Marcus: Venganza y Redención
Marcus: Venganza y Redención
MARCUS
© 2018Maricela Gutiérrez
©Todos los derechos reservados
1ªEdición: Enero, 2019
Diseño de Portada: China Yanly
Maquetación: China Yanly
chinayanlydesign@[Link]
Es una obra de ficción, los nombres, personajes, y sucesos descritos son
productos de la imaginación del autor.
Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro,
sin el permiso del autor.
SINOPSIS
PRÓLOGO
1
MARCUS
2
EMILY
3
MARCUS
4
EMILY
5
MARCUS
6
EMILY
7
MARCUS
8
EMILY
9
MARCUS
10
EMILY
11
MARCUS
12
EMILY
13
MARCUS
14
EMILY
15
MARCUS
16
EMILY
17
MARCUS
18
EMILY
19
MARCUS
20
EMILY
21
IVOR
22
MARCUS
23
EMILY
24
MARCUS
25
RAZVAN
EPÍLOGO
Permite que sea tu corazón quien hable por ti,
pues es el único capaz de comprender el complejo lenguaje
de los sentimientos.
SINOPSIS
Marcus es un hombre marcado por la tragedia, cuando la maldad llegó a su
vida arrasando con todo a su paso y llevándose con ella lo que él más amaba, lo
único que le quedó fueron unas profundas cicatrices y una infinita sed de
venganza. Durante siglos no ha sido más que una sombra que se oculta bajo una
apariencia huraña, pero ¿qué pasará cuando a su vida llegue alguien capaz de ver
más allá de sus heridas?
Emily ha vivido siempre sumida en el silencio, sin embargo, esto le ha
servido para aprender a escuchar el lenguaje de los sentimientos, por ello cuando
en su camino se cruza un ser que tiene la apariencia de un animal herido, ella no
dejará pasar la oportunidad de sanarlo, ¿pues quién mejor que alguien que está
igual de roto para comprender el dolor?
PRÓLOGO
El Guardián
M edhan caminó por los valles de aquellas gélidas tierras que lo
habían acogido durante siglos mientras Winter, un lobo de pelaje
tan blanco como la nieve que pisaban en ese momento y los ojos azules como el
cielo, lo seguía de cerca, eran más que un amo y su mascota, en realidad desde
que lo encontró siendo apenas un cachorro con una pata herida, se volvieron
compañeros que deambulaban juntos en las noches como dos figuras
fantasmagóricas, lo llamó Winter porque su encuentro se dio durante lo más
crudo del invierno. Las huellas que iban dejando eran borradas con rapidez por
la ventisca que los azotaba, aun así, no se detuvieron ni buscaron refugio. Los
ojos de una liebre brillaron antes de que se perdiera en su madriguera. El viento
soplaba frío, y él recibió la ráfaga de copos que golpeaban su rostro como una
liberación, estas caminatas se habían convertido en algo habitual, algunas veces
volaba, pero por alguna razón prefería caminar, vivía alejado de la pequeña
aldea, a varios kilómetros en realidad, sabía que los habitantes conocían su
existencia, aunque no se escondía de ellos, como si hubiesen llegado a un
acuerdo tácito de cooperación, muchas veces salía de su casa y se encontraba
con comida y obsequios que las personas dejaban en su puerta, incluso halló
algún que otro sacrificio, como si pensaran que de esta forma agradecían que los
protegiera, en realidad no estaba seguro de si los protegía por gusto o porque no
tenía nada mejor que hacer, y eso le ayudaba a pasar el tiempo. Años atrás, una
noche, se acercó bastante a la aldea, más por curiosidad que por otra cosa y se
había encontrado con que en la plaza principal se erigía una enorme estatua, una
figura de un hombre con unas impresionantes alas, dando la impresión de ser un
ángel vengador, incluso lo llamaban por un nombre que a veces le causaba
gracia, lo que nadie sabía era que él tenía de ángel lo mismo que de demonio,
pues era el primero en nacer de la mezcla entre ambas criaturas. Cuando pensaba
en sus padres Ylahiah, un ángel de luz y Makhale un demonio de la destrucción,
su corazón se aligeraba y se quitaba un poco el peso de la soledad, llevaba
mucho tiempo sin verlos, a pesar de ello, tenía el poder de sentirlos, sabía que
estaban bien, que eran felices, aunque en ocasiones percibía la tristeza de su
madre por no tener noticias suyas, pero por alguna razón en lugar de regresar a
ellos, sus caminos se alejaban cada vez más.
No vio nada extraño durante su caminata, había pasado mucho desde que se
encontró a algún demonio por los alrededores, lo peor era que la última vez que
se tropezó con uno ni siquiera había habido una lucha, los demonios conocían el
poder que tenía Medhan, por ello le temían y huían de él, así que su trabajo era
más bien poco, comenzaba a pensar que su labor allí ya no tenía sentido y que
era mejor irse, entonces llegaba la pregunta, ¿a dónde? Ya no recordaba si tenía
otro lugar al que ir, su único hogar verdadero había sido con Carisa, aunque eso
también lo había perdido cuatro siglos atrás, cuando la muerte se la arrancó de
los brazos, ella había sido humana, y lo amó a pesar de conocer su naturaleza,
pero se negó a que se unieran, pues no deseaba vivir eternamente, no concebía la
idea de la eternidad, mientras veía a sus seres queridos desaparecer, así que
Medhan respetó su decisión tuvo que ver cómo se hacía vieja y se iba
consumiendo hasta morir, sin importar nada la amó hasta el final de sus días, su
piel arrugada no hacía que la viera menos hermosa, y quiso morir con ella, sin
embargo, le prometió que continuaría su camino, que volvería a amar de nuevo,
lo hizo como una promesa vacía pues sabía con certeza que en su corazón no
había espacio para nadie más.
Winter aulló y el eco del sonido viajó por el aire llegando muy lejos de allí,
Medhan acarició su cabeza con una sonrisa sombría.
—Vamos amigo, regresemos a casa, esta noche está demasiado fría y ni
siquiera el mal se atrevería a deambular por estos parajes con la tormenta que se
avecina —dijo. El lobo lo miró como si comprendiera sus palabras, y ambos
retomaron el camino silencioso hasta la vieja cabaña de madera donde vivían.
La leyenda del Guardián se había extendido por la aldea y algunas
poblaciones vecinas, incluso llegó muchos más lejos, al punto de escribirse
historias en algunos libros, la mayoría hablaban de la figura que solo era visible
en las noches, todos hacían suposiciones, había quienes decían que era una
criatura demoníaca que quería robarle el alma a los incautos, pero la mayoría lo
veían como un salvador, eran esos los que le obsequiaban ofrendas, quienes
agradecían su presencia pues pensaban que apartaba el mal que los acechaba.
1
MARCUS
Bibury, Inglaterra 1612
A punté la flecha en dirección a mi objetivo, el venado permanecía
oculto en las sombras ignorante de mi presencia, era bueno que mi
visión fuera perfecta en la noche, esto ayudaba cuando tenía que salir de caza,
escuché el ruido que hizo una pequeña rama al romperse, pero no me giré pues
sabía bien de quién se trataba.
—Sigo sin comprender por qué usas una flecha, tus garras serían más
rápidas —susurró mi hermana Darline acurrucándose a mi lado.
—Y yo sigo sin entender el motivo por el cual te vistes de chico —la
reprendí fijándome en su atuendo, de nuevo se había puesto mi ropa, que
sobraba decir le quedaba algo grande, su largo cabello estaba escondido debajo
de un viejo sombrero de paja.
—Es para pasar desapercibida —comentó encogiéndose de hombros. Ella
no era una chica que pudiera pasar desapercibida, Darline era como un pequeño
ángel que resplandecía por donde quiera que pasara. Amaba a mi hermana, era la
luz de mi vida, cuando mi padre murió mi madre volvió a tomar otro compañero,
entonces había nacido ella, apenas tenía quince años y parecía un ciclón, su
carácter indómito la había metido en más de un problema, era una suerte que yo
siempre estuviera dispuesto a protegerla. No dije nada más y de nuevo me
concentré en mi tarea, dejé que la flecha se desprendiera de mis dedos soltando
un pequeño silbido, me quedé viendo como viajaba con rapidez por el aire hasta
llegar a su objetivo, el venado cayó al piso muerto sin tan siquiera saber qué lo
había alcanzado.
—Ese es mi hermano —gritó levantándose, para comenzar a dar vueltas en
una especie de danza. Sonreí viendo su ataque de euforia, cualquiera pensaría
que era mi primera caza, luego se lanzó a mis brazos y me dio un sonoro beso en
la mejilla. Se apartó y prosiguió con su baile, negué con la cabeza y me puse de
pie para ir por el animal, lo tomé colocándolo sobre mi hombro, pues a pesar de
ser de un tamaño considerable no representaba mucho esfuerzo para mí.
Caminamos de regreso a la aldea, mientras ella hablaba sin parar contándome
cada cosa que hacía.
—Ya casi es mi cumpleaños, ¿lo recuerdas verdad? —preguntó poniéndose
frente a mí y caminando de espaldas. Cuando sonreía unos bonitos hoyuelos se
marcaban en sus mejillas, y sus ojos de un color igual al mío brillaban.
—Es imposible olvidarlo, me lo recuerdas cada día —acoté y ella hizo un
puchero, pero luego su semblante risueño regresó. Volvió a ponerse a mi lado y
continuó hablando.
—Madre prometió hacerme un vestido nuevo, ¿podrías comprarme alguna
tela cuando vengan los mercaderes?
—Por supuesto, ese será mi regalo —le mentí pensando en la sorpresa que
le tenía preparada. En mi último viaje a Londres había conseguido el regalo
perfecto para ella, algunas veces el rey solicitaba nuestros servicios como
mercenarios, él no era realmente consciente de nuestra naturaleza, aunque eso no
le importaba, mientras asesináramos por mandato suyo. La misión que me
encomendó en su último llamado había sido relativamente sencilla, así que con
el dinero que recibí como pago compré el regalo de Darline, unas bonitas
peinetas con incrustaciones de piedras preciosas, había gastado una pequeña
fortuna en ellas, aunque no me importaba si con eso la hacía feliz.
—Quiero verme bien para… —Se detuvo en mitad de la frase, la miré
esperando que continuara, a pesar de la oscuridad pude ver con claridad el tono
rosa que cubrió sus mejillas.
—¿Para quién? ¿Acaso te gusta algún muchacho de la aldea? —pregunté
pensando en los jóvenes de la edad de mi hermana que vivían allí, apenas tres
acudieron a mi memoria, pero nunca la había visto siquiera hablando con alguno
de ellos.
—Puede ser —respondió de forma tímida.
—Aún eres muy joven. —Nací noventa años antes que Darline y por esta
razón la veía más como una hija.
—Ya quiero que el tiempo pasé rápido, me gustaría ser adulta —comentó
cambiando su semblante a uno más serio. En nuestra raza teníamos una
evolución más o menos similar a los humanos, aunque eso era solo hasta que
cumplíamos los veinticinco años, entonces adquiríamos apariencia Demonials y
dejábamos de cambiar, ya no envejecíamos y por supuesto tampoco moríamos, a
menos que cortaran nuestras cabezas claro.
—No sé para qué te preocupas tanto por ser grande —dije girando la cabeza
para mirarla—. No hay prisa —afirmé. Ella asintió sin decir nada, pocas veces se
quedaba sin palabras, lo que me hacía pensar que había algo más detrás de su
afán por alcanzar la vida adulta.
Llegamos a la aldea donde los demás habitantes iban de un lado a otro
cumpliendo con sus obligaciones, no importaba que fuera de noche, ese era el
momento en que nuestro hogar cobraba vida, durante el día nos era imposible
hacer nada ya que la luz del sol nos dejaba completamente ciegos. Me dirigí al
pequeño riachuelo que cruzaba por un costado, y me incliné para comenzar a
limpiar el venado, con este tendríamos carne durante algunos días, Darline se
despidió y entró a la cabaña para ayudar a nuestra madre con las labores.
Despellejar el animal no me llevó mucho tiempo, usé mis garras que eran más
efectivas que cualquier cuchillo.
—¿Necesitas ayuda? —Levanté la cabeza y mi mejor amigo Ivor se
encontraba de pie a mi lado, negué.
—Ya falta poco, ¿te gustaría venir a cenar con nosotros? —lo invité,
lavándome de las manos los restos de sangre. Él solía pasar mucho tiempo con
mi familia, era casi como un hermano más, habíamos crecido juntos y en las
batallas siempre estábamos cuidándonos la espalda el uno al otro, de hecho, en
las misiones que nos encomendaba el rey éramos un equipo. Me miró un
momento y en sus ojos pude ver un brillo de preocupación, Ivor siempre era el
más extrovertido de los dos, el que se tomaba todo en broma, nunca se callaba,
por ello cuando permaneció en silencio más tiempo del necesario supe que algo
no andaba bien.
—En realidad vine a buscarte porque me gustaría hablar contigo de algo
importante —dijo, y su tono solemne hizo que me preocupara, enseguida me
puse de pie para mirarlo de frente.
—¿Pasa algo malo? —pregunté. Él negó y luego miró hacia todos los lados,
por alguna razón no me miraba directamente a los ojos—. Ivor, deja el misterio y
habla de una vez —le insté. Bajó la cabeza y la levantó de nuevo.
—Quiero hablarte de Darline —soltó y me tensé.
—¿Qué tienes que decirme de mi hermanita? —indagué desconfiado, esta
vez su mirada se encontró con la mía.
—Estoy enamorado de ella. —Lo miré esperando que riera y me dijera que
se trataba de una broma, pero no lo hizo—. Por favor, no me juzgues —suplicó.
—¿Qué no te juzgue? ¿Vienes a decirme que estás enamorado de mi
hermana pequeña y esperas que no te juzgue?
—¿Por qué te parece tan malo? Si te lo estoy diciendo es porque eres como
mi hermano, y esperé que lo entendieras ¿quién mejor que yo para cuidarla?
—Ella es una niña, Ivor —gruñí comenzando a perder la paciencia.
—A su edad muchas de nuestras mujeres han tomado compañeros —se
defendió.
—Entonces sería bueno que recordaras que tú tomaste una compañera en
nuestro último viaje a Gales. —Su frente se arrugó y un gesto de dolor nubló sus
ojos.
—Eso fue un error Marcus, tú lo sabes, yo no amaba a esa mujer, solo me
dejé llevar por un impulso.
—Aquí no importa si la amas o no, lo realmente importante es que estás
unido a ella, y de esa forma no tienes nada que ofrecerle a Darline.
—Estoy dispuesto a romper esa unión —dijo con voz cargada de
convicción.
—¿Cómo planeas hacerlo? La última vez que supe algo así, uno de los dos
tenía que morir para que eso pasara. —El silencio que siguió a mis palabras me
dio la respuesta sin que siquiera abriera la boca—. ¿Y harás lo mismo con mi
hermana cuando te des cuenta de que unirte a ella también fue un error? Dime,
¿planeas ir a visitar a tu compañera y cortar su cabeza mientras duerme? —
cuestioné con rabia, mis ojos brillaron y me acerqué a él dispuesto a golpearlo.
—Yo nunca haría algo como eso a Darline —repuso apretando los labios.
—Pero si lo harás a otra, ¿no? —lo reté, cerró los puños en un gesto de
frustración.
—Es la única forma de romper mi unión —exclamó.
—No me importa lo que hagas, pero nunca voy a permitir que te unas a mi
hermana, no cuando piensas asesinar a tu propia compañera para lograr tus
propósitos.
—No es como si tú nunca hubieses asesinado a nadie —me recordó,
acerqué mi cara a la suya de forma amenazadora.
—Sin embargo, nunca asesiné a nadie que confiara en mí, que fuera parte
de mi vida —bufé. Sus ojos marrones cambiaron a rojos en apenas un segundo.
—No me importa lo que digas, quise advertirte, aunque nada va a impedir
que tome a Darline como mi mujer —sentenció. Su advertencia solo logró
acrecentar más mi furia.
—Entonces considérate hombre muerto —le advertí. Tomé los restos del
animal y me encaminé hacia la cabaña donde vivía mi madre, tenía la mía
propia, pero solía cazar para ella y aprovechaba para comer ahí. Al entrar la
encontré cocinando algo en el fuego, cuando me vio sonrió y corrió a abrazarme,
dándome un cálido beso en la mejilla, mi hermana se hallaba de pie en la
ventana que daba a la parte trasera con la mirada perdida en un gesto soñador,
sin ser consciente de mi presencia.
—Hijo, te agradezco por la ayuda —dijo mi madre apresurándose para
darme una mano—. Darline, ven a ayudarnos a tu hermano y a mí. ¿Darline? —
la llamó de nuevo, mi hermana solo ante el segundo llamado pareció salir de su
letargo.
—¿Cómo? Lo siento estaba distraída —se disculpó dándose prisa.
—¿Qué era eso que ocupaba tu mente y te mantenía tan distraída? —
interrogué temiendo la respuesta. Se ruborizó y luego bajó la cabeza.
—No es nada —respondió casi en un susurro.
—No me mientas, te conozco y sé que algo me ocultas. —Por supuesto que
lo sabía, Ivor era la respuesta, solo esperaba que confiara en mi lo suficiente para
decírmelo. La vi mirar a nuestra madre quien le hizo un ligero asentimiento, me
sorprendió darme cuenta que posiblemente estaba enterada de las intenciones de
mi amigo con mi hermana.
—¿Ivor no habló contigo? —me interrogó con una sombra de duda.
—Lo hizo —afirmé tratando de controlar mi furia.
—¿Y?
—Y nada Darline, nunca permitiré que pase nada entre ustedes. —Un gesto
de desconcierto se dibujó en su bonito rostro.
—¿Por qué no? Él es tu amigo, pensé que lo aceptarías.
—No lo hago, él no es bueno para ti.
—¿Acaso tú sabes lo que es bueno para mí? —me reprochó airada.
—Soy tu hermano, por supuesto que lo sé, quiero que seas feliz, pero Ivor
no es la opción.
—Tú no eres mi padre, Marcus, no tengo que obtener tu permiso —gritó
empujando la mesa que cayó derramando todo lo que había sobre ella al piso.
—Entiéndelo, no permitiré que te unas a él —advertí, me mantuve
impasible odiando las lágrimas que cubrían su rostro, no quería herir a mi
hermana, sin embargo, no había forma de evitarlo.
—Yo lo amo —afirmó retándome con la mirada.
—Eres joven aún, no sabes nada del amor —dije e intenté acercarme para
abrazarla, pero se alejó de mí.
—Al menos sé más que tú, que solo compartes tu cama con la cortesana del
pueblo —me soltó. Cerré los ojos y me apreté el puente de la nariz, todos sabían
de mi extraña relación con Sonja, quien en efecto era una cortesana, esto no era
algo que me preocupara en realidad, pues no estaba enamorado de ella, solo la
buscaba por placer.
—Yo nunca dije que la amara —rebatí, queriendo que comprendiera mis
razones.
—Pero la buscas cada noche, y lo has hecho durante varios años, si no es
amor eso, ¿entonces qué es? —preguntó.
—Darline, suficiente —la regañó nuestra madre—. No le hables así a tu
hermano.
—¿Te vas a poner de su parte? —exclamó con decepción.
—Él tendrá sus razones para oponerse —comentó mi madre con voz
conciliadora.
—Sus razones son que es un egoísta.
—Darline —intervine llamando su atención de nuevo—, tú eres una niña,
no voy a hablar de esas cosas contigo, solo quiero que te quede claro que
primero muerto antes que permitir que haya una relación entre tú e Ivor —
afirmé. Sus ojos refulgieron con desprecio.
—Entonces espero que te mueras pronto. ¡Te odio! —gritó, y se marchó
corriendo para encerrarse en su habitación, mi corazón se rompió ante sus duras
palabras. Sentí la mano de mi madre posarse en mi hombro.
—Discúlpala hijo, no es cierto lo que dijo, solo habló con rabia. —Ella me
miraba con amor, acariciando mi brazo, la observé un momento pensando que
era hermosa, a simple vista parecía incluso más joven que yo, con su cabello
castaño recogido en una larga trenza y sus bonitos ojos de un color avellana.
Darline y yo habíamos heredado aquel color, aunque ninguno tenía mucho de su
personalidad compasiva, nuestra madre era el ser más noble que alguna vez tuve
la oportunidad de conocer.
—Lo sé, madre, no te preocupes —respondí dándole una sonrisa
tranquilizadora.
—¿Puedo saber por qué no estás dispuesto a aceptar que Ivor y tu hermana
estén juntos? ¿Acaso no es tu amigo? —preguntó con voz calmada, agradecía
que confiara tanto en mí para darme el beneficio de la duda.
—Lo es madre, y sabes que lo quiero como a un hermano, pero hay razones
muy poderosas.
—Entonces debiste decírselas a ella —me dijo con pesar. Negué.
—No podía romper su corazón. —Una sonrisa triste se dibujó en sus labios.
—Mi niño —habló poniendo su mano en mi mejilla, cerré los ojos
recibiendo la caricia, era un poco extraño que me dijera su niño, había pasado
demasiado tiempo desde que lo fui—. ¿Por eso preferiste que se rompiera el
tuyo?
—Era lo mejor, debo irme —contesté cortando la conversación, decidí que
esperaría a que mi hermana se calmara para poder hablar con ella.
—Eres un buen hermano Marcus, Darline lo entenderá tarde o temprano.
—Te amo, madre —respondí dándole un beso en la frente.
—Y yo a ti hijo, si tu padre estuviera vivo se sentiría muy orgulloso de ti —
afirmó.
De nuevo la melancolía se apoderó de mí, cuando recordé a mi padre, yo
era apenas un niño cuando fue asesinado en una batalla contra los demonios,
pero pensaba en él siempre, había sido mi ejemplo a seguir, la razón por la que
quise convertirme en el mejor guerrero, admiraba profundamente al hombre que
me engendró y quería ser como él.
Luego de despedirme de mi madre salí de su cabaña, escuché un pequeño
revuelo y me giré para ver llegar a Lloyd acompañado de un grupo de
encapuchados. Él era nuestro líder, además de mi padrastro y padre de Darline,
no me agradaba demasiado, pero había respetado la decisión que tomó mi madre
cuando decidió unirse a él, unos sesenta años después de que mi padre fuera
asesinado. Me quedé de pie viéndolos acercarse, cuando estaban apenas a unos
metros dejé salir un gruñido, quienes lo acompañaban eran demonios.
—¿Se puede saber qué pensabas trayéndolos aquí? —le espeté cuando
estuvo a mi lado, su mirada fría no me pasó desapercibida, el desagrado era
mutuo.
—No tengo por qué darte explicaciones, no olvides que soy tu líder —me
escupió.
Lo miré mientras pasó por mi lado seguido del grupo, uno de ellos me lanzó
una sonrisa arrogante, me quedé de pie ahí hasta que los vi desaparecer en el
interior del salón del consejo, me alejé quedándome afuera de mi cabaña, decidí
no acercarme al lugar donde se reunían pues sabía que me escucharían, aunque
no estaba dispuesto a perder de vista a los recién llegados. Lloyd tenía un motivo
oculto para llevarlos allí, estaba seguro de ello, los demonios nunca habían sido
bienvenidos en nuestra aldea. La luz de las antorchas que iluminaban la estancia
era visible por las rendijas de la madera, esperaba que no estuviese planeando
una unión con nuestros peores enemigos, odiaba a los malditos, les daba caza
cada vez que me cruzaba con uno de ellos. No supe cuánto tiempo permanecí en
las sombras esperando a que Lloyd saliera para pedirle explicaciones, cuando
por fin lo hicieron se dirigieron a la cabaña donde este vivía con mi madre y mi
hermana. Apreté los puños cuando vi que los llevaría cerca de ellas, y comencé a
caminar a zancadas en su dirección.
—No te atrevas a meter a estos bastardos en casa de mi madre, Lloyd —le
dije, preparándome para lanzarme por su cabeza si era necesario.
—¿Desde cuándo tú me das ordenes? —demandó mirándome con furia.
—Desde que pones a mi madre y a mi hermana en peligro —espeté sin
abandonar mi posición defensiva.
—Te recuerdo que ellas son mi mujer y mi hija, y nadie me dirá a quién
debo llevar a mi casa —expresó con arrogancia. Estaba a punto de atacarlo
cuando uno de los demonios habló.
—Marcus Loughty —giré ante la mención de mi nombre y lo vi
observarme con cierto brillo de interés— he escuchado que eres un fuerte
luchador —comentó. No sabía por qué le importaba, y no pensaba preguntárselo,
él no era más que un vil despreciable. No le respondí y le miré con desdén, por
ello me sorprendió cuando una sonrisa apareció en sus labios—. Veo que no te
gusto mucho.
—No le hagas caso, Razvan, el muchacho es un tanto testarudo —intervino
Lloyd.
—¿Ahora eres el mejor amigo de los demonios? —interrogué con cierto
tono de reproche en la voz.
—¿Sabes, Lloyd? —Comenzó a hablar el tal Razvan—. Creo que este
joven podría ser mejor líder que tú —aseguró, y de nuevo se giró hacia mí
perdiéndose el gesto de desagrado en la cara de su interlocutor—. Dime una cosa
muchacho, ¿qué estarías dispuesto a hacer por conseguir riquezas y poder? —
inquirió. Bufé, definitivamente el sujeto no me conocía. Le lancé una mirada de
desprecio queriendo dejarle claro que no tenía interés en nada de lo que él
tuviera para ofrecerme.
—Primero, no soy ningún muchacho, tengo más de ciento quince años, y
créeme, nunca haría nada que implique hacer un pacto con el demonio —afirmé
rotundo. Él se rio con fuerza y sus acompañantes se unieron al coro de risas.
—¡Ah, Marcus! No eres el primer arrogante que encuentro en mi camino,
pero te aseguro que al igual que a ellos tu arrogancia no durará mucho.
—No me amenaces, demonio, he cortado muchas cabezas igual a la tuya —
le dije lanzándome hacia él, al menos cinco de sus acompañantes se pusieron en
frente para protegerlo, les enseñé los colmillos para demostrarles que no me
sentía ni un poco intimidado. El líder me estudió un momento y luego respondió.
—Lo sé, es por eso que considero que estarías mejor de mi lado.
—Entonces tal vez sería bueno que te sientes a esperar a que llegue ese
momento —repliqué, y escupí a sus pies alejándome sin mirar atrás.
Me interné en el bosque caminando en medio de troncos y espesa
vegetación, iba a mi lugar preferido, ese en el que me permitía respirar, llegué al
pequeño precipicio y me senté, sentí el aire gélido acariciar mi rostro, en esa
época del año el clima comenzaba a cambiar, aunque aquello no era algo que me
importara mucho, no sentía el frío igual que los humanos, de hecho, nuestros
cuerpos soportaban temperaturas muy bajas. Miré a la distancia hasta donde se
extendía el valle, cerré los ojos y pensé en mi padre, en momentos como estos
eran cuando más extrañaba su presencia, él siempre sabía qué hacer. Unos
minutos después me puse de pie y me saqué la túnica, la dejé caer al piso y
cambié de forma, mis alas se extendieron y me elevé en el aire, amaba volar, era
una sensación liberadora, viajé hasta las afueras de Bibury que estaba apenas a
tres millas de distancia de la aldea. Aterricé en la parte trasera de la casa de
Sonja, y recuperé mi forma humana, estaba a punto de llamar a la puerta cuando
escuché voces en el interior, sentí una pequeña punzada de celos, era cierto que
no la amaba como para convertirla en mi compañera, pero había un sentimiento
especial, me senté en un banco y apoyé la espalda contra la pared a la espera de
que su cliente se fuera, aún no comprendía cómo era que una mujer de mi raza
aceptaba acostarse con simples humanos, sin embargo, ella tenía un protector,
algún duque que le daba dinero a cambio de sus favores. La puerta se abrió de
pronto sobresaltándome, me giré y la encontré de pie mirándome, Sonja era
realmente hermosa, tenía el cabello rubio que caía en bucles por su espalda, y
unos bonitos ojos de un tono gris, tenía unos labios carnosos que invitaban al
pecado, vestía un camisón casi transparente que permitía ver completamente las
formas de su cuerpo, sabía por qué los hombres se desvivían por conseguir sus
atenciones, yo mismo llevaba unos cinco años buscándola, aunque a veces
éramos más como amigos.
—Mi querido Marcus, ¿qué haces ahí? —preguntó cruzándose de brazos,
haciendo que sus pechos que casi sobresalían de su escote fueran aún más
llamativos. No pude evitar mirarlos y recordar las veces que los había acariciado.
—Parecías ocupada ahí dentro —respondí encogiéndome de hombros.
—Para ti nunca estaré ocupada, cariño —dijo con una sonrisa.
—¿Qué pasó con tu invitado? —interrogué poniéndome de pie.
—Lo despaché en cuanto te escuché llegar —aseguró. Me acerqué y me
apoderé de sus labios, ella me correspondió como siempre hacía.
—Vamos a tu habitación —propuse empujándola al interior.
Me llevó hasta el lugar que conocía como si fuera mi propia casa, sin soltar
mi mano me condujo hasta el lecho, respiré aliviado cuando vi que la cama
estaba hecha, lo que quería decir que no la había compartido con nadie en las
últimas horas. Comenzó a quitarme las calzas, mientras repartía besos por mi
pecho desnudo.
—Espera aquí —me pidió alejándose hasta su tocador, cuando regresó traía
un pequeño frasco, al momento que lo destapó sentí el olor a especias, una
mezcla dulce y picante bastante agradable—. Es un nuevo aceite traído de la
India por mi querido benefactor el duque de Stratford —comentó acercándose de
nuevo a mí, hice una mueca de fastidio ante la mención del sujeto que pagaba la
casa y las lujosas joyas que Sonja usaba—. ¿Sabes? El hombre quiere casarse
conmigo y convertirme en una mujer decente, ¿puedes creerlo? —Negué con
una sonrisa, ella definitivamente no tenía nada de decente, y dudaba
sinceramente que quisiera serlo.
—Me parece que tu querido duque es un ingenuo —me burlé.
—¿Qué esperabas, cariño? Es solo un simple humano —alegó. El
desagrado era obvio en sus palabras. Vertió un poco del aromático aceite en sus
manos y las frotó, observé todo con atención—. Recuéstate —me indicó, y la
obedecí enseguida, entonces llevó sus palmas a mi pecho y masajeó con
suavidad.
—¿Qué respondiste a su ofrecimiento? —pregunté cerrando los ojos, y
dejándome llevar por la agradable sensación.
—Dije que lo iba a pensar —respondió. Abrí un ojo y la miré.
—¿De verdad lo estás pensando? —No parecía muy lógico que se atara a
un humano.
—Por supuesto que no, ¿cómo se supone que voy a explicarle en veinte
años que sigo igual? Eso sin contar que los humanos me desagradan totalmente
—dijo haciendo un gesto de estremecimiento—. Lo único que me interesa de él
es su dinero, gracias a este vivo bien, pero uno de estos días desapareceré sin
dejar rastro, ya conseguí lo suficiente para vivir bien un tiempo, después veré
qué hacer, tal vez busque otro benefactor.
—¿Vas a irte? —inquirí un poco tenso, ella comprendió lo que estaba
pensando, se inclinó para besar mi pecho de forma tranquilizadora.
—Tú siempre sabrás donde encontrarme —aseguró. Sus ojos brillaron ante
aquella declaración, estaba a punto de decirle algo, pero lo olvidé por completo
cuando su mano rodeó mi erección, gruñí y levanté las caderas queriendo más de
aquello.
Su dulce tortura duró un poco más, hasta que se arrancó la bata y la lanzó
lejos, se subió a la cama sentándose a horcajadas sobre mis caderas, ambos
gemimos cuando me llevó a su interior, comenzó a subir y bajar sobre mi
miembro, sus ojos se pusieron rojos, y sus colmillos brotaron, Sonja era algo
salvaje durante el sexo y eso me volvía loco, bajó hasta que se apoderó de mis
labios con fiereza, me mordió con fuerza y luego chupó la pequeña gota de
sangre que salió, me senté para sostenerla de las caderas y sus manos ahora
convertidas en garras arañaron mi espalda, la mezcla de dolor y placer me envió
a una espiral sin retorno, ella se movió más rápido, incliné la cabeza y me
apoderé de uno de sus pezones, chupando y mordisqueando. Su cabeza cayó
hacia atrás en un grito cuando alcanzó el orgasmo, entonces me dejé ir
derramándome con fuerza en su interior. Cuando nuestras respiraciones se
calmaron mi espalda ardía producto de los arañazos, aunque estaba lejos de
sentirme satisfecho, era un alivio que no tuviéramos que esperar para comenzar
de nuevo, la volteé sobre su espalada y la penetré con fuerza, ella rio dándome la
bienvenida, enredando sus piernas alrededor de mis caderas aceptando mis
embestidas.
Varias horas después salí de la cama de Sonja, tenía que regresar a la aldea
antes de que amaneciera, me puse mis calzas y abandoné su casa, el viento
soplaba frío y las hojas de los árboles se agitaban con violencia, un cuervo
graznó sobrevolando el oscuro cielo como si se tratara de un mal presagio,
ignoré aquello a lo que no daba mucha importancia, cambié de forma y me elevé
en el aire, volé de regreso al acantilado, sin embargo, antes de aterrizar vi la
columna de humo proveniente de la aldea, una sensación de fatalidad me invadió
y me dirigí hacia allí, fueron apenas unos segundos los que tardé en llegar, un
rugido de furia abandonó mi pecho cuando vi todas las cabañas ardiendo. Mi
corazón comenzó a latir agitado cuando corrí a la de mi madre, rogando porque
ella y Darline no se encontraran allí, la puerta comenzaba a desprenderse cuando
crucé, el calor me envolvió, pero nada me importaba solo tenía que estar seguro
de que ellas se encontraban bien, la primera imagen me impactó haciendo que
mis rodillas flaquearan, el cuerpo de Darline se encontraba en una esquina,
totalmente desnuda, con signos de haber sido violada. Grité dejándome caer a su
lado.
—Mi pequeña niña —lloré abrazándola, sus últimas palabras acudieron a
mi mente, se había ido odiándome, me gritó que ojalá muriera, y en ese
momento deseaba más que nada en el mundo que hubiese sido de esa forma, que
fuera mi cuerpo sin vida el que yaciera en el piso, que ella continuara viva,
sonriente y soñando con el primer amor, le robé esa ilusión y nunca iba a poder
perdonarme—. Lo siento, perdóname por favor —sollocé. Sin soltarla busqué a
mi madre y cerré los ojos con fuerza cuando por fin la encontré, pero no había
nada que pudiera hacer, pues las llamas ya casi la habían consumido, era poco lo
que quedaba de ella. Mi grito de rabia llenó todo el espacio y seguramente se
había escuchado muy lejos, no me moví, no quería hacerlo, mi madre y mi
hermanita se habían ido, ya no tenía nada. Sus brillos se habían apagado para
siempre, era incapaz de moverme y abandonarlas, ni siquiera el calor abrasador
era capaz de obligarme a ponerme de pie y salir de allí. Entonces sentí un fuerte
impacto, una de las vigas de madera del techo se deprendió cayéndome encima,
las llamas comenzaban a devorar mi cuerpo, mi costado izquierdo ardía como si
estuviese en el infierno, pero no me importaba, ellas se habían ido y era mi culpa
por no haber estado ahí para protegerlas, era mi deber y les había fallado, cerré
los ojos aceptando mi final, o al menos pensé que lo era hasta que sentí unos
fuertes brazos arrancándome de las garras del fuego y arrastrándome lejos, quise
resistirme aunque no tenía mucha fuerza.
—Tranquilo —dijo una voz que no reconocí—. Vamos a ayudarte —
aseguró con firmeza. Abrí los ojos y enfoqué la mirada en un hombre rubio que
se encontraba inclinado sobre mí, era un Demonials sin duda, aunque estuviera
en su forma humana.
—¿Está bien? —preguntó otra voz, giré en su dirección y gruñí al hombre
cuyo rostro quería borrar de la faz de la tierra.
—Tranquilo, él no es el enemigo —declaró el primero sujetándome por los
hombros. El problema era que se parecía mucho a un enemigo, y por ello ya lo
odiaba, el hombre me observó sin mostrar ninguna expresión, luego se apartó y
desapareció de mi vista—. Tenemos que sacarte de aquí —volvió a hablar
atrayendo mi atención hacia él.
—No iré a ningún lado —repliqué dispuesto a mantenerme en el lugar.
—Mira, no sé lo que pasó aquí, pero si esta destrucción la causaron Razvan
y sus esbirros, tal vez quieras buscarlos y ajustar cuentas —comentó. Sus
palabras calaron en alguna parte de mi mente y dejé que me ayudara a ponerme
de pie, entonces pude reparar en el otro sujeto, estaba inspeccionando todo como
si buscara algún rastro de vida, vestía de negro y tenía el cabello muy largo
recogido en una trenza, seguramente tenía que ser familia de Razvan pues se
parecían mucho físicamente. Se giró hacia nosotros y negó, mi pecho se apretó
cuando comprendí el significado, todos en la aldea habían muerto.
Había perdido la cuenta de los días que llevaba encerrado en la pequeña
cabaña de piedra a la que me habían llevado los dos hombres que me
encontraron, sabía que el rubio era Tarek y el otro Alexy, ambos buscaban a
Razvan, parecía tener cuentas pendientes con ellos, no les hablaba y me negaba a
regresar a mi apariencia humana, las heridas no estaban sanando bien, era lo
único que costaba curar en nosotros, las quemaduras, no sabía exactamente
como me veía. El lado izquierdo de mi cuerpo tenía muy mal aspecto y mi rostro
ardía como el infierno. La puerta de mi habitación se abrió y los hombres
entraron, gruñí como hacía cada vez que veía al tal Alexy.
—Hermano, vas a tener que dejar de hacer eso —advirtió Tarek—. Créeme
a él le gusta su cara tanto como a ti —comentó jocoso. Alexy bufó, aunque no
respondió nada.
—Largo —ordené.
—Algún día vas a tener que dejar de comportarte como un ogro, estamos
perdiendo el tiempo y necesitamos encontrar a Razvan, tenemos que ponernos en
marcha —aseguró. Los miré enseñándoles los dientes.
—¿Qué les hace pensar que estoy interesado en unirme a ustedes? —Alexy
pareció exasperado con mi actitud, pero se mantuvo tranquilo. ¿Acaso alguna
vez se ofuscaba? Comenzaba a molestarme aún más su actitud pasiva.
—Bien —habló por fin con su marcado acento rumano—, si no quieres
unirte a nosotros entonces no tenemos más tiempo que perder, tú no eres el único
a quien Razvan le arrebató sus seres queridos, tal vez te gustaría dejar de sentir
lástima por ti mismo, y preguntarle a Tarek cómo murieron su esposa
embarazada y sus hijos pequeños —soltó. Luego de decirlo se giró, y salió
dejándome a solas con Tarek, quien permaneció en silencio, dudé un momento,
aunque al fin decidí preguntarle.
—¿Cómo fue? —Lo vi apretar los puños, caminó hasta la ventana y se
detuvo dándome la espalda, fijando su vista en la oscuridad que reinaba afuera
comenzó a relatarme su historia. Él era un hombre fuerte, aunque en algún
momento se derrumbó y no pudo contener el sollozo que escapó de sus labios,
saber que Razvan lo había atacado con un ejército y asesinado de una forma tan
baja a su esposa y sus hijos fue el golpe de realidad que necesitaba. Alexy tenía
razón, no era el único que había perdido a alguien. Cuando terminó su relato
volvió a mirarme sin molestarse en ocultar sus ojos empañados.
—Así fue como sucedió todo, yo también perdí a las personas que más
amaba —declaró. Asentí comprendiéndolo más que nunca, pero aún me faltaba
algo.
—¿Cuál es su historia? —pregunté señalando la puerta por la que había
salido Alexy. Enfocando sus ojos en los míos como queriendo transmitirme un
mensaje respondió a mi pregunta.
—Razvan lo engendró, pero esa no es su culpa, así que sería bueno que
dejaras de gruñirle y querer cortar su cabeza cada vez que lo tienes cerca, yo hice
lo mismo la primera vez que lo vi y por ello en parte te entiendo, pero cuando te
das la oportunidad de conocerlo, realmente te das cuenta que lo único que
comparte con el bastardo que donó su semilla es un parecido físico, su historia es
la misma que la nuestra. Cuando era apenas un niño de diez años Razvan entró a
su casa y asesinó a su madre frente a sus ojos, se largó dejándolo herido y viendo
como su madre se consumía hasta convertirse en cenizas, él tuvo que sobrevivir
por su cuenta hasta la edad adulta, y tú que conoces nuestra naturaleza debes
saber que esa es toda una proeza.
Cada palabra se fijaba en mi cerebro dándole sentido a muchas cosas, cerré
los ojos un momento y luego con un suspiro regresé a mi apariencia humana,
esto hizo que mis heridas dolieran hasta casi hacerme gritar, apreté los dientes
con fuerza negándome a hacerlo.
—Iré con ustedes, pero no piensen que estoy interesado en ser su amigo —
acepté finalmente, tal vez ellos tenían razón y los tres teníamos más
posibilidades de conseguir nuestro objetivo.
—Con eso nos conformamos, tres somos mejor que dos.
Cinco días después partimos en un viaje que sería demasiado largo y nos
llevaría mucho tiempo, a veces caminábamos y otras cuando teníamos la
seguridad de que ningún humano nos vería usábamos nuestras alas
transportándonos de un lugar a otro. Mis heridas por fin sanaron, aunque mi
cuerpo no se recuperó, mi costado izquierdo era un mapa de marcas rojas y piel
arrugada, durante nuestra travesía nos detuvimos cerca de un riachuelo para
beber, hasta entonces solo había ingerido el agua que contenía el odre de cuero
que me había dado Tarek, pero esta ya se había terminado por lo que tuve que
acercarme a la fuente, cuando vi mi reflejo me paralicé, me llevé los dedos al
rostro y tracé con ellos las marcas que desfiguraban mi mejilla izquierda, hasta
ese momento no me había detenido a pensar en ellas, pero era igual que el resto,
piel arrugada y de un tono rojo.
—Tal vez mejoren —escuché decir a Tarek a mi espalda en un tono de
disculpa, lo miré no muy seguro de si agradecerles o matarlos por no haberme
advertido de mi aspecto. Preferí ignorarlo y regresar la vista a la imagen, por un
momento esta me abrumó al punto de hacer que cerrara los ojos, luego recordé
que yo aún seguía vivo, y mi madre y mi hermanita no, así que estar desfigurado
era lo mínimo que podía pasarme. Suspiré y me incliné para beber, lavé mi
rostro, mojé mi cabello y luego me puse de pie.
—¿Estás bien? —preguntó Alexy, quien pocas veces se dirigía a mí
directamente, pasé por su lado sin responderle y caminé lejos de ellos. Me alejé
varios metros y me senté con la espalda recostada en un árbol, ninguno hizo el
intento de buscarme o hablar, cosa que les agradecí. Me quedé allí sin deseos de
retomar el viaje, pasé los dedos por mi mejilla trazando la cicatriz irregular, no
estaba seguro de cómo sentirme al respecto, no era el tipo de hombre que se
preocupara demasiado por la apariencia física, sin embargo, cuando vi la imagen
en el agua supe que era aterradora, aparté la mano con un suspiro y cerré los
ojos. De pronto me puse alerta cuando escuché el sonido de una pisada, estaba a
punto de atacar a quien fuera que se acercaba cuando el rostro de Tarek apareció
frente a mí.
—Demonios, no hagas eso, estuve a punto de matarte —gruñí. Una sonrisa
de suficiencia apareció en su rostro.
—Amigo, me agrada saber que te tienes a ti mismo en tan alta
consideración, pero más te vale que no me subestimes —comentó. Fruncí el
ceño molesto, apreté los puños obligándome a mantenerme tranquilo y no
golpearlo—. Alguien se acerca —dijo poniéndose serio, escuché atento y
entonces el sonido de las alas batiéndose llegó a mis oídos.
—Demonials —afirmé.
—Parece que es uno solo —argumentó, con la mirada puesta en el claro que
se encontraba a pocos metros de nosotros y donde estábamos seguros aterrizaría
el recién llegado.
Mantuvimos nuestra apariencia humana, aunque poniéndonos en guardia,
por regla general un Demonials nunca era agresivo con otro, sin importar que
fuera desconocido, pero esto no implicaba que no se pudiera presentar la ocasión
de que alguno atacara. Cuando sus pies tocaron el césped sentí mi espalda
tensarse, a pesar de la distancia y la oscuridad pude ver claramente su rostro, la
ira inundó mi cuerpo y me lancé contra él cambiando en el proceso, no supo que
lo golpeó hasta que estuvo sobre su espalda con mis garras rodeando su cuello.
Sus ojos se abrieron y una expresión de terror cruzó su rostro.
—¿Ma…Marcus? —tartamudeó—. Tú… tú estás.
—¿Muerto? —terminé por él—. Lamento desilusionarte Lloyd —escupí.
Era tan alto y fuerte como yo, pero cuando intentó zafarse de mi agarre no lo
consiguió. Apreté con más fuerza su cuello, sentí sus garras clavarse en mis
brazos, no retrocedí.
—Yo vi caer el techo de la cabaña sobre ti —gruñó, cambiando su actitud a
una defensiva. La furia creció cuando lo escuché, eso quería decir que estaba en
la aldea o cerca de ella cuando ocurrió el ataque.
—Si estabas ahí ¿por qué no hiciste nada para salvarlas? —demandé
sacudiendo su cabeza.
—Yo… yo no podía con todos ellos —se excusó, aunque nada justificaba
sus actos.
—Así que te quedaste escondido viendo como violaban y asesinaban a mi
madre y a mi hermana —le espeté. Aquellas palabras rasparon en mi garganta
cuando la escena de sus cuerpos regresó a mi mente—. Como el bastardo
cobarde que eres, no hiciste nada por ellas —grité con furia, quería matarlo de
forma lenta y dolorosa, para así de alguna forma cobrarle el haber llevado a los
asesinos a la aldea.
—Tú tampoco hiciste nada —escupió—. Las abandonaste, mientras te
revolcabas con tu ramera ellas eran asesinadas —soltó mordaz. Sus palabras me
llegaron como el impacto de un fuerte golpe, le enseñé los colmillos y acerqué
mi cara a la suya.
—Fuiste tú quien invitó a los demonios a nuestro hogar —le recordé.
—Razvan me engañó, me hizo creer que me daría poder.
—Hiciste que mataran a todos por tu maldita codicia —rugí levantándolo y
lanzándolo contra un árbol, con tanta fuerza que el tronco se rompió, antes de
que pudiera reaccionar estaba de nuevo sobre él—. Vas a pagar por tu error,
Lloyd —gruñí, lanzándolo de nuevo, lo hice varias veces hasta que mi
respiración se agitó. Él sangraba por varias partes de su cuerpo, intentaba
ponerse de pie cuando lo tomé del cuello—. Nunca fuiste un buen líder, eres
demasiado egocéntrico para liderar a nadie —sentencié. Con estas palabras corté
su cabeza, me quedé de pie un momento viendo el cuerpo decapitado, no sentí
ningún remordimiento por haber acabado con su vida, sin embargo, tampoco
hubo satisfacción, Lloyd era tan culpable como yo. Cuando me giré para regresar
vi a Tarek y Alexy de pie al borde del claro, habían sido espectadores de mi
pequeña batalla.
—Asumiré que lo conocías —dijo Tarek cuando llegué a su lado. Sin
responderle abrí mis alas y levanté el vuelo dejándolos atrás, sin importarme si
me seguían. Los demonios convertidos en recuerdos de nuevo se agolpaban en
mi cabeza y no tenía ánimo de tratar con nadie en ese momento.
San Francisco, Estados Unidos, 2017
Contemplé las peinetas en mi mano, recordando el momento cuando
regresé a la aldea y se hallaba en ruinas, en medio de los escombros de la que
había sido mi cabaña las encontré, a pesar de los siglos transcurridos seguían
conservándose intactas, el regalo que nunca pude darle a mi pequeña Darline,
nunca tuve la oportunidad de ver su rostro iluminarse, como lo hacía cada vez
que le daba un obsequio. Sus últimas palabras aún seguían doliendo en algún
rincón oscuro de mi corazón, a veces rogaba porque donde sea que estuviera
hubiese logrado perdonarme.
—Es hora de irnos —gritó Tarek golpeando la puerta, envolví las peinetas
en el paño donde las había mantenido durante todo ese tiempo, y las guardé en
un cajón de mi closet. Busqué mi chaqueta y las llaves de mi motocicleta y salí
—. ¿Todo bien? —preguntó en cuanto me vio, asentí como respuesta y continué
caminando. Era una noche más para cazar demonios, una noche más para liberar
la ira que guardaba, aquella que nunca me abandonaba, era lo único a lo que
podía aferrarme, la ira y el odio por los seres que habían destruido a mi familia.
Salí a la fría noche de San Francisco, levanté la cabeza al cielo cuando un
relámpago rugió dejando un rastro de luz anunciando una tormenta, conduje sin
prisa, a esa hora y con ese clima había pocas personas en la calle, hacía rato que
Tarek y yo nos habíamos separado en un intento de ampliar nuestro margen de
búsqueda, incluso Alexy había decidido salir e ir por su cuenta, últimamente nos
topábamos con más demonios de lo normal en la ciudad, aún no lográbamos
descifrar la razón, pero era como si algo los estuviera atrayendo. La tormenta se
desató furiosa, haciéndome pensar que no iba a encontrar nada, sin embargo,
estaba equivocado, a pesar de la torrencial lluvia que empapaba mi rostro pude
distinguir claramente dos figuras que se inclinaban sobre una persona, aceleré mi
motocicleta arrollando a uno de los demonios, me bajé rápidamente lanzándome
contra él, gruñó arrastrándose lejos de los neumáticos, antes de que lograra
ponerse de pie, clavé una de mis garras en su pierna cortándola a la altura de la
rodilla, un agudo chillido salió de su garganta y se arrastró más lejos de mí
dejando un rastro de sangre que se disolvía con el agua de la lluvia, lo rodeé
ubicándome a su espalda, tomándolo del cabello corté su cabeza, ese fue un
trabajo demasiado rápido. Giré a mi alrededor buscando al otro, pero había
huido, me acerqué al cuerpo que se hallaba en un charco de barro, era una mujer
joven, tal vez prostituta por el tipo de ropa que usaba, tenía los ojos abiertos
viéndose vacíos, sin alma, no perdí mucho tiempo en ella, no había nada que
pudiera hacer, así que me apresuré a perseguir a la sanguijuela que había
escapado.
2
EMILY
M e quedé con la mirada fija en la pequeña ventana, esta se hallaba
casi a la altura del techo, a veces pensaba que era estúpido ponerla
ahí, donde nadie podía ver a través de ella, aunque luego pensaba que era una
especie de broma macabra, una que decía “ahí está la libertad, pero tú no puedes
alcanzarla”. El doctor Graham agitó su mano frente a mis ojos queriendo llamar
mi atención, con renuencia aparté la mirada de la ventana para enfocarla en él,
nací con una discapacidad auditiva, una malformación congénita dijeron los
médicos, y aunque mis padres lo intentaron todo, llevándome a las mejores
clínicas y gastando un montón de dinero para solucionarlo nunca lo
consiguieron, así que la única forma de comunicarme con las personas era por
medio del lenguaje de señas o mirándolos a la cara para poder leer sus labios,
esto a veces representaba una ventaja, ya que si no quería hablar con nadie
simplemente me enfocaba en otra dirección. El hombre se acomodó sus anteojos
con un gesto reprobatorio que conocía tan bien en él.
—Emily —comenzó— ha pasado mucho tiempo, y aún no logramos ningún
progreso contigo, ¿y sabes por qué es eso? —preguntó, no hice ningún gesto o
intento por responder, él sabía que no lo haría—. Porque te niegas a colaborar —
respondió él mismo—. Han pasado cinco años desde que llegaste, y nada ha
cambiado —comentó.
No pude evitar la sorpresa que sus palabras me causaron, cinco años habían
pasado ya, sin que yo me diera cuenta. ¿Cuántas cosas me había perdido
mientras estuve ahí? Recordé vagamente, que apenas tenía quince años cuando
me internaron, lo que quería decir que había alcanzado mi vida adulta sin que
fuera consciente de ello, una parte de mí se había quedado anclada en el pasado,
pensando que era aquella chica, en ese momento el doctor Graham acababa de
borrar aquello con solo unas palabras.
—Hablé con tu abuela —dijo. Estaba tan absorta en mis recuerdos que
estuve a punto de perderme la continuación de su discurso—. Ella tomó una
decisión —anunció. Me quedé a la espera de lo que sea que fuera a
comunicarme, algo me decía que no me gustaría, después de todo, fue mi abuela
quien me encerró, alegando que estaba loca, cuando afirmé que vi a unas
criaturas demoníacas asesinar a mis padres. Ella actuó en consecuencia, la pobre
Emily, sorda y demente, no podía andar suelta por el mundo. Yo lo sabía y nadie
iba a convencerme de haber imaginado aquello, los horribles recuerdos de esa
noche aún me perseguían, la imagen de dos seres infernales drenando la vida de
los cuerpos de mis padres era algo que nunca podría borrar de mi memoria—. La
señora Thompson decidió enviarte a un hospital de reposo en Suiza —terminó
diciendo.
Casi podía imaginar el tono solemne que utilizaba el doctor Graham, como
si le importara algo que me desterraran a algún rincón remoto del mundo, quise
reír cuando dijo “hospital de reposo”, ya que en realidad debería llamarlo por lo
que era, un manicomio, pues era ahí donde deberían estar los locos, ¿no? Me
obligué a mirarlo sin ninguna expresión, aunque mi corazón bombeaba con
rapidez, mi abuela haría cualquier cosa por evitar su vergüenza, incluso
enviarme lejos, no podía permitir que sus amigos de la alta sociedad se enteraran
de que su nieta además de no escuchar también estaba mal de la cabeza.
—Pensé que saber eso haría que reaccionaras y cambiaras de actitud, pero
veo que definitivamente eres un caso perdido, de cierta forma me alivia no tener
que lidiar más contigo —sentenció.
Hizo un gesto a mi espalda y el enfermero que me había acompañado hasta
su oficina se acercó, y me tomó del brazo haciendo que me levantara, luego me
sacó de allí y me condujo por el pasillo, había hecho esa caminata tantas veces
que sabía de memoria cuantos pasos había desde ahí hasta mi habitación.
Algunos pacientes se encontraban dispersos por ahí, uno de ellos leía el
periódico sentado en una silla, casi como si se tratara de una persona normal, eso
me hizo preguntarme sus motivos para estar encerrado, imaginaba que tal vez
estaba tan hastiado de su vida afuera que prefería permanecer aislado. Antes de
llegar a mi habitación el enfermero nuevo nos salió al paso, en cuanto lo vi mi
cuerpo se tensó, no me agradaba, desde que llegó al lugar mi infierno era incluso
peor, me estremecí cuando el que me acompañaba se alejó y me dejó a su cargo,
dándome una sonrisa malvada me tomó con fuerza por el codo y comenzó a
llevarme por el pasillo, traté de zafarme, sin embargo, me apretó aún más
causándome dolor, en cuanto abrió la puerta me empujó dentro y cerró, luego me
aprisionó contra la pared, sosteniendo mis manos sobre mi cabeza con una de las
suyas, con la otra acarició mis pechos, al tiempo que pasaba su lengua por mi
cuello, apreté los ojos con fuerza, quería poder gritar y pedir ayuda, comencé a
removerme desesperada por escapar, cuando acercó su boca a la mía para
besarme aproveché y le mordí con toda la fuerza que pude hasta lograr que
sangrara, se apartó liberándome y se llevó la mano al sitio lesionado para limpiar
el hilo de sangre que brotaba, vi sus ojos brillar con furia y me preparé para su
ataque. En ese momento la puerta se abrió dando paso a una de las mujeres que
hacía la limpieza, él se mantuvo de pie en una esquina, todo el tiempo
lanzándome miradas amenazadoras, mientras yo rezaba porque algo lo alejara de
mí, un rato después vinieron a buscarlo y se fue dejándome sola con la mujer,
quien limpió e hizo todo sin mirarme siquiera como si fuera una simple sombra,
cuando terminó ella también se fue. Una vez encerrada me acurruqué en mi
cama y me permití llorar, por la vida que había perdido y por el futuro que se
tornaba cada vez más gris para mí.
Desperté sudando, de nuevo las pesadillas me asaltaban, estas nunca
cesaban, por eso evitaba quedarme dormida, dormir significaba soñar, y soñar
era revivir la pesadilla que presencié cinco años atrás cuando aquellas siniestras
criaturas asesinaron a mis padres mientras yo solo podía observar paralizada por
el miedo, sus ojos rojos y los aterradores cuernos me perseguían todo el tiempo
durante las noches, ni siquiera sabía si había gritado, en ocasiones me frustraba
no poder escuchar mis propios gritos. Observé atenta la puerta esperando que se
abriera, sabía que si gritaba ellos vendrían a ponerme algún sedante, mi espera
no fue muy larga, cuando vi que el pomo comenzó a girar rápidamente me acosté
y fingí dormir, no estaba segura de lo que pasaba a mi alrededor, ni quién era el
encargado de drogarme en esta ocasión, rogué porque no fuera el enfermero
nuevo, no conocía su nombre, pero odiaba su rostro, me miraba con depravación,
me asqueaba que me tocara, solía manosearme y me negaba a pensar en lo que
me haría mientras me encontraba bajo el efecto de los sedantes, sentí una mano
acariciar mi pierna y mi estómago se apretó, él había venido, me arriesgué a
abrir los ojos y mi mirada se encontró con una bandeja que descansaba en la
mesa de noche al lado de la cama, una idea cruzó por mi mente, miré de reojo y
lo vi pasarse la lengua por los labios, concentrado en levantarme la bata de
hospital, mi atuendo desde el momento en que mi abuela decidió encerrarme en
ese infierno argumentando que estaba loca, pues era la única explicación que
encontró para mi demente idea de que unos seres que no eran humanos habían
asesinado a mis padres. Mi piel se puso de gallina cuando mi ropa interior quedó
totalmente expuesta, su mano fue directa a mi trasero, comenzó a retirarla poco a
poco, y el brillo malévolo en su mirada era innegable, sabía lo que iba a
hacerme, así que con rapidez estiré el brazo y tomé la jeringa de la bandeja, en
ese momento él me miró sorprendido pues lo tomé desprevenido ya que no se
esperaba mi reacción. Con toda la fuerza que pude clavé la aguja en su ojo, el
gesto de su boca me dijo que estaba gritando, al tiempo que se llevaba la mano al
lugar de donde brotaba una gran cantidad de sangre, sabía que no disponía de
mucho tiempo antes de que vinieran a averiguar qué estaba pasando, salté de la
cama y salí de la habitación lo más rápido que pude. Corrí por el pasillo
descalza, y me escondí cuando vi que dos enfermeros de dirigían hacia allá,
cuando los perdí de vista, continué con mi carrera, empujé la primera puerta que
encontré, y suspiré aliviada cuando me di cuenta que se trataba de la salida al
patio de recreo, llovía con intensidad, me calé hasta los huesos, comencé a tiritar
ya que también hacía mucho frío, pero no me detuve, me resbalé con el piso
mojado y caí, me levanté mirando hacia atrás esperando no verlos siguiéndome.
Me detuve frente al muro, solo él se interponía en mi camino hacia la libertad,
quise llorar de frustración cuando me di cuenta de que era demasiado alto, a
pesar de ello no estaba dispuesta a darme por vencida, busqué por todos lados
una ruta de escape, el cielo se iluminó con un relámpago, mi mirada se posó en
un árbol que estaba cerca del muro, no sabía si lograría alcanzarlo pero en ese
momento era mi única oportunidad, nunca había subido a uno y tenía miedo a las
alturas, aunque eso no iba a detenerme, mi corazón latía agitado. Estaba aterrada
de que pudieran atraparme, sabía lo que me esperaba, seguramente terminaría
aislada y con una camisa de fuerza, conocía bien el castigo que me impondrían,
lo había recibido muchas veces durante los cinco años que llevaba encerrada por
mis supuestos ataques de locura, había pasado algunas temporadas así cuando
me negaba a colaborar con los psiquiatras, o no me sometía voluntariamente
cada vez que aparecían en mi habitación con un sedante.
Cuando alcancé el árbol me quedé un momento de pie sopesando mis
posibilidades, me aferré a él tratando de subir, la lluvia dificultaba mi tarea pues
me resbalaba por el tronco mojado, apenas había logrado ascender un corto
trayecto cuando comencé a deslizarme, un borde afilado cortó mi palma
haciendo que una corriente de dolor me atravesara, lo ignoré y seguí subiendo,
por fin alcancé la rama más alta, aquella que se encontraba cerca del muro, miré
hacia abajo y vi que estaba al menos a tres metros por encima del suelo.
Comencé a temblar pensando que no iba a lograrlo, estiré mi brazo hasta el
muro, mis dedos apenas rozaron el borde y estuve a punto de caer, me senté un
momento respirando y tratando de calmarme, entonces giré la cabeza y vi las
puertas abrirse, mi tiempo se había terminado, era ahora o nunca, levanté mi
pierna y la pasé por encima del muro aferrándome con ambas manos a una rama
del árbol, con un poco más de esfuerzo logré poner mis dos piernas en posición,
colgando en el vacío, estaba demasiado alto desde esa perspectiva, miré detrás
de mí una vez más para encontrarme a los enfermeros corriendo en mi dirección,
cerré los ojos y salté. Un dolor agudo me atravesó cuando mi tobillo se dobló en
la caída, me quedé ahí acostada, un torrente de lágrimas se derramó por mis
mejillas mezclándose con la fría lluvia. Solo me permití un momento de
autocompasión antes de ponerme en marcha, apoyándome en el codo comencé a
levantarme, no podía quedarme ahí mucho tiempo, sino me encontrarían y
encerrarían de nuevo. Me puse de rodillas y luego me impulsé para levantarme,
estaba muy oscuro y no sabía qué dirección tomar, me alejé cojeando, deseando
no tener que regresar ahí nunca más, prefería morir de frío siendo libre.
No supe cuán lejos había llegado, tal vez solo unas pocas calles, aunque con
el dolor palpitante de mi tobillo me parecieron kilómetros, siempre mirando
sobre mi hombro con el temor de ser atrapada, giré en una esquina y me recosté
en la pared incapaz de dar un paso más, resbalé por la superficie hasta quedar
sentada en el piso, abracé mis rodillas y apoyé la cabeza en ellas, comencé a
temblar de frío, mientras la lluvia seguía cayendo implacable, nunca me había
sentido tan perdida. Levanté la cabeza, y un movimiento a mi izquierda llamó mi
atención, miré en esa dirección y mi corazón se paralizó, parecía que mis
pesadillas se materializaban justo frente a mis ojos, una lucha sangrienta se
desarrollaba apenas a unos paso de mí, conocía esa criatura, la había vista antes,
no podría asegurar que era la misma que asesinó a mis padres, o simplemente
había tantos que podría encontrarme varios a lo largo de mi vida, su contrincante
era similar en algunos aspectos, excepto por las enormes alas que se encontraban
desplegadas, rogué por hacerme invisible, me sentía presa del terror y no me
atrevía a moverme y correr por temor a ser descubierta, entonces el que tenía
alas se elevó en el aire como una especie de ángel vengador, extendió su brazo y
con un rápido movimiento cortó la cabeza de su adversario, descendió de nuevo
y se quedó de pie dándome la espalda. No supe si de mi boca salió algún sonido
que pudiera delatarme, porque simplemente se giró y miró directo hacia mí, en
ese momento el cielo se iluminó con un relámpago, dándome la oportunidad de
verlo con claridad cuando fue bañado por la luz, sus ojos eran de un brillante
color rojo. Al igual que el otro poseía unos afilados cuernos, y el lado izquierdo
de su rostro estaba totalmente desfigurado, lo miré horrorizada y entonces todo
se volvió negro.
3
MARCUS
M aldije cuando vi a la chica que me miraba con horror y luego se
desmayó, generalmente nos cuidábamos de no ser vistos por los
humanos, este había sido un error imperdonable, en mi defensa diré que ella
había salido de la nada, y no me di cuenta de su presencia hasta que fue
demasiado tarde. Regresé a mi apariencia humana y me acerqué hasta donde se
encontraba, la lluvia caía a cántaros, lo que me hizo preguntarme qué hacía una
chica como ella con ese clima, sola en la calle y a media noche, entonces me fijé
en su atuendo, lucía lo que parecía una bata de hospital, esta se encontraba
totalmente empapada, haciendo que sus pechos fueran completamente visibles a
través de la fina tela, aparté la mirada queriendo resguardar su pudor. Escuché el
rugido de una motocicleta y supe que Tarek se estaba acercando, la mía había
quedado olvidada a unas calles cuando me alejé persiguiendo el demonio que
acababa de asesinar, me incliné y levanté la chica acunándola en mis brazos,
quise tener algo con lo cual pudiera cubrirla, sentí que mi hermano se detenía
detrás de mí.
—¡Jodido infierno! No puedo creer que esté cazando sanguijuelas en medio
de esta tormenta, cuando podría estar caliente envuelto en los brazos de mi… —
Se detuvo en mitad de la frase—. ¿Qué demonios es eso? —interrogó parándose
a mi lado.
—Es una chica, ¿qué no lo ves? —gruñí, acercándola más a mi pecho, por
alguna extraña razón me sentía protector con ella.
—No seas cabrón, claro que sé que es una chica, a lo que me refiero es,
¿por qué la tienes en brazos? —preguntó extrañado.
—La encontré, se desmayó cuando me vio —respondí.
—¿Te vio? —inquirió abriendo mucho los ojos.
—No me di cuenta que estaba ahí —me defendí.
—Vaya, eso sí que es un problema, ¿piensas llevarla al bar?
—Sí —dije simplemente.
—No creo que esa sea una buena idea —comentó escéptico.
—¿Qué quieres? No puedo dejarla aquí —aseguré.
—Sabes que cuando despierte comenzará a gritar, ¿verdad? —me advirtió.
Ella no había gritado cuando me vio, en realidad no pronunció ningún
sonido, me giré en su dirección atraído por una fuerza que no pude explicar,
entonces me encontré con unos enormes ojos llenos de terror.
—Me arriesgaré —dije comenzando a alejarme.
—Como quieras, yo me voy a ver a mi Dulce, nos vemos en el bar —
replicó, y se marchó. Me aseguré que no hubiese nadie cerca y cambié de forma,
luego me elevé en el aire, así llegaría más rápido hasta donde se encontraba mi
motocicleta.
La lluvia no amainó en el trayecto, estacioné en la parte trasera, todo estaba
desierto, era lunes y ese día no se abría el bar, corrí al interior y me dirigí a mi
habitación, no sabía muy bien qué hacer, ni por qué la había llevado conmigo,
solo pensé que no podía dejarla desamparada en la calle. La deposité con
cuidado en la cama y noté que sus labios estaban morados, decidí que no era
bueno que estuviera así, ya que podría enfermar, así que tratando de no mirarla
desgarré la bata, por un momento fui incapaz de apartar la mirada de sus pechos
desnudos, sus pezones se encontraban erectos producto del frío, giré mi rostro
sintiéndome como un pervertido por estar mirándola, mientras ella se encontraba
inconsciente. Busqué en los cajones de la cómoda un edredón y la cubrí con él,
fui a prender la calefacción esperando que funcionara ya que nunca la había
usado antes, di un suspiro de alivio cuando el calor comenzó a fluir, me dirigí al
baño y busqué gasas y alcohol, había visto un corte en su palma. Regresé y me
senté a su lado, con cuidado comencé a limpiárselo, este no era profundo, así que
no iba a necesitar puntos de sutura. Su piel era suave al tacto y me tomé un
momento para acariciarla con mis dedos, inspeccioné un poco más en busca de
otras heridas, levanté el edredón dejando sus piernas a la vista, uno de sus
tobillos se encontraba inflamado y comenzaba a tomar un color púrpura, lo
comprobé queriendo asegurarme de que no estaba fracturado, ella se removió y
me tensé pensando que se despertaría, pero siguió en la misma posición y con
los ojos cerrados. Por fortuna no había fractura, así que solo con vendarlo y un
poco de cuidado sanaría sin problema, sus rodillas tenían cortes y raspones,
aunque ninguno grave, luego de curar sus heridas para que no se infectaran
arrojé los desechos a la basura y busqué una toalla. Con cuidado comencé a
secar los mechones de cabello, que húmedos tenían un tono rojo oscuro, la miré
un momento, fijándome en sus rasgos, era joven, tal vez de una edad cercana a
las de Alana y Ángela, su piel era pálida como si llevara mucho tiempo sin salir
al sol, el interrogante de por qué se encontraba afuera y sola regresó, recordé la
bata del hospital abandonada y fui a recogerla, la levanté y mi mirada cayó sobre
el bordado que se encontraba en un costado a la altura del pecho, “Hospital
Mental Saint August”. Miré de nuevo a la chica sin poder creer que de verdad
hubiese estado en ese lugar, algo parecido a la pena se alojó en mi pecho cuando
comprendí que seguramente tendría problemas mentales, y esa era la razón por
la que deambulaba por las calles en una fría noche de tormenta. Tiré la bata y
decidí esperar a que despertara, para ver si podía conseguir alguna información
sobre su familia, así podría regresarla con ellos.
Apagué la luz y dejé encendida la lámpara de la mesa de noche, me senté en
el sofá y esperé, podía escuchar claramente los latidos acompasados de su
corazón, el ritmo de este comenzó a adormilarme, igual que si se tratase de una
nana tranquilizadora, no supe en qué momento me quedé dormido. Desperté con
un fuerte ruido, algo se estrelló en la pared justo detrás de mi cabeza, una lluvia
de pequeños trozos de cristal cayó sobre mí, y entonces me di cuenta de que se
trataba de la lámpara. Giré rápidamente en dirección a la chica y ella se
encontraba de pie en el rincón sosteniendo la sábana para cubrir su cuerpo,
cuando me levanté se pegó más a la pared, me miraba con el mismo terror de la
noche anterior y no sabía muy bien qué hacer, no tenía el don de la palabra y ni
siquiera sabía si ella me entendería, después de todo era una enferma mental. Su
cabello se había secado completamente y ahora caía en un desorden de rizos
rojos que llegaba más allá de sus hombros, contrastando perfectamente con sus
ojos verdes y su piel pálida. Por un momento me perdí en esa imagen, pensando
que era hermosa, hacía mucho tiempo que no me fijaba en ese tipo de detalles en
una mujer, no era porque no me interesaran, sino que no me sentía lo suficiente
confiado para acercarme a ninguna, estaba tan distraído en el aspecto que ella
presentaba que no me di cuenta lo que estaba haciendo hasta que una almohada
se estrelló contra mi cara, era una fortuna que no tuviera un bloque de hierro o
algo parecido. Levanté las palmas tratando de tranquilizarla.
—Tranquila, no te haré daño —dije despacio, pero lo único que recibí como
respuesta fue mi cuaderno de dibujo volando en mi dirección. Esta vez me aparté
y terminó en algún lugar en el piso, entonces una lluvia de objetos lo siguió,
tendría que hacer un recuento mental de todo lo que tenía en mi mesa de noche,
así podría calcular cuándo terminaría el ataque. Pensé que tal vez la asustaba la
cicatriz de mi rostro, y giré un poco para que ella no pudiera verla—. Solo
cálmate, ¿está bien? —insistí.
Parecía que los objetos por fin se habían terminado, pero entonces ella
comenzó a hacer una especie de sonido, como si se tratara de un animal herido,
¡genial! Tenía una pequeña desquiciada y no sabía cómo lidiar con eso. Decidí
que yo no era el indicado para ese trabajo, si fuera más como mis hermanos
posiblemente hubiese encontrado la forma, Alexy habría dicho las palabras
acertadas y Tarek simplemente desplegando su encanto era capaz de cualquier
cosa. Dándole un último vistazo me apresuré a salir de la habitación, y fui en
busca de alguien que pudiera ayudarme con el lio en el que me había metido.
Cerré la puerta tras de mí y el sonido cesó, había sido más sencillo de lo que
esperaba, solo irme y se terminaba, probablemente debería sentirme mal por ello,
no obstante, era consciente de lo intimidante que resultaba mi apariencia, hacía
mucho tiempo que esto no me afectaba.
—Amigo, ¿adoptaste algún animal salvaje? —preguntó Cam apareciendo a
mi lado. Lo ignoré y me dirigí a la cocina con él pisándome los talones, los
demás se encontraban ahí reunidos.
—¿Tienes algún animal en tu habitación? —preguntó Alexy apenas me vio
entrar.
—¿Qué mierda les pasa a ustedes con los animales? —gruñí, dejándome
caer en la silla vacía.
—¿Es esa chica que trajiste anoche? —interrogó Tarek atacando sus huevos
revueltos.
—¿Cual chica? —Alexy me miraba dubitativo esperando mi respuesta,
apreté los labios sin ganas de dar respuestas, pero si quería que alguien me
ayudara tendría que darles algo.
—La encontré en la calle, estaba desmayada —respondí negándome a dar
más información
—¿Y por qué gritaba como si la estuvieran atacando mil arañas? —Fruncí
el ceño sin saber que responder a eso, pero Cameron se adelantó.
—Alexy, no hagas preguntas tontas, la respuesta es obvia, te desmayas y
luego despiertas y te encuentras con Marcus mirándote como si quisiera
arrancarte las entrañas, cualquiera gritaría, yo lo haría. —Le di una mirada
amenazante, el chico a veces no sabía cuándo callarse.
—Yo… intenté hablarle —dije.
—Viste, ahí está el problema —intervino de nuevo Cam—. Amigo, tú no
hablas, tus habilidades para la comunicación son nulas, si quieres voy yo y me
encargo, ya sabes, solo le sonreiré y con eso ella caerá rendida a mis pies —
aseguró. Vi a Steven poner los ojos en blanco ante sus palabras, era obvio que la
chica se sentía atraída por Cameron, aún no entendía cómo era que él no lo había
notado y sobre todo, como los demás no se habían percatado de que en realidad
era una mujer, aunque eso no me importaba, no era mi problema si ella quería
fingir algo que no era y menos que los demás fueran tan tontos para no notarlo.
—Ella tiene problemas mentales —afirmé, haciendo que la cocina quedara
sumida en un total silencio.
—¿Está loca? —La pregunta vino de Alana, la mujer de Alexy, ella me
miraba con curiosidad.
—Eso creo —respondí haciendo una pausa—, tenía una bata del hospital
psiquiátrico —comenté. No solía tener este tipo de conversaciones, por lo
general no decía más de una o dos palabras y solo cuando era necesario, así que
verme sometido a algo que se parecía mucho a un interrogatorio comenzaba a
incomodarme.
—Tal vez sería bueno que Ángela y yo hablemos con ella —propuso.
—No. —La respuesta rotunda de su marido hizo que la chica lo mirara
entornando los ojos.
—¿Acabas de gritarme? —preguntó ella, aunque él apenas había levantado
un poco la voz.
—No te grité, Ángel, solo que no irás ahí —declaró él con voz calmada.
—Alexy Moldoveanu, no te atrevas a darme órdenes, a menos que quieras
dormir en alguna mesa del bar el resto de la semana. —Lo vi mirarla con los
ojos muy abiertos.
—Puede ser peligroso —trató de razonar él.
—Acaban de decir que es solo una chica —argumentó ella.
—Creo que Alana tiene razón —intervino Ángela, la mujer de Tarek—.
Nosotras podemos hablar con ella.
—Definitivamente no, Dulce, podría lastimarte y al bebé —se opuso Tarek,
atrayendo a su mujer en un abrazo y acariciando su abultado vientre, me crucé
de brazos y esperé, había visto muchas veces este tipo de discusiones con mis
hermanos y sus mujeres, sobraba decir que ellas siempre ganaban, ni siquiera
sabía por qué ellos lo seguían intentando.
—No pasará nada, solo hablaremos con ella —continuó Alana.
—Marcus dijo que está loca —le recordó Alexy tratando de disuadirla.
—Él no dijo que estuviera loca, solo dijo que tenía problemas mentales.
—¿No es lo mismo? —preguntó él. Ella y Ángela se miraron y luego me
miraron a mí.
—¿Es peligrosa? —Sondeó Ángela, ambas me miraron a la espera de mi
respuesta, recordé todas las cosas que la chica me lanzó y luego me encogí de
hombros—. Viste, no es peligrosa —dijo enfrentándose a su marido.
—Podrías ser más específico en tus respuestas ¿sabes? —me recriminó
Tarek.
—Está dicho, vamos Ángela, tenemos que hablar con la chica y saber cómo
podemos ayudarla. —Alana se puso de pie y arrastró a Ángela con ella.
—Tal vez… sería bueno que le lleven algo de ropa. —Ella me miró
abriendo mucho los ojos.
—¿La desnudaste? —chilló haciéndome sentir como un pervertido.
—No fue a propósito, estaba muy mojada y pensé que enfermaría —me
defendí, un gesto de comprensión se dibujó en su rostro.
—Ohhh…
Fue todo lo que dijo antes de que se fueran, cuando aparté la mirada de la
puerta vi que Alexy y Tarek me miraban interrogantes, los ignoré y comencé a
comer. Steven desapareció detrás de ellas, generalmente no se quedaba sola con
nosotros, Cam siguió bromeando, pero me concentré en mi plato, negándome a
decirles nada más. Ni yo mismo comprendía por qué la había llevado conmigo,
normalmente no me habría tomado la molestia con ningún humano.
4
EMILY
C uando lo vi cruzar la puerta me relajé solo un poco, al momento de
despertar estaba completamente desorientada, al principio pensé que
estaba en el manicomio y que todo había sido un sueño, pero entonces la
habitación me era desconocida. Cuando me apoyé en los codos para sentarme lo
vi, se encontraba sentado en un sofá, dormía profunda y tranquilamente, casi
parecía humano, casi, no obstante, lo había visto la noche anterior y sabía con
certeza que no lo era. Apreté la sábana a mi alrededor preguntándome quién me
había desnudado, y la única respuesta posible no me gustaba nada, vi que mi
mano había sido curada y mi tobillo vendado haciendo que el dolor disminuyera,
lancé un suspiro, parecía que mi huida del manicomio me había llevado a un
lugar incluso peor, tenía que salir de ahí, pero la habitación era totalmente
hermética, sin ninguna ventana, como si estuviese en una especie de sótano.
Odiaba sentirme encerrada, me permití repasar el lugar un momento, era sencillo
y el mobiliario escaso, solo la cama con dos mesas de noche a cada lado, el sofá,
una cómoda y un closet. Vi la puerta abrirse y me acurruqué más en el rincón
temiendo que él hubiese regresado, no sabía realmente como llamarlo, ¿hombre?
¿Criatura? Lo había visto en sus dos versiones y no estaba segura de cual me
atemorizaba más, me preparé para enfrentarlo, pero en su lugar vi entrar a dos
chicas, me horrorizó pensar que estaban allí encerradas como yo. Las estudié
tratando de ver si estaban lastimadas, pero se veían realmente bien, una era
pequeña y rubia, tenía su largo cabello recogido en dos trenzas y unos bonitos
ojos azules que me observaban con amabilidad, no aparentaba más de diecisiete
o dieciocho años, la otra tenía el cabello marrón que caía suelto por su espalda,
se veía un poco mayor tal vez más cercana a mi edad, vestía unos jeans y un
suéter blanco que permitía ver su vientre ligeramente redondeado, entonces
comprendí que estaba embarazada, ambas lucían sonrisas similares como si
quisieran mostrarme que no eran peligrosas. Al menos parecían agradables y
sobre todo eran humanas, estaba tan perdida en mis cavilaciones que no me
percaté que me estaban hablando, hasta que me encontré con su mirada y supe
que esperaban la respuesta a alguna pregunta formulada, el problema era que no
les había visto directamente a la cara mientras hablaban, así que no pude leer sus
labios. La rubia hizo un gesto de confusión, tal vez pensando que me negaba a
hablar con ellas. Las vi observar el destrozo causado, debí sentirme avergonzada,
aunque me negué a pensar en ello, apreté más la sábana a mí alrededor, no
comprendía por qué el hombre me había quitado la bata, no quería pensar que se
había aprovechado de mí mientras estaba desmayada.
—Puedes estar tranquila —dijo la rubia—. No te haremos daño, no somos
malas —comentó. Enarqué una ceja sin comprender que quería decir—. Amigas,
somos amigas —continuó. ¿Por qué me estaba hablando como si tuviera algún
problema mental?
—Te trajimos ropa, ¿ves? —Mientras hablaba se acercó para dejar las
prendas dobladas sobre la cama, luego se apartó con rapidez. Seguí mirándolas
sin decir nada y la vi girarse hacia su amiga y negar con la cabeza.
—Puedes decirnos cómo te llamas, tu nombre —preguntó y me señaló con
el dedo—. Yo soy Alana —añadió señalándose a sí misma—. Y ella es Ángela
—apuntó a su compañera.
Comenzaba a exasperarme esa conversación sin sentido, así que busqué
alguna forma de explicarles, miré a todos lados averiguando por algo que
pudiera servirme, hasta que mi mirada cayó en el cuaderno de dibujo que se
encontraba en el piso, lo señalé y ella siguió el trayecto con su mirada.
—¿Lo necesitas? —preguntó, y asentí—. ¿Quieres hacer un dibujo? —Puse
los ojos en blanco, definitivamente esto era absurdo, negué enérgicamente con la
cabeza y ella fue a recogerlo, luego lo depositó sobre la cama junto a la ropa.
Seguí buscando por algo más hasta que vi el lápiz que estaba cerca de la cama,
me incliné y lo tomé, luego comencé a escribir.
—Tengo problemas para oírte, no para entender. —Lo puse en su dirección
permitiéndole leer. Cuando vio mis palabras, me lanzó una mirada de disculpa.
—Lo siento, no nos dimos cuenta de que no podías escucharnos —articuló
rápidamente—. Mi nombre es Alana y ella es Ángela —repitió.
—Yo soy Emily —escribí de vuelta.
—Es un placer conocerte Emily, Marcus quería que habláramos contigo —
me indicó. Hice un gesto de confusión ante la mención del nombre, pues no
conocía ningún Marcus, ella pareció entenderlo porque se apresuró a aclararlo—.
El tipo que te trajo aquí. —No sé por qué me sorprendió que tuviera un nombre,
uno bastante normal por supuesto.
—¿Te refieres al de la cicatriz en el rostro? —escribí, durante algún rato lo
había llamado criatura en mi mente, ya que demonio me asustaba mucho.
—Ese mismo —respondió con una sonrisa.
—¿Por qué me trajeron aquí? ¿Cuándo podré irme? —Hice las únicas
preguntas que me interesaban, las vi compartir una mirada de incertidumbre y
tuve un mal presentimiento, finalmente Ángela asintió, así que Alana regresó su
mirada hacia mí y respondió.
—Lamento decírtelo, pero creo que eso no será posible por el momento.
—¿Acaso ustedes son cómplices de esos monstruos? —Mis manos
temblaban mientras escribía la pregunta, su expresión amable cambió a una de
enojo.
—Creo que esa descripción no es la adecuada —replicó.
—No me han dicho por qué me trajeron aquí —decidí cambiar de tema.
—¿Podemos sentarnos? —preguntó señalando las sillas que estaban cerca
de la cama. Asentí, y ambas se acomodaron, pero no me moví de mi sitio—.
Marcus te trajo básicamente porque no sabe dónde vives, y también porque
quieren asegurarse de que cuando te dejen ir no vas a hablar de lo que viste —
señaló. Comprendí su temor, pero al mismo tiempo vi lo irreal de la situación.
—Si le digo a alguien que vi dos criaturas enormes convertidas en alguna
clase de bestias con cuernos, y que además uno de ellos tenía alas terminaré
encerrada de nuevo en el manicomio. Créeme sé de lo que hablo —escribí.
—¿Por qué estabas en el manicomio? —preguntó—. Lo siento, no tienes
que responder a eso. Sé que no debió traerte, te doy mi palabra de que no
pretendía hacerte daño —aseguró. No estaba segura de creerle, había visto a los
monstruos asesinar a mis padres, si bien el tal Marcus no era del todo como ellos
se parecía bastante.
—¿Cuándo podré irme? No voy a decir nada sobre ustedes y él… —Me
detuve un momento con el lápiz en la mano pensando qué palabra usar—
Marcus —escribí finalmente.
—Hablaremos con nuestros esposos, ellos decidirán. —Aquello me
sorprendió, ¿acaso alguna de ellas era la esposa del hombre que me llevó allí?
Decidí salir de dudas y escribí la pregunta, cuando lo leyeron sonrieron y
negaron al mismo tiempo.
—No, nuestros esposos son los hermanos de Marcus —fue Alana quien
respondió. Así que eran familia, lo que quería decir que ellas estaban casadas
con aquellos seres. ¿Cómo era que no tenían miedo? Quise preguntarles de
nuevo por ello, aunque me pareció demasiado atrevido, además no era un tema
que me importara mucho—. Creo que te dejaremos sola para que te cambies de
ropa, en un rato vendremos a traerte algo de comer.
Esperé a que se fueran y busqué entre las prendas que habían traído, me
puse unos jeans y un suéter negro de manga larga, se sentía bien volver a tener
ropa normal después de tanto tiempo, fui al baño y me lavé la cara, busqué por
todos lados, pero no encontré ningún espejo así que peiné mi desordenado
cabello con mis manos. Caminé descalza sin saber que más hacer, deteniéndome
para observar de cerca los dibujos que estaban pegados en la pared, eran
realmente hermosos, y los trazos delicados hacían que parecieran fotografías en
lugar de ilustraciones, seguramente quien los hacía era un artista grandioso, tal
vez allí vivía alguien normal, no un asesino. Una imagen de Marcus apareció en
mi mente, aunque las chicas dijeran que no era malo no debía olvidar que era el
enemigo, un monstruo que seguramente no dudaría en acabar conmigo a la
primera oportunidad. Mi tobillo comenzó a doler, miré la cama pero me negué a
acostarme en ella, así que me dirigí al sofá, parecía que habían pasado horas
desde que las chicas se fueron, si bien realmente podrían ser solo minutos, no
había ningún reloj a la vista por lo que no sabía qué hora era, tampoco algo que
me indicara el día en el que estábamos, tal vez debí preguntarles y conseguir más
información, sin embargo, estaba tan preocupada por salir de allí que no pensé
en nada más. El problema es que comenzaba a darme cuenta que no tenía a
dónde ir, regresar a casa de mi abuela significaba que ella me enviaría de nuevo
al manicomio y a pesar de provenir de una de las familias más adineradas de San
Francisco no tenía ni un centavo, sabía que existía una cuenta de banco con
varios miles de dólares a mi nombre, aunque para acceder a ella tendría que
presentar mi documentación y ni siquiera tenía eso, tomé mi cabeza en las
manos, estaba totalmente perdida.
Una lágrima cayó por mi mejilla cuando pensé en mis padres, debido a mi
discapacidad mi vida siempre fue complicada, pero al menos los tenía a ellos que
eran mi apoyo, pero luego de su muerte todo había ido cuesta abajo. Lloré
pensando en qué sentido tuvo escapar del infierno si me encontraba perdida en el
limbo.
5
MARCUS
A lexy y Tarek permanecían con la vista fija en la puerta, hice una
mueca ante sus caras de preocupación, parecía que en lugar de una
chica sus mujeres hubiesen ido a enfrentar a Cerbero el guardián del Hades.
Estaba a punto de decirles que dejaran de comportarse como imbéciles cuando
las chicas aparecieron, Tarek casi voló de su asiento para inspeccionar a Ángela
y asegurarse de que estaba bien, aunque la respuesta era obvia pues las mujeres
conversaban tranquilamente.
—¿Todo bien, Ángel? —preguntó Alexy a su mujer, ella caminó hasta su
lado dejándose caer en su regazo, tomó su cara entre sus pequeñas manos y lo
acercó para besarlo.
—Todo bien, señor paranoico. —Comencé a impacientarme cuando sus
muestras de afecto se hicieron bastante largas, y no daban ninguna información.
—¿Qué pasó con la chica? —pregunté atrayendo su atención hacia mí.
—¿No fue agresiva con ustedes? —interrogó Tarek.
—Emily no es agresiva —respondió Alana. Emily, me gustaba ese nombre,
me gustaba mucho—. Y tampoco está loca —continuó haciendo una pausa.
—¿Entonces? —urgí al ver que ninguna de ellas daba una respuesta
concreta.
—No puede escuchar nada, tiene una discapacidad auditiva —soltó Ángela,
la miré abriendo la boca y volviéndola a cerrar.
—No escucha —declaré. Fue más una afirmación por mi parte que una
pregunta, aun así, ella respondió.
—Así es, no nos dijo mucho, pero supongo que es de nacimiento porque
tampoco habla.
—Ajá —concordó Alana—. Es como Kevin, el hermano de Abby, aunque
lo de él no es de nacimiento, perdió la audición a los cuatro años cuando ya
había desarrollado el habla, así que podía hablar si quería, solo que al no poder
escuchar le era más difícil. El caso de Emily es diferente, como nunca ha
escuchado tampoco aprendió a usar las palabras, el chico nunca fue llevado a
una escuela especializada de esas donde aprenden lenguaje de señas, por lo que
él y Abby inventaron su propio lenguaje, pero tal vez Emily sí pueda
comunicarse de esa manera, el problema es que ninguno de nosotros sabe
lenguaje de señas.
—¿Y por qué estaba en el manicomio? —preguntó Tarek, Alana se encogió
de hombros.
—Se lo preguntamos, aunque no nos dio una respuesta, lo único que le
interesaba era saber cuándo podría irse.
—Si no habla, ¿cómo es que saben que quiere irse? —Escuchaba las
preguntas que iban y venían, pero yo solo pensaba en que ella no estaba loca,
que en realidad tenía una discapacidad.
—Porque nos lo dijo —contestó Ángela, luego hizo un gesto de pesar—. En
realidad, lo escribió en el cuaderno de dibujo de Marcus, debe ser difícil no
poder comunicarse con las personas. —Medité sus palabras y supe que era
cierto, no me imaginaba cómo era vivir siempre sumido en el silencio, para
nosotros era bastante malo ser ciegos durante el día, pero al menos en las noches
podíamos ver perfectamente.
—¿Vamos a dejar que se vaya así no más? —Tarek tenía una mirada de
preocupación cuando hizo la pregunta, sabía lo que estaba pensando, dejar ir a la
chica era arriesgarnos a que dijera a alguien que me había visto.
—La dejaremos ir —declaré.
—Es un riesgo —manifestó retándome a contradecirlo, comprendía que
estuviese preocupado por su mujer, no obstante, esto no mermó mi furia ante lo
que sus palabras implicaban.
—Asumiré las consecuencias, después de todo fue a mí a quien vio.
—¡Maldición! Tienes que ser razonable, si nos vamos todos a la mierda
será tu culpa —me señaló con el dedo.
—¡Basta! —intervino Alexy—. Tarek, sé a lo que te refieres, pero por
protegernos no sacrificaremos a una inocente, Marcus tiene razón, la dejaremos
ir y asumiremos las consecuencias.
—Ella no dirá nada —la voz de Alana se alzó sobre las demás—. Sabe que
si lo hace terminará de nuevo en el manicomio, nos lo dijo, ¿verdad Ángela? —
La aludida asintió.
—Entonces está decidido —decreté. Me giré dando por finalizada la
conversación y salí de la cocina rumbo al bar, habría ido a mi habitación, pero no
era bienvenido en ella. Caminaba por el pasillo cuando apareció Cam gritando.
—¡Oigan todos! Tienen que venir a ver esto. —Cuando le escuché corrí
para ver lo que estaba pasando, segundos después llegaron los demás, Cameron
tenía la televisión encendida en algún canal de noticias, me detuve frunciendo el
ceño sin saber por qué era importante cuando una imagen apareció en la pantalla,
la reconocí enseguida. Era Emily varios años más joven, aunque sus rasgos
resultaban inconfundibles.
La notica rezaba:
“Emily Thompson, nieta de Josephine Thompson una de las personas más influyentes
de la sociedad San Franciscana desapareció la pasada noche del hospital Mental Saint August.
Fuentes cercanas a la investigación, confirman que la mujer logró huir luego de atacar
brutalmente al enfermero que se encontraba de guardia, clavándole una aguja de una jeringa
en el ojo. El herido se encuentra recluido en el hospital Distrital, donde se recupera
satisfactoriamente, no obstante, los médicos afirman que perderá la visión del lado derecho
pues los daños causados son irreversibles. La policía sigue sin tener pistas que los lleven a al
paradero de la agresora. En otras noticas, esta madrugada fueron hallados alrededor de diez
cadáveres en diferentes puntos de la ciudad.”
Alexy hizo un gesto a Cam quien apagó la televisión, no nos interesaba la
noticia de los muertos, pues sabíamos bien que se debía a la masiva llegada de
demonios, todos estábamos concentrados en la misma nota, aquella que hablaba
de Emily. El lugar se sumió en un silencio sepulcral, estaba seguro que si alguno
dejaba caer un alfiler este haría un ruido ensordecedor.
—Así que pasamos de tener una loca a una prófuga de la justicia —
comentó Cam mirándome, no respondí, en cambio me dediqué a meditar en la
situación.
—A mí no me parece que sea una mala persona —la defendió Alana—. Es
solo una chica asustada. —Me agradaba bastante la mujer de Alexy, ella podía
ser muy compasiva, y siempre trataba de ayudar.
—Es cierto —estuvo de acuerdo Ángela—. Yo no creo que sea mala,
seguro tuvo un motivo para atacar a ese hombre. Lo mejor es preguntárselo
directamente y no sacar conclusiones, además debemos advertirle que la policía
la está buscando —añadió. De pronto Alexy enfocó su mirada en mí.
—Es tu decisión Marcus —dijo sobresaltándome—. De todos modos, la
chica es tuya.
—Ella no es mía —gruñí, mientras negaba con la cabeza.
—Bueno, tú la trajiste y estabas dispuesto a arrancar la cabeza de Tarek por
defenderla, así que eso la hace tuya.
—No puedo hablarle —argumenté.
—Bueno, todos sabemos que no tienes precisamente el don de la palabra,
pero al menos podrías intentarlo —dijo Tarek malinterpretando mis palabras.
—Ella me tiene miedo —confesé señalando mi rostro, vi el gesto de pena
de las chicas y mis hermanos cambiaron la dirección de sus miradas, todos
sabían que no presentaba una imagen del todo agradable.
—Yo hablaré con ella —se ofreció Alexy, agradecí con un asentimiento.
—Voy contigo —anunció Alana. Tomándolo de la mano comenzaron a
caminar rumbo a mi habitación, y aunque no quería que la chica me viera quise
saber qué pasaría cuando se encontrara con uno de mis hermanos, los seguí y
cuando llegamos a la puerta me detuve quedándome detrás de la pared.
Alexy abrió despacio y me arriesgué a echar un vistazo, ella se encontraba
sentada en el sofá sosteniendo su cabeza entre las manos pareciendo
desesperada, algo en mi interior se removió y quise ir hasta allí y consolarla,
pero sabía que era la peor idea del mundo, en cuanto me viera comenzaría a
atacarme de nuevo, así que me mantuve escondido, no se percató de la presencia
de los recién llegados hasta que Alana estuvo a su lado y puso una mano en su
hombro. Se sobresaltó, y cuando levantó la cabeza pude ver sus ojos rojos,
había estado llorando, apreté los puños frustrado sintiéndome verdaderamente
inútil.
—Emily, él es mi esposo Alexy —le dijo mirándola directamente a la cara,
en ese instante ella fijó la vista en el hombre que estaba de pie a su lado, no supe
si sentirme aliviado cuando vi su gesto de horror, se pegó más al asiento tratando
de alejarse de él, cuando mi hermano comprendió lo que pasaba dio unos pasos
atrás.
—Lo siento, no es mi intención asustarte. —Su actitud no cambió, lo seguía
mirando como si fuera una especie de monstruo, Alana se sentó a su lado y tomó
su mano queriendo llamar su atención, cuando por fin lo consiguió volvió a
hablarle.
—Nosotros no somos malos, no queremos lastimarte, Marcus te trajo aquí
porque sabía que estarías segura. —Ella negó con vehemencia, y luego buscó
por todos lados, hasta que dio con el cuaderno de dibujo, la vi escribir algo
rápidamente y enseñárselo, esta hizo una mueca cuando leyó lo que sea que
había escrito—. Mi esposo y sus hermanos no son monstruos, no sé por qué
dices eso. —La chica volvió a escribir y le pasó el cuaderno—. ¿Dices que ellos
mataron a tus padres? —preguntó la mujer de Alexy luciendo confusa, mi
hermano negó, definitivamente, aunque no nos agradaban los humanos no
íbamos por ahí asesinándolos. Emily se concentró de nuevo en el cuaderno y esta
vez tardó más tiempo, cuando terminó volvió a poner el cuaderno en dirección a
Alana, y esta leyó en voz alta.
“Mis padres fueron asesinados por unos seres como el que me trajo aquí,
yo lo vi y nadie quiso creerme, por eso me llevaron al manicomio, pero no estoy
loca, yo sé lo que vi y sé que el tal Marcus es como ellos, y tu esposo también.”
Alana estaba a punto de replicarle, Alexy negó con la cabeza, se acercó un
poco y se puso de cuclillas, seguramente buscando verse menos intimidante ante
la chica, mirándola directamente comenzó a hablar, estaba seguro de que si
alguno podía dialogar con ella ese sería él, después de todo era quien obraba de
mediador todo el tiempo.
—Emily, lamento lo que les pasó a tus padres, pero te aseguro que ni mis
hermanos ni yo tenemos nada que ver, no nos dedicamos a asesinar personas. —
Ella lo miraba con una mezcla de temor y recelo—. ¿Estás segura de que fue
alguien como nosotros quien lo hizo? —La chica asintió sin dudarlo—. Nosotros
no somos malos, y no queremos hacerte daño —continuó él en su tono
conciliador—. No eres nuestra prisionera y puedes irte cuando desees, solo
queremos advertirte que la policía está detrás de ti. —Su expresión cambió a una
de pánico, comenzó a negar moviendo la cabeza rápidamente, Alana puso una
mano en su hombro de forma tranquilizadora, entonces un río de lágrimas se
derramó por su rostro, ella estaba simplemente aterrada, parecía tan sola y tan
pérdida que hacía que cada vez tuviera más deseos de consolarla.
—¿El hombre que atacaste te lastimó? —Me tensé a la espera de la
respuesta, ella bajó la cabeza y lloró aún más, de todos modos, no la necesité,
eso era suficiente para mí, ese hombre iba a morir esa misma noche, tenía los
puños apretados odiando que fuera de día y tuviera que esperar.
—Ella te gusta —dijo Tarek detrás de mí. Lo miré frunciendo el ceño y me
alejé sin responderle nada, regresé al bar y me encontré a Cam limpiando la
barra, aunque lo hacía de forma distraída, como si su mente estuviese en otro
lugar. Lo observé un momento sabiendo lo que pasaba por su cabeza, estaba a
punto de irme cuando decidí que tal vez podría intentar hacer que se sintiera
mejor.
—No fue tu culpa —dije. Cuando escuchó mis palabras levantó la cabeza
luciendo confuso.
—¿Cómo?
—La muerte de Raven, no fue tu culpa. —Dejó salir un bufido y lanzó el
trapo con el que estaba limpiando a un balde con agua.
—No me vengas con esa mierda compasiva —amenazó señalándome —.
Tú menos que nadie, yo estaba ahí, ¿lo recuerdas? Lo vi poner su cabeza cuando
era la mía la que iban a cortar. —Dudé un instante, pensando la forma correcta
de decir aquello que llevaba un tiempo guardando.
—Si no hubiese muerto ese día de todos modos lo habríamos perdido.
—¿De qué demonios hablas? —preguntó saliendo detrás de la barra y
acercándose a mí.
—Tal vez es mejor que hables con Alexy —respondí. Comenzaba a
arrepentirme de haber dicho aquello, seguramente era cierto lo que decían y no
tenía precisamente el don de la palabra.
—Estoy hablando contigo —apuntó—. Así que serás tú quien me explique
de qué estás hablando. —Pasé mis dedos por la cicatriz de mi cara en un acto
reflejo, era algo que hacía a menudo.
—Raven se estaba volviendo oscuro.
—Eso es basura —gruñó furioso, sus ojos se volvieron rojos como pocas
veces los había visto, Cam no era un tipo que se enfureciera fácilmente. Una
presencia nos alertó y ambos giramos para encontrarnos a Alexy de pie
mirándonos—. Dime que esa mierda que está diciendo Marcus no es cierta —
exigió. Abrí la boca para disculparme, pero mi hermano levantó una mano
pidiéndome que callara.
—Es cierto, Cam, lamento no habértelo dicho antes, Raven tenía demasiada
curiosidad por lo que sentían los demonios al alimentarse de las almas humanas,
creo que tarde o temprano se habría entregado totalmente al lado oscuro —habló
en tono mesurado.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —demandó Cam apretando la
mandíbula.
—No quería que te sintieras mal.
—Por un demonio, Alexy, deja de tratarme como un puto niño. ¿Cuándo
vas a entender que soy adulto y que puedo comprenderlo todo? —preguntó.
—Cam yo… —Antes de que pudiera terminar la frase lo detuvo.
—Tú no eres mi maldito padre, estoy harto de que intentes controlar mi
vida. —El gesto de mi hermano se mantuvo estoico, pero sabía bien cuánto le
dolían esas palabras, era cierto que él no lo había engendrado, aun así, lo quería
incluso más que si hubiese sido su padre biológico. Luego de esto un enfurecido
Cameron desapareció.
—Lo lamento —dije sintiéndome como un completo imbécil.
—No lo hagas, tú fuiste más valiente que yo, llevo demasiado tiempo
cuidando de Cam y por ello me olvido que de hecho no soy su padre, y que no
podré protegerlo siempre. —Me acerqué para poner una mano en su hombro.
—No dejes que sus palabras te afecten, solo está enojado, ya se le pasará.
—En ese momento la situación me resultó muy parecida a la que viví mucho
tiempo atrás con mi hermana.
—Lo sé.
—¿Qué pasó con la chica? —pregunté cambiando de tema.
—En cuanto a eso —comenzó con una mueca de disculpa.
—¿Cuándo se irá? —Por alguna razón que me resultaba incomprensible mi
corazón se agitó ante la idea de que se fuera y no verla más.
—En realidad no va a irse —respondió sorprendiéndome.
—¿Cómo que no va a irse?
—Ella está aterrada solo de pensar en salir de tu habitación, creo que pasó
mucho tiempo encerrada, además no tiene a donde ir, así que le ofrecí quedarse.
—Estaba cada vez más confuso.
—¿Cómo fue que pasó de pensar que somos monstruos a aceptar quedarse
aquí?
—Creo que su miedo a la libertad es más fuerte que su temor a nosotros.
—Bueno, está bien supongo.
—Parece que no has comprendido —dijo.
—¿Qué se supone que debo comprender? La chica va a quedarse ¿no?
—Sí, me refiero a que no entendiste la parte donde dije que tiene miedo a
salir de tú habitación —habló haciendo especial énfasis en la palabra «tú».
—¿Y? —seguía sin entender donde radicaba el problema.
—¡Maldición, amigo! Que si ella está ahí tú no puedes estar también. —Por
fin la luz se encendió para mí.
—¡Ah! Eso —atiné a decir.
—Sí, eso. Voy a solucionarlo no te preocupes.
—No hay anda que solucionar, yo me quedaré en la bodega.
—La bodega es un lugar demasiado húmedo y frío.
—No es como si fuera a morir o algo, no tengo problema con quedarme ahí.
—Ella te gusta —declaró de pronto, parecía que su mente y la de Tarek
funcionaban juntas.
—No sé de qué mierda hablas. —Algo parecido a una sonrisa apareció en
sus labios borrando el gesto sombrío que la discusión anterior le había
provocado.
—Creo que tú también necesitas encontrar una razón para vivir.
—No apliques tu basura de psicología conmigo, yo no necesito nada —le
espeté, y me fui antes de que pudiera decirme algo más, era obvio que mis
hermanos habían cambiado desde que ambos tenían compañeras, pero eso no era
algo que esperara tener para mí. Me crucé con Cam en el pasillo quien caminaba
en dirección a su hermano, antes de perderlo de vista lo vi abrazar a Alexy, me
sentí mejor al ver que su enfado no había durado mucho tiempo.
6
EMILY
N o sabía qué se había apoderado de mí para aceptar quedarme ahí
con unas personas que me aterraban, pero cuando el hombre me
dijo que podía irme no fui capaz de obligar a mis piernas a moverse y abandonar
el lugar, comenzaba a pensar que sí estaba mal de la cabeza, tuve en mis manos
la posibilidad de huir y la desaproveché, ahora estaba aterrada de pensar que en
cualquier momento alguno de ellos vendría y me asesinaría igual que hicieron
con mis padres. Comencé a pasearme por el lugar desesperada, un rato después
me detuve y me quedé mirando fijamente la puerta, podía hacerlo, podía salir de
ahí, caminé despacio y tomé el pomo, di un suspiro y por fin me atreví a abrir,
asomé la cabeza y el pasillo se encontraba vacío, di un paso al exterior mirando a
ambos lados sin saber qué dirección tomar, decidí ir hacia la derecha. Sin
despegarme de la pared di pasos cortos, las luces estaban encendidas, aunque no
había ninguna ventana que me indicara si era de día o de noche, además se sentía
como si estuviera en un sótano, cuando llegué a la esquina del pasillo me detuve
y me incliné un poco para ver, quise gritar cuando me hallé en otro pasillo igual
que llevaba en dos direcciones. ¿A quién se le ocurría vivir en un laberinto? Esta
vez fue fácil decidirme cuando vi que uno era más corto y llegaba hasta una
escalera que conducía a una puerta, me apresuré hasta allí, antes de que pudiera
alcanzar el primer escalón la puerta se abrió, mis pies se detuvieron cuando una
alta figura ocupó el marco, lo miré presa del pánico, se trataba de un hombre
igual de alto que los dos que ya había visto, pero este era muy rubio y con unos
ojos azules tan claros y tan fríos como el hielo, él pareció sorprendido con mi
presencia y se quedó quieto, a pesar de que no actuaba de forma amenazadora no
pude evitar sentir miedo, retrocedí un paso y fue entonces cuando un muro
apareció frente a mí, parpadeé confusa entonces comprendí que no era realmente
un muro, era la espalda de alguien que actuaba como escudo. No supe de dónde
salió pues fue tan rápido que ni siquiera lo vi venir, de todos modos, no me
quedé el suficiente tiempo para averiguarlo, me giré y corrí lo más rápido que
pude de nuevo a mi refugio, cerré y me apoyé en la pared tratando de recuperar
la respiración, un momento después me alejé y me senté en el sofá abrazando
mis rodillas, con la mirada puesta en la puerta, pasó apenas un minuto cuando
esta comenzó a abrirse. Enterré mi cabeza en medio de mis rodillas, parecía una
niña asustada de los monstruos que se esconden debajo de su cama, lo sabía, a
pesar de ello no había forma de que lo evitara. Sentí un pequeño toque en mi
hombro y me negué a levantar la cabeza, tal vez si lo ignoraba él se fuera,
empecé a balancearme adelante y atrás recitando en mi mente una canción que
me enseñó mi madre cuando era niña, cuando terminé la letra pensé que todo
estaba bien, que ya no tenía nada de qué preocuparme y me arriesgué a salir de
mi improvisado escondite, lo primero que vi fueron sus ojos, ahora no eran rojos
como la noche que me encontró sino de un extraño color avellana que resultaban
menos intimidantes y mucho más fascinantes, él se encontraba alejado y se había
puesto en cuclillas sin moverse, actuaba de forma cautelosa como si tuviese
miedo de que al menor movimiento desataría la fiera, en ese momento pude ver
más de cerca la cicatriz de su rostro, esta tenía una forma irregular, arrugada y de
un color más rojo que el resto de la piel, parecía hecha por algo caliente, me
estremecí cuando imaginé el dolor que debió de haber sentido cuando se la hizo,
en ese momento otra idea cruzó por mi cabeza y es que por alguna razón esta no
opacaba su atractivo, si no conociera su verdadera naturaleza habría pensado que
era un hombre extremadamente hermoso. Bajé la mirada hasta sus labios, el
inferior era un poco más grueso que el superior y de un bonito tono que
cualquier chica habría envidiado, parecían tan suaves. No me di cuenta que los
estaba mirando fijamente hasta que los vi moverse, salí de mi letargo y cambié la
dirección de mi mirada de nuevo a sus ojos, lucía bastante incómodo y parecía
esperar una respuesta, ¿me había preguntado algo? Me avergoncé cuando
comprendí que lo había hecho, pero estaba tan concentrada en mi escrutinio que
no me di cuenta.
—¿Estás bien? —interrogó, supuse que era lo mismo que había preguntado
antes, así que simplemente asentí, me estudió un momento y luego se puso de
pie, levanté la cabeza, era tan alto que casi tenía que doblarla hacia atrás. Esperé
que dijera algo más, pero solo se giró y caminó hacia la salida, admiré su espalda
ancha, y su andar pausado, cuando la puerta se cerró detrás de él mi mirada
siguió fija ahí por algún tiempo. Me relajé dándome cuenta que había
sobrevivido, ¿por qué ellos no parecían malos? ¿Sería posible que existieran
monstruos malos y buenos? Estaba demasiado confundida para pensar con
claridad, así que me dediqué a investigar el lugar, no estaba segura de a quién
pertenecía la habitación, pero era obvio que tenía dueño, había objetos muy
personales para que fuera solo una habitación de invitados, abrí el closet y me
encontré con un montón de ropa de hombre, había camisetas principalmente de
colores negros y grises, jeans y también botas de combate. Un presentimiento se
formó haciendo que mi pecho se apretara, era su habitación, los objetos que
estaban ahí le pertenecían, di un giro completo estudiando los dibujos que habían
en la pared y uno de ellos llamó mi atención, me acerqué para verlo mejor. Eran
dos mujeres, una parecía un poco más joven que la otra, pero seguro eran
hermanas, pues tenían un gran parecido físico, aunque fueron sus ojos los que
llamaron mi atención, pues a pesar de ser un dibujo se podía apreciar
perfectamente el color, eran iguales a los de Marcus, ¿serían ellas su familia?
Aparentemente sí, pero había un detalle que no encajaba del todo, ellas vestían
como si fueran de otra época. Ahí todo era un misterio, de no haberlo visto con
mis propios ojos pensaría que me encontraba sumida en alguna especie de mal
sueño.
Mi tobillo aún dolía y me sentía cansada, miré la cama sabiendo ahora a
quién pertenecía, y luego al sofá, finalmente decidí que sería este último. Me
acomodé en él y cerré los ojos dejándome llevar por el sueño. No supe cuánto
tiempo pasó, cuando me desperté sintiéndome mucho mejor, no tuve pesadillas y
eso era algo poco habitual, ya que las había tenido durante mucho tiempo,
dormir tranquila por un rato era algo que no me pasaba a menudo, un agradable
olor llamó mi atención, y me encontré con una bandeja sobre una pequeña mesa
que se hallaba a un lado, alguien me trajo comida mientras dormía, seguramente
una de las chicas. Sentí mi estómago removerse, recordándome que no había
comido mucho, en realidad la comida del hospital psiquiátrico era bastante mala.
Cuando destapé el plato mi boca se hizo agua, no recordaba cuando fue la última
vez que comí pollo y este se veía realmente bueno, me llevé un trozo a la boca y
gemí de placer al sentir el sabor dulce de la salsa, estaba acompañado por una
serie de vegetales al vapor, ataqué el plato como si corriera peligro de que
alguien fuera a quitármelo, y en apenas unos minutos me terminé todo, quise
llorar de emoción cuando vi que tenía postre, probé un poco del pudin de
caramelo, comenzaba a pensar que después de todo estaba en la gloria. Cuando
terminé de comer me quedé mirando el tenedor que tenía en la mano,
seguramente no era un arma muy buena, pero podía servir en caso de necesitarla,
lo limpié con la servilleta y lo escondí detrás de mí en el sofá, al poco tiempo
apareció Alana, que me sonrió. Traté de devolverle la sonrisa, ella realmente me
agradaba, y me resultaba bastante extraño que estuviera casada con aquel
hombre tan intimidante, él daba la impresión de poder aplastarte con un solo
dedo, si bien en ningún momento se me escapó la adoración en sus ojos cada vez
que dirigía la mirada hacia su esposa.
—Me alegra que te haya gustado la comida —dijo mirando los platos
vacíos.
—Gracias —respondí levantando la mano para hacerlo en lenguaje de
señas, ella se quedó mirándome y supe que no entendía, así que busqué el
cuaderno que se había convertido en un gran aliado durante mi estadía y lo
escribí.
—¿Eso qué hiciste significaba gracias? —preguntó con un claro interés, y
yo asentí—. Vaya, ¿puedes enseñarme a decir de nada? —indagó. Parecía
entusiasmada con la idea del lenguaje de señas así que se lo expliqué.
Durante un rato le enseñé algunas palabras más y me sorprendió darme
cuenta que aprendía rápidamente. Fue entonces que me habló de su amiga Abby
y su hermanito quien también tenía una discapacidad como yo, a pesar de no
poder escuchar su voz pude ver el deje de tristeza en su rostro cuando mencionó
a su amiga, cuando se lo pregunté me dijo que llevaba un tiempo buscándola y
no la había encontrado por ningún lado, aunque aseguró que lo haría. Me gustó
mucho tener a alguien con quien hablar, aunque esa no fuera la expresión
adecuada ya que yo no hablaba, pero durante mucho tiempo solo me comunicaba
con el doctor Graham y él no era amable. Cuando llegó la hora de Alana de irse
me sentí decepcionada.
De nuevo sola comencé a pesar en qué decisión iba a tomar, una cosa era
que me agradara la chica y otra que fuera a quedarme ahí, busqué el tenedor y lo
sostuve con fuerza, otra vez me enfrenté al reto de abrir la puerta y salir. Me
armé de valor y lo hice, como en mi primer intento de fuga el pasillo estaba
vacío, ya no dudé sobre la dirección que iba a tomar, simplemente me apresuré
para encontrar la puerta que había visto antes, mi tobillo dolía y estaba descalza,
las chicas me habían llevado zapatos, pero por alguna razón no me sentí cómoda
con ellos, en el hospital nunca me permitieron usarlos, no sé si por regla o por
alguna especie de castigo. Cuando la alcancé esta se abrió sin problema, me
asomé con cautela dándome cuenta que estaba en un largo corredor que tenía lo
que parecían varias habitaciones a ambos lados, ¿qué clase de lugar era aquel?
Descarté esa dirección y giré a la izquierda donde se hallaba otra puerta más
grande, cuando tomé el pomo con mi mano a punto de abrirla sentí unos ojos
puestos en mí, miré por encima del hombro, y me encontré con Marcus. Él
estaba de pie a varios metros de distancia, actué por instinto, abrí saliendo a un
callejón, una fría brisa golpeó mi rostro, el cielo estaba cubierto de nubes grises
y el suelo mojado, corrí sin importarme los charcos de barro que salpicaban mi
ropa, no tenía ni idea de en qué parte de la ciudad me encontraba, ni dinero para
tomar un taxi, me agaché detrás de un contenedor de basura con el corazón
acelerado, lo había logrado, estaba afuera, pero me encontraba aterrada, ¿qué
haría ahora? No estaba segura de sí me había seguido, así que me incliné
sacando la cabeza para cerciorarme, algo muy extraño sucedía, él estaba de pie
en mitad de la calle, pero no se movía, giraba la cabeza a todos lados, aunque no
la enfocaba en ningún lugar, lo vi extender su mano y caminar como si pensara
que iba a chocar con algo y de hecho lo hizo, uno de los botes de basura estaba
en su camino, esperaba que lo sorteara, sin embargo, no fue así, se dirigió
directamente hacia este, estuvo a punto de caer al piso pero se recompuso, ¿qué
estaba pasando? Él no estaba ciego, o ¿sí? Lo había visto esquivar algunas de las
cosas que le lancé en su habitación, además de que me había mirado cuando me
habló y en ese momento definitivamente no estaba ciego, totalmente confundida
me puse de pie donde estaba segura que podía verme, no obstante no lo hizo,
tanteaba en el suelo en busca de algo que pudiera hacerlo tropezar de nuevo, si
no podía verme no podría alcanzarme, era la oportunidad que necesitaba, giré en
la dirección contraria y apenas había dado tres pasos cuando me detuve, como si
una fuerza superior me arrastrara de regreso a él. Luché contra mi parte racional,
pero la sensible ganó, regresé hasta donde estaba, se quedó totalmente inmóvil
inclinando la cabeza justo en la dirección en la que me encontraba, lentamente
estiré mi mano y tomé la suya, cuando cerró sus dedos en torno a los míos la
sensación más asombrosa recorrió mi brazo al sentir su calidez. Lo guie hasta la
entrada de nuevo, sin apartar la mirada de su rostro, incluso levanté la mano y la
pasé por su cara, él ni siquiera parpadeó, lo que me confirmó que en efecto
estaba ciego, abrí la puerta ayudándolo a entrar y cuando se cerró parpadeó
varias veces y bajó la cabeza. Sus ojos conectaron con los míos, ¿había
recuperado la vista? O ¿solo había sido un truco para hacerme regresar? De
pronto y sin previo aviso me levantó en sus brazos y caminó llevándome
acunada como si fuera un bebé, una vez en la habitación me sentó en la cama y
se inclinó apoyándose en una de sus rodillas, levantó mis pies llenos de lodo
para examinar mi tobillo, quitó la venda sucia y fue al baño, regresó trayendo
otra y una toalla húmeda, con una delicadeza sorprendente en un hombre de su
tamaño, limpió mis pies y volvió a poner la venda, todo el tiempo mientras hacía
esto su cabeza estaba baja, dándome la impresión de que se escondía, cuando
terminó se puso de pie. Estaba tan asombrada que lo único que se me ocurrió fue
darle las gracias, mostró el mismo gesto confuso de Alana ante mi uso del
lenguaje de señas, solo que no preguntó el significado, de pronto su mirada se
desvió hasta mi mano y seguí la dirección para ver que continuaba empuñando
con fuerza el tenedor, lo apunté hacia él amenazándolo y enarcó una ceja ante mi
pobre arma, aunque no hizo el intento de quitármelo, fue hasta el closet y lo vi
rebuscar en su interior, el pánico se apoderó de mí cuando pensé que estaba
buscando algo con lo que pudiera asesinarme, regresó caminando tranquilo y me
tendió una funda de cuero, lo observé indecisa un momento, luego lo acepte, no
dijo ni hizo nada más, simplemente se fue. Miré el objeto en mi mano sin saber
de qué se trataba y sintiéndome ridícula, ¿por qué iba a buscar un arma para
asesinarme si podía hacerlo con sus manos? Lo abrí despacio temiendo lo que
pudiera encontrarme cuando una pequeña daga apareció ante mi vista, el mango
estaba tallado en un intricando diseño, diminutas serpientes cuyos ojos estaban
compuestos por piedras de color verde esmeralda formaban una enredadera, la
levanté dándome cuenta que era muy liviana, pasé mis dedos pulgar e índice por
ambos lados haciéndome cortes en ellos, estaba bastante afilada, estudié las
gotas de sangre que brotaron con una sensación de molestia conmigo misma.
Lancé el tenedor por los aires, era demasiado absurdo pensar que podría
servirme de algo, acababa de amenazar un hombre de dos metros con él,
seguramente lucía tan patética y daba tanta pena que tuvo que proporcionarme
un arma más decente, a lo mejor estaría pensando que de verdad estaba demente,
y no es que pudiera culparlo por ello.
Me dejé caer de espaldas en la cama más frustrada que nunca, era una
completa estúpida que ni siquiera podía escapar, tal vez nunca debí salir del
manicomio, pensé, pero entonces recordé al hombre que tanto odiaba y decidí
que cualquier lugar era mejor que ese, al menos aquí nadie me estaba
manoseando sin mi permiso y hasta el momento no había sido atacada, levanté la
mano y sonreí, ahora tenía una bonita daga.
7
MARCUS
M ientras caminaba pensaba en el gesto, incluso lo repetí haciéndolo
con mi mano, ¿qué significaba? Esa chica era todo un misterio,
tuve ganas de reír al recordar su arma improvisada, para ser tan pequeña y estar
tan asustada, también era muy valiente y piadosa, había regresado para
ayudarme cuando vio que no podía arreglármelas solo, tuvo la oportunidad de
huir pero no lo hizo, fue algo tonto salir a buscarla cuando sabía que estaría
completamente ciego en cuanto cruzara la puerta, aunque no había podido
evitarlo, verla huir me aterrorizó, solo imaginar que estaría sola y asustada en la
calle me lanzó en su búsqueda sin pensar en las consecuencias, al menos ahora
estaba segura de nuevo, o hasta que intentara escapar otra vez, era la segunda
vez que lo hacía, repetí el gesto de nuevo, cuando una idea se me ocurrió, podía
averiguarlo. Cameron se encontraba sentado en una de las mesas del bar
totalmente absorto en su ordenador, cuando no estaba atendiendo la barra el
chico se convertía en algo así como un genio de la informática, cosa que
agradecíamos, pues era gracias a sus habilidades y a algunas inversiones que
hacía en la bolsa que obteníamos la mayor parte de nuestro dinero, ya que
aunque el bar podía ser muy rentable no era suficiente para mantenernos a todos.
Me detuve inseguro de cómo abordar el tema que traía, él sintió mi presencia y
me miró un instante, pero regresó su atención a la pantalla.
—¿Qué hay? —preguntó tecleando con rapidez.
—Esto yo… yo —pasé los dedos por mi cicatriz y luego despeiné mi
cabello, lo intenté de nuevo—. Necesito que me prestes tu ordenador —dije. Ahí
estaba, lo había dicho, su mirada abandonó la pantalla fijándose en mí con
horror, como si le hubiese pedido cometer algún crimen impensable.
—¿Escuché bien? —me interrogó incrédulo, todos conocían bien mi
aversión a la tecnología, ni siquiera tenía televisión, o algún aparato electrónico,
lo único que me permitía usar era mi teléfono celular y solo para emergencias.
—¿Me lo vas a prestar o no? —demandé con impaciencia, su expresión
cambió a una divertida.
—¿Sabes usarlo? —cuestionó jovial, apreté los dientes dándole una mirada
de enfado—. Justo lo que pensaba.
—No puede ser tan difícil si tú que eres un cabeza de chorlito lo haces —
expresé ganándome un gesto ceñudo por su parte.
—Deberías ser más amable si esperas que te preste a Penny —declaró.
Fruncí el ceño, y comencé a negar.
—¿Acaso no entendiste lo que te dije? Yo no quiero que me prestes a
ninguna de tus mujeres, puedes quedarte a la tal Penny para ti, solo quiero tu
ordenador —dije. Dejó caer su cabeza hacia atrás y luego se inclinó para
comenzar a golpearla con la mesa.
—Olvidé que tú puedes ser muy literal —comentó luego de terminar con su
arrebato—. Penny no es una chica, es mi ordenador —aclaró.
—¿Por qué mierda le pones nombre a un objeto inanimado?
—¿No es obvio? —De hecho, para mí no lo era, pero la mente de Cam
funcionaba de una forma que no lograba comprender—. Para que sea más
personal —me explicó—. De todos modos, ¿para qué lo quieres?
—Necesito buscar algo —respondí negándome a dar más información, su
sonrisa habitual apareció en su rostro.
—¿Acaso planeas ver las diablitas sexys? —Evitaba hablar mucho con los
demás porque a veces me costaba comprender lo que decían, pero con Cam era
incluso peor, pues la mayor parte de tiempo usaba un lenguaje que me resultaba
completamente incoherente.
—¿Las diablitas sexys? —pregunté no muy seguro de querer obtener una
respuesta.
—Sí, ya sabes, chicas calientes teniendo sexo salvaje.
—¿Ves mujeres teniendo sexo a través de la pantalla?
—Amigo, todos lo hacen. —De pronto se detuvo haciendo una pausa. —
Espera, ¿nunca viste pornografía?
—¿Pornografía? —Otra palabra que me resultaba extraña. En ese momento
apareció Tarek y se dejó caer en la silla de al lado de Cam.
—Tarek, hermano, explícale a Marcus que todos vemos pornografía.
—Yo no —se jactó el aludido, una sonrisa torcida apareció en sus labios
antes de pronunciar sus siguientes palabras—. Dejé de hacerlo hace tiempo, ¿por
qué querría ver mujeres fingiendo orgasmos cuando puedo darle uno real a mi
mujer? —comentó son suficiencia.
—Estoy rodeado de imbéciles —se quejó Cam.
—Como sea —intervine cortando la ridícula conversación—. No me
interesa ver mujeres desnudas que fingen orgasmos —declaré comenzando a
molestarme.
—No les prestes demasiada atención —escuché las palabras de Alexy y un
segundo después apareció por el pasillo uniéndose a la charla—. Ellos ven
pornografía porque son unos cabrones que se excitan con cualquier cosa.
—Ya les dije que dejé de verlo hace tiempo, tengo a Dulce para cumplir
cualquier fantasía —se defendió Tarek. Ignoré todo aquello y me enfoqué en
Cam.
—¿Por un demonio vas a prestármelo o no? —Suspiró y luego de teclear
algo más cerró la pantalla y me lo entregó. Entonces llegó el problema, me
quedé con él en las manos sin saber qué hacer.
—Amigo, vas a tener que modernizaste, no sé si te diste cuenta que estamos
en el siglo veintiuno —declaró cuando vio mi confusión con el artefacto—. ¿Por
qué mejor no te sientas y te explico cómo funciona? —Miré a los demás
sabiendo que si se quedaban iban a estar al tanto de lo que intentaba, pero
ninguno hizo el intento de marcharse, los maldije mentalmente y con renuencia
me senté al lado de Cam—. ¿Qué quieres buscar? —preguntó viajando por la
pantalla. Miré a Tarek y luego a Alexy que parecían muy interesados, hijos de
puta, sabían que no quería que estuvieran ahí, pero se quedaban solo para
fastidiarme. Gruñí y Tarek tuvo la osadía de reír.
—Quiero aprender lenguaje de señas —confesé en voz baja, aunque igual
habría podido susurrar que ellos lo habrían escuchado. Esperé las burlas, pero
estas no llegaron, en cambio todos lucían el mismo gesto de estupefacción. Igual
habría podido decirles que me iba a entregar al mal y no les habría sorprendido
tanto.
—Vaya —fue Cam el primero en salir del asombro, y comenzar a buscar en
el ordenador.
—Tal vez sería bueno que todos aprendiéramos —comentó Alexy, lo miré
con las cejas enarcadas—. Ya sabes, para comunicarnos con tu chica.
—Ella no es mi chica, ¿por qué demonios siguen diciendo eso?
—Bueno, me remito a los hechos, hace un rato te vi correr detrás suyo sin
importar que afuera no pudieras ver, confieso que estuve tentado de ir por ti,
pero entonces regresaste con ella trayéndote de la mano. ¿Cómo la convenciste
de volver?
—No lo hice —respondí. Me miró incrédulo.
—¿Estás diciendo que ella regresó contigo por decisión propia?
—¿Es tan increíble que alguien pueda hacer eso? —pregunté, Alexy
pareció avergonzado, pero lo conocía bien para saber que no había intentado
ofenderme.
—Claro que no —respondió—. Es solo que ella parece un conejo asustado
todo el tiempo.
—Yo creo que es valiente —la defendí.
—Hermano, vas por buen camino —intervino Tarek—. Creo que pronto
podrás regresar a tu habitación, y esta vez no estarás solo. —Si pudiera reír lo
habría hecho de su afirmación.
—¿Quién es la puta doctora corazón ahora? —dije recordando las palabras
que él me lanzó una vez.
—Al menos yo no expreso mi arte en ti —acusó refiriéndose al tatuaje que
le hice.
—Era lo que querías —declaré.
—Era lo que tú pensaste que quería, pero quédate tranquilo, porque después
de todo me gusta, es como Dulce y yo, sino te aseguro que me habría vengado
usando algún sedante y luego pintado un puto Cupido lanzando corazones rosas
en tu culo. —Hice una mueca y abrí la boca.
—Ni se te ocurra preguntar quién es Cupido —amenazó Cam.
—No iba a hacerlo —mentí.
Pasé un rato aprendiendo cómo funcionaba el ordenador y tenía que
reconocer que comenzaba a gustarme la cosa, era impresionante ver la cantidad
de información que podía conseguir. El resto del día estuve aprendiendo todo
sobre el lenguaje de señas, así fue como supe que el gesto que ella había hecho
significaba gracias, una sensación cálida me recorrió ante aquello, me agradeció
el haberme encargado de cuidarla, y aunque no necesitaba que lo hiciera porque
de todos modos lo habría hecho me agradó. Emily me gustaba realmente, hacía
tanto tiempo que no me fijaba en una mujer que era un poco extraño que ahora
encontrara a alguna hermosa y que incluso me inspirara deseo, aunque no iba a
hacerme ideas que no eran, ella simplemente sintió pena de verme ciego y por
ello regresó para ayudarme, aunque no le agradaba del todo, me lo dejó claro
cuando me amenazó con el tenedor, en aquel momento tuve ganas de reír, pero
no podía herir sus sentimientos, así que queriendo hacer que se sintiera mejor
decidí darle la daga, la había conservado durante dos siglos, fue un pequeño
gusto que me di cuando la encontré en una tienda durante un viaje que realicé
con Alexy y Tarek a Irlanda. Ahora Emily la tenía y eso me agradaba, si la hacía
sentir más segura, entonces yo estaba bien con ello. El tiempo voló y solo
despegué mis ojos de la pantalla cuando Tarek me avisó que era hora de irnos,
con un poco de renuencia, pero satisfecho con lo que aprendí, lo devolví a su
dueño.
Estábamos listos en nuestras motocicletas cuando Alexy salió y se acomodó
en la suya.
—¿A dónde iremos esta noche? —preguntó Tarek.
—En cualquier dirección que vayamos igual nos toparemos con una
cantidad de sanguijuelas, da lo mismo —respondió Alexy—. Comienzo a
preocuparme con esta situación, hablé con McKenna y tampoco está seguro de
lo que está atrayendo a una legión de demonios a la ciudad. Esta noche se unirá a
nosotros en la cacería.
—A mí lo único que me interesa es encontrar a Razvan y cortar su maldita
cabeza, no convertirme en el puto héroe de la humanidad —gruñí.
—De acuerdo con él —dijo Tarek—. Cuando quiera salvar la mierda del
mundo usaré un traje de un color ridículo y con la ropa interior encima.
—Ese no es nuestro trabajo, lo comprendo, pero por ahora es lo que
tenemos que hacer. Los demonios se están multiplicando como ratas en la
basura, cada vez están más cerca y nosotros tenemos mujeres que proteger —
comentó Alexy.
—Creo que es hora de que Cam se una a nosotros —dije sabiendo que no
era algo que mi hermano quisiera aceptar—. Nosotros tres no daremos a basto
con esto —añadí. Tarek me lanzó una mirada de reconocimiento y luego asintió.
—Eso es cierto, con un poco de entrenamiento lo hará bien —apostilló.
Alexy dejó salir un suspiro y luego se dio por vencido, dejar que su hijo saliera y
enfrentara la oscuridad con la que nos encontrábamos a diario le costaba un
infierno, pero hasta él comprendía que se nos estaban acabando las opciones.
—Hablaré con él cuando regrese, creo que otra de las chicas puede ayudar a
Corine y Steven en la barra.
—Cam estará más que feliz de aceptarlo, créeme no le estarás dando una
misión, sino la oportunidad que tanto desea para demostrar que es tan bueno
como cualquiera cortando cabezas de sanguijuelas —afirmó Tarek. Escuché
atento sus palabras, recordando el altercado de Cam con Alexy cuando se dio
cuenta de que le había ocultado lo de Raven, yo también pensaba que iba a estar
más que feliz de poder probarse a sí mismo.
Escuchamos el potente rugido de un motor y una enorme motocicleta ninja
de color negro brillante se detuvo en la entrada del callejón, los tres nos
quedamos con la vista fija en esa dirección cuando el conductor se sacó el casco,
McKenna sacudió la cabeza con una sonrisa, su cabello siempre pulcramente
peinado ahora estaba desordenado, vestía todo de negro, con jeans, suéter de
manga larga y cuello alto, y botas de combate.
—Amigo, ¿no vendían motocicletas para hombres allá donde compraste
eso? —se burló Tarek haciendo rugir el motor de su Harley.
—Púdrete Vikingo, no es mi culpa que tu miseria solo te alcance para ese
trasto que traes.
—¿Pueden dejar el concurso de quien tiene el pene más grande? —Los
reprendió Alexy—. Tenemos trabajo. —El gesto de McKenna se tornó serio.
—Sigo buscando el motivo que los está trayendo, pero comienzo a pensar
que no tiene nada que ver con Razvan, y sí con algo más poderoso.
—Parece que la mierda llueve de todos lados —dije poniendo mi motor en
marcha. Salí de allí y vi que los demás tomaron diferentes direcciones.
Una nueva tormenta amenazaba, odiaba esa época del año donde las lluvias
eran fuertes y constantes. Apenas había llegado a unos kilómetros del bar cuando
me encontré el primer problema, había un grupo de cuatro demonios, aunque a
diferencia de otras veces en que se unían estos se peleaban por una víctima como
perros, el humano era llevado de un lado a otro como si se tratase de un trapo.
Detuve la motocicleta y me bajé, saqué mi camiseta y la lancé sin fijarme donde
caía, ya la encontraría luego. Rugí alertándolos de mi presencia y en cuanto me
vieron soltaron su presa que cayó inerte al pavimento con un golpe sordo.
Comenzaron a rodearme y solté un bufido, los demonios podían subestimarnos
mucho, cuando formaron una especie de círculo a mi alrededor abrí mis alas y
me levanté por encima de ellos, me puse a la espalda del que estaba más
próximo y lo tomé por el cuello clavándole las garras en la garganta, sin soltarlo
esquivé a uno que me atacó por la izquierda, el demonio trataba de zafarse de mi
agarre, apreté más fuerte hasta que sentí la piel ceder y su cabeza se desprendió
de su cuerpo, lancé el tronco sobre los demás quienes lo esquivaron y atacaron
los tres juntos, debía reconocer que me gustaba matar demonios, los odiaba casi
tanto como a Razvan, me hubiese encantado limpiar el mundo de ellos, aunque
sabía que era algo imposible. Erradicar el mal del mundo era el equivalente a
aniquilar también el bien, pues se suponía que debía existir un equilibrio, me
incliné cuando una de las garras vino en mi dirección y clavé las mías en su
espalda, el fuerte rugido se confundió con el trueno que sonó justo en ese
instante, otro más se aproximó y lo pateé con fuerza lanzándolo contra la pared
que se resquebrajó, se recuperó con rapidez y regresó al ataque, salté por encima
de él propinándole una patada en la espalda que lo hizo caer de bruces, me giré
veloz apoyando mi rodilla en él y clavando las garras justo en su cuello, me
quedé agazapado preparándome para enfrentar a los dos que me quedaban, se
puso uno a cada lado a una distancia considerable. Los estudié por el rabillo del
ojo sin moverme, cuando se acercaron corriendo me puse de pie, con un gruñido
tomé sus cabezas estrellando una contra la otra con tanta fuerza, que quedaron
aplastadas casi fundiéndose, terminé el trabajo decapitándolos. Estaba a punto de
regresar a mi motocicleta, cuando sentí un gran peso caer sobre mí
derribándome, no lo había visto venir y me tomó desprevenido, lo que le dio
ventaja, mi cara quedó contra el pavimento, pero me sacudí con rapidez al nuevo
agresor, cuando le vi la cara mi boca cayó abierta, él no era un demonio y esa fue
la razón que viniera desde arriba, plegó sus alas y caminó en un círculo que
imité.
—¿Te sorprende verme? —preguntó una voz que no había escuchado en
siglos.
—Pensé que estabas muerto —reconocí.
—Eso era lo que tú hubieses querido, es una verdadera lástima que no se te
hiciera realidad el sueño.
—¿Qué estás haciendo aquí? —interrogué sin dejar de moverme. Sus ojos
brillaron con odio.
—Cobrar viejas deudas, llevo mucho tiempo esperando este momento.
—No te debo nada —dije furioso.
—Claro que me debes, me lo debes todo —afirmó rotundo.
Apenas terminó de hablar se lanzó sobre mí, me elevé en el aire y él hizo lo
mismo, nuestros cuerpos se estrellaron causando un gran ruido, me empujó con
fuerza arrojándome sobre una azotea, me levanté apenas un segundo antes de
que sus garras se clavaran en el sitio exacto donde estaba mi cabeza, lo sostuve
de una de sus alas alzándolo, y tirándolo contra una pared que se derrumbó como
si estuviese hecha de cartón, con un rugido se levantó de los escombros y cargó
contra mí. En ese momento el cielo se abrió y la lluvia se desató con fuerza,
rodamos por el suelo, había peleado con él antes y sabía que era un contrincante
fuerte, aunque conocía bien sus debilidades, así que hice un movimiento rápido
poniéndolo de espaldas, sostuve sus manos con una de las mías y lo levanté para
dejarlo de rodillas, incliné su cabeza hacia atrás y estaba a punto de cortarla
cuando miré sus ojos, un montón de recuerdos llegaron a mi mente, cuando
reíamos juntos, nuestras batallas, ese momento de duda por mi parte le dio una
ventaja, y logró librarse del agarre y se volteó, sus garras se incrustaron
profundamente en mi vientre abriendo un tajo de lado a lado.
—Siempre fuiste demasiado blando y esa es tu debilidad —afirmó
esbozando una sonrisa.
—Y tú demasiado confiado y arrogante, esa es la tuya —sentencié, y clavé
una de mis garras en su pecho. Siseó apartándose.
—Hoy no acabaré contigo, solo quiero que sepas que estoy respirando en tu
cuello, y en la primera oportunidad cortaré tu cabeza y me alimentaré de tus
entrañas —aseguró. Dicho esto, alzó el vuelo, hice el intento de perseguirlo, pero
el dolor agudo de la herida que me causó me lo impidió, caí de rodillas
llevándome el brazo a la cintura. Un charco de sangre comenzaba a formarse a
mí alrededor, apoyándome en las palmas de mis manos me puse de pie y abrí las
alas para bajar de la azotea, una vez en el suelo regresé a mi apariencia humana,
suspiré tratando de mitigar el dolor, y caminé despacio hasta llegar a mi
motocicleta. Consideré llamar a alguno de mis hermanos para que me ayudara,
aunque luego pensé que debían estar ocupados, además no era la primera vez
que acababa herido en una batalla.
Cuando por fin llegué al bar me sentí aliviado, abrí la puerta y caminé
apoyándome en la pared, sabía que estaba dejando un rastro de sangre bastante
feo, pero no tenía tiempo de pensar en ello en ese momento, solo quería
acostarme, estaba a punto de dirigirme a mi habitación cuando recordé que
Emily la ocupaba, cambié el rumbo y fui hacia la bodega, una vez dentro me
dejé caer al piso. Recordé el encuentro de esa noche, habían pasado siglos desde
la última vez que vi al hombre con quien me había enfrentado, llegué a pensar
que estaba muerto. Ahora no solo vivía, sino que me profesaba un gran odio.
Cerré los ojos tratando de calmar el dolor punzante, poco a poco el sueño me fue
reclamando, hasta que sentí mis músculos relajarse.
8
EMILY
D esperté sobresaltada, las pesadillas se hicieron presentes esa noche,
pasé la mano por mi frente perlada de sudor, aparté las sábanas y fui
al baño para lavarme la cara, sentí la garganta seca, tenía mucha sed, pero no me
apetecía beber agua del grifo, aunque esa era mi única opción a menos que
quisiera arriesgarme a ir a la cocina, la cual ni siquiera sabía dónde quedaba.
Miré la puerta del baño y la de la habitación, maldije y decidí que no iba a ser
más cobarde, busqué debajo de la almohada y saqué la daga, una cosa era ser
valiente y otra ir desarmada, la empuñe con fuerza y salí decidida. El pasillo se
encontraba iluminado como siempre, en ese lugar era imposible saber en qué
hora del día te encontrabas, algo llamó mi atención y me acerqué despacio con el
corazón acelerado, en el piso había un rastro de sangre, quien fuera que estuviese
herido parecía que iba a desangrarse, pensé en regresar a la habitación, pero me
obligué a proseguir, no podía ignorar aquello. Seguí el camino que se marcaba
tanto en el piso como en la pared donde en algunos trayectos se dibujaba
claramente la palma de una mano de color carmesí. Llegué hasta una puerta que
se encontraba medio abierta, adentro estaba oscuro y tenía un fuerte olor a
humedad, la empujé temerosa, la luz del pasillo me permitió ver una figura que
descansaba de espaldas en el piso, me apresuré hasta donde estaba y me incliné
quedando de rodillas a su lado, era Marcus, estaba a punto de tocarlo para saber
si respiraba cuando con una agilidad sorprendente para alguien que se
encontraba gravemente herido se irguió gruñéndome, caí sobre mi trasero al
tiempo que sus ojos rojos se enfocaban en mí, de repente el brillo escarlata
desapreció, asustada levanté la daga dispuesta a defenderme, él me observó un
momento y luego alargó la mano hasta tomar la mía y con fuerza pero sin
causarme dolor la abrió haciéndome soltar el arma, entonces la volteó de modo
que el filo quedara hacia abajo, la volvió a poner en mi mano, y se recostó de
nuevo. Me quedé anonadada cuando comprendí que no pretendía hacerme daño,
solo me estaba enseñando como empuñarla de forma correcta, pensándolo bien
él nunca había intentado lastimarme, si hubiese querido matarme habría podido
hacerlo la noche que me encontró, en cambio me llevó a su casa, con su familia
y me cedió su habitación. En ese momento él estaba herido y tirado en el piso de
una húmeda y fría bodega, por lo que volviendo a ponerme de rodillas me
acerqué y puse la palma en su frente queriendo saber si tenía fiebre, esta se
encontraba fresca, sentí su aliento en mi mano, y un cosquilleo me recorrió el
brazo completo, no podía dejarlo ahí, aunque era demasiado pesado para que
pudiera levantarlo sola, tal vez debería buscar ayuda, pero no sabía si tenía
tiempo. Me levanté y lo sujeté de la mano haciendo fuerza para que se pusiera de
pie, era como querer mover un edificio de un lado a otro, ser muda era algo con
lo que había vivido toda mi vida y aprendí a no sentirme frustrada por ello, sin
embargo, en ese momento deseaba más que nada en el mundo poder hablar, así
le pediría que se levantara, por fin pareció comprender mis intenciones y no con
poco esfuerzo, apoyándose primero en el codo y después en las rodillas logró
ponerse de pie, me agaché para recuperar mi daga, pasé su brazo por encima de
mis hombros y recé para que no fuera a desmayarse porque si caía sobre mí,
terminaría aplastándome. El regreso a la habitación fue tortuoso, pero me sentí
feliz cuando por fin logré que se recostara en la cama, terminé sudando y
respirando agitadamente. Corrí al baño y busqué toallas y gasas, tenía bastantes
pues las heridas debían ser algo común en él, cuando regresé a la cama y
comencé a limpiarlo me di cuenta que era una lesión bastante considerable,
tendría que llevarlo a un hospital. Busqué el cuaderno y escribí, luego lo sacudí
para que abriera los ojos.
—Tenemos que llevarte a un hospital —leyó lo que estaba escrito, y negó
cerrando los ojos una vez más. Maldito hombre testarudo, pensé.
No perdí más tiempo, lo limpié con mucho cuidado, nunca había visto tanta
sangre en mi vida, era bueno que no fuera débil sino lo más probable es que me
hubiera desmayado, mientras limpiaba me fijé en sus cicatrices, que ahora sabía
no eran solo en su cara y cuello, sino que se extendían por gran parte de su
costado izquierdo, estaba segura que se trataban de quemaduras, era obvio que
estuvo en algún incendio. Vendé la herida lo mejor que pude, y para ser la
primera vez que lo hacía no se veía tan mal, las sábanas estaban manchadas de
sangre, pero con eso no podía hacer nada, no tenía fuerza para intentar moverlo
de nuevo, busqué en su closet y traje una sábana limpia para cubrirlo. La daga
descansaba sobre la mesita de noche, y la tomé pensando que era mejor
guardarla en otro lado, esta se estaba convirtiendo en una extensión de mí
misma, antes me acerqué a su rostro para saber si estaba respirando bien, cuando
de pronto fui apartada con violencia, me vi contra la pared y unos ojos azules me
taladraban, si quisiera desmayarme ese era un bueno momento. El hombre apretó
mi mano con fuerza haciendo que soltara el objeto, santo cielo él va a matarme,
fue la idea que cruzó mi cabeza, como en cámara lenta vi a Marcus ponerse
detrás del rubio, lo agarró por el cuello y lo lanzó lejos de mí, sus ojos habían
retomado el color rojo. No pude saber lo que decía, pues me estaba dando la
espalda, el rubio me miró con un gesto de disculpa.
—Lo lamento —dijo antes de irse. Marcus se giró enfocando su mirada
avellana en la mía, sorprendiéndome de la rapidez con la que podía cambiar.
—¿Estás bien? —Solo dos veces me había hablado y en ambas me hizo la
misma pregunta. Asentí y él haciendo una mueca de dolor se inclinó tomando mi
nueva mejor amiga del piso y entregándomela.
—Gracias —dije poniendo la mano en mi barbilla. Inclinó su cabeza
estudiándome y sorprendiéndome de nuevo hizo un gesto con sus manos.
—De nada —respondió. Abrí grandes los ojos, estaba a punto de
preguntarle cómo era que sabía lenguaje de señas cuando recordé que estaba
herido, le señalé la cama pidiéndole que regresara y obedeció de inmediato.
Entonces me fijé en la cama sucia, así que corrí por delante de él y aparté
las sábanas manchadas, luego me apresuré al closet y busqué algunas limpias,
cuando estuvo todo listo esperé a que se acostara, me di cuenta que me miraba
estupefacto, por un instante no comprendí su actitud, pero cuando miró la cama
lo supe instintivamente, no estaba acostumbrado a que hicieran algo por él,
ignoré aquello y me hice a un lado, cuando se recostó traje una silla y me senté
cerca, así podía vigilarlo, una de sus manos se deslizó fuera para tomar la mía, la
misma sensación eléctrica que me recorrió en la bodega cuando lo toqué
apareció, pero no me aparté, me quedé allí sosteniéndolo hasta que me dormí
con la cabeza apoyada en el borde.
Desperté sobresaltada y fue entonces que me di cuenta que no estaba en la
silla, en cambio me encontraba en la cama cómodamente, busqué a Marcus
alarmada, él se hallaba sentado en el sofá mirándome, igual que la primera noche
que llegué, aparté la sábana y me levanté corriendo preocupada por sus heridas,
cuando llegué a su lado me quedé sin saber qué hacer, se había bañado y estaba
vestido con unos jeans limpios y una camiseta gris que le quedaba ajustada,
marcando perfectamente sus músculos, para revisarlo tendría que levantarla,
dudé un momento, entonces hice un gesto con la mano esperando que
entendiera. Lentamente llevó su mano al borde de la camiseta y la levantó,
enseñándome el lugar donde debía estar la herida, que había desaparecido por
completo. Todo rastro de cautela me abandonó, aparté su mano y tomé la tela
con las mías subiéndola casi hasta cubrir su cara con ella y revelando su pecho,
palpé e inspeccioné todo su torso, él permaneció inmóvil durante mi escrutinio,
cuanto estuve segura de que no encontraría nada me alejé. Seguramente seguía
dormida y estaba soñando, eso tenía que ser, nadie se curaba de esa forma en
apenas unas horas, lo miré con el ceño fruncido.
—No soy humano —explicó ante mi obvia confusión, la realidad me cayó
como un balde de agua fría, sabía que no era humano, de hecho, lo había visto
con mis propios ojos, con todo no era algo en lo que hubiese pensado, sin contar
con el hecho de que no era fácil de asimilar que en la vida real existieran
criaturas que solo habitan en tu imaginación.
¿Qué era? La pregunta vino a mi mente, pero no me atreví a formularla,
temiendo demasiado la respuesta, era más fácil si no pensaba en ello. Él bajó la
cabeza, escondiéndose de nuevo, sin ningún gesto en su rostro, sus ojos
adoptando una mirada fría, cuando lo veía me recordaba un poco a esos animales
heridos que querías ayudarlos e intentaban morderte porque estaban demasiado
asustados y desconfiados. Cambié mi peso de un pie al otro y paseé la mirada
una vez más por las paredes, en cada ocasión que lo hacía me maravillaba el
trabajo de los dibujos. Pareció que después de una larga lucha interna decidió
mirarme directamente, santo cielo, esos ojos eran los más hermosos que alguna
vez había visto, sentía como si me atrapara en ellos, me quedé mirándolo
embobaba con la boca abierta, entonces frunció el ceño y giró de nuevo
ocultándome su cara. Quise darme cabezazos contra la pared, cuando comprendí
que él pensaba que estaba mirando su cicatriz, seguramente mi abuela tenía
razón y era estúpida. Sin saber que más hacer miré a todos lados, entonces una
idea cruzó por mi mente, tomé el cuaderno de dibujo y caminé hasta estar frente
a él, que seguía sin querer mirarme, escribí con rapidez y le enseñé el cuaderno,
realmente casi lo metí por sus ojos para que lo viera.
—¿Son tus dibujos? —puse y señalé las paredes llenas de ellos. Los miró y
luego asintió—. Por lo tanto, ¿este es tu cuaderno? —Escribí, y de nuevo asintió
—. Son hermosos, eres un artista fantástico, nunca había visto nada parecido —
declaré por escrito.
Apartó la mirada luciendo avergonzado, como si no se tomara bien los
cumplidos, ¿acaso nadie le había dicho el maravilloso trabajo que hacía? Lo
observé perdiéndome en sus ojos, y preguntándome si las personas que
convivían con él alguna vez se habían percatado del dolor y la soledad que se
escondían detrás de aquella mirada aparentemente fría.
De pronto pareció que el tema de conversación se había terminado, pero
lejos de sentirme molesta quise reír, al percatarse de mi sonrisa frunció el ceño
de forma interrogante. Así que tomé el cuaderno y escribí lo que pensaba.
—Es una suerte que no me comunique con la voz, porque parece que tú
hablas incluso menos que yo, sería un poco frustrante querer tener una
conversación contigo.
Mi broma no le hizo gracia, su expresión se mantuvo impasible, ¿alguna
vez reiría? La respuesta vino tan pronto como la pregunta se formó en mi
cabeza, definitivamente él no sonreía.
—Tienes hambre —dijo de pronto sorprendiéndome, en ese momento me di
cuenta, que de hecho tenía hambre, aunque no supe exactamente como lo
descubrió, mi confusión debió reflejarse en mi rostro porque respondió a la
pregunta no formulada—. Tu estómago, suena como un gato moribundo —me
explicó. Inmediatamente me avergoncé, pues ni siquiera podía escuchar el ruido
que hacía mi estómago, ¿qué tan jodido era aquello?— ¿Quieres ir a la cocina?
—indagó.
Solo de pensarlo me invadió el terror, miré hacia la puerta y supe que no
había posibilidades de que la cruzara, no comprendía por qué sentía tanto miedo
de abandonar esa habitación, a lo mejor se debía a que pasé cinco años de mi
vida encerrada, me costaba mucho adaptarme a la idea de que podía ir libre por
el mundo. Comencé a negar mientras retrocedía, lo vi hacer un gesto de pesar,
luego se levantó y desapareció de mi vista, dejé salir un suspiro y fui a sentarme
en la cama con la espalda apoyada en el cabecero abrazando mis rodillas. ¿Qué
iba a hacer con mi vida? En algún momento tendría que salir, ese era el espacio
de Marcus, no podía apoderarme de ella eternamente, pero mis ideas no siempre
coordinaban, sabía que tenía que irme, sin embargo, no lograba convencer a mi
mente de ello.
Comenzaba a aburrirme de estar siempre ahí sin nada que hacer, no había
televisión ni ningún aparato electrónico, era extraño, la forma de vida de Marcus
era bastante austera, me sorprendió mucho cuando lo vi regresar trayendo una
bandeja con comida, él no se había ido molesto porque no quise acompañarlo,
simplemente fue a traerme algo de comer. Muy a mi pesar me di cuenta que no
era el monstruo que pensé al principio, si bien no era humano tampoco era
alguna criatura despiadada, de hecho, era más compasivo de lo que aparentaba.
Depositó la bandeja sobre la mesita de noche, y cuando comenzaba a girarse
seguramente para marcharse lo tomé de la mano impidiéndole hacerlo, palmeé el
borde de la cama para que se sentara, luego de un debate interno que pareció
hacerse eterno se sentó lo más lejos posible de mí. Puse la bandeja en mis
piernas y comencé a comer, cuando terminé la devolví a su lugar, él hizo el
intento de ponerse de pie y negué, fue ahí que decidí comprobar si de verdad
sabía lenguaje de señas. Levanté las manos y gesticulé.
—¿Entiendes lo que digo cuando hago esto? —pregunté bajo su atenta
mirada. Asintió—. ¿Cómo aprendiste el lenguaje de señas?
—Lo hice ayer, en el ordenador de Cam —contestó. Vaya, mi asombro
aumentaba a cada momento.
—¿Estás diciendo que lo aprendiste en un día? —interrogué perpleja, a mí
me había llevado años aprenderlo.
—No soy experto así que tardé un poco —declaró con pesar. ¡Santo cielo,
si lo hizo en un día!
—Eso es asombroso —dije, sintiendo de verdad que lo era—. Yo tardé
algunos años.
—¿Años? —Su frente se arrugó y quise pasar mis dedos por ella, no sabía
qué estaba mal conmigo, pero a cada momento que pasaba él me resultaba más
atractivo.
—Así es, a diferencia tuya soy humana, ya sabes tenemos limitaciones —
comenté queriendo bromear, de nuevo no rio, solo se limitó a mirarme.
—¿Por qué estabas en el manicomio? —inquirió de pronto,
sorprendiéndome el cambio de tema. Suspiré pensando si debía contarle toda la
historia, pero comprendí que no tenía sentido ocultarlo, él lo comprendería mejor
que nadie. Así que lo hice, le conté todo de mí.
—Nací siendo sorda, mis padres eran maravillosos y me amaban, se
convirtieron en mi apoyo en un mundo que no comprende mucho a las personas
que tienen mis limitaciones —comencé. Lo vi mirar el movimiento de mis
manos totalmente concentrado, y supe que estaba comprendiendo cada cosa que
le decía—. Cuando tenía quince años fuimos un fin de semana a la casa de
verano, me encantaba estar ahí, éramos solo nosotros, lejos de las personas que
me veían y me trataban como tonta, allí era completamente libre de ser yo
misma. Una noche me desperté sobresaltada, sin comprender qué me sacó de mi
sueño, no podía escuchar así que sabía que no fue ningún ruido, salí de mi
habitación y bajé las escaleras, todo estaba a oscuras —seguí contándole. Me
detuve un momento para saber si me estaba siguiendo, y su mirada se desvió de
mis manos a mis ojos con preocupación. Lo hacía, por alguna maravillosa razón
estaba absorbiendo toda la información que le estaba proporcionando, durante
toda mi vida mis padres fueron los únicos con los que me comuniqué realmente,
en la escuela mis maestros me catalogaban como una niña retraída, y mi abuela,
quien era mi familiar más cercano siempre me tachaba de fenómeno, incluso
llegó a proponerles que me internaran en algún lugar. Para ella alguien como yo
no era apto para salir al mundo. Proseguí con mi relato, reviviendo la noche en la
que toda mi vida cambió por completo—. La única luz era la que se derramaba
por las ventanas, proyectada por la luna llena, creando figuras fantasmagóricas
que hicieron que me dieran escalofríos, si alguien me lo preguntara diría que
aquella fue una noche propicia para que el demonio recorriera la tierra en busca
de víctimas —dije recordando la sensación que tuve en ese momento de que algo
maligno se hallaba cerca—. Cuando llegué a la sala, la misma luz de la luna me
permitió ver claramente dos figuras, por un momento estuve confusa y pensé que
se trataba de ladrones que ingresaron mientras dormíamos, entonces uno de ellos
se giró en mi dirección, sus ojos eran de un profundo color escarlata, además
tenía unos cuernos aterradores, quise correr pero mis pies se quedaron
congelados en el lugar, tampoco podía gritar pues no tenía voz, él me lanzó una
sonrisa malvada y luego ambos huyeron a una velocidad que aún hoy no
comprendo, cuando salí de mi estupor me di cuenta que dos formas yacían en el
piso, a pesar de estar muy asustada encendí las luces y me encontré con mis
padres, corrí a su lado para ver si estaban bien, los dos permanecían inmóviles,
con los ojos abiertos vacíos de vida, no sé por qué no me asesinaron a mí
también si me vieron ahí —comenté, pensando en la duda que tuve siempre.
—Estaban saciados —dijo Marcus simplemente.
—¿A qué te refieres con saciados? —cuestioné. Me estudió un momento y
luego gesticuló rápidamente con las manos.
—Quienes asesinaron a tus padres eran demonios, ellos se alimentan de los
sentimientos negativos de las personas, como el odio, la venganza, la envidia
entre otros, pero también se alimentan de almas, aunque nunca absorben más de
un alma a la vez.
—¿Demonios? —le interrogué. Él asintió con un gesto de pesar—. ¿Tú
también eres un demonio? —pregunté recordando sus ojos y sus cuernos.
—De cierta forma lo soy, aunque también soy algo más, en realidad somos
una raza conocida como Demonials, seres mitad ángel y mitad demonio, por ello
tenemos algunas características comunes, aunque nosotros poseemos alas que es
nuestra parte angelical.
—¿Cómo es que te convertiste en un Demonials? —Me sentía muy
intrigada por lo que me estaba contando.
—No me convertí, nací siendo lo que soy, mis padres eran iguales a mí, a su
vez sus padres lo fueron.
—¿Quieres decir que siempre hemos vivido engañados pensando que los
humanos somos los únicos en el mundo? —Movió la cabeza en aceptación—.
¿Entonces los demonios nacen siendo demonios?
—En algunos casos es así, en otros son como nosotros, pero deciden
renunciar a su parte angelical y entregarse por completo al mal.
—¿Me estás diciendo que si tú quisieras podrías convertirte en un demonio
totalmente? —le interrogué extrañada.
—Podría, pero es algo en lo que nunca pensaría, odio demasiado a los
demonios como para querer ser como ellos. —Por lo que decía sabía que había
algo detrás de aquel odio.
—¿Ellos te hicieron algo? —Apartó la mirada y la enfocó en la pared,
cuando vi que tardaba un tiempo miré en la misma dirección y vi que observaba
atentamente la imagen de las chicas que antes pensé que eran sus hermanas.
Cuando volvió a mirarme sus ojos normalmente fríos estaban llenos de dolor.
—Ellos asesinaron a mi familia —me respondió.
—¿Ellas eran tus hermanas? —pregunté señalando la imagen, hizo un gesto
negativo.
—La más joven era Darline, mi hermana pequeña, la otra era mi madre —
me explicó. Miré la foto confusa, era cierto que una se veía algo mayor que la
otra, aunque no lo suficiente para ser su madre, no parecía tener más de
veinticinco, unos siete u ocho más que su hija, ¿y si la más joven era la hermana
pequeña de Marcus?… Dejé el pensamiento en el aire.
—Tu madre se veía algo joven —comenté—. ¿Qué edad tenías cuando
murió? —Hizo una mueca que me resultó algo graciosa en un tipo normalmente
rudo.
—Muchos en realidad —contestó. Su respuesta vaga aumentó mi
curiosidad.
—¿Cuántos son muchos? —Se pasó la mano por el cuello renuente a
responderme, cuando lo hizo pensé que había comprendido mal.
—Tenía ciento quince —dijo. Fruncí el ceño, seguramente confundía los
signos para los números, por eso quise acláralo.
—El símbolo de quince es este —comenté y se lo mostré despacio.
—Lo sé, pero dije ciento quince no quince. —Abrí mucho los ojos, no
podía ser que tuviera más de cien años, ¡santo cielo! Ahora no solo no era
humano, sino que además había vivido cinco veces más que yo.
—¿Tienes ciento quince años? —pregunté queriendo estar segura, cuando
lo vi negar me relajé, seguramente no le estaba comprendiendo bien.
—Tenía ciento quince cuando murieron mi madre y mi hermana, ahora
tengo unos cuantos más.
—No pareces tan viejo en realidad —exclamé. Estaba a punto de indagar
más sobre su edad, cuando me interrumpió.
—No respondiste a mi pregunta de por qué estabas en el manicomio —dijo
alejando la atención de él. Lo dejé pasar y no insistí en preguntarle nada más,
había conseguido bastante información en un rato, la más importante era saber
que hasta cierto punto sin importar quien fuera humano y quien no ambos
éramos iguales, ambos estábamos igual de rotos y dolidos por nuestras pérdidas.
—Cuando les dije a las autoridades que vi a aquellas criaturas y afirmé que
ellos asesinaron a mis padres nadie me creyó, no tenían signos de tortura, aunque
fuera un misterio la forma en que murieron, definitivamente la idea de que
algunos seres monstruosos los hubiesen asesinado no era considerable. Mi
abuela dijo que estaba mal de la cabeza, de todos modos, nunca fui normal, así
que decidió internarme allí, estuve en ese lugar los últimos cinco años o eso me
dijeron, realmente no lo sé, no tenía mucha noción del tiempo estando ahí, hasta
que decidí escapar la otra noche, el resto ya lo sabes.
Parecía que iba a decir algo más cuando se detuvo, un momento después
dirigió su mirada a la puerta y esta se abrió, Alana y Ángela aparecieron y
ninguna ocultó la sorpresa que les causó vernos juntos. Marcus se puso de pie
como un resorte y abandonó la habitación sin mirarlas. Alana me dio una sonrisa
y corrió a sentarse a mi lado, a partir de allí comenzó su interrogatorio, quería
saber cómo era que había logrado que Marcus hablara conmigo, Ángela por su
parte solo se quedó allí simplemente atenta a la curiosidad de su amiga.
9
MARCUS
U na sensación que no sabía cómo describir se apoderó de mí, no
podía creer que hubiese hablado con ella tanto tiempo, ni siquiera
con mi familia cruzaba más de una o dos palabras, ellos me conocían lo
suficiente para no darle importancia, pero con Emily era diferente, quería
atribuirlo al hecho de que con ella no tenía que hablar realmente, solo hacer
aquellos gestos con las manos, era fascinante verla comunicarse de esa manera, y
me preguntaba qué tan difícil tenía que ser vivir siempre en el silencio.
Cuando llegué al bar me encontré con Cam, como siempre que no estaba
trabajando tenía los ojos pegados a la pantalla de su ordenador. Steven, limpiaba
vasos y los acomodaba en los estantes. Escuché pasos a mi espalda y me giré
para ver aparecer a Tarek, enseguida la furia se apoderó de mí, me lancé a por él
aplastándolo contra la pared.
—Si vuelves a tocarla cortaré tus bolas y tu cabeza —le advertí. En lugar de
devolverme el ataque levantó los brazos.
—Hermano, ya te dije que lo siento, la vi sobre ti con la daga y actué por
reflejo, no fue mi intención asustar o lastimar a tu chica.
—Es su daga —respondí sin apaciguar ni un poco mi furia, habría matado a
mi hermano cuando lo vi sobre Emily, de hecho, estuve a punto de hacerlo.
—¿Se la diste? —preguntó Cam observándome con sorpresa—. Amigo,
¿una chica te sonríe y ya le regalas tu objeto más preciado?
—Ella no me sonrió —aclaré apretando los dientes, y apartando mis manos
de Tarek quien acomodó su camiseta y se sentó frente a Cam, como si no
hubiese pasado nada.
—Peor aún, si ni siquiera te ha sonreído no debes darle esas pruebas de tu
afecto. Creo que tengo que enseñarte cómo se conquista a una chica —comentó
socarrón. No había ninguna posibilidad de que le permitiera enseñarme ninguna
cosa en la vida, pensé.
—Y si sabes cómo conquistar chicas, ¿cómo es que no tienes una
compañera? —le interrogó Tarek en tono burlón, Cam hizo un sonoro bufido.
—Sencillo, porque ahora que tú y Alexy se convirtieron en un par de
cabrones a quienes sus mujeres manejan con el dedo pequeño, yo soy el único
disponible para consolar a todas las demás, mi cama siempre está ocupada, pero
por diferentes cuerpos. —Una lata de cerveza voló desde la barra estrellándose
directamente con su cabeza, cuando todos volteamos a mirar Steven estaba
taladrándolo con una mirada asesina.
—Eres un imbécil, deja de hablar de las mujeres como si fueran cosas —lo
reprendió, sus ojos parecían echar fuego. Estaba seguro de que de ser más
grande y fuerte lo habría golpeado.
—Oye, enano, cálmate, no es mi culpa que seas rarito —acusó Cam con
una sonrisa, ella lanzó otra lata que esta vez él esquivó.
—Tal vez yo sea rarito, pero esa es mi elección y puedo cambiarlo cuando
quiera, en cambio tú no tienes cerebro y eso no se te arregla ni volviendo a nacer
—declaró, arrojó el paño con el que estaba limpiando y se fue casi echando
humo, estuvo a punto de tropezar con Alexy quien apareció en ese momento,
miró la pequeña figura hecha una furia y enarcó una ceja, Cam se quedó mirando
de una forma que nunca le había visto mirar a otro hombre.
—¿Estás bien? —preguntó Alexy cuando estuvo a mi lado, asentí sin dar
muchas explicaciones, aunque debía conocer mejor a mis hermanos, él no se
conformaría solo con eso.
—¿Cuántos demonios te atacaron anoche? —pensé en el hijo de puta que
me había atacado, él era mi problema personal, así que no estaba dispuesto a
decirles nada.
—No me atacaron, solo encontré cuatro y acabé con ellos rápidamente. —
Me miró con un gesto de desconcierto.
—Por la cantidad de sangre que había por todo el pasillo cuando llegué
habría jurado que estabas herido —dijo. Maldición, odiaba que me interrogaran.
—No fueron demonios.
—Por todos los infiernos, Marcus, ¿puedes dejar de responder en
monosílabos? —pidió exasperado.
—Dije tres palabras —aclaré comenzado a cabrearme.
—Para mí suena lo mismo, estabas herido, sin embargo, no te atacó ningún
demonio, asumiré entonces que lo hizo un humano —comentó. Bufé ante la idea
de pensar siquiera que un humano pudiera causarme algún daño.
—Fue un puto Demonials. —Escuché el jadeo venir de alguna parte, pero
no me molesté en mirar de cual de mis hermanos era.
—¿Estás diciendo que además de las sanguijuelas, ahora también tenemos
que cuidarnos de los de nuestra raza?
—No, él iba directamente por mí, no tiene nada que ver con ustedes.
—¿Tienes un enemigo? —preguntó Tarek sorprendido.
—Ese no es su asunto, déjenlo ya, lo resolveré. —Tarek y Alexy
compartieron una mirada conocedora, luego este último se encogió de hombros y
cambió de tema, cosa que agradecí infinitamente.
—Hablé con McKenna —comentó sentándose en una silla, decidí
quedarme de pie, así que me crucé de brazos a la espera de lo que iba a decirnos
—. Al igual que yo está preocupado, anoche matamos a más demonios de lo que
alguna vez vimos, en la televisión solo hay noticias sobre la cantidad de muertes
extrañas que se están produciendo en la ciudad, incluso están avisando sobre un
toque de queda, pero todos sabemos que eso no será la solución, los demonios
irán a las casas y robarán las almas de los humanos igual.
—¿Seguimos sin saber qué está pasando? —pregunté comenzando a
inquietarme también, Alexy nos miró a uno por uno y luego dejó salir un sonoro
suspiro.
—Creo que tenemos la respuesta —dijo haciendo una pausa, el silencio se
extendió por demasiado tiempo para mi gusto, estaba a punto de decirle que
hablara de una maldita vez cuando su boca se abrió y dejó salir la mala noticia
—. Creemos que lo que los atrae es el libro que Tarek halló en la cripta cuando
asesinó a Grigore.
—Maldición, ese es un jodido problema grande —dije.
—Mierda y más mierda. Tenemos que destruir la maldita cosa —La voz de
Tarek contenía una nota de desesperación, sabía que estaba aterrado porque algo
malo le pasara a su esposa embarazada.
—No podemos, lo hemos intentando, ¿recuerdas cómo explotó la chimenea
de McKenna cuando lo pusimos ahí? La jodida cosa esa no se puede destruir. —
Era cierto lo que decía Alexy, habíamos intentado destruirlo varias veces, pero
era como si el libro tuviese vida propia.
—¿Qué vamos a hacer entonces? Si es eso lo que los atrae no dudo que
pronto el bar estará invadido de sanguijuelas —expresé, sabiendo que era justo
esa la preocupación de todos.
—Por ahora seguiremos cazándolos hasta que encontremos la forma de
deshacernos del libro. —Todos asentimos en acuerdo—. Esto me lleva al
siguiente punto —dijo girándose hacía Cam, quien estaba atento a todo lo que
decíamos sin intervenir en ningún momento—. Cameron —hizo una pausa y el
aludido lo miró expectante—, vamos a necesitar que salgas con nosotros,
necesitamos ayuda extra. —El gesto de felicidad que apareció en el rostro del
chico fue como si le hubiesen dicho que se ganó la lotería.
—Maldición, ¿en serio? No me estás tomando el pelo, ¿verdad? —Alexy
negó y Cam comenzó a aplaudir, siempre había querido hacer eso, aunque él no
tuviera deudas pendientes con Razvan, quería ayudarnos.
—Pediremos a Corine que se encargué de la barra con Steven.
—Demonios, esta es la mejor noticia que me puedes dar, por fin voy a dejar
de ser el maldito cantinero.
—No tan rápido amigo —advirtió Alexy—. Tendrás que entrenar y
comenzarás saliendo con alguno de nosotros.
—Mierda, no me importaría ir con mi abuela si con eso consigo no tener
que lidiar más con los putos borrachos y drogados que nos visitan cada noche.
—Entonces comenzaremos con el entrenamiento —dijo Alexy—. La
primera regla y la que nunca debes olvidar es, “Mantén sus garras lejos de tu
cabeza”.
—Regla captada, ¿ahora podemos pasar a la parte divertida? Será fácil
acabar con ellos una vez que logre ponerles mis garras encima —comentó Cam
poniéndose de pie. Comencé a negar, la arrogancia era el peor enemigo que
teníamos en una lucha y él definitivamente lo estaba siendo y mucho.
—Regla número dos —apuntó Alexy como si hubiese leído mis
pensamientos—, nunca subestimes a un contrincante, esa es la base para que
puedas mantener la regla uno.
—Y regla número tres, deja de ser idiota —se burló Tarek.
—Que te jodan —respondió Cam molesto.
A partir de ese momento comenzó el entrenamiento, íbamos a turnarnos así
aprendería la forma de luchar de cada uno de nosotros y tendría más armas con
las cuales defenderse.
10
EMILY
L a vi aferrar la lata de refresco con manos temblorosas, me hacía
sentir como si de cierta forma ella me siguiera teniendo miedo,
aunque no podía culparla, había visto lo peor de mí, aún me extraña que hubiese
regresado cuando tuvo la oportunidad de huir, eso me llevó a hacerle la pregunta
que rondaba en mi cabeza.
—¿Por qué regresaste? —Me miró confundida—. Cuando huiste, ¿por qué
regresaste? —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, haciendo que mi
corazón se agitara.
—Porque fingías muy bien, parecía que realmente estabas en problemas. —
Aquello me descolocó.
—No comprendo, ¿a qué te refieres con que fingía muy bien? —De nuevo
esa sonrisa que comenzaba a convertirse en mi cosa favorita en el mundo.
—Ya sabes, esa cosa del tipo ciego que necesita ayuda. —La realidad me
golpeó de pronto, regresó por compasión, se apiadó de mí a pesar de pensar que
era un monstruo.
—Yo no finjo —dije, y su cabeza se inclinó.
—Ahora soy yo la que no comprende, afuera parecía que estuvieras ciego.
—Lo estaba. —Su frente se arrugó, quise pasar los dedos por ella para
borrarla, comencé a estirar la mano y recordé su reacción de antes cuando la
toqué y apreté el puño.
—Explícame eso por favor, porque ahora mismo estoy segura de que
puedes ver perfectamente. —Me di cuenta que comenzaba a sentirse cómoda en
el bar, rodeada de todos nosotros, ya no parecía el conejito asustado del primer
día, era más abierta en sus preguntas.
—Es sencillo, no podemos ver con la luz del día.
—¿Por qué? —Me encogí de hombros.
—No lo sabemos, se dice que es una especie de maldición, lo único de lo
que estoy seguro es que nacemos así.
—¿Quieres decir que nunca has visto la luz del sol? —Negué y pude notar
un gesto apenado en su bonito rostro, movió la cabeza y sus rizos se agitaron, un
enorme deseo se apoderó de mí, quería pasar mis dedos por su cabello. Como un
acto reflejo estiró su mano tomando la mía, inmediatamente sentí la corriente
eléctrica, la suya se sentía cálida y suave, la sostuvo allí un momento y luego la
alejó, mis dedos hormigueaban y lamenté que el momento hubiese pasado tan
rápido—. Lo siento, ser diferente siempre es algo complicado. —Supe que se
refería a su discapacidad.
—Tú lo haces bastante bien —comenté. Al menos yo podía ver sin
problema durante las noches, ella en cambio no escuchaba nunca.
—He tenido veinte años para acostumbrarme —acotó luego de un
encogimiento de hombros. Veinte años eran tan pocos, pensé. Había vivido cinco
siglos y aún a veces me lamentaba de la condición que nos privaba de la vista a
la luz del día.
No dijimos más durante varios minutos, la vi jugar con el refresco y darle
vueltas sin intención de beberlo, luego su mirada comenzó a posarse en cada
rincón del bar, como si se estuviese empapando de cada detalle.
—Este es un lugar bastante particular —comentó de pronto—. Me gustaría
ver cómo es cuando hay gente. —Enseguida supe que eso no era algo que fuera a
permitir, no la quería cerca de los malditos borrachos y drogadictos que
frecuentaban el sitio.
—Esa no es una buena idea, no saldrás de tu habitación durante las noches
—declaré, sus ojos chispearon haciéndome saber que no tomaba bien las
órdenes.
—Pensé que no era una prisionera. —A pesar de que aquellas palabras no
salieron de su boca era muy fácil ver el reto que llevaban implícitas.
—No lo eres —aclaré.
—Bien, porque no soy buena siguiendo las órdenes de nadie, créeme ya
hice eso durante cinco años y no pienso repetirlo. —Eso ya lo sabía, ella era
como un libro abierto, su rostro reflejaba con facilidad todas sus emociones.
—Fue malo estar allí. —No lo dije como una pregunta, aún recordaba cómo
se portó igual a un animal asustado la primera vez que despertó en mi
habitación.
—Supongo que era malo, aunque la mayor parte del tiempo me encontraba
sedada así que me perdía muchas de las cosas que pasaban a mi alrededor, ni
siquiera tenía idea del tiempo que llevaba encerrada hasta que el psiquiatra que
me trataba me lo dijo.
—¿Por qué te sedaban? —pregunté sintiendo la ira comenzando a bullir en
mi interior, sabía que no era bueno cuando me permitía perder el control,
seguramente terminaría por ir al lugar y mataría a todos allí.
—Intenté escapar varias veces, así que me convertí en un problema para
ellos. —Hice una pausa dudando sobre la siguiente pregunta que quería hacerle.
—El hombre al que atacaste, ¿él te hizo daño? —Se tensó, y sus ojos
perdieron el brillo por completo, enseguida me arrepentí.
—Ojalá lo hubiese asesinado. —Había odio en su mirada, yo también lo
sentí, odiaba al hijo de puta que se atrevió a tocarla—. Entonces, ¿por qué no
puedo salir en las noches? —preguntó cambiando drásticamente de tema, lo dejé
pasar sabiendo que no iba a lograr que me dijera nada más, igual ya sabía lo
suficiente. Pensé en la mejor manera de explicarle por qué no debía abandonar
su habitación cuando el bar estuviera atestado de clientes, nunca me había
interesado lo que pasaba en el lugar o las prácticas de quienes lo frecuentaban,
pero en ese momento me preocupaba lo que ella pensara, aun así, decidí que era
mejor no mentirle al respecto.
—Las personas que vienen aquí no son buenas.
—¿Dejan entrar a personas malas a su bar? —inquirió arrugando la nariz,
cada gesto suyo me cautivaba de una forma que nada lo había hecho antes.
—Es un bar de moteros.
—¿Y? —Dejé salir un suspiro, iba a tener que ser más explícito.
—Me refiero a que las personas que vienen no tienen mucho control de su
comportamiento, se emborrachan, se drogan, tienen sexo y hay mujeres
desnudas bailando en la barra, mientras los hombres se pelean unos con otros
para llegar a ellas. —Abrió mucho los ojos, y volvió a recorrer todo con la
mirada.
—¿Por qué tienen mujeres desnudas? —Parecía que era lo único que se
quedó en su cabeza de todo lo que mencioné.
—Atraen más clientes. —Levantó las manos como si fuese a decir algo y se
detuvo, un segundo después continuó.
—¿Alana y Ángela están bien con sus maridos viendo mujeres desnudas?
—Desde que se unieron a sus esposas nunca había visto a mis hermanos si
quiera mirando a otra mujer por accidente, era como si las demás hubiesen
dejado de existir.
—Ellos no las miran —aseguré.
—¿Tú las miras? —Esta pregunta no debió sorprenderme, pero por alguna
razón lo hizo. No esperaba que ella se interesara en algo que tuviese que ver
conmigo, aunque me alegró que la respuesta que iba a darle fuera sencilla.
—Tampoco las miro, no me interesa ninguna de ellas.
Pasamos varias horas hablando, cuando estaba en su compañía perdía la
noción del tiempo, por ello me molestó cuando vi aparecer a Cam haciéndome
señas, mientras apuntaba un reloj imaginario en su mano, era hora de irse. Nunca
odié tanto a las putas sanguijuelas como aquella noche, desde que me dedicaba a
cazarlas, jamás había sentido tantos deseos de quedarme una noche en el bar en
lugar de salir con mis hermanos, miré a la hermosa chica con el cabello del color
del fuego, por primera vez en siglos tenía una razón para querer quedarme,
entonces una realidad me golpeó, yo no era un monstruo solo por mi naturaleza,
sino también por mi apariencia, cuando estaba a su lado era fácil olvidarme de
mi aspecto, pero su reacción de unas horas atrás cuando la toqué me dejó claro
que si bien era amable conmigo, no era nada más que eso, con aquello claro me
puse de pie y me alejé dejándola sola en la mesa sin siquiera despedirme.
Afuera mis hermanos ya estaban listos, Tarek se veía tranquilo, al contrario
de Alexy quien lucía un semblante preocupado, Cam por su parte parecía
eufórico, como si en lugar de cazar demonios fuera a su tienda de videojuegos
favorita, McKenna apareció igual que la noche anterior, y se vio sorprendido
cuando se dio cuenta que Cam nos acompañaría. Emprendimos la marcha, esta
sería una noche bastante larga. Nos dividimos, como llevábamos haciéndolo
durante varios días, Alexy decidió que Cameron iría con él pues así tendría un
ojo puesto sobre el chico, Tarek tomó su propio camino y por un rato McKenna
y yo seguimos la misma ruta.
—Así qué, ¿quién es la madre del hijo de Alexy? —preguntó de repente, lo
miré apretando los labios, comenzaba a parecerme sospechoso su interés en él.
—¿Cuál es tu asunto con Cameron? —interrogué en lugar de responder,
guardó silencio haciéndome pensar que no iba a contestar.
—No es nada malo, es solo que me recuerda a alguien.
—¿A quién? —demandé.
—Oye, ese no es tu problema.
—Lo es cuando estas intentando averiguar por la vida de alguien que
considero mi hermano, conozco a Cam desde niño y si tienes un interés
particular en él vas a decírmelo. —El escocés me miró de forma extraña—.
¿Qué? —cuestioné, detestaba que se quedaran mirándome como imbéciles.
—Amigo, en serio acabas de decir un discurso, parece que has estado
leyendo el diccionario últimamente y aumentaste tu vocabulario.
—Vete a la mierda —dije fulminándolo con la mirada—. No intentes
cambiar de tema.
—Ya te dije que me recuerda a alguien eso es todo, deja el puto drama. —
Aceleró perdiéndose en una de las transitadas calles, ya averiguaría qué pasaba
con el escocés y su repentino interés por Cameron, proseguí mi camino
esperando encontrarme con el personaje de la noche anterior, tenía una deuda
pendiente.
12
EMILY
L uego de que Marcus se fuera sin tan siquiera despedirse me quedé un
rato sentada en el mismo sitio, algo en su actitud me confundía, en
un momento parecía tranquilo estando conmigo y luego era como si no pudiera
correr lo suficientemente deprisa para huir de mí. De pronto un grupo de mujeres
apareció, conversaban entre ellas, algunas riendo y otras simplemente revisando
sus atuendos, pero todas con una característica particular, eran bastante altas y
muy hermosas, por un momento me sentí como si estuviese en un desfile de
modas y yo fuera la fea que está tras bastidores porque no merece ser vista. Skye
apareció caminando en mi dirección.
—Sí, ellas pueden ser abrumadoras —dijo cuando vio la dirección de mi
mirada—. Son casi como ver a los chicos, pero en sus versiones femeninas.
Levanté las manos y las volví a bajar cuando recordé que ella no iba a
entenderme, en cambio tomé el cuaderno y escribí la pregunta que deseaba
hacer.
—¿Cuándo dices que son como sus versiones femeninas te refieres a que
son como ellos?
—Así es —respondió luego de leer—. Tampoco son humanas. —Mis
hombros cayeron, ¿por qué Marcus no estaba con alguna de esas chicas
despampanantes? O a lo mejor sí lo estaba y no me había dado cuenta, pareció
que mi reacción fue muy obvia porque vi a Skye sonreír—. No te preocupes,
ellas son hermosas, a pesar de que la mayoría son frívolas, nunca he visto a
Marcus cerca de ninguna, a diferencia de Cam que parece que se ha acostado
con todas. —Me sentí mal por ella, era obvio que le dolía ver al hombre que
amaba con otras mujeres.
—Deberías intentar decirle la verdad.
—¿De qué serviría? Él no está interesado en mí de esa forma. —Recordé
unas horas atrás cuando luego del entrenamiento él fue directo hacia ella,
jugando como si fuera un chico más—. Creo que es hora de irte, estamos a punto
de abrir y en unos minutos estará lleno de borrachos.
—¿Tú vas a estar bien? —pregunté preocupada de que se quedara sola ahí.
—Estaré bien, llevo varios meses trabajando aquí, además todos piensan
que soy un chico, nadie se meterá conmigo, a eso súmale que una sola de esas
mujeres tiene la fuerza de diez hombres, cualquiera puede encargarse en caso de
que haya problemas —me comentó. Estaba a punto de marcharme cuando una
de las mujeres se acercó, caminaba con seguridad a pesar de llevar unos tacones
bastante altos, usaba un vestido de cuero negro sin mangas muy corto y su
cabello negro recogido en una coleta alta.
—¿Quién es la nueva? —preguntó mirándome con desdén.
—No molestes Corine, ni siquiera la mires si no quieres tener problemas
con Marcus —respondió Skye, la mujer habló de nuevo pero esta vez no pude
saber lo que decía porque giró su rostro en dirección a su interlocutora, vi a Skye
poner los ojos en blanco y responderle mirándome a mí—. Es la novia de
Marcus, así que no te metas con ella, sabes que él cortará tu cabeza sin
contemplaciones. —Me asombré de su afirmación sobre que yo era la novia de
Marcus, no comprendí porqué le estaba mintiendo a Corine, esta me miró de la
cabeza a los pies con los labios fruncidos en lo que era una clara muestra de
desagrado. Luego se alejó.
—¿Qué te dijo ella antes? —la interrogué en referencia a la parte de la
conversación que me había perdido. Skye pareció reacia a responder, así que le
di una mirada penetrante.
—Quería saber por qué cada vez hay más perras humanas aquí —dijo con
una sonrisa de disculpa.
—¿Tampoco le gustan los humanos?
—En realidad creo que el problema va más por el lado de las mujeres, pues
nunca la he visto rechazar los hombres que quieren acostarse con ella.
—¿Por qué le dijiste que soy la novia de Marcus? —Skye rio ante mi
pregunta.
—Porque quería que se retorciera un poco más, Marcus es el único que se
mantiene solo, aunque ahora va a pensar que también perdió el corazón por una
mujer que ella considera no está a su altura. Corine es una zorra, así que por
molestarla soy capaz de decir lo que sea. —No debí sentirme tan decepcionada
de sus palabras, pues sabía que no había nada entre Marcus y yo.
—Creo que voy a irme, te veo luego. —Cuando intenté pasar por su lado
me detuvo poniendo su mano en mi hombro.
—También lo dije porque es obvio que le gustas, él es diferente contigo. —
Quería preguntar de qué forma era diferente, aunque preferí dejarlo pasar, le di
una sonrisa y me fui a mi habitación, o mejor dicho a la de Marcus.
Regresé por el pasillo que por alguna razón me daba una extraña sensación
de intranquilidad, cuando abrí la puerta que daba a las escaleras que conducían al
sótano me relajé, bajé despacio pensando en lo que había dicho Skye sobre
Marcus interesado en mí de alguna forma, pero en el fondo sabía que eso no
podía ser cierto, yo no era como las demás chicas, nunca iba a ser como ellas,
estaba a punto de llegar a la habitación cuando vi a Alana caminar en mi
dirección, vestía un pijama corto y su cabello recogido en sus habituales trenzas,
a veces me recordaba más a una niña, aunque eso solo era una apariencia, ella
era tan madura como cualquier mujer mayor que hubiese conocido. Traía dos
tazas en cada mano y cuando llegó a mi lado me ofreció una.
—¿Te apetece tomar un poco de té? —La tomé y le di una sonrisa de
agradecimiento. Abrí la puerta y le hice un gesto para que entrara—. ¿No vas a
dormir ya? —preguntó—. Negué dando un sorbo al líquido caliente—.
Entonces, ¿puedo quedarme un rato contigo? Ángela está descansando, ya sabes,
por el embarazo a veces se agota demasiado —comentó. Le señalé el sofá y
ambas fuimos a sentarnos, dejé la taza en la mesa que estaba a mi lado y tomé el
cuaderno.
—Estás preocupada —escribí. No lo pregunté, su estado de ánimo se
reflejaba en su rostro.
—Lo estoy, no se lo digo a Alexy para no preocuparlo, pero cada vez que
salen tengo demasiado miedo de que no regresen.
—¿Hacen esto cada noche? —No lograba imaginar cómo era vivir
diariamente en esa zozobra.
—No, eso es solo de un tiempo atrás hasta la fecha, antes no tenían que
salir todos los días, podían pasar semanas completas en las que disfrutaba de
quedarme en la cama toda la noche con mi esposo.
—Estoy segura de que las cosas van a mejorar pronto —escribí de nuevo.
Ni siquiera yo misma estaba convencida de aquello, pero no se me ocurrió nada
más para decirle. Ella me miró sonriendo.
—También te preocupa Marcus. —Me encogí de hombros, no tenía nada
que decir ante eso, era cierto que desde que había salido sentía una extraña
opresión en el pecho—. Él te gusta —afirmó. ¿Me gustaba? Sí, definitivamente
me sentía atraída.
—Supongo que sí —acepté. No tenía sentido mentirle, así que fui por la
verdad.
—No sabes cómo me alegra, siempre he pensado que Marcus merece
encontrar su chica ideal, esta será la única forma en que tenga algo más a que
aferrarse.
—¿A qué te refieres?
—Alexy no estará muy feliz de que te diga esto, pero él tiene miedo de que
cuando por fin logren acabar con Razvan, Marcus ya no tenga nada por lo que
vivir, de todos él es el más solitario, pocas veces habla y el que menos expresa
sus sentimientos, vive bajo un hermetismo que nadie ha logrado cruzar, ni
siquiera sus hermanos que han vivido con él durante siglos.
—¿Hay alguna razón por la que tenga esa actitud?
—Cuando su madre y hermana fueron asesinadas Marcus no se encontraba
presente, eso ha hecho que se culpe por sus muertes. Alexy me contó que cuando
él y Tarek lo encontraron se hallaba en medio de su cabaña que era consumida
por un incendio y que no estaba intentando salvarse, que simplemente estaba ahí,
permitiendo que las llamas lo devoraran, luego de aquello pasó muchos meses
encerrado sin querer hablarles —me explicó. Un nudo se formó en mi garganta y
las lágrimas comenzaron a construirse en mis ojos, una de ellas resbaló por mi
mejilla y la limpié con rapidez. Aquello tuvo que haber sido horrible y no quería
pensar en el dolor que sintió, ni la desesperanza de ver a las personas que amaba
muertas, al punto de pensar que no tenía nada más por lo que vivir. Alana se
inclinó recostando su cabeza en mi hombro, tomó mi mano y la sostuvo un rato.
Hacía algún tiempo que Alana había regresado a su habitación y aún no
lograba conciliar el sueño, no sabía qué hora era, tenía que conseguir un reloj,
comenzaba a desesperarme no saber en qué momento del día me encontraba,
paseé una y otra vez por cada rincón hasta cansarme, así que fui a sentarme en el
borde de la cama, acaba de hacerlo cuando la puerta se abrió, me puse de pie de
un salto y mis rodillas estuvieron a punto de doblarse cuando vi a Marcus
cubierto de sangre, corrí en su dirección y comencé a buscar donde estaba
herido, entonces sujetó mis manos alejándolas de su cuerpo.
—No es mi sangre —dijo sin soltarme, mi cara se cubrió de rojo cuando
comprendí que había parecido un pulpo tocándolo, se estaba convirtiendo en
costumbre hacerlo sin su permiso, debía pensar que era una especie de
maniática. Le di una mirada de disculpa y me sorprendí cuando mantuvo mis
manos un tiempo entre las suyas. Por fin me dejó ir y retrocedí dos pasos.
—Lamento haber hecho eso, es que pensé que estabas herido —comenté.
Inclinó su cabeza de forma curiosa y me observó un momento, comencé a
inquietarme bajo su escrutinio sin saber qué estaba cruzando por su cabeza.
—Estoy bien —afirmó sin dejar de mirarme—. Lo siento si te asusté, pensé
que estabas dormida, solo vine a buscar algo de ropa para darme un baño —me
explicó. De nuevo me avergoncé, había invadido su espacio y lo despojé de su
habitación. Como si fuera un extraño tenía que entrar a hurtadillas buscando sus
propias cosas.
—Claro, no te preocupes, estaba despierta. —Hizo un ligero asentimiento y
luego pasó por mi lado hacia el closet, buscó en varios cajones y regresó con la
ropa en la mano, me pregunté dónde iba a bañarse si su baño estaba ahí mismo
—. ¿Por qué no te bañas aquí? —propuse haciendo un gesto hacia la puerta del
baño. Miró hacia allí y luego de vuelta a mí, y una vez más al baño, hasta que
pareció convencerse que no tenía nada de malo.
Cuando la puerta se cerró a su espalda me dejé caer en el suelo con la
espalda apoyada en la pared, ¿Qué mierda estaba mal conmigo? Tenía que hacer
algo de inmediato, comenzando por irme de allí y devolverle su espacio, me
quedé ahí hasta que lo vi salir de nuevo, tenía el cabello mojado y ahora estaba
limpio, se había puesto unos jeans y una camiseta negra ajustada, había notado
que era incluso más musculoso que los demás, y a diferencia de ellos no tenía
tatuajes, al menos no en los lugares de su cuerpo que había visto, de pronto me
encontré queriendo saber si tenía alguno oculto, no me di cuenta que lo estaba
mirando fijamente hasta que levanté la cabeza para ver su cara y noté su ceño
fruncido. Me puse de pie con rapidez, tratando de conservar un poco de
dignidad, seguramente estaba pensando que era tonta.
—Gracias por permitirme usar el baño —dijo con el semblante serio, y se
movió para pasar por mi lado, había hablado en lugar de utilizar las señas, esto
hizo que mi corazón se apretara, cuando usábamos mi lenguaje era como tener
una conexión especial. Me moví más rápido tapándole el paso, y él enarcó una
ceja.
—No tienes nada que agradecer, en realidad es tu baño. —Su expresión se
suavizó un poco y fue ahí que comprendí por qué de su actitud, lo había notado
antes, pero parecía olvidarlo cada vez que lo tenía cerca, no le gustaba que lo
mirara fijamente, no quería que pensara que sus cicatrices me molestaban,
porque nada más posar mis ojos en los suyos, todo lo demás desaparecía.
—Que descanses. —Estaba a punto de irse y esta vez me aferré a su mano
para detenerlo.
—¿Dónde vas a dormir?
—No pensaba dormir. —Bueno seguramente en algún momento debía
descansar, así que lo tomé como que no quería hacerme sentir mal por no poder
ocupar su cama. Siendo un poco más osada, ya no tenía mucho que perder de
todos modos, lo arrastré de la mano, aunque para ser sincera sabía que él me
estaba permitiendo llevarlo. Cuando estuvimos junto a la cama prácticamente lo
empujé a ella, se quedó sentando mirándome con una expresión adusta, pero
sabía bien que esta era su fachada, luego de lo que me había contado Alana había
aprendido algo sobre su forma de actuar.
—¿Qué tal si descansas un poco? —Negó e intentó ponerse de pie, puse
mis manos en su pecho y lo empujé de nuevo.
—Tú no has dormido. —Esta vez usó las manos para hablarme lo que logró
relajarme, ya no estaba molesto.
—Tú tampoco, ¿qué te parece si dormimos juntos? —Sus ojos se abrieron y
me di cuenta del error que cometí enseguida—. Me refiero a que podemos
compartir la cama, tú duermes de ese lado y yo de este. —Me pareció ver un
brillo de diversión en su mirada, pero desapareció tan pronto que tal vez lo había
imaginado. Se dio la vuelta y se acomodó al lado izquierdo, entonces me miró
esperando que lo siguiera, y veloz me metí debajo de las sábanas—. Que
descanses —dije antes de darle la espalda, no creía que pudiera dormir mucho,
estaba en la misma cama con un hombre, y aunque no nos estuviésemos tocando
se sentía demasiado íntimo.
Traté de ignorar el nudo que se formó en mi estómago y cerré los ojos.
Estaba a punto de quedarme dormida cuando sentí un fuerte brazo rodeándome,
al principio me tensé, pero luego su calidez me envolvió y me pegué más al
cuerpo caliente que se encontraba a mi espalda, por primera vez en mucho
tiempo me sentí segura y no tuve pesadillas.
13
MARCUS
D esperté con el cuerpo de Emily pegado a mí, en sueños se había
girado y ahora su cara estaba recostada en mi pecho, su respiración
envió una corriente eléctrica que fue directo a mi entrepierna haciendo que mi
miembro despertara, hacía demasiado tiempo que no tenía deseos de tomar a una
mujer, sin embargo, en ese momento en lo único que podía pensar era en separar
sus piernas y enterrarme profundamente en ella, mientras sus ojos se quedaban
pegados a los míos. Me quedé totalmente inmóvil tratando de no despertarla,
disfrutando de la sensación de tenerla entre mis brazos, en la madrugada cuando
llegué no esperaba encontrarla despierta y menos que se lanzara sobre mí
buscando heridas, sus pequeñas manos recorriendo mi cuerpo hicieron que me
pusiera duro al instante, fue por eso que la aparté, ver sus mejillas sonrojadas de
vergüenza aumentó mi deseo y fue peor cuando me propuso dormir juntos. Iba a
terminar completamente adolorido por tener una erección durante tanto tiempo,
pero era un precio que estaba dispuesto a pagar si con ello conseguía mantenerla
más tiempo cerca. Lentamente comenzó a despertarse, el momento se estaba
terminando y nunca había lamentado tanto algo, sus ojos se abrieron y se
enfocaron en mí, esperaba que se apartara cuando notara la cercanía que
manteníamos, en cambio una sonrisa se dibujó en sus labios.
—¿Dormiste bien? —preguntó apartándose, me estaba acostumbrando a
comunicarme con ella sin palabras, aunque no podía negar que me hubiese
gustado saber qué tono tenía su voz, odiaba el hecho de pensar que siempre
había vivido en el silencio.
—¿Y tú? —pregunté de vuelta.
—Estuvo bien, hace mucho que no dormía sin tener pesadillas. —No sabía
que las tenía y eso me alarmó.
—¿Tienes pesadillas? —Su mirada se oscureció, casi como si hubiese sido
cubierta por una sombra.
—Lo hago desde la noche en que mis padres murieron, siempre los veo, sus
ojos, su sonrisa malvada. Esa imagen me persigue por las noches —me contó.
No me detuve a pensar lo que iba a hacer simplemente la acerqué a mí para
abrazarla, ella rodeó mi cuerpo con sus brazos, nos quedamos así un rato, cuando
pensé que ya se había calmado la furia que sentí por los malditos demonios me
aparté para poder hablarle.
—Ellos nunca van a lastimarte de nuevo, te lo prometo. —Una sonrisa
tranquila apareció en sus labios, haciendo que sus hermosos ojos brillaran.
—Lo sé, tú eres como un héroe, solo te falta la capa. —No sabía a qué se
refería, pero seguramente era a algo que había visto en la televisión, tal vez
debería comenzar a ver la cosa esa, así este tipo de comentarios podrían tener
más sentido para mí.
—Voy a buscar tu desayuno. —Me levanté y noté que había dormido con la
ropa puesta, no era algo que hiciera normalmente, pero no quería asustarla
desnudándome. Fui a la cocina esperando no encontrarme con nadie, no tenía
deseos responder las preguntas que seguramente se estarían haciendo cuando
descubrieran que había dormido en la misma habitación que Emily.
Afortunadamente estaba despejado, así que comencé a prepararlo todo, no era
bueno con la cocina, pero al menos sabía hacer un desayuno decente, lo había
hecho varias veces en mi vida, justo estaba terminando de ponerlo en una
bandeja cuando apareció Cam, debí saber que no iba a tener tanta suerte de no
cruzarme con nadie.
—Hermano, eso se ve bien —dijo intentando tomar un trozo de fruta del
plato.
—Aparta tus garras, si no quiere perderlas y tal vez las necesites para
hacerte una paja.
—Oye, no tienes que ser agresivo, además para tu información no necesito
encargarme de mí mismo, ya sabes hay muchas chicas que lo hacen encantadas
—comentó con una gran sonrisa, mientras se dirigía al refrigerador y tomaba el
galón de la leche, comenzó a beberlo directamente del envase.
—Eso es desagradable, los demás beberán también.
—¿Y quién va a decirles, tú? —interrogó poniéndolo en su sitio de nuevo.
—No es mi problema, solo me aseguraré de mantenerme lejos de eso, no
pienso poner mi boca en ningún lugar donde haya estado la tuya —aseguré.
Negué y me alejé, no iba a perder mi tiempo discutiendo con él.
—Oye, por cierto, te ves todo tierno de hombre abnegado que cuida de su
chica, ¿ya es tu chica, cierto?
—Ese no es tu asunto.
—Mierda, no es tu chica todavía, en serio, tienes que aprender a mejorar tus
tácticas de seducción.
—Y tú tienes que cerrar tu boca antes de que te la rompa. —Escuché su
carcajada a mi espalda, mientras me alejaba.
Cuando regresé a la habitación ella ya se había bañado y cambiado de ropa,
me quedé mirándola mientras se peleaba para tratar de peinar su desordenado
cabello, aproveché que no se había dado cuenta de mi presencia para devorarla
con la mirada, la ropa que tenía debía ser de Ángela, que era de su misma
estatura, aunque Emily tenía un poco más de curvas, así que los jeans le
quedaban muy ajustados, marcando su bonito trasero, una vez más mi miembro
cobró vida cuando me quedé mirando fijamente esa parte de su anatomía, de
pronto se giró y sonrió cuando se dio cuenta de mi presencia, depositó el cepillo
con el que se peinaba sobre la mesa.
—Mi cabello es un desastre —dijo tratando de acomodarlo, yo pensaba que
era hermoso. Me acerqué y le entregué la bandeja—. ¿Ya comiste? —preguntó
antes de recibirla, asentí sin preocuparme por la mentira, no era como si
necesitara comer para vivir, la observé llevar el tenedor a sus labios fascinado
por el movimiento de su boca, nunca imaginé que algo tan simple como ver a
una chica tomar trozos de fruta pudiera ser tan excitante.
Pocas veces McKenna aparecía en el bar y cuando lo hacía sabíamos que
algo grave estaba pasando, y esa vez no fue diferente. Nos reunimos en la oficina
de Alexy para saber qué información tenía. Los miró a cada uno con un gesto
sombrío.
—Llevo varias semanas investigando sobre esto, es difícil encontrar
información que hable sobre un libro tan antiguo, pero al fin tengo algo.
—¿Qué es? —preguntó Alexy. McKenna nos enseñó un cortó texto que
tenía en una fotografía en su teléfono.
“Será el primero, el génesis, en cuyo interior habitan la luz y la oscuridad,
quien tendrá el poder de controlar el conocimiento del bien y del mal”
—Eso no dice mucho —apunté.
—Eso según lo que investigué quiere decir que el primer Demonials que
nació será el encargado de custodiar el libro. Él tiene el poder suficiente para
controlar la maldad que hay en el texto —explicó.
—¿Y alguien conoce al tipo? ¿Al menos está vivo todavía? —interrogó
Tarek.
—Bueno es difícil seguirle el rastro a un sujeto que nació hace milenios,
existe poca información sobre los Demonials y los únicos relatos que hablan
sobre nosotros son los que han escrito algunos de nuestros antepasados, los
humanos no tienen mucha idea de que existimos y los pocos que se arriesgaron a
escribir algo sobre nuestra raza lo trataron más como un mito o una leyenda
urbana. Así que Henry mi mano derecha tuvo que hacer un viaje por varios
países de Europa, finalmente en una antigua biblioteca en Armenia encontró algo
que nos sirvió de guía, la información no era muy clara, solo hablaba de la
primera unión entre el cielo y el infierno, pero luego de varias visitas a otros
países recopiló la suficiente información como para descifrar, que esa unión
hacía referencia al nacimiento de ese primer Demonials.
—Pero eso no prueba que el tipo esté vivo —afirmé.
—No, eso no prueba que aún exista, aunque tenemos algo más, su nombre
real no lo sabemos, pero hubo varias apariciones que hacen referencia a un ser
alado, mitad ángel y mitad demonio.
—¿Cómo sabemos que la información es cierta? —preguntó Alexy.
—Realmente no podemos saberlo —respondió McKenna tomando una serie
de folios que extendió sobre la mesa—. Lo que sí descubrimos en varios de los
textos y que se repetía continuamente era la palabra guardián, que nos llevó a
una antigua leyenda nacida en alguna remota aldea en Rusia, esta es
relativamente más nueva comparada con la información que recolectamos antes,
de apenas unos cuatrocientos años atrás, pero parece estar conectada. Durante
varios siglos en este lugar se extendió una historia sobre una criatura a quien
llamaban “El Guardián”, se decía que protegía a los habitantes del pueblo de los
demonios que acechaban en la oscuridad, nadie nunca lo vio en realidad, solo
había unos pocos que afirmaban haber visto una criatura alada que surcaba los
cielos durante las noches. Era una especie de dios a quien daban ofrendas y
pedían favores. El siguiente paso sería buscarlo.
—¿Estás diciendo que haremos esta mierda basados solamente en una
leyenda? —interrogó Tarek algo escéptico, yo tampoco estaba muy seguro, pero
preferí mantenerme en silencio. McKenna lanzó una mirada exasperada en su
dirección.
—No tenemos más opción, Vikingo, este sujeto es el único que puede
hacerse cargo del libro, nosotros no estamos preparados para protegerlo y no
podemos arriesgarnos a que caiga en manos de Razvan o algún otro demente que
quiera dominar el mundo y llenarlo de demonios —replicó. Tarek, asintió
dándose por vencido.
—Si es cierto que existe, tendría qué ¿dieciocho mil años? —aventuró
Alexy.
—Veinte mil en realidad —respondió McKenna revisando de nuevo la
información—. ¿Toda una reliquia no? —inquirió mirándonos con una sonrisa.
—Sí, una lástima que no podamos usarlo para venderlo a un museo,
seguramente nos pagarían mucho dinero por él —se burló Tarek.
—La pregunta ahora es, ¿quién irá a buscarlo? En un viaje largo hasta
Rusia —interrogó McKenna, mirando a uno por uno—. Yo lo haría, pero tengo
que seguir buscando información para hallar a Razvan. —Mis hermanos
asintieron y pude ver la preocupación en sus rostros, Tarek tenía una esposa
embarazada, Alexy temía que Razvan intentara de nuevo ir a por Alana, así que
la respuesta obvia llegó a mi cabeza.
—Yo lo haré —declaré sorprendiéndolos a todos.
—Este viaje no es solo largo, también será peligroso, no estoy seguro de
que sea buena idea que vaya uno solo —argumentó Alexy, pero ya había tomado
una decisión, mis hermanos tenían razones para quedarse, yo no, una imagen de
Emily vino a mi cabeza, ella era lo único importante para mí, pero nunca me
vería de buena forma, así que solo tenía que asegurarme de que ellos la
cuidarían.
—No es más peligroso que irnos varios de nosotros y dejar a la familia a
merced de Razvan, ustedes tienen que quedarse y estar preparados para
enfrentarlo, yo encontraré al tal guardián o como sea que se llame, le entregaré el
libro y volveré —afirmé rotundo. Vi a Tarek y Alexy compartir una mirada en
una conversación silenciosa, a ninguno le gustaba la idea de que fuera solo, pero
ambos sabían que no teníamos más opción.
—¿Sabes que esta puede ser una misión suicida, verdad? —preguntó
McKenna, no respondí, conocía los riesgos mejor que nadie—. Bueno, asumiré
por tu silencio que lo tienes claro, ¿alguien te ha dicho que tu magnífica forma
de expresarte es una dulce invitación al diálogo? —se burló, le lancé una mirada
amenazadora.
—¿Amigo, cuando vas a aprender a tener la boca cerrada? —advirtió Tarek
—. Uno de estos días sin que te des cuenta, no podrás abrirla más. —McKenna
apretó los labios.
—Como veo que su sentido del humor es nulo, mejor regresamos al tema,
así que tenemos que pensar en los detalles. Tienes todos tus documentos
¿verdad?
—¿Documentos? —pregunté, sin tener la menor idea de lo que hablaba.
—Sí, documentos, pasaporte o algo, ya sabes, lo que tienen todos los
ciudadanos decentes. —Lo miré arrugando el entrecejo, el tipo era molesto.
—No tengo nada de eso, no los necesito.
—Santo cielo, ¿en qué época vive este hombre? —cuestionó mirando a mis
hermanos—. ¿Cómo piensas subir a un avión si no tienes documentos? —Me
encogí de hombros, eso no era algo en lo que hubiese pensado.
—Deja de ser imbécil, Highlander, dale una tregua —intervino Alexy—.
Llegamos a este país en un barco hace casi ciento cincuenta años, nunca hemos
necesitado nada de lo que dices.
—Cierto, aquí el empresario estirado y respetado que necesita que lo
conozcan para poder manejar sus millones eres tú —apoyó Tarek—. A nosotros
nadie nos ve y nunca hemos ido de viaje, al menos no uno tan largo que requiera
subirse a un avión.
—Comprendo —dijo McKenna, y se giró para mirarme—. A veces olvido
que ustedes viven en el bajo mundo —comentó con una sonrisa.
—Yo en cambio no olvido que tú eres un hijo de puta —respondí.
—Discutiría eso, pero creo que mi madre se ganó el apelativo. —Lo miré y
no cambió el gesto sonriente, era la primera vez que lo escuchaba mencionar
algo que tuviese que ver con su familia, ninguno sabía mucho sobre él, ni los
motivos que tuvo para servir a Razvan, nadie indagó o al menos yo no lo hice,
no era como si me interesara su vida privada—. No nos desviemos del tema,
tenemos que conseguirte un pasaporte y todo lo que se necesite para el viaje, eso
déjenmelo a mí, con un poco de dinero puedo arreglarlo.
—Sí, como adoramos tu dinero —comentó Tarek burlón.
—Jódete Vikingo, mi dinero los ha sacado de algunos problemas, así que no
te quejes.
—Nunca dije que me estaba quejando —se defendió el aludido. El escocés
volvió a centrar su atención en mí.
—Bien, voy a reservar un vuelo para dentro de tres días, creo que es el
tiempo justo para tener todo listo, trataré de encontrar uno que salga de
madrugada, con doce horas de viaje por delante estarás en Moscú en las últimas
horas de la tarde, lo que nos deja el último inconveniente, cuando llegues aún
será de día, así que estarás ciego, ¿cómo harás con eso?
—Me las arreglaré —aseguré. El hombre mi miró y luego sacudió la cabeza
negando, casi como si me diera por una causa perdida.
—Bueno, parece que todo está claro, me voy ahora mismo para comenzar
con los preparativos —expresó, y comenzó a recoger los folios que tenía sobre el
escritorio. Luego se despidió y salió, sentí la mirada de mis hermanos puesta en
mí.
—¿Qué me ven? —gruñí. Alexy suspiró antes de hablar.
—Sabes que estamos preocupados, este puede ser un viaje sin retorno. —
Nadie mejor que yo sabía eso. Los observé un momento, había vivido con ellos
más siglos de los que podía recordar, eran mi familia, mis hermanos.
—Si no regreso, ustedes vengaran a mi madre y mi hermana por mí,
asegúrense de que el hijo de puta de Razvan sufra mucho.
—Sabes que lo haremos, pero eso no será necesario. Tú estarás ahí para
ayudarnos cuando eso suceda.
—Intentaré regresar —dije sin hacer ninguna promesa.
—Intentar no nos sirve —apuntó Tarek—. Si permites que te maten iré
hasta el infierno a patear tu trasero. Te queremos de regreso.
—¿Van a ponerse todos sentimentales? —me burlé para aligerar el
ambiente.
—A la mierda, no me importa ponerme sentimental —intervino Alexy—.
Perder a Raven no será ni la mitad de doloroso de lo que sería perderte a ti, así
que te hago la misma advertencia que Tarek, si permites que alguna puta
sanguijuela corte tu cabeza, lo acompañaré al infierno a buscarte y los dos
patearemos tu culo. —Hubiese reído de sus palabras, pero hacía tanto tiempo
que ese gesto no aparecía en mi rostro que había olvidado cómo hacerlo.
—Dejen de lloriquear —dije poniéndome de pie.
—Sí, es mejor que vayamos al bar un rato antes de salir a cazar demonios
—propuso Tarek. Los tres salimos, en el pasillo nos topamos con unos cuantos
clientes que hacían uso de las habitaciones. Cuando llegamos al bar dejé salir
una maldición.
—¿Qué mierda hace aquí? Le advertí que no saliera cuando esto estuviera
lleno de personas malas. —Emily se encontraba en la barra sentada al lado de
Alana, Steven les estaba sirviendo refrescos y riendo de alguna cosa.
—Si tu mujer es la mitad de obediente que la mía estás en problemas —dijo
Alexy con ironía.
Estaba a punto de abrir la boca para aclararle que no era mi mujer cuando vi
a Alana ponerse de pie e ir al otro lado de la barra con Steven, Emily estaba
sentada de lado con la mirada puesta en la mujer de mi hermano, un hombre se
acercó por detrás y le dijo algo, ella obviamente no se dio cuenta que le estaba
hablando pues no se inmutó, entonces el bastardo hizo la única cosa que no
debió hacer nunca, alargó la mano y la tocó. Mis ojos ardieron y la furia se
apoderó de mí, se giró y miró al hombre con miedo, él intentó tomar su brazo y
acercó su cara a la de ella como si fuera a besarla, la vi reaccionar de una forma
que por un instante me sorprendió, tomó una botella de la barra y la estrelló en
su cabeza. El sujeto se alejó poniendo una mano en el lugar donde recibió el
impacto, luego se recuperó y levantó el brazo a punto de golpearla, me olvidé de
todo lo demás y en menos de un segundo estaba a su lado lanzándolo por el aire,
voló como si fuese un muñeco y cayó con fuerza sobre una mesa haciéndola
añicos, sobresaltando a los clientes que la ocupaban, quienes se pusieron de pie
de inmediato, iba a matarlo sin importarme nada. Antes de que pudiera lanzarme
por él de nuevo Alexy me detuvo.
—¡Marcus, basta! —me ordenó.
—Lo mataré —sentencié.
—Maldición, contrólate o vas a cambiar de forma, no puedes matarlo
delante de toda la gente que está aquí.
—Aléjate —advertí posando mis ojos rojos en él.
—Te ordeno que te calmes, si pierdes el control ahora la mierda nos llegará
hasta el cuello.
—Tú no me das órdenes —siseé enseñándole los colmillos.
—La policía estará sobre nosotros.
—¿Crees que me importa? —pregunté sin que mi furia disminuyera. De
pronto sentí unas pequeñas manos rodear mi cintura, sabía que era ella sin
siquiera mirar atrás. Su pecho se pegó a mí y su respiración en mi espalda envió
una extraña oleada de tranquilidad por todo mi cuerpo.
—Toma a tu chica y vete —pidió Alexy—. Nosotros nos encargamos —
aseguró. En ese momento apareció Tarek, que negó con la cabeza.
—Su cuello se rompió —comentó tranquilo, esperé la explosión de ira por
parte de Alexy al saber que había asesinado a un cliente en el bar delante de
todos los que se hallaban allí, pero en cambio parecía igual de tranquilo que
Tarek.
—Creo que ya se solucionó el problema, ahora ve con tu chica, debe estar
asustada.
Asentí y me giré para ver a Emily, ella seguía pegada a mí, me incliné y la
tomé en brazos acunándola como a un bebé, escondió su cara en mi cuello y
comencé a caminar para llevarla a la habitación.
14
EMILY
M e aferré a él como si mi vida dependiera de ello, mi corazón latía
agitado por lo que acababa de pasar, cuando aquel hombre intentó
acercarse me vi transportada de nuevo al hospital psiquiátrico, a las veces en las
que el enfermero me manoseó sin que pudiera defenderme, entonces actué por
simple instinto de supervivencia, tomé lo que tenía más cerca que resultó ser una
botella y la estrellé en su cabeza, el hombre retrocedió, pero luego lo vi levantar
el brazo dispuesto a golpearme, aunque nunca llegó, Marcus se materializó
frente a nosotros, y con una velocidad que me dejó paralizada lo levantó y lo
lanzó volando por el aire. Sus ojos eran de un color rojo intenso y me sorprendió
que no me asustara, sabía que estaba discutiendo con el esposo de Alana, aunque
no pude saber lo que decían, hablaban muy rápido y se estaban mirando entre
ellos, así que me fue imposible descifrar la conversación, lo que fue seguro era
que Marcus se hallaba fuera de control, así que hice la única cosa que se me
ocurrió, lo abracé tratando de calmarlo, vi sus puños relajarse pero su espalda
siguió tensa. Pensé que me alejaría, en cambio se giró y me tomó en brazos,
caminaba a zancadas alejándose del bar y del caos que se formó allí, suspiré
aliviada cuando por fin llegamos a la habitación, pensé que me dejaría en el piso
en cuanto cruzamos la puerta, entonces llegó hasta el sofá y se sentó dejándome
en su regazo. Me abrazaba con fuerza haciéndome sentir que todo iba a estar
bien, y sabía que era cierto, que mientras Marcus permaneciera conmigo nada
malo iba a pasarme, esa certeza hizo que un gran peso se quitara de encima de
mí, aparté la cabeza para mirarlo y lo vi con los ojos cerrados, mi cara estaba
justo en su lado izquierdo, mis ojos estaban casi pegados a su mejilla, sabía que
odiaba que lo miraran, si me movía solo un poco podría rozar su cicatriz con mis
labios y fue justamente eso lo que hice. Me acerqué hasta que mis labios se
pegaron a su mejilla, sus ojos se abrieron muy grandes, sin embargo, no se
movió, podía sentir la rigidez en su espalda y cuanto le estaba costando permitir
mi toque, aunque no me lo impidió, así que seguí dándole pequeños besos. Al
contrario de lo que parecía su piel arrugada se sentía suave, nunca había besado
a un chico, y jamás contaría los besos asquerosos que recibí mientras estuve
encerrada, esta vez sería diferente, era algo que deseaba hacer, lentamente fui
acercándome hasta que mi boca estuvo pegada a la suya, pasé la lengua por su
labio inferior y fue entonces que reaccionó, tomó mi cabeza con su mano
asaltándome en un beso voraz. Rodeé su cuello con mis brazos, nunca había
tenido una experiencia como aquella, y me gustaba demasiado, sus labios eran
suaves y a la vez firmes, el beso se tornó urgente, como si no pudiésemos tener
suficiente el uno del otro, cuando su lengua penetró en mi boca tímidamente la
acaricié con la mía, esto me gustó así que decidí ser más osada y enredarla
complemente en la suya. Un extraño calor se alojó en la parte baja de mi vientre
cuando una de sus manos se coló bajo mi suéter y acarició mi piel, esta subió un
poco más casi rozando mis pechos, sin tocarlos, el problema era que yo quería
que lo hiciera, mis pezones ardían por ser tocados, bajé mi mano para tomar la
suya y llevarla directamente al lugar que quería, él me miró a los ojos y
lentamente comenzó a acariciarme por encima del sostén, se detuvo un momento
como pidiendo permiso y luego lo levantó, sus dedos acariciaron mis puntas
erectas y me estremecí. Su boca volvió a apoderarse de la mía, al tiempo que sus
manos seguían acariciando y estrujando esa parte de mí, tomando uno de mis
pezones en sus dedos lo retorció. Sentí la humedad comenzar a formarse en
medio de mis piernas y me contoneé, quería algo más, aunque no estaba segura
de qué era. Me aparté un poco irguiéndome en su regazo y me saqué el suéter,
luego el sujetador, quedándome desnuda de cintura hacia arriba, su mirada fue
como una caricia, sensual y cálida al mismo tiempo, sus labios bajaron, lamió la
pequeña cumbre que rogaba por su atención y luego lo chupó con fuerza, mi
cabeza cayó hacia atrás, me agarré de su cabello disfrutando de la sensación,
cambió de dirección a mi otro pecho prodigándole la misma atención.
Lentamente una de sus manos comenzó a descender, hasta llegar al borde de mi
pantalón, acarició la zona de mi vientre sin ir más allá, sentía mi cuerpo en
llamas y no sabía cómo pedirle que las calmara, por fin su mano continuó el
descenso hasta llegar a mi centro, me acarició por encima de la tela, me moví
contra su palma buscando liberarme. De pronto se detuvo sorprendiéndome,
pensé que se había arrepentido de lo que estábamos haciendo, se puso de pie
depositándome sobre el sofá, comencé a incorporarme sintiéndome avergonzada,
entonces se arrodilló a mi lado, sin apartar sus ojos de los míos comenzó a
desabrochar el botón de mi pantalón, y luego lo sacó lentamente llevándose las
bragas en el proceso, me quedé totalmente desnuda, mientras que él permanecía
vestido. Recordé las veces que me encontré en un estado de desnudez frente a
otras personas, fue cuando estuve en el hospital, las ocasiones en que me rebelé
y me quitaban la ropa para darme baños de agua fría, sin embargo, con Marcus la
sensación era totalmente diferente, su mirada recorría mi cuerpo haciéndome
sentir como si me acariciara con sus ojos, su cabeza descendió hasta besar mi
cuello, la suave caricia de su lengua envió una oleada de placer a la parte baja de
mi vientre, cerré los ojos disfrutando la sensación. Llegó a mis pechos donde de
nuevo saboreó uno a uno mis pezones su palma acarició mi vientre, mi cadera y
la cara externa de mis muslos, para luego trasladarse a mi centro, era increíble
cómo un hombre con su tamaño y fuerza podía ser tan delicado, con su mano
separó un poco mis piernas, y le ayude en el proceso dándole más espacio, sentí
que explotaría cuando tomó mi clítoris entre su pulgar e índice, abrí los ojos y
los clavé en los suyos, estos me miraban de una forma que parecían arder,
haciéndome pensar que en cualquier momento cambiarían y se podrían rojos.
Comenzó haciendo círculos en mi sexo y luego introdujo uno de sus dedos en mi
interior, me retorcí contra su mano presa del placer que estaba sintiendo, un
segundo dedo se unió al primero, su cabeza bajó hasta mis labios y me besó con
ardor. Sus dedos se movieron más rápido en medio de mis piernas, sentí el
remolino formándose en mi interior, levanté las caderas buscando sentirlo más,
aunque no sabía si eso era posible, en el último momento y tan excitada que no
me di cuenta de lo que hacía, mordí su labio inferior con tanta fuerza que estuve
segura de haberle hecho daño, me aferré a los costados del sofá dejándome llevar
por la liberación, terminé con la respiración agitada. Cuando miré en su
dirección sus ojos me miraban con una mezcla de pasión y posesión que me hizo
sentir especial, me fijé en su labio intentando ver el daño que había causado, vi
una pequeña gota de sangre, me erguí horrorizada por lo que había hecho, con
mi dedo lo limpié y sin saber por qué me lo llevé a la boca, sus ojos
permanecieron todo el tiempo fijos en mi acción.
—Lo siento —me disculpé y acaricié sus labios.
—Me gustó —dijo inclinándose para besarme de nuevo, me levantó en
brazos para llevarme a la cama y me depositó en ella con cuidado, la excitación
se apoderó de nuevo de mí cuando pensé que iba a desnudarse y terminar lo que
habíamos comenzado, en cambio me tapó con la sábana. Lo miré confundida.
—Pensé que íbamos a hacerlo. —Era bueno que no tuviera que decir
aquello con palabras, de lo contrario estaba segura que no habría podido
expresarlo.
—Tengo que salir con mis hermanos, lo siento —se disculpó. Logré
distinguir el gesto de pesar en su rostro, y comprendí que, aunque quería
quedarse conmigo su deber era incluso más fuerte que su deseo. Le di una
sonrisa tranquilizadora, queriendo transmitirle que estaba bien que fuera, luego
me levanté para besarlo. Cuando nos separamos nuestras frentes quedaron
unidas un momento—. Duerme, regresaré pronto —me aseguró.
—Por favor cuídate —le pedí. Un extraño temor se apoderó de mí, al
pensar que podría resultar herido igual que la otra noche.
—Lo haré —afirmó. Me quedé mirándolo hasta que salió de la habitación,
y luego me dejé caer sobre la almohada, estaba cerrando los ojos cuando recordé
que estaba desnuda, por un momento pensé en vestirme, pero preferí quedarme
así, quería que me encontrara de esa forma cuando regresara.
Desperté sin saber cuánto tiempo había dormido, ni qué hora era,
continuaba sola en la cama, en cuanto volviera Marcus le pediría que consiguiera
un reloj. Me pasé un rato danto vueltas y tratando de conciliar el sueño de nuevo,
entonces decidí darme un baño para calmarme, me levanté y caminé desnuda
hasta la ducha, me quedé un buen rato debajo de la regadera, me encantaba el
agua caliente, había olvidado la sensación de esta, en el hospital siempre nos
hacían bañar con agua muy fría. Cuando salí me vestí con jeans y una camiseta
sin magas que me había prestado Alana, me senté en la cama y comencé la tarea
de peinar mi rebelde cabello, mis rizos solían tener vida propia y convertirse en
nudos imposibles de desenredar, llevaba algunos minutos en esto cuando sentí
una cálida mano posarse sobre las mías, levanté la mirada para encontrarme con
Marcus de pie a mi lado, mi corazón comenzó a latir agitado ante su vista, no
sabía en qué momento había llegado, una sensación de felicidad me invadió al
ver que se encontraba bien y sin ningún rasguño. Sin decir nada quitó el cepillo
de mis manos y comenzó a peinarme con tanta delicadeza que casi hizo que me
durmiera, cuando por fin terminó se puso de cuclillas frente a mí para besarme.
—Voy a traer tu desayuno —dijo y comenzó a levantarse, tomé su mano y
negué, esta vez iría con él, ya no sentía miedo de salir, ahora sabía que estaba
segura, que allí nadie me haría daño.
—Quiero ir contigo —declaré. Me miró luciendo sorprendido por un
momento, después aferró mi mano con la suya y me llevó así por el pasillo de
camino a la cocina, su palma era cálida y me hacía sentir bien.
Cuando llegamos todos estaban sentados en la mesa, excepto Cam que no
se veía por ningún lado, todas las miradas se clavaron en nosotros y en nuestras
manos unidas, le sonreí a las chicas quienes me devolvieron la sonrisa, apartó
una silla, pensé que era para que me sentara pero en cambio se sentó él y me
arrastró hasta su regazo, mi cara se puso roja cuando me di cuenta que los demás
comprendieron el significado de aquello, Alana me guiñó un ojo y el esposo de
Ángela dio una palmada en el hombro de Marcus, este lo ignoró, un plato
apareció frente a nosotros, aunque no levanté la cabeza para ver quién lo había
puesto. Marcus tomó el tenedor y luego de servir un bocado lo llevó
directamente a mis labios, los abrí con timidez aceptando que me alimentara.
Podía sentir las miradas sobre nosotros, el ambiente era relajado, y me arriesgué
a echar un vistazo, las chicas sonreían, Alexy lucía serio como de costumbre,
pero tenía un brillo diferente en la mirada, de vez en cuando sus ojos se
enfocaban en nosotros. Tarek por su parte sonreía abiertamente, parecían felices,
fue entonces que lo comprendí, en realidad estaban felices por Marcus, sabía por
Alana que todos se preocupaban por él. Decidí dejar la timidez a un lado y
continuar comiendo tranquila, aceptaba cada bocado que me ofrecía incluso en
algún momento se lo agradecí dándole un pequeño beso en los labios.
—¿Quieres algo más? —preguntó cuando terminó de alimentarme.
—Quiero que comas tú —respondí, todo el tiempo se pasó dándome la
comida, y él no había probado más que un par de bocados.
—No necesito comer —dijo frunciendo el ceño, levanté mis dedos para
acariciarlo y este se relajó.
—Pero yo quiero que comas —insistí. Nos quedamos viéndonos a los ojos
y entonces tomó mi cabeza y me acercó a él para besarme, rodeé su cuello con
mis brazos y le devolví el beso. Me olvidé de dónde estábamos y de las personas
que nos rodeaban, su mano se coló debajo de mi camiseta y acarició mi costado,
me encantaba que hiciera eso, luego bajó por mi cadera hasta mis piernas, odié la
ropa que no me permitía sentirlo piel con piel, el beso se volvió exigente, al
punto que pude sentir su erección debajo de mi trasero, nos separamos sin dejar
de mirarnos, y de pronto Marcus se giró para darle una mirada asesina Tarek
quien reía, no supe qué le había dicho, pero estaba segura de que era algo que no
le gustó. Los demás lucían diferentes estados de asombro, y mi rostro se puso
rojo de nuevo cuando me di cuenta que nos habíamos estado besando delante de
ellos. Bajé la cabeza avergonzada, Marcus tomó mi barbilla con sus dedos y la
levantó para poder mirarme a los ojos.
—No estés avergonzada, ellos hacen lo mismo —comentó usando sus
labios, y no sus manos que en ese momento me tenían rodeada. Alana tocó mi
hombro para que la mirara.
—Lo que dice es cierto, estamos felices por ustedes. —Le sonreí en
agradecimiento.
En ese momento todos miraron hacia la puerta, hice lo mismo y me di
cuenta que Cam estaba entrando trayendo un enorme televisor, lo llevó hasta una
mesa que quedaba pegada a la pared y luego de acomodarlo todo lo encendió.
Pasó algunos canales hasta que llegó al de las noticias, al principio ninguna era
lo suficiente importante para prestarle atención, luego de varios minutos
apareció una que hizo que casi me desmayara, una foto mía que estaba segura
pertenecía al registro del hospital apareció en la pantalla.
“Las autoridades aún no tienen noticias sobre el paradero de Emily Thompson, la
mujer que huyó del hospital mental Saint August luego de atacar brutalmente al enfermero
que la custodiaba, la policía ha decidido ofrecer una recompensa a quien dé información
sobre el paradero de la fugitiva”
Dejé de leer los labios de la mujer que hablaba a través de la pantalla, el
mundo comenzó a girar a mi alrededor y sentía que no podía respirar, si me
atrapaban volverían a encerrarme y prefería estar muerta que de nuevo en ese
agujero a merced de lo que quisieran hacer conmigo. Marcus tomó mi cara en
sus manos para obligarme a mirarlo.
—Em, respira, todo está bien. Ellos no van a llevarte de mi lado —me dijo.
Me concentré en sus labios y en lo que estaba diciendo, y poco a poco el aire
regresó a mis pulmones—. Así es, tranquila, todo está bien, pequeña —añadió.
Las lágrimas comenzaron a derramarse por mi rostro, odiaba la idea de pensar
que me atraparían—. Los mataré a todos antes de permitirles que te separen de
mí —prometió, como si pudiera leer mis pensamientos. Sus dedos limpiaron la
humedad de mis mejillas y luego me abrazó, me aferré a él tratando de alejar el
terror que se había instalado en mi corazón.
Ángela me pasó un vaso con agua y se lo agradecí con un ligero
asentimiento. Luego de beber la mitad del contenido lo deposité sobre la mesa,
Marcus se puso de pie sin soltarme y salió de la cocina, me llevó a la habitación
y me acomodó en la cama, comenzó a desvestirme y me quedé quieta
permitiéndole hacerlo, entonces me ayudó a recostarme, después se quitó su ropa
quedándose solo con el bóxer, se acostó a mi lado y me abrazó, enterré mi cara
en el hueco de su cuello. Poco a poco fui calmándome, sintiéndome segura de
nuevo, su mano acariciaba mi espalda de forma tranquilizadora hasta hacerme
quedar dormida.
15
MARCUS
L a observé dormir pacíficamente odiando que las noticias la hubiesen
alterado, me juré a mí mismo que nadie iba a apartarla de mi lado, y
no importaba a quien tuviese que matar para conseguirlo, un montón de
humanos no significaban nada, ninguno de ellos tendría la fuerza para alejarla de
mí, luego de que se durmiera me levanté y me encontraba sentado al lado de la
cama vigilando su sueño. Sentí deseos de dibujarla y estaba a punto de tomar el
cuaderno de dibujo cuando recordé que ahora era suyo, lo levanté y pasé las
hojas, su letra era clara y sus trazos finos, tendría que pedirle a los demás que
aprendieran lenguaje de señas para que ella no tuviese que andar llevando el
objeto a todos lados. La imaginé comunicándose con todos de la forma que lo
hacía conmigo, y me sentí egoísta cuando algo posesivo se instaló en mi corazón
al pensar que esa era una conexión especial que solo teníamos ella y yo. Emily
necesitaba sentirse parte de todos, y comunicarse con libertad era la clave para
que aquello sucediera. Dejé el cuaderno sobre la mesa y fui a buscar otro, solía
tener varios pues dibujar había sido la única forma que encontré para mantener a
mis demonios alejados y no terminar enloqueciendo, o al menos no hacerlo del
todo. Comencé a pintarla sin perderme ningún detalle de su hermoso rostro, sus
largas pestañas acariciaban su piel, una de sus manos descansaba debajo de su
mejilla, la otra estaba estirada a lo largo de la almohada, en un impulso aparté la
sábana que la cubría para dejar su cuerpo desnudo al descubierto, la quería así,
sin nada que pudiera esconderla, recordarla la noche anterior perdida en el placer
que le estaba proporcionando hizo que me endureciera, no había alcanzado mi
liberación, pero no importaba, había sido suficiente con hacer que se sintiera
bien, con ver sus ojos brillando y sus mejillas sonrojadas, incluso escuchar los
pequeños sonidos que ella misma no lograba escuchar.
Me pasé un tiempo dibujándola, durante el cual ella apenas se movió un
poco, cuando terminé observé lo que estaba en el papel, el dibujo sin duda no le
hacía justicia, sin embargo, lo guardé en un lugar donde estaba seguro que nadie
lo vería si entraba en la habitación, no iba a permitir que ninguno viera a mi
mujer desnuda, apenas aquellas palabras abandonaron mi mente sentí como si
algo me hubiese golpeado, pues de alguna forma acababa de reclamarla, y sabía
que nunca iba a dejarla ir.
La observé un momento más y luego decidí ir a hablar con mis hermanos,
el viaje que tenía que hacer se estaba acercando y ellos tendrían que cuidarla
mientras yo no estuviese, me sorprendió el fuerte dolor que se instaló en mi
corazón al darme cuenta que iba a dejarla, pero también me invadió la certeza de
que iba a hacer todo por regresar, porque ya tenía un motivo para hacerlo,
busqué algo de ropa, me vestí y salí de la habitación, me encontré a mis
hermanos en la escalera que llevaba a la salida, Alexy estaba apoyado en la
pared con los brazos cruzados, Tarek sentado en uno de los peldaños, ambos
lucían iguales expresiones felices, aunque aquello no me sorprendía, era algo
habitual desde que tenían compañeras, aunque me asombró cuando me acerqué y
Alexy me dio un abrazo.
—Estoy feliz por ti hermano —dijo, con una poco habitual muestra de
afecto. Lo miré frunciendo el ceño, Tarek se puso de pie y también me abrazó.
—¿Se volvieron locos? —demandé tratando de alejarme.
—No seas imbécil, estamos felices por tu mujer —comentó Tarek.
Entonces lo adiviné, ellos se alegraban porque estuviese con Em. En mi cabeza
había comenzado a llamarla con el diminutivo y me gustaba como sonaba.
—Como sea —rezongué, y comencé a subir las escaleras.
—Hermano, pensé que ahora que volvías a hacer uso de tu amigo allá
abajo, tu humor iba a cambiar un poco —aseguró Tarek esbozando una sonrisa.
Lo miré sin aclararle que en realidad no había usado mi amigo aún, eso no era
algo de su incumbencia—. Por cierto, todavía no puedo creer que hayas
encontrado una chica igual que tú, aunque bueno, ella no habla porque no puede
y tú porque no quieres, pero para el caso viene a ser lo mismo —bromeó. A
veces el humor de Tarek lograba sacarme de mis casillas, aunque me controlé lo
suficiente para no asesinarlo. Lo ignoré y seguí subiendo. Cuando llegamos a la
oficina nos acomodamos y entonces me dispuse a decirles lo que necesitaba.
—Cuando me vaya necesito que cuiden de ella —anuncié.
—Eso no tienes que pedirlo, sabes que lo haremos, ahora ella es parte de
nuestra familia —me dijo Alexy en tono solemne.
—¿No piensas llevarla contigo? —preguntó Tarek, esa idea no había
cruzado por mi cabeza, no iba a exponerla a tal peligro.
—No, ella estará mejor aquí —sentencié.
—Creo que es mejor, este viaje me sigue pareciendo demasiado peligroso,
me gustaría encontrar la forma de dar con el tipo aquel sin que tengas que ir tú.
—Todos sabemos que no hay otra manera de hacerlo.
—Lo sé, pero eso no significa que me pese menos. —Pocas veces me fijaba
en lo sentimental o en la forma de llevarme con mis hermanos, sin embargo, ver
sus caras de preocupación me conmovió, por alguna razón siempre quise pensar
que estaba solo, aunque eso no era cierto, los tenía a ellos y sabía que podría
contar con su apoyo en cualquier momento y situación.
—Hay que llamar a McKenna para saber si ya tiene todo listo. Pasado
mañana tengo que salir —comenté. Alexy asintió y tomó el teléfono, al segundo
timbre el escocés respondió.
—¿Qué ha pasado? —fue su saludo, ni siquiera era necesario que pusiera el
aparato en altavoz, podíamos escucharlo perfectamente.
—Queremos saber cómo van los planes del viaje —respondió Alexy.
—Todo bien hasta el momento, esta noche les entregaré los documentos,
solo voy a pedirles que pasen por ellos por mi apartamento, tengo otras cosas
que solucionar y no podré salir con ustedes hoy, también hice la reserva para el
vuelo.
—Parece que lo tienes todo controlado —dije, sintiendo el peso del
inminente viaje.
—Siempre tengo todo controlado, amigo —replicó con su habitual
arrogancia.
—Entonces no tengo nada más que hablar —declaré, y fui a buscar a Em,
esperando que no se hubiese despertado mientras no estaba y se pusiera
nerviosa.
Cuando llegué seguía profundamente dormida, me desnudé de nuevo y me
acosté atrayéndola a mis brazos, no sabía cómo iba a decirle lo del viaje, me
aterraba demasiado la idea de no estar allí para protegerla. Me quedé con ella el
resto del día, dándole vueltas a lo que estaba pasando, al hecho de que había
encontrado a la única mujer que había movido mi corazón en el peor momento,
aun así no podía evitar esa sensación de paz y tranquilidad que me brindaba, la
noche llegó más rápido de lo que hubiese querido, luego de darle un beso salí, le
pedí a Alana que le echara un vistazo para asegurarse que estuviera bien y ella
prometió hacerlo.
Recorrí las calles despacio, esta vez alejándome poco del bar, los demonios
cada vez se acercaban más y temíamos que pudieran atacar cuando no nos
encontráramos, McKenna no se uniría a la caza esa noche, eso nos dejaba de
nuevo en desventaja numérica para matar a todas las sanguijuelas que
pudiéramos. Encontré el primero en el Mission District, arrastrando una persona
hacia el cementerio de la Misión Dolores, a esa hora de la noche el lugar
resultaba lúgubre, con sus tumbas antiguas y lápidas inclinadas. Cuando estuve
lo suficientemente cerca me di cuenta que el demonio sostenía un anciano que
vestía una sotana, seguramente el sacerdote de la iglesia contigua, el hombre
lucía aterrado, aunque no dejaba de pronunciar una letanía de oraciones, el
demonio rio con un sonido estridente, malditas sanguijuelas, hasta su risa era
molesta.
—Se acabó tu cena —dije deteniéndome detrás con las alas desplegadas, la
farola que se encontraba en la parte posterior dando directamente a mi espalda
lograba proyectar mi sombra en la pared de la iglesia, que a simple vista de un
humano podría resultar aterradora. Se giró enseñándome los colmillos, pero sin
soltar su presa. Me levanté en el aire y lo alcancé del cabello arrastrándolo, el
anciano se desprendió de sus garras y cayó unos metros más alejado, esperaba
que tuviera algún instinto de conservación y saliera huyendo, solté el demonio
dejándolo caer sobre una de las estatuas que se destruyó como si estuviese hecha
de arena, se puso de pie rugiendo, la espesa baba que salía de su boca apestando
a azufre caía sobre la tierra formando espuma al contacto. Se movió con rapidez
tratando de llegar a mi espalda, sin embargo, no tenía ni una posibilidad, yo
contaba con las alas que siempre eran nuestra arma a favor, además de que
cuando estaban hambrientos no pensaban con claridad y esto hacía que
cometieran errores.
—Acabemos con esto de una vez, maldito Demonials, necesito regresar por
mi presa —manifestó pasando su negra lengua por sus labios.
—Como quieras —respondí, y fui por él. Hice el mismo movimiento de
antes y aunque esta vez no tenía el factor sorpresa logré sujetarlo por el cabello,
levantó sus garras clavándolas en mis brazos, ignoré el dolor que esto me causó
y me seguí elevando en el are sin soltarlo, cuando sus pies estaban bastante lejos
del piso lo sostuve con una sola mano, mientras usaba la otra para cortar su
cabeza, el cuerpo cayó a tierra y comenzó a descomponerse más rápido de lo
normal, solté la cabeza que cayó a un lado y volví a descender. Estaba a punto de
marcharme cuando me fijé en la figura que me observaba aterrado con la espalda
apoyada en una de las viejas lápidas, el anciano se persignó cuando sus ojos se
encontraron con los míos, podría resultar un error dejar vivo a un humano que
me hubiese visto, pero este no parecía que fuera un verdadero peligro, así que
decidí ignorarlo, comencé a alejarme sin cambiar a mi apariencia humana,
cuando lo escuché hablar a mi espalda.
—Qué el señor te bendiga —afirmó. Me detuve un instante ante las
extrañas palabras, luego continué mi camino sin darle demasiada importancia.
Maté dos demonios más a unas cuantas calles y otro cerca de la bahía,
estaba a punto de continuar con mi recorrido cuando sentí el vello de mi cuello
erizarse, la sensación de ser observado se apoderó de mí, giré en todas las
direcciones buscando la fuente de la mirada, el hijo de puta no me iba a tomar
por sorpresa esta vez, si ponía mis manos sobre el maldito no dudaría en cortar
su cabeza, en ese momento recibí una llamada de Alexy recordándome que
teníamos que presentarnos en la casa de McKenna, mi enemigo tendría que
esperar, algo más importante me esperaba. Cambié la dirección de mi recorrido y
enfilé rumbo al edificio donde vivía el escocés.
16
EMILY
N o había pensado salir de la habitación pues Marcus no se
encontraba, pero estaba aburrida y quise buscar a las chicas para
hablar un rato con ellas, tomé mi cuaderno y fui a su encuentro, cuando lo hice vi
a Alana caminar como si estuviese huyendo, o al menos eso era lo que parecía,
llevaba puesto una sudadera con capucha que cubría su cabeza, y se pegaba a la
pared de forma sigilosa, asegurándose de mirar a cada lado del pasillo, me
acerqué y toqué su hombro haciéndola saltar. Se giró con los ojos muy abiertos y
se llevó la mano al pecho.
—Demonios, Emily, casi me matas del susto —se quejó.
—Eso debe ser porque estas tramando algo malo —escribí en el cuaderno,
y la vi hacer una mueca.
—En realidad no estaba haciendo nada malo, o al menos a mí no me lo
parece.
—¿Y a quién sí se lo parece? —pregunté.
—A Alexy.
—¿Y si a él le parece malo por qué lo haces? —cuestioné. Miró el cuaderno
y luego a mí con una sombra de tristeza.
—Porque es importante que lo haga —aseguró. No sabía exactamente qué
era eso tan importante que tenía que hacer, pero era seguro que para ella
significaba algo.
—Te acompaño —me ofrecí. Negó sacudiendo la cabeza a ambos lados.
—Es peligroso que salgas.
—También es peligroso que salgas tú y aun así lo estás haciendo, voy
contigo —sentencié. Una tímida sonrisa se dibujó en sus labios. En ese instante
apareció Ángela.
—¿Qué están tramando? —preguntó en cuanto nos vio. Alana me miró y
me encogí de hombros, no era yo la que tramaba nada, simplemente estaba
siendo cómplice.
—Emily y yo vamos a salir.
—Sabes que Marcus y Alexy las encerraran el resto de sus vidas si se
enteran que salieron ¿verdad? —comentó.
—Lo sé, pero estoy dispuesta a correr el riesgo —afirmó Alana.
—Está bien, voy con ustedes —propuso la recién llegada.
—No, tú te quedas, ya es bastante malo que nosotras salgamos, tú tienes
que cuidar al bebé —declaró Alana, que jugó la carta del embarazo, Ángela bajó
la mirada a su vientre abultado e hizo un asentimiento.
—Cuídense —dijo, y a continuación nos dio un corto abrazo. No sabía por
qué actuaban como si estuviésemos en una misión suicida, o tal vez era porque
lo estábamos.
Regresé a la habitación y me puse un suéter más abrigado. Luego salimos
por la parte trasera del bar, la noche estaba fría, una suave llovizna caía
aumentando la sensación de baja temperatura, casi corrimos hasta salir a la vía
principal donde Alana detuvo un taxi, me subí a su lado sin tener idea de a dónde
nos dirigíamos. Unos veinte minutos después el vehículo se detuvo frente a un
lujoso edificio, luego de pagar me tomó de la mano y prácticamente me arrastró
fuera. Me detuve en la entrada estudiando el lugar, estaba acostumbrada a este
tipo de sitios, mi familia había tenido el suficiente dinero para que yo hubiese
convivido con la clase social más alta de la ciudad, pero definitivamente Alana y
los demás no parecían encajar con una zona así.
—¿Qué hacemos aquí? —Escribí la pregunta comenzando a inquietarme.
—Vinimos a ver a un amigo —respondió con tranquilidad. No quería pensar
mal de ella, pero era extraño que saliera de noche escapando de su esposo para ir
a ver un amigo.
—¿Tu esposo sabe que tienes amigos aquí? —Cuestioné. En lugar de
molestarle la pregunta, le hizo reír.
—En realidad es más amigo de mi esposo que mío, aunque ninguno de los
dos quiera reconocerlo.
No comprendí su respuesta, pero decidí no hacer más preguntas. La seguí
por la enorme recepción hasta los ascensores, comenzamos a subir, este tenía una
espectacular vista panorámica de la ciudad, quien sea que viviera allí tenía buen
gusto y sobre todo mucho dinero. Salimos y ella caminó segura hacia la única
puerta que se encontraba en ese piso, esta se abrió incluso antes de que
llegáramos. Me detuve cuando el amigo de Alana apareció en la puerta, también
supe sin preguntarlo que era como Marcus y sus hermanos, tenía la misma
enorme estatura que los caracterizaba a todos, y por supuesto esa belleza que no
parecía de este mundo, con el cabello rubio oscuro y unos ojos verdes tan
brillantes que parecían dos esmeraldas, una sombra de barba cubría su atractivo
rostro, saludó a Alana con una sonrisa, pero no se acercó a abrazarla. Le dijo
algo que no alcancé a comprender, ella respondió rápidamente, y luego se fijó en
mí.
—Ella es Emily, la mujer de Marcus —Me presentó Alana, me gustó como
sonaba eso de ser la mujer de Marcus, aunque realmente no estaba segura de sí
lo era.
—Es un placer conocerte, Emily, soy Aidan McKenna —saludó. El hombre
tenía una sonrisa encantadora, pero más que eso tenía un aura que resultaba
agradable. Le sonreí de vuelta y estreché la mano que tenía tendida en mi
dirección. Nos invitó a entrar y no me sorprendió darme cuenta que el interior
era incluso más lujoso que el exterior, por un momento me perdí en la vista de
las luces que se apreciaban a través de los enormes ventanales. Alana agitó su
mano en mi rostro sacándome de mi estado de fascinación, sonreí avergonzada y
me acomodé en el sofá a su lado, Aidan se sentó frente a nosotras.
—Bien, hermosas señoritas, ¿qué las trae por aquí a escondidas de sus
esposos? —preguntó. Pensé que Alana se lo había dicho, pero su cara de
sorpresa me dijo que no.
—¿Cómo sabes que vinimos a escondidas?
—Porque conozco a ese par de bastardos psicóticos, y sé que no dejarían
salir a sus mujeres de noche y solas —afirmó. Alana rio como si no le molestara
el insulto a su esposo, yo en cambio no estaba muy segura de gustarme, él miró
en mi dirección y vio el gesto de desagrado—. Lo siento cariño, no fue mi
intención insultar a tu marido, no lo tomes a mal, los sujetos realmente me
agradan —comentó. Su mirada sincera me dijo que era cierto.
—Vinimos porque necesito pedirte un favor —comenzó Alana.
—Por supuesto, lo que necesites —dijo inclinándose, y apoyando los codos
en sus rodillas.
—Necesito que me ayudes a encontrar a alguien. Su nombre es Abigail
Robinson —pidió Alana. Recordé que me había hablado de su amiga Abby
antes.
—¿Tienes algún otro dato? —preguntó McKenna, ella negó y sus ojos se
llenaron de lágrimas, me acerqué para tomar su mano.
—No mucho, estábamos juntas en la casa de acogida, yo salí antes porque
soy unos meses mayor, pero cuando la busqué ya no la encontré, nuestros padres
de acogida se mudaron de ahí, con Ángela intentamos buscarla a través de los
servicios sociales, aunque ellos tampoco tienen datos sobre la nueva dirección de
la familia. Abby cumplió los dieciocho hace unos meses, así que técnicamente
ya debe estar fuera del servicio de acogida, sin embargo, su hermano pequeño
Kevin apenas tiene diez años, así que a menos que ella haya logrado obtener su
custodia él sí seguirá a cargo del sistema.
—Entiendo, no te preocupes pequeña, voy a tratar de conseguir toda la
información que pueda, necesito que me des los nombres de las personas que los
tenían a su cargo.
—Sus nombres son Logan y Marga Norton.
—Perfecto, voy a tratar de conseguir todo lo que pueda, no te preocupes,
encontraré a tu amiga —afirmó. Vi que él la miraba con ternura, pero no como si
se sintiese atraído por ella, sino como si estuviera mirando a una hermana
pequeña.
—Te lo agradezco mucho —dijo ella dándole un corto abrazo, él se separó
rápidamente y en ese instante la puerta se abrió, giré sorprendida por la
interrupción, Marcus y Alexy se encontraban en la puerta, el esposo de Alana
parecía que echaba chispas por los ojos.
—No vuelvas a tocar a mi mujer McKenna —amenazó Alexy, nuestro
anfitrión le sonrió como si la advertencia no significara nada para él. Marcus
caminó a zancadas hasta donde me encontraba y me tomó en brazos. Sin decir
nada, comenzó a caminar llevándome con él, miré por encima de su hombro y vi
al marido de Alana abrazarla y darle un beso, luego le lanzó una mirada
amenazadora a Aidan quien correspondió con el mismo gesto afable que
mantuvo en todo momento, se giró en mi dirección y me guiñó un ojo, levanté la
mano para decirle adiós sintiéndome un poco avergonzada de que me sacaran de
su casa en brazos.
—Puedo caminar, ¿sabes? —le dije a Marcus cuando estábamos entrando
en el ascensor.
—No me importa, me gusta llevarte —declaró. Alana y su esposo se nos
unieron en ese momento, así que decidí esperar a que llegáramos a casa para
indagar en su estado de ánimo, que por el momento no me decía nada, no sabía
si estaba molesto porque hubiera salido. Una vez afuera me acomodó en su
motocicleta y se subió delante de mí, aceleró por las calles de la ciudad, me
aferré a su cintura, cuando llegamos de nuevo me cargó hasta la habitación,
comenzaba a parecer un hábito eso de no dejarme caminar. Me sentó en el borde
de la cama y se alejó, su mirada no me daba indicios de nada, a veces resultaba
frustrante no saber qué estaba pensando.
—¿Estás molesto porque salí? —me atreví a preguntar. Me observó un
momento.
—Lo estoy —replicó. Su escueta respuesta hizo que quisiera golpearlo para
que se abriera un poco, y fuera más comunicativo.
—¿Y por qué no me estás reclamando? —Se puso de cuclillas frente a mí y
acarició mi mejilla con sus dedos.
—Porque sé que saliste solo por acompañar a Alana, de otro modo habrías
estado aterrada de hacerlo. —La realidad de sus palabras me golpeó, era cierto,
me preocupé tanto porque ella no saliera sola que en ningún momento recordé
mi propio miedo a abandonar las paredes del lugar.
—Lo siento. —Sus ojos se quedaron pegados a los míos, tomé su cara entre
mis manos y lo acerqué para besarlo, me encantaba sentirme libre de hacer eso,
de poder tocarlo cuando quisiera.
Me devolvió el beso con pasión, introduciendo su lengua en mi boca,
enredándola con la mía. Sin romper el contacto me empujó hasta que quedé de
espaldas en la cama y él se alzó sobre mí apoyado en sus palmas, evitando
aplastarme. Acaricié la piel desnuda bajo su camiseta, subiendo y bajando hasta
el borde de su pantalón queriendo ir más allá, lentamente deslicé una de mis
manos por la parte delantera hasta llegar a rozar su erección, la acaricié por
encima de la tela, sin embargo, necesitaba más, desabroché el botón para que me
diera mayor acceso y hundí mi mano hasta llegar al lugar que deseaba. Su
espalda se tensó cuando lo tomé rodeándolo con mis dedos, se sentía grueso y
suave, separó sus labios de los míos y cerró los ojos, moví mi palma arriba y
abajo sobre la superficie, empujé sus pantalones para dejarlo completamente
libre, bajé la mirada para comprobarlo y mis ojos se abrieron grandes al ver su
tamaño, disimulé lo mejor que pude la inquietud que me provocó pensar en
cómo encajaría aquello en mi interior, decidí no pensar y solo disfrutar. Lo liberé
un momento para ayudarlo a quitarse la camiseta, su pecho desnudo logró
arrancarme un suspiro, no me fijaba en las cicatrices que cubrían su costado,
estas habían dejado de importarme, o tal vez nunca lo hicieron, se alejó de mí
poniéndose de pie para terminar de desnudarse, apoyé los codos en el colchón
para quedar erguida y mirarlo, noté que en su cadera y su pierna también habían
algunas cicatrices, no tan graves como las de la parte superior, pero aun así
visibles. Una sombra de duda cruzó su rostro y supe que le preocupaba
resultarme desagradable, aunque esa no era una posibilidad, no había nada de él
que no me gustara, le tendí la mano para que se acercara, cuando lo hizo me besó
de forma brusca, transmitiéndome toda la pasión que sentía, sus manos fueron
rápidas en desnudarme, casi arrancando mi pantalón y mis bragas, estaba segura
que esta vez sí llegaríamos al final y la ansiedad se apoderó de mí. Cuando mi
suéter y sostén desaparecieron estrujó mis pechos con fuerza, sin hacerme daño,
mordí su labio inferior esta vez tratando de no hacerle sangrar, jadeé cuando sus
dedos retorcieron mi pezón dándome una pequeña descarga eléctrica del más
puro placer, enredé mis pierdas en su cintura y sentí su erección rozar mi centro,
me moví un poco más sintiendo su dureza, lo quería dentro de mí. Una de sus
manos viajó por en medio de los dos hasta que sus dedos alcanzaron esa parte de
mí que ardía por su toque, sus dedos frotaron mi clítoris, y luego lentamente
hundió uno y después otro en mi interior, mi cadera se levantó como si tuviese
vida propia para salir a su encuentro, desesperada por conseguir la liberación que
me dio la noche anterior. El beso se volvió frenético, su lengua penetrando en mi
boca de la misma forma que sus dedos se ocupaban de mi sexo húmedo. Estaba
cerca, sentía el mismo remolino de la primera vez formándose, me aferré a sus
hombros calvando mis uñas en su piel, se separó dejando sus ojos fijos en los
míos, sus dedos se movían con rapidez. Ahora el pulgar se unió a los otros
frotando mi botón, de esta forma hizo que alcanzara el orgasmo, no había tenido
tiempo de recuperarme cuando alejó su mano y se acomodó en medio de mis
piernas, sentí su erección comenzar en entrar lentamente, estirándome a su paso.
—¿Estás bien? —preguntó deteniéndose a mitad del camino, asentí
deseando más que nada que continuara—. Lo siento —dijo, apenas tuve tiempo
de sentirme confundida por su disculpa cuando se empujó con fuerza, un fuerte
dolor me atravesó haciéndome contener el aire, de nuevo no alcancé a procesar
lo que acababa de suceder cuando otra realidad me golpeó, haciendo que las
lágrimas brotaran a borbotones de mis ojos—. Em, lo lamento, no quería
lastimarte —declaró y comenzó a retirarse. Apreté mis piernas a su alrededor
para impedírselo, aunque no podía parar de llorar para explicarle lo que estaba
pasando, lo atraje a mi cuerpo y lo abracé, aferrándome a su cuello con fuerza,
tratando de calmar las diferentes emociones que se mezclaban en mi interior, la
mayor de ellas era la alegría, se quedó totalmente quieto, permitiéndome
desahogarme. Pasaron varios minutos hasta que por fin me sentí lo
suficientemente tranquila para mirarlo a los ojos, los suyos cargados de
preocupación, los míos seguramente rojos y aguados. Quería explicarle, pero no
encontraba la forma, así que decidí que era mejor demostrarle lo que estaba
sintiendo, ya luego le aclararía lo que pasó, moví mis caderas contra las suyas—.
¿Em? —preguntó sin dejar de arrugar el ceño, había notado que me dijo así en
varias ocasiones, y eso me gustó.
Alargué mis manos hasta sus nalgas y lo empujé en mi dirección, cuando
comprendió lo que quería comenzó a moverse, muy lentamente para mi gusto,
negué y se detuvo, volví a negar y comenzó a retirarse, quise maldecir por no
poder usar las palabras que necesitaba. Muy frustrada lo empujé, se apartó
enseguida. Comprendí que pensaba que no quería continuar, así que lo agarré de
la mano e hice que se acostara de espaldas en la cama, luego sentándome a
horcajadas en sus caderas tomé su erección en mi mano y la dirigí a mi interior,
ignorando el pequeño rastro de sangre que vi en ella y en medio de mis piernas,
una prueba más que confirmaba mis sospechas. Tomé el mando de la situación y
esta vez conseguí lo que quería, fui yo quien se movió a su gusto y él permitió
que marcara el ritmo, tomándome de las caderas me ayudó a subir y bajar, lo
miré y el placer que vi reflejado me hizo sentir poderosa, me incliné besando su
pecho y luego sus labios, sin dejar de moverme contra su erección. Apartó su
boca de la mía irguiéndose hasta que atrapó mi pezón y lo succionó con fuerza,
esto fue más de lo que pude soportar, me dejé llevar por el cúmulo de
sensaciones, lo sentí tensarse y luego el líquido caliente derramándose en mi
interior, caí sobre su pecho sintiéndome rendida y sobre todo muy satisfecha.
Unos minutos después, cuando logré respirar con normalidad, sentí que era
el momento de explicar mi ataque, me levanté sin retirarme de sus caderas,
permitiéndonos mantenernos unidos.
—Lo lamento —dije, se quedó viendo mis manos, entonces las cogió y
besó cada una de ellas, para luego dejarlas ir.
—Yo soy quien lo lamenta, no quería lastimarte. —Me mordí el labio
inferior buscando la mejor manera de explicarle aquello.
—No me hiciste daño, o bueno no mucho en realidad.
—Lloraste —manifestó. Amaba esa simpleza con la que decía las cosas.
—No lloré por lo que pasó… —Hice una pausa y respiré hondo, luego le
expliqué moviendo las manos tan rápido que no estuve segura de que me hubiese
comprendido—. Cuando estaba en el hospital, aquel hombre al que la policía
dice que ataqué, él me tocaba… me manoseaba cada vez que podía, en muchas
ocasiones me sedaban y pasaban horas y a veces días sin despertar, por alguna
razón pensé que si se aprovechaba de mí cuando estaba despierta también lo
hacía mientras dormía, así que llegué a pensar que en alguna de esas ocasiones
había abusado de mí —le expliqué. Sus ojos se abrieron en comprensión, y la ira
que brilló en ellos no era algo fácil de ignorar—. No sabes el alivio que sentí
cuando me di cuenta que no era así, que tú serías el primero.
Me atrajo a sus brazos y me quedé recostada sobre él, era extraño cómo
habían cambiado mis sentimientos y mi perspectiva desde la primera vez que lo
vi y lo consideré un monstruo, ahora de alguna manera había logrado convertirse
en mi mundo y sin proponérselo siquiera se apropió de mi corazón. Poco a poco
el sueño me fue venciendo hasta que me quedé dormida, sintiéndome más feliz
de lo que me había sentido en mucho tiempo, un demonio más fue alejado de mi
vida.
17
MARCUS
L a sostuve entre mis brazos tratando de calmar la furia, el hijo de puta
iba a morir, no habría lugar donde pudiera esconderse de mí, lo
encontraría y lo haría pedazos. Aparté los mechones rojos de cabello que caían
sobre su mejilla, limpié los últimos rastros de lágrimas que quedaban, y cerré los
ojos dejándome arrastrar por el sueño.
Desperté cuando la sentí removerse, abrí los ojos y ella me miraba con una
enorme sonrisa, comenzaba a acostumbrarme a despertar de esa forma, y
definitivamente nunca hubiese imaginado que algo podía ser tan hermoso como
verla sonreír.
—¿Dormiste bien? —pregunté acariciando su cabello.
—Mejor que nunca —declaró. Sus caderas desnudas se movieron sobre mí
haciendo que mi miembro tomara vida—. Quiero darme un baño —dijo. La dejé
libre para que pudiera levantarse. La vi dudar un momento sin moverse—. ¿Te
gustaría que nos bañásemos juntos? —sugirió. Pareció avergonzada de pedir
aquello, yo en cambio me levanté raudo antes de que cambiara de opinión, la
cargué hasta el baño y puse a llenar la tina, aquella que nunca había usado
porque no encontraba la gracia de meterme en una cosa llena de agua, la ducha
era más rápida y más funcional, al menos antes lo pensaba, ahora tener a Emily
desnuda ahí mientras la ayudaba a bañar resultaba la idea más tentadora del
mundo.
Cuando estuvo llena y comprobé la temperatura del agua la ayudé a entrar,
se sentó dándome espacio para acomodarme detrás de ella, busqué el jabón y
comencé a enjabonar su espalda, sus hombros y luego me trasladé a sus pechos,
recostó su cabeza sobre mí y cerró los ojos relajándose ante mis caricias, con una
de mis manos jugueteando con sus pezones bajé la otra lentamente por su
estómago hasta llegar a su sexo, mis dedos se abrieron paso en su interior y
recordé la sensación de la noche anterior cuando estuve dentro de ella, era lo
más magnífico que había sentido alguna vez, mordisqueé el lóbulo de su oreja y
luego su cuello, giró su rostro permitiéndome alcanzar sus labios, tenía que estar
dentro de ella de nuevo pues de lo contrario explotaría. La levanté girándola para
que quedara sentada frente a mí y la penetré con fuerza, tratando de no
lastimarla, se aferró al borde de la bañera y comenzó a subir y bajar sobre mi
erección. Maldición, verla así de desinhibida, dejándose llevar por el placer, sin
vergüenza de entregarse de la forma en la que lo estaba haciendo se estaba
convirtiendo en mi perdición, o mejor dicho ya se había convertido, porque
estaba completamente seguro de que haría todo lo que fuera por mantenerla a mi
lado. Acercó su cara a la mía y besó mi mejilla para luego trasladarse a mi boca,
amaba la forma en que me tocaba sin sentir repulsión por mis cicatrices, como si
no estuviesen ahí, mordió mi labio con fuerza cuando estaba a punto de
conseguir su orgasmo, esto era algo que me calentaba como el infierno, cuando
sus paredes se cerraron apretándome más de lo que ya lo hacían me dejé llevar
derramándome en su interior.
La ayudé a secarse y luego a vestirse, me habría encantado mantenerla
desnuda y en la cama todo el día, pero tenía que planear lo del viaje y sobre todo
encontrar la forma de explicarle que tenía que irme, no quería pensar en el dolor
que eso me estaba causando, sin embargo, había dado mi palabra a mis hermanos
y tenía que cumplir, cuando estuvo lista la ayudé a peinar, me había dado cuenta
la primera vez que era algo que le gustaba, así que lo hice, desenredando cada
mechón con cuidado.
—Estás lista —dije cuando terminé mi tarea, deposité el cepillo sobre la
mesa y la atraje para sentarla en mi regazo, había llegado el momento de
explicarle lo del viaje.
—Me gusta que me peines —explicó con una sonrisa.
—A mí me gusta peinarte.
—¿Cómo sabías donde estaba anoche? —preguntó cambiando de tema, y
sin saberlo ayudándome a llegar al punto que necesitaba.
—No sabía que estabas ahí, fui por otro motivo —comenté.
—Supongo que querías visitar a tu amigo —acotó. Quise reír ante la
mención de McKenna como mi amigo.
—Nosotros no somos amigos.
—Algo de eso dijo Alana, que eran amigos, aunque ninguno quisiera
reconocerlo. ¿Entonces fuiste ahí por…? —Dejó la pregunta en el aire y fue
entonces que comenzó el momento más difícil.
—Fui a recoger algunas cosas, tengo que hacer un viaje y McKenna es el
encargado de organizarlo todo —le expliqué. Su rostro se contrajo.
—¿Un viaje? ¿A dónde? —inquirió.
—A Rusia.
—¿Con quién irás?
—Solo —aclaré.
—¿Solo? ¿Por qué los demás no irán contigo? —cuestionó extrañada.
—Em, mis hermanos no pueden abandonar el bar, la mujer de Tarek está
embarazada y la de Alexy fue secuestrada hace un tiempo por su padre, él no
puede arriesgarse a que algo malo le pase. Me ofrecí a ir en su lugar porque… —
No alcancé a terminar la frase cuando se bajó de mi regazo, se quedó de pie
dándome la espalda, esperé un momento y luego la vi girarse con los ojos llenos
de lágrimas.
—Comprendo, tú no tienes a nadie a quien cuidar —soltó. Esa tristeza en su
mirada estuvo a punto de romperme y enviar todo a la mierda. Me puse de pie y
me acerqué, cuando levanté la mano para tocarla retrocedió.
—Em, tú eres lo único importante que tengo, cuando me ofrecí a ir nosotros
no estábamos juntos, ni siquiera pensé que tú podrías verme de otra forma que
no fuera como un monstruo, ahora no puedo retractarme —manifesté.
—Tú no eres un monstruo.
—Me alegra que lo pienses, te prometo que voy a estar bien y regresaré
pronto.
—Llévame contigo —pidió acercándose de nuevo, la levanté haciendo que
rodeara mi cintura con sus piernas y la mantuve así, no quería soltarla, no quería
dejarla, pero tampoco podía arriesgarla llevándola conmigo. La miré para poder
hablarle sin usar mis manos, pues estas estaban ocupadas sosteniéndola.
—Lo siento, pequeña, prefiero estar muerto a arriesgarme a que algo malo
te pase —afirmé rotundo. Su frente se arrugó y sus ojos verdes llamearon, sus
mejillas enrojecieron haciéndome saber que la tristeza había sido sustituida por
el enojo, lo prefería así, era más fácil lidiar con su carácter que con mi estúpido
corazón rompiéndose por verla llorar. Sus brazos empujaron mi pecho tratando
de zafarse de mi agarre, cuando la deposité de nuevo sobre sus pies me miró
furiosa.
—Si te vas y me dejas no voy a hablarte nunca más —sentenció. De pronto
se detuvo—. ¡Maldita sea! Eso sonó estúpido —afirmó. Mordí mi labio tratando
de evitar sonreír, y me sorprendió darme cuenta que era la primera vez en siglos
que algo me causaba gracia—. Lo que quiero decir es que si me dejas no quiero
saber de ti nunca más, no te molestes en volver por mí, pues cuando regreses ya
no voy a estar —decretó. Sus manos se movían tan rápido que tuve que
quedarme atento a ellas para no perderme nada, se giró dándome la espalda y la
sujeté rodeándola con mis brazos, sabía que sus palabras eran producto del
enojo, aunque no por ello dolieron menos, luchó por soltarse, aun así, no la
aflojé. Cuando dejó de forcejear le di la vuelta y la besé, introduje mi lengua en
su boca y la devoré, sus pequeñas manos se cerraron en puños en mi camiseta.
Nos separamos jadeando y con la respiración entrecortada.
—Mírame, Em, nunca vuelvas a decir que vas a dejarme, no lo permitiré, tú
eres mía, voy a protegerte con mi vida si es necesario y si eso significa dejarte
encerrada en esta habitación hasta mi regreso entonces lo haré. —Sus labios se
apretaron en una delgada línea, su rostro se puso totalmente rojo, la dejé libre
porque sabía que en cualquier momento explotaría.
—Eres un egoísta, si yo soy tuya entonces tú eres mío —manifestó. Estaba
seguro de que de haber estado hablando habría gritado esas palabras, por
supuesto que era suyo, en cuerpo y alma si es que poseía alguna, eso no era algo
que fuera a discutirle.
—Lo soy —dije, aunque eso no mermó nada su enfado, era hermosa
incluso echando chispas y dándome esa mirada amenazadora.
—Vas a tener que encerrarme y encadenarme si pretendes que esté aquí
cuando vuelvas —anunció.
—Lo haré, pequeña. Juro que te encadenaré si es necesario.
—Inténtalo —fue lo último que dijo antes de salir corriendo dejándome
solo. Maldije y me dejé caer en el sofá, ¿en qué momento me metí en esta
mierda?
Decidí que era mejor dejarla un rato hasta que se calmara, así que me saqué
la camiseta y comencé a golpear el saco de boxeo, había tenido que llenarlo con
algunas bolas de acero, cuando la arena y las piedras no fueron suficientemente
resistentes a mi fuerza, esto dolía más, pero de alguna forma me calmaba. Estaba
tan concentrando en mi tarea que no escuché a Tarek llegar hasta que habló
desde la puerta.
—Parece que alguien por aquí tiene un ataque de furia —se burló. Lucía
tranquilo, apoyado en el marco y con los brazos cruzados.
—Vete a la mierda —dije sin dejar de golpear el saco.
—Vamos a entrenar con Cam, ¿no quieres golpear algo de verdad? Estoy
dispuesto a servirte de carnada y todo.
—Estoy dentro —acepté la oferta encantado de golpear sus bolas, así fuera
por un rato. En el bar, Alexy y Cam ya estaban listos.
—Hey, hermano, tu mujer es una pequeña fiera, la encontré en el pasillo y
estuvo a punto de cortar mi cuello cuando le guiñé un ojo —comentó Cam
divertido.
—Si vuelves a hacerle un guiño o a mirar a mi mujer te voy a sacar los dos
ojos —le advertí.
—No es necesario, estoy seguro de que ella misma es capaz de hacerlo.
¿Qué hiciste para molestarla tanto? —Todos se quedaron mirándome ante la
pregunta.
—Le dije que iba a ir a Rusia, quería que la llevara y me negué. —Era toda
la información que estaba dispuesto a dar, que en mi opinión era bastante.
—Seguramente lo va a entender cuando se calme.
—Comencemos con el entrenamiento —dije cambiando de tema, no iba a
hablar más del asunto.
—Hagamos esto divertido —propuso Tarek cambiando de forma, en apenas
unos segundos todos habíamos cambiado—. Cam, vamos por él, necesita sacar
toda la mierda porque su mujer lo hará dormir esta noche en la bodega de nuevo
—alegó. Ambos se rieron y fueron por mí al mismo tiempo. Me elevé y Tarek
hizo lo mismo, Cam me alcanzó tomándome de una pierna, y me derribó, di un
codazo en el pecho de Tarek lanzándolo lejos, luego tomé a Cam por el cuello, a
pesar del poco tiempo que llevaba entrenando logró zafarse de mi agarre con
relativa facilidad, se giró y plantó un golpe en mi estómago.
—Viste eso amigo, te acabo de joder —declaró. Parecía un niño pequeño.
—Necesitas más que un simple roce para joderme —afirmé. Su risa
retumbó.
—Creo que es mi turno —intervino Alexy, conocía perfectamente la forma
de luchar de cada uno de mis hermanos, Tarek era sanguinario y despiadado,
mientras que Alexy era siempre calmado, midiendo uno a uno los movimientos
de su oponente, eso lo hacía aún más letal. Nos miramos uno a otro,
comenzamos a caminar en círculo, esperé a que fuera él quien atacara primero,
no iba a darle la ventaja y lo sabía, cuando lo hizo fue rápido, tanto que estuve a
punto de no poder evitarlo, pero lo hice, me moví a la izquierda cuando él fue a
la derecha, esto me dio una ligera ventaja, pateé la parte de atrás de su rodilla
haciéndolo caer.
—Maldición, eso no lo vi venir —se quejó poniéndose de pie.
—¿Será porque me subestimaste? —interrogué volviendo a mi posición de
ataque.
—Nunca osaría subestimar a ninguno de mis hermanos, digamos que más
bien tengo mucha fe en mí mismo. —Una sonrisa se extendió por sus labios ante
sus propias palabras.
—Espero que conserves esa fe luego de que te haya dado una paliza —
acoté. Tarek y Cam reían observando el espectáculo. Esta vez no esperé a que
me atacara y decidí ir por él, chocamos y rodamos por el piso, esto era algo que
evitábamos a toda cosa, pues lastimaba nuestras alas, sentí un dolor intenso
cuando mi espalda quedó pegada al suelo, logré girarlo para que fuera él quien
quedara en la posición dolorosa. Una de sus garras fue a mi cuello y me sostuvo
ahí, aun así, no aflojé mi agarre. Logró levantarse, y en el proceso uno de sus
cuernos estuvo a punto de cortar mi mejilla, me alejé tratando de evitarlo y esto
le dio ventaja para estrellar su puño contra mi nariz—. ¡Hijo de puta! —gruñí.
—Parece que sigo conservando mi fe después de todo —se burló. Me llevé
la mano al lugar que sangraba profusamente.
—Maldición, creo que está rota —declaré. Acomodé el hueso en su lugar,
evitando gritar por el dolor intenso, en pocos minutos comenzaría a sanar,
aunque no importaba, porque igual dolía como el infierno. Busqué mi camiseta
para limpiar la sangre que caía por mi boca hasta mi pecho.
—Oigan, yo no limpiaré la sangre del piso —se quejó Cam.
—Tal vez la de Marcus no, pero la tuya sí cuando acabe contigo —advirtió
Tarek empujándolo, ambos se enzarzaron en una lucha, me senté en una silla y
acepté una cerveza que Alexy me ofreció.
—Lo siento por eso —se disculpó señalándome—. Pero parecías dispuesto
a cortar mi cabeza en serio.
—Imbécil —refunfuñé dando un largo sorbo, se rio y siguió bebiendo,
mientras veíamos a los otros rodar por el piso en una posición similar a la que
tuvimos nosotros antes, en apenas unos segundos Tarek logró neutralizar a Cam,
quien blasfemaba furioso por haber perdido.
El resto del día lo pasamos en la misma dinámica, todo el tiempo estuve
atento para ver si Emily aparecía con las demás chicas, pero no lo hizo, Steven
vino a traernos la comida cuando fue la hora, sin embargo, no había rastros de mi
mujer, esperaba que se le pasara la molestia para la noche, pues no podía
soportar la idea de que no me permitiera tocarla. Cuando terminó el
entrenamiento decidimos que esa noche nos quedaríamos todos en el bar, Tarek
y Cam habían encontrado demonios apenas a unas calles de allí la noche
anterior, así que determinamos no arriesgarnos a un ataque. Fui a la habitación y
supe antes de entrar que ella se encontraba ahí, abrí la puerta y la vi recostada en
la cama con la espalda hacia la entrada, me acerqué y noté que fingía dormir,
pues su respiración estaba agitada, me senté en la cama con la espalda apoyada
en el cabecero, estaba a punto de rogarle que dejara de ignorarme porque no lo
soportaba cuando se levantó quedándose sentada, sus ojos estaban rojos y sus
mejillas manchadas de lágrimas. La atraje a mis brazos sentándola a horcajadas
en mi regazo. Nuestras miradas se encontraron.
—No llores mi, Em, no puedo soportarlo, no quiero ser yo quien ponga esa
tristeza en tu ojos —le pedí.
—Lo siento, lamento lo que te dije. Sí te voy a esperar, siempre te esperaré,
es solo que me da mucho miedo que puedan lastimarte.
—Te prometo que voy a cuidarme, lo haré por ti —dije metiendo un
mechón de cabello detrás de su oreja. Su dedo pulgar acarició mi labio inferior y
abrí la boca apoderándome de él para chuparlo, cuando lo dejé libre lo
reemplazó por sus labios, la besé comenzando despacio, pero sintiendo esa
urgencia que se adueñaba de mí cada vez que la tenía cerca.
Como si tuviesen vida propia mis manos fueron directas a sus pechos para
masajearlos por encima del camisón que traía puesto, no estaba usando sostén y
eso me excitó, sin importarme nada lo rasgué, necesitaba tenerla desnuda, lancé
los restos de tela lejos y mis manos vagaron por todo su cuerpo, la recosté en la
cama y sus bragas corrieron la misma suerte que el camisón, aprecié su desnudez
sintiéndome poderoso al saber que era yo el único que tenía permitido verla de
esa forma, me puse de rodillas en el piso y separé sus piernas, moría por
probarla. Comencé un camino de besos por la cara interna de sus muslos y poco
a poco fui subiendo hasta alcanzar ese punto que tanto anhelaba, usé los dedos
para separar sus pliegues y gemí de placer al primer contacto de mi lengua con
su centro, era dulce y suave, sus caderas se levantaron y la vi aferrarse a las
sábanas, seguí lamiendo y chupando su botón, introduje uno de mis dedos en su
interior, metiéndolo y sacándolo al tiempo que mi lengua seguía jugando con su
clítoris, sentí mi erección tensarse contra mis pantalones hasta un punto
doloroso, la escuché gemir, algo que ni siquiera ella podía darse cuenta que
estaba haciendo, chupé con fuerza su botón cuando sentí sus paredes apretarse
en torno a mi dedo, estaba cerca, por lo que aceleré mis movimientos sintiendo
la humedad que se desprendía de ella en mi boca, enviándome a una ola de
placer que estuvo a punto de hacer que terminara sin tan siquiera haberme
quitado la ropa. Cuando por fin estalló su orgasmo le di una última lamida antes
de ponerme de pie y despojarme de mi ropa con tanta rapidez que las prendas se
rompieron, se apoyó en sus codos y me miró con sus ojos brillantes por el placer
que acababa de recibir, acaricié mi erección imaginando como se vería su boca
alrededor de ella, cerré los ojos ante la imagen, luego la aparté no sabía si ella
querría hacer algo como eso y no estaba dispuesto a obligarla a hacer nada que
no quisiera, me acerqué despacio separando sus piernas con mis rodillas y
comencé a entrar en la gloria, sin apartar mis ojos de los suyos la penetré, bajé
mi boca para besarla y sus manos tomaron mi cabello en puños, ambos nos
movimos al mismo ritmo, la embestía primero despacio y luego aumentando la
velocidad, el sonido de nuestros sexos chocando llenaba la habitación,
mezclándose con los pequeños jadeos que ella no sabía que dejaba salir. Alargué
la mano por en medio de nosotros, atrapé su clítoris con mis dedos retorciéndolo
un poco, luego moviéndolo en círculos, sin dejar de balancear mis caderas
entrando y saliendo de ella, la sentí tensarse a punto de llegar y cuando lo hizo,
su placer me llevó a mí también derramándome en su interior. Me dejé caer a un
lado trayéndola a mis brazos, acaricié su brazo dándole tiempo a que su
respiración agitada se calmara. Unos minutos después se apartó y se sentó a mi
lado, ajena a lo que su desnudez me estaba causando, pues solo la vista de sus
pechos hacía que mi miembro despertara, estaba a punto de tumbarla para
enterrarme en ella de nuevo cuando comenzó a mover sus manos.
—¿Por qué tienes que hacer ese viaje? —preguntó. El tema escabroso del
maldito viaje estaba de vuelta. Me senté apoyando la espalda en el cabecero y la
acerqué para que quedara en medio de mis piernas mirándome.
—Hace unos meses un lunático que quería gobernar el mundo secuestró a
Ángela, él quería su alma para hacer alguna especie de ritual y así despertar la
peor maldad que alguien pueda imaginarse, el secreto de cómo realizar este
ritual y muchas más cosas oscuras se encuentra dentro de un antiguo texto que él
tenía en su poder. Cuando Tarek logró mandarlo al infierno el texto terminó en
nuestras manos, hemos intentando destruirlo de muchas formas, pero no hemos
tenido éxito, pero tampoco podemos seguir teniéndolo, el poder que posee esta
cosa es tanto que atrae a los demonios hacia él, es por eso que cada vez hay más
de ellos en la ciudad.
—¿Qué tiene que ver el libro ese con tu viaje?
—En sus investigaciones McKenna descubrió que hay alguien que podría
ser el encargado de protegerlo, no sabemos su nombre ya que el tipo nació hace
milenios, es el primer Demonials, él tiene el poder suficiente para hacerse cargo
sin que la vida de los humanos corra peligro y que la tierra se convierta en el
infierno —le expliqué.
—¿Así que iras a buscar un hombre al que no conoces y del que no sabes ni
siquiera su nombre? —cuestionó. Su ceño se arrugó ante esta pregunta, sabía lo
que estaba pensando, que era lo más estúpido de hacer, yo mismo estaba
convencido de ello.
—Así es.
—Tengo miedo. —La preocupación en sus ojos me hizo sentir como el peor
hijo de puta, por saber que era yo quien la ponía ahí.
—Voy a volver, Em, te juro que lo haré —sentencié. Y pensaba cumplir esa
promesa, no sabía cómo, pero lo haría. Envolvió sus brazos en mi cuello para
acercar mi cara a la suya y besarme, pensé que solo sería un beso inocente. De
repente su mano se cerró alrededor de mi erección y comenzó a acariciarme, eso
fue todo el permiso que necesité para que en menos de un segundo la tuviera de
espaldas en la cama y a mí profundamente enterrado en su interior, le hice el
amor tantas veces esa noche que pensé que iba a terminar haciéndole daño,
aunque ella no se quejó en ningún momento y cada vez respondía a mi toque
como si estuviese tan necesitada de mí como yo de ella.
Me encontraba sentado en el sofá de la oficina, Alexy estaba detrás del
escritorio y Tarek en la silla del frente, Cam se apoyaba contra la estantería
donde se guardaban todos los recibos y facturas del bar. Estábamos terminando
de cuadrar los detalles para el viaje que sería a la madrugada, faltaban unas
diecinueve horas para tener que subirme al avión y ya estaba nervioso como el
infierno, aunque no era por tener que hacerlo, era por dejar a mi Em.
—¿Lo tienes todo claro? —preguntó Alexy, asentí sin muchas
explicaciones, a esas alturas no importaba si lo tenía claro o no, ya no había
marcha atrás—. Llegarás a Moscú a las tres de la tarde, ahí viene mi principal
preocupación, estarás ciego unas horas hasta que caiga la noche y no sé cómo
vas a arreglártelas en el aeropuerto.
—Me las arreglaré —dije con poca convicción.
—¿Puedo darles mi opinión? —inquirió Cam.
—No —fue la respuesta tajante que le dimos los tres al mismo tiempo.
—Cabrones, igual se la voy a dar, creo que deberías llevar a tu mujer, ella
podría ser tus ojos cuando los tuyos no funcionen —comentó. Tarek y Alexy me
miraron, para mi disgusto pareciendo interesados en la propuesta de Cam.
—Eso no voy a discutirlo, ella no irá, no voy a exponerla al peligro.
—Marcus —comenzó Alexy pareciendo tranquilo, pero sabía bien a donde
se dirigía.
—Si te atreves a insinuar que lleve a mi mujer a lo que sabemos puede ser
una muerte directa voy a cortar tus bolas —le advertí. Él levantó las manos en
señal de rendición.
—Qué tal si continuamos… —No alcanzó a decir nada más cuando nos
llegó el sonido de lo que parecían ser gritos, sabíamos que las chicas estaban en
el bar ayudándole a limpiar a Steven, me puse de pie como un rayo y corrí con
los demás pisándome los talones, cuando llegamos las vimos de pie en línea con
la mirada puesta en la puerta de donde provenían unos fuertes golpes.
—Es la policía, abran, tenemos una orden —gritó alguien desde afuera.
—¿Qué mierda? ¿Por qué vino la policía? —preguntó Tarek.
—No podemos abrir, si lo hacemos la luz nos cegará y no podremos lidiar
con ellos —comentó Alexy, me acerqué a Emily quien se veía aterrada, la abracé
estrechándola contra mi pecho. Afuera los gritos continuaban.
—Sabemos que Emily Thompson se encuentra en este lugar —chilló de
nuevo una voz. Mis ojos fueron directamente a mis hermanos.
—Demonios, ¿cómo se enteraron? —demandé furioso, sabía que ninguno
de los que estábamos ahí la habría delatado.
—Dina —respondió Steven sorprendiéndonos a todos.
—¿Dina? —No entendía que tenía que ver ella en eso, nunca habíamos
hablado desde que llegó a trabajar al bar, sabía que se había acostado con Tarek
un par de veces antes de que este conociera a Ángela, pero por lo demás la mujer
era un fantasma para mí.
—Anoche llamó para decir que ya no vendría a trabajar, que tenía algo
mejor, estoy seguro que se refería a la recompensa que ofrecieron por Emily.
—Maldición, Steven, ¿por qué no dijiste nada? —grité furioso, hizo una
mueca de disculpa.
—Lo lamento, no se me ocurrió que fuera esta la razón, tampoco puedo
asegurar que lo sea, simplemente es mucha coincidencia —comentó. Sentí que
tiraban de mi camiseta y miré hacia abajo para encontrarla con sus ojos llenos de
preocupación.
—¿Qué está pasando? Todos hablan muy rápido y no logro comprender
nada —me pidió. Mi corazón se desgarró ante el hecho de que ella ni siquiera
pudiera ser del todo consciente de lo que estaba pasando.
—Está bien pequeña, no te va a pasar nada —declaré. Sus ojos se abrieron
enormes en comprensión a mis palabras.
—Vinieron por mí.
—Ellos no te llevaran de mi lado, mi Em, te lo prometo. Voy a sacarla por
la puerta de atrás —dije mirando a los demás.
—Imposible —intervino Cam apareciendo en ese momento—. Fui a
revisar, atrás también hay policías, nos tienen completamente rodeados,
cualquiera diría que tenemos aquí a un asesino en serie o a un traficante
peligroso, en lugar de una inocente chica. —Los golpes y las amenazas de entrar
a la fuerza continuaban, comenzando a hacerme perder la paciencia.
—Tenemos que abrir —habló Alana mirando en dirección a la puerta.
—No van a llevársela, los mataré a todos antes —gruñí apretando los
dientes.
—Marcus, contrólate —habló Tarek, que intentó poner su mano en mi
hombro y lo alejé.
—No voy a dejar que se lleven a mi mujer, no me importa si tengo que
acabar con todos.
—Esa es una locura, claro que podemos matarlos, ¿pero qué haremos luego
con un montón de cadáveres humanos? Van a venir más —trató de razonar
Alexy.
—¿Y crees que me importa una mierda un puto grupo de humanos?
—A nosotros tampoco nos importan, pero no podemos arriesgarnos a que
vengan sobre nosotros.
—Maldición, tú no dejarías que se llevaran a Alana, no me pidas que les
deje que alejen a Emily de mí.
—No te estoy pidiendo que dejes que se la lleven, al menos no en ese
sentido, es solo permitir que salga de aquí por las buenas, luego en la noche
iremos por ella, es lo mejor y lo sabes.
—No permitiré que la toquen ni que la aparten de mi lado un solo instante
—sentencié.
Estaba decidido a no dejarlos ponerle un solo dedo encima, no me
importaba a quien tuviese que llevarme en el proceso, sentí mi furia crecer hasta
un punto descontrolado, ni siquiera yo mismo era dueño de mis actos, cambié a
mi forma Demonials y me encaminé a la puerta, Tarek y Cameron me
interceptaron en el camino tomándome cada uno de un brazo, Alexy se puso en
frente, con un rugido mandé lejos a los dos primeros, vagamente escuché las
maldiciones y las mesas rompiéndose, le enseñé los dientes a Alexy, estaba
dispuesto a luchar con él si me seguía impidiendo el paso. Lo vi hacer un
asentimiento y luego los tres cayeron sobre mí, mi espalda chocó contra el piso
con un golpe sordo, mis brazos fueron inmovilizados, Cam se sentó en mi pecho
sosteniendo mi cabeza, logré apartarlos un momento y ponerme de pie, estaba
tratando de no lastimar a ninguno, pero eso comenzaba a no importarme. Los
tres me rodearon, entonces Emily apareció en mi visión, pasó por detrás de Tarek
quien era el que se encontraba frente a mí, se acercó despacio mirándome a los
ojos, su rostro estaba bañado en lágrimas y juré matarlos a todos por hacerla
llorar, incluidos mis hermanos quienes me impedían protegerla, cuando llegó a
mi lado sus pequeños brazos rodearon mi cintura, mi respiración estaba agitada y
la furia no mermaba. La abracé con cuidado de no lastimarla con mis garras. Su
mirada seguía fija en la mía cuando se separó un poco.
—Tienes que dejar que me lleven —me pidió. Negué con vehemencia, no
habría poder ni humano ni de ninguna otra clase que me obligara a permitirlo—.
Hazlo por ellos, mira a Ángela, está embarazada si entran por la fuerza podría
ser peligroso para ella y el bebé —comentó. No me sentí egoísta ni un poco
cuando no me importó nadie más que mi Em.
—No puedo permitir que te lleven, no lo haré —hablé mirándola a los ojos,
tratando de contener las lágrimas que pugnaban por salir.
—Tienes que hacerlo por tus hermanos, solo será un corto tiempo, estoy
segura que luego irás por mí, te prometo que estaré bien.
—No —negué.
—Marcus, compréndelo, ellos no me harán daño, mi abuela tiene mucho
dinero, ella se encargará de que me traten bien.
—Tu abuela te encerró en ese lugar mucho tiempo, ahí te lastimaron.
—Esta vez no estaré el tiempo suficiente para que alguien me lastime, tú
irás por mí. No pienses solo en nosotros, tu familia también está en riesgo, un
inocente está en riesgo —manifestó.
Miré en dirección a Ángela quien se hallaba en una esquina con sus brazos
rodeando su abultado vientre de forma protectora, Tarek estaba a su lado con un
brazo sobre sus hombros. Hacía siglos que no tenía ningún sentimiento ni bueno
ni malo, demasiado tiempo en que me sentí vacío y pensé que el único motivo
que tenía para vivir era la venganza contra Razvan, la última vez que lloré fue la
noche en que mi madre y Darline murieron. Esta vez no pude evitar que una
lágrima escapara de mis ojos cuando comprendí que tenía que dejar que se
llevaran a Emily, aun si eran apenas unas horas sentía que el mundo se
derrumbaba a mis pies, plegué mis alas rodeándola con ellas formando un
capullo como si de esta forma pudiese protegerla del mal del mundo, la mantuve
abrazada un tiempo que me parecía demasiado corto, negándome a que la
arrancaran de mis brazos, luego caí de rodillas y me abracé a su cintura
enterrando mi cara en el hueco de su cuello, tratando de que mis cuernos no la
hirieran. No me importaba parecer un niño roto y perdido, ni mucho menos que
supieran que tenía una debilidad, porque la tenía y esa era ella, mi Em, no pensé
en cómo se vería una criatura de dos metros con cuernos y unas enormes alas, de
rodillas llorando abrazado a la mujer que amaba, nada de eso importaba, solo el
saber que apenas en unos minutos mis brazos estarían vacíos. Se alejó de mí
buscando mi rostro y las lágrimas que brillaban en sus ojos se sentían como
puñales que iban directo a mi corazón.
—Te prometo que voy a estar bien, solo ve por mi pronto.
—Lo haré, apenas se oculte el sol saldré a buscarte y te llevaré conmigo al
fin del mundo si es necesario para que nadie más pueda encontrarte —aseguré.
Tomó mi cara entre sus manos y me acercó a su boca para besarme, me apoderé
de sus labios con fiereza, haciéndole el amor con mi lengua. Cuando nos
separamos juntó su frente con la mía un momento, luego levantó su mano y
escondiendo el dedo corazón y anular dejó los otros tres levantados,
M e esposaron y me subieron a la patrulla, mi rostro bañado en
lágrimas me impedía ver con claridad, pero no podía evitar
sentirme tranquila al saber que los demás estaban bien, que nadie iba a sufrir por
mi culpa. Un destello de alegría se instaló en mi pecho al recordar a Marcus
diciéndome que me amaba, luego este desapareció cuando una imagen de él vino
a mi mente, por un momento el hombre fuerte desapareció, siendo sustituido por
uno que se veía derrotado, esa no era la actitud con la que quería verlo, no lo
soportaba, no tuve miedo cuando lo vi cambiar de forma y convertirse en
Demonials, porque para entonces ya comprendía que esa era su verdadera
naturaleza, incluso si se quedara así todo el tiempo lo amaría igual, para mí
seguía siendo la criatura más hermosa que alguna vez había visto, sentirme
rodeada por sus alas me dio una sensación de seguridad que nunca había tenido.
Lloré todo el camino sin saber a dónde me llevaban, al principio pensé que sería
de nuevo al hospital psiquiátrico, sin embargo, me condujeron a una comisaría
de policía, cuando llegamos me bajaron de la patrulla y me llevaron al interior.
Una vez allí mis nervios aumentaron cuando vi que todos hablaban, pero nadie
se dirigía directamente a mí, no sabía qué estaba pasando ni lo que harían
conmigo a continuación, al cabo de un rato me llevaron a una pequeña celda, el
reducido espacio estaba compuesto por una litera de cemento y un sanitario de
metal a un lado que olía bastante mal, tanto que me dieron náuseas. Me senté en
la litera subiendo los pies para abrazar mis rodillas, la espalda apoyada en la
pared y esperé, rezando porque el tiempo pasara rápido, no tenía duda de que
Marcus iría por mí.
Pasaron horas, o al menos eso me pareció hasta que un oficial llegó
trayendo una bandeja con comida, la cual se veía bastante desagradable y
mezclada con el olor del lugar hacía imposible que siquiera pensara en comer.
En la parte alta cerca del techo había una diminuta ventana que apenas permitía
el paso de la luz, me recordó a aquella que veía cuando estaba en las consultas
con el doctor Graham, esa que consideraba una broma de mal gusto, aparté las
imágenes del tiempo que pasé encerrada en el hospital y me concentré en una
imagen de Marcus. Cerré los ojos recordando los últimos días, habían sido
maravillosos, mi pecho se infló de amor, lo amaba profundamente, amaba la
forma como se concentraba en mis manos cuando teníamos algunas de nuestras
charlas, como me besaba y como acariciaba mi cuerpo mientras me hacía el
amor, me recosté en el duro cemento y decidí que si quería sobrevivir el tiempo
que estuviera ahí tenía que mantener mi mente en él en todo momento. Los
minutos en ese lugar se hacían eternos, cuando me cansé de esa posición me
levanté, y comencé a caminar y contar los pasos que finalmente no eran muchos,
diez en total para rodear toda la celda, cuando llegué a quinientos me pareció
estúpido y dejé de hacerlo, volví a sentarme y pensé en Marcus, una corriente
fría se coló en el lugar haciéndome temblar, abracé mis rodillas intentando
calentarme, el fino suéter que estaba usando no hacía mucho por ayudar. Suspiré
aliviada cuando por la pequeña venta por fin vi que el cielo comenzaba a
oscurecerse, faltaba poco. Las horas seguían pasando, el frío aumentaba y aún no
veía señales de él, no supe en qué momento me dormí, pero quise llorar cuando
desperté de nuevo y lo primero que noté fue la tenue luz filtrándose por la
ventana, había amanecido. Marcus no fue por mí, sentí una fuerte opresión en el
pecho, me senté con mi costado izquierdo apoyado en la pared, con la vista fija
en el pequeño recuadro, ¿por qué no vino a buscarme como lo prometió? Enterré
mi cabeza en medio de mis rodillas y comencé a llorar, no sabía qué lo había
detenido, aunque estaba segura de que era algo muy malo, él no me dejaría ahí,
de eso no tenía duda, si no había ido era por otro motivo. Sentí una fuerte
sacudida y levanté la cabeza para ver a un oficial mirándome con gesto severo,
me tomó de un brazo y me arrastró fuera de la celda, intenté zafarme de su
agarre pues no tenía ni idea de a dónde me estaba conduciendo, pero me empujó
con más fuerza, hasta el punto de casi hacerme caer, llegamos a una sala donde
habían dos hombres más, uno de ellos se veía serio y muy elegante, pude
distinguir su traje costoso, se hallaba sentado frente a una mesa y en cuanto me
vio se puso de pie dándole una mirada severa al agente que prácticamente me
empujó dentro, el otro en cambio tenía un traje café que se veía que tuvo mejores
días, estaba apoyado en una esquina con una libreta en la mano, el hombre del
traje elegante habló a los demás mirándome a mí.
—Sepan que voy a presentar una queja por esto, mi defendida sufre de una
discapacidad auditiva y ninguno de ustedes la ha tratado con el respeto y cuidado
que su condición merece —dijo. Abrí los ojos cuando comprendí que este era mi
abogado. ¿Lo habría enviado mi abuela? Los otros dos sujetos desaparecieron
dejándome a solas con él. Se acercó y corrió la silla que estaba frente a él
invitándome a sentarme—. Señorita Thompson, soy William Cook, me envía el
señor McKenna —comentó. Algo hizo clic en mi cabeza ante la mención del
amigo de Alana. Asentí y el abogado continuó hablando—. Lamento mucho que
haya tenido que pasar la noche aquí, ayer me fue imposible lograr conseguir la
orden del juez para que la trasladaran al hospital Saint August —me explicó.
Todas las alarmas se encendieron y me puse de pie retrocediendo, él levantó una
mano en mi dirección—. Por favor no se preocupe, es solo una mera necesidad,
la verdad no puedo explicárselo porque ni yo mismo lo entiendo, solo sé que el
señor McKenna me pidió que consiguiera una orden para que la llevaran allí, me
dijo que se lo explicara, que le dijera que así sería más fácil lograr su objetivo —
aclaró. Me quedé un minuto dudando hasta que la comprensión me llegó, por
supuesto, era más fácil sacarme de un hospital lleno de enfermos mentales que
de una comisaría colmada de agentes de policía armados. Respiré aliviada y la
paz regresó a mi cuerpo, ahí estaba la respuesta de porqué Marcus no me buscó
la noche anterior. Volví a sentarme mucho más tranquila incluso le di una ligera
sonrisa al abogado—. En unos minutos vendrán por usted para llevarla, yo estaré
en todo momento acompañándola.
Esta vez esperé paciente a que fueran a buscarme, y cuando lo hicieron no
tuve miedo, al menos no fue así hasta que vi entrar a los enfermeros con el
uniforme del hospital, eran tres en total, uno de ellos sacó algo de un maletín y
cuando lo vi estuve a punto de desmayarme, era una camisa de fuerza, la había
tenido puesta algunas veces durante mi encierro, retrocedí pegándome a la pared,
iba a luchar con uñas y dientes para impedir que me pusiera aquella cosa que
tanto odiaba. El rostro del abogado apareció en mi campo de visión.
—Señorita Thompson, por favor permita que le pongan eso, es solo una
medida de seguridad, se lo quitaran en cuanto esté en el hospital, es la única
forma para que la dejen salir de aquí, ellos consideran que usted es peligrosa ya
sabe, por el ataque al enfermero —explicó. Mi mente procesó sus palabras,
aunque era incapaz de obligar a mi cuerpo a moverse, con delicadeza cogió mi
mano y me apartó de la pared guiándome hasta donde me esperaban los
enfermeros, no reconocí a ninguno de ellos, y el alivio me inundó cuando no fue
aquel a quien tanto odiaba el que fue a buscarme, aunque eso no me aseguraba
que no fuera a encontrarlo cuando me encerraran de nuevo.
Aguanté la respiración, mientras me ponían el objeto que sentía que iba a
asfixiarme, cuando me tuvieron como si fuera una loca peligrosa me llevaron por
el pasillo hasta la salida donde me subieron a la ambulancia del hospital, uno de
ellos se sentó frente a mí, antes de que las puertas se cerraran vi al abogado subir
en su auto que se encontraba detrás, temblé durante todo el camino, mis dientes
castañeaban y me mordí los labios tratando de calmarme. Un rato después la
ambulancia se detuvo un momento y luego prosiguió su camino, a los pocos
segundos se detuvo una vez más y supe que habíamos llegado. Las puertas se
abrieron y me bajaron, busqué por todos lados el auto del abogado pero no lo vi,
haciendo que mi aprehensión aumentara, sentí el ambiente pesado del lugar, los
pasillos vacíos y con esa sensación de fatalidad que tanto me desagradaba, no se
dirigieron al sector de las habitaciones, algo que debí sospechar desde el
principio, en cambio me llevaron hacía el nivel inferior, donde estaban los
cuartos de castigo, como me gustaba llamarlos, este era un pasillo apenas
iluminado por unas pobres luces, a cada lado había puertas metálicas, abrieron
una de ellas y me metieron dentro, luego la cerraron detrás de mí, era incómodo
no poder usar mis brazos, así que como pude me dejé caer en el piso y me apoyé
contra la esquina, las paredes blancas recubiertas de un material grueso y
acolchado me hacían pensar en una vieja película de terror, de aquellas que veía
con mis padres en la adolescencia. Me quedé allí recostada, esperando
simplemente que llegara la noche, porque estaba segura que esta vez Marcus sí
vendría. Por momentos el cansancio me vencía y comenzaba a cerrar los ojos
quedándome dormida, entonces me despertaba sobresaltada, los brazos me
dolían de tenerlos tanto tiempo en la misma posición, traté de acomodarme
mejor, estaba en esa tarea cuando abrieron la puerta, sabía con seguridad que no
era Marcus, pues no había pasado el tiempo suficiente para que fuera por mí, así
que me preparé sin estar segura de qué esperar de mi visitante, lo que no imaginé
fue que se tratara de mi abuela, entró acompañada de dos enfermeros, a los que
luego de un segundo despachó con un ademán, a pesar de su edad caminaba
segura y decidida, con ese porte regio que parecía que perteneciera a la realeza,
vestía un traje azul marino y su cabello blanco estaba recogido en un elegante
moño. Se quedó de pie mirándome y le devolví la mirada sin amilanarme, no
importaba que en ese momento mi atuendo fuera una camisa de fuerza y eso me
dejara en desventaja.
—El doctor Graham asegura que puedes comprender todo lo que se te dice
—comenzó. Puse los ojos en blanco, para ser una mujer tan inteligente era
incapaz de percibir la diferencia entre no escuchar y tener algún tipo de
problema mental —. Asumiré por tu gesto que es cierto que me entiendes —
añadió. Quise cerrar los ojos y perderme lo que sea que tuviese que decirme,
pero era mejor salir de eso de una vez, así tal vez se largara y me dejara en paz
definitivamente —. Tu mirada está llena de arrogancia ¿sabes? —comentó. Y tú
estás llena de veneno, quise responderle, esta era una de esas veces en las que
lamentaba enormemente no poder hablar—. Quiero que sepas que a partir de hoy
estás muerta para mí, no quiero pensar más en ti ni que me sigas llenando de
vergüenza, voy a enviarte a un hospital en Suiza donde no tenga que saber más
que existes —acotó. Le lancé una mirada de desprecio, y luego sonreí, si había
algo que aprendí estando ahí cinco años era a nunca demostrarle a los demás que
te sentías débil, esa era un arma que usarían en tu contra a la primera
oportunidad, me habría encantado decirle que sus planes se verían arruinados
cuando mi Marcus viniera a buscarme. Como quisiera ver su cara cuando supiera
que su nieta la loca estaba con un hombre que no era humano. Mi sonrisa se
amplió ante estos pensamientos, y dejé de prestarle atención a lo que sea que
estaba diciendo, no me importaba de todos modos, no estaría allí para cuando
ella decidiera llevar a cabo su plan de deshacerse de mí definitivamente. Cerré
los ojos ignorándola a propósito y sabiendo que eso la enfurecería, me quedé así
mucho rato, pensando en Marcus, incluso canté mentalmente tres canciones,
cuando volví a abrir los ojos mi abuela ya se había ido. Me acosté en el piso y
enfoqué la mirada en el techo blanco, decidí que odiaba el color blanco, nunca
quería verlo nuevamente, ni siquiera quería ponerme ropa blanca.
Pasaron los minutos y las horas, en las que me dediqué a repasar toda mi
vida, cada momento que compartí con mis padres, sus muertes, el día en que me
llevaron al hospital por primera vez, cada situación desagradable que enfrenté
durante mi encierro y finalmente las circunstancias que me llevaron a Marcus,
pensando que a excepción de la muerte de mis padres volvería a vivir feliz todo
lo demás solo para estar con él, estaba tan abstraída en mis pensamientos, que no
me di cuenta que tenía compañía hasta que una sombra se cernió sobre mí, traté
de levantarme aunque sin poder usar los brazos mis movimientos eran limitados.
El rostro que más repulsión me causaba estaba frente a mí, solo que esta vez
tenía algo diferente, un parche negro cubría uno de sus ojos, no pude evitar la
pizca de satisfacción que me invadió al recordar que fui yo quien le hizo eso.
—Así que estás de vuelta, puta —dijo tomándome del cuello y apretando
con fuerza, su aliento apestoso golpeó mi rostro causándome náuseas. Me moví
tratando de apartarme, pero esta era una tarea imposible, incluso levanté una de
mis piernas intentando darle un rodillazo en la entrepierna, aunque él anticipó
mis movimientos y se sentó sobre mí, inmovilizándome por completo—. Vas a
pagarme lo que me hiciste, maldita —amenazó. Dicho esto, sostuvo mi cuello
con una mano y con la otra levantó el parche, en lugar donde debería estar su ojo
ahora comenzaba a formarse una cicatriz arrugada que no había terminado de
sanar del todo, así que hice tal vez la cosa más estúpida y que me llevaría a una
muerte segura, sonreí.
La furia atravesó sus facciones y me dio una bofetada, sentí el dolor
recorrer mi mejilla y la falta de aire cuando comenzó a apretar mi cuello, esta
vez con las dos manos, luché por respirar, pero no lograba meter oxígeno a mis
pulmones. Quise llorar cuando comprendí que no vería nunca más a Marcus, sin
embargo, no iba darle el gusto al maldito que me estaba atacando de que me
viera derrotada, traté de aguantar lo máximo posible, aunque sentía mis
pulmones arder por la falta de aire, comencé a verlo todo oscuro y supe que
estaba perdiendo la conciencia, lo último que vino a mi cabeza fue una imagen
de mi amado Marcus, en el fondo esperaba que cuando llegara y me encontrara
muerta, buscara venganza y acabara con el monstruo que me estaba robando la
vida.
19
MARCUS
C aminé de un lado a otro como un león enjaulado, maldiciendo que el
sol tardara tanto en ocultarse, había tenido que dejar a Emily toda
una noche en la comisaría y eso me estaba matando, habían sido los dos días más
eternos de mi vida, maldije a McKenna y a mis hermanos en todos los idiomas
cuando propusieron que la llevaran al hospital mental pues era más sencillo
sacarla de ahí, a mí realmente me importaba una mierda asaltar una comisaría
llena de agentes de policía y matarlos a todos, finalmente dejé que me
convencieran, aunque estaba hecho una furia. Cuando llegó el momento de
poder salir lo hice como una bala, tomé la maleta que ya tenía lista con lo que
llevaría al viaje, que realmente no era mucho, luego las llaves de mi motocicleta
y salí de la habitación, tardé apenas unos segundos en llegar a la puerta que daba
al callejón, me detuve cuando vi a toda mi familia reunida, incluso McKenna
estaba allí, supuse que había llegado cuando aún era de día, él tenía la ventaja de
contar con un humano como mano derecha.
—Vamos a ir contigo —afirmó Alexy, fruncí el ceño y miré en dirección a
las chicas. —No, imbécil, ellas no, solo nosotros, ellas están aquí para
despedirse de ti y enviarle saludos a Emily.
—No es necesario, son solo un puñado de humanos, no es como si fuera a
una misión suicida.
—¿Estás seguro? —preguntó Tarek.
—Lo estoy, no se preocupen.
—Está bien, entonces nos vemos en el aeropuerto —comentó el escocés—.
Toma, llévate mi auto —añadió y me lanzó las llaves. Las atrapé con facilidad,
lo miré enarcando una ceja, en los últimos tiempos era él quien nos había sacado
de más de un problema y siempre estaba dispuesto a apoyarnos, debía reconocer
que muy a mi pesar comenzaba a agradarme el tipo y verlo como uno más de
mis hermanos, aunque eso era algo que no iba a decirle.
—¿Y tú en qué irás? —cuestioné.
—En tu motocicleta, obvio. —Estudié su atuendo, que para variar no era
nada adecuado con el lugar en el que se encontraba, y no imaginaba cómo iba a
verse un tipo con un traje costoso paseándose por las calles de la ciudad en una
motocicleta Harley.
—Sé lo que estás pensando y es justo lo que pienso yo —se burló Tarek—.
Un bastardo elegante en una motocicleta.
—Par de cabrones —nos gruñó McKenna. Le entregué mis llaves, y me
giré en dirección a las chicas que lucían expresiones afligidas.
—Vamos a extrañarlos mucho, por favor regresen pronto —dijo Ángela
adelantándose y dándome un corto abrazo, ella y yo hablábamos poco, sin
embargo, le tenía bastante cariño.
—Lo haremos, gracias —repuse y sonrió. Alana era más expresiva, rodeó
mi cintura con sus brazos y apoyó la cabeza en mi pecho, era tan pequeña que
casi parecía que podía romperse con facilidad, pero la conocía bien y sabía que
era una chica dura. Le devolví el abrazo sin problema, sintiéndola como si fuera
mi hermanita, así las veía a todas, incluso a Steven quien esperaba que pronto
decidiera decir la verdad y tomar su apariencia normal, porque estaba seguro que
no le gustaba ser un chico y me lo confirmaba la forma en cómo se quedaba
viendo a Cam cada vez que este estaba cerca. Alana se apartó y me miró con la
frente arrugada.
—Tienes que inclinarte para que pueda besarte, así es como que intento
trepar una pared —alegó. Busqué a Alexy con la mirada esperando encontrarlo
con una expresión asesina por la afirmación de su mujer de querer besarme, pero
me estaba mirando con una sonrisa. Doblé la espalda hasta estar a la altura de
Alana y ella tomó mi cara en sus pequeñas manos, luego plantó un beso en mi
mejilla—. Vuelvan sanos y salvos.
—Lo haremos. —Besé su frente y me erguí de nuevo.
—Preparamos una maleta con ropa para Emily, está en el auto de Aidan. —
Había decidido llevar a Emily, aun en contra de mi buen juicio, no iba a dejarla
después de lo que pasó.
—Gracias.
—Que tengas buen viaje —dijo Steven acercándose y poniendo una mano
en mi hombro, se cuidó de los abrazos y supe que quería mantener su apariencia
de chico. Sin decirle nada revolví su corto cabello.
—Toma, aquí está el texto, asegúrate de mantenerlo cerca, no podemos
arriesgarnos a que caiga en las manos equivocada —comentó Alexy
entregándome un pequeño cofre de madera, en su interior se encontraba la
maldita cosa que me estaba empujando a hacer el viaje más difícil de mi vida, lo
guardé dentro de mi maleta y la colgué en mi hombro, luego de darles una última
mirada a todos salí en busca de mi Em.
Prácticamente volé por las calles, tenía que reconocer que la idea de
McKenna de llevar su auto había sido muy acertada, habría preferido usar mis
alas pero no quise correr un nuevo riesgo, tardé apenas unos minutos en llegar al
hospital y cuando lo hice estacioné de cualquier forma y me bajé, cambié de
forma y me elevé por encima de los muros, no sabía dónde se encontraba ella,
así que tendría que revisar el lugar, cuando decidí llevarla conmigo a Rusia, pues
no pensaba perderla de vista nunca más, McKenna se encargó de prepararlo
todo, el plan era sacarla de ese puto infierno y llevarla directamente al
aeropuerto donde me esperarían los demás. Me sentía como buscando una aguja
en un pajar, el sitio tenía tantas habitaciones que parecía que no se acababan
nunca y el tiempo se estaba agotando, llegué a una puerta que decía área
restringida, cuando intenté abrirla esta se encontraba cerrada, de pronto sentí mi
corazón agitarse y algo que me empujaba hacia ese lugar, la rompí sin mucho
esfuerzo y entré a un pasillo poco iluminado, había un ascensor y unas escaleras,
así que tomé esta segunda opción que para mí era más rápida, casi volé hasta la
planta baja, más puertas me recibieron, aquella cosa parecía un maldito
laberinto, me detuve un momento pensando en qué dirección tomar, cuando
escuché un suave murmullo, sin saber de cuál de las habitaciones provenía
comencé a abrir una a una las puertas, la mayoría se encontraban vacías, cuando
llegué a la última, descubrí la fuente del sonido, vi a un hombre sentado sobre
un cuerpo, sus manos estaban alrededor de su cuello y pareció que todo se puso
rojo cuando logré distinguir el cabello color del fuego de mi Em, me lancé sobre
el sujeto apartándolo de ella y cuando lo levanté noté el parche, nunca lo había
visto antes, aun así sabía quién era, le enseñé mis colmillos y abrió el único ojo
que le quedaba con terror.
—Vas a morir por atreverte a tocar a mi mujer, maldito humano —
sentencié, y apreté su cuello de la misma forma que él había estado haciendo con
Emily, pero usando un solo brazo y con la diferencia de que mis garras eran
afiladas, así que la piel comenzó a desgarrarse, un torrente de sangre brotó
cuando toqué su vena aorta, apreté un poco más hasta que su cabeza quedó
prácticamente desprendida de su cuerpo, lo dejé caer al piso, y lo pateé lejos,
luego me giré hacia mi mujer que estaba inmóvil, rasgué la prenda que la
mantenía aprisionada y escuché el latido de su corazón que se encontraba débil,
levanté su cabeza y comencé a hacerle la respiración boca a boca, cubriendo mis
colmillos para no hacerle daño, al tercer intento comenzó a toser y a tomar aire
con fuerza, sus ojos se abrieron y se enfocaron en mí, una de sus mejillas tenía
un tono rojo claramente visible, diciéndome que había sido golpeada, miré en
dirección al cadáver y lamenté no poder revivirlo para matarlo nuevamente de
una forma más dolorosa..
—Estás bien, mi pequeña, todo está bien —le dije. Una débil sonrisa se
dibujó en sus labios y volvió a cerrar los ojos, me aseguré que su corazón latiera
correctamente y cuando comprobé que así era me dispuse a sacarla de ahí.
Estaba llegando a la puerta cuando se me ocurrió una idea, suavemente la
deposité en el suelo y regresé hasta el despojo humano, no debería hacer aquello,
sin embargo, era mejor para Emily, nadie la culparía por nada después, extendí
mis manos sobre el cuerpo, la familiar chispa de calor se encendió por mis
brazos y entonces este comenzó a arder, me acerqué a las paredes y repetí la
misma acción, se encendieron enseguida como si estuviesen hechas de papel, por
un instante me quedé paralizado, una imagen de muchos siglos atrás apareció en
mi cabeza, odiaba el fuego, me recordaba la noche en que murieron mi madre y
hermana, sacudí la cabeza apartando los recuerdos y corrí a tomar a mi mujer
para sacarla de ahí. Afuera se había desatado una torrencial lluvia, lo que sirvió
para lavar los restos de sangre de mis manos. Cuando llegamos al auto la recosté
en el asiento trasero tratando de que estuviese más cómoda, conduje todo el
camino hasta el aeropuerto mirando por el espejo retrovisor, ni siquiera sé cómo
lo hice, los autos no eran lo mío, se me daban mejor las motocicletas. Cuando
alcanzamos nuestro destino me detuve en el estacionamiento y volteé para verla,
comenzaba a despertarse y pareció algo confundida cuando abrió los parpados y
miró a todos lados. Me bajé y di un rodeo para abrir la puerta trasera, cuando sus
ojos se toparon con los míos el alivio los inundó. Me subí sentándome a su lado
y luego la atraje a mi regazo para abrazarla, estuve muerto los dos días que no la
tuve conmigo. Cuando levantó su rostro y nuestras miradas se encontraron sentí
que volvía a llenar mis pulmones de aire, acaricié su mejilla lastimada y besé su
frente, las ojeras que tenía eran un símbolo de que no había dormido bien la
noche anterior, maldije de nuevo por no haber ido a sacarla de ahí a tiempo. Bajé
mi cabeza hasta que pude apoderarme de su boca, amaba besarla, sus labios eran
suaves y dulces, mordisqueó suavemente mi labio inferior, en un gesto que sabía
que le gustaba y que a mí me volvía loco, estuve a punto de olvidarme de dónde
estábamos y de la misión que tenía por delante, pero me obligué a detenerme, y
con renuencia me alejé de ella. Antes de que pudiera decirle algo sus manos se
movieron.
—Gracias por salvarme.
—Siempre, Em, siempre —dije y besé su frente una vez más, antes de
buscar a nuestro alrededor la maleta con ropa que había empacado Alana.
Cuando la encontré comencé a rebuscar en su interior algo para ponerle,
llevaba puesta la misma muda del día anterior cuando la sacaron del bar.
Encontré unos jeans y un suéter, también un sostén, rasgué su ropa y ella sonrió,
sus pechos quedaron desnudos a mi vista, quise inclinarme y tomar uno en mi
boca, pero me forcé a calmar mis deseos. Teníamos que darnos prisa, ella me
ayudó poniéndose el sostén, cosa que agradecí porque mis manos eran
demasiado grandes para enganchar los pequeños broches, cuando levantó la
cabeza para que le pusiera el suéter vi las marcas de dedos en su cuello, apreté
los dientes deseando que el hijo de puta que le hizo daño se estuviese pudriendo
en el infierno, luego de ponérselo, le ayudé con los jeans y los zapatos, cuando
estaba lista busqué un abrigo, afuera hacía frío y no quería que se enfermara.
Una vez listos la bajé al piso y luego me incliné para tomar las maletas, me
colgué la mía a la espalda y aferré la suya en una mano, estaba inclinándome
para cargarla cuando retrocedió, fruncí el ceño preocupado porque me rechazara.
—Puedo ir caminando, sería extraño si me llevas cargada por todos lados
—comentó. Su sonrisa era todo lo que necesitaba para que mi helado corazón se
calentara.
—¿A quién le incumbe si llevo a mi mujer cargada?
—Me gusta cuando dices mi mujer, creo que te llamaré mi hombre.
—No me importa cómo me llames —decreté.
—Lo sé y volviendo a lo de cargarme, a nadie le interesaría, sin embargo, lo
verían extraño y podríamos llamar la atención de quien no queremos —me
explicó. Ella siempre parecía pensar en todo, así que me di por vencido y
simplemente la tomé de la mano, comenzamos a caminar y a cada paso mi
ansiedad aumentaba, no soportaba estar en sitios ruidosos ni llenos de humanos.
Cuando llegamos al interior escaneé el lugar en busca de mis hermanos, los
encontré cerca del lugar donde teníamos que registrarnos, ni siquiera me
sorprendí cuando incluí a McKenna en mi pensamiento de hermanos, estaban
inmersos en alguna conversación y no me pasaron desapercibidas las miradas
que estaban recibiendo, las mujeres con claro interés y los ojos brillando de
lujuria, los hombres con temor y recelo, cuando nos escucharon acercarnos los
tres se giraron en nuestra dirección. Tarek le sonrió a Emily guiñándole un ojo,
ella le devolvió la sonrisa sin problema, me había dado cuenta que ya no les
temía.
—¿Todo bien? —preguntó Alexy, quise gruñir al recordar que estuve a
punto de llegar tarde.
—Todo bien porque tengo a mi Em conmigo, el maldito que se atrevió a
tocarla está muerto.
—¿Te refieres al hombre que dicen que ella atacó? —Asentí. El desprecio
brilló en sus ojos.
—¿Él le hizo daño? —interrogó McKenna mirando a Emily.
—Estaba intentando matarla cuando llegué, estuvo a punto de conseguirlo.
—¡Hijo de puta! —escupió Tarek molesto—. Es bueno que lo hayas
solucionado, nosotros nos encargaremos de limpiarlo —dijo. Sacudí la cabeza
negando.
—No creo que sea necesario, incendié el jodido infierno allí. —Mis
hermanos me miraron con sorpresa, pues ambos sabían cuánto odiaba el fuego.
—Entonces es momento de ponerse en marcha —comentó McKenna
entregándome los boletos y los documentos—. Allí está todo, cuando lleguen a
Moscú tendrán una escala de siete horas, lo lamento por eso, pero no pude lograr
conseguir un vuelo antes. Hice reservas en un hotel cerca del aeropuerto para
que puedan descansar un rato hasta que salga el siguiente vuelo que los llevará a
Anádyr, les esperan unas ocho horas más hasta llegar al lugar —nos explicó.
Hice una mueca, sería demasiado tiempo metidos en un avión—. Espero que
vayan preparados para el frío, el invierno en esa región es bastante crudo, lo
bueno es que allí llegarán a la madrugada, así que al menos tienen esa ventaja.
De nuevo se hospedarán en un hotel principalmente para que tu mujer pueda
descansar, ya que ahí no tendrán problemas con el sol y puedes estar fuera a
cualquier hora, durante el invierno apenas hay luz durante un par de horas al día.
—Este viaje mejora a cada momento —exclamé con sarcasmo.
—Y lo peor aún no llega —comentó el escocés con una mueca—. En esa
región no hay carreteras, así que tendrás que arreglártelas por tu cuenta para
llegar a Uelkal una pequeña aldea de poco más de doscientos habitantes, que se
encuentra a unos ciento setenta y tres kilómetros de Anádyr, en el lado
occidental de la desembocadura de la bahía de Krest —continuó. Medité un
momento sus palabras, sopesando todas las opciones—. Incluí un mapa entre los
documentos que traje, así te será más sencillo trazar una ruta.
—Si no hay carreteras, por lo tanto, un vehículo no es una opción, ¿cómo
diablos se supone que llegue ahí? —cuestionó Tarek.
—Creo que voy volar, no hay mucha gente por esos lados que pueda verme.
—Definitivamente es la mejor opción —expresó McKenna.
—Vas a estar bien —dijo Alexy poniendo su mano en mi hombro. Quiso
que sonara como una afirmación, pero no se me escapó la nota de duda implícita
en su voz.
—Voy a estarlo, ahora no se trata solo de mí, tengo que proteger a mi Em
—declaré. En ese momento escuchamos un llamado por los altavoces que
retumbó por todo el aeropuerto.
—Ese es su vuelo —informó el escocés, asentí sintiendo la tensión que
comenzaba a apoderarse de mí, aunque me obligué a mantenerme tranquilo.
—Entonces hagámoslo —manifesté aparentando una calma que estaba lejos
de sentir.
—Por favor regresa, no me hagas ir a buscarte al infierno que no quiero
quemar mi culo en ese maldito lugar —comentó Tarek acercándose para
encerrarme en un abrazo.
—¿Te has preguntado siquiera si te dejarían entrar ahí? —pregunté. Él
sonrió de esa forma despreocupada que hacía siempre.
—Por supuesto, soy demasiado guapo y simpático para que me quieran en
todos lados —alegó.
—También tienes un ego enorme —exclamó McKenna.
—Te diría que más tengo enorme, pero ese no es tu asunto —respondió mi
hermano con un guiño. Miré a Emily que en todo momento se mantuvo tranquila
y aferrada a mi mano.
—Es hora de irme —anuncié queriendo que se largaran y no comenzaran
con las estúpidas despedidas, afortunadamente me conocían lo suficiente para
comprender eso.
—Vuelve pronto, hermano, que tengas un buen viaje —se despidió Alexy
dándome un corto abrazo, luego se inclinó para hablarle a Emily—. Me alegra
que estés bien, pequeña, cuida a mi hermano, por favor —le pidió. Ella le sonrió
y asintió, él besó su frente y luego comenzó a alejarse sin mirar atrás. Siguió
Tarek quien simplemente me dio una palmada en el hombro.
—Te espero, hermano. —No necesitaba decir nada más, no era necesario, al
igual que Alexy le dijo a Em cuanto le alegraba que estuviese bien y besó su
frente.
—Buen viaje y gracias por hacer esto. —Me sorprendió que McKenna me
agradeciera, me encogí de hombros y él también se alejó luego de darle una
sonrisa a mi mujer.
Caminamos hasta el mostrador donde entregué los documentos y los
boletos de avión, la mujer encargada de revisarlos me miró durante un momento
demasiado largo, tanto que comenzó a incomodarme, sentí a Emily tensarse a mi
lado y cuando bajé la cabeza la encontré lanzando dagas con la mirada, la otra al
percatarse se enfocó en otra dirección luciendo apenada, entregué la maleta de
Emily, pero la mía la mantuve conmigo. La mujer nos devolvió nuestros
documentos de regreso, y nos dirigimos a la sala de espera, donde aguardaríamos
el embarque.
—¿Tienes hambre? —le pregunté cuando pasamos por una de las tiendas de
comida, la vi dudar un momento y luego asintió.
Pedí un sándwich y un refresco y caminamos hacia las sillas, todo el tiempo
sentí el peso del objeto que llevaba, como si tuviese vida propia y se encargara
de recordarme que estaba ahí. Nos sentamos y Emily comenzó a desenvolver la
comida, antes de darle un mordisco la acercó a mi boca, iba a negarme, pero
decidí aceptar su oferta y di una pequeña mordida, recostó su cabeza en mi
hombro y comió despacio, luego destapó su refresco y repitió el proceso de
brindarme antes de beber ella, tomé un sorbo y luego la besé. Más pronto de lo
que hubiese querido llegó la hora de embarcar, me sorprendió cuando al subir
nos asignaron asientos en primera clase, ya que no era algo que hubiese notado
antes, al menos McKenna se había ocupado de todos los detalles, así Em estaría
más cómoda durante el viaje.
—¿Es tu primera vez viajando en primera clase? —La miré sin comprender
su pregunta—. Cuando era más joven viajaba mucho con mis padres, solíamos ir
a Europa porque a mamá le gustaba, ella siempre quería ir a París y a papá le
gustaba más Venecia, así que cada vez que teníamos que viajar terminaban
discutiendo por el lugar que visitaríamos —me contó. Sus manos se movían,
pero su rostro estaba serio, así fue como comprendí que me estaba diciendo
aquello solo para distraerme. Miré a los lados para ver si alguien nos estaba
viendo, pero los otros pasajeros estaban ocupados en lo suyo.
—Nunca he viajado en avión —le dije.
—¿Es la primera vez que irás? Seguro te parecerá divertido. —Me dio una
pequeña sonrisa.
—En realidad conozco casi toda Europa.
—No entiendo, ¿fuiste en barco? —Su cara seria cambió y se transformó en
un claro gesto de interés.
—Nací en Bibury Inglaterra, durante siglos mis hermanos y yo viajamos
por todo el continente europeo buscando a nuestro peor enemigo, hasta que hace
ciento cincuenta años vinimos a Estados Unidos en barco —le expliqué. Su boca
formó una bonita O y quise besarla.
—¿Entonces eres inglés? —inquirió y yo asentí—. No puedo creer que
nunca te haya preguntado eso, simplemente asumí que eras de San Francisco, en
la escuela de lenguaje me enseñaron que las personas tienen un acento
característico dependiendo de su país o región, supongo que cuando hablas debes
tener algún acento. ¿Lo tienes? —Lo pensé un momento, no era algo en lo que
me hubiese fijado.
—Supongo que sí, realmente no lo sé, aunque mis hermanos conservan los
acentos de sus países, debe ser igual conmigo.
—Me encantaría poder escuchar tu voz —dijo con una sombra de tristeza.
Acerqué mi cara a la suya y la besé.
—Realmente no te pierdes de nada, no es tan bonito escucharme hablar —
aseguré queriendo animarla de nuevo, eso pareció funcionar porque sonrió.
—Creo que eres muy modesto, además de guapo claro, siempre pensé que
los ingleses no eran tan guapos, pero tú me confirmas que estaba equivocada. —
Aquellas palabras inflaron mi corazón de una forma extraña, no podía entender
por qué ella me veía con otros ojos.
—Los demás no estarían de acuerdo con tu afirmación. —Por instinto pasé
mis dedos por mi mejilla izquierda, tomó mi mano alejándola y se irguió en su
silla para estar a mi altura posando sus labios en el lugar donde antes estuvieron
mis dedos. Cuando se alejó sus ojos brillaban.
—Claro que lo hacen, es solo que tú no les das la oportunidad de acercarse,
eres el hombre más guapo que he visto, tanto por dentro como por fuera y no se
te ocurra decirme lo contrario, no me obligues a usar mi daga, vi que Alana la
puso en mi maleta, así que vine preparada —comentó. Cada cosa que decía era
como un bálsamo para mi alma rota, incluso me hacía querer sonreír—. Ahora
que nos quedó claro este asunto volvamos al anterior, ¿así que tus hermanos no
son ingleses? —Negué y se me ocurrió que a Tarek no le haría gracia que Emily
pensara que era inglés.
—Tarek nació en Noruega, Alexy en Rumania y a Cam lo encontramos
cuando estábamos de paso por Escocia, era muy pequeño entonces así que es
fácil asumir que nació allí.
—¿Cómo fue eso de que lo encontraron? —Mi mente regresó ciento
cincuenta años atrás, a la noche que encontramos a Cam en una fría calle de
Edimburgo.
—Esa noche salimos con mis hermanos a recorrer la ciudad, estábamos
cruzando por un callejón cuando escuchamos un ruido, pensamos que se trataba
de ratas o algo, íbamos a seguir, pero Alexy se empeñó en averiguar de qué se
trataba, Cam se hallaba en un rincón, literalmente rodeado de basura y sí,
efectivamente habían ratas, si creyera en esas cosas pensaría que el destino quiso
que lo encontráramos, porque el chico no había hecho ningún sonido, estaba
totalmente desnutrido, no parecía tener más de cinco años y estaba tan delgado
que los huesos de sus costillas se marcaban, solo vestía unos pantalones raídos,
sin camisa y sin zapatos. Su cabello era tan largo que hasta podría haber pasado
por una niña, su cara estaba totalmente cubierta de mugre, supimos enseguida
que era Demonials cuando al acércanos sus ojos brillaron de un color rojo en una
clara amenaza, era algo extraño ya que las mujeres de nuestra raza no suelen
abandonar a sus hijos, cuando logramos entablar conversación con él nos dijo
que llevaba mucho tiempo viviendo en las calles y que no sabía quiénes eran sus
padres, fue duro de ver, ya que era tan pequeño que no sabíamos ni cómo se las
arregló para vivir por su cuenta, pues si bien no logramos cambiar de apariencia
hasta más o menos los veinticinco años, la sensibilidad a la luz que nos vuelve
ciegos es algo que tenemos de nacimiento, así que el chico vivió ciego durante
los días sin ninguna protección. Al principio no sabíamos qué hacer con él,
éramos hombres con una misión y un pequeño no entraba en nuestros planes, sin
embargo, Alexy se encariñó enseguida y viceversa, el chico se pegó a una de sus
piernas y ya no quiso soltarlo, ni siquiera sabíamos si tenía un nombre, así que
decidimos llamarlo Cameron. Unos días después nos embarcamos rumbo a
Estados Unidos y el pequeño vino con nosotros, desde entonces Alexy lo ha
cuidado como si fuera su hijo.
—Pobre Cam, debió estar muy asustado, ¿nunca supieron nada de sus
padres?
—No, los días posteriores a su encuentro y antes de venir aquí nos
dedicamos a buscarlos por todo Edimburgo, pero no podíamos hacer mucho si él
mismo no tenía idea de quienes eran, ni un solo dato que nos ayudara a
encontrarlos, llegamos a la conclusión que había sido abandonado mucho tiempo
atrás, así que olvidamos la búsqueda y Alexy lo adoptó como suyo.
—Eso fue muy bonito por su parte, hacerse cargo de un niño tan pequeño y
responsabilizarse de su cuidado —comentó. La vi bostezar y supe que estaba
agotada, en aquel momento el vuelo ya llevaba un buen rato y ella había logrado
su cometido de entretenerme, tanto que no me di cuenta en qué momento
despegamos.
—Debes descansar —dije acercándola para que se recostara en mi pecho, la
rodeé con mis brazos sintiéndome feliz de tenerla segura.
Una de las auxiliares del vuelo se acercó entregándome una manta, le
agradecí con un ligero movimiento de cabeza y cubrí a Emily con ella, antes de
dormirse dobló sus dedos corazón e índice y apoyó la mano en mi pecho. Aquel
te amo dicho con un gesto era para mí más valioso que cualquier palabra. La
abracé manteniéndola pegada a mí, y me dediqué a observar la oscura noche por
la ventanilla, trazando un plan en mi cabeza para cuando llegáramos a Moscú y
estuviese ciego, era lo que realmente me preocupaba, sentirme vulnerable y no
poder protegerla.
20
EMILY
C uando abrí los ojos la luz entraba por las ventanillas del avión, la
nuestra estaba cerrada, aunque eso no era de ayuda, el cuerpo de
Marcus estaba rígido y supe que no podía ver nada, me removí intentando
levantarme y sus brazos me aprisionaron más fuerte, estaba nervioso, y aun así
seguía intentando protegerme, mis ojos se llenaron de lágrimas ante la expresión
dolorida de su rostro, levanté la mano y acaricié su mejilla, luego atraje su
cabeza hacía mí, pasé la lengua por sus labios y lo besé, a pesar de la tensión
seguía siendo tierno al devolverme el beso, su lengua pareció casi tímida cuando
entró en mi boca, puse mi mano en la parte de atrás de su cabeza y enterré mis
dedos en su corto cabello, una de sus manos se coló por debajo de la manta que
me cubría, y acarició mis pechos por encima de la ropa, por un momento me
olvidé de dónde nos encontrábamos y quise que me desnudara y me hiciera el
amor ahí mismo. Su cuerpo se tensó y se separó de mí enseguida
sorprendiéndome, lo vi mover los labios y giré para encontrarme a una de las
auxiliares de vuelo a nuestro lado con el carrito de la comida, me sentí molesta
conmigo misma por el descuido, ¿cómo iba a poder ayudar a Marcus si me
distraía y no me daba cuenta que una persona se había acercado a nosotros? Me
senté erguida en mi asiento, la mujer depositó la comida en una pequeña mesa
que desplegó frente a nosotros. Esperé a que se fuera y tomé el tenedor para
ponerlo en la mano de Marcus, luego lo guie hasta el plato, él negó y lo soltó de
nuevo, así que pinché un pedazo con el mío y lo llevé a sus labios, su boca
estaba apretada en una línea rígida, diciéndome lo que le estaba costando hacer
eso, en ese momento me sentí totalmente orgullosa del hombre a mi lado, había
arriesgado todo y se sometía a esto solo por ayudar a su familia, si no lo amara
antes seguramente ese solo acto lo habría hecho ganarse mi corazón. Lentamente
abrió la boca y me permitió alimentarlo, repetí el proceso varias veces
intercalando un bocado él y otro yo, hasta que terminamos toda la comida. El
resto del vuelo pareció eterno, la siguiente vez que nos trajeron algo de comer
ambos nos negamos, mi estómago se había cerrado completamente y no había
forma de obligarme a ingerir nada.
Un pequeño parpadeo llamó mi atención y cuando me fijé vi que se
encendieron las luces que indicaban que debíamos asegurar nuestros cinturones,
até el mío y me pregunté si Marcus necesitaría atar el suyo, era extraño saber que
en caso de algún accidente él no corría peligro, posiblemente muriéramos todos
menos él, esto me llevó a pensar en otra pregunta, ¿habría podido llegar usando
sus alas? ¿Qué tan lejos y alto podría volar? Tendría que preguntárselo cuando
pudiera, a lo mejor era más sencillo si usaba sus alas, me di cuenta de que estaba
divagando, así que apoyé la cabeza en su hombro y acerqué mi mano para tomar
la suya, en pocos minutos estaríamos aterrizando, y me sentía completamente
aterrada de no saber qué hacer. Sentí el movimiento que indicaba que el avión
comenzaba a descender, la mano de Marcus se aferró con más fuerza a la mía, un
rato después me atreví a abrir la ventanilla y mirar a través del cristal, a lo lejos
se podían apreciar las formas de los edificios y construcciones de la ciudad,
estábamos llegando a Moscú, y en lugar de la sensación de agradable
anticipación que debía sentir una persona cuando llega a su destino luego de
estar tanto tiempo en un vuelo, se formó un nudo en mi estómago.
El avión se sacudió cuando aterrizó, y en ese momento supe que no podía
ser una carga para Marcus, tenía que ser su igual, convertirme en sus ojos, así
como él había sido mi voz cuando lo necesité, sin dudar desabroché mi cinturón
y esperé que las personas comenzaran a moverse, pasaron varios minutos hasta
que vi a mi alrededor que los otros pasajeros se pusieron de pie, hice lo mismo y
tomé la mano de Marcus instándolo a levantarse también, obedeció y despacio
para que no fuera a tropezar lo ayudé a salir, era la situación más extraña que
había vivido en mi vida, con él sin poder ver y yo sin escuchar, seguramente
éramos las dos personas menos aptas para viajar juntas. Cuando llegó el
momento de registrar nuestra entrada no estaba muy segura de cómo hacerlo, vi
a Marcus intentar abrir la maleta sin conseguirlo, así que aparté sus manos y
rebusqué en su interior tomando nuestros documentos y entregándolos al hombre
encargado, el problema vino cuando comenzó a hablar y hacer preguntas,
enfocado en la pantalla de su ordenador, lo que hizo imposible que supiera qué
decía, afortunadamente, allí sí que Marcus podía intervenir, lo vi responder al
hombre y a este asentir, nos devolvió los documentos con una sonrisa, me
apresuré a tomarlos y guárdalos de nuevo. El aeropuerto estaba atestado de
personas, así que tuve que ser cuidadosa para no terminar atropellando a nadie,
sentí un tirón en mi brazo cuando Marcus se detuvo, sus manos tantearon mis
brazos y subieron por mis hombros hasta tomar mi rostro con ellas.
—Em, ¿estás bien? —Esa pregunta, cada vez que la hacía algo en mi
interior se removía, ni siquiera comprendía como dos palabras tan simples tenían
tanto significado. Apreté su mano pasa decirle que sí—. Todo estará bien,
pequeña, lo prometo —me dijo. Sabía que así sería, con él siempre estaría bien
sin importar las circunstancias. Volví a apretar su mano y se inclinó, supe que
quería besarme así que llegué a su boca, me dio un beso rápido pero suficiente
apasionado para hacer que mis rodillas temblaran —. Por favor ayúdanos a
llegar a un taxi, luego me encargo —me pidió. Asentí, y entonces comprendí que
no podía ver mi gesto, así que hice lo mismo de las dos veces anteriores, esta vez
no me dio la mano, sino que pasó uno de sus brazos por mis hombros de forma
protectora, guie el camino buscando siempre que estuviera despejado, ayudaba
que Marcus resultara intimidante y las personas se apartaran a su paso, cuando
por fin alcanzamos la estación de taxis, como había prometido fue el encargado
de decirle al taxista a dónde debía llevarnos. Aún podía sentir la tensión y la
rigidez en su cuerpo, solo esperaba que al llegar al hotel pudiera calmarse un
poco, no tardamos más de tres minutos, pues el lugar se hallaba muy cerca del
aeropuerto, esta vez fue más sencillo, ya que simplemente hice las veces de guía
hasta la recepción y Marcus se encargó de dar los detalles de la reserva, me
sorprendió que en ningún momento dio indicios de no poder ver, las personas
con las que había hablado ni siquiera se habían dado cuenta de ello. La mujer
nos dio la bienvenida con una sonrisa entregándonos la llave de la habitación,
subimos en el ascensor hasta el séptimo piso, me apresuré a abrir la puerta, me
quité el abrigo, lo lancé sin fijarme donde caía y luego de encender las luces,
corrí por toda la estancia cerrando las cortinas, cuando constaté que las únicas
luces provenían de las lámparas que colgaban del techo giré para encontrarme a
Marcus mirándome con un brillo extraño, suspiré aliviada porque sabía que
ahora podía verme, comenzó a caminar y en un par de zancadas estaba a mi lado,
levantándome del piso me besó. Lo habíamos logrado, era apenas una pequeña
parte del camino, aunque se sentía como una gran hazaña.
—Te amo, Em, gracias por ser tan valiente —dijo mirándome a los ojos. Yo
no pensaba que lo fuera, me había tocado el trabajo más sencillo, aunque me
emocionó que lo dijera, le sonreí y volví a besarlo. Caminó sin soltarme y se
sentó en un sofá conmigo en su regazo. Acarició mi rostro con sus dedos y luego
descubrió mi cuello, no me había visto, pero por su mueca supe que seguramente
había quedado algún indicio del intento de asesinato por parte del hombre del
hospital. No me atrevía a preguntarle qué sucedió con él, aunque siendo sincera
tampoco era algo que me importara, si lo había matado se lo merecía y yo lo
amaba más por eso. Su boca encontró la mía y de nuevo nos besamos, aunque
era consciente que la rigidez en su espalda no se había ido del todo, lo acaricié
con una mano tratando de calmarlo, después le levanté la parte inferior de su
camiseta, sacándola poco a poco, él me ayudó levantando los brazos para
permitirme deshacerme de ella, pasé mis dedos por su pecho con caricias suaves
y bajé la cabeza para besarlo, subí despacio hasta su cuello donde le di un ligero
mordisco. Sus manos acariciaban mis piernas por encima de la ropa, apenas en
un parpadeo rompió mi blusa y mi sostén para dejar mis pechos a la vista, lo
besé de nuevo rodeando su cuello con mis brazos, sintiendo el contacto de
nuestros torsos desnudos. Quería que se olvidara de todo, de la razón por la que
estábamos allí, de todo el camino que nos faltaba por recorrer, que solo pensara
en nosotros y el momento que estábamos viviendo, entonces que se me ocurrió
una idea, me separé de sus labios y me dejé caer de su regazo hasta quedar de
rodillas en medio de sus piernas separadas, me dio una mirada interrogante, esto
no era algo que hubiese visto o hecho antes, sin embargo, fue instintivo hacerlo.
Levanté las manos y de forma pausada comencé a abrir la cremallera de sus
jeans, luego empecé a bajarlos, comprendiendo mi idea levantó un poco las
caderas haciéndome más fácil el trabajo. Arrastré su bóxer en el proceso hasta
que logré liberar su erección, la rodeé con mis dedos sintiendo la textura cálida y
suave, cuando lo miré, sus ojos estaban fijos en los míos brillando con pasión,
ese sentimiento sí que lo conocía bien, lo acaricié desde la base a la punta
limpiando con mi dedo una pequeña gota de líquido con el pulgar, lo vi cerrar los
ojos y supe que le gustaba lo que le estaba haciendo. Con timidez me incliné y lo
toqué con la punta de mi lengua, sus manos se aferraron a los bordes del sofá,
decidí que podía y quería ser más atrevida, poco a poco lo fui introduciéndolo en
mi boca, lamí y succioné con fuerza, él se convulsionó, aunque no abrió los ojos.
Me gustó tenerlo a mi merced, un varón fuerte que no era humano entregado
completamente al placer que le estaba proporcionando, un hombre poderoso y
protector que se comportaba como un tierno cachorrito cuando estaba conmigo.
Había aprendido a conocerlo, a saber derribar esa barrera que erigía frente a
todos impidiéndoles entrar en su interior, pero conmigo no existía, era
simplemente él, amándome, cuidando de mí, entregándome su corazón de la
misma forma que le entregué el mío. Seguí disfrutando de la sensación de
tomarlo con mi boca, acariciando sus testículos con una de mis manos, sus ojos
se abrieron y se enfocaron en los míos, estaba totalmente excitada y aún seguía
medio vestida, quería quitarme la ropa y terminar de quitarle la suya, pero no
quería parar lo que estaba haciendo, así que el actuó por mí, sin previo aviso me
levantó y rasgó mis pantalones, y con un movimiento rápido me penetró con
fuerza, clavé las uñas en sus hombros ante la agradable invasión, sus manos se
movieron quitándose del todo sus pantalones. Así completamente desnudos y sin
separarnos caminó hasta recostarme en la cama con él cerniéndose sobre mí, y
sin apartar su mirada de la mía me embistió una y otra vez, al tiempo que su
mano jugueteaba con mis pezones, cerré los ojos presa del exquisito placer, su
boca se posó en mi cuello donde sentí su lengua trazar un camino hasta mi oreja,
chupó con suavidad el lóbulo, esto envió una corriente eléctrica directamente a
mi centro, apoyé los talones en la cama levantando las caderas para recibir sus
embistes, no podía escuchar sus gemidos, pero sentía el rápido palpitar de su
corazón, en ese momento éramos dos almas unidas que no necesitaban palabras
para poder expresar lo que sentíamos, nuestros cuerpos hablaban por sí solos,
gritando que nos amábamos por encima de todo, sabiendo que nos
pertenecíamos el uno al otro, sin restricciones. El familiar hormigueo comenzó a
formarse en mi bajo vientre, anunciándome que estaba a punto de alcanzar el
éxtasis, apenas unos segundos después estallé en un explosivo orgasmo, la
espalda de Marcus se tensó, lo miré a la cara viéndolo totalmente perdido en lo
que estábamos compartiendo, sintiéndolo derramarse en mi interior.
El resto del tiempo que nos quedaba en Moscú lo habíamos pasado
haciendo el amor, a veces lento otras de forma casi salvaje, pero en todo
momento amándonos y tratando de complacer al otro. Marcus por fin parecía
más relajado al llegar la noche, me había duchado y cambiado de ropa, cuando
salí del baño lista para ir al aeropuerto me detuve con la boca abierta, estaba
vestido totalmente de negro, con una gabardina que llegaba hasta sus tobillos,
una sensación de orgullo se apoderó de mí cuando comprendí que ese hombre
hermoso me pertenecía, era mío. Lo estudié un momento, mientras se encontraba
concentrado revisando que no faltara nada, tuve que cerrar la boca cuando me
acordé que seguía teniéndola abierta, y es que Marcus con unos simples jeans y
camiseta era abrumadoramente atractivo, pero vestido completamente de negro
era sexy como el infierno, cuando notó mi mirada sobre él frunció el ceño, me
crucé de brazos sin apartar la mirada, y se dirigió a mí con un gesto preocupado.
—¿Pasa algo? —preguntó acariciando mi cabello, asentí sin responder del
todo—. ¿Qué pasa, Em? ¿No quieres ir a este viaje? —Negué—. Está bien mi
pequeña, si no quieres hacerlo no lo haremos, podemos regresar y que alguien
más lo haga —dijo. Mi corazón se derritió ante su declaración, era capaz de
dejarlo todo solo porque me negara a ir, decidí que era hora de aclarar lo que
estaba pasando por mi cabeza.
—En realidad lo que no quiero es salir de esta habitación, no quiero que
otras mujeres te miren, te ves demasiado bien vestido así —repliqué. Abrió los
ojos con sorpresa ante mi declaración y luego hizo la cosa más asombrosa,
sonrió. Literalmente sus dientes brillaron en una amplia sonrisa que estuvo a
punto de hacerme doblar las rodillas, estaba segura que si quedaba algo de mi
corazón que aún conservara lo acababa de perder en ese instante.
—Mi amada Em, estoy seguro de que nadie más me ve de la forma que lo
haces tú —comentó. Definitivamente estaba en desacuerdo con eso, era
consciente de que a primera vista con sus cicatrices podría resultar aterrador,
pero una vez que te acercabas lo suficiente para conocerlo, terminabas
definitivamente perdido.
—Creo que eres tú quien no se ve como realmente es, si permitieras que los
demás se acercaran lo suficiente sabrías el impacto que causas en las personas —
acoté. De nuevo una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, no tan amplia como
la anterior, pero sonrisa al fin y al cabo, ese día había conseguido robarle dos
sonrisas y me sentía la mujer más afortunada del mundo, me acercó a su cuerpo
y me rodeó con sus brazos, apoyé la cabeza en su pecho aspirando su agradable
olor, sabía que no usaba perfumes ni nada de eso, era simplemente él.
21
IVOR
H abía llegado a Anádyr esa mañana, el maldito Marcus me había
hecho buscarlo y perseguirlo por medio mundo, y de nuevo tuve
que atravesar el océano y llegar nada más y nada menos que hasta Rusia para
poder encontrarlo, me habría gustado ahorrarme el esfuerzo, pero debía darle
crédito, no era fácil acabar con él. Durante meses lo seguí intentando tomarlo
desprevenido, y cuando por fin lo logré cometí el error de dejarlo vivo, en un
gesto que reconocí como simple arrogancia, quería que supiera que podía acabar
con él cuando quisiera, sin embargo, a partir de ese momento se volvió más
cauteloso, quitándome la carta de la sorpresa, así que simplemente me dediqué a
observarlo de lejos y a estudiar cada movimiento. No me sorprendió saber que
aún se dedicaba a matar demonios, esa había sido siempre su misión, odiaba a
aquellas criaturas, también pude conocer a los hombres con los que compartía, y
siendo sincero conmigo mismo no pude evitar la punzada de celos que sentí
cuando vi que interactuaba con ellos con la misma camaradería que compartió
conmigo, aunque también noté que Marcus había cambiado, además de la obvia
cicatriz que cubría su mejilla y que no tenía cuando éramos amigos, estaba su
actitud reservada, lo había visto muchas veces con los otros Demonials, aunque
nunca lo vi sonreír. El sigilo me permitió conocer muchas cosas sobre él, como
la noche que lo seguí hasta un hospital para enfermos mentales de donde un rato
después salió llevando en brazos a una mujer, la trataba con tanto cuidado que
era obvio que significaba algo para él, luego se dirigieron al aeropuerto y fue así
como descubrí su destino, allí también su actitud con la chica era totalmente
protectora, incluso llegó a besarla, quise comenzar un pequeño baile de la
victoria cuando descubrí su debilidad, que era nada más y nada menos que una
simple humana, nunca me hubiese imaginado al Marcus fuerte y decidido
enamorado de una criatura simple y frágil, pero ahí estaba él, mirándola con
adoración, como si ella fuese el centro de su mundo. Hablando de humanas, la
que estaba a mi lado se removió ronroneando como si fuese un felino, su mano
bajó hasta mi miembro flácido y lo encerró en sus dedos.
—Oh, cariño, déjame despertar esto por ti —dijo con su voz chillona que
tanto me fastidiaba, aparté su mano con asco y me puse de pie, recorrió mi
cuerpo desnudo pasándose la lengua por los labios con lujuria—. ¿Por qué te
levantas? Ven a la cama de nuevo, puedo despertar a nuestro chico con mi boca
si quieres —se insinuó. La ignoré sin ganas de decirle que cuando lograba
despertar a “nuestro chico” era porque en mi mente imaginaba que estaba con
otra mujer, esa era la única forma en la que conseguía ponerme duro para
meterme entre sus piernas, se irguió dejando que la sábana resbalara y sus
pechos quedaran a la vista, estos parecían dos globos inflados, odiaba tocarlos y
me producían arcadas cada vez que tenía que meter sus pezones a mi boca. A sus
cincuenta y tres años Tori aún se veía joven y atractiva, aunque esto era solo
gracias a las múltiples cirugías estéticas que se había practicado, nunca
comprendería ese afán de los humanos por conseguir la supuesta belleza
perfecta, ellos no alcanzaban a distinguir la verdadera esencia de lo bello, sus
ojos solo veían lo superficial—. ¿No quieres que te haga una mamada, hermoso?
—preguntó con un puchero que se veía ridículo en una mujer de su edad, y
odiaba el maldito apodo.
—No quiero que me hagas nada, Tori. Creo que alcancé mi límite de
tolerancia y no conseguiré meterme entre tus piernas una vez más sin vomitar. —
escupí. Sus ojos se abrieron y luego su expresión cambió a una de enfado.
—No te entiendo, pensé que me querías —casi chilló.
—Mujer, te he aguantado tres años porque necesitaba de tu dinero para
conseguir mis propósitos, ahora tengo lo que necesitaba, así que puedo decirte
que no, definitivamente no te quiero, de hecho, me das asco.
—Eres un maldito hijo de puta, no puedo creer que solo me hayas utilizado.
—Eso solo te demuestra el poco cerebro que tienes. Mírate, eres solo una
simple humana, nada mayor que una rata —le espeté. Se llevó la mano al pecho
como si la hubiese golpeado, luego apartó las sábanas y se levantó de la cama.
—Y tú no eres más que un gigoló que se aprovecha de las mujeres para
sacarles dinero —me gritó.
—No es mi culpa que todas se derritan cuando me ven, y se mueran por
tenerme en sus camas. Tú no fuiste mejor que ellas, me resultó demasiado fácil
embaucarte, solo fue sonreírte y caíste de rodillas para chupármela en un baño de
una discoteca apenas me conociste.
—Te vas a arrepentir de esto, Ivor, sin mi dinero no eres nadie.
—Te equivocas, mujer, tú sin mí no eres nadie, y ahora que ya no te
necesito, creo que llegó el momento de librarme de tu desagradable presencia —
sentencié.
Me permití cambiar de forma, en los tres años que llevábamos juntos ella
nunca sospechó lo que era realmente, la había conocido por casualidad en una
discoteca en Roma, donde había tenido que trabajar como mesero para ganar
algo de dinero, fue fácil conquistarla, era una viuda rica necesitada de atención,
en pocos minutos la tenía comiendo de mi mano y apenas unos días después ya
vivía cómodamente en su casa, renuncié a mi trabajo de mierda y me convertí en
su amante de turno. Justificaba mi problema con la luz diciéndole que tenía
sensibilidad, y ella para tenerme contento no le importaba que no saliera de la
habitación durante el día, solo se dedicaba a llenarme de atenciones y de lujos, la
había usado o mejor dicho usé su dinero para llegar a Marcus, ya que era más
fácil hacerlo si tenía lo suficiente para pagar los viajes de un lado a otro, volar no
había sido una buena opción en esta época donde la tecnología era más práctica.
Retrocedió aterrada cuando mis ojos se pusieron rojos, desplegué mis alas y
le enseñé los colmillos, un agudo gritó salió de su garganta y rápidamente la
acallé tomándola por el cuello, no quería que llamara la atención y alguien
acudiera a ver qué estaba sucediendo, no es como si me importara matar a más
humanos, pero no me apetecía hacerlo en ese momento. Usando una de mis
garras rebané su cuello, la lancé a la cama donde comenzó a desangrarse, me
giré dándole la espalda, no quería mirar sus ojos abiertos, maldije a Marcus una
vez más, por su culpa me había convertido en eso, un busca fortunas que tenía
que depender del dinero de una humana, yo que había sido uno de los guerreros
más respetados, reconocido por mis proezas en el campo de batalla, y todo eso lo
había perdido la noche en la que los demonios acabaron con mi gente, incluida
mi amada Darline. Un agudo dolor atravesó mi pecho como pasaba cada vez que
pensaba en ella, si aquel día tantos siglos atrás Marcus no se hubiese opuesto a
que la tomara como compañera, tal vez en un arranque de mi maldita lealtad no
me habría ido y hubiese estado allí para poder salvarla, sin embargo, él me negó
eso, lo único que importaba para mí, cuando regresé todo era ruinas y cenizas, y
mi Darline ya no existía, ahora iba a cobrarme aquello, y gracias a la pequeña
pelirroja que lo acompañaba sabía cuál era la forma perfecta de hacerlo.
Me vestí y salí sin molestarme en mirar al cadáver sobre la cama, por fin
había llegado el momento que esperé por siglos, casi podía saborear la sangre de
quien una vez fue como mi hermano, y que en ese momento consideraba mi peor
enemigo, iba a causarle el mismo dolor que sentí cuando me enteré de la muerte
de Darline, y tal vez, solo tal vez, decidiera permitirle vivir para que sufriera
eternamente.
Las calles de Anádyr estaban heladas y cubiertas de nieve, necesitaba
acabar con aquello pronto, odiaba ese clima. Metí las manos en los bolsillos de
mi abrigo y me mezclé con las pocas personas que transitaban a esa hora por el
lugar.
22
MARCUS
A quel viaje hasta Anádyr fue más sencillo, al menos podía estar
consciente de lo que sucedía a mí alrededor, durante todo el tiempo
Emily se aferró a mi mano y no la soltó, me hubiese gustado llevarla en mi
regazo, pero no parecía una buena idea dentro de aquel avión con las personas a
nuestro alrededor viéndonos. Ella se veía tranquila, haciéndome sentir orgulloso
de su valentía, en ningún momento había demostrado temor ni inseguridad, en el
aeropuerto de Moscú lo había hecho bien, era una pequeña guerrera, mi pequeña
guerrera. Las casi ocho horas que duró aquel vuelo parecieron eternas, aunque a
la madrugada por fin estábamos en nuestro destino, nos alojamos en el hotel
donde pasaríamos el día, por la noche comenzaría la búsqueda de El Guardián.
Suspiré preguntándome si aquel antiguo Demonials en realidad existía, estaba
rogando porque así fuera, no quería llegar allí para darme cuenta que era
simplemente una leyenda.
Me paseé por la habitación tratando de no pensar en las horas que nos
quedaban por delante para comenzar la búsqueda, mi caminata no era muy larga
ya que el sitio era bastante pequeño, apenas cabía la cama y una mesa de noche,
así que no podía dar más de dos pasos sin chocar con mis propios pies, abandoné
la absurda caminata cuando comprendí que en realidad solo giraba sobre mí
mismo y me acerqué a la ventana. Vi las calles completamente cubiertas de
nieve, la temperatura era demasiado baja, según vi cuando llegamos al
aeropuerto estábamos a menos veinticinco grados Celsius, ni siquiera
comprendía cómo era que alguien soportaba vivir en ese clima todo el año, me
preocupaba que Emily se enfermara, me giré para verla dormir pacíficamente,
había caído rendida, me acerqué sentándome a su lado tratando de no moverme
mucho para no despertarla, acaricié su mejilla, y la cubrí más con el grueso
edredón, apoyé la espalda en el cabecero, tomé el teléfono y miré la hora, las
cuatro de la mañana, en San Francisco debían ser las ocho de la noche, marqué
el número de Alexy y parecía que estaba pendiente de mi llamada pues
respondió al primer timbre.
—¿Marcus? —Su voz sonaba ansiosa.
—Estamos bien —dije. Escuché el suspiro al otro lado y supe que se había
relajado.
—¿Qué tal fue el viaje? —Esta vez fue la voz de Tarek la que se escuchó.
—Fue bien, Emily se hizo cargo en el aeropuerto de Moscú y me ayudó a
salir airoso del asunto.
—Esa es nuestra chica —canturreó Tarek, dejé salir un gruñido que estaba
seguro escuchó.
—¿Ya están en Anádyr? —preguntó Alexy.
—Así es, estoy congelando mi puto culo aquí —declaré. Escuché la risa de
mis hermanos y fue algo tranquilizador, llevábamos tantos siglos juntos que era
extraño encontrarme lejos de ellos en ese momento.
—¿Cuándo comenzarás la búsqueda de El Guardián? —inquirió Alexy.
—Esta misma noche, necesito terminar con esta mierda lo antes posible y
regresar, no quiero exponer a Emily más de lo necesario.
—Nosotros también queremos que esto termine pronto y regreses, no es lo
mismo sin ti por aquí.
—¿Van a ponerse sentimentales y toda esa mierda? —cuestioné tratando de
aligerar el ambiente.
—No seas cabrón, no estamos sentimentales, solo necesitados de un par de
manos que nos ayuden con la búsqueda de Razvan, no creas que es por otra cosa
que te queremos de regreso, luego tenemos que aguantar tus gruñidos y tu fea
cara —se burló Tarek—. Por supuesto que nos ponemos sentimentales, imbécil,
eres nuestro hermano y te queremos de vuelta —añadió más serio. Amaba a los
cabrones como si fueran de mi propia sangre, aunque no era algo que les dijera,
pero estaba seguro que ellos lo sabían, así como yo sabía que el sentimiento era
recíproco.
—Voy a intentar hacerlo rápido, aunque ni siquiera sé a quién estoy
buscando, es como querer encontrar una aguja en un pajar —comenté.
—Vas a lograrlo, si hay alguien que pueda hacerlo ese eres tú. —Suspiré
esperando que tuviese razón, que aquel viaje no terminara en fracaso.
—Hablamos luego, los llamaré antes de salir del hotel esta noche, después
no sé si podré hacerlo.
—Vamos a estar esperando tu llamada, cuídate y dale saludos a tu mujer.
—Lo haré, estaremos en contacto. —Luego de esto colgué y volví a
observar a Emily, apenas se había movido, me acurruqué a su lado y la abracé,
sin despertar se pegó más a mí, su cara contra mi pecho, su cálida respiración
enviaba pequeños choques de placer a mi parte baja, haciendo crecer mi
erección. Cerré los ojos y me concentré en otra cosa, no era momento para
pensar en el sexo, ella estaba agotada y yo necesitaba poner las ideas en orden,
trazar un plan, pues nos quedaba la parte más complicada del viaje.
Terminé de empacar en mi maleta las pocas cosas que llevaríamos,
habíamos decidido que la de Em se quedaría, mientras menos objetos
transportáramos sería más sencillo hacerlo, cuando se lo propuse ni siquiera
protestó por tener que dejarlo casi todo, lo único que se empeñó en llevar fue la
daga que Alana había guardado entre sus cosas, el cofre con el texto estaba en el
fondo cubierto con mi abrigo, no pensaba llevarlo puesto pues necesitaba estar
libre para lo que íbamos a hacer. En cuanto salimos del hotel una ola de frio nos
golpeó, me aseguré de que Emily estuviese bien abrigada, aun así la temperatura
era demasiado baja, sin esperar a preguntarle si estaba de acuerdo la tomé en
brazos y la acuné tratando de mantenerla caliente, no me importaba si las pocas
personas que nos encontramos en la calle a esa hora se quedaban mirándonos,
me alejé lo suficiente para asegurarme de que quedábamos fuera de la vista de
los humanos y la deposité de nuevo en sus pies.
—Em, ¿Confías en mí? —le pregunté. Frunció el ceño molesta como si la
hubiese insultado.
—Con mi vida —contestó.
—Eso es suficiente para mí —aseguré. Puso los ojos en blanco y no pude
evitar besarla, era demasiado hermosa y yo estaba tan perdido por ella… Me
separé con algo de renuencia y me saqué el suéter que traía puesto bajo su atenta
mirada. Llamó mi atención tocando mi brazo.
—¿Por qué estás desnudándote en este clima?
—Es la razón por la que necesito que confíes en mí —le dije. Sin decirle
nada más cambié de forma, me observó con curiosidad, y luego sonrió, amaba la
manera como se comportaba con naturalidad aun cuando me convertía en una
especie de monstruo.
—Me gustan tus alas, son lindas —comentó. Linda no era una palabra que
hubiese usado para describir esa parte de mi anatomía, pero no pensaba
contradecirla, se acercó y con sus dedos acarició las plumas negras, una extraña
sensación recorrió mi cuerpo cuando sentí su toque. A pesar de lo mucho que
estaba disfrutando de ese momento no tenía tiempo que perder, así que me puse
en marcha, prometiendo que luego la dejaría explorar mi lado Demonials todo lo
que quisiera. La maleta se convirtió en un problema pues por mis alas no podría
llevarla a mi espalda como lo venía haciendo, Emily lo comprendió enseguida
así que la tomó ella.
—Es hora de irnos —anuncié,
—¿Vamos a volar? —Asentí y la vi morderse el labio luciendo indecisa.
—Pensé que confiabas en mí.
—Lo hago, pero ¿no vamos a caernos ni nada? ¿O tal vez chocar con un
árbol?
—Em, volaré por encima de los árboles, y no vamos a caernos. Uso mejor
mis alas que mis pies, ¿acaso viste un pájaro caer alguna vez?
—La respuesta a tu pregunta puede ser relativa, aparte nunca he visto
ningún pájaro que mida dos metros, yo diría que pareces más un avión.
—Perfecto, entonces digamos que viajarás en tu avión privado, ahora
vámonos, tenemos que llegar pronto antes de que amanezca. —Dudó solo un
momento antes de acercarse a mí con los brazos extendidos, la levanté con
cuidado de no lastimarla con mis garras y me elevé en el aire, se aferró a mi
cuello con fuerza y cerró los ojos, negué y seguí la ruta que ya había trazado
basado en un mapa que estuve estudiando.
Amaba la sensación de volar, me hacía sentir libre, pero hacerlo llevando a
Em en mis brazos era como estar en la gloria, muy debajo de nosotros las luces
de la ciudad iban quedando atrás, perdiéndose en la oscuridad de la noche. Poco
a poco comenzó a relajarse, al punto de llegar a abrir los ojos y mirar la distancia
que nos separaba del suelo, teníamos la capacidad de llegar a una altura
considerable, y a una velocidad incluso más rápida que un automóvil, así que
calculaba que en unas dos o dos horas y media estaríamos en Uelkal.
Faltaba poco para llegar, hice un esfuerzo por ir más de prisa, a pesar de
que el viento fuerte estaba resultado un verdadero inconveniente, lastimando mis
alas, necesitaba llegar a un lugar seguro pronto, a lo lejos divisé una pequeña
zona boscosa, estaba muy cerca de nuestro destino, así que no vi problema en
bajar hasta allí, necesitaba revisar a Emily quien se mantenía muy quieta y
tranquila, pero me preocupaba que pudiera comenzar a sufrir de una hipotermia,
a esa altura hacía incluso más frío que en tierra, comencé a descender hasta que
mis pies tocaron el piso, mis botas se enterraron en la gruesa capa de nieve.
Caminé hasta uno de los árboles y bajé a Emily, sus mejillas estaban sonrojadas,
producto del inclemente clima, por lo demás parecía estar bien, saqué uno de sus
guantes para comprobar que sus manos estaban calientes.
—Estoy bien —dijo zafándose de mi agarre para poder comunicarme como
se sentía—. Eso fue interesante, mejor que ir en avión, aunque quitándole el frío
claro.
—Lo hiciste muy bien.
—Soy una chica dura —comentó con una sonrisa como si lo dijera en
broma, pero era cierto.
—Lo sé, y no te imaginas lo orgulloso que me siento —afirmé. La abracé
mirando a nuestro alrededor inseguro de qué camino debía tomar, desde aquí
tendríamos que caminar, o mejor dicho caminaría yo llevándola en mis brazos
hasta encontrar un refugio seguro, no iba a permitir que la fría nieve congelara
sus pies, después comenzaría en serio la búsqueda de El Guardián.
Con el rabillo del ojo vi algo moverse rápidamente y luego parecieron venir
de todas las direcciones, maldije cuando me di cuenta de que eran demonios,
podía intentar elevarme de nuevo, pero el viento soplaba aún más fuerte, si mis
alas se rompían caeríamos en picada y Emily terminaría lastimada, ese no era un
riesgo que quisiera correr, la puse contra el árbol y me ubiqué frente a ella
protegiéndola con mi cuerpo. Un total de doce de ellos en una formación de
abanico nos rodearon, estos tenían algo diferente a los que solíamos cazar con
mis hermanos, por alguna razón sus ojos parecían desorbitados, como si
estuviesen presos de alguna droga, la espesa baba negra que caía de sus bocas
iba a parar al piso manchando la blancura de la nieve, enseguida supe que venían
atraídos por el texto, ni siquiera alcanzaba a imaginar cómo era que no nos
habían atacado antes. Me preparé para luchar temiendo que la desventaja
numérica nos llevara a la muerte, aun así, no pensaba rendirme fácilmente. Antes
de que pudiera acercarme siquiera una sombra que se vio como un borrón
apareció de la nada, tan rápido que los demonios ni siquiera lo vieron llegar, en
menos de un segundo había derribado a dos de ellos y sus cabezas rodaban por el
suelo, no tuve mucho tiempo para reparar en el recién llegado, solo que era uno
de mi raza con el cabello tan rubio que parecía blanco y que se encontraba
acompañado de lo que parecía un enorme lobo blanco que gruñía de forma feroz
a los demonios. No desperdicié un minuto más en prestarles atención y me
enfoqué en la lucha que tenía por delante, alcancé el que tenía más cerca
rompiendo su brazo cuando lo giré hacia su espalda, corté su cabeza y lo pateé
lejos para ir por el siguiente. Parecía que el poder del texto que los poseía
también les quitaba su capacidad de razonar, pues actuaban de manera irracional,
haciendo más fácil el trabajo de matarlos, atrapé a uno que iba en dirección al
recién llegado y clavando mis garras en su espalda lo atraje derribándolo boca
arriba, puse mi bota en su pecho y lo decapité, alcancé a ver a otro que se
ocultaba detrás de un árbol muy cerca de Emily y corrí en su dirección,
apoyándome en el troncó salté cayendo sobre él, me gruñó e intentó atacarme,
enterré su cabeza en la nieve y mis garras en sus ojos, el chillido pareció viajar
varios kilómetros, tuve uno más fuera, no sabía con cuántos había acabado el
sujeto recién llegado, pero por la rapidez con la que había actuado esperaba que
más que yo, busqué a mi alrededor para asegurarme de cuantos quedaban y
maldije cuando vi que uno estaba peligrosamente cerca de alcanzar a mi Em.
Ella se encontraba con la espalda apoyada en el árbol justo frente al demonio que
la acechaba, aferrando la maleta con uno de sus brazos, me puse de pie con
rapidez para intentar llegar a ella, la maldita sanguijuela estaba muy próximo y
llegaría antes que yo, lo miró con tanta calma que logró sorprenderme, pero me
asombró aún más cuando vi que en su mano derecha empuñaba la daga, mi
mente dejó de funcionar del todo cuando la criatura se puso al nivel de su cara,
demasiado cerca para mi gusto, con una agilidad y una fuerza admirable para
alguien tan pequeño, Emily levantó la daga tomando por sorpresa al demonio
cuando la clavó justo en medio de sus ojos, este aulló y retrocedió, momento que
ella aprovechó para clavar la daga una vez más en su pecho, eso no iba a matarlo
por supuesto, pero que me condenaran si no era la cosa más valiente que había
visto en mi vida, cuando alcancé el lugar donde se encontraban me encargué de
la sanguijuela que comenzaba a recuperarse del ataque. Luego me giré para verla
respirar agitada con la vista fija en el cadáver frente a nosotros.
—Em —la llamé. No estaba seguro que pudiera ver el movimiento de mis
labios en medio de la oscuridad. De pronto comenzó a temblar y se abrazó a sí
misma, la levanté sosteniéndola en mis brazos, plegué mis alas encerrándola en
ellas—. Está bien, pequeña, estoy aquí —le hablé enterrando mi cara en su
cabello sin importarme que no me escuchara. Un pequeño ruido a mi espalda
llamó mi atención y me giré para encontrarme al sujeto que me había ayudado.
Él había terminado con el resto de los demonios, frente a mí cambió de forma,
regresando a su apariencia humana, lo más extraño ocurrió cuando su cabello
blanco también cambió tornándose negro, eso era algo que nunca había visto
hacer a uno de los nuestros, unos ojos de un extraño color violeta me observaron
con curiosidad, a su lado el lobo se sentó de forma tranquila sobre sus patas
traseras.
—Muy valiente tu chica, Marcus Loughty —dijo en un acento desconocido.
Estaba a punto de decirle que sabía que mi mujer era valiente sin que me lo
dijeran, cuando caí en cuenta que me había llamado por mi nombre, el tipo sin
duda sabía quién era yo, lo que me incomodaba era no tener idea de quién era él.
—¿Por qué sabes mi nombre? —demandé sin poder ocultar la rudeza en mi
tono de voz.
—Sé muchas cosas sobre ti —respondió sin perder la calma—. Por
ejemplo, sé que me estás buscando —añadió. Una luz se encendió en mi cerebro.
—¿Eres El Guardián? —Hizo una mueca.
—En realidad ni siquiera entiendo por qué usan ese apodo tan ridículo, si
no te importa mi nombre es Medhan.
—Al menos ahora tengo algo de información a la que apegarme, recorrí
medio mundo buscando un puto fantasma que ni sabía si de verdad existía. —Lo
que parecía una sonrisa se dibujó en sus labios.
—Supongo que el puto fantasma vendría siendo yo, y sí, muy estúpido de
tu parte salir a recorrer el mundo en busca de algo que no estabas seguro si
existía, sin embargo, debo reconocer que también es valiente —comentó. La
charla se estaba alargando demasiado para mi gusto, así que decidí cortarla.
—Lo siento si no tengo mucho tiempo aquí para socializar contigo, pero mi
mujer se está congelando. —Sus ojos se abrieron como si apenas recordara la
pequeña figura que se encontraba oculta en un capullo hecho por mis alas.
—Lo lamento, fui descortés, mi casa está cerca de aquí, podemos ir allí para
que ella se pueda calentar —manifestó.
Asentí aceptando la invitación, Emily seguía aferrando la maleta con el
texto, la mantuvo segura todo el tiempo y de nuevo me sentí feliz y agradecido
por ella, comencé a seguir al extraño hombre que resultó ser El Guardián, nadie
me creería cuando les dijera que fue él quien me encontró y no al revés. Resultó
ser cierto que su casa se hallaba bastante cerca, una cabaña de madera anclada en
medio de la nada, ni siquiera comprendía por qué alguien querría vivir allí.
Abrió la puerta dejándonos pasar primero, adentro el ambiente era bastante
agradable, todo se veía muy limpio y las llamas crepitaban en la chimenea
alejando el frío del exterior, la luz del lugar provenía de algunas lámparas de
aceite colgadas de la pared, abrí mis alas dejando a Emily a la vista, cuando lo
hice ella me miró, todo rastro de miedo había desaparecido de sus ojos. La dejé
en el piso con cuidado, todo el tiempo sintiendo los ojos de Medhan sobre
nosotros.
23
EMILY
M iré alrededor empapándome de todo el lugar, nos encontrábamos
en una cabaña como esas que veías en las películas, todo estaba
hecho en madera, excepto la chimenea de piedra que estaba en el centro de la
pared. Seguí la inspección hasta que mis ojos chocaron con unos que me
miraban de forma curiosa, me quedé paralizada, el hombre frente a nosotros era
impresionante, varios centímetros más alto que Marcus quien ya tenía un
estatura considerable, y aunque no era tan musculoso lo envolvía un aura de
poder imposible de ignorar, se encontraba de brazos cruzados y de esta forma
pude ver un extraño tatuaje que iba desde su codo hasta el dorso de la mano, su
cabello negro caía liso hasta la mitad de su espalda, sus ojos del más extraño
color violeta resultaban a la vez fascinantes e intimidantes, me quedé mirándolo
fijamente sin poder apartar la mirada de él, supe de manera instintiva y sin
preguntarlo que era a quien habíamos ido a buscar, sabía por Marcus que allí era
considerado una especie de dios, y yo misma sentía deseos de inclinarme, de
pronto vi sus labios curvarse en una enigmática sonrisa, como si pudiera leer mis
pensamientos y supiera lo que ocupaba mi mente, pero seguramente él no podía,
o ¿sí? Su sonrisa se hizo más amplia aumentando mis sospechas, abrí mucho los
ojos cuando lo comprendí todo, ¡mierda! En serio podía hacerlo, entonces soltó
una carcajada que de haberlo podido escuchar estaba segura habría retumbado en
todas las paredes de la casa. Marcus lo miró enarcando una ceja luciendo
confuso por la broma privada.
—Puedo escucharte y no soy un dios, solo un simple Demonials, tampoco
me llamo Guardián, soy Medhan. —La palabra simple definitivamente no era
una que se aplicara a él de ninguna forma, el sonido de su voz era extraño como
si proviniera de mi cabeza—. En realidad, no es mi voz lo que escuchas, son mis
pensamientos —respondió de nuevo a la inquietud que se acababa de formar en
mi mente.
—¿Cómo lo haces? —pregunté sorprendiéndome de no tener que usar mis
manos.
—Es algo con lo que nací, mi madre pensaba que es algo así como un don
que se me concedió, yo lo veo más como una molestia —me explicó.
—¿Puedes escuchar los pensamientos de todas las personas?
—No, solo a los humanos, tu hombre ahora mismo me resulta como una
roca, está totalmente bloqueado, aunque a juzgar por su expresión no es difícil
adivinar que está pensando en matarme por estar prestando atención a su mujer
—declaró. Miré a Marcus quien en efecto se encontraba con el ceño fruncido.
Acaricié su brazo y me pegué más a él.
—¿Puedo ofrecerles una bebida caliente? —preguntó nuestro anfitrión esta
vez dirigiéndose a Marcus, este asintió y me llevó con él hasta sentarse en un
sofá y poniéndome en su regazo. En ese momento me fijé en mis manos llenas
de sangre, al igual que las de suyas, hice una mueca de asco y estuve a punto de
vomitar.
—¿Em, qué pasa? ¿Te sientes mal? —Las arcadas se apoderaron de mí, me
bajé de su regazo y corrí fuera de la cabaña, vomité en la nieve, Marcus apareció
a mi lado apartándome el cabello de la cara. Cuando levanté la cabeza se veía
preocupado, puse mis manos frente a él para que entendiera lo que estaba
pasando, arrugó los labios y se giró para decirle algo a Medhan, luego me llevó
de nuevo al interior y me condujo por un pasillo hasta un pequeño baño, me
ayudó a lavarme las manos, y también se lavó las suyas.
Cuando regresamos a la sala Medhan nos esperaba con dos tazas
humeantes, cuando me entregó la mía la aferré con las dos manos tratando de
calentarlas, me la llevé a los labios y di un sorbo, sentí el agradable sabor de la
menta, me encantaba el té el sabor de esa planta. Él se ubicó frente a nosotros, lo
que agradecí cuando comenzó a hablar y me permitió leer sus labios.
—Sé que hicieron un largo viaje hasta aquí, pero no logro comprender bien
el motivo.
—¿Cómo es que sabías que vendríamos? —le preguntó Marcus, el hombre
miró su taza y dio un sorbo antes de responder.
—Sé muchas cosas sobre los demás Demonials, puedo sentirlos cuando
están cerca, además de que veo cosas, llámalo visión o premonición, no estoy
seguro, pero cuando algo va a ocurrir suelo verlo antes. Te vi venir y sabía que lo
hacías como una misión, sin embargo, había algo confuso, y era la razón que te
trajo hasta aquí —explicó. Marcus rebuscó en la maleta y sacó una pequeña caja
de madera entregándosela. Su gesto se volvió sombrío cuando la tuvo en sus
manos. La abrió lentamente y sacó lo que había en su interior, que no era otra
cosa que un libro de aspecto antiguo—. ¿Cómo conseguiste esto? —interrogó
Medhan.
—No lo hice yo, fue uno de mis hermanos, lo halló en poder de un demonio
que pretendía conquistar el mundo haciendo alguna especie de ritual con su
esposa embarazada.
—Santo cielo, ¿sabes el poder que tiene esto? —preguntó de nuevo con una
mirada penetrante, Marcus le devolvió la mirada. Estaba totalmente atenta a la
conversación, no quería perderme ningún detalle, así que los observaba casi sin
parpadear solo bebiendo mi té despacio.
—Por supuesto que lo sé, hemos estado lidiando con la maldita cosa y
tratando de destruirlo durante meses, la ciudad en la que vivimos está plagada de
demonios atraídos por la maldad que contiene eso —comentó Marcus.
—Lo sé, yo mismo me sorprendí de ver tantos demonios hoy, hacía mucho
que no se acercaban por aquí. ¿Dices que han tratado de destruirlo?
—Sí, mis hermanos y yo lo intentamos varias veces. —Medhan estudió el
libro antes de abrirlo, cuando lo hizo lo cerró de nuevo, como si hubiese visto
dentro de él algo muy desagradable.
—No puedo soportarlo —dijo poniéndolo de nuevo en la caja y dejándolo a
un lado.
—¿Sabías de su existencia? —preguntó Marcus. Él asintió.
—Lo supe casi desde que tuve uso de razón, mi padre me habló de él —
acotó Medham.
—Y a juzgar por la edad que se supone que tienes eso debe de ser hace
mucho tiempo. —No pude evitar la sonrisa que se pintó en mis labios cuando vi
las palabras de Marcus, si bien no lo dijo como una broma fue gracioso, Medhan
me miró y enseguida regresé a mi expresión seria, pero era demasiado tarde, lo
había visto, me sonrió de vuelta y regresó su atención a la conversación.
—Supongo que soy un poco viejo, el caso es que sabía que esto algún día
llegaría a mis manos, aunque no tenía la certeza de cuándo y cómo, tampoco
tengo muy seguro por qué debo ser yo quien se encargue de él, aunque ahora por
fin tienen significado unas palabras que dijo mi padre hace miles de años cuando
me aparté de su lado para ir por mi cuenta. Él me dijo que algún día tendría en
mis manos un objeto que podría cambiar el rumbo de la humanidad, cuando le
pregunté qué era me dijo que lo descubriría cuando lo tuviera, odiaba que me
hablara en clave, aquella vez me molesté mucho y luego me marché sin mirar
atrás, y sin volver a pensar en sus palabras —manifestó.
—Bueno, ahora tienes tu misión y yo por fin me libré de la maldita cosa y
podré regresar con mi mujer a mi hogar.
—Me gustaría pensar que esta es mi misión, pero algo me dice que es solo
el medio para alcanzarla.
—Supongo que tú eres el encargado por alguna razón, ¿tienes poderes
especiales o algo? —Medhan pensó un momento en la pregunta de Marcus.
—No sé realmente si son poderes especiales, pero al ser el primero en nacer
heredé algunas de las capacidades de mis padres, como el escuchar los
pensamientos de los humanos o las premoniciones de las que te hablé antes,
entre otras.
—¿Eso incluye que te cambie el color del pelo cuando te conviertes? —No
había visto esa parte del cambio al que se estaba refiriendo, pero me habría
encantado hacerlo.
—Eso más que un don parece simple genética, cuando tengo apariencia
humana adquiero el color del pelo de mi padre, pero cuando me convierto en
Demonials tengo el de mi madre, soy el único de mis hermanos de sangre que
nací con estas características, lo cual refuerza mi teoría que es simplemente por
ser el primero.
La conversación se extendió y comencé a bostezar, me sentía realmente
agotada, Marcus se dio cuenta y me acunó en sus brazos, poco a poco cerré los
ojos y me olvidé de todo. Me desperté cuando una corriente fría circuló por mi
cuerpo, me incorporé apoyándome en un codo algo desorientada, estudié el lugar
y me di cuenta de que me hallaba en una cama, la habitación era pequeña pero
acogedora, la única luz provenía de las llamas que crepitaban en la chimenea que
estaba frente a mí, las cortinas se levantaron sobresaltándome y entonces me di
cuenta que la ventana estaba abierta y era de allí que venía el frío. Aparté el
grueso edredón que me cubría y me acerqué para cerrarla, afuera algo se movió,
mi corazón se aceleró, una extraña sensación se apoderó de mí y tuve miedo,
hice a un lado la tela para ver de qué se trataba, estaba demasiado oscuro y no
alcanzaba a captar nada, las ramas de los arboles se agitaron con el viento y
negué sintiéndome tonta por asustarme de eso, estaba a punto de cerrar la
ventana cuando sentí una mano asirse a la mía y arrastrarme con fuerza fuera de
la habitación, rodé por la fría nieve, tratando de discernir lo que estaba
ocurriendo, cuando logré recuperarme un poco de la impresión noté la figura que
se cernía sobre mí, vestía de forma sencilla y poco abrigada para el clima donde
nos encontrábamos. Quedándome sentada comencé a arrastrarme tratando de
alejarme de él, una sonrisa siniestra se dibujó en su atractivo rostro, nunca lo
había visto, pero era obvia su naturaleza, no se me había ocurrido que alguien
que perteneciera a la raza de Marcus pudiera ser malo, pues hasta ese momento
todos se habían mostrado amables conmigo, sin embargo, este hombre que tenía
frente a mí sin duda tenía una vena malvada. Todo mi cuerpo se puso en alerta
cuando se acercó despacio, me giré apoyándome en las palmas de las manos y
me levanté, corrí lo más rápido que pude alejándome de la casa, no podía ir allí
porque él se encontraba justo al frente, de pronto me di de bruces con lo que
parecía una pared, caí de espaldas y cuando levanté la cabeza estaba ahí, su
sonrisa no se había borrado, y supe que estaba jugando conmigo, miré hacia
atrás esperando que Marcus apareciera para ayudarme, el hombre me tomó del
cabello y me levantó de forma dolorosa, las lágrimas se acumularon en mis ojos.
Me miró de frente, con un odio que no alcanzaba a comprender, pues nunca lo
había visto antes, así que no tenía motivos para odiarme, sus ojos se volvieron
rojos, y cambio de forma, las garras de la mano con la que sostenía mi cabello
lastimaron mi cuero cabelludo, me observó por un momento que pareció
demasiado largo y luego sin tan siquiera decirme nada, clavó las garras de su
mano libre en mi vientre, un dolor como jamás había sentido me atravesó, era
como si desgarraran mis entrañas, que seguramente era lo que estaba pasando,
entonces me dejó caer sobre la nieve. Me acurruqué haciéndome un ovillo,
tratando de respirar, quería gritar y pedir ayuda, comencé a llorar, pues era lo
único que me quedaba en ese momento.
24
MARCUS
C ada minuto miraba en dirección a la habitación que Medhan me
prestó para que Emily descansara, estuvimos hablando un rato sobre
el texto y sobre mis hermanos, también me preguntó un poco sobre Emily y mi
relación con ella, le hablé de su discapacidad, y de la forma como la conocí,
pareció extraño hablar con alguien a quien no conocía, pero el sujeto era
realmente agradable, y definitivamente un buen tipo, sin embargo, ya quería ir
con mi mujer, comencé a ponerme de pie y a punto de decirle que iba a retirarme
cuando los aullidos de un lobo nos alertaron, él me imitó poniéndose de pie.
—Algo está pasando, es extraño que Winter aúlle de esa forma —dijo
mirando en dirección a la pequeña ventana de la sala. —Un Demonials.
—¡Emily! —grité y corrí hacia la habitación, la cama estaba vacía, no
había baño ni ningún otro lugar ahí dentro donde pudiese haber ido.
—¡Marcus! —Escuché el grito de Medhan y me lancé hacia la ventana, salí
por ella y corrí hasta donde se encontraba, sentí que todo se venía encima de mí
cuando vi la pequeña figura que yacía sobre la nieve manchada de una gran
cantidad de sangre.
—¡Em, no! No, mi pequeña —aullé. Me dejé caer de rodillas y la levanté,
estaba demasiado fría, sus labios tenían un tono azul—. No, mi Emily —sollocé
meciendo su cuerpo inerte, sintiendo que mi pecho de partía en dos.
—Aún está viva, escucho el latido de su corazón, está débil y no le queda
mucho tiempo —dijo Medhan a mi lado. Era cierto, su corazón latía tan débil
que casi pasaba desapercibido—. ¿Por qué no estás unido a ella? —Esa pregunta
hizo que me maldijera a mí mismo cuando comprendí el significado, si
estuviésemos unidos ella no moriría. La abracé más cerca y haciendo el símbolo
que ella usaba para decirme te amo apoyé la mano en su pecho.
—Emily, mi amada, te entrego mi alma para que se una a la tuya y sean una
sola, por favor no me dejes, tú eres mi razón para seguir viviendo —dije dejando
salir un sollozo, hubiese querido que pudiera escucharme, que supiera que mi
alma y mi corazón le pertenecían. Rogué porque mi promesa no llegara
demasiado tarde, odiándome por no haberlo hecho antes, debí unirme a ella antes
de comenzar ese viaje.
—Debemos llevarla adentro —comentó Medhan. Asentí poniéndome de pie
con ella en mis brazos, cuando una risa siniestra se escuchó en medio de los
árboles.
—¿Qué se siente ver morir a la mujer que amas? —Las palabras de Ivor
viajaron en medio de la noche, cargadas de odio.
—Hijo de puta, vas a morir por esto —prometí cambiando de forma—.
Llévala dentro —le pedí a Medhan poniéndola en sus brazos, después corrí en la
dirección de la cual provenía la voz de Ivor. El bastardo ni siquiera hizo el
intento de enfrentarme, simplemente se giró y corrió, intentó volar, pero sus alas
se enredaron en las ramas de un árbol, maldijo cayendo al suelo, continuó
corriendo y yo aumenté la velocidad, estaba a punto de salir del pequeño bosque
cuando caí sobre él derribándolo, y aplasté su cara contra la nieve.
—No podrás hacer nada por ella, ahora sabrás lo que sentí cuando murió
Darline —escupió.
—No te atrevas a hablar de mi hermana, si la hubieses amado como dices le
habrías dicho la verdad, pero ganaste su corazón ingenuo a base de mentiras,
sabías que de haber tenido conocimiento de que estabas unido a otra ella jamás
te habría aceptado —bramé. El odio brilló en sus ojos—. Tú no eras bueno para
ella, nunca lo fuiste. —Me empujó, tratando de liberarse de mi agarre, pero
estaba demasiado furioso, ahora era yo quien quería venganza y no iba a
detenerme—. Nunca debiste lastimar a mi mujer, ella es solo una inocente, si de
verdad fueras el hombre que Darline merecía te habrías enfrentado a mí
directamente —sentencié y él gruñó.
—Deja que me levante y luchemos en igualdad de condiciones, entonces te
demostraré que soy un hombre de verdad.
—Ni siquiera mereces que te de esa oportunidad, pero no actuaré igual de
cobarde que tú, ahora estás en clara desventaja, así que adelante.
Me puse de pie liberándolo, se levantó de un salto enfrentándome,
comenzamos a girar buscando el momento adecuado para atacar, había luchado
muchas veces con Ivor y conocía sus debilidades, si bien era rápido también era
descuidado, y supe que eso no había cambiado nada en el momento en el que fue
por mí sin fijarse en su entorno. Cuando estaba a punto de alcanzarme giré detrás
de un árbol alcanzándolo por la espalda, mis garras se enterraron en esta
desgarrándole la piel, aulló de dolor y volteó, no le di tiempo de hacerlo
completamente cuando agarré una de sus alas y lo arrastré estrellándolo contra el
árbol más cercano, el tronco se rompió, la furia era mi aliada, una imagen de mi
pequeña Emily herida apareció en mi cabeza, esta vez no iba a fallar, y me
preparé para despedirme por segunda vez del que alguna vez fuera como mi
hermano. Antes de que pudiera ponerse de pie lo tomé del cuello girándolo.
—Tienes razón, hermano, nunca habría sido bueno para Darline, por favor
déjame ir con ella e intentar amarla en la eternidad —dijo antes de que, sus
huesos se rompieran haciendo un sonido sordo, pasé mis garras por su cuello en
un corte limpio. Su cuerpo sin vida cayó sobre la blanca nieve, me quedé un
momento ahí con la respiración agitada sosteniendo su cabeza en mi mano, la
levanté a la altura de mis ojos y le di un último vistazo antes de lanzarla lejos.
Corrí de regreso a la cabaña, el lobo de Medhan estaba sentado en la puerta
parecía que me esperaba, abrí y entré como una tromba por el pasillo, Emily
estaba recostada en la cama con los ojos cerrados.
—Me alegra que hayas regresado —dijo Medhan en cuanto entré—, aún
está respirando, así que creo que la unión funcionó. —Me apresuré a la cama
poniéndome de rodillas a su lado y tomando su mano.
—Todavía no abre los ojos, ¿cómo sabemos si funcionó si ella no pudo
escucharme?
—No es necesario que lo haga, las personas como ella tienen un don, ellos
aprenden a escuchar con el corazón —me explicó. Me aferré a sus palabras,
deseando que fueran ciertas—. Voy a buscar algo con lo que curarla, no tengo
medicinas humanas, pero sí algunas plantas medicinales que estos dejan para mí
en la puerta, pueden servir —comentó.
Se fue y un rato después regresó con un recipiente con agua caliente,
algunas vendas improvisadas y las plantas de las que habló.
—Traje también algo de hilo y aguja, creo que va a necesitar puntos de
sutura —anunció.
Hice una mueca odiando la idea de atravesar su piel con algún objeto,
rompí su suéter dejando al descubierto la fea herida en su vientre, apreté los
dientes y tragué el nudo que se formó en mi garganta, mojé una de las vendas
que trajo Medhan y comencé a limpiar despacio intentando no lastimarla más, no
se movió en ningún momento haciendo que todo el tiempo estuviese
concentrado en escuchar el latido de su corazón, cuando terminé la limpieza
inspeccioné bien la herida, en efecto necesitaba aquellos puntos.
—¿Quieres que lo haga por ti? —preguntó Medhan a mi espalda, negué, no
iba a permitir que nadie más pusiera sus manos sobre mi mujer, me estiré para
tomar lo que necesitaba para aquel difícil trabajo —. Cuando termines asegúrate
de preparar una mezcla con las plantas y esparcirla sobre la herida, tienen
propiedades antisépticas y ayudará a evitar cualquier infección.
No respondí y me concentré en la tarea, mi mano tembló cuando acerqué la
aguja al vientre de Emily, me obligué a calmarme, estaba haciendo esto por ella,
la puerta se cerró detrás de mí y supe que Medhan me había dejado solo, cosa
que le agradecí. Tratando de ser cuidadoso poco a poco cosí la piel desgarrada,
era una labor complicada ya que mi mano era demasiado grande y la aguja muy
pequeña, suspiré aliviado cuando por fin lo conseguí, hice la mezcla con las
plantas y la apliqué sobre la herida, luego la cubrí con una de las vendas, para
después simplemente quedarme ahí con la cabeza apoyada en la cama,
sosteniendo su mano, esperando que despertara.
La chimenea crepitaba manteniendo la habitación caliente, no obstante, en
mi corazón se había instalado un frío que parecía congelarlo todo, Emily aún no
despertaba y comenzaba a temer que no lo hiciera nunca, sus labios estaban
pálidos y sus manos heladas, la cubrí más con el grueso edredón, besé su frente y
me acomodé a su lado dispuesto a pasar otra noche en vela rogando para que
abriera sus ojos, y me devolviera la vida que se estaba yendo con ella, habían
pasado dos días, los más dolorosos y eternos de mi vida.
—Entiendo lo que sientes —dijo una voz desde la puerta. Medhan se
encontraba ahí con una taza de algo que desprendía humo, el tipo tenía el sigilo
de un puto gato, ni siquiera lo había escuchado llegar.
—¿Cómo se supone que lo comprendas? —pregunté regresando la mirada a
mi amada Em.
—Alguna vez amé a una mujer humana de la misma forma que tú amas a la
tuya.
—¿Y dónde está ella ahora? —interrogué sin querer ser entrometido,
aunque sin poder frenar la pregunta.
—Muerta —respondió con una voz fría, aunque con una sombra de tristeza
en su mirada.
—¿Si la amabas tanto por qué permitiste que muriera? —Suspiró
sonoramente y depositó la taza sobre la mesa que estaba a mi lado.
—Precisamente, porque la amaba respeté su decisión de no querer vivir
eternamente. —Sus palabras me preocuparon, miré a Emily preguntándome qué
pasaría si ella no quería vivir para siempre, ni siquiera le había dado la
oportunidad de decidir aquello cuando la uní a mí—. Tú mujer querrá quedarse
contigo —dijo como si leyera mi mente.
—¿Y si no lo quiere?
—Entonces tendrá que comprender que lo hiciste para salvarla, Marcus,
debes aprender a dejar de culparte —me soltó. Por alguna razón cuando dijo
aquello sentí que ya no me estaba hablando de Emily—. He vivido el tiempo
suficiente para saber que no podemos cambiar las decisiones que tomamos, y
sobre todo las acciones que toman otros.
—Intento no hacerlo —respondí pensando en Darline y mi madre.
—Lo has intentando aunque sigues sin conseguirlo, y eso es solo porque te
aferras al pasado, es hora de mirar al futuro, es demasiado largo para nosotros
como para estancarnos y no vivir.
—¿Ahora eres una especie de consejero o algo? —expresé frunciendo el
ceño, una sonrisa apareció en sus labios.
—Digamos que soy un alma demasiado vieja, he tenido mucho tiempo para
aprender más cosas que otros. —Emily hizo un ligero movimiento que me
sobresaltó, pero cuando la miré siguió durmiendo pacíficamente—. Intenta que
beba un poco del contenido de la taza.
—¿Qué es? —pregunté observando el líquido que desprendía un agradable
olor.
—Sbiten, una bebida tradicional rusa, está hecha a base de agua, miel,
algunas hierbas y jengibre, los humanos que la toman piensan que tiene
propiedades curativas —dijo encogiéndose de hombros. Me erguí tomando la
bebida, levanté un poco la cabeza de Em y la acerqué a sus labios, insistí hasta
que estos se separaron y poco a poco vertí el líquido por su garganta, cuando
logré que bebiera casi la mitad, deposité su cabeza con cuidado sobre la
almohada, puse la taza en la mesa y busqué a Medhan con la mirada para darle
las gracias, pero este ya había desaparecido, si no lo hubiese visto y hablado con
él juraría que era un fantasma, era el único capaz de moverse por todos lados sin
hacer ningún sonido ni alertarte de su presencia.
Me acomodé de nuevo al lado de Emily acercándola a mí, la rodeé con mi
brazo por encima de la herida que afortunadamente estaba sanando bien, cerré
los ojos y no supe en qué momento me quedé dormido. Sin saber cómo una
imagen de mi madre apareció en mi mente, estaba seguro de que no se trataba de
un sueño, ese no era un don que poseyéramos los de nuestra raza, solo los
humanos podían soñar, sin embargo, la imagen era tan clara que no supe
descifrar su procedencia, se la veía feliz, de pronto a su lado apareció Darline,
ella también se estaba radiante, ambas levantaron sus manos despidiéndose de
mí, y fue en ese momento cuando me di cuenta que debía despedirme de ellas y
dejarlas ir, así que lo hice, y me quité un gran peso de encima. Abrí los ojos
sobresaltado y me encontré con la mirada fija de Emily.
—Mi Em, ¿estás bien? —le pregunté. Ella asintió, aún seguía pálida, pero
su corazón latía lleno de vida, me incliné dándole un ligero beso, sintiendo como
de nuevo los fragmentos de mi propio corazón se unían.
Pasamos varios días más en la cabaña con Medhan hasta que estuvo lo
suficiente fuerte para regresar, cuando llegó el momento nos despedimos de él
sabiendo que habíamos hecho un nuevo amigo. Se inclinó y miró a Emily a los
ojos como si tuviesen una conversación privada, con su dedo tocó su oído y
luego su pecho justo sobre su corazón, apreté los puños tratando de controlar las
ganas de arrancarle la mano por tocarla, luego le acarició la mejilla y se alejó, le
di una mirada severa y correspondió con una sonrisa, cuando salíamos el lobo
que lo acompañaba estaba en la puerta, se puso de pie acercándose a nosotros,
ella pasó la mano por su cabeza y él le lamió la palma.
—Deseo que tengan un bien viaje, estoy seguro que nos veremos pronto, tal
vez más pronto de lo que esperamos —dijo Medhan.
—Gracias por la ayuda y no vuelvas a tocar a mi mujer si no quieres morir
—respondí.
—Tranquilo, amigo, tu mujer es sagrada, nunca me atrevería a verla con
malos ojos. Cuídala, ella es tu bendición —acotó. Acepté sus palabras sabiendo
que eran ciertas, nos dimos un apretón de mano y partimos.
—¿Qué fue eso con Medhan? —pregunté cuando estábamos en el avión de
regreso.
—¿A qué te refieres?
—Cuando se inclinó, parecía como si se estuviesen comunicando. —No
quería sonar celoso, pero lo estaba.
—Él puede escuchar mis pensamientos y puede hablar conmigo a través de
los suyos —me explicó. Aquello no me gustó, de hecho, hizo que mis celos
aumentaran—. Me dijo que me deseaba suerte, y que yo era especial, pues tenía
la capacidad de escuchar el corazón de las personas, que de esta forma era más
sencillo discernir su esencia.
—Yo sabía que tú eras especial sin que él lo dijera —comenté un poco
molesto.
—Soy especial porque tú me haces especial —dijo y besó mi mejilla—.
¿Sabes? Aquel día del ataque tuve un sueño —comenzó cambiando de tema.
—¿Y qué soñaste?
—Soñé que me hablabas y me hacías una declaración muy bonita, dijiste
“te entrego mi alma para que se una a la tuya y sean una sola” —comentó.
Aquello me sorprendió, las palabras de Medhan me golpearon, Emily realmente
podía escuchar con el corazón.
—No lo soñaste, en realidad te lo dije.
—¿En serio? —Sus ojos se abrieron con sorpresa—. Me gustó mucho
aquello, ¿qué significa? —Había llegado el momento de explicarle que
estábamos unidos y lo estaríamos eternamente a menos que yo muriera.
—Em, lamento no haberte preguntando antes, pero estaba desesperado y
necesitaba salvarte, aquellas palabras son un pacto entre dos seres que se unen
por la eternidad.
—No comprendo —replicó. Su confusión aumentó mi zozobra, si ella no
quería estar conmigo siempre la había jodido a lo grande, me preparé para su
rechazo cuando comencé a explicarle el significado.
—Quiere decir que nuestras almas están unidas y que lo estaremos hasta el
día que yo muera, lo que significa que tú vivirás mientras yo viva. —Esperé que
llegara la explosión, su cabeza se inclinó y me estudió un momento que me
pareció extremadamente largo.
—¿Tú quieres estar conmigo por siempre? —preguntó.
—Por siempre y más, Em, cuando pensé que iba a perderte sentí que ya no
tenía vida, tú eres mi razón de ser —le declaré. Sus hermosos ojos brillaron y
saltó de su asiento sobre mí esparciendo besos por todo mi rostro hasta alcanzar
mi boca, la sostuve devolviéndole el beso, sin preocuparme que estábamos en un
espacio cerrado rodeado de otras personas, sintiéndome en paz por primera vez
en siglos, sabiendo que nada más importaba que tener a mi Em conmigo, que por
ella podía luchar contra el mismo rey de los infiernos.
25
RAZVAN
D esde una de las ventanas de la antigua casona en la que me
encontraba recluido observaba la ciudad de Biertan, había regresado
a Rumania luego de mi intento fallido de acabar con el bastardo de Alexy,
aunque eso no significaba que me hubiese dado por vencido, todavía me
quedaba un as bajo la manga y ni él ni sus aliados imaginaban lo que les
esperaba, pronto regresaría y tomaría venganza, levanté la mano a la que le
faltaba la muñeca y un infinito odio se apoderó de mí, Alexy iba a pagarme
aquello, él y los demás sabrían lo que era el dolor, incluido McKenna, el traidor
hijo de puta. Cuando se negó a abandonar su lado angelical para entregarse
completamente al mal, debería haber visto que iba a traicionarme, pero fui
confiado, ese era un error que no cometería dos veces, iba a asegurarme de
mostrarle cómo pagaba a mis enemigos. La puerta de mi despacho se abrió con
un chirrido y una figura entró casi arrastrando los pies, depositó una botella con
vino sobre el antiguo escritorio de madera, y se acercó a la chimenea para
encenderla, la observé hacer todo aquello de forma automática. Como si sintiera
mis ojos puestos sobre ella levantó la cabeza para mirarme, su cabello negro caía
en una larga trenza que llegaba mas allá de su trasero, y sus ojos del mismo color
no ocultaban el desprecio que sentía por mí.
—No puedes evitarlo, ¿verdad Nayleen? Tu odio es más profundo que tu
temor. —Sus labios se apretaron negándose a dirigirme la palabra, era testaruda
y ello la había hecho merecedora de varios castigos por mi parte, aun así, parecía
que su espíritu era inquebrantable, si ella supiera que yo era experto en quebrar a
la gente que no se sometía a mi dominio—. Pero no te preocupes, conozco a
unos tipos que me odian incluso más que tú, de hecho, tienes mucho en común
con uno de ellos, él te agradaría más de lo que imaginas —declaré. Le di una
lenta sonrisa y luego de lanzarme una mirada asesina desapareció de mi vista,
me habría deshecho de ella si no fuera tan importante para mis propósitos, pero
ya encontraría la forma de convertirla en una pieza útil y luego librarme de su
presencia.
Me serví una copa del vino rojo y me senté frente a la chimenea, al primer
sorbo lo escupí, odiaba los alimentos humanos tanto como a ellos, aunque
bueno, sus almas eran algo que apreciaba verdaderamente, y hablando de almas,
no me caería mal conseguir una en ese mismo instante, comenzaba a sentirme
realmente hambriento, me puse de pie y salí por la pequeña puerta que daba al
jardín, cambié de forma y me dispuse a ir a la ciudad, a diferencia de los
malditos Demonials no tenía alas que me ayudaran a transportarme, pero al
demonio, ¿quién quería alas cuando podía correr a una velocidad inimaginable
para la vista de los simples seres que habitaban la tierra? En menos de un minuto
me encontraba en una de las solitarias calles de Biertan, el primer transeúnte
desprevenido apareció en mi campo de visión, un chico que caminaba sin prisa
con unos aparatos musicales en sus oídos, tan absorto en sus pensamientos que
no se dio cuenta de mi presencia hasta que estuve frente a él, sus ojos se abrieron
con horror cuando me vieron, ese era mi momento favorito, amaba saborear el
sentimiento de terror que producía cuando me encontraba convertido en
demonio, sus corazones se agitaban tanto que parecía que iban a salirse de su
pecho, su sangre corría más rápido, el tonto humano intentó girarse y correr, dejé
salir una carcajada.
—Humano, no hay escapatoria para ti, vine por tu alma y es lo que obtendré
—anuncié. Lo tomé por el cuello levantándolo para que sus ojos quedaran al
mismo nivel que los míos, y así conseguir lo que quería.
Cuando terminé, dejé caer el cuerpo a un lado como un envase desechable,
que era en realidad lo que significaban los humanos, envases que contenían mi
alimento. Más tranquilo y saciado regresé a la casona, tenía una venganza que
planear, pronto, muy pronto estaría de regreso y esta vez nada iba a detenerme,
ellos no imaginaban el arma que tenía para usar en su contra.
EPÍLOGO
S entado en un tronco observaba en silencio la escena frente a mí, al
fondo las aguas del lago brillaban con la luz de la luna llena, las
chicas bailaban alrededor de una hoguera y reían felices, se veían como un
aquelarre de hermosas y encantadoras brujas, a Emily parecía no importarle que
no pudiese escuchar la canción que sonaba por los altavoces de un pequeño
equipo de sonido que habíamos llevado con nosotros, ella simplemente seguía el
ritmo que marcaban las demás.
—No puedo creer que hayamos aceptado hacer esto —dijo Tarek dejándose
caer a mi lado y entregándome una cerveza, habíamos ido a la cabaña de su
propiedad a pasar un fin de semana empujados por nuestras mujeres, quienes
argumentaron que necesitaban un descanso del caos que habían sido nuestras
vidas los últimos meses. Todos habíamos estado de acuerdo, no por nosotros,
sino por ellas, total, estábamos acostumbrados a los demonios y la sangre, era
parte de lo que somos, pero ellas simplemente se vieron empujadas a un mundo
oscuro cuando se emparejaron con Demonials, así que parecía justo darles gusto.
—Supongo que no es tan malo —respondí dando un sorbo a mi bebida—.
Al menos se ven lindas bailando.
—En realidad se ven hermosas —comentó Alexy uniéndose a la
conversación—. Solo por eso valió la pena estar aquí —declaró. Tarek y yo
asentimos en acuerdo. En ese momento Cam emergió del lago y corrió en
dirección a las chicas lanzándoles agua, todas gritaron y se apartaron, Steven le
tiró uno de sus zapatos.
—Imbécil, esa agua está fría.
—Enano, ¿alguna vez vas a dejar de comportarte como una niña llorona?
Los hombres somos más duros. —Dicho esto Cam corrió en su dirección y tomó
la pequeña figura en los brazos, luego la lanzó al agua, sin importarle sus
protestas. Negué y seguí bebiendo.
—¿Qué pasó con el escocés, piensa venir? —pregunté.
—Dijo que nos alcanzaba luego, estos días ha estado muy extraño, me
parece que algo se trae —comentó Tarek
—Ese cabrón parece que últimamente está en todos lados donde estemos,
¿es mi impresión o ya se coló en la familia? —dije sin apartar la mirada de mi
mujer que reía dando vueltas, su amplia falda se abría formando un abanico.
—Creo que lo justo es que se cuele, después de todas las veces que ha
salvado nuestros traseros no podría ser de otra forma —respondió Alexy con la
vista fija en Alana, la música terminó y Emily se giró buscándome, cuando
nuestros ojos se encontraron me sonrió, le hizo gestos a las demás y comenzó a
caminar en mi dirección, todos estaban aprendiendo lenguaje de señas para
comunicarse con ella, mis hermanos al igual que yo lo lograron en un día, a las
chicas les estaba costando más trabajo, aun así se esforzaban y no alcanzaban a
imaginarse cuanto les agradecía aquello, cuando llegó a mi lado la atraje para
sentarla en mi regazo, pasé una mano por su cabello que estaba recogido con las
peinetas que guardé durante siglos, aquel regalo que nunca pude darle a Darline,
cuando regresamos de Rusia decidí que Emily debía tenerlas. Dejé la botella a
un lado y tomé su rostro para besarla, mis hermanos se apartaron dejándonos
solos. Cuando nos separamos sus ojos brillaban.
—Creo que descubrí que me gusta el baile, pensé que sería complicado
hacerlo si no escucho la música, pero Alana me dijo que simplemente me dejara
llevar, luego de eso fue sencillo —explicó con una sonrisa.
—Y yo creo que descubrí que me gusta verte bailar, nunca vi nada más
hermoso que tú bailando —declaré. Su sonrisa se amplió y levantó su mano para
hacer ese símbolo que me hacía tan feliz, incluso lo había tatuado en mi pecho
con su nombre, se lo devolví juntando nuestras manos y luego la besé de nuevo,
a nuestro alrededor una nueva canción comenzó a sonar, las voces y las risas la
acompañaban.
Quería pensar que esto era todo, que siempre estaríamos felices y juntos,
que nuestras vidas sería una serie continua de fiestas y celebraciones, pero era
más realista que eso y simplemente me dedicaría a disfrutar de lo que teníamos
mientras durase.
PRÓXIMAMENTE
Cuando apenas era un niño, Aidan fue entregado para convertirse en
esclavo del mal, durante mucho tiempo luchó ferozmente para no permitirle a su
peor enemigo doblegarlo, pero entonces este encontró la única forma que
conocía para hacer que el guerrero se rindiera. Desde entonces Aidan solo espera
a que sea el momento correcto para escapar de las garras de su opresor, y
recuperar aquello que le fue arrebatado. Su búsqueda lo llevará más allá, a los
brazos de una pequeña chica que se encuentra esclavizada, pero esta vez por la
maldad de los hombres.
Abby en su corta vida no ha visto nada más que dolor, y habría perdido la
esperanza de no haber sido por su pequeño hermano, a quien se esfuerza por
proteger a costa de lo que sea, incluso si tiene que sacrificarse a sí misma para
conseguirlo. Ella no confía en nadie, hasta que un día se encuentra con unos ojos
verdes que parecen brillar con luz propia. Cuando él extendió una mano en su
dirección pidiéndole que lo acompañara, por fin tuvo algo a lo que aferrarse, por
primera vez alguien más lucharía sus batallas.
AGRADECIMIENTOS
No puede pasar un solo día sin que agradezca a Dios, por haberme
mostrado el camino que debía seguir, por haber puesto en mi corazón el amor
por los libros y la capacidad de poder escribir.
A mi familia, quienes son siempre mis mayores fans, quienes me alientan
cada día a seguir luchando por llegar más lejos, por animarme a no desistir de
mis sueños.
A mis queridas hermanas; Odi, quien se enamora de cada uno de mis
personajes y los convierte en suyos, sin su apoyo y sus consejos creo que no
habría logrado hacerlo. A Mariana, por compartir mis historias y querer que
muchos me conozcan, gracias por conseguirme unos cuantos admiradores.
Cenery, quien espera tener el tiempo suficiente para sentarse y leerlos todos, yo
también espero que ese día llegue pronto.
A mis amigas del alma, China Yanly, Rotze Mardini, Mile Bluett, Kris O
´Coneill, y por supuesto a Cecilia Pérez, las locas con las que comparto horas de
risas y disparates que solo a nosotras se nos podrían ocurrir, gracias chicas por
estar ahí y por su apoyo incondicional. Tenemos que seguir planeando ese
crucero donde invitaremos a Chris Hemsworth, Henry Cavill, David Gandy y
Zac Efron, o simplemente ser más realistas y darnos cuenta que no ganaremos la
lotería a menos que la compremos y terminar por montar ese bar.
También tengo que decir que agradezco a China Yanly por permitirme usar
el nombre de su bello Winter, de quien estoy enamorada. Y a Kris O´Coneill por
sus charlas sobre problemas auditivos, que fueron de mucha ayuda para el
personaje de Emily.
Y un agradecimiento muy especial a mis queridas lectoras, por sumergirse
en ese mundo que solo existe en mi cabeza hasta que decido darle forma a una
historia y compartirla con ustedes, gracias por su paciencia y sobre todo por ese
cariño que me demuestran a diario que es mi mejor recompensa para seguir
haciendo lo que hago, cada mensaje o comentario que recibo de ustedes
diciéndome lo mucho que les gustan mis historias o simplemente preguntándome
por la siguiente, me hace ver que elegí el camino correcto.
SOBRE LA AUTORA