ESCUELA DE RELACIONES DE OBJETO
La madre, el bebé y la matriz en Winnicott
Ogden Thomas
OGDEN THOMAS
En el presente ensayo, trataremos el tema relativo a la madre, el bebé y la matriz en
la escuela de relaciones de objeto de Donald Winnicott, tomado del capítulo VII del Libro
“La matriz de la mente” de Ogden Thomas.
Podemos comenzar estableciendo que para Winnicott, el papel de la madre los
primeros meses de vida del bebé debe proporcionar un entorno en el que pueda producirse
el aplazamiento de la separación psicológica mientras el bebé se desarrolla como una
interacción entre maduración biológica y vivencias concretas.
La teoría de Winnicott da una especial importancia a la influencia del ambiente en la
formación de la personalidad, durante la primera infancia, especialmente, en los primeros
meses de vida de un individuo se sentarán las bases de la futura salud mental de una
persona.
La manera como nos comunicamos y como nos relacionamos con los otros son
producto de las relaciones de objetos que hemos establecido desde que nacemos.
Para Winnicott “el objeto es un símbolo de unión entre el bebé y la madre o parte de
esta”. Esto quiere decir que al niño se relaciona con el pecho de la madre en primera
instancia.
Existe un camino, que recorre la relación de objeto, que tiene que ver con la
ubicación de éste en la vida del bebé, donde en un principio, al objeto se le percibe o es
algo subjetivo en el niño, posteriormente pasa a ser un fenómeno objetivo, es decir, a
medida que el niño madura, va haciendo una diferenciación de un objeto que es
indiferenciable a un objeto que se puede observar desde el niño.
Cuando el objeto es subjetivo, es decir, creado por el niño y que responde a leyes
internas de cada bebé, está constantemente influido como dice Winnicott por el “ambiente
facilitador”, que brinda el espacio para que el niño tenga la libertad y la tranquilidad de
crear los objetos que finalmente serán internados en nuestra psique. Entonces, que el niño/a
pueda crear este objeto, está en directa relación con la “salud”, ya que cuando el ambiente
es saludable el niño/a puede crear y a la vez encontrar finalmente el objeto, importante es
que el niño crea lo que está en su realidad, lo que le presenta el entorno.
Winnicott plantea una diferencia entre “relación de objeto” y “uso del objeto”. La
relación de objeto es una experiencia del niño, que no tiene que ver con relacionarse con
otro. En la relación de objeto, lo que ocurre es que el objeto se vuelve significativo, como
dice el autor, la proyección e identificación tiene un papel fundamental, el objeto puede ser
cargado y adquiere valor para el niño, este valor es acompañado por sentimientos. Esto
ocurrirá en el estado de dependencia absoluta ya que aún el niño no separa su “yo” del no
“yo”.
Para Winnicott existe un desarrollo gradual de la relación de objeto. Primero existe
un “objeto subjetivo”, es decir que lo que el niño experimente internamente es diferente a lo
que el observador puede interpretar desde afuera.
Plantea que para el bebé existen dos madres una que Winnicott llama madre-objeto,
que en términos simples es una cosa (partes de la madre) y otra madre-ambiente que es la
persona humana. La madre-objeto es la que se en encarga de satisfacer las necesidades
fisiológicas. La madre-ambiente es la que se encarga de los cuidados o lo que él llama el
sostén, y la que finalmente recibe los afectos y las experiencias libidinales.
La madre-objeto tiene como función de sobrevivir a los ataques del ello; esto en
términos observables de la conducta de la madre se visualiza como que esté accesible
físicamente y no preocuparse por nadie más que no sea el bebé mismo. La madre-ambiente
tiene como función no cambiar y seguir siendo la madre suficientemente buena que
reacciona de manera empática y recibir el amor de su hijo con los brazos abiertos.
El “uso” de un objeto tiene directa relación con la aparición del objeto transicional,
Winnicott señala que: “El uso de un objeto simboliza la unión de dos cosas ahora
separadas, bebé y madre, en el punto del tiempo y el espacio de la iniciación de su estado
de separación”. Cuando existe un uso del objeto es necesario que este sea real, es decir que
se encuentre en la realidad y que el niño pueda manipular. Los fenómenos transicionales
comienzan a aparecer según Winnicott a partir de los tres o cuatro meses hasta los ocho
meses de edad.
Existen según Winnicott dos realidades de la vida de un bebé, una realidad interna y
una realidad externa y además existe según Winnicott una tercera parte de la vida de un
bebé, la cual es intermedia entre ambas y la denomina: “zona intermedia” o “espacio
potencial”, y se encuentra entre este paso hacia la realidad, de lo subjetivo a lo objetivo,
entonces el niño/a se encuentra en un estado que implica que, por un lado el bebé aún
inmaduro no tiene aún la capacidad para ver la realidad y aceptarla y por otro está
adquiriendo esta capacidad para darse cuenta de algunos aspectos de ésta, encontrándose
en un período de su vida psíquica que transita entre su mundo interno y la realidad del
mundo externo.
El bebé realiza juegos, movimientos, costumbres que adquieren sentido para él y
cada bebé puede crear sus objetos de transición. Todas estas conductas son llamadas por
Winnicott “fenómenos transicionales”, cuando el niño encuentra un objeto y lo hace
predilecto, se está en presencia de lo que el autor llama “objeto transicional”; Este objeto
representa al pecho materno, representa a esas experiencias amorosas que se tienen durante
la fase de dependencia y que tiene una significación en cuanto a representar la protección y
lo placentero, además, es su primera “posesión no-yo”. El objeto transicional nace de la
capacidad de evocar un objeto de satisfacción que es externo y en principio es el pecho de
la madre el objeto de ilusión. Según el autor esto se logra gracias a los cuidados constantes
del niño/a, en donde este pueda tener la experiencia de tener la presencia de su objeto
madre o de su madre suficientemente buena a la que posteriormente puede recurrir cuando
comienza el niño/a a darse cuenta que su madre no es una prolongación de sí mimo y que es
alguien individual, entonces, el niño/a puede recurrir a un objeto externo que la represente.
El punto a tener en cuenta es que, si la madre no es una figura buena y una figura
estable que ha sabido entender el desarrollo del niño y que está ahí para él, difícilmente el
niño tendrá la capacidad para crear un objeto que le brinde confianza.
El ambiente se considera en función de la existencia del objeto externo real y
objetivo, que brinda al individuo, desde afuera, un ambiente interno que le permite su
desarrollo.
Desde esta perspectiva, la madre vista como el ambiente que facilita la organización
de la futura personalidad de un individuo, se desprenden los conceptos de “madre
suficientemente buena”, “yo auxiliar”, “ambiente facilitador”, “sostén (holding)”, los que
hacen referencia a la relación que se establece entre la madre y su hijo y al cómo la madre
debe moldear o cuidar el ambiente (ella misma) para entregarle a su bebé los cuidados
necesarios para su integración, ella en forma metafórica haría las veces, de una membrana
externa que impide el paso de fluidos al interior que puedan dañar al niño, asegurándole un
ambiente interno cálido, libre de frustraciones.
Para Winnicott, la madre es sinónimo de ambiente que provee al niño de una
estabilidad externa e interna para su integración. El autor siempre hace referencia a “la
madre” como la primera responsable de proveer al bebé de los cuidados que necesita.
En el fondo Winnicott está hablando de la función que la madre cumple y de todo lo
que representa, es decir de “la función materna”; esta función es lo que se conoce desde
esta teoría como “sostén”, y que tiene que ver con todo el “quehacer materno”, desde todos
los aspectos del cuidado que se le debe dar a un bebe recién nacido. Esta función puede ser
realizada por la madre o si ésta no está por algún motivo, puede ser un sustituto o cuidador
que se encargue de suplir esta función. Sin embargo, la madre sería prácticamente
irremplazable principalmente en los primeros momentos de vida de vida del infante.
Existen características especiales de las madres que hacen que éstas sean según Winnicott
las personas encargadas de crear a una persona sana o libre de patologías:
1. Que la madre sea “sana”, esto es, libre de patologías, angustias, ansiedades, que le
impidan entregarse a esta función. Es una condición necesaria para que puedan fluir
las características naturales de la madre en su quehacer materno.
2. Que la madre esté biológicamente preparada para cumplir la tarea de recibir a su hijo,
siendo esta una “tarea natural”. El hijo es percibido como parte de ella misma y puede
conocer y empatizar con sus necesidades.
Winnicott dice que el niño/a empieza a existir desde que sus padres los comienzan a
imaginar, incluso antes de que el bebé nazca, las madres cambian sus prioridades, de aquí
en adelante lo primero que importa es su hijo y seguramente durará toda la vida. La forma
en que la madre se entregue al cuidado de su hijo se encuentra relacionado con las propias
experiencias de cuidados en la infancia, sus propias relaciones objetales, los que no están
conscientes, pero es una forma que se tiene aprendida, la cual no es determinante, pero sin
duda influye en la calidad del cuidado. Aquí el ambiente de la madre tiene un rol
fundamental, permitiéndole que esta tarea sea llevada a cabo en óptimas condiciones.
No hay que olvidar que para Winnicott también existe la herencia y los conflictos
que surgen en la vida instintiva, los cuales son determinantes en la formación del yo, self,
salud y/o madurez mental y finalmente la personalidad.
Es importante el concepto de “self verdadero o central”, el cual es el potencial
heredado que cada individuo trae al momento de nacer, y que al ser desarrollado adquiere la
forma de ser de un sujeto. En la etapa del sostén el self se mantiene aislado y el fracaso en
el cuidado materno moviliza mecanismos de defensa generados por la angustia que causa el
temor a que este self quede al descubierto y se destruya desarrollando un “falso self”.
Como dice Winnicott, el niño “es dependiente e independiente a la vez”, ya que
posee por un lado, una herencia que incluyen los procesos de maduración, es decir, la
evolución del yo y del self, así como también algunas tendencias patológicas, las que son
propias y no se pueden cambiar y que forman parte del mundo personal de cada individuo,
y existe por otro lado, una dependencia externa en el sentido de que lo externo o el
ambiente permite la manifestación de esta herencia, por lo que sería a la vez dependiente
de un ambiente externo que le ayude a manifestarse, encontrándonos nuevamente en el
juego de lo interno y lo externo como la base para el desarrollo de la personalidad.
Lo dicho anteriormente, tiene una gran importancia debido a que este autor no
atribuye de una forma tajante que sea solo el ambiente el encargado de crear o no a un
individuo con salud mental, debido a que cada persona trae una predisposición a
desarrollarse de alguna manera, y que, el ambiente o la madre es un facilitador que permite
que esto fluya.
Por más que Winnicott de importancia al ambiente en las relaciones de objeto eso
no quiere decir que deje de lado los deseos de la pulsión, en este sentido los deseos sexuales
son vistos desde esta teoría como al “amor objetal”.
Existe una realidad interna que es inconsciente, que está en contraste con una
realidad externa, el llegar a un equilibrio entre estas dos realidades, es según Winnicott, una
finalidad humana y una de las grandes dificultades que debemos enfrentar las personas.
La agresión en la teoría de Winnicott impulsa al encuentro con la realidad externa y
luego que se enfrenta a ésta se comienza a sentir en el mundo interno. Para Winnicott: “El
amor y el odio constituyen los dos principales elementos a partir de los cuales se elaboran
todos los asuntos humanos”, por lo que plantea que el bebé tiene una enorme capacidad
para destruir y también para proteger. El niño nace con una agresividad instintiva
denominada “amor instintivo”, ya que si bien el niño daña con la agresión, lo hace sin
intención. Lo que el niño/a finalmente desea, es la satisfacción, que trae consigo la
tranquilidad y la paz de su cuerpo y también su espíritu. Al mismo tiempo él sabe que al
gratificarse con tanta insistencia puede dañar el objeto que ama, por lo que trata de no ser
tan peligrosos para ese objeto, a la vez también comienza a odiar aspectos de sí mismo al
haber dañado a su objeto de amor.
Winnicott señala que el bebé mantiene en su mundo partes o fragmentos de imago
materno que incluyen todas las experiencias buenas y de confianza, y también tiene
incorporado en su mundo interno aspectos parcializados de elementos persecutorios que se
han desarrollado desde los instintos y sus ataques.
Menciona que, mientras el niño/a esta en la fase de dependencia absoluta solo posee
el yo auxiliar de su madre, es por lo que plantea que las fuerzas del ello y la agresión
cobran su valor unos meses después del nacimiento.
Al sentir angustia por haber agredido a la madre, fragmentos persecutorios, el bebé
siente que puede aportar algo a la madre-ambiente, lo que permite al niño contener la
angustia que le provoca el pensar en perderla. Esta angustia se transforma, según Winnicott
en culpa.
Además, si la madre-ambiente permanece en su función de dar confianza, el niño
siente que tiene la oportunidad de reparar, por que pase lo que pase la madre se mantiene
ahí sobreviviendo. Cuando del niño se da cuenta que la madre ha sobrevivido los ataques
comienza a darse cuenta que existe una realidad externa a él, permite descubrir al objeto y
relacionarse con el originado las relaciones de objeto.
A medida que esto avanza, aparece la preocupación por el otro, lo que viene a
reemplazar al sentimiento de culpa, que es el sentimiento de base. Esta capacidad que
adquiere el niño de preocuparse por los demás tiene que ver con que ahora es capaz de
hacerse cargo de sus propios instintos. Es gracias a que la madre ha podido soportar estos
ataques es que el bebé puede sentir confianza para desplegar sus impulsos.
La función de la madre como yo auxiliar es primordial para que se desarrolle esta
capacidad. Es en los primeros meses de vida que la madre debe estar en forma constante
con su hijo/a, y, sobre todo debe dar la oportunidad a éste para poder reparar. Por lo tanto,
el bebé puede desarrollar esta capacidad gracias a la madre, y, a la capacidad que tenga el
niño de mantener la imagen de la madre dentro de su mundo interno.
Esto daría al ser humano la capacidad de estar solo a través de la instauración e
internalización de relaciones de objeto y capacidades de simbolizar que den soporte al Yo y
le permitan tolerar la soledad sin ansiedad. Winnicott estudia la evolución psicológica del
niño bajo la consideración de que toda ella depende de que encuentre una madre
suficientemente buena, capaz de darle los cuidados necesarios y calmar sus ansiedades.
En otras palabras, el énfasis de Winnicott está más centrado en el papel de las
funciones maternas como organizadoras de la psique que en los factores constitucionales e
individuales. Este aspecto le diferencia de Klein, ya que ella, sin negar la importancia de los
factores ambientales, concede también gran importancia a las diferencias individuales.