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La Cautiva

1) Una turba salvaje cabalga ruidosamente a través de la llanura, agitando lanzas y cabezas humanas. 2) Llegan a un campamento donde celebran un festín canibal, comiendo la carne de sus enemigos vencidos y alardeando de su victoria. 3) La oscura noche envuelve la llanura, solo rota por las luces fantasmagóricas de los espíritus del desierto.
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La Cautiva

1) Una turba salvaje cabalga ruidosamente a través de la llanura, agitando lanzas y cabezas humanas. 2) Llegan a un campamento donde celebran un festín canibal, comiendo la carne de sus enemigos vencidos y alardeando de su victoria. 3) La oscura noche envuelve la llanura, solo rota por las luces fantasmagóricas de los espíritus del desierto.
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Esteban Contenido

Echeverría
Primera parte ............................................................ 2
Segunda parte ........................................................... 4
Tercera parte ............................................................. 7
Cuarta parte ........................................................... 11
Quinta parte ........................................................... 12
Sexta parte .............................................................. 14
Séptima parte.......................................................... 16

La cautiva Octava parte ........................................................... 18


Novena parte .......................................................... 22
Epílogo................................................................... 26
Primera parte
EL DESIERTO

Ils vont. L'espace est grand.


Female hearts are such a genial soil Hugo
[Ellos van. El espacio es grande]
For Kinderfeelings, whatsoe'er their nation,
Era la tarde, y la hora
They naturally pour the "wine and oil" en que el sol la cresta dora
Samaritans in every situation de los Andes. El Desierto
inconmensurable, abierto,
Byron
y misterioso a sus pies
se extiende; triste el semblante,
[En todo clima el corazón de la mujer es tierra fértil en afectos solitario y taciturno
generosos: ellas en cualquier circunstancia de la vida saben, como la como el mar, cuando un instante
Samaritana, prodigar el óleo y el vino] el crepúsculo nocturno,
pone rienda a su altivez.

Gira en vano, reconcentra


su inmensidad, y no encuentra
la vista, en su vivo anhelo,
do fijar su fugaz vuelo,
como el pájaro en el mar.
Doquier campos y heredades
del ave y bruto guaridas,
doquier cielo y soledades
de Dios sólo conocidas,
que El sólo puede sondar.

A veces la tribu errante


sobre el potro rozagante,

2
cuyas crines altaneras de su rubia cabellera con luz trémula brillaba
flotan al viento ligeras, el desmayado fulgor. una que otra estrella, y luego
lo cruza cual torbellino, Sereno y diáfano el cielo, a los ojos se ocultaba,
y pasa; o su toldería 1 sobre la gala verdosa como vacilante fuego
sobre la grama frondosa de la llanura, azul velo en soberbio chapitel.
asienta, esperando el día esparcía, misteriosa
duerme, tranquila reposa, sombra dando a su color. El crepúsculo, entretanto,
sigue veloz su camino. El aura moviendo apenas con su claroscuro manto,
sus alas de aroma llenas, veló la tierra; una faja,
¡Cuántas, cuántas maravillas, entre la yerba bullía negra como una mortaja,
sublimes y a par sencillas, del campo que parecía el occidente cubrió;
sembró la fecunda mano como un piélago ondear. mientras la noche bajando
de Dios allí! ¡Cuánto arcano Y la tierra, contemplando lenta venía, la calma
que no es dado al mundo ver! del astro rey la partida, que contempla suspirando,
La humilde yerba, el insecto, callaba, manifestando, inquieta a veces el alma,
la aura aromática y pura; como en una despedida, con el silencio reinó.
el silencio, el triste aspecto en su semblante pesar.
de la grandiosa llanura, Entonces, como el rüido,
el pálido anochecer. Sólo a ratos, altanero que suele hacer el tronido
relinchaba un bruto fiero, cuando retumba lejano,
Las armonías del viento aquí o allá, en la campaña; se oyó en el tranquilo llano
dicen más al pensamiento bramaba un toro de saña, sordo y confuso clamor;
que todo cuanto a porfía rugía un tigre feroz; se perdió... y luego violento,
la vana filosofía o las nubes contemplando, como baladro espantoso
pretende altiva enseñar. como extático y gozoso, de turba inmensa, en el viento
¡Qué pincel podrá pintarlas el yajá 2, de cuando en cuando, se dilató sonoroso,
sin deslucir su belleza! turbaba el mudo reposo dando a los brutos pavor.
¡Qué lengua humana alabarlas! con su fatídica voz.
Sólo el genio su grandeza Bajo la planta sonante
puede sentir y admirar. Se puso el sol; parecía del ágil potro arrogante
que el vasto horizonte ardía: el duro suelo temblaba,
Ya el sol su nítida frente la silenciosa llanura y envuelto en polvo cruzaba
reclinaba en occidente, fue quedando más obscura, como animado tropel,
derramando por la esfera más pardo el cielo, y en él, velozmente cabalgando;

3
víanse lanzas agudas, llevan cabezas humanas, Segunda parte
cabezas, crines ondeando, cuyos inflamados ojos
y como formas desnudas respiran aún furor!
EL FESTIN
de aspecto extraño y crüel.
Así el bárbaro hace ultraje ...orribile favelle,
¿Quién es? ¿Qué insensata turba al indomable coraje parole di dolore, accenti d'ira,
con su alarido perturba, que abatió su alevosía; voci alte e fioche, e suon di man con elle
las calladas soledades y su rencor todavía facevan un tumulto...
de Dios, do las tempestades mira, con torpe placer, Dante
las cabezas que cortaron [...hórridas querellas / voces altas y bajas en
sólo se oyen resonar?
sus inhumanos cuchillos, son de ira, con golpes de manos a par de
¿Qué humana planta orgullosa
exclamando: -"Ya pagaron ellas, / como un tumulto...]
se atreve a hollar el desierto del cristiano los caudillos
cuando todo en él reposa? el feudo a nuestro poder. Noche es el vasto horizonte,
¿Quién viene seguro puerto
noche el aire, cielo y tierra.
en sus yermos a buscar? Ya los ranchos 3 do vivieron Parece haber apiñado
presa de las llamas fueron, el genio de las tinieblas,
¡Oíd! Ya se acerca el bando y muerde el polvo abatida para algún misterio inmundo,
de salvajes, atronando su pujanza tan erguida. sobre la llanura inmensa,
todo el campo convecino. ¿Dónde sus bravos están? la lobreguez del abismo
¡Mirad! Como torbellino Vengan hoy del vituperio,
donde inalterable reina.
hiende el espacio veloz. sus mujeres, sus infantes,
Sólo inquietos divagando,
El fiero ímpetu no enfrena que gimen en cautiverio,
a libertar, y como antes
por entre las sombras negras,
del bruto que arroja espuma;
nuestras lanzas probarán". los espíritus foletos
vaga al viento su melena,
Tal decía; y, bajo el callo con viva luz reverberan,
y con ligereza suma
del indómito caballo, se disipan, reaparecen,
pasa en ademán atroz.
crujiendo el suelo temblaba; vienen, van, brillan, se alejan,
hueco y sordo retumbaba mientras el insecto chilla,
¿Dónde va? ¿De dónde viene?
su grito en la soledad. y en fachinales 4 o cuevas
¿De qué su gozo proviene?
Mientras la noche, cubierto los nocturnos animales
¿Por qué grita, corre, vuela,
el rostro en manto nubloso, con triste aullido se quejan.
clavando al bruto la espuela,
echó en el vasto desierto, La tribu aleve, entretanto,
sin mirar alrededor?
su silencio pavoroso, allá en la pampa desierta,
¡Ved que las puntas ufanas su sombría majestad. donde el cristiano atrevido
de sus lanzas, por despojos,
jamás estampa la huella,
4
ha reprimido del bruto el tenebroso recinto El licor espirituoso
la estrepitosa carrera; donde la chusma hormiguea. en grandes bacías echan;
y campo tiene fecundo En torno al fuego sentados y, tendidos de barriga
al pie de una loma extensa, unos lo atizan y ceban; en derredor, la cabeza
lugar hermoso do a veces otros la jugosa carne meten sedientos, y apuran
sus tolderías asienta. al rescoldo o llama tuestan; el apetecido néctar,
Feliz la maloca 5 ha sido; aquél come, éste destriza. que, bien pronto los convierte
rica y de estima la presa Más allá alguno degüella en abominables fieras.
que arrebató a los cristianos: con afilado cuchillo Cuando algún indio, medio ebrio,
caballos, potros y yeguas, la yegua al lazo sujeta, tenaz metiendo la lengua
bienes que en su vida errante y a la boca de la herida, sigue en la preciosa fuente,
ella más que el oro aprecia; por donde ronca y resuella, y beber también no deja
muchedumbre de cautivas, y a borbollones arroja a los que aguijan furiosos,
todas jóvenes y bellas. la caliente sangre fuera, otro viene, de las piernas
Sus caballos, en manadas, en pie, trémula y convulsa, lo agarra, tira y arrastra
pacen la fragante yerba; dos o tres indios se pegan y en lugar suyo se espeta.
y al lazo, algunos prendidos, como sedientos vampiros, Así bebe, ríe, canta,
a la pica, o la manea, sorben, chupan, saborean y al regocijo sin rienda
de sus indolentes amos la sangre, haciendo murmullo, se da la tribu: aquel ebrio
el grito de alarma esperan. y de sangre se rellenan. se levanta, bambolea,
Y no lejos de la turba, Baja el pescuezo, vacila, a plomo cae, y gruñendo
que charla ufana y hambrienta, y se desploma la yegua como animal se revuelca.
atado entre cuatro lanzas, con aplausos de las indias Este chilla, algunos lloran,
como víctima en reserva, que a descuartizarla empiezan. y otros a beber empiezan.
noble espíritu valiente Arden en medio del campo, De la chusma toda al cabo
mira vacilar su estrella; con viva luz las hogueras; la embriaguez se enseñorea
al paso que su infortunio, sopla el viento de la pampa y hace andar en remolino
sin esperanza, lamentan, y el humo y las chispas vuelan. sus delirantes cabezas.
rememorando su hogar, A la charla interrumpida, Entonces empieza el bullicio,
los infantes y las hembras. cuando el hambre está repleta, y la algazara tremenda,
Arden ya en medio del campo sigue el cordial regocijo, el infernal alarido
cuatro extendidas hogueras, el beberaje y la gresca, y las voces lastimeras,
cuyas vivas llamaradas que apetecen los varones, mientras sin alivio lloran
irradiando, colorean y las mujeres detestan. las cautivas miserables,

5
y los ternezuelos niños, grandes sus ojos brillaron, ¡Fatal vencimiento!
al ver llorar a sus madres. y las cabezas rodaron Lloremos la muerte
Las hogueras entretanto de Quitur y Callupán. del indio más fuerte
en la obscuridad flamean, Echando espuma y herido que la pampa crió".
y a los pintados semblantes como el toro enfurecido
y a las largas cabelleras se encaró; Quiénes su pérdida lloran,
de aquellos indios beodos, ceño torvo revolviendo, quiénes sus hazañas mentan.
da su vislumbre siniestra y el acero sacudiendo: Oyense voces confusas,
colorido tan extraño, nadie acometerlo osó. medio articuladas quejas,
traza tan horrible y fea, Valichu 9estaba en su brazo; baladros, cuyo son ronco
que parecen del abismo pero al golpe de un bolazo 10 en la llanura resuena.
précita, inmunda ralea, cayó Brián. De repente todos callan,
entregada al torpe gozo Como potro en la llanura: y un sordo murmullo reina,
de la sabática fiesta6. cebo en su cuerpo y hartura semejante al de la brisa
Todos en silencio escuchan; encontrará el gavilán. cuando rebulle en la selva;
una voz entona recia pero, gritando, algún indio
las heroicas alabanzas, "Las armas cobarde entrega en la boca se palmea,
y los cantos de la guerra: el que vivir quiere esclavo; y el disonante alarido
pero el indio guapo, no: otra vez el campo atruena.
"Guerra, guerra, y exterminio Chañil murió como bravo, El indeleble recuerdo
al tiránico dominio batallando en la refriega, de las pasadas ofensas
del Huinca7; engañosa paz: de una lanzada murió. se aviva en su ánimo entonces,
devore el fuego sus ranchos, "Salió Brián airado y atizando su fiereza
que en su vientre los caranchos8 blandiendo la lanza, al rencor adormecido
ceben el pico voraz. con fiera pujanza y a la venganza subleva:
Oyó gritos el caudillo, Chañil lo embistió; en su mano los cuchillos,
y en su fogoso tordillo del pecho clavado a la luz de las hogueras,
salió Brián; en el hierro agudo, llevando muerte relucen;
pocos eran y él delante con brazo forzudo, se ultrajan, riñen, vocean,
venía, al bruto arrogante Brián lo levantó. como animales feroces
dio una lanzada Quillán. Funeral sangriento se despedazan y bregan.
Lo cargó al punto la indiada: ya tuvo en el llano; Y asombradas las cautivas
con la fulminante espada ni un solo cristiano la carnicería horrenda
se alzó Brián; con vida escapó. miran, y a Dios en silencio

6
humildes preces elevan. de los que durmiendo sueñan, Tercera parte
Sus mujeres entretanto, los gemidos infantiles
cuya vigilancia tierna del ñacurutú 11 se mezclan; EL PUÑAL
en las horas de peligro chillidos, aúllos tristes
siempre cautelosa vela, del lobo que anda a la presa Yo iba a morir,es verdad,
acorren luego a calmar de cadáveres, de troncos, entre bárbaros crüeles,
el frenesí que los ciega, miembros, sangre y osamentas, y allí el pesar me mataba
ya con ruegos y palabras entremezclados con vivos, de morir, mi bien, sin verte.
de amor y eficacia llenas; cubierto aquel campo queda, A darme la vida tú
ya interponiendo su cuerpo donde poco antes la tribu saliste, hermosa, y valiente.
entre las armas sangrientas. llegó alegre y tan soberbia. Calderón
Ellos resisten y luchan, La noche en tanto camina
las desoyen y atropellan, triste, encapotada y negra; Yace en el campo tendida,
lanzando injuriosos gritos; y la desmayada luz cual si estuviera sin vida,
y los cuchillos no sueltan de las festivas hogueras ebria la salvaje turba,
sino cuando, ya rendida sólo alumbra los estragos y ningún ruido perturba
su natural fortaleza de aquella bárbara fiesta. su sueño o sopor mortal.
a la embriaguez y al cansancio, Varones y hembras mezclados,
dobla el cuello y cae por tierra. todos duermen sosegados.
Al tumulto y la matanza Sólo, en vano tal vez, velan
sigue el llorar de las hembras los que libertarse anhelan
por sus maridos y deudos; del cautiverio fatal.
las lastimosas endechas Paran la oreja bufando
a la abundancia pasada, los caballos, que vagando
a la presente miseria, libres despuntan la grama;
a las víctimas queridas y a la moribunda llama
de aquella noche funesta. de las hogueras se ve,
Pronto un profundo silencio se ve sola y taciturna,
hace a los lamentos tregua, símil a sombra nocturna,
interrumpido por ayes moverse una forma humana,
de moribundos, o quejas, como quien lucha y se afana,
risas, gruñir sofocado y oprime algo bajo el pie.
de la embriagada torpeza;
al espantoso ronquido Se oye luego triste aúllo,
7
y horrisonante murmullo, alza, inclina la cabeza; que yo entre esta gente fiera
semejante al del novillo pero en un cráneo tropieza le venga a favorecer.
cuando el filoso cuchillo y queda al punto mortal. Lleno de heridas, cautivo,
lo degüella sin piedad, Un cuerpo gruñe y resuella, no abate su ánimo altivo
y por la herida resuella, y se revuelve; mas ella la desgracia, y satisfecho
y aliento y vivir por ella, cobra espíritu y coraje, descansa, como en su lecho,
sangre hirviendo a borbollones, y en el pecho del salvaje sin esperar, ni temer.
en horribles convulsiones clava el agudo puñal.
lanza con velocidad. Sus verdugos, sin embargo,
El indio dormido expira; para hacerle más amargo
Silencio: ya el paso leve y ella veloz se retira de la muerte el pensamiento,
por entre la yerba mueve, de allí, y anda con más tino deleitarse en su tormento,
como quien busca y no atina, arrostrando del destino y más su rencor cebar
y temeroso camina la rigurosa crueldad. prolongando su agonía,
de ser visto o tropezar, Un instinto poderoso, la vida suya, que es mía,
una mujer; en la diestra un afecto generoso guardaron, cuando triunfantes,
un puñal sangriento muestra, la impele y guía segura, hasta los tiernos infantes
sus largos cabellos flotan como luz de estrella pura, osaron despedazar,
desgreñados, y denotan por aquella obscuridad.
de su ánimo el batallar. arrancándolos del seno
Su corazón de alegría de sus madres -¡día lleno
Ella va. Toda es oídos; palpita; lo que quería, de execración y amargura,
sobre salvajes dormidos lo que buscaba con ansia en que murió mi ventura,
va pasando; escucha, mira, su amorosa vigilancia tu memoria me da horror!-.
se para, apenas respira, encontró gozosa al fin. Así dijo, y ya no siente,
y vuelve de nuevo a andar. Allí, allí está su universo, ni llora, porque la fuente
Ella marcha, y sus miradas de su alma el espejo terso, del sentimiento fecunda,
vagan en torno azoradas, su amor, esperanza y vida; que el femenil pecho inunda,
cual si creyesen ilusas allí contempla embebida consumió el voraz dolor.
en las tinieblas confusas su terrestre serafín.
mil espectros divisar. Y el amor y la venganza
-Brián -dice-, mi Brián querido, en su corazón alianza
Ella va, y aun de su sombra, busca durmiendo el olvido; han hecho, y sólo una idea
como el criminal, se asombra; quizás ni soñando espera tiene fija y saborea

8
su ardiente imaginación. Entonces las ataduras, siente el gozo lisonjero
Absorta el alma, en delirio que sus carnes roen duras, por sus miembros doloridos
lleno de gozo y martirio corta, corta velozmente correr, y que sus sentidos
queda, hasta que al fin estalla con su puñal obediente, libres de ilusión están.
como volcán, y se explaya teñido en sangre común.
la lava del corazón. Y en labios de su querida
Brián despierta; su alma fuerte, apura aliento de vida,
Allí está su amante herido, conforme ya con su suerte, y la estrecha cariñoso
mirando al cielo, y ceñido no se conturba, ni azora; y en éxtasis amoroso
el cuerpo con duros lazos, poco a poco se incorpora, ambos respiran así.
abiertos en cruz los brazos, mira sereno, y cree ver Mas, súbito él la separa,
ligadas manos y pies. un asesino: echan fuego como si en su alma brotara
Cautivo está, pero duerme; sus ojos de ira; mas luego horrible idea, y la dice:
inmoble, sin fuerza, inerme se siente libre, y se calma, -María, soy infelice,
yace su brazo invencible: y dice: -¿Eres alguna alma ya no eres digna de mí.
de la pampa el león terrible que pueda y deba querer?
presa de los buitres es. Del salvaje la torpeza
¿Eres espíritu errante, habrá ajado la pureza
Allí, de la tribu impía, ángel bueno, o vacilante de tu honor, y mancillado
esperando con el día parto de mi fantasía? tu cuerpo santificado
horrible muerte, está el hombre -Mi vulgar nombre es María, por mi cariño y tu amor;
cuya fama, cuyo nombre ángel de tu guarda soy; ya no me es dado quererte-.
era, al bárbaro traidor, y mientras cobra pujanza, Ella le responde: -Advierte,
más temible que el zumbido ebria la feroz venganza que en este acero está escrito
del hierro o plomo encendido; de los bárbaros, segura, mi pureza y mi delito,
más aciago y espantoso en aquesta noche obscura, mi ternura y mi valor.
que el Valichu rencoroso velando a tu lado estoy;
a quien ataca su error. Mira este puñal sangriento,
nada tema tu congoja.- y saltará de contento
Allí está; silenciosa ella, Y enajenada se arroja tu corazón orgulloso;
como tímida doncella, de su querido en los brazos, diómelo amor poderoso,
besa su entreabierta boca, le da mil besos y abrazos, diómelo para matar
cual si dudara le toca repitiendo: -Brián, mi Brián. al salvaje que insolente
por ver si respira aún. La alma heroica del guerrero ultrajar mi honor intente;

9
para a un tiempo, de mi padre, el cansancio y el dolor? no insensatos lo perdamos.
de mi hijo tierno y mi madre Huyamos, mi Brián, huyamos;
la injusta muerte vengar. -Sí, el anchuroso desierto que en el áspero camino
más de un abrigo encubierto mi brazo, y poder divino
Y tu vida, más preciosa ofrece, y la densa niebla, te servirán de sostén.
que la luz del sol hermosa, que el cielo y la tierra puebla, -Tu valor me infunde fuerza,
sacar de las fieras manos nuestra fuga ocultará. y de la fortuna adversa,
de estos tigres inhumanos, Brián, cuando aparezca el día, amor, gloria o agonía
o contigo perecer. palpitantes de alegría, participar con María
Loncoy, el cacique altivo lejos de aquí ya estaremos, yo quiero; huyamos, ven, ven-.
cuya saña al atractivo y el alimento hallaremos
se rindió de estos mis ojos, que el cielo al infeliz da. Dice Brián y se levanta;
y quiso entre sus despojos el dolor traba su planta,
de Brián la querida ver, -Tú podrás, querida amiga, mas devora el sufrimiento;
hacer rostro a la fatiga, y ambos caminan a tiento
después de haber mutilado mas yo, llagado y herido, por aquella obscuridad.
a su hijo tierno; anegado débil, exangüe, abatido, Tristes van; de cuando en cuando,
en su sangre yace impura; ¿cómo podré resistir? la vista al cielo llevando,
sueño infernal su alma apura: Huye tú, mujer sublime, que da esperanza al que gime,
diole muerte este puñal. y del oprobio redime ¿qué busca su alma sublime?
Levanta, mi Brián, levanta, tu vivir predestinado; la muerte o la libertad.
sigue, sigue mi ágil planta; deja a Brián infortunado,
huyamos de esta guarida solo, en tormentos morir. -Y en esta noche sombría
donde la turba se anida ¿quién nos servirá de guía?
más inhumana y fatal. -No, no, tu vendrás conmigo, -Brián, ¿no ves allá una estrella
-¿Pero adónde, adónde iremos? o pereceré contigo. que entre dos nubes centella
¿Por fortuna encontraremos De la amada patria nuestra cual benigno astro de amor?
en la pampa algún asilo, escudo fuerte es tu diestra, Pues ésa es por Dios enviada,
donde nuestro amor tranquilo ¿y qué vale una mujer? como la nube encarnada
logre burlar su furor? Huyamos, tú de la muerte, que vio Israel prodigiosa;
¿Podremos, sin ser sentidos, yo de la oprobiosa suerte sigamos la senda hermosa
escapar, y desvalidos, de los esclavos; propicio que nos muestra su fulgor;
caminar a pie, y jadeando, el cielo este beneficio
con el hambre y sed luchando, nos ha querido ofrecer; ella del triste desierto

10
nos llevará a feliz puerto-. Cuarta parte de su constante enemigo
Ellos van; solas, perdidas, alerta estaba, y castigo
como dos almas queridas, LA ALBORADA le preparaba crüel.
que amor en la tierra unió,
y en la misma forma de antes, Già la terra e coperta d'uccisi; Súbito al trote asomaron
andan por la noche errantes, tutta è sangue la vasta pianura... sobre la extendida loma
con la memoria hechicera Manzoni dos jinetes, como asoma
del bien que en su primavera el astuto cazador;
la desdicha les robó. [Ya de muertos la tierra está cubierta / y al pie de ella divisaron
la vasta llanura toda es sangre] la chusma quieta y dormida,
Ellos van. Vasto, profundo y volviendo atrás la brida
como el páramo del mundo Todo estaba silencioso. fueron a dar el clamor
misterioso es el que pisan; La brisa de la mañana
mil fantasmas se divisan, recién la hierba lozana de alarma al campo cristiano.
mil formas vanas allí, acariciaba, y la flor; Pronto en brutos altaneros
que la sangre joven hielan: y en el oriente nubloso, un escuadrón de lanceros
mas ellos vivir anhelan. la luz apenas rayando, trotando allí se acercó,
Brián desmaya caminando, iba el campo matizando con acero y lanza en mano;
y al cielo otra vez mirando, de claroscuro verdor. y en hileras dividido
dice a su querida así: al indio, no apercibido,
Posaba el ave en su nido; en doble muro encerró.
-Mira: ¿no ves? la luz bella ni del pájaro se oía
de nuestra polar estrella la variada melodía, Entonces, el grito "Cristiano, cristiano"
de nuevo se ha obscurecido, música que al alba da; resuena en el llano,
y el cielo más renegrido y sólo, al ronco bufido "Cristiano" repite confuso clamor.
nos anuncia algo fatal. de algún potro que se azora, La turba que duerme, despierta turbada,
-Cuando contrario el destino mezclaba su voz sonora clamando azorada,
nos cierre, Brián, el camino, el agorero yajá. "Cristiano nos cerca, cristiano traidor".
antes de volver a manos
de esos indios inhumanos, En el campo de la holganza, Niños y mujeres, llenos de conflito,
nos queda algo: este puñal. so la techumbre del cielo, levantan el grito;
libre, ajena de recelo sus almas conturba la tribulación;
dormía la tribu infiel; los unos pasmados, al peligro horrendo,
mas la terrible venganza los otros huyendo,

11
corren, gritan, llevan miedo y confusión. gemir del que implora, Quinta parte
puesto de rodillas, en vano piedad,
Quién salta al caballo que encontró todo se confunde: del plomo el silbido, EL PAJONAL
primer, del hierro el crujido,
quién toma el acero, que ciego no acata ni sexo, ni edad. ...e lo spirito lasso
quién corre su potro querido a buscar; conforta, e ciba di speranza buona.
mas ya la llanura cruzan desbandadas, Horrible, horrible matanza Dante
yeguas y manadas, hizo el cristiano aquel día;
que el cauto enemigo las hizo espantar. ni hembra, ni varón, ni cría [...y el ánimo cansado / de esperanza
de aquella tribu quedó. feliz, nutre y conforta]
En trance tan duro los carga el cristiano, La inexorable venganza
blandiendo en su mano siguió el paso a la perfidia, Así, huyendo a la ventura,
la terrible lanza, que no da cuartel. y en no cara y breve lidia ambos a pie divagaron
Los indios más bravos luchando su cerviz al hierro dio. por la lóbrega llanura,
resisten, y al salir la luz del día
cual fieras embisten; Viose la yerba teñida a corto trecho se hallaron
el brazo sacude la matanza cruel. de sangre hedionda y sembrado de un inmenso pajonal 12.
El sol aparece; las armas agudas de cadáveres el prado Brián debilitado, herido,
relucen desnudas; donde resonó el festín. a la fatiga rendido
horrible la muerte se muestra doquier. Y del sueño de la vida la planta apenas movía;
En lomos del bruto, la fuerza y coraje, al de la muerte pasaron su angustia era sin igual.
crece del salvaje, los que poco antes holgaron,
sin su apoyo, inerme se deja vencer. sin temer aciago fin. Pero un ángel, su querida,
siempre a su lado velaba,
Pie en tierra poniendo la fácil victoria, Las cautivas derramaban y el espíritu y la vida,
que no le da gloria, lágrimas de regocijo; que su alma heroica anidaba,
prosigue el cristiano lleno de rencor. una al esposo, otra al hijo la infundía, al parecer,
Caen luego caciques, soberbios debió allí la libertad; con miradas cariñosas,
caudillos, pero ellos tristes estaban, voces del alma profundas
los fieros cuchillos porque ni vivo, ni muerto que debieran ser eternas;
degüellan, degüellan, sin sentir horror. halló a Brián en el desierto, y aquellas palabras tiernas,
su valor y su lealtad. o armonías misteriosas,
Los ayes, los gritos, clamor del que que sólo manan fecundas
llora, del labio de la mujer.
12
Temerosos del Salvaje donde a buscar como a puerto o las imágenes mustias
acogiéronse al abrigo refrigerio, van errantes que el alma atravesarán
de aquel pajonal amigo, Brián y María anhelantes, de aquella infeliz mujer!
para de nuevo su viaje sólo divisan sus ojos Flor hermosa y delicada,
por la noche continuar; feos, inmundos despojos perseguida y conculcada
descansar allí un momento, de la muerte. ¡Qué destino por cuantos males tiranos
y refrigerio y sustento como el suyo miserable! dio en herencia a los humanos
a la flaqueza buscar. Si en aquel instante vino, inexorable poder.
la memoria perdurable
Era el adusto verano: de la pasada ventura, Pero a cada golpe injusto
ardiente el sol como fragua a turbar su fantasía. retoñece más robusto
en cenagoso pantano ¡Cuán amarga les sería! de su noble alma el valor;
convertido había el agua ¡Cuán triste, yerma y oscura! y otra vez, con paso fuerte
allí estancada, y los peces, huella el fango, do la muerte
los animales inmundos Pero con pecho animoso disputa un resto de vida
que aquel bañado habitaban en el lodo pegajoso a indefensos animales;
muertos, el aire infestaban, penetraron, ya cayendo, y rompiendo enfurecida
o entre las impuras heces ya levantando, o subiendo los espesos matorrales,
aparecían a veces en pie flaco y dolorido; camina a un sordo rumor
boqueando moribundos, y sobre un flotante nido que oye próximo, y mirando
como del cielo implorando de yajá, (columna bella, el hondo cauce, anchuroso
agua y aire: aquí se vía que entre la paja descuella, de un arroyo que copioso
al voraz cuervo, tragando como edificio construido entre la paja corría,
lo más asqueroso y vil; por mano hábil), se sentaron se volvió atrás, exclamando
allí la blanca cigüeña, a descansar o morir. arrobada de alegría:
el pescuezo corvo alzando, Súbito allí desmayaron "-¡Gracias te doy, Dios supremo!
en su largo pico enseña los espíritus vitales Brián se salva, nada temo."
el tronco de algún reptil; de Brián a tanto sufrir;
más allá se ve el carancho, y en los brazos de María, Pronto llega al alto nido
que jamás presa desdeña, que inmoble permanecía, donde yace su querido,
con pico en forma de gancho cayó muerto al parecer. sobre sus hombros le carga,
de la espirante alimaña ¡Cómo palabras mortales y con vigor desmedido
sajar la fétida entraña: pintar al vivo podrán lleva, lleva, a paso lento,
y en aquel páramo yerto, el desaliento y angustias, al puerto de salvamento

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aquella preciosa carga. el extenuado vigor Sexta parte
volverá a tu cuerpo en breve,
Allí en la orilla verdosa y esperemos con valor LA ESPERA
el inmoble cuerpo posa, de Dios el fin que imploramos.
y los labios, frente y cara ¡Qué largas son las horas del deseo!
en el agua fresca y clara Dijo así y en la corriente Moreto
le embebe; su aliento aspira, recoge agua, y diligente,
por ver si vivo respira, de sus miembros con esmero,
trémula su pecho toca; se aplica a lavar primero Triste, obscura, encapotada
y otra vez sienes y boca las dolorosas heridas, llegó la noche esperada,
le empapa: en sus ojos vivos, las hondas llagas henchidas la noche que ser debiera
y en su semblante animado, de negra sangre cuajada, su grata y fiel compañera;
los matices fugitivos y a sus inflamados pies y en el vasto pajonal
de la apasionada guerra el lodo impuro; y después permanecen inactivos
que su corazón encierra, con su mano delicada los amantes fugitivos.
se muestran. Brián recobrado las venda. Brián silencioso Su astro, al parecer, declina,
se mueve, incorpora, alienta; sufre el dolor con firmeza; como la luz vespertina
y débil mirada lenta pero siente a la flaqueza; entre sombra funeral.
clava en la hermosa María, rendido el pecho animoso.
diciéndola: -Amada mía Brián, por el dolor vencido
pensé no volver a verte, Ella entonces alimento al margen yace tendido
y que este sueño sería corre a buscar; y un momento, del arroyo; probó en vano
como el sueño de la muerte; sin duda el cielo piadoso, el paso firme y lozano
pero tú, siempre velando, de aquellos finos amantes, de su querida seguir;
mi vivir sustentas, cuando infortunados y errantes, sus plantas desfallecieron,
yo en nada puedo valerte, quiso aliviar el tormento. y sus heridas vertieron
sino doblar la amargura sangre otra vez. Sintió entonces
de tu extraña desventura. como una mano de bronce
-Que vivas tan sólo quiero; por sus miembros discurrir.
porque si mueres, yo muero;
Brián mío alienta, triunfamos; María espera a su lado,
en salvo y libres estamos; con corazón agitado,
no te aflijas; bebe, bebe que amanecerá otra aurora
esta agua, cuyo frescor más bella y consoladora;

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el amor le inspira fe porque de su llama intensa una faja luminosa
en destino más propicio, es la vida tan inmensa, forma horizonte no lejos;
y le oculta el precipicio que a la muerte vencería, sus amarillos reflejos
cuya idea sólo pasma: y en sí eficacia tendría en lo obscuro hacen vaivén.
el descarnado fantasma para animar como Dios.
de la realidad no ve. La llanura arder parece,
El amor es fe inspirada; y que con el viento crece,
Pasión vivaz la domina, es religión arraigada se encrespa, aviva y derrama
ciega pasión la fascina; en lo íntimo de la vida. el resplandor y la llama
mostrando a su alma el trofeo Fuente inagotable, henchida en el mar de lobreguez.
de su impetuoso deseo de esperanza, su anhelar Aquel fuego colorado,
le dice: tú triunfarás. no halla obstáculo invencible en tinieblas engolfado,
Ella infunde a su flaqueza hasta conseguir victoria; cuyo resplendor vaga horrendo,
constancia allí y fortaleza; si se estrella en lo imposible era trasunto estupendo
Ella su hambre, su fatiga gozoso vuela a la gloria de la infernal terriblez.
y sus angustias mitiga su heroica palma a buscar.
para devorarla más. Brián, recostado en la hierba,
María no desespera, como ajeno de sentido,
Sin el amor que en sí entraña, porque su ahínco procura nada ve: ella un ruido
¿qué sería? Frágil caña, para lo que ama, ventura, oye; pero sólo observa
que el más leve impulso quiebra; y al infortunio supera la negra desolación,
ser delicado, fina hebra, su imperiosa voluntad. o las sombrías visiones
sensible y flaca mujer. Mañana -el grito constante que engendran las turbaciones
Con él es ente divino de su corazón amante de su espíritu. ¡Cuán larga
que pone a raya el destino, le dice-, mañana el cielo aquella noche y amarga
ángel poderoso y tierno hará cesar tu desvelo; sería a su corazón!
a quien no haría el infierno la nueva luz esperad.
vacilar ni estremecer. Miró a su amante. Espantoso,
La noche cubierta, en tanto un bramido cavernoso
De su querido no advierte camina en densa tiniebla, la hizo temblar, resonando:
el mortal abatimiento, y en el abismo de espanto, era el tigre, que buscando
ni cree se atreva la muerte que aquellos páramos puebla, pasto a su saña feroz
a sofocar el aliento ambos perdidos se ven. en los densos matorrales,
que hace vivir a los dos; Parda, rojiza, radiosa, nuevos presagios fatales

15
al infortunio traía. Séptima parte por la esfera dilataban,
En silencio, echó María como cuando hay tempestad,
mano a su puñal, veloz. LA QUEMAZON sus negras alas inmensas;
y más y más aumentaban
Voyez... Déjà la flamme en torrent se el pavor y obscuridad.
déploie El cielo entenebrecido,
Lamartine el aire, el humo encendido,
eran, con el sordo ruido,
[Mirad: ya en torrente se extiende la signo de calamidad.
llama]
El pueblo de lejos
El aire estaba inflamado, contempla asombrado
turbia la región suprema, los turbios reflejos;
envuelto el campo en vapor; del día enlutado
rojo el sol, y coronado la ceñuda faz.
de parda obscura diadema, El humilde llora,
amarillo resplandor el piadoso implora;
en la atmósfera esparcía; se turba y azora
el bruto, el pájaro huía, la malicia audaz.
y agua la tierra pedía
sedienta y llena de ardor. Quién cree ser indicio
fatal, estupendo
Soplando a veces el viento del día del juicio,
limpiaba los horizontes, del día tremendo
y de la tierra brotar que anunciado está.
de humo rojo y ceniciento Quién piensa que al mundo,
se veían como montes; sumido en lo inmundo,
y en la llanura ondear, el cielo iracundo
formando espiras doradas, pone a prueba ya.
como lenguas inflamadas,
o melenas encrespadas Era la plaga que cría
de ardiente, agitado mar. la devorante sequía
para estrago y confusión:
Cruzándose nubes densas de la chispa de una hoguera,

16
que llevó el viento ligera, Piedad María imploraba,
nació grande, cundió fiera y piedad necesitaba Para ellos no existe el mundo.
la terrible quemazón. de potencia celestial. Detrás, arroyo profundo,
Brián caminar no podía, ancho se extiende, y delante,
Ardiendo, sus ojos y la quemazón cundía formidable y horroroso,
relucen, chispean; por el vasto pajonal. alza la cresta furioso
en rubios manojos mar de fuego devorante.
sus crines ondean, Allí pábulo encontrando,
flameando también: como culebra serpeando, -Huye presto -Brián decía
la tierra gimiendo, velozmente caminó; con voz débil a María-,
los brutos rugiendo, y agitando, desbocada, déjame solo morir;
los hombres huyendo, su crin de fuego erizada, este lugar es un horno:
confusos la ven. gigante cuerpo tomó. huye, ¿no miras en torno
vapor cárdeno subir?-
Sutil se difunde, Lodo, paja, restos viles
camina, se mueve, de animales y reptiles Ella calla, o le responde:
penetra, se infunde: quema el fuego vencedor, -Dios largo tiempo no esconde
cuanto toca, en breve que el viento iracundo atiza; su divina protección.
reduce a tizón. vuelan el humo y ceniza, ¿Crees tú nos haya olvidado?
Ella era; y pastales, y el inflamado vapor, Salvar tu vida ha jurado
densos pajonales, o morir mi corazón.-
cardos y animales, al lugar donde, pasmados,
ceniza, humo son. los cautivos desdichados, Pero del cielo era juicio
con despavoridos ojos, que en tan horrendo suplicio
Raudal vomitando están, su hervidero oyendo, no debían perecer;
venía de llama, y las llamaradas viendo y que otra vez de la muerte
que hirviendo, silbando, subir en penachos rojos. inexorable, amor fuerte
se enrosca y derrama triunfase, amor de mujer.
con velocidad. No hay cómo huir, no hay efugio,
Sentada María esperanza ni refugio; Súbito ella se incorpora;
con su Brián la vía: ¿dónde auxilio encontrarán? de la pasión que atesora
-¡Dios mío! -decía-, Postrado Brián yace inmoble el espíritu inmortal
de nos ten piedad. como el orgulloso roble brota, en su faz la belleza
que derribó el huracán. estampando fortaleza

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de criatura celestial, y otra vez libre a su amante Octava parte
de horrenda agonía ve.
no sujeta a ley humana; BRIAN
y como cosa liviana ¡Oh del amor maravilla!
carga el cuerpo amortecido En sus bellos ojos brota Les guerriers et les coursiers eux mêmes
de su amante, y con él junto, del corazón, gota a gota, sont là pour attester les victoires de mon
sin cejar, se arroja al punto el tesoro sin mancilla, bras.
en el arroyo extendido. celeste, inefable unción; Je dois ma renommée à mon glaive...
sale en lágrimas deshecho Antar 13
Cruje el agua, y suavemente su heroico amor satisfecho;
surca la mansa corriente y su formidable cresta [Los guerreros y aun los bridones de la
con el tesoro de amor; sacude, enrosca y enhiesta batalla existen para atestiguar las
semejante a ondina bella, la terrible quemazón. victorias de mi brazo. Debo mi
su cuerpo airoso descuella, Calmó después el violento renombre a mi espada]
y hace, nadando, rumor. soplar del airado viento:
el fuego a paso más lento Pasó aquél, llegó otro día,
Los cabellos atezados, surcó por el pajonal, triste, ardiente, y todavía
sobre sus hombros nevados, sin topar ningún escollo; desamparados como antes,
sueltos, reluciendo van; y a la orilla de un arroyo a los míseros amantes
boga con un brazo lenta, a morir al cabo vino, encontró en el pajonal.
y con el otro sustenta, dejando, en su ancho camino, Brián, sobre pajizo lecho
a flor, el cuerpo de Brián. negra y profunda señal. inmoble está, y en su pecho
arde fuego inextinguible;
Aran las corrientes unidos brota en su rostro, visible
como dos cisnes queridos abatimiento mortal.
que huyen de águila cruel, Abrumados y rendidos,
cuya garra, siempre lista, sus ojos, como adormidos,
desde la nube se alista la luz esquivan, o absortos,
a separar su amor fiel. en los pálidos abortos
de la conciencia (legión
La suerte injusta se afana que atribula al moribundo),
en perseguirlos. Ufana verán formas de otro mundo;
en la orilla opuesta el pie imágenes fugitivas,
pone María triunfante, o las claridades vivas
18
de fantástica región. Cobrando ánimo al instante
Echa la vista delante, se alzó María arrogante,
Triste a su lado María y al aspecto de su amante en mano el puñal desnudo,
revuelve en la fantasía desfallece su heroísmo; vivo el mirar, y un escudo
mil contrarios pensamientos, la vuelve, y hórrido abismo formó de su cuerpo a Brián.
y horribles presentimientos mira atónita detrás. Llegó la fiera inclemente;
la vienen allí a asaltar; Allí apura la agonía clavó en ella vista ardiente,
espectros que engendra el alma, del que vio cuando dormía y a compasión ya movida,
cuando el ciego desvarío paraíso de dicha eterno, o fascinada y herida
de las pasiones se calma, y al despertar, un infierno por sus ojos y ademán,
y perdida en el vacío que no imaginó jamás.
se recoge a meditar. recta prosiguió el camino,
En el empíreo nublado y al arroyo cristalino
Allí, frágil navecilla flamea el sol colorado, se echó a nadar. ¡Oh amor tierno!
en mar sin fondo ni orilla, y en la llanura domina de lo más frágil y eterno
do nunca ríe bonanza, la vaporosa calina, se compaginó tu ser.
se encuentra sin esperanza el bochorno abrasador. Siendo sólo afecto humano,
de poder al fin surgir. Brián sigue inmoble; y María, chispa fugaz, tu grandeza,
Allí ve su afán perdido en formar se entretenía por impenetrable arcano,
por salvar a su querido; de junco un denso tejido, es celestial. ¡Oh belleza!
y cuán lejano y nubloso que guardase a su querido no se anida tu poder,
el horizonte radioso de la intemperie y calor.
está de su porvenir. en tus lágrimas ni enojos;
Cuando oyó, como el aliento sí, en los sinceros arrojos
¡Cuán largo e incierto camino que al levantarse o moverse de tu corazón amante.
la desdicha le previno! hace animal corpulento, María en aquel instante
¡Cuán triste peregrinaje! crujir la paja y romperse se sobrepuso al terror,
Allí ve de aquel paraje de un cercano matorral. pero cayó sin sentido
la yerta inmovilidad. Miró, ¡oh terror!, y acercarse a conmoción tan violenta.
Allí ya del desaliento vio con movimiento tardo, Bella como ángel dormido
sufre el pausado tormento, y hacia ella encaminarse, la infeliz estaba, exenta
y abrumada de tristeza, lamiéndose, un tigre pardo de tanto afán y dolor.
al cabo a sentir empieza tinto en sangre; ¡atroz señal!
su abandono y soledad. Entonces, ¡ah!, parecía

19
que marchitado no había se incorpora, en él clavando Rodeado de picas me hallo.
la aridez de la congoja, su cariñosa mirada. Paso, canalla traidora,
que a lo más bello despoja, -Pensé dormías -la dice-, que mi lanza vengadora
su frescura juvenil. y despertarte no quise; castigo os dará cruel.
¡Venturosa si más largo fuera mejor que durmieras
hubiera sido su sueño! y del bárbaro no oyeras ¿No miráis la polvareda
Brián despierta del letargo: la estrepitosa llegada. que del llano se levanta?
brilla matiz más risueño ¿No sentís lejos la planta
en su rostro varonil. -¿Sabes? Sus manos lavaron, de los brutos retumbar?
Se sienta; extático mira, con infernal regocijo, La tribu es, huyendo leda,
como el que en vela delira; en la sangre de mi hijo; como carnicero lobo,
lleva la mano a su frente mis valientes degollaron. con los despojos del robo,
sudorífera y ardiente, Como el huracán pasó, no de intrépido lidiar.
¿qué cosas su alma verá? desolación vomitando, Mirad ardiendo la villa
La luz, noche le parece, su vigilante perfidia. y degollados, dormidos,
tierra y cielo se obscurece, Obra es del inicuo bando, nuestros hermanos queridos
y rueda en un torbellino ¡qué dirá la torpe envidia! por la mano del infiel.
de nubes. -Este camino Ya mi gloria se eclipsó, ¡Oh mengua! ¡Oh rabia! ¡Oh mancilla!
lleno de espinas está: Venga mi lanza ligero,
de paz con ellos estaba, mi caballo parejero,
y la llanura, María, y en la villa descansaba. daré alcance a ese tropel.-
¿no ves cuán triste y sombría? Oye; no te fíes, vela;
¿Dónde vamos? A la muerte. lanza, caballo y espuela Se alzó Brián enajenado,
Triunfó la enemiga suerte siempre lista has de tener. y su bigote erizado
-dice delirando Brián-. Mira dónde me han traído, se mueve; chispean, rojos
¡Cuán caro mi amor te cuesta! atado estoy y ceñido; como centellas, sus ojos,
Y mi confianza funesta, no me es dado levantarme, que hace el entusiasmo arder;
¡cuánta fatiga y ultrajes! ni valerte, ni vengarme, el rostro y talante fiero,
Pero pronto los salvajes ni batallar, ni vencer. do resalta con viveza
su deslealtad pagarán.- el valor y la nobleza,
Venga, venga mi caballo, la majestad del guerrero
Cobra María el sentido mi caballo por la vida; acostumbrado a vencer.
al oír de su querido venga mi lanza fornida,
la voz, y en gozo nadando que yo basto a ese tropel. Pero al punto desfallece.

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Ella, atónita, enmudece, joven consagró su vida; pero mi orgullo no ajaron
ni halla voz su sentimiento; ¿qué es ella?, una chispa, nada, los favores del poder.
en tan solemne momento con ese sol comparada, ¡Qué importa! Mi brazo ha sido
flaquea su corazón. raudal vivo de esplendor. terror del salvaje fiero:
El sol pálido declina: los Andes vieron mi acero
en la cercana colina La mía brilló un momento, con honor resplandecer.
triscan las gamas y ciervos, pero a la patria sirviera;
y de caranchos y cuervos también mi sangre corriera ¡Oh estrépito de las armas!
grazna la impura legión, por su gloria y libertad. ¡Oh embriaguez de la victoria!
Lo que me da sentimiento ¡Oh campos, soñada gloria!
de cadáveres avara, es que de ti me separo, ¡Oh lances del combatir!
cual si muerte presagiara. dejándote sin amparo Inesperadas alarmas,
Así la caterva estulta, aquí en esta soledad. patria, honor, objetos caros,
vil al heroísmo insulta, ya no volveré a gozaros;
que triunfante veneró. Otro premio merecía joven yo debo morir.
María tiembla. El, alzando tu amor y espíritu brioso,
la vista al cielo y tomando y galardón más precioso Hoy es el aniversario
con sus manos casi heladas te destinaba mi fe. de mi primera batalla,
las de su amiga, adoradas, Pero ¡ay Dios!, la suerte mía y en torno a mí todo calla...
a su pecho las llevó. de otro modo se eslabona; Guarda en tu pecho mi amor,
hoy me arranca la corona nadie llegue a su santuario...
Y con voz débil le dice: que insensato ambicioné. Aves de presa parecen,
-Oye, de Dios es arcano, ya mis ojos se oscurecen;
que más tarde o más temprano ¡Si al menos la azul bandera pero allí baja un condor;
todos debemos morir. sombra a mi cabeza diese!
Insensato el que maldice ¡O antes por la patria fuese y huye el enjambre insolente,
la ley que a todos iguala; aclamado vencedor! adiós, en vano te aflijo...
hoy el término señala ¡Oh destino! Quién pudiera Vive, vive para tu hijo,
a mi robusto vivir. morir en la lid, oyendo Dios te impone ese deber.
el alarido y estruendo, Sigue, sigue al occidente
Resígnate; bien venida la trompeta y atambor. tu trabajosa jornada:
siempre, mi amor, fue la muerte, Adiós, en otra morada
para el bravo, para el fuerte, Tal gloria no he conseguido, nos volveremos a ver.
que a la patria y al honor mis enemigos triunfaron;

21
Calló Brián, y en su querida Nace del sol la luz pura,
clavó mirada tan bella, y una fresca sepultura
tan profunda y dolorida, Novena parte encuentra; lecho postrero,
que toda el alma por ella que al cadáver del guerrero
al parecer exhaló. MARIA preparó el más fino amor.
El crepúsculo esparcía Sobre ella hincada, María,
en el desierto luz mustia. Fallece esperanza y crece tormento. muda como estatua fría,
Del corazón de María, Anónimo inclinada la cabeza,
el desaliento y la angustia, Morte bella parea nel suo bel viso. semejaba a la tristeza
sólo el cielo penetró. Petrarca embebida en su dolor.
[La muerte parecía bella en su bello
rostro] Sus cabellos renegridos
caen por los hombros tendidos,
¿Qué hará María? En la tierra y sombrean de su frente,
ya no se arraiga su vida. su cuello y rostro inocente,
¿Dónde irá? Su pecho encierra la nevada palidez.
tan honda y vivaz herida, No suspira allí, ni llora;
tanta congoja y pasión, pero como ángel que implora,
que para ella es infecundo para miserias del suelo
todo consuelo del mundo, una mirada del cielo,
burla horrible su contento, hace esta sencilla prez:
su compasión un tormento,
su sonrisa una irrisión. -Ya en la tierra no existe
el poderoso brazo
¿Qué le importan sus placeres, donde hallaba regazo
su bullicio y vana gloria, mi enamorada sien:
si ella, entre todos los seres, Tú ¡oh Dios! no permitiste
como desechada escoria, que mi amor lo salvase,
lejos, olvidada está? quisiste que volase
¿En qué corazón humano, donde florece el bien.
en qué límite del orbe,
el tesoro soberano, Abre, Señor, a su alma
que sus potencias absorbe, tu seno regalado,
ya perdido encontrará? del bienaventurado,

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reciba el galardón: inconstantes elementos, en tí hallaron refrigerio;
Encuentre allí la calma, preñados de temporales, de su infortunio el misterio
encuentre allí la dicha, apiadaos; fieras fatales tú sólo puedes contar.
que busca en su desdicha, su desdicha respetad.
mi viudo corazón-. Gózate; votos, ni ardores
Y Tú, ¡oh Dios! en cuyas manos de felices amadores
Dice. Un punto su sentido de los míseros humanos tu esquividad no turbaron;
queda como sumergido. está el oculto destino, sino voces que confiaron
Echa la postrer mirada siquiera un rayo divino a tu silencio su mal.
sobre la tumba callada haz a su esperanza ver. En la noche tenebrosa,
donde toda su alma está. Vacilar, de alma sencilla, con los ásperos graznidos
Mirada llena de vida, que resignada se humilla, de la legión ominosa,
pero lánguida, abatida, no hagas la fe acrisolada; oirás ayes y gemidos:
como la última vislumbre susténtala en su jornada, Adiós, triste pajonal.
de la agonizante lumbre, no la dejes perecer.
falta de alimento ya. De ti María se aleja,
Adiós, pajonal funesto y en tus soledades deja
Y alza luego la rodilla; Adiós, pajonal amigo. toda su alma; agradecido,
y tomando por la orilla Se va ella sola, ¡Cuán presto el depósito querido
del arroyo hacia el ocaso, de su júbilo, testigo, guarda y conserva; quizá
con indiferente paso y su luto fuiste vos! mano generosa y pía
se encamina al parecer. El sol y la llama impía venga a pedírtelo un día;
Pronto sale de aquel monte marchitaron tu ufanía; quizá la viva palabra
de paja, y mira adelante pero hoy tumba de un soldado un monumento le labra
ilimitado horizonte, eres, y asilo sagrado: que el tiempo respetará.
llanura y cielo brillante, Pajonal glorioso, adiós.
desierto y campo doquier. Día y noche ella camina;
Gózate; ya no se anidan y la estrella matutina,
¡Oh, noche! ¡Oh, fúlgida estrella! en tí las aves parleras, caminando solitaria,
Luna solitaria y bella: ni tu agua y sombra convidan sin articular plegaria,
¡Sed benignas! El indicio sólo a los brutos y fieras: sin descansar ni dormir
de vuestro influjo propicio soberbio debes estar. la ve. En su planta desnuda
siquiera una vez mostrad. El valor y la hermosura, brota la sangre y chorrea;
Bochornos, cálidos vientos, ligados por la ternura, pero toda ella, sin duda,

23
va absorta en la única idea la sangre en el corazón. Oye sonar en la esfera
que alimenta su vivir. la voz del ave agorera,
Dos soles pasan. ¿Adónde oye María infelice;
En ella encuentra sustento. tu poder ¡oh Dios! se esconde? alerta, alerta, te dice;
Su garganta es viva fragua, ¿Está por ventura exhausto? aquí está tu salvación.
un volcán su pensamiento; ¿Más dolor en holocausto ¿No la ves cómo en el aire
pero mar de hielo y agua pide a una flaca mujer? balancea con donaire
refrigerio inútil es No; de la quieta llanura su cuerpo albo-ceniciento?
para el incendio que abriga; ya se remonta a la altura ¿No escuchas su ronco acento?
insensible a la fatiga, gritando el yajá. Camina, Corre a calmar tu aflicción.
a cuanto ve indiferente, oye la voz peregrina
como mísera demente que te viene a socorrer. Pero nada ella divisa,
mueve sus heridos pies, ni el feliz reclamo escucha;
¡Oh, ave de la pampa hermosa, y caminando va a prisa:
por el desierto. Adormida cómo te meces ufana! el demonio con que lucha
está su orgánica vida; Reina, sí, reina orgullosa la turba, impele y amaga.
pero la vida de su alma eres, pero no tirana Turbios, confusos y rojos
fomenta en sí aquella calma como el águila fatal; se presentan a sus ojos
que sigue a la tempestad, tuyo es también del espacio cielo, espacio, sol, verdura,
cuando el ánimo cansado el transparente palacio: quieta, insondable llanura
del afán violento y duro, si ella en las rocas se anida, donde sin brújula vaga.
al parecer resignado, tú en la esquivez escondida
se abisma en el fondo obscuro de algún vasto pajonal. Mas, ¡ah! que en vivos corceles
de su propia soledad. un grupo de hombres armados
De la víctima el gemido, se acerca; ¿serán infieles,
Tremebundo precipicio, el huracán y el tronido enemigos? No, soldados
fiebre lenta y devorante, ella busca, y deleite halla son del desdichado Brián.
último efugio, suplicio en los campos de batalla; Llegan, su vista se pasma;
del infierno, semejante pero tú la tempestad, ya no es la mujer hermosa,
a la postrer convulsión día y noche vigilante, sino pálido fantasma;
de la víctima en tormento: anuncias al gaucho errante; mas reconocen la esposa
trance que si dura un día tu grito es de buen presagio de su fuerte capitán.
anonada el pensamiento, al que asechanza o naufragio
encanece, o deja fría teme de la adversidad. Creíanla cautiva o muerta;

24
grande fue su regocijo. su vista sola; y no hallara a sus ojos qué mirar.
Ella los mira y despierta: en ti alguna compasión, Quedaba a su amor desnudo
-¿No sabéis qué es de mi hijo?- tanta miseria y conflito, un hijo, un vástago tierno;
con toda el alma exclamó. ni aquel su materno grito; encontrarlo aquí no pudo,
Tristes mirando a María y como flecha saliste, y su alma al regazo eterno
todos el labio sellaron; y en lo más profundo heriste lo fue volando a buscar.
mas luego una voz impía: su anhelante corazón.
-Los indios lo degollaron- Murió; por siempre cerrados
roncamente articuló. Embates y oscilaciones están sus ojos cansados
de un mar de tribulaciones de errar por llanura y cielo,
Y al oír tan crudo acento, ella arrostró; y la agonía de sufrir tanto desvelo,
como quiebra el seco tallo saboreó su fantasía, de afanar sin conseguir.
el menor soplo de viento y el punzante frenesí El atractivo está yerto
o como herida del rayo, de la esperanza insaciable, de su mirar; ya el desierto,
cayó la infeliz allí; que en pos de un deseo vuela, su último asilo, los rastros
viéronla caer, turbados, no alcanza el blanco inefable, de tan hechiceros astros
los animosos soldados; se irrita en vano y desvela; no verá otra vez lucir.
una lágrima le dieron, vuelve a devorarse a sí. Pero de ella aun hay vestigio.
y funerales la hicieron ¿No veis el raro prodigio?
dignos de contarse aquí. Una a una, todas bellas, Sobre su cándida frente
sus ilusiones volaron, aparece nuevamente
Aquella trama formada y sus deseos con ellas; un prestigio encantador.
de la hebra más delicada, sola y triste la dejaron Su boca y tersa mejilla
cuyo espíritu robusto sufrir hasta enloquecer. rosada, entre nieve brilla,
lo más acerbo e injusto Quedaba a su desventura y revive en su semblante
de la adversidad probó, un amor, una esperanza, la frescura rozagante
un soplo débil deshizo: un astro en la noche obscura, que marchitara el dolor.
Dios para amar, sin duda, hizo un destello de bonanza,
un corazón tan sensible; un corazón que querer, La muerte bella la quiso,
palpitar le fue imposible y estampó en su rostro hermoso
cuando a quien amar no halló. una voz cuya armonía aquel inefable hechizo,
Murió María. ¡Oh voz fiera! adormecerla podría; inalterable reposo,
¡Cuál entraña te abortara! a su llorar un testigo, y sonrisa angelical,
Mover al tigre pudiera a su miseria un abrigo, que destellan las facciones

25
de una virgen en su lecho; Epílogo Naciste humilde, y oculta
cuando las tristes pasiones como diamante en la mina,
no han ajado de su pecho Douce lumière, es-tu leur âme? la belleza peregrina
la pura flor virginal. Lamartine de tu noble alma quedó.
El desierto la sepulta,
Entonces el que la viera, (¿Eres, plácida luz, el alma de ellos?) tumba sublime y grandiosa,
dormida, ¡oh Dios! la creyera; do el héroe también reposa
deleitándose en el sueño ¡Oh María! Tu heroísmo, que la gozó y admiró.
con memorias de su dueño, tu varonil fortaleza,
llenas de felicidad: tu juventud y belleza El destino de tu vida
soñando en la alba lucida merecieran fin mejor. fue amar, amor tu delirio,
del banquete de la vida Ciegos de amor, el abismo amor causó tu martirio,
que sonríe a su amor puro; fatal tus ojos no vieron, te dio sobrehumano ser;
más ¡ay! que en el seno obscuro y sin vacilar se hundieron y amor, en edad florida,
duerme de la eternidad. en él ardiendo en amor. sofocó la pasión tierna,
que omnipotencia de eterna,
De la más cruda agonía trajo consigo al nacer.
salvar quisiste a tu amante,
y lo viste delirante Pero, no triunfa el olvido,
en el desierto morir. de amor, ¡oh bella María!
¡Cuál tu congoja sería! que la virgen poesía
¡Cuál tu dolor y amargura! corona te forma ya
Y no hubo humana criatura de ciprés entretejido
que te ayudase a sentir. con flores que nunca mueren;
y que admiren y veneren
Se malogró tu esperanza; tu nombre y su nombre hará.
y cuando sola te viste
también mísera caíste, Hoy, en la vasta llanura,
como árbol cuya raíz inhospitable morada,
en la tierra ya no afianza que no siempre sosegada
su pompa y florido ornato: mira el astro de la luz;
nada supo el mundo ingrato descollando en una altura,
de tu constancia infeliz. entre agreste flor y hierba,
hoy el caminante observa

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una solitaria cruz. el fatídico árbol nombra;
ni a hollar se atreven su sombra
Fórmale grata techumbre los que de camino van.
la copa extensa y tupida
de un ombú 14, donde se anida También el vulgo asombrado
la altiva águila real; cuenta que en la noche obscura
y la varia muchedumbre suelen en aquella altura
de aves que cría el desierto, dos luces aparecer;
se pone en ella a cubierto que salen, y habiendo errado
del frío y sol estival. por el desierto tranquilo,
juntas a su triste asilo
Nadie sabe cúya mano vuelven al amanecer.
plantó aquel árbol benigno,
ni quién a su sombra, el signo Quizá mudos habitantes
puso de la redención. serán del páramo aerio,
Cuando el cautivo cristiano quizá espíritus, ¡misterio!,
se acerca a aquellos lugares, visiones del alma son.
recordando sus hogares, Quizá los sueños brillantes
se postra a hacer oración. de la inquieta fantasía,
forman coro en la armonía
Fama es que la tribu errante, de la invisible creación.
si hasta allí llega embebida
en la caza apetecida
de la gama y avestruz,
al ver del ombú gigante
la verdosa cabellera,
suelta al potro la carrera
gritando: -allí está la cruz.

Y revuelve atrás la vista


como quien huye aterrado,
creyendo se alza el airado,
terrible espectro de Brián.
Pálido, el indio exorcista

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