CULTURA CHIMÚ
La Cultura Chimú (“Chimor” en Quignam), fue un gran Imperio andino que se desarrolló tras el
decaimiento del Imperio Wari, entre los años 1000 y 1470 d.C., periodo denominado
Intermedio Tardío, en la costa norte del Perú, entre las actuales regiones de Tumbes y Lima,
específicamente en el Valle de Moche.
El descubridor de la cultura chimú fue el arqueólogo alemán Friedrich Maximilian Uhle Lorenz,
conocido en Latinoamérica como Max Uhle. El descubrimiento se llevó a cabo en el año 1902,
mientras realizaba una serie de trabajos arqueológicos en la costa norte del Perú. El
arqueólogo alemán Max Uhle generó un impacto significativo en las prácticas arqueológicas en
Sudamérica específicamente en Perú, Chile, Bolivia y Ecuador. Durante su viaje a América del
Sur, realizó una investigación exhaustiva sobre las antiguas culturas peruanas.
La Cultura o Reino Chimú, comenzó siendo uno de los estados que surgieron tras la caída del
Imperio Wari, según la leyenda, Tacaynamo (fundador mítico de los chimúes) arribó a la costa
del valle de Moche con su séquito en flota de balsas. La procedencia de este es desconocida,
pero se dice que adoptó el nombre de “Gran Chimú”.
El idioma que predominó entre los chimúes fue el Quingnam (emparentado con el idioma
Muchik). El Quingnam es un idioma peruano prehispánico extinto que en su inicio fue hablado
por la etnia chimú, correspondiente a los antiguos territorios de los mochicas del sur: desde el
valle del río Chicama por el norte hasta el valle del río Chao por el sur.
En su momento de mayor auge se habló masivamente desde el río Jequetepeque hasta
Carabayllo, cerca de Lima. Este idioma se extinguió poco tiempo después de la llegada de los
conquistadores españoles.
Este Gran Imperio fue el reino costeño más importante, próspero y poderoso de la América
precolombina, hasta el surgimiento de los Incas.
Los Chimúes destacaron en varios ámbitos, una de sus habilidades más reconocidas fue su
extraordinaria técnica de construcción, muestra de ello es la Gran Ciudad de Chan-Chan,
capital de este gran imperio, ubicada en Trujillo. Esta era la residencia del Gran Chimú o
Chimucapac, que tenía la categoría de emperador. Este gran centro arqueológico que abarca
una superficie de 25 km², destaca por sus imponentes muros decorados con finos murales en
alto relieve, también destaca por sus plazas, patios, templos, zonas de entierro, etc.
Los Chimúes además desarrollaron una inigualable habilidad para trabajar los metales,
llegando a ser los mejores orfebres del antiguo Perú. Ellos dominaron diversas técnicas como
el repujado, martillado, la fundición, el vaciado a la cera perdida, la soldadura, entre otras,
todo esto para poder moldear el oro, la plata, el cobre, entre otros metales, para poder
confeccionar joyas, tumis o cuchillos, orejeras, máscaras, coronas, etc. De los talleres chimúes
salían una gran variedad de objetos metalúrgicos, destinados para fines ceremoniales,
santuarios y utilitarios.
Respecto a la textileria, los chimúes no se quedaron atrás. Los textiles chimú son los tejidos
más grandes hasta ahora encontrados en el Perú prehispánico. Por su tamaño se ha podido
determinar que estas enormes telas de algodón en estado natural se usaban para cubrir
muros. Dichos tejidos destacan por su versatilidad de técnicas, por su iconografía y por su
belleza estética. Empleando los tejidos llanos, las telas dobles, el tapiz, el bordado, las bandas
de trama, las gasas, las telas pintadas en tie-dye y los tejidos de plumas. Algunas veces los
textiles fueron adornados con plumas y placas de oro y plata, los colorantes se obtuvieron de
ciertas plantas que contenían tanino, del molle y del nogal; de minerales como la arcilla
ferruginosa y el mordiente de aluminio y de animales como la cochinilla.
Las prendas se confeccionaron de la lana de cuatro animales; el guanaco, la llama, la alpaca, y
la vicuña y de la planta de algodón nativo que crece en forma natural en siete colores
diferentes. La vestimenta de los Chimú consistió principalmente en taparrabos, camisas sin
mangas con o sin flecos conocidos como Uncus, pequeños ponchos, túnicas, vinchas, etc.
Por otro lado, la Cerámica Chimú se caracteriza por cumplir 2 funciones importantes, como
recipientes para uso diario o doméstico y como ceramios de uso ceremonial o para ofrendas
de los muertos. Los primeros fueron elaborados sin mayor acabado mientras que los
ceremoniales muestran una mejor técnica y presentan más formas y tamaños.
Las principales características de las vasijas chimúes son una pequeña escultura en la unión del
gollete con el arco, su fabricación moldeada para la cerámica ceremonial y modelada para uso
diario. Su coloración generalmente fue monocroma, utilizando principalmente el negro
metálico con algunas variantes, su brillo característico se obtenía humeando la vasija que
previamente había sido pulida. También se elaboraron cerámicos de colores claros en
pequeñas cantidades. En la cerámica se han plasmado muchas representaciones realistas
como animales, frutos y personajes, así como escenas místicas.
La Sociedad Chimú fue un Estado aristocrático clasista. Contaba con una burocracia de
administradores que tenía bajo su control todo el sistema productivo sostenido por los
artesanos y los campesinos. El Estado se hizo fuertemente centralizado y se orientó hacia la
expansión imperial.
Las Clases sociales en este Imperio eran muy marcadas, es por ello que se dividen en 5 clases
sociales:
1. Chimú Capac: Gran señor o soberano, suprema autoridad política, religiosa y militar.
Residía en la capital Chan Chan, en medio de espléndidos palacios y rodeado de una
numerosa corte.
2. Curacas: Miembros de la nobleza, propietarios de tierras, fungían como jefes locales y
de pueblos sometidos.
3. Clase alta media: Se beneficiaban de la tierra, poseedores de privilegios y
comodidades.
4. Campesinos: Dedicados a la pesca, a la agricultura, a la artesanía y al comercio.
5. Sirvientes: Consagrados al servicio del Chimú Capac y Curacas, principalmente eran
individuos de pueblos conquistados.
Se cree que existieron hasta 10 Gobernantes o Chimú Capacs, sin embargo solo se conocen los
nombres de 4 de ellos: Tacaynamo, Guacricur, Naucempinco, Minchancaman, siendo este
último quien cayó bajo el expansionismo incaico.
El Sistema Económico y Social funcionaba por medio de una red de centros urbanos y rurales
que se encargaban de recibir y enviar a la capital los tributos obtenidos.
El control administrativo supremo correspondía a la ciudad capital Chan-Chan; desde allí se
manejó, organizó y monopolizó la producción, el almacenamiento, la redistribución y el
consumo de bienes y productos.
Los chimúes basaron su economía en la agricultura a gran escala para lo cual se valieron de
una extensa red de canales, muchos de los cuales fueron herencia de las culturas Moche y
Lambayeque. Se tratan de auténticas obras de ingeniería hidráulica, en el que forzosamente
debieron aplicar conocimientos de matemáticas y topografía. Los canales, hechos de piedra,
seguían la pendiente natural de los cerros y las márgenes de los ríos. Uno de los más
impresionantes es el llamado La Cumbre, de 84 km de largo, que llevaba el agua del río
Chicama al valle de Moche. Los chimúes cultivaban principalmente maíz, frijol, zapallo, maní,
lúcuma, palta, ciruelo, pacae, caigua, guanábana y algodón.
Además, se cree que el medio de pago para el comercio eran hachitas de bronce o plata, a
modo de moneda.
Para la pesca utilizaron canoas o caballitos de totora, que todavía usan los actuales pobladores
de Huanchaco. Con estos caballitos de totora se adentraban al mar para la pesca de una gran
variedad de peces, para lo cual utilizaban redes sujetadas entre dos embarcaciones o anzuelos.
Recolectaban también moluscos marinos, como el choro, la almeja y el caracol. Los productos
marinos conformaban la mayor parte de su alimentación de origen animal.
Complementaban su dieta con animales domésticos, como la llama, el pato y el cuy, incluso
con aves marinas que sabían guardar en corrales. Y con productos de caza, como el lobo
marino y el venado, animal que está representado con profusión en su arte cerámico.
Asimismo, consumían caracoles terrestres y los cañanes o lagartijas del desierto.
El Culto Religioso estuvo dedicado principalmente a la Luna (Quillapa Huillac), porque
consideraban que era más poderosa que el sol puesto que alumbraba de noche, por su
influencia sobre el crecimiento de las plantas y su utilización como marcador del tiempo. Se le
atribuía el alboroto del mar y las tempestades. Era la visitante del otro mundo y castigadora de
los ladrones. Su principal templo se llamaba Si-An (Casa de la Luna) donde se realizaban ritos la
primera noche de luna nueva. Sin embargo, también se les rendía culto a otros dioses como el
sol, el mar y la tierra.
En el libro VI de los Comentarios reales de los incas, del Cronista Garcilaso de la Vega, se narra
la conquista incaica del reino Chimú.
Garcilaso sitúa esta conquista bajo el reinado del Inca Pachacútec, con quien empezó la
expansión imperial incaica. Las fuerzas incas estuvieron comandadas por el príncipe Inca
Yupanqui y contaron con el apoyo de los yungas de Chuquimanco y Cuismancu (Curacazgos de
los valles del actual departamento de Lima), antiguos enemigos de los chimúes. La guerra fue
larga y sangrienta. Con grandes esfuerzos los incas avanzaron por Paramonga y Santa, y no
pudiendo doblegar la resistencia del enemigo, el príncipe Inca pidió más refuerzos, que le
llegaron en número de 20.000 soldados. El Gran Chimú (Minchancaman), viendo que era
imposible resistir más y presionado por sus propios súbditos, se rindió, sometiéndose en
vasallaje a los incas.
La conquista Inca debió ocurrir hacia 1470 d.C. Los Incas trasladaron al Cuzco los tesoros del
Gran Chimú así como a los reputados orfebres chimúes, para que adornaran el Coricancha o
Templo del Sol.
La sucesión del territorio gobernado por Minchancaman durante la época de la conquista del
Imperio incaico, lo tuvo el hijo de Minchancaman y Chanquirguanguan, señora del valle de
Huaura, su nombre era Chumun Caur, quien fue puesto en su lugar y se casó con una hija de
Pachacútec. El nuevo gobernante chimú gobernó con apoyo de Querrotumi, lugarteniente de
su padre durante la guerra, quien se sublevaría en 1475 pero sería vencido y se suicidaría en el
cerro Campana.