CÓMO PUEDES RESOLVER LOS CONFLICTOS
BÍBLICAMENTE?
¿Está tu matrimonio luchando con múltiples conflictos que parecen nunca
terminar? ¿Están cansados de discutir las mismas cosas vez tras vez? ¿Dudas
que puedan llegar ustedes dos a un acuerdo satisfactorio? Sí así te encuentras,
esta publicación es para ti.
Sí hay forma de resolver los conflictos entre tú y tu cónyuge. Si existe alguien
que sabe solucionar los problemas matrimoniales, tiene que ser Aquel que creó
el matrimonio. El que te hizo muestra su diseño para el matrimonio en su
palabra-la Biblia. Pero, ¿cómo resuelves los conflictos? ¿Qué se necesita para
llegar a una solución?
Primero, necesitas una voluntad dispuesta a resolver los conflictos. El punto
decisivo, el punto inicial, es la disposición de resolver los conflictos. En
consejería matrimonial, es la primera pregunta que acostumbro hacer a una
pareja: "Para poder resolver este conflicto, ¿están ustedes dispuestos a hacer
todo lo que la Biblia requiere?" La respuesta que me dan, me indica muy pronto
si en verdad vamos a poder lograr una solución. Antes de leer este artículo,
tienes que averiguar lo mismo: ¿Has determinado resolver los conflictos entre
tú y tu cónyuge? ¿Tienes una voluntad dispuesta a tomar los pasos que Dios
requiere de ti?
Con dos corazones dispuestos, no existe problema que no tenga remedio. Dios
promete en su Palabra que él está buscando corazones dispuestos a obedecerle,
para que él haga abundar en ellos sus bendiciones. Dice así: "si quieren y oyen,
comerán el bien de la tierra" (Isaías 1:19). Luego les advierte: "si no quieren y
son rebeldes, serán consumidos a espada; porque la boca del Señor lo ha
dicho" (Isaías 1:20). Nota cuánta importancia tiene para Dios un corazón
realmente dispuesto. Y con este tipo de corazón tienes que comenzar.
Pídele a Dios que te dé un corazón dispuesto a resolver los conflictos. ¡Quizás
tengas que empezar pidiéndole que te dé un corazón dispuesto a estar dispuesto!
¡Él puede hacer eso también!
Segundo, tú necesitas reconocer tu necesidad de la ayuda de Dios. Jesús dijo a
sus discípulos, "Velen y oren, para que no entren en tentación; el espíritu a la
verdad está dispuesto, pero la carne es débil" (Mateo 26:41). Aunque Jesús
sabía que sus discípulos estaban dispuestos a seguirle, también él conocía la
debilidad de ellos. Por eso nos anima a orar. Él sabe que sólo el poder del
Espíritu Santo domina la debilidad de la carne.
¿Te das cuenta de cuán débil e incompetente eres para hacer en tu propia fuerza
lo que Dios requiere de ti? Si así te ves, pídele ahora que te dé el poder de su
Espíritu para que en amor busques reconciliación con tu cónyuge. ¡En lo que tú
eres débil, él te hará fuerte (2 Cor. 12:9-10)!
Si no eres creyente, o no has estado siguiendo a Cristo, él aun así te ama y quiere
ayudarte a enderezar tu vida. Sin embargo, necesitas estar en relación directa
con él para poder solicitar su ayuda. No puedes pedir sus recursos y beneficios,
y al mismo tiempo no querer tener nada que ver con él. De la misma manera
como te gustaría a ti muy poco que algún desconocido te pidiera tu ayuda y
dinero, sin querer tu amistad, así Dios quiere primeramente una relación íntima
contigo. Si quieres la ayuda de Dios, necesitas conocerle más que "de oídas";
necesitas una relación íntima, personal, y vital con él. Entonces, Dios te dará su
vida morando en tu alma para realizar en ti lo que él te pide.
Para tener un cambio en tu relación con Jesús, también necesitas un corazón
verdaderamente dispuesto. Jesús comentó acerca de muchas personas de aquel
entonces, "y ustedes no quieren venir a mí para que tengan vida" (Juan 5:40).
¿Quieres venir a Cristo, dejando una vida independiente para depender de él?
¿Quieres dejar tu pecado y rebelión para seguirle a él? Cristo murió para darte
perdón, ¡y cuánto anhela perdonarte ahora mismo! Pídele que entre a reinar en
tu corazón y tu vida. Así como puedes estar reconciliado con Dios, puedes estar
reconciliado también con tu cónyuge.
Tercero, necesitas tener el deseo de agradar a Dios. Este deseo es indispensable
en el proceso de reconciliación. El deseo de agradar a Dios te motivará a tomar
cualquiera acción que sea necesaria; algo que no harías si no entrara Dios en el
asunto. Cuando el apóstol Pablo escribió a los cristianos en Tesalónica, les
aconsejaba acerca de "cómo conviene conducirse y agradar a Dios..." (1 Tes.
4:1). Nota la relación entre cómo conviene conducirte, y el deseo de agradar a
Dios.
Esta actitud, este deseo de agradar a Dios, es tan importante porque la dificultad
básica en cada matrimonio es el deseo de agradarse a uno mismo. Muchos de
los conflictos existen en verdad por ser egoístas, caprichosos, o por querer
justificarse a uno mismo. En Santiago 3:16 nos dice, "Porque donde hay celos
y contención (contención nace del egoísmo) allí hay perturbación y toda obra
perversa." Por eso, para superar tus propios deseos egoístas, necesitas ser
motivado por algo más fuerte: el deseo de agradar a Dios.
Cuando escoges agradar a Dios, tocas la raíz de tus problemas. Si obedeces la
palabra de Dios, naturalmente vas a agradarle en todas las áreas de tu vida. Con
esa actitud, y un corazón dispuesto, y el poder del Espíritu Santo, ahora puedes
tomar estos pasos prácticos:
1. Tienes que controlar tu ira. Es una decisión que tienes que tomar en cada
conflicto, ya que la ira explosiva es lo que impide una solución de los conflictos.
Muchos me han dicho, "Es que no puedo controlar mi genio." Pero afirmar eso
es contradecir lo que la Biblia declara. Cuando el apóstol Pablo estaba en la
cárcel, falsamente acusado, él pudo haber estado muy enojado y deprimido. Sin
embargo, él dijo, "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13). Sin
duda, el poder controlar su ira y emociones está incluído en el "todo lo puedo"
que Pablo declara. Tú también puedes controlar tu ira, si pides ayuda de Dios.
Él tiene la fuerza que tú necesitas para hacer lo que ves como
imposible. Salomón dijo, "Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo
insensato se envolverá en ella" (Prov. 20:3). También dijo, "Mejor es el que
tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que
toma una ciudad" (Prov. 16:32). Refrenar tu ira es una manera de apagar una
discusión antes que se encienda. Igualmente, en una discusión, puedes decidir
mejor calmarte, dejando el enojo. Tú tienes que dominar tu espíritu en lugar de
permitir que tu espíritu te domine a ti. Se requiere de más fuerza y valor para
hacer esto que para conquistar una ciudad.
¿Pero cómo puedes refrenar tu ira? ¿De dónde sacas las fuerzas suficientes para
controlar tu espíritu? Por hacer una decisión: decides pedir ayuda de Dios; y
por someterte al poder del Espíritu Santo. Al apagar tu enojo, tú tomas la
decisión de agradar a Dios en ese momento. Toma unos cinco minutos para orar
y para calmarte. Acuérdate: no es con ejército, ni con fuerza, sino con su
Espíritu (Zacarías 4:6). Tu ira es fuerte, pero el Espíritu Santo es aun más fuerte.
¿Has experimentado el poder de Dios? Es para ti.
2. Tienes que escuchar, en lugar de tratar de demostrar que tienes la
razón. Es posible desarrollar esta habilidad sólo cuando tu enojo está bajo el
control del Espíritu Santo. Cuando tu cónyuge te quiere comentar algo por lo
cual está molesto, ¿le interrumpes? ¿Tratas de contestar o resolver el asunto
antes de que termine de hablar? ¿En verdad estás escuchando, o ya estás
pensando en lo que vas a contestar? Todas son señas de que en verdad no estás
escuchando. Si no sabes escuchar, no sabes comunicarte bien, porque no puedes
entender lo que tu cónyuge te está diciendo. Si tu cónyuge te dice con
frecuencia, "No dije eso" o, "No me entendiste", ¡es muy probable que tenga
razón! Si no entiendes lo que tu cónyuge está diciendo, ¿cómo vas a poder
resolver el conflicto?
La Biblia nos dice que seamos "prontos para oír, tardos para hablar, tardos
para airarse" (Santiago 1:19). Entre más escuchas, más te tardas para contestar;
entre más te tardas para contestar, más fácil es refrenar tu enojo. ¡Inténtalo! La
próxima vez que tengan una discusión, escucha y espera hasta que tu cónyuge
termine completamente, y entonces contéstale. Te sorprenderá cómo esto
controlará tu enojo.
3. Confiesa tus errores en lugar de echar la culpa a otros. Cuando exista un
conflicto, primero identifica en qué consiste tu parte de la culpa. ¿Es tu actitud?
¿Tu forma de expresarte? ¿Tu tono de voz? ¿Algo que haces? ¿Algunas palabras
que usaste? ¿Qué hiciste tú que pudo haber causado el conflicto? Debes
reconocer y confesar sinceramente tus faltas en el asunto, antes de comenzar a
señalar las faltas del otro. Jesús dijo, "¿Y por qué miras la paja que está en el
ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
...¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para
sacar la paja del ojo de tu hermano" (Mateo 7:3,5). La verdadera sinceridad
resuelve cualquier conflicto más pronto. ¿Por qué? Porque cuando tú
primeramente reconoces tus faltas, tu cónyuge no tiene que pasar horas tratando
de convencerte de lo que has hecho mal. Además, eres hipócrita si tratas de
culpar a tu cónyuge por todo el problema, no viendo tú tus propias faltas. Nota
la hipocresía de Adán y Eva cuando trataron de echar el uno al otro la culpa por
su propio pecado: "La mujer que me disté por compañera me dio del árbol, y
yo comí." Eva también trató de esquivarse cuando dijo, "La serpiente me
engañó, y comí." Si nos damos cuenta cuando otros se esquivan, ¿por qué no lo
reconocemos en nosotros?
Pídele a Dios primero que te ayude a ver tus propios errores. Luego, como se
nos exhorta en Santiago 5:16, "Confiésense sus ofensas unos a otros, y oren
unos por otros..." Es asombroso ver cuán fácil es entonces resolver los
conflictos en el matrimonio.
4. Toma acción inmediatamente para resolver el conflicto. Jesús
dijo, "Ponte de acuerdo con tu adversario pronto..." (Mateo 5:25). Existen
varias razones por las cuales es tan importante resolver pronto los conflictos:
Primero, entre más tiempo ha pasado, más fácil será que se distorsionen los
hechos. Muy pronto se les olvida exactamente quién dijo qué. Entonces es muy
probable que pierdan tiempo discutiendo acerca de esos detalles en lugar de
enfocarse en el problema mismo. Así no se resuelve nada. ¡Es mejor resolver el
conflicto de hoy, hoy mismo!
También, entre más tiempo haya pasado, más duro puede volverse tu corazón.
Por eso el autor de la epístola a los hebreos insta, "Si oyeres hoy su voz, no
endurezcas tu corazón, como en la provocación..." (Hebreos 3:7,8). Pablo
también, consciente de la tendencia del corazón humano de endurecerse con el
tiempo, exhorta, "no se ponga el sol sobre su enojo..." (Efesios 4:26). En otras
palabras: No dejes pasar ni siquiera un día, guardando enojo en tu corazón. ¡No
se acuesten enojados! El resentimiento y el enojo endurecerán tu corazón más
y más, y harán que sea casi imposible una solución al conflicto más sencillo.
No seas el tipo de persona que deja pasar semanas, meses, o hasta años sin
resolver los conflictos. Porque si así eres, tú siempre saldrás perdiendo.
5. Pide perdón por tu pecado. Perdonar no es opcional; es un mandamiento.
Jesús dijo, "Y cuando estés orando, perdona, si tienes algo contra alguno, para
que también tu Padre que está en los cielos te perdone a ti tus ofensas. Porque
si tú no perdonas, tampoco tu Padre que está en los cielos te perdonará tus
ofensas" (Marcos 11:25,26). Este mandamiento abarca todo; entonces "algo
contra alguno" incluye también todo lo que sucede entre tú y tu cónyuge ahora
mismo.
El perdón es algo que escoges hacer, no algo que tengas que sentir primero:
escoges agradar y obedecer a Dios. No sentirás en ti jamás el perdonar a otro;
la sensación de perdonar viene después de la decisión de perdonar. De hecho,
nadie merece ser perdonado. Por eso, "Antes sean benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándose unos a otros, como Dios les perdonó a ustedes
en Cristo" (Efesios 4:32).
¡Escógelo ahora mismo! Decide mostrar misericordia: escoge perdonar. Luego
pide perdón de Dios por haber guardado resentimiento contra tu cónyuge. Esto
les colocará en el camino para encontrar las soluciones que buscas para tu
matrimonio.
6. Explica a tu cónyuge, con la actitud correcta y de buen modo, cuál es la
acción o la actitud que te ha ofendido. Después de seguir los pasos antes
señalados, puedes presentar tu caso, si es que tu cónyuge aún no ha reconocido
sus faltas. Esto debe hacerse con palabras amables y moderadas, no con palabras
ásperas o crueles. "La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera
hace subir el furor"(Prov.15:1).
Lo que quieres evitar en este momento es provocar más ira. Necesitas llegar a
tu cónyuge con palabras blandas, de reconciliación, para exponerle sus ofensas.
Siempre existen dos partes en un conflicto. Las dos partes deben escucharse por
completo.
Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a resolver sus conflictos, les dio una
meta: "si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te
oyere, has ganado a tu hermano" (Mateo 18:5). La meta es: ganar a tu hermano,
y por tanto, vas a él con esa actitud, con ese deseo. Si llegas con gritería y
acusaciones, solamente para desahogar tus frustraciones, los resultados no van
a ser provechosos. Es más: así jamás vas a ganar una buena relación con tu
cónyuge.
7. Lleguen a un acuerdo a través de un arreglo. La meta debe ser, en lo
vertical: agradar a Dios; en lo horizontal: llegar a un acuerdo. ¿Recuerdas el
mandamiento de Jesús que vimos antes: "ponte de acuerdo con tu
adversario..." ( Mateo 5:25)? Los dos llegarán a un acuerdo cuando cada uno
decide ceder en áreas donde antes ha sido egoísta y necio. Esto es lo que agrada
a Dios y demuestra amor a tu cónyuge.
El profeta Amós hace la pregunta, "¿Andarán dos juntos, si no están de
acuerdo?" (Amós 3:3). Amós estaba reprendiendo al pueblo de Dios a causa de
su desobediencia y porque neciamente resistían estar de acuerdo con Dios
acerca de su pecado. Juan el apóstol reafirma este concepto en el Nuevo
Testamento: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados..." (1 Juan 1:9). "Confesar" quiere decir "estar de acuerdo",
"decir lo mismo." Cuando tú confiesas tus pecados, te pones de acuerdo con
Dios, lo cual permite que andes con él. Dios no te va a forzar a hacer su
voluntad. Él espera hasta que tú llegues a un acuerdo con él.
Lo mismo sucede con tu cónyuge. Cuando ambos confiesan sus faltas, llegan a
un acuerdo inmediatamente. Tal acuerdo es lo que permite que encuentren una
armonía duradera, donde antes cada uno insistía en su propio antojo. Para llegar
a esa armonía, ambos tienen que estar de acuerdo en que van a ceder algo, no a
exigir algo. Imponer tu voluntad a la fuerza, no es más que soberbia y egoísmo
de tu parte. ¡Así no vas a reconciliar a nadie!
8. Toma acción aunque tu cónyuge no haga nada. Así hizo Dios contigo.
Él "mostró su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo
murió por nosotros" (Romanos 5:8). Cristo actuó en amor aún cuando nosotros
estábamos en rebelión contra él. Si hemos de amar a otros como él nos ama a
nosotros, entonces tenemos que hacer esto mismo (Juan 13:34).
Cuando tú comienzas a actuar en amor y cambiar lo que tú haces mal, esto trae
un poderoso incentivo para estimular a tu cónyuge a amar y a cambiar también
(Hebreos 10:24). Jesús dijo, "todas las cosas que quieras que los hombres
hagan contigo, así también haz tú con ellos..." (Mateo 7:12). Aplica este
principio a tu matrimonio. ¿Cómo quisieras que tu cónyuge actuara contigo?
Actúa de esa manera con tu cónyuge. ¡Hazlo hoy!
9. ¿Qué debes hacer si tu cónyuge no responde de acuerdo con esto? Ora,
ten paciencia, ¡y no te rindas! Algunas personas responden más lentamente que
otras. Aquí cabe mencionar que ésta es la actitud que Dios ha adoptado contigo.
Dios es "paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino
que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Así también, "te es
necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengas
la promesa" (Hebreos 10:36).
Necesitas tener pacienca porque la mayoría de los conflictos fuertes no se
resuelven con un solo diálogo. Después de orar y esperar un poco, si aún no hay
cambios, ve otra vez a tu cónyuge y pídele que considere nuevamente las cosas
que ya platicaron. Sigue tú orando que Dios obre para que tu cónyuge se rinda
a la verdad y actúe. Asimismo, si tu cónyuge te señala puntos en que tú has
estado ofendiendo, entonces sigue los pasos que hemos estudiado.
Acuérdate que el amor de Dios siempre está buscando reconciliación con el
hombre. ¡El amor de Dios hará lo mismo en ti! ¡Busca reconciliación!
Si necesitas más ayuda para resolver estos asuntos, no esperes más: habla con
tu pastor lo más pronto posible.
"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de
que los primeros no tengan problemas, sino en que los cristianos saben
manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"
MANEJO DE CONFLICTOS
Cualquiera pensaría que "el matrimonio ideal" es aquel en el cual no se
presentan ninguna clase de conflictos. Sin embargo, esto es una utopía.
Los conflictos son parte natural de la vida. El conflicto es una realidad
ineludible en cualquier relación sostenida, es algo universal; su manejo
varía de cultura a cultura; su experiencia es única.
El ser humano fue creado para vivir en relación y eso hace que
ineludiblemente tenga diferencias con otros. Todos tenemos sentimientos
y actitudes que de vez en cuando chocan con los demás especialmente con
aquellas personas con las que convivimos de una manera más cercana.
Por esto es por lo que el conflicto hace parte de la vida cotidiana al interior
de cualquier familia. El problema no está en que se tengan conflictos sino
en la forma como reaccionamos ante ellos (Ef. 4:26).
Es a través del conflicto que llegamos a conocernos como realmente
somos; por eso un conflicto bien manejado llegará a ser saludable para
cualquier matrimonio. Aun cuando el conflicto es ineludible, sus
consecuencias no tienen que ser destructivas. Tenemos que aprender a
manejar los conflictos, enfrentándolos de una manera creativa y
constructiva.
Agustín decía:
"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de
que los primeros no tengan problemas, sino en que los cristianos saben
manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"
A. DEFINICION DE CONFLICTO.
Un conflicto es un choque (real o percibido como tal) de intereses,
opiniones o actitudes entre personas o grupos.
El diccionario Webster define el conflicto como:
"Desacuerdo, angustia de ánimo, tensión emocional resultante de impulsos
interiores o necesidades incompatibles Confrontar: poner a dos personas
en presencia una de la otra ("cara a cara") para comparar sus afirmaciones.
B. ORIGEN DE LOS CONFLICTOS.
Las causas de los conflictos en el matrimonio son múltiples y
generalmente más de un factor contribuye para que la pareja se confunda
y experimente una alteración en su relación.
Alguien decía que el conflicto es como el polvo, no se sabe de dónde viene
pero aparece en cualquier momento y en cualquier parte.
Causas que originan conflictos en el matrimonio:
1. Conflictos internos.
Uno de los factores que origina los conflictos en el matrimonio son los
problemas internos o "intrapersonales". Aquellos aspectos que hemos
almacenado en el corazón determinaran nuestro comportamiento (Mt.
12:35).
"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo
conocerá? “Jeremías 17:9
Una baja autoestima o un autoconcepto demasiado alto traerá como
consecuencia celos, paranoia, inseguridad, orgullo, altivez, etc. (Ro. 12:3).
* La ultrasesibilidad y los complejos harán que se tomen posturas
autodefensivas.
* La culpabilidad hace que el pecado destroce la confianza (Col. 2: 13-14).
* La depresión hace perder la objetividad y provoca el aislamiento (Heb.
12:15).
2. Conflictos contextuales o "extrapersonales".
Existen muchos agentes externos que pueden generar conflictos al interior
de la pareja. Pueden ser personas que se involucran con comentarios,
chismes, etc., afectando la relación (por ejemplo, los suegros, la familia
extendida, los amigos, vecinos o aún personas ajenas) (Pr.16:28).
También se pueden originar conflictos dentro del matrimonio cuando se
trasladan al hogar los incidentes que se han tenido con personas en la calle,
el trabajo o cualquier otro sitio. Dentro de esta categoría de agentes que
pueden originar conflicto también se incluyen todos aquellos cambios, aun
siendo cambios agradables, que producen tensión en las personas y en las
relaciones. Los especialistas han encontrado que muchos cambios,
sucediéndose simultánea o muy seguidamente, a menudo producen
irritación, desajustes emocionales y hasta depresión profunda.
La muerte de un ser querido, la pérdida o el cambio de trabajo, la
jubilación, un embarazo, el cambio de residencia, la reconciliación
matrimonial y hasta los cambios de hábitos y comidas pueden producir
alteraciones y llevar al conflicto.
3. Conflictos interpersonales.
Son los más comunes en el matrimonio. El hecho de que tanto el hombre
como la mujer sean diferentes los hace susceptibles de entrar en conflictos.
Esto no quiere decir que para que no haya conflicto en la pareja y se tengan
familias armoniosas los dos tengan que ser copias iguales.
"El hombre y la mujer fueron creados iguales en esencia a la imagen de
Dios, pero maravillosamente diferentes"
Entre esposos se pueden encontrar muchas diferencias que los pueden
llevar a la confrontación:
Costumbres diferentes.
Percepciones diferentes.
Diferencias al actuar.
Diferentes gustos.
Expectativas diferentes.
Metas divergentes.
David Hormachea dice:
"Si Dios nos hizo diferentes para beneficiarnos mutuamente, no tratemos
de ser iguales pues nos destruiremos paulatinamente"
Otra causa de conflicto entre esposos proviene de los trasfondos culturales
de la pareja.
Por ejemplo, el machismo o el matriarcado son influencias culturales que
condicionarán al matrimonio para que copie el mismo modelo, originando
así conflictos internos
C. REACCIONES NEGATIVAS ANTE EL CONFLICTO.
Teniendo claro que en todo matrimonio existen conflictos también
debemos identificar algunas reacciones negativas que tomamos y que
pueden afectar la relación.
Negar el conflicto. Muchos matrimonios no tienen el valor de enfrentar los
conflictos y para no herirse más lo niegan. No se tiene en cuenta que un
problema sin solucionar, por pequeño que sea (Cnt. 2:15), hará nacer
raíces de amargura en el corazón.
Tampoco se debe aplicar el "tratamiento del silencio" como medio para
evitar la controversia. A veces se escoge esta opción pues parece menos
dolorosa, pero el silencio a la larga nunca da resultados. Puede ser que se
necesite un momento de silencio pero finalmente se tendrá que enfrentar
la situación.
Bien lo decía en sabio Salomón: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se
quiere debajo del cielo tiene su hora…. tiempo de callar, y tiempo de
hablar. “Eclesiastés 3:1, 7
Un conflicto sin solucionar sigue una secuencia:
ENOJO-HERIDA-RESENTIMIENTO-AMARGURA-AISLAMIENTO
Trivializar o suavizar el conflicto. Es cuando alguno de los dos cede,
asumiendo la culpa, para ser aceptado. Este puede ser un mecanismo de
chantaje. También se llega a ceder, a costa de las convicciones o metas
personales, pues lo más importante es mantener la relación así ésta sea solo
de apariencia.
Retirarse del conflicto. La persona cede y prefiere perder. La meta está en
no chocar, aún a costa de las relaciones y de las convicciones. El mensaje
que se comunica es "tú no eres importante para mí". En vez de enfrentar
el conflicto se rompe la comunicación, refugiándose en otras actividades
como el trabajo, la televisión, etc. Es una forma de ocultar el conflicto
como cuando se esconde la basura bajo la alfombra, esperando muchas
veces ante la desesperación del cónyuge, para que el tiempo los vaya
resolviendo (Ef 4:26-27).
Culpar o rebotar el conflicto. Es una forma de querer solucionar un
conflicto culpando al otro para disculparnos nosotros. Esto fue lo que hizo
Adán en el Edén cuando culpó a Eva para salir del problema (Mt. 7:1-5).
Dominar o vencer en el conflicto. Lo grave de esta reacción es que se
pretende imponer las convicciones sobre las del otro, aún en forma
agresiva, porque no se valora mucho la relación. Es más importante vencer
que la persona misma. Si hay un ganador habrá un perdedor. Cuando se
tiene esta actitud se ataca al otro hasta aplastarlo (Gá. 5:15).
Espiritualizar o idealizar el conflicto. Es cuando se argumenta acerca de
que los conflictos no deben existir pues son malos y destructivos. Lo que
se busca es mantener una "fachada de perfección" hacia los demás
mostrando una imagen de mucha espiritualidad y falsa santidad (Gá. 6:1-
3).
Usar "armas" en el conflicto. Muchas parejas se acostumbran a usar ciertas
"armas" en la solución de sus conflictos, las cuales en lugar de ayudarles
lo que hacen es agrandar el problema.
Algunas de esas "armas" son:
La explosión de ira.
El silencio.
Las lágrimas
Palabras ofensivas.
Actitudes despreciativas.
Fingimiento de enfermedades.
Llevar la contraria.
Negativa a la relación sexual.
Amenaza de abandono.
Privación de privilegios.
CÓMO SOLUCIONAR CONFLICTOS EN EL MATRIMONIO
"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de
que los primeros no tengan problemas, sino en que los cristianos saben
manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"
MANEJO DE CONFLICTOS
Cualquiera pensaría que "el matrimonio ideal" es aquel en el cual no se
presentan ninguna clase de conflictos. Sin embargo, esto es una utopía.
Los conflictos son parte natural de la vida. El conflicto es una realidad
ineludible en cualquier relación sostenida, es algo universal; su manejo
varía de cultura a cultura; su experiencia es única.
El ser humano fue creado para vivir en relación y eso hace que
ineludiblemente tenga diferencias con otros. Todos tenemos sentimientos
y actitudes que de vez en cuando chocan con los demás especialmente con
aquellas personas con las que convivimos de una manera más cercana.
Por esto es que el conflicto hace parte de la vida cotidiana al interior de
cualquier familia. El problema no está en que se tengan conflictos sino en
la forma como reaccionamos ante ellos (Ef. 4:26).
Es a través del conflicto que llegamos a conocernos como realmente
somos; por eso un conflicto bien manejado llegará a ser saludable para
cualquier matrimonio. Aun cuando el conflicto es ineludible, sus
consecuencias no tienen que ser destructivas. Tenemos que aprender a
manejar los conflictos, enfrentándolos de una manera creativa y
constructiva.
Agustín decía:
"La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no está en el hecho de
que los primeros no tengan problemas, sino en que los cristianos saben
manejar sus problemas y no se dejan manejar por ellos"
A. DEFINICION DE CONFLICTO.
Un conflicto es un choque (real o percibido como tal) de intereses,
opiniones o actitudes entre personas o grupos.
El diccionario Webster define el conflicto como:
"Desacuerdo, angustia de ánimo, tensión emocional resultante de impulsos
interiores o necesidades incompatibles Confrontar: poner a dos personas
en presencia una de la otra ("cara a cara") para comparar sus afirmaciones.
B. ORIGEN DE LOS CONFLICTOS.
Las causas de los conflictos en el matrimonio son múltiples y
generalmente más de un factor contribuye para que la pareja se confunda
y experimente una alteración en su relación.
Alguien decía que el conflicto es como el polvo, no se sabe de dónde viene,
pero aparece en cualquier momento y en cualquier parte.
Causas que originan conflictos en el matrimonio:
1. Conflictos internos.
Uno de los factores que origina los conflictos en el matrimonio son los
problemas internos o "intrapersonales". Aquellos aspectos que hemos
almacenado en el corazón determinaran nuestro comportamiento (Mt.
12:35).
"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo
conocerá? “Jeremías 17:9
Una baja autoestima o un autoconcepto demasiado alto traerá como
consecuencia celos, paranoia, inseguridad, orgullo, altivez, etc. (Ro. 12:3).
* La ultrasesibilidad y los complejos harán que se tomen posturas
autodefensivas.
* La culpabilidad hace que el pecado destroce la confianza (Col. 2: 13-14).
* La depresión hace perder la objetividad y provoca el aislamiento (Heb.
12:15).
2. Conflictos contextuales o "extrapersonales".
Existen muchos agentes externos que pueden generar conflictos al interior
de la pareja. Pueden ser personas que se involucran con comentarios,
chismes, etc., afectando la relación (por ejemplo, los suegros, la familia
extendida, los amigos, vecinos o aún personas ajenas) (Pr.16:28).
También se pueden originar conflictos dentro del matrimonio cuando se
trasladan al hogar los incidentes que se han tenido con personas en la calle,
el trabajo o cualquier otro sitio.
Dentro de esta categoría de agentes que pueden originar conflicto también
se incluyen todos aquellos cambios, aun siendo cambios agradables, que
producen tensión en las personas y en las relaciones. Los especialistas han
encontrado que muchos cambios, sucediéndose simultánea o muy
seguidamente, a menudo producen irritación, desajustes emocionales y
hasta depresión profunda.
La muerte de un ser querido, la pérdida o el cambio de trabajo, la
jubilación, un embarazo, el cambio de residencia, la reconciliación
matrimonial y hasta los cambios de hábitos y comidas pueden producir
alteraciones y llevar al conflicto.
3. Conflictos interpersonales.
Son los más comunes en el matrimonio. El hecho de que tanto el hombre
como la mujer sean diferentes los hace susceptibles de entrar en conflictos.
Esto no quiere decir que para que no haya conflicto en la pareja y se tengan
familias armoniosas los dos tengan que ser copias iguales.
"El hombre y la mujer fueron creados iguales en esencia a la imagen de
Dios, pero maravillosamente diferentes"
Entre esposos se pueden encontrar muchas diferencias que los pueden
llevar a la confrontación:
Costumbres diferentes.
Percepciones diferentes.
Diferencias al actuar.
Diferentes gustos.
Expectativas diferentes.
Metas divergentes.
David Hormachea dice:
"Si Dios nos hizo diferentes para beneficiarnos mutuamente, no tratemos
de ser iguales pues nos destruiremos paulatinamente"
Otra causa de conflicto entre esposos proviene de los trasfondos culturales
de la pareja.
Por ejemplo, el machismo o el matriarcado son influencias culturales que
condicionarán al matrimonio para que copie el mismo modelo, originando
así conflictos internos
C. REACCIONES NEGATIVAS ANTE EL CONFLICTO.
Teniendo claro que en todo matrimonio existen conflictos también
debemos identificar algunas reacciones negativas que tomamos y que
pueden afectar la relación.
Negar el conflicto. Muchos matrimonios no tienen el valor de enfrentar los
conflictos y para no herirse más lo niegan. No se tiene en cuenta que un
problema sin solucionar, por pequeño que sea (Cnt. 2:15), hará nacer
raíces de amargura en el corazón.
Tampoco se debe aplicar el "tratamiento del silencio" como medio para
evitar la controversia. A veces se escoge esta opción pues parece menos
dolorosa, pero el silencio a la larga nunca da resultados. Puede ser que se
necesite un momento de silencio, pero finalmente se tendrá que enfrentar
la situación.
Bien lo decía en sabio Salomón: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se
quiere debajo del cielo tiene su hora…. tiempo de callar, y tiempo de
hablar. “Eclesiastés 3:1, 7
Un conflicto sin solucionar sigue una secuencia:
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Trivializar o suavizar el conflicto. Es cuando alguno de los dos cede,
asumiendo la culpa, para ser aceptado. Este puede ser un mecanismo de
chantaje. También se llega a ceder, a costa de las convicciones o metas
personales, pues lo más importante es mantener la relación así ésta sea solo
de apariencia.
Retirarse del conflicto. La persona cede y prefiere perder. La meta está en
no chocar, aún a costa de las relaciones y de las convicciones. El mensaje
que se comunica es "tú no eres importante para mí". En vez de enfrentar
el conflicto se rompe la comunicación, refugiándose en otras actividades
como el trabajo, la televisión, etc. Es una forma de ocultar el conflicto
como cuando se esconde la basura bajo la alfombra, esperando muchas
veces ante la desesperación del cónyuge, para que el tiempo los vaya
resolviendo (Ef 4:26-27).
Culpar o rebotar el conflicto. Es una forma de querer solucionar un
conflicto culpando al otro para disculparnos nosotros. Esto fue lo que hizo
Adán en el Edén cuando culpó a Eva para salir del problema (Mt. 7:1-5).
Dominar o vencer en el conflicto. Lo grave de esta reacción es que se
pretende imponer las convicciones sobre las del otro, aún en forma
agresiva, porque no se valora mucho la relación. Es más importante vencer
que la persona misma. Si hay un ganador habrá un perdedor. Cuando se
tiene esta actitud se ataca al otro hasta aplastarlo (Gá. 5:15).
Espiritualizar o idealizar el conflicto. Es cuando se argumenta acerca de
que los conflictos no deben existir pues son malos y destructivos. Lo que
se busca es mantener una "fachada de perfección" hacia los demás
mostrando una imagen de mucha espiritualidad y falsa santidad (Gá. 6:1-
3).
Usar "armas" en el conflicto. Muchas parejas se acostumbran a usar ciertas
"armas" en la solución de sus conflictos, las cuales en lugar de ayudarles
lo que hacen es agrandar el problema.
Algunas de esas "armas" son:
La explosión de ira.
El silencio.
Las lágrimas
Palabras ofensivas.
Actitudes despreciativas.
Fingimiento de enfermedades.
Llevar la contraria.
Negativa a la relación sexual.
Amenaza de abandono.
Privación de privilegios.