Caminaba a lo largo de la calle K mientras distraído en
mis pensamientos no reparaba en lo que ocurría a mi
alrededor. No vería nada que no conociera, miraría a las
personas siguiendo su rutina: Una que otra madre
llevaría de la mano a su hijo; tal vez pase al lado de una
pareja; tal vez vería una típica escena de pelea entre dos
maridos que ya no se aguantan. La cuestión es que
aquella melodía me saco de mis pensamientos. No era
una melodía como tal; sino que se trataba de dos chicos,
tal vez de 16 o mas años. La canción que cantaban…
hacía ya demasiado tiempo. Se trataba de un rock, no
uno burdo ni comercial; sino de uno autentico, uno
culla letra llegaba al alma. Canciones como esa ya no
abundan en el mundo. Bueno tampoco es que
abundaran cuando salió aquella canción.
Pero aquellos grupos tenían siempre algo de
auténticos. Debí quedarme mirando largo rato a
aquellos muchachos pues uno de ellos me miro y dijo:
—¿Qué chucha miras? ¡Eh! Maldito marica.
No respondí. Me alejé corriendo solo cuando estuve lo
suficientemente lejos pensé: «Demonios. Harold creo
que la he vuelto a cagar, no he aprendido nada. Me
dijiste muchas veces que daba cringe que me quedara
mirando a las personas así» En parte esa era una de las
razones por las cuales miro al cielo casi todo el tiempo
cada vez que salgo a la calle. De pronto me sentí triste,
fue aquella melodía.
No la escuchaba desde hacía mucho.
Harold me presento a aquel grupo. «Ponte mis cascos y
deléitate que estas melodías no son para cualquiera»
¿Cuándo fue eso? Si fue justo la segunda semana de
conocernos me invito a su casa. Yo por aquel entonces
era el típico chico al que todos molestaban.
Tartamudeaba en aquel entonces, tambien temblaba
cuando alguien me dirigía la palabra. Mi vida era un
completo torbellino de desprecios en el colegio y en mi
casa; mi padre era alcohólico y mi madre, que hubiera
preferido mil veces no serlo, nunca dejo de
reprocharme mi nacimiento. Es mas creo que ni una
vez llego a abrazarme o siquiera mantener una
conversación larga conmigo. Su desprecio e
indiferencia marcaron mi infancia. Siempre andaba
cabizbajo, siempre despreciándome y despreciando a
los demás. Hasta que un día. No sé cuándo. Alguien
toco mi hombro.
— Hola—Me dijo sonriendo— Te llamas Alejandro
¿verdad?
Asentí
—Estamos en la misma clase, bueno yo me uní recién
este año.
Ahora recordaba era el nuevo que llego. Pero se
trataba de alguien alegre y muy introvertido. A la
segunda semana se inscribió en la selección del colegio.
Juega bien, o al menos eso oí comentar a un profesor.
—S-Si te llamas H-Harold—No pude evitar ponerme
rojo de vergüenza por tartamudear—Bueno, me tengo
que ir…
Me retuvo tomando mi mano.
—Vas a tu casa ¿verdad? —Seguía con aquella amigable
sonrisa—. Yo voy a la misma dirección. Bueno siempre
regreso tarde. Siempre voy a pasar el rato con Josue y
Bartolo— (Estaban tambien en la selección del colegio)
—Pero hoy vienen mis tíos de visita y mis padres me
han pedido que vuelva temprano.
—B-Bien p-por ti—Dije y me zafé de su mano para
irme, pero se puso delante de mí.
—¡Eh! Espera, que no voy a acerté nada. Solo quería
acompañarte ¿se puede? Caminar solo seria aburrido.
Caminar conmigo, seria peor. Pensé.
Así empezó aquella extraña amistad, lo era al menos
para mí. Recuerdo haber pensado que no habría duo
mas extraño que el que habíamos formado alguien muy
alegre que hablaba hasta por los codos y bueno el chico
callado. Hablo en todo el trayecto que duro el camino a
casa. En un primer momento me hablo acerca de sus
tios, menciono que llegaron despues del viaje por el
mundo que se les animo hacer. Cosa de su tia, al
parecer es un poco loca y su tio un completo pelele, en
palabras de el.
—No lo entiendo—Dijo e hiso una mueca de desagrado
—¿Cómo es que un día te levantas y tu esposa te dice
que quiere viajar por el mundo y dos días después están
en el primer avión? Y encima se van sin decir nada y
vuelven después de un año y me cagan los planes.
—¿Planes? —pensé que solo acompañaba a sus amigos a
casa.
—Bartolo se compro una nueva consola ayer y íbamos a
probarla hoy, pero llegan mis tíos y me cagan ¡Maldita
sea! —Pateo una piedra.
—Oh, bueno, lo siento.
—¿Por qué? Tu no tienes la culpa de que el hermano de
mi padre sea un débil sin carácter.
—Bueno…y-yo, l-lo deci…lo decia—Me sonroje otra
vez me sentía nervioso, por un momento casi desee que
la tierra me tragara. Seguí caminando cabizbajo a su
lado sin decir nada “Adelante, pensé. Búrlate de mi y
vete”
Pero lo que senti era una mano en el hombro.
—Oye ¿estas bien?
Negué con la cabeza. No me sentía capaz de hablar.
—Eres muy tímido ¿verdad? —Mi corazón parecía a
punto de estallar. —No tienes por que tenerme miedo,
ya te dije no pensaba hacerte nada. Mas bien
discúlpame, no sabía que te pondrías tan mal.
Eso debía hacerme sentir mejor, pero fue, al contrario.
Hubiera preferido que se burlara de mí, pues ahora me
sentía avergonzado y triste por hacerlo sentir culpable.
Se acerco a mi y agarrando mi barbilla hizo que alzara
mi mirada hacia él. Sonreía y me siguió preguntando si
me encontraba bien. Por alguna razón me sentí un poco
mejor y pude contestar que sí.
—Uf, menos mal, pensaba por un momento que te
daría un ataque. Ya sabes como el que les da a los
epilépticos ¿has visto uno? Es algo así—De pronto saco
su lengua y empezó a temblar en una imitación de un
ataque.
Aquello hizo que yo riera. Poco después paso una
pareja de adultos que al mirar la pantomima de Harol el
viejo simplemente dijo lamentándose “esta juventud de
ahora” mientras su esposa desaprobaba con la mirada.
De pronto me sentí un poco mal por Harold, aunque
parecía no importarle. Los dos sonreímos, ya me sentía
mas tranquilo.
—Viejo culero—Dijo una vez la pareja se había alejado
lo suficiente. Aquello me hizo reír, otra vez. —Venga,
vámonos que llego tarde a la reunión familiar a la que
no quiero ir.
Y reanudamos otra vez el camino esta vez el me
pregunto cosas sobre mí. Yo le Conte que me gustan
mucho los libros y los lugares donde hay poca gente,
tambien le dije que mi banda favorita era guns and
roses. El separo en seco y sonriendo me dijo que a él
tambien le gustaban. Hablamos de mucho y a pesar de
que el camino era largo se me hizo un tramo muy
corto. Después de que tuvimos que ir por caminos
diferentes yo seguía con ganas de seguir hablando con
él. Fue cuando estaba a pocos metros de mi casa en que
caí en la cuenta de que no me había sonrojado ni
tartamudeé en ningún momento después.
III
Mis recuerdos sobre el resto de aquel día son algo
borrosos, de hecho, los recuerdos más claros que tengo
de mi época de secundaria se limitan a los momentos en
que estaba junto a Harold. Todo los demás esta casi en
blanco, salvo alguna que otra interacción con otras
personas, pero que eran tan irrelevantes en mi vida que
solo recuerdo vagamente aquellas conversaciones.
Pero a veces no hago puedo evitar preguntarme ¿Qué
hay en los espacios en blanco? Deberían conformarlo
en su mayoría mis horas en el salón de clase, sentado al
fondo mirando hacia la nada, tambien debe estar lleno
de los momentos en que regresaba solo a casa, aquellas
largas caminatas en la que solo estaba yo y mis
pensamientos. No lo sabre nunca.
Después de separarme de Harold, camine un poco mas
lento, no tenia prisa por ir a casa “Aunque es lo menos
parecido a un hogar” pensé. Un hogar, un lugar donde
sientes pertenecer, un sitio que es tu confort, tu refugio
del mundo.
—Tal vez algún dia—Dije.
Pero lo raro es que hasta aquel momento nunca había
pensado en tener un hogar. No dejaba de sentir la rara
sensación de que algo había cambiado en mí, por
primera vez añore tener algo en el futuro. Aquello era
muy extraño pues mi vida se concentraba en aborrecer
el hoy y el ahora. Algo había cambiado en mí, pero en
ese momento no era lo suficientemente listo, ni conocía
mucho como para saber exactamente qué.
Cuando llegué a mi casa, solté un suspiro, pero me
detuve unos instantes en la entrada, aquello tambien
era extraño era como si tuviera miedo de perder algo.
Decidi dejar de sobrepensar, me estaba doliendo la
cabeza. Al entrar como de costumbre no era recibido
por nadie, el suelo de la sala estaba lleno de latas de
cerveza el olor desagrdable inundaba el lugar. En el
sillon ahí tirado ya hacia mi padre un hombre de
complexión gruesa y calvo. Mi madre no daba señales
de estar en la casa. “Deben haber peleado “pensé. Lo
cual significaba que no la veríamos por la casa tal vez
en días o semanas, dependía de cuanto era su enojo. En
fin, era mejor así cada vez que me veía no se perdía la
ocasión de reprocharme.
Soltaba frases como:
“Tardas mucho de volver del colegio, pese a que no
tienes amigos”
“¡Quieres dejar de tartamudear! Sabes que me
desagrada”
Comi un poco de las sobras de ayer y pase el resto de
mi tiempo en mi cuarto. Pense otra vez en Harold y de
pronto me percate de una cosa que teníamos en común.
—Qué crees madre—Dije en voz alta, aunque ella no
estaba —, hoy hablé con un compañero. Si es alguien
real ¿sabes que es lo mejor? Así es, el tambien siente
nauseas por su familia.