Una persona altruista es desinteresada y servicial, incluso cuando no se le ofrece ningún
beneficio a cambio, ni lo espera.
El samaritano es una ilustración del altruismo puro. Lleno de compasión, ofrece a un
desconocido su tiempo, energía y dinero, sin esperar pago ni gratitud a cambio.
Teorías altruistas
La teoría del intercambio social, la cual propone que las interacciones humanas son
transacciones que tienen el fin de maximizar las gratificaciones y minimizar los costos para
sí mismo. Como ejemplo están los donadores de sangre, los cuales piensan antes de
decidirse a donar o no sangre, los costos de la donación , con los de no donar.
Se ha observado que las personas hacen más donativos cuando se les da algo a cambio,
como un dulce o una vela, es decir, el producto define un intercambio social.
El interés de uno mismo disfrazado de ayuda. Las retribuciones que motivan la ayuda a los
demás pueden ser internas o externas. Ejemplo de esto sería cuando una empresa hace
donaciones con la finalidad de mejorar su imagen corporativa. O cuando una persona lleva
a otra en su automóvil para ganar aprecio o amistad; la gratificación es externa.
Los beneficios internos serían como cuando estamos cerca de alguien que está
acongojado, típicamente respondemos con empatía.
Los actos altruistas también aumentan nuestra sensación de valía, ya que cuando actuamos
como voluntarios se activan nuestras motivaciones, como por ejemplo los valores
humanitarios. Una motivación es formar parte de un grupo y conseguir la aprobación social;
motiva al favorecer la autoestima, reforzando la valía y la confianza en sí mismo; motiva la
protección del ego, al reducir la culpa y escapar a los problemas personales.
La empatía como fuente de altruismo genuino.
Batson teoriza que nuestra disposición a ayudar se encuentra influenciada por ambas
consideraciones, las que van en beneficio propio y las desinteresadas. La inquietud por el
sufrimiento de alguien nos motiva a aliviar nuestro malestar, bien sea escapando de la
situación que nos inquieta o ayudando .
Batson y sus colegas reportan que, en especial, cuando nos sentimos vinculados a alguien,
también sentimos empatía. Los padres amorosos sufren cuando sus hijos sufren y se
alegran con sus alegrías; es tal una empatía que está ausente en quienes maltratan a los
niños o perpetran otros actos de crueldad. También sentimos empatía por aquellos con
quienes nos identificamos. En septiembre de 1997, millones de personas que nunca
estuvieron a menos de 50 millas de la princesa
Diana lloraron por ella y por sus hijos huérfanos .
Al sentir empatía nos enfocamos, no en nuestro propio malestar, sino en el del que sufre. La
simpatía auténtica y la compasión nos motivan a ayudar a la persona pensando en su
propio beneficio.
Tal empatía se presenta de forma natural. Incluso los recién nacidos de un día lloran más
cuando oyen llorar a otro recién nacido . En los cuneros de los hospitales el llanto de un
bebé produce a veces un coro de llantos. Al parecer, venimos con un «circuito integrado»
para la empatía.
El altruismo auténtico puede existir, ya que hay unos principios en la naturaleza que hacen
al hombre interesarse en la suerte de los demás y hacer que su felicidad le sea importante,
aunque no obtenga nada de ella, salvo el placer de verla. Después de unos 25
experimentos, que confrontan el egoísmo con la empatía, Batson y otros creen que a veces
las personas en realidad se enfocan en el bienestar de los otros y no en el suyo propio.
LAS NORMAS SOCIALES. Frecuentemente ayudamos a los demás, no porque hallamos
calculado conscientemente que tal forma de comportamiento va dirigida a nuestro propio
interés, sino simplemente porque algo nos dice que tenemos que hacerlo. Debemos ayudar
a un nuevo vecino a que se mude. Debemos apagar las luces de un auto estacionado.
Tenemos que devolver la billetera que encontramos. Las normas son expectativas sociales.
Prescriben el comportamiento adecuado, el deber ser de nuestra vida. Los investigadores
que estudian el comportamiento de ayuda han identificado dos normas sociales que motivan
el altruismo. La norma de la reciprocidad, la cual dicta que «a quienes nos ayudan debemos
corresponderles ayudándolos y no perjudicándolos». Esta norma se aplica incluso al
matrimonio. A veces uno puede dar más de lo que recibe, pero a la larga el intercambio
debe quedar balanceado.
En todos estos tipos de interacción, recibir sin dar a cambio viola la norma de la
reciprocidad.
LA NORMA DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL. La norma de la reciprocidad nos
recuerda que debemos hacer un balance entre el dar y recibir en las relaciones sociales.
Otra norma también motiva nuestra ayuda: la responsabilidad social. Nos induce a ayudar a
quienes lo necesitan, sin tener en cuenta futuros intercambios. Es decir, las personas
ayudan a quienes dependen de ellas, a quienes son claramente dependientes e incapaces
de corresponder, como los niños, los severamente empobrecidos, los discapacitados y otros
que sabemos que son incapaces de devolver tanto como reciben. La norma motiva a las
personas a recoger un libro que se le ha caído a una persona en muletas. En la India,
cultura relativamente colectivista, las personas apoyan la norma de la responsabilidad social
más intensamente de lo que se hace en el Occidente individualista.
Ellos manifiestan una obligación de ayudar, aun cuando la necesidad los lleve a poner en
riesgo la vida o la persona necesitada esté fuera del círculo familiar.
Psicología evolucionista.
Una explicación sobre el altruismo viene de la teoría evolucionista, la cual sostiene que la
esencia de la vida es la supervivencia de los genes.
Nuestros genes nos impulsan a caminos que han maximizado sus posibilidades de
supervivencia. Al morir nuestros ancestros, sus genes continuaron viviendo en nosotros,
predisponiéndonos a comportarnos de manera que fueran esparcidos en el futuro.
Protección de los parientes
Nuestros genes nos disponen para que nos interesemos por los familiares, quienes también
los portan. Es así como una forma de sacrificio de sí mismo que aumentaría la
supervivencia de los genes es la devoción a los hijos. Los padres que ponen el bienestar de
sus hijos antes que el suyo tienen más posibilidad de transmitir sus genes que los padres
que descuidan a sus hijos.
¿En qué circunstancias ayudamos?
Hay que tomar en cuenta las circunstancias o el entorno de la situación que pueden o no
favorecer a la ayuda, así como las características de las personas que ayudan.
Influencias de la situación: el número de observadores
La pasividad de los observadores durante las emergencias ha llevado a los comunicadores
sociales a lamentar la «alienación, apatía, indiferencia y los impulsos sádicos
inconscientes» de las personas. Al atribuir la falta de disposición de los observadores a
intervenir, nos puede tranquilizar el hecho de que, como personas humanitarias, nosotros
hubiéramos ayudado. Los psicólogos sociales Bibb Latané y John Darley encontraron que
un factor situacional simple, como la presencia de otros observadores, disminuía altamente
la intervención.
El observador tiene que darse cuenta del incidente para poder ayudar; cuanta más gente
haya menos cuenta se dará y viceversa. El propio observador lo tiene que interpretar como
una emergencia; para ello, utiliza el comportamiento de las demás personas, es decir, si
están o no alarmadas. Se crea el efecto del observador, que consiste en disminuir la
probabilidad de ayuda a otra persona cuando se tienen otros observadores y, por lo tanto,
hay menor tendencia de asumir alguna responsabilidad.
Todos los experimentos que hemos considerado hasta ahora comprenden grupos de
extraños. Supón que te encuentras enfrentando cualquier emergencia con un grupo de
amigos. ¿Habrá alguna diferencia por el hecho de conocerte con los otros observadores?
Los experimentos realizados en dos ciudades israelíes y en la Universidad de Illinois,
Chicago, revelan que la respuesta es sí. Los grupos cohesivos se sienten menos inhibidos
para prestar ayuda que los individuos solitarios.
Depende del contexto de la situación; es decir, ayudamos cuando alguien más lo hace o lo
ha hecho. Por ejemplo, James Bryan y Mary Ann Test encuentran que era más probable
que los choferes de Los Ángeles ayudaran a una mujer a cambiar una llanta desinflada, si
kilómetros antes hubieran visto a alguien ayudando a una mujer a cambiar una llanta.
Las influencias de la situación
La presión del tiempo, es decir, si tenemos tiempo de ayudar. Una persona que no esté con
prisa es más probable que se detenga a ayudar a otra persona en dificultades. Una persona
que tenga prisa, seguirá su camino.
Influencias personales
Los sentimientos. Además de las influencias externas que ejercen presión sobre el
individuo, también están las influencias internas o individuales, así como el estado
emocional o sus características personales. Entre las influencias personales está la culpa. A
lo largo de la historia, la culpa ha sido una emoción dolorosa, tan dolorosa que las culturas
han institucionalizado formas para aliviarla: sacrificios de animales y humanos, ofrendas en
grano y dinero, actos de penitencia, confesión o negación. Después de cometer una
transgresión, como mentir o hacer trampa, las personas están por lo general más
dispuestas a ayudar con la esperanza de aliviar su culpa y restaurar su autoimagen.
¿En qué circunstancias tenemos más probabilidad de ayudar?
LA RELIGIOSIDAD. Otro de los factores que influyen en las personas es la religión.
Se han hecho algunos estudios en los que estudiantes universitarios, comprometidos
religiosamente, reportan haber sido voluntarios durante más horas como tutores,
trabajadores de refuerzo y participantes de campaña en favor de la justicia social que los
estudiantes sin compromiso con la religión. La religión predice el altruismo a largo plazo,
como queda reflejado con el servicio voluntario y las contribuciones de caridad.
LOS RASGOS DE LA PERSONALIDAD. Durante muchos años, los psicólogos sociales no
lograron descubrir ni un rasgo de personalidad que pudiera predecir el comportamiento
altruista de manera similar a factores como el poder de la situación, la culpa y el estado de
ánimo lo harían. Se encontraron modestas relaciones entre ayudar y ciertas variables de
personalidad, tales como la necesidad de aprobación social. Pero, por lo general, las
pruebas de personalidad no fueron exitosas en la identificación de las personas serviciales.
Los estudios sobre las personas que rescataban judíos en la Europa nazi llegan a una
conclusión similar: aunque el contexto social influyó claramente en la disponibilidad para
prestar ayuda, no se halló una serie definible de rasgos de personalidad altruista.
Tal y como la definen Baron y Byrne la atracción interpersonal se puede entender como el
juicio que una persona hace de otra a lo largo de una dimensión actitudinal cuyos extremos
son la evaluación positiva y la evaluación negativa . Además de esta dimensión
cognitivoevaluativa, este juicio está asociado a conductas , sentimientos y otras cogniciones
.
Moya resume las principales explicaciones psicosociales de la atracción que más apoyo han
tenido en los últimos años
La búsqueda de consistencia cognitiva. Las teorías, como de la disonancia cognitiva de
Festinger, consideran que las personas intentamos mantener la coherencia entre nuestras
actitudes y entre éstas y nuestras conductas. Por tanto, según esta perspectiva,
intentaremos tener las mismas ideas y aficiones que nuestra pareja, y ante situaciones
desequilibradas podríamos cambiar nuestra ideología o divorciarnos
Las consecuencias de la asociación y del refuerzo. Los efectos de la asociación sobre la
atracción interpersonal, siguiendo los principios del condicionamiento clásico, consisten en
que nos sentiremos atraídos hacia quienes aparezcan asociados a experiencias buenas
para nosotros y nos desagradarán quienes estén asociados a malas experiencias . En este
sentido, el efecto MUM consiste en que las personas nos resistimos a transmitir malas
noticias a los demás, aunque no tengamos nada que ver con ellos, ya que al transmitirlas
apareceremos asociados al evento negativo antes los ojos del receptor y les resultaremos,
en consecuencia, poco atractivos.
Intercambio e interdependencia. Autores como Blau y Kelley y Thibaut el nivel de
comparación con alternativas, según el cual una relación algo satisfactoria puede ser la
mejor evaluada si es la única alternativa que tenemos.
La proximidad no sólo hace que la gente llegue a conocerse, a menudo influye también en
las citas y matrimonios. La investigación de Festinger, Schachter y Back mostró que las tres
personas con las que mantenían mejores relaciones los estudiantes universitarios que
vivían en una residencia eran las personas que vivían más próximas. Asimismo, autores
como Byrne y Buehler han constatado que las relaciones establecidas por los estudiantes
durante el semestre están en función de la distancia entre los asientos, es decir, que la
proximidad física influye en el hecho de que los estudiantes lleguen a conocerse. No
obstante, las correlaciones encontradas entre distancia física y atracción no nos aseguran
que la proximidad provoque las relaciones, pudiera ser que las personas que comparten
ciertas características prefieran vivir unas cerca de las otras.
Existen varias explicaciones sobre la influencia de la proximidad física a la hora de
establecer relaciones La proximidad puede incrementar la familiaridad y ésta puede, a su
vez, aumentar la atracción. El efecto de la mera exposición afecto , señales no verbales y
disposiciones actitudinales competencia, que comprende habilidades sociales e inteligencia.
Otra serie de atributos relacionados con el poder, prestigio o posición social de la persona
con la que interactuamos son de considerable importancia para calificarla como atractiva,
especialmente cuando se trata de varones. De hecho, en los anuncios de prensa, las
mujeres ofrecen atractivo físico y buscan seguridad financiera, mientras que los hombres
ofrecen posición financiera y solicitan ciertas características físicas.
Los resultados de la investigación psicosocial muestran que, en general, conforme aumenta
la semejanza entre las personas también aumenta la atracción.
Las dos dimensiones de semejanza que han sido más estudiadas por los psicólogos
sociales son la semejanza actitudinal y la de personalidad. La semejanza de actitudes se
refiere a la medida en la cual dos individuos comparten las mismas actitudes sobre una
serie de temas. indican que cuanto mayor es la semejanza, mayor es la atracción. Este
resultado ha sido encontrado en personas de todas las edades, en grupos muy diferentes y
en diversos países.
En el caso de la semejanza de la personalidad, los resultados de las investigaciones son
menos consistentes. Moya argumenta que la falta de relación entre semejanza de
personalidad y atracción puede explicarse porque las características de la personalidad no
suelen ser públicamente exhibidas. Esta formulación sugiere que estamos interesados en
las opiniones de otras personas no porque busquemos precisión, sino únicamente porque
queremos verificar lo que nosotros ya creemos. No obstante, cuando las personas se
asemejan por poseer alguna característica negativa, entonces es posible que la semejanza
en vez de llevar a la atracción, lleve al rechazo.
En ocasiones, la diferencia puede ser más reforzante que la semejanza, ya que nos permite
aprender cosas nuevas y valiosas . Además, sentirse único y especial es algo muy valorado
La elección de personas semejantes a nosotros en ciertas dimensiones este atributo puede
ser importante en el inicio de la relación, pero no para la elección de una pareja íntima. Es
relevante destacar, sin embargo, que según datos franceses, para personas de nivel
socioeconómico alto los espacios de encuentro de parejas serían sitios cerrados o
reservados y para las personas de nivel socioeconómico bajo serían los lugares públicos,
abiertos a todo el mundo. Uno de los factores que influyen en el desarrollo de relaciones
afectivas es la existencia o no de reciprocidad en la relación, esto es, de que también
nosotros le resultemos atractivos a esas personas.
Aronson y Coe encontraron que cuando dos personas compartían el disgusto respecto a
una tercera, la atracción entre ellos era mayor que cuando no compartían ese sentimiento.
Como indican Hatfield y Sprecher , ante las mismas características, una persona con
apariencia física agradable resulta más atractiva que otra con menor atractivo físico. El
atractivo físico sobre todo es determinante en los primeros encuentros o cuando el contacto
es superficial. De hecho, las investigaciones han mostrado que los varones suelen ignorar a
las mujeres poco atractivas.
En diversos estudios, tanto hombres y mujeres como personas de diferentes razas han
coincido que un rostro femenino atractivo es aquel tanto de aspecto infantil como con
rasgos maduros . La estatura ha sido valorada positivamente en el atractivo físico de los
varones pero negativamente en el de las mujeres . Otra característica física que parece
influir en el atractivo físico es la estructura corporal, es decir, la relación cintura-cadera en el
caso de la mujer. encontraron que el atractivo decrecía notablemente cuando una cara muy
atractiva se correspondía con un cuerpo nada atractivo.
Asimismo, la gente con sobrepeso es percibida generalmente como menos atractiva Según
las teorías implícitas de la personalidad, en nuestra sociedad existen numerosas creencias
acerca de qué características de las personas van asociadas entre sí. Algunas
investigaciones han mostrado que la gente tiende a creer que los hombres y mujeres
atractivos son más estables, interesantes, sociables, independientes, dominantes,
emocionantes, sexys, equilibrados, socialmente hábiles y con más éxito que aquellos que
no son atractivos Es posible que las personas atractivas se comporten de una manera que
incremente su evaluación y las haga realmente más atractivas. Las personas no aciertan
totalmente al estimar cómo su propio atractivo es juzgado por los demás. Debido a que
muchos prejuicios favorecen el atractivo, no es sorprendente que mucha gente se preocupe
por su apariencia.
Esta preocupación por el atractivo de uno y el miedo a los juicios negativos por parte de los
demás se conoce como ansiedad de apariencia. descubrieron que si una persona había
visto previamente varios individuos muy atractivos, la persona en cuestión es valorada como
menos atractiva. Aquellos que aparentan ser muy maduros son percibidos como más
dominantes y atractivos pero menos cariñosos y simpáticos .
Atractivo, Percepción y Conducta Social
En contra de las creencias que suponen que la belleza depende de quién mira y de que hay
patrones de belleza radicalmente diferentes, quince estudios han confirmado que personas
de diferentes naciones y grupos étnicos concuerdan cuando indican qué tipo de individuos
son atractivos físicamente y cuáles no . Mientras que a las personas adultas atractivas se
les prestaba más atención, se les daba más recompensas, se establecía con ellos más
interacciones positivas, menos interacciones negativas y más ayuda y cooperación.
También se ha confirmado que las personas atractivas actúan de forma más positiva y
poseen más características positivas . Finalmente, las personas atractivas se auto perciben
o se juzgan a sí mismas ligeramente mejor que las personas menos atractivas Las
expectativas y estereotipos son aprendidos y son confirmados a través de las conductas y la
profecía autocumplida .
, se infiere que a mayor atractivo, mayor asertividad, dominancia y fortaleza,
coherentemente con los valores culturales individualistas y competitivos dominantes en
esas sociedades . Otro estudio con asiáticos confirmó que las personas atractivas eran
evaluadas más positivamente en rasgos socialmente tanto deseables como indeseables,
pero no había relación entre atractivo y juicio en rasgos poco normativos . Es decir, el
atractivo físico se asocia a los rasgos que son normativos en una cultura dada.
Atractivo y Explicaciones Evolucionistas
Dado que los rasgos atractivos influyen de forma similar a hombres y mujeres a la hora de
inferir juicios y conductas sobre las personas, se cuestiona la hipótesis evolucionista que
afirma que a la hora de elegir pareja el atractivo es más importante para los hombres, ya
que indica la mayor capacidad reproductiva de la mujer, mientras que los recursos lo son
para las mujeres, ya que indica la capacidad del hombre para asegurar la supervivencia de
los descendientes.