PROSPERIDAD FALAZ DEL GUANO
Tradicionalmente se denomina “Era del guano” al periodo de apogeo económico producido
por la explotación y comercio del excremento de aves marinas.
El uso de este recurso como fertilizante se remonta a la época prehispánica. Luego fue
utilizado durante el periodo colonial. Sin embargo solo a mediados del S. XIX su uso se difundió
fuera del Perú y se convirtió en la principal fuente de ingreso de la economía peruana.
EL VALOR DEL GUANO:
El científico alemán Alexander Von Humboldt se percató, a inicios del S. XIX, del alto
contenido de nutrientes del guano. No obstante, recién en la década de 1830 se difundió su
gran potencial como fertilizante, lo que atrajo el interés de algunos Estados europeos,
especialmente de Inglaterra. Para el Perú, el guano ofrecía muchas ventajas, pues era un
recurso abundante en las islas del litoral. Además, su explotación requería de una inversión
mínima en el pago de mano de obra; el transporte y la comercialización requerían de un gasto
mucho mayor.
Después del envío del primer cargamento de guano al Reino Unido, en 1841, su demanda fue
cada vez mayor con el correr de los años. Esto se debió a la necesidad de aumentar la
producción agrícola (algodón) en dicho continente ante el incremento de la población, como
consecuencia de la Revolución Industrial.
El Estado Peruano obtuvo un considerable ingreso proveniente de este comercio, cuyas rentas
financiaron el presupuesto nacional y promovieron la modernización del país. Este prometedor
ingreso fue engañoso, porque la economía peruana no se industrializó ni modernizó, pues los
ingresos se enfocaron en el gasto público. En este tiempo se importaron muchas mercaderías
europeas, mostrando la flaqueza de los productos nacionales. Las élites optaron por invertir en
las finanzas y no en la tecnificación de las industrias. Excepto en el norte. Además, el comercio
internacional en la economía peruana fue importante. Así la era del guano fue solo un periodo
de prosperidad temporal.
EXPLOTACIÓN Y COMERCIALIZACIÓN:
Al iniciarse la demanda internacional del guano, el Estado
declaró su propiedad sobre las islas guaneras. Al principio,
buscó obtener ganancias bajo el sistema de principio, buscó
obtener ganancias bajo el sistema de arrendamiento.
Francisco Quiroz fue el primero en arrendar las islas
guaneras, y se comprometió a pagar al Estado la suma de 10
000 pesos anuales durante seis años. Pero al confirmarse el
éxito de la demanda, el Estado canceló el contrato en menos
de tres meses.
El Estado peruano optó entonces por la explotación y la comercialización directa del guano y
estableció el Sistema de consignaciones. El fertilizante fue vendido a casas extranjeras,
encabezadas por la Casa Gibbs, para que se encargaran de su comercialización. Durante los
cinco años que duró el contrato, el Estado solicitó, reiteradamente, adelantos y préstamos a
los compradores, utilizando el guano como garantía.
Sin embargo, las quejas de los comerciantes peruanos, debido a las ventajas que obtenían los
comerciantes extranjeros, tuvieron como consecuencias la creación de la Compañía de
Consignatarios Nacionales del Guano. Este sistema se mantuvo hasta 1869. El Estado, como
en el pasado, continúo con su política de empréstitos y adelantos que los consignatarios
otorgaban con altos intereses.
Finalmente, en 1870 el Estado entregó a la casa francesa Dreyfus la concesión del guano en
calidad de monopolio. Los primeros beneficios de esta modalidad fueron usados para pagar las
deudas que se habían contraído, pero después fueron derrochados en la construcción de obras
públicas. El resultado fue una errónea política de préstamos que generó a su vez una aguda
crisis económica en la década de 1870.
GOBIERNO DE RAMÓN CASTILLA:
Ramón Castilla gobernó en dos ocasiones (1845-1851 y 1855-
1862). Además de conciliar con los grupos opositores, se
preocupó por fomentar el progreso material y el desarrollo
de diversas industrias. Castilla estableció un reordenamiento
económico de las finanzas estatales por la bonanza
económica del guano y la ejecución de proyectos
modernizadores. Tuvo una visión nacional basada en un
orden autoritario y un discurso católico, en donde el poder
ejecutivo manejaba al poder Legislativo. Con él se
fortalecieron los consignatarios.
El apogeo económico durante el gobierno de Castilla hizo posible modernizar al país mediante
la construcción de ferrocarriles y la promulgación del Reglamento de instrucción Pública, en
donde el Estado dirigía y administraba la educación pública. Durante su segundo gobierno,
ordeno la manumisión de la esclavitud y del tributo indígena.
Si bien con Castilla el auge de la explotación guanera alcanzó su expresión más tangible y
conocida; este auge marcó también el inicio de la dependencia económica de los mercados
extranjeros y, sobre todo, de los consignatarios, quienes incrementaban sus beneficios a costa
de las deudas del estado peruano causadas por los gastos en obras públicas. Así, el estado
peruano se dirigía inevitablemente a la crisis fiscal y a la inestabilidad política que duraría
décadas. “Las islas guaneras –según Basadre- nos trajeron una prosperidad falaz de la cual no
se pudo salir”.
Tema aparte fue la Ley de Consolidación de la Deuda Interna (1850), que unificó los pagos
pendientes que el Estado peruano contrajo con particulares desde los inicios de la República.
Para ello se entregaron bonos que serían pagados luego de ocho años. No obstante, estos
terminarían concentrándose en un grupo reducido de comerciantes, terratenientes y
funcionarios públicos.
En este contexto, se desató el escándalo de corrupción y una nueva crisis política durante el
gobierno del presidente José Rufino Echenique (1851-1854).
¿SABÍAS QUE? El 3 de diciembre de 1854, Castilla emitió un decreto por el anunciaba la
libertad de los esclavos y también la indemnización a sus propietarios. Para llevar a cabo el
proceso de indemnización, el Estado dispuso el pago de 300 pesos por cada esclavo y la
creación de una junta de manumisión. Pese a ello, el proceso no fue ajeno a una serie de
fraudes y corrupción.
¿Qué es la prosperidad falaz?
Prosperidad Falaz: (Prosperidad falsa, aparente e irreal), período de la Historia del Perú
Republicano entre 1845 y 1872, también es denominado "Era del Guano", "El Boom del Guano
en el Perú", fue una etapa de la historia peruana donde el Estado obtuvo grandes ingresos
económicos por la explotación y comercialización del guano de las islas (fertilizante orgánico),
hacia el mercado industrial europeo.
Prosperidad falaz del guano
Fertilizante (estiércol de aves marinas, focas o murciélagos) de gran potencial que atrajo el
interés de países europeos, sobretodo de Inglaterra, significó la primera estabilidad económica
y política del país gracias a los fuertes ingresos que obtuvo el Estado.
Ventajas: era un recurso abundante, con demanda creciente en el exterior y requería una
inversión mínima en mano de obra.
Desventaja: transporte y comercialización. Por ello se crearon distintos sistemas, desde el
primer arrendamiento de Francisco Quiroz, la Compañía de Consignatarios del Guano y el
monopolio del Contrato Dreyfus.
Características de la prosperidad falaz
Los ingresos son malgastados en burocracia.
La venta por consignación del guano, generó grandes robos al Estado, al inicio con los
ingleses y luego por nacionales, así surge una burguesa nacional de poder
terrateniente, que no dio impulso a la industria, dando paso a la dependencia a
potencias extranjeras.
La Era del Guano, permitió la llegada de inventos de la Primera revolución Industrial.
Otro sistema de venta del guano fue el monopolio, representado en el Contrato
Dreyfus que afectó a los consignatarios los formarán el Partido Civil.
Generó migraciones de chinos al Perú (coolies) como mano de obra barata.
El periodo de la prosperidad falaz se dio en los gobiernos de los de los presidentes: Ramón
Castilla, José Rufino Echenique, Miguel de San Román, José Antonio Pezet y José Balta.