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Heridas de Infancia: Tipos y Efectos

Este documento describe las heridas de la infancia, que son patrones conductuales que desarrollamos en nuestra niñez para sobrevivir a experiencias dolorosas y que repetimos a lo largo de la vida. Explica los cinco tipos principales de heridas - rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia - y cómo cada una puede manifestarse en la adultez a través de ciertas tendencias en las relaciones y en la percepción de uno mismo. El objetivo es reconocer estas heridas para poder sanarlas.

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Heridas de Infancia: Tipos y Efectos

Este documento describe las heridas de la infancia, que son patrones conductuales que desarrollamos en nuestra niñez para sobrevivir a experiencias dolorosas y que repetimos a lo largo de la vida. Explica los cinco tipos principales de heridas - rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia - y cómo cada una puede manifestarse en la adultez a través de ciertas tendencias en las relaciones y en la percepción de uno mismo. El objetivo es reconocer estas heridas para poder sanarlas.

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qué son y cómo nos afectan

¡Hola!
Nos alegra mucho que estés iniciando este proceso de
autoconocimiento y sanación. Sabemos que no es una tarea
fácil pero que realmente vale la pena. No hay nada mejor que
vivir una vida en la que estamos plenamente conscientes de
lo que hacemos y queremos. Una vida en la que estamos
presentes y tenemos paz y bienestar.

Quizás has escuchado un poco sobre las heridas de la infancia.


Muchas veces creemos que estas están reservadas a
experiencias traumáticas o experiencias sumamente dolorosas
en los primeros años de vida. Sin embargo… esto no
necesariamente es cierto, nuestra infancia no tiene que haber
sido especialmente dolorosa para que existan:

Todos tenemos heridas de infancia.

Todos hemos vivido una infancia de la que tenemos que


sanar de alguna forma, nadie ha tenido padres perfectos ni
una vida que solo ha tenido experiencias agradables. Estas
dificultades han influido de alguna manera u otra en quiénes
somos hoy. Y el primer paso para sanarlas es:

Reconocerlas.

¿Te gustaría conocer un poco más de estas heridas?


Aquí te lo contamos.
¡Comencemos!
¿Qué son las heridas de la infancia?
Las heridas de infancia se refieren a los patrones que repetimos según lo que vivimos
en nuestros primeros años de vida. Surgen a partir de ciertas dificultades o
experiencias dolorosas, por las cuales desarrollamos ciertas conductas para
“sobrevivir” o tolerar lo que vivimos en ese momento. Sin embargo, pasa que seguimos
repitiéndolas a lo largo de nuestra vida, una y otra vez, a pesar de que ya no sean
necesarias, y, en ocasiones, sean inconvenientes.

Es importante recordar que no elegimos tener las heridas que tenemos. No las
tenemos porque somos débiles o porque hay algo mal con nosotros. Se dan a partir
de eventos que en su momento no pudimos comprender y lidiamos con ellos de la
mejor manera que pudimos. Están ahí por un motivo, porque nos permitieron
enfrentar situaciones que nos causaron dolor.

Ahora… veamos los principales tipos de heridas que se generan en la infancia.

¿Qué heridas de la infancia existen?


Cada persona ha vivido una historia distinta a
lo largo de su vida. Cada persona ha tenido
una familia distinta, ha vivido en un lugar
distinto y ha estado sujeto a normas sociales
distintas. Por ello, cada uno tiene tendencias o
patrones particulares. Sin embargo, existen 5
heridas principales que podemos tener en
distintas formas o intensidades:
Rechazo

Abandono Humillación

Traición Injusticia
Veamos cada una:

Rechazo

Ja ja ja
ja ja ja Se refiere a las experiencias donde sentimos que no
fuimos completamente aceptados por nuestro
cuidador. Esta percepción puede haberse dado a partir
de una experiencia muy clara de rechazo, como también
a partir de experiencias que fueron interpretadas como
tal. Quizás en ese momento no pudimos entender lo que
realmente estaba pasando con nuestros cuidadores.

Ahor
estoy a no,
ocupa
do
Puede darse a partir de situaciones como:
Intentos de conexión que no tuvieron una buena respuesta
El no haberte sentido apreciado por tus cuidadores
El haber sentido que no le caías bien a uno de tus cuidadores
El sentir que no te daban la atención que necesitabas
El que un amigo haya preferido a otra persona
Poca atención en los primeros meses de vida
Depresión de alguno de los cuidadores

Estas experiencias, así no se hayan dado de manera intencional, generan


ciertas creencias sobre nosotros mismos. Pueden habernos llevado a
pensar que no somos lo suficientemente valiosos como para ser
queridos o amados, y/o a considerar que algo está mal con nosotros. Y, por
esta razón, las personas no quieren conectar o estar con uno.
¿Cómo se puede presentar en la adultez?
Podemos tender a tratar de evitar el rechazo a toda costa.
Lo que nos puede llevar a:

Buscar la perfección: Tratar de no equivocarnos y nunca ser criticados.

Ser complacientes: Evitar desagradar a las personas para que nunca se


molesten con nosotros.

No ser auténticos en nuestras relaciones: En el intento de buscar agradar


podemos tender a adaptarnos mucho a las personas para ser queridos.

Tener una mala percepción de nosotros: Sentir que las personas no nos van a
querer, esperar el rechazo de manera anticipada y asumir que otros pensarán
mal de nosotros.

Ser demasiado sensibles a la crítica: Podemos ver crítica donde no la hay, o


donde hay una retroalimentación constructiva.

Dificultades en nuestras relaciones: Evitar relaciones muy íntimas como


forma de protección frente al rechazo, lo cual puede generar dificultades con
el compromiso.

Ansiedad social: Nos puede llevar a sentirnos muy inseguros en situaciones


sociales y a tener tendencias de nerviosismo.
Abandono

Se refiere a experiencias de soledad profunda. Puede


ser porque una de las figuras parentales no estuvo
presente o porque no hubo una conexión emocional
profunda. Si bien actualmente se puede comprender qué
estaba pasando realmente con nuestros cuidadores, en
Esto la niñez es probable que estas experiencias se tomen de
que y triste,
no t
en
en e go am o
sien
t manera personal.
l col i
Ay egio gas
a es ya va a
ae p
las c dad se asar,
osas
fáci
arre
gl Puede darse a partir de situaciones como:
lme an
nte
El haber tenido pérdidas significativas (de los cuidadores o
alguien cercano)
El haber presenciado un divorcio en el que uno de los padres
se fue del hogar
El no haber sentido apoyo emocional
El haber recibido poca atención por nuestros cuidadores (por
ejemplo, por motivos como demasiado trabajo o ser parte de
una familia numerosa)
Cambios en el afecto de una persona cercana (una persona
que nos apreciaba dejó de hacerlo o mostrarlo)

Este tipo de experiencias nos pueden llevar a sentirnos inseguros en


nuestras relaciones. Lo cual genera cambios en cómo las percibimos.
Podemos comenzar a estar más alertas y vigilantes a la posibilidad del
abandono de las personas a nuestro alrededor y a realizar conductas para
que no se vuelva a dar.
¿Cómo se puede presentar en la adultez?
Podemos presentar tendencias como:

Tener una gran necesidad de aceptación: Podemos estar muy preocupados


por la percepción que los demás tienen de nosotros. Incluso, más
preocupados por cómo nos ven que por cómo nos sentimos en esa relación.

Dificultad en relaciones románticas: Podemos relacionarnos románticamente


con personas a quienes hay que cuidar o salvar, y encontramos comodidad en
este rol, ya que nos brinda la seguridad de que no nos dejarán. Asimismo, podemos
tender a mantener relaciones que ya no funcionan por miedo a la soledad.

Hiper independencia: El depender de otros puede dar miedo, por lo que


podemos preferir mantener cierta distancia en nuestras relaciones. Por
ejemplo, al cuidar a otros emocionalmente, pero evitar que ellos nos cuiden.

Minimizar la importancia de las personas en nuestra vida: Puede suceder


que por miedo a que nos dejen, nos encontremos fingiendo que las personas
en nuestra vida no nos importan tanto, que nos da igual si están o si no quieren
estar. Incluso, podemos tener la tendencia a salir de una relación de manera
anticipada, por miedo a que la otra persona nos deje.
Humillación

De gra
nde qu
Se refiere a experiencias en las que los cuidadores
mejor ie
jugado ro ser el dieron el mensaje de que éramos “insuficientes”,
r de fút
bol “malos”, o que algo en nosotros era “inaceptable” o no
merecedor de amor.

Al crecer, son los cuidadores los que nos enseñan qué


conductas están bien, cuáles son aceptables y cuáles no, y
la manera en la que lo comunican puede ser constructiva
o puede dañar y causar esta herida.

Puede darse a partir de situaciones como:


Haber escuchado a personas importantes en tu vida
hablar mal de ti
Haber recibido críticas sobre tu personalidad o
apariencia física
Haber percibido que tus cuidadores estaban
Ay hijo, no
digas decepcionados de ti
esas tonterí
as
No haber sentido la aprobación de los cuidadores
Haber sido castigado de manera frecuente
Haber experimentado abuso o negligencia
Que los cuidadores hayan ignorado tus
necesidades emocionales

Este tipo de experiencias pueden llevarnos a sentir que somos


inadecuados, que no merecemos amor o atención. Quizás no lo
pensemos conscientemente o con frecuencia, pero se puede ver
en nuestras acciones y vínculos. Puede definir cuánto sentimos que
nos merecemos cosas buenas, cuánto nos cuidamos, o qué
permitimos en nuestras relaciones.
¿Cómo se puede presentar en la adultez?
Podemos presentar tendencias como:

Tener dificultades con el disfrute: Podemos sentir miedo frente a las emociones
agradables, quizás pensar que no las merecemos o que habrá una consecuencia.

Tener baja autoestima: Podemos sentir que no nos merecemos cosas buenas,
que no tenemos valor o que somos inferiores a los demás. También, puede
aparecer una tendencia narcisista para compensar la baja autoestima.

Tener dificultades con el autocuidado: Podemos no sentirnos merecedores


de autocuidado, lo que se puede evidenciar en una falta de atención a nuestro
cuerpo y necesidades emocionales.

Experimentar emociones intensas: Nos podemos encontrar sintiendo mucha


vergüenza y culpa en situaciones en las que no hemos hecho nada malo.
Asimismo, tender a asumir responsabilidad por las emociones de los demás y
tomarlas personales. También puede haber enojo frecuente.

Permanecer en relaciones poco sanas: Quizás por no sentirnos merecedores


de más podemos permitir conductas poco sanas. De la misma forma,
podemos tender a poner las necesidades de otros primero.
Traición

#$%&
!!!
Se refiere a experiencias en las que alguien importante
en nuestra vida realiza una conducta que rompe
nuestra confianza o interfiere con nuestro bienestar. Se
da con personas con las que hay una dependencia,
especialmente en el caso de los cuidadores en edades
tempranas, pero también se puede dar en la adultez en
relaciones cercanas.

Puede darse a partir de situaciones como:

Haber tenido cualquier experiencia de abuso

Haber visto violencia en casa

Haber visto a un cuidador infligir daño emocional al otro

Haber sufrido una infidelidad

Haber descubierto mentiras de alguien importante

Este tipo de experiencias pueden llevarnos a desconfiar de los demás. Es


probable que hayamos tenido que mantener esas relaciones a pesar de la
traición, por lo que quizás en el momento desarrollamos estrategias que
nos permitieron minimizar estas conductas y su impacto en nosotros.
¿Cómo se puede presentar en la adultez?
Podemos presentar tendencias como:

Control: Podemos tener el deseo de influir en la vida de los demás, en sus


decisiones y en su conducta.

Percepción negativa de los demás: Quizás asumamos precipitadamente que


los demás tienen malas intenciones.

Percepción negativa y pesimista del mundo: Podemos asumir que el mundo


es un lugar inseguro, complicado y que vamos a tener experiencias
negativas frecuentemente.

Percepción negativa de uno mismo: Quizás no nos sintamos valiosos o sintamos


que somos poco adecuados, como si algo estuviese mal con nosotros.

Desconfianza en nuestras relaciones: Es probable que nos sea difícil confiar


en que nuestras personas cercanas no nos harán daño. Nos puede llevar a
tener dificultades para desarrollar vínculos cercanos o a terminarlos de
manera abrupta frente a algún problema.

Dificultades con la regulación de emociones: Podemos tener dificultades


para manejar la intensidad de las emociones que sentimos. Asimismo,
podemos presentar desesperanza e impotencia.
Injusticia
La próx
ima ve
te saca z
rás un
20

Se refiere a la experiencia de haber tenido cuidadores


fríos y autoritarios. Quizás solo nos dieron afecto a partir
de nuestros logros, por lo que hubo una necesidad de
“actuar” para recibir amor.
Me saq

en mi e 18/20
xamen

Puede darse a partir de situaciones como:


Haber crecido en un ambiente de demasiada exigencia

Haber percibido que no había espacio para cometer errores

Haber percibido el cariño estaba ligado al logro

Poca o nula expresión de emociones de alguno de


nuestros cuidadores

Poca expresión de afecto por parte de nuestros cuidadores


o no haber recibido afecto

Este tipo de experiencias pueden llevarnos a sentir que no fuimos


queridos por como somos. Es probable que hayamos tenido que
mostrarnos de determinada manera para recibir afecto o aprobación y
que nos estemos esforzando constantemente para mantener altos
estándares de logro.
¿Cómo se puede presentar en la adultez?
Podemos presentar tendencias como:

Dificultad con las emociones: Quizás nos sea difícil reconocer, conectar y
expresar nuestras emociones. Además, nos puede traer problemas por la
dificultad de expresar nuestro afecto a los demás.

Miedo a perder el control: Podemos buscar mantenernos controlados a toda


costa. Que todo nos salga bien y no generar problemas.

Dureza: Podemos exigirle demasiado a nuestro cuerpo. Quizás no


evidenciamos el sentirnos mal, el estar cansados, así como el tener
dificultades emocionales. Podemos querer mostrarle al mundo que todo
siempre está bien.

Búsqueda de poder y logro: Al haber recibido afecto cuando lográbamos algo,


podemos mantener esta tendencia, teniendo expectativas muy altas para
nosotros mismos.

Perfeccionismo: Podemos tener la tendencia a ser muy críticos no solo con


nosotros mismos, sino también con los demás.
Quizás para este momento ya hayas identificado algunas de tus heridas de
infancia. Date un momento para reflexionar sobre con cuáles te identificas más y de
qué manera te impactan en el presente:

Sabemos que no es fácil conectar con estas heridas. Nos puede traer dolor el recordar
experiencias difíciles y ver tendencias en nosotros que no nos gustan. Date el espacio
para sentir las emociones que puedan venir con estas heridas.

Pero recuerda… es posible cambiarlas. Es posible dejar estos patrones, tomar


conciencia y actuar desde lo que es más efectivo para tu vida en el presente.

De seguro te preguntarás…

¿Cómo sanar mis heridas de infancia?


El primer paso es comprenderlas y aceptar que están ahí por un motivo.

No fue tu culpa desarrollar estas tendencias, tú no las elegiste ni las buscaste. Son el
resultado de una infancia dolorosa (o quizás simplemente imperfecta), son el
resultado de cuidadores que hicieron lo que pudieron con lo que sabían en el
momento. Básicamente, son las estrategias que desarrollamos para sobrevivir y/o
tolerar el dolor de algo que en su momento no pudimos comprender.
Quizás en el presente podemos entender a nuestros cuidadores,
saber por qué actuaron como actuaron y tenerles compasión.
Podemos saber que son imperfectos, que quizás ellos vinieron
con sus propias heridas y carencias que dificultaron su
relación con nosotros. Pero un bebé o un niño solo interpreta sus
experiencias desde sí mismo, es decir, asume que son su culpa,
que el trato que reciben está justificado por sus conductas.

Te queremos recordar que ya no tiene que ser así. Puedes


trabajar para reformular aquellas creencias que tienes sobre ti
mismo y dejar atrás ciertas conductas que ya no te suman. Si
crees necesitar ayuda para este proceso, no dudes en buscarla.
Un proceso terapéutico te puede ayudar y guiar en este camino,
te puede brindar herramientas para regular tus emociones,
cambiar aquello que ya no te gusta y construir una vida más
consciente y con mayor bienestar.

Recuerda que aquello que viviste no te


define y que tienes el poder para elegir
cómo quieres vivir tu vida ahora.
¿Conoces Terapify?
Somos una plataforma de terapia psicológica en
línea. Nuestra misión es ayudar a miles de personas
alrededor del mundo a priorizarse y cuidar su salud
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