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Tipos de Máscaras Emocionales

Este documento describe diferentes tipos de máscaras que las personas usan, incluyendo el niño bueno, el guerrero, el pasota, el salvador y el sufridor. Explica que aprendemos a usar máscaras desde una edad temprana para ser aceptados, pero que a veces las máscaras se adhieren demasiado y dejan de servir su propósito original. También señala que es importante desprenderse de las máscaras adheridas para conectarse con la esencia auténtica y mostrar la vulnerabilidad.

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Tipos de Máscaras Emocionales

Este documento describe diferentes tipos de máscaras que las personas usan, incluyendo el niño bueno, el guerrero, el pasota, el salvador y el sufridor. Explica que aprendemos a usar máscaras desde una edad temprana para ser aceptados, pero que a veces las máscaras se adhieren demasiado y dejan de servir su propósito original. También señala que es importante desprenderse de las máscaras adheridas para conectarse con la esencia auténtica y mostrar la vulnerabilidad.

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OCT 27 2021

ÉTICA

TIPOS DE MASCARAS

PRESENTADO POR

Cristian Adrián Valencia Tabares

DOCENTE

Norberto Agudelo Herrera

INSTITUCION DEUCATIVA

Diocesano Jesus Adolecente

Buenaventura valle
OCT 27 2021

TIPOS DE MASCARAS

Las máscaras son instrumentos que utilizamos para intentar adaptarnos a unas

circunstancias y, así, reinventarnos para seguir adelante. Nos permiten actuar como

si fuésemos capaces de cualquier cosa y nos protegen de lo que creemos que puede

dañarnos.

Es decir, las máscaras son mecanismos de defensa inconscientes que intentan poner

a salvo nuestro verdadero “yo” cuando puede estar en peligro. Es un engranaje que

nos permite sobrevivir; por lo tanto, llevar una máscara no es necesariamente algo

perjudicial para nosotros.

Sin embargo, hay circunstancias en que esa máscara que adoptamos no cumple esta
función adaptativa, sino más bien todo lo contrario. Estas máscaras enquistadas en

nuestro verdadero rostro han sido ampliamente estudiadas en psicopatología. Son

conocidas como “ego” en psicología de la Gestalt o “conservas culturales”

en psicodrama.

¿Cuándo necesitamos las máscaras?


Aprendemos a usar las máscaras desde pequeños cuando nos damos cuenta de que,
en determinadas situaciones, no podemos comportarnos como nos gustaría si

queremos ser aceptados.

Así, aprendemos que debemos controlar, por ejemplo, nuestra frustración y


rabietas para que nuestros padres nos den su aprobación. O debemos ser pacientes

y simpáticos con nuestros compañeros de la escuela para lograr también esta

aceptación.

Estas máscaras marcan los límites para relacionarnos con los otros y aprender los

diferentes roles que necesitaremos en nuestra vida. Nos permiten el acto reflexivo

en nuestros impulsos, desarrollando capacidades superiores como la empatía.


OCT 27 2021

Además, también necesitamos usar estas máscaras o personajes internos en

situaciones concretas. Por ejemplo, podemos necesitar una máscara de fortaleza

ante las adversidades o momentos difíciles, para permitirnos más tarde

desprendernos de ella y descansar de la dura carga.

Los tipos de máscaras que nos acompañan

Aprendemos a usar máscaras desde que somos niños hasta que morimos. Algunas

de ellas nos salvan, otras nos dañan. Es curioso que muchos de nosotros

compartimos algunas de ellas. Veamos algunas de las más conocidas:

 El niño bueno. El niño que aprendió a portarse bien siempre para ser aceptado,
que le cuesta poner límites o dar su opinión por miedo a no tener la aprobación.
Busca el afecto a través de la dulzura y de satisfacer al otro.
 El guerrero. Aquella máscara que se creó en duras batallas nos permitió salir
airosos de grandes adversidades. Permite apartar el miedo y la indecisión que
podemos sentir para tomar el mando.
 El pasota. El personaje indiferente que sigue impasible pase lo que pase en el
exterior. Es un personaje que se defiende de las amenazas externas ocultando su
sufrimiento.
 El salvador. Necesita salvar a todas las personas y es algo muy personal.
Seguidores de los casos perdidos e inmerecidos responsables de las desgracias
ajenas.
 El sufridor. Aprendió que en la vida todo son desgracias y que la forma de buscar
el amor de los demás y su atención es a través del victimismo.
 El tipo duro. Una máscara habitual de las personas más sensibles que temen ser
heridos y parecer vulnerables. Ante este temor, han aprendido a mostrarse poco
emocionales e, incluso, agresivos.
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 El eterno feliz. Las personas que pueden tener más dificultades para aceptar
emociones como la tristeza, la rabia o la pérdida fingen que todo está bien con
una amarga sonrisa. Una huida hacia delante de sus emociones.
 El chistoso. Son aquellos que aprenden con humor a huir de sus emociones. Es
una máscara similar a la anterior que, además, puede creer que los demás no le
aceptarán si un día deja los chistes y se sincera.

Cuando la máscara se nos queda adherida

Todas las máscaras anteriores tienen algo en común y es que nos permiten proteger

nuestro verdadero “yo” de posibles amenazas. A veces, llevamos tanto tiempo


puestas estas máscaras que se quedan adheridas a la piel. Y nos preguntamos,

¿realmente soy así?, ¿esta máscara es parte de mi esencia?

Si nos llegamos a hacer esta pregunta es que nuestra preciada máscara lleva

demasiado tiempo con nosotros. Y, posiblemente, este rol sean los vestigios de aquel

niño herido que ansía ser querido y visto por los demás.

Las máscaras que una vez nos protegieron ahora han dejado de funcionar y se han

convertido en una forma de desconexión con nuestras emociones, olvidándonos de

los verdaderos deseos y valores. La pérdida de la esencia y de la conexión

emocional puede llevarnos a un callejón sin salida, tratando de utilizar la misma

máscara una y otra vez, aunque la vida cambie y esa obra que viviste ya haya bajado
el telón.

Puede ser difícil desprenderse de ciertas máscaras. Por ejemplo, si interpretamos al

tipo duro podemos pensar que las personas nos aprecian por esta faceta y nos

abandonarán al ver nuestra vulnerabilidad. Sin embargo, es un espejismo de

nuestros propios pensamientos.

Acabada nuestra función diaria, podemos llegar a casa y, al quitarnos todas las

máscaras y mirarnos al espejo, ver y conectar con nuestro auténtico “yo”. Observar
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lo que somos realmente, con nuestra propia luz y oscuridad, para amarnos antes de

que lo haga nadie. Solo así podremos mostrar a los demás nuestro rostro desnudo.
OCT 27 2021

CIBERGRAFÍA

[Link]
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