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El sapo y sus sueños de transformación

El sapo sueña que es árbol, río, caballo, viento, luciérnaga y nube. Después de cada sueño, cuenta su experiencia a los otros sapos. Sin embargo, no le gusta ser ninguna de esas cosas, porque cada una tiene limitaciones que no le permiten ser completamente libre. Finalmente, el sapo sueña que es sapo y se despierta feliz, porque prefiere ser él mismo.

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El sapo y sus sueños de transformación

El sapo sueña que es árbol, río, caballo, viento, luciérnaga y nube. Después de cada sueño, cuenta su experiencia a los otros sapos. Sin embargo, no le gusta ser ninguna de esas cosas, porque cada una tiene limitaciones que no le permiten ser completamente libre. Finalmente, el sapo sueña que es sapo y se despierta feliz, porque prefiere ser él mismo.

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Letra: Elio Castro

Los sueños del sapo


Una tarde un sapo dijo:

–Esta noche voy a soñar que soy árbol. Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era
feliz; iba a ser árbol esa noche. Todavía andaba el sol girando en el campanario de una
iglesia.

-Estuvo un largo rato mirando el cielo. Después bajó a la cueva, cerró los ojos y se quedó
dormido. Esa noche el sapo soñó que era árbol. A la mañana siguiente contó su sueño. Más
de cien sapos lo escuchaban.

–Anoche fui árbol –dijo–, un Pardillo. Estaba cerca de unos paraísos. Tenía nidos. Tenía
raíces hondas y muchos brazos como alas, pero no podía volar. Era un tronco delgado y alto
que subía. Creí que caminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí que lloraba,
pero era la lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio, subiendo, con las raíces sedientas y
profundas. No me gustó ser árbol.

El sapo se fue, llegó a la huerta y se quedó descansando debajo de una hoja de acelga. Esa
tarde el sapo dijo:

–Esta noche voy a soñar que soy río.

Al día siguiente contó su sueño. Más de doscientos sapos formaron rueda para oírlo.

–Fui río anoche dijo. A ambos lados, lejos, tenía las riberas. No podía escucharme. Iba
llevando barcos. Los llevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos en el puerto. La
misma prisa por partir, la misma prisa por llegar. Descubrí que los barcos llevan a los que
se quedan. Descubrí también que el río es agua que está quieta, es la espuma que anda; y
que el río está siempre callado, es un largo silencio que busca las orillas, la tierra, para
descansar.

-Su música cabe en las manos de un niño; sube y baja por las espirales de un caracol. Fue
una lástima. No vi una sola sirena; siempre vi peces, nada más que peces. No me gustó ser
río.

Y el sapo se fue. Volvió a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los
límites del perejil. Esa tarde el sapo dijo: –Esta noche voy a soñar que soy caballo-. Y al día
siguiente contó su sueño. Más de trescientos sapos lo escucharon. Algunos vinieron desde
muy lejos para oírlo.

–Fui caballo anoche dijo. Un hermoso caballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que
huía. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; todo el Llano bajo el látigo.
Oía latir el corazón del hombre que me castigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo
en el agua. Me ataron a un poste. Después vi una estrella grande en el cielo; después el sol;
después un pájaro se posó sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.

Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente dijo: –No me gustó ser viento.

Soñó que era luciérnaga, y dijo al día siguiente: –No me gustó ser luciérnaga.

Después soñó que era nube, y dijo: –No me gustó ser nube.

Una mañana los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.

-¿Por qué estás tan contento? -le preguntaron.

Y el sapo respondió:

-Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era sapo.

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