¡AH!
EL AMOR
¡Ah! El amor. Sí señor, ese eterno enemigo del pensamiento y la razón, verdugo cruel de la soledad,
martirio del malvado y castigo del inhumano.
¡Ah! El amor. La pesadilla del sufrimiento que los románticos llaman pasión, desesperanza del abandono
que el poeta llama melancolía.
¡Ah! El amor. Cosa difícil de entender, fácil de sentir. ¡Ah! El amor. Cosa difícil de olvidar, fácil de
digerir.
¡Ah! El amor. Yo, enemigo de la felicidad, amor es enfermedad, virus de los humanos. ¡Ah! El amor.
Cuando todo es miel, qué bendición, alabado sea Dios y los cielos por mi amor. ¡Ah! El amor. Cuando la
hiel nos toca culpamos al inocente y despreciamos al Diablo.
¡Ah! El amor. Vivir para amar, pero amar para morir. ¡Ah! El amor. Amar para vivir, pero vivir para
morir. ¡Ah! El amor. Morir para amar, pero amar para vivir. ¡Ah! El amor. Morir para vivir, pero vivir
para amar.
¡Ah! El amor. Y me fastidia este danzón.
EN LABIOS AJENOS
Ser poeta y ser viento, sintiéndome sólo en labios ajenos.
Viene a mí esta palabra: que soy poeta (quizá, mil amaneceres más de una utopía sin realizarse) y esta es
mi historia.
Poeta, el que escribe de sí mismo, de su dolor, de su pena, de su angustia, de su llanto y su miseria; de su
nostalgia y su amor, de su melancolía y su pasado, de su alegría y su presente, de sus risas y su bondad,
de su felicidad y de su fe; de su odio y su temor, de su amargura y depresión, de sus arranques homicidas
y sus desgarros malditos.
Poeta el que escribe de los otros, de su visión del mundo tan ajena como propia, de las utopías que sueña,
de las otras tantas que pelea. De los altares a lo incierto y los miedos a vivir (si bien no es mejor morir),
de lo que no alcanza y añora, de las cobardías que le desbordan, de la fuerza del amigo; ética y moral de
la sociedad, religión y pecado atroz; de todo escribo cuando soy poeta. En ironías, en sarcasmos y
filosofías me entierran o entierro porque existo sin existir y es ahí cuando soy como el viento que toca los
sueños fugaces.
Soy viento, soy como el viento. Existo porque me sienten o me siento como cuando se siente el verso, la
estrofa, la letra; una tinta me da vida. Soy el viento que está siempre sin ser visto y que acaricias cuando
quieres saber de mí. Soy el viento que refresca tus amores; soy como el viento que no existe, que no se
ve, que sólo tú puedes conocer; porque soy como uno de mis cantares o mis versos que se dicen en labios
ajenos y el viento no se conoce a sí mismo hasta que se siente en labios ajenos.
Quizá poeta y como el viento, sintiéndome en labios ajenos.
ESPECTRO ENTRE LA GENTE
Ha pasado el tiempo y dentro de este cuerpo se muere poco a poco el alma bendita, el espíritu noble. Se
forma el demonio bastardo del Diablo, se hace sombra, niebla, noche, fantasma, espectro, maldad...
muerte en vida. Cuerpo de ángel y demonio, de oveja y lobo, de luz opaca. He matado al Dios que salva y
mancillado su obra, renegado su fe. Me han dicho necio, pero soy feliz y al Dragón he dado mi existencia
y mi vacío.
Espada de dos filos es este juego en donde el ganador se ha extinguido. Se aborrece lo tibio aún cuando se
es parte de una vida, pero vagabundo y errante es el espíritu entre la luz y la sombra. Yo caminé en la luz
pero viví en la sombra. Vivo ahora en la sombra y aborrezco más la luz. Y me he encontrado humano en
esta ruta hacía el infierno.
Dentro de una condena, humano elijo ser y vivirla. No pedí vida ni muerte, por tanto, desprecio aquello
servil y benéfico. Aquél que quiere mi alma limpia e incorrupta por misericordia de salvación y gratitud
de existencia es también el traidor de una obra imperfecta. Por eso voy solo con el que imparte dones de
corrupción, que entre más vil más apto, más humano imperecedero.
Y del mundo no soy nada, demencia de los santos. Los maldigo. A vivir ciegos los condena mi Padre...
Demonio bastardo del diablo soy... Espectro entre la gente.
ESPECTRO TE HAS IDO
Espectro te has ido y la noche contigo. Ya no hay fantasmas en mi cama y la luna ya no asoma por la
ventana. Espectro te has ido y las notas de los lobos ya no se escuchan más en esta tenue oscuridad.
Espectro te has ido y en el espejo ya no existe el fuego que consumía mis pesadillas. Espectro te has ido y
las cenizas del amor que has dejado en mi corazón se dispersan por los cielos y escapan con las estrellas.
Espectro te has ido y me dejaste el miedo. Espectro te has ido y con el sol la soledad brilla en mi
habitación. Espectro te has ido y los abismos no claman tu nombre. Espectro te has ido y en las cumbres
de las águilas las nieves lloran. Espectro te has ido y no me llevas contigo.
Espectro tú has sido el amor de mis sueños y el rey de mis castillos. Espectro te has ido cuando eras mi
único amigo. Espectro no te conozco porque te has ido. Espectro no llores, amor mío. Espectro conóceme
cuando te hayas ido.
HALCÓN DE ALTAS CUMBRES
Halcón de altas cumbres que vuelas en la noche. Halcón de altas cumbres que gobiernas mis temores.
Halcón de altas cumbres, desciende por mí. No hay más estrella que la tuya cuando miro al cielo y si
pregunto a la luna por ti me dice que aún vuelas tras la sombra.
Halcón de altas cumbres que en la lluvia lloras tu dolor, desciende por mí. Halcón que verdugo fuiste de
los miedos y que entre los lagos de fuego venciste al Dragón, no finjas que no me amas. Halcón de altas
cumbres, vuelve entre las nubes, nubes de fuego y pasión que reflejan tu poder y perdón.
Halcón de altas cumbres, no sufras más tu pena. Halcón de altas cumbres deja ya la cruel cadena. Halcón
de mis anhelos no te fundas con espectros. Halcón de altas cumbres, vuelve que te llamo, vuelve que te
amo. Halcón de altas cumbres, desciende por mí.
INFINITO
(Perdido entre sus labios)
Escucha, jaguar, escucha que no hay ruido; mira que estás perdido y en tu propia selva. No, jaguar, no es
un infinito este vacío de sonidos, este hueco en tu laberinto. Pregúntale, jaguar, pregúntale al oído a ese
silencio por qué es que estás perdido.
¡Qué insoportable es ese goteo! ¿No lo crees, jaguar? Plic, plac, plic, plac. La gota en la cubeta. Plic, plac,
plic, plac. No te deja pensar. ¡Cállalo! ¡Mátalo! ¡Muérdelo, jaguar, como cuando mordías el viento,
cuando tus colmillos desgarraban la piel y tus garras herían el cielo! Plic, plac, plic, plac. Gota que es
duda en tu cabeza.
Oye, jaguar, oye esta pregunta, esta posibilidad. ¿No te habrás enamorado, jaguar? Eso siempre te ha
dolido, torturado el corazón, molido tu razón. Considéralo, jaguar, que después de amar siempre te has
quedado con las ganas de saciar tu sed, tu hambre. Siempre tienes sed, de venganza tienes sed; hambre de
morir y de cubrirte con la noche en tu tumba.
¡Qué horrible esa respuesta! ¿No te espanta, jaguar? ¿No te asusta ese infinito de incertidumbre? ¡Hiérela,
jaguar, arráncale el corazón! ¡Cómete sus ojos, sángrale sus manos! ¿No te aterra, jaguar, estar perdido
entre sus labios? Nunca te besaron y no los tendrás. ¡Enemigo de sus labios no podrás!
Escucha, jaguar, escucha el eco de tus pasos en tu cueva. Mira afuera, a tu selva, en la hojarasca hay luna
muerta y en los cielos no hay estrellas. No, jaguar, no fue el Relojero que perdió su tesoro, el infinito. Sí,
jaguar, a lo mejor el Alfarero te construyó esa caverna de huesos y de polvo, de cenizas y de monstruos.
¡Yo me río, jaguar, yo me río! Soy tu rey, tu destino en este mundo. ¡Yo me río, jaguar, de ti me río! El
Dragón te puso en mi camino. ¡Tenme miedo, jaguar, que yo sé que es este vicio en tu cerebro! Llora
mucho, jaguar, que te condeno a estar perdido en el infinito de sus labios.
JARDÍN DE AVARICIA
Sinceramente creo que esto es un fastidio. Heme aquí, en esta jaula, con estas rejas de avaricia humana.
Una vez fui libre y estuve afuera sin saber que la libertad era mi vida, sin sospechar que es pasajera si no
conozco la esclavitud. Repito, pues, que esto es un fastidio.
¡Ah, las montañas! ¡Las montañas! ¡Todo ese cielo y esa extensa libertad! ¡Todo ese aire y el humilde
respirar! ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que pisé las cumbres por última vez? ¿Cuánto tiempo ha
pasado desde que besé las nubes? La última pluma de libertad cayó en los bosques.
¡Maldita avaricia humana! ¡Maldita libertad truncada! ¡Maldita esclavitud tirana! ¿De qué me sirve ya la
vida? Mis ojos, mi bendito tesoro, mi placer extinto. Me han cegado y han enterrado mi alegría. Toda la
hermosura de la tierra que no volveré a ver por la avaricia humana.
Y ahora soy un adorno más en este mundo, en este jardín de avaricia. Un ave majestuosa. Un ave
hermosa. Pero del poder y de mi vida sólo hay fango de avaricia. Sinceramente es un fastidio. Entre los
hombres y entre sus almas, entre sus cuerpos y sus fantasmas. Sinceramente no entiendo en dónde el
hombre está contento, si su avaricia sólo trae sufrimiento. ¿No parece esta vida una jodida avaricia?
MONOCROMÍA
Lentamente el sol se fue ocultando, como mi alma sensible; poco a poco la noche caía, la luna ascendía y
ascendía mi alma oscura. Yo tenía doce años cuando se bifurcó mi esencia...
Todavía lo recuerdo bien, lo tengo claro y firme en mi mente. Estaba solo, sentado en lo alto de aquel
cerro, mirando al horizonte cómo el sol iba descendiendo. El atardecer fue hermoso, como hermoso el
paisaje. Fue la primera vez que vi un atardecer: lo viví, lo observé, lo escuché, lo deglutí con placer, lo
sentí en cada célula de mi ser.
Luego vino el golpe: duro, frío, cruel... como los inviernos, como todos los malditos inviernos. Unas
cuantas casas y árboles en lontananza cambiaron de un café verdoso colorido a un siniestro gris, azul y
negro. Así también se desmoronaba mi espíritu, mi alma, mi mente, mi ser: esencia.
Se escapaban los rayos dorados y el cielo se teñía de colores lóbregos: rojos y carmines, naranjas fríos,
violetas, púrpuras y morados aterradores que abrazaban el azul de olvido y buenas noches. Se me
escapaba la bondad, se horrorizaba el corazón. Miedo, me dio miedo el nacer de un alma nueva que latía
hacía años.
Y de pronto, todo fue distinto: negro, gris, azules oscuros y fríos, deprimentes... La soledad se agudizó, el
silencio fue total, se acrecentó un odio en el vacío de los ojos. Ya no tenía doce años, era ahora un viejo
de incontables días, de una sabiduría oculta y ominosa.
Yo bajé de aquel cerro hecho un fantasma; un cuerpo de dos almas contrastantes. Sufría mi mente, mi
corazón luchaba y mis labios sonreían. Mis ojos lanzaban fuego y mi sangre era un miedo...
— ¿Quién eres?
— Yo tenía un nombre, pero he olvidado cuál era.
— No me has contestado. ¿Quién eres?
— Esperaba que tú supieras...
Han paso casi diez años desde aquel ocaso trágico. Muchas veces he esperado que la luna diga algo, pero
me dice nada y sólo ríe. Después de una velada sin dormir, subo a la parte alta de aquel cerro en mi
mente, y cuando despunta el sol, cuando amanece, me pregunto si se fundirán mis almas como esos rayos
dorados y amarillos se funden con el claro azul del cielo.
NOCHES DE INSOMNIO
Llega la noche y se oscurece mi vida. Así es cada pasar de los días. Mi vida marcada en agonía. Maldita
la hora en que pedí sabiduría.
Mi razón se vuelve demencia y el discernir me ciega de nuevo la vista. La dualidad que al sol se marchita
en las veladas de luna tiene primavera.
Me pudro en el pecado y soy esclavo del diablo. No escatimo en gastos para estar en el mundo. Enemigo
de Dios, ya soy preso en una lágrima.
Me hiere el arrepentimiento, pues mi orgullo me impide ser salvado por amigo y compañero. Ya no sé
que es ser libre, ahora creo que siempre fui esclavo.
No pido gloria, sólo busco que me conozcan. No busco paz, sólo quiero que den tregua. No quiero
cambiar al mundo, sólo pido que me acepte.
Divaga mi alma en el silencio. Divaga mi mente en la oscuridad. Noches de insomnio son un tormento.
Noches de insomnio son también un consuelo.
Existe la perfección en tres conceptos: lo bueno, lo malo y lo tibio o lo equilibrado. Mi lucha es buscar lo
perfecto. Soy humano y fallo.
Se nos niega el derecho de ser perfectos. Se nos exige seguir lo recto. Se nos aconseja escudriñar al
mundo y retener lo correcto.
Me rechaza el ser tibio. Me detesta el ser malvado. Me abandona el ser benigno. Humanos somos y
esclavos en la mente seremos... libres si morimos en el pensamiento.
POLICROMÍA
Siempre hay más de una manera de decir te amo…
…y el sol comenzó a ascender, ni lento ni rápido, sino tal como debía ser. El horizonte, entre los cerros,
nunca es horizonte, es más bien como ribera, esperando que el sol choque sus rayos en ella. Ahí, en el
cerro de todos los diciembres, te dije que te amo. No lo grité porque no era necesario. Tampoco susurré
para que el viento borrara el sonido. Sólo lo dije, dije que te amo. Simple a oídos de los extranjeros, pero
tan profundo como el mar que eres para mí. Dije que te amo.
Tú cuerpo faltaba y estabas conmigo. Mi cuerpo ahí estaba, pero no estaba conmigo. Ni tú ni yo
estábamos donde estábamos. Yo estaba en tu corazón, tú estabas en el mío y los cuerpos estaban en donde
no debían estar. Pero estábamos juntos, unidos. Así te dije que te amo.
Pasaron doce años para que el dolor monocromático quedara en el pasado. Luego llegaste tú. El dorado
dominaba, algún naranja no cedía espacio al púrpura. Y el azul, muy parecido a tu mar… tranquilo
cuando se mira, huracán cuando se ama. Cuando bajé de aquel cerro, a espaldas del villano de hacía doce
años, tu amor fue policromía. Era yo, nada más yo, el que te ama, el que te extraña, el que te sueña, el que
no deja de pensarte, el que busca tus secretos para amarlos sin tregua, el que se apasiona entre tus labios,
el que repasa tu cuerpo, el que llora cuando lloras y ríe cuando ríes, el que te ama porque tú lo amas… era
yo y estabas conmigo. No sabía decir te amo con más colores que el azul, el rosa o algún otro aciago. Hoy
te amo y te lo digo con más colores que un círculo cromático…
…porque a mí me gusta la policromía para decir te amo.
QUIZÁ... COMO QUIEN QUIERE MORIR
Quizá... ¿sabes la fuerza de un quizá? Quizá son mil cosas a la vez. Quizá es un vacío truncado. Quizá es
el amor que se me escapa o es el amor que espera tras la puerta. Quizá es lo que callo cuando te veo, lo
que te digo cuando me voy.
Quizá... tanto poder para ser... sin ser. Quizá es lo que el viento se lleva cuando llueve, es dos veces un no
y un sí. Quizá es no saber qué decir cuando se tiene que vivir. Quizá es la respuesta que no huye y que
encadena más preguntas.
Quizá es la cobardía mía que se esconde de ti. Quizá son los labios mudos y gastados esperando. Quizá es
quedarse quieto mientras todos se mueven. Quizá es el hecho de ser novato cuando se llega uno a viejo.
Quizá es esperanza de vivir, oportunidad para buscar. Ahora es quizá, como quien quiere morir. Quizá es
tragedia entre los versos. Quizá es melancolía de mis amores. Quizá es nostalgia de luna llena.
Muchas veces digo quizá, supongo mientras lucho. Ahora, en presente es quizá lo que viene. Ayer es
quizá de borrar tu sombra. Quizá para mí sólo es quizá... como quien quiere morir.
RELOJ DE ARENA
(La fragmentación del tiempo en mi cabeza)
— Tú me dices nada, siempre dices nada. Sólo callas, inmutas, guardas un silencio absurdo y banal. ¿Por
qué no me contestas? ¿No hablas? ¿No ríes o lloras? Ni el mudo de palabras ausentes dice algo.
Como que estoy estancado, perdido o temeroso. Desconozco todo y sé nada, como si naciese a cada
fracción de segundo, cuando cae un grano de arena parda del reloj en la ventana. Como que me fui de mí
mismo y no me encuentro desde que clavaste tu nombre en las paredes de mi cerebro. Después de ti el
tiempo es una utopía más, supuesto trágico y marchito: hoy es ayer, ayer es mañana y mañana nunca es.
— ¿Me vas a responder? Porque no te entiendo ni te escucho. Creo que estoy sordo porque oigo nada...
nada... nada... ¿Qué es la nada? ¿Qué es nada? ¿Cómo es nada? ¿Qué se siente eso, ser nada, ser la nada?
Como siempre, callas, supongo que eso es nada, la nada: un vacío de uno mismo, de ti en todo caso.
Anoche besé tus labios, probé la nada. Te extrañé sin motivo, extrañé el absurdo de ser nada: ni vacío, ni
silencio, ni ausencia... nada. Ese viento que rozó suavemente las comisuras de mi boca decía hiriente que
soy un ogro orgulloso. Traté de tocarle igual, con la misma sutileza y disculparme con la misma sentencia
de que creo que es miedo lo que tengo, miedo de ti.
— Por favor, dime algo. Me esta aturdiendo este monólogo. Y yo que creí que primero me hartaría de
cansancio y enojaría cruelmente. No pasó eso. Pasó nada. Luego pensé que me llegaría el aburrimiento y
me abatiría la indiferencia. No pasó eso. Pasó nada.
Tendré que darle vuelta al reloj, la última gota de tristeza ha caído seca como arena.
Otra vez se fragmentan las horas y minutos. Dime tiempo, dices nada.
SONRISAS DEL CORAZÓN
Creo que puedo sonreír cuando veo tu nombre. En el verso, en la carta, en la lluvia o en la rosa. Ayer te vi
y no supe que sentir. Me hablaste un poco de mí mismo y yo te dije cosas sin sentido. Reí un tanto por tu
causa y me preocupó tanta nostalgia. Había un par de fantasma en todo el asunto, fantasmas nada más.
Después de todo, el tiempo ha sido bueno y generoso: contigo sin mí, conmigo sin ti, con los dos
separados.
Mira que pecamos los dos en tanto soñar, no soy un espectro ni tú la villana del cuento. Sonríe el corazón
ahora que te recuerdo; el pasado es difuso y doloroso, pero ya no me importa tanto el eco de las pisadas.
Me supongo que un buen día se volverán a cruzar nuestros caminos. Yo te sonreiré de lejos con los ojos
húmedos y el corazón oprimido. Tú pasarás de largo y me verás ahí quieto, cerrando los puños para no
decirte “hola”.
Hace un poco de frío en las mañanas y me deprimo que sea el sol quien se llama melancolía. Es un verano
tranquilo, temprano y bueno. Ojalá lo viviéramos juntos. Ha llovido un par de lunas llenas y en la ventana
se oyen susurros de llanto que dicen que soy un ángel atormentado. Yo siempre le contesto al viento: “soy
poeta”.