UNIVERSIDAD CATÓLICA LOS ÁN GELES
DE CHIMBOTE
ESCUELA PROFESIONAL DERECHO Y CIENCIA
POLÍTICA
FACULTAD DERECHO
TEMA
" LA DELINCUENCIA ORGANIZADA - LEY 30077 CON SUS
ULTIMAS MODIFICACIONES "
CURSO
CRIMINOLOGIA Y CRIMINALISTICA
DOCENTE TUTOR
JAVIER SEVILLANO LEYVA
ESTUDIANTE
HERRERA SALASAR, LEYDI DIANA
LIMA-PERU
2022
DEDICATORIA
A dios por permitirme un día más de
vida nuestros padres por su apoyo
incondicional para para cumplir mis
metas y ser un profesional de éxito, a
nuestro docente que provee una
educación académica profesional mucho
más desarrollando la capacidad de
implementar estos conocimientos en la
práctica ante un problema real.
INTRODUCCIÓN
Como se sabe, la Ley 30077 Ley contra el Crimen Organizado, contiene algunas disposiciones
relativas a la investigación, juzgamiento y sanción de los delitos cometidos por organizaciones
criminales. Desde el punto de vista penal, que es sobre todo lo que aquí analizaremos, resulta
interesante abordar el aspecto terminológico, no solo porque siempre se han planteado
dificultades para definir con criterios de certeza qué debe entenderse por “organización
criminal”, sino también, y quizás más importante, porque esta ley ha procedido a sustituir
distintas denominaciones que guardaban inocultables similitudes con aquella. En efecto, por
mencionar solo algunos ejemplos, se destierra el uso de los términos agrupación criminal (art.
152 inc. 8 CP), organización delictiva o banda (art. 179 inc. 7 CP), organización ilícita (art.
318-A lit. “b” CP) y asociación delictiva (art. 257-A inc. 1 CP), todos los cuales quedan
sustituidos por la denominación organización criminal. Aparentemente, a instancias del
legislador patrio, el concepto de organización criminal comprende todas estas formas o
manifestaciones de la criminalidad de grupo. Por si esto fuera poco, parece necesario confrontar
el delito previsto en el artículo 317 CP, todavía denominado –tras la modificación de la Ley
30077− asociación ilícita, y la figura de la organización criminal regulada por la ley sujeta a
comentario.
A continuación, haremos un análisis de cómo ha quedado configurada la organización criminal
en nuestro ordenamiento penal, vale decir, si puede constituir o no un tipo autónomo, si tan
solo debe ser apreciada como una agravante específica y si puede constituir, además, un
criterio, factor o circunstancia para determinar judicialmente la pena. Asimismo, dedicaremos
algunas líneas a la prohibición de beneficios penitenciarios y al tema, siempre controvertido,
de las consecuencias accesorias aplicables a las personas jurídicas, sobre todo para comentar
la incorporación del art. 105-A del Código Penal, el mismo que contiene algunos criterios para
la determinación de las consecuencias aplicables a las personas jurídicas. Finalmente, y antes
de entrar en materia, queremos indicar que la entrada en vigencia de esta ley, inicialmente
prevista “a los ciento veinte días de su publicación” [que tuviera lugar el 20 de agosto de 2013
en el diario Oficial El Peruano], fue diferida al 1 de julio de 2014, en virtud de la Ley 30133.
" LA DELINCUENCIA ORGANIZADA - LEY 30077 CON SUS ULTIMAS
MODIFICACIONES "
Concepto:
La delincuencia organizada no es tarea fácil, pues no solo no existe consenso en la doctrina
en cuanto a los elementos que la deben definir, sino también porque desde una perspectiva
dogmática dicha definición debe conformarse con la regulación que sobre este fenómeno
realiza cada ordenamiento jurídico Quizás por eso se tienda de cara a su eficacia preventiva a
la elaboración de normas mínimas que busquen armonizar conceptos, reglas o procedimientos
para afrontar el problema de las organizaciones criminales, principalmente cuando estas
alcanzan cierta entidad o rebasan las fronteras de un país. Buena cuenta de esto último lo da la
Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional
(Convención de Palermo), que define al grupo delictivo organizado como “un grupo
estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe
concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con
arreglo a la presente Convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio
económico u otro beneficio de orden material”.
Se puede apreciar, en esta definición, algunos elementos que la doctrina venía y viene−
considerando fundamentales para la existencia de una organización criminal en estricto. Este
es el caso del beneficio económico, que da forma a una criminalidad de tipo empresarial donde
la organización “se plantea como objetivo principal la obtención de un lucro por medios
ilícitos” Esta es una de las razones por la que algunos ordenamientos no incluyen dentro del
ámbito de aplicación de las normas sobre crimen organizado a las organizaciones terroristas.
De hecho, esto es lo que sucede con la Ley 30077, pues el art. 3, que contiene una lista con los
delitos en los que resulta aplicable dicha ley, no incluye al delito de terrorismo.
Como correlato de lo anterior, pues el fin de obtener un provecho económico no tiene por qué
ser necesariamente delictivo, las organizaciones criminales se caracterizan por la comisión de
delitos graves. Así lo definen tanto la Convención de Palermo como la Ley 30077 (art. 2 inc.
1). Claro que, como señala ZÚÑIGA RODRÍGUEZ, a la criminalidad organizada no le interesa
la comisión de delitos por sí mismos, sino como medios para la obtención de la mayor ganancia
posible, apreciándose también un uso sistemático de la violencia. Esto último quizás no pueda
predicarse en todos los delitos que puedan dar cabida al concepto de criminalidad organizada
de la Ley 30077 [pensemos, por ejemplo, en algunas de las modalidades de los delitos contra
la Administración Pública], con lo cual, el legislador parece haber simplemente apostado por
la gravedad o dañosidad social del hecho punible, sin atender necesariamente al método
empleado o modus operandi.
ZÚÑIGA RODRÍGUEZ “señala que debe distinguirse conceptualmente el terrorismo del
crimen organizado, pese a su tratamiento común, por los siguientes argumentos: el fenómeno
criminal del terrorismo puede ser organizado, pero adolece del núcleo esencial de la
criminalidad organizada”, esto es, del fin lucrativo o de la búsqueda de las mayores ganancias
posibles; la distinción conceptual es útil de cara a su eficacia preventiva y para una mejor
política criminal de ambos fenómenos; mientras que la criminalidad organizada es funcional al
sistema social vigente de carácter capitalista, el terrorismo generalmente supone la
confrontación total frente al Estado capitalista; el crimen organizado requiere la clandestinidad
de sus actividades, mientras que el terrorismo busca la publicidad de sus acciones; etc.,
Otro elemento característico de una organización criminal es, valga la redundancia, la
organización; ahora bien, este componente lleva de suyo la existencia de un grupo de personas,
pero hay que tener en cuenta que no se trata de la simple suma o pluralidad de agentes, ni tiene
por qué confundirse [la organización criminal] con la mera coautoría. Así, para establecer la
diferencia entre ambas [entre coautoría y organización criminal] debe atenderse a este elemento
configurador propio de las organizaciones criminales: su estructura organizativa.
Intrínsecamente ligado a este elemento es el de la permanencia, el mismo que, como señala
PRADO SALDARRIAGA “reproduce la imagen material del potencial criminógeno de la
delincuencia organizada”, resultando imprescindible para “lograr que su presencia e influencia
se irradien y conserven sobre su entorno”
Desde luego, las organizaciones criminales pueden presentar características adicionales, pero,
siguiendo a ZÚÑIGA RODRÍGUEZ, estas serían no esenciales, sino más bien contingentes.
Entre estas tenemos la búsqueda de impunidad; el secretismo o clandestinidad; las
vinculaciones con el mundo empresarial (inocultablemente relacionado con el lavado de
activos) o con la política (generadora de grandes cotas de corrupción); la búsqueda del dominio
del mercado, y el carácter transnacional o internacional de sus actividades.
También podemos dejar fuera de un concepto estricto de organización criminal, como ya se
adelantó, a los grupos terroristas; más allá de que teleológicamente no estén dirigidos a la
consecución de un beneficio económico o que no hayan sido comprendidos por la Ley 30077,
la confrontación con el Estado, cuando no la búsqueda de su destrucción o del socavamiento
de sus estructuras, hace que merezcan un tratamiento, aunque similar frente a otras
organizaciones criminales. Como ya señalara en su momento el Acuerdo Plenario 8-2007/CJ-
116, los supuestos de coautoría o coparticipación evocan un concierto criminal donde el
proceder delictivo es circunstancial, mas no permanente; de este modo, no resultan afines a una
organización criminal caracterizada por una estructura organizacional estable y con un
proyecto delictivo que perdura en el tiempo. Por esta misma razón, deben quedar al margen del
concepto de organización criminal las comúnmente denominadas “bandas”, pues estas carecen
propiamente de una estructura organizacional estable, siendo más bien, como señala Zúñiga
Rodríguez, una mera conexión de personas para la comisión de delitos, desde luego, con cierto
grado de planificación y estabilidad que las distinga de la simple coautoría.
Ciertamente, y con independencia de los puntos de encuentro que entre ambas se pudieran
establecer, parece que el rigor en el tratamiento penal, procesal y penitenciario que se depara
para la criminalidad organizada [sanciones penales, técnicas especiales de investigación,
Cooperación Internacional y Asistencia Judicial, etc.], más allá de que, en principio, pueda ser
aplicable a otro tipo de delincuencia, alcanza en aquella su máxima expresión. En el mismo
sentido, PRADO SALDARRIAGA apunta que “para la mayoría de expertos estas estructuras
[asociaciones ilícitas y bandas], mayormente amorfas, no constituyen parte de la criminalidad
organizada por poseer un modus operandi notorio y artesanal.
PRADO SALDARRIAGA, propone, por criminalidad organizada, entiende “toda actividad delictiva
que ejecuta una organización de estructura jerárquica o flexible, dedicada de manera continua o
permanente a la provisión y comercio de bienes, medios o servicios legalmente restringidos, de
expendio fiscalizado o de circulación prohibida, los cuales cuentan con una demanda social interna o
internacional, potencial o activa, pero siempre en crecimiento. Además, estas actividades criminales se
reproducen y extienden aplicando una eficiente dinámica funcional de abuso, inserción, o gestión de
posiciones,
Carecen de roles establecidos y de procesos de planificación complejos. Su dimensión
operativa se restringe en función al escaso número y especialización de sus integrantes. Estas
estructuras delictivas se ubican en un escenario común y coyuntural que las conecta
generalmente con delitos convencionales violentos como el robo, la extorsión o los secuestros.
Su influencia sobre el entorno es mínima lo que determina que sus integrantes sean
frecuentemente intervenidos por la policía”. No obstante, como veremos posteriormente, tal
parece que el legislador ha comprendido a estas formaciones criminales dentro del concepto de
organización criminal.
La organización criminal en algunos fenómenos
Ahora bien, si anteriormente habíamos excluido del concepto de organización criminal algunos
fenómenos como las bandas u otras agrupaciones delictivas que carecieran de una estructura
organizacional, cabe realizar adicionalmente un análisis de los términos agrupación criminal,
organización delictiva o banda, organización, organización ilícita y asociación delictiva, todos
los cuales quedarán sustituidos, como se adelantó en la introducción de este trabajo, por la
denominación organización criminal. Asimismo, parece interesante analizar la configuración
actual del delito de Asociación Ilícita del art. 317 CP, también modificado por la Ley 30077 y
su correspondencia o deslinde con el concepto de organización criminal. En cuanto a la
agrupación criminal.
GÁLVEZ VILLEGAS y DELGADO TOVAR, al comentar una de las circunstancias
agravantes del delito de secuestro, parecen asimilarla a cualquier “agrupación destinada a
cometer delitos”; no obstante, a continuación, hacen referencia expresa a los “grupos
terroristas” y a la “organización criminal”, supuestos en los que suele verificarse un mayor
grado de estructura y organización. Interesante resulta, por otro lado, la acotación de SALINAS
SICCHA al evocar la modificación operada en el inc. 8 del art. 152 por el Decreto Legislativo
982: “anteriormente se configuraba [la circunstancia agravante] cuando el agente buscaba que
el agraviado [de un delito de secuestro] se incorpore a una «organización» criminal, es decir, a
un grupo de personas, más o menos organizadas, dedicadas a cometer latrocinios. En cambio,
ahora el tipo penal solo se refiere a «agrupación», dando a entender que no necesariamente
debe ser un grupo de personas medianamente organizadas ni con permanencia en el tiempo,
sino simplemente a un grupo de personas que bien pueden reunirse para cometer latrocinios.”
De este modo, según SALINAS SICCHA, la diferencia entre organización criminal y una
agrupación destinada a cometer delitos residiría, justamente, en el nivel de organización que
alcanza el primero;
La agrupación, en cambio, aludiría a la mera reunión o concierto de personas para cometer
delitos. En relación con los términos organización delictiva y banda, y al comentar una de las
circunstancias agravantes del delito de proxenetismo, GÁLVEZ VILLEGAS y DELGADO
TOVAR consideran que deben ser considerados como análogos “entendiéndose por tal a una
organización jerárquicamente organizada, que actúa con un propósito criminal común y con
carácter de permanencia, que dispone de medios idóneos para llevar a cabo el delito así como
una disciplina organizativa o corporativa que lo diferencia del delito de promoción o
favorecimiento de la prostitución, cometido por una pluralidad de personas (participación
criminal)”. Para SALINAS SICCHA, el término organización – dentro del cual comprende a
la organización delictiva y banda− “abarca todo tipo de agrupación de personas que se reúnen
y mínimamente se organizan para cometer delitos con la finalidad de obtener provecho
patrimonial indebido”.
Por su parte, PEÑA CABRERA FREYRE, al analizar una de las circunstancias agravantes de
los delitos monetarios (art. 257-A CP), considera que, para determinar la existencia de una
banda, puede atenderse a la permanencia del grupo: “por lo general los integrantes de dicha
estructura criminal se agrupan de forma eventual para cometer determinados delitos. Por lo
demás no cuentan con una estructura interna rigurosamente organizada”. Con respecto a la
asociación delictiva (previsto por ejemplo en el art. 257-A inc. 1 del CP), el mismo PEÑA
CABRERA FREYRE la define a partir de la diferencia con la asociación ilícita del art. 317
CP: “Para que un individuo esté incurso en la figura delictiva de Asociación Ilícita, se requiere
que dicha organización criminal no solo cuente con una pluralidad de miembros, que tenga
permanencia significativa en el tiempo, división de funciones y/o tareas, órganos jerarquizados,
sino también que desde su interior se perpetren una pluralidad de delitos.
es decir, si la Asociación delictiva, de la cual forma parte el agente, se dedica a cometer varios
hechos punibles, hemos de optar por la tipificación prevista en el artículo 317”.22 El caso es
que tradicionalmente se venía entendiendo que la consumación del delito previsto en el art. 317
CP no exigía propiamente la perpetración o comisión efectiva de delitos, sino el formar parte
de una asociación que tuviera por fin cometerlos. Quizás este autor se refiera a la perdurabilidad
del grupo que se forma para cometer delitos: distinguir lo ocasional o eventual, de lo
permanente. Sin embargo, si así fuese, resultaría más difícil fundamentar el mayor grado de
injusto de la circunstancia agravante analizada: el mayor marco punitivo debía obedecer a algo
más que la mera pluralidad o concierto de personas, pues el mismo término asociación evoca
ya la idea de perduración y de un mínimo organizacional. Si prescindiésemos de estas
características nos quedaríamos con poco más que la sobre punición del mero concierto o
pluralidad de personas.
la modificación operada en virtud de la Ley 30077
podemos plantearnos si la expresión organización criminal solo puede ser utilizada en un
sentido estricto o si, por el contrario, también puede hacer referencia a otro tipo de agrupaciones
como, por ejemplo, las bandas; de ser este el caso, se estaría aludiendo a la organización
criminal en un sentido amplio.
Por lo pronto, cabe considerar que los supuestos de coautoría y coparticipación, concebidos
generalmente como simples conciertos de personas para la perpetración de comportamientos
delictivos, resultan ajenos al concepto de organización criminal, sea esta entendida en un
sentido amplio o restringido.
Lo contrario supondría desconocer uno de los elementos más característicos de una
organización criminal: su estructura organizativa; ciertamente, la sola pluralidad de agentes,
sin ese elemento configurador, no podría verse sujeto a todas las consecuencias dogmáticas
[básicamente sobre punitivas] que se destinan para aquel otro fenómeno criminal.
Ahora bien, de interpretarse el término organización criminal –sobre todo en los casos en que
es utilizado en la Parte Especial del Código Penal en un sentido estricto o restringido, se estaría
limitando el ámbito de aplicación de algunas agravantes específicas como, por ejemplo, la
actuación en bandas. Como ya se adelantó, este último término [al igual que otros semejantes]
fue sustituido, en virtud de la Ley 30077, por el de organización criminal. ¿Podría entonces el
condenado por la forma agravada del art. 257- ¿A del Código Penal pedir la sustitución de la
sanción impuesta (art. 6 CP), con la consiguiente disminución de la pena, en el entendido de
que la agravante de actuación como integrante de una banda –por la que pudo ser condenado−
ha sido eliminada? Consideramos que no, que esto escapa a la finalidad de la norma. De este
modo, entendemos que el término organización criminal, cuando es utilizado en la
configuración de algunas agravantes específicas (ubicadas en la Parte Especial del Código
Penal), debe ser entendido en un sentido amplio, comprendiendo incluso algunas
manifestaciones de la criminalidad de grupo más o menos –pero siempre− organizadas.
Por si esto fuese poco, y más allá de que se siga conservando la denominación asociación ilícita,
parece claro que el legislador, al tipificar la conducta prevista en el art. 317 CP, entiende por
aquella, sencillamente, una organización criminal. Si cupiese alguna duda de esto, bastaría
acudir a lo señalado por el Dictamen de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos [del
Congreso de la República] recaído en los Proyectos de Ley 1803/2012-CR, 1833/2012-PE y
1946/2012-CR por los que se propone la Ley sobre Criminalidad Organizada25: “En el caso
peruano, en las disposiciones modificatorias que plantea el Texto Sustitutorio, se ha optado por
la tipificación, en el artículo 317 del Código Penal, de la «organización criminal» como figura
delictiva en reemplazo de la «asociación ilícita», atendiendo a que −según lo señalado en líneas
precedentes ambas nociones comparten los elementos componentes básicos en tanto delitos
cometidos por organizaciones o grupos delictivos.
De esta manera, se pretende superar a nivel de tipo penal una forzada diferenciación que ha
causado confusiones al momento de su aplicación por los operadores judiciales.” Claro que
con lo anterior parecería incomprensible por qué para conformar una u otra realidad criminal
no se requeriría desde la entrada en vigor de la Ley 30077 el mismo número de personas, pues
para la configuración del delito autónomo previsto en el art. 317 CP basta estar, como mínimo,
ante una organización de dos personas; mientras que para la organización criminal, definida en
el art. 2 de la citada ley [siguiendo en este punto a lo establecido en la Convención de Palermo],
se exige al menos la agrupación de tres personas. Vistas, así las cosas, y a manera de resumen,
entendemos que el legislador se propuso evitar cualquier tipo de confusión terminológica en
cuanto al uso de la expresión organización criminal en la configuración de algunas
circunstancias agravantes de la Parte Especial del Código Penal. De ahí que procediera a
sustituir diversas denominaciones (v. gr., agrupación criminal, organización delictiva, banda,
organización, organización ilícita y asociación delictiva) que, en líneas generales, pueden
incardinarse dentro de la denominada delincuencia de grupo o, por qué no, en un concepto
amplio de organización criminal.
No obstante, el término organización [criminal] no solo es utilizado para configurar una
circunstancia modificativa de la responsabilidad, sino también para configurar un tipo
autónomo, cual es el previsto en el art. 317 CP, todavía denominado asociación ilícita. A lo
que se suma algunas consecuencias de orden penal, procesal y de ejecución penal que se prevén
para una organización criminal tal como es definida en la Ley 30077 Ley contra el Crimen
Organizado. Opinamos, pues, que, bajo una misma expresión, se pueden estar denotando
fenómenos, aunque similares, diversos. Y no solo se trata de la diferencia que se puede hacer
residir en el número de personas necesario bien para que los agentes queden sometidos a los
efectos [penales, procesales o penitenciarios] de la Ley 30077 (un mínimo de tres) o para que
los mismos sean juzgados y, eventualmente, condenados por un tipo autónomo como el
previsto en art. 317 CP (un mínimo de dos).
Y es que el delito de asociación ilícita [que en cuanto a la descripción de la conducta típica ya
no se limita a sancionar a quien forme parte de una organización, sino también a quien la
constituya o la promueva] es de aplicación incluso cuando la organización esté destinada a la
comisión de delitos que no revisten gravedad, lo cual no puede predicarse de un concepto
estricto de organización criminal ni de lo que aparece en la definición recogida en el art. 2 de
la Ley contra el Crimen Organizado. En este orden de ideas, y tal como ha ocurrido en otros
ordenamientos26, los instrumentos de los que se ha valido el legislador para enfrentar el
problema de la criminalidad organizada han sido, por un lado, la de concebir un tipo penal
autónomo que sancionase la mera asociación o pertenencia (art. 317 CP); y, por otro, la
previsión de circunstancias agravantes en caso la realización de determinados delitos de
ostensible gravedad se perpetren en el marco de una asociación u organización criminal. El
objeto de la Ley 30077 no vendría sino a complementar o reforzar estos instrumentos para una
mejor persecución y sanción de este fenómeno criminal. Más aún cuando parece existir
consenso en cuanto a la magnitud lesiva27 y gran complejidad que ha llegado a adquirir la
criminalidad organizada; lo que obedece, entre otros factores, al dinamismo de la sociedad, a
la globalización y al empleo generalizado de las nuevas tecnologías. 28 Ahora bien, en el
aspecto propiamente penal, la Ley 30077 incorpora algunas circunstancias agravantes. Así, el
art. 22 dispone un incremento de pena hasta en una tercera parte por encima del máximo legal
fijado por el delito cometido en una serie de supuestos.
En este caso, la circunstancia agravante se configura cuando el agente es líder, jefe o cabecilla
o ejerce funciones de administración, dirección y supervisión de la organización criminal.
Desde luego, esta circunstancia no será de aplicación en aquellos casos en los cuales la misma
ya esté prevista en la ley penal, como por ejemplo en las formas agravadas que se estipulan
para el hurto (art. 186 in fine), la asociación ilícita (art. 317 lit. b) o el tráfico ilícito de drogas
(art. 297 penúltimo párrafo). Distinto es el caso cuando lo que prevé la ley –para un delito en
concreto no es exactamente la circunstancia agravatoria de ser líder, jefe o cabecilla, sino
simplemente la de actuar en calidad de integrante de una organización criminal (p. ej., el delito
de marcaje o reglaje previsto en el art. 317-A inc. 5 del CP). En este caso, y siempre que se
trate de una agrupación que pueda quedar comprendida dentro de los alcances de la Ley 30077,
se incrementará la pena en un tercio para todo aquel que sea líder, jefe o cabecilla, o ejerza
funciones de administración, dirección y supervisión de la organización criminal; aplicándose
el marco punitivo de la agravante específica pena privativa de la libertad no menor de seis ni
mayor de diez años, en el ejemplo propuesto del art. 317-A inc. 5− a los demás miembros de
la organización. Parece que la intención del legislador es que el incremento de la pena opere
tomando como base el marco penal de la forma agravada (esto es, de la actuación como
integrante de una organización criminal; y el líder, jefe o cabecilla, ciertamente, es un miembro
de la organización), pues si se toma como referencia el marco punitivo del tipo básico, se
llegaría a la situación absurda, al menos en el delito de reglaje o marcaje, de que aquellos que
ostentan un poder de decisión y dirección sobre la organización (líderes, cabecillas o jefes) se
verían favorecidos con una pena más benigna con respecto de otros miembros de segundo nivel.
Por otro lado, si entendemos que la criminalización o sobre punición de las organizaciones
criminales dentro de las que podemos incluir al delito de asociación ilícita‒obedece a la
protección de la tranquilidad y la paz pública, mientras que la agravante genérica de ejecución
por una pluralidad de agentes tiene por fundamento la mayor bravosidad que representa
perpetrar el hecho en una situación de superioridad tal donde se restringen las posibilidades de
defensa de la víctima31, se tiene que la constatación de la existencia de una organización
criminal no impide necesariamente la aplicación de la circunstancia de agravación genérica
prevista en el art. 46 inc. 2 lit. i) del Código Penal; con lo cual, mal haría en considerarse la
existencia de una doble valoración vulneradora del principio ne bis in ídem. Sobre las
consecuencias accesorias aplicables a las personas jurídicas, cabe señalar que no existe aún una
posición consolidada en cuanto a su naturaleza; quizás solo haya consenso en que se tratarían
de consecuencias jurídicas que, al menos formalmente, no ostentan el carácter de penas ni de
medidas de seguridad.
A partir de ahí, las opiniones se dividen entre quienes sustentan que este tipo de consecuencias
son verdaderas penas, y quienes ven en ellas medidas preventivas ya sea de carácter penal o de
índole administrativa.33 Lo cierto es que se trata de medidas que se corresponden con la
peligrosidad objetiva de una persona jurídica, la misma que puede ser instrumentalizada para
la comisión de hechos delictivos, 34 o lesionar o poner en peligro bienes jurídicos de
importancia por un defecto de organización.
Previstas en el art. 105 del Código Penal, lo que se echaba en falta para una debida imposición
de las consecuencias accesorias eran reglas de determinación y aplicación; deficiencia que se
suple con la Ley 30077 en cuya virtud se incorpora el art. 105-A del Código Penal, el mismo
que contiene algunos criterios para la determinación de las consecuencias aplicables a las
personas jurídicas. Esta norma, que es casi un fiel reflejo de lo previsto en el art. 110 del
Anteproyecto de Ley de Reforma del Código Penal de 2009, dispone que la aplicación de este
tipo de consecuencias jurídicas se realizará de forma motivada atendiendo a los siguientes
criterios de fundamentación y determinación: prevenir la continuidad de la utilización de la
persona jurídica en actividades delictivas; la modalidad y la motivación de la utilización de la
persona jurídica en el hecho punible; la gravedad del hecho punible realizado; la extensión del
daño o peligro causado; el beneficio económico obtenido con el delito; la reparación
espontánea de las consecuencias dañosas del hecho punible; la finalidad real de la organización,
actividades, recursos o establecimientos de la persona jurídica. En tanto que la disolución de la
persona jurídica será de aplicación siempre que resulte evidente que ella fue constituida y operó
habitualmente para favorecer, facilitar o encubrir actividades delictivas.
En el ámbito procesal, suscribimos lo señalado por Prado Saldarriaga cuando indica que habida
cuenta de que las disposiciones procesales o sobre cooperación judicial internacional de la Ley
30077 ya están contempladas por el Código Procesal Penal, resultan a todas luces innecesarias,
y que lo más técnico hubiera sido desarrollar las normas del Código y adecuarlas a los cambios
sugeridos en las normas de la Ley Contra el Crimen Organizado. El art. 24 de la Ley 30077
restringe el acceso a los beneficios penitenciarios de redención de la pena por el trabajo y la
educación, semilibertad y liberación condicional en el caso del líder, jefe o cabecilla de la
organización; a quien la financia; a quien en su condición de integrante o colaborador de la
organización atenta contra la integridad física o sicológica de menores u otros inimputables; o
en el caso de integrantes de la organización que hayan sido condenados por los delitos de
asesinato, secuestro, trata de personas, robo en su forma agravada y extorsión. Como ya
indicáramos en otro lugar, existe la tendencia de que las condenas por delitos de considerable gravedad
queden exentas de cualquier tipo de beneficio penitenciario que suponga una excarcelación anticipada;
en otras palabras, se tiende al cumplimiento íntegro de las condenas sin ninguna atención al
comportamiento del interno ni a posibles avances en cuanto a su resocialización
OTRAS CUESTIONES DOGMÁTICAS Y DE POLÍTICA CRIMINAL
Junto a los problemas conceptuales y de diferenciación entre organización criminal y
asociación ilícita y conspiración para delinquir y grupo organizado ya analizados, se
pueden destacar un importante conjunto de aspectos dogmáticos y político criminales
que dificultan la exégesis de los preceptos y menoscaban su eficacia.
Así, en primer lugar, se debe aludir a la ubicación sistemática del precepto y a la
fundamentación de la misma que se hace en el preámbulo de la Ley que, como apunta
GARCÍA RIVAS, al situar estas infracciones en los delitos contra el orden público,
parece optar por un concepto del mismo en un sentido formal e institucional ya superado
tras la aprobación de la Constitución que lo concebía como orden institucional,
frente al actual que en un plano más material lo vincula a la «seguridad y paz en las
manifestaciones de la vida ciudadana» o, si se prefiere, con la «seguridad ciudadana.
Sin duda, parece obvio que cualquier opción legislativa debe ser nítida en relación con el bien
jurídico que pretende tutelar sin incurrir en afirmaciones que lo vinculen a conceptos
impropios de un Estado social y democrático de Derecho.
También hay que mencionar la escasa taxatividad que emplea el legislador. En este sentido,
han destacado MARTELL PÉREZ-ALCALDE/ QUINTERO GARCÍA que se incurre en
la redacción de los preceptos en extraordinarias imprecisiones en el ámbito de la autoría
que pugnan con la taxatividad y la exigencia de certeza
. En línea de principios, junto a los problemas vinculados con el de legalidad ya
apuntados, también se deben tener en cuenta los relacionados con el principio de
proporcionalidad, pues parece que el legislador desconoce su existencia, equiparando
conductas de autoría y participación en el art. 570 ter, cuando en el art. 570 bis se
diferencian al prever una sanción mayor para el que promueve, constituye, organiza,
coordina o dirige una organización criminal frente a la prevista para el que coopera con ella.
En este sentido, ha apuntado en relación con el art. 570 ter, SÁNCHEZ GARCÍA
CONCLUSIONES
Consideramos que un concepto estricto o restringido de organización criminal se teje,
fundamentalmente, sobre la base de una estructura organizacional. Este elemento,
ciertamente, está indisolublemente vinculado a otros elementos configuradores como
la permanencia y la pluralidad de personas, sin que estos, por sí solos, puedan
determinar ineludiblemente la presencia de una organización criminal [como en el caso
de la coautoría, por mencionar un solo ejemplo].
Importante también en un concepto estricto de organización criminal, resulta el objeto
o fin, ya que se entiende, como lo confirma la propia Convención de Palermo, que estas
organizaciones se ordenan a la comisión de delitos graves. Gravedad que puede ser
entendida −más aún si se atiende a lo previsto por la Ley 30077− en términos de
dañosidad social, que como tal, puede comprender fenómenos que no atenten contra la
vida y la salud de las personas (v. gr. delitos contra la administración pública). De esta
suerte, debe quedar excluido del concepto de organización criminal, aquellas
agrupaciones que tienen por fin la comisión de faltas, por más reiteradas que estas sean.
Pueden quedar fuera de un concepto estricto de organización criminal los grupos
terroristas; no solo se trata de que estos no estén dirigidos a la consecución de un
beneficio económico o material [según exige la Convención de Palermo], o que,
formalmente, no hayan sido comprendidos por la legislación especial sobre
criminalidad organizada [como ocurre, en nuestro caso, con la Ley 30077], sino que la
confrontación con el Estado, pretendiendo la destrucción o el socavamiento de sus
estructuras, hace que merezcan un tratamiento −aunque similar− diferenciado frente a
otras organizaciones criminales.
Consideramos que el término organización criminal, en la Ley 30077 y en el propio
Código Penal que resulta modificado por aquella, es utilizado en un sentido amplio,
comprendiendo incluso algunas manifestaciones de la criminalidad de grupo que la
doctrina considera fuera de un concepto estricto de organización criminal (p. ej. las
bandas). Aplica también para el todavía denominado delito de asociación ilícita previsto
en el art. 317 del Código Penal.
Los instrumentos de los que se vale el legislador nacional para enfrentar el problema
de la criminalidad organizada son, por un lado, una figura penal autónoma que sanciona
la mera asociación o pertenencia a organización criminal (art. 317 CP); y, por otro,
circunstancias agravantes en caso las realizaciones de algunos delitos de ostensible
gravedad se perpetren en el marco de una asociación u organización criminal.
La Ley 30077 refuerza estos instrumentos para una mejor persecución y sanción de la
criminalidad organizada. En lo penal, por ejemplo, incorpora la circunstancia agravante
prevista para el líder, jefe o cabecilla, o para el que ejerce funciones de administración,
dirección y supervisión de la organización criminal; casos en los cuales, el incremento
de la pena para el líder, jefe o cabecilla –en un tercio− se hará tomando como base el
marco penal de la forma agravada [normalmente prevista para el agente que comete el
delito en calidad de miembro de la organización], mas no la del tipo básico, pues de ser
así, se llegaría a la inconcebible situación de que miembros de segundo orden de la
organización responderían con una pena mayor que los líderes o jefes de aquella.
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