimientos espirituales y universalistas que su experiencia y elenco
poseían el mismo San Rosendo y el conde Froila. Bien pudiéramos refe-
de una necrópis monacal del siglo X. A este último apunte se le podría añadir alguna de
la interpretaciones de A. Pena Graña (2004), al hablar del “outeiro” también anexo.
45 Recordemos en dicho documento: Froila Guttiherri ex toto corde obtans et fieri
(...) en la primera columna de firmante, con la que creemos su mujer y confirmante Sarra-
cina: Sarracina cfr.
46 En 942 (doc. 499), Tombo de Celanova: sic quomodo illum obtinuit pater tus sive
et Arias Menendiz medietate de Laure et Carioga, et in Buvale decanea de Tredones et alia
decanea ibi en Buvale et tercia parte de Capelimis, et alia in Salniense (...) in Paramo (...)
Leza et Sorga, así como sus gentes bajo su jurisdicción.
47 El trabajo comentado de M. Núñez (1988) nos sugiere una mano de construc-
tores mozárabes y/o musulmanes de clarísima influencia califal cordobesa, en particular
de la Mezquita de la capital califal de Al-Hakam II y su capilla de Sabat, en la derecha del
mihrab, en la nueva cabecera de la mezquita). En las páginas que seleccionamos tenemos
más detalles de la relación del arte islámico con el oratorio celanovense: 31-39, 42-47, 51-
60.
82 J. C. ríos camacho
rirnos a una tradición duviense de “iglesias-mezquita” en un concepto
edificial de praxis oratoria y menos homiliáticas.
4. Lo que en un momento de nuestros modestos aportes hemos
llamado la “koiné de los modillones de rollo”, se haya plasmada en el
pequeño oratorio del Arcángel San Miguel de una manera casi para-
digmática: lo vemos de hecho como un camino de investigación aún
no lo suficientemente ahondado. La sincrónica aparición de elementos
formales indígenas (rosáceas, svásticas, trísqueles de variado número de
brazos, elementos “solares”) de ascendencia claramente indoeuropea (la
propia cultura castrexo-céltica, romano-cristiana y la misma suevo-visi-
goda poseen esta iconografía, aunque no exentos de ella ejemplos de
Egipto o Mesopotamia...), con otros que nos remiten al aporte islámico-
andalusí, el de los modillones de tradición cordobesa, nos lleva a una
sugerente visión de las cosas, así como a la permeabilidad y adaptación
de lo propio con elementos nuevos, lo que a su vez nos remite a figura-
ciones universales de importante intención simbólico-espiritual; se le ha
definido como “tres espacios que impiden ver una visión simultánea del
conjunto”, “sentido simbólico del recinto”, “microcosmos-oratorio”, “dia-
phanitas-obscuritas”, de “efecto mágico resultante”48.
La serie de vinculaciones, creemos que desde la tradición celto-ger-
mánica y romanizante, pero pasando por el tamiz mozárabe e islámico de
los modillones de rollo y otras parejas afinidades estéticas (por ejemplo,
la geografía altomedieval del arco de herradura), se expresa en la amplia
Gallaecia en los templos y conjuntos de Santiago de Peñalba, Sta. Mª
de Vilanova, Sta. Mª de Mixós, S. Miguel de Escalada (afinidad devocio-
nal vinculada a un culto altomedieval característico de nuestra extensa
región), Sta. Eufémia de Ambia, S. Antolín de Toques, Sta. Mª de Sobrado
(sus modillones de rollo en granito y varios capiteles entregos lo vincu-
lan al mundo mozárabe desde sus tiempos fundacionales) S. Martiño de
Castañeda, S. Cebrián de Mazote, S. Torcuato y Sta. Comba de Bande, S.
Martiño de Pazó e incluso S. Baudelio de Berlanga y Sta. Mª de Lebeña,
como ejes de un estilo que forzadamente se le ha venido en llamar “pre-
rrománico” pero que algunos pensamos significa bastante más, no des-
echando sus notorias complejidades.
48 M. Nuñez, op. cit. nos recuerda muy acertadamente: “...que esta arquitectura
non só parte do corpo humano como dato principal á hora de concebi-las dimensións
do recinto, senón que busca crear un estado de ánimo que reconcilie o home coa Divi-
nidade” (el subrayado es nuestro), pág. 38. Se impone un ideal de oracionalidad en el
conjunto.
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 83
7. Primeras conclusiones
Sin duda no quieren ni deberían ser las últimas. Mozarabidad en la
amplia Magna Gallaecia (toda su extensión por el Este hasta Cantabria y
su hinterland, y por el Sur hasta el Mondego conimbricense) no es sólo
atribuible a los signos de arabización o islamización cultural (difícilmente
religioso o doctrinal, aunque nunca podemos rechazar del todo esa posi-
bilidad) de sus gentes y objetos, es también y sin vacilar, la transmisión
del cristianismo más genuino posible de la Iglesia hispánica desde su
antigua tradición eremítico-priscilianista (sin olvidarnos del arrianismo
remitente, de su eclecticismo con lo trinitario en el paradigma político-
religioso de Leovigildo), hasta el acabado proyecto catolicista que San
Isidoro programa desde la dialéctica conciliar y el Aula Regia visigoda.
La Gallaecia tardoantigua y altomedieval es fundamental en este proceso
peninsular de experiencias ascéticas y doctrinales del momento. Para la
monarquía goda, el Regnum suevorum es a la vez, ensayo de sus ideas
amplificadoras, y campo de experiencias (los cambios político-religiosos
del catolicismo al arrianismo y viceversa, ¿qué son sino?) que ya habían
ido sembrando en parte San Martín de Dúmio, continuadas con un fiel
hilo conductor por Fructuoso y Valério del Bierzo, aunque finalmente
conformadas por Rosendo en el casi terminal siglo X, poco antes del
aldabonazo benedictino y cluniacense. Las fundaciones de iglesias, capi-
llas, ermitas, sedes episcopales y monasterios, vilas y aldeas santificadas,
no sólo han de ser vistas en sí mismas y dentro de un espacio singular y
concreto, también han de ser observadas por un riguroso detenimiento y
observación de su hagiotoponimia, para poder así seguir el rastro de una
creemos original cristianización de este norte peninsular: sólo estamos
empezando.
Lo que viene después del mítico siglo VIII, afecta directamente a toda
la Hispanidad, pero de manera singular en el extenso ángulo noroeste
peninsular. Aquí la arabidad y la islamización es matizable, intermitente,
quizá no en dosis de “grandes oleadas” de emigradas gentes cristianas
procedentes del sur, sino más bien en constantes flujos sin masificacio-
nes, que van penetrando y trayendo la continuidad de la antigua cristian-
dad legada, aunque ahora revestida de trazos orientalizantes (por otra
parte, nunca desconocidos del todo) y series léxicas, onomástica, lengua
empleada y nombres de lugar en un idioma nuevo y prestigioso como
era el árabe, tanto dentro como fuera de los reinos cristianos.
No pretendemos decir nada novedoso de la excepcional vida y obras
de Rosendo, sí afirmar que en esta tradición antigua mozarabizada e isi-
84 J. C. ríos camacho
doriana, en la a fortiori ampliada horquilla cronológica del santo celano-
vés, existen siervos musulmanes (finalmente una suerte de mudéjares),
otros moriscos de igual origen, graduales conversiones desde el tranquilo
paso de las generaciones, con sus nombres, lugares y lengua árabes: el
mundo de la ciudad de León cortesano y comercial (no sólo al alcance de
la aristocracia y de la familia Gutiérrez...), sin duda debió impactar en la
Galiza nuclear desde el este de la capital real de la Gallaecia y con espe-
cial intensidad en el área Celanova – Ourense, ya que es en esta geografía
donde hemos detectado una mayor incidencia de rasgos de mozarabidad
(otros trabajos nos llevarían a Samos, Castañeda y Sobrado...) y huellas
arabizantes en las casi mudas fuentes documentales y monásticas. Desde
el Sur profundo de Loriño, desde el más próximo bracorense de Dúmio,
el latido mozárabe no dejó de fluir.
Los monasterios (San Salvador de Celanova no es una excepción) no
son sólo centros de vida espiritual, son también focos de culturización, de
convivencia “ciudadana” aunque ruralizante, arrastrados a un pensamiento
milenarista que no sabemos muy bien por qué, nuestro abad y obispo
debió tamizar (no obstante, sólo eso...) de una u otra manera, como si a
lo largo del centro, norte y sur galaico hubiese un “proyecto rosendiano”
(¿de una cierta dinámica más universalista que su predecesores?) de no
sabemos exactamente qué alcance y repercusión, aunque sólo lo podemos
intuir.
Conjugando tradición germano-galaica con adopción de elemen-
tos andalusíes, como técnicas agrícolas, edificios tan singulares como
el oratorio a Froila, la evidencia de la continuidad de las prácticas de la
liturgia de rito hispano-mozárabe (lo vemos en los objetos litúrgicos, en
los títulos y autores de los libros, su biblioteca desde las donaciones de
propios y ajenos), en los baños para abluciones tanto rituales como higié-
nico-profilácticas puestas en marcha para disfrute de toda la comunidad
(et de semine illius facere balneos in quibus fratres Cellae novae corpora
abluissent), la evidencia es notoria. No puede faltar en este contexto de
flujos hispanomusulmanes hacia en norte, los constructores musulmanes
y cristianos arabizados: los modillones de lóbulos en granito (una buena
diferencia con respecto al material utilizado en las mezquitas meridiona-
les), alfices que enmarcan arcos de herradura, arcos polilobulados, bóve-
das nervadas, compartimentación espacial de la arquitectura, su mensaje
espiritual y carácter didáctico del mismo, se extraen (se transmiten tam-
bién) de los alarifes procedentes no sólo de Córdoba o Toledo, sino de
las tierras fronterizas de entre Duero y Tajo, con sus propias organizacio-
nes gremiales, tallleres (que los hay, gracias a felices estudios arqueológi-
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 85
cos) maestros y estilos más o menos estandarizados (¿una inicial explica-
ción para la “koiné de los modillones de rollos” de la Gallaecia desde su
Oeste hacia el Este?), capaces incluso de conjugar elementos y materiales
autóctonos de los sitios donde transformaban y construían. ¿Podemos
concluir que desde lo autóctono, pasando por la reorientación islámica,
se reforzó-conformó un estilo que ya nacía en el seno de una singular
cristiandad del noroeste? Sólo así entendemos nosotros el trasvase de
ideas desde las mezquitas y aljamas cordobesas a obras como S. Miguel
de Escalada, S. Cebrián de Mazote, San Millán de la Cogolla, Santa Mª
de Lebeña o San Miguel de Celanova, nuestro paradigma siempre reve-
lador y que convenimos en llamar mentalidad mozárabe o cristiandad
arabizada, entroncada sin duda con la tradición antigua hispanorromana
y visigoda, su original continuadora, asimilando incluso las lógicas inter-
ferencias carolingias que procedían del “otro mundo” centroeuropeo, al
que por cierto San Rosendo no era del todo ajeno.
Prof. José-Carlos Ríos Camacho
Investigador
Laxe. A Coruña
86 J. C. ríos camacho
1. Localización de restos y arquitectura estable prerrománica Galiza nuclear
altomedieval (Núñez Rodríguez, 1978). Reparar Celanova-Ourense como privilegiada
en referencias mozárabes
la singularidad de san rosendo en el contexto del monasterio… 87
Puertos y vías de comunicación de la Gallaecia-Galiza nuclear Priegue, R. Villares,
A. López Mira, 1998). En el área de Celano obsérvense los pasos fluviales del Miño
San Rosendo y la cultura en el siglo X
Con ocasión de la celebración del XIº Centenario del nacimiento de
San Rosendo se me planteó la posibilidad de abordar en una conferencia
la figura de este importante personaje en relación con la cultura en el siglo
X; es decir con el ambiente cultural en que le tocó vivir y del que fue en
buena medida protagonista, hasta convertirse en una referencia obligada
para entender la situación y los planteamientos de toda una sociedad.
Por tanto, no es el propósito de estas líneas dejar simplemente cons-
tancia de algunos datos biográficos de San Rosendo o recordar algunos
de sus hechos “gloriosos”. Ni siquiera de dar cuenta de algunas de las
ilustrativas y jugosas leyendas relacionadas con su vida en relatos más o
menos tardíos, como el publicado recientemente por el profesor Díaz y
Díaz y escrito en el siglo XII por Ordoño de Celanova.
Se trata, sobre todo, como decía al principio, de encuadrar al per-
sonaje en su tiempo, de conocer mejor el mundo en el que desarrolló su
incesante actividad durante setenta años, de profundizar en algunos de los
planteamientos que motivaron esa actuación y de salir al paso del desco-
nocimiento o los prejuicios con que se plantean muchos de los estudios
relacionados con el medievo.
San Rosendo nació en el año 907, es posible, según algunas tradicio-
nes, que a finales de noviembre, concretamente el día 26, y en san Tirso,
cerca de Porto, o sea al sur de la antigua y gran Gallaecia romana, la que
llegaba hasta el Duero, delimitando con Lusitania. El territorio que había
sido cristianizado desde época apostólica y que desde época germánica
contaba con un importante número de sedes episcopales.
Manuel C. Díaz Y Díaz, María Virtudes Pardo Gómez, Daría Vilariño Pintos,
Ordoño de Celanova. Vida y milagros de San Rosendo, A Coruña 1990
90 m. recuero astray
Ante el hecho de que san Rosendo naciera en Galicia y a principios
del siglo X, los dos primeros factores determinantes de su figura histórica,
más de uno opinaría que le tocó hacerlo en el último rincón de occidente
en una época particularmente “oscura”. No en vano el siglo X es cono-
cido como la “edad de hierro”, dentro de la historia de Europa; y no sin
razón en algunos aspectos. Sólo hay que pensar en las dificultades del
pontificado, las invasiones, el desorden feudal, el desgobierno, etc.
Para algunos el siglo X resulta especialmente regresivo, incluso den-
tro de los “tenebrosos” siglos medievales. Ni los de antes del V al IX ni
los de después, los que siguieron a las incertidumbres del año 1000, lle-
garon a ser tan difíciles y negativos.
Así opinaba, por ejemplo, el gran medievalista y maestro de medie-
valistas don Claudio Sánchez Albornoz, refiriéndose además de forma
concreta a la monarquía asturleonesa, por lo tanto también a Galicia: “El
siglo X fue en el reino asturleonés de una rudeza incompatible con el flo-
recer de la vida del espíritu. Del siglo IX asturiano –a cuyo estudio dedicó
muchos de sus esfuerzos don Claudio– se nos han conservado dos cróni-
cas y algunas inscripciones poéticas. Del siguiente, sólo la continuación de
uno de aquellos cronicones, poco posterior al año 920 y realizada por un
hombre de la generación anterior y después nada; ni inscripciones poéti-
cas, ni epitafios, ni consagraciones de valor literario. Incluso decae, hasta
el extremo límite de la degradación, la prosa bárbara de los diplomas. La
sociedad astur-leonesa vuelve a la infancia, por lo que hace a la actividad
espiritual…”.
La afirmación es tremenda, sobre todo porque aparece en una de las
principales obras de referencia de la historiografía española, la Historia
de España que fundara en su momento el egregio don Ramón Menéndez
Pidal. Don Claudio que, como es sabido, defendía sus posiciones con
vehemencia, estaba tan convencido de esto, de la decadencia profunda del
siglo X, que refiriéndose a san Rosendo, de quien no dudaba en reconocer
su prestigio y su santidad, le negaba sin embargo la inspiración poética
de los mejores tiempos, considerándolo sumido en la barbarie general de
aquel siglo.
La ocasión para negar esas cualidades literarias a nuestro protago-
nista fue curiosamente una inscripción, una de esas “inscripciones” cuya
existencia el propio Sánchez Albornoz negaba en sus generalizaciones
Cl. Sánchez Albornoz La España cristiana de los siglos VIII al XI. El reino astur-
leonés (722-1037). Sociedad, economía, gobierno, cultura y vida, “Historia de España
fundada por Ramón Menéndez Pidal” VII (*), Madrid 1986, p. 643.
en sus generalizaciones sobre la oscuridad absoluta que caracterizó al siglo X. Se como fuere, la
inscripción se conserva, como el mismo dice, “en la pequeña pero bella iglesia de san M iguel de
Celanova” aunque al componerla, siempre según don Claudio, “San Rosendo no tenía
san rosendo y la cultura en el siglo x 91 las musas
de su parte”3.
sobre la oscuridad absoluta que caracterizó al siglo X. Sea como fuese, la
Lainscripción se conserva,
inscripción viene como el mismo dice, “en la pequeña pero bella
a decir así:
iglesia de san Miguel de Celanova” aunque al componerla, siempre según
don Claudio, “San Rosendo no tenía las musas de su parte”.
La inscripción viene a decir así:
“Tú oh Dios, creído autor de esta obra. Tú o Cristo, borra los peca-
dos a todos los que aquí oren. La presente memoria recomienda a Froila,
tu indigno siervo, quien desea y te conjura, oh bien amado, que esto lees,
para que hagas memoria de mí, pecador, en oración sagrada”.
“Tú oh Dios, creído autor de esta obra. Tú o Cristo, borra los pecados a todos los que
No es necesario hablar de Celanova, de su bella capilla de San
aquí oren. Miguel,
La presente
un memoria recomienda
maravilloso a Froila,
testimonio tu indigno
en piedra de siervo, quien desea
la exquisitez y te conjura,
cultural
de quienes la construyeron, aunque por desgracia el único que se nos
oh bien amado, que esto
conserva del lees,
tiempoparadel
que hagasTampoco
santo. memoria de
es mí,
mi pecador,
intenciónenen
oración
estas sagrada”.
líneas
Nocomentar desde
es necesario el punto
hablar de vista de
de Celanova, literario la inscripción
su bella dedicada
capilla de San porun
M iguel, san
maravilloso
Rosendo a su hermano y benefactor Froila, cuya calidad poética posible-
testimoniomente no de
en piedra es lacomparable a otrasde
exquisitez cultural anteriores
quienes laoconstruyeron,
posteriores. Pero si quiero
aunque por desgracia el
dejar constancia de un hecho: no se puede entrar con prejuicios en nin-
único queguna
se nos conserva
época del ytiempo
histórica menos,del santo.más
cuanto Tampoco
lejana yesdesconocida
mi intención en estas líneas
resultan
para el gran público.
comentar desde el punto de vista literario la inscripción dedicada por san Rosendo a su hermano
Como se puede ver, a pesar de la autoridad de la fuente y como toda
generalización,
y benefactor Froila, cuya me atrevo
calidad a decir
poética –con todo elno
posiblemente respeto y la admiración
es comparable a otrasque
anteriores o
siento por don Claudio-, que esta especie de regresión espiritual y cultural
posteriores. Pero si atribuida
absoluta, quiero dejar constancia
al siglo X, node
es un
delhecho: no se Precisamente
todo cierta. puede entrar con prejuicios en
la exis-
tencia y la labor realizada entonces por figuras como la de san Rosendo de
ninguna época histórica y menos, cuanto más lejana y desconocida resultan para el gran público.
Mondoñedo, san Froilán de Lugo, san Genadio de Astorga o san Atilano de
Zamora
Como parecen
se puede ver,ratificar
a pesar que
de lalaautoridad
decadencia nofuente
de la fue tany grande comogeneralización,
como toda podría me
parecer.
atrevo a decir –con
Comotodo el respeto
pone y la admiración
de manifiesto que siento
don Segundo por en
Pérez donun
Claudio-,
recienteque esta especie
estu-
dio,
de regresión todos y
espiritual estos personajes
cultural absoluta,llaman la al
atribuida atención
siglo X, por
no essudelgran
todotrabajo de
cierta. Precisamente
organización y evangelización que se dio por entonces en el noroeste
peninsular.
3
Ibid. p.360.
Ibid. p.360. 3
Segundo L. Pérez López, San Rosendo e Mondoñedo (907-2007)Razóns dun Cente-
nario (907-2007), pág. 94
92 m. recuero astray
Algo parecido, aunque desde otro punto de vista, intentó poner de
manifiesto en su momento Cesario Gil Atrio en su libro Santos Gallegos,
que incluía en su elenco de personajes egregios del siglo X, además
de alguno de los ya mencionados, al mártir Pelayo y a san Pedro de
Mezonzo.
¿Por qué vale la pena recordar a este tipo de personajes? ¿Qué hicie-
ron?, la verdad es que no siempre es fácil de entender, y ni siquiera los
grandes maestros, como hemos visto, están libres de prejuicios y desenfo-
ques al respecto.
El asunto se agrava, el de conocer y entender una época tan lejana y
tan distinta a la nuestra, como fue el siglo X, cuando los prejuicios no vie-
nen sólo del desconocimiento o del desenfoque en un planteamiento his-
toriográfico, como el de don Claudio (a veces denostamos de determina-
das épocas, para ensalzar otras que son nuestras predilectas). Son mucho
peores las animadversiones ideológicas, que condenan épocas enteras
porque no son acordes con determinadas doctrinas, a veces mucho más
dogmáticas que las que condenan,
En este sentido, las opiniones y los prejuicios de don Claudio no son
nada, y además en su caso están en parte motivados, si los comparamos
con la descalificación total y genérica que de la Edad Media, y en particular
del siglo X, que caracterizan a las corrientes de pensamiento predomi-
nantes en nuestra cultura desde la ilustración. Según ellas la Edad Media
no es más que una época de barbarie, agravada por el predominio de la
religión.
En este caso es necesario negar la mayor: ni fue una época de barba-
rie absoluta y, además, fue precisamente la religión la que evitó que lle-
gara a serlo. Es más me atrevería a decir que la verdadera cultura, aunque
subyacente, se mantuvo fuerte y vigorosa, incluso más fuerte y vigorosa
que en épocas más recientes, por no decir la actual.
Me atrevo a decir que ni el siglo X ni ninguno de los siglos medievales
carecieron de planteamientos y referencias culturales y de egregios repre-
sentantes que les dieron vida. Nadie en su sano juicio puede opinar hoy
que en la época medieval todo fueron oscuridades y tinieblas, como pre-
tendía Voltaire. Y si en algún momento lo fueron, la fuerza con que resur-
gió la luz de nuestra cultura occidental, demuestra que nunca se había
apagado en su totalidad.
Orense, 1968
san rosendo y la cultura en el siglo x 93
Se hace necesario recordar una vez más que del mundo medieval nos
han llegado nuestras universidades, que no es poco, junto a otras muchas
instituciones y realidades, que abarcan desde vigorosas corrientes de pen-
samiento hasta las más estrictas técnicas financieras. Para muchos pueblos,
sobre todo los europeos, la época medieval supuso, como mantenía R.
Pernoud, la adquisición de una impronta decisiva para su porvenir y para
su historia. Estas y otras razones fueron las que movieron a Juan Pablo II a
pedirnos más de una vez, de palabra y por escrito, que no olvidáramos las
raíces cristianas de Europa.
Corrientes de pensamiento como el positivismo y el materialismo no
pueden entender que los valores culturales son un sustrato que no siem-
pre está relacionado con el orden, el progreso o el bienestar de los tiem-
pos modernos.
Con esos planteamientos no podríamos entender nada de lo que se
refiere al siglo X, tan distinto y tan lejano. Dejándolos pues de lado, inten-
temos acercarnos un poco a los planteamientos e intereses que tuvieron
los coetáneos de san Rosendo, los que le animaron a él a desarrollar la
incesante actividad que le hace digno de ser recordado después de once
siglos. Los que en definitiva predominaban entonces en Galicia, de forma
similar a lo que ocurría en otros muchos territorios europeos.
En este sentido podríamos llevarnos incluso alguna sorpresa agra-
dable, al descubrir, en medio de las “oscuridades” de la décima centuria,
rasgos bastante positivos de lo que fue la labor cultural de algunos de sus
protagonistas.
Para situarnos verdaderamente en el contexto cultural que nos
ocupa, es necesario recordar que la Galicia de san Rosendo pertenecía al
pequeño reino astur-leonés. Un reino que apenas tenía 150 años de his-
toria, como superviviente de la invasión musulmana de la Península Ibé-
rica, pero en el que sus reyes, con ayuda de sus consejeros, muchos de
ellos obispos, acababan de redescubrir e, incluso, reivindicar para sí los
ideales y planteamientos que habían llegado desarrollarse en la extinta
monarquía visigótica de Toledo. Ideales encarnados, desde el punto de
vista de la tradición cultural, en la figura y en la obra de San Isidoro de
Sevilla. Así se pone de manifiesto en las crónicas o historias que se escri-
bieron pocos años antes de que naciera San Rosendo, hacia el año 887: la
¿Qué es la Edad Media?, Madrid 1979
94 m. recuero astray
Crónica de Alfonso III y la Albeldense con su epílogo profético, que ponía
incluso fecha para la expulsión de los musulmanes del resto de España.
Los historiadores llamamos a esta tradición que era en parte política
e institucional, pero que también tenía un importante contenido cultural,
tradición neogótica o neogoticismo tardío, según se quiera reafirmar o no
la mayor o menor discontinuidad con respecto a sus orígenes.
Este neogoticismo reinante en los albores del siglo X, afianzado por
la influencia mozárabe de quienes se integraban en la monarquía asturleo-
nesa huyendo de la dominación islámica en la mayor parte de la Penín-
sula, tuvo una gran influencia en la reorganización eclesiástica y política
del Reino de León.
Desde el punto de vista puramente cultural, también fue responsable
de que los valores y planteamientos isidorianos volvieran a encarnarse en
algunos personajes eclesiásticos de particular relevancia. Aunque fuera en
circunstancias muy distintas y con un alcance más o menos limitado.
La gran tarea de San Isidoro, como la de cualquier maestro –vamos a
llamarlos así– de los albores de la Edad Media, entre ellos podemos con-
siderar a San Rosendo, fue crear una nueva religiosidad, hacer del cristia-
nismo una cultura, es decir, una forma de vida y guía para el ensamblaje
de las nuevas sociedades que estaban surgiendo. Por otra parte, era tan
fuerte la tradición cultural isidoriana en el Norte de la Península Ibérica a
principios del siglo X, cuando llegó a encarnarse en personalidades como
la de san Rosendo, que ni siquiera las adversas circunstancias externas y la
situación de inferioridad de los territorios cristianos frente al Islam, pudie-
ron neutralizarla.
No podemos olvidar que durante la época de san Rosendo, la Penín-
sula Ibérica era escenario de una hegemonía islámica casi absoluta, agra-
vada por ataques normandos, que hacían la vida particularmente difícil a
los cristianos del Norte, y dejaban poco margen para desarrollo de idea-
les culturales y religiosos.
En el año 929, cuando san Rosendo tenía 22 años, se proclamó en
Córdoba el Califato, y el mismo fue testigo de las devastadoras campañas
que el poderoso estado musulmán desató contra los pequeños reinos
cristianos para someterlos e, incluso, para aniquilarlos si hubiese sido
posible. Más de una vez el propio san Rosendo se vio obligado a defen-
J. Gil Fernández, J.L. Moraleja, J.I. Ruiz de la Peña Crónicas asturianas, Oviedo
1985
L. Suárez Raíces cristianas de Europa, Madrid 1986
san rosendo y la cultura en el siglo x 95
der, por mandato real, algunas mandaciones o distritos administrativos de
los que era titular.
La suya fue una sociedad de “resistencia”, pero eso mismo realza
todavía más su importancia, como “lider” en una comunidad sometida a
una presión y virulencia a veces casi irresistible.
Frente a otro tipo de liderazgos, el militar o puramente político
con sus irregularidades y ejercido fundamentalmente por los reyes, san
Rosendo representa ese mantenimiento de los valores más antiguos a que
me refería antes y el trabajo de reorganización en la retaguardia.
Fue la suya y la de algunos contemporáneos una labor tremenda,
fundamentalmente relacionada, como no podía ser de otra forma en aque-
llos momentos, con la cristianización de la sociedad y la reorganización
eclesiástica y religiosa: fundar iglesias y monasterios como centros de espi-
ritualidad, pero también como fórmula de desarrollo social, económico e,
incluso, cultural. Y en este sentido la labor de san Rosendo fue impresio-
nante.
¿Cómo pudo hacerlo? ¿En que consistió realmente esa labor?, dos pre-
guntas a las que resulta necesario dar respuesta si queremos conocer a san
Rosendo en su verdadero contexto.
La primera pregunta nos lleva a tratar de una cuestión sumamente
interesante dentro del tema que nos ocupa: la actividad desarrollada por
san Rosendo a lo largo de toda su vida, no se pudo llevar a cabo sin una
importante y sólida formación cultural. La misma o similar formación que
hubieron de recibir todos los que el profesor Suárez llama “fundadores de
Europa”: Isidoro, Benito, Gregorio, Bonifacio y tantos otros.
Es curioso que nadie o casi nadie se haya preguntado algo tan sim-
ple, y tiene fácil respuesta: pese a que se ignora e incluso se niega, la
Alta Edad Media fue heredera del sistema educativo desarrollado durante
la cristianización del Imperio Romano y, tras su destrucción, para sustituir
al antiguo sistema educativo pagano. Así lo demuestra Riché, por cierto
sin complejos, en su magnífico libro sobre La Educación en la Cristian-
dad Antigua. No cabe la menor duda que San Rosendo fue uno de los
beneficiarios de este sistema educativo al que se refiere Riché, y de cuya
calidad y de cuyos frutos fue además un buen ejemplo.
Criado bajo la dirección de su tío Sabarico, obispo de Mondoñedo,
“entregado al estudio de las letras”, rodeado de un ambiente de piedad
Pierre Riché La Educación en la Cristiandad Antigua, Barcelona 1983
96 m. recuero astray
de la que su madre la condesa Ilduara Eriz, desde su posición de gran
señora, fue ejemplo y referencia, san Rosendo tuvo la capacidad y la
oportunidad de recibir una formación particularmente intensa.
La capacidad porque, entre otras cosas, san Rosendo fue un hombre
rico y poderoso, y no hay ningún problema en dejarlo patente desde el
primer momento, el problema está, y volvemos a los prejuicios del princi-
pio, en ver en eso la clave de toda su vida, la de su familia y la de todos los
poderosos de su tiempo.
Desde luego esto no es cierto, o por lo menos no es del todo cierto,
san Rosendo fue ante todo un hombre culto. Y eso resulta más importante
que el hecho de que dedicara parte de su tiempo y de su vida a organizar y
administrar materialmente sus obras y fundaciones.
Resulta indudable que su posición social y económica le facilitó el
acceso a la cultura, en un tiempo en que podía resultar especialmente
difícil para el común de los mortales; pero una vez más es necesario des-
tacar su correspondencia a esa oportunidad.
Aunque pueda resultar algo pueril e incluso incierto la visión de un
san Rosendo que, según sus hagiógrafos, “no ocupó sus primeras palabras
con trivialidades y juegos como suelen hacer los niños”10 -san Rosendo
sería un niño como otro cualquiera-, si resulta indudable que se trató de
una persona particularmente comprometida, como diríamos ahora, desde
muy pronto, puesto que sabemos que llegó a recibir órdenes sagradas
apenas rebasada la adolescencia.
Cuando la tradición nos dice que san Rosendo estuvo entregado al
“estudio de las letras” ya desde niño, no inventa nada, se refiere a la forma-
ción que recibió dentro de la tradición de la cultura monástica, casi la única
superviviente en aquellos tiempos, pero de fuerte raigambre en Galicia,
gracias a figuras como la de san Martín de Mondoñedo o san Fructuoso.
Según esa cultura la Biblia era el libro por excelencia. Pues no en
vano, según la mentalidad monástica, la Biblia contenía todo cuanto
alguien con inquietudes intelectuales pudiera desear: “el amante de la
poesía leería el libro de los salmos; el interesado por la ciencia cosmo-
lógica encontraría satisfacción en el Génesis. El historiador tendría a su
disposición las Crónicas del Antiguo Testamento, y antes que estudiar la
filosofía antigua, fuente evidente de herejía, más valía profundizar en el
sentido del evangelio y de las epístolas”11.
10 Ordoño de Celanova, p. 127
11 P. Riché, obr.cit, p 32
san rosendo y la cultura en el siglo x 97
En lugar de fábulas u otras historias, san Rosendo ejercitaría su memo-
ria con el libro de los Proverbios, los Salmos o el libro de Salomón, debió
tener acceso a algunos de los libros de los profetas y, por supuesto, a los
evangelios.
La instrucción infantil era entonces algo muy importante para los
monjes, aunque pudieran educar a pocos, por lo que sabemos le dieron
gran importancia, de hecho fueron ellos los que descubrieron al niño y
sus bondades. Según Riché “los monjes que se encarnaban de educar a
los niños y a los adolescentes demostraron ser, desde el principio, exce-
lentes psicólogos, y poco a poco transformaron los métodos pedagógicos
de la antigüedad o de los primeros siglos cristianos, que consideraban al
niño como un ser malévolo”12.
El papa León Magno recomendaba a todos ser niños en la malicia, no
en la inteligencia. En este espíritu tan benedictino hubo de ser educado
san Rosendo. Sólo así se explica su precocidad para recibir las órdenes
sagradas y para desarrollar, desde su más temprana juventud una enorme
labor como obispo y hombre de Dios.
Sin duda sus educadores descubrieron enseguida sus enormes cua-
lidades, morales e intelectuales y procuraron guiarle de la mejor manera
que pudieron y supieron, previendo para él un tratamiento particular, que
ya habría tenido por ser noble, pero que en su caso dio unos resultados
sorprendentes, hasta el punto de que Sabarico pudo llegar a decir lo que
san Benito decía de algunos novicios jóvenes: “a menudo Dios revela a
uno joven lo mejor que se puede hacer”. También san Beda llegó a afir-
mar: “conocemos muchos niños sabios”.
No se trató de una revelación mística o inspirada, se trataba del resul-
tado de un plan de instrucción al que san Rosendo, dentro de la disciplina
monástica fue sometido. Seguro que aprendió a leer con el salterio: un
maestro le obligaría a recopilar los versículos sobre unas tablillas y el joven
monje las aprendía de memoria. Así, además de aprender a leer y a escribir,
la mente de san Rosendo se fue impregnando del sentido de lo sagrado.
El ejercicio de aprendizaje era duro, pues para aprender los sal-
mos por orden, del 1 al 150, se precisaban dos o tres años, aunque a san
Rosendo, mente bien dotada, le bastaría con seis meses.
A partir de esta primera instrucción, los mejores monjes no abandona-
ban nunca las lecturas, interiorizada, para adentro, no declamando como
12 Obr.cit. p. 38
98 m. recuero astray
en la antigüedad. La tradición isidoriana, a que tanto nos referimos aquí,
como sustrato cultural, mantenía que la lectio tacita favorecía la compren-
sión del texto.
Esta cultura monástica de la lectura en silencio acabó por salir de los
muros de los claustros e influir en la cultura de los letrados.
Comentando todos estos aspectos educativos y culturales, de los
que sin duda se benefició san Rosendo, Riché concluye: “debemos, pues,
reconocer que los monjes hicieron mucho por la evolución de la peda-
gogía”13. En una labor silenciosa y no siempre sencilla, sobre todo en
tiempos especialmente duros para la cultura, pero que tuvieron frutos
inmediatos que contribuyeron a preservarla.
Ésta fue la formación que recibió san Rosendo que, en medio de un
ambiente ascético de ayunos y trabajos manuales, pudo incluso llegar a
incluir cierta iniciación en las artes liberales.
Pero el ámbito monacal no fue sin embargo el único que influyó en
la mentalidad y en la formación de la personalidad de san Rosendo. En su
caso, el peso del ambiente familiar fue muy importante, desde todos los
puntos de vista.
Una familia, y me refiero sobre todo a los padres y hermanos, de par-
ticular categoría, que alejaron a san Rosendo de lo que podía ser habitual
entre otros poderosos de su tiempo, clérigos que vivían como grandes
señores y se comportaban más como potentes que como hombres de igle-
sia14. Antes al contrario, san Rosendo y los suyos pusieron todos sus recur-
sos al servicio de la reorganización eclesiástica, que habría de llevar paz y
cultura a muchas almas.
No cabe duda de que esos recursos fueron muchos, el mismo san
Rosendo heredó una fortuna importante de sus padres, que a su vez la
habían heredado de sus progenitores, entre ellos nada menos que Herme-
negildo Gutiérrez el repoblador de Coimbra.
Por entonces los repobladores del país –como nos dice don Claudio
Sánchez Albornoz– amasaron grandes fortunas: “infantes, condes, obispos,
naturalmente lograron apropiarse de más o menos extensas porciones de
tierra con ocasión de las presuras y repartos. El colmellus divisiones de san
13 Obr.cit. p. 47
14 Vid. Vauchez, La espiritualidad en el occidente medieval, Madrid 1985, p.32
san rosendo y la cultura en el siglo x 99
Rosendo, nieto de Hermenegildo Gutiérrez, repoblador de Coimbra, per-
mite juzgar de la importancia de tales apropiaciones”15.
En las mismas páginas, el mismo autor mantiene que sólo el gran
número de prisioneros que el conde Hermenegildo debió de hacer al con-
quistar Coimbra, explica que cada uno de sus muchos hijos, entre ellos el
padre de san Rosendo, poseyera más de quinientos siervos.
Además los padres de san Rosendo acrecentaron esta gran fortuna
con las donaciones de los reyes leoneses, como las de Ordoño II o la de
Sancho Ordoñez, con los que además estaban emparentados.
Una vez más nos encontramos con la riqueza de san Rosendo, que
incluía la posesión y el dominio sobre bienes importantes; también sier-
vos, a los que sin duda llegó el beneficio liberador de su actividad bienhe-
chora.
Pero una vez más, hemos de centrar nuestra atención en el carácter
puramente instrumental que para él tuvieron, como hombre de iglesia, y
por tanto apegado a determinados valores culturales, esos bienes, riquezas
y dominios sobre los hombres.
Así lo demuestran las muchas e interesantes noticias que de su ince-
sante actividad nos han llegado a través de los documentos de Celanova.
Muchas de las cosas que sabemos de san Rosendo, nos han llegado
precisamente a través de los documentos de su tiempo. Estos docu-
mentos, que encontramos en los archivos, originales o en Tumbo, o sea
copiados en un libro, eran escritos de carácter jurídico realizados con
arreglo a determinadas formulas para darle fuerza probatoria.
Son sin duda uno de los grandes instrumentos de la civilización
medieval, prueba entre otras cosas del fuerte arraigo de la cultura escrita
y testimonio verídico de muchas de sus preocupaciones y planteamien-
tos. El hecho de que tengamos tantas noticias documentales de la vida de
san Rosendo, nos indica que su labor y su obra tuvieron un sustento cul-
tural mayor incluso que el de otros muchos momentos. Sólo comparable
a lo que ocurre con las grandes instituciones de su tiempo.
El profesor Saéz, uno de los recientes editores de esta documenta-
ción, se refería al Tumbo de Celanova como “uno de los más volumino-
sos y ricos de los conservados en nuestros archivos que por su magnitud,
15 Obr. cit. p. 298
100 m. recuero astray
y por la calidad y antigüedad de sus documentos puede compararse úni-
camente a los de León, Sahagún y Sobrado”16.
De toda la información documental referente a Celanova y san
Rosendo, que incluye, como es lógico, muchas noticias de carácter econó-
mico (compras, ventas, donaciones, repartos de herencias, trueques), los
historiadores, los medievalistas, los sabios y eruditos han ido entresacando
datos más o menos ilustrativos según su buen saber y entender, para lle-
gar a la conclusión de que la de san Rosendo y otras familias ricas de su
tiempo tenían como principal preocupación mantener, conservar y acre-
centar su fortuna, para lo que se dedicaron a fundar iglesias y monasterios,
donde podían realizar esa labor.
Ni que decir tiene que no comparto para nada esta visión, en este
caso ni siquiera parcialmente y menos referida a un personaje como san
Rosendo. Detrás de todas sus acciones, aunque la mayor parte sólo las
conozcamos a través de fríos documentos de carácter jurídico, existió sin
duda un afán pastoral y cristiano que se trasluce de diversas maneras.
Negar esos afanes superiores por encima de los puramente materiales
es, además de tener una pobre visión de la naturaleza humana, descono-
cer la verdadera naturaleza de la actividad llevada a cabo por los grandes
líderes culturales de la Alta Edad Media, sobre todo la relacionada con la
fundación y el desarrollo de la vida monástica.
Dice Vauchez, que todos los cristianos de esta época estaban conven-
cidos de la eminente dignidad del monacato y de su superioridad respecto
a los otros estados de vida. En un momento en que la construcción de
una iglesia era considerado el acto más meritorio, parecía particularmente
oportuno establecer allí una comunidad religiosa cuyas plegarias serían
del agrado de Dios”17.
Esta es sin duda la mentalidad predominante en san Rosendo, per-
fectamente integrada en la tradición ascética de la Iglesia primitiva, que
se había nutrido desde el principio de una espiritualidad propia, fundada
en la segregación del mundo, como condición previa para la purificación
interior que abre camino a la contemplación divina.
En este sentido cabe recordar, una vez más, como algunos padres
españoles cómo Leandro, Isidoro, Fructuoso, contribuyeron al desarrollo
de esa espiritualidad monástica, pues además de reglas dejaron al mona-
16 (+) Emilio Sáez – Carlos Sáez Colección diplomática del Monasterio de Cela-
nova (842-1230), Alcalá 2000
17 Obr. cit. p. 34
san rosendo y la cultura en el siglo x 101
cato hispánico algunos rasgos originales que lo singularizaba dentro de la
historia del monacato occidental: el sistema pactual, las congregaciones
de monasterios, la recepción de familias, etc.
Sobre estos supuestos, san Rosendo y los suyos, familiares y discípu-
los, como Fránkila, con ayuda de muchos se dedicaron a la ingente labor
de sacar adelante iglesias y monasterios
Por supuesto no es mi intención a estas alturas hacer una exposición
pormenorizada de esta actividad. Quiero tan sólo resaltar algunos de sus
rasgos, por su valor e importancia cultural, que a la postre es el tema que
nos ocupa.
La condesa Ilduara, el año 937, ya viuda, al donar muchos de sus
bienes al monasterio de Celanova, manifestaba que lo único que deseaba
era devolver lo poco o mucho que poseía a quien había dado su propia
sangre por redimirla18.
Hace tiempo que reivindiqué, junto al profesor Álvarez Palenzuela,
el valor de los preámbulos documentales, que no eran simples fórmulas
sino textos que permitían conocer mejor la mentalidad con que se desarro-
llaban actos jurídicos importantes, entre ellos las fundaciones monásticas.
Estudiamos algunos: Espina, Sotosalvos, Sacramenta, Valbuena…, creo
que con resultado positivo19.
Fueron sin duda las mismas o parecidas consideraciones las que lle-
varon a la condesa Ilduara a fundar un monasterio en Villanueva de los
Infantes, lugar que les había sido donado a ella y a su marido por Sancho
Ordóñez. También a hacerse cargo de la pequeña iglesia de santa María de
Loio que perteneció a un antiguo monasterio y con una significativa historia
familiar20.
No podemos dudar que a san Rosendo y en su caso con mucha más
profundidad le guiaron las mismas motivaciones que sus padres, en todas
y cada una de sus fundaciones, sobre todo en la de San Salvador de Cela-
nova.
18 Sáez, obr. cit. 1, p.130-131
19 La fundación de monasterios cistercienses en Castilla. Cuestiones cronológicas
e ideológicas, en la Revista “Hispania Sacra” XXXVI (1985), 429-455
20 Probablemente fundado en el siglo IX bajo la regla de san Fructuoso, fue posterior-
mente donado a la abuela de san Rosendo, la condesa Hermesinda, y en el año 927 se encargó,
durante una importante asamblea que celebraron los obispos y magnates de Galicia con el rey
Sancho Ordóñez, al conde Gutier Mendez, padre del santo, la restauración de su vida monástica,
pues había caído en un estado de depravación y vicio (Vid. Sáez, obr. cit. 1, p..94).
102 m. recuero astray
Examinando la documentación de este monasterio es fácil comprobar la
ingente actividad que desplegó nuestro santo obispo, a favor de muchos que
se acogían a su protección, que le encomendaban iglesias y monasterios,
que le entregaban sus propias personas a su servicio, entre ellos no faltaban
nobles, presbíteros o pequeños campesinos.
Pero, sin duda, el espíritu y el pensamiento de san Rosendo tiene su prin-
cipal reflejo en el documento más importante de su vida: el de la fundación
del monasterio de Celanova. Pocos documentos fundacionales, ni siquiera en
épocas mucho más tardías, tienen la profundidad y la categoría del que se ela-
boró entonces, el domingo 26 de septiembre del año 94221.
El hecho de que no contemos con el original y tengamos que fiarnos de
los copistas tardíos, que pudieron poner de su propia cosecha algunos argu-
mentos, no invalida el valor de la fuente, que sin duda responde a una realidad
vivida con toda intensidad en su momento y descrita por López Ferreiro22:
“Todo cuanto de noble y grande, de visible había en Galicia –dice– se
hallaba reunido en Celanova”, se refiere a los once obispos, 24 condes, un
importante número de abades, presbíteros, diáconos, monjes y una muche-
dumbre de fieles que fueron testigos del acontecimiento.
Ante ellos san Rosendo expresó los fundamentos de su fe y de su pensa-
miento que se dirige a la “Luz verdadera inefablemente nacida de la verdadera
Luz, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”. Sus reflexiones
sobre la gracia y la verdad, el Espíritu Santo, el Verbo Encarnado, Israel y los
Profetas son una verdadera lección de Teología, que llega a expresar los más
profundos fundamentos de la fe y los misterios en la Santísima Trinidad: “Al
venerar una sola sustancia idéntica en el Padre somos instruidos por su boca
que dice: “Ego et Pater unum sumus” et “Qui videt me, videt Patrem”. El texto,
impresionante por su contenido, incluye una confesión personal de su propia
pequeñez y de su humildad, que los copistas no se atrevieron a quitar, y que
denota mayor veracidad en la tradición documental. Incluye el recuerdo a sus
benefactores y a todos los que hicieron posible la fundación del monasterio
en el que, al cabo, vivió y murió, sin duda una de las personas más cultas de
su tiempo.
Prof. Manuel Recuero Astray
Universidad de A Coruña
21 Ibid. pp. 151-159
22 Antonio López Ferreiro, Biografía de San Rosendo, Santiago de Compostela
1907, pp. 28-35
La familia de San Rosendo
Cuando Emilio Sáez redactó Los ascendientes de San Rosendo,
y su continuadoras Notas al episcopologio minduniense del siglo
X, hizo mucho más, según creemos, que estudiar el entorno familiar de
nuestro santo: Sentó las bases para situar debidamente a la “Gallaecia”,
con todo lo que esta denominación acarrea, en el contexto político y ecle-
siástico más adecuado de la monarquía leonesa del siglo X, equilibrando
así en buena medida, a través de la figura de san Rosendo, el marcado
protagonismo que desde el siglo XIX se venía acentuado sobre Castilla
de forma excesivamente desproporcionada. Todo lo cual nos viene a dar
“a priori” una idea clara sobre la importancia que llegó a alcanzar en su
siglo el santo mindoniense.
El territorio
En efecto, la “Gallaecia”, en su sentido más amplio (desde el can-
tábrico al Duero, y desde el Atlántico al río Cea), fue la única provincia
visigoda peninsular que consiguió sobrevivir a la hecatombe musulmana
de 711. De hecho, sirvió de refugio a muchos cristianos que huyeron de
la dominación africana (se entregaron por capitulación o huyeron a
Galicia... habían huído a Galicia), y tardó aún tres años en ser con-
quistada por el gobernador africano en persona, Musa b. Nusayr (tenía...
vehementes deseos de penetrar en la comarca de Galicia... no que-
Vid. E. SÁEZ, Los ascendientes de San Rosendo. Notas para el estudio de la
monarquía astur-leonesa durante los siglos IX y X, Madrid 1948.
ID., Notas al episcopologio minduniense del siglo X : Hispania, VI, 1946.
Ajbar Machmu’a; trad. E. Lafuente Alcántara, vid. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La
España musulmana, Madrid 1973, 52-54.
104 m. carriedo tejedo
daba en España más comarca que la Galicia que no estuviese en
poder de los árabes... conquistó los castillos de Viseo y Lugo, y allí
se detuvo... no quedó iglesia que no fuese quemada, ni campana
que no fuese rota). Una situación que se mantuvo sólo durante unos
cuantos lustros, teniendo en cuenta que los berberiscos españoles,
al saber el triunfo que los de África habían alcanzado contra los
árabes... se sublevaron... y mataron o ahuyentaron a los árabes de
Galicia, y que luego fueron ellos mismos los que cuando el hambre
cundió... fuéronse replegando detrás de las gargantas de la otra
cordillera (Sistema Central), y hacia Coria y Mérida, en el año 36 (=
julio 753 - junio 754), dejando a la “Gallaecia” (y a toda la meseta norte)
en una situación paradójica, esto es, abandonada a su suerte, sin señor
natural, entre un pequeño reino astur (incapaz de absorberla política-
mente ni de influir en ella en ningún sentido, cultural, social o eclesiástico,
tal y como hicieron los francos con la provincia visigoda Narbonense) y
un agitado, aunque poderoso, emirato cordobés, gobernado desde 756
por el primer omeya Abdarrahmán I, que, como sus sucesores, no mos-
tró mucho interés por su control político efectivo: Hemos omitido toda
referencia al país de Yalliqiyya, [= “Gallaecia”], a pesar de su exten-
sión, y al de los francos [la “Narbonense”], a pesar de su tamaño,
porque no pertenecieron a los musulmanes.
¿Qué ocurrió desde mediados del siglo VIII en la viejas sedes epis-
copales “galaicas” de Oporto, Dumio, la metroplitana Braga, Orense, Tuy,
Iria, Britonia, Lugo y Astorga, y en los centros provinciales “galaicos” más
orientales, pertenecientes a esta última sede: Bergido, León, Coyanza y
Zamora? Sabemos que en Iria nunca se interrumpió la lista episcopal
durante el siglo VIII, y que, por otro lado, Alfonso de Cangas (739-757),
hijo de un jefe cántabro, llamado Pedro, y yerno de Pelayo (718-737),
realizó frecuentes incursiones al frente de sus astures por el resto de la
“Gallaecia” (tomó por la guerra muchas ciudades, a saber: Lugo,
Tuy, Oporto... Braga la metropolitana... Chaves... Zamora... Astorga,
León... y los castillos con sus villas y aldeas, matando además por
la espada a los árabes, y llevándose consigo a los cristianos a la
AL-MAKKARI; trad. Lafuente; vid. J. RODRÍGUEZ MUÑOZ, Colección de textos y
documentos para la historia de Asturias, I, Gijón 1990, 121.
Ajbar Machmu’a; vid. ID., ibid., 123.
Dikr bilad al- Andalus; trad. L. MOLINA, Una descripción anónima de al-Anda-
lus, II. Traducción y estudio, Madrid 1983, 83.
Parroquial Suevo: “Ad Astorica: Astorica, Legio, Bergido... Coianca... Senimure”;
Ed. A. DA COSTA, Liber Fidei Sanctae Bracarensis Ecclesiae, I, Braga 1965, docs. 10 y 11.
Chronicon Iriense; ed. España Sagrada, = ES, XIV, 600-601. Etiam Historia Com-
postellana: “Teodesindum, Bemilam, Romanum, Agustinum, Honoratum” (ed. ES, XX, 7).
la familia de san rosendo 105
patria), lo que le permitió reforzar la población de Asturias y anexio-
narse los territorios adyacentes, como la marina lucense (por este tiempo
se pueblan Asturias... Liébana... y la parte marítima de Galicia10),
esto es, la zona oriental de la vieja diócesis britoniense (que un siglo des-
pués será restaurada como mindoniense), cuyos habitantes a buen seguro
seguirían considerando todavía a los astures como “bárbaros”, esto es,
mal romanizados, medianamente cristianizados y todavía menos influidos
por los godos, pues ya es sabido, gracias al “Parroquial Suevo” (de fina-
les del siglo VI) que Asturias estuvo nominalmente inscrita siempre en la
diócesis britoniense (ad sedem Britoniorum ecclesias que sunt intro
Britonos una cum monasterus Maximi et Asturias11), y que luego
nunca consta la asistencia de obispo astur alguno a los concilios toleda-
nos del siglo VII.
Desde luego, parece seguro que Fruela I (757-768) siguió anexio-
nándose, con la anuencia de cristianos del norte y de otros andalusíes, el
curso alto del Miño, hasta el monasterio de Samos (en tiempo de éste
se pobló Galicia hasta el río Miño12), y El Bierzo: Vinieron, desde los
confines de Hispania (el emirato), en el tiempo... del príncipe don
Fruela... que les concedió este lugar (Samos)... y por orden suya
tomaron villas... en El Bierzo... entre los dos ríos Sil y Cúa)13; aunque
no es menos cierto que los “populos Gallaeciae” sin señor, al menos los
más septentrionales, le opusieron seria resistencia (los pueblos de Gali-
cia que contra él se rebelaron los venció, y sometió toda la provin-
cia a fuerte devastación), lo que tuvo continuación en los días de su
yerno el rey Silo (+ 785), quien al cabo los derrotó en la misteriosa batalla
de Monte Cupeiro, sin que el emirato se inquietara los más mínimo (Silo...
tuvo paz con los ismaelitas. A los pueblos de Galicia que se rebe-
laron contra él los venció en combate en el Monte Cubeiro14), lo que
no es extraño, si pensamos que la viejas ciudades suevo-visigodas de la
“Gallaecia” carecían de un nexo político común, y, por ende, de cualquier
sistema organizativo. Y es que, cambiadas las tornas, los caudillos astures
nos son bien conocidos por primera vez en el siglo VIII (al contrario que
Crónica de Alfonso III (rotense); ed. y trad. J. GIL FERNÁNDEZ, J.L. MORALEJO
y J.I. RUIZ DE LA PEÑA, Crónicas asturianas. Crónica de Alfonso III (Rotense y “A Sebas-
tian”), Crónica Albeldense (y “Profética), Oviedo 1985, 206
10 Crónica de Alfonso III (rotense); trad. MORALEJO, ibid., 206 y 208.
11 Ed. DA COSTA, Liber Fidei, docs. 10 y 11.
12 Crónica de Alfonso III (rotense); trad. MORALEJO, Crónicas asturianas, 210.
13 En carta de 922; ed. M. LUCAS, El Tumbo de San Julián de Samos, Santiago de
Compostela 1986, doc. S-2.
14 Crónica de Alfonso III (rotense); trad. MORALEJO, Crónicas asturianas, 210.
106 m. carriedo tejedo
la “galaicos”) porque luego sí tuvieron en Oviedo, a finales del siglo IX,
quien contara sus hechos y consignara sus nombres.
Sin embargo, la ascensión al trono de Alfonso II en 791 vino a signifi-
car un período de entendimiento y anuencia. Es más, creemos que fueron
muy probablemente esos mismos “populos Gallaeciae” los que terminaron
por ejercer un influencia determinante para que el rey Casto diera un giro
decisivo en su política procarolingia (sobre todo tras la muerte de Carlo-
magno en 814), a fin de restaurar en el palacio y la iglesia de su recién
estrenada capital ovetense el viejo goticismo hispano (todo el ceremonial
de los godos, tal como había sido en Toledo, lo restauró por entero
en Oviedo, tanto en la Iglesia como en el Palacio15), custodiado hasta
entonces en las vecinas sedes episcopales. Y así hasta que Ordoño I (850-
866) decidió dar el gran salto territorial a la “Gallaecia”, repoblando, esto
es, anexionándose, antiguos e importantes centros urbanos, como Tuy,
Astorga y León, mediante la concurrencia de muy diversos cristianos:
Ordoño [I]... las ciudades de antiguo abandonadas, es decir, León,
Astorga, Tuy y Amaya Patricia, las rodeó de muros, les puso altas
puertas, y las llenó de gentes, en parte de las suyas, en parte de las
llegadas de España [el emirato]16. Una política que fue seguida fielmente
por su hijo y sucesor, Alfonso III el Magno (866-910) (el serenísimo
príncipe don Alfonso... erigió aldeas y castillos, fortificó ciudades
y pobló villas, colocó mojones ciertos dividiendo unos y otros habi-
tantes, y todo lo ordenó y dispuso)17, el cual no tardó en anexionarse,
no sólo Orense, Braga y Oporto, hasta el río Duero (en su tiempo crece
la Iglesia y se amplía el reino. También son pobladas por cristia-
nos las ciudades siguientes: la primera Braga, la segunda Oporto,
la tercera Orense), sino también otras tres plazas episcopales lusitanas
que habían pertenecido al “Galliciense regnum” de los suevos hasta 585
y luego a la provincia visigoda “Gallaecia” hasta 666: La cuarta Eminio
(Coimbra), la quinta Viseo, y la sexta Lamego, pues sabemos incluso
que Coimbra, la única que no estaba abandonada a su suerte, sino en
poder de los enemigos, luego la pobló con gallegos (“gallecis”)18, y
que su conquista en 878 fue confiada por el rey al conde Hermenegildo
Gutiérrez, abuelo de san Rosendo (prendita est Coninbriga ab Herme-
gildo comite19).
15 Crónica Albeldense; trad. ID., ibid., 249
16 Crónica de Alfonso III (rotense); trad. ID., ibid., 218.
17 Documento de Odoyno, del año 982: Archivo Histórico Nacional (= AHN),
Tumbo de Celanova, ff. 97v-100v; trad. A. PRIETO PRIETO, El reino de León hace mil años
más o menos, León 1993, 70-71.
18 Crónica Albeldense; trad. MORALEJO, Crónicas asturianas, 250-251.
19 Chronicón Laurbanense; vid. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Primeras empresas alfon-
síes: Orígenes de la nación española. El reino de Asturias, III, Oviedo 1975, 620.
la familia de san rosendo 107
Los ascendientes de San Rosendo
Así pues, ¿a qué grupos humanos pertenecían los ascendientes de san
Rosendo?, ¿al de los antiguos habitantes de la “Gallaecia” que siguieron
habitando de forma precaria e ininterrumpida la abandonada provincia
visigoda desde la invasión musulmana de 714?, ¿al de los cristianos his-
pano-godos provinientes de al-Andalus, que fueron convocados por los
monarcas astures desde mediados del siglo VIII?, ¿a la nueva nobleza
“astur-galaica” forjada tras la “restauración gótica” llevada a cabo por
Alfonso II en Oviedo durante la primera mitad del siglo IX?, ¿o a todos
ellos, según qué casos? Tal vez nunca lo sepamos20:
RAMIRO I
|
GUTIER === ELVIRA GATÓN === EGILO FERNANDO === X X === X
| | | |
HERMENEGILDO ========== ERMESINDA ERO ========= ADOSINDA
| |
GUTIER ============================================== ILDUARA
|
SAN ROSENDO
Pero aunque ignoremos el nombre de tres de los bisabuelos mater-
nos del santo, y la procedencia del cuarto (Fernando), sí sabemos al
menos que el hijo de éste, Ero Fernández, tuvo propiedades en Lugo y
en la provincia de León, concretamente en las comarcas de Sollanzo y
Los Oteros (entre el Porma y el Cea), en tanto que su esposa Adosinda
consta radicada en la actual provincia de Lugo21. Y es sabido, de igual
modo, que los bisabuelos Gutier y Elvira tuvieron propiedades en el
valle de Sarria (Lugo)22, y que Gatón hubo de estar radicado también en
Asturias (sabemos que en los ríos Lena y Nora tuvo propiedades su hija
Patruina) y en Galicia (donde consta heredado su hijo, el obispo Sabarico
de Mondoñedo, en el territorio de Nendos), y que además fue propietario
del monasterio de San Pedro y San Pablo de Triacastela, mientras que su
esposa Egilo tuvo propiedades en El Bierzo y en Babia (León)23. De modo
que no es extraño que san Rosendo heredara bienes por todo el ámbito
20 Salvo en los casos que se indican de forma expresa, por lo que respecta a las
relaciones familiares seguimos aquí los dos estudios de Sáez registrados “ut supra” en las
notas 1 y 2. En el cuadro que sigue la única divergencia radica en la filiación (que defen-
demos más adelante) de Gatón como hijo de Ramiro I.
21 Vid. SÁEZ, Los ascendientes, 52, 55 y 56.
22 Vid. ID., ibid, 6
23 Vid. ID., ibid, 45, 46 y 47.
108 m. carriedo tejedo
del viejo “Galliciense regnum” suevo-visigodo, desde Coimbra hasta Astu-
rias, y del océano al río Cea, según sabemos por sendos documentos de
11 de marzo de 934 (“colmellum divisionis” con sus hermanos) y 26 de
septiembre de 942 (donación que hizo a Celanova)24.
San Rosendo y la Familia Real
Pero además, si algo nos parece seguro es que uno de los bisabuelos
de san Rosendo, el famoso conde Gatón, perteneció a la familia real, la
misma que gobernó ininterrumpidamente en el noroeste hispano desde
mediados del siglo VIII y hasta bien entrado el siglo XI:
PEDRO
|
_______________________________________________
| |
FRUELA Alfonso I (+ 757)
| |
________ | __________________________
| | | | |
Aurelio VERMUDO I Fruela I Adosinda Mauregato
| (+768) =
| | Silo
RAMIRO I (+850) A l f o ns o I I
| (+ 842)
___________________________
| |
Ordoño I GATÓN
(+866) |
| |
Alfonso III ERMESINDA = Hermenegildo
(+910) | Gutiérrez
_________________________| |________________________
| | | | |
García Fruela II Ordoño II Elvira GUTIER
(+913) (+925) (+ 924) (+921) Menéndez
| |________________________| (+938)
| | |
| _________________________________ |
| | | | |
Alfonso Sancho Alfonso IV Ramiro II SAN ROSENDO
Froilaz (+929) (+951) (907-977)
| |
| _________________________________
| | | |
*
Ordoño IV Ordoño III Sancho I Elvira
| (+956) (+966)
| |
Vermudo II (+999) Ramiro III
| (+985)
Alfonso V (+1028)
|
Vermudo III (+1037)
* Las filiaciones de Ordoño IV (como hijo de Alfonso Froilaz) y Vermudo II (como hijo
de Ordoño IV) no son de Saéz, quien, al contrario, cree al primero hijo de Alfonso IV y al
segundo hijo de Ordoño III.
24 Ed. SÁEZ y C. SÁEZ, Colección diplomática monasterio de Celanova (842-
1230): 1 (842-942), Madrid 1996, docs. 40 y 71.
la familia de san rosendo 109
En efecto, creemos que nuestro santo era de estirpe real, un dato
precioso que nos brinda el mismísimo rey Alfonso V en una escritura
del año 1007, cuando constata que el conde Hermenegildo Gutiérrez (el
abuelo paterno de san Rosendo) emparentó con la familia real (comite
nomine Ermenegildus Guttiherriz qui et ipse comes regio generi
de propinquis erat25), necesariamente al casar con Ermesinda, hija de
Gatón, pues no es casualidad que éste sea mencionado por el historia-
dor musulmán Ibn Idari, en calidad de hermano de Ordoño I: Ordoño...
envió a su hermano Gatón al frente de numerosas tropas26.
Así lo creyó en su día Sánchez-Albornoz en un artículo monográ-
fico27, en el que recuerda cómo Ibn Idari “fue un acuciosísimo erudito
que dispuso de una larga de serie de textos... que siguió y plagió con fre-
cuencia a Arib ibn Said, katib o secretario de al-Hakam II y que, sin duda,
tuvo acceso a los archivos califales... y utilizó a historiadores tan dignos
de crédito como... ar-Razi e Ibn Hayyan”, los dos más grandes historia-
dores hispano-musulmanes; añade don Claudio que ar-Razi “aprovechó
una larga serie de analistas y de cronistas del siglo IX de innegable auto-
ridad”, y que “Ibn Hayyan utilizó después los muchos historiadores que
escribieron en los siglos IX y X”, y se pregunta: “¿Por qué dudar de que
Ibn Idari, bebiendo de ordinario sus noticias en tan buenas fuentes, dijera
la verdad al hacer a Gatón hermano de Ordoño?”; desafía don Claudio a
que alguien le diga “si alguna vez los historiadores musulmanes dieron
el título de hermano al marido de una hermana del emir” (aludiendo a
la supuesta fraternidad de Ordoño I con la esposa de Gatón, Egilo, que
algunos han esgrimido); y concluye diciendo, en relación con la incog-
nita reina Munia, de la que nada seguro ni fiable sabemos, que “no hay
un solo indicio, ni uno sólo, que abone la fraternidad de Gatón y de la
misteriosa mujer de Ordoño I, cuya patria nos es desconocida. Ninguno
de cuantos se inclinan a creer a Gatón cuñado del monarca pueden brin-
dar el más mínimo argumento en apoyo de tan aventurada conjetura...
¿quién se atreverá a imaginar a los cristianos llamando hermano del rey a
un su cuñado?”; y concluye al fin Sánchez-Albornoz: “¿Por qué obstinarse
en negar la posibilidad de tal filiación?”, pues en efecto, Ramiro I pudo
haber tenido “no dos, sino muchos hijos”.
25 Liber de vita et virtvtibus sanctissimi Rvdesindi episcopi; ed. y trad. M. C. DÍAZ
Y DÍAZ, M. V. PARDO GÓMEZ y D. VILARIÑO PINTOS, Ordoño de Celanova. Vida y
milagros de san Rosendo, edición, traducción y estudio, La Coruña 1990, y doc. en página
261.
26 IBN IDARI; trad. E. Fagnan; vid. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, España musulmana,
224.
27 Vid. ID., Hermanos de Ordoño I : Orígenes, III, 361-373.
110 m. carriedo tejedo
Y por lo demás, sabemos también, gracias a los estudios de Sáez, que
la reina Elvira Menéndez, primera esposa de Ordoño II de León, era nieta
del propio Gatón, con lo que san Rosendo resultaba ser asimismo primo-
hermano (congermano suo28), de sus tres hijos: Sancho Ordóñez, rey de
Galicia (926-929), Alfonso IV el Monje de León (926-931) y Ramiro II de
León (931-951), y en consecuencia tío (tio meo29) de los tres hijos de este
último: Ordoño III (951-956), Sancho I (956-957 y 959-966) y Elvira Ramí-
rez, regente en 967-976 de su sobrino Ramiro III Sánchez (967-985).
Tíos, hermanos, cuñados y sobrinos
Así pues, San Rosendo fue, de hecho, un auténtico referente familiar
y humano para todos sus directos familiares, pero no sólo por sus rela-
ciones biológicas con la familia real (que también tuvieron sus propios
hermanos, mucho menos significados que él), sino por su propia valía
humana, lo que le convirtió desde su infancia en el centro de la atención
de muy variados e importantes personajes (obispos y nobles), entre los
cuales sus propios parientes, hasta el punto de alcanzar en 925 la digni-
dad episcopal a la desacostumbrada edad de 18 años, que ostentó luego
durante algo más de medio siglo hasta 977:
28 Ed. J.M. FERNÁNDEZ DEL POZO, Alfonso V, rey de León : León y su Historia, V,
León 1984, doc. II, 228-231.
29 Ed. E. SÁEZ y C. SÁEZ, Colección diplomática del monasterio de Celanova (842-
1230) : 2 (943-988), Madrid 2000, doc. 171.
la familia de san rosendo 111
FERNANDO GATÓN
| =
| EGILO
| |
__________________ ___________________________________________________
| | | | | |
DIEGO ERO FERNÁNDEZ ERMESINDA *
PATRUINA SABARICO * VERMUDO
FERNANDEZ = = GATÓNEZ obispo de GATÓNEZ
= ADOSINDA HERMENEGILDO Mondoñedo
ONEGA | GUTIÉRREZ (906-922/924)
| |
________________________________ ___________________________________________________________
| | | | | | | | |
TERESA GODO GUNDADINSO ILDUARA * == GUTIER ENDERQUINA ILDONCIA * ARIAS ELVIRA
ERIZ ERIZ ERIZ ERIZ MENÉNDEZ MENÉNDEZ MENÉNDEZ MENÉNDEZ MENÉNDEZ
= = = | | = = = =
GONZALO MUNIO ENDERQUINA
| | GUNDESINDO GUTIER * ERMESINDA ORDOÑO II
BETÓTIZ MENÉNDEZ |_______ | ERIZ OSORIZ | |
| | |
______________________________________________________________________ | _______
| | | | | | | |
a b
SAN ROSENDO MUNIO FRUELA * ERMESINDA ADOSINDA * ELVIRA * *
SANCHO RAMIRO II *
de Mondoñedo GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ ARIAS (+929) (+951)
(925-50/955-8) | = = = = |
y de Iria | SARRACINA * PELAYO JIMENO *
RAMIRO |
(968-977) | | G O N Z ÁLE Z DÍAZ MENÉNDEZ |
| | | | | |
| | | | | |
------------------ --------------- --------- ----------- --------------- ------------------
ERMENSINDA TUTADOMNA FRUELA * GONZALO VELASQUITA ORDOÑO III *
------------------ = --------- _______ = ------------------
ELVIRA GONZALO ARIAS JIMENO VERMUDO II SANCHO I *
--------- MUÑOZ ------- --------- --------------- _________
--------- HERMENEGILDO FRUELA ELVIRA *
------------------- --------- ------------
SABARICO VELASC O
------------ -----------
GONTRODO VERMUDO
------------- ------------
ARAGONTA GUNCIONA
------------- =
TERESA SUERO
--------- GUNDEMÁRIZ
ILDUARA ----------------
=
GONZALO
MENÉNDEZ
-------------
a
Vid. M. C. PALLARES MÉNDEZ, Ilduara, Una aristócrata del siglo X, A Coruña 1998,
65-66, a quien secundamos al creer que Munio no pudo haber sido el hermano primogénito.
El Liber Rudesindi episcopi (que vuelca con mucha frecuencia noticias documentales) nos dice
que el primogénito fue san Rosendo y que nació en 907. Y en efecto, siempre es citado el pri-
mero entre sus hermanos.
b
No creemos que fueran hijos de este Munio (hermano de san Rosendo), ni el
obispo Arias I Muñoz de Mondoñedo, ni la reina Goto Muñoz, casada con Sancho Ordóñez,
según se dirá luego hablar de “familia de obispos” y “familia de reinas”. Tampoco creemos con
Sáez (Los ascendientes, 39) que fuera hijo de Munio (nos parece impensable siquiera) el conde
castellano Gutier Núñez de Burgos, que según nuestra opinión era hijo de Nuño Fernández de
Burgos (sobre su intervención en la guerra civil leonesa de 931, vid. M. CARRIEDO TEJEDO,
La rebelión de Alfonso IV el Monje, vista a través de un pasaje de Isa b. Ahmad ar-Razi reprodu-
cido en el “Muqtabis” de Ibn Hayyan: Archivos Leoneses, 85-86, 1989).
De forma que san Rosendo fue testigo directo de los todos los
importantes y a veces muy graves acontecimientos que se prodigaron
a lo largo de casi todo el siglo X durante muchos reinados (Ordoño II,
Fruela II, Alfonso Froilaz, Sancho Ordóñez, Alfonso IV, Ramiro II, Ordoño
III, Ordoño IV, Sancho I y Ramiro III), y en consecuencia conoció per-
sonalmente a familiares muy alejados en el tiempo, que van desde sus
tío-abuelos Sabarico y Patruina Gatónez (primos de Alfonso III el Magno,
112 m. carriedo tejedo
que nacieron en el siglo IX) hasta su pequeño sobrino-nieto Ramiro III
(nacido en 962 y muerto sólo 7 años después que él, en 985), por no
hablar de otros, como su sobrina la monja Teresa Peláez, que alcanzó a
vivir hasta el siglo XI, y que todavía tiene un recuerdo para él en el año
1000 (Tarasia deuota... tius noster domno Rudsindus episcopus30).
Son muchas las donaciones que hoy nos constan (pálido reflejo de
las que fueron) recibidas por san Rosendo, de sus más directos familiares
(marcados arriba con un asterisco), el único caso de estas características
que es posible documentar en toda la alta Edad Media hispana de forma
tan abundante, variada y constante, durante nada menos que 60 años:
En 916 de sus incógnitos tíos Nepociano y Alagundia (ego Nepocianus
et uxor mea Alagundia, tibi subrino meo Rudesindo. salutem in
Domino); antes de 924 de su tío-abuelo Sabarico (michi concessit pius
pater domnus Sauaricus episcopus31); en 926-929 de sus primos
el rey Sancho Ordóñez y la reina Goto (concesserunt omnia in iure
et sub manu pontificis congermano suo, domno Rudesindo epis-
copo32); en 927 de su tía-abuela Patruina (ego Patruina uobis nepto
meo domno Rudesindo episcopo); en 935 de su primo Ramiro II
(Ranemirus rex uobis patri egregio domno Rudesindo episcopo);
en 936 de su hermano Fruela y de su cuñada Sarracina (ego Froyla et
uxor mea Sarracina... patris ac germani mei domni Rudesindi
episcopi); en 938 de su madre Ilduara (ego Yldonza... per manus
filio nostro dono Rudesindo episcopo); en 941 de sus tíos Ildoncia
y Gutier Osoriz y sus hijos (Guttier et Yldonzia una cum filiis filia-
busque nostris... antistiti nostro Rudesindo episcopo33); en 949
de su hermana Adosinda y su cuñado Jimeno Díaz (ego Scemenus et
uxori mee Adosinda, uobis iermano nostro et pontifici nostro
Rudesindo episcopo); en 951 de su sobrino Ordoño III y la reina
Urraca (Hordonius rex et Urraca regina... patri domno Rudesindo
episcopo); en 959 de su otro sobrino Sancho I (Santius rex tibi patri
Rudesindo episcopo); en 962 de su prima-hermana Elvira Arias (ego
Giloyra... per manum Rudesindi episcopi); en 968 de su sobrina la
monja Elvira, tutora de su sobrino Ramiro III (Giluira, religionis ordo
Deo dicata, prolis domnissimi regis, una suprino meo serenissimo
principe domno Ranemiro... tibi patri sanctissimo, tio meo, domno
Rudesindo episcopo); y en 973 de su sobrino Fruela Peláez (Froyla-
nem... domno Rudesindo episcopo)34.
30 Ed. P. LOSCERTALES, Tumbos del monasterio Sobrado de los Monjes, I, Madrid
1976, doc. 131.
31 Ed. SÁEZ, Colección diplomática de Celanova, I, docs. 11 y 72.
32 Ed. FERNÁNDEZ DEL POZO, Alfonso V, doc. II, 228-231.
33 Ed. SÁEZ, Colección diplomática de Celanova, I, docs. 28, 47, 53, 57, 65.
34 Ed. ID., ibid., II, doc. 84, 90, 123, 154, 171 y 175.
la familia de san rosendo 113
Familia de obispos
Pero además, no cabe olvidar que, por concesión real de Alfonso
III al obispo Rosendo I en 877, los obispos de Mondoñedo lo fueron
también del monasterio de Dumio, junto a Braga (iam dictum locum
Dumio post partem eiusdem Menduniensis ecclesie cum omni
familia ibi degente)35, una sede compartida que adquiridó desde muy
temprano una especial significación (Rudesindus Dumio Mendunieto
degens36), hasta el punto de que durante el siguiente siglo los pontífices
mindonienses se titularon exclusivamente “dumienses”, de modo que
la figura de san Rosendo conecta directamente con la de san Martín de
Dumio y de Braga, apóstol de la “Gallaecia” sueva (+ 580), y como él
mantuvo además una relación muy estrecha con los reyes, la nobleza, la
iglesia y el mundo rural de su tiempo. Una conexión que también cabe
ampliar al “godo” san Fructuoso, miembro de una importante familia
nobiliaria, incansable promotor y protector de casas monásticas, que se
sentó sucesivamente en las cátedras de Dumio (hasta 656) y Braga.
En efecto, cabe resaltar que san Rosendo, miembro de una familia
noble por todos los costados, tuvo también una incansable actividad en
el ámbito monástico, y que también ocupó dos cátedras, la mindoniense
o dumiense, y la silla “apostólica” hispana, el “Locus Sanctus” o “Locus
Apostólicus”, hoy Santiago de Compostela, que en aquel entonces com-
partía cátedra con la vieja Iria Flavia. Y es muy significativo observar
cómo en ambas sedes le precedieron tres de sus parientes y le sucedie-
ron otros tres, de modo que el grupo familiar de san Rosendo vino a
constituirse “de facto” en una auténtica dinastía episcopal:
35 Ed. ES, XVIII, doc. 5, 313-315.
36 Chronica Albeldensia (en 881) ; trad. MORALEJO, Crónicas asturianas, 158.
114 m. carriedo tejedo
RAMIRO I (+850)
|
GATÓN GUTIER
| |
|________________ ______________________________
| | | |
SABARICO ERMESINDA === HE RM EN EGI L D O ALOITO GUTIÉRREZ
Mondoñedo |___________ | =
(906-922/924) | ARGILO
| |
______________________________ ____________________
| | | |
GUTIER MENÉNDEZ ARIAS MENÉNDEZ GUNDESINDO HERMENEGILDO
| | Iria ALOITIZ
___________ |___________________ (920-922) |
| | | | |
a
ERMESINDA SAN ROSENDO ELVIRA GUNTERICO SISNANDO II
= de Mondoñedo = ARIAS Iria
PEL A YO GONZÁ L EZ (925-50/955-8) MUNIO | (951-968)
| y de Iria | |
| (968-977) | |
ARIAS II ARIAS I ADOSINDA
Mondoñedo Mondoñedo =
(977-982) (950-5/959-62) RODRIGO VELÁZQUEZ
|
PELAYO I
Iria
(977-985)
a
De acuerdo con Sáez, Elvira (prima-hermana de san Rosendo) era hija de Arias
Menéndez y esposa de un Munio, pero con PALLARES MÉNDEZ, Ilduara, 65-66, creemos
que dicho Munio no pudo haber sido el hermano de san Rosendo, pues éste, que era el
primogénito, nació en 907 (según el Liber Rudesindi episcopi) con lo que mal pudo haber
sido el segundogénito, Munio Gutiérrez, el padre de un obispo, Arias I, que fue consagrado
en 950 a una edad mínima de 30 años (san Rosendo sólo hubo uno). Demasiado forzado.
Siete obispos de una misma familia, decimos, que estuvieron muy
lejos (más o menos, según los casos) de igualar siquiera la figura de
nuestro santo: Sabarico Gatónez, mindoniense de buen recuerdo, tutor
y antecesor del propio san Rosendo (in memoria sancti patris mei
spiritualis Sauarici episcopi, festa Sancti Romani monachi per-
soluere functionem37). El iriense Gundesindo Aloitiz, primero militar,
luego abad y por último obispo, que no dejó buena memoria en su sede
(Gundesindo, hijo del conde Alvito... con más ferviente deseo aspi-
raba a las cosas seculares que a las celestiales; se dice que éste
vivía al final de su vida incluso menos religiosamente que al prin-
cipio, y que fue arrancado violentamente del habitáculo corpo-
ral38). Sisnando II Menéndez, también de Iria, que siendo diácono residió
muchos años en la corte leonesa, donde llegó a alcanzar el grado de
“maior in domus regis” o “prepósito” de Ramiro II (Sisnando Menendiz,
qui tunc prepositus domus sue erat39), y que acabó su vida luchando
contra los invasores normandos (Sisnando, hijo del conde Menendo y
37 Ed. SÁEZ, Colección diplomática de Celanova, I, doc. 72.
38 Historia Compostellana; trad. E. FALQUE REY, Historia Compostelana, Madrid
1994, 35.
39 En carta de 982; ed. SÁEZ, Colección diplomática de Celanova, II, doc. 191.
la familia de san rosendo 115
sobrino del mencionado Gundesindo... al venir los normandos... y
dirigirse a Iria, saqueando esta zona... salió de la ciudad y, pro-
tegido por la fuerza de su ejército... entablando con ellos cruel
combate... le sobrevino la muerte y fue asesinado). Arias I Muñoz,
sucesor de san Rosendo en Mondoñedo en 950, el cual, según creemos,
perdió la silla por orden de Ordoño III en 955, al menos hasta la Navidad
del año 958 (ordenó el rey... que fuera encerrado en una teneborsa
mazmorra y colocó en su lugar a Rosendo40). Arias II Peláez, también
minduniense y también depuesto hacia 982, que dejó un recuerdo dispar,
según se trate de una carta de San Lorenzo de Carboeiro, expedida por
Vermudo II en 995 (nacieron quienes, adoctrinados en las letras y
educados en la religión, alcanzaron el grado del monacato, de los
cuales uno, Arias Peláez, que recibió y ejerció la dignidad episco-
pal.... y emprendieron... un pleito inútil acerca de la posesión del
monasterio y poniéndolo en manos de ignorantes, lo redujeron a
la nada)41, o de una escritura algo posterior a su muerte, expedida en
1019 (patri egregio et sanctissimo pontifex magno domno Ariane
episcopo42.). Y Pelayo I Rodríguez de Iria, que tampoco dejó buena
memoria en Santiago, de cuya silla fue depuesto en 985 (Pelayo, hijo
del conde Rodrigo Velázquez, al recibir... la dignidad de ese pon-
tificado de manos de seglares, no se preocupó del honor recibido
ni, como debía, se humilló ante su Creador con lamentos deseando
los bienes celestes en este valle de peregrinación, por lo que por
condescendencia divina fue expulsado por el rey don Vermudo,
que no quería que la iglesia fuese ocupada durante más tiempo
por él43).
La gran familia nobiliaria
Y por si fuera poco el estrecho parentesco de san Rosendo con la
familia real y su pertenencia a una familia de obispos repartidos a lo largo
40 Historia Compostellana; trad. FALQUE REY, Historia Compostelana, 74. En la
“Historia” por error, según creemos, se atribuye el pasaje al rey Sancho I y al obispo Sis-
nando.
41 En carta de 999; ed. C. SÁEZ y M. del Val GONZÁLEZ DE LA PEÑA, La Coruña.
Fondo Antiguo (788-1065), I, Madrid 2003, doc. 113. Trad. E. SÁEZ, Notas, 48-49.
42 En carta de 1019; ed. V. CAÑIZARES, El monasterio de San Martín de Lalín : El
Museo de Pontevedra, 1, 1942, doc. 3, quien sospecha (ibid., 186) que Arias pontificó hasta
982. SÁEZ, Notas, 45-47, cree que hasta 984.
43 Historia Compostellana; trad. FALQUE REY, Historia Compostelana, 74.
116 m. carriedo tejedo
de todo el siglo X, no cabe olvidar tampoco que nuestro santo perteneció
ante todo a una familia nobiliaria con múltiples conexiones colaterales
que establecieron estrechos lazos de parentesco entre todos los grandes
magnates “galaicos” del siglo X. He aquí una buena representación:
RAMIRO I
(+850)
_________
| |
FERNANDO ORDOÑO I GATÓN GUTIER
| (+866) | |
_____________ | | ___________________________________________________
| | | | | |
ERO DIEGO ALFONSO III ERMESINDA === HERMENEGILDO ALOITO
Fernández Fernández (+910) GATÓNEZ Gutiérrez Gutiérrez
| |____________________| |
| | |
______________ ___________________________________________________________________________ |
| | | | | | |
TERESA ILDUARA = GUTIER ENDERQUINA ELVIRA ILDONCIA ARIAS HERMENEGILDO
= | Menéndez = = = Menéndez Aloitiz
GONZALO | ___________| GUNDSINDO ORDOÑO II GUTIER | |
Betótiz | Eriz (+924) Osoriz | |
| | | | |
| ________________________________________________ |__________ | |
| | | | | | | | |
HERMENEGILDO SAN ROSENDO ADOSINDA ERMESINDA FRUELA HERMESINDA OSORIO GUNTERICO RODRIGO
Gonzaléz de Mndoñedo = = = = Gutiérrez | Menéndez
| (925-50/955-8) JIMEN0 PELAYO SARRACINA ORDOÑO | |
| y de Iria Díaz González | Velázquez | |
| (968-977) | | | | | |
|_________________ ___________________ | | | | |
| | | | | | | | | |
a
GONZALO RAMIRO GONZALO VERMUDO GUNCINA FRUELA TUTADOMNA VERMUDO GUTIER ADOSINDA
Menéndez Menéndez Jiménez Jiménez = Pelaéz = Ordóñez Osoriz =
SUERO GONZALO RODRIGO
Gundemáriz Muñoz Velázquez
Un cuadro
a muyGARCÍA
Vid. M.R. significativo, en El
ÁLVAREZ, efecto,
obispo en elque destacan
compostelano Pelayomuy leales y su
Rodríguez
servidores
familia: de los11(4),
Compostellanum, reyes,
1966.como el abuelo de san Rosendo,
Hermenegildo Gutiérrez, conquistador de Coimbra en 878, que llegó
a Un
aplastar una rebelión
cuadro contra Alfonso
muy significativo, III (madauit
en efecto, en el ipse
que iam dictummuy
destacan
princeps suo comite nomine Ermegildus Guttiherriz... cum omnibus
leales servidores
militibus deetlosgentis
palatii reyes,sue,como et elueniret
abueloaddedextruenda
san Rosendo, Hermene-
superbia
gildo
iamdictis rebellionis ); los hermanos Gutier y Arias Menéndez, una
Gutiérrez, conquistador
49 de Coimbra en 878, que llegó a aplastar
rebelión
padre contra Alfonso
y tío del santo, III (madauit ipseIIiam
en quienesOrdoño dictum
delegó princeps
diversos asuntos suo
de sunomine
comite total confianza
Ermegildus (domnus Gutier et domnus
Guttiherriz... cum omnibus Arias Mendiz
militibus
venerunt
palatii in Penna
et gentis sue,etetfabulaverunt
ueniret adex ); Gutier Osoriz,
verbo regissuperbia
dextruenda
50
iamdictis
casado con44 una tía de san Rosendo, que capturó y presentó en León
rebellionis ); los hermanos Gutier y Arias Menéndez, padre y tío del
ante Ramiro II a varios rebeldes de lafamilia real (ipse comes Guttier
santo, en quienes
Osoriz Ordoño
presentauit illos IIinfantes
delegó antediversos asuntos
prefatus rex de in su total con-
ciuitatem
fianza (domnus
regem Gutier et domnus
sedis Legionem); por no hablar Arias de Mendiz
Jimenovenerunt in Penna
Díaz y Pelayo
et fabulaverunt
González, cuñados ex verbo regis
del santo, siempre
45
acompañando
); Gutier Osoriz, casado al rey con
Ramiro
una tía
(in Rosendo,
de san ipso concilioque ante
capturó rexy et episcopos...
presentó en León necnon et comites...
ante Ramiro II a varios
Pelagius
rebeldes de laGundisaluiz, Scemeno
familia real (ipse comes Didaz et omnes
Guttier Osorizmagnati palatiiillos
presentauit
cum gallegos). También los hubo de irreconciliable relación, como
infantes
Gonzalo ante prefatus
Menéndez y elrex in ciuitatem
citado regem sedis
Rodrigo Velázquez (initioLegionem);
certamine... por
no Rudericus...
hablar de Jimeno Díaz y Pelayo González,
semiuiuum se collegit... et Gundisaluus cuñados del santo,uictor
siempre
acompañando
abscessit ).alErey
51 Ramiro
incluso (in ipsocomo
rebeldes, concilio ante rex etGonzalo
los hermanos episcopos...
y
necnon et comites... Pelagius Gundisaluiz, Scemeno Didaz et omnes
48
Vid. M.R. GARCÍA ÁLVAREZ, El obispo compostelano Pelayo Rodríguez y su familia : Compostellanum, 11(4), 1966.
49
En carta de 1007; ed. DIAZ Y DIAZ, Ordoño de Celanova, 261
50 44 En carta de 1007; ed. DÍAZ Y DÍAZ, Ordoño de Celanova, 261
En carta de 944; ed. LUCAS, Tumbo de Samos, doc. 35.
51 45 En carta de 944; ed. LUCAS, Tumbo de Samos, doc. 35.
Los tres últimos pasajes en carta de 982; ed. SÁEZ, Colección diplomática de Celanova, II, doc. 191.
14
la familia de san rosendo 117
magnati palatii cum gallegos). También los hubo de irreconciliable
relación, como Gonzalo Menéndez y Rodrigo Velázquez (initio certa-
mine... Rudericus... semiuiuum se collegit... et Gundisaluus uictor
abscessit46). E incluso rebeldes, como los hermanos Gonzalo y Vermudo
Jiménez, sobrinos del santo, que se levantaron contra Ordoño III (ipsa
mandatione... suprini uestri... Gundisaluus et Ueremudus... pro
eorem facinus et execrabili infidelitate caruerunt47), a veces mortal-
mente, como el ya referido Gonzalo Menéndez, que envenenó a Sancho
I con una manzana (Gundisaluus, qui dux erat... veneni pocula illi in
pomo duxit... dice tercio vitam finiuit48), y que luego se rebeló contra
su antiguo protegido Vermudo II (perducti sunt in teram Portugalis
cum revelli Gundisalbus Menendiz et filiis suis49), al igual que Suero
Gundemáriz (surrexit comes Suarius Gundemariz... et ad reges
rebelium composuit50).
Una muestra suficiente, en fin, para comprobar cómo la familia de san
Rosendo no fue, en consecuencia, una familia más de la España altome-
dieval, fue “la familia” por excelencia del siglo X en el noroeste hispano, y
heredera directa de su pasado romano-suevo-visigodo.
Familia de reinas
Una gran familia, según se ha visto, formada a través de una compli-
cada red de relaciones matrimoniales que alcanzaron de lleno a la familia
real, pues no hay que olvidar que en su seno se cuentan nada menos que
seis reinas consortes (una tía, tres primas-hermanas y una sobrina de san
Rosendo, además de una sobrina-bisnieta), lo que la convierte asimismo
en una familia de reinas:
46 Los tres últimos pasajes en carta de 982; ed. SÁEZ, Colección diplomática de
Celanova, II, doc. 191.
47 Ed. ID., ibid., II, doc. 110.
48 Crónica de Sampiro; ed. J. PÉREZ DE URBEL, Sampiro, su crónica y la monar-
quía leonesa en el siglo X, Madrid 1952, 338-339.
49 En carta de 944; ed. LUCAS, Tumbo de Samos, doc. S-9.
50 Ed. LOSCERTALES, Tumbos de Sobrado, I, doc. 131.
118 m. carriedo tejedo
a
ALFON SO ERO HERM EN EGILDO OSORIO
BETOTE FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ |
| | | |
| |_____________________ __________________________ |
| | | | | | | |
GONZALO ===== TERESA GOTO ILDUARA = GUTIER ELVIRA ILDONCIA == GUTIER
BETÓTIZ ERIZ ERIZ ERIZ MENÉNDEZ = MENÉNDEZ OSORIZ
|_____________ | = | | ORDOÑO II |____________|
| MUNIO |_________| (+ 924) |
| | | | |
______________ | _______________ |__________ |
| | | | | | | |
b
MENENDO ARAGONTA GOTO SAN ROSENDO ERMESINDA SANCHO RAMIRO II = ADOSINDA
GONZÁLEZ GONZÁLEZ MUÑOZ GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ ORDÓÑEZ (+951) GUTIÉRREZ
= = = Obispo de = (+929) |____________ |
MUNICIADONA ORDOÑO II SANCHO Modoñedo PELAYO |
DÍAZ (+924) ORDÓÑEZ (925-50/955-8)
González |
| (+929) | |
|_____________ | _________
| | | | |
RAMIRO GONZALO ILDUARA VERMUDO ORDOÑO III
MENÉNDEZ MENÉNDEZ PELÁEZ RAMÍREZ (+956)
| |____________________________________|
| |
ca
VELASQUITA MENENDO
= GONZÁLEZ
VERMUDO II (+1008)
(+999) |
|
ELVIRA
=
ALFONSO V
(+1028)
a
Nos parecen demasiado forzados los argumentos de Saéz para defender la
franternidad entre este Osorio y Hermenegildo Gutiérrez, abuelo de san Rosendo (Los
ascendientes, 79-82).
b
Según el Liber Rudesindi episcopi, San Rosendo, nacido en 907, fue el primo-
génito de sus hermanos, con lo que seguimos a PALLARES MÉNDEZ, Ilduara, 65-66, al
constatar la imposibilidad cronológica de que su hermano Munio, segundogénito, pudiera
haber sido el padre de la reina Goto Muñoz, esposa de Sancho Ordóñez (926-929). Por
nuestra parte, apoyándonos en las deducciones de Sáez (Los ascendientes, 57-58, n. 121)
sobre el casamiento de Godo Eriz (hermana de Ilduara) con un Munio, proponemos la
filicación de Goto Muñoz como hija de ambos, que armoniza mejor, cronológicamente
hablando, y que convertiría a san Rosendo en primo-hermano de la reina y del rey.
c
Vid. GARCÍA ÁLVAREZ, ¿La reina Velaquita, nieta de Muniadona Díaz? :
Revista de Guimarâes, LXX, 1960.
Unas reinas que ciertamente vivieron muy variadas experiencias: El
matrimonio feliz de Elvira Menéndez, madre de cinco hijos de Ordoño
II (Sancho, Alfonso IV, Ramiro II, García y Jimena). El muy desgraciado
enlace de su sucesora Aragonta González, abandonada casi de inmediato
por Ordoño II porque no fue de su agrado, lo que motivó en el rey digna
penitencia (duxit uxorem ex partibus Gallicie nomine Araguntum,
que postea fuit ab eo spreta, quia non fuit placita: et postea tenuit
confessionem dignam)51. La también afortunada unión de la reina
Goto Muñoz, que no tuvo hijos con el rey privativo de Galicia, Sancho
Ordóñez. El triste destino de Adosinda Gutiérrez, que dio dos hijos a
51 Crónica de Sampiro; ed. PÉREZ DE URBEL, Sampiro, 315-316.
la familia de san rosendo 119
Ramiro II (Vermudo, muerto prematuramente, y Ordoño III), y que ter-
minó llorando en el retiro de su Galicia natal el repudio real (Adosinda
olim regina)52, tras ser sustituida por Urraca de Pamplona, capital donde
desconocieron su nombre, no su existencia (Ranimirus ex alia uxore
Galliciensis nombre (lac.) habuit filium Ordonii regis53). Una expe-
riencia vivida casi exactamente por Velasquita Ramírez, repudiada tam-
bién por Vermudo II tras haber tenido de ella a la infanta Cristina (genuit
infantissam dominam Christinam...Velasquitam, quam viventem
dimisit54), para casarse con Elvira, una hija del conde castellano. Y el
feliz matrimonio, por último, de Elvira Menéndez, madre de los dos hijos
de Alfonso V (Vermudo III y doña Sancha, la madre del gran Alfonso
VI).
La “familia” espiritual
Pero no sería justo concluir esta exposición sin aludir asimismo a
la familia espiritual de san Rosendo. Por desgracia, no conocemos casi
nada sobre su previsiblemente importante obra episcopal mindoniense
y dumiense, debido a los pocos documentos llegados hasta hoy, pero sí
las huellas suficientes como para poder constatar la no menos importante
labor monacal celanovense llevada a cabo con la colaboración inestima-
ble del santo abad Fránquila, seguida luego por otros que, como es natu-
ral, actuaron con mayor o menor fortuna (el abad Manilán, el prespósito
Cresconio, los abades Diego y Pelayo, etc.), y con la anuencia de no
pocos monjes educados en Celanova, verdadera cantera episcopal (como
sus sobrinos Arias Peláez y Pelayo Rodríguez, luego obispos de Mondo-
ñedo e Iria, según se ha dicho), entre los que hay uno que no queremos
dejar de mencionar aquí por su especial significación en el ocaso del
goticismo hispano, Pelayo Tedóniz, un hombre excepcional al que no se
ha prestado una detenida atención.
Pelayo se nos muestra por vez primera en 1040, sin duda muy joven,
en la casa celanovense, tal vez con un hermano suyo, que a su lado apa-
52 Ed. SÁEZ, Colección diplomática de Celanova, I, doc. 65.
53 Genealogías de Meyá; ed. J.M. LACARRA, Textos navarros del Códice de Roda :
Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, I, Zaragoza 1945, 238.
54 PELAYO DE OVIEDO, Chronica Regum Legionensium; ed. ES, XIV, 466-470.
120 m. carriedo tejedo
rece con su mismo apellido: Nausto Tedóniz55. ¿Pertenecían los dos a la
familia de San Rosendo? Los documentos no son muy explícitos, pero
una cosa es segura: el obispo Cresconio de Iria se fijó muy pronto en
nuestro monje de Celanova, que sin dejar de pertenecer nunca a la casa
de san Rosendo fue llevado a completar su esmerada educación en San-
tiago, según nos revela él mismo: In Galletia prouintia hortus, ado-
leui in sede Sancti Iacobi ibique, doctrinas ecclesiasticis adprime
eruditus, ad gradum usque leuitici ordinis promotus sum56.
Brilló de tal manera Pelayo, que muy pronto se convirtió, ya como
diácono, en inseparable acompañante de Cresconio. Y juntos es posible
sorprenderlos, por ejemplo, en los solemnes actos que organizaron en
León en diciembre de 1063 los reyes Fernando I y doña Sancha, con
motivo de la recepción en la “urbe regia” de los restos mortales del
ínclito San Isidoro, arzobispo de Sevilla (Creconius iriensis episcopus
conf.- Pelagius diaconus, Titoniz conf)57. Y fue debido a sus virtudes,
sin duda alguna, que no tardó en ser promovido por los mismos Fer-
nando I y doña Sancha a la silla legionense, tras la muerte de san Alvito
(1063) y de su fugaz sucesor Jimeno (1063-1065), previa la autorización,
según nos consta, del mismísimo Cresconio de Iria, que no sin dolor
tuvo que ver partir de su lado al bueno de Pelayo Tedóniz, llamado a
más elevadas tareas (inde, euolatis aliquibus annis et maxime cum
iam temporanei funderentur uertice cani, arcessitus sum memorie
rege Fredenando et Santia regina usque in hac sede Sancti Salua-
toris et Sancte Marie urbis Legionense constitutus sum episcopus,
Deo auxiliante et domno meo Cresconio pontifice in hoc consen-
tiente)58. Hasta tal punto sintió Cresconio tal nombramiento, que el
anciano obispo no quiso prescindir de su pupilo durante los pocos meses
que ya le quedaban de vida, para que llevara su propia voz en todo tipo
de actos, incluso los jurídicos.
Pelayo fue también, según aprendió de Rosendo, un hombre fiel
ante todo a la monarquía y a su señores Fernando I y Alfonso VI (itaque
eodem anno, defuncto rege qui me ad hunc honorem promouerat,
55 Vid. CARRIEDO TEJEDO, El gallego Pelayo Tedóniz : Monje de Celanova (desde
1040), diácono compostelano (desde 1056) y obispo de León (desde 1065) : Compostel-
lanum, XLIV, 1-2, 1999.
56 Ed. J.M. RUIZ ASENCIO, Colección documental del Archivo de la catedral de
León (775-1230) : IV (1032-1109), León 1989, doc. 1190.
57 Ed. P. BLANCO LOZANO, Colección diplomática de Fernando I (1037-1065) :
Archivos Leoneses, 79-80, 1986, docs. 66 y 67.
58 Ed. RUIZ ASENCIO, Colección catedral de León, IV, doc. 1190.
la familia de san rosendo 121
filius eius Adefonsus successit in regno, imitator paterne uirtus et
bonitatis, sicut experimento didicimus et sicut in sequentibus reci-
tauimus). Y la labor realizada por Pelayo Tedóniz en la sede leonesa
fue incansable y de proporciones colosales, sólo digna de comparación
con la de su antecesor espiritual San Rosendo. Renovó las casas y ofici-
nas de la sede, y aún los propios hábitos de sus clérigos. Controló todas
las posesiones de su diócesis y luchó denodadamente para reparar no
pocas intromisiones. Puso orden en su desorganizado archivo y mandó
copiar nuevos libros. Logró de los monarcas Fernando I y doña Sancha,
y de sus hijos Alfonso VI y doña Urraca diversos dones para su iglesia.
Se preocupó por la apliación de las normas canónicas entre el clero, en
ocasiones muy relajadas, y el 10 de noviembre de 1073 procedió a la
consagración de su restaurado templo catedralicio, muy castigado desde
la pasadas campañas de Almanzor de finales del siglo X59.
Pero además, Pelayo Tedóniz actuó con la necesaria prudencia para
no perjudicar a su iglesia durante las graves tensiones fratricidas que
le tocó vivir durante su pontificado, desde la muerte de Fernando I en
diciembre de 1065 y hasta la reunificación definitiva del reino en la per-
sona de Alfonso VI en 1073, un año marcado también por el comienzo
de la reforma gregoriana, que al fin fue la que le costó la silla, pues
Pelayo, un tradicionalista a ultranza sobre el que Díaz y Díaz llegó a decir
que “fue un auténtico restaurador, deseoso de dar nuevo vigor a la vieja
cultura nacional que sentía amenazada”60, ya no servía sin duda a los
intereses del rey, y finalmente renunció amistosamente a su silla en 1087,
¿para retirarse a su primitiva casa celanovense? Es probable.
Y hasta es posible incluso que el propio Pelayo Tedóniz pertene-
ciera a la familia biológica de san Rosendo, de ser acertado el (hipoté-
tico) cuadro que ofrecemos a continuación, que alargaría en el tiempo de
forma acusada la ya expuesta arriba “familia episcopal rosendiana”, y que
concluye poco antes de que el papa Celestino III proclamara a la iglesia
universal el culto a san Rosendo en la basílica de San Juan de Letrán el
día 9 de octubre de 119561:
59 Vid. ID., ibid., doc. 1190.
60 Vid. DÍAZ Y DÍAZ, Códices visigóticos en la monarquía leonesa, León 1983, 174,
n. 89.
61 Vid. S.L. PÉREZ LÓPEZ, San Rosendo e Mondoñedo : Razóns dun Centenatrio
(907-2007), Mondoñedo 2006.
122 m. carriedo tejedo
ALFONSO III (+910) ERO FERNÁNDEZ
| |
____________________ _____________________________
| | | |
FRUELA II ORDOÑO II TERESA ILDUARA
(+924) (+924) ERIZ ERIZ
| = = =
| ELVIRA GONZALO GUTIER MENÉNDEZ (+938)
| | BETÓTIZ |
| | | ____________________
| | | | |
ALFONSO RAMIRO II PELAYO ===== ERMESINDA SAN ROSENDO
FROILAZ (+951) GONZÁLEZ | Mondoñedo e Iria
| (936-959) |
| |__________________ |
| |
| ______________________________________________________________________
| | | |
ORDOÑO IV ILDUARA = GONZALO FRUELA ARIAS II
| PELAÉZ MENÉNDEZ PELÁEZ (973) ( 977-982)
| |__________| | Mondoñedo
| | ¿ |?
VERMUDO II MENENDO TEDÓN
(+999) GONZÁLEZ FROILAZ
| + 1008 ( 1005-1011)
| | _________________ _|____________________________
| | ¿ |? ¿ |?
a
ALFONSO V == E L V IR A ARIAS FRUELA
(999-1028) MENÉNDEZ TEDÓNIZ TEDÓNIZ
| | (+ 1022) (1044-1047) (1025)
| | |
____________________ ______________________________________ |
| | | | | ¿ |?
VERMUDO III SANCHA FRUELA CRESCONIO XXX TEDON
(1028-1037) (+1067) ARIAS Obispo de Iria | FROILAZ
= conde (1037-1066) | (1044-1045)
FERNANDO I (1056-1071) | |
(1038-1065) | | ¿ |?
| | | ___________
| | | | |
ALFONSO VI URRACA GUDESTEO PELAYO NAUSTO
rey (1066-1109) FROILAZ Obispo de Iria TEDÓNIZ TEDÓNIZ
= = (1066-1069) Obispo
JIMENA MUÑIZ PEDRO FROILAZ de León
(concubina) conde (1065-1087)
| |
TERESA ===== FERNANDO ====== SANCHA
ALFONSO PÉREZ de Traba GONZÁLEZ
viuda Enrique conde
de Portugal || |
| || |
| |
____________________ _______________________________________
| | | | |
TERESA SANCHA GONZALO MARÍA URRACA
FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ
= = conde = =
FERNANDO II ALVAR RODRÍGUEZ = PONCE JUAN
(1157-1188) conde de Sarria BERENGUELA DE CABRERA ARIAS
a
La rama de Arias Tedóniz está atestiguada por su bisnieto: “Yo, el conde Fer-
nando, hijo del conde don Pedro Froilaz y de doña Urraca Froilaz... por herencia de mi
madre doña Urraca y de mi abuelo el conde don Froilán Arias y de mi bisabuelo Arias
Tedonizi” (ed. FALQUE REY, Historia Compostelana, 567). El abuelo Fruela Arias aparece
en 1056 (ed. M. ANDRADE, O Tombo de Celanova, 2 v., Santiago 1995, doc. 6) y en 1071
(“Froila Arias comes confirmo”; ed. España Sagrada, XVII, doc. II, 239-242), y fue tal vez
el mismo que asesinó a su sobrino Gudesteo de Iria: “Surgieron... conflictos entre él y su
tío el conde Froilán... (y) con impía crueldad lo despedazaron” (ed. FALQUE REY, Histo-
ria Compostelana, 76), y ya es sabido que Cresconio era “nacido de nobilísimo linaje” y
que Gudesteo fue “su sobrino, elevado después de él al pontificado” (ed. ID., ibid., 76),
lo que convertiría a Cresconio en hermano del conde Fruela Arias, cuyo padre “Arias
la familia de san rosendo 123
Sea como fuere, lo cierto es que fue de la casa celanovense fun-
dada por san Rosendo de donde salió en el pleno siglo XI el que iba a
ser último gran destello del esplendor (en todos los órdenes espirituales,
pastorales e intelectuales) que lució con luz propia en la iglesia hispana
de la superviviente “Gallaecia” suevo-visigoda hasta la prescripción for-
mal de la viejísima liturgia toledana en el Concilio de Burgos (1080).
Porque Pelayo Tedóniz fue también, en rigor, el último digno sucesor
de los grandes hombres que produjo la vieja provincia “galaica” durante
los cinco siglos que van desde san Martín de Dumio (siglo VI), pasando
por san Fructuoso Braga y san Valerio del Bierzo (siglo VII), y hasta el
lucense san Froilán de León (900-905), san Atilano de Zamora (900-922),
san Genadio de Astorga (909-920) y, cómo no, san Rosendo de Mondo-
ñedo (907-977), cuya memoria ha permanecido vigente, y sobresaliente,
durante más de un milenio hasta hoy mismo, al margen de todas las
reformas posibles.
Manuel Carriedo Tejedo
Investigador
León
Tetoniz” es citado en 1044 y 1047 (ed. ANDRADE, ibid., docs. 350y 351). Pero a partir de
aquí todo es ya pura hipótesis, necesaria para abrir nuevos caminos: El incógnito Tedón,
padre de Arias Tedóniz (1044-1045), nombre que no abunda en las cartas, ¿fue el “Teton
Froilaz” que aparece en de 1005-1011? (ed. ID., ibid., docs. 275 y 276), ¿y fue ese mismo
Tedón Froilaz (1005-1011) un hijo Fruela Peláez (973), el hermano de Arias II Peláez de
Mondoñedo? La reiteración onomástica en el seno de una misma familia (y en el marco
de la misma documentación) nunca es prueba, ciertamente, sólo un inidicio, pero ¿fue
ese mismo Tedón Froilaz (1005-1011), además de hijo de Froila Peláez (973) y padre de
Arias Tedóniz (1044-1045), padre también del “Froila Tedoniz” que aparece en 1025? (ed.
ID., ibid., doc. 369), ¿y fue a su vez este Fruela Tedóniz (1025), padre del “Tetoni confes-
sus prolis Froilani” que viene en 1044 y en 1045, junto a los que tal vez eran sus propios
hijos, Pelayo y Nausto Tetoniz? (ed. ID., ibid., docs. 349 y 270). No sería la primera vez
que padre e hijo compartieron claustro. La hipótesis convertiría a nuestro Pelayo Tedóniz
en sobrino de su tutor Cresconio, y a éste (de “ilustre linaje”) en tataranieto de una her-
mana de san Rosendo. Todo lo cual explicaría muy bien, además, su estrecha relación.
La familia de San Rosendo en la fundación
del monasterio de Chantada
Introducción
Antes de centrarnos en algunos de los problemas de los primeros
documentos haremos una serie de afirmaciones, quizás largas y gene-
rales. Pero así quedará más subrayada la importancia que tienen para
la historia, para la comarca de Chantada y su memoria, … el estudiar,
precisar y, también, volver sobre unos documentos del pasado para, en
la medida de lo posible, aclarar lo que viene repitiéndose, como datos
incuestionables, por investigadores que, afianzándose en los asertos de
los autores que citan, sin beber en las fuentes, dan como ciertos.
Al tratar de justificar estos asertos largos y generales diremos que se
hacen frente a algunos que tratan de ponernos lo científico y serio bajo la
sospecha diciendo, en público y en privado, que “las cosas viejas y la his-
toria no valen para nada”. Cayendo en el desprecio y despreocupación
de la conservación del patrimonio de un pueblo, con todo lo que esto
lleva de olvido de la auténtica memoria, con un discurso que no deja de
tener una intención muy concreta y un fuerte interés ideológico.
Partimos de que el hombre es un animal de tradición, e incluso el
único. Por eso no parte nunca de cero. Las generaciones anteriores son
Estamos dentro de una definición de hombre: “animal rational” que no tiene
nada de falsa, aunque requiera matizaciones, y que ha servido durante muchos siglos
para hablar del ser del hombre, pero es insuficiente. Nosotros nos situamos, al hablar del
hombre, dentro de lo que encierra de misterio y enigma por ser ahí donde la profundidad
y espesura nos da, una visión más compleja, pero en su inasibilidad, más completa para
poder comprender muchas de las afirmaciones que siguen. El hombre supera su defini-
ción. PASCAL, Oeuvres complètes, París 1954, 1207; ZUBIRI, El hombre y Dios, Madrid
1984, 92ss.; MOSÈS, S., en LÉVINAS, E., L’éthique comme philosophie première, París
1993, 79-101.
126 J. Méndez Pérez
las que le hacen estar en continuidad, no por acumulación que hace sobre
sí de la herencia recibida, sino como quien ha de recrear lo recibido. La
tradición ha de ser vivida desde su propio momento histórico. Así la
vida humana no es vuelta al pasado para repetirlo, sino recepción de lo
transmitido (traditum) para recrear y hacer, desde esa tarea conjunta de
la humanidad, que renazca el horizonte nuevo de cada momento como
paradigma en el camino de la humanización.
Cierto que estas afirmaciones, teniendo sus matizaciones, son inne-
gables. Pero, ¿cuando tenemos tanto de qué ocuparnos y se nos dice
que dejemos el pasado, retemos al presente y abramos puertas al futuro,
que hemos perdido el sentido de la `historia´, que estamos entregados al
esteticismo del presente, ¿podemos pararnos un momento para hablar de
los problemas de unas copias de documentos hechas en el s. XII, bien
mediado, que nos refieren actos del siglo XI, que muchos más son los
que los desconocen que los que saben, al menos donde están, y que
bien poco se refieren a su presente? Es cierto que hoy hay paradigmas
totalmente nuevos. Pero, ¿puede entenderse el presente de una comarca
gallega, dada la influencia que tuvo este monasterio en ella, sin volver a
esos pergaminos? Lo histórico no muere completamente, pues no se dan
cortes ni mutaciones bruscas en los sistemas de valores. Por eso, lo que
no pervive a través de los siglos, ha dejado su huella. “La historia de los
pueblos se hace mirando al pasado con visión de futuro y no se puede ver
el pasado sin conocer sus fuentes”. Estos pergaminos no pueden ser vis-
tos como restos arqueológicos neutros, que no tienen nada que decirnos
y que lo único que puede hacerse con ellos es guardarlos en las carpetas
de los archivos. Situarse en esta perspectiva sería caer en una visión sim-
plista que debería ser cuestionada, a pesar, y por eso, de toda la proble-
mática, que exige solución urgente por ser algo presente y a nuestro lado
como carencia, herida y necesidad en el hombre.
“La intensa y apresurada aceleración de los acontecimientos, mucho
más en los inicios de este tercer milenio, amenaza con marginar y olvidar
la memoria histórica y arrinconarla como si de un objeto, acaso valioso,
pero superfluo, se tratara. Incluso importantes acontecimientos que han
Cf. KUNG, H., Teología para la postmodernidad, Madrid 1987, 109-139; donde
el lector encontrará un trabajo de altura, con grandes intuiciones, referido a la teología y
a las ciencias y podrá precisar el sentido y alcance de este término en el momento pre-
sente.
FERNÁNDEZ DE VIANA Y VIEITES, JOSE I., “Las fuentes documentales gallegas
de la Edad Media. Estado de su publicación”, en id. et al..., Galicia en la Edad Media,
Madrid 1990, 7.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 127
marcado profundamente la vida y el futuro de gran parte de la humani-
dad, parecen enseguida tan lejanos que pueden ser ignorados”. No debe-
rían olvidar estas afirmaciones cuantos piensan que el pasado y sus viejos
pergaminos no tienen mucho que decirnos.
Creo poder afirmar que cualquier escrito de una época es obra de
un pueblo. Y un pueblo no muere sin dejar vestigios para el futuro, aún
en el peor de los casos. Vivimos en buena parte de impactos del pasado
y no porque nos anclemos en el dicho: “Cualquier tiempo pasado fue
mejor”, sino porque no hay forma de proyectarse hacia el futuro sin esas
referencias, donde en el complicado proceso de condicionamientos, apa-
recen unos determinados paradigmas y no otros.
Kula Witold afirma que el “pasado explica hasta cierto punto el pre-
sente, y esto, aunque no lo afirmen los filósofos ni los metodólogos, es un
hecho”. Así quien quiera entrar en el mundo de la historia, entendida de
modo global, no puede olvidar ese camino donde lo sinuoso y proyec-
tivo de las distintas dimensiones del ser humano y su medio se entrevere-
dan en ese proceso de los tiempos: pasado-presente-futuro.
ALBERIGO, G., Breve Historia del Concilio Vaticano II (1959-1965), Salamanca
2005, 14. Esto mismo, años antes, afirma más expresivamente diciendo: “En este final de
siglo -y de milenio- la intensa y agobiante aceleración de los acontecimientos, al menos
en el norte del planeta , amenaza con dañar la memoria histórica, arrinconándola como
si fuera un trasto viejo, quizás muy valioso, pero superfluo. Incluso los grandes acon-
tecimientos que habían marcado profundamente la vida y el futuro de gran parte de la
humanidad, parecen de pronto tan lejanos que uno cree que se puede permitir el lujo de
ignorarlos”, cf. Alberigo et al. en Historia del Concilio Vaticano II, I, Salamanca 1999, 9.
A mediados del siglo pasado nos lo recordaba Antonio M. Murguía, con fuerza
y claridad meridiana, al decirnos: “Cualquiera que sea la suerte de las sociedades, ora
desaparezcan para siempre, como razas que han terminado su misión sobre la tierra, ora
hayan quedado dispersas y reducidas a miserables tribus, mudos restos de su pasada
grandeza, las verdades morales que hubiesen sentido, los conocimientos que hubiesen
allegado, ni se borran ni se pierden por completo, pues a los pueblos a quienes les toca
recoger esta herencia, no sabrán ni podrán nunca malgastarla locamente. ¡Herencia de
bendición que fue y será siempre, anillo de desposada que la civilización da a los nuevos
pueblos, como el signo de su sagrado Himeneo!” MURGUIA, M., Historia de Galicia, I,
Coruña 1901, 3-4.
KULA; WITOLD, Problemas y métodos de la historia económica, Barcelona 1977,
592. El autor no se refiere al documento directamente, es más, se ríe del documento,
si la historia se hace solamente desde él, sino a ese conjunto de relaciones que deter-
minan una influencia de comportamiento del que se plasma una mínima dimensión en
un documento por la imposibilidad de abarcar la configuración absoluta que determina
el momento histórico. Por eso, el pasado explica el presente y éste, a su vez, explica el
pasado. Cf.. las páginas 591-595.
128 J. Méndez Pérez
Desde esta perspectiva se justifica, en un primer momento, la vuelta
a unos documentos del siglo XI. Además, hemos de tener en cuenta que
la historia no se puede narrar sin la vuelta y descubrimiento del docu-
mento con lo que conlleva de acercamiento a un privilegiado y complejo
momento-mundo. Pues estos documentos nos hablan, no del patrimonio
de los hombres cultos, aunque también, pues de ellos parten, sino de un
conjunto de elementos de distinta naturaleza: conocimientos, símbolos,
valores, pautas de comportamiento, leyes, costumbres, instrumentos que
tienen en común el ser socialmente transmitidos, heredados, compartidos
y el ser configuradores de la forma de vida de una sociedad determi-
nada. Acercarse a un documento de la época que sea, es entrar en la
concepción cósmica, personal, económica, política, simbólica, religiosa
del grupo humano que ha elaborado, `a su modo´, todas esas instancias
que, en definitiva, no son más que un lenguaje que comunica significa-
dos y valores que funcionan asentados en cuatro pilares: el trabajo, el
poder, la fantasía y la religión. Por tanto, “Es preciso buscar al hombre
vivo bajo el polvo de los archivos y el silencio de los museos”.
En un segundo momento, creemos que esta vuelta se justifica por el
hecho de entrar en diálogo y decir una palabra, ciertamente no la única
ni la más acertada quizás. Pero, teniendo en cuenta lo que se lleva escrito
sobre estos documentos, no quisieramos ser un devoto más que escribe y
repite noticias, sino el que pacientemente escucha lo que otros dijeron y,
cotejándolo con nuevos datos de documentos, abre hipótesis o confirma
tesis que pueden alumbrar descubrimientos o caminos a recorrer que,
aunque difíciles, se ofrecen llenos de insospechada aventura al acercar-
nos a la vida de nuestros antepasados.
Hay otras razones que justifican la vuelta a estos documentos y que
no quisieramos omitir para estimular el estudio de todos estos centros
No tratamos de definir qué es la cultura, aunque nos movamos dentro de las
distintas dimensiones que comporta el término, por eso aportamos una bibliografía
sucinta que subraya lo que venimos diciendo. CAR. HLOCKHOHN, CLYDE, y KROEBER,
ALFRED LOUIS, Culture. A critical review of Concepts and Definitions, Museum of Ame-
rican Archaeology and Ethnology, Cambridge, 1952. TYLOR, EDWARD BURNETT, Cultura
primitiva, I. Madrid 1976, 19. USCATESCU, JORGE, Breve teoría e historia de la cultura,
Reus - Madrid, 1973. GEERYZ, C. Una teoría científica de la cultura, Barcelona 1981. Otras
muchas obras y artículos podrían citarse para concluir diciendo que la vida humana tiene
un sin fin de dimensiones, y en cada una de ellas se da la cultura, porque en cada una de
ellas se da una actividad del hombre ya sea partiendo de lo natural, ya sea reelaborando
y trans-significando lo ya culturizado.
DEBY, GEORGES, Historia social e ideologías de las sociedades y otros ensayos
de historia, Barcelona 1976, 6.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 129
que han desempeñado un papel muy importante en dimensiones tan
comprometidas como la vida socio-político-económico-religiosa, en un
escenario geográfico concreto, hasta llegar a ser testigos de excepción
y dueños de la historia en el pleno sentido de la palabra. Retomar estos
aspectos es situarse en el eje sobre el que se ha desarrollado la vida de
los siglos pasados, cuyas huellas siguen presentes en tantas situaciones,
cargando nuestra mente con preguntas que tienen unas respuestas y unas
razones que no conviene olvidar, si hemos de conocer con verdad nues-
tro pasado que, tan bien, sabe explicarnos el presente y proponernos
alternativas para el futuro, si escuchamos10.
Hechas estas anotaciones que justifican este trabajo y marcan su
objetivo, trataremos de estudiar, precisar y solucionar tres problemas
referentes a los dos primeros11 documentos del monasterio de San Salva-
dor de Chantada, Lugo.
Puede consultarse con provecho, haciendo la oportuna crítica, la magna obra
del polaco WITOLD, KULA, o. c. y, del mismo, Teoría económica del sistema feudal.
Otra obra que abre grandes perspectivas es la del geógrafo francés PIERRE GEORGES,
Geografía rural, Barcelona 1980, donde nos da a conocer esos factores que configuran
un paisaje rural desde sus múltiples procesos y relaciones. Sobre el fenómeno religioso
y sus influencias hay trabajos que nos sitúan bien en tema tan complejo el de PIERRE
CHAUNI, “Une histoire religiose sérielle: à propos du dìocèse de la Rochelle (1648-1724)
et sur quelques exemples normands”, Revue dé Histoire Moderne et Comtemporaine,
Tomo XII, 1 (1965) 5-34. Aunque no referido directamente al tema monástico, pero dentro
de la línea de investigación actual como aporte al tema desde las ciencias, está la obra de
DUPRONT, A., Antropología religiosa. Hacer la historia, II, Barcelona 1977, 111-142. Y en
esta misma obra otro trabajo con líneas dignas de tenerse en cuenta es el de JULIA, D.,
“La religión: Historia religiosa”, 143-174.
10 Pues “la historia debe de dejar de ser relato para convertirse en problema, en
una constante interrogación capaz de enriquecerse progresivamente en sintonía con la
evolución de las preocupaciones e inquietudes cotidianas del momento en que vive el
investigador” ROMERO, J. RAMON, Los monasterios de la España medieval, Madrid 1987,
41. Cf.. También LONERGAN, B. El método en teología, Salamanca 1988, 169-189, aporta
dimensiones muy claras a este respecto.
11 Hablar de los dos primeros documentos de Chantada no es afirmar que estos
dos documentos, de los que nos vamos a ocupar, fuesen los primeros existentes de este
monasterio. Y, por eso, los documentos referentes o que nos hablen directamente de la
fundación. Pues de tal época no ha llegado a nosotros, que conozcamos hoy, documenta-
ción coetánea. Se trata de dos copias, posiblemente de originales en escritura “visigótica”,
dados algunos modos que aparecen al expresar la fecha y que puede afirmarse, por la
clase de letra en que aparecen, minúscula diplomática, que sean, dichas copias, de media-
dos a finales del s. XII. Las expresiones tipo a las que nos referimos puede encontrarlas
el lector en FLORIANO CUMBREÑO, Diplomática española del periodo Astur, 718-910. Y
en los documentos a los que nos referimos se expresan de este modo: “Era LXI post Iª” y
“Era Iª CªXIª”.
130 J. Méndez Pérez
Primeramente nos centraremos en la datación de uno de los docu-
mentos12.
En segundo lugar, después de ver algunas cuestiones sobre el abo-
lengo de Ero Ordóñez y Adosinda, fundadores de Chantada, si se pueden
identificar con los bisabuelos maternos de San Rosendo: Ero Fernández y
Adosinda como lo hacen varios autores.
Y, por último, si Ermesenda, la otorgante de los dos primeros docu-
mentos conservados de Chantada13, es una única persona o, como apa-
rece en dichos documentos, se trata de Ermesenda, otorgante de ambos
documentos, y de una tía homónima de ésta.
I. La datación de las copias de los dos primeros documentos conservados
del Monasterio de Chantada. La lectura del año en el documento del
11 de enero
Comenzamos afirmando que para el documento del 6-II-107314 no
hay dificultad alguna para dar por cierta la fecha que aparece en la copia
conservada en minúscula diplomática de finales del s. XII.
Las dificultades las tenemos al acercarnos a la fecha del documento
del 11 de enero y encontrarnos con lo que se nos dice del año: “…die
III idus ianuarii. Era LXI post prima.”15. Dificultades que no son plantea-
mientos que nos hagamos hoy, pues, como veremos, ya siglos atrás vie-
ron problema en el año que aparecía en la copia de este documento.
1. La fecha otorgada por el Padre Yepes
Resulta llamativa la fecha que le atribuye el P. Yepes cuando en la
“Coronica”, al hablar de la fundación de la abadía de Chantada, dice que:
“murió primero Don Muño Núñez y Doña Ermesenda guardó su palabra
cumplidamente así por la era de 1071, que es el año presente de Cristo
12 MADRID, ARCHIVO HISTORICO NACIONAL, AHN, Clero, Lugo, Chantada,
Carpeta 1067/ 2.
13 MADRID, AHN, Clero, Lugo, Chantada, Carpeta 1067/1 y 2.
14 Ibidem, Idem, nº ,2.
15 Ibidem, Idem, nº ,1.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 131
de 1033, hace testamento … Esta Ermesenda de quien vamos hablando
tuvo una sobrina de su mismo nombre, que siguió las mismas pisadas de
su tía, y después, por la era de 1111, hace otro testamento tan cumplido y
aún más copioso que el pasado”16.
A la vista de estos datos podemos preguntarnos ¿En qué funda la
lectura de la era 1071, año 1033, cuando en el apéndice de documen-
tos transcribe dicha fecha: `Die tertio, Idus Ianuarii era 2X1 post J´ ´? No
tenemos respuesta. Pues es tal el error, despiste o fallo en las notas que
pudo tomar o recibir?, de segunda mano, que tratar de aclarar el porqué
de ese año nos parece inútil, sino imposible.
Por eso, creemos que el P. Yepes, referente a este documento, a
la hora de aclarar el año, no sólo no aclara, sino que complica más la
cuestión. Pues, por una parte, nos dice que se trata de la Era 1071, año
1033. Y, por otra, en la transcripción del documento, según lo publicado
en la “Coronica”17, lee la “L” como un 2 arábigo18; de este modo la fecha
tendrá que ser leída, según él, Era 1211 (Año 1173). Pero estas dos lectu-
ras enredan cualquier salida de un correcto “sensus scripturae” que mire,
aunque sólo sea, a las cuestiones internas del documento en referencia al
pergamino del 6 de enero de 1073; y no digamos si ese “sensus” se mira
teniendo en cuenta los abades firmantes.
2. Gregorio de Argáiz
A los 58 años de de publicarse el tomo VI de la “Coronica” del P.
Yepes, el monje de santa María de Oña y gran archivero, Gregorio de
Argáiz, publicó el tomo III de “La Soledad Laureada por San Benito y sus
Hijos en las Iglesias de España” y en su capítulo XXVII, al hablar de la fun-
dación de Chantada, se ocupa de este documento diciendo lo siguiente:
“ La escritura trae el M. Yepes: La data está dificultosa de entender, dize,
era 2XI post I poniendo el cinquenta como dos de guarismo: La X senci-
lla, viniendo a ser lo mismo, que era LXI, postmillessima, que es el año
16 YEPES, A., Coronica General de la Orden de San Benito Patriarca de Religiosos.
Tomo VI, Valladolid 1617, folio 24r.
17 Ibidem, Idem, folio 451vto.
18 Ciertamente que es fácil cometer este error para quien no esté familiarizado con
la minúscula diplomática en que está escrita la copia del documento. Esto no niega nada
de la grandeza de este gran archivero y abad de Valladolid, si fue él quien leyó, si no que
hasta se justifica más el error, pues quien desconozca esta letra y tenga que transcribir el
original, como pudo pasar en este caso, más ve un 2 arábigo que una “L”.
132 J. Méndez Pérez
de Christo mil veinte y tres, diez años antes de que la pone M. Yepes mas
no se ha de escribir sino era MLXI [La X debe llevar guión encima] que es
mil noventa y uno, y año de Christo mil cincuenta y tres y verdadero de
la data: La razón es, porque firman esta datación diez abades: Fagildo
de S. Payo de Antealtares: Thanoy de S. Antonino de Toques, Munio de
S. Lorenzo de Carboeyro, Arias de Cellanova , Oveco de S. Iusto de Tonos
Altos, Fernando de S. Vicente de Monforte, Gudesteo de S. Juan de Rivera:
Y estos mesmos firman otra escritura de una sobrina de Doña Hermesenda
Núñez, del mismo nombre, dada el año de Christo mil setenta y tres. Y si
la de la tía fuera del año mil veintitres, era forzoso decir que todos diez
abades avían vivido cinquenta años en sus conventos igualmente, y sin
discrepar de un punto: pues había llegado a afirmar entrambas escrituras,
que no es factible, con que viene a ser la data, que yo digo”19.
Dada esta argumentación el año del documento, según Argáiz, es:
“Mil cincuenta y tres, y verdadero de la data”. Pero, como veremos, no es
la argumentación más acertada ni la que solucione el problema y menos
si se tiene en cuenta la documentación referente al abadiato de los fir-
mantes que cita.
3. El Benedictino Fr. Bernardo De Foyo
Este monje de San Martín Pinario de Santiago de Compostela, por el
año 1783, escribe el “Discurso sobre el altar y ara primitiva erigida sobre
el sagrado cuerpo del Apóstol Santiago el Maior: que se venera en Compos-
tela” y al hablar del tiempo, personas y motivos de la demolición de este
altar y su traslado, se refiere a uno de los firmantes del documento de
Chantada: el Abad Fagildo y dice que era abad de Antealtares por el año
1063. Efectivamente lo encontramos firmando un documento de dona-
ción que hace Fernando I y doña Sancha a la Iglesia de San Juan Bautista
de León en honor de San Isidoro cuyos restos habían sido trasladados y
depositados allí el día anterior20.
19 GREGORIO DE ARGAIZ, La Soledad Laureada por San Benito y sus Hijos en las
Iglesias de España, Alcalá 1675, folios 444-445.
20 Se conservan dos copias de este documento de Fernando I en LEÓN, ARCHIVO
DE SAN ISIDORO DE LEÓN, números 125 y 126; y en MADRID, REAL ACADEMIA DE LA
HISTORIA, Colección Salazar, M 144, folio 1750 y también en ese mismo Archivo, Colec-
ción Salazar, O, 22, folio 41r; lo publica YEPES, “Coronica…”, VI, Escritura XVII, folio
461-462; también publicado por BLANCO LOZANO, PILAR, Colección Diplomática de
Fernando I, León 1987, Nº 66, 169-172.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 133
Y, hablando de este abad, dice que “en 1073 firma Escritura de
Chantada: Abbas Domno Fagildo de Monasterio Antealtares loco sacto.
Quiere Yepes que en igual forma haya firmado otra del mismo Chantada,
que [folio 30] dice ser de 1033, pero esto contiene mil repugnancias, y es
muy verosímil que en la fecha de la citada Escritura en vez de L se debió
de Leer C y saldrá al mismo año de 73, con pocos días de diferencia a
la primera, como lo requiere la casi identidad de las firmas de una y
otra”21.
Esta argumentación e hipótesis creemos que es la única y verdadera
solución por la lógica que encierra teniendo en cuenta el “sensus” de los
documentos.
4. Las hipótesis de Ventura Cañizares del Rey
El gran historiador y canónigo lucense, haciendo una síntesis de
Argáiz, con lógica propia, duda y pone objeciones a la fecha del docu-
mento abriendo hipótesis, pero sin llegar a una conclusión decisiva más
que la anotación que hace al comienzo de una doble octavilla que titula:
“Era 1111 = a. 1073 (11 de enero)” y que acierta, según nuestro parecer,
en la fecha que ha de dársele a ese documento, pero sin indicar razón
alguna del porqué propone esa fecha y no otra o el lugar de dónde la ha
tomado22.
Vamos, aunque sea larga la cita, a dejar que él nos razone las hipó-
tesis que plantea, reiteramos, que en nada se refiere a la fecha que pone
como encabezamiento de la octavilla citada, dice, después de hablar
de las donaciones que hace Ermesenda al monasterio de Chantada: “…
`Facta scriptura testamenti vel facti nostri die tertio Idus Januarii, era 2XI
post I.´ Y subscriben los diez Abades que confirman la donación hecha
por la misma Dª Ermesinda el 6 de enero de 1073. Atendidas estas firmas
no puede aceptarse la era 1061 que tiene el documento por ser moral-
mente imposible la presidencia de los mismos abades durante 50 años que
21 La cita está tomada de la edición publicada en Compostellanum, III, Nº 2 (1958)
311-312. El original de este “Discurso sobre el altar y ara primitiva …” está en A CORUÑA,
ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMMPOSTELA, nº 24, Tomo X , “Varia”
, 1ª Serie.
22 Creemos que es un apunte tomado del padre Yepes de cuyo apéndice docu-
mental copia el texto del documento de Chantada para la colección que hoy conocemos
como “Colección de Cañizares”.
134 J. Méndez Pérez
mediarían entre la fecha de los dos documentos. Pudiera suponerse que
a la X le falta el rasgo que la hace valer 40 y entonces la era sería 1091 y
sólo 12 los años entre los dos documento; pero en todo caso se hace bas-
tante difícil la permanencia de tantos abades …”23.
5. Aproximación desde los abades firmantes
Quizás no pase de ser una disquisición bizantina pararse a estudiar
el espacio temporal de los abades firmantes cuando la solución, como
veremos, es más sencilla y simple que meterse por esos caminos no muy
concluyentes dada la lógica interna del documento. Es más, analizando el
contenido del documento del 6 de enero de 1073, todas las acciones con-
tenidas en ambos concuerdan perfectamente. Y, todo esto, nos sitúa en la
clave de la solución que ya algún autor intuyó, como queda apuntado24.
No obstante vamos a entrar en el estudio de algunos de los firman-
tes25 para acotar en lo posible el espacio temporal y así poder plantear
con mayor precisión la hipótesis o quizás llegar a la conclusión26.
a) El abad Fagildo del monasterio de Antealtares
Es el primer abad firmante del documento. Aparece en la documen-
tación, por primera vez, en un diploma de donación que hace Fernando I
23 La cita está tomada de un papel doblado en octavilla que se encuentra suelta en
uno de los tomos de la Colección Diplomática de Cañizares del ARCHIVO DE LA CATE-
DRAL DE LUGO junto a la copia del documento de Chantada.
24 Nos referimos, en especial, al Padre Bernardo Foyo, monje benedictino de San
Martín Pinario, que, en su “discurso sobre el altar y ara primitiva erigida sobre el sagrado
cuerpo del apóstol Santiago el Maior; que se venera en Compostela”, dice, al hablar del
abad S. Fagildo que la lectura de la fecha debe de hacerse cambiando la L por C, como
tratamos de mostrar en este trabajo. Pues Argáiz y el gran paleógrafo e investigador, el
canónigo, Cañizares, en una octavilla que aparece suelta en su Colección Diplomática,
tratando el problema de la fecha van por otros caminos más difíciles e improbables.
25 Decimos de algunos, pues de otros es imposible, hasta la fecha, conocer el
espacio temporal de su abadiato por no haber documentación conservada que nos dé
datos sobre su mandato.
26 Afirmamos esto puesto que al no tener el documento original, que nos ahorraría
estas disquisiciones, siempre que estuviese clara la lectura de la fecha, tenemos que decir
que ésta es la fecha real y concreta que tuvo el original, a pesar del acotamiento hecho,
pues siempre podrá caber esa oscilación entre los años 1066-1075, aunque el estudio del
“sensus” interno de los documentos nos sitúe en una conclusión clara.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 135
y doña Sancha a la Iglesia de San Juan Bautista de León, el 21 de diciem-
bre de 1063, en honor de San Isidoro cuyos restos habían sido trasla-
dados y depositados allí el día anterior27. Sabemos también que Fagildo
muere el año 108428.
Teniendo en cuenta solamente estos datos no es mucho lo que
podamos decir a cerca de la fecha del documento. Lo único que cabe
afirmar es que nos acercamos a un amplio espacio de tiempo en el que
creemos se hace el documento. Pero no pueden hacerse más precisiones
por ser una dimensión muy larga de tiempo, la que conocemos, del aba-
diato de Fagildo.
b) El abad Don Arias de Celanova
Este abad no nos soluciona nada por el espacio dilatado de su aba-
diato: lo encontramos el 27 de de marzo de 1048, en una donación de
la villa de Dornas al abad “Ariam”29. El autor del Códice 1429B dice que
“…parece aber gobernado esta cassa y monasterio por espacio de venti-
dos años: que corrieron y se contaron dende la Era de 1089 hasta la de
1111…”30. Un folio más adelante, el mismo Códice, nos dice que “…
de lo dicho sacado de las datas y fechas de las escripturas consta aberle
durado el cargo mas años que los que le da de prelado el padre cronista y
maestro Fray Antonio de Hyepes que dice aber gobernado dende la era de
1092 hasta la de 1103, pero fue mal informado quanto a la duración de
este abbad como lo fue en la de los demás subccesores ...”31.
El espacio dilatado de este abad no es mucha la concreción que
nos da, pero nos acerca más a la fecha del documento si tenemos en
cuenta los datos que nos acaba de indicar el autor de este Códice. Pues,
27 Cf.. nota 20 donde se dan las referencias del documento de Fernando I.
28 La cita está tomada del “Discurso sobre el altar y ara primitiva…”, o. c., publi-
cado en Compostellanum, III, Nº 2 (1958) 312. En A CORUÑA, ARCHIVO DEL MONASTE-
RIO DE SAN PELAYO, SANTIAGO DE COMPOSTELA, hay copia de varias noticias sobre
San Fagildo y entre ellas está la copia de la lápida de su sepulcro donde aparece también
como fecha de su muerte el año citado: “…festo Calisti celo locus est datus isti era millena
centum dena cum duodena”, es decir: “ … el dia de San Calixto (4 de octubre) pasó de
esta vida al cielo en la Era de 1122”, año 1084; cfr en el citado Archivo. Notas históricas
sobre San Fagildo, Varios, 8, A 11, 5.
29 MADRID, AHN, Códice, 986B, folio 36r-36vto. y 1429B, folio 64vto.-68r.
30 MADRID, AHN, Códice, 1429B, folio 67vto.
31 Ibidem, Idem, folio 68r. Creemos que puede aceptarse sin reservas la corrección
que hace el autor del Códice a Yepes, pues teniendo delante los documentos del archivo,
en la lista que ofrece, lo encontramos firmando documentos en la Era de 1110 (1072).
136 J. Méndez Pérez
si comienza su abadiato en el año 1051 y va hasta el 1073, y aparece fir-
mando el documento tenemos un dato tope para no situar el documento
más allá del año 1073.
Quizás, con los datos aportados, no fuese necesario seguir adelante,
pero sigamos un poco más para ver hasta donde se puede aquilatar y
precisar la fecha desde los firmantes.
El año 1074 ya encontramos al abad Pelayo que, a decir del Códice
que venimos citando, su “prelacía” “…parece no haberle durado …dende
la Era de 1112 [año 1074] hasta la Era de 1115 [año 1077] …”32.
Reiteramos, quizás, con las referencias aportadas, no fuese necesario
seguir, pero demos un paso más para disponer de unos datos que nos
sitúen y pongan en el lugar más seguro para aquilatar y precisar la fecha
desde los firmantes. Ciertamente el documento, dados estos datos, no
podemos situarlo más allá del año 1073.
c) El abad don Alfonso de San Esteban de Ribas de Sil
No es mucho lo que pueda ayudarnos este abad a acotar el espacio
de tiempo, pues son escasos los datos que conocemos de él. Tenemos
noticia de este abad por el Liber Fidei de la Iglesia de Braga donde firma
un documento el 30 de agosto de 102533 como “Adefonsos, de claustra
Santi Stephani abba”. Y, según noticia de A. López Ferreiro34, cincuenta
y dos años más tarde, nos dice que aparece un abad Alfonso en el año
1073 ¿Será el mismo? Nos parece un espacio muy largo de tiempo, pero
ese es el dato aportado por López Ferreiro: a nuestro tema no aclara nada
más que la información de que en el año 1073, en San Esteban de Ribas
de Sil, tenemos el nombre de uno de los firmantes del documento de
Chantada. Pero al no haber un espacio de tiempo que acote no ayuda
mucho a determinar la fecha del documento.
Si seguimos los datos del abadologio de San Esteban nos encontra-
mos que en el año 1078 ya es abad Gutierre35.
32 Ibidem, Idem, folio 69vto.
33 Cf.. DE JESUS DA COSTA, AVELINO, Liber Fidei, I, documento nº 22.
34 “Ojeada sobre el estado de los monasterios de Galicia a fines del siglo XI y
principios del siguiente”, Galicia Histórica, I (1901) 57; es una pena que no nos indique la
fuente de donde tomó el dato.
35 DURO PEÑA, EMILIO, El monasterio de San Esteban de Ribas de Sil, Orense
1977, 33.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 137
d) El Abad Tanoy de San Antolín de Toques
Son varios los datos que tenemos de este abad: en una donación del
23 de febrero de 1067, hecha por el rey de Galicia, don García, aparece
como abad Tanoy36 y es la primera noticia escrita que tenemos de este
abad.
Posteriormente, en el 18 de junio de año 1074, lo encontramos
tomando parte en un pleito entre Ero Peláez y el abad de Samos, por la
mitad del monasterio de de San Salvador de Barxa37.
Dados los datos aportados por otros abades no abundamos en más
detalles, pues estas dos fechas están acotadas con espacios más cortos
dentro del arco de tiempo en que esos abades se mueven.
e) El abad Don Munio de San Lorenzo de Carboeiro
Este abad aparece en la documentación, por primera vez, el 27 de
octubre de 1069, en una donación a Carboeiro hecha por Adosinda Arias,
hija de Arias Fernández y Gotina Odoáriz38.
El 12 de febrero de 1075, ya encontramos al abad Ramiro. Estas
fechas, como venimos indicando, van cerrando el arco para situar el
documento fuera de las datas que algunos autores pretenden poner
muy tempranamente, como Argaiz, en el año 1053 “…verdadero de la
fecha…”39.
f) Don Pedro de Pombeiro
Algún autor40 dice que este abad aparece por primera vez el 24 de
julio de 106541 en un intercambio de propiedades entre Celanova y Pom-
beiro. Así, este documento, ha de ser posterior al 24 de julio de 1063.
Pero, por los datos que vienen dándonos los distintos abades firmantes,
36 Cf.. MADRID, AHN, Clero, Carpeta 557, Números 14 y 15 y Sánchez Belda, L.
Documentos reales …, nº 160.
37 LUCAS ÁLVARREZ, M., El Tumbo de S. Julián de Samos (Siglos VIII-XII). Estudio
introductorio. Edición diplomática, Santiago de Compostela 1986, documento 133, 291.
38 LUCAS ÁLVAREZ, M., o. c., Documento 26; página 73-75 ó 265-267. Otra dona-
ción a este abad la encontramos el 27 de noviembre de 1071, hecha por Ermesenda, “Deo
vota”, hija del conde Munio Múniz, familiar de los fundadores de Chantada.
39 ARGAIZ, GREGORIO, o. c., folio 445.
40 Cf.. FERNÁNDEZ DE VIANA Y VIEITES, J. I., o. c., 245.
41 Cf.. MADRID, AHN, Códice, 986B. Libro 2, Escritura XXIII, folio 47r-vto.
138 J. Méndez Pérez
vemos que esta fecha es muy anterior, aunque sea la primera vez que
aparece este abad en la documentación de Pombeiro. Por tanto, no nos
ayuda a precisar o cerrar el arco de la fecha del documento.
g) Don Fernando de “Sistario” de San Vicente del Pino
Hasta el momento, de este abad, no hemos podido concretar dato
alguno, salvo unas anotaciones a dos abades con el nombre de Fernando,
pero de fecha muy posterior42.
Por lo que este firmante no ofrece posibilidad ninguna de concre-
ción en el tema que nos proponemos.
6. Nuestras hipótesis desde el “Sensus” interno del documento
en relación con el del 6 de enero de 1073: lectura de ‘L’ por ‘C’
A. El documento desde el punto de vista paleográfico
No es momento ni objetivo pararnos a un estudio exhaustivo de
este documento, pero sí de poner algunas bases para poder comprender
mejor lo que venimos exponiendo. Nos centraremos en cuatro apartados:
la escritura visigótica del original, una expresión visigótica en la fecha de
esta copia y las anotaciones posteriores interpretando la fecha escrita en
el pergamino.
a) La escritura visigótica del original
Los documentos de que venimos hablando son copias de mediados
del s. XII, escritos en minúscula diplomática. Pero es seguro que los ori-
ginales estuviesen en escritura visigótica, aunque hoy no tengamos nada
más que vestigios, en estos dos documentos de que fue así. Aunque
Yepes nos diga y uno de los priores, en carta al abad de Valladolid a cerca
de una de sus iglesias anexas, que se perdió `mucha´documentación anti-
gua de este monasterio.
42 Los datos se los debemos al Archivero de Samos P. Victoriano González que
en carta de del 13 de diciembre de 1994 nos informaba en estos términos: “En Cuanto al
Abad Sistario de Monforte, revisado el catálogo de abades y cuanto pudiera decir algo de
él, no aparece tal nombre. Figura, sí un Fredenando, del siglo XI y un Fernando II, abad
del 1081 al 1218, pero en ninguno de los casos se lee el sobrenombre Sistario”. Desde aquí
mi agradecimiento “In memoria”.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 139
El uso de la escritura visigótica en la zona de Chantada la tenemos
atestiguada, por lo menos hasta el s. XIII en que hay, al día de hoy, cons-
tancia escrita.
Pero, ¿podemos afirmar que hubo documentación de Chantada en
este tipo de escritura? No podemos responder de modo absoluto, pero
tampoco negarlo. Hay una gran cantidad de aspectos dentro de estos dos
documentos y argumentos que nos hacen pensar en la existencia de unos
documentos en escritura visigótica, pero que no llegaron a nosotros.
b) Una expresión visigótica en la data de esta copia
Quien esté un tanto familiarizado con la paleografía o trabaje sobre
documentación de la Península, anterior al siglo XII, comprende fácil-
mente que la indicación del año, en la Era Hispánica, se hace usando el
numeral ordinal (Milésima) precedido de las unidades, decenas y cente-
nas y de las palabras: “super”, “per acta”, “post” o ninguna e incluso la
omisión de los millares43.
La expresión que encontramos en este documento es: “Die III, Idus
ianuarii, Era LXI, post Iª”. La locución está calcada sobre un original
visigótico. Es más, en toda la documentación inmediatamente posterior
no encontramos otra similar. ¿Es esta expresión `rara´ de la fecha en
nuestra documentación la prueba de una transcripción de un documento
visigótico? Sin duda alguna. Quizás la prueba más contundente sea la
misma abreviatura “Iª”44.
c) Las anotaciones posteriores interpretando la fecha escrita en el per-
gamino
Resulta inpactante la observación de la fecha en el documento origi-
nal. Por debajo del último renglón del documento, donde se lee con toda
claridad: “Era LXI”, aparece subrayadas, una debajo de otra, las siguientes
anotaciones: “Era 1211”, “Año 1173”. El siete es difícil de ver por estar en
43 Tendríamos como expresiones tipo: “Era XXX III super milesima”, “Era XXI post
per acta milesima”, “Era XXV post milesima”, “Era LX per acta Mª”, “Era Milesima XVIª”,
“Era Cª VIª” que encontramos en la documentación.
44 La “Iª” creemos sea la transcripción que hace el copista de la “I” visigótica con
guión encima o una “l” caída encima e incluso un guión encima con un punto. Este es
uno de los argumentos, a nuestro entender, entre otros, que más nos acerca a un original
visigótico.
140 J. Méndez Pérez
el mismo centro de un pliegue del pergamino. Pero examinado con dete-
nimiento y lupa es fácilmente reconocible.
Ante estas fechas la pregunta que salta a primera vista es de dónde
saca el que hace esta anotación la “Era 1211” y por tanto el año 1173. A
nuestro entender es una mala lectura de la “L” que aparece en la fecha de
la copia: ha sido leída dada su forma, por un “2” arábigo.
De esta manera la lectura correcta del pergamino queda alterada
(Aunque ésta sea errónea) dando como año del documento el 1173.
Cuando, según lo que aparece en el pergamino, sin tener en cuenta otras
cuestiones deberá leerse: `Era 1061´ y año `1023´.
Pero tanto el año 1173, como 1023, son fechas inadmisibles dados
los firmantes del documento como queda visto.
En el reverso del documento, con letra del s. XV ó XVI, se hace la
siguiente anotación que confirma las fechas que aparecen en el recto,
debajo de la fecha de la copia: “Testamento de doña Ermesenda Núñez y
de su sobrino Muno Núñez por el qual haze donación a esta casa de Sant
Salvador de Chantada de muchos lugares y casares que son de Riba, de
Sant Cosmede, de Barro de Faveyros, de Santa María de Campo y otros.
Fecho año de MCCXI años. Año IUCLXXIII”.
B. Hipótesis de posibles lecturas
Vamos a plantear si cabe alguna hipótesis de una mala lectura del
original visigótico fijándonos en una posible `X´ aspada o episemón al
tiempo que ahondamos en otros detalles al respecto.
a) `X´ aspada o episemón
La letra `X´, con valor de diez, puede aparecer repetidas dos, tres y
hasta cuatro veces. Esta repetición lleva a una gran dificultad incluso para
el experto.
Una de las formas características del numeral `X´ aspada es su nexo
cursivo que representa la resta: `XL = 40´ y que dura desde la época
visigoda a los siglos XV-XVI. Esta `X´, con valor de cuarenta, fue y es de
difícil lectura tanto o más que la repetición de varias `X´ entrelazadas.
Hechas estas afirmaciones, como precisión de los modos normales
de la escritura en que pudiera estar el original, nos fijamos en posibles
lecturas que pudiera hacer el copista:
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 141
Descartamos una lectura de `X´ aspada o episemón como simple
`X´ por dificultades que pudiera tener el copista. La razón nos parece tan
simple como que, en ese caso, en la copia aparecería una simple `X´ y
no `LXI post Iª´ como escribe.
Descartamos la lectura correcta que pudiese hacer el copista de
`X‘aspada´. Pues en ese caso escribiría: `XXXX´ ó `XL´ y en la copia apa-
rece `LXI post Iª´. ¿Cabe la transliteración de la `X´ delante de la `L´? Si
eso se diese nos encontraríamos en el caso de una lectura correcta de la
`X‘ aspada´, pero, como hemos dicho, esto no concuerda con la fecha
que ofrecen los firmantes.
b) Otras posibles lecturas del copista
Abundando en la conjetura de posibles lecturas del copista cabe
preguntarse ¿Es posible que el copista leyese bien el episemón y al trans-
cribirlo por `XL´ olvidase escribir la `X´? La respuesta es contundente: no.
Las razones nos las dan los firmantes que están lejos de poder situarse en
la fecha de una lectura de `Era 1151 y año 1113´, como correspondería a
este supuesto.
Contando con los datos de los firmantes consideramos que cual-
quiera que sea la pregunta sobre cuál ha podido ser la equivocación del
copista, no pasa de ser una pregunta falta de todo fundamento.
C. Nuestra hipótesis: la lectura De ‘L’ por ‘C’
Después de ver todo cuanto acabamos de exponer, teniendo delante
el pergamino en el AHN, las formas de expresión, errores de transcripción,
“sensus” interno del documento comparado con el del 6 de enero de 1073,
llegamos a la convicción firme de que el copista conocía poco la letra
visigótica y hasta el latín. Desde un primer momento concluimos que la
lectura de la fecha era un error de alguna clase de visigótica en la que se
encontraba el original copiado y que muy bien pudiera ser una lectura de
“L” por “C” con la que concordarían bien las acciones relatadas en ambos
documentos45.
45 En aquel momento consultamos con don Tomás Marín quien corroboró la
probabilidad de la mala lectura de “L” por “C”, pero para hacer una afirmación segura
debería verse la fecha del abadiato de los firmantes y establecer correlación con la fecha,
así como ver bien el “sensus” interno del documento para poder compararlo con el del 6
de enero de 1073.
142 J. Méndez Pérez
Así, durante siglos, se alteró una fecha que en el original, a nuestro
parecer, debería ser: “die III, idus ianuarii, Era CXI post Iª”46 y no “die
III, idus ianuarii, Era LXI post Iª” que distorsionaba las acciones relatadas
dada la distancia entre ambos documentos; así como la fecha del abadiato
de alguno de los firmantes que era ya bien conocida.
Al tratar de ver autores antiguos que hablaron del problema nos
encontramos con que hay algunos que sospechan dudan y tratan de dar
soluciones, pero ninguno nos aclaró tanto como el monje benedictino de
San Martín Pinario, fray Bernardo de Foyo que hablando del abad Fagildo
de Antealtares afirma: “…Quiere Yepes que en igual forma haya firmado
otra [escritura] del mismo Chantada que [folio 30] dice ser de 1033, pero esto
contiene mil repugnancias, y es muy verosímil que en la fecha de la citada
escritura en vez de L se debió de leer C y saldrá el mismo año de 73, con
pocos días de diferencia a la primera, como lo requiere la casi identidad de
las firmas de una y otra”47.
Aclarada y confirmada nuestra sospecha, tratamos de verificar más
datos para una conclusión segura y acudimos al estudio del tiempo del
abadiato de cada uno de los firmantes y, como queda apuntado, confirman
la lectura de de “L” por “C”. En especial los datos referentes al abad Arias
de Celanova, anotados en los Códices, situando su abadiato entre 1051 y
1073, pues en 1074 ya encontramos el abad Pelayo.
Puestas estas bases las acciones documentales, o “sensus” interno de
ambos documentos, conciertan perfectamente y no se distorsionan con la
distancia de los años, si se le aplica la lectura que ofrece la copia: “Era LXI,
post Iª” referente al año.
Dentro de la lógica de los actos que recogen los documentos tene-
mos: primeramente, en el documento del 6 de enero de 1073, a Ermesenda
Nuniz, nieta de Ero Ordoñiz y Adosinda Nuniz, confirmado para el monas-
terio, el testamento que le había hecho su tía doña Ermesenda. Ermesenda
Núñez recibe los bienes que entrega al monasterio de esta manera: Ero
Ordoniz y Adosinda dejaron sus bienes a Pelagio Erotiz, el cual no tuvo
otros hijos más que la condesa Onega, la madre de Ermesenda Núñez.
Como esta Ermesenda tampoco tenía hijos, le dona al monasterio dúplice
46 Este “Iª” sería la transcripción que el amanuense hace de la “I” con guión
encima, que en la escritura visigótica equivale a “millesima”; Cf. nota 44.
47 La cita, como queda indicado, está tomada de la edición publicada en Compos-
tellanum, III, Nº 2 (1958) 311-312. El original de este “Discurso sobre el altar y ara primi-
tiva …” está en A CORUÑA, ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMMPOS-
TELA, nº 24, Tomo X , “Varia” , 1ª Serie.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 143
de Chantada lo que había heredado de sus abuelos quienes habían adqui-
rido el monasterio, edificado y puesto allí “el pie de altar”, es decir, lo
básico, los bienes raíces.
Ermesenda Núnez, según el documento del 11 de enero de 1073,
dona lo de su hermano Munio Nuniz y sobrino Nuño Ordóñez ya difuntos
con anterioridad, pero con testamento y convenio a favor de ella. Pues, en
vida ambos, acordaron, con su sobrino, que fueran liberados, “ingenuus
absolutus” para el monasterio de Chantada.
Reunidos los datos de una lectura errada de “L” por “C”, las fechas
del abadiato de los confirmantes del documento, el “sensus” interno de los
documentos no distorsionado por una distancia de año, es claro y creemos
poder afirmar, que la data que ha de asignársele a este documento es: 11
de enero de 1073.
II. Los nombres de los fundadores del Monasterio de Chantada y su
Abolengo
1. Los nombres de los fundadores
El documento nº 2 (6, enero, 1073) no deja duda de quienes son los
fundadores, al referirse la donante Ermesinda al monasterio al que hace
donación, diciendo: “Yo hago testamento de escritura al mismo monasterio de
Chantada que edificaron mis abuelos el conde Ero Ordoniz y su esposa Ado-
sinda que fue hija del conde Munio Sandiz y de la condesa doña Elvira”48.
De estos condes casi no sabemos más que los nombres, que debie-
ron de poseer bastantes bienes, por lo que podemos apreciar en dona-
ciones que hace Ermesenda, no sólo a este monasterio de Chantada49,
sino a otros50. Ahora bien, poco más se puede decir, pues como indica
48 Cf.. El texto latino en el apéndice documental. Es digna de observarse la estruc-
tura aristocrática en una horizontalidad de matrimonio y filiación que crea unas relaciones
complejas. Cf.. A este respecto E. PORTELA SILVA Y Mª CARMEN PALLARES MÉNDEZ,
“Elementos para el análisis de la aristocracia Altomedieval de Galicia: parentesco y patri-
monio”, en id. et al., Galicia en la Edad Media, Madrid 1990, 39-52 y apéndices donde se
dan una serie de elementos para el estudio de estas cuestiones.
49 Cf.. Ambos documentos en el apéndice.
50 Cf.. A CORUÑA, ARCHIVO DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COM-
POSTELA, (Fondo Antiguo de San Martín 81/15) encontramos una donación, hecha el 27
144 J. Méndez Pérez
Fernández de Viana, “La falta de publicación de los documentos de esta
época, no nos permite seguir su rastro con detenimiento”51 y menos acer-
carnos a una biografía.
Un maestro de Chantada, Manuel Formoso Lamas52 trata de darnos
una serie, bastante amplia, de relaciones familiares referidas a estos con-
des. Pero ¿Qué hay de verdad? Tal como se nos presentan, no más que,
una simple afirmación de la que hay que prevenirse para no caer en la
ingenuidad histórica.
En la obra citada nos dice este autor que eran parientes de los Eiri-
ces, los cuales, a su vez, procedían de los condes de Lugo y éstos de
Hermenerico, primer rey de los suevos, del que heredaron amplias tierras
y entre ellas la torre de Chantada. De este parentesco vienen los Fernán-
dez de Temes y los Erices (Eirices) a los que Ero Ordóñez, “Conde de
Lugo, su pariente”, “les compró aquellas ruinas”53 de la torre destruida por
los normandos para fundar con doña Adosinda de Sandiás54, “padres de
Santa Ilduara y abuelos maternos ambos de San Rosendo”55, el convento
de monjes benedictinos56.
de noviembre de 1071, de varias villas al monasterio de Carboeiro. En el AHN tenemos
un pergamino con otra donación de una villa que fue de su padre al mismo monasterio
hecha el día 12 de febrero de 1075, Clero, Carpeta 1784, nº 1. En el manuscrito 18387
de la BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID, folio 295r. El 21 de abril, de 1075 dona al
monasterio de Samos una villa cerca del monasterio.
51 O. c., “Los dos primeros documentos…”,340.
52 FORMOSO LAMAS, MANUEL Apuntes para la historia de Chantada, Madrid
1905, 71-82. Tenemos que poner en entredicho las afirmaciones de este insigne maestro,
pues sus afirmaciones no pasan de ser fantasías de quien compone crónicas sin referencia
a las fuentes. Para dar crédito a estas noticias tendríamos que verificarlas, pero esto nos
situaría fuera de nuestro objetivo, aunque pueda ser que lleguemos a ello. Las transcribi-
mos por lo que supondría de conocimiento de estos condes, aunque no se nos diga de
dónde se toman y las tengamos que comprender dentro de un contexto determinado en
el que se escriben y afirman.
53 FORMOSO LAMAS, M., o. c., 72. Con toda seguridad que la afirmación de “Ero
conde de Lugo” está tomada de Fr. FELIPE DE LA GÁNDARA en su obra, Nobiliario,
Armas y triunfos de Galicia, hechos heroicos de sus hijos y elogios de su nobleza y de la
mayor de España y de Europa, Madrid 1677, pues en el capítulo X, 71 dice: “Ero conde
de Lugo, del deecediron los destos apellidos Lugos, Tabeadas, Montenegros, Gaiosos,
Baadmondes, Pallares i otras Nobles Familias (…) y era el Conde Don Ero decendiente
del Conde D. Mendo, i de Iuana Romanes”.
54 Sobre el parentesco con los “Sandiás” Cf. BENITO F. ALONSO, “San Rosendo
y sus descendientes”, Boletín de la Comisión de Monumentos Histórico Artísticos de
Orense, II (1902-1905) 287-290.
55 FORMOSO LAMAS, M., 72. De este tema trataremos ampliamente más adelante.
56 Ibidem, 72; y da la referencia: “Crónica general de San Benito por el P. YEPES,
tomo VI., folio 24 vuelto”.
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 145
Presentado así el panorama del origen del conde de Lugo el autor
vuelve al tema de su parentesco para “indicar en capítulo a parte algo
que esclarezca su nobleza, empezando por el conde D. Ero Ordoñez que,
como dejamos dicho, compró a sus parientes las ruinas de la torre de
Chantada”57.
Comienza diciéndonos que este conde era natural de Asturias, des-
cendiente de los reyes godos, señor de muchas tierras en Galicia. Que
estaba casado con su prima Adosinda de Sandiás, hija del conde de
Monterroso don Alonso Romanes, descendiente de Fruela I y de doña
Gontina de Sandiás, descendiente del conde don Diego de Sandiás que,
según el autor, era hermano de Sancho Díaz de Saldaña, gran capitán de
Alfonso II y padre del célebre Bernardo del Carpio58.
Rotundamente afirma que: “por consiguiente, el citado D. Ero y
su esposa doña Adosinda, fueron los padres de Santa Ilduara, abuelos
maternos de San Rosendo, puesto que casada aquella con D. Gutiérrez
Arias de Celanova, conde de Oporto y Tuy, fueron los padres de aquel vir-
tuoso obispo de Mondoñedo”59.
Esta cuestión es compleja y la que circula en algunos autores, pero
sin mayores argumentos, en unos y otros, como veremos.
Sigue este autor dándonos datos sobre el linaje del conde don Ero
situándolo como capitán general de Alfonso III, asistente a la consagra-
ción del templo del Apóstol Santiago y presente en la toma de Coimbra60.
Para ensalzar al conde don Ero transcribe un manuscrito que dice
posee, pero sin darnos referencia alguna de qué clase de documento o
57 Ibidem, 77. El problema de la torre de Chantada es un tema complejo a despe-
jar. Creemos que solamente un buen trabajo de investigación arqueológica en la plaza de
la villa de Chantada llamada vulgarmente “Cantón”, por ser el lugar del que se nos dan
referencias de que, al lado de la actual casa de la cultura, hubo una torre, y en el lugar
actual del monasterio de Chantada, podría abrir algunas pistas o aclarar la difícil cuestión
de la torre de Chantada de la que se nos habla aquí. Así como también del tan traído y
llevado Palacio de Asma que más parece una mala lectura de muchos pergaminos, en
visigótica, de la catedral de Lugo referentes a lugares de cerca de Taboada, Concreta-
mente a “Castelo de Asma”. Dejamos este asunto apuntado para otro momento, pero sí
haciendo notar al lector que sea cauto a la hora de encontarse con ciertas informaciones
que andan vertidas en doctos libros.
58 Ibidem, 77.
59 Ibidem, 77-78.
60 Ibidem, 78. Sospechamos en estos datos una composición sobre tradiciones
legendarias que habría que verificar situando estos personajes, en la medida de lo posi-
ble, en su contexto cronológico para poder afirmar, contando con el Cronicón portugués
de Lorâo, que son estos personajes y no otros los que están en la toma de Coimbra.
146 J. Méndez Pérez
manuscrito se trata y lo cita entre comillas. El texto es en extremo curioso
por los datos que aporta, pero creo que hemos de preguntarnos, si esta
cita puede aplicarse al abuelo materno de san Rosendo?; creo que no.
Veamos qué nos dice: “…Era el conde D. Ero y tenía por tierras y señorío
suyo todo lo que era de los Fernández de Temes, que ocupaba doce leguas
en contorno; era este Conde señor de la torre de Arcos, de la de Boán, de
Brigos, de la del Sirgal de Monterroso, fundación de los sirios que vinie-
ron á Galicia y después se xuntaron á los Galos de este reino, por cuya
razón se llamó la torre del Sirgal; también fue de la de Chantada que es
oi Conbento de Monges Benitos y fue Palacio de los Reies Suebos, de la de
Trasalba, de la de de Teixeira, de la de Amoeiro, y de la del Ormigueiro,
donde hubo una población muy famosa de más de 500 vecinos…”61.
Siguiendo nos habla del parentesco del conde en su primer matrimonio,
con una seguridad que, por esa misma categórica afirmación, nos pone
en guardia y no deja de sernos sospechoso ese parentesco, aunque nos
diga que lo cita Gándara habiéndolo visto en una escritura de donación
del monasterio de Sobrado. Nos dice en primer lugar que, “D. Ero, de
su primer matrimonio, además de Santa Ilduara, tuvo un hijo llamado
D. Gudesindo Eriz, el cual tuvo á su vez un hijo que se llamó D. Ero
Gudesíndez, según lo afirma el testamento de su primo hermano San
Rosendo. Este D. Ero Gundesíndez, que dicen obtuvo los títulos de Conde
y Duque, tuvo una hija llamada doña Adosinda Eriz ó Eiriz, casada con
el Conde D. Honorio Arias de Traba, que fueron padres de doña Flámula,
señora de Trava y mujer del Conde D. Pelayo Ordóñez, hijo del Rey D.
Ordoño, como se ha visto, según Gándara, en una escritura de donación
del Monasterio de Sobrado”62.
A continuación nos habla del segundo “matrimonio de D. Ero
Ordóñez con la Infanta doña Laura63, hija de Ordoño II, quedaronle, que
sepamos otros dos hijos, llamados Gudesteo Eriz y doña Urraca la cual se
casó D. Rodrigo Romanes, Conde de Monterroso, pues aún cuando encon-
tramos otro hijo llamado D. Payo Oeriz64, no sabemos de que matrimonio
61 Ibidem, 78-79.
62 Ibidem, 79-80.
63 En este matrimonio creemos que es donde está la confusión y el problema
al identificar el Ero Ordóñez, fundador de Chantada, con el Ero Fernández, bisabuelo
materno de San Rosendo, cuando el texto en el documento de Chantada dice: “Yo exigua
sierva vuestra Ermesenda, sierva de Cristo, prole de Núñez, que fui bisnieta del conde
Ero Ordóñez y de su cónyuge Adosinda, confesa, hija del conde Munio Sandiñiz,…”; Cf.
Anexo documental: documento del 6-I-1073.
64 Este “Payo Oériz”, creemos, con toda seguridad, que es el “Pelayo Erótiz” de
que nos habla el documento de Chantada cuando dice: “Yo exigua sierva vuestra Erme-
la familia de san rosendo en la fundación del monasterio… 147
procede; sólo se nos dice que este D. Payo tuvo una hija llamada doña
Onega, casada con D. Munio Nuñez, de cuyo matrimonio nació doña
Hermesenda Núñez, heredera del convento de Chantada, que había fun-
dado su bisabuelo D. Ero Ordóñez, según consta de una donación que de
todos sus bienes hizo á dicho convento el año de 1073”65.
Después de tanto dato ¿Qué se puede afirmar? ¿En qué documentos
o autores se basa para darnos unas afirmaciones tan concluyentes? Hay
dos cuestiones que me hacen sospechar que aquí hay una mezcla de lina-
jes que están lejos de basarse en documentación que este autor tuviese
a mano, aunque pudiese aprovechar la de las distintas casas o linajes del
momento en que escribe. Pero, a pesar de eso no nos aclararían el pro-
blema, puesto que la documentación de esos siglos (que creo no existía
en esas casas) es en extremo confusa, incluso cuando existe.
En primer lugar: recoge datos posiblemente ciertos en muchos casos,
pero cuando estos datos ciertos, referidos a S. Rosendo, se dirigen a los
familiares de los condes fundadores de Chantada, afirmo, sin rodeos,
que toda la construcción me parece falsa (como veremos en el apartado
siguiente) y no porque él lo pretenda, sino porque recoge los datos de
los Cronicones sin verificar y muy en concreto del P. Gándara66 por lo
que llega a unas conclusiones distintas fallando a lo que puedan decirnos
los documentos a los que parece no tuvo acceso o compuso para ensal-
zar a los personajes.
Si en un segundo momento tomamos los datos y tratamos de ir veri-
ficando y analizando nos encontramos con lo que sigue:
senda, sierva de Cristo, prole de Núñez, que fui bisnieta del conde Ero Ordóñez y de su
cónyuge Adosinda, confesa, hija del conde Munio Sandiñiz y ellos dejaron como hijos
únicamente al cond