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Indemnización por Pérdida de Chance

El documento analiza si la pérdida de una oportunidad (chance) puede constituir un daño indemnizable, específicamente un daño extrapatrimonial. Examina los conceptos de daño resarcible y consecuencias no patrimoniales según el Código Civil y Comercial argentino, y discute si la pérdida de una chance podría afectar intereses extrapatrimoniales de una persona y causar un daño indemnizable.
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Indemnización por Pérdida de Chance

El documento analiza si la pérdida de una oportunidad (chance) puede constituir un daño indemnizable, específicamente un daño extrapatrimonial. Examina los conceptos de daño resarcible y consecuencias no patrimoniales según el Código Civil y Comercial argentino, y discute si la pérdida de una chance podría afectar intereses extrapatrimoniales de una persona y causar un daño indemnizable.
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Daño extrapatrimonial por la pérdida de la chance

Autor:
Parellada, Carlos Alberto

Cita: RC D 58/2019

Tomo: 2018 3 Responsabilidad por daño no patrimonial


Revista de Derecho de Daños

Sumario:

I. Introducción. II. El daño resarcible. III. La indemnizabilidad de las consecuencias no patrimoniales. IV. La
pérdida de la chance como configurativa de daño. A. El perfil de la chance. B. Su carácter de daño. C. Su certeza
y su incerteza. D. Su futuridad o actualidad. E. Pérdida de chance y relación causal desenvuelta en daño cierto.
F. ¿Carácter económico del beneficio? G. Pérdida de chance y daño extrapatrimonial. V. Conclusión.

Daño extrapatrimonial por la pérdida de la chance

I. Introducción, pág. 169

La propuesta de tratar el daño extrapatrimonial por la pérdida de una chance parece nimia, por cuanto -a una
primera mirada- se evidencia como no constituir "tema". ¿Qué se puede decir? Si existe verdaderamente una
lesión a los intereses extrapatrimoniales de una persona, afectando su equilibrio espiritual, ¿cuál puede ser la
duda respecto de que es un daño indemnizable si proviene de un hecho antijurídico -ilícito, en la terminología
tradicional, o incumplimiento- que ha provocado la pérdida de la chance o cualquier otra clase de daño?
Sin embargo, el análisis de los dos institutos: el tradicionalmente llamado daño moral -hoy extrapatrimonial o
consecuencias no patrimoniales- y la pérdida de la chance muestra una variedad de aristas que pueden crear
dudas razonables respecto a si la pérdida de cualquier oportunidad constituye un daño indemnizable, y cuáles
son las oportunidades perdidas por la persona legítima a reclamar una indemnización satisfactiva.
La apariencia de sencillez es muchas veces falsa, por lo que es oportuno volver a reflexionar sobre la cuestión,
para ratificar o rectificar esa aparente sencillez. Particularmente, lo puesto en cuestión -el daño extrapatrimonial y
la pérdida de la chance- tienen historias más o menos complicadas, controversiales, que han dado lugar a
polémicas y opiniones diversas por parte de los juristas y decisiones jurisprudenciales que siempre dejan
secuelas y se proyectan sobre las regulaciones legales sobrevinientes.
Precisamente en el campo de los dos institutos se presentan esas alternativas históricas, ambos han sido
detrimentos cuyo reconocimiento como indemnizables no fue fácil, aunque afortunadamente esas épocas
quedaron atrás.
De modo tal que la propuesta es analizar el modo en que esos dos institutos escurridizos se relacionan, o sea,
tratar de precisar los supuestos en que quien es privado de una oportunidad que ocasiona una consecuencia
lesiva no patrimonial es susceptible de ser indemnizado.
Conviene aclarar que nuestro análisis se efectúa en el marco de la responsabilidad resarcitoria, y no de la
preventiva, que impondría tener en cuenta premisas distintas, como la ponderación de los criterios de menor
restricción posible y medio más adecuado para asegurar la evitación del daño.
Nuestro objetivo se reduce a establecer el carácter de daño indemnizable de la pérdida de la chance, sin entrar
en las consideraciones que hacen a otros presupuestos de la responsabilidad civil -la existencia de un factor de
atribución y la antijuridicidad- que damos por supuestos. En cambio, ineludiblemente entraremos en el otro
presupuesto: la relación de causalidad en virtud de las particularidades que presenta en orden a establecerla
cuando se trata esa forma de irrogar el daño. También presuponemos que en el ámbito de la responsabilidad
contractual la consecuencia de la privación de esa pérdida de oportunidad que sufra la víctima es concretamente
previsible en el momento de la contratación o, mediando dolo, también al momento del incumplimiento, conforme
lo exige el artículo 1728.

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II. El daño resarcible, pág. 170

El Código Civil y Comercial de la Nación ha reglado la responsabilidad civil tomando en cuenta la evolución
doctrinal y jurisprudencial en la materia, utilizando su terminología y precisando sus conceptos. Así, ha
comenzado la Sección 4ª, Daño resarcible, del Capítulo 1, Responsabilidad civil, del Título V, Otras fuentes de
las obligaciones, del Libro Tercero, Derechos personales, refiriéndose al daño lesión. Así, el artículo 1737
dispone: "Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que
tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva". Esta premisa tiene
trascendencia sobre la cuestión que nos proponemos analizar en lo relativo a dos aspectos: en cuanto establece
cuál es el quid de lo afectado y los bienes tutelados.
En orden al primer aspecto, el daño es la lesión a un interés no reprobado por la ley, sea que constituya un
derecho subjetivo -por estar protegido- o interés legítimo por no estar reprobado por el ordenamiento jurídico[1].
En cuanto a la segunda cuestión, la ley incluye como característica de la lesión que afecte a la persona, al
patrimonio o a un derecho de incidencia colectiva. Desde nuestra óptica, el daño extrapatrimonial es una lesión a
un interés extrapatrimonial que afecta a la persona[2]. Ciertamente que cuando se trata de la responsabilidad
resarcitoria, la indemnización se orienta a las consecuencias dañosas (arts. 1726 y 1727), escindible del daño
evento o lesión (art. 1737), a diferencia de lo que ocurre en el ámbito de la prevención en el que se trata de evitar
el daño amenazado, o sea, el que puede aún no tener consecuencias[3].
En los Fundamentos que acompañan el Anteproyecto se explica: "Este Anteproyecto distingue entre daño e
indemnización", y más adelante agrega: "la indemnización de daño nunca es integral, porque no coincide el daño
‘real’ con el jurídico. Si hay algo que pueda denominarse ‘real’, comprende muchos aspectos que para el
legitimado del derecho son importantes, pero el sistema jurídico excluye. Por ejemplo, hay un régimen de
causalidad que no cubre todas las consecuencias [...] teniendo en cuenta la tradición argentina en la materia, se
ha decidido consagrar como principio la reparación plena". Se entiende que la reparación "integral" es distinta de
la "plena". La plena es aquella que abarca todas las consecuencias indemnizables de acuerdo al régimen legal
aplicable.
Por ello, el artículo 1738 establece: "La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la
víctima, el lucro cesante en el beneficio económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su
obtención y la pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos
personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas
y las que resultan de la interferencia en su proyecto de vida".
En esta norma se refiere a las dos grandes categorías o clases de daño: el patrimonial en el primer párrafo y el
extrapatrimonial en el segundo.
En el primer párrafo, referido al daño patrimonial, se contempla la pérdida de la chance, que fue fruto de la
elaboración de la doctrina y la jurisprudencia, pero que no estaba expresamente contemplada en el Código de
Vélez, o sea, que constituye una novedad relativa; novedad en los textos normativos pero no en el Derecho vivo
ni en la doctrina que se han ocupado de ella reiteradamente, y que inclusive en la actualidad da lugar a
reflexiones de interés en otras latitudes[4]. Si bien la norma no lo califica como daño patrimonial en forma
expresa, la circunstancia de que se lo prevea junto al daño emergente y lucro cesante, típicos daños
patrimoniales, parece apoyar que se lo trata como tal. La inclusión de este daño indemnizable entre los daños
patrimoniales abre las puertas al interrogante cuya respuesta buscamos.
En el segundo párrafo, en orden al daño extrapatrimonial la novedad está en la consideración como integrante de
esta clase de daño a las consecuencias que resultan de la interferencia en el proyecto de vida de la víctima[5].
Esa inclusión contribuye a la duda planteada pues el proyecto de vida interferido es un proyecto, o sea, una
posibilidad no concretada. La interferencia en el proyecto de vida es precisamente esa posibilidad frustrada, que
trastorna el espíritu, causada por el hecho antijurídico.
Para que la indemnización proceda se fijan los requisitos, en el artículo 1739, y así se establece que "debe existir
un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente", y refiriéndose específicamente a la chance,
dispone que "es indemnizable en la medida en que su contingencia sea razonable y guarde una adecuada
relación de causalidad con el hecho generador". La norma del artículo 1739 no distingue entre daño patrimonial o
extrapatrimonial, y en doctrina se le ha considerado aplicable a ambos[6].
En el artículo 1740 se establece el alcance de la reparación plena. En tal sentido, se especifica que consiste en la
restitución de la situación del damnificado al estado anterior al hecho dañoso. Ciertamente, tratándose la
reparación plena de un principio, debe tenerse en cuenta, como lo especifican los Fundamentos del
Anteproyecto, que "debe lograrse su satisfacción en mayor medida de lo posible, lo que no es incompatible con

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que, en situaciones delimitadas, pueda armonizarse con otros principios..."
Por otro lado, el artículo 1741 se refiere a la indemnización de las consecuencias no patrimoniales, estableciendo
una legitimación ampliada -respecto a la que fijaba el artículo 1078 del Código derogado- que va más allá del
damnificado directo cuando del hecho ha resultado la muerte o ha sufrido una gran discapacidad, la
transmisibilidad de la acción reclamatoria a los herederos universales cuando ha sido intentada por el
damnificado y, por último, establece las pautas que debe considerarse para establecer el monto de la
indemnización: "ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las sumas
reconocidas".
En la misma Sección 4ª establece el alcance de la indemnización por fallecimiento (art. 1745) y por lesiones o
incapacidad física o psíquica (art. 1746). Para el primer supuesto, en el inciso c, se establece en forma expresa la
pérdida de chance de ayuda futura como consecuencia de la muerte del hijo, reconociendo legitimación también
a formular ese reclamo a quien tenga la guarda del menor fallecido.
Podemos, en consecuencia, dejar sentado que se ha considerado que la pérdida de la chance es un daño
indemnizable, ya que las normas del Código Civil y Comercial lo entienden comprendido en la indemnización,
tanto para la generalidad de los daños (art. 1738, primer párrafo) como en el caso específico de la indemnización
por la muerte de la persona (art. 1745, inc. c). En el caso particular de la indemnización por muerte se lo tiene en
cuenta aparentemente como un daño patrimonial, pues se alude a "chance de ayuda", muy posiblemente en
referencia a la privación de la expectativa que sufren los padres o los guardadores de ser ayudados cuando
alcanzan la mayor edad por sus hijos activos conforme lo ha establecido reiteradamente la jurisprudencia de
nuestros tribunales.
Es evidente, en nuestro criterio, que la chance perdida a raíz de la muerte del hijo no afecta únicamente la
expectativa de orden patrimonial de recibir ayuda económica, sino también la expectativa del acompañamiento y
del cuidado que brindan los hijos en la mayor edad de sus padres y guardadores. Señalan Tanzi y Papillú: "La
muerte de un hijo importa el mayor sufrimiento que pueda infligirse a un ser humano, porque el hecho en sí
mismo implica un quiebre en el acontecer del curso de la vida"[7].
Sin embargo, no puede dejarse de considerar que en la expresión de la Corte Suprema de la Nación parece
referírselo predominantemente a la ayuda material, pues ha dicho, recientemente: "Respecto del reclamo de
indemnización por pérdida de ‘chance’ formulada por los progenitores, es dable admitir la frustración de una
posibilidad de sostén, expectativa legítima de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 367 del Código Civil
vigente a la fecha, y verosímil según el curso ordinario de las cosas si de acuerdo a las constancias, resulta
razonable admitir que la muerte del hijo importó la frustración de una posible ayuda material, pues una
comprensión objetiva y realista de la situación económico-social de la familia permite inferir con probabilidad
suficiente su cooperación futura, habida cuenta de la modesta situación patrimonial de la actora"[8]. En similar
orientación, el alto tribunal ha decidido que corresponde indemnizar la frustración que el accidente ocasionó a la
carrera deportiva que desarrollaba dado que "la pérdida de la posibilidad de desempeñarse como jugador
profesional de fútbol se presenta como una probabilidad suficiente de beneficio económico que supera la
existencia de un daño eventual o hipotético para constituirse en un perjuicio cierto y resarcible (art. 1067 del
Código Civil)"[9].

III. La indemnizabilidad de las consecuencias no patrimoniales, pág. 175

Ciertamente que la noción de consecuencias no patrimoniales que se utiliza en el Código Civil y Comercial de la
Nación se vincula con el tradicionalmente llamado "daño moral". Es notablemente más amplio que el "precio del
dolor"; abarca otras consecuencias que conmueven o menoscaban el espíritu[10].
En el orden normativo queda totalmente superada la polémica respecto a su indemnizabilidad -que ya se había
logrado en la jurisprudencia y la doctrina- y su naturaleza en tanto las pautas del artículo 1741, último párrafo,
prescriben para la fijación de la indemnización la ponderación de las satisfacciones sustitutivas y compensatorias
que pueden procurar las sumas reconocidas a la víctima, permiten descartar que tenga naturaleza punitoria, y
deducir que tiene una función resarcitoria[11], a pesar de que todos reconocemos que es imperfecta en cuanto
hay conmociones espirituales que difícilmente puedan "compensarse" por el imperfecto medio del dinero. Por
ello, se prevé para lograr la plenitud de la indemnización en los casos de lesiones al honor, a la intimidad o a la
identidad la posibilidad de la publicación de la sentencia, que es otra forma imperfecta de reparación, con cierta
afinidad a la reparación en especie. Tales imperfecciones no obstan a apelar a la función satisfactiva del dinero a
fin de posibilitar que la víctima obtenga consuelo o entretenimiento destinados a paliar la situación espiritual
disvaliosa que sufre.

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La resarcibilidad del daño extrapatrimonial está enfocada a compensar, enjugar o aliviar las consecuencias
dañosas de la conmoción espiritual provocada por el evento dañoso. Hay que destacar el carácter humanista que
exhibe hoy la legislación del Derecho Privado cuando consagra la inviolabilidad de la persona humana (art. 51) y
la responsabilidad por las afectaciones a la dignidad (art. 52) al remitir a las disposiciones del Libro Tercero,
Título V, Capítulo 1.
Respecto al daño extrapatrimonial se ha debatido ampliamente si se trata de la lesión a un interés
extrapatrimonial[12] o de las consecuencias de la lesión a un interés extrapatrimonial[13], discusión a la que no
se ha puesto fin[14], pero -en definitiva-, y en lo que hace a nuestro análisis, la cuestión no es dirimente en tanto
se admita -como lo hacen los contendientes- que existe una trascendencia entre la lesión y sus consecuencias,
que traslada el carácter patrimonial o extrapatrimonial de una a la o las otras, o viceversa.
Los tribunales reconocen la indemnizabilidad -sin entrar en la discusión- cuando advierten la existencia de daño
extrapatrimonial derivado de hechos que resultan conmocionantes, perturbadores del ánimo de la víctima que
tienen potencialidad suficiente para afectar su equilibrio espiritual o su bienestar, calidad de vida, su capacidad
de sentir, tales como los dolores físicos, la paz, la tranquilidad, la seguridad personal, la privación de
satisfacciones o goces o facultades valoradas en la vida a través de actividades deportivas, artísticas, de
esparcimiento, que contribuyen a aquel equilibrio o bienestar, provocando angustias, incertidumbres, temores, la
disminución del placer de vivir. Descartan, en cambio, las simples molestias, los trastornos propios de la vida en
sociedad.

IV. La pérdida de la chance como configurativa de daño, pág. 177

A. El perfil de la chance, pág. 177

La pérdida de chance en sí ha sido desconocida -por antigua doctrina francesa- como indemnizable por la falta
de certeza. En tal sentido, Demogue fue crítico de la jurisprudencia que reconocía la posibilidad de indemnizar
chances, ya que entendía que ello importaba una visión que pasaba del terreno de lo cierto para el de lo posible,
abandonando el carácter objetivo del daño y trasponiéndose a una concepción subjetiva, en la que "cada juez
apreciará según su temperamento"[15].
Por supuesto que todo análisis del daño se hace bajo la premisa indiscutible de que la indemnización no debe
constituir fuente de enriquecimiento para el damnificado, o sea, que ella debe tener una correspondencia
adecuada con el daño efectiva y realmente sufrido por la víctima, aunque pueda responder a funciones distintas:
compensatoria en especie o por equivalencia -del daño patrimonial- o compensatoria en función satisfactiva, en
el caso del daño extrapatrimonial, como lo señala el tercer párrafo del artículo 1741.
Bajo esa premisa, la mayor parte de la doctrina y la jurisprudencia no descarta a la pérdida de la chance como
daño, en tanto afecte una posibilidad seria de obtener un beneficio o evitar una pérdida, y sea posible establecer
la relación causal entre el hecho antijurídico -ilícito, en la terminología tradicional, o incumplimiento- y la pérdida
de la oportunidad probable (no ilusoria o simplemente conjetural). Precisamente, el límite a la indemnizabilidad
que se le reconoce está dado por el carácter de posibilidad vaga, general o meramente conjetural[16], que pueda
implicar un enriquecimiento sin causa para el reclamante. Por ello, se ha rechazado el rubro de pérdida de
chance cuando "nada se ha probado, al menos de manera indiciaria, sobre la posible influencia que los hechos
debatidos pudieron haber tenido en la carrera profesional" (artística) del accionante[17] y si "no se ha logrado
demostrar sumariamente la configuración de una chance concreta que pudiera frustrarse a raíz del
accidente"[18].

B. Su carácter de daño., pág. 179

En la actualidad, no se discute su carácter de daño, ya porque afecte intereses o sea una consecuencia
disvaliosa -injusta- que deba quedar a cargo de quien la ha sufrido, sino que lo que se discute es su
resarcibilidad por el rasgo de incerteza que encierra. En efecto, desde cualquier ángulo que se mire la pérdida de
la chance de obtener un beneficio o evitar una pérdida es la minoración de un interés no reprobado por la ley o la
consecuencia de la lesión a ese interés. Y bien, lo que sí interesa es admitir que desde ambos criterios se acepta
que el daño puede repercutir en el patrimonio o en la persona o afectar derechos colectivos, y que eso determina
que las consecuencias indemnizables sean de carácter patrimonial o extrapatrimonial.
Bustamante Alsina enseña que "Toda ‘chance’ es un interés legítimo, es decir protegido por la ley, porque es

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una expectativa patrimonial del titular de un patrimonio que, como tal, tiene certeza, y si aquella expectativa se
realiza se obtiene la ganancia esperada. En cambio si la posibilidad se frustra existe una lesión actual al interés
legítimo que ella representa y que constituiría un derecho subjetivo potencial, el cual se convierte en una facultad
de actuar para reclamar en justicia el valor económico de aquella esperanza"[19]. Jorge A. Mayo y Eduardo A.
Zannoni entienden que se trata de un interés de hecho protegido, pues la situación en que se encuentra quien
resulta víctima era idónea a la formación del derecho[20]. Carlos A. Ghersi y Celia Weingarten la califican de
derecho, lisa y llanamente[21].

C. Su certeza y su incerteza, pág. 180

Por tanto, cabe comenzar por señalarse que el reconocimiento del carácter de daño indemnizable que hacen las
propias normas (arts. 1738 y 1745, inc. c) al incluirlo como uno de los rubros susceptibles de ser compensado
nos permite entender que se considera que ese tipo de lesión puede ser -en la "realidad", como ha sido
entendida en los Fundamentos del Anteproyecto- un daño cierto, como lo pueden ser el daño futuro, el lucro
cesante y el daño proveniente de una acción o de una omisión. O sea, se lo excluye del carácter de daño
meramente hipotético, en el sentido de lesión supuesta, o sea, lesión que podría haber ocurrido, pero que
efectivamente no ocurrió. En tal sentido es muy gráfico el ejemplo de Fernando de Trazegnies cuando evoca el
caso del pasajero que no subió a un avión que sufrió un accidente fatal para todos sus ocupantes; el afortunado
pasajero no está legitimado para reclamar indemnización alguna "alegando que pudo haber sido parte del
desastre"[22]. Pudo ocurrir que sufriera un daño, pero no ocurrió... y, por lo tanto, el daño es no cierto, no es
efectivo, real.
La pérdida de la chance, en cambio, es la privación que sufre la víctima de una oportunidad existente y concreta
de la que goza que le permitiría acceder a un beneficio o evitar una pérdida. Es un daño efectivo (cierto, real,
materializado en cuanto pérdida de chance), en tanto quien goza de una situación que le ofrece la oportunidad la
pierde, por eso no es un daño eventual que no alcanza materialidad, existencia, realidad. En el caso de la
pérdida de la chance es posible saber que la pérdida de la oportunidad se ha producido. Así sucede cuando el
caballo inscripto para competir en una carrera no llega a tiempo para participar de ella, por sufrir un accidente en
el camino hacia el hipódromo, o si quien concursa por un cargo o empleo no puede asistir a la prueba por un
hecho de un tercero, o quien no es contratado por una empresa en virtud de un informe médico errado sobre su
estado de salud, o el cliente del abogado que dejó prescribir la acción que se encomendó deducir o caducar el
juicio, sin posibilidad de reiniciarlo. En todos esos supuestos el daño no es hipotético, pues no deja de ser
absolutamente cierto que la oportunidad se perdió.
Existe incerteza no en relación a la oportunidad perdida -que está efectivamente perdida- sino sobre cómo
hubiera evolucionado esa oportunidad, si se convertiría en resultado exitoso o no; si el caballo hubiera ganado la
carrera, si el concursante hubiera ganado el concurso, si finalmente la empresa hubiera contratado al postulante,
si hubiera prosperado y se hubiera hecho efectivo el reclamo judicial que se frustró. O sea, que la incerteza se
proyecta en el resultado final de la oportunidad, y no en la oportunidad misma. Por ello, algunos autores,
pensando en que el daño es la privación del resultado, hablan de que no procede la reparación total[23]. Pero no
es así, la reparación debe ser plena, en relación a la oportunidad perdida, no al resultado incierto frustrado. Por
eso se ha dicho que "la chance es siempre problemática en su realización [por lo que] se la debe valorar por sí
misma, lo que conduce a concluir que nunca puede identificarse con el beneficio frustrado"[24].

D. Su futuridad o actualidad, pág. 182

La incerteza de la pérdida de la chance es similar -no igual- a la que se presenta en relación al daño futuro, al
lucro cesante producido con posterioridad al momento de la traba de la litis o la sentencia o al daño producido
por una omisión.
Esas tres clases de daños tienen en común estar destinados a enjugar daños en los que la relación causal entre
la lesión y el hecho dañoso no se ha terminado de desarrollar o no puede ser establecida con absoluta
seguridad, sino una seguridad relativa, sobre la base de la razonabilidad y de la regularidad de las
consecuencias.
Así, si se trata de la necesidad de una futura prótesis por tratarse de un niño en crecimiento que se llevará a cabo
después de dictada la sentencia, la relación causal no se ha terminado de desarrollar, pues no ha llegado el
momento de la sustitución de la prótesis, pero hay certeza de su necesidad en tanto no suceda algo que rompa
la regularidad del acontecer causal: si el niño muriese o su crecimiento se detuviera por cualquier causa que

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fuera ajena al hecho dañoso.
El lucro cesante tiene igualmente alguna incerteza, pues lo que venía ingresando la víctima antes de la lesión, es
posible que no fuera ingresado en el lapso sobreviniente por cambios en la situación del mercado o causas
inherentes a la propia víctima, como que decidiera dejar la actividad que venía desarrollando o falleciera, pero
son circunstancias excepcionales y como tales no presumibles (que interrumpirían el desarrollo del proceso
causal regular), que no alcanzan para convertirlo en daño hipotético o quitarle realidad o efectividad; por el
contrario, el criterio de la regularidad que inspira el juicio de causalidad se apoya en la certeza de que la
ganancia continuaría ingresando al patrimonio de la víctima.
Algo similar sucede en orden al daño causado por la omisión, pues la (no sucedida) interrupción de la cadena
causal en desarrollo por la actividad esperada omitida por el agente pudo tener mayor o menor o no tener aptitud
o eficacia para evitar el menoscabo, pero no podemos tener la seguridad o certeza absoluta de que ello hubiera
sucedido o no sucedido.
En todos esos casos el juzgamiento de la relación causal requiere de una prognosis póstuma que sopese los
hechos (en abstracto) y determine cuál ha sido la influencia de la omisión en el resultado dañoso, si se trata de
una omisión[25], o si existen elementos fácticos para excluir la existencia del lucro cesante, o para descartar la
ocurrencia del daño futuro. Es que en todos esos supuestos estamos ante daños que no son verificables con
absoluta certeza -pues la realidad actual no los muestra en la forma que se ve el daño emergente-, pero son
efectivos, ciertos y reales en tanto han perjudicado a la víctima, al menoscabar su interés no reprobado por el
ordenamiento jurídico. La no verificabilidad del daño proviene, precisamente, de la circunstancia de que el nexo
causal no terminó de desarrollarse porque está en curso -en el caso del daño futuro-, fue interrumpido por el
hecho dañoso -en el caso del lucro cesante- o no lo fue -en el caso del daño evitable-, no evitado por la omisión.
Sin embargo, esa similitud no puede llevarnos a confundir la pérdida de chance y el lucro cesante, pues este
último tiene un grado de certeza superior que la pérdida de chance, que se basa en la mirada de lo que venía
ocurriendo. Así, se ha dicho: "La indemnización del lucro cesante supone la existencia de una pérdida de
ganancias o beneficios materiales -como lo había solicitado la actora-, mientras que en el rubro ‘pérdida de la
chance’ el objeto de dicha pérdida radica en la oportunidad misma de obtener esas ganancias o beneficios, lo
cual implica que en el primer caso el sujeto se encuentra ya en condición de acceder a las ventajas económicas y
en el segundo, que sólo cuenta con un determinado contexto idóneo en cuyo desenvolvimiento es probable que
habría llegado a la situación instrumental apta de consecución de lucro"[26]. La mayor certeza del lucro cesante
proviene de la circunstancia de que antes de la frustración de la ganancia venía produciéndose el ingreso, o sea,
el beneficio que venía recibiéndose, por lo tanto, puede proyectarse hacia el futuro posterior al hecho dañoso. En
cambio, en la pérdida de la chance la intervención del hecho dañoso frustró la posibilidad no certera -aunque
probable- de que el beneficio pudiera lograrse.
Lo cierto es que en ninguno de esos casos se trata de daño verificable con certeza absoluta en el plano de la
realidad, pues el futuro siempre tiene algo de incierto, y el proceso causal interrumpido no permitió llegar al
efecto. Por eso, el lucro cesante se indemniza sobre la base presunta de que el proceso causal se seguiría
desarrollando como venía sucediendo.

E. Pérdida de chance y relación causal desenvuelta en daño cierto, pág. 184

La necesidad de juzgar el desenvolvimiento regular del proceso causal puede advertirse en algunos casos
jurisprudenciales paradigmáticos, que fueron erradamente resueltos en los tribunales, precisamente por no
haberse advertido que la relación causal había evolucionado en forma favorable a quien reclamaba el daño y se
había configurado la lesión en forma efectiva, real y materializada. Es decir, había desaparecido la incerteza en
relación al resultado del proceso causal desatado por el hecho ilícito o el incumplimiento, por lo tanto, no había
existido mera pérdida de una oportunidad sino que se había producido concretamente un daño enteramente
cierto.
En un primer caso, el accionante era un apostador de la Lotería Nacional que desde hacía varios meses
compraba el "entero" de un número determinado; pero sucedió que por un error la organizadora del sorteo omitió
remitir a la agencia que lo tenía adjudicado para la venta ese número, sino que lo remitió a otra, lo que impidió
que el vendedor ambulante que le suministraba el billete dispusiera de él, y consecuentemente que su adquirente
habitual -el actor- pudiera adquirirlo. El número resultó premiado. El actor reclamó los daños y perjuicios sufridos
por la vía extracontractual. La sentencia de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires fue dividida, y
rechazó la demanda. La mayoría del tribunal consideró que el accionante no tenía un derecho a la adquisición del
billete, sino que tenía una chance que "no constituía una probabilidad suficiente, sino una posibilidad muy vaga y

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general y puramente eventual e hipotética"; señaló igualmente que esa chance estaba sujeta a contingencias que
podían frustrarla, como que se hubiera revocado la concesión de la agencia, que se extraviara el billete, que el
vendedor se lo vendiera a otra persona, etcétera. La minoría, en cambio, sostuvo que la pérdida del premio era
una consecuencia mediata previsible del error de la organizadora y que el daño ascendía al monto del
premio[27].
Dos distinguidos autores se han referido, en distintas oportunidades, a dicho fallo, coincidiendo en que no se
trataba de un supuesto de privación de chance[28], sino de un perjuicio cierto consistente en el valor del premio,
tal como lo sostuvo la minoría. Es que en ese caso, el proceso causal había llegado en su desenvolvimiento al
resultado exitoso, pues el billete había resultado premiado, y por lo tanto, había desaparecido el alea propio de la
chance y lo frustrado era el resultado cierto consistente en la adquisición del premio.
El otro caso de interés -que evoca Zannoni- se presentó en un supuesto en que la actora había realizado una
apuesta sujeta al sistema de Pronósticos Deportivos, que resultó descartada por un error de la agencia
receptora. La tarjeta hubiera resultado premiada -por ostentar los aciertos necesarios-, pero el mencionado error
frustró la posibilidad de que la boleta de la apuesta participara. En ese caso, el tribunal consideró
-acertadamente, a nuestro juicio- que el daño sufrido por la apostadora es "enteramente cierto" y consistente en
el premio efectivo que hubiese obtenido la actora, o sea, disminuidos los descuentos impositivos y de otro tipo
que correspondiera a los apostadores acertantes[29].
En tal sentido, enseña Orgaz que cuando la posibilidad perdida se ha vuelto cierta -en el sentido que se ha
concretado en daño verificable-, "la procedencia de la indemnización -ya no como pérdida ‘de chance’, sino de
la ganancia o el perjuicio mismo- resulta admisible de acuerdo con los principios comunes" y señala en nota que
en algunos supuestos será muy difícil llegar a este grado de certidumbre de la probabilidad; así en el caso de la
carrera de caballos, pues no pudo participar en el certamen. Eso es cierto cuando en la realidad el proceso
causal no ha concluido por haberse interrumpido -el caballo retrasado no participó-, pero si, como en los casos
antes analizados, la posibilidad de ganancia se concretó con resultado exitoso -número premiado o aciertos
suficientes para recibir el premio-, la incertidumbre del resultado cesa, por lo que aquello de lo que la víctima fue
privada no es solamente de la posibilidad sino concretamente del beneficio que ciertamente hubiera recibido.
Ahora bien, en relación a la chance, lo que no puede hacerse válidamente es descartar ab initio el carácter lesivo
de su pérdida, dado que efectivamente a la víctima se la ha privado de la oportunidad de recibir el beneficio o
evitar un perjuicio[30]. Por supuesto que su indemnizabilidad en el caso concreto sólo será posible cuando en la
realidad esa pérdida se haya producido. No lo será, en cambio, cuando la pérdida o la evitación de la desventaja
sea únicamente un "sueño de ganancias" construido sobre "castillos en el aire", o sea, sin un cimiento, que eche
raíces en la efectiva pérdida de una oportunidad que se tuvo[31].
Ya bajo la vigencia de las normas del Código de Vélez se había consolidado la opinión de que se trataba de un
rubro indemnizable. Así, desde hace mucho tiempo la jurisprudencia decía: "La pérdida de la 'chance' es daño
actual resarcible cuando implica una probabilidad suficiente de beneficio económico que resulta frustrada por
culpa del responsable, pero no constituye daño actual cuando presenta una posibilidad muy general y vaga. La
apreciación de la entidad y suficiencia de la probabilidad en cuestión es materia dependiente de las
características y circunstancias de cada caso, que están libradas a la prudente estimación judicial; pero nunca
puede identificarse la pérdida de la ‘chance’ con el eventual beneficio frustrado, dado que aquélla siempre se
mueve, en mayor o menor medida, en el ámbito de lo conjetural"[32]; así, por ejemplo, se dice que hay
posibilidad de indemnizar "la frustración de las llamadas ‘chances’ o probabilidades de ventajas patrimoniales, a
causa de un ilícito cometido"[33].
Tal concepción, sin embargo, no obsta a que encontremos criterios restrictivos jurisprudenciales o doctrinales
que retacean la reparación de esos casos en virtud de una pretendida falta de certeza[34].

F. ¿Carácter económico del beneficio?, pág. 187

No sorprende que inicialmente se considerara que la pérdida de la oportunidad se entendiera que debía producir
una lesión de carácter patrimonial. Esa concepción era coherente con el carácter propietarista de la
responsabilidad civil por esos tiempos. Muestra de ello fue la evolución que tuvo la consideración de la pérdida
de la chance matrimonial[35].
Por los años 40 del siglo pasado se sostenía que "la menor posibilidad, para la mujer, de contraer matrimonio a
raíz de la lesión deformante, repulsiva, ‘risible’ o ridícula constituye un perjuicio patrimonial..."[36] Posiblemente
no haya sido ajeno a tal consideración que por esas épocas se discutía en nuestro país la indemnizabilidad de
los daños extrapatrimoniales[37], y que se consideraba el daño moral predominantemente como precio del dolor.

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También en otras latitudes por esa época se pensaba de manera similar y así se le atribuía el carácter de daño
patrimonial a la pérdida de la chance matrimonial por lesiones estéticas para la mujer en Alemania[38] e
Italia[39], aunque no fuera en forma unánime[40].
En nuestro ámbito, Orgaz sostuvo: "la pérdida de una chance ha de constituir daño patrimonial sólo cuando su
objeto tenga ese carácter, es decir, cuando se trate de algo que se vincule, directa o indirectamente, con el
patrimonio", y concretamente, sobre la pérdida de chance matrimonial, que como daño material no podría
indemnizarse esa chance de no contraer matrimonio sin conectársela con una concreta posibilidad de contraerlo,
pues sería simplemente una hipótesis que ese imaginario matrimonio significaría ventajas económicas para la
mujer. Para concluir en que de acuerdo a la situación de la mujer de mediados del siglo XX, no cabía hacer
distinción entre hombre y mujer y que esa chance perdida debía ser tenida en cuenta dentro del daño moral[41].
En la concepción de Orgaz subyace el criterio de que es el contenido patrimonial o no patrimonial del daño el que
determina si la pérdida de la chance tiene uno u otro carácter, lo que implica que la posibilidad perdida puede
influir tanto en la esfera patrimonial como en la extrapatrimonial.
No obstante, con frecuencia los tribunales y los autores, al referirse a la pérdida de la chance, hablan de
"expectativa patrimonial"[42] o de "beneficio económico"[43] o "ventaja patrimonial"[44], lo que puede llevar a
pensar que la pérdida de la chance está ligada necesariamente al daño patrimonial. Si ello es así se corroboraría
que la pérdida de la chance es un daño patrimonial, sería totalmente plausible que esté incluida como lo está en
el primer párrafo del artículo 1737, llevándonos a descartar que pueda haber consecuencias indemnizables no
patrimoniales por la pérdida de una chance. En verdad creemos que no es así.
Cuando el examen de la relación causal revela que existe un daño -sea patrimonial o extrapatrimonial-, con
suficiente grado de certeza, en virtud de que la víctima ha sido privada de la posibilidad seria y razonable de
obtener un beneficio o de evitar una pérdida, ese daño es indemnizable, sea un daño patrimonial o
extrapatrimonial.

G. Pérdida de chance y daño extrapatrimonial, pág. 190

Las decisiones jurisprudenciales y la doctrina que aluden a la pérdida de la chance de curación o mejoramiento o
de sobrevida con una incapacidad menor a la esperable, de elección cuando ha existido un defecto de
información[45], a la interferencia en el proyecto de vida, etcétera, nos llevan a pensar que no necesariamente el
beneficio frustrado o la evitación de la pérdida deban ser económicos.
Comparando el lucro cesante y la pérdida de la chance, enseña Torrealva Navas que "en la pérdida de la
oportunidad la relación de causalidad se establece entre el hecho dañoso y la pérdida de una oportunidad, no
sólo de lucrar, sino también de otras aspiraciones legítimas, no necesariamente patrimoniales, como conservar o
recuperar la salud"[46]. En el mismo sentido, Zavala de González dice: "las chances son afectivas cuando las
ventajas probables que el hecho ha malogrado atañen al bienestar e integridad espirituales, en sentido
amplio"[47].
Por su parte, Pizarro y Vallespinos sostienen: "nada obsta [...] a la existencia de chances espirituales o afectivas
que malogra el hecho"[48]. No hay ningún motivo para excluir ab initio que la pérdida de una chance provoque un
desequilibrio espiritual, con total independencia o en concurrencia con la existencia de daño patrimonial. Es más,
no cabe duda de que determinadas frustraciones de chances desmejoran la calidad de vida, privan de goces y
satisfacciones, de la esperanza de una vida normal, conmoviendo la tranquilidad espiritual.
La exigencia de que el beneficio perdido sea económico lleva -además- a la sinrazón de considerar patrimoniales
daños que son aptos de provocar menoscabos de diversa índole: extrapatrimoniales o patrimoniales como el
daño estético, el daño a la vida de relación y el daño a la intimidad. En tal sentido, enseñan Mosset Iturraspe y
Piedecasas que ellos pueden originar daños materiales o morales, lo que interesa son los efectos o
resultados[49].
Puede ser meramente una satisfacción espiritual que resulta frustrada o cualquiera de los derechos
personalísimos, integridad personal, salud psicofísica, afecciones legítimas o proyecto de vida, y no, por ello,
dejaría de ser indemnizable. Para ser indemnizable deberá reunir los requisitos propios de la pérdida de la
chance, que están establecidos en el artículo 1739, o sea, "que su contingencia sea razonable y guarde una
adecuada relación de causalidad con el hecho generador" del daño extrapatrimonial sufrido.
No resulta convincente una interpretación literal o de tipo metodológico en el sentido que el artículo 1739 se
refiera a la chance dentro de la previsión de los daños patrimoniales, cuando inmediatamente -en el artículo
1740- se señala la amplitud indemnizatoria de los daños patrimoniales y no patrimoniales, y se prevé en estos
últimos la frustración del proyecto de vida, que ciertamente no es más que una probabilidad a la que se ha

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orientado la víctima[50].
Al respecto cabe recordar que la Corte Suprema de Justicia ha dicho que el "valor de la vida humana no resulta
apreciable con criterios exclusivamente económicos. Tal concepción materialista debe ceder frente a una
comprensión integral de los valores materiales y espirituales, unidos inescindiblemente en la vida humana y a
cuya reparación debe, al menos, tender la justicia"[51], y esa interpretación encuentra sustento razonable en el
artículo 5º de la CADH que establece que toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física,
psíquica y moral[52].
Los tribunales han reconocido daño moral causado por las pérdidas de chances.
Así, el abogado que ha abandonado un proceso judicial, irrogando a su cliente la pérdida de la chance de
reconocimiento de su derecho, como rubro daño autónomo de la pérdida de la chance de éxito[53]. La editorial
que por una alteración de las bases y condiciones de un concurso literario frustró la probabilidad de obtener un
premio para quien había sido preseleccionado -entre 10 concursantes-, en un concurso organizado por ella[54].
El médico y la obra social a favor de una mujer que perdió la oportunidad de procrear a raíz de la extracción del
útero en virtud de una mala praxis[55]. El médico que al no brindar un consentimiento informado adecuado priva
de la posibilidad de elección de someterse o no a una intervención quirúrgica por la infracción al deber de
información[56]. La universidad que priva de la posibilidad de emprender el ejercicio profesional de un abogado
durante un lapso de dieciocho meses por la demora injustificada en la entrega del título habilitante[57]. Asimismo,
se ha decidido que la "falta de debida información tiene repercusión desfavorable en el aspecto íntimo y
personalísimo de la actora y configura un daño moral -el cual la legislación actualmente vigente aprehende
expresamente a las ‘interferencias al proyecto de vida’- [...] [lo que] impidió a la coactora decidir en forma libre y
consciente sobre la técnica de contraconcepción elegida [...] [constituyendo un] menoscabo a su derecho a la
autodeterminación"[58].
¿Cuál sería la razón para no indemnizar la frustración de la participación en un concurso para un cargo
honorario? Bien dice Zavala de González que "la dignificación de la persona permite percibir que también es
daño moral la imposibilidad de realizar actividades abnegadas y desinteresadas, que benefician espiritualmente a
otros"[59] y se refería al beneficio espiritual cesante "cuando se pierde un enriquecimiento espiritual, por
mutilación de las posibilidades existenciales de la víctima que el hecho le impide disfrutar"[60].
La pérdida de la chance provocada es simplemente un modo de causación del daño, y como tal, puede irrogarse
a la persona, al patrimonio o a los derechos de incidencia colectiva. Aunque se sistematiza con frecuencia como
una subclase del daño patrimonial, es -en nuestro parecer- una forma en la que se irroga el daño, sea patrimonial
o extrapatrimonial, privando de un beneficio, sea económico o no lo sea.
Hace tiempo ya que se ha entendido que existen clases o tipos de daños que tienen aptitud para causar daño
extrapatrimonial y patrimonial; también se ha reconocido la independencia de uno y del otro, en el sentido que
dan lugar a indemnizaciones que no están necesariamente ligadas.
Con frecuencia en el ámbito de la responsabilidad médica se habla de pérdida de la chance y se plantea que una
actividad profesional disminuye las posibilidades de curación o recuperación o de sobrevivir con una incapacidad
menor[61]. Ciertamente, sin perjuicio de que algunos casos puedan tener repercusión económica, el beneficio de
sobrevivir no es un beneficio necesariamente "económico" o "patrimonial", de modo tal que parece más acertado
al referirse a la pérdida de la chance hablar de un beneficio -a secas- sin calificarlo.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha avalado el criterio de que cabe responsabilizar al médico que,
existiendo una posibilidad de sobrevida, no despliega una actividad diligente a los fines de salvaguardarla.
Aunque algún fallo alude a la culpabilidad, no cabe duda de que presupone la existencia de daño, pues si éste no
existiera ningún sentido tendría analizar la culpabilidad, y en tal sentido se refiere a bienes que no son
patrimoniales: la vida y la dignidad, frente a los cuales entiende que no puede tolerarse comportamientos
indiferentes y superficiales. Así, ha decidido que "Corresponde dejar sin efecto la sentencia que no hizo lugar al
resarcimiento del perjuicio derivado del
fallecimiento de una persona, atribuido a la negligente atención dispensada por el médico de guardia del
establecimiento asistencial de la demandada, sin efectuar referencia ni consideración alguna a la índole y
alcances de la obligación médica de asistencia sin ponderar los bienes jurídicos comprometidos, a pesar de que
esta determinación resultaba imprescindible para establecer si existió adecuación entre la conducta debida y la
obrada y elaborar eventualmente todo juicio de culpabilidad (arts. 512, 902, 909, 1074 y 1109 del Código Civil)", y
en ese mismo fallo sostuvo: "Encontrándose comprometidos los derechos esenciales a la vida y a la dignidad de
la persona preexistentes a todo ordenamiento positivo no cabe tolerar ni legitimar comportamientos indiferentes o
superficiales que resultan incompatibles con el recto ejercicio de la medicina"[62].
Lorenzetti lo plantea dentro del examen de la relación causal en sus dos despliegues sobre la autoría y las

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consecuencias indemnizables, afirmando que la omisión dañosa -en el primero- "priva al paciente de la chance
de curación" y -en el segundo- que "se resarcen los perjuicios a la persona: sufrimientos, daños a la integridad
corporal, al proyecto de vida, a la integridad familiar, psicológicos, estéticos, etcétera"[63]. Precisamente ése es
el nudo gordiano de la indemnizabilidad de la pérdida de la chance, no el ámbito en que repercute el daño, que
puede ser en la persona o en el patrimonio. A igual conclusión lleva la omisión de dar la información adecuada
para la decisión autónoma del paciente[64].
La invocación de la pérdida de la chance no debe utilizarse como una simple alegación o un subterfugio para
suplir la inexistencia de la prueba del nexo causal entre hecho dañoso y un daño sufrido como consecuencia de
la no obtención del resultado esperado[65]. En tal sentido, tiene razón Savatier cuando efectúa su crítica a la
pérdida de la oportunidad de curación o sobrevida como un recurso utilizado por los jueces dubitativos acerca de
la relación causal entre el error médico y la pérdida de la salud del paciente[66]. Si se ignora si la pérdida de la
chance de sobrevida sufrida por la víctima es efecto de la conducta del médico o no, no estamos técnicamente
ante "la pérdida de una chance" de una mejoría o chance de sobrevida, sino ante un déficit probatorio en torno a
la relación causal de autoría. Bien lo explica Trigo Represas cuando afirma que es impropiamente usada la
locución "pérdida de chance" para denominar "la insuficiente información del juez sobre la manera en que el
destino ha encadenado los hechos"[67]. La relación causal entre la conducta del agente y el daño
extrapatrimonial sufrido tiene que estar probada, por los medios de prueba admisibles, que incluyen los
presuncionales, basados en indicios fácticos y por la totalidad de las circunstancias del acto médico.
En la medida en que cause la afectación del equilibrio emocional o espiritual de la víctima que sobrevive
sufriendo más o llevando una calidad de vida peor de la que era esperable que padeciera por la enfermedad que
presentaba en virtud de la intercurrencia de una acción u omisión del médico, o sea, que determina causalmente
que la enfermedad se agrave o se pierda la oportunidad de mejoría, porque sólo un tratamiento inmediato
lograría la sanación o mejoría, no existe razón para negar la indemnizabilidad[68]. Piénsese en el supuesto de la
persona inactiva -por jubilación o por vivir de rentas- que sufre la pérdida de la oportunidad de llevar una vida
más normal o más plena, pero que en virtud de la frustración de esa posibilidad se ve menoscabada en su
calidad de vida como consecuencia de la indiferencia del servicio médico al momento en que se presentó la
enfermedad superable. No existiría daño patrimonial, pero indudablemente sufre el daño extrapatrimonial
irrogado a su salud psicofísica que no deriva de la enfermedad misma que podía ser tratada exitosamente
evitando el daño permanente o transitorio más prolongado de lo esperable.
Por su parte, Pizarro y Vallespinos destacan que "el emplazamiento constitucional de los derechos que hacen a
la dignidad de la persona humana debe conducir [...] a la reparación del daño injustamente causado [...] De lo
contrario, la tutela constitucional quedaría en el plano de las meras declamaciones, sin efectiva concreción. De
poco serviría proclamar el derecho a la vida, a la integridad corporal, al honor, a la imagen, a la identidad
personal, a la igualdad, a la intimidad [...] si a renglón seguido se permite que alegremente sean conculcados, sin
que la enérgica reacción resarcitoria del sistema tenga el similar vigor y jerarquía"[69].

V. Conclusión, pág. 197

Lo dicho nos lleva a concluir que el daño extrapatrimonial puede provenir de la pérdida de una chance, sea que
tenga trascendencia económica o no la tenga, en tanto afecte los intereses de la más alta consideración por el
Derecho como lo son los extrapatrimoniales que afectan a la persona.
Lo trascendente es que la pérdida de esa chance afecte el interés legítimo de la víctima, que haya causado
efectivamente la afectación del equilibrio espiritual de la víctima o afectado uno de los derechos personalísimos
reconocidos a la persona.
No advertimos ninguna razón para que la víctima deba soportar la consecuencia no patrimonial de la chance
perdida, en tanto se trate de un daño no justificado, en el que se presente el factor de atribución que justifique el
traslado del daño a quien lo ha causado y en tanto su contingencia sea razonable y guarde relación adecuada de
causalidad con el hecho generador.
Por ello, el artículo 1745, inciso c, debe ser interpretado en sentido amplio, teniendo en cuenta no solamente la
ayuda económica, sino también la pérdida de la oportunidad de acompañamiento y cuidado de la que ha sido
privado el damnificado.
En definitiva, creemos que, desde el ángulo teórico, en el caso del daño extrapatrimonial causado por la pérdida
de la chance la apariencia de sencillez es verdadera -aunque el juzgamiento tenga en algunos supuestos alta
complejidad[70]-; creemos igualmente que ha sido la evolución histórica que miraba casi exclusivamente a los
daños patrimoniales lo que ha llevado a una duda, que hoy no encuentra justificativo alguno, a la luz del

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humanismo que inspira al Código Civil y Comercial de la Nación.
Las dificultades en torno a la consideración de la existencia de la chance no deben ser confundidas con el
problema de la indemnizabilidad de los daños -patrimoniales o extrapatrimoniales- que ella -de existir- haya
causado.
Otra es la cuestión de la cuantificación del daño extrapatrimonial sufrido a raíz de la pérdida de la chance de
sobrevivencia o de curación o de pérdida de la libre elección por deficiencias informativas, o la que afecta
derechos personalísimos, que tendrá todas las dificultades que presenta -siempre- la determinación del quantum
indemnizatorio del daño extrapatrimonial.
En este orden de ideas, hay que tener muy presente que cuando la posibilidad ha sido definitivamente perdida y
el daño se ha concretado en la lesión a las afecciones legítimas de la víctima, sea porque el beneficio de la
curación que podía obtenerse ya no es obtenible o la agravación evitable o la oportunidad de elección ya se
frustró, hemos salido del tema de la "pérdida de la chance" para entrar en un daño efectivamente concretado que
se rige por el principio general de la responsabilidad civil[71]. Allí, y sólo en los casos en que concurrieran daños
que responden a nexos causales diferentes, la preocupación del operador jurídico será escindir intelectual y
razonablemente el daño que tiene causa en la situación preexistente en que se encontraba la víctima -por
ejemplo, enfermedad que padecía, el resultado probable de la información omitida, etcétera- y el producido
efectivamente por la privación de la chance.

[1]

GALDÓS, Jorge M., en LORENZETTI, R. L. (dir.), Código Civil y Comercial de la Nación comentado, Rubinzal-
Culzoni, Santa Fe, 2015, t. VIII, p. 477, ap. III de la glosa al art. 1737; SÁENZ, Luis R. J., en CALVO COSTA, C.
A. y SÁENZ, L. R. J., Incidencias del Código Civil y Comercial de la Nación. Obligaciones. Derecho de Daños,
Hammurabi, Buenos Aires, 2015, p. 134, Nº I.3.

[2]

Aunque la jurisprudencia y la doctrina han admitido también que pueda ser indemnizable el "daño moral
colectivo", entendido como el sufrido por una comunidad que se ha visto privada de gozar de un monumento
público. Véase: CCCom. de Azul, sala II, 22-10-96, "Municipalidad de Tandil c/T. A. La Estrella SA", E. D.
171-373, con nota de TRIGO REPRESAS, F. A., Un caso de daño moral colectivo; L. L. B. A. 1997-273, con nota
de ZAVALA DE GONZÁLEZ, Matilde, Los daños morales colectivos y su resarcimiento dinerario, p. 289. DE
LORENZO, M. F., Lesión a un bien del dominio público, responsabilidad por riesgo y daño moral colectivo, en L.
L. Actualidad del 25-2-97, p. 2; BUSTAMANTE ALSINA, J., El daño moral colectivo es un daño resarcible, en L.
L. 1998-A-1033; GALDÓS, J. M., Daño moral colectivo, daños punitivos y legitimación procesal activa, en Revista
de Derecho de Daños, Nº 6, Daño moral, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, p. 113.

[3]

Comp. DE LORENZO, Miguel F., El Código de la prevención, en Revista de Derecho Ambiental, Nº 46, ap. IV, p.
27, y SIL AP/DOC/386/2016, quien señala en orden a la prevención que la amenaza ya constituye daño, en tanto
lesiona el interés que vincula al individuo y a la sociedad con el bien jurídico, recordando el ejemplo de Carnelutti
respecto de la amenaza al mendigo si comiera el pan.

[4]

BRUN, Philippe, Responsabilidad civil extracontractual, trad. de Cynthia Téllez Gutiérrez y Eduardo Cárdenas
Miranda, Inst. Pacífico, Breña, Perú, 2015, p. 191, Nº 182 y ss.

[5]

CALVO COSTA, Carlos A., en BUERES, A. J. (dir.), Código Civil y Comercial de la Nación. Analizado,
comparado y concordado, t. 2, p. 173, glosa al art. 1737.

11 / 19
[6]

BORAGINA, Juan C. y MEZA, Jorge A., Daño moral: concepto y prueba, en TRIGO REPRESAS, F. A.;
BENAVENTE, M. I. (dirs.) y FOGNINI, A. I. (coord.), Reparación de daños a la persona, L. L., Buenos Aires,
2014, t. I, p. 431, Nº VII.

[7]

TANZI, Silvia Y. y PAPILLÚ, Juan M., La reparación de las consecuencias no patrimoniales por fallecimiento y
por la lesión o incapacidad física o psíquica, en J. A. 2015-I-880 y SIL AP/DOC/1524/2014, especialmente ap. IV.

[8]

CSJN, 14-7-2015, "Meza, Dora c/Estado Nacional (Ministerio de Salud y Acción Social) y otros s/Daños y
perjuicios", Fallos: 338:652.

[9]

CSJN, 12-9-95, "Scamarcia, Mabel y otro c/Buenos Aires, Provincia de y otro s/Daños y perjuicios", Fallos:
318:1715.

[10]

MOSSET ITURRASPE, Jorge y PIEDECASAS, Miguel A., Responsabilidad por daños, Rubinzal-Culzoni, Santa
Fe, 2016, t. V, ps. 126 y ss., Nº 2; PIZARRO, Ramón D., Daño moral, Hammurabi, Buenos Aires, 1996, p. 36, Nº
2; ZAVALA DE GONZÁLEZ, Matilde, Resarcimiento de daños. Daños a las personas, Hammurabi, Buenos Aires,
1999, t. 2c, p. 41, Nº 4.

[11]

SÁENZ, Luis, en CALVO COSTA, C. A. (dir.), Código Civil y Comercial de la Nación. Concordado, comentado y
comparado con los Códigos Civil de Vélez Sársfield y de Comercio, glosa al art. 1741.

[12]

BUERES, Alberto J., El daño moral y su conexión con las lesiones a la estética, a la sique, a la vida de relación y
a la persona en general, en Revista de Derecho Privado y Comunitario, Nº 1, Daños a la persona, Rubinzal-
Culzoni, Santa Fe, ps. 237 y ss.; AGOGLIA, María M.; BORAGINA, Juan C. y MEZA, Jorge A., La fractura del
nexo causal. La lesión psíquica y el daño moral, en L. L. 1998-E-7, ap. III.

[13]

PIZARRO, Daniel R., El daño moral y la persona jurídica, en Revista de Derecho Privado y Comunitario, Nº 1,
Daños a la persona, ps. 215 y ss., especialmente ap. II.e; ZAVALA DE GONZÁLEZ, Matilde, El concepto de daño
moral, en J. A. 1985-I-726; MOSSET ITURRASPE, Jorge, Responsabilidad por daños, Rubinzal-Culzoni, Santa
Fe, t. V.

[14]

Véase ALFERILLO, Pascual E., en ALTERINI, J. H. (dir.) y ALTERINI, I. E. (coord.), Código Civil y Comercial de
la Nación, L. L., Buenos Aires, 2015, t. VIII, ps. 172 y ss., glosa al art. 1737.

[15]

12 / 19
DEMOGUE, René, Traité des obligations en général, Libr. Arthur Rousseau, Paris, 1924, t. 4, p. 29, Nº 387.

[16]

TANZI, Silvia Y., La reparabilidad de la pérdida de chance, en ALTERINI, A. A. y LÓPEZ CABANA, R. M. (dirs.),
La responsabilidad civil. Homenaje al profesor doctor Isidoro H. Goldenberg, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1995,
p. 331; en la jurisprudencia se ha decidido que "Resulta improcedente la indemnización por pérdida de la chance
reclamada por quien perdió la posibilidad de participar en un sorteo organizado por una empresa tabacalera,
debido a que ésta había omitido retirar de un local la urna en la cual el actor había depositado las marquillas de
cigarrillos donde constaban sus datos personales pues, dada la insignificante probabilidad con que contaba aquél
de obtener un premio, el daño ocasionado resulta hipotético o conjetural, y por ende no genera la obligación de
reparar" (C1ªCCom. de San Isidro, sala II, 20-4-2007, "Díaz, Claudia A. c/Massalín Particulares SA", SIL
AR/JUR/1993/2007).

[17]

CNCiv., sala G, 31-8-2006, "Jaraz, Diego F. c/Rever Pass y otros", SIL AR/ JUR/5246/2006. Se trataba de un
caso en que la demandada había utilizado un video con la imagen del accionante sin autorización, que se
invocaba que hacía perder las chances laborales.

[18]

CCCom. de Córdoba, 14-3-2005, "Saquilano, Clemente A. c/Superior Gobierno de la Provincia de Córdoba", L.


L. Córdoba 2006-818 y SIL AR/JUR/8683/2005.

[19]

BUSTAMANTE ALSINA, Jorge, La indemnización por pérdida de "chance" y el resarcimiento del daño moral por
incumplimiento contractual, en L. L. 1989-D288; Responsabilidad Civil. Doctrinas Esenciales, t. I, p. 1427;
Obligaciones y Contratos. Doctrinas Esenciales, t. II, p. 295, y SIL AR/DOC/255/2004.

[20]

MAYO, Jorge A., La pérdida de la "chance" como daño resarcible, en L. L. 1989-B-102; Responsabilidad Civil.
Doctrinas Esenciales, t. II, p. 1411; Obligaciones y Contratos. Doctrinas Esenciales, t. II, p. 271, y SIL
AR/DOC/13663/2001, ap. III; ZANNONI, Eduardo A., El daño en la responsabilidad civil, 3ª ed., Astrea, Buenos
Aires, 2005, p. 60, Nº 26.

[21]

WEINGARTEN, Celia y GHERSI, Carlos A., Daño al derecho de chance, Nova Tesis, Buenos Aires, 2016, p. 95,
Nº 4.

[22]

DE TRAZEGNIES, Fernando, La responsabilidad extracontractual, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad


Católica del Perú, Lima, 1988, t. II, p. 18, Nº 344.

[23]

BARROS BOURIE, Enrique, Tratado de la responsabilidad civil extracontractual, Editorial Jurídica de Chile,
Santiago, 2006, p. 239, Nº 154.

[24]

13 / 19
[Link], sala II, 6-9-2000, "Tassano, Oscar R. c/Encotesa", L. L. 2000-F-866. Se trataba de un
incumplimiento de un servicio de correo que por una irregularidad en su prestación privó al accionante de arreglar
amigablemente un conflicto que derivó en un pleito judicial. En el caso, no se reclamó daño moral, pero bien
pudo haberlo sufrido la parte actora y, seguramente, se le hubiera reconocido como se ha hecho en los casos en
que por la negligencia de los abogados se ha privado de la oportunidad de que se le reconozca un derecho.

[25]

Hemos abordado esa cuestión en esta misma Revista de Derecho de Daños, Nº 2003-2, Relación de causalidad
en la responsabilidad civil, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, p. 103.

[26]

CNCiv., sala A, 21-6-2005, "C., M. C. c/Banco de la Ciudad de Buenos Aires", SIL AR/JUR/4182/2005; en este
caso, se reconoció el daño moral sufrido por la actora que había sido preseleccionada por una empresa para
desempeñar un cargo jerárquico, pero no se la contrató por un informe negativo en relación a los antecedentes
económico-financieros proporcionados por la organización Veraz SA sobre la base de datos suministrados por la
entidad demandada. El tribunal entendió que se había privado a la actora de una "chance", pues -dijo- "no se
trata aquí de un lucro cesante en los términos ambicionados, puesto que la información crediticia errónea no hizo
cesar una ganancia efectivamente devengada hasta ese momento sino que, en rigor, truncó la 'chance' cierta de
'incorporarse a la empresa' acorde con un proceso de selección de postulantes que hasta ese informe
descalificante venía desarrollándose con éxito al punto que ya había sido 'elegida' aunque la designación
definitiva quedó supeditada a las averiguaciones de antecedentes penales, comerciales, estudios
preocupacionales, etc."

[27]

SCJBA, 29-6-65, "Minutta, José c/Administración de la Lotería de la Provincia de Buenos Aires", L. L. 119-394.

[28]

CAZEAUX, Pedro N., Daño actual. Daño futuro. Daño eventual o hipotético. Pérdida de una chance, en Temas
de responsabilidad civil. En honor al Dr. Augusto M. Morello, Platense, La Plata, 1981, p. 25, Nº 12; ZANNONI, El
daño en la responsabilidad civil cit., p. 108, Nº 38.

[29]

CNCiv., sala G, 6-4-81, "Safian, Silvia L. c/Quevedo de Castillo, Rosalía", J. A. 1981-III-218. Se trataba de un
caso en el que una apuesta de Prode que tenía los aciertos para obtener el premio no había entrado al sistema
en virtud de un in-cumplimiento de la agencia receptora. El tribunal entendió que no existía pérdida de la chance,
sino lisa y llanamente un daño de absoluta certeza.

[30]

BONASI BENUCCI, Eduardo, La responsabilidad civil, Bosch, Barcelona, 1958, ps. 44/46, Nº 11.

[31]

MAZEAUD, Henry y Léon y TUNC, André, Tratado teórico-práctico de la responsabilidad civil delictual y
contractual, trad. de Luis Alcalá-Zamora y Castillo, Ejea, Buenos Aires, 1961, t. I, vol. I, p. 312, Nº 219.

[32]

CNCiv., sala G, 21-12-81, "Almonacid, Miguel H. c/Debora SRL Centro Médico y/u otra", SIL AR/JUR/3991/1981;
cabe destacar que en el fallo se habla de un "beneficio económico", y que se trataba de la frustración de la

14 / 19
contratación del actor a raíz de un informe médico errado acerca de su estado de salud, lo que determinó a la
empresa a no contratarlo.

[33]

Voto del Dr. Jorge Horacio Alterini en CNCiv., sala C, 30-6-87, "Borel, Pedro A. c/Edificadora Maral Inmobiliaria
SA", L. L. 1989-B-102.

[34]

TSJ de Córdoba, Sala Penal, 14-11-2005, "Scata, Alberto G.", L. L. Córdoba 2006-175, SIL AR/JUR/5936/2005;
CCCMin. de San Juan, sala I, 18-4-2006, "Ontivero, Marcelo Nicolás y otro c/Brizuela, Mario y otros", RCyS
2006-1357; L. L. Gran Cuyo 2006 (setiembre), p. 996; D. J. del 15-11-2006, p. 788; SIL AR/JUR/ 1222/2006, con
nota aprobatoria de TAVANO, María Josefina, La indemnización del daño material y moral cuando se trata de la
vida de un menor; SIL AR/DOC/ 2849/2006. La anotadora del fallo reconoce la existencia del daño, pero entiende
que es un daño moral, lo que hoy diríamos extrapatrimonial.

[35]

TRIGO REPRESAS, Félix A., Pérdida de chance, Astrea, Buenos Aires, 2008, ps.81 yss.

[36]

SPOTA, Alberto G., La lesión a las condiciones estéticas de la víctima de un acto ilícito, en L. L. 26-654, Nº 3.

[37]

Debe repararse que esa discusión se sostenía sobre la norma restrictiva que contenía el art. 1078 antes de la
reforma de la ley 17.711.

[38]

ENNECCERUS-LEHMANN, Derecho de Obligaciones, II, parág. 238, II, I, cit. por ORGAZ, Alfredo, El daño
resarcible (actos ilícitos), Bibliográfica Argentina, Buenos Aires, 1952, p. 101, nota al pie Nº 8.

[39]

DE CUPIS, Adriano, El daño. Teoría general de la responsabilidad civil, trad. de Ángel Martínez Sarrión, Bosch,
Barcelona, 1975, p. 125, nota al pie Nº 40.

[40]

FISCHER, Hans A., Los daños civiles y su reparación, trad. de W. Roces, Libr. Gral. de Victoriano Suárez,
Madrid, 1928, ps. 261/262, ap. V, quien entendía que era desconsiderado respecto a la institución matrimonial
conferirle tal carácter.

[41]

ORGAZ, El daño resarcible... cit., p. 100, Nº 25. Conf. BOFFI BOGGERO, Luis M., Tratado de las obligaciones,
Astrea, Buenos Aires, 1973, p. 264, Nº 514; TANZI, La reparabilidad... cit., p. 333. En los últimos años, la llamada
pérdida de la "chance matrimonial" se examina como un daño extrapatrimonial y no material, siguiendo el criterio
del maestro cordobés. Véase CNCiv., sala G, 26-9-2000, "F., M. J. c/Colón SA", SIL AR/JUR/2537/2000;
CCCom. de Bahía Blanca, 15-10-93, "Pa-lante, Nilda A. c/Municipalidad de Coronel Pringles", L. L. B. A.
1994-666.

15 / 19
[42]

BUSTAMANTE ALSINA, La indemnización por pérdida de "chance" y el resarcimiento del daño moral por
incumplimiento contractual cit., p. 288, ap. II; allí decía: "Toda chance es un interés legítimo, es decir protegido
por la ley, porque es una expectativa patrimonial del titular del patrimonio que como tal tiene certeza, si aquella
expectativa se realiza se obtiene la ganancia esperada". El autor anota un caso de la CNCom., sala B (7-2-89,
"Muraro, Heriberto c/Eudeba SEM") sobre el autor de una obra científica, Neocapitalismo y comunicación de
masas, al que se efectuó la liquidación de los derechos de autor de los libros vendidos en el primer año, y se dejó
de hacerlo a lo largo de dos años; transcurrido ese lapso fueron secuestrados, en febrero de 1977, los
ejemplares que no se habían vendido. El tribunal estimó que existía incumplimiento del contrato de edición, pero
desestimó los rubros daño moral y pérdida de chance. El accionante fundó su pretensión de pérdida de la chance
en la privación de la posibilidad de realizar una segunda edición. El tribunal consideró que no había logrado
acreditarse (ni se había intentado) que esa posibilidad existiera. El anotador coincidió con la decisión del tribunal
en tal sentido.

[43]

Voto del Dr. Jorge Horacio Alterini en CNCiv., sala C, 30-6-87, "Borel, Pedro A. c/Edificadora Maral Inmobiliaria
SA", L. L. 1989-B-102; LLAMBÍAS, Jorge J., Tratado de Derecho Civil. Obligaciones, 2ª ed., Perrot, Buenos Aires,
1973, t. I, p. 296, nota al pie Nº 20; TANZI, La reparabilidad... cit., p. 330, y luego, al referirse a la pérdida de
chance matrimonial encuadra su resarcibilidad en el daño moral (ver p. 333).

[44]

CAZEAUX, Daño actual. Daño futuro. Daño eventual o hipotético. Pérdida de una chance cit., p. 23, Nº 10.

[45]

TRIGO REPRESAS, Pérdida de chance cit., ps. 147 y ss., Nº 54 y p. 200, Nº 63.

[46]

TORREALVA NAVAS, Federico, Responsabilidad civil, Juriscentro, San José de Costa Rica, 2011, p. 715, Nº 4.

[47]

ZAVALA DE GONZÁLEZ, Matilde, Resarcimiento de daños. Daños a la persona. Integridad sicofísica,


Hammurabi, Buenos Aires, 1990, t. 2a, p. 382, Nº 116.

[48]

PIZARRO, Ramón D. y VALLESPINOS, Carlos G., Tratado de la responsabilidad civil, t. I, Parte general,
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2017, p. 155, Nº 45, ap. 2; FIOL, Gerardo, Sistematización de los rubros
indemnizatorios en el Código Civil y Comercial de la Nación, en J. A. 2016-IV-1139, ap. V.c, y SIL AP/DOC/740/
2016; GALDÓS, Jorge M., Daño a la vida de relación, daño biológico y al proyecto de vida, en TRIGO
REPRESAS, BENAVENTE (dirs.) y FOGNINI (coord.), Reparación de daños a la persona cit., t. I, p. 631; NIETO,
Matías L., Resarcimiento de la pérdida de la chance, en L. L. NOA 2018 (mayo), p. 3 y SIL AR/DOC/757/2018.

[49]

MOSSET ITURRASPE y PIEDECASAS, Responsabilidad por daños cit., t. V, p. 132, Nº 2.

[50]

16 / 19
Lo dicho en el texto sin ignorar que en la concepción de la Corte Interamericana no se confunde con la pérdida
de chance, sino que es un concepto más profundo que conlleva al grave menoscabo de oportunidades de
desarrollo o realización personal. Ver TONÓN, Matías N., La reparación del daño al proyecto de vida en la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, en SAIJ DACF110184.

[51]

CSJN, 21-9-2004, "Aquino, Isacio c/Cargo Servicios Industriales SA s/Accidentes ley 9688", Fallos: 327:3753 y
SIL AR/JUR/2113/2004.

[52]

Corte IDH, 20-1-89, "Godinez Cruz vs. Honduras", considerando 164, http://
[Link]/docs/casos/articulos/seriec_05_esp.pdf.

[53]

SCJBA, 13-5-2015, "Giles, Carmen Pilar c/Zamora, Héctor Aníbal s/Daños y perjuicios", SIL
AR/JUR/17780/2015.

[54]

CNCiv., sala G, 21-2-2005, "Nielsen, Gustavo E. c/Editorial Planeta Argentina SAIC y otros", RCyS 2005-V-103 y
SIL AR/JUR/196/2005.

[55]

CNCiv., sala L, 7-6-2005, "B. de L., A. N. c/C. M. y otros", L. L. 2006-E-255: se reconocieron los rubros pérdida
de chance de concebir y daño moral.

[56]

CNCiv., sala B, 16-3-2016, "F., J. M. c/Instituto Oftalmológico S. & Asociados s/Daños y perjuicios", RCyS (L. L.),
SIL AR/JUR/6611/2016. Ver sobre esta cuestión DE ÁNGEL YÁGÜEZ, Ricardo, Consentimiento informado:
algunas reflexiones sobre la relación de causalidad y el daño, en Revista de Derecho de Daños, Nº 2003-2,
Relación de causalidad en la responsabilidad civil, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, p. 179; LÓPEZ MEZA, Marcelo J.,
Los médicos y la información debida al paciente en el Código Civil y Comercial, en L. L. 2016-A-1021 y SIL
AR/DOC/377/2016. Conclusiones del VII Congreso Internacional de Derecho de Daños (Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, octubre de 2002, Comisión Nº 1) en el que se dijo: "El médico debe revelar información adecuada
al paciente, de manera tal que le permita participar inteligentemente en la toma de decisión del tratamiento
propuesto y luego obtener su consentimiento o bien la manifestación de rechazo a dicho tratamiento".

[57]

CFed. de Córdoba, sala B, 25-10-99, "Moreno, Alejandro L. M. c/Universidad Nacional de Córdoba", L. L.


Córdoba 2000-160 y SIL AR/JUR/615/1999.

[58]

CNCiv., sala G, 12-12-2017, "V., P. V. J. y otro c/I. M. d. O. SA y otros s/Daños y perjuicios, resp. prof. médicos y
aux.", SIL AR/JUR/90602/2017. En el caso se rechazó el daño material invocado, pero se acogió la pretensión de
daño extrapatrimonial.

[59]

17 / 19
ZAVALA DE GONZÁLEZ, Resarcimiento de daños... cit., t. 4, p. 183, Nº 24.c; GALDÓS, Daño a la vida de
relación, daño biológico y al proyecto de vida cit., p. 631, que señala: "igualmente entendemos que pueden
configurarse supuestos de pérdidas de chances morales..."

[60]

ZAVALA DE GONZÁLEZ, Resarcimiento de daños... cit., t. 4, p. 183, Nº 24.d.

[61]

KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída, La reparación de la chance de curación y la relación de causalidad


adecuada, en Revista de Derecho de Daños, Nº 2003-2, Relación de causalidad en la responsabilidad civil,
Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, p. 261, ap. V.

[62]

CSJN, 24-10-89, "Amante, Leonor y otros c/Asociación Mutual Transporte Automotor (AMTA) y otro", Fallos:
312:1953; J. A. 1990-II-126 y SIL AR/JUR/ 2356/1989.

[63]

LORENZETTI, Ricardo L., Responsabilidad civil de los médicos, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2016, t. II, ps. 215
y 222, Nº II.6 y III. Repárese que no se trata aquí de superar la ignorancia o la duda de cuál es la causa del daño
-según la prevención de Savatier frente a estas pérdidas de chances-, sino de que establecida la causa se
encuentra como consecuencia la pérdida de oportunidad de sobrevida que obviamente conmueve el espíritu de
la víctima. Conf. NIETO, Resarcimiento... cit., p. 3.

[64]

CASTAÑO DE RESTREPO, María P., El consentimiento informado del paciente en la responsabilidad médica,
Temis, Bogotá, 1997, p. 397, Nº 217.

[65]

KEMELMAJER DE CARLUCCI, La reparación de la chance... cit., ps. 221 y ss., en donde se hace un prolijo
análisis de la cuestión que simplemente se enuncia en el texto.

[66]

SAVATIER, René, Traité de la responsabilité civile en Droit Civil français, 2ª ed., Libr. Général de Droit, Paris,
1939, t. II, ps. 8 y 383, Nº 460 y 779.

[67]

TRIGO REPRESAS, Félix A., Reparación de daños por mala praxis médica, Hammurabi, Buenos Aires, 1995, p.
243, Nº 30.

[68]

CNCiv., sala A, 24-10-2017, "M., G. A. c/Socorro Médico Privado SA y ots.", SIL AR/JUR/78072/2017. Se trataba
de las consecuencias de una tardanza de dos horas en el servicio de ambulancia para atender la emergencia
que hizo perder la 'hora de oro' en el tratamiento de un infarto de miocardio, que el tribunal evaluó en 30% del
daño final resultante, en virtud de las circunstancias del caso. La misma proporción se aplicó al daño moral
reconocido. Pero aunque negáramos la pérdida de la chance en el ámbito de la responsabilidad medical -como lo
hacen PREVOT, Juan M. y CHAIA, Rubén A., Pérdida de la chance de curación, Astrea, Buenos Aires, 2007-, y

18 / 19
optáramos por el camino alternativo que proponen los autores nombrados, el daño extrapatrimonial sería
igualmente indemnizable.

[69]

PIZARRO y VALLESPINOS, Tratado... cit., t. I, p. 47, Nº 10.

[70]

LORENZETTI, Responsabilidad... cit., t. II, ps. 205 y ss., Nº 2 y 3, advierte en orden a establecer en la relación
causal en los casos médicos, al decir: "La noción de causa en la ciencia médica es de determinación compleja".

[71]

GONZÁLEZ ZUND, Ricardo A., Pérdida de chance: frustración de las chances de curación o sobrevida, en
TRIGO REPRESAS, BENAVENTE (dirs.) y FOGNINI (coord.), Reparación de daños a la persona cit., t. I, p. 417,
Cap. V.

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