LA TRAGEDIA
Una tragedia griega es una presentación dramática y lírica de una acción tomada de la leyenda
heroica que implica acontecimientos de cierta magnitud. Decimos que es dramática y lírica porque
en ella alternan los elementos propiamente dramáticos (diálogos y acciones), con los líricos (los
pasajes cantados por el coro). En el denso contenido de la tragedia, se ponen de manifiesto
aspectos de la religión, la política y la moral que afectan a toda la comunidad; con frecuencia se
debaten en ella nuevas ideas desarrolladas por la ya pujante filosofía o suscitadas al hilo de la
práctica política. Pero la tragedia es ante todo una obra poética. Mientras que el teatro actual tiende
a reproducir incluso en la forma los problemas y la manera de hablar del hombre común, la tragedia
griega se mueve siempre a una gran altura poética y con un voluntario distanciamiento del mundo
cotidiano. Sus personajes hablan en verso, con toda clase de refinamientos de estilo y son siempre
a actitudes, concepciones o comportamientos.
a) Orígenes de la tragedia.
Los orígenes de la tragedia son tan antiguos como oscuros y las opiniones al respecto muy
variadas. Es indudable su vinculación con ciertas composiciones líricas corales de carácter religioso
y mágico en las que los miembros del coro danzaban disfrazados y provistos de máscaras que les
permitían ocultar su propia personalidad y buscar una mayor identificación con el dios o con el
ambiente religioso que celebraban. De este tipo de danzarines disfrazados hay muestras en la
pintura de la cerámica desde el siglo VI a. C. Algunas de estas danzas estaban relacionadas con
el culto a Dioniso, dios del vino, de la fertilidad, de lo extático, instintivo y vital del hombre en
contraposición a lo racional y organizado. El ditirambo, una composición dedicada a Dioniso, se
hizo bastante popular a partir de la segunda mitad del siglo VI a. C. Se trata de una composición
con contenido mítico y seguramente no exenta de cierto tono satírico y burlesco en la que los
participantes del coro a la vez que entonaban el ditirambo introducían una elemental acción
mediante gestos y ademanes para reforzar el sentido del canto. El ditirambo evolucionó hasta
transformarse en la tragedia, palabra que deriva de la griega trag%dia (tragoj, macho cabrío y %dh,
canto). Este nombre puede deberse a que los coreutas (miembros del coro) iban revestidos con
pieles de macho cabrío o a que en el ritual dionisíaco se sacrificaba un macho cabrío. Aristóteles
nos dice que la tragedia se originó a partir de los entonadores del ditirambo, por lo que podemos
imaginar el origen del teatro a partir de un coro que en las fiestas de Dioniso entonaba una canción,
el ditirambo, posiblemente revestido con pieles de macho cabrío y cubierto el rostro con máscaras.
Quizá en ocasiones el coro se dividía en dos partes para cantar el ditirambo, de donde nacería el
diálogo; en otras, es posible que el director del coro (corifeo) entonara solos o recitara quizá partes
del la canción, dando lugar así al primer actor.
Pero para que la semilla de los ditirambos creciera hasta convertirse plenamente en tragedia y
pudiera mantenerse en pleno vigor durante más de un siglo fueron necesarios, por una parte, el
desarrollo del culto a Dioniso en Atenas organizado bajo la protección del Estado, y por otra, la
sustitución de los temas dionisíacos por los heroicos. La protección del culto por parte del Estado
ateniense, le dio a la tragedia un carácter social, una organización y medios para su desarrollo. Y
los temas heroicos proporcionaron una fuente inagotable de relatos, personajes y situaciones para
componer tragedias.
Otro hecho importante para el desarrollo de la tragedia tuvo lugar cuando, entre los años 535 y 534
a. C., el tirano Pisístrato introdujo en Atenas oficialmente el culto a Dioniso e instauró las Grandes
Dionisias que en adelante se habrían de celebrar cada primavera con la obligada presencia de
concursos teatrales.
b) Temas de la tragedia.
Los temas de la tragedia, salvo contadísimas excepciones, están tomados de las leyendas míticas
del pasado heroico. Así pues, el público ateniense conocía en la mayoría de los casos por lo menos
las líneas fundamentales del argumento. Este hecho no parece que preocupara a los dramaturgos
de la época. Es más, por si fuera poco, al principio de la obra suelen poner a los espectadores en
antecedentes sobre la trama y sobre lo que va a ocurrir. Este conocimiento previo del argumento le
permite al autor utilizarlo para sus propósitos dramáticos, fundamentalmente de tres formas:
- El suspense; igual que nosotros en muchas películas sabemos que el bueno no se va a morir,
pero cuando está el malo de turno esperándolo detrás de la puerta con una pistola el espectador
espera con más o menos emoción cómo va a librarse, también el poeta trágico juega con la atención
del espectador, retardando acontecimientos que el público sabe que van a suceder.
- La sorpresa; se trata de la alteración de la línea argumental con un giro inesperado o de
variaciones en los detalles.
- La ironía trágica; consiste en que las acciones o palabras de un personaje tienen un sentido
para él, pero otro muy diferente para el público. Un ejemplo: en el Agamenón de Esquilo,
Clitemnestra recibe a su esposo a la llegada de Troya y le dice: "Que la justicia te conduzca a una
mansión que no esperabas". El inocente Agamenón entiende que la mansión es su propio palacio,
y que lo inesperado es el regreso al hogar, después de una guerra larga y terrible como la de Troya.
Pero el espectador sabe que lo que ocurre es que Clitemnestra va a matar a Agamenón y lo va a
mandar a una mansión que él no espera, a la de Hades, el rey de los infiernos.
c) Estructura de la tragedia.
PRÓLOGO: a menudo precede a la párodos. Generalmente es dicho por un personaje que da al
espectador explicación del tema de la obra y de otros detalles de la misma.
PÁRODOS: la obra comienza, a veces, con la entrada solemne del coro cantando y situándose en
la orquestra en torno al altar de Dioniso situado en medio.
ESTÁSIMOS: durante el desarrollo de la obra el coro tiene tres o cuatro intervenciones más
llamadas estásimos (significa algo así como "cantos a pie firme", sin danza), que suelen dividirse
en distintas estrofas y antístrofas para terminar, a veces, en un epodo.
EPISODIOS: entre las intervenciones del coro se intercalan los parlamentos de los personajes,
llamados episodios (la palabra episodio significa literalmente "intervenciones en medio del canto"),
cada uno de los cuales puede tener varias escenas, es decir, entradas y salidas de personajes.
ÉXODO: última intervención del coro que marca el final de la representación.
d) Autores de tragedia.
El gran éxito de la tragedia llegó y se mantuvo a lo largo de casi un siglo gracias a la creación de
tres grandes poetas, algunas de cuyas obras han llegado a nosotros: Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Naturalmente hubo otros muchos dramaturgos aparte de los tres citados, pero poco o nada nos ha
quedado de sus obras. De muchos de ellos sólo conocemos el nombre por aparecer citados en
obras de escritores posteriores.
ESQUILO
Nació en el año 525/524 a. C., posiblemente en Eleusis, cerca de Atenas, en el seno de una familia
acomodada, ya que su padre era un rico terrateniente. Vivió momentos trascendentales de la
historia de su patria, que le marcaron profundamente. Participó en las batallas de Maratón y de
Salamina. De esta participación en la lucha contra los persas parece que se sintió especialmente
orgulloso, incluso más que de su labor poética, si es cierto que en su epitafio hizo que se aludiera
a ello y no a su condición de poeta. En el año 484 obtuvo su primer premio en las competiciones
teatrales de las que conseguiría un total de trece. Murió en Sicilia en el año 456 a. C.
De sus obras, que fueron más de setenta, sólo conservamos las siete siguientes: Los Persas, Las
Suplicantes, Siete contra Tebas, Prometeo y la trilogía La Orestía (tres tragedias sobre el mismo
tema. Sus títulos son Agamenón, Las Coéforos, Las Euménides).
El teatro de Esquilo todavía concede una gran importancia al coro; tanta que sus intervenciones
abarcan la mitad aproximadamente de las obras. Este coro representa, salvo en el Prometeo, a la
comunidad afectada por la acción de la tragedia e interviene en la acción misma, continuando así
el primitivo papel que tenían los coros en los rituales dionisíacos. Los cantos corales presagian el
futuro, aleccionan sobre los resultados funestos de la impiedad y de la injusticia y presentan las
ideas a la luz de las cuales hay que juzgar la acción.
Una de las aportaciones más importantes de Esquilo al desarrollo de la tragedia, es la introducción
del segundo actor, que permitió la verdadera acción dramática. También en los temas introduce
innovaciones, pues convierte los mitos y las leyendas locales de Grecia en expresiones
dramatizadas de los problemas universales del hombre, tales como su relación con la divinidad, su
destino, el problema del mal, la herencia de la culpa, el problema de la justicia en su sentido amplio
o el orden que rige el universo. Por todo ello se le ha llamado "poeta de las ideas".
SÓFOCLES
Nació en Colono, un lugar próximo a Atenas, en el año 496 a. C. Su padre fue un fabricante de
armas que le dio una educación esmerada. Desde muy joven demostró grandes cualidades
musicales a las que añadía una gran belleza física. Ambas cosas debieron de ser méritos muy
notables para que fuera el encargado de entonar el peán (himno en honor de Apolo) por la victoria
de Salamina cuando contaba unos dieciséis años. Participó vivamente en la vida política de Atenas,
de la que parece que no salió nunca a no ser para prestarle servicios. Su amor a la ciudad y su
larga vida de noventa años (murió en el año 406) lo convierten en el testigo más cualificado del
siglo de mayor esplendor y de mayores calamidades que vivió Atenas en toda su historia.
Desempeñó el cargo de estratego junto a Pericles en la batalla de Samos en el 441 a. C. y el de
tesorero en el año 442, pero su actividad política no es relevante para conocer su personalidad
poética. El público estimaba mucho su labor creadora y también su participación en la escena, tanto
tocando la cítara como danzando. Compuso más de cien tragedias, unas veinte de las cuales
ganaron el concurso, pero sólo conservamos enteras las siete siguientes: Áyax, Antígona, Edipo
Rey, Las Traquinias, Electra, Filoctetes y Edipo en Colono.
Entre las innovaciones que aportó al arte escénico, están la introducción de un tercer actor, el
aumento a quince del número de miembros del coro y el desarrollo de los decorados. También
abandonó la estructura trilógica de Esquilo y convirtió en tema de sus tragedias la figura de un
personaje aislado. Así, se erigió en el autor trágico que mejor supo transmitir el dolor del ser humano
frente a la soledad de su destino, como reflejan sus obras más importantes: Edipo Rey, el hombre
que se ciega a sí mismo por haber encontrado su destino, lleva a escena el trágico reconocimiento
por parte del héroe de su verdadera vida (asesino de su padre y esposo de su madre, tal como
vaticinó el oráculo); Antígona, la hija de Edipo condenada a muerte por dar sepultura a su hermano
Polinices, quebrantando así la orden de su tío Creonte, quien había prohibido que fuera enterrado.
Antígona representa la lucha por la libertad y el enfrentamiento entre la justicia y los sentimientos;
Electra, muestra a otra heroína femenina de gran fortaleza que instiga a su hermano Orestes a
asesinar a Clitemnestra, la madre de ambos.
Con Sófocles comienza un nuevo estilo de teatro, dominado por la acción centrada ahora sobre
todo en los personajes. La intervención del coro es menor, aunque sigue siendo importante, porque
acompaña las acciones del héroe con sus plegarias, cantos de dolor o alegría, o con sus consejos.
Sófocles mezcla con originalidad escenas tradicionales y escenas innovadas para crear una acción
teatral compleja. Particularmente notable es el uso del diálogo entre dos o tres personajes.
Sófocles toma los temas de la leyenda heroica de modo muy similar a Esquilo, pero los dota de
rasgos de carácter nuevos que los hacen más creíbles, menos mitológicos, más reales en definitiva.
Esquilo ofrece en la escena una visión teológica y una reflexión sobre las causas del dolor, pero en
la medida en que afectan a toda la sociedad, a una ciudad o a un grupo. Sófocles puede tratar el
drama de toda una ciudad, como en Edipo Rey, pero su interés se centra en el drama del personaje
Edipo; individualiza, pues, el sufrimiento. El esquema tradicional del héroe poderoso y luego
sufriente es para él lo esencial.
Veamos, a continuación, el argumento de cada una de las siete tragedias conservadas de
Sófocles:
Áyax
Tras la muerte de Aquiles, tres héroes se disputan sus armas: Agamenón, Odiseo y Áyax. Vence
Odiseo, que es quien menos va a necesitarlas. Áyax no tolera esa afrenta y, furioso y enloquecido,
cree lanzarse sobre los argivos, que resultan ser en realidad sus propios rebaños. La diosa Atenea
es la que ha intervenido aquí para evitar que Áyax saciase su ira en sus camaradas argivos. Cuando
Áyax recupera la cordura y ve que en vez de matar a los argivos ha hecho una carnicería con sus
rebaños, reacciona de forma sorprendente y violenta. Decide suicidarse arrojándose sobre su
espada. La tragedia acaba con el entierro del héroe a hombros del coro de marineros de Salamina
que lo acompañan, mientras su esposa, Tecmesa, se lamenta desconsolada.
Filoctetes
Filoctetes marchó a Troya enfermo por la mordedura de una serpiente. El olor de la herida
molestaba a los marineros, quienes decidieron abandonarlo en la desierta isla de Lemnos. Le
dejaron un arco y unas flechas para que pudiera sobrevivir. Ese arco, sin embargo, era regalo del
mismísimo Heracles. Un oráculo anunció que la toma de Troya no sería posible sin ese arco. Por
ello, los griegos vuelven a la isla de Lemnos. Neoptólemo (hijo de Aquiles) y Odiseo intentan que
Filoctetes entregue el arco y, para conseguir su propósito, el astuto Odiseo se vale de engaños y
artimañas. Pero no resulta fácil y sólo la presencia final de Heracles como deus ex machina
convence a Filoctetes. Entrega el arco, abandona la isla y participa en la toma de Troya y, por obra
de Asclepio (dios de la Medicina), su herida queda curada.
Edipo Rey
Es la obra cumbre de la tragedia griega; acción y suspense se ponen al servicio del mensaje:
¿Quién soy yo? ¿Por qué he nacido en una determinada tierra, época y familia? ¿Está toda nuestra
vida marcada por el destino? ¿Qué margen de libertad tiene el hombre para tomar decisiones?
¿Pueden conjugarse destino, libertad y responsabilidad? Sófocles responde de forma magistral a
estas preguntas.
Sobre Layo, rey de Tebas, pende un oráculo: el hijo que nazca de él y de Yocasta le matará.
Pero, a pesar de todo, Layo y su esposa tienen un hijo. Para impedir que se cumpla el oráculo,
Layo decide exponer al recién nacido. Le perfora los tobillos para atarlos con una correa y la
hinchazón producida por esta herida le vale al niño el nombre de Edipo, que significa "pie hinchado".
La criatura es entregada a un sirviente para que le dé muerte. El sirviente se dispone a abandonarlo
para que sea pasto de las fieras. Entonces aparece un pastor de Corinto. Pólibo y Mérope, reyes
de Corinto, no tienen hijos. El pastor se lleva a Edipo para que sus señores lo adopten. Edipo salva
su vida, pasando toda su infancia y adolescencia en la corte de Pólibo, de quien cree ser hijo. Pero,
al llegar a la edad viril, abandona a sus padres por un motivo: con ocasión de una riña, un corintio
le revela que no es hijo del rey, sino un niño recogido. Edipo interroga a Pólibo, quien, finalmente,
acaba confesándole la verdad. Entonces Edipo decide marchar a Delfos para consultar al oráculo
y averiguar quiénes son sus verdaderos padres. En el transcurso de este viaje, en una encrucijada
de caminos, tropieza con un anciano distinguido que va acompañado de escoltas. Se produce un
forcejeo; Edipo mata a ese anciano (Layo) y a sus escoltas. Sólo uno sobrevive, el mismo que,
años atrás, entregó a Edipo al pastor corintio. Edipo prosigue su camino hacia Tebas. Al llegar allí
descifra el enigma de la Esfinge (un monstruo mitad león y mitad mujer) y, como recompensa,
obtiene la mano de Yocasta y el trono de Tebas. Edipo, convertido en rey de Tebas, vive años de
felicidad en compañía de su esposa y de sus cuatro hijos: dos varones, llamados Eteocles y
Polinices; dos mujeres, llamadas Antígona e Ismene.
La tragedia escrita por Sófocles comienza cuando la ciudad sufre una epidemia. La situación
es catastrófica; los ciudadanos piden a Edipo que los proteja. Edipo envía a su cuñado Creonte al
oráculo de Delfos en busca de información que explique las causas de la epidemia. Hay un hombre
impío en la ciudad: esa es la causa. Edipo promete descubrirlo y expulsarlo, lanzando contra él
terribles maldiciones. La acción avanza con la aparición en escena del adivino Tiresias, de Creonte,
de Yocasta, de un mensajero de Corinto que anuncia la muerte de Pólibo y, finalmente, la del viejo
sirviente de Layo, que acaba confesando la realidad de los hechos. Edipo comprende que el hombre
impío al que aludía el oráculo no es otro que él mismo. Yocasta se suicida, él se ciega, y, en
compañía de su hija Antígona, sale desterrado de su patria.
Edipo en Colono
Cuando Edipo descubre que ha matado, sin saberlo, a su padre, y que ha compartido lecho, sin
saberlo tampoco, con su madre, se ciega y sale desterrado de Tebas. Al inicio de la obra, Edipo,
guiado por su hija Antígona, se encuentra en Colono, demo del Ática. Quiere vivir en paz los pocos
días de vida que le concedan los dioses. El rey de Atenas, el legendario Teseo, le brindará
hospitalidad y cobijo. La llegada imprevista de la otra hija de Edipo, Ismene, pone un acento de
alegría entre tanto pesar. Pero la felicidad de Edipo dura poco; vuelve Creonte para proponerle el
regreso a su tierra y la reconciliación. Vuelve también su hijo Polinices, para pedirle perdón y la
bendición antes de su enfrentamiento con Eteocles, el hermano que se niega a abandonar el trono
de Tebas. Edipo no quiere saber nada ni de su cuñado Creonte ni de su hijo Polinices; sólo
consiguen despertar en él indignación, rencor y cólera. Polinices recibirá todo el odio y el desprecio
de su padre. Edipo sólo quiere que lo dejen vivir en paz sus últimos días. La paz llegará sólo con la
muerte; unos truenos indican que la hora final se acerca. Entonces Edipo alcanza la plenitud, el
gozo y la felicidad.
Antígona
Antígona, hija de Edipo, desoye la prohibición de su tío y gobernante de Tebas, Creonte, de enterrar
a Polinices, caído en el enfrentamiento fratricida con Eteocles. Al amanecer procede a dar sepultura
al cadáver. Los guardianes la sorprenden, la capturan y la llevan ante Creonte. Antígona defiende
las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses frente a las disposiciones de Creonte. Éste
ordena la muerte de Antígona. En vano trata de impedirlo Hemón (hijo de Creonte), que está
enamorado de la joven. Antígona es enterrada viva en una cueva y Hemón la acompaña. Desde
ese momento todo va mal en Tebas; el adivino Tiresias explica la causa: los dioses desaprueban
la muerte de los jóvenes. Creonte intenta dar marcha atrás, pero ya es demasiado tarde. En la
cueva se ve lo irremediable: Antígona está muerta, Hemón todavía vive, lo justo para autoinmolarse
con ella ante los emisarios de su padre. Creonte esboza un arrepentimiento ya inútil. Su propia
esposa, Eurídice, se suicidará al conocer lo sucedido. Creonte quedará al final de la obra solo,
abandonado y roto de dolor.
Electra
Cuando Agamenón regresa a su casa después de la guerra de Troya, su esposa Clitemnestra lo
asesina en colaboración con Egisto, su amante. Agamenón y Clitemnestra tuvieron dos hijos:
Orestes y Electra. La obra de Sófocles comienza cuando ya han transcurrido varios años desde la
muerte de Agamenón. Electra, que ahora es una mujer, espera ansiosamente el regreso de su
hermano Orestes para vengar la muerte del padre (en el momento del asesinato de Agamenón y
para evitar que lo mataran también, Electra, la hermana mayor, sacó a escondidas del palacio al
pequeño Orestes y el niño se crió lejos de su madre, en Fócide). En la obra de Sófocles, Orestes,
convertido ya en un joven, se reencuentra con su hermana Electra; ambos planean el asesinato de
Clitemnestra y Egisto y lo llevan a cabo.
Traquinias
La acción se desarrolla en Traquis, en Tesalia. Deyanira, la esposa de Heracles, aguarda el regreso
de su marido, que lleva en campaña quince meses. La llegada del héroe es inminente, pero... no
viene solo; con él está Yole, joven princesa de quien se ha enamorado. Deyanira sabe que no podrá
competir con una mujer más joven y hermosa que ella. Entonces le hace llegar a su esposo una
túnica impregnada con la sangre del centauro Neso; piensa que será una especie de amuleto eficaz.
Pero, al poco de haberla enviado, tiene un extraño presagio: el copo de lana con el que había
untado la túnica se deshace. Ya no puede hacer nada. La túnica llega a Heracles; se la pone y, al
instante, comienza a retorcerse, a enloquecer. Deyanira, al conocer lo sucedido, se suicida,
mientras que el héroe moribundo aún tiene fuerzas para pedirle a su hijo Hilo que lo coloque en
una pira funeraria en la cumbre del monte Eta, donde se producirá su apoteosis.
EURÍPIDES
Eurípides nació en 485/484 a. C. Recibió una buena educación, destacando como atleta y
frecuentando el trato de los filósofos y sofistas más destacados del momento. Su participación en
la vida política, sin embargo, fue más bien escasa; dedicó todo su esfuerzo a los libros (sabemos
que tenía una buena biblioteca, hecho excepcional en la Atenas de su época) y a su labor teatral.
Al contrario que Esquilo y Sófocles, Eurípides parece que vivió al margen de la vida de la ciudad.
Más que un ciudadano fue un intelectual. Se dice que en Salamina componía habitualmente sus
obras y que allí meditaba en una gruta de la isla sobre los enigmas de la existencia, alejado de los
hombres y con la mirada fija en el mar, lo que quizá explica la abundancia de imágenes marinas
que hay en su obra. Su comportamiento le creó un ambiente hostil entre los sectores más
conservadores de la vida ateniense, que acabarían empujando al poeta al exilio en la corte
macedonia de Arquelao, donde murió en el año 407 a. C.
Al parecer compuso 90 tragedias de las que se conservan 19. Participó por primera vez en los
certámenes teatrales en el 455 a. C. y su primera victoria le llegó catorce años después, lo que
puede considerarse una prueba de su enfrentamiento con el público; sin embargo, su labor fue
plenamente reconocida posteriormente, como lo demuestra el hecho de que sus tragedias se
representaran en distintos lugares de Grecia con frecuencia y que se conserven más que de los
otros dos poetas. Las obras conservadas son las siguientes: El Cíclope, Alcestis, Medea,
Hipólito, Hécuba, Andrómaca, Los Heraclidas, Las Suplicantes, Heracles, Las Troyanas, Ión,
Ifigenia entre los Tauros, Helena, Electra, Orestes, Las Fenicias, Ifigenia en Áulide, Las
Bacantes y Reso.
Los elementos más característicos de los dramas euripídeos son los siguientes:
• Los prólogos, en los que se cuentan los acontecimientos anteriores a la acción inicial de la
tragedia, suelen ser recitados por un solo actor.
• Las leyendas heroicas reciben un tratamiento nuevo, a menudo con la intención de criticar a
los dioses y a los héroes tradicionales.
• Los dioses son para Eurípides símbolos de los poderes irracionales. Los destinos humanos
están dirigidos por la fortuna.
• Eurípides muestra un gran interés por los personajes femeninos (la mayor parte de sus obras
conservadas llevan nombre de mujer) a los que dota de nueva caracterización. Las mujeres
de Eurípides no son idealistas; se mueven por sentimientos personales y por las propias
pasiones.
• Eurípides critica duramente muchos principios tradicionales considerados por la sociedad
ateniense intocables, como la superioridad del hombre sobre la mujer y del griego sobre el
bárbaro o la virtud de la guerra.
• Eurípides utiliza la tragedia como un foro para exponer sus ideas, sus inquietudes o su
actitud inconformista.
• Al final de la obra acude al recurso del deus ex machina, es decir, de un dios que aparece al
final de la obra para arreglar situaciones que parecían imposibles de solucionar. El recurso
recibe el nombre de deus ex machina porque el dios aparecía en escenas colgado de una
especie de grúa (mhxanh, latín machina), como si viniera del Olimpo o de los cielos.