Lectura para Foro 2
Lectura para Foro 2
de la Información y de la
Comunicación en Educación
Veinte visiones
de la educación
a distancia
Educación a distancia, un caleidoscopio
para el aprendizaje en la diversidad
Manuel Moreno Castañeda
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Veinte visiones de la educación a distancia
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Educación a distancia, un caleidoscopio para el aprendizaje en la diversidad
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Veinte visiones de la educación a distancia
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Educación a distancia, un caleidoscopio para el aprendizaje en la diversidad
Mitos y realidades
Entre los peligros que acechan a la educación a distancia, que son muchos
y muy variados, habría que destacar la poca o exagerada valoración de sus
posibilidades, la tendencia a organizarla y compararla con criterios de la tra-
dicional educación áulica y la obsesión por estar al día en las innovaciones
tecnológicas.
Respecto a la exageración de sus bondades, entre lo que se promete en
nombre de la educación a distancia y sus realidades suele haber una gran
diferencia. Es muy común escuchar exageraciones, verdades a medias o so-
luciones fuera de lugar sobre las posibilidades de esta modalidad, que al no
lograrse los resultados ofrecidos, en lugar de servir como promoción tienden
a su desprestigio. Al respecto, y entre otros, los siguientes casos:
¿Más barato? El pregonar que con los sistemas de educación a distancia
los costos se abaten y, por lo tanto, se puede atender a más estudiantes, es
una afirmación muy común no siempre bien sustentada, que luego puede dar
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Veinte visiones de la educación a distancia
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Educación a distancia, un caleidoscopio para el aprendizaje en la diversidad
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Veinte visiones de la educación a distancia
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Educación a distancia, un caleidoscopio para el aprendizaje en la diversidad
Límites y posibilidades
Vale la pena insistir en la reiteración de que nada perjudica tanto al desarrollo
de la educación a distancia y el logro óptimo de sus resultados como la exage-
ración de sus bondades, pero también resulta perjudicial su poca valoración.
Entre las posturas extremas están sus posibilidades reales.
En el estudio prospectivo que realizó el Instituto Latinoamericano de
Comunicación Educativa acerca del futuro de la educación a distancia y el
e-learning en América Latina, se hace un cuestionamiento muy interesante
respecto a las posibilidades mencionadas:
Entre sus grandes limitantes están, sin duda, los factores económicos,
políticos, culturales y tecnológicos, por separado y, sobre todo, cuando se con-
juntan: la pobreza que impide el acceso a la educación y la tecnología; la cultura
tradicionalista, tanto personal como organizacional, cuyos temores y prejui-
cios inhiben las innovaciones; los detentadores de poder, que temen perder
el control cuando cambian las relaciones educativas. En fin, son situaciones
factoriales muy variadas y de gran complejidad, que deben ser consideradas
en el momento de trabajar proyectos de educación a distancia, para poder, en
cada contexto, desarrollar el modelo más apropiado y aprovechar de la mejor
manera las cualidades de la educación distancia.
Independientemente de las variantes de la educación a distancia, don-
de cada una tendrá sus propias cualidades, vale la pena hablar de al menos
tres de las ventajas cualitativas atribuibles a su generalidad: la posibilidad de
ampliar el alcance de los programas educativos, por sus estrategias y medios
utilizados; la flexibilidad en los tiempos, que los estudiantes pueden adaptar
a sus propias condiciones y posibilidades de estudio; y el propiciar que los
estudiantes, desde una postura autogestiva, se apropien y responsabilicen de
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Veinte visiones de la educación a distancia
Lo aprendido
Difícil en temas educativos llegar a conclusiones definitivas, pero sí se puede
hablar, a manera de conclusiones provisorias, de lo aprendido hasta los mo-
mentos en que se escribe este texto, con hincapié en los siguientes puntos:
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Educación a distancia, un caleidoscopio para el aprendizaje en la diversidad
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Veinte visiones de la educación a distancia
O estudo da cultura digital como o fazer do homem é o eixo para entender as mudanças
ocorridas, por isso o ser humano será considerado como ser e devir de sua práxis, tam-
bén no espaço virtual. Ele “está sendo” em lugares digitais e virtuais. Por meio de me-
diações que não são catagorias, mas maneiras de fazer cultura que permiten atualizar a
sua prática numa dimensão transcultural do cotidiano (Gomez, 2004, p. 188).
En síntesis
Concibo el desarrollo de la educación a distancia en todo su potencial, incorpora-
da a las políticas y estrategias educativas integrales, como parte esencial de otras
políticas sociales. Su fortaleza, necesariamente, va ligada a políticas de largo al-
cance que consideren la diversificación de oportunidades educativas; que con una
visión más allá de lo escolar, vinculen la educación a todas las acciones sociales y
se desarrollen estrategias que reviertan las inequidades en el acceso a los sistemas
de información y comunicación, en especial cuando éstos son requeridos para
acciones educativas que transciendan en mejor calidad de vida para todos.
Más que fortalecer la educación a distancia en cualquiera de sus variantes,
lo esencial es potencializar el alcance de los grandes fines educativos, como:
“saber ser”, en el que la educación a distancia puede contribuir al factor de la
autonomía y autogestión, así como a la responsabilidad y compromiso con el
propio proceso de formación; “saber convivir”, sobre todo porque en la edu-
cación a distancia hay más oportunidad de relacionarse con personas de otras
culturas, orígenes y edades, que viven en ámbitos diferentes al entorno cercano
que caracteriza los contextos escolares áulicos; y servir como espacio de inno-
vación y aprendizaje institucional, por ser una modalidad donde las personas
están habituadas a la búsqueda y construcción de nuevas prácticas educativas.
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Educación a distancia, un caleidoscopio para el aprendizaje en la diversidad
Referencias bibliográficas
Campbell, J. (ed.) (2001). Creating our Common Future. Educating for
Unity in Diversity. Oxford, Nueva York: UNESCO & Berghahn Books.
Bindé, J. (ed.) (2004). The future of values. 21st. Century Talks. EUA:
UNESCO & Bergham Books.
Gomez, M. (2004). Educação em rede: uma visão emancipadora. Sao
Paolo, Brasil: Cortez e Instituto Paolo Freire.
Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (2008). El futu-
ro de la educación a distancia y del e-learning en América Latina.
Una visión retrospectiva. México.
Mena, M. (comp.) (2004). La educación a distancia en América Latina.
Modelos, tecnologías y realidades. Puebla: El Colegio de Puebla/
ICDE.
Moreno Castañeda, M. (2010). Educación, futuro y virtualidad. Presen-
tado en la XIX Conferencia Internacional de Educación a Distancia,
Universidad de Guadalajara, Sistema de Universidad Virtual.
Ramírez, C. (1994). Hombre, sociedad, educación y gobierno. Reflexiones
sobre la educación a distancia. III. Costa Rica: UNED.
Wallerstein, I. (2001). Conocer el mundo. Saber el mundo. El fin de lo
aprendido. Una ciencia social para el fin del mundo. México: Siglo
XXI/UNAM.
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A veinte años de que en la Universidad de Guadalajara se
instituyó oficialmente la educación a distancia, se invitó a
veinte personas de reconocido prestigio por sus expe-
riencias y conocimientos en este ámbito, para que com-
partan su concepción y expectativas sobre esta modali-
dad educativa, tomando en cuenta de que es de esa
diversidad de donde mejor se pueden nutrir los enfo-
ques de futuro. Todo en coincidencia con un principio
que ha orientado nuestro quehacer académico: el respe-
to, aprovechamiento y goce de la diversidad.
De ninguna manera se pretende tener y difundir una
idea única para concebir y operar la educación a distan-
cia, conscientes de lo complejo que es todo fenómeno
educativo, la pretensión es que cada lector, o junto con
otros de manera colectiva, reciban estas visiones para
que de acuerdo a su propia visión y proyectos recompon-
gan esta complejidad.
UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA
Sistema de Universidad Virtual
www.fundacionsantillana.com
II
Los sistemas educativos en el marco de un
mundo digital
Muchos investigadores han señalado con insistencia que nuestras sociedades están su-
friendo una mutación estructural que ha modificado las bases sobre las que se construyó
la modernidad y, en particular, los principios bajo los cuales se organizan el conocimiento,
el mundo del trabajo, las relaciones interpersonales, la organización de los mercados,
así como las bases sobre las que se construye la gramática de la política y los ejes ar-
ticuladores de la identidad (individual y colectiva) y los principios de construcción de la
ciudadanía.1 Al mismo tiempo, se ha insistido en la idea de que todos estos procesos
están vinculados, de una u otra forma, al giro tecnológico que caracteriza a esta época.
Sin embargo, el problema está muy lejos de ser un tema técnico y se ubica en rigor en el
centro de la escena cultural contemporánea.
Es cierto que con el ingreso a lo que se ha dado en llamar sociedad del conocimiento,2
nuestros países están cambiando de manera significativa sus perfiles productivos y, al mis-
mo tiempo, las actividades culturales (que incluyen servicios, diseño, productos industriales,
desarrollo de software, producción y exportación de bienes simbólicos y de know how,
etc.) se han colocado en el centro de los debates sobre el desarrollo tanto en América La-
todo el mundo. Todos los analistas reconocen que desde hace 15 o 20 años
tina como en todo
1
Los trabajos que sostienen esto son muy numerosos, pero tal vez la obra de Manuel Castells La era de la infor-
mación (Madrid, Alianza, 1997), complementada con Comunicación y poder (Madrid, Alianza, 2009), fueron
las que mejor mostraron la compleja articulación de estos temas. Aunque sin duda deberíamos sumar las inves-
tigaciones de Scott Lash, Sygmunt Bauman, Sherry Turkle, Dominic Wolton, Pierre Levy, Javier Echeverría, Henry
Jenkins, entre muchos otros.
2
El Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD del año 2001 fue uno de los documentos que abrieron el tema
a un debate profundo de la comunidad internacional que no ha cesado de ampliarse en los últimos años y que
comprende tanto a organismos internacionales como a universidades, empresas y ONGs.
15
Pues bien, estos cambios en el perfil industrial y tecnológico de nuestros países que
impactaron directamente en el mundo de la cultura también cambiaron el perfil de los
consumos y del uso del tiempo libre de los ciudadanos. Si bien no hay un consenso ge-
neralizado sobre las características que están asumiendo nuestras sociedades, es posible
enumerar una gran cantidad de cambios en todos los niveles de la vida social. Zygmunt
Bauman utiliza una imagen que los resume bien: se trata de la “licuefacción acelerada de
marcos e instituciones sociales” que funcionaron como articuladores de la modernidad
(Bauman, 2005).
Aun cuando nadie puede saber hacia dónde nos lleva exactamente esta mutación sim-
bólica, es posible, de manera muy general, señalar que el modo en que se organizaron la
política, la cultura, la base tecnológica de la economía, el orden jurídico y las instituciones
que caracterizan a la modernidad está en crisis. Manuel Castells denominó muy tempra-
namente este fenómeno “proceso de desterritorialización” y le atribuyó, con razón, una
importancia estratégica. El cambio de época incluye de manera fundamental la crisis de
los territorios modernos, territorios que no se reducen a la geografía de un Estado nación,
es decir a las fronteras materiales que fijaron los países, sino a sus instituciones, valores,
creencias, ideologías y a los espacios públicos y privados que delimitaron el territorio
político, social y de la intimidad familiar o personal.
16
Por otra parte, la expansión de las TICs y su desembarco en la intimidad de los hogares
privados han obligado a repensar el concepto mismo de “espacio público” y la forma en
que se han pensado los lugares donde se han concentrado buena parte de los consumos
culturales del presente siglo. La sostenida expansión de los medios y su instalación en
3
Especialmente en su texto La corrosión del carácter, Barcelona, Anagrama, 2000.
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espacios antes reservados para la vida familiar han llevado a muchos autores (como Javier
Echeverría) a replantear la relación entre lo local y lo global, entre lo público y lo privado
y entre lo individual y lo colectivo.4
4
Esta idea la desarrolla en su texto Telépolis, Barcelona, Ediciones Destino, 1994.
5
Según el Sistema Nacional de Consumos Culturales, la Argentina registraba un promedio de 2,4 televisores por
hogar en el total del territorio nacional.
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población; Chile es el país con mejor tasa de acceso (alcanza el 50,4% de la población),
mientras que en la Argentina la cifra ha llegado al 48,9% de sus habitantes.6 El país con
menor penetración es Bolivia (con solo el 10,7% de su población con acceso a Internet),
mientras que algunos países han incrementado de manera exponencial el acceso en la
última década, ya que partían de cifras muy bajas a comienzos de 2000: la República
Dominicana, Paraguay y Guatemala, entre otros.
La presencia de Internet en los hogares, en los lugares de estudio o de trabajo, así como
en los locutorios y cibercafés, entre otros espacios públicos, ha revolucionado las prácticas
culturales, sobre todo –pero no solamente– entre los más jóvenes. El complejo entorno
tecnológico que caracteriza hoy a nuestras sociedades –y donde se socializan las genera-
ciones más jóvenes– ha creado hábitos y prácticas culturales absolutamente novedosas y
que no se podían imaginar hace quince o veinte años. Uno de los usos tempranos de las
computadoras (y más tarde de la web) ha sido la práctica de los videojuegos, que no solo
ocupa a los más jóvenes sino que atraviesa distintos grupos etarios. Las industrias cultu-
rales se interesaron mucho en este rubro que ha tenido un desarrollo comercial enorme
a través de la elaboración de juegos (tanto online como offline) que han capturado la
atención de millones de internautas (el 22% de quienes se conectan en la red lo hacen
para jugar) y que han merecido análisis bien específicos sobre sus lenguajes, sistemas de
reglas, estéticas, relatos, etcétera.7
6
Los datos provienen del Internet World Stats actualizados al mes de diciembre de 2009 y se pueden consultar
las tablas completas en: www.internetworldstats.com/stats10.htm
7
Véanse, por ejemplo, la compilación de Ferdig (2008) y los aportes de Squire (2008) y Gee (2004), entre muchos
otros analistas de los videojuegos y de su impacto educativo.
19
partícipes en los blogs) crecieron de manera exponencial en los últimos diez años y las
cifras que intentan dar cuenta de este universo se vuelven viejas día a día (como casi
todas las mediciones que corresponden a Internet) pero son siempre muy significativas y
se encuentran en plena expansión.8
A este fenómeno de los blogs debemos sumar el desarrollo de las redes sociales, que ha co-
lonizado en buena medida las prácticas culturales (y las formas de relación social y vínculos
interpersonales) de los usuarios de la red. Al igual que los blogs, estas redes son muy recien-
tes pero se han vuelto muy robustas luego de una década de existencia. Aparecieron allá
por 2001 y 2002 y recién en 2003 se volvieron populares cuando aparecieron sitios como
MySpace y Friendster, entre otros. Pero no debemos perder de vista que estas experiencias
no encuentran su forma definitiva hasta tanto no se resuelva el modelo de negocios que
representan. La aparición y el desarrollo de los sitios son casi siempre los mismos: luego de
probar una plataforma que dé garantías de funcionamiento, un grupo de personas inician
la actividad e invitan a amigos y conocidos a formar parte de la red social. En general, si la
propuesta es atractiva, la red se expande muy rápidamente y su crecimiento es geométrico.
Pero para soportarlo, para garantizar su éxito, debe transformarse en un negocio. Un buen
ejemplo, tal vez el mejor, es el de Facebook,9 una red social similar a MySpace que creció de
manera exponencial gracias al respaldo y la inversión de Microsoft.
Durante el año 2009 se duplicó el número de usuarios de las redes sociales y se estimaba
que cerca del 81% de los internautas pertenecían al menos a una red social. Sin embar-
go, la tendencia de quienes son residentes en Internet es a usar varias redes: un estudio
reciente calculaba que en el año 2009 el número medio de redes sociales a las que per-
tenece un usuario es de 2,3 frente al 1,7 del año anterior.10 Por supuesto, este fenómeno
8
En la Argentina el número de bloggers se calcula en unos 500 mil, pese a que siempre se trata de estimaciones.
Según el estudio realizado por la consultora Ignis Medios & Comunicación, el 45% de los bloggers tienen entre 12
y 19 años y el 36% pertenece al segmento de 20 y 35 años. El 65% de ellos son solteros, el 11% está en pareja y
el 14% son casados. Y el 70% de los bloggers se conecta un mínimo de 4 días a la semana. Debe notarse, también,
como lo hace un reciente documental de la BBC, que se calcula que el 90% de los blogs está inactivo actualmente,
lo que habla del dinamismo de esos soportes (cf. www.virtualrevolution.co.uk).
9
El sitio Facebook fue creado por Mark Zuckerber en 2005, ha sido traducido a 70 idiomas y se estima que cuenta
con unos 400 millones de usuarios en abril de 2010. Ha recibido muchas inversiones: la más reciente inyección de
capital a Facebook –27,5 millones de dólares– fue liderada por Greylock Venture Capital (un fondo de inversión
vinculado con la CIA).
10
Ver el sitio The Cocktail Analysis, que ha realizado en 2010 una encuesta al respecto y que muestra la penetra-
ción de las redes sociales en: http://www.tcanalysis.com/2010/02/01/segunda-oleada-del-observatorio-de-redes-
sociales/
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De todos modos, esto no quiere decir –en ningún caso– que cada habitante tenga un
teléfono, ya que aquellos usuarios intensivos de esta tecnología registran hoy 2 o 3 ce-
lulares para uso personal. Pero no cabe duda de que el teléfono celular es el medio de
comunicación que más se ha personalizado y que ha llegado muy pronto a capturar a
todos los grupos etarios o estratos sociales casi independientemente del lugar de resi-
dencia (que hoy es casi la única variable importante, ya que de la localización geográfica
depende la posibilidad de acceso o no a este servicio).
El caso del celular permite ir aproximándose más de cerca a la intersección que nos
preocupa en este documento: la de estos nuevos medios digitales y la escuela. Para la
escuela, el celular –como muchas otras tecnologías–, que los jóvenes usan intensamente,
ha pasado a ser un tema de primer orden, ya que se considera que interrumpe el normal
trabajo en el aula. En efecto, los docentes y maestros están preocupados por el uso que
hacen los alumnos en el aula: se envían mensajes de texto, chatean, hacen bromas con
sus ringtones y, por supuesto, también usan sus teléfonos para copiarse en los exámenes.
No es menos cierto que los alumnos se quejan del uso que hacen los docentes en el aula
de sus celulares, por lo que la prohibición es, en general, doble: para alumnos y para do-
centes. Desde el punto de vista institucional, una de las reacciones ha sido la prohibición
de los teléfonos móviles en el espacio escolar: varias provincias argentinas han legislado
21
Estas nuevas tecnologías no solo han generado diferentes y novedosas prácticas cultu-
rales sino que también registran distintos modos de apropiación de estas. Nos referimos
tanto al lugar que ocupan las tecnologías en la vida cotidiana de las personas como a la
diversidad de usos y sentidos que ellas les otorgan. Pero la aparición de estos fenómenos
novedosos convive (y lo hace de un modo muy particular) con las “viejas” tecnologías
que ya se encontraban instaladas en los hogares y en el espacio público desde hace varias
décadas: el teléfono fijo, la radio, la televisión, entre otras. Sin embargo, puede señalarse
que la presencia de estas nuevas tecnologías ha impactado y modificado (a veces por ab-
sorción, otras por combinación) aquellas que fueron creadas en los dos siglos anteriores y
que no han perdido su vigencia pero sí se han visto modificadas. Como bien lo señala Lisa
Gitelman, “ningún medio […] parece hacer su trabajo cultural aislado de otros medios,
así como tampoco trabaja aislado de fuerzas sociales y económicas. Lo que es nuevo
sobre los nuevos medios tiene que ver con la forma particular en que remoldean a los
viejos medios, y los modos en que los viejos medios se reestructuran para responder a los
desafíos de los nuevos medios”.12
Precisamente para evitar la idea de que lo nuevo reemplaza a lo viejo, como en la visión
banal que teme la desaparición total del libro frente a la computadora o al celular, cabría
hablar más bien de una ecología de medios en la cual conviven aparatos y prácticas
diferentes, a menudo combinados entre la escuela, el hogar, el espacio de ocio y las
sociabilidades con pares, etc. Pero si bien ningún medio desaparece cuando irrumpen
los nuevos, no es menos cierto que ningún medio “viejo” permanece igual cuando se
mezcla, fusiona o combina con los nuevos. La telefonía celular no abolió la existencia de
la radio, la televisión o la fotografía, pero las modificó, las tiñó de novedades y cambió
el vínculo que los usuarios tenían con ellas: por ejemplo, privilegió la radio FM por sobre
la AM, creó productos televisivos exclusivos para celulares y modificó los criterios de
11
En varias provincias argentinas se ha legislado en este sentido, aunque con distinto temperamento en cada
caso. Por ejemplo, el Ministerio de Educación de la provincia de Córdoba dictó la resolución 225/2005, que regula
el uso de los teléfonos celulares en las aulas. La resolución dispone que se permita su uso en “los recreos, horas
libres, momentos de ingreso o egreso de la institución y en aquellos tiempos y espacios en que la naturaleza de la
actividad lo permita”.
12
Bolter y Grusin, en Gitelman, 2008:9.
22
¿Cuál es, entonces, el impacto que están teniendo estos nuevos medios digitales sobre los
sistemas educativos y más específicamente sobre la escuela como institución encargada de
la transmisión de la cultura letrada? Considerados desde la escuela, hay rasgos especiales
en estos nuevos medios sobre los que vale la pena detenerse, no solo porque involucran
nuevas relaciones de conocimiento sino porque proponen diferentes usos que pueden
adaptarse a los fines de la escuela. Por ejemplo, algo sobre lo que se ha insistido es que los
nuevos medios tienen como una de sus características el de ser tecnologías que permiten la
autoría o la creación de los usuarios o receptores (en contraste con los medios tradicionales
en los que el emisor tiene mayor peso). En este punto, se habla de la interactividad que
posibilitan, pero más que en ese rasgo –que por otra parte podría sostenerse también con
cualquier texto escrito–, deberíamos pensar en la posibilidad que abren a la intervención,
reescritura, modificación y cambio de sentido de los productos ya existentes que, de alguna
manera, están ahora abiertos a la resignificación. En efecto, los usuarios o consumidores
están ahora llamados a la creación porque su vínculo con los productos digitales tiene siem-
pre un horizonte abierto: ahora intervienen sus fotos, editan sus videos, se apropian y crean
sus propias colecciones de música, y rearticulan textos que pueden contener varios modos
de comunicación (palabra, música, imagen) al mismo tiempo.
Para la escuela, se plantea una pregunta inevitable: ¿cuáles son las posibilidades creati-
vas y cognitivas que tienen entonces los nuevos medios? Andrew Burn, un docente de
educación en un medio inglés, señala que la posibilidad de ser autores de medios ha
cambiado porque las nuevas tecnologías permiten a una escala mucho mayor, más eco-
nómica en tiempo y más efectiva en el plano de la comunicación, realizar los siguientes
procedimientos:
23
Si bien los dos primeros podían hacerse con un texto escrito a máquina o a mano –como
se hacía en las épocas predigitales–, los dos últimos ciertamente solo pueden hacerse
cuando se puede pasar al lenguaje digital ya sea un texto escrito, un sonido o una ima-
gen, y convertirlos en bits “equivalentes e intercambiables”.
Puede decirse que esta combinación de múltiples medios y de múltiples modos de co-
municación, donde se mezclan sonidos, imágenes, textos, gestos, etc., abre posibilidades
expresivas muy novedosas y desafiantes que la escuela puede utilizar. Los informes que
han elaborado Henry Jenkins (2006) y Tyner y otros (2008) enfatizan las posibilidades
enormes de prácticas de conocimiento que habilitan los nuevos medios, por lo que estos
autores hablan de “permisibilidades” (affordances): acciones y procedimientos que per-
miten nuevas formas de interacción con la cultura, más participativas, más creativas, con
apropiaciones originales.
Veamos, por ejemplo, el listado de operaciones con el conocimiento que los medios digi-
tales permiten realizar. En opinión de Jenkins y sus colegas, los nuevos medios hacen que
los jóvenes se vinculen al saber a través de las siguientes acciones:
24
Otros informes de especialistas producidos en los últimos años señalan cuestiones simi-
lares, aunque algunos lo hacen en un tono más crítico que el informe coordinado por
Jenkins, e insisten en que estas posibilidades o permisibilidades que habilitan los nuevos
medios no son necesariamente las prácticas más habituales entre los niños y jóvenes de
hoy. Esto lo podemos constatar en nuestros países, donde los jóvenes orientan la utiliza-
ción de las nuevas tecnologías hacia los juegos más sencillos, las relaciones interperso-
nales, la música, el consumo de videos y el esparcimiento, sin asociar estas prácticas con
procedimientos de tipo escolar ni con prácticas más complejas de conocimiento.
Por ejemplo, cuando se habla de la posibilidad de un juicio sofisticado que permita eva-
luar la confiabilidad de los datos, se deja de lado que la práctica más habitual en cualquier
búsqueda en Internet es rastrear dos o tres entradas del resultado de la búsqueda, que
suelen ser las más visitadas y no necesariamente las más precisas ni certeras. El hecho
de que la mayoría de los usuarios (no solo las nuevas generaciones) desconozcan los
criterios de jerarquización de la información de los principales buscadores que usamos
cotidianamente, habla de la distancia entre esas permisibilidades y las prácticas usuales.
Los jóvenes (y también los adultos) suelen realizar el camino más corto y directo hacia un
dato y no aquel que implica cierto grado de evaluación o confrontación de resultados.
Por otro lado, en el informe producido por Tyner, esta autora subraya que hay aspectos de
la interacción con las nuevas tecnologías que permiten procesar los cambios y conflictos
intergeneracionales y que no deberían generar un “pánico moral” por el riesgo o la inse-
guridad de los jóvenes, sino más bien entender cómo funcionan siempre en su relación
con el mundo de los adultos. Si una práctica habitual entre los jóvenes suele ser la de
evitar el escrutinio de los padres (o, de manera más general, “esconderse” del control
adulto), las nuevas tecnologías les ofrecen ahora otro soporte (muy sofisticado y comple-
jo) donde se pueden ejercer múltiples estrategias para lograrlo. Se trata en realidad de
una vieja práctica que ahora se ejercita por otros medios.
Otra práctica que se ha desarrollado en los últimos años consiste en la explosión del con-
tenido generado por los usuarios por medio de tecnologías que permiten “hacerlo por sí
mismo” (do it yourself). Un caso muy interesante lo podemos ver en YouTube:13 un sitio
13
YouTube fue creado por tres antiguos empleados de PayPal en febrero de 2005 y en noviembre de 2006 lo adquirió
Google por 1.650 millones de dólares. YouTube es muy popular gracias a la posibilidad de alojar vídeos personales
de manera sencilla y con distintos formatos. Encontramos clips de películas, videos caseros, programas de televisión,
videos musicales, etc. La mayor parte de los productos que se suben son creados por aficionados.
25
creado en 2005 pareció representar la realización del sueño democrático de darle libre
expresión al ciudadano común y de permitir una plataforma para el intercambio de ma-
teriales audiovisuales. Algunos analistas han contrapuesto esta visión celebratoria y algo
eufórica sobre la creación del ser humano común con una descripción más cruda: no es
más que una base de datos que nos permite ingresar a una plataforma y mirar un video
y nada más. En realidad, YouTube tiene una complejidad mayor: por un lado porque ha
exacerbado el amateurismo, la creación doméstica de imágenes, sonidos y textos que,
si bien suelen ser de muy baja calidad técnica, tienen en muchos casos una pretensión
narrativa, estética o expresionista que se les abre a millones de personas y que se ha
transformado en un sitio que no registra antecedentes en el mundo de la cultura. Pero
por otro lado, YouTube se monta en un fenómeno que ya había inaugurado la televisión:
dar cabida a la palabra y la imagen de la gente común. Hay en todos los medios una es-
pecie de celebración de la vida cotidiana (que puede ser vista como pura banalidad) que
ha dado lugar a que muchas personas busquen allí una plataforma para su identidad o
simplemente un modo de reconocimiento social.
Al mismo tiempo, como lo han señalado Burn y otros estudios de Buckingham (2008) y
de Julian Sefton-Green (1998), estas posibilidades que están en manos de los usuarios
siempre están mediadas por las industrias culturales. En otras palabras: lo que se produce
suele estar, al menos en buena parte, dominado por los géneros, materiales y procedi-
mientos de esas industrias. Como hemos señalado anteriormente, los sujetos contempo-
ráneos somos sujetos “mediatizados”, esto es, moldeados por los medios, y por eso los
productos audiovisuales responden, más que a las estéticas y a la creatividad personal,
a los patrones que imponen las industrias culturales. Así, Buckingham evidencia que los
adolescentes, puestos a crear cortos de ficción, recurren generalmente a la parodia y a
la denuncia sensacionalista, y no usan, porque no conocen, modos más experimentales
de narrar historias o situaciones. La “autoría” es un término que conviene revisar a la luz
de Bakhtin y su idea de la polifonía que habita en cada voz: ¿quién “habla” cuando se
produce un texto audiovisual? ¿De quién son esas imágenes, esos sonidos, ese montaje?
Conviene enunciar estas palabras con cautela, para no caer en visiones celebratorias que
desconocen los márgenes de libertad creativa y estética que se tienen en cada caso.
26
Algo similar señala la antropóloga Mizuko Ito en su estudio sobre el software infantil
(2009). Identifica algunos géneros no solo de los videojuegos sino más en general de los
programas que han sido desarrollados pensando en una audiencia infantil, y logra identi-
ficar algunas constantes: existe un género académico (orientado a mejorar el desempeño
en lengua y matemática, bastante clásico y repetitivo); uno comercial o de entreteni-
miento (suelen ser los más conocidos), y uno constructivista (representado por Seymour
Papert, el creador del programa Logo y de otros proyectos dentro del Instituto Tecnoló-
gico de Massachusetts – MIT). Estas diferencias en los géneros no son tan marcadas a la
hora de evaluar las prácticas de juego de los niños y jóvenes, generalmente organizadas
alrededor de las interacciones que proponen el lenguaje y la lógica de los productos co-
merciales en términos de rapidez y eficacia en el avance a pasos subsiguientes.
Esta antropóloga también observa que desde el marketing y los discursos públicos sobre la
infancia se construye una oposición entre la diversión, que sería “natural y auténtica en la
infancia” –mejor representada en los videojuegos comerciales–, y la educación “aburrida,
seca, llena de polvo” que parece ser “un acto de violencia social y simbólica que va contra
esta naturaleza infantil” (Ito, 2009: 141). La autora señala que los niños y jóvenes “movili-
zan” este discurso de la diversión y del placer contra lo que les proponen los adultos, y que
los desarrolladores de videojuegos se alinean, no inocentemente, en este juego de poder
del lado de los niños, contra la autoridad adulta en el hogar o en la escuela.
Hay, en ambos comentarios (el de los productos audiovisuales creados por jóvenes y el de
las prácticas de juego y los videojuegos), un debate explícito con la idea de que las nue-
vas tecnologías permiten a los niños y jóvenes aprender auto-didácticamente. Librados a
sí mismos, probablemente vayan allí donde las industrias culturales los dirijan, como de
hecho sucede actualmente.
Por supuesto, se podría también argumentar que los jóvenes de hoy aprenden muchas
cosas valiosas por su cuenta y especialmente en la web. La investigación monumental del
equipo liderado por Mizuko Ito da cuenta de la construcción de un “conocimiento ex-
perto” en torno a programas informáticos (por ejemplo, siguiendo programas tutoriales
que pueden descargarse gratuitamente en la red, o bien uniéndose a comunidades de
jóvenes que buscan resolver desafíos en la programación) y/o alrededor de temas de su
interés por parte de muchos jóvenes. La individualización de las pantallas permite hacer
exploraciones singulares y al ritmo que cada uno quiere –o puede–. En algunos casos,
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esas exploraciones fructifican en un capital cultural muy significativo para moverse en los
nuevos medios, con un conocimiento técnico avezado y una experiencia rica en lograr
resolver problemas.
Estas características de exploración singular, más adaptada a los intereses de cada uno,
y hasta cierto punto organizada en forma autodidáctica, diferencian a este modo de
operación con el saber de los nuevos medios de lo que tradicionalmente ha propuesto
la institución escolar. Quisiéramos, en los párrafos que siguen, profundizar en estas opo-
siciones.
Hay un primer elemento que tiene que ver con la sistematicidad y la formalidad de ese
aprendizaje. Henry Jenkins, en su estudio sobre el impacto emocional de la cultura popu-
lar, destaca que “probablemente podamos describir con detalle nuestra primera entrada
a un museo, pero pocos de nosotros nos acordamos de nuestra primera experiencia mi-
rando televisión. Las habilidades que necesitamos para dar sentido a los textos de la cul-
tura popular emergen a través de prácticas educativas informales mientras consumimos
los medios con amigos y con la familia” (Jenkins, 2007:16), y por fuera de la educación
formal.
Lo poco sistemático no es la única característica que separa a uno de otro. Los nuevos
medios proponen, más bien, momentos de gran intensidad emocional y de un espec-
táculo visual impactante; involucran un nivel somático de respuesta corporal, ya sea a
través del “clickear” de la mano o de la inclinación del cuerpo (cuando no, como en
los más nuevos juegos de consola como la Wii, al conjunto del cuerpo). Todo ello se
opone al modo más clásico de relación con el saber que configura la escuela, basada en
la distancia, la reflexión intelectual, la moderación y hasta la represión de los aspectos
emocionales, y el control y reducción de los estímulos visuales más espectaculares, a los
que se juzga distractores y poco interesantes pedagógicamente.
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“Al igual que los sistemas expertos de inteligencia artificial, los personajes de los video-
juegos poseen experiencia en algún área bien definida pero restringida, como el ataque
al usuario. Pero como los videojuegos están muy codificados y se basan mucho en reglas,
tales personajes funcionan de manera muy efectiva; es decir que responden con eficacia
a las pocas cosas que podemos pedirles que hagan, ya sea correr hacia adelante, disparar
o coger un objeto. No pueden hacer nada más, pero es que el usuario tampoco va a tener
la oportunidad de comprobarlo” (Manovich, 2001:80).
El punto que señala Manovich nos conduce a otra de las operaciones con el saber que
menciona Jenkins en su listado de permisibilidades: la simulación, que también se distan-
cia del modo escolar de trabajo con el saber, que se basa más en mostrar, ver y definir
verbalmente.
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Turkle provee varios argumentos sobre la potencialidad y los límites que tienen las simu-
laciones. Señala que:
“La simulación se vuelve fácil de amar y difícil de poner en duda. […] El mode-
lo molecular construido con pelotas y palos cede paso a un mundo animado
que puede ser manipulado con un toque, rotado y dado vuelta; la maqueta de
cartón del arquitecto se vuelve una realidad virtual fotorrealista que uno puede
‘sobrevolar’. Con el tiempo, ha quedado claro que […] este movimiento de la
manipulación física a la virtual abre nuevas posibilidades para la investigación, el
aprendizaje y la creatividad en el diseño. También queda claro que puede tentar
a sus usuarios a una falta de lealtad con lo real […]. La simulación demanda in-
mersión, y la inmersión vuelve difícil poner en duda la simulación. Cuanto más
poderosas se vuelven nuestras herramientas, más difícil es imaginar el mundo sin
ellas” (Turkle, 2009: 8).
La capacidad de poner en duda es, para Turkle, un componente central de una operación
reflexiva sobre la simulación. Pero los entornos virtuales con los que interactuamos y con-
vivimos cada vez con mayor frecuencia avanzan no solo en su capacidad de seducirnos
y fascinarnos con el fin de mantenernos en estado de inmersión, sino que se proponen
justamente borrar toda distinción con el mundo natural o, más aun, competir con eso
que nosotros insistimos en denominar mundo real.
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“Sabemos bien que cada memoria está siempre amenazada de olvido, cada tesoro
amenazado de pillaje, cada tumba amenazada de profanación. También, cada vez
que abrimos un libro –poco importa que sea el Génesis o Los 120 días de Sodo-
ma– deberíamos quizá reservarnos algunos segundos para reflexionar sobre las
condiciones que han vuelto posible el simple milagro de tener a ese libro allí, ante
nuestros ojos, que haya llegado hasta nosotros. Hay tantos obstáculos. Se han que-
mado tantos libros y tantas bibliotecas. Y, asimismo, cada vez que posamos nuestra
mirada sobre una imagen, debemos pensar en las condiciones que han impedido
su destrucción, su desaparición. Es tan fácil, ha sido desde tiempos inmemoriales
tan corriente la destrucción de las imágenes” (Didi-Huberman, 2006: 42).
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repertorios visuales se volverán tanto más urgentes cuanto más crezcan las posibilidades
tecnológicas de producción y archivo de imágenes que, desde hace por lo menos diez
años, son producidas por millones de jóvenes que han desatado una fiebre por el registro
antes que una reflexión acerca del destino de sus producciones.
Pero también podemos abordar el tema desde otra perspectiva igualmente inquietante.
En este fenómeno de la ampliación del “archivo de la cultura” sobre el que ha reflexio-
nado Appadurai, hay un aspecto que es especialmente sugerente para pensar la escuela
–ella misma una institución de conservación y transmisión de la cultura, es decir, una ins-
titución arkhóntica, como la llamaban los griegos, encargada de custodiar la memoria–.
Este antropólogo señala que el archivo es, antes que una recopilación memorialista, el
producto de la anticipación de la memoria colectiva, y en ese sentido hay que pensarlo
más como aspiración que como recolección (Appadurai, 2003).
Este aspecto de la “aspiración” es algo sobre lo que también vale la pena reflexionar en
términos de la relación con la cultura visual contemporánea. En el ambiente educativo, se
suele hacer énfasis en las amenazas y peligros a la privacidad y la seguridad que encierra
Internet, pero se piensa menos sobre la ampliación de esta “capacidad de desear” ya no
en los términos que les preocupaban a algunos pedagogos conservadores como Víctor
Mercante, que decía, a principios del siglo xx, que el cine solo enseñaba a los adoles-
centes a “gozar, gozar y gozar” (cf. Dussel, 2006), sino en relación con aspirar a otros
modelos de vida, a otras experiencias de conocimiento, a otros desafíos vitales.
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Como hemos podido ver, los desafíos que nos abre el nuevo mundo digital están le-
jos de plantearse en términos técnicos o de equipamientos. Una de las preguntas que
debe hacerse la escuela hoy es justamente: ¿qué haremos con estas nuevas demandas
y aspiraciones que atraviesan y constituyen a los jóvenes? El desafío central pasa por
preguntarnos si podremos reconocerlas y enriquecerlas, o si solo serán percibidas como
amenaza y la actitud de la escuela será, como en otros momentos, puramente defensiva.
Esa pregunta, que parece tan sencilla de responder, apunta sin embargo a algo que está
en el corazón de la escuela: su jerarquía de saberes, su “manual de procedimientos”, su
organización de lo visible y de lo decible. La resolución del tema no es sencilla ni todas
sus aristas son fáciles de percibir. Por eso volveremos a reflexionar sobre estas tensiones
en el apartado final.
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Michael Villalba
2281773114
Centro de Estudios Especializados Ausubel
Coordinador Académico
[email protected]