3 Ejemplos de las conexiones sutiles entre lo que ocurre en el mundo que nos rodea y lo que
sucede en nuestra cabeza
El entorno social afecta la conciencia de sí mismo. Como individuos en un grupo de
cultura, raza o sexo diferente, notamos cómo diferimos y cómo reaccionan otros a
nuestra diferencia.
La opinión de sí mismo influye en el juicio social. No somos jueces objetivos y
desapasionados de los eventos.
El interés por sí mismo influye en el comportamiento social. Nuestras acciones
frecuentemente son estratégicas.
Como sugieren los ejemplos, el intercambio entre el yo y la sociedad se establece en ambos
sentidos. Las ideas y los sentimientos acerca de uno mismo afectan la manera como se
interpretan los eventos, como se recuerdan y como se responde a los demás
CONCEPTO DE PERSONALIDAD
El término personalidad se utiliza en diversos sentidos. Desde el punto de vista popular, se
emplea para referirse a lo que es típico en una persona, a todo lo que se sabe de alguien, o
bien, para expresar que un individuo posee estilo. Con frecuencia decimos que aquél tiene
personalidad (interprétese como “es atractivo”),
Desde el punto de vista científico, la personalidad es “nuestra naturaleza psicológica individual.
Es como una identidad personal”.
La personalidad nos define como individuos, a la vez que se refiere a nuestras características
centrales, duraderas y constantes. Este tipo de características se reflejan en cada una de
nuestras conductas, ya que son esencia de nuestro ser.
La personalidad también se refiere a características cambiantes no centrales, inconstantes y de
duración variable, que se reflejan en conductas y actitudes en alguna etapa de nuestra vida,
aunque luego desaparecen.
AUTOCONCEPTO: ¿QUIÉN SOY YO?
Los elementos de tu autoconcepto, las creencias específicas por las cuales defines quién eres,
son tus esquemas de sí mismo. Los esquemas son patrones mentales que organizan nuestro
mundo. Nuestros esquemas del yo, es decir, la forma como nos percibimos: atléticos, con
sobrepeso, inteligentes o cualquiera otra cosa, influye en gran medida en la manera como
procesamos la información social. Los esquemas del yo influyen en la forma como percibimos,
recordamos y evaluamos tanto a los demás como a nosotros mismos.
Efecto de referencia de sí mismo:
cuando la información es relevante para nuestros autoconceptos, la procesamos rápidamente
y la recordamos bien. Si se nos pregunta si palabras específicas tales como “extrovertido” nos
describen, posteriormente recordaremos esas palabras mejor que si se nos hubiera
preguntado si describían a alguien más.
El efecto de referencia de sí mismo ilustra un hecho básico de la vida: nuestra percepción del
yo está en el centro de nuestro mundo. Puesto que nos inclinamos a vernos como el centro de
interés, sobreestimamos la magnitud en la que el comportamiento de los demás se dirige a
nosotros
Nuestro autoconcepto incluye no sólo nuestros esquemas de sí mismos acerca de lo que
actualmente somos, sino también de lo que podemos llegar a ser, es decir, nuestros posibles
yo. Hazel Markus y sus colegas han observado que nuestros posibles yo incluyen nuestra visión
del yo con el que soñamos llegar a ser: el yo rico, el yo delgado, el yo apasionadamente amado
y amante. Pero también lo que tememos llegar a ser: el yo desempleado, el yo enfermo, el yo
fracasado en lo académico. Tales yo nos motivan con metas específicas; nos dan una visión de
la vida que buscamos.
CONCEPTO DEL YO SOCIAL
La construcción de la personalidad y sus manifestaciones conductuales son, en gran parte, un
fenómeno social
Así pues, cada persona tiene su peculiar forma de entender la realidad, condicionada por sus
experiencias previas y por sus necesidades personales, mucho más lejos de lo que se suele
creer de las dimensiones objetivas de esa realidad.
Desde niños, aprendemos a ver el mundo como lo ven los demás, nos fijamos más en unas
cosas y menos en otras, lo cual varía según el tipo de sociedad del que se forma parte, porque
ella misma, al proponer unas metas y manifestar unas exigencias, determina que el sujeto
perciba fijándose más en unos aspectos que en otros.
Intentos en la búsqueda de un concepto general sobre identidad social
Así pues, para situar el concepto de identidad parece oportuno estudiar algunas de las
explicaciones o definiciones elaboradas sobre él, que puedan servir como punto de referencia
para una mejor comprensión de su origen y evolución. De la misma manera en que las
percepciones individuales sobre el entorno y el contexto vital están condicionadas
psicosocialmente, también la autopercepción depende de variables situacionales, y los
mecanismos atributivos son utilizados haciendo autoatribuciones, determinadas, por
supuesto, por las relaciones con los demás. Esto no niega el hecho de que somos individuos
con conciencia de nosotros mismos como algo personal, único, ni que seamos seres
independientes, sino que esta independencia es relativa,
Wallon (1946): El individuo es esencialmente social. Lo es, no como consecuencia de
contingencias exteriores, sino como consecuencia de una necesidad íntima. Lo es
genéticamente.
Lersch (1965), en su obra sobre psicología social, alude a la identidad social en los siguientes
términos:
El hecho de que las determinantes en el pensar, en el valorar y en el comportarse, que
proceden de la sociedad, sean integradas en la conciencia del sí-mismo, hace aparecer
justificado hablar de un sí-mismo social. Con ello nos referimos al conjunto de lo que
(procedente causal-genéticamente de la sociedad) es percibido por el individuo como algo que
es uno con él mismo y pertenece a su ser-así-y-no-de-otro-modo.
Según Felicidad Loscertales (1998), en el capítulo “Construcción social de la identidad
personal”, este conocimiento surge de tres posibilidades: la primera se basa en que se puede
comprobar que no soy como el otro; soy YO, igual a mí mismo y diferente de los “otros”. La
segunda se fundamenta en que, además, así es como soy conocido y valorado (positiva o
negativamente) por los demás que me reconocen y a quienes reconozco dentro de ciertas
categorías. Por último, y en tercer lugar, mientras tengo una serie de afinidades con aquellos
de mi mismo grupo experimento sentimientos de competitividad frente a aquellos que están
situados aparte.
En efecto, si se utiliza como marco de explicación la triple dimensión cognitiva referida
(diferenciación del YO, categorización social y competencia social), podrían entenderse muy
bien los dos breves recortes de prensa que se citan a continuación:
Nació en San Sebastián, de padre rondeño y de madre vasca, y de allí tuvo que huir con tan
sólo cuatro años para exiliarse en Francia al término de la Guerra Civil. Pese a no poner un pie
en el país que lo vio nacer hasta el término de la Dictadura, ‘mi madre era roja pero tenía una
bonita piel blanca’, Rabanne nunca olvidó su procedencia. Es más, nunca aceptó la
nacionalidad francesa y siempre ha recurrido a empresarios españoles para financiar sus
obras, como los Puig de Barcelona.ABC, domingo 19 de julio de 1992,
En resumen, la identidad como aquello que cada uno puede saber y declarar de sí mismo o, en
palabras de W. James, “la suma de todo aquello que un individuo puede llamar propio”, es un
concepto que ha sido delimitado recientemente desde el punto de vista científico, aunque
forma parte de los contenidos de la psicología social desde sus inicios como ciencia.
Algunos autores apuntan, además, el hecho de que la identidad social va unida al sentimiento
de pertenencia a ciertos grupos, y al significado emocional y valorativo resultante de esta
experiencia. Son sentimientos que pueden tener una amplia gama, ya que la pertenencia a una
clase o a un grupo llega a oscilar desde una simple aceptación por conformismo hasta una
profunda convicción.
Las categorizaciones sociales se entienden como:
Instrumentos cognitivos que segmentan, clasifican y ordenan el ambiente social y permiten así
al individuo emprender muchas formas de acción social. Pero no se limitan a sistematizar el
mundo social: proporcionan también un sistema de orientación para la autorreferencia: crean
y definen el lugar del individuo en la sociedad. Los grupos sociales entendidos en este sentido
proporcionan a sus miembros una identificación de sí mismos en términos sociales. Esas
identificaciones son en gran medida relacionales y comparativas: definen al individuo como
similar o diferente de los miembros de otros grupos, como ‘mejor’ o ‘peor’ que ellos. En un
sentido estrictamente limitado, que tiene su origen en estas consideraciones, utilizamos el
término identidad social.
Elementos constitutivos de la identidad
Hay una serie de aspectos que resultan muy importantes en la formación de la conciencia del
yo (noción del sí-mismo) y de la identidad social; son, entre otros:
El nombre propio y los datos personales
La imagen del cuerpo
Las experiencias de vivencias sociales
Los valores de reconocimiento social: fama, honor, etcétera, y sus correspondientes
símbolos de estatus
Los grupos a los cuales se pertenece y a los que se desea pertenecer.
Como un resumen de todo este conjunto de elementos y procesos dinámicos en la identidad
social, citamos la triple clasificación del sí-mismo social:
a) El sí-mismo del grupo
b) El sí-mismo del rol,
c) El si-mismo del espejo