Alabanza y adoración: significado y práctica
Alabanza y adoración: significado y práctica
21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a
los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
La mayoría de las veces en que el cristiano se refiere a “la alabanza a Dios” tiende a asociarla
directamente con el cantico musical, como si alabar fuera sinónimo de cantar, o como si la única
forma de expresar alabanzas a Dios es por medio del cantico de alabanza, sin embargo en esta
ocasión Jesús alza su voz diciendo: “Yo te alabo, oh Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque…” y
de seguro él no está entonando un cantico en ese momento, ni tampoco tiene un instrumento
musical en su mano para componer una melodía, sino mas bien expresa una oración que contiene
alabanza.
Hoy por hoy se escucha hablar dentro en las iglesias del grupo de alabanza o grupo de adoración, y
utilizan estos términos NO para referirse a un grupo de personas que oran a Dios alabándole en
verdad sino a una banda musical que lo que menos hace es orar. Sin embargo la esencia de alabar
no es una expresión musical, sino un reconocimiento sincero de los atributos de Dios que en algunos
casos se lo acompaña con una tonada musical, pero alabar en si no es sinónimo de cantar.
¿QUE ES ALABAR?
Alabar es reconocer y confesar con nuestra boca los atributos de Dios, o sea su grandeza, su poder,
su misericordia, su amor, y tantas otras cualidades que describen la omnipotencia de Dios en las
escrituras, no es simplemente un elogio lo que hacemos cuando le alabamos, sino un
reconocimiento de su naturaleza superior y divina. Podríamos decir que la alabanza es consecuencia
de conocer verdaderamente la grandeza e inmensidad de Dios, porque a medida que más le
conocemos más le alabamos, a medida que mas contemplamos su hermosura más nos deleitamos
en Él, una forma práctica de ilustrarlo sería como cuando una persona contempla un edificio
arquitectónico (hay personas que disfrutan de contemplar la belleza arquitectónica de los edificios,
incluso hay revistas que promueven un ranking de los mejores edificios del mundo comparándolos
por medio de fotos, como autos y demás cosas) donde primeramente admira y alaba su belleza
exterior, luego adentrándose al mismo observa que su belleza interior es aun superior a la de afuera
y tiene entonces nuevas y más razones para continuar alabando el diseño y construcción del mismo,
y así a medida que mas recorre y conoce el edificio más razones se suman para continuar
alabándolo.
Del mismo modo el cristiano, a medida que mas conoce a Dios más le alaba y reconoce su
omnipotencia y misericordia sobre nosotros, contemplar su grandeza hace que reconozcamos y
confesemos con nuestra boca su hermosura y superioridad de forma sincera, a veces en oración,
otras veces con canticos, esta es la verdadera alabanza a Dios, pero a su vez este reconocimiento
debe reflejarse también con nuestros hechos, por ejemplo; si le reconocemos y confesamos como
Señor debemos comportarnos como siervos, si le confesamos como nuestro maestro debemos
comportarnos como discípulos, si le reconocemos como nuestro pastor debemos comportarnos
como sus ovejas, y así en cada reconocimiento que tenemos de Él…
Salmo 107
21 Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres;
22 Ofrezcan sacrificios de alabanza, Y publiquen sus obras con júbilo (alegría).
Este salmo se refiere a la alabanza como la acción de reconocer la misericordia y grandeza de Dios
por medio de confesarla con nuestra boca como nuestra ofrenda hacia Él, como nuestro sacrificio en
el altar, en vez de llevar un animal llevamos una sincera alabanza, un sincero reconocimiento de Él.
Hebreos 13
15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de
labios que confiesan su nombre.
“Fruto de labios que confiesen su nombre”, y esta expresión no se refiere solo a la mención del
nombre de Jesús en nuestras oraciones o canticos de alabanzas, sino al reconocimiento del poder
de ese Nombre, porque tal como lo expresa Pablo en Filipenses 2:10 en el Nombre de Jesús se
doblara toda rodilla de lo que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua
confesará que Jesús es el Señor, por tanto su Nombre es nombre sobre todo nombre, y esa es
también nuestra razón de alabanza.
Deuteronomio 10
20 A Jehová tu Dios temerás, a él solo servirás, a él seguirás, y por su nombre jurarás.
21 El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y
terribles que tus ojos han visto.
Alabar a Dios es realmente importante para todo cristiano, y esto no es algo que solo hacemos
cuando cantamos en los cultos de la iglesia y nada más, sino debe formar parte de nuestras vidas,
debemos reconocer y confesar la grandeza de Dios en cada área de nuestra vida, en cada situación,
tanto con oración, como con salmos, con himnos, y también con nuestros hechos, no es solo cantar.
¿QUE ES ADORAR?
A su vez la alabanza en muchos casos conlleva en si otra acción que es “la adoración”, y ¿Qué es la
adoración? Así como hemos definido puntualmente que es la alabanza también vamos a definir que
es la adoración.
Esta palabra también ha sido mal usada dentro del cristianismo actual, porque suele vinculársela al
ministerio del canto, y en algunos casos se piensa que los cánticos rápidos de un culto pertenecen a
la alabanza y los canticos lentos pertenecen a la adoración, sin embargo la acción de adorar no tiene
nada que ver con cantar.
La adoración es una posición de humillación y reverencia delante de alguien superior, es una señal
de rendición y sumisión, en otras palabras es arrodillarse y postrarse delante de Dios por causa de
su grandeza, es tomar la verdadera posición delante de nuestro Creador, es reconocer su
omnipotencia sobre toda la creación por medio de rendirnos a sus pies.
Todo cristiano es llamado a postrarse delante de Dios en adoración, y esto a la verdad también es
consecuencia de conocer a Dios más íntimamente, de poder verle de una manera espiritual y a la
vez real por su grandeza y omnipotencia sobre toda la creación. Él lo ha hecho todo y todo lo
sostiene con su poder, y esto a la verdad es digno de temer y ser adorado.
Salmo 95
1 Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2 Lleguemos ante su presencia con alabanza (reconocimiento); Aclamémosle con cánticos.
3 Porque Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses.
4 Porque en su mano están las profundidades de la tierra, Y las alturas de los montes son suyas.
5 Suyo también el mar, pues él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca.
6 Venid, adoremos (reverenciemos) y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro
Hacedor.
7 Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su
voz,
8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto.
Generalmente el acto de adoración siempre va acompañado de la alabanza, ya que en la mayoría de
las veces en que una persona se arrodilla delante de Dios para adorarle también profiere alabanzas
a su nombre por medio de la oración o cantico. Toda persona que conoce verdaderamente a Dios es
derrumbada ante su presencia, esto ni siquiera es una opción, es algo que simplemente sucede.
LA VERDADERA ADORACIÓN
Pero arrodillarse delante de Dios no es en sí toda la adoración, el judío que en cierto modo había
conocido la gloria de Dios por medio de su manifestación en el templo (en el lugar santísimo), por
esta razón tenía el habito de arrodillarse delante de la presencia de Dios para adorarle, su devoción
a Dios era en alabanza por medio de oraciones y salmos y también en adoración por medio de
postrarse en su presencia (arrodillarse), en ese sentido tenían más consagración que los cristianos
de hoy, sin embargo Jesús rechazó aquella devoción porque no era sincera sino tan solo un acto
superficial y religioso (Mateos 15:8 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí)
muy similar al cristianismo de hoy, pero la verdadera alabanza y adoración a Dios es aquella que
comienza desde el interior de la persona (hombre o mujer) en espíritu y en verdad, de forma sincera
y no forzada o fingida.
Juan 4
20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se
debe adorar. (Tanto los samaritanos como los judíos adoraban a Dios en el sentido real de
arrodillarse y abanicarse en su presencia)
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén
adoraréis al Padre (no es solo un acto físico en el lugar apropiado).
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación
viene de los judíos.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y
en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Una persona puede postrarse y hacer reverencia (abanicarse) delante de Dios, sin embargo la
verdadera adoración a Dios no es aquella superficial y fingida sino la que se hace en Espíritu y en
verdad, y esta clase de adoración es la que el Padre busca para sí mismo. O sea que entender el
significado de lo que es “adorar” no nos convierte en verdaderos adoradores para Dios, tanto los
judíos como los samaritanos adoraban a Dios arrodillándose en su presencia sin embargo su
adoración era mentirosa y superficial.
“Adorar en espíritu y en verdad”, ¿a que puede estar refiriéndose el Señor Jesús con esta expresión?
Primeramente Jesús estaba rechazando toda clase de culto ritual de adoración a Dios por medio de
un acto físico y ceremonial (He 10:5-9), Dios no se agradaba en aquella clase de adoración , y
segundo; Jesús está llamando a todos los hombres a una nueva adoración sincera nacida desde el
interior del hombre en espíritu y en verdad, porque de nada servía que el hombre se postre en la
presencia de Dios durante un culto ceremonial si su corazón al final no estaba sujeto a su voluntad,
la adoración no consistía en arrodillarse solo un par de minutos y luego seguir pecado, porque la
verdadera adoración era el resultado de amar a Dios y cumplir su ley de todo corazón, era aquella
que nacía desde adentro del hombre y en verdad. La verdadera adoración es consecuencia de amar
a Dios y estar rendido a Él.
EJEMPLOS DE ADORACION
Si buscamos por medio de las escrituras ejemplos o ilustración de una verdadera adoración a Dios
tenemos que recurrir al libro de apocalipsis, en donde se nos ilustra una genuina adoración y
alabanza a Dios.
Apocalipsis 4
1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de
trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de
estas.
2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno
sentado.
3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina (ambas
piedras son de color rojizo y cristalino); y había alrededor del trono un arco iris, semejante en
aspecto a la esmeralda (piedra cristalina de color verde).
4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos,
vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
Una corona de oro en la cabeza representa dominio, realeza, señorío, potestad, posesiones, y
además también representaba respeto, honra, gloria y alabanza, sin embargo estos ancianos con
coronas de oro en sus cabezas adoran a Dios en verdad, y esa forma de adoración es en humillación
y sumisión a Dios, y lo demuestran arrojando delante de Dios sus coronas, se rinden delante de Él,
no es solo un arrodillamiento superficial, ellos se rinden delante de Dios de forma total, todo lo que
son lo ponen a los pies del Señor, ellos arrojan sus coronas delante de Dios.
10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive
por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y
por tu voluntad existen y fueron creadas.
Este ejemplo demuestra que la verdadera adoración a Dios es aquella que comprende nuestra total
humillación y sumisión a Dios, todo lo que somos y tenemos en definitiva pertenece a Dios, fuere lo
que fuere que tengamos en nuestras manos o en nuestro poder pertenece a Dios, y adorarle a Él no
es tan solo un acto físico de arrodillarse en su presencia, sino una total rendición de todo nuestro ser
delante de Él. Puede que uno llegue a ser una persona importante o de renombre aquí en la tierra
(gerente, jefe, etc.), pero delante de Dios mi lugar es de humillación y sumisión a Él.
Alabar y adorar a Dios no es tan solo cantar y arrodillarse en su presencia, sino rendirse
verdaderamente delante de Él y reconocer su grandeza, es una vida en reconocimiento y sumisión a
Dios, en otras palabras esto es adorar en espíritu y en verdad, y esa es la clase de adoradores que
el Padre busca para sí mismo.
NUESTRO MOTIVO DE ADORAR A DIOS
Muchas veces somos llevados a alabar y adorar a Dios por un motivo determinado, como ser
sanidad para algún integrante de la familia, provisión adecuada y abundante en una situación difícil,
respuesta de Dios a una oración especifica, etc. sin embargo entre tantos motivos que podemos
encontrar para adorar y alabar a Dios hay uno que sobresale sobre todos ellos, y este es “la
salvación de Dios otorgada por medio de Jesucristo”, porque si no hubiera existido tal sacrificio
nuestras alamas se perderían en el mismo infierno, pero gracias a Jesucristo y su sangre derramada
en la cruz hemos pasado de muerte a vida y vamos a estar en la presencia de Dios eternamente y
para siempre, y esto a la verdad debe ser nuestro constante motivo de alabanza y adoración a Dios.
Cuando imagino nuestro encuentro con Jesucristo fuera de esta condición no puedo pensar en otra
cosa que en el hecho de caer rendido a sus pies y adorarle y alabarle por su gracia y misericordia
sobre mi vida, poder decirle; “gracias por la cruz mi amado Jesús, gracias por la cruz mi amado
Jesús”. Aun considero que nuestro primer acto o reacción intuitiva que tendremos delante de Él en
cuanto le veamos va a ser el de postrarnos a sus pies y adorarle en espíritu y en verdad, no
encuentro otra forma de imaginarme mi presencia delante de Él sino por medio de la verdadera
adoración y la alabanza a Él.
Apocalipsis 7
9 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y
tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de
ropas blancas, y con palmas en las manos;
10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el
trono, y al Cordero.
11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres
vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,
12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder
y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Llegar a la compresión de la obra expiatoria de Cristo en nuestras vidas nos tiene que cambiar la
mentalidad y el corazón, nada puede tener más importancia en este mundo sino la redención de
Cristo en nosotros, sobre mi vida. Aun las profecías nos adelantan que nuestra primera acción
delante de Dios va a ser la de adorarle y alabarle en verdad, proclamar y reconocer su inmensidad y
poderío
Apocalipsis 5
9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú
fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y
nación;
10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los
ancianos; y su número era millones de millones,
12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la
sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. 13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y
sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que
está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de
los siglos.
14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus
rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
Si de verdad hemos entendido estas palabras entonces estamos más cerca de comprender la
verdadera alabanza y adoración que Dios quiere de su pueblo. Alabar y adorar al Señor no consiste
solo en un lindo culto con canticos de alabanza (no niego que un culto debe ser perfecto en su
desarrollo), pero alabar y adorar a Dios va mas allá de una reunión, es reconocer la grandeza de
Dios y postrarnos delante de Él en humillación, sumisión y gratitud, ESO ES UNA VERDADERA
ALABANZA Y ADORACION A DIOS.
CONCLUCION
El propósito de esta meditación es refrescar los conocimientos de lo que es “una verdadera alabanza
y adoración a Dios” y a su vez también derrumbar aquellas falsas ideas que se tiene de la alabanza y
la adoración en el ámbito evangélico cristiano, donde solo se busca perfeccionar el cantico del culto
pero solo de forma superficial y mentirosa, inventan danzarinas, ritmos melódicos, acordes,
instrumentos pero su corazón está lejos del Señor. El acto de alabar y adorar a Dios no es algo que
los hombres puedan calificar como bueno o malo, porque este es un derecho que le corresponde a
Dios, es Dios quien determina si es de su agrado o no.
Si buscamos un parámetro bíblico que pueda regular una correcta forma de alabar y adorar al Señor
esta podría ser la que expresan estos pasajes bíblicos
Salmo 119
164 Siete veces al día te alabo A causa de tus justos juicios.
Daniel 6
10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas
de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias
delante de su Dios, como lo solía hacer antes.
La alabanza que agrada a Dios (I)
La palabra “alabanza” y sus derivados aparece en 506 pasajes del AT, de los que 2/3 pertenecen a
los Salmos. “Adoración” y sus derivados aparece 170 veces en el AT y 59 en el NT. “Instrumentos de
música” aparece 75 veces en la Escritura. La palabra “cantar” y sus derivados aparece 147 veces en
la Biblia, la mayor parte en los Salmos. La palabra “glorificar” o “enaltecer” aparece también en
innumerables ocasiones.
Mucho se ha escrito sobre la inspiración de las Escrituras a pesar de que es una doctrina que está
sustentada, principalmente, sobre un solo texto (2 Tim 3.16). Sin embargo, al tema de la alabanza no
se le ha otorgado el mismo estatus, a pesar de que las estadísticas son arrolladoras.
A mi entender, esto nos tiene que dar una pista de la importancia que el pueblo de Dios ha dado,
históricamente, a la alabanza, la adoración y la música en el culto al Señor. Además, el libro más
largo de la Biblia está dedicado casi íntegramente a la alabanza, los Salmos; incluso aquellos que
expresan dolor y pesar contienen notas de esperanza que se fundamenta en el Señor en medio de la
calamidad.
La palabra hebrea para “alabar” (hll, hallel), tiene correspondientes en la mayor parte de las lenguas
semíticas. En acádico “Alälu” significa entonar un cántico de alegría y en ugarítico, “hll” significa gritar
de júbilo.
Dicho todo esto, podemos proponer que la alabanza nos orienta hacia un reconocimiento de la gloria
de Dios por su intervención en medio de la humanidad, que nos lleva a elogiarle y a aclamarle de
forma permanente con júbilo y alegría. Por ejemplo, el Salmo 118.1 dice: “Alabad a Jehová, porque
Él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. Salmo 34.1: “Bendeciré a Jehová en todo
tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca”.
Cuando hablo de alabar a Dios quiero decir que todo el ser personal está involucrado; de ahí las
expresiones de alegría que aparecen en muchos textos. Por eso, la alabanza está relacionada con el
aspecto emocional de la persona: gritar, cantar, bailar, alegrarse, reír… Se trata de un impulso
interno en respuesta a la acción de Dios y es que, cuando alguien nos hace un favor, todo nuestro
ser siente, vibra, se alegra, reacciona, se emociona… Por ello, al ser conscientes de la obra de Dios
a nuestro favor, de nuestro interior brota el canto lleno de agradecimiento.
De esta manera, cuando la Comunidad se reúne para alabar a Dios, es una fiesta donde se celebra
la acción del Señor y el pueblo muestra alegría ante su gracia. Pero, muchas veces no ocurre esto.
Me atrevo a decir que, incluso en algunas ocasiones donde la música está presente en los cultos y
se entonan himnos o cánticos espirituales, no se está alabando al Señor porque la alabanza es
mucho más que cantar; la alabanza te hace consciente de la grandeza del Señor y de la necesidad
que tenemos de Él y surge desde el interior. Por eso, la verdadera alabanza debe ser sentida y no
solo pensada; debe ser pensada y no solo sentida.
Cuando alabas, piensas y, también, sientes cada palabra, cada frase, cada expresión y cada nota
musical, entonces, te emocionas al saberte amado por el Señor y te hace consciente de su
presencia. Por eso, alabar no solo es cantar, es pensar, es sentir… El Salmo 30.11-12 nos recuerda
“Has cambiado mi lamento en baile… Me ceñiste de alegría; por tanto, a ti cantaré”. Desde la
conciencia de la situación personal y de la acción de Dios (pensar), nuestros sentimientos se
desbordan (alegría) para rendir homenaje al que todo lo merece.
Podríamos decir que hay tres acciones esenciales de Dios que nos impulsan a la alabanza: Dios
consuela: “En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu
indignación se apartó, y me has consolado” (Is 12.1). 2).
Dios imparte justicia: “Alabaré a Jehová conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Jehová el
Altísimo” (Salmo 7.17).
Dios hace misericordia: “Cantaré a tu nombre. Grandes triunfos da a su Rey, y hace misericordia a
su ungido, a David y a su descendencia para siempre” (Salmo 18.49-50)
Por otro lado, la alabanza es una decisión libre del pueblo de Dios. No hay obligación, es un acto de
la voluntad. La palabra hebrea “yadah” incluye este matiz importante y aparece 29 veces en el
Antiguo Testamento expresando el deseo y la voluntad de alabar a Dios (Salmo 79.13). Por eso, la
idea de la alabanza está relacionada con la espontaneidad, en el sentido de que no puede
convertirse en obligación; de ahí que haya textos que nos hablan de alabar a Dios “de todo corazón”
(Salmo 86.12-13; 138.1).
En la Escritura, el corazón es la sede de todo nuestro ser: pensamientos, sentimientos, voluntad,
intenciones… Por ello, cuando alabamos al Señor con todo nuestro corazón no hay nada que nos
distraiga porque todo nuestro ser está centrado en agradecer a Dios su misericordia. No obstante, en
muchas ocasiones, podemos observar que mientras cantamos, algunas personas están hablando
con otras, se saludan con la mano o con una señal de los ojos cuando llegan tarde al culto y la
Comunidad ya está entonando un canto, otros están pendientes de que los niños no hagan ruido e,
incluso, hay quien canta mientras busca un texto de la Escritura…; pero eso no es alabar, eso solo
es cantar. La alabanza está en otra dimensión. La alabanza tiene que ver con guiar todo nuestro ser
para que se centre en el favor de Dios; al alabar de corazón tenemos un encuentro con el Señor y,
cuando uno se encuentra con el Señor, no hay distracciones.
Me crié en una iglesia de más de 300 personas en la que no se podía tocar ningún instrumento de
música en el culto y, cuando alguna vez excepcional se tocaba el órgano, había quien dejaba de
cantar como medida de protesta. Era la década de 1970. Al pensar en esto me invade una profunda
tristeza; en mi interior, tomé la decisión de que si Dios me daba la oportunidad, la iglesia donde
estuviera en el futuro no sería así. Ha sido mi experiencia dirigir un grupo de alabanza que
representaba más del 10% de la Comunidad; teníamos violín, bajo, flauta, batería, percusión,
guitarra, piano, voces… guiando a la congregación. Una experiencia inolvidable que se
fundamentaba en glorificar al Señor por su gracia manifestada en Jesús de Nazaret.
Desde esta breve reflexión quisiera animar a los pastores de las iglesias, a los miembros de las
distintas Comunidades cristianas…, a dar la importancia que merece la alabanza al Señor porque
aquellas iglesias que centren su atención en la gracia de Dios y decidan rendir homenaje al Dios
Creador y Salvador a través de la música y la alabanza, estarán cumpliendo con su deber y serán
canales de bendición para cada persona que se acerca al Señor.
Alabar es más que cantar, es tener un encuentro con el Señor que nos impulsa a reconocer su obra
a nuestro favor y a alegrarnos a través de la música porque ha llenado nuestro corazón de
esperanza. Ésta es la alabanza que agrada a Dios.
LA VERDADERA ALABANZA BIBLICA
Escrituras claves, Jn 4:23-24 ,Sal 100:4 ,Ro 12:1 1ª, Pe 2:9 ,He 13:15, Ef 5:19-20, Col 3:16-17
Introducción: Las palabras “alabanza” y “adoración” cubren toda nuestra respuesta de amor y aprecio
al Señor. Resumen nuestra razón de vivir (Is 43:21; Ef 1:6, 12, 14). Deberíamos agradecer a Dios
por lo que nos ha dado. Deberíamos alabar a Dios por lo que ha hecho por nosotros. Deberíamos
adorar a Dios por quien es para nosotros.
Necesitamos siempre tener un corazón agradecido a Dios que ha hecho tanto por nosotros (Sal
100:4). De hecho, Pablo nos exhorta a regocijarnos en el Señor siempre (Fil 4:4). Dios nos ama, se
preocupa por nosotros, y quiere que lo sepamos. Desde un corazón agradecido podemos darle
gracias y adorarle en espíritu y en verdad.
¿Qué es la alabanza? Reconocer quién es Dios (Sal 104:1-35; 1ª Cro 29:10-13).
— Reconocer a Dios, por todo lo que ha hecho por nosotros (Sal 25:8-10; Is 25:1).
— Ensalzar a Dios (Sal 34:3; Sal 99:5).
— Honrar a Dios (Dn 4:34-37).
— Magnificar a Dios (Lc 1:46; Hch 10:46).
— Maravillarse de Dios (2ª Tes 1:10).
— Glorificar a Dios (Ap 15:4; Sal 29:1).
¿Por qué deberíamos alabar a Dios?
— Dios es entronado en la alabanza de su pueblo (Sal 22:3).
— Nada puede alabar a Dios como el hombre (Sal 30:9; Sal 115:17-18).
— La alabanza levanta y se regocija en los grandes Hch de Dios tanto ahora como
en el pasado (Sal 40:5; Sal 98:1; Ex 15:6).
— La alabanza proclama la grandeza y majestad de Dios al mundo (Sal 66:5-8).
— La alabanza libera la bendición de Dios a nosotros (Sal (67:5-7).
— La alabanza libera el poder de Dios (Sal 149:6-9; 2ª Cro 20:12,22).
— Dios creó al hombre para que le alabase (Is 43:21; Ef 1:3-14).
— Hemos sido instruidos para alabar a Dios (Ef 5:18-20; Sal 146:1; Sal 100:4).
— La alabanza es un sacrificio que agrada a Dios (He 13:15-16; Sal 107:21-22; 2ª
Sam 24:24); no necesariamente sólo nuestros labios sino todo nuestro ser (Ro
12:1).
— Dios es digno de recibir nuestra alabanza (Ap 5:9-14).
La alabanza es un arma
La alabanza puede ser un arma contra nuestro enemigo, Satanás, porque Satanás es alérgico a la
alabanza. En la guerra espiritual, no seguimos alabando y cantando sólo por amor a ello, sino al
contrario, deberíamos sentir, por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios en la que reposa la unción de
Dios (Sal 56:4,10-11; 2ª Cro 20:21-22). Deberíamos perseverar hasta que el poder de Dios se abra
camino (Hch 16:25). Esta clase de alabanza no es pronunciada sólo silenciosamente en nuestro
corazón sino, más bien, ¡ha de ser oída!
Siete palabras hebreas para alabanza
1. Yadah: Alcanzar la mano, reverenciar o adorar con las manos extendidas (Gn 29:35; 2ª Cro 7:6;
Sal 107:8).
Halal: Ser claro, hacer un espectáculo, enorgullecerse y ser necio, entusiasmarse o celebrar (1ª Cro
23:5, 30); 2ª Cro 20:19,21; Sal 69:30; Sal 150:1-6).
Tehillah: De “halal” laudación o himno de alabanza (Deut 10:21; 2ª Cro 20:22; Sal 100:4; Sal 145:25)
Dios es entronado en esta clase de alabanza (Sal 22:3).
Barak: Arrodillarse y, por implicación, bendecir a Dios como acto de adoración (Jue 5:2).
Zamar: Golpear con los dedos, tocar un instrumento acompañado por voces, por lo tanto celebrar en
cántico y música (Sal 21:13; Sal 57:7: Sal 108:1).
Shabach: Dirigirse o glorificar a Dios en un tono o grito alto (Sal 63:3; Sal 117:16; Sal 145:4).
Towdah: Una extensión de la mano en adoración; específicamente un coro de adoradores; una
confesión o sacrificio de alabanza (Sal 100:1; Jer 17:26; Jer 33:11).
¿Qué es la adoración?
Adoración: Apreciar a Dios porque El es digno (Ap 4:11; Ap 5:12). Las palabras hebreas para
“adoración” son “segad” y “shachah” y estas significan “inclinarse”. También llevan en su significado
la idea de una relación entre un perro y su amo, es decir, amor, adorador. La palabra griega principal
traducida como “adoración” es “proskuneo” y significa “besar la mano; rendir homenaje o
reverenciar”. La adoración bíblica tiene entonces el significado implícito de la adoración
desinteresada de un ser mayor. Jesús derramó su sangre para darnos el privilegio de adorar al
Padre (He 10:19-22) A través de Jesús, todo creyente llega a ser un sacerdote de Dios, es decir,
aquellos que presentan al pueblo de Dios a Dios, y Dios al pueblo (Ap 1:6; 1ª Pe 2:9). Debemos
poner a Dios primero en nuestra vida y la adoración es una expresión de esto. Cuando damos a Dios
en esta manera El nos acerca a sí mismo y nos coIma de bendiciones. Adorar a Dios no es sólo
cantar canciones. En efecto, como discípulos de Jesús todo lo que hacemos, es decir, nuestro
trabajo, actividades de ocio, estudio, vida familiar, etc., debería ser adoración a Dios. La verdadera
adoración a Dios involucra dar el 100% de nuestra vida a El; estar totalmente dispuestos y
totalmente obedientes a El. La adoración de Dios es un estilo de vida de traer gloria a Dios.
La adoración es lo que busca el Padre
Jesús dijo: “Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en
espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es
Espíritu, y los que le adoran, en Espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn 4:23-24)
Nota que este pasaje enseña cinco puntos:
1. Adoramos al Padre: Como sus hijos e hijas redimidos, le amamos porque primero El nos amó (1ª
Jn 4:19).
2. Adoramos desde nuestro espíritu: Esto significa que debemos nacer de nuevo del Espíritu Santo si
hemos de adorar a Dios aceptablemente. Nuestra adoración a Dios debería ser llevada e inspirada
por el Espíritu Santo. Sólo El sabe adorar a Dios de una manera que sea agradable al Padre (1ª Cor
2:10-16; Jn 16:13-15).
3. Adoramos desde nuestro corazón: Adoramos en verdad; desde la realidad de una vida vivida en
comunión con Dios el Padre, por Jesús Su Hijo. La palabra griega traducida como “verdad” es
“aletheia” la cual también significa “realidad”. Necesitamos ofrecer nuestra más sincera adoración a
Dios con nuestra boca (Mt 15:8-9). Necesitamos expresar la melodía en nuestro corazón (Ef 5:19) y
el gozo que Jesús nos trae (Lc 1:16-47).
4. Adoramos con nuestro entendimiento: Porque adoramos a un Dios que conocemos personalmente
(Jn 4:22; Hch 17:22-23; 1ª Cor 14:15).
5. Adoramos voluntariamente: No alabamos o adoramos a Dios por iniciativa, sino porque El lo
desea.
La adoración es una prioridad en el cielo. Siempre que veamos una imagen de Dios en la Biblia,
vemos la adoración en desarrollo (Is 6:1-5; Ap 4:6-11; Ez 47:1-12). La adoración da lugar al dominio
de Dios y la forma de adoración o liturgia (lo que hacemos) no es la cuestión. La cuestión es si la
vida de Dios está en nuestra adoración.
¿De qué maneras podemos ofrecer alabanza y adoración a Dios?
— Con palabras (Sal 9:1).
— Con gritos (Sal 95:1).
— Con inclinación (Sal 95:6)
— Con cántico (Sals 104:33; Sal 33:1)
— Con baile (esto es un símbolo de una verdad mayor, que toda nuestra vida, cuerpo, alma y
espíritu, están dados al Señor en respuesta a Su amor) (Sal 150:4; Sal 149:3).
— Con las manos alzadas, expresando dependencia en el Señor o victoria en el Señor (Sal 134:2).
— Con instrumentos; normalmente, aunque no siempre acompañado por cántico (Sal 150:3-5; Sal
98:4-6).
— Con todo nuestro estilo de vida (Ro 12:1; Fil 1:20, 1ª Cor 6:20; Ef 5:20; 1ª Tes 5:16-18).
— Cantar con el espíritu, nuestro lenguaje dado por Dios (1ª Cor 14:15).
— Con Salmos: Palabras cantadas de la Biblia (especialmente los Salmos). Himnos: Composiciones
que especialmente ensalzan a Jesús como Señor. Canciones espirituales: Canciones originales, o
bien preparadas o inspiradas espontáneamente por el Espíritu Santo, que expresan nuestra
experiencia del Señor (Ef 5:19-20).
A nivel cielos (plural) la primera vez que oímos acerca de la alabanza e instrumentos musicales es
con referencia a “Lucero”.
Es en el libro del profeta Ezequiel 28:13 se nos narran los materiales con los que estaba constituido
este maravilloso ser (hasta que pecó). Pero es hasta la segunda parte del versículo que claramente
observamos dos clases de instrumentos que tipifican a los instrumentos de percusión (tamboriles), y
de viento (flautas).
En el libro del profeta Isaías 14:11 encontramos la tercera clase que nos faltaba, cuerdas (arpas).
Estos son los tres tipos principales de los que se derivan todos los instrumentos.
Por tanto al tener “Lucero” acceso a los instrumentos de las tres clases, no es difícil deducir que era
Él el encargado de la alabanza para Dios debido a su perfección y cercanía (recordemos que los
querubines normalmente están presentes delante de la majestad de Dios: Ezequiel 1:5,
Génesis.3:24, Éxodo 25:18, 2 Crónicas 3:10).
Veamos a la luz de las escrituras en el Salmo 150 la exhortación a alabar a Dios con instrumentos;
Al ser creados para la honra, gloria, poder, y majestad de Dios; Los instrumentos y sobre todo sus
sonidos están cargados de un poder espiritual que crea el hábitat adecuado para la manifestación de
un poder superior.
Al caer de su estado de gracia “Lucero-Satanás” conservó este poder a través de la música, claro
que al convertirse en enemigo de Dios ahora utilizaría este don para su propio beneficio (Podemos
verlo hasta nuestros días en que la música y sobre todo las letras de los cantos hablan de la
corrupción de la carne en todas sus manifestaciones).
La primera vez que vemos instrumentos musicales a nivel tierra los encontramos en un descendiente
de Caín llamado Jubal (Música) en Génesis 4:21 “Jabal tuvo un hermano llamado Jubal, quien fue el
antepasado de los que tocan el arpa y la flauta”.
Literalmente Caín era hijo del maligno 1ª de Juan 3:12 (lo que explicaremos en otra enseñanza).
Así es que durante mucho tiempo este bendito don de Dios y para Dios (La alabanza) estuvo no solo
en manos de los descendientes de Adán, sino de una manera corrupta a través de los descendientes
de Caín. (Caín-lanza o adquisición) (Abel- aliento o vapor).
Nota: viento o aliento en el idioma hebreo se pronuncia igual a espíritu, es decir “ruash”). Al analizar
el nombre de cada uno de los hermanos notaremos la unción y destino de cada uno de ellos.
Más adelante debido a la corrupción del hombre, Dios tuvo que purificar la tierra conservando a solo
ocho personas: Noé, su esposa, sus tres hijos y sus respectivas esposas.
Dado que estos tres tenían conocimiento de cómo alabar a Dios veamos como influyó esto en el
mundo hasta nuestros días.
Los hijos de Cam emigraron a lo que hoy conocemos como África y parte de oriente (Génesis 10:6),
los hijos de Jafet se establecieron en Europa y los descendientes de Sem se establecieron en medio
oriente.
Es así como quedó repartida la música y muchas otras cosas de acuerdo a la unción de cada uno de
los hijos de Noé.
La adoración es el amor llevado al extremo. Pero recordemos una cosa la alabanza no se creó para
evangelizar, si no como tributo a Dios.
NOMBRE Y INSTRUMENTO
UBICACIÓN CONCEPTO
SIGNIFICADO Y FIGURA
Se le atribuye
la melodía.
Vientos
Sem Medio Ruash
Espíritu de la
Renombre Oriente significa
música
viento o espíritu,
es la voz de la Música
Se le relaciona
Cuerdas
Jafet con la armonía
Alma de la
Expansión o Europa que es la
música,
famoso conclusión de la
da unidad
Música
Percusiones Es el Ritmo de la
Cam África y Cuerpo de la música, es decir el
Negro o parte de música da tiempo. Se le asocia
caliente Oriente velocidad o con el sonido del
lentitud corazón
El diccionario define alabanza como expresiones o palabras que elogian, y algunos sinónimos de
alabar son por ejemplo admirar, elogiar, exaltar, honrar, y adorar.
Una definición de la alabanza cristiana sería agradecimiento y adoración a Dios con alegría y la
celebración de su bondad y gracia. Esto implica simplemente el acto de elogiar como es debido a
Dios solamente.
Alabar a Dios – ¿Por qué? ¿Por qué es importante alabar a Dios? Las razones son incontables.
«Porque grande es Jehová y digno de suprema alabanza, temible sobre todos los dioses.» (Salmos
96:4).
«Grande es Jehová y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.» (Salmos 145:3).
«Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos» (2 Samuel 22:4).
«Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por
tu voluntad existen y fueron creadas» (Apocalipsis 4:11).
Segundo: alabar a Dios es una muestra de reverencia y gratitud.
En Nehemías 8:6 dice: “Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió:
¡Amén! ¡Amén!, alzando sus manos, y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.” Cantar,
levantar las manos y arrodillarse son actos de adoración.
Cuarto: el alabar hace fluir fortaleza en la fe.Lo que hace que Dios se mueva a nuestro favor.
«De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para
hacer callar al enemigo y al vengativo.» (Salmos 8:2).
Alabar a Dios también transforma el ambiente espiritual que nos rodea. 2 Crónicas 5:13-14 ilustra
claramente la alteración que sucedió cuando los Levitas dieron alabanza y gracias al Señor y el
templo fue lleno con una nube que simbolizaba la gloria de Dios. «Cuando sonaban, pues, las
trompetas, y cantaban a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y a medida que alzaban la voz con
trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo; Porque él es
bueno, porque su misericordia es para siempre; entonces la casa se llenó de una nube, la casa de
Jehová. Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria
de Jehová había llenado la casa de Dios.»
Salmos 22:3 dice: «Pero tú eres Santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel”. Si quieres ver
una clara manifestación de la bendición y gracia de Dios todo lo que necesitas hacer es alabarle con
todo tu corazón, tu mente y tu alma.
¿Quién alaba a Dios? Salmos 150:6 establece «Todo lo que respira alabe a Jehová.”
La Biblia menciona:
“Alabad a Dios desde la tierra, los monstruos marinos y todos los abismos; el fuego y el granizo, la
nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra; los montes y todos los collados, el
árbol de fruto y todos los cedros, la bestia y todo animal, reptiles y volátiles”. Salmos 148:7-10.
“Alabadle, sol y luna; alabadle vosotras todas. Lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, Y
las aguas que están sobre los cielos”. Salmos 148:3 (Salmos 19:1)
“No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová y su
potencia, y las maravillas que hizo.” Salmos 78:4
Nosotros no podemos sentir la alegría y los beneficios de alabar a Dios hasta que hayamos recibido
a Jesús como nuestro Señor y Salvador. Como hijos de Dios, El mora en nuestros cuerpos a través
del Espíritu Santo. Eso significa que a donde quiera vayamos, Dios puede ser alabado.
1ª Corintios 6:19-20 dice que «¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien
está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños, fueron
comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.”
La alabanza a Dios puede ser ofrecida en cualquier lugar, en cualquier momento. A veces
alabaremos a Dios internamente como dice en Salmos 9:2 “Me alegraré y me regocijaré en ti;
cantaré a tu nombre, oh Altísimo.”.
Otras veces tenemos la oportunidad de dar gloria y alabanza a Dios en público. Salmos 22:22 dice:
“Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré.” ¡Aprovechemos las
oportunidades para dar alabanza a Dios!
• «Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. (Salmos 34:1).»
• «Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que en la casa de Jehová
estáis por las noches. Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová.» (Salmos 134:1-2).
La alabanza brota cuando cantamos a Dios, ya sea en la iglesia o solos – en nuestro carro o en la
ducha. Si nuestro deseo es agradar el corazón de Dios, adorémosle sin importar el lugar o cuántas
personas estén haciéndolo.
Alabar a Dios – ¿Cómo alabar a Dios?
¿Cómo podemos dar adoración a Dios? ¿Qué podemos hacer para convertir la alabanza en una
parte integral en nuestra vida? La alabanza puede ser expresada en una canción, en un verso o en
una oración y debe ser en una forma continua. En Salmos 34:1 dice: “Bendeciré a Jehová en todo
tiempo, si alabanza estará de continuo en mi boca.” Salmos 71:6 dice “En ti he sido sustentado
desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó, de ti será siempre mi
alabanza.”
Empecemos alabando a Dios por quien Él es para nosotros personalmente. Proclame que Dios la
bondad de Dios es sin medida, es abundante y desbordante.
Alabe a Dios por Su santidad, misericordia y justicia (2 Crónicas 20:21, Salmos 99:3-4)
La Biblia dice que Dios disfruta la alabanza. Dice que Dios habita en medio de la alabanza de su
pueblo.
Muchas veces escuchamos que se repite la frase “Alaba al Señor”, “Alaba al Señor”. Pensemos un
momento en la expresión. “Alaba al Señor” es una orden, un mandato. Tiene la misma construcción
gramatical que “Lave los platos”. Los platos no se van a lavar solo por repetir una y otra vez “lave los
platos, lave los platos”. Uno no alaba al Señor solo por repetir la frase “Alaba al Señor” una y otra
vez. Uno alaba al Señor diciendo palabras como: “Dios eres tan bueno, amoroso y misericordioso
conmigo. Gracias, gracias ¨.
Algunas veces cantamos cantos como el que dice “Alabad a Jehová, naciones todas, pueblos todos,
alabadle”, que empiezan con una invitación, exhortación o mandato para que alabemos a Dios. Y
luego todos juntos comenzamos a alabar a Dios con las siguientes palabras; “Porque ha
engrandecido sobre nosotros su misericordia y la verdad de Jehová es para siempre. Aleluya. Amén”
O cantos en los que mencionamos que Él es mi roca, mi fortaleza, etc. Todas esas son palabras de
alabanza que hacen que nuestra relación con Dios crezca.
Desde muy joven, David descubrió el poder de la alabanza. “Grande es Jehová, y digno de ser en
gran manera alabado. En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.” (Salmo 48:1)
I. David se emocionaba al alabar a Dios. Él quería exaltar a Dios con excelencia. Tal es el ejemplo
que vemos en 1 de Crónicas 23:5, nos dice que David hizo una banda de 4000 músicos con los
instrumentos que él hizo, para tributar alabanzas a Dios. ¿Puede imaginarse cómo ha de sonar una
banda de 4000 músicos tocando música de alabanza para Dios?
Dios dejó una gran impresión en David. Dios era real a David. Dios era especial. David hablaba con
entusiasmo acerca de las maravillas y glorias de Dios. Él quería dar a Dios una alabanza a lo
grande. Él quería celebrar la gloria y bondad de su Dios de una espectacular como lo sería con una
banda de 4000 músicos.
El primer consejo que David nos da es que alabemos a Dios con todo lo que tenemos. «Alabaré a
Jehová con todo el corazón » (Salmos 111:1).
Segundo: David dijo: «No susurren, canten fuerte y claro.» «Y se levantaron los levitas de los hijos
de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.» (2
Crónicas 20:19) ¿Cuántos cantantes con alta voz se necesitarán para ser escuchados por encima de
una banda de 4000 músicos?
Tercero: David dijo que nos enfoquemos en el poder y grandeza de Dios. «Alábenlo por sus proezas,
alábenlo por su inmensa grandeza.» (Salmos 150:2 NVI)
Cuarto: David instruyó que subamos el volumen y que nos metamos en la alabanza con nuestro
cuerpo, alma y espíritu. «Alábenlo con sonido de trompeta, alábenlo con el arpa y la lira. Alábenlo
con panderos y danzas, alábenlo con cuerdas y flautas. Alábenlo con címbalos sonoros, alábenlo
con címbalos resonantes.» (Salmos 150:3-5)
Quinto: David nos manda que involucremos a nuestro pájaro, perro, gato, etc. «Todo lo que respira
alabe al Señor. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! (Salmos 150:6 NVI) Ahora podemos entender qué
es dar una Alabanza de excelencia con letra y música a nuestro Dios.
II. Dar una alabanza de excelencia a Dios trae como pago de vuelta la Bendición de Dios. Amón y
Moab fueron a atacar el pueblo de Judá. El rey Josafat estaba atemorizado porque sus enemigos
eran fuertes. Dios les dijo El pelearía esa batalla por ello. Todo lo que Dios esperaba de ellos era que
marcharan a encontrarse con el enemigo cantando canciones de alabanza. «Puso a algunos que
cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salían la gente armada, y
que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre». (2 Crónicas 20:21)
La Nueva Versión Internacional dice: «Josafat designó a los que irían al frente del ejército para
cantar al Señor y alabar el esplendor de su santidad con el cántico: Den gracias al Señor, su gran
amor perdurará para siempre:» (2 Crónicas 20:21 NVI)
Notemos qué viene luego: «Y cuando empezaron a entonar cantos de alabanza, el Señor puso
contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían
contra Judá y se mataron los unos a los otros.» (2 Crónicas 20:22) Un tiempo de alabanza le salvó el
día al pueblo de Judá.
Hay muchos momentos para sentirse derrotados y frustrados en nuestra vida. Las depresiones y los
desalientos nos siguen constantemente. Las fuerzas malignas se levantan para derribar las mentes y
el futuro de nuestros niños. Escuchamos como las personas trabajan cada vez más duro para ganar
unas monedas.
Mientras más nos enfocamos en estas condiciones más deprimente se vuelve la vida. Muchas
personas se preguntarán: «¿Cómo puede la alabanza cambiar estos problemas?»
«Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos». (Salmos 18:3).
Alaba a Dios con una alabanza de excelencia, con palabras extravagantes y música, y verás
soluciones creativas para los problemas que te oprimen.
El espíritu de satisfacción es otra bendición que Dios nos envía cuando le damos la alabanza. La
única manera de vencer el terrible hábito de inconformidad y queja es alabando al Señor.
«Comerán los humildes, y serán saciados; alabarán a Jehová los que le buscan, vivirá vuestro
corazón para siempre. (Salmos 22:26).» «Mi alma quedará satisfecha como de un suculento
banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. (Salmos 63:5 NVI).»
Una alabanza de excelencia y música cambia nuestro enfoque de lo que no tenemos por lo que
tenemos. La alabanza trae un cambio en la atmosfera de nuestros hogares. Cuando los niños están
cansados y pidiendo mil favores y siente que están haciendo su vida miserable, cante canciones de
alabanza a Dios porque esto modificará el ánimo en su hogar o en su clase.
III. Preparemos Nuevas Esperanzas para dar una alabanza de excelencia a Dios. El Rey David nos
enseña que las horas que dedicamos practicando algún instrumento musical con un canto para Dios
es un tiempo bien aprovechado. David fue un hombre de acuerdo al corazón de Dios porque él era
un Adorador. Dios ama la música que le alaba y que honra Su Nombre.
David estableció tres grupos para alabar al Señor. Cada grupo estaba guiado por un padre que
instruía a los niños en todas las áreas de la música. Entre las tres familias había 288 músicos
profesionales. Los padres enseñaban a los niños música para que ellos pudieran alabar al Señor.
Como padres y maestros debemos dar a los niños una apreciación por la música. Necesitamos
involucrarlos en la participación espontánea durante la alabanza.
A éstos los dirigía su padre Jedutún, quien al son del arpa profetizaba para dar gracias y alabar al
Señor.” (1 Crónicas 25:3)
“Y el número de ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos los aptos, fue
288.” (1Crónicas 25:7)
Debemos hacer todo por enseñar a nuestros niños instrumentos musicales y cantos de alabanza.
Tengamos una visión de ellos en unos 10 o 20 años, alabando al Señor con sus instrumentos y
entregados con todo sus corazones, voces y talentos. Esa visión emociona a Dios. Ese es un regalo
que nadie podrá quitarles.
«Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia.» (Salmos 106:1).»
«¡Grande es su amor por nosotros! ¡La fidelidad del Señor es eterna! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el
Señor!» (Salmos 117:2).
El orden correcto del rezo es iniciar primeramente con palabras de alabanza al Creador y solo
después hacer peticiones, tal como lo hizo Moshé Rabenu que primeramente comenzó con loas
(Devarim 3:24): «¡Oh D´s Eterno! Tú has comenzado a mostrar Tu grandeza y Tu fuerte mano, pues
¿qué otro dios hay en el cielo y en la tierra que pueda hacer Tus obras y que tenga Tu poder?» Y
luego pidió: «Te imploro me dejes pasar para que pueda contemplar la buena tierra…». Según esto,
Rabí Samlai enseñó que «siempre se ha de alabar primero al Santo Bendito Sea para después
rezar» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 32(A)). El principal prólogo de alabanzas lo tenemos en
las primeras tres bendiciones de la Amidá que anteceden a las trece posteriores que son peticiones.
De todas maneras es bueno prologar el conjunto del servicio con alabanzas, razón por la cual
nuestros sabios instituyeron los cánticos de alabanza («pesukei dezimrá«) para El Creador. Nuestros
sabios dispusieron asimismo que estos cánticos se inicien con la bendición «Baruj Sheamar» y
finalicen con la de «Ishtabaj»
En un principio, en tiempos de nuestros maestros tanaítas (siglos primero y segundo de la era común
n. de t.), el recitado de los cánticos de alabanza era considerado una costumbre solamente de los
píos y muy valorada por los sabios. Empero con el correr del tiempo se popularizó, transformándose
en práctica obligatoria que todos los judíos inicien sus rezos con estos cánticos.
Al recitar los cánticos de alabanza nos referimos a la grandeza del Creador y de esa manera luego
sabremos ante Quién estamos parados a la hora de rezar. De no ser así, se teme que formulemos
nuestros pedidos como los idólatras, que sólo procuran su éxito personal en las cuestiones
mundanas sin procurar apegarse a D´s, fuente de toda vida. Sin embargo, una vez que purificamos
nuestros corazones meditando en la grandeza del Eterno sabremos cómo rezar, tal que al pedir por
nuestra salud y sustento lo haremos con el propósito de poder apegarnos a la Torá de D´s y
consagrar Su Nombre en el mundo. De esta manera nuestras plegarias han de ser aceptadas.
El nombre hebreo para los Cánticos de alabanza es «Pesukei dezimrá«. La palabra «dezimrá»
proviene de «zemer» que significa canción o música, mas está también emparentada con el verbo
«lizmor» que significa podar un viñedo. Así como el podador quita del viñedo las ramas innecesarias
para potenciar el crecimiento de mejores frutos, de la misma forma mediante el recitado de los
cánticos de alabanza eliminamos nuestros pensamientos errados y malos sentimientos, para que de
esta manera nuestra plegaria se eleve. La purificación anterior al rezo alegra y genera placer, y por
esta razón las alabanzas previas reciben el nombre de «Cánticos de alabanza» o «versículos
musicales».
El núcleo de estos cánticos son los seis capítulos finales del libro de Tehilim (Salmos). El más
importante es el primero que recitamos, «salmo de alabanza para David» (Salmo 145). Todo aquél
que recita este salmo tres veces al día tiene asegurado su pasaje al Mundo Venidero. En este
cántico las alabanzas están ordenadas alfabéticamente, teniendo como punto máximo el versículo
«Tu abres Tu mano y satisfaces a todo ser viviente» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 4(B)).
Antes de iniciar este salmo, se acostumbró a recitar un versículo que se inicia con la palabra
«Ashrei» (feliz), por lo que el cántico todo recibió este nombre.
Tras este salmo se recitan otros cinco que comienzan y terminan con la palabra «Aleluya», sobre los
que Rabí Iosei dijo: «sea mi posteridad entre quienes alaban a Hashem todos los días» (Talmud
Babilonio Tratado de Shabat 118(B)).
En tiempo de los saboraítas (posterior a los amoraítas) se instituyó recitar el «Hodú» (Divrei
Haiamim-Crónicas I 16:8-36), que es un cántico de alabanza pronunciado por el rey David cuando
devolvió al Tabernáculo el Arca sagrada del Pacto que estaba en manos de los captores filisteos.
Posteriormente, en tiempos del Templo de Jerusalém, se pronunciaba la mitad de este cántico
durante la ofrenda del sacrificio permanente matinal y la otra mitad durante el sacrificio permanente
de la tarde (Beit Iosef Oraj Jaím 50). De acuerdo con la usanza ashkenazí se recita «Hodú» después
de la bendición «Baruj Sheamar«, para que todas las loas estén incluidas entre las bendiciones de
los cánticos de alabanza (Tur Oraj Jaím 51). Según la usanza sefaradí se recita «Hodú» antes de
«Baruj Sheamar», pues se trata de una continuación del recitado de la ofrenda permanente (Eshkol,
Kolbó).
Además, los saboraítas establecieron que antes del «Ashrei» se reciten una serie de versículos que
comienzan con la expresión «iehí jvod» (sea la gloria de Hashem), pues estos refuerzan la confianza
en D´s y en la redención del pueblo de Israel. El Arízal explicó extensamente los secretos encerrados
en estos versículos (Kaf HaJaím 51:13).
Los Gaonitas escribieron que hay quienes acostumbran a recitar «Vaibarej David» (Divrei Haiamim-
Crónicas I 29:1-13 y Nejemia 9:6-11) así como el Cántico del Mar que entonaron Moshé y el pueblo
de Israel (Shemot-Éxodo 15:1-18). De todas maneras, el núcleo principal de los cánticos de
alabanza está compuesto por los salmos de David, tal como se menciona en la bendición «Baruj
Sheamar«: «y mediante los cánticos de David te hemos de alabar». Sin embargo, en tiempos de los
Gaonitas había quienes acostumbraban a agregar versículos de la Torá y del libro de Nejemia y al
final de la Edad Media ya todos acostumbraban a recitarlos.
03. Diversas costumbres referidas a los cánticos de alabanza y qué intención se requiere al
recitarlos.
Los cánticos de alabanza se recitan serenamente y sin apresurarse (Shulján Aruj 51:8).
Dado que la bendición «Baruj Sheamar» tiene una importancia especial por insinuar cuestiones muy
elevadas, se acostumbró siempre a recitarla de pie (Mishná Berurá 51:1, Kaf HaJaím 1). De acuerdo
a la tradición ashkenazí, hay que ponerse de pie también para la bendición de «Ishtabaj» que es la
que finaliza los cánticos de alabanza, mas según la tradición sefaradí esto no es necesario (Ramá
51:7, Kaf HaJaím 42).
Asimismo, se acostumbró a ponerse de pie desde que se recita «Vaibarej David» hasta «Asher
bajarta beAbram«, como forma de honrar al reino de Israel que fue establecido por el rey David.
Vimos arriba que una de las dos razones por las cuales es importante recitar la alabanza de David
(«Ashrei«, Salmo 145) es por el versículo allí contenido que reza «Tú abres Tu mano y satisfaces a
todo ser viviente». Por lo tanto, corresponde recitarlo con gran concentración y en caso de que se
haya recitado distraído, es menester volver a hacerlo con plena intención aunque ya se esté en otro
pasaje de esta sección, pues es el más importante de todos los versículos de los cánticos de
alabanza. Incluso hay quienes son de la opinión de que si no se recitó el versículo más importante
con plena intención, todo lo que se recita después carece de efecto, por lo que es necesario
retroceder y volver a recitar desde «poteaj» y hasta el final del capítulo (Mishná Berurá 52:16). Sin
embargo, la mayoría de los juristas considera que es suficiente con repetir únicamente el versículo
que comienza con la palabra antes mencionada (Shulján Aruj 52:7).
04. Interrupciones durante los cánticos de alabanza.
Dado que la bendición «Baruj Sheamar» es anterior a los cánticos de alabanza e «Ishtabaj» posterior
a los mismos, resulta que todos estos conforman una unidad compacta, razón por la cual está
prohibido interrumpir en la mitad de su recitado.
Sin embargo, en caso de gran necesidad, a los efectos de evitar una pérdida económica cuantiosa,
está permitido interrumpir para hablar (es bueno que antes y después de la interrupción la persona
recite los versículos «Baruj Hashem» previos a «Vaibarej David«, ver Mishná Berurá 51:7).
Asimismo, para evitar una ofensa está permitido saludar (ver adelante16:6, reglas de interrupción
entre «Ishtabaj» y «Barjú» se detallarán más adelante en el capítulo 16:2).
En relación a quien tuvo que ir al baño en medio de los cánticos de alabanza, si bien hay quienes
opinan que a los efectos de no interrumpir es mejor que posponga la bendición de «Asher Iatzar»
para después del rezo, de todas maneras es mejor recitar «Asher Iatzar» de inmediato pues de
posponerla se corre el riesgo de olvidar recitarla.
No se debe llamar a la Torá a quien se encuentra aun recitando los cánticos de alabanza, salvo en
caso de que sea Cohen o Leví y no se encuentre en la sinagoga otro que lo suplante. Una persona
que se encuentra aún en medio de los cánticos de alabanza, no habrá de interrumpir su recitado
para pedir al encargado (Gabai) del servicio (que en ese momento se encuentra ya en la lectura de
la Torá) que recite una bendición de «mi sheberaj«. En caso de que el encargado del servicio se
equivoque y llame a la Torá a un Israel que se encuentra en medio de los cánticos de alabanza, este
deberá acudir para honrar a la Torá y a la congregación (Mishná Berurá 51:10).
Asimismo es importante poner cuidado en recitar previo al rezo la bendición de «Eloh-ai Neshamá» y
las bendiciones de la Torá, que si no las recita antes de rezar las habrá de perder (Mishná Berurá
52:9 y Beur Halajá allí). Además, antes del rezo es necesario envolverse en el talit y colocar los
tefilín.
Si la persona no tiene tiempo para recitar todas las bendiciones, luego el «Ashrei» y alcanzar a rezar
la Amidá con la congregación, habrá de rezar solo sin saltearse nada.
A priori es bueno que la persona calcule sus «atajos» de modo tal que alcance a rezar con la
congregación, es decir, con diez que rezan la «Amidá» en silencio. Sin embargo, si la persona ve
que no alcanzará a recitar las bendiciones, luego el «Ashrei» y además alcanzar a rezar la Amidá
con la congregación, que haga el esfuerzo de rezar la «Amidá» durante la repetición en voz alta del
oficiante, que a ojos de la mayoría de los juristas también se considera rezar con la congregación.
Quien se ve en la necesidad de saltear pasajes de los cánticos de alabanza para rezar con el
«Minián«, es bueno que los complete después del servicio.
Estudiamos en la halajá anterior que en todo caso que comenzamos a rezar con cierto retraso
respecto del oficiante, siempre debemos recitar la bendición de «Elo-hai Neshamá» y las
bendiciones de la Torá, envolvernos en el talit, colocar los tefilín, recitar «Baruj Sheamar«, «Ashrei«,
«Ishtabaj» y continuar con las bendiciones del recitado del «Shemá». Por lo tanto, quien llega tarde
al rezo público, si puede recitar todos estos pasajes y alcanzar a rezar junto al oficiante la «Amidá«,
habrá de saltearse todo lo demás y luego completará lo que le faltó rezar. Si tiene tiempo de
completar algo más antes de que se inicie la «Amidá«, es necesario que sepa el orden de
importancia de las diferentes bendiciones y los diversos cánticos para así decidir qué recitar en
primer término.
Antes que nada se habrán de recitar las bendiciones matinales (Birkot hashajar). Si bien a posteriori
se las puede completar después del rezo, dado que son absolutamente obligatorias, y nuestros
sabios dijeron que a priori deben ser recitadas al levantarse, deben ser antepuestas a todos los
diferentes cánticos de alabanza u ofrendas.
Si hay más tiempo, se deben agregar cánticos de alabanza según su grado de importancia. Si bien
todos los cánticos son importantes, a los efectos del rezo hay un ordenamiento jerárquico entre los
mismos. Este es el orden: primeros y más importantes después del «Ashrei» son los cánticos que
comienzan con las palabras «Aleluyá Halelú» (Tehilim-Salmos 148 y 150) que en opinión de Rashi
(Talmud Babilonio Tratado de Shabat 118(B)) son los principales cánticos de alabanza y Rabí Iosei
alabó a quienes los recitan a diario.
Luego, le siguen en orden de importancia todos los demás cánticos que inician y concluyen con la
palabra «Aleluyá», que en opinión del Rif y del Rosh son los denominados por el Talmud (ídem
Shabat) como «cánticos de alabanza» o «pesukei dezimrá» y Rabí Iosei alaba a quienes los recitan
a diario. Entonces, si hay más tiempo se deben recitar ininterrumpidamente todos los cánticos a
partir del «Ashrei» hasta «Kol Haneshamá Tehalel I-a Aleluyá«.
Posteriormente, en orden de importancia viene «Vaibarej David» (Mishná Berurá 52:4) y luego las
ideas difieren por lo que la persona puede escoger.
En Shabat el recitado de «Nishmat Kol Jai» antecede a todos los cánticos que comienzan con la
palabra «Aleluyá» pues forma parte de la bendición de «Ishtabaj«. Luego se han de recitar los
cánticos en el mismo orden de preferencia que durante la semana antes que los agregados por
Shabat puesto que lo frecuente antecede siempre a lo infrecuente.
Cabe agregar que quien se ve en la necesidad de rezar solo y acortar la extensión de lo recitado
para no llegar tarde al trabajo, puede abreviar según el orden de preferencias aquí explicado.
Asimismo, en el caso de un maestro que se despertó tarde y necesita llegar en hora ante sus
alumnos, abreviará de acuerdo a las normas antes mencionadas (Igrot Moshé Oraj Jaím IV 91:2).