PENSAMIENTO ESTRATÉGICO:
El pensamiento estratégico es aquel que se centra en un enfoque orientado hacia el futuro.
Tiene en cuenta una estrategia para conseguir algo en concreto, además de un plan de acción
para lograr los objetivos deseados. Este tipo de pensamiento está muy relacionado con el
sector empresarial, aunque se puede aplicar a cualquier otro ámbito.
El pensamiento estratégico se centra en el futuro. Uno de los principales objetivos de este tipo
de pensamiento es conseguir una meta deseada y anhelada por el individuo. Para ello se ha
establecido previamente una estrategia y un plan de acción que se deberá implementar.
Este tipo de pensamiento suele estar presente en determinados sectores como el marketing y
los negocios. Sin embargo, no está únicamente relacionado con estos, sino que puede ponerse
en práctica en cualquier área. Por ejemplo, en los deportes también es muy útil, ya que
muchas actividades deportivas requieren de una estrategia para poder ganar.
Rosario Peiró, 07 de junio, 2021. Pensamiento estratégico. Economipedia.com
El pensamiento estratégico es, ante todo, una actitud de vida basada en la reflexión que
desemboca en un actuar cotidiano que da el cimiento sobre el cual se funda el futuro de la
organización al permitir al pensador estratégico conectar sus acciones diarias con los objetivos
a largo plazo de la empresa. Su propósito es descubrir nuevas e imaginativas estrategias que
cambien las reglas del juego competitivo actual para tener una visión de futuro
significativamente diferente del presente. “Es usar analogías para desarrollar nuevas y
creativas ideas, y diseñar acciones basadas en el nuevo aprendizaje” (Stacey). “Es concentrarse
en los puntos críticos de una situación y hacer las preguntas directas que den claridad a la
estrategia” (Ohmae, 2004).
Pensamiento sistémico y cultural del pensamiento estratégico.
Un sistema es una unidad dotada de alguna complejidad, formado por partes coordinadas
cuyos elementos interaccionan juntos y se afectan continuamente unos a otros, de modo que
operan hacia una meta común. Es algo que se percibe como una identidad que lo distingue de
lo que la rodea, y que es capaz de mantener esa identidad a lo largo del tiempo y bajo
entornos cambiantes” (Aracil, 1995).
Ese conjunto organizado de cosas o partes interactuantes e interdependientes, que se
relacionan formando un todo unitario y complejo, no se refieren al campo físico (objetos), sino
más bien al funcional. De este modo las cosas o partes pasan a ser funciones básicas realizadas
por el sistema y podemos enumerarlas en: entradas, procesos y salidas.
Cada sistema y subsistema contiene un proceso interno que se desarrolla sobre la base de la
acción, interacción y reacción de distintos elementos que deben necesariamente conocerse.
Dado que dicho proceso es dinámico, suele denominarse como variable cada elemento que
compone o existe dentro de los sistemas y subsistemas, y que de hecho no tienen el mismo
comportamiento sino que, por lo contrario, según el proceso y las características del mismo,
asumen comportamientos diferentes dentro del mismo proceso de acuerdo con el momento y
las circunstancias que las rodean.
Otro elemento importante a considerar en el sistema es el proceso de retroalimentación, el
cual se produce cuando las salidas del sistema o la influencia de las salidas del sistema en el
contexto vuelven a ingresar al sistema como recursos o información. La retroalimentación
permite el control de un sistema y que el mismo tome medidas de corrección basadas en la
información retroalimentada.
Pensamiento cultural
Todo hombre lleva consigo la herencia del “sentido común” que no es formulada ni explícita,
del mismo modo que arrastra la herencia de “la instrucción” desde formulaciones metafísicas,
epistemológicas y lógicas que han ido calando en su conciencia a lo largo de su desarrollo,
fruto de su interacción cultural que enriquece su capacidad lógica, como producto de una
ampliación de su capacidad racional que se corresponde con un ensanchamiento en los
ámbitos de la realidad (externos e internos) donde puede ejercer su capacidad de acción y
reacción.
“El cómo piensa y lo que piensa no son propiedades inherentes al pensar, ya que son
expresiones de parámetros teóricos y también culturales. Luego, la conciencia se
retroalimenta de una relación con la realidad, cuyos contenidos no se restringen únicamente a
lo cognitivo, sino que está abierta al desafío de nuevas realidades susceptibles de diferentes
modalidades de apropiación, entre ellas la capacidad de observar y pensar” (Zemelman, 1992).
Sin duda la potencialidad de pensar se nutre de la capacidad de mirar, meditar, interactuar,
representar, soñar, imaginar, divagar y visionar. El conocimiento se teje, entonces, con el
sueño, el arte de imaginar, crear y diseñar nuevas posibilidades y opciones, es decir, se
construye en el arte de disoñar. Cada ser humano sueña con lo que tiene: expectativas,
posibilidades, experiencias, percepciones… Sobre ellos se construyen sus sueños diurnos, sus
sueños nocturnos, sus utopías, sus vivencias y sus crónicas. Somos lo que conocemos. Si
comenzamos a pensar de otra manera, veremos las cosas de otra manera y todos nuestros
actos comenzarán a cambiar e impactar.
Exactamente así ocurre en el trabajo gerencial. Es posible imaginar el proceso de formulación
de estrategias como una serie de decisiones en secuencia que sigan la siguiente lógica lineal:
visión estratégica; misión o finalidad de la organización; objetivos, ámbito de la empresa;
posicionamiento competitivo; metas; estrategias y planes de acción de respaldo. Sin embargo,
en el campo empresarial actual lo impredecible es lo cotidiano, lo inesperado es lo que cada
día enfrenta el empresario y esa historia empresarial se construye por la ruptura y no por la
continuidad. El cambio se da cuando hay crisis y esta proviene de la no adaptación a un mundo
totalmente diferente.
ARACIL, Javier (1995). Dinámica de sistema. Madrid: Isdefe.
www.winred.com/Cómo impacta el pensamiento estratégico en la creación de ventajas
competitivas (Rubén Roberto Rico) y Las Diez Estaciones del Pensamiento Estratégico (Carlos
Alberto Fasiolo Ulri refiriendo a Rubinstein y Stacey) [consultada el 3 de noviembre de 2009].
OHMAE, Kenichi (2004). La mente del estratega. El arte de Japón en el mundo de los negocios.
Bogotá: Mc Graw Hill.
ZEMELMAN, Hugo (1992). Los horizontes de la razón. Uso crítico de la teoría. México:
Anthropos Editorial.
La mente del estratega.
El estratega cuenta con dos enfoques, el primero consiste en seccionar el mercado con el
mayor grado posible de imaginación, para identificar sus segmentos claves; el segundo radica
en descubrir que distingue a las compañías de éxito de las que no lo tienen analizando la
diferencia entre ambas.
La Mente Estratégica se inscribe en la Mentalidad Ganadora y se perfecciona por medio de la
Mentalidad Táctica. La naturaleza y dinámica de la Mente Estratégica no puede explicarse en
un contexto restringido a lo que exponen estas líneas, pero el ejercicio alcanza para
diferenciarla nítidamente de la mentalidad promedio, ésa que muchas veces se somete a la
imposibilidad y las limitaciones.
La Mente Estratégica es necesaria como elemento rector de las acciones cuando se deben
alcanzar objetivos en disputa, lo que de hecho involucra la participación de otros en busca de
lo mismo. La Estrategia sólo reconoce dos parámetros de evaluación para su desempeño:
Victoria o Derrota. No existen puntos medios. Lo mismo aplica para la Mente Estratégica. Por
ello debe acudir a procesos de razonamiento altamente efectivos.
1.- La Mente Estratégica es completamente Flexible.
Se fundamenta en una premisa sencilla: la necesidad de tener una mente abierta a todo y sin
atadura alguna. Las mentes cerradas, vinculadas a preceptos rígidos, ideologías, dogmas o
filosofías, no alcanzan la efectividad que demanda la Estrategia. Esto no quiere decir que para
la Estrategia se justifiquen los relativismos morales o conductas disipadas.
La Estrategia es un mecanismo de gestión, y como tal no define a la persona, de igual forma
que el oficio del carpintero no lo califica como individuo. La Estrategia no trasciende principios
o valores, porque estos le corresponden al hombre que se encuentra detrás del profesional.
La Estrategia demanda una Mente Flexible para poder alcanzar sus propósitos. Para la
Flexibilidad Mental existe una solución posible para cada circunstancia probable; en realidad
existen muchas soluciones posibles para una circunstancia probable. Esta elasticidad de
pensamiento permite que las acciones se adapten a la realidad más fácilmente, dado que cada
respuesta tiene la posibilidad de fundamentarse en un conjunto de posibilidades.
La Mente Estratégica no asume la imposibilidad, y con ello se diferencia de la masa. La Mente
Estratégica entiende de grados de dificultad pero no de imposibles. Para la Mente Estratégica
existen unos cursos de acción más difíciles que otros, ¡nada más!, la solución no es objeto de
cuestionamiento.
Al considerar la existencia de (grados de dificultad) para alcanzar los objetivos, la Mente
Estratégica busca las rutas más simples posibles, y así desarrolla ésa habilidad para solucionar
problemas y acertijos que también la diferencia de la masa. Esto no se alcanza sin Flexibilidad
Mental.
2.- La Mente Estratégica no trabaja buscando soluciones, trabaja clasificando Opciones.
Siempre existen muchos y diferentes caminos para llegar a una solución, pocas veces hay uno
solo. La Mente Estratégica se enfoca en la identificación, clasificación y calificación de las rutas,
no se concentra en el Objetivo.
La mente convencional supone que anclándose en el objetivo garantiza el resultado, pero
cuando el mismo objetivo está sujeto a disputa, la ruta que conduce a él es mucho más
importante. Quién encuentra la ruta más práctica no sólo llega más rápido al objetivo,
esencialmente toma posesión de él.
La Estrategia es una apología de lo práctico, una oda al pragmatismo y un magisterio de
eclecticismo. Todo esto se trabaja en la ruta, no en el destino. No todas las Opciones son una
solución y muchas veces no existen varias soluciones para un problema, por esto resulta vano
“buscar soluciones” y estratégico buscar opciones. Esta forma de pensar no caracteriza a la
masa.
3.- La Mente Estratégica no opera con la lógica del “plan B”, trabaja con muchos “plan A”.
Si para la Estrategia sólo existen la Victoria o la Derrota como parámetros de evaluación,
entonces el Principio Estratégico demanda “hacer de la Victoria la única opción”. Si la Victoria
es la única opción y la Mente Estratégica trabaja clasificando opciones, entonces todas las
opciones consideradas como “potenciales ganadoras” son diferentes versiones de un “plan A”.
El “plan B” tiene el carácter de una “salida de emergencia” y anula la consideración de un
hecho básico: existen muchos caminos para llegar al destino, no sólo dos, y mucho menos uno
óptimo y otro circunstancial.
El trabajo de buscar y clasificar opciones en vez de enfocarse en las soluciones, permite que el
Strategos opere con muchas “alternativas ganadoras”, no solo con un par. Cuando alguna cae,
no se ve forzado a recurrir al “plan de emergencia”, simplemente prosigue evaluando las
demás. Para la Mente Estratégica la “emergencia” es lo habitual, es un patrón de conducta. El
conflicto (que es aquello que justifica el uso de la Estrategia), es en sí mismo una
“emergencia”.
4.- La Mente Estratégica le corresponde al individuo que alcanza Control sobre sus
emociones.
Quién no tiene dominio de sí mismo, en esencia no domina nada. Mucho menos un tema tan
complejo e intenso como la Estrategia que interactúa con el Conflicto. Las emociones son el
combustible de las actividades humanas y como buen combustible son inestables y pueden
explosionar.
El control de las emociones se alcanza en la mente, y para La Mente Estratégica esto es un
imperativo no sólo una necesidad. Aquel que mejor controle sus emociones dirime el conflicto
a su favor. Esta es tarea de toda una vida ¡seguro!, una batalla que se libra en el interior y
conoce pocas victorias y mucha frustración. Y así como un atleta de alta competición no
puede suponer que alcanzará éxito sin entrenar todos los días su cuerpo, así el Strategos debe
desarrollar Dominio Propio entrenando su mente. Esto mismo, posiblemente más que todo lo
demás, lo distingue de la forma de pensar y actuar que tiene la masa.
5.- La Mente Estratégica interactúa con los demás en términos de Empatía y Negociación.
La Estrategia es el arte de lo sutil, lo “no evidente”, nada tiene que ver con imposición o Fuerza
mal entendida, por esto demanda Empatía y Negociación para su relación con los demás. Son
dos los hechos simples que explican esta demanda:
La empatía supone “colocarse en el lugar del otro”, y al hacerlo el estratégico toma “control”
del otro y “control de la situación”.
La negociación supone alcanzar el punto en el que “todos pierden” y simultáneamente aquel
en el que “todos ganaron”. Para la Mente Estratégica el “control de la situación” es uno de los
activos más valiosos en la interacción con el Conflicto, puesto que de esta manera existe
menor incertidumbre en la lid competitiva que conduce al desenlace.
El “control de la situación” se alcanza por medio del “control sobre los demás”, y cuando esto
es producto de la Empatía no se precisa ningún acto torpe o intrusivo. “Colocarse en el lugar
del otro”, entender qué y cómo piensa, deducir la naturaleza de sus intereses e inquietudes
genera Poder como pocas cosas, y esto busca la Mente Estratégica de forma sutil. Sin
Negociación existirán quienes se asuman perdedores, y esto dificulta la labor del estratega.
Es mucho más sencillo obtener aquello que se quiere de quién además calcula que él mismo
ha obtenido lo que buscaba ¿o no? queda obviamente corto este resumen para explicar cómo
funciona la Mente Estratégica, ella se ajusta al entendimiento y aplicación de los Principios
Estratégicos que se han construido merced de la experiencia del hombre a lo largo de miles de
años de historia en su interacción con el Conflicto. Conocerlos, aplicarlos y dominarlos lleva
tiempo y exige dedicación, por esto la práctica estratégica está reservada a pocos. Queda
corto, pero es suficiente para establecer la diferencia fundamental que tiene una Mente
Estratégica con otras que difícilmente alcanzan la naturaleza de lo extraordinario.
Nava Condarco Carlos Eduardo. (2018, Marzo 8). Mente Estratégica. Disponible en:
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caracteristicas/
FILOSOFÍA DE GESTIÓN DE LA ORGANIZACIÓN:
La filosofía organizacional se refiere al conjunto de ideas que se plantean con el fin de
establecer la misión, visión, valores y estrategias para el óptimo funcionamiento de una
organización o empresa.
La filosofía organizacional es un elemento de gran importancia para las organizaciones en
general, ya que define los objetivos a cumplir y sus principios, lo que a su vez permite su
evolución y competitividad.
Las organizaciones y empresas tienen un compromiso organizacional, económico y social. En
este sentido, para alcanzar el reconocimiento, competitividad e importancia en un sector,
deben contar con una serie de políticas internas, que a su vez son reconocidas y cumplidas por
todos los trabajadores.
Por tanto, la filosofía organizacional define la misión, la visión y los valores de una organización
o empresa. Este conjunto de creencias y prácticas posibilitan el buen desempeño
organizacional y calidad de respuesta a las necesidades de la sociedad.
Componentes.
Importancia.
Análisis estratégico.
Proceso estratégico.
Aspectos claves.
Control estratégico.
Aspectos básicos. (15%)
Asignación 3. Realizar Estrategia donde solucione una situación X dentro de la organización.