2.
La imputación y la imputación objetiva
Los orígenes de la idea de imputación se remontan en principio, a la llamada teoría de la imputación
del filósofo del derecho natural Samuel Pufendorf, pues la palabra Zurechnunges, en realidad sólo es
una traducción de la palabra latina imputatio. Es en 1,927 cuando el concepto de imputación objetiva
nace por obra del civilista hegeliano Larenz, y en 1,930 Honig, neokantiano lo propuso para el
derecho penal. Larenz denomina imputación objetiva "al juicio sobre la cuestión de un suceso puede
ser atribuido a un sujeto como propio."
Para Larenz "la imputación no significa otra cosa que el intento de delimitar el hecho propio del
contecer fortuito," Cuando alguien es presentado como el autor de un hecho se quiere decir que "es
su hecho propio" y como dice Larenz "no es obra de la casualidad sino de su propia voluntad," Al
respecto Roxin afirma: “El término imputación es uno de los más representativos del lenguaje en que
se expresa la actual teoría jurídica del delito”
2.1. La imputación
Para Vicenzo Manzini imputado es: “el sujeto de la relación procesal contra quien se procede
penalmente”. “La calidad de imputado se refiere exclusivamente al sujeto llamado a responder
penalmente del delito que se le atribuye y eventualmente llamado también a responder civilmente de
su propio hecho”.
El imputado, según Ossorio es: “Quien es objeto de una imputación de índole penal”. Imputación: “Es
el conocimiento de los fenómenos jurídicos, la imputación es una operación mental consistente en
tribuir una determinada consecuencia jurídica a un hecho o situación condicionante. Más, aparte ese
concepto jusfilosófico, ofrece importancia en el Derecho Penal por cuanto significa la atribución, a
una persona determinada, de haber incurrido en una infracción penal sancionable”.
2.2. Formas de imputación
En la imputación podemos distinguir varias formas de determinar si el hecho delictivo o delito está
siendo imputado a una persona de forma correcta o incorrecta, dentro de estas formas de imputación
tenemos las siguientes: Imputación individual objetiva o imputación personal objetiva: Se emplea en
referencia al apartado dogmático tradicionalmente designado con el término culpabilidad. García
Cavero señala que, “la imputación personal en el derecho penal debe construirse sobre la base de la
individualidad y la socialidad de la persona”.
La individualidad de la persona no debe entenderse en un sentido naturalista como capacidad de
motivar psicológicamente sino como capacidad de ser autor de un suceso externo, por esta razón, para
el juicio de culpabilidad no interesa la constitución motivacional del autor sino solamente la
posibilidad de reconducir un hecho a una unidad a algo indivisible a una persona, pero este no basta
para realizar una imputación personal, pues únicamente la socialidad permite un proceso de atribución
de sentido
conforme a las características del sistema social.
2.3. La incoercibilidad del imputado
Se deriva del principio de inocencia y que es propio del sistema penal acusatorio, que viene a proteger
la integridad física, moral y psicológica de toda persona sometida a proceso penal al establecer la
prohibición al órgano investigador de someterlo a torturas crueles e infamantes bajo el pretexto de
obtener la verdad material e histórica de los hechos por la fuerza, o sea, una confesión. Contrario al
sistema inquisitivo que procuraba obtener una confesión a través de la institucionalización de la
tortura, el proceso penal moderno obliga al Estado a través del órgano pesquisidor a dar un trato
adecuado al imputado sin violentar su derecho a la intimidad y dignidad como persona.
Es más, todo interrogatorio que quiera dirigirse al detenido o procesado debe ser siempre en presencia
del Juez como contralor de los principios y garantías constitucionales que protegen al imputado, con
tal que no sean violentados. En consecuencia ninguna persona detenida por la imputación de un delito
o
falta no puede ser obligada a declarar sino en presencia de autoridad judicial competente, por ello se
ha plasmado en el Artículo 9º. De la Constitución Política de la República de Guatemala, el hecho que
un interrogatorio extrajudicial carece de valor probatorio.
También en el Artículo 16 de De la Constitución Política de la República de Guatemala, se establece
que en proceso penal ninguna persona puede ser obligada a declarar contra sí misma, contra su
cónyuge o persona unida de hecho legalmente, ni contra sus parientes dentro de los grados de ley.
También está reforzado este principio en el Artículo 81 del Código Procesal Penal al establecer que el
juez no puede obligar a declarar al procesado por el derecho que le asiste de abstenerse a hacerlo y esa
decisión no puede utilizarse en su perjuicio.
Pero si el deseo del procesado es el de prestar su declaración, esta deberá prestarse en forma libre tal y
como lo establece el Artículo 85 del mismo cuerpo legal señala que el procesado no será sometido a
ninguna clase de coacción, amenaza o promesa, salvo las advertencias autorizadas por la ley penal o
procesal.
2.4. El derecho de defensa del imputado
El derecho de defensa del imputado comprende la facultad de intervenir en el procedimiento penal
abierto para decidir acerca de una posible reacción penal contra él o la imputación que se le lleva a
cabo en todas las actividades necesarias para poner en evidencia la falta de fundamento de la potestad
penal del Estado y cualquier circunstancia que la excluya o atenúe; la actividad puede sintetizarse.
La facultad de ser oído, la de controlar la prueba de cargo que pueda utilizarse validamente en la
sentencia, la de probar los hechos que la misma invoca, por escrito o atenuar la reacción penal, la de
valorar la prueba producida y exponer las necesidades, fácticas y jurídicas para obtener del tribunal
una sentencia favorable el imputado no pueda designar su defensor por falta de recursos o por
cualquier otra razón, el Estado le designa un defensor oficial llegado el momento en el cual el delito
respecto a la
inviolabilidad de la defensa no tolera la ausencia del defensor al lado del imputado.
La única excepción está representada por el derecho de defensa por sí mismo, Derecho que todos los
Códigos procésales penales autorizan, aun cuando no de manera absoluta, siempre que no perjudique
la eficacia de la defensa y no obstaculiza la substanciación del proceso, el defensor viene así a
complementar la capacidad del imputado por estar en juicio penal y esa es una autentica función que
él cumple.
La Constitución Política de la República de Guatemala en su artículo 203 señala que “Corresponde a
los tribunales de justicia la potestad de juzgar y promover la ejecución de lo juzgado... La función
jurisdiccional se ejerce, con exclusividad absoluta, por la Corte Suprema de Justicia y por los demás
tribunales que la ley establezca”.
También el mismo cuerpo legal en su artículo 12 establece que “La defensa de la persona y sus
derechos son inviolables. Nadie podrá ser condenado, ni privado de sus derechos, sin haber sido
citado, oído y vencido en proceso legal ante Juez o tribunal competente y preestablecido”.
Antiguamente no a todas las personas se les otorgaba el derecho a defenderse, pues es de
conocimiento general que, en la época de la esclavitud, a los esclavos no se les daba el trato de ser
humano, ya que eran considerados como propiedad de su amo y por consiguiente considerados como
un objeto, por tanto, no se les reconocía ningún derecho y mucho menos el derecho de defensa.
Puede entenderse el derecho de defensa como el accionar que realizan los sujetos procesales a efecto
de hacer valer una norma jurídica ante el órgano jurisdiccional competente y preestablecido, en un
proceso señalado en la ley adjetiva, por medio de un procedimiento, o sea la manera por la cual se
desarrolla el proceso llegando hasta la fase de sentencia que constituye la forma de condenar o
absolver al procesado.
La Carta Magna promulgada en Inglaterra en el año 1,215, sirve como antecedente a la aplicación del
derecho de defensa, el cual se fue aplicando en otros países hasta llegar a Guatemala. En la legislación
guatemalteca vigente, existen diferentes normas jurídicas que regulan y amplían lo que es el derecho
de defensa, entre ellas pueden indicarse las siguientes:
La Constitución Política de la República, establece en el Artículo 12, lo siguiente:
“La defensa de la persona y sus derechos son inviolables. Nadie podrá ser condenado, ni privado de
sus derechos, sin haber sido citado, oído y vencido en proceso legal ante juez o tribunal competente y
preestablecido.”
La Corte de Constitucionalidad, ha resuelto en sentencia de fecha seis de julio del año dos mil, lo
siguiente: “... los derechos de audiencia y al debido proceso reconocidos en el artículo 12 de la ley
fundamental, al provenir de una norma general prevista en la parte dogmática, deben tener plena
observancia en todo procedimiento en que se sancione, condene o afecten derechos de una persona.
Tienen mayor relevancia y características en los procesos judiciales es cierto, pero su aplicación es
imperativa en todo tipo de procedimientos, aún ante la administración pública y el Organismo
Legislativo.... Tales derechos abarcan la potestad de ser oído, de ofrecer y producir medios de prueba
y de rebatir las argumentaciones deducidas, y el pronunciamiento definitivo de conformidad con la
ley.
Su observancia es vital por cuanto determina protección de los derechos de la persona y fortalece la
seguridad jurídica...”
El Artículo 16 de la Ley del Organismo Judicial, también regula lo concerniente al derecho de defensa
y al debido proceso: “Es inviolable la defensa de la persona y de sus derechos. Ninguno puede ser
juzgado por comisión o por tribunales especiales.
Nadie podrá ser condenado ni privado de sus derechos sin haber sido citado, oído y vencido en
proceso legal seguido ante juez o tribunal competente y preestablecido, en el que se observen las
formalidades y garantías esenciales del mismo; y tampoco podrá ser afectado temporalmente en sus
derechos, sino en virtud de procedimiento que reúna los mismo requisitos”.
El Artículo 20 del Código Procesal Penal, contenido en el Decreto 51-92 del Congreso de la
República, es citado a continuación, para que de él, parta la interpretación pertinente, y que reza de la
siguiente forma: " Defensa. La defensa de la persona o de sus derechos es inviolable en el proceso
penal. Nadie podrá ser condenado sin haber sido citado, oído y vencido en procedimiento
preestablecido y ante tribunal competente, en el que se hayan observado las formalidades y garantías
de ley." Se observa en el contenido de este artículo que primero indica que la defensa es “inviolable”;
segundo, “que ninguna persona puede ser condenada sin haber sido citada, oída y vencida en un
proceso justo”; y por último, que en el proceso penal “debe cumplirse con las formalidades y
garantías estipuladas en la legislación guatemalteca aplicable”.
La defensa técnica comprende el derecho del acusado de ser asistido técnicamente por un profesional
del derecho, teniendo la facultad de elegir un abogado de su confianza. Si no lo hace, el Estado debe
proveerle uno, a menos que quiera defenderse por sí mismo, siempre y cuando cuente con los
conocimientos suficientes para hacerlo.
2.5. La Imputación objetiva
Para definir la imputación objetiva se indica que la imputación objetiva se presentó, entonces, como:
“instrumento adecuado para expresar el sentido no naturalístico de la acción, primero, y del hecho
típico” La imputación objetiva, en los delitos de resultado siempre hay una relación de causalidad
entre acción y resultado. Es decir, una relación que permite, en el ámbito objetivo, la imputación del
resultado producido, al autor de la conducta que lo causa. O sea que la relación entre acción y
resultado se denomina imputación objetiva del resultado. Tiene que haber una relación de casualidad,
en los delitos de resultado, que permita la imputación al autor.
La relación de casualidad entre acción y resultado es la imputación objetiva, y es el presupuesto
mínimo para exigir responsabilidad, por eso es un elemento del tipo, especialmente de resultado.
La imputación objetiva a la delimitación de la responsabilidad penal por un resultado ya en el tipo
objetivo. Es aceptada como principio general de imputación objetiva el que la acción humana haya
creado un riesgo jurídicamente desvalorado y ésta se haya realizado en el resultado
Claus Roxín señala que existe Imputación objetiva "cuando la conducta realizada por el sujeto crea un
riesgo no permitido o aumenta uno ya existente aceptado más allá de los límites permitidos y como
consecuencia ocasiona un resultado que está dentro del ámbito de protección de la norma.”
Günther Jakobs define la imputación objetiva diciendo que es el reparto de responsabilidades para
establecer a quien pertenece el suceso lesivo, por haberlo creado o haber permitido que tuviera lugar
(María Gabriela López Iñiguez, “Teoría de la Imputación Objetiva en el derecho penal actual”, La
Teoría de la Imputación Objetiva se vincula en su origen al delito imprudente (culposo).
Surgió precisamente para limitar el ámbito de la tipicidad en el delito culposo, excluyendo aquellas
conductas descuidadas en las que el resultado producido por aplicación de principios teleológicos de
carácter normativo debe ser considerado un caso fortuito o consecuencia del azar. La relevancia
práctica de la Teoría de la Imputación Objetiva del comportamiento se manifiesta más bien (aunque
no siempre)
en el delito imprudente.
2.6. Teoría de la imputación objetiva Según Eugenio Raúl Zaffaroni: “Es la tentativa de reemplazar el
dogma causal Roxín, Claus, La imputación al tipo objetivo, imputación objetiva y antijuricidad. Pág.
201. Jakobs, “La imputación objetiva en derecho penal”, Ed. Ad-Hoc. Págs. 2002 por el aumento del
riesgo. Solo se puede responsabilizar al autor si su comportamiento provoca un aumento del riesgo
más allá del riesgo permitido. Este criterio no solo prescinde del concepto ontológico de la conducta
valiéndose de uno normativo, sino que prescinde de la causalidad misma. El derecho penal ya no se
apoya sobre la categoría del ser, parece que el legislador ha logrado su máxima omnipotencia”
Enrique Bacigalupo afirma con relación a la Teoría de la imputación objetiva: “Esta teoría que tiende
a imponerse ampliamente en la actualidad es consecuencia de la teoría de relevancia. Su punto de
partida es el reemplazo de la relación de causalidad por una relación elaborada sobre la base de
consideraciones jurídicas y no naturales”
Sin embargo es preciso aclarar que en este marco la verificación de la causalidad natural será un
límite mínimo pero no suficiente para la atribución del resultado. En primer lugar se analiza si,
efectivamente, la conducta realizada despliega un riesgo de entre los tutelados por la norma penal.
En caso de un delito comisivo, el análisis de una conducta homicida deberá determinar que, por
ejemplo, disparar a otro con un arma de fuego es una conducta que despliega un riesgo de los
contemplados por la norma que prohíbe el homicidio, es decir, que es idóneo para entrar dentro de la
descripción normativa de homicidio. De esta forma, causar la muerte a otro clavándole una aguja en
el dedo, provocando así una reacción química inesperada no es un riesgo de los previstos por la norma
penal, pues el clavar una aguja a otra persona no es una conducta socialmente vista como
suficientemente riesgosa para causar un homicidio (aunque, efectivamente, exista una relación
causal).
2.7. Sistema funcionalista
Para el sistema funcionalista, se entiende por imputación objetiva, al conjunto de elementos
normativos que sirven para regular el nexo causal, que a su vez pertenece a la parte objetiva de la
tipicidad.
La nueva categoría de responsabilidad penal se compone por: la culpabilidad (entendida como
reprochabilidad) y la necesidad de pena que se requieran para el caso concreto.
El sistema funcionalista de Roxín, introdujo en el tipo objetivo una serie de elementos o categorías
normativos que sirven como un regulador o direccionador del nexo causal, estos elementos son
insertados en lo que se conoce como teoría de la imputación objetiva.
Conforme a él a un resultado típico debe imputarse al autor si se verifica que con su acción se elevó el
nivel de riesgo permitido siendo concretizado dicho riesgo en un resultado que a su vez pertenece al
ámbito de protección de la norma penal.
2.8. La imputación objetiva puede ser aplicada a los siguientes delitos Los principales delitos en el
cual se puede desarrollar la imputación objetiva son los siguientes:
- delitos de resultado,
- delitos de peligro,
- delitos de acción,
- delitos de omisión,
- delitos culposos,
- delitos dolosos,
- delitos consumado y
- delitos tentados.
2.9. La Imputación Subjetiva
Imputación subjetiva: La imputación subjetiva “consiste en atribuir a la persona del autor, en atención
a sus circunstancias personales, el conocimiento necesario para evitar la defraudación de expectativas
penalmente relevantes”.
2.10. La Imputación Individual o Imputación Personal
Es el presupuesto de la culpa que en ser capaz de comprender, ya sea, la ilicitud de la conducta, su
acto reprochable, así como de reconocer la posibilidad de actuar de otra manera distinta que no
provoque un resultado dañoso. Un imputable es capaz de comprender el elemento de reproche que
forma parte
de todo juicio penal, y por lo tanto, si se le hallare culpable, se haría acreedor a una pena; si no lo
puede comprender, será un inimputable, no le será reprochada su conducta, y el juez lo someterá más
bien a una medida de seguridad.
Esto es lo que en el Código Penal señala a los que sufren trastornos mentales transitorios o bien los
menores de edad. Imputación individual objetiva o imputación personal objetiva: Se emplea en
referencia al apartado dogmático tradicionalmente designado con el término culpabilidad. García
Cavero señala que, “la imputación personal en el derecho penal debe construirse sobre la base de la
individualidad y la socialidad de la persona”.