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Contrapublicos

Este artículo examina dos conceptos de Nancy Fraser sobre la justicia social: la "paridad participativa" y la "esfera contrapública". La esfera contrapública se presenta como clave para definir los grupos oprimidos que participan en el debate público requerido para lograr la paridad participativa. El autor propone repensar algunos argumentos de Fraser sobre estos conceptos y versiones alternativas de lo público. También señala la dirección de esferas comunicativas enriquecedoras propuestas por María Lugones y Joshua Price para dar

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Contrapublicos

Este artículo examina dos conceptos de Nancy Fraser sobre la justicia social: la "paridad participativa" y la "esfera contrapública". La esfera contrapública se presenta como clave para definir los grupos oprimidos que participan en el debate público requerido para lograr la paridad participativa. El autor propone repensar algunos argumentos de Fraser sobre estos conceptos y versiones alternativas de lo público. También señala la dirección de esferas comunicativas enriquecedoras propuestas por María Lugones y Joshua Price para dar

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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y

Ciencias Sociales - Universidad Nacional de


Jujuy
ISSN: 0327-1471
[email protected]
Universidad Nacional de Jujuy
Argentina

di Pietro, Pedro José J.


¿A dónde van? Itinerarios contrapublicos y recorridos plurilogicos
Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy, núm.
31, octubre, 2006, pp. 173-207
Universidad Nacional de Jujuy
Jujuy, Argentina

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
¿ADONDE VAN? ITINERARIOS CONTRAPUBLICOS Y
RECORRIDOS PLURILOGICOS.(1)

(WHERE DO THEY GO? COUNTERPUBLIC ITINERARIES AND


PLURILOGIC PATHWAYS)

Pedro José J. DI PIETRO *

RESUMEN

Este artículo se enfoca en el amplio rango de actividades “públicas” que son


desplegadas por los/las oprimidos/as para hacer frente a las múltiples opresiones
que moldan nuestras vidas. La Teoría Crítica comprende estas acciones
contestatarias como reclamos de justicia social. Al interior de ese debate más
amplio, examinaré dos conceptualizaciones acuñadas por Nancy Fraser en su
teorización sobre cuestiones de justicia en las democracias contemporáneas.
Una de las conceptualizaciones es la de “paridad participativa” y la otra es la
de “esfera contrapública”. Es esta última que es presentada como central para dar
cuenta de los grupos que toman parte en la interacción discursiva requerida por ese
lenguaje que esta filósofa feminista denomina precisamente “paridad participativa”.
Propongo una lectura profunda de lo que se entiende por “público” y por “publicidad”
ya que esto es fundamental para una perspectiva crítica sobre el concepto de paridad
que es descripto como “un idioma de deliberación y confrontación públicas acerca
de cuestiones de justicia” (Fraser, 2001: 35)
Es necesario re-pensar algunos de los argumentos que Fraser utiliza para
sostener su comprensión de los mecanismos que nos ayudan a avanzar hacia
sociedades guiadas equitativamente tanto en términos materiales como de
reconocimiento cultural. Por tanto, problematizaré versiones alternativas de lo “público”
y algunos aspectos de la “contrapublicidad”. Nutriéndome de las colaboraciones de
María Lugones y Joshua Price, señalaré direcciones alternativas para estudiar, dar
cuenta y moverse dentro de esferas comunicativas que podrían ofrecer
enriquecimientos políticos para los diversos modos de confrontación que se
corponizan en las luchas democráticas transnacionales y locales.

Palabras Claves: contrapublicidad, diferencias, razón plurilógica.

ABSTRACT

This papers aims at looking at the wide range of “public” activities that are
deployed by the oppressed to face the multiple oppressions that mold our lives.

* FLACSO/PRIGEPP - CONICET - State University of New York/Binghamton / Facultad de Humanidades


y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy - Otero 262 - CP 4600 - San Salvador de Jujuy
- Jujuy - Argentina. Correo Electrónico:

173
PEDRO JAVIER DI PIETRO
Understanding such contestatory actions as claims for social justice is one of the
ways that Critical Theory thinks through issues at stake in this article. Within a
larger debate I will examine two conceptualizations provided by Nancy Fraser in her
theorizing of social justice in contemporary democracies.
One of the conceptualization is that of “participatory parity” while the other is
that of “counterpublic sphere”. It is the latter that is presented as key to define
groups that take part in the discursive interaction required for that language that the
above named feminist philosopher calls participatory parity. I propose a deep reading
of what “publicity” is about as it is central for a critical perspective on the concept of
parity that is described as “an idiom of public contestation and deliberation about
matters of justice” (Fraser, 2001: 35).
It is necessary to re-think some of the arguments that Fraser puts forth to
backing up her understanding of the mechanisms that would help us move towards
societies guided by equity in terms of material distribution and cultural recognition.
Therefore, I will problematize alternative versions of the “public” and some aspects
of her theorizing on “counterpublicity”. By drawing on María Lugones’s and Joshua
Price’s works, I will point to an/other direction to study, convey and move within
communicative spheres that may carry out enriching politics to the different
contestatory modes that are embodied in current local and transnational democratic
struggles.

Key Words: counterpublicity, differences, plurilogical reason.

“... lo que comprendo como la fragmentación del sujeto [es] una consecuencia de la opresión
grupal donde la opresión del grupo sigue la lógica de la unidad, de la pureza. Creo que
necesitamos una solución al problema de ir pasando de un grupo a otro, siendo maltratadas, mal
entendidas, atándonos al abuso y al engaño por el bien de un grupo que solo distorsiona
nuestras necesidades ya que quienes lo componen se ocupan de borrar nuestra complejidad.”

María Lugones (1994)

RE-PENSANDO LA CONTRAPUBLICIDAD

Este trabajo se vincula a mis necesidades de comprender las formas en que


quienes vivimos siendo oprimidos/as hacemos uso de diversas esferas materiales
de acción discursiva para hacer frente a las múltiples opresiones que impregnan y
moldean nuestras vidas. Por tanto, la discusión hace pie en los modos de acción
política, sea esta organizada colectivamente como proyecto o no, de quienes
cruzamos los límites de lo normado, respondiendo a sistemas de dominación/
explotación que nos acechan. Comunicativamente, se dirige a quienes abrevan en
una teoría crítica, una teorización relacionada con nuestras posibilidades de acción,
que permita pensar y actuar las posibilidades concretas de las luchas encaradas
contra el complejo entramado de opresiones múltiples que moldea nuestro cotidiano
habitar.
Entender tales acciones contestatarias como reclamos por justicia social es
una de las formas en que la teoría crítica aborda la problemática de la que me

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
ocupo. A lo largo de este artículo, y en el contexto de indagaciones más amplias,
voy a examinar dos conceptualizaciones elaboradas por Nancy Fraser en su
teorización de la justicia social en las democracias actuales. Una de ellas es la
noción de “paridad participativa”, mientras que la otra es su categoría de “esfera
contrapública”. Esta última se presenta como central para definir los grupos que
actúan en la interacción discursiva requerida por ese lenguaje que esta filósofa
feminista denomina paridad participativa. Aprehender lo que se comprende por
“publicidad” es clave para una lectura crítica del concepto de paridad ya que esta es
definida como “un idioma de contestación y deliberación públicas acerca de
cuestiones de justicia” (Fraser, 2001: 35).(2)
Considero necesario re-pensar algunos elementos que Fraser utiliza para
sustentar su comprensión de los mecanismos que posibilitarían sociedades
equitativas en términos de distribución material y reconocimiento cultural. En este
sentido, problematizaré versiones alternativas de lo “público” y de algunos aspectos
de su teoría de la “contrapublicidad” (3). A la vez, conjugando los aportes radicales
de María Lugones y Joshua Price, señalaré una dirección alternativa para dar cuenta
de esferas comunicacionales que se sugieren como políticamente enriquecedoras
en los diferentes modos de contestación que se corporizan en luchas democráticas
locales y transnacionales del presente.
Esta presentación reviste estilos y registros comunicacionales heterogéneos,
por momentos la prosa “filosófica” se convierte en preponderante y por otros la
recuperación de ciertas memorias asociadas a los diálogos coloquiales de todos
los días alcanza una voz audible. Los roces y brechas entre ambos son intentados.
Las visicitudes de las palabras al calor de reuniones organizativas alrededor de
proyectos o actividades políticas también se hacen presentes. Esta forma particular
de narrar entreteje testimonios, interpelaciones, susurros, murmullos y argumentos.
Las texturas discursivas constantemente teñidas por respuestas a las injusticias y
daños soportados; las respuestas a veces organizadas, otras desapercibidas, o
efímeras, o tentativas. Participaciones, contribuciones, contrapuntos inherentes a
la formación y acción de los feminismos y otras luchas amasadas alrededor de las
sexualidades en la Argentina contemporánea son parcela importante de lo que florece
en las voces que aquí acerco.

~I~

Los estudios alrededor de la esfera pública han proliferado recientemente. A


partir del trabajo de Jürgen Habermas, y con la ayuda de ciertos recursos
conceptuales de este, pensadoras como la misma Fraser (1993; 1996; 1997; 2001;
2002), Joan Landes (1988), Rita Felski (1989), e Iris Marion Young (1989, 1990),
han tratado de subrayar la heterogeneidad de públicos o de contrapúblicos -en
referencia al espacio público burgués- como esferas comunicativas útiles para los
grupos subalternos y oprimidos. Sus posicionamientos son aportes desde y para la
teoría social, política, feminista y discursiva.
En particular, y debido a los numerosos trabajos locales que articulan las
teorizaciones de Fraser en torno a la acción interpública, me interesa poner en

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PEDRO JAVIER DI PIETRO
cuestión las posibilidades de sus conceptualizaciones para dar cuenta de las lógicas
que operan al interior de los repliegues contradiscursivos. Mi análisis intenta “repensar
los contrapúblicos” de acuerdo a disímiles versiones de los mismos según se
construyan en base a semejanzas y/o diferencias. En ese sentido, sostengo que
unas versiones de contrapublidad colaboran en comprender las diferencias de
discursos y diferentes experiencias de los/as sujetos en su heterogeneidad mientras
otras llegan a erosionarlas, afectando así las potencialidades de un lenguaje como
la paridad participativa.
A pesar que el trabajo de Nancy Fraser ha sido ya incorporado a los estudios
sobre la publicitación en la región, el debate y las políticas públicas orientadas a la
equidad de género(4), sostengo que poco se ha indagado sobre las modalidades
específicas que propone para la actividad intrapública, es decir al interior de cada
uno de los llamados “públicos” o, precisamente, “contrapúblicos”.
Por tanto, el propósito que animo es señalar y preguntarse en torno a los
siguientes aspectos: a) la utilidad de la conceptualización de “contrapúblico” para
dar cuenta de interpretaciones y comprensiones discrepantes que diferentes sujetos/
as tienen acerca de las injusticias de distribución y/o de reconocimiento que sufren.
Por ejemplo, el Movimiento Feminista en Argentina, si bien se conformaría como
contrapúblico, está constituido por una heterogeneidad de mujeres cuyas posiciones
y experiencias a través de diferentes ejes de arreglo social -historia étnica, edad,
ingreso, sexualidad- sostienen tradiciones y prácticas que discrepan las unas de
las otras en sus modos de lucha y negociación de la concretitud de diferencias y
desigualdades marcadas por el Género como jerarquía social; b) La centralidad
otorgada por la teoría de la contrapublicidad a lo que se denomina “esfera pública”,
en el sentido que toda acción deliberativa e intervención discursiva se dirigiría,
apelaría, en forma directa o mediada a aquella esfera; y c) Las limitaciones de la
idea de paridad participativa, la que se insinúa como mecanismo que opaca y oculta
los micromecanismos de poder que tienden las bases de las deliberaciones públicas
e intrapúblicas -contrapúblico en términos de Fraser- ya que se trata de un “idioma
de la razón pública” que necesita de una versión restringida de lo público, de las
intenciones cognitivas de quienes participan de tales intercambios como así también
de las valoraciones y tradiciones comunicativas de tales participantes.

CONTRAPUBLICIDAD: ¿UN ARGUMENTO CONTRA LAS DIFERENCIAS?

En “Repensar el ámbito público: una contribución a la crítica de la democracia


realmente existente” (1993), Fraser toma como valiosa y fundante la idea de “esfera
pública” de Jürgen Habermas, la cual, luego de ser reformulada en base a una
revisión historiográfica contemporánea, continuaría brindando el modelo “más
adecuado” para entender los procesos de deliberación pública y de formación de
opinión. Se asume, entonces, que el “ámbito público”, en las sociedades modernas,
es un “teatro en el que la participación política es representada por medio del habla”,
configurando así un “terreno de interacción discursiva”. Se trata de un espacio cuya
textura difiere de la del Estado, por tanto provee de un sitio que puede producir y

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
hacer circular críticas a este, convirtiéndose entonces en “responsable ante (una
parte de) la ciudadanía”.(5)
Para Fraser (1993: 40-41), los grupos subordinados han encontrado ventajoso
constituir públicos alternativos. Propone llamarlos “contrapúblicos subalternos”,
señalando que se trata de “terrenos discursivos paralelos en donde los miembros
de los grupos sociales subordinados inventan y hacen circular contradiscursos que,
al mismo tiempo, les permiten formular interpretaciones de oposición acerca de
sus identidades, intereses y demandas”. Fraser reconoce su deuda tanto con los
estudios subalternos, en especial con Gayatri Spivak, como así también con Rita
Felski, de quien toma el término “contrapúblico”. Resalto lo que atañe a la obra de
Felski porque, como veremos, esta infiltra la teorización de Fraser y cobra allí cuerpo
uno de los núcleos que llamo a revisar.
Lo que cabe resaltar es que la categoría de “contrapublicidad” intenta expresar
la pluralidad de voces, en competencia, que intervienen en la interacción discursiva
pública y amplia, y el potencial contestatario que vehiculiza la idea de que la
concurrencia interpública puede cuestionar, modificar y hasta derribar los
presupuestos dóxicos dominantes que se encuentran presentes en “modelos socio-
culturales de comunicación / interpretación” (Fraser, 1991).
En la teorización de la autora, se pueden distinguir dos orientaciones en los
repliegues de lo “público”: intrapublicidad e interpublicidad. Por la primera, se entiende
la interacción discursiva dentro de un “público”, lo que incluiría sus modos específicos
de constitución y las regulaciones que orientan su dinámica. Por la segunda, se
comprende el carácter de las interacciones entre diferentes públicos. Veremos,
más adelante, que Felski identifica ambas orientaciones en lo que ella llama funciones
de una esfera pública feminista.
En torno a la intrapublicidad, es preciso que podamos identificar, en primer
lugar, aquel repliegue discursivo que cuente como “público”. Es decir, indagar sobre
la constitución de un “público”, o de un “contrapúblico” para este caso. Si bien
Fraser utiliza las explicaciones de Habermas (1962) para ofrecer su versión
reformulada de lo que cuenta como “público”(6), no llega a hacer explícitas sus
ideas en torno a la constitución de un contrapúblico. Sin embargo, puede entenderse
que se trata de un terreno discursivo cuyo exterior constitutivo lo componen las
cláusulas y regulaciones de exclusión que operan en base a la falta de reconocimiento
y a la desigual distribución de la riqueza para ciertos grupos y sujetos/as (según
diferencias de clase, sexualidad, “raza”, etnia, edad). De acuerdo a su visita a la
historiografía (Landes, Mansbridge, Felski), esas injusticias y desigualdades se
interponen como impedimentos para lo que denomina la “paridad participativa”. Por
tanto, quienes se encuentren afectados/as por una desigual distribución y/o por
falta de reconocimiento se orientarían a generar dos tipos de reclamos: uno vinculado
a demandar redistribución y reconocimiento y un segundo vinculado a modificar las
condiciones en las cuales los primeros tipos de demandas se resuelven (Fraser,
2001: 36). Estos dos aspectos forman parte del ejercicio de la paridad en la
participación; esta modalidad participativa está íntimamente entramada con la
deliberación pública democrática según la filósofa en cuestión. En ese sentido,

177
PEDRO JAVIER DI PIETRO
pone énfasis en afirmar que lo que transforma un reclamo político en un reclamo de
justicia social es su deseo de llegar a una imagen ideal del público general y que el
mismo reclamo sea juzgado a la luz de los estándares generales. Es necesario
notar que Fraser elabora una noción laxa y extensa del “ámbito de la deliberación
pública” ya que su teoría de la publicidad y su teoría discursiva permitirían dar
cuenta de aquel “tanto en los contra públicos subalternos como en el mainstream
(7) o las esferas públicas oficiales” (PRIGEPP, 2002: Foro).
Dada la centralidad que en su argumento reviste la idea de contrapublicidad,
y prestando atención a los elementos generales presentados hasta ahora, pasemos
a revisar las luchas específicas que según la autora le dan cuerpo. Tomando los
trabajos de Fraser, en una suerte de navegación, podemos rastrear cómo esos
rasgos y condiciones indicados permiten identificar un “público” en el campo socio
político. En artículos como “Repensar el ámbito público” (1993) menciona a: grupos
de mujeres que durante la post revolución francesa se fueron nucleando y
reapropiándose de un lenguaje doméstico para apropiarse de espacios de mayor
visibilidad; el movimiento feminista; grupos de gays y lesbianas; mujeres golpeadas.
En “La lucha por las necesidades: Esbozo de una teoría crítica socialista-feminista
de la cultura política del capitalismo tardío” (1991) señala a: sujetos/as destinatarios/
as de las políticas públicas en las sociedades con un estado de bienestar social del
capitalismo tardío; madres solas y golpeadas; grupos étnicos y “raciales”
despreciados; familias que reciben asistencia pública; la comunidad Negra. Luego,
en “De la redistribución al reconocimiento” (2000), se concentra en comunidades
cuya/o sexualidad / origen “racial” es desvalorizada/o o despreciado por la visión
hegemónica en una sociedad dada y que, a la vez, sufren de injusticia distributiva.
En “Social Justice in the Age of the Identity Politics: Redistribution, Recognition and
Participation” (2001), donde aborda particularmente su tesis sobre la paridad
participativa, abunda en la exploración de los grupos subalternos antes mencionados.
Así, conjugando los casos que analiza y los argumentos que presenta en cada
artículo consultado, la denominación de “subalternos” en relación a los contrapúblicos
hace referencia a que los mismos se conforman de acuerdo a las opresiones que
sobredeterminan su posición relativa como grupo en los campos del espacio social(8).
Con el ánimo de interpretar seriamente la propuesta de contrapublicidad que
invito a reconsideración en esta exposición, intento una genealogía del significante
“contrapúblico” recurriendo al pensamiento de Rita Felski ya que el aporte de esta
última es una línea de entrada radicular para las argumentaciones de Fraser. En su
libro “Beyond Feminist Aesthetics. Feminist Literature and Social Change” (1989)(9),
Felski aborda la conformación de un repliegue discursivo feminista que se opone a
la esfera pública amplia que se caracteriza como masculina:
“En los últimos años, el movimiento de mujeres ha ofrecido uno de los más
dinámicos ejemplos de una contra-ideología que ha generado una arena pública
oposicional para la articulación de las necesidades de las mujeres en oposición
crítica a los valores de una sociedad definida como masculina. Como la esfera
pública burguesa original, la esfera pública feminista constituye una espacio
discursivo que se define a sí mismo en términos de identidad común; aquí se

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
trata de la experiencia compartida de la opresión basada en el género la cual provee
el factor de mediación que pretende unir a todas las participantes más allá de
sus diferencias específicas […] La consciencia de ser parte de un grupo oprimido
genera una solidaridad cuyas raíces en una identidad colectiva […] garantiza a
todas las participantes un estatus de igualdad [.] [Este movimiento] constituye una
esfera parcial o contrapública; como en el caso de otras comunidades oposicionales
definidas en términos de identidad racial o étnica o de preferencia sexual, la
experiencia de la discriminación, la opresión, y la dislocación cultural, proveen el
ímpetu para el desarrollo de una identidad oposicional de una forma consciente.
Aún más, como se trata de una esfera pública, sus argumentaciones también se
dirigen hacia fuera, hacia la diseminación de ideas y valores feministas a través de
toda la sociedad.” (1989: 166-167) (la traducción es mía; el énfasis agregado también).
Por tanto, se pueden reconocer ciertas premisas básicas para la constitución
de un contrapúblico según aparecen articuladas tanto en la presentación de Felski
como en la de Fraser: 1) Se define en términos de una identidad común, de una
experiencia compartida de opresión; 2) Las intervenciones discursivas que emergen
de esta esfera apelan a la sociedad más amplia. La actividad contradiscursiva de
los/as sujetos subalternos se dirige a la esfera pública más extendida, tanto a la
esfera de la corriente ideológica principal como a la esfera oficial.
Felski continúa complejizando las relaciones de las “diferencias” al interior
de la esfera contrapública femenina, logrando conjugar las hebras de múltiples
tonalidades a las que cabe atender para no caer en comprensiones monolíticas de
la identidad grupal: “... el proyecto emancipatorio de ellas [las feministas] ya no
apela a una idea de universalidad pero se dirige hacia la afirmación de la especificidad
en relación al género, la “raza”, la etnicidad, la edad, la preferencia sexual, etc.
Buscan definirse en contra de la lógica homogeneizante y universalizante de la
megacultura global de los medios masivos de comunicación como una esfera pseudo
pública degradada, y para hacer escuchar las voces de sus necesidades y articular
los valores opuestos de los que la ‘industria cultural’ no puede ocuparse” (1989:166).
Esto concuerda con lo afirmado por Fraser en otras publicaciones (2000; 2002)
respecto a lo que denomina comunidades bivalentes (definidas por el género y la
clase) y otras comunidades que decide analizar como estructuradas en base a la
falta de reconocimiento cultural en relación con lo que ella denomina problemas de
redistribución material (por ejemplo: las mujeres institucionalizadas en algún tipo
de organismo estatal, la identidad gay, el movimiento queer o también su
paradigmático caso del velo entre las mujeres Musulmanas residentes en Francia).
Es también Felski, a quien ahora notamos con una marcada influencia en el
pensamiento que “repiensa lo público”, quien elabora sobre las funciones facilitadas
por su versión de contrapublicidad: “La esfera pública feminista, en otras palabras,
presenta una doble función: internamente, genera una identidad específica de género
cuyo sostén es la conciencia de comunidad y solidaridad entre las mujeres;
externamente intenta convencer a la sociedad toda sobre la validez de los reclamos
feministas, desafiando estructuras existentes de autoridad por medio de actividades
políticas y críticas teóricas” (1989: 168). Esa identidad específica de género que

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PEDRO JAVIER DI PIETRO
sería igualmente compartida por todas las mujeres es cuestionada al indicar que
“El Feminismo oscila entre su apelación a un sujeto colectivo ideal o unificado que
se extrae de la distinción primaria entre varón versus mujer y las actividades y
comprensiones concretas de las mujeres, en las que las divisiones basadas en el
género frecuentemente entran en conflicto con otro extenso conjunto de alianzas,
tales como las basadas en la raza o la clase, y resisten toda noción no problematizada
de un consenso armonioso” (1989: 169). Si bien la autora insinúa esta preocupación
con las contradicciones envueltas en la identidad del sujeto colectivo que articula
una esfera de comunicación “oposicional”, inmediatamente desestima un acento
en la inconmensurabilidad de esas diferencias contradictorias y parece rescatar,
solapadamente, el carácter abstracto que ese colectivo adquiere de la siguiente
forma: “Las teóricas feministas que rechazan cualquier noción de una identidad
unificada como una ficción represiva a favor de resaltar la diferencia absoluta están
imposibilitadas de mostrar el modo en que esa diversidad y fragmentación pueden
reconciliarse a través de luchas cuya meta se base en intereses comunes”(10)
(1989: 169).
Ambas, Felski y Fraser(11), consideran que el punto de partida para la
intervención contrapública es el “compromiso con la comunalidad y las experiencias
representativas de” cada grupo en relación a una opresión específica, aún cuando
adviertan sobre las complicaciones de tal argumento. Esta versión de
contrapublicidad se afirma en la “comunalidad” en la medida que funciona como un
indicador de lo que une a sus participantes debido a su mentada semejanza. Parte
de mi núcleo argumentativo se dirige a indagar ese tipo de “reconciliaciones” que
Felski reclama a las feministas que consideran la homogeneización en base a la
identidad de género como una ficción represiva. Otra parte se orienta a subrayar
que una formación contrapública que gira en torno a la semejanza entre quienes la
componen carece de una puerta de entrada que nos lleve a reflexionar sobre las
posibilidades de construir solidaridades a través de heterogéneas diferencias (12).
Si bien se trata de un obstáculo epistémico, lo cierto es que tal concepción
de contrapublicidad da cuenta de gran parte de los significados disponibles a la
hora de movilizar políticamente acciones que se oponen al status quo y a la
explotación. Una de las formas en que el capitalismo en su configuración actual
debilita la protesta social es la demarcación de diferencias que se erigen como
fronteras que fragmentan el terreno social, creando así categorías dicotómicas de
sujetos que le facilitan el acceso a sus energías, trabajo y recursos. Sostener que
solo la semejanza de opresión como grupo es el aglutinante de las demandas
contra los modos de explotación/dominación organizados por el capitalismo actual
es reforzar el desmembramiento que este impone.
Quizás la motivación de Felski y Fraser proviene de dar cuentas de las luchas
concretas que permiten identificar contrapúblicos que han logrado reformular los
marcos de comprensión y comunicación alrededor de determinadas demandas e
injusticias sociales. Sin embargo, sus propias formulaciones se convierten en un
corsé epistémico toda vez que no permiten repensar el carácter emancipatorio de la
acción contrapública si esta no se erige alrededor de un zócalo de semejanza y una

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
vocación publicista que se dirige a una esfera pública más extendida -la corriente
principal en un momento dado y la esfera oficial-.

~I~

Mi llamado se dirige a re-enmarcar el debate sobre acciones comunicativas


contestatarias que no dependan ni de cierta semejanza entre los intereses ni entre
las identidades o modos de expresión y experiencia de las opresiones de quienes
se organizan alrededor de tales acciones. Reconozco en el esfuerzo de Fraser que
la inclusión del concepto de “paridad participativa” pretende satisfacer la necesidad
de lidiar con los conflictos y las diferencias en la arenas intra e interpúblicas. Sin
embargo, sostengo que el mecanismo que propone conlleva una impronta que depara,
al menos, dos problemas. Por un lado, reduce socialidades, intenciones y prácticas
a su existencia pública cuando lo público, de acuerdo a su modelo, se define por
la presencia en todo debate o protesta, a través de una interpelación específica, de
los resortes discursivos tanto de la corriente dominante de pensamiento como de
las instituciones de carácter oficial que tienen potestad para sancionar normas que
los/as miembros de una sociedad deben acatar. Por otro, se monta en asunciones
de la realidad comunicacional que no son explicativas de las hebras de poder que la
atraviesan.
Interpretando el horizonte de la protesta protagonizada por el Movimiento
LGTTBI en Argentina de acuerdo a la clave que nos brinda Fraser, la actividad
contrapública que este movimiento encarna se debe dirigir ineludiblemente a disputar,
por ejemplo, los sentidos socialmente disponibles asociados a las
“homosexualidades” tanto en los medios masivos como en los resortes institucionales
del Estado. En ese sentido, la descriminalización del uso de prendas que no se
corresponden “al sexo del peatón” en la vía pública en algunos de los edictos policiales
de cada jurisdicción sería un logro vinculado al accionar contrapúblico de dicho
Movimiento.
Lo que cuestiono entonces es si este modelo de teorización de lo público no
desatiende, y por tanto desvaloriza, una dimensión efervescente de prácticas y
discursos que se insinúan públicamente y que re-definen los márgenes y el sentido
de lo público pero sin dirigirse ni a la corriente principal de pensamiento en un
contexto dado ni a los resortes institucionales que ostentan el poder de sanción y
legislación en tal contexto. A la vez, hay un tipo de conversación que desprivatiza
una serie de asuntos ocultados por la hegemonía en su afán de mantener
relativamente estable el status quo y cuyo origen no puede vincularse a un racimo
de grupos o colectivos que trabajan organizadamente en base a sus intereses
comunes sin negociar, debatir y ofrecer a diferentes niveles de inteligibilidad sus
necesidades, experiencias y deseos; todo lo cual expresa tensas diferencias. Por
tanto, afirmar que es posible identificar una comunalidad o semejanza de intereses
es asumir, desde el espacio de la teoría, que los intereses y los modos de expresarlos
pueden ser efectivamente reducidos a un denominador común. Es una distancia
extremadamente corta la que existe entre tal argumento y la clara violencia ejercida

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PEDRO JAVIER DI PIETRO
hacia quienes no dominan una “lengua franca” cuando se les impone negociar sus
demandas y necesidades en la esfera pública. Si podemos reconocer tal violencia,
necesariamente tenemos que sentirnos sensibilizados a identificar la violencia
implícita en el argumento de Fraser en torno al requerimiento de “semejanza” entre
los intereses de quienes dan cuerpo a un contrapúblico.
Diferentes colectivos o agrupaciones de izquierda así como otras redes no
afiliadas políticamente pertenecientes a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA)
han conformado una coalición de lucha por su presencia en la vía pública. Vendedores/
as ambulantes, Trabajadoras Sexuales y Travestis que comercian sexualmente,
junto a otras agrupaciones que apoyan sus reclamos, desarrollan intervenciones
políticas que les permite, aún con tremendas dificultades, seguir ocupando el espacio
que sustenta su supervivencia en un clima de represión y reorganización del “territorio”
de la ciudad. La vía pública parece convertirse en el mentado interés en común que
impulsa su trabajo político conjunto; basta con agudizar nuestra posibilidad de
escucha para darse cuenta que la vía pública para los/as diferentes afectados/as
ocupa heterogéneas posiciones en la economía vital/afectiva/política de cada uno/a
de ellas. La heterogeneidad en los sentidos asignados a la vía pública no sólo es
simbólica sino que materializa disposiciones, obstáculos y posibilidades que se
vinculan íntimamente a la supervivencia de quienes se convocan para luchar por
esta causa.
No se trata meramente de una causa en común sino que, a través de
deliberaciones que dan cuerpo a la intervención contrapública, se construye,
tentativamente, un puente de contacto que se abre a múltiples arribos y otras tantas
derivaciones. El puente de contacto al contar con tales derivaciones permite reconectar
otros tramos de protesta y comunicación contestatarias; por tanto, no se trata del
“único” puente que habilita las conexiones contrapúblicas sino que a través de sus
entradas y salidas se dispersan intereses, demandas y necesidades que se resisten
a ser encorsetados en un común denominador como requerimiento para prolongar
la unión de quienes se encuentran por medio de tales intervenciones discursivas. El
espacio de trabajo, el medio de supervivencia, que estos sujetos se resisten a
desocupar existe como una porción de vida que articula sus carencias, deseos y
posibilidades. Esa articulación reviste contradicciones históricas de acuerdo a las
diferenciadas trayectorias vitales de sus productores y ocupantes. Esta comprensión
de sus diferenciadas producciones del espacio que les resulta imprescindible imprime
ciertas sospechas, al menos una, sobre la rapidez con que la versión de
contrapublicidad de Fraser y Felski se deshace de las diferencias para recuperar la
semejanza. En busca de un vocabulario alternativo sobre el espacio contrapúblico,
la semejanza y la comunalidad de intereses son delatados como ficciones que
acompañan perniciosamente formas de la protesta social que suelen estructurarse
en jerarquías y que si bien son contestatarias, corren el peligro de perecer por su
invisibilizada verticalidad y maltratados mecanismos democráticos.
El vocabulario de la semejanza y la comunalidad, y las prácticas que lo
encarnan, se deshace rápidamente de la complejidad comunicativa que una
democracia deliberativa radicalizada precisa. Pretendo ahondar en esta discusión
en los próximos apartados.

182
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
HOMOGENEIDAD Y HETEROGENEIDADES

“Tremenda ironía” la de Fraser (En Benhabib – Cornell, 1990: 49-88), para


parafrasear su crítica a Habermas, que nos deja en seco sin una forma adecuada
de analizar los conflictos y discrepancias en el campo intrapúblico. Tampoco llega
a dar cuenta de que las diferencias no siempre son insoslayables ni tampoco
irreconciliables y debilita así las potencialidades de encontrar una vena emancipatoria
en la contrapublicidad, si es que esta se entiende en el marco de la necesidad de
hacer espacio para múltiples voces e intervenciones e incluso múltiples proyectos
dentro de una o diferenciadas esferas de acción y comunicación.
De acuerdo a la interpretación del trabajo de Fraser y Felski que propongo
aquí, paso a explicitar los argumentos que indican que la paridad participativa puede
ser considerada como un idioma de razón pública, para llevar a resolución los conflictos
por la distribución y el reconocimiento, solo si se desestima la heterogeneidad
tanto de las múltiples intenciones y actividades cognitivas como del mismo escenario
de la interacción discursiva que se despliegan en la esfera contrapública. Esta
tarea es pertinente en vista a la necesidad de revisitar las interpretaciones de
realidades comunicativas que subyacen tanto a las categorías como a las prácticas
que se sugieren en la teoría social y en la acción social como orientaciones de la
praxis política del presente.

~I~

Tanto Iris Marion Young como María Lugones han elaborado sobre versiones
de lo público que intentan enfatizar el carácter heterogéneo de los reclamos y
demandas de grupos heterogéneos. La primera de ellas resalta la necesidad de
sentar las bases para una participación diferenciada de acuerdo a la existencia de
diferencias grupales y en vista a que “algunos grupos están, potencial o realmente,
oprimidos o en situación de desventaja” (En Castells, 1996: 111). Por tanto, un
modelo democrático de deliberación (13) debe proveer mecanismos para la
“participación y reconocimiento efectivos de distintas voces y perspectivas” de grupos
oprimidos o en desventaja. Se trataría entonces de una “representación grupal”,
asumiendo que quienes experimentan opresiones poseen trayectorias, historias,
perspectivas, prácticas y discursos diferentes sobre la vida social. Young explica
que los grupos están conformados por sujetos/as que si bien pueden presentar
afiliaciones, y estar cruzados/as por las historias y experiencias de otros grupos,
suelen definir cada uno de sus intereses, necesidades y vida, así como las
percepciones de las necesidades y de los intereses de otras personas, como
“parcialmente estructuradas a través de la experiencia y la identidad basada en [un]
grupo [particular]” (En Castells -comp.-, 1996: 111-113).(14)
Young argumenta a favor de la idea de “público heterogéneo” que alude a una
concepción de público cívico que asume la heterogeneidad en vez de intentar reducirla
a algún tipo de unidad, como la construcción habermasiana por ejemplo (15). Fraser
también reclama esa heterogeneidad al trabajar la idea de contrapublicidad como
repliegues discursivos en competencia aunque carece, como lo subrayé

183
PEDRO JAVIER DI PIETRO
anteriormente, de una articulación teórica que de cuenta de tal heterogeneidad en
los diversos enclaves que precisamente dan cuerpo a los contrapúblicos. Para
Young, “la inclusión y participación de todos(as) en la discusión pública y la toma
de decisiones requieren mecanismos de representación grupal”. Para la autora, los
grupos arriban al debate público y a la toma de decisiones en tensión entre diferentes
posicionamientos, uno de especificidad grupal y otro de apertura pública. Trata así
de subrayar la densidad de las diferencias grupales y de las diferencias hacia el
interior mismo de cada grupo. Por ello, explica las diversas afiliaciones entre las
que se mueve cada componente del grupo pero no alude, en profundidad, a los
espacios de “conversación” en tal arena grupal compartida. Para Young, es necesario
pensar en formas de atender a la heterogeneidad de cada componente de cada
grupo y no esperar una coherencia generalizada en sus prácticas. Si considera que
el grupo no es una totalidad homogénea es porque, a la vez, no mantiene una idea
de sujeto como unívoco, sino múltiple y plural.(16)
Hasta aquí, podemos reconocer que tanto Young como Fraser presentan
una versión del ámbito público que se orienta a dar cuenta de la potencia pluri y
contradiscursiva que grupos y/o participantes despliegan en los debates
democráticos. A la vez, abordan diferentes instancias de comunicación, al interior
de los grupos oprimidos (intrapublicidad) y al exterior de los mismos (interpublicidad).
Es la primera de ellas quien intenta avanzar sobre la conflictividad de las filiaciones
grupales, sujetos/as que no pertenecen a un solo grupo y que precisan de formas
de emplazar sus experiencias y perspectivas como estructuradas entre diversos
grupos (17). Sin embargo, como lo señala Lugones (1994), Young alcanza a
indicarnos una de las raíces de la problemática pero carece de sugerencias que
expliquen “las formas de atender a la heterogeneidad de cada componente del
grupo”. Como apunté arriba, tanto Nancy Fraser como Rita Felski nos abandonan
casi en el mismo lugar que lo hace Young aunque el argumento de esta última
enfatiza las tensas diferencias y afiliaciones de los componentes de los contrapúblicos
sobre el zócalo de semejanza que aquellas privilegian.

~ II ~

María Lugones sostiene, en su artículo “Purity, Impurity and Separation” (1994),


que Young llega a identificar el problema de la fragmentación que domina las
instancias de debate en el espacio público. Además coincide en repensar estas
deliberaciones en términos de un “público heterogéneo”. Sin embargo, Lugones
también sugiere que la teorización de Young no alcanza a ofrecer solución a la
fragmentación del sujeto sino que solo señala ese conflicto. Lugones subraya que
es preciso atender a la multiplicidad de los/as sujetos que dan cuerpo y vida a lo
que Young llama grupos mientras que Fraser y Felski denominan contrapúblicos.(18)
Voy a sostener, siguiendo a Lugones, que solo atendiendo a la multiplicidad
de espacios -en los que se despliegan diferentes socialidades- e intenciones es
posible construir versiones de esferas de comunicación y acción que no abstraigan
ni reduzcan las experiencias, vidas e intereses de los/as sujetos. En sus

184
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
formulaciones, ella considera que la fragmentación de los/as sujetos es una
consecuencia de la opresión del grupo donde la opresión grupal sigue la lógica de la
unidad, de la pureza (19). Comprender este problema es enfrentarse con la cuestión
de la “heterogeneidad” pero no solo de los grupos o contrapúblicos sino también de
cada uno/a de sus componentes.
Para comprender las modalidades específicas que adopta el conflicto de la
heterogeneidad de cada componente de los contrapúblicos, recurro a la formulación
de “transparencia y densidad cultural” que Lugones nos convida como metáfora
epistémica en el siguiente párrafo que cito: “La densidad y la transparencia están
emparentadas con los grupos. Con respecto a un grupo, los/as individuos son
transparentes si es que perciben sus necesidades, intereses, modalidades, como
si fueran los de su grupo y si tal percepción se convierte en dominante o hegemónica
dentro de él. Los/as individuos son densos si es que están concientes de su otredad
en el grupo, de que sus necesidades, intereses, modalidades, están siendo relegados
a los márgenes por las políticas grupales de confrontación interna. Entonces, como
transparente, se pierde la sensibilidad sobre aquello que a una/o lo/a diferencia con
respecto a los/as demás miembros del grupo. La fragmentación personal implica
que los intereses, necesidades, formas de percibir y de valorar las cosas, personas
y relaciones, no son entendidos simplemente como vinculados con la membresía
grupal sino como si fueran las necesidades, intereses y modalidades de los miembros
transparentes del grupo. Aquellos/as que sean miembros densos son erosionados.”
(20) (1994: 17) De esa manera, a la vez, los miembros densos de diversos grupos
oprimidos -contrapúblicos en términos de Felski y Fraser- se transforman en
componentes accesorios de los miembros transparentes de esos grupos. La
desagregación grupal es una forma a través de la cual la fragmentación social y la
lógica de la pureza (21) se expresan. Tal desagregación es funcional al impulso de
fragmentación que el capitalismo empuja como modo de desarticulación de la
protesta social.

~ III~

La Marcha del Orgullo en Argentina, organizada por una Comisión que reúne
a diversas agrupaciones de Lesbianas, Gays, Travestis, Transexuales y Bisexuales,
provenientes mayoritariamente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA),
consensúa año tras año una consigna para la convocatoria que se lleva a cabo los
primeros días de noviembre. En ocasión de la convocatoria para el año 2003 se
decidió adoptar la consigna “Vamos por todos nuestros derechos”. La misma
respondió al particular contexto creado por la promulgación del primer reconocimiento
legal de “uniones civiles” -incluidas parejas del “mismo sexo”- por parte de la
Legislatura de la mencionada ciudad en Diciembre de 2002. Se trata de un hito no
sólo en la historia del país sino también de todo el continente americano. Si bien
este logro por el reconocimiento formal de cierto status legal a las uniones entre
parejas del mismo sexo, hasta entonces desprotegidas, fue el fruto del trabajo
colectivo de diferentes sectores de activistas, mediáticamente la ley se asoció al

185
PEDRO JAVIER DI PIETRO
cabildeo liderado por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y en menor
proporción por la organización de lesbianas La Fulana. La consigna consensuada,
cuyo carácter representativo es peculiarmente ambiguo debido al tipo de interacciones
que reina en los encuentros organizativos –de los que he participado en varias
ocasiones-, da cuenta de la desagregación que se instaura como patrón de
comunicación hacia el interior del Movimiento LGTTBI en este país. Durante las
reuniones organizativas donde se decidió la consigna, se discutió que la misma
indicaba que una vez aprobada la Unión Civil en la ciudad de Buenos Aires era el
momento apropiado para reclamar por los derechos de todos/as los/as miembros
de la comunidad LGTTBI. Incluso se sugirió expresar ese propósito del siguiente
modo: “Ahora Vamos por todos nuestros derechos”.
La incorporación del adverbio “ahora” implica que “antes” el esfuerzo fue
entendido como un punto de partida cuya meta era proteger a las parejas del mismo
sexo de CABA únicamente. Dado que las relaciones de fuerza augurarían un posible
triunfo en la Legislatura de CABA, el Movimiento LGTTBI se movilizó en torno a tal
demanda. La referencia a que de ahora en más el Movimiento va a luchar por “todos”
los derechos de personas LGTTBI indica que la Unión Civil fue un proyecto que, en
términos de logro efectivo, favoreció especialmente a algunos/as de estas personas,
en particular a quienes, de acuerdo a sus formas de presentarse públicamente, no
desestabilizan la naturalización que socialmente se instaura entre sexo y género.
Es por esa razón que, aún después de la aprobación del Proyecto de Unión Civil,
travestis y transexuales residentes en CABA sólo pueden acceder al Registro de
Uniones Civiles si comparecen ante este junto a sus respectivas parejas
presentándose como individuos del mismo sexo (22). La consigna sugiere que el
Movimiento, o al menos su tradicional “cúpula”, intentó un acto de responsabilidad
y sinceramiento al apuntar que si bien el Proyecto de Unión Civil catalizó esfuerzos,
energías y financiamiento que se promovieron como vehiculizadores del mejoramiento
del “status” de toda la comunidad, respondió efectivamente a los intereses y
demandas de gays y lesbianas que conviven y viven en el centro urbano por excelencia
del país donde los parámetros de visibilidad/invisibilidad son guiados por la mayor
anonimia de la metrópolis. Finalmente, la apelación al carácter corporativo del nuevo
reclamo -la utilización de “nuestros” como inclusivo- señala que la aprobación del
Proyecto de Unión Civil en la CABA, aún cuando fue representada como una demanda
que afectaría a la “comunidad” en su conjunto, es una realización que efectiviza los
reclamos particulares de quienes son percibidos –y se presentan- como las voces
nucleares del Movimiento LGTTBI en Argentina. Estas son las voces mayoritariamente
de Gays que pertenecen a la región del Río de la Plata.
La consigna “[Ahora] Vamos por todos nuestros derechos” envuelve cierta
violencia ligada a una actitud de condescendencia. A la vez, instaura solapadamente
una negociación que transpira exclusión y carece de una comprensión de “comunidad”
que pueda vincularse con mecanismos democráticos radicalizados. Esta
negociación implica que el Movimiento se entiende a sí mismo, de acuerdo
a las voces “representativas” de este, como conformado por miembros cuyos
intereses, demandas y tradiciones son semejantes. Si bien la consigna delata,

186
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
al propio pesar de quienes la consensuaron, que sus luchas políticas se establecen
de acuerdo a los intereses particulares de ciertos miembros, el llamado a trabajar
de ahora en adelante por los derechos de todos/as refuerza el tono pactado con
anterioridad. No se trata entonces de avanzar sobre las demandas de toda la
comunidad ya que poco se hace para comprender la heterogeneidad inherente de
quienes son imaginados/as como miembros de tal colectivo. Se trata, por el contrario,
de asumir que “nuestros” derechos -los reclamos de pocos, a mi parecer- coinciden
por semejanza con las necesidades por reconocimiento del resto de la comunidad
LGTTBI. Convocar a que “Vamos por todos nuestros derechos” se monta en
dos presuposiciones: que los componentes que lideran el Movimiento
reconocen las diferencias entre los reclamos que afectan a un grupo
específico de la comunidad y los del resto de ella; y que existe una semejanza
entre los/as miembros que subyace a aquellas diferencias y que tal
semejanza permitiría arrogarse la comprensión de esas diferencias para
convocar a la comunidad a luchar por demandas que, sin dudas, redundarán
en mayor reconocimiento y bienestar para la totalidad de tal colectivo.
Convocar a luchar por “todos nuestros derechos” es un modo, particularmente
violento y antidemocrático, de sumar automáticamente a sujetos que han sido presos/
as de marginalización al proyecto imaginado por quienes ocupan la cúpula discursiva/
prescriptiva de este Movimiento. No se trata de un proyecto comunicativo en el que
la efervescencia contrapública se formule a través de un reconocimiento de diferencias
a través de diferencias y que por tanto desafíe la lógica de la transparencia y la
densidad cultural. “Vamos por todos nuestros derechos” es dirigirse a los miembros
marginales de la comunidad para explicarles que de ahora en más y de acuerdo al
entendimiento de los miembros transparentes de la comunidad LGTTBI, los reclamos
e intereses de quienes son marginalizados finalmente coinciden con los
pertenecientes a quienes se perciben como transparentes. La coincidencia es
resultado de un marco de referencia que asume que la semejanza y la comunalidad
son los pilares que fortalecen la unidad del Movimiento. La coincidencia entre los
reclamos e intereses de los/as miembros densos y los de los/as miembros
transparentes es una coincidencia ficticia. Tal ficción descubre el carácter
condescendiente de la premisa de la Marcha y revela que la distancia que se extiende
entre los diferentes mundos de tradiciones y valores de unos/as y otros/as miembros
de la Comunidad LGTTBI es constantemente diferida como posibilidad a recorrer.

~IV~

Resulta enriquecedora la propuesta de María Lugones para dar cuenta de las


dinámicas contrapúblicas y los conflictos que pueden comprenderse al acercarse
al terreno político con un marco comunicativo que de cuenta de las membresías
densas y transparentes que señalé al analizar la consigna de la Marcha del Orgullo
del año 2003.
Como ya lo adelanté, el modelo de relaciones de poder en el espacio público
que el aporte de Fraser ofrece no nos sugiere modos de reconocimiento y análisis

187
PEDRO JAVIER DI PIETRO
de las marginalidades, densidades y transparencias que integran la esfera
contrapública. En su modelo, el problema de la falta de reconocimiento o de mala
distribución se vehiculiza a través de un mecanismo normativo que denomina “paridad
participativa”y que, bajo lo que se entiende como “doble aplicación”, actuaría en la
arena pública “oficial” –intergrupos- y en el ámbito de cada contrapúblico -“minoría”/
intragrupo- (Fraser, PRIGEPP, 2002). El posible medio que se subraya, la paridad
participativa, canalizaría la representación grupal en cuestiones de justicia cuando
se apela al público amplio y enfrentaría, por una nueva aplicación del mecanismo,
las vicisitudes intragrupales que ejemplifiqué en los párrafos anteriores.
A pesar de su mentada utilidad, la paridad participativa se expone como un
mecanismo normativo y por tanto no hace lugar para dar cuenta concretamente
de la heterogeneidad de los componentes intragrupales y esto conduce a
percibir a cada uno de ellos como unidades discretas y abstractas. Si bien la
pretendida homogeneidad se sugiere como elemento que fortalecería la unidad y
coherencia de un contrapúblico en las propuestas de Fraser y Felski, la primera
sostiene que su modelo es lo suficientemente flexible como para explicar las
tensiones entre heterogéneos entendimientos de opresión, necesidades y demandas
al interior de repliegues contrapúblicos. Invitada a reflexionar sobre lo que he señalado
como ausente en su planteo, nos responde de la siguiente forma: “cuando propongo
la idea de una paridad participativa como estándar para justificar los reclamos por
justicia social, insisto en que este estándar no puede ser aplicado monológicamente,
sino que debe ser aplicado dialógicamente, con debates donde se toma y se da, en
los cual los juicios conflictivos sean respetados y las interpretaciones del rival sean
sopesadas. [...] Y también argumento que esos efectos sólo pueden ser determinados
dialógicamente y discursivamente a través de un proceso democrático de debate
público. Eso es porque entiendo la paridad participativa como un idioma de
contestación pública y deliberación acerca de cuestiones de justicia, el lenguaje
preferido para llevar adelante la argumentación político-democrática en cuestiones
de reconocimiento y distribución.” (PRIGEPP, 2002, subrayado en el original)(23).
La respuesta que Fraser ofrece se sugiere poco sensible al núcleo del
cuestionamiento que se le plantea. En su respuesta nos aclara, una vez más, que
su enfoque se apoya en una teoría de deliberación pública y esferas públicas en
competencia. En ellas, para resumir lo ya abordado, considera que “bajo condiciones
de inequidad económica y subordinación de status, caben arreglos que permiten
una débil red de múltiples públicos, incluyendo ‘contra públicos subalternos’ que
pueden promover deliberaciones democráticas más justas que las deliberaciones
de una única esfera publica omniabarcativa”. Esta parte de su respuesta es una
reseña de lo apuntado al inicio de este artículo. Luego, y esto sí es un elemento que
se suma, insiste que el suyo es el único enfoque que puede trabajar adecuadamente
con cuestiones de “densidad” y “transparencia”. Según su criterio, esas cuestiones
deberían entenderse como aspectos de la teoría discursiva y la teoría de lo público.
Puede inferirse que, en su lectura, los conceptos de densidad y transparencia
complican y extienden esas teorías proveyéndolas de un lenguaje más matizado
para hablar de las asimetrías de poder que tiñen la deliberación en las esferas

188
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
públicas, tanto en los contrapúblicos subalternos y en el ámbito de la corriente
principal de pensamiento en un contexto histórico determinado como en esferas
públicas oficiales.
Si bien Fraser está forzada a reconocer que estos conceptos son una
contribución a su discurso teórico sobre la justicia democrática, sus propias
asunciones sobre la esfera pública deshabilitan la posibilidad de reconocer los
truculentos modos a través de los cuales su entendimiento categorial –abstracto-
de lo público y de la paridad participativa reduce no solo las complejidades de lo
social pero especialmente de las acciones e intenciones contestatarias de las que
aquí nos ocupamos.
Además, su modelo asume que la efervescencia de un contrapúblico
subalterno se dirige inevitablemente a afectar una esfera pública más amplia que la
autora reconoce, aunque no precisamente en estos exactos términos, como cooptada
por los resortes dominantes, tanto institucionales como los pertenecientes a la
corriente de pensamiento privilegiada en un momento dado. Debido al énfasis que
otorga, por un lado, a la semejanza como principio modelador de los contrapúblicos
y por otro, al ímpetu publicista como vocación discursiva de estos, Fraser se coloca
en similar posición a la de los sujetos transparentes en el argumento de Lugones.
Una posición que, quizás por su frágil lazo con las luchas realmente existentes –
las cuales enuncia pero con respecto a las cuales no se identifica ni se posiciona-
, carece de experiencias en el terreno contradiscursivo que den cuenta no sólo de
posibilidades comunicativas aún a través de tensas diferencias y complicadas
heterogeneidades sino también de un registro comunicacional que no es inteligible
en los términos de los resortes discursivos hegemónicos. Este tipo de registro, si
bien puede expresarse/insinuarse ante los resortes discursivos dominantes, no se
dirige a ellos sino que, por el contrario, pretende cultivar comunicación a espaldas
de la dominación.
Reformular los entendimientos de lo público y de lo contrapúblico de modo
que tanto “transparencia” como “densidad cultural” no se conviertan en meros aditivos
a la teoría discursiva ofrecida por Fraser es un paso necesario en la radicalización
de nuestra teorización y nuestra práctica política. Tanto las marginalidades entre
los márgenes como la esfera discursiva entre tales márgenes son elementos
centrales que rechazan, por un lado, una comprensión de la esfera
contrapública como homogénea y, por otro, una desorientación política que
asume que cualquier posibilidad contestataria se dirige únicamente a
intervenir en las esferas deliberativas cooptadas por la dominación.
La respuesta de Fraser a la crítica que se le presenta expone la escasa
sensibilidad categorial de su modelo, indicándonos que apoya y defiende las dos
cláusulas que subrayamos: a) Toda deliberación o acción discursiva debe extenderse
hacia una esfera pública oficial, “una imagen ideal del público general” para que sea
juzgada a la luz de los estándares generales; b) Tanto los contrapúblicos en los
debates interpúblicos como los/as sujetos en el debate intragrupo definen su status
como participantes de las deliberaciones en base a la comunalidad / semejanza
entre ellos/as.

189
PEDRO JAVIER DI PIETRO
Dentro de tales términos, la membresía grupal estaría supeditada, para quienes
son marginalizados/as en tal repliegue, a asumir como propios los reclamos,
percepciones, necesidades y experiencias de los/as miembros transparentes de
cada grupo. Es interesante notar que los miembros transparentes de cada grupo se
conciben a sí mismos como ajenos a la efervescencia discursiva que las diferencias
constitutivas de la acción contrapública provocan. A la vez, y este es un vínculo a
indagar en otro momento, la posición teórica de Fraser, debido a su abstracción de
los componentes intragrupales, ignora esa misma efervescencia que podría insinuar
campos de acción contestataria que abracen las diversas intensidades de
heterogéneos registros y orientaciones comunicacionales.

~V~

De acuerdo al horizonte público descripto por Fraser, y en consecuencia a lo


dictado por la primera de estas cláusulas arriba apuntadas, nos encontramos en un
paisaje en el que las luchas en resistencia a la dominación y diversas formas de
subordinación deben darse en forma fragmentaria, separada; cada minoría habrá de
arreglárselas para debatir y transformar las condiciones del debate como también
sus contenidos y emergentes a través de apelaciones al público general.
La segunda de estas cláusulas nos deja con una paridad participativa que
precisa de grupos que se imaginan como compuestos por sujetos/as homogéneos/
as y por tanto marginaliza a quienes son percibidos como “diferentes” al interior de
un repliegue subalterno. El ansia por tal homogeneidad es impulsada por la creencia
que la solidez de un contrapúblico subalterno depende de la coherencia interna que
solamente la semejanza y la homogeneidad de sus componentes pueden brindar.
El enlace entre ambas cláusulas resulta en que lo público, en términos de la
teoría deliberativa de Fraser, toma la forma de repliegues -claramente delimitados
debido a la homogeneidad de sus intereses, tradiciones y demandas- cuya intención
comunicacional se dirige a “participar” en el debate amplio que tiene lugar ante los
resortes “democráticos” convencionales de lo público burgués. Las comillas en
esta última afirmación son especialmente importantes ya que connotan que la
participación no es radicalmente democrática ya que las condiciones y el
“lenguaje” (24) de la deliberación son barajados por los mandatos (oficiales
o extra-oficiales) del público burgués. Los resortes “democráticos” no son tales
debido a la cooptación y hegemonización de los mismos por parte de quienes
ocupan las posiciones claves en los públicos oficiales y en aquellos que propagan
y refuerzan la corriente principal de pensamiento. Si la teoría deliberativa de Fraser
sostiene que los contrapúblicos subalternos, los que hemos revelado como
homogéneamente concebidos, buscan y solicitan contestar los significados
legitimados a través de deliberar con tales resortes, lo que se implica es una
connivencia manifiesta entre participantes transparentes de tales contrapúblicos y
quienes ostentan los espacios decisorios no sólo en los llamados públicos fuertes
sino también en ese terreno difuso que se denomina la opinión pública. Como la voz
contrapública sería representativa de la homogeneidad asumida entre los
componentes de tal repliegue discursivo, el debate público se limita a una conversación

190
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
entre miembros transparentes de un contrapúblico específico –o entre varios pero
por separado- y el público amplio. Como las luchas que contestan los significados
vigentes son extremadamente sensibles a los resortes legitimados como productores
y guardianes de las condiciones de toda conversación pública en un específico
contexto socio-histórico, los contrapúblicos subalternos estarían destinados a
distorsionar sus experiencias para vehiculizarlos en ese ámbito. (25)
En su descargo, Fraser argumenta que el núcleo de la deliberación pública,
aún cuando la misma se despliegue al interior de repliegues subalternos, es un
mecanismo con el que se toma y da, en el cual “los juicios conflictivos [deberían
ser] respetados y las interpretaciones del rival [deberían ser] sopesadas”. Los
corchetes en esta cita señalan mi intervención para apuntar el casi invisible desliz
que tal afirmación disfraza. En su versión original, Fraser expresa un deseo, aunque
peculiarmente conjuga su afirmación en presente, cuando indica que a través de
ese mecanismo “los juicios conflictivos son respetados y las interpretaciones del
rival sopesadas”. La necesidad de los corchetes para revelar una formulación que
parece subyacer a la expresión deseosa de Fraser, nos permite apreciar el carácter
normativo de su planteo ya que en la versión en inglés de toda su respuesta nos
indica que la deliberación pública “debe” cobrar la modalidad que ella describe. Que
su modelo revista tal carácter, nos invita a re-considerar si sus teorizaciones dan
cuenta de luchas “realmente existentes” o de una abstracción de las mismas o de
descripciones deseosas que dejan de lado la concretitud de retículas de poder que
se difuminan en la microfísica de las relaciones sociales.
La teoría discursiva expuesta por esta filósofa política recupera el paradigma
de la “ética discursiva” de Jurgen Habermas –se trata, por supuesto, de una versión
del mismo sometido a una crítica feminista-. Este dialogismo que podría obsequiarnos
la posibilidad de cierta inteligibilidad recíproca asume, sin embargo, particulares
marcos de percepción/comprensión de lo comunicacional como así también de las
condiciones comunicacionales que restringen su potencial radical. La subyacente
homogeneidad entre diferentes sujetos subalternos que develamos en sus planteos
nos indica que Fraser concibe el lenguaje como mero instrumento de comunicación.
Que su modelo sostenga que cuestiones de “densidad” y “transparencia” pueden
resolverse a través del mecanismo deliberativo que delinea implica que el medio
comunicativo utilizado para la deliberación es ajeno a las relaciones de poder que
afectan la historia de dicho medio. Para Fraser, las relaciones entre sujetos
subalternos están mediadas no sólo por una identidad en común sino también por
un lenguaje en común, lo que habilitaría, en su lógica, la semejanza que ella
acentúa como rasgo distintivo de un contrapúblico subalterno. El argumentar que
un idioma como la paridad participativa habilitaría un intercambio
democrático a través del respeto de los juicios que se opongan entre sí y el
continuo sopesamiento de las posturas antagónicas revela que el modelo
propuesto no es sensible a las relaciones de dominación que mantiene a
diversos lenguajes, sus mundos de significación, valores y tradiciones, en
una tensión que precisa, ciertamente, de un tipo de comunicación que exceda
la mera concurrencia a un espacio deliberativo.

191
PEDRO JAVIER DI PIETRO
~VI~

Retomando la discusión sobre la deliberación llevada a cabo, en sucesivas


reuniones, en los encuentros organizativos de la Marcha del Orgullo LGTTBI del año
2003, la presencia e intención deliberativa de algunos/as participantes del llamado
“interior” del país en ellos habilita una lectura que subraya la necesidad de re-
considerar seriamente la presuposición no sólo de semejanza intragrupal en la
esfera contrapública sino también de lo que podríamos entender como asepsia de
la razón monológica. Esta última intenta describir la asunción en la que cae Fraser,
y versiones de contrapublicidad afiliadas a su obra, cuando concibe al lenguaje de
la deliberación como higiénicamente ajeno a las emotividades diferenciales
provenientes de las tensas y contradictorias realidades de quienes intervienen en
una conversación. Un lenguaje, de esa forma concebido, habilita el reforzamiento
de una experiencia de identidad en común que hemos expuesto como central para
los planteos de esta filósofa.
Las reuniones deliberativas y otras conversaciones que se mantuvieron
alrededor de la adopción de la consigna citada dan cuenta de maniobras
discursivas que constantemente erosionan toda posibilidad de disenso no
solo al cuartar la posibilidad de la palabra sino también al asumir la fluidez
de todos/as los/as participantes en la lengua grupal que se consagra
implícitamente como tal.(26)
Las realidades que dan cuerpo al habitar de sexualidades que no se conforman
a la heteronormatividad se moldean en la intersección de múltiples historias de
dominación y explotación. Los arreglos contemporáneos de la sexualidad en la
porción del espacio periférico del norte montañoso de Argentina, profundamente
cruzado por su afiliación con la cultura andina y la de los pueblos originarios
enlazados al otrora Imperio Inka, condensan siglos de arduo conflicto en la ebullición
misma del aparato colonial como de la máquina de modernidad y reforzamiento
nacional. El carácter altamente contextualizado de las formaciones del género y la
sexualidad en tal región animan modos de comunicación erótica y de expresión
sexual que grafican el nivel de inconmensurabilidad de tales realidades a contrapelo
de los arreglos dominantes en la región del Río de La Plata. Los entendimientos,
modos de comprender y expresarse, y valoraciones de quienes transgreden los (o
ciertos) cánones heterosexuales en el noroeste de Argentina conforman realidades
conflictivas que se hacen inteligibles con tremenda opacidad.
Los enclaves homoeróticos de San Pedro y San Salvador de Jujuy –ciudades
en las que he vivido, discontinuamente, por alrededor de 25 años- conjugan
contradictoriamente prácticas que no sólo subvierten el orden heterosexual de género
sino que también desestabilizan el mismo ordenamiento binario que prescribe tal
compulsión a la heterosexualidad. El horizonte de pobreza y desocupación negocia
la aparición de maricas y otros nubarrones de afeminados y locas en la geografía
diaria de los barrios marginales. La presencia marica, tantas veces un lugar común
en el recorrido de las señoras durante las compras cotidianas, se convierte a menudo
en la costurera o niñera que, aplicadamente, se encarga de zurcir, remendar y

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
crear, con retazos de tela, un vestidito para la vecina o sus hijas. Esa presencia
enfrenta la mirada y el hostigamiento estigmatizadores de vecinos y vecinas que
impiadosos vigilan la economía sexual de las cuatro paredes, cuando las tienen,
que “protegen” a maricas y travas. “Que ese se la come”, es el murmullo constante
que puebla las espaldas de maricones y maricas a diestra y siniestra. Y sin embargo,
nos movemos, insinuándonos maricamente en el tejer incesante de telarañas eróticas.
Algunas trabajan la calle, otras se rebuscan en una que otra peluquería de barrio
donde despliegan sus “tejes” ante los ojos aprobadores de su clientela desocupada.
Me cuenta, casi avergonzado, que volviendo de su clase de danza, lo señaló
la policía y lo metieron en cana. “Vagabundeo”, lo ficharon. Su vergüenza me interpela
casi con un gesto que me perturba. Me dice que lo peor fue que su hermano lo tuvo
que ir a sacar –su hermano conoce a algunos policías. Yo quiero que me cuente
con detalle, con todo detalle, el procedimiento. Que dónde estaba caminando; por
cuál calle; a qué hora, estaba levantándose a alguien en la vía pública? Me responde,
casi como un trámite. Pero parece escucharme; claro que me escucha porque
percibe que mi preocupación lo interpreta bajo una luz bastante ajena a su deambular
erótico. Y yo continúo, cumpliendo al pie de la letra las reglas enunciadas en “mi”
imaginario manual del gay politizado. Su familia, piensa él. Que no puede hacer de
esto ningún asunto político. Su familia “coya”. Los ojos urbanos lo emplazan en ese
rótulo anacrónico que hierve en el mismo tacho a indios, “bolitas” y criollos “oscuros”.
Me reconozco exasperadamente en su gesticular que derrocha rabia pero también
ese sabor robado en una noche lujuriosa. Me desencaja porque presiento su excitación
ante la virilidad policíaca que lo metió a un calabozo, por tres días. Y casi sin
articulación posible, cedo ante su girar de ojos que entremedio de un tímido delinear
de labios sonrientes me insinúa una posibilidad casi intraducible. Ahí viene, ahí
viene, me digo a mí mismo entre escalofríos. “Si no fuera por el ‘zunga-zunga’ que
nos dimos con el cabo”.
“[Ahora] Vamos por todos nuestros derechos” es una posibilidad comunicativa
poco porosa; una posibilidad truncada. Una conversación imaginada, congelada
por la mentalidad de activistas que cancelan no sólo la posibilidad de escucha sino
que también acomodan a sus oídos el clamor insaciable de la vereda maricona,
entrolada. Las calles de la “zona roja”, en el Palermo de Buenos Aires, se ensanchan
endiabladas con el trotar nocturno de depiladas piernas norteñas; sí, salteñas y
jujeñas. Maricas nómadas devenidas travas. Empujadas por el viento del capitalismo
racista que lapidariamente las condena al reviente; echadas, patoteadas, violadas.
Emprenden así el tránsito exiliar desde el sur del Coyasuyo hacia la urbe fagocitosa.
Maricas, maricones, trolos y travas, el nubarrón homoerótico, proletario, desocupado,
aindiado, que amenaza con una tormenta empalagosa que inunda los desagües
porteños. [¿Casarse? ¿Unirse? ¿Los Derechos de Quiénes?]
“[Ahora] Vamos por todos nuestros derechos”. ¿Los derechos de quiénes?
De Gays, Lesbianas, Travestis, Transexuales, Bisexuales e Intersex,
responden.¿Esos derechos incluyen el derecho a no ser traducido, reducido a la
imaginación de los/as mentados/as representantes comunitarios? ¿Acaso entre
esos derechos se contempla el derecho al espacio, a la calle, al deambular

193
PEDRO JAVIER DI PIETRO
trotamundo con el que se fisuran las baldosas heterosexistas y horrendamente
homofóbicas del circuito prostibular? ¿Dónde estamos las maricas, los trolos, las
travas, las tortas, en el repertorio políticamente correcto de una política identitaria
conservadora, racista y burguesa? ¿Son esos derechos el sitio de disputa
emancipatoria que los enclaves homoeróticos marginales insinúan en su jadear
cotidiano? ¿Acaso estos derechos son testigos de la densidad de nuestras palabras,
de nuestros gestos, de nuestro palabrerío pueblerino? ¿Acaso nos queda la
esperanza de un derecho a no ser definidos/as como completamente inteligibles;
un derecho que escape a la política que busca una conversación mal barajada,
arreglada a los oídos de quienes se ocupan de joder con nuestras vidas?
Los “mundos de sentido” habitados por quienes son signados/as como
miembros densos de la comunidad LGTTBI en Argentina conforman modos de
expresión y significación enredados en las historias contradictorias que estructuran
lo social. No se trata entonces de sopesar juicios antagónicos ya que tal
sopesamiento implica una dimensión de transparencia (27) en la inteligibilidad de
tales juicios. Los testimonios que acabo de presentar dan cuenta del carácter
altamente opaco de las posibilidades comunicativas entre los/as habitantes
pedestres de los espacios homoeróticos. La versión de repliegues subalternos
descripta por Fraser se asienta en la transparencia comunicativa entre
quienes componen aquellos. Tal transparencia es tal en la medida que el lenguaje
como medio deliberativo se entiende como ajeno a las marcas emotivas e históricas
que heterogéneos mundos subalternos le imprimen, como traté de argumentar. La
necesidad de teorizar las posibilidades democráticas de la deliberación pública en
un tono que se ajuste a los cánones de la política liberal, aún cuando la misma se
genera desde una tradición crítica como la que reclama Fraser, nos deja en seco
con un mecanismo discursivo que erosiona la conflictividad y opacidad estructurales
de lo social.

~VII~

De la forma que atestigüé efervescencias discursivas homoeróticas a través


de tensas diferenciaciones sociales, intento contribuir a la discusión política como
práctica que se ocupe seriamente de los/as miembros densos de los colectivos
políticos que ocupan el horizonte de luchas del presente. Subrayo enfáticamente
que nuestras prácticas políticas tienden a estar impregnadas por los tres caracteres
distintivos que Nancy Fraser privilegia como elementos centrales en la deliberación
pública: una intención publicista, un zócalo de semejanza en la constitución
contrapública, y un idioma aséptico de paridad en la participación. Este último
elemento, al que acabo de describir como fundamentado en lo que llamo asepsia
de la razón monológica, requiere unos breves comentarios más.
Cabe señalar que no se trata solamente de prácticas comunicativas, como
las descriptas en las dinámicas de la organización de la Marcha del Orgullo, que se
sugieren como “casos” que se acomodan al modelo de contrapublicidad analizado
aquí sino que es de importancia resaltar, como ya lo mencioné con anterioridad,

194
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
que para Fraser su modelo es tanto un anhelo a cumplir -“el lenguaje preferido”,
según sus propias palabras- como una norma a seguir.
El filón racional-normativo que ordena la propuesta epistemológica de la teoría
discursiva de Habermas encuentra un canal de re-inserción en la propuesta de
Fraser. Es a través de la presuposición del lenguaje como conexión racional entre
hablantes que se re-afirma el carácter aséptico de lo comunicativo. La necesidad
de conversación con (nótese que no utilizo la contraposición “entre”) hablantes
marcados socialmente como “diferentes” no es lo que está en discusión. Por el
contrario, parte del rasgo democrático que Fraser le pretende asignar a su teorización
de los reclamos por justicia social se asienta apropiadamente en la necesidad de
deliberación pública como germen de la transformación de los guiones sociales
hegemónicos. Sin embargo, es el lenguaje de la deliberación pública el que se
anuncia como uno de los aspectos de mayor violencia en esta propuesta. La
operación de limpieza e higiene a la que se somete al lenguaje de deliberación
pública para cumplir con la soñada “transparencia” que habilitaría la inteligibilidad
mutua requerida en la obra de Fraser es una, entre otras, de las muestras del
carácter Eurocéntrico y modernista de esta versión de contrapublicidad, un carácter
quizás transferido por su filiación con la propuesta de la “ética dialógica”. No es
casual que esta filósofa se reconozca parte de la escuela crítica habermasiana que
se encuadra en un propósito político que concibe a la modernidad como proyecto
inconcluso, un proyecto en el cual embarcarse para alcanzar sus preciadas promesas
de liberación a través de algún tipo de articulación racional entre quienes tienen la
lengua adiestrada al idioma transparente de deliberación pública.
La imposibilidad de tal lenguaje para lidiar con diferencias entre las diferencias
es indicativa de una de las más salientes carencias de la versión de contrapublicidad
que Fraser ha teorizado. No se trataría entonces de incluir cuestiones de “densidad
y transparencia”, como ella misma lo indicaba, dentro de sus teorías discursivas y
de la publicidad. Se trataría, como me propuse argumentar a lo largo de este
artículo, de la necesidad de discutir profundamente las posibilidades de
traducción entre inconmensurables experiencias, sentidos y realidades. Es
en el campo de la traducción, de lo traducible y lo que se resiste a ella, en
el que se inscribe una geopolítica de las conversaciones y donde la impureza
de la razón plurilógica cobra importancia radical para quienes nuestras vidas
están minadas de conflictos entre densidad y transparencia.

DIFERENCIAS ENTRE DIFERENCIAS

¿Es posible repensar afirmativamente una versión de contrapublicidad que


alimente un deseo de resistencia sin resignar comprensiones y valoraciones
discrepantes de las opresiones que enfrentamos, activamente, quienes nos
encontramos con la necesidad de responder, de alguna manera, a las condiciones
de desventajas estructurales que enfrentamos?
¿En cuáles gestos e inarticuladas comunicaciones encontramos algún sentido,
un sentido o varios, entre nuestras zapatillas que se tocan mientras miramos al

195
PEDRO JAVIER DI PIETRO
suelo? Ellas peleándose por quién va a ir a comprar la birra en ese tono grave que
las camisas de Grafa y los jeans anchos y desgarbados refuerzan; la espera nos
junta ante una marcha truncada por las calles de San Salvador de Jujuy el día de
junio que el Lobo Jujeño subió a Primera A. Las “nenas fabulosas” despliegan un
festival de boquitas pintadas y pestañas que derrochan parpadeos osados en una
esquina de la vieja Estación de Tren a la que nos convocaron. Y se suman otras
diosas y dioses que ya están preparados/as para el trote noctámbulo de ese sábado.
Una señora charlotea con tres maricas, una de ellas con su melena larga y un top
de laicra disimulado bajo una campera de jean. La señora es su mamá.
Algunos estamos incomodados por la falta de respeto de quienes organizaron
esto, ausentes sin aviso y sin claras consignas para la marcha enfriada, no sólo por
frío entre montañas de un día de invierno, sino por el palo futbolero que ha ocupado
la calle. Algunas locas sueñan con la tocadita de tanto varón suelto, dicen. El
panorama desorienta; entre tanta bandera celeste y blanca –son los colores del
Lobo- enarbolar la arco iris suena casi una joda. La brisa nos envuelve en ese
humo tabacoso que las tortillas tiran entre trago y trago de birra. Ahí todos y todas
sentaditos, con las espaldas encogidas para mantener algo de calor corporal, aquí
abajo donde los retazos de palabras, las pitadas y los suspiros se confunden. La
señora tiene su pelo entre racimos de manos afeminadas que lo preparan para las
trenzas. El frío está bravo y con tanto pecho algodonado a la intemperie, los hombros
se apoyan, por instantes, unos en otros.
..Que me voy a Buenos Aires el mes que viene / que aquella no consiguió
otra botella de plástico para comprar más cerveza / Que pueda hacer lo que todo el
mundo hace, para eso vengo / Me voy a inscribir ahí en Humanidades, ya averigüé
/ Sería brutal mandarnos a la Belgrano, los muchachos nos van a subir al camión,
van a ver / Ahí volvieron, esos que nos tocaron bocina; están buscando fiesta,
después de todo es nuestro Lobo, che! …La Tonio le marca el paso de cumbia a
una trava que rompe el pavimento con las agujas que se ha calzado…
No era tanta la espera al final; no sabemos bien si estábamos esperando o
qué estábamos esperando pero algo llegó, casi inadvertido, de tanto rozarnos los
hombros encogidos, de mirar al suelo, de cazar en el aire un enojo entrecortado,
algún que otro sueño, y tantas ganas de hacer, a media lengua, de contarnos algo
de tristeza barrial, derroteros desvencijados por el duro día a día. La arco iris se
quedó doblada dentro de alguna mochila que no apareció esa tarde, quizás viajaba
apretujada en alguno de esos camiones que rebalsaban de hinchas de fútbol que
dejaron la garganta entre los vientos frioleros que se metían en nuestras espaldas.
Algo entre las conversaciones nos mantuvo en el margen del río, al lado de la
Estación de Tren, en ese terreno difuso entre la marcha inconclusa y el atestado
centro que festejó enlobadamente. Los bocinazos y chiflidos nos tocaban los trastes
mientras nos agachábamos para mantener los dichos protegidos del frío. Después
de todo estábamos ahí por algún tipo de necesidad, algún deseo, por algún gestito
que se le escapa al del lado, el amasamiento compartido de las trenzas de la
Señora, el pasarse el itinerario nocturno para no desaprovechar la calle con tanto
fútbol suelto, el consejo instruido de los deambuladores sexuales, la cerveza en

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
botellas de plástico que pasó de mano en mano, el mover de la cadera encumbiando
la tardecita.
Tan poco pero tanto. Tanta cosa no dicha, innecesaria. Tanta consigna jamás
arribada pero tantos trechos recorridos en ese rinconcito de cemento. Ahí es donde
lo intentado tiene formas, inconclusas, formas de llamarse al ruedo, de convocarse
vitalmente pasándose ese poquito, a veces no tan poco, de calle erotizada, todavía
viva, de mantener una sensación de compañía, complicados por los circuitos de
distancia que zapatillas y tacos transitan por separado.

~I~

El acercamiento a esferas comunicativas subalternas en competencia que


nos acerca Fraser nos priva de un modo de hacer frente a las heterogéneas
posibilidades comunicacionales, a las impurezas plurilógicas que se tejen y
gesticulan a través de diferencias diferencialmente emplazadas. Previamente adelanté
los siguientes aspectos a considerar como importantes en nuestras prácticas políticas
contestatarias y nuestros marcos de comprensión al respecto: la traducibilidad
de nuestros entendimientos y experiencias de opresión y resistencia a ella, por un
lado y por otro, aunque íntimamente relacionados, la impureza de la razón
plurilógica. Si bien el espacio que me resta en el desarrollo de este artículo es
considerablemente escaso, en parte debido a la necesidad de invitar a la versión de
contrapublicidad de Nancy Fraser a un complejo análisis, me ocuparé de sugerir
argumentos enriquecedores para continuar en la dirección que propongo.
Joshua Price (2001: 45), en su análisis de la violencia que sufren mujeres
que trabajan como prostitutas, en contextos específicos pero diferencialmente
definidos en Norte América, explica que “un contrapúblico que se haga cargo
totalmente de la diferencia y se constituya en términos de su reconocimiento no es
solamente posible sino que preferible a uno que se constituya en base a la
comunalidad. Más que describirlos entre los contornos de un compromiso utópico,
los contrapúblicos, que después de todo arriben a ese reconocimiento, necesitarían
ser lo suficientemente flexibles como para sustentar tanto enormes diferencias entre
sus participantes como para ofrecer un espacio para teorizar subtitularidades de la
diferencia, aún mientras se reclama solidaridad a través de ellas”. Price señala que
es sugestivo atender a las intervenciones discursivas que testifican tanto el enlace
entre el espacio y la identidad y las formas en que ese enlace es objeto de diferentes
lecturas. Al interior de las distinciones espaciales se enhebran otras distinciones
de “raza”, clase, sexualidad, género. Las diferencias no son meramente una cuestión
de semántica o de falsas distinciones, las formas de la vida son diferentes, las
personas somos diferentes, el espacio que producimos es diferente -por tanto, las
instancias deliberativas también están elaboradas de diferentes texturas-, las
opresiones a las que nos enfrentamos son diferentes. Son las contribuciones de
Lugones y Price las que nos indican que posibilidades emancipatorias que tomen
cuestiones de diferencia en su complejidad precisan no sólo de una re-consideración
–una renovada cosmología comunicativa- de los formatos y modos de contrapublicidad

197
PEDRO JAVIER DI PIETRO
disponibles o en formación sino también de una teoría de la traducción que la teoría
política crítica ha evadido hasta ahora.
Ante los efectos de desincorporación social y personal atribuidos por una
política identitaria que se acomoda a la lógica de fragmentación impuesta por el
capitalismo moderno y colonial, no podemos arriesgarnos más a desestimar la
efervescencia comunicativa y radical que la versión de contrapublicidad sometida a
análisis ignora. Son extensas las contribuciones teórico-práxicas que nos invitan,
políticamente y en ese sentido con cierta necesidad germinada por los turbulentos
tiempos que protagonizamos, a reorientar nuestra dirección y habitar una escucha
que remoldée y reconfigure la racionalidad monológica y su impulso aséptico. Algunas
de estas contribuciones adquieren cierta relevancia entre los estudios subalternos
y post-coloniales al interior de la academia y otras son expresiones concebidas en
la ebullición de la supervivencia diaria del deambular pedestre que suele escapar de
los sitios de canonización intelectual.

¿A DÓNDE VAN?

Hasta aquí he argumentado, desde el interior de recorridos políticos concretos,


la necesidad de revisitar el pensamiento de Nancy Fraser en torno a la publicidad y
contrapublicidad. Identifiqué aspectos radiculares de su teoría en las
conceptualizaciones de Rita Felski. A la vez, subrayé que la versión de contrapúblico
de ambas está fundamentada en la “semejanza”, ya sea por compartir la experiencia
de la común opresión o por apelar a la distinción de un grupo a través de operaciones
ocultas de homogeneización y unificación. Los aportes de María Lugones para
comprender en forma compleja las “diferencias entre las diferencias” en términos de
“densidad y transparencia”, como así también los de Joshua Price y su énfasis en
“hacer espacio para las apreciaciones discrepantes en torno a las opresiones que
se enfrentan” y los reclamos que se expresan en grupos subalternos, nos ofrecen
ciertas aperturas posibles de distinguir.
Uno de los elementos que tanto Lugones como Price han elaborado, en
forma colectiva (En Harris, 1995: 103-128) y por separado, es la reformulación de
las posibilidades de escuchar, de interpretar, de descentrar una traducción cuyo
universo comunicacional permitiría que una unidad de sentido sea absolutamente
transportable a otra unidad de sentido sin cuestionar las violentas condiciones,
enraizadas en arreglos modernos/coloniales, que sostienen tal inteligibilidad. El
enfoque, en la obra de ambos, sobre las bases cognitivas del monoculturalismo y
del multiculturalismo anima la posibilidad de entender tanto el impulso aséptico de
la razón monológica como las potencialidades impuras de la razón plurilógica.
A través de recorridos enraizados en organizaciones comunitarias de base,
Lugones busca una política del espacio que enfatice la diferencia (2000: 27).
Ejercitando una política comunicacional que no ignora las diferencias en sus
complejidades ni las consecuencias cognitivas de su erosión, nos invita a prestar
atención a “intersecciones donde el sentido subalterno cobra forma en los tensos
encuentros con el sentido dominante y donde los entrecruzamientos que se están

198
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
desarrollando entre múltiples y resistentes mundos de sentido son a veces
representados de modo tentativo”. El giro propuesto hacia una cosmología
comunicacional que privilegie las diferencias, las incertidumbres, y las
opacidades inherentes a formaciones subjetivas y colectivas que responden
a diferenciales condiciones de existencia es indicativo de posibilidades ignoradas
no sólo en los modelos teóricos discutidos –y que se han recibido celebratoriamente
en gran parte de la academia latinoamericana- sino también en algunos modos de
organización política de las luchas democráticas del presente en la región que traté
de ilustrar a través de una lectura del accionar discursivo del Movimiento LGTTBI en
Argentina.
Una teorización práxica de las posibilidades comunicativas de quienes
responden contra el entramado de estructuraciones de poder nos sugiere que la
intencionalidad cognitiva, de interpretación y de conversación entre diferentes y
heterogéneos sujetos subalternos no requiere una dirección publicista, una
orientación hacia la esfera cooptada por quienes ocupan posiciones privilegiadas
tanto en los resortes deliberativos decisorios de una sociedad o de ese campo que
se denomina corriente principal u opinión pública. No desestimo completamente
aquel tipo de intervención oposicional, la que parece reglamentar las formas de
reclamar a las que las minorías han sido empujadas a recurrir para cuestionar sus
condiciones de desigualdad material como de falta de reconocimiento cultural. Pero
sin duda, un planteo que aborde cuestiones de diferencias y de intencionalidad
cognitiva expone las limitaciones de los modelos de contrapúblicos sometidos a
discusión en este artículo.
Siguiendo estas sugerencias, es posible afirmar que una teoría del espacio
público que sólo se ocupa de aquellos repliegues que interpelan a una esfera ideal
u oficial y que, además, reduzca la intencionalidad de los sujetos/as a comunicar
sus reclamos en forma transparente como único idioma para avanzar hacia la justicia
social y material, puede interpretarse como un modo específico a través del cual las
significaciones y realidades en tensión se transforman en una versión que se acomoda
a las condiciones de escucha del público burgués.
Parte del ímpetu de fragmentación del capitalismo moderno y colonial es su
urgencia de control. Tal fragmentación encuentra sus bases en la abstracción de
significaciones, realidades, cuerpos y espacios, de quienes somos atacados/as
por los embudos de la dominación. Una de las condiciones que posibilita tal
abstracción, la imposición de repetición y regulación como los ordenadores de la
actividad humana, es el desplazamiento de tales significaciones, realidades, espacios
y cuerpos, a un mundo ajeno a la interlocución. Si bien esta última reviste las
complejidades y opacidades discutidas en esta exposición, es una de las artes de
resistencia con las que contamos como respuesta a un orden que privilegia la
transparencia sobre la opacidad, la certeza sobre lo tentativo, y la pureza sobre la
impureza.
La efervescencia plurilógica del rinconcito de cemento frente a la Estación
de Tren en San Salvador de Jujuy, mientras los hinchas hacen suyo el casco céntrico
de la ciudad -el mismo que la truncada Marcha pretendía caminar orgullosamente-

199
PEDRO JAVIER DI PIETRO
se emplaza titubeante adoptando esa posición de costado que, aún con el chicharreo
de bocinas de camiones y otros autos zumbando detrás, nos permite un rozar de
hombros que viaja en la incredulidad de habernos buscado, casi encontrándonos.
¿A dónde van esas palabras que no se dijeron? ¿A dónde van las miradas
que ese día partieron? ¿Acaso flotan eternas como prisioneras de ese ventarrón
frío del junio futbolero? ¿O se acurrucan entre las trenzas de esa Señora, buscando
calor? ¿Acaso ruedan sobre las veredas hasta tocar algún pastito que se asoma
entre las baldosas jujeñas? ¿Acaso nunca vuelven a ser algo en los labios andinos
de las locas? (28) ¿A qué espacio otro van esas palabras? ¿A cuál espacio otro
infiltran; a espalda de quiénes? ¿Adónde van, y adónde vamos, casi furtivamente?

NOTAS

1) Este título se inspira en una canción de Silvio Rodríguez del mismo nombre. La
voz de Nacha Guevara acompaña esos versos.
2) Al momento de iniciar la elaboración de este trabajo, las teorizaciones de Nancy
Fraser en torno a la justicia de género y la justicia social se habían convertido en
moneda corriente en los centros académicos/políticos de Latino América que se
ocupan principalmente de problemáticas ligadas al Género y el análisis de sus
relaciones. Al menos en Argentina, país que Fraser visitó más de un par de veces,
sus artículos y posiciones han alcanzado no solo notoriedad sino también un valor
simbólico que la coloca como paso obligado en los Estudios de Género. Mi
contribución al debate se hace eco de los límites de la “incorporación” de teorías
sociales elaboradas como respuestas a problemáticas predominantes en las
llamadas democracias de los países “centrales” (Europa y Estados Unidos). Mi
intervención intenta dar cuenta de la dificultad en el tránsito de las teorías a través
de bordes geopolíticos e históricos. Aún bajo tal sospecha, pretendo participar en
una discusión que enriquece mi práctica política y que la cuestiona inevitablemente.
3) Quisiera hacer expreso mi agradecimiento por las extensas y cuidadosas
conversaciones compartidas con una comunidad móvil de interlocutores/as. La guía
y los afectuosos consejos de María Lugones y Joshua Price, dentro de contextos
que subrayan la necesidad política de estos diálogos, acompañan las voces que
escriben estas líneas. El encuentro germinal en San Salvador de Jujuy con las
compañeras/os del Simposio “Género, Sexualidades y Regulaciones Culturales”
en el año 2002 se ha convertido en una ruana que abriga las esperanzas que coloco
en este artículo. En especial, menciono la compañía de Liliana Louys y Claudia
Laudano sin quienes la experiencia feminista no habría tocado mi puerta. La
competente guía de Gloria Bonder en los Estudios de Género, y su voluntad por
hacerme parte del Grupo de Trabajo en el Programa Regional de Formación en
Género y Políticas Públicas donde se entretejen polifónicos debates Sur-Sur, resulta
valiosa contribución en mi formación. Los/as compañeros/as del Area Queer en
Buenos Aires, en especial Silvia Delfino, Silvia Elizalde y Flavio Rapisardi, han
tamizado mis voces e imaginación. Las voces, gestos, caricias y caprichos de
locas, maricas, travas y tortas también alumbran estas líneas que aquí expongo.

200
CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
Gabriela Veronelli es una interlocutora generosa en temáticas de traducción y
geopolítica. Otras voces que abrigan estas reflexiones provienen de Brian Wieder,
Ernesto Martinez, Shireen Roshanravan y Manuel Chavez. A continuación indico
cuáles son las obras consultadas en este intento interpretativo, al menos las que
crean el núcleo de este debate. Sobre las tensiones entre esfera pública y
contrapublicidad, se toman como referencia los siguientes trabajos: Felski, Rita
(1989): Beyond Feminist Aesthetics. Feminist Literature and Social Change. Harvard
University Press. Fraser, Nancy. “Justice Interruptus: Critical Reflections on the
‘Postsocialist’ Condition.” Routledge. 1996 (en la Bibliografía final cito todos los
trabajos de esta filósofa que se analizaron); Laudano, Claudia. “Televisión y
Violencia de Género. Exhibición e Invisibilidad”. Tesis de Maestría en Ciencias
Sociales. Facultad Latinoamericana de las Ciencias Sociales. Mimeo; Young, Iris
Marion. (1990a). “Justice and the Politics of Difference”. Princeton University Press
– (1990b). “Throwing like a Girl and Other Essays in Feminist Philosophy and Social
Theory”. Bloomington: Indiana University Press; (En Castells, Carmen.1996): “Vida
política y diferencia de grupo: una crítica del ideal de ciudadanía universal”. Paidós.
Barcelona. Mouffe, Chantal. “El retorno de lo político”. Paidós. España. 1999;
Price, Joshua. (2001): “Violence Against Prostitutes and a Re-evaluation of the
Counterpublic Sphere”. En “Genders Journal”. University of Colorado; Lugones, María.
“Purity, Impurity and Separation”. Signs 19, no. 2.1994; (2003): “Tactic-strategies of
the streetwalker / Estrategias tácticas de la callejera”. En “Pilgrimages / Peregrinajes:
Theorizing Coalition Against Multiple Oppression”. Rowman & Littlefield.
4) La proliferación de sus categorías analíticas -“justicia de género”, “redistribución
y reconocimiento”, “contrapublicidad”- en los trabajos que se ocupan de la materia
en la currícula de los Programas de Formación de Posgrado en Género atestiguan
mi afirmación.
5) Aquí no voy a abundar sobre las críticas de la autora al modelo habermasiano ni
a la lucidez con que identifica la dimensión ideológica que subyace a la separación
dicótoma entre los ámbitos de la reproducción social y de la reproducción material
(1990: 49-88).
6) En atención a las condiciones de reformulación, Fraser critica y ofrece posibles
soluciones sobre: los supuestos ideológicos de “la igualdad” entre los y las hablantes;
la conveniencia de un único público como preferible para una mayor democracia; la
restricción de la deliberación a los intereses y asuntos “privados”; la separación
entre sociedad civil y Estado. Para una lectura orientada de esta crítica, ver Laudano,
Claudia. “Televisión y Violencia de Género. Exhibición e Invisibilidad”. Tesis de
Maestría en Ciencias Sociales. Facultad Latinoamericana de las Ciencias Sociales.
Mimeo. Especialmente el apartado 2. “Ideal de esfera pública en Jürgen Habermas:
criterios institucionales”.
7) A continuación me referiré al mainstream, a falta de un elemento analítico
adecuado, como la corriente principal de pensamiento en un contexto socio-histórico
determinado o la posición privilegiada por ese indefinido “actor social” llamado la
opinión pública.
8) Me refiero aquí a “campos” y a “espacio social” en términos de la teoría social de

201
PEDRO JAVIER DI PIETRO
Pierre Bourdieu en la medida que la misma Fraser indica, en diversos artículos,
seguir los lineamientos del teórico francés en torno a la constitución y relacionamiento
entre grupos y sujetos.
9) Hago un expreso reconocimiento tanto al trabajo como a las conversaciones
compartidas con Joshua Price en torno al trabajo de Felski y Fraser.
10) El énfasis es mío.
11) Es un indicio a explorar el hecho de que Nancy Fraser, al menos en parte de su
obra revisada, solo hace mención a los trabajos de Felski en un solo artículo y a
instancia de explicitar que toma la terminología de esta última. Luego, y a pesar de
las claras vinculaciones y similitudes entre la versión de contrapublicidad presentada
por Felski y la de Fraser, esta calla cualquier referencia a la primera.
12) Esta es una formulación que Joshua Price presenta en “Violence Against
Prostitutes and a Re-evaluation of the Counterpublic Sphere”.
13) El filón normativo de la conceptualizacón de Young está en comunión con la
filiación explícita que Fraser reconoce a su teoría con la ética dialógica habermasiana.
14) Fraser objeta la centralidad de la “identidad grupal” en el modelo de Young; ya
que mis críticas a la paridad participativa no se relacionan con el debate Fraser-
Butler-Young respecto de las políticas de la identidad y el status, no voy a abundar
al respecto.
15) Para un abordaje profundo, consultar Laudano, Claudia. “Televisión y Violencia
de Género. Exhibición e Invisibilidad”. Tesis de Maestría en Ciencias Sociales.
Facultad Latinoamericana de las Ciencias Sociales. Mimeo. Especialmente revisar
el apartado 2. “Ideal de esfera pública en Jürgen Habermas: criterios institucionales”.
16) Una crítica acérrima al carácter unívoco del “sujeto moderno” se articula en el
trabajo de María Lugones “Purity, Impurity and Separation”. Sin embargo no es sólo
la crítica lo que se condensa en ese artículo sino también una profunda indagación
tanto de prácticas como creaciones que afirman la multiplicidad y pluralidad de los/
as sujetos.
17) Es altamente notoria las vinculaciones de esta perspectiva con la expuesta por
Ernesto Laclau y Chantal Mouffe respecto de lo que llaman “posiciones de sujetos”
(1987; 1990; 1999).
18) El lugar de producción de estos aportes es uno de los aspectos que me persigue
como constante recordatorio al tramar las zonas de contacto entre las diversas
posiciones teóricas y pensamientos práxicos a los que recurro en este artículo. Es
preciso recordar continuamente que se trata de modos de comprender lo social que
están imbuidos en realidades políticas cuyas especificidades culturales son una
advertencia a la simple transferencia de lo teorizado a otros contextos y realidades
socio-políticas. Sin embargo, el peculiar carácter internacionalista que las luchas
feministas y de los movimientos organizados alrededor de las sexualidades han
adquirido permite reconocer las coordenadas globales de contacto de sus políticas.
Las coaliciones políticas sustentadas por feministas de “Color” y mujeres del “Tercer
Mundo” que viven en Estados Unidos (con la más reciente inclusión de grupos
Queers que atiendan a cuestiones raciales como centrales para oponerse a una
globalización neoliberal) han re-descripto el horizonte geopolítico de luchas que han

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
forjado oposiciones a los modos de explotación/dominación que el capitalismo actual
implanta en el globo. En un sentido contrario, como expliqué al iniciar este trabajo,
las contribuciones de Nancy Fraser a la teoría crítica se han convertido en modelos
explicativos de uso corriente entre académicos/as, activistas y “planificadores/as”
sociales del llamado “hemisferio Sur”. Resulta fuertemente llamativo que no es lo
que ha sucedido con las contribuciones de las “mujeres de Color” que han recorrido
surcos y pasadizos marginales en esas mismas esferas en las que los aportes de
Fraser han sido bienvenidos casi sin previa crítica. Personalmente, mis afiliaciones
con los feminismos transnacionales y los movimientos sociales que se organizan
alrededor de las luchas de quienes viven (o provienen) del “tercer mundo” o que
experimentan un “colonialismo interior” dentro de las “democracias desarrolladas
del capitalismo tardío” me colocan en una posicionalidad algo ubicua desde la cual
las conexiones intentadas en esta propuesta cobran una materialidad específica y
concreta.
19) En “Purity, Impurity and Separation” ([1994], 2003), María Lugones enfatiza las
prácticas políticas que a través de la afirmación de lo impuro, entendido como
concepto que da cuenta del carácter heterogéneo y múltiple tanto de sujetos como
de diversas socialidades, hacen frente y desafían la lógica de la pureza que es
instrumental a la necesidad de control, clasificación y separación que caracteriza,
particularmente, a la formación de las dicotomías dominantes de la modernidad.
Una descripción dicotómica de lo social se vale de una lógica que, para erigir claros
límites que habilitarán una jerarquización social, requiere de una operación perceptual
y cognitiva que logra separar con total distinción aquello que es potencialmente
inseparable, inclasificable. Un pequeño ejemplo de esta operación es la línea divisoria
de Género que distingue “claramente” entre varón y mujer. La descripción de “mujer”
como una entidad que se excluye mutuamente con la de “varón” se asienta en una
operación previa que define cada término de la dicotomía como unidad discreta,
consagrando así una lógica binaria que se expresa en los mandatos sociales que
toman la forma de “eres varón ó eres mujer”. El potencial ambiguo, impuro, de las
configuraciones de lo femenino y lo masculino, y en particular de esos bordes
borrosos entre ellas, se desestiman automáticamente –en un sentido cognitivo pero
especialmente concreto-. En este ejemplo, no abundo sobre el aspecto “oscuro” (el
otro lado) de esta particular dicotomía moderna que habilitaría una lectura
interseccional de ella; no por ello no la considero como parte tanto del argumento
de Lugones o de mi comprensión de su trabajo y la articulación en el mío. Parte del
problema que Young señala (aunque no confronta) y que Lugones aborda es
precisamente la insidiosa instrumentación de la lógica de la pureza al interior de los
llamados grupos subalternos. Si el proyecto de unidad y pureza que las descripciones
dominantes de lo social imponen se materializa en un mosaico de minorías que se
acomodan a la fragmentación social, no son solo los grupos los que son exitosamente
fragmentados por la dominación sino también los componentes de cada grupo. La
fragmentación social y la separación de los sujetos a nivel individual en partes
discretas –y la consecuente erosión de las partes de cada individuo que son
descartables a los ojos de quienes ocupan la posición consagrada como

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PEDRO JAVIER DI PIETRO
“transparente” al interior de cada minoría- son funcionales a los sistemas de
dominación/explotación contemporáneos. Para una discusión del concepto de
“transparencia” que acabo de citar, ver Supra.
20) El original en inglés dice: Thickness and transparency are group relative. One is
transparent with respect to one’s group if one perceives one’s needs, interests,
ways, as those of the group and this perception becomes dominant or hegemonical
in the group. One is thick if one is aware of one’s otherness in the group, of one’s
needs, interests, ways, being relegated to the margins in the politics of intra group
contestation. So, as transparent one becomes unaware of one’s own difference
from other members of the group.
21) Para una presentación compleja de esta lógica, Ver Lugones, María ([1994]
2003): Pilgrimages/Peregrinajes: Theorizing Coalition Against Multiple Oppressions.
Rowman & Littlefield. Massachussets.
22) En una comunicación personal, Lohana Berkins, una activista travesti que milita
en Izquierda Unida, me llamó la atención sobre esta cuestión al decirme que si ella
quiere casarse tiene que ir al Registro de Uniones Civiles y presentarse con su
pareja para que ambos sean registrados como “varones”.
23) Cuando hago referencia a invitar a Nancy Fraser a reflexionar sobre posibles
críticas a su teoría de la publicidad doy cuenta de los intercambios mantenidos con
ella en un Curso de Formación de Posgrado en Género en el cual ella fue mi
Profesora. Los intercambios fueron posibilitados por la coordinación de Gloria Bonder
como Directora de PRIGEPP-FLACSO.
24) Lenguaje en un sentido amplio, teniendo en cuenta las concretas especificidades
de los diversos y heterogéneos –pero diferencialmente valorizados- registros
linguísticos de los/as hablantes pero también la generalidad concreta de una lengua
como mundo de sentido, como trama material/discursiva de significaciones y
prácticas.
25) Cabe señalar que hay numerosas instancias en las cuales “la distorsión” de lo
que se comunica es parte de la intencionalidad semiótica de los sujetos subalternos
o en otras instancias tal “distorsión” se anticipa como potencial recepción.
26) Mi participación en esas reuniones organizativas se posibilitaron debido a una
estadía de 6 meses en CABA durante el primer semestre del año 2003. Las
conversaciones informales en las que participé, algunas de ellas bajo el formato de
entrevista, fueron encaradas como parte de una tarea investigativa financiada por el
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) sobre Movimientos
Sociales y Protesta Social en Latino América. Cabe resaltar que mi interés en las
deliberaciones organizativas de la Marcha surge de la politización de mi
posicionamiento social, en particular en ese entonces de mi habitar erótico, y de la
necesidad de reforzar la dirección política al respecto que había comenzado a formar
en un colectivo de Gays, Maricones y Travestis en San Salvador de Jujuy entre los
años 2000 y 2002.
27) Hago notar que utilizo “transparencia” en dos sentidos diferentes a lo largo de
este artículo. El primero se vincula a lo elaborado por María Lugones para dar cuenta
de quienes ostentan una membresía transparente en un grupo determinado en

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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 31:173-207, Año 2006
contraposición a quienes son marginalizados en el mismo y cuyos valores,
experiencias y entendimientos son desestimados. El segundo, que se relaciona a
cuestiones de inteligibilidad en un espacio comunicativo determinado, da cuenta de
la presunción de entendimiento total que se apunta no sólo como una posibilidad de
la comunicación sino como el testimonio de su éxito. Es este último sentido el que
se articula en este párrafo. Reconozco que ambos sentidos muestran interrelaciones
a ser estudiadas en otra oportunidad.
28) Las primeras seis preguntas se hallan inspiradas en los versos de la canción
“Adónde van” de Silvio Rodríguez que sirven de material para el título de este artículo.

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