Claire Delacroix - La Esposa Del Campeón
Claire Delacroix - La Esposa Del Campeón
¿Casarse con el hijo de ese hombre horrible? Ella no puede, especialmente porque está
prometida en casamiento con otro hombre. Pero Tulley no le da ninguna opción. Si no se casa
con Quinn, ella perderá su hogar ancestral.
Capítulo I
Febrero de 1102.
Quinn de Sayerne finalmente llegaba a su hogar.
Suspiró con satisfacción, mientras su mirada vagaba por la silueta ondulante de las altas
montañas. El paisaje permanecía grabado en su espíritu, pero el hecho de poder volver a ver
aquellas montañas delante de si era una dádiva. Hogar. Dulce Hogar.
Quinn esperó veinte años para retornar. Ahora que el momento del regreso por fin se
presentaba, su corazón latía enloquecidamente, con la expectativa de pisar el suelo de Sayerne.
Aquel era un momento de indescriptible alegría. No permitiría que nada en el mundo lo
estropease .
Avanzó abriéndose camino entre sus compañeros, allí, dónde recordaba estaba la entrada.
Tras mucho mirar por fin la divisó. Quinn sólo tenía ojos para su hogar.
_ Allá está! _ gritó a sus compañeros. Cuando ninguno de ellos respondió, Quinn les echó
una ojeada por encima de su hombro para encontrarse con semblantes menos jubilosos que el
suyo. Bayard parecía mas dubitativo que de costumbre, pero ni su aire de incertidumbre
diminuyó el entusiasmo de Quinn.
El estaba en casa. Siempre temió que su padre, de algún modo, acabase negándole su
legado, pero la diosa Fortuna le sonreía a Quinn. Después de todos aquellos años, su bien amada
Sayerne, finalmente le pertenecía.
Incitó a su caballo a avanzar, rehusándose a observar que el río fuera de los muros del
castillo se había congelado. Las tierras circundantes estaban cubierta por una pesada capa de
hielo. Quinn ignoró lo señal de evidente negligencia, diciéndose a si mismo que la tierra debía
estar siendo bien administrada y que todo el trigo ya habría sido convertido en harina.
Era una mentira, y sabía eso. Sin embargo, no podía abandonar los felices recuerdos que
guardaba de aquel lugar. Hasta entonces, Sayerne fue un sueño que le reavivaba el espíritu, un
piedra mágica que tal vez nunca volvería a ver. Y tras mucho alimentar ese sueño ahora podía
posar sus ojos en sus encantos.
Era de esperar que hubiese una atmósfera de displicencia en una tierra sin un amo activo.
Quinn estaba preparado para eso. Aunque el abandono que se le presentaba superaba todas sus
expectativas, y un examen mas minucioso se le tornaba aún mas difícil escapar a la verdad.
Apretando los dientes, siguió avanzando.
Un viento melancólico asolaba a través de la aldea. Ningún rostro surgió en las puertas
ennegrecidas. LA inquietud de Quinn aumentó cuando parte de un tejado se derrumbó sin aviso,
marcando un mal augurio y la desolación del lugar.
Excepto por el soplo de un viento que cortaba el aire , la aldea permanecía quieta y
silenciosa. El frío era muy intenso para que hubiese gente en las calles, Quinn ponderó, bajando
su rostro para evitar que la nieve le fustigase el rostro. Aunque allí era mas evidente la mentira,
pero él tampoco la quería admitir.
Obstinadamente, no se dio vuelta para consultar la expresión de Bayard. Se Forzó a
proseguir, determinado a mantener la euforia de su regreso hasta el instante en que entrase el
castillo. Sólo entonces podría verificar la extensión de los daños.
Su determinación comenzó a vacilar cuando con
torneó la última curva de la entrada. Empujó las riendas de su caballo y sintió, a su lado
que Bayard y otros cuatro escuderos hacían lo mismo.
Los portones de Sayerne se hallaban abiertos. No había centinelas a la vista.
Allí estaba otra evidencia del abandono que Quinn no podía negar. Confuso, empezó a
mirar los portones que oscilaban con el viento, sus pesados goznes chirriaban siniestramente.
Dónde estarían todos? Habrían partido? Pero por qué?
_ Parece que algunos te han precedido, amigo! _ comentó Bayard. Los escuderos rieron, y
sus carcajadas fueron silenciadas cuando percibieron que Quinn no compartía el chiste .
El percibía algo más en aquel escenario desolación. Tenía derecho de posesión sobre
Sayerne, pero su intransigente padre se aseguró que él no encontraría nada allí para justificar su
apartamiento de la vida guerrera.
Una vez mas había sido traicionado. Y había sido un tonto por no haberlo previsto.
Al parecer, Quinn era víctima de la sed de venganza de su padre. Apretó los labios con aire
decidido. Su padre también lo había subestimado. Reclamaría su herencia, sin importarle en que
estado la encontrase.
En el centro del patio estaba el lugar que Quinn tanto amara en su infancia. La muralla
externa del castillo comenzaba allí y, sobre el lomo de un caballo, se podía avistar las tierras mas
allá de los muros. Avanzó hasta el muro y se detuvo con el corazón casi saltándose de su pecho.
Su mirada recorrió las curvas y salientes familiares del paisaje.
Mas allá de los limites de las murallas de Sayerne, el terreno formaba un manto ondulante
hasta los picos de las montañas, que se erguían sobre el invernal cielo azul. El escenario estaba
cubierto de nieve, cuya blancura reflejaba el brillo del sol haciéndole arder los ojos. Las paredes
del castillo lanzaban sombras duras sobre el suelo seco, y el viento silbaba en el espacio
confinado.
Una lágrima brilló en los ojos de Quinn, ante la visión de Sayerne. La negligencia de su
padre jamás podría destruir sus recuerdos de la belleza inherente a aquella tierra. Contrario a
sus expectativas y a pesar de todo, él estaba en casa.
_ Buen día! _ gritó en dirección a los establos con fingida desenvoltura.
Sabía de antemano que nadie le respondería. El eco de su grito le confirmó sus sospechas.
Miró a la torre silenciosa del castillo y finalmente se confrontó con la verdad: los únicos
ocupantes de Sayerne eran la nieve y el viento.
La nieve se acumulaba en densas capas en el patio y recubría el camino hasta los establos.
Ya hacía algún tiempo que nadie pasaba por allí. Todavía eso no le quitaría el coraje a Quinn. Se
acomodó en la silla de montar. Reconstruiría lo que había sido destruido. Reclamaría para sí lo
que le correspondía por derecho. Probaría que no era como su padre.
_ Este lugar está abandonado _ dijo Bayard.
Quinn acordó, recordándose de la presencia de su compañero.
_ Si. Pero no por eso es menos mío _ declaró y su voz reverberó en el patio desierto. _ Soy
el Lord de Sayerne haré valer mis derechos ancestrales!
Con esa declaración, desmontó abruptamente. Sus botas se enterraron en la nieve. Bayard
soltó una carcajada.
Quinn sintió los dedos gélidos de la nieve rodearle las piernas, mientras los cuatro
escuderos lo miraban con espanto. Hubiera sido mas fácil para él reírse también, aunque, quería
mantener una fisonomía sería. Frunció ceño a sus compañeros.
_ Ríanse mientras puedan, mis amigos pues esta nieve les congelará los pies.
_ Eso, lo puedo percibir sin necesidad de apearme.
_ No obstante, tal vez deberías verificar por vos mismo el frío que la nieve provoca en la
túnica de un guerrero...
Para rematar sus palabras, Quinn tomó un puñado de nieve en sus manos, antes de que
Bayard pudiese adivinar sus intenciones.
Con el peso de su cuerpo, Quinn hizo que el otro caballero se desequilibrase, y ambos
rodaron hacia un lado. Los escuderos se reían ya habituados a los chistes de los dos.
_ La nieve congela a túnica de cualquier mortal! _ ex
clamó Bayard. _ Imagina lo que le puede hacer a los pantalones de un guerrero!
Quinn gritó cuando o amigo puso un puñado de nieve dentro de sus pantalones. En
represalia, le acertó una bola helada en el pecho. Riéndose los dos se persiguieron uno al otro
con bolas de nieve . Por fin Quinn logró inmovilizar a su amigo, éste yaciendo de espaldas al
suelo lado .
Los cabellos de Bayard estaban desparramados en la nieve, pero Quinn quería hundir su
cabeza en el tapete blanco. Bayard se debatió con todas sus fuerzas, cuando finalmente rugió tan
alto que los caballos recularon asustados. Los escuderos observaban alarma
dos con mirada fulminante .
Al notar el estado de su amigo, Quinn comenzó a reírse de nuevo.
_ Tu cabello, Bayard... Oh mira tu cabello! Pareces el fantasma i que ahuyentó a toda la
gente de aquí!
Bayard sonrió e hizo un gesto en dirección a los escuderos.
_ Quinn nos aseguró que encontraríamos un lugar calmo. Pero yo al menos esperaba
encontrar alguna señal de vida aquí! _ Se volvió hacia Quinn. _ Está realmente seguro de que
nadie envió una de tus olorosas botas para alertar a las pobres almas que habitaban la aldea?
_ No, que yo sepa. A menos que vos hayas sido el autor de tal hazaña.
_ Yo? _ Bayard meneó al cabeza pretendiendo ser inocente. _ Desafortunadamente, esa idea
no se me ocurrió. Quisiera haber mandado una alerta por intermedio de aquel mensajero de tu
amo. Si mi animo no me hubiese desertado...
_ Pues bien. Mientras tu animo te desertaba, mis siervos desertaban de aquí. _ Quinn
levantó los hombros y sonrió irónicamente. _ Tal vez ambos deberíamos quemar nuestras botas.
Los dos soltaron una carcajada, palmeándose con complicidad. Mientras Bayar se sacudió la
nieve de su ropa, Quinn miró a su alrededor para ver si en verdad nadie surgiría para
saludarlos.
_ Si los aldeanos estaban tan desalentados con la llegada de su nuevo Lord es mejor que se
hayan ido _ dijo. Gesticuló a los escuderos y les indicó una serie de construcciones que se
alineaban mas adelante. _ Ábranse camino hasta los establos y guarden las monturas. Los
caballos precisan descanso Después de un día entero de cabalgata.
_ Si, amo! _ se apresuró a responder Michel, un muchacho de apenas ocho años. Contento
de poder servirlo mi Lord y avanzó con el caballo que montaba. Y desapareció en la densa la
nieve.
_ No! _ gritó Quinn, y Bayard se echó a reír. Quinn avanzó penosamente a través de la
nieve, que le llegaba casi hasta la altura del pecho, y trató de rescatar al muchacho. Momentos
después, lo sacó.
Michel se ahogaba.
Sin mirar a su amigo, Quinn supo que éste sofocaba una carcajada. El mismo apenas podía
reprimir una sonrisa. El muchacho había tenido una desagradable sorpresa que jamás olvidaría.
Quinn lo levantó en sus brazos e hizo un gesto de entregárselo a sus compañeros.
_ Abran camino con los caballos antes de apearse _ instruyó, haciendo fuerza para
conservar un semblante impasible. _ Usen mi montura y la de Bayard primero, pues así
conseguirán abrir una huella mas ancha.
Los otros tres escuderos acordaron sin pestañear.
_ Tal vez Michel pueda ayudarnos en el castillo _ sugirió Bayard.
Quinn aceptó y colocó al niño sobre sus hombros, mientras volvían sobre sus pasos y se
paraban en una elevación en el centro del patio, dónde la capa de nieve era menos espesa. Allí,
colocó al muchacho en el suelo.
_ Fue precisamente lo que me ocurrió _ dijo. Bayard sacudiéndose la nieve de los cabellos y
se estremeció. Miró al castillo con aire vacilante. _ Tal vez allá adentro no encontremos mas calor
que lo que hay aquí afuera.
_ No te aflijas, mi amigo. Los aldeanos no se tomarían el trabajo de llevarse consigo la leña
_ replicó Quinn, con una seguridad que estaba lejos de sentir.
“Sería posible que su padre no le hubiese dejado ni un poco de leña para hacer fuego?”,
pensó dominado por un súbito mal presentimiento.
Mientras tanto , sin hacer caso de su caída en la nieve, Michel corrió delante de los dos
compañeros, dirigiendose al castillo con claro entusiasmo.
El vestíbulo del castillo estaba húmedo y oscuro. Solamente un rayo de luz clareaba el
lugar. Aún así, fue suficiente para mostrarle a Quinn mas de lo que le hubiera gustado ver. Su
optimismo recibió el duro golpe de la verdad. Y en verdad que se precisaría mucho trabajo para
devolver a Sayerne a su antigua gloria.
Decidido a no dejarse abatir, cruzó el vestíbulo con pasos firmes.
No se veía ningún mueble. Nubes de polvo se levantaban con su paso. A chimenea estaba
despojada de una de sus paredes No había ninguna señal de los ricos tapices de la madre de
Quinn. Hasta las mesas y los bancos habían sido removidos. Telarañas y malas hierbas crecían
entre las piedras de la pared y el piso.
_ Una traición mas _ murmuró Bayard. Quinn no levantó su rostro cuando replicó:
_ No, mi amigo. No se puede ser traicionado por una persona en quien no se confía.
Aquel escenario no sugería una mera partida. Alguien, e Quinn sabía perfectamente quien,
se aseguró que él no encontrase nada allí. Desde su lecho de muerte, su padre seguramente
ordenó a sus siervos que retirasen hasta el último candelabro del castillo.
El salón estaba helado como una tumba. Y no había nada de leña a la vista.
“ Maldito padre!”, insultó Quinn. Para canalizar su frustración, dio un puntapié al piso . Se
oyó un ruido repentino, y un ratón se echó a correr por el vestíbulo.
_ Atento Michel! _ ordenó Bayard.
El niño obedeció prontamente, pero cuando ya había algunos pasos, se detuvo vacilante al
oír al caballero agregar:
_ Tal vez podamos cocinarla para la cena! Michel giró sobre si mismo con expresión horro
rizada. Bayard se forzó a permanecer serio y Quinn comenzó a reír.
_ Amo? _ dijo o muchacho buscó las palabras de Quinn.
_ No te preocupes, mi pequeño. Aún no hemos visto la cocina _ Quinn lo tranquilizó.
_ Y qué esperas encontrar allá? Pilas de provisiones ? _ intervino Bayard mal disimulada
impaciencia. _ Miraremos los hechos. No podremos quedarnos aquí. Fue una buena cosa que
hayas heredado estas tierras, pero reconoce que. un hombre no puede sobrevivir en medio de la
nieve, alimentándose apenas de ratones!
Quinn se sintió insultado por el escepticismo de su amigo.
_ Me costó tener este legado y no lo abandonaré. El castillo es sólido y puede alojar muchos
hombres. Es cierto que tendremos que trabajar duro, pero el futuro de este lugar está en nuestras
manos.
_ Quinn, lejos de mi está proponer que abandonemos Sayerne. Partamos ahora y
volveremos en la primavera, cuando será posible hacer algo por este lugar. El dinero no
alcanzará para reparar el castillo,
, Quinn fue forzado a reconocer la sensatez de las palabras de su amigo.
_ Yo me quedaré a su lado, amo, aunque los otros decidan partir _ declaró Michel,
poniéndose a su lado .
Quinn sonrió y acarició los cabellos rubios del niño. Tendría razón Bayard? Pero, aun si se
fueran, qué acontecería con la tierra abandonada?
Antes de que él pudiese concluir sus pensamientos, un bulto apareció en el umbral del
portal entreabierto. Bayard espió por encima de su hombro y se movió abruptamente a un lado,
dando paso al recién llegado. Se Trataba de un hombre delgado y bajo., Quinn, quien reconoció
el uniforme, se llenó de esperanza.
Era un mensajero de un vecino y las noticias que traía sólo podían ser venturosas. Tal vez
el Lord de Tulley planeara ayudar a Quinn.
_ Quinn de Sayerne? _ indagó o otro.
_ Si, ese es mi nombre _ respondió él sonriendo. EL hombrecito miró hacia arriba y luego
hacia abajo y frunció el ceño. Sólo entonces Quinn percibió que su apariencia deplorable y se
pasó los dedos por los cabellos cubiertos de nieve. El emisario fingió no notar ese gesto y
continuó.
_ Traigo una mensaje de Lord de Tulley _ informó, extendiéndole un rollo de pergamino.
Quinn lo tomó con manos trémulas, conteniendo escasamente su agitación. Vio su nombre
escrito con letras floridas a un lado del pergamino. Si, aquella bella misiva estaba dirigida a él.
Quinn de Sayerne ahora era un hombre con posesiones!
Por una cuestión de orgullo, aparentó una cierta in
diferencia. No había motivo para demostrar toda su alegría delante de un mensajero.
_ Cómo supo que yo había llegado? _ preguntó al emisario, pasando sus dedos sobre el
lacre de cera roja, demorando el momento de desenrollar el pergamino.
_ Teníamos vigías encargados de avisar cuando llegase. Nuestro amo sabía que el Lord re
tornaría luego que recibiese la noticia del fallecimiento de su padre.
_ Me conmueve mucho la consideración de Lord de Tulley por haberme avisado de la
muerte de mi padre. Imagino que no habrá sido fácil encontrarme en Tierra Santa.
_ Lord de Tulley considera muy importante garantizar que la línea de sucesión sea
mantenida de la manera apropiada.
_ Sea como fuere, estoy inmensamente agradecido por su consideración.
El hombrecito hizo una reverencia casi brusca.
_ Transmitiré sus agradecimientos a mi amo.
Habiendo dilatado la lectura de la carta por tiempo suficiente, Quinn rompió el sello y abrió
el pergamino. Una sonrisa se curvó en sus labios mientras sus ojos recorrían las líneas allí
escritas.
Después, levantó su rostro y se encontró con una expresión inquisitiva de Bayard. No
podía suprimir el orgullo que le henchía el pecho.
_ Fui convocado a la casa del Lord _ explicó.
_ Y es una gran honra de hecho _ exaltó Bayard, dándole una palmadita en el hombro a
Michel. Tenía un aire tan solemne que si Quinn no lo conociese de larga data, habría creído que
hablaba en serio cuando se dirigió al muchacho: _ Dejemos el ratón de lado por esta noche. Lo
reservaremos para cuando volvamos . Lord de Tulley probablemente nos ofrecerá una cena muy
apetitosa.
_ Ratón? _ repitió el mensajero, con visible repulsión. Escrutó las sombras y empalideció. _
Hay ratones en este lugar? _ Tragó en seco, mirando alternativamente a los dos caballeros. _ Y
pretenden comerlos? Bayard continuó con la broma, siempre con aire de extrema seriedad.
_ En verdad, nuestra situación es un poco precaria, pues no tenemos leña para encender el
fuego. No es agradable comer ratones crudos. Caen mal al estomago _ le confió.
El hombrecito se apartó de él de prisa.
_ Quiere probar uno? _ convidó Bayard amablemente. Chasqueó los dedos para llamar a
Michel, que vino a parase frente a él. _ Le Pediré al muchacho que le separe un ratón bien
gordo...
Sin esperar que él terminase de hablar, el emisario se dio vuelta . Terminó de transmitir su
mensaje mientras se distanciaba con pasos rápidos:
_ El amo espera ver a Quinn de Sayerne cuanto antes. Será una larga jornada, y el le
recomienda que pernocte en la casa de uno de sus siervos, el molinero . Que siga por la entrada
de la frontera oeste hasta la bifurcación del río. El lo acogerá esta noche.
_ Se lo agradezco, buen hombre! _ le gritó Quinn, animado con la invitación del Lord y con
la idea de tener una gran comida .
El mensajero no respondió. Ya estaba sobre su montura, galopando a toda prisa, como si
todos los demonios del infierno fuesen tras el .
_ Crees que ese sujeto podría ser mas veloz? Y todo a causa de un chiste sobre ratones!
Nosotros le podríamos contar historias que lo privarían del sueño por muchas noches _ observó
Bayard con desdén.
_ Es mejor que esas historias no sean contadas jamás _ retrucó Quinn.
Los dos se quedaron en silencio por algunos instantes recordando los horrores que habían
soportado en Oriente.
_ Lord, no conseguí atrapar ningún ratón _ dijo Michel, aproximándose a ellos con aire
compungido.
Bayard sacudió la cabeza. Quinn siguió su mirada hasta el portal, pero el mensajero, a esa
altura ya estaba lejos.
_ Parece que nuestro amigo perdió el apetito _ comentó Bayard.
_ O, tal vez, el está reservando su apetito para las delicias del castillo de Lord Tulley _ dijo
Quinn.
_ Ah, eso es estimulante! Vamos a apresurarnos ! Con suerte, llegaremos a la casa del
molinero a tiempo de participar del almuerzo. Y, mañana... nos sentaremos a la mesa de Lord
Tulley en persona!
_ Si no te conociese juraría que me acompañaras solamente para satisfacer tu estomago!
Los dos se rieron,.
_ Ya anticipo las delicias culinarias que nos esperan y no serán los únicos placeres que
nos aguardan. Crees que el molinero tendrá una hija bonita? _ preguntó Bayard con una sonrisa
tonta.
_ No sería mala idea que te casaras con una molinera. Te Está poniendo demasiado viejo
para manejar la espada.
_ Alto ! Que estás diciendo? Soy demasiado viejo para luchar, pero no para trabajar como
un campesino?
_ Todavía no sabemos si vas a poder hacer las tareas _ replicó Quinn,.
_ Ah, si? Primero, soy demasiado viejo para luchar. Ahora, no puedo ni manejar un molino!
Mi pobre orgullo está herido! El se inclinó a un lado y empujó a Quinn con su propio hombro. _
Ni sueñes con excluirme de esta aventura. Te debo mucho y espero retribuirte tus favores.
Quiero ayudarte a reconstruir Sayerne. Tengo fe en tu voluntad. Nunca conocí un hombre mas
determinado que vos, camarada.
Quinn sonrió, reconociendo la sinceridad de aquellas palabras.
_ Siéntete como si esta fuese tu casa, mi amigo. Luchamos juntos durante muchos años y
no será ahora que nos separaremos.
Parados en medio del patio, con Michel de testigo , se dieron un afectuoso apretón de
manos para sellar su amistad. Acto continuo, gritaron hurras y se precipitaron a los establos.
Capítulo II
Era una lástima que una mujer tan hermosa insistiese en esa expresión tan tensa . Quinn
luego notó que a aristócrata en el escritorio de Tulley poseía una belleza clásica. Su cabellera
rubia parecía compuesta de largos hilos de oro. Estaba prendida graciosamente en una trenza
que le llegaba hasta cintura. Su rostro de formato oval exhibía una tez suave y pálida, haciendo
resaltar los labios llenos y muy rojizos. Los ojos verdes como los de un gato, levemente oblicuos
y adornados con pestañas espesas de color trigo. Desprendían chispas doradas que se dirigían a
Quinn, como si el fuese culpable de algún crimen.
La desaprobación que transmitía su mirada de la desconocida lo afectó de sobremanera. Se
sintió avergonzado por no haber podido bañarse o vestir ropas más presentables. Pero, si había
venido directamente a la presencia de Lord de Tulley, fue solamente por insistencia del castellán.
En realidad, poco se recordaba de las formalidades de la corte y se fiaba en el sentido
común del castellán para tales asuntos. Ahora, creía haber cometido un error imperdonable. La
presencia de una dama de la nobleza también le era una recuerdo distante, y el menosprecio de
aquella mujer no le daba ninguna seguridad.
Se tenía suerte, conseguiría pulir sus modales y su apariencia antes de encontrar una esposa
para sí.
_ Lord de Tulley? _ preguntó, hablando pausadamente, en una tentativa de mantener una
pose de dignidad.
La sonrisa con que o Lord de Tulley lo acogió le proporcionó algún alivio. Tal vez no todo
estaba perdido.
_ Si, Quinn. Supongo que poco recuerdas nuestro último encuentro. En aquella época, no
pasabas de ser un niño. Si no me equivoco, aún no tenías doce años _ dijo Tulley.
Se levantó y rodeó la mesa para apretarle la mano con un gesto amistoso y enérgico.
Quinn lo saludó sorprendido con la demostración de familiaridad. Estudió las facciones,
los ojos de un azul metálico, la nariz aquilina y los labios finos, buscando en aquel rostro que
veía ahora el semblante que había visto hace tanto tiempo. Los cabellos grisáceos suavizaban los
rasgos de Tulley, pero, en contrapartida, avivaban la coloración intensa de sus ojos.
_ No se Engañe, mi Lord. Cada pormenor de aquel fortuito encuentro permaneció en mi
memoria. En aquella ocasión, le recomendó que dejase Sayerne y saliese al mundo a probar
suerte.
_ En efecto. siempre supe que te volverías un hombre de valor, no obstante los reveses que
el destino nos impone. _ Tulley dijo . _ Como van las cosas en Sayerne?
Antes de hablar, Quinn tuvo recelos de la dama presente, que continuaba enviándole
miradas hostiles. No le agradaba hablar de cuestiones personales delante de ella. Por otro lado,
parecía improbable que aquella mujer pudiese despreciarlo más de lo que ya lo despreciaba.
_ Negligencia _ admitió el, sin encontrar una palabra mejor para definir el estado de su
legado.
La mujer giró su rostro con arrogancia, como si no esperase otra respuesta da parte de él.
Creía obviamente que era un débil, y Quinn tuvo ganas de de defenderse de sus tácitas
recriminaciones. Después de todo , si Sayerne estaba abandonada y descuidada, no era por su
culpa . Como aquella mujer podía juzgarlo sin al menos conocerlo? Precisó invocar una
serenidad que no sentía para no confrontar abiertamente con ella. Sayerne, por más dilapidada
que estuviese, aún era para Quinn el bien más preciado de todos. Aborrecía que una noble llena
de si despreciase algo que le era tan querido. Por otro lado, no se haría problema por ser
subestimado por alguien que poco le importaba. Bayard ya lo había alertado sobre la futilidad
de las damas de la corte. Y aquella dama de hielo podía pensar lo que quisiese de él.
Además, el ponderó que no sería de buena educación discutir con la mujer allí, delante de
Lord de Tulley. Cuando éste giró para sentarse, Quinn le lanzó una mirada dura a la des
conocida. Por un momento, deseó que ella le son
riese y pusiese término a su malestar. Pero, la mujer se mantuvo en su pedestal de desdén.
Respirando profundamente, Quinn esperó que Tulley se acomodase en la silla.
Lord de Tulley cruzó las manos cuidadosamente delante suyo y lo observó de modo
penetrante.
_ No me parece descorazonado con las actuales condiciones de Sayerne _ observó con aire
meditativo, mientras una media sonrisa se esbozaba en sus labios. El daba la impresión de ser
un gato que se complacía en saltar sobre una rata . Quinn lo miró largamente antes de replicar.
Temía que Tulley planease entregar Sayerne a otro. Se dio cuenta entonces de que la misiva de
Lord de Tulley consistía solamente de una convocatoria para que fuese a la s casa. No hacía
ninguna alusión al destino de su propiedad.
Quinn tragó en seco.
_ Sayerne es mi herencia _ dijo cautelosamente. _ Y no hay nada allí que no pueda ser
corregido con trabajo diligente.
Notó que la mujer o miraba con escarnio. Cuando ella cruzó los brazos, reveló los contornos
dos senos redondeados. Quinn volvió a escrutar su semblante, vislumbrando allí su habitual
desprecio.
_ Y quién ejecutará tal trabajo, ahora que sus siervos partieron? _ inquirió ella en tono ácido.
_ Nada más natural que los siervos abandonasen una tierra sin gobernante _ replicó Quinn.
Aunque su confianza comenzaba a flaquear en aquella extraña entrevista, insistió aún: _ Estoy
convencido de que volverán cuando sepan de mi regreso y de mi intención de reconstruir
Sayerne.
_ Cree eso? Pues dudo que el retorno del hijo de Jerome de Sayerne atraiga a esos aldeanos
mal
tratados! Cualquier tonto puede percibir que de tal padre, tal hijo!
Quinn no soportaba ser comparado a su padre, y la acusación de la desconocida hizo su
sangre hervir en las venas. Jamás maltrataría a los más humildes. No era dado a la cruel
dad y nunca tomaba nada por la fuerza.
_ Si los siervos que habitaban mis tierras no son capaces de ver las diferencias entre mi
padre y yo, entonces prefiero manejar Sayerne sin la ayuda de gente tan ignorante y cobarde! _
El hizo una pausa, en un gesto de indignación. _ Y si me viese obligado a eso, mi querido Lord,
puede estar seguro de que reconstruiré Sayerne piedra por piedra, con mis propias manos!
Aún ante su mirada vehemente, la mujer no dio muestras de cambiar de opinión.
_ Es realmente conmovedor que el nuevo Lord de Sayerne demuestre tal habilidad con las
palabras _ comentó sarcásticamente.
Tulley tosió para recordarles de que no estaban a solos.
Quinn giró hacia él bruscamente, con la querida ardiendo . Estaba tan exaltado, que se
olvidó completamente de la presencia de Lord de Tulley. De soslayo, percibió que la dama
también estaba ruborizada . Tal vez, finalmente, no estuviese hecha de hielo, como parecía a la
primera vista.
Intrigado, empezó a conjeturar quien sería ella. Al mismo tiempo, se censuró por, en un
arrebato, haber puesto de lado los buenos modales. No era ningún consuelo el hecho de que la
desconocida vacilara en apuntar su desliz se tuviese la oportunidad.
_ Mis queridos amigos, están basándose en una suposición _ dijo Tulley, mirándolos a
ambos.
Al oír aquellas palabras, Quinn sintió una oleada de pánico. A qué suposición se refería el?
Acaso ponía en duda su derecho sobre Sayerne?
_ Sayerne aún no fue entregado oficialmente a su heredero _ continuó Tulley, como se le
adivinase os pensamientos.
_ Lord? _ dijo Quinn, rígido, con voz débil. En su cabeza daban vueltas c mil hipótesis. Se
Preguntaba si Tulley pretendía entregar Sayerne a aquella desconocida. A cada instante, crecía su
certeza de que la intención do Lord de Tulley no podía ser otra sino esa. Que explicación habría
para haberlo admitido en su escritorio en la presencia de esa mujer? Quinn la miró de soslayo.
Parecía tan sorprendida como él. Eso, mientras tanto, no fue suficiente para tranquilizarlo. Lord
de Tulley sonrió.
_ No te inquietes, Quinn. Recibirás la posesión de la tierra que perteneció a tu padre.
Todavía, la situación actual exige que yo te imponga una condición para que seas el Lord de
Sayerne. _El se calló por un instante, estudiando a reacción de Quinn. _ la condición es que vos te
cases _ finalizó.
_ Casarme?
_ Exactamente. El linaje debe ser asegurado. No puedo permitir que Sayerne pase a tus
manos sin que tengas un sucesor.
Quinn lo miraba desconcertado . Aquella propuesta inesperada lo tomaba desprevenido.
Lord de Tulley lo escrutó, intentando interpretar su súbito silencio.
_ Por cierto, mi amigo, las mujeres no te desagradan, no es cierto?
Eso, dijo Tulley sin rodeos. La implicación de aquella pregunta saltaba a la vista, y Quinn se
vio en la necesidad de disipar cualquier duda que pudiese haber sobre sus preferencias
sexuales:
_ No, no, mi Lord. He de casarme algún día, es claro. Aunque, no creo que este momento
sea propicio. Sayerne precisa de toda mi dedicación e yo no condenaría a una dama a compartir
semejante dificultades. _ El respiró profundo, imbuyéndose de
terminación. _ Dame un año y reconstruiré mi hogar para recibir dignamente una esposa.
Discutiremos entonces este asunto con más tranquilidad.
Para su decepción, Tulley frunció el ceño.
_ Me pesa tener que rechazar tu propuesta, Quinn. No puedo esperar un año. El problema
tiene que ser solucionado inmediatamente, y las circunstancias me fuerzan a darle la posesión de
Sayerne a otro.
Al oír sus peores temores expresados en las palabras de Lord de Tulley, Quinn se
estremeció involuntariamente. Tulley, por a su vez, permanecía sentado detrás de la mesa. Su
fisionomía denotaba gran preocupación.
_ Estoy enfrentando graves problemas, y tu casamiento sería providencial en un momento
como este. _ El miró a Melisande y se inclinó ligeramente a cabeza para o lado. _ No es verdad,
mi querida?
Quinn vio que la mujer se exaltaba. Parecía aún más ultrajada que él con la propuesta de
Lord de Tulley.
_ Por favor, mi Lord, deje de regalarle elogios a este vagabundo _ dijo ella. _ Ya es terrible
que Jerome de Sayerne haya dejado un heredero para reclamar sus tierras. Pero pintar ese
mercenario como un santo es inaceptable!
Confrontado con tamaña injuria, Quinn se tuvo que defender:
_ Yo ciertamente no soy un santo, aunque, eso no le da derecho a difamar a mi familia!
La mujer giró hacia él con ojos furioso.
_ Ah, no? _ La voz de ella se elevó con una nota de desafío. _ Esclarezca entonces por qué
los siervos de Jerome siempre huían de su yugo en primer lugar. Dígame, por qué? Por qué los
hijos bastardos de él, generados con siervas inocentes, nunca fueron reconocidos? Las propias
madres fueron expulsas de la tierra cuando su condición se volvió evidente. Explíqueme por qué,
año tras año, tenía que discutir con su padre la localización exacta de los límites entre Sayerne e
Annosy. Tal vez pueda también decirme qué destino tenían las sacas de cereal que, durante el
invierno, desaparecían de mis silos!
Ella se calló abruptamente. Su mirada inflamada se volvió nuevamente glacial, reflejando la
opinión poco lisonjera que tenía de Quinn y de su familia.
_ Jerome de Sayerne fue un vecino terrible. No espero que seas muy diferente _ remató
hablando ahora en un tono más comedido.
Levantó la mandíbula y traspasó a Quinn con la intensidad de su ira. EN un impulso, se
levantó acercándose a él. Era alta y delgada. Quinn podía sentir el perfume de su piel y, a su
pesar, percibió que no era totalmente indiferente a aquella mujer.
_ Tal vez, como el mercenario que es, pueda revelarme quién está invadiendo
continuamente mis tierras _ prosiguió Melisande. _ Yo no podría atribuir todos los ataques a
Jerome, pero, sea como fuere, él siempre mostró la ambición de transformar Sayerne y mi
Annosy en un solo dominio. Pero yo te advierto que eso no acontecerá.
Quinn finalmente comprendió quién era aquella dama. Lady de Annosy. Su vecina. Se
hacía necesario esclarecer la situación cuanto antes.
Cuando ella enfatizó su último punto con un dedo en alto, Quinn le tomó la mano en un
movimiento rápido. Bajo su palma callosa, la piel de ella le pareció sorprendentemente suave.
Melisande empezó tan estupefacta con la osadía de él, que den principio fue incapaz de
hacer cualquier gesto. después, quiso zafarse . Quinn no le soltó la mano.
_ Debo informarle, querida dama, que mi padre y yo llevamos vidas separadas justamente
debido a nuestras diferencias. No a cometa el error de juzgarnos como iguales.
_ Sayerne necesita de un gobernante de mano fuerte, no de un mero guerrero. Qué
habilidad puede tener un hombre con fuerza bruta? _ retrucó ella.
Quinn se inclina, bajando la voz.
_ Que me dices de una dama tan experta como una Lady, que aún no aprendió a emitir un
juicio sin dejarse llevar por las apariencias?
_Los Mercenarios atacan mis fronteras _ dijo ella, con una mirada llena de desconfianza. _
Y vos sos un mercenario. Que más podría pensar? Dime, de una vez por todas, qué sabes de los
ataques infligidos a Annosy!
_ Nada sé _ respondió Quinn, percibiendo que su vecina no se convencía de que era
inocente. _ Acabo de retornar de la Tierra Santa. Tienes delante de ti no a un mercenario, sino a
un caballero fatigado que precisa bañarse y cambiarse de ropa.
_ El dice la verdad, Melisande _ intervino Tulley. _ Mis centinelas me notificaron de su
llegada hace siete días y yo lo mandé a llamar. Quinn es y siempre fue un hombre íntegro y
sincero.
Con el apoyo que le prestaba Lord de Tulley, Quinn se relajó un poco. Hasta llegó a
sonreír al percibir el rubor que teñía la cara de Melisande.
Ella miró de modo significativo su propia mano, que Quinn aún la sostenía. Su
incomodidad lo divirtió. Con desenvoltura, él aflojó la presión de sus propios dedos y rozó el
dorso de su mano con sus labios.
Melisande empezó a respirar agitadamente. Por un instante huidizo, dejó de lado su
altanería. Quinn miró intrigado aquella transformación fugaz, que le revelaba una mujer frágil y
suave.
_ Te pido que me disculpes por mi apariencia tan inconveniente, querida dama. Pero
siempre es un placer conocer un vecino.
El retiró su mano de prisa. Disimuladamente, se refregó la mano en el vestido, como se
quisiese apagar el vestigio del contacto con Quinn. Su boca empezó a contraerse, y su expresión
retomó la hostilidad de antes.
Quinn sintió la mirada de Tulley sobre sí y, un poco renuente, observó a Lord de Tulley.
_ Melisande d'Annosy será mucho más que una vecina, Quinn _ dijo él, en un tono
vagamente chistoso. _ Pretendo que la tomes por esposa.
_ Esposa? _ Quinn casi se atragantó.
Demasiado Tarde , juntó las piezas del rompecabezas y percibió el propósito de aquel
encuentro. Se Sintió un tonto por no haber captado la verdad antes. Aunque, Melisande lo
confundiera con sus acusaciones.
_ No! Mi Lord, por favor, no... _ suplicó ella. Quinn giró hacia Melisande sin ocultar su
aborrecimiento.
_ Acaso te rehusas a ser mi esposa?
Los gélidos ojos verdes que lo miraron no dejaban duda en cuanto a la respuesta.
_ Yo me rehusaría a desposar cualquiera que tuviese la mismo sangre de tu padre.
_ Y yo me rehusaría a desposar a cualquier mujer que tenga hielo en vez de sangre en sus
venas!
_ Sus negativas son completamente inútiles _ replicó Tulley. _ Ya tomé mi decisión.
_ No es justo! _ protestó Melisande.
_ Es una insensatez! _ agregó Quinn.
Lord de Tulley arqueó una ceja. Un medio sonrisa se asomó en sus labios.
_ Mientras tanto, así será, mis amigos. No está de
más recordarte, Quinn, que aún no has recibido la cesión las tierras de Sayerne. Si note
mostrases obediente a mi voluntad, perderás todo derecho sobre la herencia que recibiste.
Tulley lo miró largamente, dejando que la amenaza llegase a los oídos de un Quinn
horrorizado. A continuación, se volteó hacia Melisande.
_ En Cuanto a vos, mi niña, eres sólo una mujer, aunque quieras probar lo contrario. No hay
nada que me obligue a designarte para administrar Annosy. En realidad, yo podría entregar esas
tierras a otro Lord, y vos te verías obligada a vivir aquí hasta encontrar un pretendiente
adecuado.
_ Pero Annosy es mi hogar ancestral! _ retrucó ella, temblorosa.
_ Como veo, ninguno de los dos desea perder su legado. Yo les propongo una solución
satisfactoria para ambos. Conservaran sus herencias, siempre y cuando acuerden con mi plan.
Además, el arreglo desanimará los ataques a las fronteras de mis dominios, particularmente en
Annosy. _ Tulley se dirigió entonces a Quinn: _ Creo que esos mercenarios perciben un punto
débil en Annosy, por ser esas tierras gobernadas por una mujer.
Lord de Tulley suspiró. Habiendo dicho todo lo que deseaba entrelazó las manos y
aguardó con calma.
En su interior , Quinn estaba rebelado por verse manipulado de una forma tan vil. Pero no
estaba dispuesto a perder su herencia por nada de este mundo.
_ Sabe que ansío tomar posesión de Sayerne. Si el casamiento es la condición para cumplir
mi deseo, desposaré de buena voluntad a esta mujer.
_ El Lord no nos deja ninguna alternativa _ dijo Melisande con disgusto.
Lord de Tulley miró a uno y al otro, evaluando la situación.
_ Noto una falta de entusiasmo en ambos en lo que se refiere a ese arreglo. Quizás, los dos
ya están conjeturando la posibilidad de obtener una anulación del casamiento.
Ni Quinn ni Melisande negaron la insinuación. Mirándolos con expresión inflexible, Tulley
se inclinó hacia adelante.
_ No habrá anulación. Exigiré a prueba de la consumación de este matrimonio a la a
mañana siguiente su boda.
Ante la deliberada mención de asuntos tan íntimos, Quinn no tuvo coraje de mirar a
Melisande. Dejaría que su espíritu guardase la primer impresión que tuvo al verla: su bello
rostro y su cuerpo esbelto. Temía que la dama no compartía voluptuosidad anticipada que le
provocaron las palabras del Lord acerca de la consumación.
_Tal vez halla acusado de bárbaro al hombre equivocado _ murmuró ella entre dientes,
incapaz de re
frenar su contrariedad.
Quinn se espantó con su audacia y sondeó el semblante de Lord de Tulley, a la espera de
una réplica a esta altura. Tulley, sin embargo, meramente sonrió.
_ Como yo la conozco hace mucho tiempo, haré oídos sordos a esa demostración de
rebeldía. El se levantó, retirando de su solapa una partícula imaginaria de polvo. _ Puedo
considerar nuestro acuerdo sellado? _ preguntó con jovialidad.
Quinn asintió y Melisande, aunque contrariada, lo imitó. La sonrisa de Lord de Tulley se
ensanchó .
_ No creen que un acuerdo como ese merecería ser coronado con un beso?
El rostro de Melisande empezó nuevamente a ruborizarse. Quinn sintió su garganta seca y
Tragó con dificultad. Hacía un largo tiempo que no tocaba una mujer, y los modales de su futura
esposa no eran, decidida
mente, estimulantes. Lord de Tulley los estudiaba con expectativa.
Melisande se conservó inmóvil, y sólo le restó a Quinn tomar la iniciativa. Dio un paso
adelante, poniéndose mas cerca de ella. Volvió a sentir el olor de su piel y una vez más se vio
perturbado con la proximidad de aquella mujer, que se mantenía cabizbaja sin dignarse a
mirarlo.
Quinn maldijo silenciosamente contra ella. La arrogante no movería un dedo para facilitarle
el gesto! Apretando la mandíbula, el maldijo toda aquella situación. Por cierto, ganar una batalla
era menos extenuante que aproximarse a una mujer se parecía a una estatua de piedra! Sólo
esperaba que Melisande demostrase más receptividad en la cama...
Levantó el mentón de ella con la punta de los dedos. Melisande no ofreció resistencia, pero
cerró os ojos. Era evidente que pretendía velar sus pensamientos. Con creciente aborrecimiento,
Quinn buscó ignorar su frialdad y rozó sus labios en los de ella. Notó que aquel contacto la hacía
estremecer, aún cuando su semblante petrificado no revelase ninguna emoción.
Cuando Quinn dejó su mano caer y retrocedió, divisó una lágrima solitaria que rodaba por
la cara de Melisande. Se Sintió un vil . Pero que otra cosa podía hacer? No fue él quien causó la
situación que ahora los enredaba. Mas allá de eso, un beso rápido no podía ofenderla tanto... O
podría?
Tulley tosió discretamente. Quinn volvió a fijar su atención en Melisande. No encontró en
su rostro ningún vestigio de la lágrima derramada. Estaría imaginado cosas?
Ella suspiró e abrió los ojos. No lo miró. Quinn supo que evitaba mirarlo deliberadamente.
Fue dominado por el peso del desaliento. En breve, estaría desposando a una mujer de hielo,
dueña de una lengua tan venenosa como la de una víbora. No era una perspectiva de lo más
alentadora.
_ Realmente, creo que este casamiento es aceptado con mucho menos entusiasmo del que
yo había previsto. Pero les advierto que se trata de una cuestión de suma importancia y no
podrán volverse atrás en su decisión _ dijo Tulley. Salió de atrás de la mesa y les dirigió una
mirada cargada de significado. _ El castellán se ocupará de los preparativos para la ceremonia
que será celebrada esta noche.
_ Esta noche? _ se espantó Quinn.
_ No estarás precipitándote, mi Lord? _ preguntó Melisande con una nota de
desesperación.
Sin hacer caso de ellos, o Lord de Tulley los saludó y desapareció por el corredor,
dejándolos solos con su aversión mutua
Melisande no tenía ninguna intención de intercambiar gentilezas con un mercenario
grosero. Ya era terrible tener que casarse con el hijo de Jerome, para tolerar la humillación de
entregarle a Tulley las sábanas a la mañana siguiente, para mostrar las señales que atestiguarían
la consumación de su matrimonio. Lord de Tulley ni siquiera le daba tiempo para se
acostumbrarse a la idea de ser sometida a semejante acuerdo!
Ultrajada, giró hacia Quinn con una mirada acusador.
_ Vos! Vos, y nadie más que vos, sos el culpable de esta situación ! Por qué no te quedaste
lejos de aquí?
_ Quién, yo? No es un crimen luchar para preservar su propia herencia. Vos tampoco
cediste Annosy.
La voz de él denotaba una displicencia inesperada. Su calma sólo hizo aumentar el
nerviosismo de Melisande. Lo peor era que ella no podía negar la veracidad del as palabras de
Quinn.
_ Bien, sea como fuere, vos llegaste demasiado tarde para salvar Sayerne de la ruina
completa _ replicó maliciosamente. _ El abandono de esas tierras está mas allá de cualquier
salvación. Y es una tontería creer lo contrario.
Melisande cruzó los brazos con una expresión dura y lo observó escépticamente. Con todo,
no podía mantenerse indiferente al carisma de él. Quinn poseía una cualidad indefinible que no
pasaba desapercibida a las mujeres. Era imponente, y en su mirada brillaba el ardor de un
espíritu indómito. Melisande se resistió, decidida a ignorar cualquier atracción que aquel hombre
pudiese ejercer sobre ella. En otras circunstancias, los ojos color de ámbar de Quinn podían hasta
haberle agradado. Inmersa en su furia, miró distraídamente la boca de él. El labio superior era
ligeramente más fino que el inferior, y en conjunto presentaban un contorno bien proporcionado
y sensual.
Ella desvió la mirada antes que sus pensamientos prosiguiesen en semejante dirección.
Quinn de Sayerne aceptó desposarla para preservar una herencia. Desafortunadamente, no
parecía tener la habilidad necesaria para administrar sus tierras. Qué podía entender un
caballero de las cruzadas del arte de administrar un patrimonio? Si el fallase, podría arrastrar
Annosy para a la ruina.
Sin percibirlo, Melisande crispó las manos.
_ Harías mejor en volver a las cruzadas _ dijo con aspereza. _ Como pretendes hacer que
Sayerne sea nueva
mente próspera? Sus tierras han sido descuidadas por años. Ni siquiera tienes un siervo!
Quinn se mostró visiblemente irritado. Ella se preguntó si había pasado los límites con sus
comentarios. Fuese como fuese, había dicho la más pura verdad.
_ Sin duda, mis siervos se fueron a tierras más fértiles _ retrucó Quinn, con una aspereza
que no había demostrado hasta entonces.
Su mirada reveló una fuerza insospechada, y Melisande retrocedió con repentina
intimidación. la voz de él asumió una peligrosa suavidad cuando agregó:
_ Supongo que muchos de mis antiguos siervos no fueron mas allá dos limites de su tan
enaltecida Annosy.
Aquella suposición no estaba muy lejos de la verdad, lo que aumentó la incomodidad de
Melisande.
_ Y qué? Quién puede culpar a un siervo por establecerse en un lugar donde no se muera
de hambre ? Que yo sepa, su padre mantenía a los aldeanos prácticamente en la miseria _
declaró ella.
_ A pesar de eso, no es una ofensa alojar a los siervos de otra propiedad? _ insistió Quinn.
Su mirada atenta desmentía la aparente liviandad de su pregunta . El era perspicaz, y
Melisande lo detestó por su sagacidad.
_ Vos no vacilas en acusar a Sayerne de numerosas irregularidades. Según parece, lo
mismo se aplica a Annosy. Crees que debería alertar Tulley de ese hecho?
Melisande casi se atragantó. En su opinión, a llegada de la gente de Sayerne a Annosy
estaba rodeada de circunstancias atenuantes. Pero tal vez el soberano no consideraría la situación
desde el mismo punto de vista. Ella no había contado con la posibilidad de que aquel caballero
conociera las bases de la ley.
_ Los siervos de Sayerne estaban siendo maltratados. Como podría yo expulsarlos y
enviarlos de vuelta al Lord que los maltrataba? _ argumentó
_ Oh, claro. La palabra de la propia persona que practicó las irregularidades es una prueba
suficiente de su inocencia.. El papel del juez compasivo no parece quedarle bien.
Por un minuto, ella lo observó sin decir nada, dividida entre el temor e el ultraje. Hervía de
indignación con aquel hombre acusándola de robo y mentira.
_ Sabes, me gustaría de conocer tus métodos de administración. Deben ser muy interesantes
_ comentó Quinn con displicencia, dando un paso en su dirección.
Sus métodos? Acaso aquel bárbaro osaba cuestionar sus métodos? La audacia de él era
realmente exasperante. Nunca había administrado un pedazo de tierra, y ni siquiera se tomó el
trabajo de interesarse en los métodos de su propio padre. Quien era él para criticarla?
Quinn dio un paso más. Los ojos color de ámbar brillaron imperceptiblemente. Melisande
quiso abofetearlo por su atrevimiento, mas el fue más rápido y le agarró la pulso, atrayéndola
hacia si. Melisande osciló, en punta de pie, y de repente se sintió un tanto perturbada. Sus
pechos casi rozaban el ancho tórax de Quinn. Con un estremecimiento, empezó ser consciente
del calor que emanaba del cuerpo musculoso.
Mas Melisande preferiría morir ante que admitir que Quinn le provocaba intensas
sensaciones.
_ No pienses, mi querida dama, que podrás me insultarme impunemente _ murmuró el.
Su mirada la envolvía de modo que la desarmaba. Melisande intentó, sin éxito , zafarse,
pero todo lo que podía hacer era mirarlo nuevamente. Se Acordó del beso que el le había robado
y sintió que las piernas le flaqueaban. De repente , le pareció que el aire escaseaba en el lugar .
Quinn no pasaba de ser mercenario, se dijo a si misma, en un intento de recomponerse.
_ Canalla! _ murmuró entre dientes. _ Sólo te importan tus propios intereses. Se ve bien de
quien eres hijo!
Los ojos de él centellaban, como si en lo profundo de las iris color ámbar hubiese brillado
un relámpago. Habló en voz baja:
_ Mi padre y yo nunca tuvimos nada en común, querida dama. En breve podrá comprobar
que no estoy mintiendo.
Los dos se observaron por un largo rato. Melisande supo que allí estaba un oponente que no
capitularía fácilmente. Quinn sonrió con indulgencia. La Apretó contra si y contempló su boca.
Le Susurró :
_ Tal vez debiéramos sellar nuestro acuerdo nuevamente.
Melisande fue tomada por sorpresa y, antes de que tuviese tiempo de reaccionar, Quinn
aplicó sus labios sobre los suyos. Las manos fuertes posaron en la cintura de ella, en una actitud
posesiva. Nunca Melisande había sido abrazada así. Nunca sintió el cuerpo de un hombre
presionarse con el de ella con tanta intimidad. En algún rincón de su espíritu, empezó a ser
tentada a abandonarse a aquel contacto, al mismo tiempo provocador y atemorizante . El
contacto de Quinn parecía hechizarla ,privándola de sus facultades racionales. Su olor y su calor
la embriagaban. Los brazos que la rodeaban la hacían sentirse a la merced de él, lo que era
extraña
mente excitante.
Quinn inclinó su rostro y profundizó el beso. Ella fue invadida por una oleada de calor.
Tuvo súbita consciencia de que cada fibra de su cuerpo ardía en una hoguera de pasión. En un
impulso imprevisto, rodeó el cuello de Quinn con ambas las manoy se colgó de él. Cerró los ojos,
dejándose llevar por el sabor de las sensaciones que la envolvían.
Quinn estaba intentando desarmarla, pensó. Y en ese mismo instante se quebró el encanto.
Melisande quitó las manos de su pecho y lo empujó. Quinn retrocedió. Se quedó completamente
inmóvil. Sus ojos aún encerraban un indicio de ardor.
Con los labios ardiendo, Melisande se apartó bruscamente. Se Ruborizó, desconcertada con
la conmoción que Quinn le causara con un simple beso.
_ Vos... Vos me maltrataras, así como tu padre maltrató a sus mujeres _ lo acusó ella.
Quinn meneó su cabeza y dejó que sus brazos pendieran inertes.
_ Ya te dijo que no soy como él. Jamás levantaría una mano contra vos.
Su elocuencia hizo que Melisande se inclinase a creer en él. Quinn le daba la impresión de
ser muy seguro y controlado. Sin saber por qué, se le ocurrió que aquel hombre era digno de
confianza. Apartó ese pensamiento tan pronto surgió, recordándose a si misma que el hijo de
Jerome sólo podía estar burlándose de ella. Quién le garantizaba que no era el autor de los
ataques a Annosy? Quién le aseguraba que no seguiría el ejemplo de su odioso padre? Seguro
que tenía facciones y modales más agradables que el anterior Lord de Sayerne. Aunque, las
apariencias podían ser traicioneras.
Hasta que probase lo contrario, Melisande estaba dispuesta a creer lo peor. Y, con el fin de
colocar sus ideas en orden, lo más sensato sería mantener distancia con aquel hombre.
_ Y aunque no me levantes la mano, querido Lord. Yo nunca permitiré que me toques ! _
dijo, defendiéndose patéticamente, con uñas y dientes, de un ataque que nunca llegaría a
concretarse.
En verdad, buscaba defenderse de la poderosa atracción que Quinn le suscitaba. El modo
en que mero beso de él la había aturdido era, por lo menos, desconcertante. Estaba asustada de la
intensidad de su propia reacción. No podía sucumbir a aquel hombre, o estaría perdida.
_ Qué estás queriendo decir precisamente? _ inquirió Quinn.
Ella no volvería atrás. Así, que reuniendo coraje, continuó:
_ No me colocaré a tu merced. Estoy siendo obligada a casarme , pero nunca me sujetaré a
vos. No dejaré que te aproximes a mi. Viviremos bajo el mismo techo y nada más.
La voz de Quinn se volvió más baja, y Melisande ya lo conocía lo suficiente para presentir
que su paciencia estaba al límite.
_ Entiende, de una vez por todas, que no voy a perder Sayerne por tus caprichos. Y no
planeo forzarte a nada esta noche. No es propio de mi actuar como un bruto y no serás vos quien
me haga cambiar de comportamiento. Tendrás que entregarte por tu propia voluntad. No te
olvides que la posesión de Annosy también está en juego.
_ Yo ya acordé entregarme en la noche de bodas. Pero no te ilusiones, pues no tendré una
participación activa en esta farsa infame.
_ Y después? Me rechazarás?
_ Si.
Quinn la estudió por un instante. Melisande se enrojeció bajo su escrutinio. Comenzó a
retroceder a medida que el avanzaba. Cuando sintió la pared en su espalda , supo que estaba
acorralada.
_ Yo te aseguro, mi Lady, que el deber marital no es algo que considero irrelevante.
Melisande se apretó mas contra la pared, consciente de la amenaza que llevaban aquellas
palabras. Quinn ahora estaba frente a ella , bloqueándole el paso.
_ Nunca me someteré a vos! _ declaró altiva
mente, aunque su expresaba una nota de miedo. _ Si me fuerzas, probarás que no sos mejor
que tu padre!
El cerró los puños y los apoyó en la pared, rodeando los hombros de ella. Melisande cerró
los ojos para no tener que mirarlo. Silenciosamente, rezó para que Quinn no adivinase su temor.
Silenciosamente, maldijo a Tulley y el hecho de haber nacido mujer. Si fuese un hombre, jamás
estaría en aquella posición. Y jamás quedaría trémula, ansiando secretamente que Quinn la
tocase... El conflicto que se armaba entre su voluntad y aquella extraña emoción la dejaba con los
nervios en extrema tensión . Qué le estaba pasando? Que especie de locura se apoderaba de ella?
_ No, mi querida dama _ le susurró Quinn, y su aliento le calentó la cara. _ Yo no te forzaré
a nada. Pero juro que te haré estremecer y suspirar. Juro que te haré implorar para que te posea.
LA seguridad de él la exasperó. Preferiría morir a deleitarse con sus caricias y admitir que
le pertenecía. Abrió los párpados, sus ojos lanzando chispas de cólera.
_ Nunca! No me entregaré voluntariamente. Ni esta noche ni ninguna otra! _ exclamó con
reiterada determinación.
Para su espanto, Quinn se limitó a sonreír. La atracción que su innegable virilidad ejercía
sobre Melisande hizo poco para calmarla.
_ Tomaré tus palabras como un desafío _ murmuró él e, involuntariamente, Melisande tuvo
un escalofrío.
Quinn se inclinó hacia ella, que, desesperadamente trataba de esquivarlo, flexionó la pierna
y le acertó en su virilidad con la rodilla. Quinn gimió de dolor.
_ Bárbaro! _ dijo Melisande y sin perder tiempo, se precipitó hacia la puerta.
Mientras huía por el corredor, la voz de Quinn la alcanzó:
_ Mi Lady! Su conducta es una prueba de fuego para cualquier santo, y ya le dijo que no soy
ningún santo!
Ella continuó alejándose con pasos acelerados. Cuando subió las escaleras y se creía a salvo
en sus aposentos, se recostó contra la puerta. Demoró algunos minutos en controlar su
respiración errática y el pulso des
compasado de su corazón.
Sólo entonces, restablecida, constató que no había pensado en Arnaud ni una sola vez
mientras estuvo con Quinn. Expulsó todo el aire de sus pulmones en un largo suspiro y se sentó
en el suelo. Escondiendo su rostro entre sus manos, condenó furiosamente su propia debilidad.
No entendía la influencia imperiosa que aquel bárbaro parecía tener sobre ella. Por qué el
destino tenía que ser tan cruel? LA muerte no podía ser peor que aquella unión forzada con el
hijo de Jerome de Sayerne.
Capítulo III
Quinn entró en la sala de baño como un tornado , cerrando la puerta con violencia detrás de
si. Tres criados de la residencia, así como el propio Michel, lo miraron con espanto.
El estaba fuera de si. Mientras hervía de cólera, pensó que jamás se había puesto en
semejante estado. Difícilmente perdía la paciencia, y mucho menos a costa de las palabras
venenosas de una mujer. Y con lo poco que conocía a Melisande d'Annosy ya notaba que ella era
un hueso duro de roer hasta para el mismo diablo !
Bayard fue el último en lavarse y, como era habitual en él, disfrutaba del agua caliente . El
recinto estaba envuelto en una nube de vapor y humedad. El fuego que crepitaba en la chimenea
era la única fuente de claridad allí, con sus llamas anaranjadas cuyos reflejos temblaban en las
paredes de piedra.
El ambiente tranquilo, aunque, de nada sirvió para calmar los ánimos de Quinn. Michel se
aproximó a él con cautela. Su exagerada deferencia indicaba que la irritación del amo no pasaba
desapercibida.
_ Deseas bañarte?
_ Si _ respondió Quinn lacónicamente.
_ Tendremos que calentar más agua.
Michel giró hacia uno de los criados de Tulley, y éste titubeó. Cuando Quinn clavó su
mirada inflamada en el hombre en cuestión, el, muy deprisa, le hizo una reverencia y salió
inmediatamente con una tina entre sus brazos.
Quinn descartó el manto y tiró o cinto. Disgustado como estaba, no veía la hora de bañarse.
La mujer lo llamó "bárbaro". El insulto aún le hacía hervir la sangre ...
En silencio, Michel juntó el manto y el cinto tirados en el suelo. Bayard escrutó a Quinn de
manera especulativa.
_ Qué aconteció ? No creo haberte visto jamás de tan mal humor. Tulley te dio malas
noticias?
Quinn le lanzó una mirada sombría.
_ Si quieres saber hasta dónde puede llegar mi mal humor, ven a la celebración de mis boda
esta noche. Bastará que veas a la novia para comprender a lo que me refiero.
Al oírlo, Michel paró de doblar el manto y pestañeó un par de veces.
_ Celebración de sus bodas? _ Bayard rió, incrédulo. _ Entonces te vas a casar? Esta noche
misma? Quién diría ! El impávido Quinn de Sayerne acaba de ser atrapado para siempre!
_ Si. Si no me caso, perderé mi herencia. Haceme el favor de parar de reír. No me hace
ninguna gracia _ dijo Quinn en un tono acalorado, que a continuación se volvió irónico: _ Lord
de Tulley fue tan solícito, que ya me buscó una esposa para mi. No crees que fue mucha gentileza
de parte de él?
_ Entonces, realmente te vas a casar! Y tan rápido ! Me Cuesta creer eso. Es un milagro que
no esperaba.
_ Se no me ahorras tus comentarios, será también un milagro que no tendrás oportunidad
de presenciar _ advirtió Quinn con acidez.
Cuando fue a última vez en que se sintió tan airado? No lo recordaba Lady Melisande
tenía el don de hacer que un hombre perdiera los estribos. Para peor, ahora Bayard se divertía a
costa de su situación y no revelaba la menor intención de salir de la bañera. Quinn se estremeció
con un escalofrío, a pesar del aire cálido del recinto.
El amigo sonrió y se sumergió en ea agua .
_ No te cansas de estar en esa bañera, hombre de Dios? Qué tal si sales y me dejas el lugar?
No quiero apestar en el día de mi casamiento_ urgió Quinn, cada vez más impaciente.
_ Hmm... EN ese caso, la novia no debe ser del todo desagradable _ provocó el otro, sin
moverse. _ A pesar de su apariencia me da que pensar el hecho que Lord de Tulley esté tan
ansioso de conseguirle un marido. _ El se miró las uñas despreocupadamente. _ Parece que Lord
de Tulley no quiere darle la chance de que vuelva atrás con el acuerdo.
Aquella observación era demasiado acertada para el gusto de Quinn, aunque no podía
negar que su "novia" era, de hecho, un bello ejemplar del sexo opuesto. El grande defecto de ella
no residía, obviamente, en su apariencia, sino mas bien en su lengua viperina.
Los criados de Tulley arrastraron una segunda bañera de madera. La Dejaron en el centro
de la sala de baño, al mismo tiempo en que dos siervos traían una nueva provisión de agua.
Quinn parpadeó . Dos bañeras? Pocas veces había visitado una residencia dotada de aquel lujo.
Más frecuentemente, Bayard y él compartían la única bañera durante sus viajes.
EN esas ocasiones, dejaban a la suerte decidir cual de los dos tendría el privilegio de
bañarse primero.
Bayard volvió a sonreír y le hizo señas a los criados para que le colocasen más agua caliente
en su bañera.
_ Este castillo ofrece muchas comodidades _ dijo, percibiendo el deslumbramiento de
Quinn. _ Y tu re
compensa por habernos traído aquí no será pequeña, pues no deberás bañarte en las aguas
dónde me lavé yo . Por todos los santos, me llevará una semana para sacarme esta mugre de mi
cuerpo!
_ Si estás tan sucio como afirmas, mi recompensa llega en buena hora _ retrucó Quinn, un
poco más relajado.
El otro, cubierto por agua hasta el cuello, continuaba a estudiándolo. Cohibido por la
presencia indiscreta de los criados, Quinn luchó para no dejar que su agitación se notase.
_ Tal vez no sea una mala señal el hecho de que la dama te halla afectado tanto después de
una corta entrevista. Vas a ver como sacarás algo bueno de ese casamiento _ lo animó Bayard.
Quinn encogió los hombros. Si, estaba agitado, y cómo! Pero sería una locura interpretar eso
como un indicio prometedor! No quería ni imaginar lo que aún estaba por vivir. La agresión de
la mujer fue dolorosa y no olvidaría el elocuente impacto de su rodilla. No conseguía ni pensar
en como sería el futuro al lado de semejante criatura.
_ No habrá nada bueno en ese arreglo ! La mujer es una víbora de la peor especie. Un
hombre nunca disfrutará de paz con ella cerca. Yo preferiría arder en las llamas del infierno !
Mas Tarde , Quinn se dio cuenta que ya se exaltaba. Se Aproximó a su amigo y bajó la voz,
que, no obstante, continuaba perturbado.
_ La criatura es helada como el viento de invierno e inflexible como una roca. Estoy
perdido. Si hubiera sabido el destino que me esperaba, me habría quedado en Tierra Santa hasta
el fin de mis días. Nunca imaginé que Tulley me llamaría para esto _ le confío.
Por un minuto, Bayard no dijo nada. Quinn comenzó a creer que su amigo dudaba de sus
impresiones. Pero sabía que estaba en lo cierto. Melisande seguramente ahuyentaría a todos sus
pretendientes con su mal genio. Lord de Tulley, que claramente le tenía afecto, resolvió
encontrar una víctima que le sirviese de marido. Quinn se sentía un idiota tonto por haber caído
en la trampa de Tulley. Este, aunque, no era ningún bobo, lo escogió a Quinn porque él no
perdería Sayerne, por más alto que fuese el precio a pagar.
Sólo que, ahora, se cuestionaba si no lamentaría por el resto de sus días la decisión que
tomara. Estaba acorralado y no tenía cómo escapar. la sensación de impotencia no era agradable
para un hombre acostumbrado a tomar las riendas de su destino.
_ No debes perder tu sangre fría, mi amigo _ aconsejó, por fin, Bayard.
_ Tampoco debería tolerar ser llamado mercenario, bárbaro, cruel y mentiroso en una breve
audiencia ! LA dama en cuestión puso mi paciencia a prueba con sus ataques, Bayard. Nunca fui
tan insultado en toda mi vida.
El gesticuló exasperado y después se calló. Al recordar las palabras de Melisande, sintió
una renovada oleada de indignación crecer dentro de si. la dama inequívocamente se había
excedido.
Bayard apoyó los codos en el borde de la bañera y se levantó. En su mirada había un rasgo
inquisitivo.
_ Ella es fea? _ indagó, fingiendo desinterés. Pero su aire casual no engañaba a Quinn, quien
se sintió súbitamente incomodo con la curiosidad de un amigo. . No miró a Bayard cuando
respondió:
_ No.
La risita del otro sólo sirvió para aumentar su irritación. Sentía las sienes le latían y el rostro
le ardía como un fuego. En cualquier minuto, explotaría en un asomo de rabia.
_ Me Atrevo a decir que todo se reduce a una cuestión de orgullo, Quinn _ habló Bayard. _
Qué dama sería ella si le hubieses demostrado debilidad? Yo te conozco mejor que nadie. Te
Garantizo que no aprobaría una esposa pusilánime!
_ Ni siquiera consideré la posibilidad de casarme. El momento no es oportuno. A Ninguna
mujer, y mucho menos a una noble llena de sí, le gustaría vivir en una lugar arruinado. Por
todos los demonios, preciso de tiempo para reconstruir Sayerne!
Con esa declaración, Quinn entró en la bañera que fue preparada. El agua caliente le
proporcionó una agradable sensación de relajamiento. Sus músculos doloridos y sus
aprehensiones fueron temporaria
mente apaciguados. Cerró los ojos, recostó la cabeza, y dio un largo suspiro.
_ Tal vez yo pueda arrancar una reacción de tu novia de piedra, eh? _ bromeó Bayard.
Quinn se sentó abruptamente y lo fulminó con la mirada. Imperturbable, su amigo lo
salpicó con agua.
_ Ambos sabemos que, respecto a los asuntos del amor, mis habilidades superan a las tuyas
_ se ufanó Bayard, sin ninguna modestia.
Esa vez, de un salto, Quinn se puso de pie. Apuntó un dedo amenazador :
_ Te Prohibo tocar a mi mujer! Si mi padre me enseñó algo en esta vida, fue el resultado de
la traición en un matrimonio ! No toleraré que mi unión sea estropeada con la mancha del
adulterio! Oíste bien?
Sintió la mirada de los criados sobre si y respiró profundo, buscando recuperar su
autodominio. _ No te hagas el desentendido, Bayard _ le avisó, con un voz clara que se
aproximaba a su tono normal. _ Si me contrarias, te juro que te arrepentirás amargamente !
Dicho eso, se sumergió en el agua. La superficie de la bañera se llenó de burbujas . Quinn
las miró con el ceño fruncido. Más de una vez, maldijo a Melisande, porque lo había hecho
perder la compostura...
A esa altura, experimentó una vaga incomodidad. Tendría Bayard razón cuando afirmaba
que la dama no le era del todo indiferente?
_ Muy bien. Noto que le das gran importancia a este asunto _ sentenció su amigo, siempre
impasible. _ Estás seguro que no tienes ningún interés adicional en tu novia? Vos dijiste que
ella es bonita.
_ Nada de eso! Yo nunca afirmó... _ Quinn se interrumpió, enervado con lo sonrisa
divertida del otro.
Se Concentró en el baño, ya sabiendo que Bayard no dejaría de notar su conmoción. El
miserable era muy observador. Pasado un rato, se vio forzado a admitir:
_ A pesar de su pésimo genio, ella es realmente bonita.
La encantadora imagen de Melisande le vino a la memoria y le causó exasperación. Si, era
una mujer adorable. Y dotada de una lengua de serpiente. Quinn se fregó su cuerpo con mucho
vigor, como si con eso pudiese apartar la belleza de su recuerdo.
Bayard, entre tanto, se levantó y pidió una toalla a los criados. Mientras se secaba, observó
Quinn con franco escepticismo.
_ Acordé con esa alianza meramente para asegurar la posesión de Sayerne _ replicó Quinn,
a la defensiva.
_ Ah, si? Debo entonces desconsiderar el hecho que, en todos estos años de camaradería, a
pesar de todos los desafíos y peligros que enfrentamos juntos, nunca te vi tan agitado como
ahora?
_ Es lo imprevisto de la situación que me supera _ replicó Quinn, evitando lo mirada de él.
Curiosamente, percibió que sus palabras no transmitían mucha convicción.
_No me hagas reír, mi amigo. Nosotros enfrontamos situaciones inesperadas en el pasado
y, ni por eso, vos te viste superado.
_ Pero ahora es diferente. Sayerne está en juego. La posibilidad de perder mi herencia me
pone los nervios de punta, será que no lo entiendes?
Bayard sonrió, pero omitió decir lo que le pasaba por la cabeza.
_ En verdad. Tiene sentido _ concedió. Puso la toalla al alrededor de su cintura y lo miró
interrogativamente. _ Deduzco que no te importará como vas a ir vestido a la ceremonia de tu
casamiento, no es cierto ? Tus ropas de viaje serán más que suficientes para que se presentes
decentemente delante del sacerdote. Al final, la ceremonia es una simple formalidad a ser
soportada con paciencia.
Bayard tomó la túnica gastada y manchada de Quinn. A continuación, la observó con la
inocencia de un recién nacido.
Quinn maldijo silenciosamente, lleno de frustración. Pero una vez mas, el bellaco tenía
razón! No podía presentarse ropa sucia, y la barba y el cabello completamente desaliñados. la
dama ya lo había llamado bárbaro y, perversamente, Quinn deseaba probarle lo contrario.
_ No, no_ objetó taxativamente. _ Se Debe respetar la institución del matrimonio, sean
cuales fueran los motivos que puedan impeler la unión. _
Giró hacia los criados de Tulley, que estaban parados respetuosamente en las sombras, e
ignoró lo sonrisa irónica de su amigo.
_ Pregunten a su amo tendría la gentileza de conseguirme ropas apropiadas para la
ocasión.
Uno de los siervos hizo una reverencia y salió para atender su pedido.
Quinn entonces se dirigió a Michel:
_ Consígueme una navaja afilada, pues necesito afeitarme. Trae también una tijera para
cortar mi cabello.
El muchacho, triunfalmente, le mostró una navaja y una tijera que tenía a un costado .
_ Bayard ya me había avisado que el Lord precisaría esto.
Quinn miró a su compañero, quien le sonrió con picardía .
_ le ruego que acepte mis humildes servicios de barbero . Tengo mucho talento con la tijera
_ dijo el con aire afectado.
Como respuesta, Quinn le arrojó una toalla , que le pegó en el pecho a Bayard, haciendo
trastabillar. Satisfecho, Quinn soltó una carcajada.
Mucho tiempo después de haberse encerrado en sus aposentos, Melisande aún temblaba al
pensar en su futuro esposo. Berthe, su aya, la observaba atentamente.
_ Mi Lady, parece aterrada! Y está tan fría! _ Berthe le tomó las manos en las suyas. _ Venga,
sientese delante del fuego. Le Preparé una brebaje que la calentarás en dos minutos.
Melisande se dejó guiar obedientemente. Sentía un nudo en el estomago. En breve,
desposaría al hijo de Jerome de Sayerne. Era increíble. Aquella noche, sacrificaría su
independencia a causa de un infame arreglo. Miró hacia al luminosidad dorada que se filtraba
por la ventana y calculó que el sol ya se ponía. Le Restaban pocas horas. A la mañana siguiente,
sería la esposa de bárbaro bruto.
Ese pensamiento le hizo disparar el corazón.
Ajena a sus tormentos, Berthe le ofreció una taza humeante. Melisande espió su contenido,
aspirando el aroma penetrante de la canela.
_ Es vino con especias. Un santo remedio para el frío _ explicó la criada.
Con un meneo, Melisande bebió el vino, sintiendo que el líquido caliente aplacaba
momentáneamente su ansiedad.
Berthe observó la ventana e frunció la nariz. Se Volvió a su querida ama.
_ Este invierno es particularmente riguroso. Parece que el frío penetra en los huesos de la
gente. No comprendo por qué el Lord de Tulley nos llamó a su presencia justamente ahora.
Seguramente se trata de algún asunto importante, o él esperaría que el tiempo mejorase para
convocarnos.
Melisande ignoró la curiosidad estampada en el rostro de la criada.
_ Bien, al menos el castillo es confortable. Para con
pensar nuestro trastorno, comeremos a costa de Tulley _ agregó Berthe. Apuntó a la taza de
vino e sonrió. _ Beba un poco más , mi Lady.
Melisande hizo lo que ella dijo. La criada le hablaba sobre a la servidumbre del castillo y
Melisande meneaba la cabeza sin prestar atención a su chusmerios. Y como podría? Pronto se
casaría !
El vino la confortó un poco. Cuando a taza ya estaba por la mitad, se sintió menos
perturbada con la situación.
_ Voy a casarme esta noche, Berthe _ dijo con simplicidad.
La otra sonrió exultante y retomó sus palabras.
_ Yo ya había oído rumores en la cocina, mi Lady. Poco pude creer en su buena suerte! _
Ella batió las palmas alegremente, para asombro de Melisande. _ Cualquier mujer desearía ser
desposada por un hombre atractivo como Quinn de Sayerne.
Melisande abrió desmesuradamente los ojos. Atractivo? Quinn? Reconocía que tenía una
cierto apostura , pero no concebía que alguien pudiese desear ser desposada por un extraño.
_ La diosa Fortuna le sonrió, mi Lady. Convengamos, que Lord Tulley podría haberle
reservado el primer hombre que se le cruzase por la mente. En vez de eso, esperó para elegir un
novio guapo como Quinn.
la manera informal en que Berthe se refería a él no dejó de chocarle Melisande. El vino, sin
embrago, la envolvía dulcemente y no hizo ningún comentario. El alcohol le turbaba las ideas
con una especie de euforia. No tenía costumbre de beber y el preparado de Berthe la dejaba
deliciosamente torpe. Con una sonrisa complaciente, Melisande apoyó la taza.
La perspectiva de casarse con Quinn ya no la aterraba tanto. SE Permitió hasta llegar a
considerarlo un bárbaro atractivo. Sus ojos oscuros eran real
mente cautivantes... Cuando el no se enfurecía, claro.
_ Dime, mi Lady, como es él ? Me lo Describieron como un hombre alto y moreno. De qué
color son sus ojos? Unas afirman que son negros. Otras, que son castaños.
Melisande tuvo un sobresalto, pues el aya parecía leer sus pensamientos. Como Berthe
aguardaba con expectativa, ella fingió naturalidad e intentó definir el color exacto de los ojos de
Quinn.
El cuarto le pareció repentinamente sofocante . Indecisa, miró la taza vacía. En general, no
le gustaba de tratar de asuntos íntimos con las criados. En aquel caso, su discreción sería inútil:
los rumores ya corrían entre los siervos del castillo.
_ Son castaños _ respondió finalmente. _Pero su tonalidad cambian conforme al humor de
él.
_ Comprendo _ dijo la criada, mirándola de modo significativo.
Juntando las manos, atravesó el cuarto y se aproximó al baúl que contenía las ropas de
Melisande.
_ Imaginé, mi Lady, que le gustaría de vestir algo especial en la ceremonia de su
casamiento. Qué mujer no quiere mostrarse bella para su novio? _ Berthe le lanzó una mirada
por encima del hombro. _ Siendo así, separé su vestido nuevo de terciopelo verde. Es un bello
color, le realza los ojos y el cabello. No cree?
Extendió el vestido sobre la cama y lo alisó con un suspiro.
_ Con un brocado de oro sobre él y su blusa blanca por debajo, quedará como hecho para
una novia. Tomé prestadas algunas cintas e para adornar sus cabellos. Quedará espléndida, mi
Lady.
Si, espléndida para un bárbaro, Melisande pensó . Frunció el ceño, intentando ordenar las
ideas. Esperaba que su "esplendor" no fuese destruido por el bruto en la consumación del
matrimonio. El le aclaró que cumpliría con el deber conyugal. Aunque Melisande no tuviese
ninguna intención de perder Annosy, aún temblaba de miedo al pensar en aquella inevitable
unión carnal.
Demasiado Tarde, deseó conocer mejor los pormenores de ese asunto tan delicado. Miró de
soslayo a su criada, pero sabía que no podía revelar su ignorancia en cuestiones de alcoba.
Berthe era tan bien intencionada como lengua larga. La última cosa que Melisande deseaba, a
aquella altura de los acontecimientos, era tornarse en el objeto de los chismes entre los criados.
Por ahora, ya le bastaba la humillación que le era impuesta con aquel acuerdo. Para aquietar sus
temores, decidió beber un poco más de vino.
_ Aún siento frío _ mintió. _ me Podrías traer otra taza ?
Berthe le sonrió con solicitud y se apresuró a atenderla.
Cuando Melisande descendió las escaleras, ya ataviada, se sentía divinamente bien. Tres
tazas de vino le habían disipado por completo su nerviosismo.
En realidad, tenía hasta ganas de reír de aquella situación absurda. Llegando al último
escalón , tropezó, y una mano fuerte la sostuvo . Melisande levantó el rostro.
Cualquier palabra de agradecimiento que pretendiese proferir murieron en sus labios
cuando su mirada encontró la de Quinn. O, por el menos, un hombre que se parecía a él...
Sólo los ojos color ámbar continuaban siendo los mismos, con su brillo intenso y
enigmático. Quinn había se afeitado y, por primera vez, las líneas angulosas de su rostro
quedaron totalmente visibles. Los cabellos castaños estaban cuidadosamente recortados y
peinados. Se había cambiado las ropas sucias por otras mas elegantes, y, vagamente, Melisande
pensó que las criadas tenían buenas razones para considerarlo atractivo. Ella se mordió el labio,
incapaz de desviar la mirada de Quinn. Cómo pudo dudar que fuese buen mozo ? En aquel
momento, parecía un caballero más guapo y distinguido del mundo.
Una lento sonrisa se formó en los labios de él. Labios que, poco antes, había posado sobre
los de Melisande. Ella recordó vívidamente los besos que habían intercambiado y,
estremeciéndose, tuvo certeza de que había abusado del vino. Por Dios, hasta le era difícil
respirar !
_ Mi dama, su belleza rivaliza con el propio sol _ le dijo Quinn, en un tono bajo, que
destinaba solamente a sus oídos.
Ella juzgó de desconcertante la complicidad de aquel gesto. Eso le recordó el grado de
complicidad al que llegarían al final de la noche y, por un instante, creyó que iba desfallecer. Sus
rodillas se aflojaron , como si no pudiesen sostenerla más.
_ Es muy gentil. Por lo que veo, también tomó ciertos cuidados con su apariencia _ replicó
en un tono ligero.
Melisande volvió a mirarlo con involuntaria admiración. La cabellera ondulada de él
reflejaban el brillo de las antorchas que iluminaban el vestíbulo, produciendo diversos matices
cobrizos. Su mandíbula era cuadrada y firme. Y allí estaban, también, los atributos que ella ya
había notado: la capa de brocado verde oscuro enfatizaba sus grandes hombros . Las calzas
negras revelaban las piernas largas y potentes.
Cuando Quinn se inclinó sobre ella, Melisande analizó sus manos grandes y fuertes. Era las
manos de un hombre habituado a manejar la espada y, sin embargo, su contacto era
sorprendentemente suave. Ella sintió el calor y notó los dedos callosos. Quinn no era un noble
indolente, sino un caballero que se ganaba la vida con su espada. Su aura de masculinidad hizo
que Melisande se estremeciese de anticipación.
_ Mi lady, hagamos una tregua al menos en nuestra noche de bodas _ susurró el ,
provocándole un escalofrío cuando su aliento rozó los cabellos de ella.
El modo en que dijo “ nuestra” , con calor e intimidad, la desarmó . Pero Melisande de
pronto se defendió con habitual coraza para apartarlo. Le Sonrió con distancia y lo miró
directamente a los ojos.
_ Sería la actitud más civilizada _ declaró con una frialdad que estaba lejos de tener._ Así
resolveremos luego nuestro acuerdo infame.
La sonrisa de él se apagó en ese mismo instante, y Melisande percibió que sus palabras
habían sido demasiado crueles.
_ No esperaba oír un comentario de esa naturaleza _ dijo Quinn con seguridad. Giró
bruscamente, los labios apretados en una línea fina. _ Pero procederemos a su manera.
Preparémonos para lo peor cuanto antes, así nos desligaremos rápidamente de nuestro
compromiso.
Melisande se sintió aborrecida con su cambio de conducta. LA declaración de Quinn de
que no estaba menos disgustado que ella no fue exactamente un piropo . Con animo abatido,
aceptó el brazo que el le ofrecía con excesiva cortesía.
Como aquel caballero de décimo quinta categoría osaba insinuar que ella no era un buen
partido? Sabía que su apariencia agradaba a los hombres y, además, Annosy no era un dote
despreciable. Bien diferente era el caso de Sayerne, administrada por un bárbaro guerrero que,
por pura casualidad, tenía un rostro agradable cuando se dignaba a afeitarse la barba...
Ella levantó la mandíbula altivamente, no deseando que Quinn percibiese su orgullo herido,
y lo acompañó hasta la capilla. Podía ser forzada a desposar aquel bruto, pero no le daría más
que lo estrictamente necesario. Ni en la noche de bodas ni nunca.
Lord de Tulley asistió a la llegada de ambos con evidente placer.
Eso no sorprendió a Quinn, así como no le sorprendió que su novia se comportase con la
frialdad de siempre. A aquella altura, no debería sorprenderlo también que quedase tan irritado
con los modales y comentarios de ella. Presumía que, con el pasar del tiempo, se mostraría menos
susceptible a las garras de Melisande. Apretando los dientes, la condujo hasta el pequeño altar.
Por milésima vez, se preguntó si no estaría cometiendo el mayor error de su vida. Un
sudor frío brotaba en su frente mientras el sacerdote recitaba el rito ceremonial . Cuando el
sacerdote concluyera el ritual, el estaría para siempre ligado a aquella mujer.
Quinn miró de soslayo a Tulley y, al divisar la expresión determinada de Lord de Tulley,
sintió su corazón más pesado que nunca. O desposaba aquella fiera , o perdía Sayerne. Estaba
entre la espada y la pared . El viejo Tulley adivinó su punto débil. Y ciertamente no amenazaría
en destituirlo en vano. Si no se casaba por propia voluntad, él no vacilaría en pasar Sayerne a
manos de otro.
Después de aquella noche, Quinn decidió, que evitaría a todo costa la compañía de su
esposa de lengua afilada. Las propiedades de ambos los mantendrían providencialmente
ocupados. Saldría de casa al amanecer y sólo retornaría al ponerse el sol. La idea de
comprometerse en una unión sin amor le traía un indescriptible malestar. Le Gustaría obtener
algo mejor para sí. Pero debía contentarse con lo que tenía a mano, pensó buscando consuelo.
_ Pueden sellar su unión con un beso _ dijo el padre.
Quinn se sobresaltó . Giró hacia Melisande y notó que estaba un tanto perturbada. Pero ella
no abandonó su altanería y le envió una mirada insondable. Quinn se sintió intrigado. Podría
jurar que Melisande no había quedado indiferente al beso que habían intercambiado horas antes.
Tal vez, finalmente, pudiese existir un futuro para ambos en aquel casamiento. Sólo le
restaba correr el riesgo.
_ Si. Sigamos la tradición _ dijo con firmeza. No le pasó desapercibida la agitación de
Melisande.
Eso sólo podía significar que no era tan fría como quería hacerle creer. Tal vez, finalmente,
aquella noche de bodas no fuese a convertirse en un tormento.
Quinn le tomó el rostro con ambas las manos. Melisande cerró los párpados. Pero, esta vez,
el no la dejaría escapar fácilmente.
_ Abre los ojos, querida . Quiero que veas bien con quien te estás casando _ murmuró.
Melisande obedeció, y Quinn sintió el temblor de su cuerpo. Al intuir el desamparo de ella,
la tocó con infinita delicadeza. Le Sonrió y su corazón recibió una golpe cuando vio que ella le
devolvía la sonrisa tímidamente.
_ Por el futuro _ susurró él, rozando los labios de Melisande con los suyos.
Ella posó sus manos trémulas en su rostro. Su boca tenía el gusto del vino y de la canela.
Caliente, dulce y al mismo tiempo picante. Dando alas a su imaginación, Quinn intentó adivinar
si el resto de su cuerpo sería tan dulce como su boca.
Pero se hallaban en público y las delicias de la intimidad deberían quedar para más tarde.
Entonces, el se enderezó y sus labios se separaron. Para su sorpresa, Melisande lo miraba con un
brillo travieso en la mirada.
_ Que seas muy feliz y que la paz esté siempre contigo _ ella agregó inesperadamente.
Quinn sonrió. Melisande dejó escapar una risa y, con aire culpable, se llevó la mano a la
boca. Mientras ella se volvía hacia el padre, a Quinn se le ocurrió que era al primera vez que la
veía sonreír. Le Agradaba que lo hubiese hecho justamente en aquel momento. Era una buena
señal. Tal vez hubiese llegado a conclusiones precipitadas y Bayard, con sus irritantes
comentarios, estaba más cerca de la verdad.
Fuese como fuese, Quinn no resistió el impulso de provocar a su esposa.
_ Algo me dice que la paz no estará siempre conmigo, al menos no esta noche _ dijo en tono
que permitió que oídos in
discretos captasen sus palabras.
Melisande se sorprendió con su audacia, ruborizándose violentamente, al tiempo que
Bayard reprimía una carcajada. Quinn la observó sin dejar de sonreír. Tenía ganas de tomarla en
sus brazos y llevarla al cuarto inmediatamente, antes de que aquel raro instante de
encantamiento se desvaneciese.
Pero el padre tosió alto, manifestando su desaprobación respecto al comportamiento
impropio de los recién casados.
_ El cocinero nos preparó un banquete de bodas . Veamos cuales fueron los resultados de
sus esfuerzos _ intervino Tulley.
Su anuncio, Quinn notó con decepción, logró sacar a Melisande del estado relajado en que
se hallaba. Ella se puso seria y posó la mano en su brazo con cierta formalidad. Aunque
frustrado, Quinn se sintió victorioso por conseguir que su esposa riera. Con un poco de talento,
cuando estuviesen a solas más tarde, podría inducirla nuevamente a brindarle su sonrisa.
Una cosa era indudable: para que disfrutasen esa noche de bodas, más valía que Melisande
abdicase su compostura. Algunas copas de vino servirían a ese propósito. Y Quinn estaba
dispuesto a cuidar personalmente de eso.
La carne estaba sabrosa y el vino había sido seleccionado entre las mejores cepas de al
bodega del anfitrión. Melisande perdió la noción de cuanto bebía. El hecho era que su taza no
estuviera vacía nunca. A cierta altura, eso la intrigó, pues estaba poniéndose borracha y ya no
pensaba con claridad.
De vez en cuando , el brazo de Quinn rozaba el suyo, provocándole una agradable oleada
de calor. Se Sentía leve, muy leve. No se tomaba el trabajo de recordar el nombre de los
presentes y acompañaba la conversa con displicencia, sonriendo a uno ya otro con aire soñador.
No era propia de ella adoptar aquella postura despreocupada. En todo caso, no se censuró.
Aquella era su fiesta de casamiento y podría actuar como quisiese.
Aún en medio del sopor del vino, tenía aguda consciencia de la presencia de Quinn en la
silla vecina a la suya. Y, a medida que la noche transcurría, esa consciencia se fue intensificando.
Era algo más fuerte que ella. No podía impedir que su mirada furtivamente fuera a las manos
fuertes que movían tan hábilmente. Después una de esas manos se llevó un trozo de carne a la
boca de labios sensuales, y Melisande observaba sus movimientos por el borde de su ojo. En un
momento dado, sintió que el muslo de Quinn rozaba el suyo. En otro momento , percibió que el
musculoso cuerpo de él era más intoxicante que el vino mismo ...
El muslo de Quinn volvió a rozar el suyo. Ella juraría que aquel movimiento era deliberado.
Aunque, la expresión de su esposo no revelaba segundas intenciones. Melisande no se movió. Se
Concentró en la sensación de la pierna musculosa que presionaba levemente su propia pierna.
De cuando en cuando, Tulley, sentado a la izquierda de ella, proponía conversación.
Animada por los vapores etílicos, Melisande le hablaba animadamente. Después, volvían a
recaer en una especie de alegre trance, observando a los invitados mientras disimuladamente
seguía los menores gestos de su esposo.
Tenía ganas de tocarlo. Para ser el hombre que tanto le había desagradado a primera vista,
Quinn estaba venciendo sus resistencias con espantosa facilidad. Y con eso, naturalmente, ella no
había contado.
Bayard hizo una broma y Quinn soltó la carcajada. Melisande se dejó envolver por su risa y
reparó que su voz era grave, bien impostada. Estaba allí, con la risa de él imaginariamente
haciendo eco en sus oídos, cuando Berthe se aproximó y le dijo que era hora de retirarse .
Melisande asintió y se levantó. Al ver la sonrisa devastadora que Quinn le dirigía, su corazón
latió aceleradamente. Vaciló un momento, vagamente atontada. El entonces le tomó el brazo con
firmeza.
_ Luego estaré contigo, mi esposa _ susurró, en aquel tono íntimo que ya estaba
comenzando a afectarla.
_ Si _ murmuró ella débilmente.
Después, giró y dio un paso en dirección a la puerta. El salón parecía girar y girar y girar.
Melisande tambaleó ligeramente. Se Mordió el labio con fuerza.
_ Precisas asistencia? _ le preguntó Quinn.
Ella lo miró con repentino pánico. Sólo ahí se recordó lo que acontecería cuando los dos se
quedasen a solas. Aún no estaba preparada para aquello. Una cosa era complacerse en sentir la
pierna de un hombre contra la suya. Y Otra, bien distinta, era el misterio que la aguardaba en la
cama esa noche.
No, era mejor que Quinn permaneciese en el salón por el mayor tiempo posible...
_ No es necesario, gracias _ se apresuró a decir. Cuando retrocedió, por poco no tropezó con
el ruedo de su vestido.
_ Cuidado, mi Lady! _ exclamó Bayard, sosteniéndola.
_ Oh, muy amable _ ella agradeció , percibiendo que el contacto de aquel caballero no le
provocaba ninguno escalofrío.
Ahí estaba otro enigma a ser descifrado, pensó, pues, así como Quinn, Bayard era bastante
atractivo. Tenía una sonrisa cautivante que por cierto ya le había ganado el amor de muchas
doncellas.
Desconcertada con su descubrimiento, Melisande se volvió para mirar Quinn. Ele le guiñó
un ojo con una expresión no desprovista de malicia.
_ En un momento me reuniré con vos en los aposentos _ le prometió.
Ella sabía perfectamente a lo que Quinn aludía. No sabía mucho sobre el amor físico entre
marido y mujer. Pero sabía que sería una experiencia íntima. Y dolorosa. Con creciente
consternación, se dirigió rápidamente a la salida del salón.
_ Apóyese en mí, mi Lady _ le ofreció Berthe.
Melisande asintió y, ayudada por la criada, caminó más deprisa . Sintió que Quinn la
seguía con la mirada, pero no se atrevió a mirarlo nuevamente. Subió las escaleras , mientras los
escalones parecían danzar a sus pies. Cruzó el corredor como si cruzase en un sueño y
finalmente llegó al cuarto.
Mirando en torno a si, contuvo la respiración. Se Apoyó pesadamente en Berthe. El fuego
acogedor ardía en la chimenea. Las sábanas de la cama habían sido cambiados y estaban prontas
a recibir a los recién casados. El escenario fue cuidadosamente preparado para la consumación
del acuerdo.
_ Venga, mi Lady. El amo Quinn de Sayerne avisó que no tardaría. No debe hacerlo esperar.
El primer impulso de Melisande fue resistir. Quería a toda costo permanecer vestida. Por
ella, Quinn se podía quedar esperando por toda la eternidad. Aunque, en su estado, no podía
hacer frente a las manos rápidas y diligentes de la criada. En pocos minutos, se vio como Dios la
había enviado al mundo. Sin hacer caso de su reticencia, Berthe la llevó al lecho.
Por tradición, pensó Melisande, no le era permitido el derecho de cubrirse ni con una
camisola de dormir. Sólo podría contar con la sábana para ocultar su desnudez. No profirió
palabra mientras la criada le deshacía las trenzas.
_ No se inquiete, mi Lady. Su marido es un hombre gentil. No tendrá nada a temer esta
noche _ iba diciendo Berthe, en una tentativa de tranquilizarla.
En eso, se oyó un sonido de voces masculinas delante del cuarto. A continuación, sonó un
golpe en la puerta. Melisande se cubrió con un lienzo de lino y aguardó.
_ Quien está allí? _ indagó la criada, viendo que su ama no tenía ninguna reacción.
_ Buena noche. Venimos a traer un presente para su Lady _ respondió un hombre,
probablemente Bayard.
Al momento siguiente, la puerta se abrió y Quinn fue empujado para al interior del
aposento, sostenía la capa en una de sus mano y su camisa estaba rasgada en la parte delantera.
Los hombres que lo habían escoltado, reunidos en la umbral de la puerta, reían y hacían bromas
obscenas:
La mirada de Melisande recayó sobre el pecho desnudo de él y quedó fascinada con la
visión de la piel bronceada por el sol de Oriente y cubierta de vello oscuro. A continuación, se
reprendió por sus pensamientos lascivos. Una dama respetable debía evitar tales pensamientos.
Entonces, empujó la sábana hasta su mandíbula, inhibida por las miradas curiosas que la
escrutaban. Era evidente que aquellos hombres tenían la esperanza de vislumbrar su desnudez.
Era simplemente horrible...
_ Vamos, Quinn _ insistió Bayard, irrumpiendo en el cuarto. _ Ya es hora de nos
despidamos de vos para que vayas al lecho con tu esposa!
Los otros soltaron risotadas, y Melisande sintió que la cara le ardía de vergüenza. No era
posible que los canallas se atreviesen a hacer aquello!
_ Deja ya, amigo. Creo que me puedo arreglar solito _ retrucó Quinn. Su fisionomía estaba
relajada, aunque su voz era categórica.
Melisande se preguntó si él había notado su vergüenza.
_ Creo que es oportuno que dejemos a los recién casados en paz. Vamos todos ! _ comandó
Berthe enérgicamente.
Bayard hizo un gesto de protesta.
_ Cómo? Irnos en lo mejor de la fiesta? Pero...
Berthe se limitó a tomarlo por la oreja y, sin soltarla, arrastró al amigo de Quinn hacia la
puerta. Todos los hombres irrumpieron en ruidosas carcajadas.
_ Nada de "peros ". No tenemos nada que hacer aquí. No se da cuenta que está siendo
inconveniente? Cualquier idiota sabe que una pareja necesita privacidad en su noche de bodas
_ aleccionó la criada, mientras continuaba empujándolo impiadosamente de la oreja.
Cuanto más Bayard insultaba, más los otros se reían.
_ Yo esperaba otro comportamiento de un caballero que profesa la cristiandad y recorrió
Tierra Santa. Pero claro estaba equivocada !. Y sus modales? Quién diría que es un caballero! _
censuraba Berthe, inmune a sus protestas.
La puerta se cerró detrás de ellos y, de repente, no había más nada en el cuarto mas allá del
brillo en la mirada de Quinn. El fuego crepitaba, rompiendo el pesado silencio que se reinaba en
el aposento. Con el corazón pulsando en un ritmo alucinante, Melisande observó a su marido.
Su marido... Ella se humedeció los labios resecos. Quería huir de allí, pero era incapaz de
hacer cualquier movimiento. Estaba paralizada. Ya no podía negar la verdad, ya no podía
retrasar el momento. Su hora había llegado y el efecto del vino se disipaba, abandonándola
impiadosamente a su propia suerte.
Capítulo IV
Con lentitud calculada, Quinn dejó la capa de lado. Escrutó a Melisande cautelosamente.
Parecía acorralada como un animal asustado. Era mejor no hacer ninguno movimiento brusco...
Los ojos de ella surgían sobre el borde do sábana, mirándolo insistentemente, sin perderse
el menor gesto de Quinn. Estaban vidriados y, en su temor, exhibían una coloración más oscura.
El dio un suspiro. Aquella noche no habría de transcurrir sin algunos tropiezos. Realmente,
fue muy ingenuo de su parte creer que todo se resolvería de manera simple. Melisande era
virgen y eso, por si sólo, ya implicaba alguna dificultad para llevar a cabo el cumplimiento de su
compromiso. El hecho de ser forzada a entregarse sólo complicaba aún más la situación.
la noción de que Sayerne estaba en juego impelía a Quinn a actuar, aunque la perspectiva
de que Tulley revisaría las sábanas a la mañana siguiente le enfriaba considerablemente el animo.
Por un instante , llegó a pensar que estaba soñando. En cuestión de horas, su vida tomaría otro
rumbo. Ahora, todo quedaba en sus manos para hacer . Bueno no sólo en sus manos. Se Veía en
un cuarto extraño, unido a una mujer que no lo aceptaba, siendo obligado a consumar el acto
sexual sin amor y sin consentimiento.
La sensación de irrealidad que lo dominaba, sumada a los efectos del vino, le hacían girar
la cabeza. No, aquello no podía estar pasando...
Volvió a suspirar. Respiró profundo para recuperar la sobriedad. No, no era un sueño.
Estaba allí para cumplir su parte en el acuerdo que el que Lord de Tulley le impusiera. Tenía de
cumplirla. Y tal vez la fatalidad de aquel unión fuese la raíz del miedo de Melisande. Con ese
pensamiento, Quinn vio la situación desde otro ángulo y descartó los últimos recelos que lo
acechaban. Su mente se tornó lúcida y podía razonar con claridad. Precisaba ganarse la confianza
de su joven esposa, para probarle que no era o bruto que ella imaginaba. Precisaba, por encima
de todo, probarle que no era como su difunto padre.
Se Preparó para una pequeña escenificación. Para aplacar el nerviosismo de Melisande,
fingiría una naturalidad que estaba lejos de sentir. Para que todo saliese bien, era necesario crear
un vínculo de complicidad entre los dos. Ahí habría , al menos, dignidad en su entrega. Dos
extraños que se mantenían apartados en mente y cuerpo sólo podrían abaratar el acto de amor.
Y, cuando se acabase el momento del gozo, pasarían a odiarse uno al otro de forma tal vez
irreconciliable.
_ Bayard es bastante pesado y desubicado ! _ comentó de modo casual. Miró su propia
camisa rasgada y sacudió a cabeza. _ Nunca pierde la oportunidad de hacer bromas pesadas. No
calculas cuantas ya me arruinó. Su mayor diversión es colocarme en situaciones vergonzantes.
Por suerte, tu criada no vaciló en tratarlo de modo enérgico. Bayard bien se lo merece. Pero no
te enojes con él. No hace esas cosas por maldad.
Melisande no dijo nada, pero sus dedos aflojaron un poco la presión en el borda de la
sábana.
_ Y qué me dices del banquete? Fue de tu agrado? Yo no me creí que el cocinero de Tulley
pudiese preparar tamaño festín en una sola tarde! Los cocineros de la región son talentosos como
él? O su
talento es una excepción ?
Los únicos sonidos que salieron de la garganta de Melisande fue una discreta tos. Aún así,
fue suficiente para alentar a Quinn. Sin mirarla, se aflojó el cinto con pretendida displicencia y lo
dejó sobre la capa.
_ El cocinero de Tulley es uno de los mejores de la región. Hace muchos años que trabaja en
este castillo _ respondió Melisande, con una voz aún un poco lentificada por el vino.
_ Ahora que me casé, debo cuidar de no engordar. A Vos seguramente no gustaría tener un
marido que parezca un barril _ dijo el con aire chistoso , tocándose su propia cintura.
Oyó el sonido de una risa ahogada y tuvo certeza de que Melisande comenzaba a relajarse.
De espaldas a ella, se quitó la camisa y no resistió la curiosidad de espiarla por sobre su hombro.
Melisande desvió la mirada deprisa. Dos manchas rosadas en su cara denunciaban que no estaba
totalmente inmune a la desnudez de él.
La noche parecía más prometedora que antes, pensó Quinn, animándose un poco. EN un
impulso, giró y se acercó al lecho. Vistiendo apenas las calzas de lana, se sentó en el borde . EN
el otro extremo de la cama, Melisande lo observaba con atención. Usaba la sábana como un
escudo para defenderse de él. Pero, como no intentó levantarse, Quinn vio en eso un buen
augurio. Se quitó las botas sin prisa, dando a Melisande el tiempo para acostumbrarse a su
presencia. Sólo entonces giró hacia ella.
Estaba condenado a tener una única noche de amor con aquella mujer. Y la consumación
acontecería por fuerza de las amenazas de Lord de Tulley. Sería cómico sino fuese trágico. Pero
prefería no abandonar el optimismo que le era particular. Aún alimentaba esperanzas de borrar
de su casamiento el estigma del acuerdo impuesto.
_ Crees que ya estoy gordo? _ provocó. Melisande permaneció quieta algunos instantes.
Quinn notó que no conseguía despegar sus ojos de su pecho desnudo.
_ Creo que eres presumido _ ella retrucó en el mismo tono. Su voz ya era más firme.
Quinn sonrió y se inclinó sugestivamente.
_ Y vos sos gorda?
Ella crispó las manos en la sábana y su fisionomía quedó congestionada. En su semblante se
alternaban el rubor y la lividez.
_ Por quién me tomas? Cómo te atreves a hacerme insinuaciones obscenas? No voy a
desfilar mi desnudez para vos, como si fuese una prostituta de taberna !
_ Lo que precisamos hacer no puede ser hecho con esa sábana entre nosotros _ dijo Quinn,
arqueando una ceja sin perturbarse.
_ Entonces cierra los ojos _ pidió Melisande, girando su rostro.
El casi rió. Cerrar los ojos? Nunca !
_ Mi dama, si voy a tener esta única noche de amor para el resto de mis días, puedes tener
la certeza de que conservaré los ojos bien abiertos.
_ Por qué necesitamos dar todas estas vueltas? Y ahórrame tus mentiras, por favor. Sé que
difícilmente te limitarás a dormir solito, aunque mi lecho te sea vetado en el futuro.
Melisande suspiró exasperada. Quinn la observó con espanto.
_ Crees que no te seré fiel?
Surgió un vestigio de duda en sus ojos verdes. A continuación retomaron su frialdad.
_ Casi no te conozco. Qué razón tengo yo para creer en tu fidelidad? Es evidente que te
estás burlando de mí si piensas que tus palabras azucaradas vencerán mi resistencia. Después de
que hayas conseguido mis favores, tocarás una melodía bien distinta! Oh, mi Dios, tu táctica es
tan primaria que me causa gracia !
Quinn rodó a un lado y se apoyó en su costado. La Observó con intensidad, deseando
desesperadamente que confiase en él.
_ No, Melisande. Tu juicio es equivocado. Esta es nuestra noche de bodas. No podes
pedirme que cierre los ojos en este momento.
El se acercó a ella. Melisande apretó los párpados con fuerza, contuvo la respiración,
inmóvil como una estatua. Quinn se llenó de decepción. Precisaba, de alguna manera, disipar
sus sospechas.
_ Si esta es la única ocasión en que nos amaremos, quiero proporcionarte un recuerdo de
placer. Y contemplaré tu belleza, al menos una vez. Yo no te lastimaré _ murmuró él.
Melisande abrió los ojos y lo miró largamente. Por fin, acordó con un meneo de su cabeza.
_ Por lo que sé, el dolor no puede ser evitado _ dijo en un hilo de voz, haciendo que Quinn
comprendiese su recelo.
_ Prometo que seré muy cuidadoso. Aunque, sabes que no podremos eludir nuestro deber
esta noche.
El no podía mentirle para calmarla. El dolor sería un inconveniente inevitable en aquellas
circunstancias. Pero estaba siendo completamente sincero al afirmar que harías todo para
agradarle y para ahorrarle la incomodidad inherente a la primera noche de amor de una mujer.
Con extrema delicadeza, le tomó la mano, abriendo sus dedos que se aferraban a la sábana
casi con desesperación, como si aquel pedazo de tela fuese su última esperanza de salvación.
Melisande estaba fría como un pedazo de hielo. Cerró los ojos y una vez más, respiró
profundo. Cuando los abrió nuevamente, tenía una expresión decidida. Ahora, se parecía más
con una mujer segura de si misma que Quinn conoció en el escritorio de Tulley.
_ El Lord tiene razón. Ven , marido, y cumple con tu deber.
Dicho eso, ella apartó la sábana para exponer su desnudez. Extendió los brazos rígidamente
a lo largo do cuerpo y volvió a cerrar los párpados.
Melisande parecía un cadáver. Quinn la miró con horror. Sin embargo, su perplejidad no le
impidió deleitarse con su espléndido cuerpo femenino. Cuando se recompuso del shock , se
sintió violentamente insultado. No la poseería como un animal. Un marido no sentía deseo por
su esposa.
En realidad, Quinn percibió que su deseo rápidamente lo abandonaba ante la frialdad de
Melisande. Irritado, se puso de pie. Se Apartó del lecho, pasando la mano por los cabellos. Allí
estaba la mujer de nuevo poniendo a prueba el límite de su paciencia!
_ Haces esto a propósito! _ la acusó.
_ A propósito?
El giró. Melisande se había sentado y lo miraba con ojos furiosos.
Quinn juzgó su exaltación curiosamente alentadora. Al menos, ahora ya no parecía una
muñeca inerte y sin vida. Por más enojada que pudiese estar, él prefería lidiar con Melisande en
aquellos términos.
_ Es obvio que me someto contra mi voluntad ! _ disparó ella. _ No es lo que vos y Tulley
exigen de mi ? Me Limito a hacer tu voluntad, como cualquier esposa dedicada haría !
_ Una esposa dedicada ! Ahí hay algo que clara
mente nunca podré disfrutar!
_ No abuses de mi buena voluntad! Se es obediencia ciega lo que deseas, sugiero que
desistas del acuerdo con Tulley y busques la anulación de esta farsa!
Trastornada, ella se levantó de la cama con un dedo en alto dispuesta a continuar con su
sermón.
Pero Quinn poco podía escuchar sus palabras, fascinado por la cascada de oro que era su
cabellera. Los hilos sedosos descendían hasta las caderas. Refulgían a medida que Melisande se
movía, como si poseyesen vida propia. Ele jamás había visto nada tan fascinante.
_ Tus cabellos _ murmuró con embobado. Melisande se forzó a reír. Se Encogió de hombros
con modestia, pero era evidente que se sintió lisonjeada.
_ No hay nada de extraordinario en rulos _ dijo.
_ Puedo tocarlos? _ pidió Quinn.
Su admiración se translucía de forma innegable en los ojos castaños, y Melisande acordó
con un gesto. Se Perfiló hacia él, haciendo que sus cabellos captasen los reflejos do fuego. Quinn
se aproximó, sintiendo el corazón extrañamente apretado. Estiró una de sus manos, y notó como
sus palmas callosas contrastaban con sus cabellos satinados. Un poco de vacilación , corrió la
mano por los hilos dorados. Cogió una mecha, tanteó su suave textura, contempló su brillo y
aspiró su perfume.
En aquel instante, el cuerpo de él respondió a la proximidad de Melisande con un vigor que
lo sorprendió. La miró fijamente, mientras ella evitaba su mirada, llena de pudor, con las manos
cruzadas delante de sí. Quinn vislumbró la curva de sus pechos bajo la vasta cabellera e, incapaz
de resistir, le apartó los cabellos para poder contemplar la perfección de sus formas.
Melisande era hermosa, pensó él. Tenía la piel tersa y curvas delicadas, femeninas. Las
caderas bien proporcionadas se estrechaban suavemente en una cintura delgada, Después
venían los generosos contornos de sus pechos y dos pezones turgentes, y le seguían el cuello y
el mentón siempre proyectado una actitud de nobleza.
Jamás Quinn se imaginó que sería posible existir una mujer tan bella . En su fascinación,
mal consiguió recordar el motivo por el que discutían, pues no había en el mundo un motivo
para discutir con una beldad como aquella.
_ Melisande, tu hermosura excede las palabras...
Ella giró ligeramente, los ojos verdes brillando como esmeraldas a la luz del fuego. Le
Sonrió con indulgencia.
_ Dices eso para obtener mi consentimiento esta noche - lo acusó, pero su voz ya no parecía
dura como antes.
Evidentemente, el hecho de que Quinn le hubiese tocado los cabellos había bajado las
defensas de ambos.
_ No. Digo apenas la verdad _ replicó él en un tono que no dejaba duda en cuanto a su
sinceridad.
Melisande lo observó algo sorprendida, sin saber muy bien que decir. Quinn aprovechó
su vacilación y se inclinó, capturando los labios de ella. Melisande al principio no tuvo reacción,
luego , posó su mano en su hombro y se dejó abrazar. No era exactamente una retribución
ardiente, pero fue suficiente para que Quinn intensificara su beso.
Esa vez, ella supo que el fuego que le corría en las venas no se debía al vino. En efecto,
aunque, era el mismo estado de embriaguez: la lánguida sensación de levita, la perdida del
control y hasta la perdida del deseo de mantener el control...
Los besos de Quinn eran tentadores. Poco a poco, la iban derrumbando todas sus barreras,
y cada beso era más ávido que el precedente. Melisande ni podía precisar cuando terminaba uno
y comenzaba el otro. Quinn le mordisqueaba los labios, recogía la miel de su boca y la
provocaba con dulces caricias que le quebraban la resistencia. Ella sabía que no lo repelería más,
sobretodo porque la unión de ambos estaba predestinada.
Seguramente, consideró, no era pecado gozar las caricias de su marido apenas una vez.
La mano de Quinn se deslizó por la nuca y el cabello de ella . Melisande experimentó un
especie de vértigo. Se Sentía venerada. La expresión maravillada de Quinn cuando le tocaba los
cabellos sólo podía significar eso. El demostraba una debilidad y, de repente, Melisande ya no
tenía tantas ganas de enfrentarlo.
Se realmente estaban obligados a tener una relación carnal en aquella única noche, entonces
debería aprovecharla al máximo, decidió ella. Quiso tocarlo y no se reprimió más. Le acarició el
vello castaño que le recubría el pecho. La carne de Quinn estaba caliente . Melisande tanteó con la
punta de sus dedos los latidos de su corazón, que se aceleraban. Al percibir que él estaba tan per
turbado como ella, se apegó más a su cuerpo musculoso. Sus pechos entonces resbalaron
en el tórax musculoso de manera desconcertante.
Melisande entreabrió los labios y dejó su cabeza pender hacia atrás, ofreciendo su boca para
un beso más. Cuando sintió la lengua de Quinn en la suya, supo que había tomado un camino
sin retorno.
En aquel momento, el la tomó en sus brazos. Era como si adivinase los pensamientos de
Melisande, y ella intuyó que un vínculo secreto se formaba entre los dos. El contacto de la piel
cálida de Quinn le avivaba los sentidos, le despertaba deseos prohibidos. La hacía ansiar algo
más, que no sabía bien que era. La pasión barrió de su mente cualquier vestigio de lucidez.
Luego estaba echada en la cama, con Quinn sobre su cuerpo. El le besaba los labios, la cara,
el lóbulo de la oreja, el cuello. Ella suspiró y lo tomó por los hombros, disfrutando del modo en
que la curvatura sólida se amoldaba a sus manos. Los besos de Quinn se esparcían por su cuello,
por sus pechos, y por fin sus labios se cerraron en torno de su pezón.
Ella casi gritó, tomada de sorprendida. Intentó apartar a cabeza de él, con os dedos
enroscados en los cabellos castaños, pero Quinn continuó succionando el pezón entumecido.
Antes de que Melisande pudiese identificar la sensación que comenzaba a brotar en la parte baja
de su vientre , la mano de Quinn fue hacia abajo. Ella gimió cuando los dedos se detenían en el
pubis y se perdían en los vellos dorados que lo protegían.
Melisande se resistió, irguiéndose con una sombra de pánico en su mirada. Quinn la
observó y sonrió.
_ Relaje, muchacha. Te prometo que esto no te hará doler.
A ella Ni se le ocurrió cuestionarlo. Se recostó nuevamente. La mano de Quinn se movió
en los pliegues íntimos de su carne , envolviéndola en oleadas de placer. Melisande gimió. El
entonces continuó acariciándola con sus dedos de forma cada vez más osada, mientras le besaba
un seno.
Sin más reticencia, ella cerró los ojos y se entregó al deseo que la consumía como un fuego
abrasador. A cada segundo, su placer la elevaba a un nuevo nivel de deleite. Sin que lo
percibiese, comenzó a ondular y arquear el cuerpo, entremezclando gemidos, jadeos y suspiros.
Quinn no le dio tregua y extrajo más dulces suplicas con sus manos y sus labios.
Cuando Melisande creyó que no podía soportar más la tensión que amenazaba con
irrumpir en su cuerpo, colocó su boca contra la de Quinn y lo besó con fervor. Saboreó sus besos
con abandono. El miembro erecto de él se comprimía en su pubis, haciéndola estremecer
sucesivamente. Pero, avergonzada, no tuvo valor de mirarlo.
Quinn pasaba su lengua por su oreja, proseguía con incansables caricias y movía sus
caderas contra el cuerpo de ella, aumentando el frenesí. Melisande se arqueó y volvió a rozar sus
pechos en el amplio tórax de él . Ahora quería probar el gusto de la carne de él también. Los
dedos de Quinn encontraron nuevamente el aterciopelado hueco en el vértice de sus muslos, y
Melisande se contorsionó. El separó una de las piernas de ella y se colocó su cabeza entre sus
muslos . Ella estaba agudamente consciente de todo a su alrededor. La iluminación del cuarto. La
colcha de terciopelo sobre la cual estaba echada. el cuerpo fuerte de él sobre ella.
_ No te resistas. Déjate llevar y te haré gozar ... _ le susurró Quinn al oído.
Inesperadamente, Melisande sintió un momentáneo alivio para la tensión que la dominaba.
Melisande se apretó mas a la boca de el buscando alivio a esa tensión entre sus piernas
que buscaba salida . Se entregó a sensaciones desconocidas. En su mente, vio un estallido de
pequeñas estrellitas mientras se Precipitaba en un vértigo que la elevó a un pico de éxtasis y
luego la dejó caer en un suave planeo .
Arrebatada en aquel túnel ciego, en ningún momento oyó sus propios gritos de placer.
Cuando sus espasmos fueron cediendo se apenas tuvo consciencia del corazón de Quinn
vibrando contra el suyo.
El se apoyó en sus codos, contento de haberle despertado tanto ardor, con el rostro
enrojecido y los labios temblorosos como los pétalos de una rosa roja. Las uñas de Melisande se
habían clavado en los brazos de Quinn, y él se enorgulleció de llevar en su carne esas marcas
del placer que le había provocado a ella. La cabellera dorada se enredaba en sus dedos. Viendo
sus párpados semi cerrados él casi podía adivinar que ella estaba gozando los últimos estertores
del climax . Sabía que había conseguido satisfacerla y estaba contento consigo mismo. Depositó
un beso leve como una brisa en sus labios, y Melisande abrió los ojos.
Quinn temía que pudiese rechazarlo con palabras ásperas. Pero, ella sonrió lánguidamente.
_ Eso no me dolió _ murmuró ella .
_ No fue lo que le prometí? _ dijo el, sonriendo también.
Melisande asintió un poco atontada. Quinn entonces posicionó su cuerpo entre sus
piernas.
_ Ahora puede ser que sientas algo de dolor. Pero, como te dije, procederé con todo
cuidado.
Ella frunció levemente el ceño y meneó la cabeza en señal de comprensión. Apretó los
brazos de Quinn sin nada decir. El se forzó- a mantener el autodominio. La simple idea de
penetrar aquel cuerpo lo hacía trepidar. Se Sintió rozar calor más profundo de la carne de
Melisande. Deslizó los brazos a las costados de ella y le tomó los hombros.
Precisaba calmar sus ímpetus, por más imperioso que fuera el deseo de saciar el instinto
que lo abrasaba. No podía permitir que las riendas del instinto lo comandasen, pues quería que
Melisande tuviese algo de placer en aquella unión.
_ Pase las piernas alrededor de mi cintura _ murmuró con voz ronca.
Ella obedeció dócilmente, envolviéndolo con su propio cuerpo. Quinn apretó los dientes,
estaba a punto a perder el control. La Penetró lentamente. Se alojó en su parte mas intima ,
traspasó la rigidez del tejido que iba cediendo a su avance. Nunca imaginó que una mujer
pudiese encerrar tanta dulzura en su matriz.
Cuando ella gimió débilmente, Quinn se inmovilizó de inmediato. La miró con aire
culpable.
_ No te inquietes por mí . Fue apenas una leve puntada que sentí. Continua _ le susurró
Melisande.
Su mirada transmitía una seguridad recién adquirida. Ella movió sus caderas a modo de
convite, espoleando aún más el deseo de Quinn. El respiró profundamente. Se Estaba tornando
cada vez más difícil mantener el control da situación.
_ Mujer !
Pero Melisande presionó un beso en sus labios, callando su protesta.
_ Dime que puedo hacer para agradarte. Es justo también que tengas tu placer esta noche _
susurró ella, para el completo asombro de Quinn.
El simplemente no supo qué responder. Las palabras se paralizaron en sus labios, mientras
su cuerpo entero se consumía de deseo. Melisande volvió a mover sus caderas, y Quinn cerró los
ojos, en un esfuerzo de refrenarse algunos instantes más. Claro estaba que su reacción la
excitaba, pues ella se arqueó de nuevo comprimiendo los senos en el pecho de él. Como por
propia voluntad, la mano de Quinn descansó en la cintura de Melisande. La determinación de
contenerse se estaba tornando rápidamente impracticable. Ya no sabía si podría soportar aquella
deliciosa agonía.
_ Esto te agrada? _ preguntó ella en un susurro.
_ Melisande, yo...
Sin dejarlo responder, Melisande se estiró para besarle la oreja, como el mismo había hecho
momentos antes con ella. El contacto de su lengua húmeda hizo que Quinn perdiese el control.
Sus manos grandes aferraron las caderas de ella, las aseguró con posesividad mientras daba
estocadas firme.
Melisande se tomó de su cuello, apretó las piernas en torno a su cintura. Quinn se sintió
cautivo de dos piernas que lo incitaban a continuar con sus arremetidas. Su esposa lo
acompañaba en los movimientos, guiándolo a picos de placer jamás imaginados. El gimió al
sentir que las uñas de Melisande se enterraban en sus hombros. En un segundo de lucidez , él se
dio cuenta de que ella alcanzaba una vez más el clímax.
Aquella mujer era su esposa y su compañera para toda la vida, pensó Quinn. Habría de
darle placer por el resto de sus días. Aquella mujer le pertenecía, a él y a ningún otro. Y, cuando
esa certeza se instaló en su corazón, , fue sacudido por los espasmos del éxtasis. SE Arqueó con
gemido potente y final , tiró su cabeza hacia atrás y derramó su simiente con un ímpetu salvaje.
Gemía fuertemente, ascendiendo por la espiral del placer , hasta que la tensión decreció y el se
dejó caer agotado sobre Melisande. Descansó su cabeza en su hombro un instante, y después se
levantó.
_ Melisande _ murmuró, aún sorprendido con la violencia del goce que ella le había
proporcionado.
Melisande abrió los párpados y sonrió lánguidamente. Y su sonrisa fue como una promesa
para Quinn. Melisande... El había temido que aquella noche se re
velase en nuevo rechazo. Aunque, ni en sueños había concebido las delicias que había
probado en aquella noche. Era evidente que había sacado a la luz las habilidades de su esposa
para participar del juego del amor.
Quinn se echó a su costado y la acurrucó en sus brazos. Ella permaneció quieta y se recostó
sobre el con un suspiro satisfecho, no tardando en adormecerse.
EN la penumbra del cuarto, el caballero Quinn de Sayerne sonrió y cerró a medias los
párpados, pensando que era el hombre más afortunado de toda la cristiandad.
Capítulo V
Lord de Tulley se asomó delicadamente cuando Quinn abrió la puerta. Sonrió con aire de
disculpas, pero no reveló intención de irse.
Quinn estaba insultando y luchando con sus botones. Sentía que el estómago le quemaba
del nerviosismo. Tenía la certeza de que Lord de Tulley había oído la discusión entre los dos.
_ Estoy interrumpiendo algo? _ preguntó Tulley en un tono ligero. Su mirada penetrante
alternó entre la cama y Melisande, y después volvió a escrutar a Quinn. _ Será que esta mañana
tendremos una o dos propiedades confiscadas?
Las insinuaciones de Lord de Tulley sólo servían para enervar aún más Quinn, quien
apuntó irritado hacia la cama , diciendo lacónicamente:
_ Vea por usted mismo.
Melisande se mantuvo en silencio, los brazos cruzados y las lágrimas aún brillando en su
rostro enmarcados por sus largos cabellos rubios. Quinn, a pesar de su irritación tuvo el impulso
de ir junto a ella y reconfortarla. La tensión que Melisande enfrentara en las últimas horas era
bastante para hacer estallar los nervios de cualquier mujer. La humillación de tener una
intimidad inspeccionada por Lord de Tulley sólo empeoraba el estado de su espíritu
perjudicando .
“Maldita mujer!”, pensó él de repente. Primero, lo dejaba fuera de sí. Y después, lo
confundía con su emotividad... Acabaría por volverlo loco! Apretó los dientes mientras Tulley
cruzaba el aposento y espiaba las sábanas blancas.
_ Muy bien ! _ aprobó Lord de Tulley. _ Me quedo aliviado de constatar que cumplieron
con su obligación. Felizmente yo estaba equivocado .
Quinn sintió la mirada especulativo del otro hombre sobre sí, pero no quiso dar ninguna
explicación. Que Lord de Tulley pensase lo que quisiese. De cualquier manera, no pasaría mucho
tiempo para que todos supiesen del fiasco de aquel casamiento.
Tulley tosió una vez más, evidentemente avergonzado, pues captó la atmósfera densa del
cuarto.
_ Noto una cierta tensión entre ustedes dos. Parece que no todo es un lecho de rosas esta
mañana. Eso no es nada bueno _ observó.
La pareja no dijo nada.
_ EN verdad, Quinn, no pude dejar de oír tu comentario.
Quinn lo observó alarmado. No le gustó el modo en que Tulley fruncía el ceño, con los ojos
azules llenos de censura. Lord de Tulley, con sus labios apretados, miró a Melisande, quien
persistía en su mutismo.
_ Parece que no enfaticé debidamente la importancia del casamiento entre ambos _
prosiguió Lord de Tulley.
_ Por lo que pude entender, este asunto es de cierta relevancia para el Lord _ dijo Quinn.
_ No ! la cuestión representa mucho más que una " cierta relevancia " para mi ! Creo que
dejé claro mi deseo de que nuestro arreglo consistiese de un casa
miento genuino. Si las meras apariencias fuesen mi objetivo, yo podría muy bien convocar a
un par de actores para desempeñar la tarea! _ Tulley se aproximó. Su mirada se inflamó. Volvió a
escrutarlos, su mano era ahora un puño cerrado . _ Es de mayor importancia que ese casamiento
esté por encima de cualquier sospecha. Y los encuentro peleando como perro y gato Después de
la noche de bodas eso es poco adecuado! Será que no tienen ningún sentido de decoro? Será
que no perciben gravedad de la situación?
Estaba visiblemente trastornado, aunque Quinn no entendiese por qué. Por su parte, él se
había empeñado en cumplir su tarea . Pero, por lo visto, Tulley no tenía la misma opinión.
_ La unión está consumada y sellada. Su designio fue, por lo tanto acatado, mi Lord _
argumentó Quinn, abatido.
_ No! Eso fue apenas el comienzo! Algún oído in
discreto debe haber escuchado la discusión entre los dos y, a esta altura, los criados ya
disponen de material para sus rumores y chusmeríos . No se precisa mucha imaginación para
adivinar que ustedes pretenden llevar vidas separadas. Pero no fue eso lo que pretendía de
ustedes!
Melisande se mordió la lengua para no decir nada de lo que pudiese arrepentirse más
tarde. Quinn notó su contrariedad, que era la misma que él sentía. Ninguno de los dos acogía de
buen grado la interferencia y la manipulación de Lord de Tulley.
_ No fue lo que pretendía _ repitió este. _ No ven que los saqueadores no se intimidarán, a
menos que su unión parezca sólida? De que vale que Lord de Annosy sea un guerrero temido si
él no vive en sus tierras? No piense, Quinn, que las personas no advertirán la verdadera
naturaleza de su casamiento.
las palabras de Tulley sacaron a Melisande de su apatía. Ella se dirigió a Lord de Tulley
con un disgusto mal contenido :
_ Lord de Annosy? El arreglo no fue que Quinn sería el Lord de Annosy! Por lo que
comprendí, el objetivo del acuerdo era asegurar un heredero para Sayerne y garantizar que yo
tuviese un marido para desalentar los ataques a mis tierras.
_ En efecto, mi querida. Pero vos seguramente sabías que las dos propiedades serían
unificadas con este arreglo, no? _ Tulley preguntó, impaciente.
A Quinn no le gustó el tono de él. Hablaba con Melisande como si fuese una niña,
insultando su inteligencia. Y, en realidad, la idea implícita de la unificación de las tierras de
ambos tampoco quedaba clara para él . Entonces sería investido con el título de Lord de las dos
propiedades?
La perspectiva de gobernar Sayerne y Annosy lo dejó inseguro. Era un guerrero hábil con
la espada y las estrategias de la guerra. Pero Tenía consciencia de que no poseía los
conocimientos necesarios para administrar tierras.
_ Está ocurriendo un grave malentendido, mi Lord. Yo nunca acordé en unificar Annosy
con ninguna otra tierra, y mucho menos con Sayerne! Si ese era su propósito cuando nos
sugirió el acuerdo, debería haber dejado clara su posición _ retrucó Melisande.
_ Mi niña, será que creíste que la ley no se aplicaría a tu caso? _ dijo Lord de Tulley con el
mismo timbre áspero de la víspera. _ El título de Annosy no te fue concedido oficialmente en
virtud d el a ley. La tradición manda que la mujer ceda sus propiedades a su esposo. Mucho me
asombra que hayas pensado que Annosy sería una excepción.
El se enderezó y los observó a los . EN ese momento, Quinn vio que Lord de Tulley
esperaba una obediencia cuyas implicaciones Melisande y él habían subestimado.
_ En vista de su impetuosa discusión esta mañana, tomé una decisión. Annosy será, por
ahora, la única propiedad de Quinn. _ declaró Tulley.
_ Qué? _ inquirió Melisande con irritación.
_ Perdón ? _ se manifestó también Quinn, temiendo lo peor. Habría perdido Sayerne?
Tulley notó su mirada interrogativa con frío desdén.
_ Fue lo que oyó. No te daré la posesión de Sayerne por el momento.
_ Qué significa eso? Por cierto no pretenderá faltar a su palabra? El mayor propósito de
este arreglo fue garantizar mi título de Lord de Sayerne!
_ Es verdad! No puede hacer eso. Dio su palabra a Quinn! _ intervino Melisande, tomando
partido por él .
_ Yo puedo y voy a hacer lo que prometí. Pero quiero ver un matrimonio real antes de
ceder Sayerne. Si recuerdan bien mis palabras, yo no explicité cuando daría la posesión la
propiedad _ dijo, categórico, Lord de Tulley. Miró a uno y a otro y agregó : _ Yo sugeriría que
nunca más me acusen de faltar a mi palabra. La próxima vez, no seré tan benevolente y los
castigaré severamente.
El desaliento de Quinn era indescriptible. Había sido usado por Lord de Tulley , fue
inducido a casarse con una mujer que lo volvía loco... y todo en vano. Perdería su herencia. Y
ahora, para agravar la situación, Tulley estaba disgustado. Para Quinn, el futuro no podía
parecer más negro.
Tal vez todo hubiese sido más simple si no se hubiese ilusionado con la promesa de que
Sayerne le pertenecería. Tal vez hubiese sido mejor si la diosa fortuna no le hubiese sonreído
cierto día en Oriente así, él podría haberse evitado llevarse tamaño sinsabor.
Claro que, en ese caso, nunca hubiese pasado una noche con una novia tan encantadora...
El miró a Melisande, reparando que estaba colorada de la indignación. También se puso
colorada en el arrebato de la pasión, y esa recuerdo distrajo a Quinn momentáneamente de sus
inquietudes...
_ Aunque, para su suerte, soy un hombre compasivo _ prosiguió Tulley. _ El casamiento
requiere adaptación y pesa sobre mí la responsabilidad de haberles impuesto esta situación de
un modo imprevisto. Sé que no les di tiempo de habituarse a la idea. _ El les apuntó con un
dedo en alto . _ Pues tendrán una oportunidad de hacerlo . Un año les daré para que sedimenten
su matrimonio de forma genuina. Un año les daré para que conciban un heredero legítimo . _
Hizo una pausa y miró a Quinn. _ Cuando eso acontezca, Sayerne será tuya.
Entonces no todo estaba perdido! Quinn estaba exultante por su buena suerte, cuando de
repente se desanimó de nuevo. Nunca conseguiría que su esposa le diese un hijo. La propuesta
de Tulley podría encerrar una esperanza si Melisande no demostrase tal aversión por él. Quinn
sabía que no lograría responder a la expectativa do Lord de Tulley. Obviamente que tendría que
empeñarse en eso, aunque, Melisande le exigió que no la tocase más y él, tonto como era, le había
dado su palabra.
Y había aún un detalle : el corazón de la dama pertenecía a otro hombre. Quinn no la
forzaría a entregarse, pero le dolía que ese gesto de caballerosidad le fuese a costar tan caro. Ya
podía considerar Sayerne como perdida. EN ese punto, sintió rabia por la manipulación de
Tulley. Al menos Lord de Tulley debía haberle buscado una mujer que no estuviese
comprometida !
_ Pero, mi Lord... _ comenzó.
_ Basta ! Este es un asunto de suma importancia y si me hubiesen prestado atención ayer ,
habrían comprendido la magnitud del problema. Mis dominios están amenazados debido a la
vulnerabilidad de Annosy. No toleraré esa situación!
Tulley giró sobre sus talones y atravesó el cuarto. Se Detuvo ante la pesada puerta y giró la
cabeza.
_ Entiende, Quinn, que ya estoy siendo demasiado generoso en darle un plazo de un año _
dijo en un tono más blando. _ Otro, en mi lugar, pasaría la propiedad a las manos de un caballero
establecido y resolvería la cuestión sin más demora. Debería agradecerme por esa oportunidad.
Cuento con su empeño. No me decepciones. Con eso, él dejó los aposentos. Melisande, con toda
deliberación, dio la espalda a Quinn, se quitó la robe y la guardó en su baúl.
_ Me Harías el favor de mandar llamar a mi criada Berthe? _ pidió con aire casual, como si
nada hubiese ocurrido ;
_ Tu criada?
Quinn la observó incrédulo. Como podía mostrarse imperturbable después de lo que
dijera Tulley? Su actitud era un tanto sospechosa . Evitaba la mirada de él, y Quinn se
preguntaba por qué.
_ Si, por favor _ insistió Melisande. _ Voy a aprontar mi equipaje y preciso que Berthe me
ayude.
_ A dónde pretendes ir?
Melisande lo miró con una expresión consterna
da, lo que aumentó la desconfianza de Quinn.
_ Voy a mi casa _ respondió con una entonación monótona, volviéndose hacia el baúl.
El la miró por un momento. La sangre comenzaba a subirle a la cabeza.
_ Sé más clara. Vas a Sayerne o Annosy?
_ Annosy.
_ Annosy! Y por qué irías para allá? Nuestro hogar es Sayerne. Hay mucho trabajo a ser
hecho para restaurar la propiedad y, cuanto antes sea iniciado, más rápido podrá ser finalizado.
Melisande se inmovilizó por un instante y se dignó a mirarlo con indiferencia.
_ Mi hogar es Annosy _ replicó, enfatizando cada palabra.
Quinn cruzó los brazos, contrariado.
_ Estás sugiriendo que construyamos nuestro hogar en Annosy?
_ Yo por si acaso te invité a vivir conmigo? _ preguntó ella con una media sonrisa
mostrando sarcasmo.
_ Que yo sepa, un hombre no precisa de convite en su propiedad.
Ella giró bruscamente, los ojos verdes lanzando centellas.
_ Vos recibiste el título de Annosy? No ! Y, mientras no lo recibas, no tendrás ningún
derecho sobre esas tierras.
_ Por coincidencia, vos tampoco recibiste el título. _ replicó Quinn, disgustado. _ Según
Tulley, gobiernas Annosy por la gracia de él, hasta que surja un candidato a la altura de esa
posición.
_ No ! Annosy es mío , por derecho y por tradición. Poco me importa lo que Tulley diga.
Nací allá y fue allá donde mis padres murieron No pienses que voy a entregar Annosy a un
hombre que poco entiende de la administración de una propiedad.
_ Tu condición de mujer no te confiere poder de decisión sobre esas tierras.
_ Yo sé muy bien de las restricciones que enfrento en mi condición de mujer! _ Ella lo miró
llena de resentimiento, y nuevas lágrimas se deslizaron por su cara. _ Lo que daría por haber
nacido hombre ! Si así fuese, podría administrar el legado de mi familia con el sustento de la ley,
sin tener que someterme a los caprichos de Lord de Tulley!
Ante su desamparo, la cólera de Quinn disminuyó . El respiró profundamente y, más una
vez, buscó llegar a un entendimiento con su esposa.
_ Podemos ir antes a Annosy, si eso te agrada _ sugirió.
_ Yo no te invité a acompañarme. Iré solita ! Ella se estaba poniendo cada vez más
frustrante. No había posibilidad de entendimiento con aquella mujer.
_ Pero no oíste lo que Tulley dijo? Precisamos presentar un heredero dentro de un año. Si
mis cálculos no están incorrectos, eso significa que tenemos tres meses para cumplir con esa
exigencia. No es el momento más oportuno para que vuelvas a Annosy e desempeñar el papel
de doncella ultrajada!
Melisande hizo una mueca y, sorda a los argumentos de él, comenzó a recolectar sus
pertenencias. Quinn se vio en una situación muy delicada. Tenía ganas de mandarla al infierno.
Pero dependía de ella para alcanzar su meta. Crispó las manos, buscando desesperadamente un
medio de convencerla para colaborar con el acuerdo.
_ El tiempo es escaso, Melisande. Tenemos que proveer un heredero inmediatamente.
Ella le envió una mirada que podía ser interpretado como compasiva.
_ Ese es tu problema. Tulley me exigió que me casase con vos y que consumase la unión
para continuar gobernando Annosy. Ya cumplí mi parte del acuerdo.
Quinn jamás había conocido una criatura tan obstinada. Melisande realmente ponía a
prueba los limites de su paciencia. Si ella hubiese participado de la cruzada en Oriente, el número
de impíos convertidos, al menos, sería el triple !
_ No puedes actuar así. Ahora sos mi mujer y nuestros destinos están ligados _ insistió.
Por algunos segundos, Melisande se mantuvo callada, por fin, lo observó de manera
condescendiente.
_ No puedo negar la veracidad de tal afirmación. Te Doy permiso para quedarte en Annosy
entonces. Mas no alimentes falsas esperanzas, pues tu entrada en mis aposentos te está vetada.
Recuerda que, en cuanto a eso, ya teníamos un acuerdo.
Quinn suspiró, desanimado. Estaba al borde de la desesperación. Se Acercó a Melisande, la
tomó por los hombros y la sacudió.
_ Será que quieres enloquecerme, mujer? No oíste la determinación de Tulley? No puedes
abandonarme ahora! Quieres que pierda mi derecho sobre Sayerne?
_ Sayerne no es problema mío _ retrucó ella con calma. _ Si pierdes el título, yo no tengo
nada que ver con eso.
_ Ah, mi querida Lady, Sayerne es tu problema . Y sabes por qué? Porque Sayerne es mi
problema y vos sos mi mujer!
Melisande levantó la mandíbula en un gesto desafiante.
_ Es evidente que nuestros puntos de vista difieren largamente en lo que se refiere a esa
cuestión. No abrazaré tus causas sólo porque me digas que debo hacerlo.
Los dos se miraron midiendo fuerzas.
_ A esta altura, ya debes haber notado que no pretendo perder de mi legado _ dijo él .
_ Pues entienda de una vez por todas, bárbaro! No me importa si conquistas o no posesión
de tu herencia, pero no permitiré que me destruyas a mi !
_ Sabes que no quiero Annosy para mí ! Todo lo que me interesa es Sayerne y su
reconstrucción.
Ella lo miró detenidamente, como si reflexionase. Quinn percibió que llegaba a una
conclusión y que luego la proferiría en voz alta.
_ No te finjas bien intencionado, si? Ahórrame más hipocresías. Sé perfectamente lo que
hay atrás de tu insistencia. Vos estás actuando de acuerdo a la voluntad de tu padre _ lo acusó
Melisande abruptamente _ Jerome dejó clara su intención de unificar Sayerne y Annosy, costase
lo que costase. Apuesto a que, aún en su lecho de muerte, el te instruyó acerca de todas las
formas de concretar sus intentos!
_ No sabes lo que estás diciendo! Para de hacerte la tonta! Quinn la sacudió una vez mas ,
lo que no pareció surtir ningún efecto sobre ella. Melisande intentó zafarse, y sus ojos emitían un
brillo de puro rencor.
_ Oh, acontece que sé muy bien lo que estoy diciendo ! Mis ojos no me engañan y vos no me
das miedo. No seré un instrumento en las manos del hijo de Jerome de Sayerne ! Vos tienes la
sangre de él y no podes negar tu ascendencia, por más que intentes convencerme de lo contrario.
No eres digno de confianza, eso es todo!
_ No soy como mi padre _ replicó Quinn, escasamente reprimiendo la ira que crecía en su
interior. _ Y aunque sea la última cosa que yo haga, juro que te probaré eso.
Melisande se zafó con un gesto arrebatado y acabó rasgando su propia camisa. El sonido
del tejido lacerado los silenció a ambos. Los ojos de Quinn se posaron en la curva generosa del
seno que el rasgón entre mostraba.
_ Bárbaro _ ella murmuró. _ No pienses que vas a convencerme con tu cuento de hadas. Ya
me hiciste quebrar mi promesa ? Ya me robaste mi inocencia? Y , como si todo eso no bastase,
rasgas mis ropa... Para de atormentarme !
Quinn quedó en shock al percibir a extensión de su angustia. Y quedó aún más atónito por
saberse responsable del dolor de Melisande.
Ella se secó las lágrimas y miró por sobre o hombro mientras daba la espalda a un Quinn
mortificado.
_ Los lazos de sangre son más fuertes que todo, no me quieras persuadir de que vos y tu
padre no son iguales _ dijo, en un tono que destilaba desprecio. El optó por el silencio. No tenía
sentido proseguir aquella discusión. El hecho de haber desaprobado las acciones de su padre no
borraba los lazos de sangre que os unían. No tenía como negar de quien era hijo. Cabizbajo, miró
sus propias manos, lleno de amargura, se preguntó si estaría condenado a soportar eterna
mente el peso de los errores de su padre.
Melisande no vacilaba en culparlo por el propio infortunio y, peor, el no tendría cómo se
defender. Sólo le restaba darle tiempo al tiempo y probar, por medio de sus actos, que no era
igual a Jerome. Pero había un obstáculo: ella se rehusaba a aceptar la convivencia entre los dos.
Desgraciadamente Quinn no podía ni argumentar ni demostrarle la verdad. Estaba con las
manos atadas, y a frustración que de allí venía era terrible.
El levantó el rostro y la vio atravesar el cuarto. Sin querer, se quedó con la mirada fija en la
silueta de Melisande, la camisa fina permitía vislumbrar. Era embriagadora la manera en que su
propio cuerpo reaccionaba a la sugestiva desnudez de ella. Qué diablos le estaba pasando? En
qué lío se había metido?
Cuando Melisande desapareció por detrás de la cortina del lecho, Quinn pudo finalmente
concentrarse en el problema que se le presentaba. Y, habiendo logrado ordenar las ideas, percibió
que ella lo había defendido ante la nueva exigencia de Tulley. Ella fue la primera en resaltar que
era injusta la condición impuesta por Lord de Tulley. Mientras observaba la sombra de
Melisande moviéndose detrás da cortina, comenzó a considerarla bajo una nueva luz. Sería
posible que su esposa no lo despreciase del modo como le hacía creer? Quinn la espió
disimuladamente y no se le escapó el nerviosismo de sus gestos al disponer las prendas en el
baúl. Tendría Melisande algún escrúpulo en relación a él?
Quinn enderezó los hombros y confrontó la realidad de los hechos. Corría el riesgo de
perder Sayerne y le restaban tres meses para ganarse la gracia de Tulley. No podría desertar la
lucha. Si había un mínimo resquicio de esperanza para lograr su objetivo, él precisaba intentar
obtener éxito.
Tres meses. Le Parecía tiempo suficiente para con
vencer a su esposa de ayudarlo. Seguramente, ella precisaba un poco de atención. Las
mujeres eran criaturas sensibles, y el peor error de su padre fue maltratarlas. Era más que
natural que Melisande estuviese per
turbada con aquel casamiento realizado a las carreras. Sobretodo porque al aceptar el
acuerdo con Tulley, perdió también el novio con el cual estaba prometida.
Él dejó que su mirada vagase por la ventana. El sol producía en la nieve reflejos
multicolores que brillaban gemas raras. Pensativo, llegó a la conclusión de que tendría de luchar
por Sayerne hasta último momento. En aquellos tres meses siguientes, buscaría conquistar la
confianza de Melisande. Si fracasaba , renunciaría a su legado, a Melisande y a Annosy.
Quinn alimentaba intenciones excusas. Melisande tuvo certeza de eso cuando llegaran a la
casa del molinero al caer la tarde. No fue por mera coincidencia que él se deshiciera en
galanterías y pequeñas atenciones Después de la discusión de ambos. Quinn entablaba
conversación, demostraba preocupación por su bienestar y, cada vez que Melisande lo miraba, él
le brindaba una de aquellos sonrisas cautivantes que hacían su corazón se disparase.
Para Quinn, todo no pasaba de un juego y ella no era más que una pieza en su tablero.
Tenía que tener eso siempre en mente, se dijo a si misma.
Por otro lado, no podía negar que quedaba confusa ante las atenciones que él le venía
dispensando. Melisande se sentía exhausta, tanto por la jornada prolongada como por la tensión.
Si Quinn intentase tocarla, tal vez no tuviese fuerzas para resistirse . Y, eso, naturalmente, era
impensable.
El día estaba excepcionalmente caliente para aquella época del año, y un poca de nieve
derretida esparcía por el camino. Diminuyeron la marcha al avecinarse al establo del molinero.
Viajaban en un grupo relativamente numeroso. Mas allá de Berthe y Bayard, había aún otros
cuatro escuderos de Quinn y los seis caballeros de Annosy que escoltaban a Melisande.
Cuando se detuvieron, Quinn pasó la pierna musculosa sobre la silla de monta y la miró a
ella. Melisande supo que en breve él pasaría las manos por su cintura para ayudarla a apearse.
Entró en pánico. No podía permitir que él se aproximase !
_ No necesito de tu ayuda para desmontar. No te incomodes conmigo _ dijo.
Sus ropas se enredaban con los movimientos, mas, no obstante, se apresuró a descender de
la silla antes de que Quinn insistiese en ampararla.
_ Pero no es incómodo para mí _ replicó él, frunciendo el ceño al ver que la falda del
vestido se le enroscaba en sus piernas.
_ Es mejor esperar por ayuda, Lady _ intervino Berthe, sin pelos en la lengua, como era su
costumbre.
Pero, ignorando el consejo de la criada, Melisande no esperó a que Quinn a ayudase. No
quería arriesgarse a otro contacto con él. Era tiempo de mantenerlo a distancia. Así, que se apeó
rápidamente. Sólo que, en el momento en que se deslizaba para hacia suelo, su caballo dio un
paso al frente, haciéndola pisar mal. Melisande se agarró a la correa del estribo para recuperar el
equilibrio, al mismo tiempo en que sentía una fuerte puntada de dolor.
_Se lastimó, mi Lady? _ preguntó Berthe.
_ Pero podrá ser que no tengas un gramo de sentido común ? _ dijo Quinn, aproximándose
por detrás de ella.
Melisande empalideció e intentó afirmarse, fingiendo que nada había acontecido. Por un
segundo, creyó que no conseguiría apoyar e pie. Le entró un pánico irracional, convencida de
que su tobillo herido no aguantaría el peso de su cuerpo.
EN el instante siguiente, Quinn estaba a su lado. Pasó su brazo fuerte en torno de su cintura
y amparó.
_ Estoy bien, gracias _ dijo ella bajito, consciente de que hablaba así debido a la proximidad
de Quinn, ya que no tenía la mínima certeza de conseguir caminar.
_ Estás bien ? _ insistió él, y su voz reveló impaciencia. Entonces la soltó de repente. _ EN
ese caso, trata de andar.
Melisande respiró profundamente y soltó la silla de montar a la cual se agarraba. No
queriendo demostrar debilidad, se obligó a dar un paso con la pierna lastimada. Ni bien su pie
tocó el suelo, ella hizo una mueca de dolor. Quinn acudió , tomándola con facilidad.
_ Quien fue el tonto que a enseñó a desmontar antes de que el caballo esté seguro? _
inquirió, y una sombra de preocupación pasó por sus ojos color de ámbar. _ Y quién fue que
adiestró a su jinete?!
Si Melisande no se forzase a recordar los objetivos de él, casi habría creído que estaba
realmente preocupado por su bienestar. Pero, repitió a sí misma, era apenas su fertilidad lo que
lo preocupaba. Y eso sólo hasta que Sayerne pasara a manos de Quinn definitivamente.
_ Como estás ? _ él le susurró, haciendo que se sintiese nuevamente desarmada en su
presencia.
_ Podes quedarte tranquilo. Mi útero no sufrió ningún daño _ replicó ella ásperamente,
buscando un escudo en la retaliación.
Berthe se mostró asombrada con su agresividad.
_ Nunca vi a mi Lady tan intratable. Ni la muerte de sus padres la dejó en tal estado _
comentó.
Melisande oyó a la criada literalmente bufando de desaprobación y se imaginó que fue
atrás de Quinn cuando dijo:
_ Mi Lord, le pido disculpas por la conducta de mi ama. Generalmente, ella es una
compañía muy agradable.
Mirándolo, Melisande captó una expresión extraña en su rostro. Sabía que él tenía
consciencia de ser la causa de su irritación.
_ Y bien _ dijo Quinn, dándose vuelta a continuación hacia Melisande. _ Dónde es que te
está doliendo?
La pregunta era razonable y oportuna. Ella tendría que dar una respuesta, o correría el
riesgo de parecer aún más temperamental.
_ El tobillo _ dijo con voz trémula, hecho que la sorprendió y que ella lo atribuyó al susto
que se llevara.
Finalmente, no podría estar así por causa da proximidad de Quinn.
_ Fue una simple torcedura o crees que te fracturaste el hueso? Sin esperar respuesta, él se
recostó contra una cerca y equilibró a Melisande en sus brazos con desconcertante familiaridad.
Su contacto era reconfortante, y ella casi quiso creer que no había nada mal entre los dos, quien
conociera a aquel caballero galante en otras circunstancias podría darse el lujo de complacerse
con sus cuidados.
Quinn se inclinó para examinarle el tobillo. La leve presión de sus dedos hizo que
Melisande se quedase con la respiración suspendida. Ella prefirió atribuir su reacción al hecho
de que un contacto tan íntimo era impropio en aquellas circunstancias, a la vista de toda gente.
Él era sorprendentemente delicado.
_ Sientes dolor al moverlo así? _ preguntó, girándole el pie lentamente.
_ No.
_ Y así?
_ Oh!
_ Lo Siento mucho.
Quinn le besó el tobillo a modo de consuelo. Melisande evitó mirarlo, para no le dar
oportunidad de sacar ventaja de su debilidad.
_ Creo que fue solamente una torcedura. Berthe podrá vendar tu tobillo _ dijo él.
_ Puedo, mi Lord _ garantizó a criada. _ Aprendí muchas cosas con un famoso herbario y...
_ Michel! _ llamó Quinn, no dándole chance de completar la frase.
Mientras el muchacho venía deprisa, Bayard escasamente contuvo una carcajada.
_ Parece que no soy el único en huir de su maltrato _ provocó él.
_ Bien, por al menos ese caballero tiene como justificar su preocupación por su dama y no
la mala educación _ replicó Berthe.
Bayard levantó la pierna, haciendo que sus espuelas reluciesen al sol.
_ Y vos qué sabes de buena educación? Mira estas espuelas. No cualquiera puede
usarlas.
_ Las espuelas no tienen nada que ver con la etiqueta, cuando sus propios modales dejan
mucho que desear !
_ Etiqueta? Pues yo conozco los procedimientos de la corte mucho mejor de lo que se
imagina. _ él se inclinó con expresión maliciosa, mientras la criada lo ignoraba deliberadamente.
_ EN verdad, bella dama, si yo resolviese conquistarla, vos caerías a mis pies.
El escepticismo con que ella lo observó ya era de por si solo elocuente.
_ Creo que eso es muy improbable, mi Lord.
Quinn carraspeó para interrumpir la pelea , sin desviar sus ojos de Michel.
_ Precisamos agua caliente y un pedazo de paño para vendar el tobillo de mi esposa _ dijo
al niño.
_ Si, amo.
Michel echó a correr, sus pasos sonaron contra el empedrado que cubría el suelo. Berthe lo
siguió prontamente, gritando:
_ Asegúrate de que sea una tela limpia y de buena cualidad! No admitiré nada de segunda
para mi ama!
_ Vamos, muchachos ! _ convocó Bayard, hablando hacia los escuderos y los caballeros de
Annosy. _ Tenemos de desensillar los caballos e darles de comer.
Los hombres rumbearon entonces hacia el establo y desaparecieron en su interior.
Melisande humedeció sus labios. Quinn y ella estaban a solas ahora. Se Preguntó qué haría
él, sin decidir si lo que sentía era horror o expectativa. Bajó el rostro, segura de que su mirada
perturbadora la escrutaba.
_ Esta noche cuidaré de mi esposa _ Quinn dijo bajito.
Ella levantó el rostro en un segundo , a tiempo de captar una sonrisa pícara asomando en
los labios de él.
_ Oh, no, no! Berthe cuidará de mi.
_ Berthe no conseguirá cargarte a la cama _ remató Quinn con evidente satisfacción.
Melisande se ruborizó al percibir el rumbo que sus pensamientos tomaban.
_ Vos me prometiste _ fue todo lo que replicó.
No le servía de consuelo que Quinn se quedase tan relajado a su lado, mientras ella se
quedaba invariablemente perturbada en presencia de él.
Quinn arqueó una ceja con aire displicente. Ignoró completamente la reprimenda de
Melisande.
_ Oh, no, mi querida Lady. No fue esa a promesa que hice. _ Se Levantó e indicó la casa del
molinero. _ Crees que puedes caminar hasta allá sin mi ayuda? _ indagó de modo casual
La seguridad de él hizo Melisande tuviera ganas de abofetearlo. Y la violencia de su propia
reacción le causó extrañeza. Nunca un hombre la hizo perder los estribos de aquel modo.
Exasperada, calculó la distancia hasta la casa y concluyó que no sería capaz de alcanzanla sin que
alguien la llevase. Que Quinn tuviese razón, sólo incrementó su irritación.
_ Berthe me puede ayudar _ se obstinó.
_ Claro. La constitución frágil de tu criada sólo te proporcionará un apoyo precario. Como
resultado, forzarás tu tobillo y sentirás más dolores. _ Quinn la miró directo a los ojos de ella, y
un brillo divertido le animó las irises castañas. Su voz se volvió insinuante: _ Eso, naturalmente,
hará que pases más tiempo en la cama.
_ Tu mente es más sucia que un chiquero !
_ La cuestión del heredero de Sayerne es de gran importancia para mí . Y vos sabes por qué
_ declaró él, dejando de sonreír.
_ Es obvio que lo sé. No pasas oportunidad de que tratar de lograr tu objetivo. Créeme, mi
Lord, si estuviese a mi alcance prestarles mi útero para verme libre de tu presencia y de la de
Tulley, yo lo haría de buen grado! _ retrucó Melisande, estallando de rabia.
Primeramente, Quinn quedó alarmado. después, intrigado.
_ No deseas tener hijos? _ sondeó con cautela.
Ella encogió los hombros con expresión de amargo escarnio.
_ No me hagas reír con tu hipocresía. Des
de cuando mi deseo tiene alguna importancia?
_ Pero te comprometiste a desposar otro hombre. _ observó Quinn, sin hacer caso de su
mordacidad. _ Seguramente planeabas darle hijos.
Melisande respiró profundamente y levantó el mentón , sabiendo que no sería fácil hacer
Quinn creyera en su mentira. Pero No tenía otra alternativa. Su pretendido amor por Arnaud era
la única arma de que disponía para protegerse. Así que, sostuvo la mirada y no vaciló en decir:
_ Lo que yo haría por el hombre que amo no tiene nada que ver con nuestro casamiento.
Él apretó los ojos y contrajo los maxilares. Melisande ya preveía el momento en que
perdería la paciencia y la dejaría solita allí. En su interior ella le daría la razón si así lo hiciese.
Reconocía que su comportamiento en los dos últimos días se estaba revelando como
absolutamente intragable. Berthe no mentía cuando afirmara que, en general, ella tenía un buen
talante. Ahora, sin embargo, una faceta suya, desconocida y desagradable, parecía salir a la luz.
No estaba contenta consigo misma.
Pero qué podía hacer? Era algo más fuerte que ella . Se Sentía completamente aterrada con
su nueva situación y la incógnita de su futuro.
Mientras tanto , Quinn la estudiaba atentamente y, en un dado momento dado , frunció el
ceño. Melisande, a la defensiva, temió haber dejado transparentar sus pensamientos.
_ Me veo forzado a decir, mi querida dama, que es muy difícil creer que ames alguien o
algo mas allá de Annosy _ Quinn declaró en un tono perfectamente calmo.
En aquel momento, más una vez, Melisande lo detestó por su sagacidad.
_ Mas cuando eso me fue arrebatado _ dijo en un impulso, admitiendo involuntariamente la
certeza de la observación de él. _ Tulley no te prometió el título de Annosy?
Quinn no respondió. En eso, el molinero apareció en la puerta de la casa y vino a darles la
bienvenida. Quinn le sonrió al hombre y entonces habló bajo, a fin de que el otro no oyese.
_ Ya hicimos bastante escándalo por hoy. No tardaran en correr maledicencias sobre
nuestro casamiento. Tengo una propuesta que hacerte. Pero tendrás que tomar tu decisión ahora.
_ Que tipo de propuesta?
Él desvió la mirada, centrándose en la figura del molinero que se aproximaba. El hombre
corpulento los miró con una mezcla de simpatía y curiosidad.
_ Vos dejaste en claro que Annosy es tu único interés. Y el mío es Sayerne. Dame el
heredero exigido por Tulley y me desprenderé de todos los derechos que tengo sobre Annosy.
Melisande se quedó boquiabierta, la incredulidad estampada en su rostro. Aunque, luego
vio que Quinn estaba lejos de bromear.
_ Hablas en serio?
_ Si. Te Doy mi palabra _ afirmó Quinn. Ella se mordió el labio, indecisa. Aquella
propuesta se refería a su mayor ansia. Su independencia y la posesión de Años asegurada.
Todo lo tenía a hacer era engendrar un hijo para Quinn. después que diese a la luz, podría
insistir en quedarse con su hijo en Annosy. Era la simple existencia de aquel heredero que le
interesaban a Tulley y a su marido.
Además, ella sabía que Lord de Tulley no toleraría un desacato a su voluntad,
castigándolos si no obedecían. Ambos corrían el riesgo de perder sus respectivas propiedades.
Melisande lanzó una mirada oblicua a Quinn. Al percibir que él la miraba fijamente, giró el
rostro, con el corazón latiendo locamente. Aún recordaba vivamente todo el placer que sintió en
los brazos de aquel marido que le fuera impuesto. Y no podía negar que, en lo profundo, la idea
de deleitarse nuevamente con él no le desagradaba. Por el contrario...
Tal vez nunca tuviese otra oportunidad de garantizar la posesión de Annosy, ponderó,
aunque suponía que ese no era el único motivo que la llevaba a considerar la oferta de Quinn.
_ Cuáles son tus términos? _ preguntó sin más reflexión.
Si Quinn quedó sorprendido con su receptividad, no lo demostró.
_ Dormiremos juntos todas las noches hasta vos concibas un hijo _ dijo en un tono
inexpresivo.
_ Todas las noches? _ Ella habló más alto de lo que habría deseado. _ No te parece
exagerado?
El molinero ya estaba bien próximo a los dos. Lo bastante Próximo como para oír su
coloquio. Melisande se ruborizó hasta la raíz de sus cabellos, recelando que él pudiese entender
las implicaciones de las palabras que acabara de proferir.
Pero el hombre no dio muestras de haber oído nada malicioso. Los miró a los dos con
expresión ávida. Melisande no tuvo duda de que él era una gran fuente de los chismes en la
región .
Como si compartiese aquella impresión, Quinn se inclinó y le cuchicheó :
_ Sugiero que mantengamos la farsa. Para todos los efectos, somos una pareja feliz y
apasionada. No es recomendable alimentar los rumores que ya comenzaron a propagarse en lo
de Tulley.
_ Sabio consejo, mi marido _ murmuró ella, observando o molinero.
A continuación, besó la cara de Quinn para cumplir su papel de esposa dedicada. O rubor
que le tiñó as cara, aunque, no estaba en sus planes.
_ Te Agradezco tu consideración, Quinn.
Ante su iniciativa, la mirada de él se volvió inesperadamente intensa. No esperaba que
Melisande aceptase su propuesta con semejante rapidez. Ella creyó graciosa la reacción de su
marido y sonrió.
_ Fue un placer, mi lady _ él susurró.
_ Sea bienvenido una vez más, mi Lord! _ saludó el molinero. _ Todo salió bien en Tulley?
Miró entonces a Melisande. Ella comprendió que el molinero sabía su identidad y el vínculo
que ahora la unía a Quinn. Pero, por educación , el hombre no hizo ningún comentario,
esperando que le informasen sobre la unión.
_ Si, todo salió bien muy bien _ respondió Quinn. Miró a Melisande y sonrió de una
manera que hizo que el corazón de ella latiera más rápido. _ Tulley me confió una linda novia.
Juntos, administraremos las tierras de Sayerne y Annosy.
Capítulo VI
Había algo muy mal. Quinn no conseguía identificar qué, y no le estaba gustando nada
eso. Melisande se venía revelando un enigma más intrincado que lo que imaginara al principio.
Sin embargo, por lo poco que la conocía, sabía que el repentino mutismo de ella no era un
indicio favorable.
Mientras comían en la mesa del molinero, Quinn se esforzó para definir el exacto instante
en que la actitud de Melisande había cambiado. No era capaz de detectar la causa de su
contrariedad. Habían hecho progresos. Habían llegado a un entendimiento. Además, él no
faltaría a su palabra.
Buscó la mirada de su esposa y la vio cabizbaja. Sin duda, eso no era buena señal. Qué le
estaría se pasando?
Tal vez, Quinn arriesgó, su estado no tuviese nada que ver con él.
_ Algo te preocupa? _ le susurró.
_ Si _ respondió Melisande con voz tensa.
La mirada hostil que le envió fue suficiente para Quinn tuviese certeza de que era el
responsable por la pesadumbre de ella. Ahora, definitivamente no sabía qué pensar. Por un
momento, miró con desaliento las sobras de la comida en su plato.
_ Tal vez mi dama quieras retírate _ sugirió cautelosamente, como se lidiase con una fiera
imprevisible.
_ Si _ volvió a decir ella.
A juzgar por las centellas que se encendieron en los ojos verdes, Quinn había esperado que
Melisande fuese responder con un torrente de improperios. Pero cuando se trataba de aquella
mujer, su juicio frecuentemente fallaba.
Ella giró hacia el molinero, dirigiéndole una sonrisa tan encantadora que dejó a Quinn en
shock con la súbita transformación que operaba en ambas direcciones.
_ Le Pido disculpas por mi rudeza. El tobillo me duele mucho y reconozco que no me
mostré como una compañía muy agradable _ dijo, con una dulzura que nunca había demostrado
para con Quinn.
_ Oh, Lady Melisande, no se aflija _ respondió amablemente el molinero. Se levantó y se
paró al lado de ella. _ Lamento que se halla lastimado. Tal vez debimos haberle servido la cena
en sus aposentos, para que quedase más cómoda.
_ Es muy gentil, pero sé que me conduje de un modo rudo _ insistió Melisande.
Quinn la miraba con creciente espanto. Por experiencia propia, sabía que aquella dama
tenía el don de ser ruda como nadie cuando le daba un berrinche. Aunque, evidentemente
aquella no era ocasión propicia para tener semejante observación.
Él se preguntó si Melisande no intentaba mostrarle que cometió una gafe cuando, poco
antes de la cena , sugiriera que ella comiese en sus aposentos. Real
mente, aquellas cuestiones de etiqueta podían ser más complicadas de lo que parecían a
primera vista. Quinn pensó que, lejos de los campos de batalla, estaba definitivamente fuera de
su ambiente y más que nunca, se sintió desalentado.
El molinero tenía el pecho henchido.
_ Ya fuimos debidamente honrados con su presencia y sus valientes esfuerzos de entablar
una conversación _ protestó. _ Ahora, se quiere acompañarme. Sus aposentos están prontos y no
debe más se cansar. Venga, venga.
_ No sabe que agradecida estoy por su hospitalidad.
_Eso no es nada. _ Él unió las manos y miró inquisitivamente a Quinn. _ Tal vez el Lord
pueda ayudarla a caminar?
_ Ciertamente _ respondió Quinn, levantándose. Si no servía para más nada, al menos podía
ser útil para tareas menores, ponderó con disgusto. Bayard disfrazó una sonrisa, pero él no tenía
nada que decirle a su amigo. Desanimado, levantó Melisande en sus brazos y siguió al anfitrión
por las escaleras que conducían al piso superior de la casa.
Melisande ni se dignó a mirarlo. Rígida como una estatua, mantuvo la mandíbula apuntado
para bajo. Su distanciamiento era a propósito , Quinn bien lo sabía, sin embargo comprender lo
que había hecho para merecer tal tratamiento... ese era otro tema . Ah, como le gustaría sacudirla
para que perdiese aquella insoportable pose!
O, mejor aún, podría besarla, de manera de hacerla sucumbir exactamente como sucumbió
la noche anterior... Ese pensamiento lo volvió más consciente de las curvas de Melisande. Casi
tropezó en un escalón cuando su mente conjuró una serie de imágenes tentadoras.
Sin embargo, había le dado su palabra a ella, o no? Lo Hizo en un lapso de rabia, pero
honraría lo pro
metido. Aunque eso lo consumiese. Quinn suspiró y deseó ardientemente que la debilidad
de Melisande fuese mayor que la suya. Pero admitía que hasta entonces, su experiencia le
indicaba lo contrario...
El molinero llevaba una vela consigo e iluminó el corredor con a llama trémula. Subieron
entonces al segundo piso. Quinn se sintió aliviado de que los escalones de madera fueran
sólidos, pues veía muy poco mas allá de su nariz. Su anfitrión se paró de delante de una puerta,
la abrió y con una reverencia los convidó a entrar, ajustando la vela en un artefacto sujeto a la
pared.
El cuarto era mayor de lo que Quinn había imaginado. la cama, larga y ancha . Contrastaba
con las paredes claras y las vigas de madera oscura . Las ventanas estaban cerradas y todo se
mostraba inmaculadamente limpio. Quinn se preguntó si el molinero tendría una compañera que
cuidaba con esmero de la casa.
_ Este es mi cuarto _ anunció o sin esconder su orgullo. _ El mejor aposento que puedo
ofrecerle a una dama recién casada. La ropa de cama fue cambiada esta mañana. Hay agua
caliente, que su criada podrá traerle para sus abluciones. La vista desde ventana es muy bonita
por la mañana.
Dicho eso, él sonrió, mirándolos con aire paternal.
_ Le Agradezco de corazón por tamaña generosidad _ declaró Melisande.
_ Si precisasen algo más, no vacilen en llamarme.
El molinero se inclinó respetuosamente y salió, cerrando la puerta.
Cuando se vio a solas con Quinn, ella hizo una mueca.
_ Ponme en el suelo, por favor. Y llama Berthe para que venga me ayudar _ dijo, irritada.
_ Tal vez yo no quiera llamarla. Tal vez quiera saber primer lo que causó tu súbito cambio
de actitud. Quinn la observó con calma que no correspondía a su real estado de espíritu.
Melisande devolvió una mirada de desdén.
_ No cambié de actitud.
_ Pues yo no lo creo. Parecías haber aceptado nuestro acuerdo. _ Quinn le dio una sacudida
, sin soltarla. _ Entre tanto, sin más , comienzas a tratarme como si yo fuese el hijo del propio
demonio!
_ El hijo de Jerome de Sayerne no está muy lejos de ser eso! _ replicó ella.
_ Vamos esclarecer las cosas de una vez por todas. Será que no percibes que no soporto ser
comparado con él? Y, sin embargo , no te cansas de repetir ese insulto. Dime, pues, lo que mi
padre hizo para le provocar tamaño rencor.
Melisande la observó sin nada decir. Después cruzó los brazos sobre o pecho, a la
defensiva.
_ Cuando mis padres aún estaban vivos, Jerome maltrataba a sus inquilinos. Les Cobraba
impuestos altos, les hacía pasar necesidades y los obligaba a trabajar mas allá del limite de sus
fuerzas. Arrastraba a su cama toda mujer en quien pudiese poner sus manos y , si la embarazaba,
la expulsaba de sus tierras _ se descargó por fin.
Sus ojos relucían de rabia, y Quinn guardo silencio, preparado para oírla . Sabía que
aquellas revelaciones no le serían agradables, pero precisaba comprender mejor la raíz de la
aversión que Melisande le mostraba.
_ En una de sus visitas a la casa de mi padre _ prosiguió ella _ Jerome vio a una de mis
damas de compañía, hija de un noble que nos prestaba servicio. La moza fue raptada por Jerome
y cruelmente violada. Mi padre la acogió, cuando volvió infeliz y deshonrada. _ Melisande
meneó la cabeza, disconforme. _ Yo la conocía desde que era una niña. Nosotros la amábamos ...
En ese punto, su voz falló y se calló. Quinn no sabía qué hacer para minimizar aquellos
malos recuerdos. Así, que se quedó en silencio, esperando que Melisande se recompusiese.
_ Ella cargaba un hijo en su vientre. Perdió la vida en un parto difícil. Su padre nunca
reconoció aquel hijo, que enfermó y murió en el invierno siguiente, a pesar de nuestros
esfuerzos para salvarlo _ concluyó Melisande. Sus ojos quedaron enrojecidos, y carraspeó. _
Cuando perdí a mis padres y me quedé solita en este mundo, Jerome inició una campaña para
unir a fuerza Annosy y Sayerne. Tulley protestó, y él entonces adoptó métodos más sutiles de
coacción. Cambiaba la demarcación de nuestras fronteras, robaba el producto de la colecta de los
contratos .
Melisande rió ásperamente al ver que él no encontraba las palabras para contradecirla.
_ Y vos aún me preguntas qué hizo tu padre para que yo lo ódiase! Ahora Jerome está
muerto, pero los ataques a Annosy prosiguen. Al mismo tiempo, vos volviste para reclamar las
tierras de tu padre. Crees tan espantoso que yo te mire con desconfianza?
Mirándose fijamente. EN el semblante de ella había dolor y censura, rasgos que Quinn
tendría borrado si eso estuviese en su poder. El hecho de que Melisande lo creyese que era igual
a su padre le causaba un gran malestar.
_ No soy como él _ fue todo lo que podía replicar. _ Dame una oportunidad de probar que
estás equivocada.
Ella respiró profundamente y giró o rostro.
_ Ponme en el suelo, por favor. Prefiero quedar solita.
Quinn apreció su gesto de contarle aquella historia, sobretodo porque evidentemente no era
fácil para Melisande tocar ese asunto. Pero, de repente, se sintió exasperado. Entonces, ella no le
daría ni una única chance de redimirse de su juicio erróneo?
Se reculase, aquella sombra de duda que los separaba ahora persistiría, crecería hasta
proporciones intolerables. Y eso Quinn no lo iba a permitir.
_ Fui invitado a venir aquí _ le recordó.
_ Si, en un momento de debilidad del cual mucho me arrepiento !
_ También te arrepientes de nuestro acuerdo?
_ Si _ retrucó Melisande obstinadamente, pero evitó la mirada dé el. Su voz, aunque, sonó
decidida cuando reiteró: _ Si, yo me arrepiento.
Quinn presintió que intentaba engañarlo. Mientras sus labios afirmaban una cosa, sus ojos
decían otra. La rabia de él volvió a crecer ante la insinceridad de Melisande. Pues muy bien,
decidió, Haría el juego de ella y vería hasta cuando la farsa persistiría.
Sabiendo cuanto ella preciaba la palabra empeñada, él dijo:
_ Entonces tu palabra no tiene ningún valor. Me Hiciste una promesa y, ahora que eso ya no
te es conveniente, decides volverte atrás. La integridad de tu caráter me sorprende!
Melisande lo fulminó con la mirada, y sus labios temblan ligeramente.
_ Animal ! Aprovechas a coaccionarme en un momento de debilidad ! Me Usas para
obtener tus objetivos, exactamente como Jerome habría hecho si estuviese en tu lugar! No finjas
estar ofendido cuando sos comparado con él. Estoy convencida de que los dos son harina del
mismo saco ! _ casi gritó, fuera de sí.
_ Mi padre está muerto _ observó Quinn sin emoción.
_ Pero su astucia sobrevive en su hijo.
_ Ya te dije que estás equivocada.
_ Pues entonces pruébame eso _ lo desafió ella, mirándolo directamente a los ojos. _ Si sos
el caballero que afirmas ser, no me presiones y déjame en paz esta noche.
_ Preciso repetir que fui invitado?
_ Si. Fuiste invitado a mis aposentos, pero no a mi lecho _ replicó Melisande con firmeza.
Posó las manos en los hombros de él y lo empujó . Mientras los ojos verdes parpadeaban en la
penumbra, su voz se transformó en un susurro: _ Muéstrame qué tipo de hombre sos.
_ Y qué tal si me mostrases qué tipo de mujer sos vos?
Quinn se permitió esbozar una lenta sonrisa, cargado de significado . Notó que, contra a
voluntad, ella posaba su mirada en sus labios, como si no pudiese dejar de contemplarlos. La
expresión de Melisande se convirtió en una mezcla de inocencia y recelo. Se le ocurrió a Quinn
que ella defendía con uñas y dientes todo lo que amaba; que luchaba enérgicamente para
repelerlo; que sus patrones morales eran rígidos, no admitiendo ningún ápice entre lo cierto y lo
errado. Y, sin embargo, cuando bajaba su guardia, se revelaba infinitamente dulce e vulnerable.
Era el tipo de mujer que cualquier hombre se enorgullecería de tener a su lado. En un impulso,
Quinn quiso estrecharla en sus brazos, acunarla, protegerla...
_ Si, yo sé qué tipo de mujer sos vos _ dijo bajito, aproximándose al rostro de ella. _ No
pienses que me olvidaré de nuestra noche de bodas.
Y, con eso, él no se refería apenas a la unión carnal de ambos. Sus palabras se extendían
también a la manera en que Melisande había confiado en él y le expuso su suavidad. Quinn, sin
embargo, no fue más explícito.
Ella abrió desmesuradamente los ojos, retrayéndose. Y todo lo que Quinn deseaba en aquel
instante fue besarla y experimentar, una vez más, la dulzura que su esposa guardaba dentro de
sí . Se Inclinó y rozó sus labios con los de ella.
Melisande estremeció. Sus pechos parecían comprimidos en el vestido, mientras ella
respiraba con dificultad. Quinn tuvo ganas de arrancarle las ropas y acariciarle la piel . Quería
poseerla aquella noche. Su cuerpo reaccionó instantáneamente a la proximidad de ella.
No podía ocultar el deseo que sentía por Melisande. Y era evidente que ella temía que fuese
a tomarla por la fuerza, quebrando el juramento que le hiciera.
Respirando profundo, Quinn luchó para controlarse. Estaba muy tentado de acostarse con
Melisande y subyugar sus defensas. Aunque, ella lo tomaba por un bárbaro y no esperaría que
tuviese otro comportamiento. Podría hasta complacerse con las caricias que intercambiaran,
pero a la mañana siguiente lo odiaría.
Aquella era la oportunidad que él había esperado para probarle que era un hombre íntegro.
Esta sería su chance de sorprender a Melisande.
Cuidadosamente, la depositó sobre a cama. La Sintió quedarse rígida, preparándose para
resistir su asalto. Mas todo lo que hizo fue besarle la frente. Melisande apretó los ojos y lo miró
con desconfianza.
_ Duerma bien, mi lady _ murmuró Quinn. Sabía que debía dejarla en aquel instante. No
podía, sin embargo, privarse de una pequeña concesión. Capturó la mirada de Melisande por un
largo minuto, después le cubrió los labios con los suyos. Trémula, ella no lo repelió.
Quinn osó interpretar aquel gesto como una invitación. Tal vez, finalmente, su esposa no lo
detestase tanto...
_ Llamaré a Berthe _ le susurró. Antes que Melisande pudiese decir algo, él se puso de pie y
se apartó. Cuando cerró la puerta del cuarto, la oyó insultar y sonrió para si. La batalla aún no
estaba perdida. La sonrisa de Quinn se agrandó. En seguida, él asumió un aire compuesto y
descendió a la cocina.
_ Quinn! _ exclamó Bayard sorprendido. _ Pensé que estabas con tu esposa.
_ Ah, no. Ella siente dolores y precisa de reposo. _ Quinn entonces giró hacia Berthe. _ Tu
ama pidió que fueses ayudarla para prepararse para dormir. Sería bueno que le llevases un té
calmante.
_ Si, mi Lord. Haré eso inmediatamente _ respondió la criada, solícita.
_ Y en cuanto a vos, mi amigo, no está descuidando tu deber conyugal ? _ dijo Bayard, con
una osadía incitada por el vino.
_ Ah, sólo vine aquí porque quería tomar una copa más con nuestro anfitrión.
Así diciendo, él se sentó en la mesa. Michel le sirvió una taza de vino con presteza. Quinn
sorbió un trago sin ganas y fingió satisfacción.
_ Debe estar bromeando conmigo _ rezongó Bayard, siempre atento.
_ La dama necesita de una buena noche de sueño _ sostuvo Quinn taxativamente.
_ Y ese es un gesto de consideración para con su esposa _ aprobó Berthe, sonriendo al pasar
al lado de él. _ Me Alegra saber que ciertos hombres saben cómo tratar una mujer con debido
respeto.
Quinn pestañeó un par de veces, sin entender el motivo de aquella observación. Fue ahí que
percibió el rubor en la cara de Bayard.
_ Pues, en mi opinión, eso no es natural _ insistió su amigo, en un tono casi inaudible,
mientras bebía su vino.
_ Yo oí lo que dijo! _ le gritó Berthe, al pie de la escalera. _ Y puede estar seguro, caballero
Bayard, de que no es una actitud poco natural, sino civilizada; preste atención al
comportamiento de su amigo. Tal vez, así, aprenda buenas maneras!
_ No preciso de buenas maneras ! _ gruñó él, arrancando carcajadas de sus compañeros
sentados a la mesa.
Quinn se revolvió en el banco y llevó la taza a los labios. No podía dejar de imaginarse a
Berthe ayudando Melisande a desvestirse en la intimidad del cuarto. Jugó con la imagen de los
cabellos rubios de Melisande, reflejando la luz dorada de la única vela que iluminaba el
aposento. El hecho de obligarse a permanecer en la cocina indicaba cuan fuerte era su
determinación de mostrarse digno de la confianza de ella.
Pero , se dijo a si mismo, actuaba así para salvar a Sayerne. En su interior , sin embargo,
sospechaba que esa ya no era la única razón que lo impelía.
Melisande sintió el calor del sol en su cuerpo. Giró y se quedó echada de lado. Estaba
descansada y el tobillo casi no le dolía más.
Todos en la casa aún dormían. Ella calculó que los animales no habían sido alimentados. Se
desperezó e, inadvertidamente, dio con una sólida pared de músculos. Sintió los vello suaves
que le rozaron la mano. Aún sin abrir los ojos, tuvo certeza de que eran castaños. El cuerpo
musculoso la envolvía , provocándole una repentina excitación que no era propia para una dama.
Melisande agudizó los oídos y captó el sonido de la respiración de Quinn. Él resonaba a su
lado. Había tenido la petulancia de meterse en la cama mientras ella dormía ! Por más irritada
que estuviese de encontrarlo allí, fue dominada por una irresistible curiosidad.
Además, Quinn estaba adormecido. Que mal haría en mirarlo más de cerca? Nadie, mas allá
de ella, sabría que se había tomado aquella pequeña libertad...
EN la noche de bodas, se había estado demasiado nerviosa para contemplar el cuerpo de su
marido. Seguramente no había nada malo en mirarlo un poco antes de que se despertase, no...?
Inspiró profundamente y abrió os ojos. Escrutó el semblante de Quinn y, al deparar con la
fisionomía plácida de él, algo en su interior se conmovió. Quinn parecía menos amenazador en el
abandono del sueño. Sus pestañas Largas bordeaban los párpados adormecidas y su boca se
curvaba casi en una media sonrisa.
Ella siguió el impulso de tocarle os labios con la punta del índice. Eran suaves y calientes.
Melisande estudió intensamente las facciones de Quinn y se dio cuenta de que nos sabía
prácticamente nada sobre su marido. Nunca le preguntó nada acerca de su pasado. Buscó en su
memoria para recordar lo que dijera Tulley. Quinn participó de las cruzadas. Entonces había ido
a Jerusalem ? Mirándolo, se preguntó lo que él habría visto en sus andanzas por el mundo. Por
dónde había viajado ? Que exóticos aromas y sabores habría saboreado? Quinn conocía tierras
distantes, mientras que ella vivía enclaustrada en Annosy año tras año, cuidando de su
administración en una rutina que no reservaba muchas sorpresas.
De repente, Melisande se sintió un tanto ignorante.
Su dedo se deslizó por la mandíbula cuadrada y rozó la barba incipiente que allí
despuntaba. Recorrió el con
torno del mentón y descansó sobre la cara de Quinn. Él era un hombre guapo. Ahora que
podía mirarlo a voluntad, sin que nadie le adivinase los pensamientos, Melisande tenía coraje de
admitirlo.
Los otros dedos se unieron al índice, y ella dejó que la mano fuera hasta el cuello largo.
Detectó la protuberancia de una cicatriz. Retiró el brazo, vacilante, aún sintiendo el calor del
cuerpo musculoso en la punta de sus dedos. La herida hacia mucho que había pasado, pero, a
juzgar por el aspecto de la cicatriz, la herida fue bastante profunda. Aquella era una evidencia
más de como la vida de Quinn era diferente de la suya. Curiosa, Melisande se preguntó en qué
circunstancias él había sido cuidado y por quién.
Miró los ojos de Quinn, que continuaban cerrados. Tomando coraje, volvió a tocar la
cicatriz. La piel allí era más dura, desigual y también un poco áspera. Conjeturó que la herida
llevó un largo tiempo para en cerrarse. No debía haber sido una convalecencia fácil para Quinn.
Suponía que un hombre como él, fuerte y determinado, no se conformaría con verse físicamente
restringido.
A Quinn le gustaba quedarse lejos de su casa por largos períodos. En Cuanto a ella, la
habría pasado mal si fuese forzada a soportar tal privación. Ese descubrimiento la hizo apreciar
la fuerza de voluntad de él y valorizar la gentileza con que la trataba, aún cuando ella lo
agredía.
******
Allí estaba un hombre que viera muchas cosas y llevara a cabo muchos cosas. No
cualquiera se iba de su hogar para salir en busca de la propia suerte por tierras desconocidas. O,
por el menos, nadie haría eso si no tuviese una buena razón para hacerlo.
Qué habría motivado a Quinn? Sería que de hecho no se llevaba bien con su padre,
conforme lo afirmaba? O estaría ella buscando una explicación dónde no había nada más ?
Quinn se movió y murmuró algo inconexo. Su brazo resbaló de ella, como si quisiese
espantar una mosca intrusa. El corazón de Melisande dio un golpe. Recogió la mano deprisa y
abrió los ojos en pánico, cierta de que él despertaría y la pescaría in fraganti .
Pero, después de eso, Quinn se quedó inmóvil y continuó durmiendo tranquilamente. Su
respiración se normalizó , Ella se apoyó en el codo y volvió a mirarlo. Como él dormía
profundamente, la curiosidad volvió a picarle. Quería ver más. Con todo cuidado, empujó la
sábana. La luz que se filtraba por la ventana le permitió ver el pecho moreno.
Quinn era un guerrero y su cuerpo enseñaba bien eso. Los músculos se definían en curvas
rígidas. La carne estaba marcada con pequeños cortes y cicatrices emblanquecidas. Daba una
impresión de poder y vigor. Él era un hombre que se había abierto su camino con sus propias
manos y la lámina de la espada. La elección que hiciera indicaba un código de honra implícita y,
sin percibir, Melisande se sintió intrigada por su esposo.
De súbito, deseó conocer mejor Quinn de Sayerne y, esa constatación, la dejó atónita.
Aunque el pudor la detenía, decidió que quería ver aún algunos detalles más de la anatomía de
él. Sus dedos descendieron sobre el círculo oscuro de los pezones, que se erguían entre los vellos
del pecho. Después su mano siguió descendiendo hasta el vientre compacto. Se Detuvo en el
ombligo y continuó tanteando el rastro que la llevaba a miembro viril.
La sábana descansaba a la altura de las caderas estrechas de Quinn, pero Melisande podía
discernir el volumen bajo la tela.
Y quiso ver más.
Ella tragó en seco. Tendría coraje de proseguir aquella exploración? Miró una vez más el
rostro de Quinn. Asegurándose de que él continuaba durmiendo, levantó la sábana
cautelosamente. Abrió los ojos al ver el miembro erecto.
Sería siempre así? Al recordar su fuerza dentro de ella, se sintió aún más curiosa. Apartó la
sábana y, por un instante, admiró el cuerpo de Quinn a la luz incierta del sol. Ella se preguntó
como sería la textura de la piel allí. Si los vello serían suaves o ásperos. Si la carne se mostraría
tan firme como parecía.
Alentada por la inconsciencia de Quinn, Melisande es
tiró el brazo y lo tocó. Allí, dónde tenía ganas de tocarlo. Sintió que aquella parte de él se
estremecía levemente al contacto de su mano. Su corazón se disparó. Ahogó una exclamación de
susto y escrutó el semblante de Quinn.
Él no se movió.
Melisande apretó los labios, indecisa. Miró fijamente el rostro de Quinn. No, no se había
despertado. Su cuerpo probablemente reaccionaría a su contacto mientras estaba envuelto por el
sueño.
Fuese como fuese, ella haría una pequeña prueba para se certificar. No había mal en eso, o
no ?
Pero una vez, tragó en seco y lo tocó en aquella parte tan íntima . Tan pronto como sus
dedos se posaron sobre la carne rígida, ésta se levantó casi imperceptiblemente. Pero Melisande
no retrocedió. Palpó su extensión tan suave y al mismo tiempo tan duro. Con una naturalidad
que la desconcertó , sus dedos se cerraron en torno al miembro viril. Atónita con su propia
audacia y sin saber cómo proceder, ella volvió a consultar el rostro de Quinn. Y encontró los ojos
color ámbar fijos en ella. Quinn sonrió. Melisande sintió su propia cara arder con un violento
rubor.
_ Lo Siento mucho _ se disculpó, muy avergonzada. Quiso retirar el brazo, pero la mano de
Quinn se posó sobre la suya, la inmovilizó donde estaba.
_ No pidas disculpas _ dijo él con una calma que la confortó un poco. _ La curiosidad es
algo saludable y natural.
_ No tenía intención de ofenderte... _ comenzó Melisande, pero allí se quedó, sin saber más
que decir.
_ Lejos de mí estar ofendido. Contrariando las expectativas de Melisande, Quinn se rió. Y su
carne se movió de forma inesperada bajo la mano de ella. Quinn entonces le acarició la mano con
el pulgar. Ella inclinó el rostro para su lado cuando los ojos de él se obscurecieron de un modo
indefinible.
_ Si es así cómo los hombres civilizados se despiertan, puedo considerarme convertido a las
maravillas de la civilización _ bromeó Quinn.
Melisande empujó la mano abruptamente.
_ Te Estás burlando de mí ! _ acusó, muerta de vergüenza. Tenía certeza de que nunca más
conseguiría mirarlo.
_ Yo no haría tal cosa, mi dama.
Quinn parecía sincero. Ella sintió tentada a creer en sus palabras. Lo Miró de soslayo y
confirmó que él la miraba sin rasgo de censura.
Sin que supiese por qué, la simple visión del rostro de Quinn hizo su corazón se disparara
nuevamente. Comenzó a creer que, por el mal tiempo, había contraído alguna especie de fiebre
que la hacía delirar. Solamente así podría explicar el extraño comportamiento que venía
presentando en las últimas horas.
_ Vos te metiste en mi cama ! No eres mas que un canalla ! _ replicó.
_ Si. Un canalla que no quiere ver el nombre de su dama manchado.
Melisande frunció el ceño, segura de que él estaba siendo cínico.
Quinn encogió los hombros y se justificó :
_ No hay ningún catre aquí. Si yo hubiese mandado a traer un catre, puedes muy bien
imaginar los rumores que suscitaría. Como el suelo es muy frío, entonces pensé que no te
incomodaría compartir tu cama conmigo.
La explicación de él era, como mínimo, lógica. Melisande no tuvo modo de rebatirlo.
Irritada, contrajo sus labios. Como lo detestaba cuando él le mostraba que tenía razón!
_ No obstante, podrías haberte acordado de pedir permiso _ ella lo retó.
La sonrisa que Quinn le envió era devastadora.
_ Pero yo no perturbaría tu sueño por nada de este mundo. Sería una descortesía. _ Él se
inclinó hacia Melisande, que lo estudiaba con creciente alerta. _ Dime con franqueza: te incomodé
? Ves, esta cama es bastante grande y presumo que ni notaste mi presencia.
Ella enrojeció aún más. Sólo entonces se dio cuenta que había notado la presencia de él . Se
acordaba de haber intentado calentarse inútilmente con el acolchado de plumas y podía precisar
el exacto momento en que sintió el calor de Quinn a su lado.
_ Pues estás presumiendo más de lo que debes, mi Lord.
Dicho eso, intentó levantarse. Quinn le tomó por la muñeca delicadamente.
_ Y vos te vas resfriar si andas por la casa cuando no hay fuego en la chimenea_ dijo él
bajito.
El levantó la sábana a modo de invitación y sonrió. Su voz y su sonrisa eran una peligrosa
seducción. A pesar de eso, Melisande se sintió tentada a unirse a él en el lecho. Vacilante, se
mordió el labio.
_ Ven a calentarte. Te Prometo que mantendré mi palabra de no tocarte contra tu
voluntad _ la instó Quinn.
Ella no cuestionó el impulso que la compelió a meterse en la cama. Se Deslizó bajo la
sábana y se puso en el borde para asegurarse de que no se tocarían.
_ Así vas a tener frío _ observó él.
Su brazo fuerte le enlazó la cintura, atrayéndola cerca de su cuerpo musculoso. Melisande
tuvo un sobresalto, y luego tomó consciencia del deseo que se desencadenaba en su interior .
Cerró los ojos y se acogió al calor de él.
_ Duerme un poco más. Aún es temprano para levantarse _ Quinn murmuró, con los labios
rozando sus cabellos.
Melisande casi se rió de aquella observación. Con la proximidad de Quinn, cada fibra de su
ser parecía reavivarse. La última cosa que se le ocurriría era dormir. Pero conservó los párpados
cerrados, con la esperanza de desalentar una eventual envestida de su marido.
Quinn levantó la mano que descansaba en su cintura. Melisande quedó paralizada de
horror, esperando lo peor. Se quedó mortificada al sentir la punta del dedo de él en sus labios.
Fue allí que lo sintió por primera vez, pero Quinn no podría adivinarlo, pues estaba adormecido.
Si tocaba su boca, era por mera coincidencia. El dedo de Quinn recorrió su cara y rehizo el
camino que el propio dedo de Melisande había seguido momentos antes. Ella lo sintió en su cara,
en la línea del mentón... Contuvo la respiración cuando la mano de Quinn se deslizó por su
cuello, se metió suavemente en el escote del camisón.
_ Vos te burlas de mí _ ella susurró. Percibió que él se inclinaba sobre su cuerpo.
Abrió los párpados y vio los ojos castaños fijos en los suyos.
_ No, mi Lady _ murmuró Quinn. _ Sólo quiero conocerte del mismo modo en que vos me
conociste.
Melisande podría protestar, pero sus palabras murieron en sus labios, pues la mano morena
ahora descansaba en su seno. Jadeó, y su espalda se arqueó instintivamente.
Todo lo que conseguía ver era la sonrisa de él flotando sobre su cabeza. Era una sonrisa que
la reconfortaba, por más absurdo que eso pudiese parecer. Un lento calor se esparció por sus
entrañas. Bajo la palma de la mano de Quinn, su corazón latió más fuerte. Involuntariamente,
Melisande recordó el imperioso deseo que él le despertara la noche anterior. Melisande se perdió
en la profundidad de los ojos color ámbar, al mismo tiempo en que pensaba cuanto deseaba a
aquel hombre.
_ Por Dios... que sos bonita... _ susurró Quinn, mirando su propia mano posada en el
cuerpo de ella.
Su mirada parecía hechizar a Melisande. Ella sabía que caería en una trampa de la cual no
podría zafar. Y, en su interior, sabía que le gustaba quedar a la merced de aquellas caricias. Esa
constatación la dejó perpleja.
La sonrisa de Quinn la volvió loca.
_ Seguramente vos crees que yo estoy más familiarizado con el cuerpo de una mujer de lo
que vos con el cuerpo de un hombre, no?
Él estaba bromeando con ella. Era apenas un juego. Melisande giró el rostro para huir de su
escrutinio. Pero Quinn se curvó para besarla levemente, sopló un hálito en su nuca y le provocó
un escalofrío.
_ Apenas voy a mirarte _ le prometió.
Melisande humedeció los labios. Quinn era su marido. después de la libertad que ella se
tomara al tocarlo, difícilmente podría rehusarse a atender su pedido. Finalmente, ella misma no
le había pedido permiso...
Asintió con un gesto y abrió el camisón con manos trémulas. Después volvió a virar el
rostro, temiendo lo que Quinn pudiese llegar a decir.
_ Eres hermosa _ repitió él con voz ronca. Melisande entonces se atrevió a observarlo. Los
ojos castañas centellaban. Quinn deslizó la mano, abandonando el pecho suave. Ella tuvo certeza
de que el leve temblor en los dedos de él no era fruto de su imaginación.
La vacilación de Quinn le era curiosamente tranquilizadora. Melisande giró hacia él. Quinn
le tomó la nuca, hundiendo sus dedos fuertes en sus cabellos y, con la mano libre, prosiguió la
lenta caricia. Ella lo acompañó
con la mirada , ávida de ver a dónde iría a dar.
Aprovechándose de su distracción, Melisande fijó sus labios y intentó imaginar qué
acontecería si tomase la iniciativa de besarlo. Lo tomaría el rostro entre las mano y buscaría su
boca. Entonces pegaría su cuerpo al de él, lo estimularía con la punta de su lengua hasta que
Quinn entreabriese los labios para ella...
Aquel mero devaneo le dio la impresión de levitar en un sueño...
Quinn la miró con una expresión repleta de malicia. Melisande no supo qué esperar, hasta
que el pulgar de él giró en su ombligo. Ella intentó doblar el cuerpo, agitándose, riendo. Quinn lo
creyó gracioso y comenzó a tocarla con ambas manos.
_ Quinn, para con eso!
_Tienes cosquillas, mi dama? _ él preguntó con aire inocente, sin parar de atormentarla.
_ Oh, si, si ! Para ! _ Jadeante, Melisande intentaba esquivarlo y empujarlo. _ Para con eso !
Por favor...
Y él paró de repente, las manos grandes al alrededor de su cintura, la punta de sus dedos
muy próximas a su ombligo. El se colocó sobre ella, y los ojos casta
os la miraban de un modo muy travieso.
_ Que te parece si... intercambiamos un beso _ dijo bajito, y su sonrisa ahora tenía un toque
de perversión.
El corazón de Melisande se disparó.
_ Vos sos un demonio _ protestó en tono ligero, lo dijo mas porque hallaba que debía
hacerlo que porque realmente tuviera alguna objeción.
_ Un demonio? _ El sonido de la carcajada de él hizo que Melisande quedase tentada de
reír también. _ Sólo un santo Habría sido inmune a una bel
dad como vos.
Aunque Quinn riese, estaba claro que el elogio era sincero. Ella se sintió contenta que su
apariencia le agradase. Levantó el dedo y concedió:
_ Sólo un beso.
La sonrisa de él se amplió.
_ A menos, claro, que la dama desee algo más... _ murmuró, curvándose sobre ella.
Que la dama ya estuviese considerando aquel algo más no minimizó la inquietud de
Melisande. Pero, respirando profundo, decidió que no sería pecado pasar los brazos en torno al
cuello de Quinn. Su las manos se aferraron suavemente por los hombros amplios de él. Entonces
Cerró los párpados y entreabrió los labios en una invitación . Si no estuviese tan deleitada,
tendría que estar avergonzada con la imagen de abandono que ofrecía a los ojos de su marido.
Una fracción de segundo después, le fue brindado el beso que ansiaba. Quinn la estrechó y
entrelazó las piernas a las suyas. La boca ávida exploraba la de ella sin tregua, haciéndola gemir.
Las manos fuertes descendieron hasta su cintura, contorneadole las caderas y palpandole
las nalgas.
Y ella aún deseaba algo más...
El contacto de Quinn la hacía arder de pasión. Melisande le agarró los cabellos, empinó la
cola y encontró la rigidez de él. Quería tocarlo, degustar su carne, embriagarse con su aroma ,
conocerlo en toda su intimidad . Quería compartir su éxtasis con aquel hombre y sentir la fuerza
de él dentro suyo.
Quinn apartó los labios de los suyos y, por primera vez, Melisande se dio cuenta de la
excitación que lo dominaba. Rozó el vientre en el miembro tieso, de un lado al otro.
_ Se no paras... no me contentaré con un beso apenas, Melisande... _ murmuró Quinn con
voz entrecortada.
Ella, sin embargo , no quería parar. Le Besó la oreja, le mordisqueó el hombro, circundó su
pezón con la punta de su lengua. la certeza de que Quinn no era inmune a sus caricias le confería
una desenvoltura que en otras circunstancias Melisande habría juzgado imposible. Tenía ganas
de desarmarlo, de hacer que aquel guerrero de voluntad férrea perdiera de una vez el control...
Quería sentir el gozo de él en la parte más íntima de su cuerpo.
Las manos de ella se movían como si tuviesen vida propia, con el abandono del momento,
sin que la razón interviniese en sus gestos. Acarició la oreja de Quinn, su cara, su cuello, sus
labios. Después enmarcó el rostro, exactamente como ella había soñado hacer. Y Melisande
colocó sus labios sobre los de él.
_ Mi dama... _ objetó Quinn débilmente. Ella lo empujó y rodó por encima de él. Volvió a
besarlo en la boca.
_ La dama desea otro beso _ susurró, rozándole los labios.
Las manos de él se crisparon en su piel desnuda.
_ Por favor, no me provoques más, Melisande _ murmuró tensamente.
Ignorando su pedido, ella continuó incitándolo con besos cada vez más ardientes. Su mano
buscó la evidencia del deseo de él y se cerró en torno al miembro erecto. Parecía mas grande y
más tenso do que antes.
Quinn cerró los ojos y suspiró, Melisande quedó maravillada de que un simple contacto
pudiese afectarlo de aquel modo.
_Yo quiero _ dijo en un susurro.
Los ojos de él se abrieron mostrando voluptuosidad y satisfacción.
_ Hablas en serio? _ preguntó, sorprendido, mientras escrutaba el rostro de Melisande.
Ella le sonrió, sintiéndose súbitamente insegura.
_ Si.
Quinn respiró profundo. Su rigidez creció, confina
da en la mano de Melisande. Él se recostó y habló en un tono contenido:
_ Acontece que no fui invitado.
_ Si, mi Lord. Esta mañana fue invitado. Para enfatizar sus palabras, ella le acarició la cara y
sonrió, mientras Quinn la miraba con prevención.
_ Teníamos un acuerdo, recuerdas? _ insistió Melisande.
No fue preciso más que eso para que él dejase de resistir. La empujó sobre sí y le cerró los
labios con un beso ardiente. Melisande se estremeció con la de
terminación que lo impelía. Quinn la levantó e hizo que se sentase en sus muslos.
_ Quiero mirarte _ dijo con voz lánguida y exigente.
Al principio, ella no comprendió lo que Quinn pretendía. Tenía las rodillas apoyados a lo
largo de los flanvos de él y abrió los ojos al sentirlo inesperadamente dentro de si.
_ Oh!
Quinn rió de su espanto, y su riso le transmitió aún más oleadas de vibración. La
respiración de Melisande se acéleró, los golpes de su corazón también.
_ Oh! _ exclamó él, imitandola maliciosamente. Posó las manos en su cintura. Los ojos color
ámbar brillaron con promesas renovadas.
_ Haz lo que tengas ganas .
Ella no sabía bien como debía actuar. Se acordó como Quinn se había movido en su cuerpo
y, así levantó las caderas y volvió a bajarlas. El gemido sofocado de placer de Quinn con aquella
maniobra le proporcionó fue suficiente para que Melisande se entregase con entusiasmo al juego
amoroso.
Y Quinn respondió a la altura de sus esfuerzos.
No pasó mucho tiempo para que Melisande se aferrase a él, gimiendo y suspirando. Sus
corazones latían en unísono, sus cuerpos seguían una perfecta sincronía. Ella sintió el calor que
irradiaba en su carne, el vértigo, el abismo imaginario que la arrastraba a su profundidad
misteriosa.
Cuando alcanzó la cima del placer, cerró los ojos y tiró la cabeza hacia atrás, poniéndose
estática. Oyó a Quinn murmurar su nombre y después sintió el éxtasis de él inundándola.
Poco tiempo después, Melisande cayó en un sueño tranquilo. Una medio sonrisa se veía en
sus labios mientras se acurrucaba contra el cuerpo sólido de su marido.
Cuando se aseguró que ella dormía y de que podría irse sin oír una violenta reprimenda,
Quinn acomodó el cuerpo de Melisande cuidadosamente.
Sabía que pagaría caro por eso.
No premeditó el rumbo de los acontecimientos, pero eso, a aquella altura, no haría mucha
diferencia. Melisande estaría a su lado cuando despertara. Caliente, seductora. El hecho de que
ella hubiese tocado secretamente su cuerpo encendió su pasión y lo hizo perder las riendas de la
situación.
Se Sentía terriblemente culpable. No ignoraba que su esposa amaba a otro y se regia por
una moral rígida. Debería haber parado mientras aún era tiempo. EN lo profundo, sin embargo,
no tenía mucha certeza de que habría podido refrenar su ímpetu.
Aún ahora, se preguntaba si ella habría fantaseado que hacía el amor con otro hombre
mientras estaba en sus brazos. Ese pensamiento le daba nauseas.
Demasiado tarde , Quinn percibió que era tonto...
_ Arre !
La voz de Bayard hizo que se sobresaltase mientras descendía las escaleras.
_ Que clase de amigo sos para asustar a un compañero de ese modo! _ exclamó Quinn.
_ Y qué clase de recién casado sos vos? Deberías estar junto a tu mujer que es tuya
legalmente _ replicó el otro con una risotada bien humorada. _ Y ? La dama resistió tu asedio?
Quinn se sentó en la mesa de la cocina y aceptó la in
fusión que su amigo le ofrecía.
_ No. No es tan simple _ respondió.
_ Quieres hablar al respeto? Tal vez pueda aliviar tu corazón y aclarar tus ideas.
Bayard se acomodó delante de él y lo incentivó con una sonrisa. Quinn lo observó
desconfiado.
_ Por qué estás tan consciente esta mañana ? Estuviste correteando alguna muchacha ?
_ Quién, yo? _ El otro fingió espanto, haciendo que se Quinn riese involuntariamente. _
Entonces me acusas a mí de estar correteando muchachas ? Camarada, no podes hablar en serio !
Debes saber que yo no hice nada mas allá de dormir plácidamente.
_ Y dormiste solito?
_ Claro que si ! Por quién me tomas ? _ replicó Bayard con expresión mojigata.
Quinn frunció la nariz sin esconder su desconfianza. Bebió un trago del té . Mientras tanto,
su amigo se inclinaba con aire consagratorio, los ojos brillando de curiosidad.
_ Cuéntame todo. Sabes que soy curioso. qué pasó ? La dama te echó ?
_ No_ volvió a decir Quinn.
Estaba bastante confuso. Tal vez, ponderó, Bayard pudiese aconsejarlo. Bajando la voz,
prosiguió:
_ Parece que la dama había prometido casarse con otro hombre.
_ Ah, no digas !
_ Es la pura verdad. Ella misma me lo contó.
_ No comprendo. Y Tulley? No es extraño que la haya forzado a quebrar su palabra?
Quinn posó al taza en la mesa y apretó los labios, contrariado.
_ Aparentemente, fue exactamente eso lo que él hizo.
_ Ah, ah... Qué macana ! Y cuándo fue que Melisande te reveló que ya estaba novia con
otro antes de casar?
_ A la mañana siguiente de nuestra noche de bodas. Me Contó todo .
Bayard reflexionó un poco.
_ Mala señal _ concluyó.
Quinn arqueó una ceja.
_ Eso es todo lo que tienes para decirme ? Gracias por el valioso apoyo moral.
_ No, no. Espera. Vamos a analizar la situación con más profundidad . Crees que ella está
enamorada de ese novio ?
_ Melisande afirma que lo ama de todo o corazón_ admitió Quinn, más disgustado do que
nunca.
Bayard dio un silbido.
_ Qué pretendes hacer, Quinn?
_ No tengo idea. _ Él frunció el ceño. _ Lo peor es que Tulley oyó nuestra discusión aquella
mañana . Ahora exige que ella me dé un heredero antes de entregarme Sayerne.
_ Si quieres ser un caballero, perderás todo.
_ Es así.
_ En ese caso, no tienes mucha opción .
Hablaba en voz baja, con aire compenetrado. Parecía urdir un plan.
_ Y entonces? Se te Ocurre alguna idea ? _ preguntó Quinn ansiosamente.
_ Precisas hacer que ella se olvide de ese hombre. Tu esposa debe tener ojos para sólo vos .
****
Quinn se acomodó en el banco, lleno de frustración. Lo que Bayard decía era tan obvio
como complicado.
_ Yo llegué a la misma conclusión . Pero no sé por dónde comenzar.
_ Vos hiciste el amor con ella de nuevo? _ inquirió Bayard.
_ Si. Esta misma mañana _ confidenció Quinn. _ Pero temo por su reacción.
_ Ella también quería?
_ Si... bien, no estaba del todo de acuerdo.
El amigo se inclinó hacia adelante.
_ Vos la satisficiste ?
_ Claro, es evidente que si !
_ Y ella te llamó por tu nombre durante el éxtasis ?
Quinn sintió el corazón oprimido. No tuvo coraje de enfrentar a Bayard.
_ No_ respondió.
Bayard frunció el ceño y tamborileó los dedos en la mesa.
_ Parece que tienes una tarea muy complicada por delante. Pero Sayerne vale el esfuerzo, o
no?
_ Eso sin contar que un casamiento pacífico sería bienvenido _ agregó Quinn con una
mueca.
_ Hmm. Se no me engaño, te estás comenzando a gustar la dama, no es cierto ?
Quinn evitó resolutamente la mirada de su compañero. Su voz sonó monótono :
_ Tenemos un código de valores similar _ declaró, tenso. _ Y me gusta cuando sonríe.
- Eso ! Finalmente confesaste ! _ se alegró Bayard. Ahí habló bajo, obligándolo a
encontrar su mirada oblicua. _ Pero no se aflija, mi amigo. Esa es una ventaja a tu favor . Las
mujeres adoran cuando un hombre revela una debilidad por ellas. Quedan muy alargadas. Tu
Melisande no debe ser diferente. No te preocupes, nosotros tomaremos medidas para que ella
quede perdidamente enamorada de vos!
_ Lord Quinn! _ exclamó Berthe. _ Le Aconsejo a no dar oídos a ese sinvergüenza, que,
claramente, no sabe cómo tratar una dama!
Quinn miró a su compañero y lo vio enrojecerse hasta la raíz de los cabellos.
_ No me digas que está tentando de seducir a la criada de mi esposa! _ se indignó.
El hecho de que Bayard quedara aún más colorado fue bastante significativo. En vez de
replicar , elevó la voz para que Berthe lo escuchase:
_ Ah, Quinn... Y yo que esperaba salvarme de los comentarios ácidos de esa dama!
_ Oí lo que dijo ! Felizmente mi madre me alertó para que tuviese cuidado de tipos como
vos. No pienses que tus palabras dulces me engañan ! _ le gritó Berthe.
Quinn levantó a ceja.
_ Bayard, acaso andas asediando a la moza?
_ Y si así fuera ? _ retrucó su amigo, encogiendo los hombros.
_ Melisande no va a aprobar tu actitud.
_ Eso no es problema de ella. Ni tuyo _ replicó Bayard con exagerada vehemencia.
Sus ojos se iluminaron cuando la criada se aproximó. Berthe intentó poner una mirada
duro cuando lo observó, pero sin gran êxito. Bayard le sonrió de modo cautivante y sensual.
Mientras Berthe se retorcia las manos, el caballero la contempló con indescifrable deleite.
Quinn percibió que su amigo estaba irremediablemente enamorado y sonrió para sí.
_ Estoy a un paso de conquistarla _ le dijo en secreto Bayard.
Pero, mientras que así hablaba, sólo tenía ojos para Berthe. Y ella también lo miraba con
encantamiento. De repente, Quinn sintió que su presencia allí estaba de más.
_ Voy a cuidar de los caballos _ declaró.
_ Espere, que ya voy con vos _ se ofreció Bayard, agregando a continuación: _ No te
preocupes, mi amigo. después que te enseñe mis infalibles técnicas de seducción, tu esposa
nunca más va a querer que te alejes de ella.
Quinn no resistió y, asegurándose de que Berthe no podría oírlo, cuchicheó :
_ Primero, quiero comprobar la eficacia de sus tan decantadas técnicas de seducción.
Así diciendo, se levantó y se encaminó hacia el patio.
_ No tenga la presunción de creer que sucumbiré a sus encantos , mi Lord... _ Quinn oyó a
Berthe decirle a Bayard, antes de cerrar la puerta tras de sí.
Él respiró el aire fresco de la mañana y espió el sol que brillaba en lo alto del cielo. Aún
escuchó las risas que venían de la cocina mientras se apartaba en dirección al establo. Pensó que
aquella mañana gloriosa era ideal para nuevas esperanzas.
De repente, creyó que todo sería posible.
Aún Hasta conquistar el corazón de Melisande d'Annosy.
Capítulo VII
Él debía considerarla una mujerzuela de la peor especie. Melisande veía con pavor la
perspectiva de enfrentar a Quinn. Permaneció en el lecho el mayor tiempo que pudo , a fin de
demorar aquel momento.
Su criada, sin embargo, parecía tener otras ideas.
_ Buen día, mi Lady! _ saludó Berthe efusivamente.
Cruzó el cuarto con desenvoltura y no tardó en abrir las ventanas. Su buen humor irritó aún
mas a Melisande. Le era extraño que la moza, conociendola tan bien, no percibiese su sombrío
estado de animo.
Melisande la observó sin nada decir, y Berthe le sonrió .
_ Buen día! _ repitió . _ La mañana está linda ! No le entusiasma pensar que conocerá
Sayerne hoy? Cuando hablé con Bayard sobre mi interés en ver aquellas tierras, él me describió
la propiedad en detalle . No puedo esperar para vivir allá. Será maravilloso!
_ Nadie dijo nada sobre vivir allá _ le recordó Melisande con acidez.
La criada batió palmas jovialmente.
_ Pero claro que si ! Qué podría ser más perfecto?
_ Vivir en Annosy, que aún está arruinado, sería decididamente más perfecto _ replicó
Melisande irritada.
Estaba segura de que la fuente de todos sus problemas se hallaba en aquella maldita
propiedad, pues fue la aspiración de Quinn de recibir su herencia lo que diera inicio a aquel lío.
_ Oh, no, mi Lady _ dijo Berthe sin se dejar batir las palmas . _ No vio a Sayerne en los
últimos tiempos. No debe estar arruinada, Tengo certeza de que es un lugar muy bonito.
_ Dudo. Aquellas tierras fueron mal administradas durante años. Vos misma sabes que los
siervos huyeron hacia Annosy el año pasado. Ah, me sorprendería si hubiese aún un solo
caballo allí! _ retrucó Melisande, sentándose y pasándose la mano por los cabellos.
_ Aunque fuera así... no sería emocionante? No sería romántico?
Alarmada, Melisande la escrutó. Comenzaba a sospechar que la criada había contraído
fiebre, pues se comportaba de manera muy extraña. El suave rubor en su cara podía ser síntoma
de eso. Era la única explicación para el repentino entusiasmo por Sayerne.
Qué podía haber de excitante en vivir en un lugar decrépito en pleno invierno?
_ Emocionante? _ preguntó, casi sin entonación.
_ Si , si . LA idea de reconstruir Sayerne es muy romántica. Imagine sólo, ayudar a su Lord
y apoyarlo en la empresa de devolver la antigua gloria a su propiedad... _ Berthe rodó sus ojos,
soñadora.
Melisande frunció la nariz. Claramente, la criada estaba mal de la cabeza.
_ Eso requerirá un montón de trabajo, probablemente sin ninguna recompensa. Y él aún ni
siquiera fue investido con el título de Sayerne.
_ Ah, veo que la desperté demasiado temprano. De que otro modo podría justificar su
acidez ? Dígame acaso su galante marido la mantuvo ocupada la noche entera, en la tentativa de
engendrar un heredero? _ Berthe irrumpió en una risotada llena de segundas intenciones _ Me
Arriesgo a afirmar que él es un gran adepto de la práctica del arte amoroso . EN su lugar, mi
Lady, yo también habría pasado la noche en vela !
Con esas palabras , Melisande sintió que su cara ardía . Pero la criada prosiguió su charla
y, para su irritación, le guiñó el ojo con picardías.
_ Me Puedo imaginar que mi ama no conseguiría resistir las atenciones de él. Qué hombre!
Tan atractivo, tan bien educado, tan noble... Qué manos... Y qué ojos ! Sus besos deben hacer que
cualquier mujer se estremezca .
Mientras Berthe se deshacía en suspiros, Melisande sintió una puntada de irritación por la
intimidad con la cual se refería a Quinn. Eso, sin contar con el hecho de que la criada describía
con precisión el modo en que ella se estremecía en brazos de él.
Y qué? Quinn era su esposo ?
_ No crees que estás siendo demasiado petulante ? _ le preguntó en un tono malhumorado.
En respuesta, Berthe sonrió imperturbable y sacudió la colcha. El aire frío entraba por las
ventanas abiertas y, ahora que había sido prácticamente expulsada de la cama, sólo le restaría a
levantarse y cambiarse de ropa.
Y encontrarse frente a frente con Quinn. De Solo pensar en eso, quedaba atemorizada al
anticipar las acusaciones que él le tiraría .
Todo lo que ella quería en aquel momento era desaparecer...
_ Pero, mi Lady, nosotros nos conocemos lo suficiente para hablar de tales asuntos, no?
- Berthe, vamos de una vez por todas a lo que interesa. Qué te dio a vos el día de hoy? Y
por qué ese súbito interés en Sayerne?
Melisande la observó desconfiada. La criada se sentó bruscamente en el borde de la cama y
habló deprisa:
_ Déjeme verle el tobillo.
Parecía contenta como una niña que se ganó un dulce. Melisande no percibía mucho sentido
en eso e intentaba descubrir lo que había por detrás de tanta alegría. Su tobillo ya no la
incomodaba tanto y creía que conseguiría caminar. Berthe lo examinó con aprobación y sonrió
satisfecha, pero no le soltó el tobillo. En vez de eso, se inclinó con expresión cómplice.
_ Dígame, mi Lady... dígame lo que siente cuando su esposo la toca. _ Su voz entonces se
volvió un murmullo. _ Dígame cual es la sensación de ser amada.
_ Berthe! Sabes muy bien que tus preguntas son altamente impropias ! Si tienes algún tipo
de afecto por mi marido o sus propiedades, ten el buen sentido de guardarte para vos semejante
disparates!
Melisande sacó el pie que ella le tomaba y se levantó . SE puso un vestido por la cabeza y
amarró los cordones con gestos rabiosos.
Y si Quinn sintiese afecto por Berthe?, se preguntó. Y se acostase con las criadas y las
campesinas, como su padre hiciera en vida? Como podría ella soportar tamaña afrenta? Y cómo
lograría atraer a Quinn a su propia cama?
Aquel pensamiento le fue inesperado y también doloroso. Ahora estaba pensando como
una mujerzuela de la peor clase ! Empujando con fuerza los cordones, Melisande descargó su
cólera. Berthe, aparentemente, no se dispondría a cooperar. Estaba demasiado ocupada soñando
con los ojos abiertos.
La criada se recostó en la cabecera de la cama y sonreía con expresión ausente.
_ No se inquiete, mi Lady. No es su marido que hace mi corazón suspirar. Yo sólo quería
saber si es el amor lo que me deja así trémula, con la cabeza distraída y las piernas flojas.
Melisande ignoró la oleada de alivio que le proporcio
nó la confision de ella.
_ Quién es tu bien amado entonces?
Berthe casi cerró los párpados, sonrió, recorrió sus manos por las sábanas como si las
acariciase.
_ El compañero de su marido _ murmuró, dando la impresión de que no se permitía ni
siquiera pronunciar su nombre para no profanarlo.
_ Bayard? _ Melisande quiso se certificar, más escéptica que nunca.
_ Si. Bayard de Neuville. No lo juzga atractivo? Y divertido? Ah, y cómo sabe ser
cautivante! Cuando habla, puede hacer que una mujer pierda la cabeza fácilmente...
_ No te cansas de alabarlo.
_ Es todo que me resta hacer para no sucumbir. Si él sospechase que me agrada, se
envanecería y luego intentaría seducirme . Y yo simplemente no conseguiría resistirlo .
Ella se estremeció y volvió a sonreír, como si aquella perspectiva no le fuese tan tentadora
como quería hacerlo parecer.
_ Yo no había percibido tu interés por Bayard _ dijo Melisande.
_ Espero que él mismo no lo perciba. Ah, es un hombre tan bonito... _la criada carraspeó y
se corrigió de inmediato: _ No más que su marido, claro.
Melisande sonrió secamente.
_ Bayard es un canalla seductor de primer orden. Sus galanteos son muy vulgares para ser
tomados en serio por cualquier moza de buena reputación. Yo esperaba que vos tuvieras más
juicio, Berthe.
_ Creo que lo juzga con excesiva severidad. La noche pasada, cuando él me habló sobre
Sayerne, fue un momento mágico. Pude ver delante de mí las colinas que él describía. Oh,
realmente parece un lugar muy romántico o!
_ Yo me preocupo por vos _ dijo Melisande, tomándole la mano. _ Tal vez Bayard no sea el
hombre más indicado para un asunto romántico. Puede conquistar a una mujer con promesas y
palabras dulces, es mas bien el tipo de canalla contra el cual mi madre me alertó.
_ Por qué?
_ Porque él me asediará hasta que le conceda mis favores. después, se desentenderá y
desaparecerá de la escena. Como consecuencia, vos perderás tu castidad y tu honra, y no tendrás
nada que ofrecer a un hombre digno de amarte realmente.
Berthe giró el rostro de repente, y Melisande temió que sus palabras hubiesen llegado muy
cerca de la verdad.
_ No me digas que sucumbiste a los encantos de él, Berthe! _ exclamó.
La criada sonrió y le apretó la mano.
_ Mi madre también me alertaba del peligro de un affair con los tipos galanteadores . Sin
embargo , la gentileza oculta de Bayard toca mi corazón. Aunque viva haciendo bromas con sus
compañeros, es sensible y habla con tino cuando estamos a solos. Creo que, en lo profundo, sólo
espera la mujer adecuada para enamorarse. De lo contrario, yo probablemente sería indiferente a
él.
Melisande sonrió, aliviada con la seguridad demostrada por la criada . Por un instante,
deseó que las relaciones entre Quinn y ella fuesen así de simples.
Pero su marido solamente la quería para engendrar un heredero. Y ella se estaba tornando
rápidamente en un mero juguete en sus manos...
Quinn no se hallaba en la cocina cuando descendieron, y Melisande reprimió una puntada
de decepción. Luego, el sonido de la voz de él en el patio hizo que su corazón latiese
descompasadamente. Aunque recelase la reacción de Quinn, estaba curiosamente ansiosa por
verlo.
Comió en la compañía del molinero y apenas sintió el gusto de lo que masticó . Esperaba
que nadie notase que estaba impaciente por dejar la mesa e ir al encuentro de Quinn.
No fue tan afortunada, pues Berthe le aconsejó :
_ Debe comer más despacio , mi Lady. Melisande le lanzó una mirada de advertencia a la
criada , pero, a aquella altura, cualquier tentativa de mantener una discreción se perdió , pues
Bayard ya se sentaba en el banco al lado de Berthe.
_ Si _ concordó el molinero. _ Hace mal en comer sin masticar.
_ Ah, deje eso. La dama tiene prisa en partir para su nuevo hogar _ se entrometió Bayard.
Melisande le envió una mirada letal.
_ Nuevo hogar?
_ Si _ confirmó el caballero un tono casual que le era característico. _ Sayerne no queda a
una distancia no muy lejana. Al final del día habremos llegado allá.
_ No oí nada al respeto de vivir en Sayerne.
_ Dónde más iría a vivir ?
Frunciendo el ceño, ella se quedó pensativa. Será que nadie allí recordaba que Annosy era
perfectamente habitable, mientras que Sayerne había permanecido abandonada durante varios
años? Analizó la sonrisa ingenua de Bayard. Era idéntica a la de Berthe.
Todos Habrían enloquecido? Por qué, de un momento a otro, parecían convencidos de que
viviría con Quinn en Sayerne, y que también sería una experiencia fascinante? A pesar de la
bella mañana , era improbable que no ocurriese una nueva tormenta antes de la primavera. Y
sería muy difícil vivir en un castillo abandonado en una estación como aquella.
EN eso, Quinn entró a la cocina. Melisande creyó mejor guardarse sus comentarios , al
menos por ahora. Como siempre acontecía, sintió un sobresalto al verlo.
Él no le dirigió más que una sonrisa amable. Giró hacia el molinero.
_ Me temo que llegó la hora de abandonar su hospitalidad. _ dijo, echando una ojeada a
Melisande. _ Mi Lady ya comiste ?
_ Si. Ya terminé _ respondió ella.
_ Aprestémonos a partir entonces. La cabalgata de hoy no será fácil. Con toda la nieve que
se derritió, el camino estará resbaladizo y eso dificultará nuestro avance.
Poco después, cuando se preparaban para partir rumbo a Sayerne, Quinn le agradeció al
molinero y no dio más atención a Melisande. Pero la ayudó a montar a su caballo, aunque, su
actitud fue formal y casi distraída, dejándole un sabor amargo en la boca de Melisande. Estaba
definitivamente insatisfecha con los modos displicentes de su marido.
Era evidente que Quinn sentía aversión por ella. Nada más se le ocurría para justificar el
distanciamiento de él. Y , finalmente, no podía culparlo. Tenía consciencia de que no se había
comportado como una dama. Su madre le enseñó que una mujer de respeto debía ser reservada,
superior y desinteresada de los placeres de la carne. Ella, sin embargo, ignoraró aquellos sabios
consejos y actuó de forma contraria. Ya era bastante condenable que hubiese observado la
desnudez de Quinn. Tocarlo, entonces, habís sido el cúmulo de la desfachatez.
Melisande se ruborizó miserablemente. Lo peor era que no tenía nada que alegar en sua
propia defensa.
Nadie habló mucho durante la jornada. Todos parecían inquietos. Conforme dijo Quinn, la
nieve se derretía incesantemente y formaba charcos por todo el camino. El sol los calentaba y no
había viento. En otras circunstancias, habría sido una jornada hasta agradable.
Aún en las colinas que los circundaban parecían extrañamente calmas. Era como si el
paisaje adoptase el animo taciturno del grupo. De todos lados llegaba el murmullo de las aguas,
que sofocaba los ruidos de los animales salvajes. En ciertos trechos los charcos eran grandes,
pero, en general, no presentaba gran dificultad para ser cruzados.
En el crepúsculo, Quinn apuntó hacia la tierra que se extendía más adelante .
_ Allí está ! _ gritó, y su voz fuerte contrastó con el silencio que reinaba en el seno del grupo.
Miró a Melisande mientras todos empujaban las riendas , y ella supo que debía espiar en la
dirección que Quinn le indicaba.
HUmedeciendose los labios nerviosamente, Melisande notó que todas las atenciones se
volvían a ella. Instigó a su caballo y se paró al lado de Quinn. Era la primera vez que quedaban
tan próximos desde aquella mañna . Debía cumplir el papel de esposa dedicada, se dijo para sí.
Finalmente, corría el riesgo de perder Annosy si él decidía pedirle a Tulley permiso para se
separarse.
_ No es un bello pedazo de tierra? _ le preguntó Quinn con orgullo.
Melisande parpadeó un par de veces y se forzó a fijar los ojos en el paisaje que se extendía
hacia abajo. No precisaba llegar más cerca para percibir que la propiedad se hallaba en completo
estado de abandono. La nieve sólo empeoraba su aspecto de desértico.
Reprimió una exclamación de contrariedad. Evaluó el escenario con el pragmatismo
adquirido de con su experiencia administrando Annosy. Su corazón vaciló ante el evidente
entusiasmo de Quinn por la propiedad dilapidada que su padre le legara.
La tierra no había sido arada había por lo menos por un año. Las cercas estaban quebradas,
los portones abiertos y desvencijados. El suelo no tenía marcas de cascos o otras pisadas. EN la
villa más adelante, no se avistaba un alma viva.
Sayerne estaba abandonada y Melisande veía por qué sus siervos habían desertado de
aquella aridez. Se Demoró otro momento para examinar el paisaje desolado, consciente de la
mirada expectante de Quinn. No podría calcular el trabajo necesario para que aquellas tierras se
volviesen productivas.
Era justo que Quinn supiese la verdad, pues tenía poca experiencia en cuestiones
administrativas.
Melisande carraspeó y lo miró de reojo. De nuevo, su corazón vaciló. Era Claro que era su
aprobación lo que él esperaba. Era demasiado cruel que ella le dijera que se fuesen de allí y que
desistiese de aquella quimera. Sayerne jamás se rehabilitaría.
Vacilando, se volvió a observar la propiedad. El aprecio que Quinn demostraba por aquel
lugar era des
medido. O habría alguna cualidad oculta en Sayerne? Tal vez, con un comentario afable,
ella pudiese minimizar el golpe que estaba a punto a infligir en sus esperanzas.
Melisande dejó a un lado la prevención y su mirada abarcó la tierra.
_ La localización es excelente _ dijo por fin. Y no estaba mintiendo.
_ Lo crees ? _ El rostro de Quinn se iluminó con una sonrisa. _ Por qué exactamente? Debo
confesarte que no entiendo mucho de terrenos y aún no tuve la oportunidad de evaluar la
situación de Sayerne.
_ A causa de las colinas. la propiedad se asienta en un valle resguardado del viento y
favorecido por un río. Ahí está una ventaja. No falta agua para el cultivo y, además, o solo
probablemente es fértil en las márgenes del río. Ves las colinas que se levantan al norte ?
Bloquean el viento y mantienen la temperatura más alta para las plantaciones. Pueden, inclusive,
permitir cultivos raros en la región. Por ejemplo, parras o higos.
_ Ah, ya veo .Prosperaremos en esta tierra tan bien aventurada.
Quinn presumió con un orgullo que Melisande no consideró enteramente justificado. la
sonrisa satisfecha que él le dirigió hizo que su corazón quedase aún más oprimido. No podía
darle falsas esperanzas. La verdad era que aquella propiedad estaba muy lejos de ser un lugar
promisorio .
Melisande estrechó los ojos para contemplar la aldea desierta.
_ Sayerne fue un tanto descuidada _ dijo con firmeza, esperando que Quinn comprendiese
las implicaciones de sus palabras. _ Demandará mucho trabajo para ser rehabilitada. No sé de
seguro si los siervos podrían arrendar tierras y sacar algún provecho de ella.
_ Nosotros no retrocedemos ante el trabajo duro. Antes de lo que imaginas, estarás
orgullosa de Sayerne _ le aseveró.
_ Si. Viviremos y trabajaremos juntos aquí _ apoyó Bayard.
Quinn miró a su amigo con una expresión confusa, que Melisande no supo cómo
interpretar. Fuese como fuese, ella precisaba lidiar con cuestiones más urgentes.
_ Una propiedad de este tamaño no puede ser administrada, y mucho menos reconstruida,
sin el auxilio de numerosos siervos. Y, Sayerne no tiene más arrendatarios _ prosiguió.
Para su sorpresa, Quinn sonrió.
_ Encontraremos hombres dispuestos a ganarse el pan honestamente. Muchos aldeanos de
aquí fueron para Annosy, no? Entonces bastará con traerlos de vuelta.
_ No, la solución no es tan simple. La mayoría de ellos se transfirió a otras tierras, pues el
área de Annosy no los conformaba.
Ni así Quinn se desalentó.
_ En ese caso, mi esposa podría cederme algo de su mano d obra _ sugirió, los ojos
castaños brillando con un calor que tornaba cada vez más difícil a Melisande destruirle sus
fantasias.
_ Annosy ya está muy sobrecargada con sus propias necesidades, pues los campos son
extensos _ replicó tensamente y cerró los ojos cuando Quinn giró su rostro.
No podía actuar de otra forma. Así, buscó ignorar la expresión condenatoria de Bayard y
Berthe, que la miraban como si hubiese acabado de clavar un puñal en el pecho de Quinn.
Tenía que decirle la verdad, por más que le doliese. La reconstrucción de Sayerne era tarea
imposible y sólo un soñador pensaría lo contrario.
Se Enderezó en la silla e insistió en su punto de vista:
_ Basándome en mi experiencia, preveo que será preciso mucho trabajo para restablecer la
propiedad. Eso llevará un montón de tiempo.
Melisande subestimó el efecto do vino. O, tal vez, fuese el efecto de Quinn sobre ella lo que
había subestimado. Miró largamente al hombre adormecido a su lado y , sin querer, sonrió. Su
cuerpo entero latía con la fuerza del amor que él le había dado.
El hecho era que Quinn había desbaratado su decisión de partir de Sayerne. Ah, qué
hombre maldito con sus modos cautivantes ! Por su pedido de permiso para conquistar el afecto
de ella... Por la demostración de confianza que le diera...
Melisande estudió su semblante plácido, una mecha castaña que le caía sobre la frente, y lo
maldijo por hacer su corazón vacilar. Nunca imaginó que, llegado el momento de retornar a
Annosy, fuese a flaquear. Pero, al contarle su historia, Quinn la llenó de dudas.
Quedó enternecida por él y porque le había expuesto su dolor. Ella no dudaba que era la
primera en saber de aquella historia trágica. Y sospechaba que Quinn le había ahorrado los
detalles más sórdidos, pues su voz había sonado demasiado sombría , demasiado largas fueron
las pausas que habían salpicado sus palabras.
Melisande tenía la sensación de que Quinn estaría tentando de protegerla, de mantenerla
al mar
gen de los horrores que había presenciado . Esa percepción la hacía cuestionarse si Quinn
era realmente igual a su fallecido padre.
Si él era de hecho el hombre íntegro que parecía, Melisande sabía que le hubiera entregado
su corazón si se hubiesen conocido en diferentes circunstancias. Sin darse cuenta de lo que
hacía, ella extendió la mano y apartó la mecha de cabello que cubría la frente de Quinn. Miró su
propia mano, espantada de que su contacto le revelase tanta ternura. Volvió a contemplar o
semblante adormecido. Ya estaba casi volviéndose atrás en su decisión de partir a las escondidas.
Huir hacia Annosy después de que Quinn le confiara su historia, no sería acaso una traición?
Sintió una puntada en el corazón. Sabía que su marido interpretaría su acto como una prueba de
hipocresía. No podría deliberadamente decepcionarlo.
Desvió la mirada y observó la puerta . Las condiciones de vida allí eran primitivas, la tarea
de reconstrucción, imposible. Tal vez el entusiasmo de Quinn no le permitiría ver la verdad,
hasta que fuera demasiado tarde . Y ella no podía poner en riesgo la seguridad de Annosy.
La puerta crujió e, instintivamente, Melisande se acurrucó bajo los cobertores. Alguien
había entrado en el vestíbulo ! Se acostó contra Quinn, o corazón latiendo aceleradamente , sin
saber se debía despertarlo o no.
La puerta se cerró con un leve chasquido. Un susurro se oyó en la oscuridad. Melisande no
veía nada mas allá delante de la nariz. Los golpes de su propio corazón retumbaban en sus
oídos. Comenzó a entrar en pánico. Por qué Quinn no despertaba?
_ Berthe? _ volvió a susurrar la voz.
Melisande suspiró aliviada. Era Bayard quien allí se encontraba.
Ella rodó hacia un lado , echándose de costado, y cerró los ojos. Su tensión gradualmente
diminuyó. El alivio dio lugar a la exasperación. Que tipo de canalla iba a abordar a una mujer en
medio de la noche? Oyó un susurro de Berthe :
_ Bayard? Sos vos?
_ Si _ respondió él, y avanzó cautelosamente, mientras Melisande lo observaba con interés.
La silueta de la criada se recortó contra la puerta.
_ Berthe, no conseguía conciliar el sueño _ le cuchicheó Bayard, cuando los bultos de ambos
quedaron próximos. _ Me quedé preocupado con que vos estuvieses pasando frío aquí .
Melisande oyó cuando la criada lo abofeteó. Contuvo la risa al percibir que la moza le daba
una patada al amigo de Quinn, mientras él ahogaba una exclamación de protesta.
_ Como te atreves a venir a asediarme en medio de la noche? Es claro que no estás
preocupado por mi bienestar. Pero ya te dije que soy una mujer honrada y no toleraré estas
indecencias! _ dijo ella, intentando mantener la voz baja.
_ Por favor, por favor... no te exaltes... Vas despertar a tu ama ...
_ Ah, no! Sos Vos quien la despertarás con tu inoportuna visita. Es mas , hasta no sería
mala idea despertarla para que sepa como te comportas cuando no estás bajo su vigilancia. Ya
puedo imaginar el castigo al que ella te sometería.
_ castigo? Que castigo mayor podría existir para un hombre cuya bien amada le niega su
amor?
_ Ahórrate ese discurso. No me vengas a hablar de asuntos del corazón, pues sabes bien
que fue otra parte de tu cuerpo la que te trajo aquí !
- Berthe! Me ofendes ! _ objetó él, en un tono resentido. _ Por quién me tomas ? Todo lo que
deseo es cortejarte .
_ EN medio de la noche ? No me hagas reír ! No, Bayard. Vos quieres robar mi castidad y
después desaparecer, dejándome abandonada a mi propia suerte. Vete antes de que se despierte
mi Lady .
_ Pero ...
_ Desiste. _ La sombra de Berthe se movió, y Bayard emitió un gemido sofocado de dolor
cuando ella le dio una violenta patada. _ Ahora, exijo que te vayas inmediatamente!
Él aceptó renuente, yendo hasta la puerta mientras la criada vigilaba sus pasos.
_ Vos sos cruel _ Bayard osó decir. _ No merezco ser juzgado de modo tan severo. Si me
dieses una oportunidad de probar que estás equivocada respecto a mí...
_ Pensaré en su caso _ lo interrumpió Berthe.
El caballero hizo una reverencia, percibiendo que aquella promesa sería lo máximo que, por
ahora, conseguiría arrancarle a ella.
_ Entonces te deseo buenas noches, mi dama. Así diciendo, abrió la puerta y desapareció en
la oscuridad.
La criada meneó la cabeza y rió bajito.
_ Conquistador vulgar _ bromeó.
Pero ,a Melisande no se le escapó que aquellas palabras eran dichas de manera tierna, sin
rencor.
_ Cuánto tiempo mas conseguiré resistirme ? _ se preguntó Berthe, antes de volver a su
lecho.
Melisande sintió la necesidad de proteger a la moza, a fin de evitar que lo peor aconteciese.
A pesar de lo que le dijera Quinn, no tenía duda de que Bayard intentaba seducir Berthe para
luego abandonarla. La lealtad entre dos hombres era diferente a la lealtad dispensada a una
mujer.
Y en cuanto a Quinn?
Ella miró a su marido adormecido, sin saber cómo juzgarlo. Hasta qué punto él y Bayard
se asemejaban ? Hasta qué punto perseguían sus objetivos sin tener en cuenta los sentimientos
ajenos?
Quinn le hizo confidencias e hizo que su corazón entrara en contradicción. Pero y si todo
no fuese mas que un truco para desarmarla ? Melisande se mordió el labio, indecisa. Él mismo
no le había dicho que Sayerne era la cosa más importante en su vida? Y no precisaba de ella
para asegurar su herencia ? Si ella partiese de Sayerne sin darle un hijo, Quinn perdería lo que
más preciaba en el mundo.
No era preciso ser adivino para suponer que Quinn harías todo para asegurarse de que eso
no ocurriese.
En aquellos últimos días, todo había girado en torno a la concepción de un sucesor para
Sayerne. El acuerdo con Tulley. Los besos seductores de Quinn. El relato de su historia, que
resultará en una noche de ardiente pasión... pasión que podría engendrar un niño ... Sería Quinn
tan egoísta como Jerome? Y como haría ella para descubrir la respuesta a esa pregunta?
No sería del todo improbable que ella, así como Berthe, estuviese siendo seducida de
manera calculada. Quinn deseaba Sayerne a todo costa. Lo Admitía abiertamente...
Melisande se sentó abruptamente. Comenzaba a persuadirse de que él sólo le había
contado la historia de la batalla para enternecerla. Se Preguntaba hasta si todo no se trataba de
una invención destinada a ganar su simpatía.
Se levantó de un salto y se vistió con gestos duros, apresurados. Volvió a mirar al hombre
que soñaba a sus pies. Contrajo los labios con rabia.
Cómo él se atrevía a manipularla con tal descaro? Se Iría a Annosy y llevaría a Berthe
consigo, a fin de salvaguardar la honra amenazada de su criada.
Y tomaría medidas para que Quinn no pudiese seguirlas. Los portones de Annosy
quedarían cerrados para él. Si estaba tan encantado con aquel lugar decrépito, que se quedase
allí.
Solito.
La luna iluminaba el paisaje cuando las dos mujeres trazaron su plan. Después de mucho
insistir y argumentar, Melisande finalmente convenció a Berthe de ayudarla. Se deslizaron hacia
el patio, dejando a Quinn adormecido de delante da chimenea. Melisande cerró la puerta sin
mirar atrás. Estaba con los nervios a flor de piel. Berthe, por el contrario, parecía
sorprendentemente calma. Ocultándose en las sombras, las dos se dirigieron a los establos.
Llegando Allí, la criada llamó en un susurro:
_ Bayard?
Se oyeron sonidos sofocados en el interior del establo y, momentos después, el rostro de
Bayard surgió por el vano de la puerta abierta. Al ver a su bien amada, hizo tal expresión de
sorpresa, que su actitud llegó a ser cómica.
_ Berthe? Sos vos ?
_ Claro, su tonto. _ La criada se inclinó y cuchicheó palabras apresuradas , mirando
ocasionalmente por encima de su hombro, como se temiese que tuviese siendo seguida.
_ Pensé sobre lo que me dijiste y resolví darte una chance. _ Cuando Bayard arqueó una ceja
y tuvo intención de replicar, ella lo silenció con un gesto. _ No digas nada. Seamos rápidos para
tener algunos momentos a solas antes de que nuestro Lord despierte y note nuestra ausencia.
_ Ausencia? Pero, por qué no nos quedamos aquí ?
_ No, no. Eso no es posible. Te Quiero sólo para mí.
El tono de Berthe era taxativo, y Melisande halló gracioso cómo ella compelía a Bayard al
plan que las dos habían trazado.
_ Bien, En ese caso no voy a discutir _ dijo el caballero.
Se apresuró orgulloso, al mismo tiempo en que lanzaba una mirada recelosa al patio. Sin
que se diese cuenta, adoptaba la misma postura conspiradora de Berthe.
La ejecución del plan estaba obteniendo más éxito que lo esperado, pensó Melisande.
_ Propongo que me encuentres junto a los portones. La aldea está desierta y podremos
conversar más tranquilos_ prosiguió la criada. _ Tal vez encontremos una casa que nos abrigue
del viento y nos proporcione un poco de privacidad. No lo que crees ? _ La voz de ella se volvió
suplicante, de una manera un tanto rara. _ Podrías ensillar dos caballos mientras voy buscar
cobertores y una garrafa de vino?
Bayard vaciló. Berthe entonces pasó los dedos por su rostro y lo besó levemente en los
labios.
_ Quiero que me pruebes tu sinceridad _ murmuró ella con fervor.
_Está bien! _ concordó él. _ Dame algunos minutos y prepararé dos monturas. Mientras
tanto, trata de esconderte. No quiero que arriesgues tu reputación.
_ Estaré esperando por vos _ susurró Berthe, y la promesa que puntuaba sus palabras hizo
que el caballero corriera a ejecutar su tarea.
La criada entonces giró y miró a Melisande, que estaba escondida allí cerca. Sonrió
victoriosa. Melisande le devolvió sonrisa. El plan iba bien, pero aún no estaba concluido. Se
precipitaron a los portones de la propiedad. Detrás de sí, sus oídos agudizados por el
nerviosismo captaron los ruidos de los movimientos de Bayard mientras ensillaba los caballos.
Melisande rezó para que no fuesen descubiertas. Si uno de los caballeros despertase,
estarían perdidas, pues era cierto que alertaría a Quinn de su huida.
Pero, con suerte, llegarían sanas y salvas a Annosy al romper del día.
Restaba que Bayard les trajese los caballos.
_ Que hombre más tonto! _ rezongó Berthe. Era evidente que la rápida aceptación de
Bayard sólo hizo que ella realimentase su desconfianza en cuanto a las buenas intenciones de él. _
Como podía creer que yo abandonaría mis reservas y le haría semejante invitación ? El lascivo
no ve nada mas allá de su propio deseo ! Bien se ve que no sabe que tipo de mujer soy . Oh, y yo
fui más tonta aún por creer que él me respetaría ! Que decepción ! Tenía toda la razón, mi Lady.
Es mejor que yo me vaya y me quede bien lejos de ese embustero.
_ Tal vez él se juzgue irresistible _ observó Melisande.
_ Pues que se considere el mayor galanteador sobre la faz de la tierra. Yo le mostraré cuan
irresistible es ! Canalla ! No se preocupe, mi Lady . Si Bayard se aproxima a los portones de
Annosy, yo iré personal
mente a ayudar a los centinelas a bloquearle la entrada!
No pasó mucho tiempo para que Melisande oyese los cascos de los caballos aproximándose
. Vislumbró la silueta de los dos animales empujados por Bayard. Cuando él se acercó a los
portones, Berthe se hizo ver.
_ Yo sabía que cambiarías de idea _ dijo él, sonriendo satisfecho.
_ Si. Y cambiaré de idea más de una vez. Me Quedaré con los caballos y vos retornarás a los
establos _ retrucó la criada.
_ qué? _ se alarmó él, súbitamente confuso.
Aquella era la parte del plan que exigiría más empeño. Melisande vino a apostarse al lado
de la criada. Juntas, las dos habrían de presionarlo para que les cediese las monturas.
Él miró Melisande, tomado de sorpresa. Cuando notó que ella usaba un manto de viaje, su
mirada se inflamó.
_ Vas a abandonarlo! _ la acusó.
Ahora, Melisande constataba que aquella parte del plan tal vez se revelase como de difícil
ejecución. Qué hacer para burlar la lealtad de Bayard para con Quinn?
El caballero soltó las riendas y gesticuló con vehemencia, trémulo de indignación. Su
intención de detenerlas era obvia.
_ Será que no ve la gravedad de lo que estás a punto a hacer, mi Lady?
Bayard dio un paso a la frente. Su pie se enroscó en una de las riendas caídas y él cayó al
suelo, insultando violentamente. Berthe casi gritó de susto. después, Bayard se golpeó la cabeza
contra la tierra y no dijo más nada.
_ Oh, no! _ se desesperó Berthe.
Los caballos se movieron nerviosamente. Uno de ellos bajó la cabeza hacia donde caballero
yacía inerte.
_ Nunca imaginé... _ comenzó Melisande, aterrada. La criada se arrodilló al lado de Bayard
y le tomó el rostro. Él murmuró algo ininteligible.
_ Oh, Bayard... yo lo siento mucho... No debería haberte engañado. Pero nunca pensé que
acabarías herido así...
Melisande posó la mano en el hombro de la criada. Se arrodilló a su lado y tanteó la
protuberancia que ya se formaba en la parte posterior de la cabeza de él.
_ Por el menos, Bayard está dando señales de vida _ concluyó.
_ Pero y si él no vuelve en sí ? Oh, Dios, qué hicimos ?
Berthe la observó, llena de miedo.
_ No creo que sea una herida grave _ le aseguró Melisande. _ Bayard respira normalmente y
el chichón en su cabeza no parece muy grande. EN el peor de los casos, él quedará un poco
mareado cuando recupere el sentido.
_ Loado sea Dios por haberle dado una cabeza tan dura cuanto una roca !
La moza se mordió el labio, sin esconder su preocupación. Melisande, sin embargo , notó
que su voz y sonaba con su habitual estridencia. Bayard se movió. Lass dos lo miraron con
creciente suspenso.
_ Y si él vuelve en sí ahora? _ murmuró Melisande.
_ Y si le cuenta nuestro plan a Lord Quinn? _ urgió Berthe en un susurro. _ Su marido se
pondrá furioso ! La perseguirá hasta los confines del infierno y no le permitirá que retorne a
Annosy.
Melisande se levantó, el corazón latiendo de forma errática mientras la incertidumbre
respecto a él se instalaba una vez más.
_ Precisamos partir ahora, mientras haya tiempo aún _ decidió.
Para su sorpresa, Berthe hizo un gesto negativo.
_ No puedo dejar a Bayard en ese estado... Vaya , mi Lady ! Apúrese ! Yo haré lo posible
para que su huida no sea percibida en las próximas horas.
_ Pero no puedo dejarte aquí, Berthe ! La criada persistió en la negativa:
_ No se preocupe por mí, estaré bien. Vaya, mi Lady ! _ Como Melisande aún vacilaba , la
instó en un tono perentorio : _ Le Imploro que no permanezca ni un minuto más! El tiempo urge !
_ Volvió la mirada hacia Bayard y bajó a voz, decidida. _ Sabré lidiar con él. No se aflija.
En aquel momento, Melisande tomó su decisión y recogió las riendas de uno de los caballos.
_ Luego que llegue a Annosy, ordenaré que vengan a buscarte _ prometió.
Berthe asintió y miró en dirección a los establos, frunciendo el ceño.
_ Tal vez sea aconsejable desperatar a uno de los caballeros y pedirle que la acompañe.
_ No. Si algún de los escuderos percibe lo que se pasa, correrá a alertar a Quinn. No se
aflija. Annosy no queda tan lejos de aquí. Yo conozco el camino. Nada malo me acontecerá.
_ Que sea, entonces. Ahora, vayase !
Y fue lo que Melisande hizo.
Capítulo IX
EN el instante en que la aurora se reveló en el horizonte acompañada de un denso humo
negro , Melisande tuvo un escalofrío. Se trataba de un incendio en las cercanías de Annosy. El
cielo que clareaba no traía buenas nuevas, pues las nubes negras y densas señalaban que el
incendio no aún había sido apagado.
A medida que el caballo avanzaba, era más evidente era que el fuego estaba muy próximo a
Annosy. Melisande no se atrevía a pensar en lo peor. Pero, luego en los límites de la propiedad,
al doblar la última curva del camino , ella sintió que la sangre se le helaba en las venas.
Annosy estaba en llamas.
Su mirada abarcó el paisaje y, mientras se acercaba, Melisande buscaba calcular la extensión
de los daños. Por un momento fugaz , deseó que Quinn estuviese a su lado. Si así fuese, él
actuaría con calma y ponderación, al contrario de ella, que era domi nada por el miedo y el
nerviosismo. Sería reconfortante el apoyo de una persona que enfrentase la adversidad con
sangre fría.
Pero Quinn no estaba allí. Melisande sintió una oleada de pánico que crecía en su interior .
Finalmente Consiguió controlarse y, más segura de sí, supo que lograría superar aquel problema,
del mismo modo en que había superado tantos otros. Se acomodó y adoptó una actitud madura
en la silla de montar mientras se aproximaba para evitar que los siervos que la avistasen
pudiesen tranquilizarse con su llegada. Demostrar su propia vulnerabilidad sólo contribuiría
para inquietarlos aún más.
Era el molino lo que se quemaba. El viento de primavera soplaba en ráfagas . El incendio
parecía ser deliberado, pero los responsables ya debían estar lejos, pues la situación en los
portones de la propiedad era normal.
Los siervos se ocupaban de apagar el fuego. Los teja
dos bajos de paja de media docena de casas en la aldea también ardían en llamas. Un grupo
de niñas observaba la escena con mirada pasmada . El castillo estaba intacto , y Melisande
suspiró aliviada.
_ Lady Melisande! _ gritó el guardián de los portones, por su tono estaba aliviado con el
retorno de ella. _ Pero, mi Lady, por qué viajó sola?
_ Las circunstancias de mi regreso no son importantes. Qué pasa aquí ? _ inquirió ella con
firmeza, imponiendo respeto con sus modales decididas.
El vigía corrió a abrir los portones, mientras su discurso se transformaba en un torrente de
palabras.
_ Ellos vinieron poco antes del amanecer. Conforme nos había instruido, los muros de
Annosy estaban fuertemente vigilados por centinelas. Pero nuestros hombres fueron tomados
por sorpresa. No percibimos la presencia de intrusos hasta que el molino comenzó a arder.
Aquella altura, ya era demasiado tarde para atraparlos.
Melisande observó atentamente los estropicios ocurridos en el interior de los muros de la
aldea. Los siervos habían formado una fila desde del río e iban pasando baldes de agua de mano
en mano. Tejados ennegrecidos emitían un humo a cada lado del molino..
_ Cuántos eran los intrusos? _ quiso saber ella.
_ Algunos dicen que era un solo hombre _ respondió el guardián, encogiendo los hombros.
_ Nadie vio nada?
_ Creo que no. Uno de los centinelas fue golpeado en la cabeza con una piedra y aún no
volvió en sí. Los otros fueron distraídos con un grito que sonó delante de los portones.
_ Quien gritó?
_ Lo Ignoramos. Creo que fue un truco u para desviar nuestra atención. Cuando nos dimos
cuenta de eso, el mal ya estaba hecho.
Melisande hizo un gesto de asentimiento.
_ Hablaré con el centinela luego que se restablezca _ declaró.
_ Si, mi Lady. Le diré.
_ Muy bien.
Una vieja de la aldea sonrió al reconocerla.
_ La Lady volvió ! _ anunció, y muchas cabezas se giraron hacia Melisande. _ Gracias a Dios
, nuestra ama volvió al hogar!
Los siervos aplaudían su regreso a medida que ella avanzaba en medio de la pequeña
multitud. Se Comprimían a su paso, cada uno narrándole lo que había visto. Melisande
apretaba sus manos, tomaba el rostro de las niñas y les aseguraba que todo iría bien.
_ Muchos se hirieron? _ indagó, y agradeció a Dios cuando todos le hicieron un gesto
negativo.
_ Al principio, teníamos la impresión de que la aldea entera ardía _ dijo uno.
_ Ellos vinieron en medio de la noche _ dijo otro.
_ Mi Lady, cuándo va a parar esto ? Quién nos haría tamaña maldad? _ preguntó un
tercero.
Melisande les sonrió de un modo tranquilizador.
_Cálmense, que la situación ya está bajo control. Ustedes hicieron un buen trabajo al
dominar el fuego con tanta rapidez.
_ Pero el molino aún está ardiendo...
_ Y continuará ardiendo hasta que se consuma en cenizas. Déjenlo arder. Manténganse
lejos del molino, no permitan que nadie se aproxime. La suerte está de nuestro lado, pues el suelo
húmedo por la nieve no permitirá que las llamas se expandan.
_ En efecto, Lady, la tragedia podría haber sido mucho peor.
Quien así hablaba era Roger, el castellán, que venía a pararse cerca de ella. Melisande sonrió
al viejo hombre que había servido a su padre. Roger era más sensato que la mayoría de los
siervos y ella apreciaba su sentido común.
_ Excelente, Roger. Como es habitual, tienes la situación bajo control, no?
El castellán se inclinó ligeramente para agradecer el cumplimento. El sol relució en su calva.
Recogió las riendas de la montura de Melisande y la condujo a través de la aldea, en dirección a
los portones del castillo.
Al pasar cerca de un grupo de niñas, ella preguntó:
_ y esos pequeños? Tienen dónde dormir?
_ No. El tejado de sus casas se derrumbó , mi Lady _ informó Roger.
_ Entonces mándelos inmediatamente al castillo. Ayudarán en la cocina mientras su casa es
reparada.
Al oír eso, los ojos de las niñas brillaron de entusiasmo ante la perspectiva de ir al castillo.
Melisande intercambió una sonrisa con un muchachito de no más de cuatro años.
Se Le Ocurrió que Quinn y ella podrían engendrar un hijo como aquel. La idea le pareció
promisoria, más promisoria de lo que estaba preparada para admitir, pues él ciertamente sería un
padre amoroso y paciente.
Melisande apretó los ojos para apartar las súbitas lágrimas que venían a sus ojos. Se
Recordó a sí misma que fue cautivada por un hombre que sólo se preocupaba por sus propios
intereses.
_ Sabia decisión, Lady _ aprobó el castellán. Chasqueó los dedos y algunos de sus
ayudantes comenzaron a reunir a las niñas para conducirlas al castillo. _ Sólo lamento que haya
recibido tal acogida en ocasión de su regreso.
Melisande se apeó en el patio do castillo, y entregó las riendas del corcel a un muchacho .
_ No importa, Roger. Ahora, dime: los invasores sólo prendieron fuego el molino?
_ Si. Fue el molino y algunos tejados, nada más fue incendiado.
Ella apretó los labios, contrariada.
_ Igualmente, es más de lo que podemos abarcar. Hay mucho trabajo delante. Precisamos
llevar a cabo todo el cultivo de la primavera y aún recuperar lo que fue dañado. Reúne algunos
hombres e instrúyelos para que rescaten lo que fuera posible de las habitaciones incendiadas.
Otro grupo deberá hacerse cargo de rehacer los tejados. Cuando el fuego del molino se apa
gue, manda a los aldeanos a examinar sus ruinas. Probablemente será necesario enviar un
carro a Lyons para buscar material.
Decidida, ella miró en torno a sí, anotando mentalmente las condiciones del lugar. Ahora
que se hallaba en territorio conocido, se sentía segura de nuevo.
De repente , se vio pensando en Quinn. Se preguntó si él vendría por ella . Qué se dirían
uno al otro si eso aconteciese? Era obvio que Quinn no se mostraría satisfecho con su decisión de
abandonarlo. Y quedaría menos satisfecho aún cuando supiese que ella había desistido de darle
un heredero.
_ Traben el portón . No permitan que nadie entre sin mi v permiso _ dijo de repente. Miró
al castellán de modo penetrante. _ Podrá el muro ser reparado hoy?
_ Si, mi Lady. Será hecho conforme a su voluntad.
_ Óptimo. Precisamos prevenirnos contra un eventual invasión esta noche. _ después,
Melisande dio una palmadita en el lomo de su caballo y se dirigió al muchacho del establo : _
Dale avena. El animal está extenuado.
_ Si, mi lady.
Ella se volvió nuevamente al castellán.
_ Roger, trae a mi presencia al centinela herido, tan pronto como se recupere del golpe. Me
Gustaría de saber si tiene algo que decir.
_ Pues no, Lady.
Por fin, Melisande miró a los aldeanos que la habían seguido hasta allí.
_ Aquellos que tengan su casa incendiada podrán tomar una comida en la cocina del
castillo.
A continuación, ella cruzó una mirada con el castellán, que hizo una reverencia y fue cuidar
de sus labores. El molinero fue invitado a pernovtar en el castillo hasta que el molino fuese
reparado. Melisande les garantizó a los aldeanos que el molino logo volveria a funcionar y los
dispensó.
Fue sólo después de subir las escaleras a sus aposentos y miró a través de la ventana, que
deseó que Quinn estuviese allí para contemplar la propiedad. Aún habiendo sufrido aquel revés,
Annosy era motivo de alegría y orgullo para ella. Se Dijo a sí misma que semejante pensamiento
sólo se le ocurría porque sería instructivo para Quinn ver tierras bien administradas. E ignoró el
hecho de que él ya había contemplado la opulencia de Tulley.
Su mirada recayó sobre el camino a lo lejos. Allá, nada se movía. Su corazón entonces se
quedó oprimido. Quisiera vislumbrar la silueta de un caballero camino a sus tierras...
Rápidamente se apartó de la melancolía de su espíritu. Poco le importaba si Quinn la seguía
o no. Sabía el tipo de hombre que era y la separación la curaría de cualquier debilidad física que
sentía en relación a él. Había sido cautivada, mas eso no duraría mucho tiempo.
EN verdad, no daría el brazo a torcer y, si Quinn viniese a Annosy, ella no le abriría los
portones de la propiedad. No pesaba la promesa de Tulley de transferirle la posesión de Annosy
dentro de un año. Mientras Quinn no fuese investido con el título de Lord, Melisande habría de
tratarlo como a un intruso.
Tal vez ella aún consiguiese defender su orgullo, su independencia, su Annosy. Y su
existencia solitaria...
Melisande levantó el mentón obstinadamente. Observó los movimientos de los hombres
que ya iniciaban la reparación de la muralla externa. Quedó aprehensiva. No de
moraría mucho para que la noche cayese, dejando a Annosy vulnerable a un nuevo ataque.
Mientras espiaba por la ventana, en el silencio de sus aposentos, sus pensamientos
volvieron a Quinn. Tuvo que reconocer que no reuniría el coraje para expulsarlo, en caso que
viniese a golpear a sa puerta. Cruzó los brazos y luchó contra un ansia inesperada. EN el
interior , sabía que, si su marido fuese a buscarla, preferiría amarlo a echarlo.
A pesar de la hipocresía de él.
Por Dios, aquel hombre la había envuelto con sus galanteos más de lo que ella pudo prever.
Felizmente, se apartó mientras aún era tiempo, o hubiese acabado perdiendo completamente el
sentido común.
Pese a todo ,en aquel momento, Melisande estaba lejos de sentirse feliz.
Tres días se pasaron hasta que se oyeron golpes en los portones de Annosy. El viento sopló
del oeste todo el día, trayendo nubes espesas que podían anunciar una tempestad inminente.
Melisande se llenó de ansiedad. Tenía de ser Quinn quien llegaba ! Y, antes de que ella
pudiese controlarse corrió al vestíbulo del castillo. Al sentir el aire frío del patio, buscó
recomponerse y diminuyó el paso. No podía dejar que su nerviosismo fuera tan evidente . Tenía
que parecer desinteresada y distante. Tenía que prepararse para una tempestad muy diferente
de la que traía el cielo cargado... Aunque su deseo más recóndito fuese encerrarse con Quinn en
sus aposentos y cubrirlo de caricias, sólo para tener el gusto de ver los ojos castaños oscurecerse
de pasión... Por Dios, como sentía la falta de contacto con él!
_ Quién llega ? _ preguntó con exagerada altanería .
_ Viajantes que vienen de Sayerne _ anunció el guardia.
El corazón de Melisande falló de golpe. Se Forzó a aparentar calma, mientras acomodaba
la capa sobre sus hombros.
_ Iré a ver lo que quieren _ dijo.
Caminó lentamente a través da aldea, pero sus pasos se fueron acelerando con su ansia.
Miraba atentamente a los portones altos, más delante. Intentaba divisar la silueta imponente de
Quinn, aún sabiendo que, desde dónde se hallaba, eso habría sido imposible.
Pero, entonces... él estaba allá ! Vino a verla ! Si lo conocía bien , estaría furioso y la
arrastraba al castillo, a fin de hacerle honrar el acuerdo de concebir un heredero.
Y Melisande apenas podía esperar por eso...
Quería tener alas en los pies para alcanzar los portones lo más pronto posible ! Le Pareció
que demoraba una eternidad hasta que por fin pudo divisar mejor el lugar.
Pero llegando allá , todo lo que avistó fue a Michel , transfiriendo el peso de su cuerpo de
una pierna a la otra, con un séquito de seis caballeros a su lado. La figura familiar de Quinn no
estaba a la vista.
_ Michel! _ exclamó, incapaz de ocultar su sorpresa.
_ Si, mi Lady _ respondió el muchacho.
_ Pero qué haces aquí ? No viniste en compañía de tu amo?
_ No, mi Lady.
_ Por qué ? Dónde está él?
El niño parecía un poco desconcertado con la pregunta.
_ En Sayerne, mi Lady. Seguramente no ignora que está ocupado en restaurar la propiedad.
_ Si, si _ confirmó ella, mientras su corazón se oprimía e su voz revelaba decepción. Por que
Quinn noviera?
Michel le extendió un pergamino.
_ Traigo una misiva de mi Lord.
_ Una misiva?
La ansiedad de Melisande volvió a crecer. Apenas podía esperar para leer la carta que
Quinn le enviaba.
_ Si. Una misiva destinada a sus siervos _ esclareció el muchacho. _ Mi Lord le pide
permiso para que sea leída a los aldeanos.
Para los aldeanos, pensó ella infinitamente decepcionada. Quinn no vino a buscarla. No le
mandó ni una sols palabra. Ni siquiera indagaba sobre su bienestar.
Melisande esbozó una sonrisa cordial y gesticuló con impaciencia al guardia. Al menos,
Quinn no tendría quejas contra el tratamiento que dispensaría a su escudero.
_ Abre el portón, mi buen hombre. Los viajantes tienen frío y sus caballos necesitan
cuidados. Ven Michel. Vas s sentirte mejor después de tomar una sopa caliente.
_ Oh, si, mi Lady. Un plato de sopa sería muy bienvenido.
La decepción de Melisande se transformó en franca indignación cuando ella oyó el mensaje
que Roger leyó a los aldeanos:
_ "Este joven escudero les trae una invitación de parte de Quinn de Sayeme, heredero a
quien por ahora le fueron confiadas las tierras de Sayerae."
los siervos murmuraron entre sí ,y Melisande tuvo certeza de que comentaban la mala
reputación de Jerome. Algunos allí probablemente la conocían por experiencia propia. Roger
carraspeó. Todos se silenciaron cuando continuó leyendo.
_ "Buena gente de Annosy, yo, Quinn de Sayerne, les hago una propuesta. Imagino que
todos saben que mi padre, Jerome de Sayerne, ya no se encuentra en el mundo de los vivos.
Muchos deben saber, también, que las tierras de Sayerne quedaron a la merced del descuido en
los últimos años. Cuando vine a tomar posesión de mi legado, encontré apenas abandono y
desolación. Tengo firme intención de tornar Sayerne tan próspera como lo fue un día. Y precisaré
de muchos brazos para restaurarla. Pediría que aquellos que oyesen mis palabras, sobretodo los
que huyeron de los malos tratos de mi padre, me den una oportunidad de probar que no soy
como él."
Melisande frunció el ceño. Quinn hacía una propuesta que podría tentar a los aldeanos a
desertar de allí antes de que ejecutasen todo el trabajo del cultivo ! Y ella había reunido su gente
de buen grado para oír aquel disparate!
Sin embargo, ahora ya no podía intervenir sin dejar ver su desagrado. Así, tuvo que
permanecer donde estaba, sin nada que objetar. EN un momento dado hasta bufó de rabia.
Roger prosiguió con la lectura.
_ "No sólo Sayerne es rico y su localización, privilegiada. No Creo ser el único en recordar
su gloria pasada. La tierra puede traer recompensa por el trabajo. Sólo necesito de brazos que me
ayuden a extraer toda su riqueza. Es casi época de cultivar . Quien venga a Sayerne fructificará
junto a mí para construir una nueva vida en estas tierras."
La afrenta de Melisande bordeó la ira. Pues no había sido ella misma quien resaltara la
buena localización de su propiedad? Cómo osaba Quinn a usar la evaluación de ella para robarle
sus arrendatarios?
Los aldeanos, entre tanto, demostraban desconfianza. Y no era infundada. Melisande
aguardó que se manifestasen, curiosa por oír como aquella gente honesta reaccionaría al llamado
del hijo de Jerome de Sayerne.
_ "Si son hombres libres, todo lo que tendrán que hacer será traer sus pertenecíais a Sayerne
y convertirse en parte de esta empresa" _ continuó el castellán. _ "Preséntenme la declaración de
la tierra que les fue destinada, y les reservaré una porción mayor en Sayerne."
En ese punto, Melisande casi gruñó con la generosidad de la oferta. Los aldeanos volvieron
a cuchichear entre sí, y ella esa vez vio que muchos semblantes se iluminaban. La cesión de una
porción mayor de tierra representaba un gran privilegio para los beneficiados.
Se Trataba de un privilegio que Melisande no podía conceder. Lo peor, sin embargo, aún
estaba por venir:
_ "Si son esclavos y buscan la igualdad, todo lo que tendrán que hacer será informar su
nombre y condición a mi emisario. Estoy interesado en comprar todos los eslavos que deseen
participar de mis esfuerzos. Hago un juramento solemne de que, en un plazo de un año,
habiendo sido investido con el título de Sayerne, liberaré a cada esclavo que me sirvió bien y a
su familia. Y cada esclavo recibirá un pedazo de tierra, como cualquier aldeano, y su condición
anterior será olvidada. Si eventualmente yo no recibiese la posesión definitiva de la propiedad, él
será libre de continuar su camino y buscar su propia suerte."
Pero, qué significaba eso? La propuesta, sin igual, era un despropósito ! , exasperó a
Melisande.
La cuestión es que no sonaba como un despropósito para los aldeanos. Ahora hacían
comentarios entusiasmados entre sí y algunos llegaban a mirarla furtivamente a ella. Percibía que
más de una familia ponderaba la propuesta de Quinn.
_ Cuándo? _ alguien le preguntó a Michel.
_ Los interesados deberán encaminarse a Sayerne cuanto antes, es tiempo de labrar la
tierra. Las demarcaciones del terreno de cada siervo serán hechas por orden de llegada.
En aquel punto, Melisande se vio forzada a intervenir.
_ Y con qué se alimentarán los siervos hasta la cosecha del otoño? _ cuestionó
imperiosamente.
Hubo un pesado silencio. Las miradas se alternaron entre Melisande y Michel, quien
empezó a contestar.
_ Acabo de retornar de Sayerne, así como vos mismo, Michel _ dijo ella. _ La despensa no
está vacía? Hay acaso alguna cabeza de ganado lechero en toda la propiedad? El muchacho
quedó cabizbajo.
_ No, mi Lady. Sólo habrá lo que cada uno pueda llevar consigo para comer.
Ella miró a sus caballeros. Todos aceptaran, aunque con visible renuencia. Melisande quedó
anonadada con el poder de persuasión de Quinn. El sueño de reconstruir Sayerne no pasaba de
una quimera y, sin embargo, él ganaba la simpatía de todos aquellos que lo oían discurrir sobre
sus planes.
Melisande precisaba encarar el lado práctico de la cuestión. Sería una gran
irresponsabilidad permitir que sus arrendatarios se fuesen a Sayerne sin que estuviesen
perfectamente conscientes de los riesgos que corrían.
Además, Quinn mandó a un mensajero a hacer aquella insólita oferta en su propiedad. Ella
tenía todo el derecho de rebatir con los argumentos que disponía.
_ Ciertamente el heredero de Sayerne no espera que su promesa de libertad y bienestar
provenga del sustento de sus siervos, no? _ preguntó en un tono neutro.
Hubo conmoción entre los aldeanos, y los murmullos crecieron para convertirse en un
ruidoso bochinche.
_ Mi Lord Quinn me aseveró que compraría provisiones para sus arrendatarios. Me Dio
garantía personal de eso.
Para sorpresa de Melisande, Roger se dirigió al niño.
_ El comprador precisa encontrar un proveedor que le venda la mercadería que necesita. La
gente de la región cultiva prácticamente lo suficiente para su subsistencia. Su Lord tal vez tenga
dificultad en honrar esa garantía, por más bien intencionado que sea.
El niño se ruborizó.
_ Yo les trajee la misiva. Fue la única instrucción que recibí. El Lord podrá esclarecer sus
dudas directamente con mi amo, pues ignoro la respuesta para esa pregunta. _ Él observó a
Melisande a través de l a pequeña multitud allí aglomerada. _ Sólo me cabe afirmar que Quinn
de Sayerne es un hombre muy honrado. Estoy a su servicio hace solamente un año y, aunque el
plazo es tan corto, ya tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos la prueba de su compasión
y nobleza de carácter. Le Confié mi propia vida y no me arrepiento de eso.
Le Siguió un silencio, y Melisande comenzó a recelar lo que Michel pudiese llegar a decir.
Finalmente él dijo:
_ El Lord también podrá preguntar a su ama sobre Quinn de Sayerne, pues ella lo desposó
en Tulley.
Irrumpió una explosión de exclamaciones, cuchicheos, comentarios, insultos y murmullos.
Todos las miradas se volvieron entonces hacia Melisande. Incapaz de enfrentar la presión de los
siervos, ella se retiró deprisa para el santuario de sus aposentos.
Una quincena pasó hasta que Michel retornó a Sayerne. Quinn estaba cada vez más
preocupado con la ausencia del muchacho. Una tempestad invernal se abatió en los campos, una
semana después de la partida de Melisande, y él temía por la seguridad de su joven escudero.
Todas las noches, inmerso en reflexiones, Quinn se preguntaba si no debería haber ido por
Melisande. Al menos, se censuraba, debería haber se certificado de que ella hubiese llegado sana
y salva a Annosy. Comenzaba a cuestionarse si no fue muy precipitado y severo al juzgarla.
El silencio de aquellas noches sólo le hacía temer la llegada de noticias funestas.
_ Lord, estoy de vuelta ! _ gritó Michel, sonriente, galopando hacia el patio.
Aunque la nieve se hubiese acumulado nuevamente, Quinn y Bayard trabajaban al aire
libre.
_ Michel! Salvado seas mi niño! _ lo saludó Bayard, levantándolo de la silla de montar y
depositándolo en el suelo.
Dos caballeros de Annosy venían detrás del muchacho. Quinn los saludó con un meneo de
cabeza y quedó aliviado al constatar que Michel había logrado ir a Annosy y que Melisande
mandara al muchacho de vuelta con una escolta.
El niño corrió para relatarle el resultado de su viaje.
_ Lord, tengo buenas noticias! Muchos aldeanos quedaron tentados con su propuesta!
_ Mucho me alegra oír eso. Pero, antes, cuéntame como fue tu viaje.
Quinn le acarició la cabeza, contento de verlo con animo y salud. Michel sonrió de oreja a
oreja.
_ Oh, mi Lord, vi cosas deslumbrantes ! Una muralla tan alta que parecía tocar el cielo...
Centenas de aldeanos... Establos llenos de los más bellos corceles... _ Él paró para tomar aliento y
concluyó: _ Vi también tapicess que recubrían las paredes del castillo, retratando escenas de caza,
unicornios e leones.
_ Sí ? _ lo incentivó Quinn, dirigiéndolo en dirección al vestíbulo. _ Y la tempestad de de
nieve? Viste que borrasca fuerte teníamos?
Los caballeros se apearon y entregaron sus monturas a los escuderos. Seguían a Quinn y al
niño, que iban un poco más adelante.
_ Si, si, mi Lord. Estaba en Annosy y su esposa insistió en que yo me quedase allá hasta que
el tiempo mejorase.
Entonces Melisande había llegado sana y salva. Quinn sintió como si un peso le fuese
retirado de su corazón, y tuvo que contenerse para no sonreír.
Michel se paró bien cerca de él y le preguntó en tono confidencial:
_ Lord, cómo están las provisiones de alimento?
Quinn precedió su respuesta con una sonrisa.
_ Hubo muchas cambios desde tu partida, mi niño. Compramos suplementos y Berthe anda
atribulada en la cocina. Puede ser que vos no tardes en cansarte de comer carne con batatas, pero
de hecho hay mucha comida.
_ Qué bueno ! Estoy hambriento!
_ Y cómo van las cosas en Annosy?
La tentativa de Quinn de mantener un aire circunspecto probablemente fallaba, pues
Bayard lo observó con expresión maliciosa, pasó al lado de él y le sonrió con una ironía que le
era característica.
Michel, sin embargo , no notó la ansiedad de su amo.
_ Va bien, Lord _ respondió mas que sucintamente.
Quinn lanzó una mirada de advertencia a Bayard y se armó de paciencia para arrancar del
niño la in
formación que le interesaba. El otro ni reparó en su expresión contrariada, pues tenía los
ojos fijos en Berthe. Uno de los caballeros de Annosy la había abordara y estaban entablando
una conversación. Él le hizo un guiño a ella lleno de segundas intenciones y la criada le brindó
una sonrisa que hizo Quinn sospechar que intentaba provocar a Bayard. Este cruzó los brazos,
incomodo, y miró sus propios pies.
_ Miren quién llegó ! El pequeño Michel! _ ex
clamó Berthe, abriendo los brazos para el muchacho. _ Pues en buena hora, pues tengo una
golosina para vos. Te Gustan los bollos de pasas?
Él asintió encantado.
_ Acabo de sacarlos del horno. Debes tener cuidado de no quemarte la lengua_ lo previno
la criada.
_ Y en cuanto a mí, no me ofreced un bollo también? _ preguntó el caballero de Annosy.
_ Claro que si. Espera un instante, que voy a traer unos cuantos _respondió ella, toda
sonrisas.
Bayard se puso aún más taciturno. Quinn suspiró. Los silencios malhumorados de Bayard
eran un anticlímax. Así como era un anticlímax la distracción de Michel, que estaba demasiado
absorto con su bollo para entrar en más detalles sobre la estadía en Annosy.
_ Cuéntame más del viaje. Viste a Lady Melisande? _ le preguntó con aire casual.
_ Si. _ El muchacho giró hacia Berthe. _ La Lady te mandó dos caballeros para que escolten
de vuelta a Annosy.
La criada apretó los labios y nada dijo. Miró de reojo a Bayard, que continuaba observando
el suelo. Quinn se fue enervando con Michel, quien no respondía satisfactoriamente su
pregunta.
_ Dame noticias de mi mujer _ le pidió sin rodeos, en un tono más bajo de lo que había
usado hasta entonces.
_ Ella parecía estar bien. Me Ofreció sopa y un catre cerca de la estufa. _ Michel masticó
pensativamente por un momento. _ Pero no creo que haya quedado muy contenta con su misiva.
Quinn empezó a ponerse alerta. Por el menos, consiguió arrancar una reacción de
Melisande.
_ Ah, no? _ preguntó sin emoción.
_ No, ni un poco. Parece que algunos aldeanos consideraban la idea de venir para acá,
cuando ella dijo que no había comida en Sayerne.
Entonces, Melisande iba a ponerse en su camino para minar sus esfuerzos. Evidentemente,
no podía esperar otra cosa de ella, pensó Quinn disgustado.
_ Pero es claro que la Lady no sabía que la cocina estaba llena de bollos de pasas! _ comentó
el niño alegremente.
_ Y eso no fue lo único que cambió desde la partida de mi ama _ agregó Berthe. _ Aún falta
restaurar el molino, pero los establos ya fueron reparados, así como algunas casas de la aldea. La
cocina está limpia, aunque un cierto caballero no haya cumplido la promesa de preparar una
huerta... _ reclamó ella, mirando a Bayard.
_ La Lady preguntó por mí ? _ quiso saber Quinn, interrumpiendo el sermón que la criada
estaba a punto de iniciar.
_ No_ respondió el niño, balanceando la cabeza. No. Ahí estaba. Quinn entonces se dio
cuenta de cuanto esperaba una respuesta diferente de aquella. No era mas que un tonto. Cómo
podía esperar que la dama tuviese alguna consideración por él?
_ Pero es claro que estaba muy ocupada con los daños hechos en la última invasión a
Annosy _ agregó Michel en un tono ligero.
_ Annosy fue atacada? _ indagó Berthe.
_ Hubo heridos? _ preguntó Bayard.
El muchacho los observó, un poco sorprendido con su reacción.
_ No, nadie se hirió. El molino fue incendiado y los tejados de algunas casas también. Lady
Melisande estaba entretenida en contratar más caballeros para cuidar las murallas de Annosy.
Quinn se volvió hacia los dos caballeros que lo habían acompañado.
_ Entonces por que la Lady los envió para acá?
_ Ella nos dijo que había dado su palabra a Berthe _ esclareció uno de ellos.
A aprehensión de Quinn se vio en su fisonomía congestionada. Su casamiento fue
justamente arreglado para eliminar los ataques a Annosy. Ahora percibía que sus desaciertos con
Melisande no sólo con
prometan la seguridad de ella, sino que además amenazaban los dominios de Tulley. No
era difícil prever la ira do Lord de Tulley cuando se enterase de aquellos acontecimientos. Quinn,
compenetrado con los asuntos de Sayerne, falló en proteger Annosy.
A a pesar de sus diferencias, él y Melisande eran vasallos leales y tenían obligación de
cuidar los dominios de Tulley. Así que decidió corregir el error que inadvertidamente había
cometido.
_ Reúne las armas. Iré en auxilio de Annosy mientras vos cuidas de Sayerne _ le informó a
Bayard.
_ Iremos juntos entonces _ dijeron los dos caballeros. Antes de retirarse , Bayard se detuvo
al lado de Berthe con inocultable enojo .
_ Presumo que partirás también, no?
_ Si _ respondió ella Después vaciló . Y remató en un tono resentido: _ Ahora percibo que
nunca hubo razón para que yo permaneciese aquí.
Quinn no quería interrumpirlos, pero tenía presa. Dijo:
_ Partiremos a Annosy ten pronto que todo esté listo.
Capítulo X
Para Melisande fue algo desconcertante, y hasta un poco aterrorizante , percibir que se
alegraba con la llegada de Quinn.
Hacía apenas una semana que Michel había partido. En aquel corto período, ella había
experimentado toda una gama de emociones. Primero, furia porque Quinn la ignoraba. Después
la desesperación porque no se interesaba en ella. A continuación, la rabia por la propuesta hecha
a los siervos, aunque Melisande no pudiese dejar de admirar la audacia y la pericia con las cuales
Quinn perseguía sus objetivos.
Al fin del día, cuando cada sonido hacía que su corazón se sobresaltara ante la posibilidad
de un ataque, ella se había arrepentido amargamente por dejar a su marido . En momentos como
aquel, maldecía a Tulley por la sagacidad con que detectara la vulnerabilidad de su posición y se
maldecía a sí misma por no haber seguido el consejo de Lord de Tulley.
Pero, estaba fuera de cuestión retornar a Sayerne. Melisande estaba demasiado temeraria
para admitir que había cometido un terrible error, aunque el argumento que usaba para sí misma
era que se quedaba en Annosy por el bien de los siervos.
Y, ahora, allí estaba Quinn ! La noticia de su llegada, en el crepúsculo, era suficiente para
hacerla sentir ansiosa, ordenó que le trajesen vino, se acomodó los cabellos, y se alisó el vestido.
Fue descendiendo las escaleras deprisa y de repente se detuvo.
LA visión de Quinn delante de la chimenea, con las piernas ligeramente apartadas y los
brazos cruzados, hizo que el corazón de Melisande latió más rápido. Había otras personas en el
vestíbulo, pero ella sólo tenía ojos para su marido.
Cuando descendió el último escalón, Quinn la oyó y giró para mirarla. Su expresión dura
la hizo vacilar.
_ Por qué no me llamaste , mi Lady? _ inquirió sin rodeos.
Melisande no tenía una respuesta para aquella pregunta. Su esposo parecía menos
contento de verla que ella . Se Obligó entonces a calmarse, diminuyó el paso, fingió
despreocupación. Si Quinn la hubiese tocado, percibiría que estaba trémula.
_ Creo que no entendí su pregunta, mi Lord. Los ojos castaños que la miraban centellaron.
_ Por qué no me llamaste? Seguramente no pensas que Tulley se preocupa porque si, no es
así ? La situación de tu propiedad es inquietante. Como puedes cruzar los brazos y esperar con
calma que sobrevenga otro ataque?
Ella levantó el mentón, ofendida. No estaba de brazos cruzados. Había llevado a cabo una
serie de preparativos, como cualquier buen administrador haría.
_ El muro externo ya fue reparado y los centinelas recibieron refuerzos por la noche _
explicó, a la defensiva.
Pero Quinn no pareció mucho impresionado con sus medidas.
_ No es bastante. Mandaste un grupo de reconocimiento a los alrededores para buscar a los
bandoleros ? Encontraste evidencias de su paso por aquí ? Intentaste identificar a alguno de
ellos?
_ Eso fue imposible. Uno de los centinelas fue atacado de sorpresa y no vio nada _ se
justificó Melisande, cada vez más a la defensiva, pues ninguna de aquellas provi
dencias se le había ocurrido.
_ Eso no significa que nadie más no haya visto a los malhechores. Y, si esos sabotadores
vienen atacando Annosy repetidamente, como parece ser el caso, no deben estar acampados
muy lejos de aquí _ replicó él.
Melisande detestó que aquellas observaciones fuesen tan acertadas y se censuró por no
haber llegado a las mismas conclusiones por sí misma.
_ Supongo que tiene sentido lo que dices _ admitió, contrariada, mientras todos las miradas
se volvían hacia ellos dos.
_ Mi Lady _ comenzó Quinn blandamente, inclinándose hacia ella. Melisande se retrajo,
desconfiando de su cambio de actitud. Él entonces prosiguió en un tono confidencial : _ Me
Permites sugerir que ese problema está mas allá de tu experiencia?
Entonces era eso? Quinn se olvidó- de su rabia tan súbitamente porque creía que ella estaba
amenazada de perder sus dominios ! Melisande no reconocería sus propias fallas, por lo menos
por ahora. Aún así, la evidencia de su desinterés era desalentadora. No entendía nada de
perseguir bandidos.
_ Fui muy bien entrenada en el arte de la administración _ replicó, siendo ese su único
argumento en que podía apoyarse.
Quinn aproximó su rostro al de ella, y la cercanía de su piel la distrajo por una fracción de
segundo.
_ Pero el arte de la guerra no estaría mas allá de tu experiencia ? _ insistió con voz suave.
_ Soy perfectamente capaz de lidiar con el coman
do de los soldados y cuidar de que el armero haga bien su trabajo.
Pero una vez mas , Melisande detestó la sagacidad de él. Cuando Quinn meneó la cabeza
lentamente, supo que estaba acorralada. Sus argumentos no eran convincentes, y él sabía eso.
Herida en su orgullo Melisandre sabía que no estaba dentro de sus capacidades solucionar
aquella cuestión.
_ La estrategia de la guerra es mi incumbencia , mi Lady _ dijo él con firmeza.
Melisande sintió que el aire le faltaba. Entonces era eso... Y qué más podía ser? Quinn la
acusaría de incompetencia ante Tulley, para obtener inmediatamente el título de Annosy ! La
situación de escapaba de su control . Iba a perder su propiedad. Cerró los ojos, preparándose
para lo peor.
_ Y, ya que mi especialidad es el arte de la guerra, te digo que mis servicios pueden serle
útiles a Annosy en la presente crisis.
Ella lo observó con sorpresa. Nunca imaginó que aquel hombre fuese a ofrecerle sus
servicios. Y mayor fue su espanto al verlo sonreír, acariciándola con la mirada, como si fuese la
única mujer en la faz de la tierra. Luego sintió que las piernas le flaqueaban, desconcertada con la
capacidad de él de desarmarla de la forma más inesperada.
_ Supe que estás contratando nuevos caballeros, mi Lady. Si eso es verdad, te estoy
ofreciendo mis servicios.
Melisande se paralizó y ninguna palabra salió de sus labios cuando Quinn, en un
movimiento lleno de elegancia, posó una de sus rodillas en el piso y desenvainó la espada. Él le
ofreció la hoja sobre la palma de las manos.
_ Me Coloco a tu disposición Lady de Annosy. De ahora en adelante seré tu paladín . Todos
allí se quedaron en silencio.
Melisandre miraba a Quinn, indecisa. Y, de repente, se acordó del objetivo de él. Sayerne.
Era todo lo que su marido ambicionaba. De algún modo, aquella oferta que ahora le hacía debía
estar ligada a la posesión de Sayerne. Ella evaluó frenéticamente.
La propuesta que Quinn le hiciera a sus siervos le costaría una buena suma y tal vez él sólo
quisiese levantar dinero para los fondos de Sayerne.
A Quinn no le importaba si Annosy fuese incendiada hasta la última casa. Esa conclusión le
dolió a Melisande que se forzó a mantener su compostura. Era hora de aceptar, definitivamente,
el hecho de que era apenas un instrumento para servir a los intereses de aquel astuto caballero.
Y tal idea le dolía más aún, pues, en lo profundo, desearía significar algo más para él.
Mientras lo miraba, con corazón apretado, notó cada pormenor de su semblante. Los labios
que sonreían eran un poco inciertos. Las mechas castañas que tanto tenía ganas de acariciar. Los
ojos oscuros, que brillaban con sinceridad y perspicacia. Melisande pensó que la obsesión de él
por Sayerne era como la suya por Annosy, y se sintió más próxima a Quinn.
Se acordó de la indignación de él al saber que Tulley la había obligado a quebrar su
juramento hecho a Arnaud. Se acordó de su infinito cuidado cuando la poseyera por primera
vez, colocando su placer en primer lugar, y de como le había ahorrado los detalles más negros de
la historia que le confiara.
Ella sintió un nudo en la garganta al reconocer como Quinn, con sus modos cautivantes,
intentaba hacer de su casamiento una unión verdadera. Lo Miró, arrodillado a sus pies, y
finalmente se confrontó con la verdad.
Amaba a Quinn de Sayerne. Eso le dio pánico. Pero sería verdad por parte de él ? Estaba
enamorada de un hombre que sólo la usaba? Pues entonces precisaría probarse a sí misma la
deliberación de él ,y de ese modo arrancar aquel amor de su corazón.
_ Si es dinero lo que necesitas, no estoy en condiciones de pagarte una suma elevada _
declaró ella fríamente.
_ No vine en busca de dinero _ replicó Quinn.
Los ojos de Melisande se estrecharon imperceptiblemente, evaluando sus sospechas.
_ Trabajarás a cambio de nada ? Calculé que sería necesaria un gran suma para financiar la
reconstrucción de Sayerne.
_ Dispongo de fondos suficientes. Sólo precisaré mano d obra.
_ Muy bien . Mientras finges colocarte al servicio de Annosy, intentarás convencer a mi
gente de seguirte.
_ Nunca, mi dama. _ En ese punto, la mirada que él le reveló tanta franqueza, que
Melisande creyó difícil no creerle. _ Servir Annosy es lo mínimo que me cabe hacer por mi
esposa.
_ Pero parece que es lo mínimo que puede hacer por Tulley. Estoy segura de que ya le
requeriste que te in
vista con el título de Annosy!
Quinn meneó la cabeza con una lentitud enervante.
_ No, mi Lady _ dijo sin alterarse. _ No hice nada semejante. Annosy es tu legado, y
comprendo el apego que tienes por estas tierras que son tuyas por derecho. Yo no las aceptaría,
ni aún si Tulley me las ofreciese en una bandeja de plata.
La voz de él poseía un timbre rico, grave y modulado, y era casi imposible resistirse a la
seducción de sus palabras. Melisande giró el rostro, ganando coraje para hacer la pregunta que le
quemaba en los labios.
_ Dónde estuviste en estas últimas semanas, en lo de Tulley?
_ Sayerne requería toda mi atención. Había mucho trabajo que hacer allá.
Ella cruzó los brazos, detestándose por querer creer en Quinn.
_ Si es así, por que viniste acá ahora? Debe haber aún mucho trabajo por hacer en Sayerne.
_ Si, en efecto. Pero en este momento la situación de Annosy es de mayor gravedad.
Finalmente, el propio Tulley tenía la intención de que mi presencia aquí desalentase los ataques a
tu propiedad.
Allí estaba. Quinn lo dijo . No se preocupaba por ella. Con los ojos vidriados, Melisande
giró sin tocar a espada.
_ En ese caso, es a Tulley a quien debes ofrecerles tus servicios y no a mí, pues claramente
sirves a él.
Dicho eso, se apartó conteniendo el llanto con dificultad, Se Encaminó rápidamente a sus
aposentos para poder dar rienda suelta a sus lágrimas. Quinn la siguió.
_ Melisande! _ llamó en voz baja, forzándola a darse vuelta para encontrarse con la
mirada intensa de él. _ No fue sólo por Tulley que vine.
Melisande vaciló. Pero no se arriesgaría a caer en la trampa de aquel hombre. Si confesase
su amor, él la manipularía como a una marioneta.
_ Mentiroso! _ murmuró.
Quinn no podía dejar de oírla. Sus ojos castaños brillaron.
Melisande subió las escaleras, corriendo impulsivamente.
_ Vos poner a prueba la paciencia de un verdadero santo! _ exclamó él.
Ella supo que lo había exasperado hasta el limite. Pues ahora vería qué tipo de hombre
realmente era él. Y continuó corriendo. Tropezó, cayó, se levantó y salió disparando por el
corredor.
_ YO ya te avisé que no soy ningún santo! _ Quinn gritó detrás de ella.
Con los labios secos y el corazón acelerado , Melisande oyó los pasos de él haciendo eco
detrás de ella. La parte superior de las escaleras estaba aún distante y ella precisaba alcanzar los
aposentos a tiempo de trabar la puerta. Miró por sobre su hombro y casi gritó ante la
aproximación de Quinn. Jamás conseguiría zafarse...
Pero, al menos, tendría que intentarlo. Tomando aliento, voló por las escaleras. Llegando a
su habitación , posó la mano en el pomo de la puerta y suspiró aliviada.
Fue cuando sintió el calor del aliento de Quinn rozarle la nuca y casi desfallece.
Él la tomó por los hombros y la hizo girar sobre sí misma. Melisande apretó los ojos, sin
valor de enfrentar la cólera que se veía en los ojos castaños, sin coraje de revelar los sentimientos
reflejados en sus propios ojos.
Quinn giró ligeramente para hablar a los que estaban en el vestíbulo, estaban siendo
testigos de aquella escena doméstica con evidente espanto.
_ Mi mujer y yo precisamos de privacidad _ anunció, haciéndola ruborizar de vergüenza.
A continuación abrió la puerta, y empujó a Melisande hacia el interior del cuarto y trancó
la puerta detrás de sí.
_ Si fuese como mi padre, yo te golpearía hasta dejarte con el cuerpo entero cubierto de
moretones _ dijo con evidente frustración.
Aquella declaración definía precisamente el recelo de Melisande. Aunque, algo en la
manera en que Quinn la tocó y aplacó un poco sus temores. Se Atrevió a levantar el rostro y a
observarlo tímidamente. Y, de nuevo, el fuego que ardía en lo profundo de los ojos color ámbar
la intimidó. Volvió a cerrar los párpados.
_ Ocurre que no soy como él y , hoy, voy a probarte lo que estoy diciendo _ susurró Quinn.
Antes que Melisande pudiese esbozar una reacción, los labios de él buscaron los suyos. Era un
beso aún más emotivo por su carácter inesperado. Ella se entregó a aquel placer, olvidándose de
todas las dudas que habían alimentado en su espíritu.
_ Tenemos un acuerdo _ murmuró él. _ Y su cumplimiento está pendiente hace dieciséis
días.
_ Si _ Melisande dijo simplemente.
Aquella mera palabra era todo el incentivo que Quinn necesitaba, pues la tomó en sus
brazos y la echó sobre el lecho. Melisande sintió las manos fuertes sobre su cuerpo, desatando
los lazos del vestido con impaciencia, posándose en la curva de su pecho, acariciándolo
febrilmente.
Ella ahogó un gemido, abandonándose al contacto de Quinn. Mientras se amaban en
silencio, fue consciente del sentimiento que reinaba en su corazón y de la puñalada atroz de
saber que aquel sentimiento no era correspondido. Pero, de ante la ternura de los gestos de
Quinn, Melisande comenzó a alentar esperanzas. Tal vez, un día, su marido sintiese por ella algo
más que el deseo carnal.
Tal vez.
Hasta ese día, sólo le restaría a Melisande apoyarse en sus esperanzas.
Capítulo XI
Evitando las luchas que se trababan aquí y allá y agachándose para eludir dos flechas con
fuego, Quinn se abrió camino hasta la torre. Oyó gruñidos e insultos al aproximarse a ella, y
constató que estaba siendo disputada por los contendientes. Apresuró el paso. Luego que alcanzó
la puerta de la torre, discernió un bulto que se fundía en la oscuridad.
Dio un salto atrás cuando un caballero de Annosy cayó muerto a sus pies. La torre
permaneció silenciosa. Sin duda, el oponente del soldado muerto aún estaba allí . La escalera en
el interior de la torre llevaba al puesto del centinela, en lo alto, y al depósito de provisiones más
abajo. Quinn vaciló. Miró por encima del hombro, pero los hombres a sus espaldas estaban
ocupados en luchar por sus vidas . Entonces enpuñó la espada y avanzó en la quietud de las
sombras.
Las paredes de la torre parecían cerrarse a su alrededor, aislandolo de los ruidos de la
peleaa que se desarrollaba en las murallas. Allí estaba como si estuviese en un mundo aparte,
un mundo de silencio y oscuridad. Quinn agudizó los oídos, con la intención de captar algún
sonido que denunciase la presencia de su adversario. Nada. Con todos los sentidos alertas, él
tenía la impresión de que podía oír los latidos de su propio corazón. Pegado a la pared, fue
subiendo la escalera caracol . El silencio era total, y se preguntó si el hombre no se habría ido a
esconder en el depósito al pie de la torre.
De repente, vislumbró el brillo de una hoja metálica . Apenas tuvo tiempo de agacharse
antes que la lamina pasara zumbando sobre su cabeza. Ahí sacó la espada, lanzándose hacia el
punto dónde creía que estaba el atacante. Un gemido sofocado le confirmó- que había acertado
al blanco . Aunque, no pasó mucho antes que el otro hombre reaccionase.
El agresor buscaba refugiarse en lo alto de la torre, con Quinn en sus talones. EN el puesto
de vigía, intentó de nuevo herirlo, pero sin éxito. Ahora una tenue claridad penetraba en el
recinto, a través de las estrechas aberturas . Quinn podía visualizar a su oponente, un hombre de
estatura semejante a la suya, aunque, más delgado y se movía deprisa. Estaba herido, pero, su
postura no revelaba en que parte del cuerpo. Por el modo en que atacaba y esquivaba, era como
si no hubiese sufrido herida alguna. Y, sin embargo, Quinn veía las marcas de sangre en su
propia espada.
Los dos fueron girando, midiéndose, buscando una brecha para la primer investida. De
repente, el renegado fingió ir hacia la derecha, engañándolo y le asestó un golpe certero en el
muslo, casi a la altura de la cadera . Quinn giró y se lanzó contra él, que ya buscaba bajar las
escaleras. Después cayó de rodillas, con una mueca de dolor. Las botas del renegado hicieron
eco en los escalones de abajo y después se restableció el silencio. Quinn se sentó pesadamente y
apoyó la espalda contra la pared. Respiró profundo, forzándose a ignorar el dolor agudo de la
último herida. Miró la sangre que salía del tajo en su brazo y se dijo a sí mismo que era apenas
un arañazo.
Al oír pasos en la escalera nuevamente, se aprestó con la espada preparada. No era
improbable que el renegado estuviese de vuelta con refuerzos y la firme decisión de acabar con
él.
_ Mi Lord?
Quinn suspiró aliviado. Se Volvió a sentar mientras Philippe se precipitaba para ayudarlo
con expresión preocupada.
_ Lord, hay sangre en el suelo!
_ Si. Una parte es de él y otra parte es mía _. confirmó Quinn. _ Pero, antes de que
cuidemos de mi herida, tenemos algo que hacer. Dónde está el arquero?
Miró a la escalera, esperando que otro bulto surgiese. Sólo ahí notó, desanimado, que
Philippe agarraba un arco y una flecha.
_ Él fue herido en el brazo, mi Lord. Está en el castillo ahora, y su esposa le prohibió
luchar.
Quinn sonrió sin ganas. Sin saberlo, Melisande lo ponía en mayores dificultades. Aunque
su actitud de sanar al arquero fuese correcta, eso no lo ayudaba a resolver la situación.
_ Dame el arco y la flecha. Veamos si aún tengo buena puntería. _ dijo con voz tensa. Al
observar el cuerpo robusto del muchacho, concluyó que este acostumbraba a ser reclutado para
trabajos pesados. Así que tuvo un palpito y preguntó: _ Sabes dónde podemos conseguir un poco
de aguardiente?
El otro, asombrado , le reveló un frasco de bebida que tenia escondido entre las ropas.
_ Perfecto. En ese caso, tal vez podamos arreglarnos.
Philippe entonces siguió las instrucciones de él. Rasgó su propia ropa y ató la tira de tela a
la punta de la flecha. Quinn embebió el paño en aguardiente y raspó su piedra para producir
fuego. Preparó el arco y suspiró.
_ Sólo tenemos esta chance _ dijo.
_ Si _ asintió el muchacho con un cabeceo. _ Ellos pasarán a lanzar las flechas de fuego hacia
la torre, cuando descubran que estamos aquí.
Quinn se aproximó a una de las salientes de la pared y calculó cuidadosamente la distancia
hasta su blanco, sabiendo que no podría lanzar la seta muy lejos debido a la herida en el brazo.
_ Pues vamos rezar, mi amigo. Usa la piedra ahora.
El soldado obedeció y encendió fuego al extremo de la flecha, haciendo que el recinto se
clareó con la luminosidad dorada de las llamas. Quinn aseguró el arco y miró a través da
abertura. La flecha describió un arco flameante en el cielo oscuro. Al pie da muralla, los
renegados miraban hacia arriba con expresión atónita. Sus rostros fueron iluminados apenas por
un lapso de tiempo, antes de que la flecha se clavase en su destino: un grupo de arbustos secos.
Los arbustos se incendiaron, así como las ropas de algunos renegados que estaban muy
próximos al blanco. A los gritos, los malhechores se pusieron a correr.
Quinn miró a Philippe y soltó una exclamación triunfal. Los malhechores se dispersaban e
iban a esconderse al bosque . Sus compañeros que se hallaban sobre la muralla saltaban al
suelo, arriesgándose a quebrarse los huesos, y echaban a correr. En medio de los árboles, se
oían relinchos y el sonido de cascos que se apartaban.
Un bandolero aún se agarraba al borde de la muralla, luchando por escapar .
_ Captúrenlo! _ comandó Quinn. _ Él tendrá la honra de conocer nuestra hospitalidad.
El renegado, que había oído aquella orden, levantó el rostro dominado por el miedo. Tomó
impulso para saltar, pero fue inmovilizado por un grupo de caballeros que ya se aproximaba.
Entusiasmado, Quinn apretó la mano de Philippe. En breve, el prisionero revelaría o que
había detrás de las invasiones a Annosy.
Melisande sintió un escalofrío al ver que estaba herido. Corrió hacia Quinn luego que notó
que su brazo sangraba. Él cojeaba en medio de un grupo de caballeros, pero ella apenas se dio
cuenta de su andar claudicante, demasiado afligida por la sangre que le manchaba la manga de
la túnica.
_ Quinn! Qué pasó con tu brazo? _ Ella se infiltró en el grupo de hombres y le tomó su
brazo. _ Por qué no viniste antes? No debía descuidar tu salud !
_ Claro, mi dama. Pero te olvidas de que teníamos invasores en la muralla? _ replicó Quinn
con un humor que la tranquilizó un poco.
_ No, no me olvido de eso. Pero, sea como fuere, tus habilidades no servirían de mucho
con esa herida!
_ Ni siquiera es el brazo que uso para empuñar la espada _ objetó Quinn en un tono ligero.
Para el inmenso alivio de Melisande, había apenas un pequeña rasgadura en la manga de la
túnica. Respiró profundamente y sonrió más animada. Todo estaría bien. Ella sabía cómo tratar
una herida menor.
_ Ven cerca del fuego. Pienso que serán necesarios apenas algunos puntos.
Quinn, sin embargo, no se movió.
_ No es nada , Melisande. Después cuidaremos de esto. Ahora el trabajo me espera.
_ Tonterías ! Cuanto antes cuides de una herida, mejor _ ella retrucó con firmeza,
disimulando el temblor en su voz.
No quería demostrar cuan abatida estaba con la visión de la herida de Quinn. Y percibió
que la situación podría ser aún peor: si él estuviese entre los caballeros muertos durante la
confrontación, su corazón se partiría de dolor. Sería demasiado cruel perder a Quinn ahora que
el futuro les sonreía con tantas promesas.
_ Pues esto será tratado más tarde. Tenemos un prisionero que precisa ser interrogado
cuanto antes _ insistió él.
_ Un interrogatorio pode esperar algunos minutos. En ese tiempo, el prisionero no irá a
ningún lugar .
_ La cuestión es que precisamos descubrir lo que planean los invasores. _ Quinn la observó
de modo significativo. _ Te di mi palabra de que resolvería este problema y no voy a perder esa
oportunidad ahora.
Melisande lo miró atentamente, divisando las huellas de tensión que le surcaban el rostro.
Podría aquella herida dolerle tanto ? Continuó escrutándolo y presintió que Quinn intentaba
mantener una fisionomía impasible.
Fue entonces que su mirada se posó en el borde de la túnica. después de la calza rasgada...
La visión de la sangre que empapaba la tela hizo que Melisande soltara una exclamación de
puro horror. Sintió un súbito vértigo y con gran dificultad se mantuvo lúcida. La sangre corría
por la pierna derecha de Quinn, como un presagio funesto.
_ Ten calma, mi Lady! _ urgió él.
_ Pero necesitas cuidar esa herida!
_ No es nada de más _ repitió Quinn.
_ Ah, no? _ preguntó Melisande, atónita con su displicencia. _ Fuiste gravemente herido!
Oh... cuanto sangre estás perdiendo! Debes recibir cuidados inmediatamente!
_ Si, lo sé . Pero, como te dijo, preciso continuar mi trabajo. Te Prometo que volveré para
tratar la herida.
Ella gesticuló categóricamente. No permitiría que Quinn la persuadiese con ninguno
argumento. La idea de que él fuese a morir le revolvió el estómago, envolviéndola en una
nueva oleada de vértigo. Sería absurdo perderlo por causa de tamaña banalidad.
Cuando habló, ya no tenía control sobre sus palabras. El pánico la dominaba.
_ Quinn de Sayerne! Está completamente loco ? Por Dios, será que perdido la razón ? No
sufriste un mero arañazo y, si no cuidas de esa herida, puedes hasta perder la pierna! No vale la
pena correr el riesgo. Que ese prisionero te espere en la mazmorra!
_ Estoy en mi sano juicio , mujer. E insisto que, el prisionero debe ser interrogado
inmediatamente.
La fisionomía contraida de Quinn la dejó aún más convencida de su posición. Melisande
puso las manos en la cintura golpeó un pie en el suelo, impaciente.
_ Cada minuto es precioso en lo que se refiere a tu herida, no al prisionero, mi Lord. No
comprendes ? Tu temeridad te puede costar una amputación y hasta tu propia vida! No
permitiré que vuelvas a salir antes de ser debidamente tratado.
_ El tiempo es precioso _ replicó él apretando los dientes. _ Cuanto más tarde en terminar
mi trabajo, más tarde retornaré para cuidar de la herida.
_ Bien, si el tiempo es tan importante, debía haber venido antes para acá. _ Melisande giró
hacia uno de los caballeros que lo acompañaban. _ Vos, por ejemplo, por que trajiste a tu Lord
para acá luego de que él fue herido?
_Nada sabíamos de sus condición, mi Lady, pues se hallaba en la torre. Y fue gracias a su
acción que los renegados retrocedieron. Después de eso fue que tomamos conocimiento de que
estaba herido.
_ Tu respuesta no me convence. Por qué ninguno de ustedes se quedó con su Lord para
protegerlo? _ Melisande miró a cada uno de los soldados con expresión condenatoria. _ Acaso yo
no les dijo que mi marido sería su Lord y líder ? No se les ocurrió que debían velar por su
seguridad ? Qué clase de hombres son ustedes si no aseguran la integridad física de su Lord?
Los caballeros intercambiaron miradas de fastidio . Ninguno de ellos habló.
_ No tienen una respuesta, no? Mientras tanto , su Lord se desangra! _ retrucó Melisande y,
a continuación, volvió a mirar a Quinn.
El súbito brillo que animó la mirada de su marido la desarmó como ya era costumbre.
_ Estás tomando mi defensa, mi Lady? _ preguntó él con una nota de humor.
Melisande supo entonces que se refería a la manera protectora como ella defendía a sus
seres queridos. SE ruborizó violentamente. Era demasiado que Quinn se divirtiese a su costa,
cuando ella estaba tan vulnerable. Sobretodo porque aún no tenía certeza de lo que Quinn sentía
por ella. Percibió que lágrimas calientes se deslizaban por sus cara y no fue capaz de sofocarlas.
_ Vos podrías haber muerto! _ gritó. Quinn se aproximó y la abrazó. Melisande se recostó
contra su pecho ancho y silenciosamente insultó su propia debilidad. Qué haría sin él? Nunca, en
toda su vida, se viro tan aterrada, tan desamparada.
_ No te aflijas, mi dama _ le susurró Quinn. _ No te prometí que volverías para estar a tu
lado?
_ Pero estás perdiendo sangre...
_ Preciso saber cuales son los planes de los invasores _ insistió. La mano de él se posó en su
nuca, acariciándole los cabellos. _ después, podes estar segura de que iré a la cama y vos podrás
cuidar de mí por cuanto tiempo quieras.
los caballeros sofocaron discretamente su risa.
_ Quinn! _ protestó ella, ruborizarse.
_ Vos necesita otro tipo de cuidados!
Estaba tan colorada que sólo percibió que él bromeaba cuando sus miradas se encontraron.
Quinn le acarició la punta del mentón y le sonrió.
_ Todo terminará bien. Yo me demoraré apenas algunos minutos. Soy fuerte, no te
preocupes. Haz todos los preparativos necesarios. Estaré de vuelta antes que hayas terminado.
_ No Creo en vos _ Melisande murmuró, infeliz. _ Vas a pasar mucho tiempo con el
prisionero y agravarás tu herida. Ya perdimos mucho tiempo con está discusión.
_ No te preocupes, ya te dije . No te obligaré a quedarte conmigo en la cama por el resto de
mis días! _ bromeó él, malicioso.
_ Quinn, no te burles de mí ! Ese asunto es de gran gravedad!
Él se quedó serio. Le Tocó los labios.
_ Yo lo sé. Y no pretendo que mi pierna sea amputada. Ahora ve a cuidar de tus
quehaceres. Y luego estaré de vuelta.
Se quedaron en silencio por un largo momento. Por fin, Melisande aceptó con un cabeceo y
retrocedió.
_ Si, mi Lord _ murmuró, aferrándose a la creencia de que él de hecho no se demoraría.
Quinn se apartó, amparado por sus hombres. Ella acompañó sus movimientos con el
corazón apretado. Si perdiese la pierna por causa de su propia obstinación, Melisande seguiría el
ejemplo de Berthe y le diría un sermón que se prolongaría por el resto de su vida...
Ella se dio vuelta deprisa hacia sus criadas y dijo con firmeza:
_ Llenen una tina con agua caliente en mis aposentos. Enciendan la chimenea , coloquen
piedras calientes en la cama, a fin de que mi Lord no pase frío más tarde. Vamos, apresúrense !
El prisionero estaba silencioso . Sentado entre dos guardias, en un banco de la celda,. Los
caballeros se mantenían erectos e impasibles, las manos apoyadas en el cabo de sus espada.
Cuando Quinn se aproximó, el rostro del hombre se iluminó ante la visión de su herida. Él
sonrió con petulancia.
_ Entonces acertamos un buen golpe hoy _ dijo malvadamente, a modo de saludo.
A Quinn no le gustó su cumplimento.
_ Y pagarás caro por esto _ replicó lacónicamente.
_ Oh, claro.
Uno de l os caballeros que acompañaban le ofreció un banco a Quinn y él se sentó
agradecido. La herida ardía y latía terriblemente, aunque nunca hubiese admitido eso a
Melisande. El recuerdo de la preocupación que ella había manifestado, le hizo sentir un nuevo
aliento.
Su mirada se encontró con la mirada fría del prisionero. Se le Ocurrió devolverle el insulto
que le había sido dirigido, pero cambió de idea. En vez de eso, sonrió, haciendo que el otro ya no
se sintiese tan confiado.
_ Qué hombre puede sonreír cuando es su propio sangre la que vierte a sus pies? _
preguntó el renegado con acidez.
Quinn se acomodó en el banco y lo escrutó con expresión aguda. No paró de sonreír.
_ Parece que me cabe a mí hacer las preguntas aquí. El prisionero miró de reojo a los cinco
soldados que lo
rodeaban e inquirió con insolencia:
_ Vos sos el líder?
_ Yo soy el Lord de estas tierras _ dijo Quinn para imponer respeto.
_ Así, no me hagas reír! Annosy no tiene Lord. La sonrisa de Quinn se agrandó.
_ Ah, tiene , si. Evidentemente vos no hablaste con Lord de Tulley en los últimos tiempos.
El otro estrechó los ojos con escepticismo, pero él percibió que ahora tenía toda la atención
del renegado. Consideró la idea de liberarlo después del interrogatorio, a fin de que pusiese a su
jefe al tanto de la nueva situación de la propiedad.
Pero , obviamente, eso dependería de su intención de colaborar con él.
_ Qué tiene que ver con esto Lord de Tulley? _ atacó el prisionero.
_ Como debes saber, Annosy es parte de sus dominios _ respondió Quinn, apreciando el
modo en que sus palabras perturbaban al homebrecito.
_ No venga a decirme que Tulley reconoció a uno de sus hijos bastardos y le entregó
Annosy _ replicó el otro, incrédulo, observando atentamente las facciones de Quinn en busca de
alguna semejanza entre él y Lord de Tulley _ Yo no creo ni una sola palabra de ese disparate !
_ Soy apenas un vasallo de Tulley. _ Quinn distorsionó un poco la verdad para simplificar
las cosas. Valía la pena darle material a aquel hombre para persuadirlo a hablar.
_ Quinn de Sayerne es mi nombre. Soy el Lord de Sayerne y, ahora que desposé a Lady
Melisande, me convertí también Lord de Annosy.
Los ojos del otro casi saltaron de sus órbitas, tan grande era su espanto.
_ Eres hijo de Jerome de Sayerne?
_ Si.
_ Uno de sus bastardos?
_ No. Su hijo legítimo.
_ Estás mintiendo! Sayerne tenía un solo hijo legítimo, que se fue a Oriente hace muchos
años. Nadie nunca más supo de él.
Quinn esbozó una lenta sonrisa ante el descreimiento del prisionero.
_ Volví. _ Hizo una pausa para que el otro digiriese la información y preguntó: _ Y, vos,
quién sos ?
El renegado se enderezó y lo miró con hostilidad.
_ No ese asunto suyo .
_ Ahí si que te engañas. Yo tengo todo el derecho de saber de quien es la carne que los
ratas roerán en mi celda.
Involuntariamente, el hombre miró a las sombras que se alargaban en los costados da
celda. Sacudió a cabeza.
_ Las ratas no me asustan. No es con un artificio de esos que me obligarás a hablar.
_ Perfecto. Hace ya algún tiempo que no tenemos huéspedes aquí. Digamos que los
roedores quedarán bastante contentos con tu compañía. Me gustaría saber si no le incomodaría
entretenerlos. Para mí todo es muy simple. Vos serás castigado por tu impertinencia y ninguno
de mis hombres precisaran ensuciarse las manos. Eso es bastante conveniente.
El prisionero se estremeció, a pesar de su determinación de no capitular.
_ No tengo nada que decir. Sus ratas que se vayan al infierno! _ replicó.
_ Hmm...
Quinn miró para al suelo con aire pensativo. Viendo que el hombre insistía en su mutismo,
fingió olvidarse de él momentáneamente, giró hacia el caballero a su lado y comentó con aire
casual:
_ Eso me recuerda de una providencia que precisaremos tomar, ahora que gané la posesión
de Annosy. Amalryc, es verdad que las ratas están proliferando fuera de control ? Por ahora
sirven a nuestros propósitos, pero están cada día más voraces. Los siervos se quejaron de que
atacaron recientemente un depósito de granos. Pero tarde o temprano , tendremos que
exterminarlas, o toda la aldea sufrirá una verdadera plaga. Sin contar que podrá convertirse
hasta en una epidemia. La muerte por esa peste no es un espectáculo nada bonito de ver. Como
Lord de estas tierras, tengo obligación de velar por la seguridad de mi gente.
El caballero comprendió de inmediato el objetivo y ni pestañeó al responder.
_ Realmente, las ratas se están tornando un problema, Lord. Y parece que cada camada
tendrá crías mas grandes y más fuertes. Ni los gatos se aventuran más a aproximarse a la
mazmorra. Ya hace tres meses que impedimos los roedores de entren en los almacenes de
comida, y están más hambrientos que nunca.
Quinn entonces pareció acordarse del prisionero. Lo Miró, sacudiendo a cabeza.
_ Es una pena. Parece que ya no estará vivo por la mañana y no podrá relatarnos nada
útil.
Dicho eso, se levantó y fue rengueando hasta a puerta de la celda. Allí se detuvo , giró la
cabeza ligeramente y se dirigió a los dos hombres que ahora trataban de sujetar las muñecas y
los tobillos del prisionero.
_ Vamos yendo. Es hora de cenar.
Todos lo siguieron y a puerta de la celda fue cerrada. El sonido de las puertas de hierro
funestamente hirvieron eco en los corredores subterráneos. Ante una señal de Quinn, los dos
soldados permanecieron al pie de la escalera, mientras que los otros tres subían golpeando los
pies . El local quedó a oscuras.
Quinn esperó que los minutos pasasen. EN un momento dado , arañó el escalón de piedra.
Los caballeros lo imitaron, y los tres se entregaron a la tarea de producir sonidos que se parecían
al ruido de pequeñas patas arrastrándose. Iban de un lado a otro, siempre arañando, arañando y
arañando...
El silencio y l a oscuridad parecían amplificar el sonido de sus uñas en la piedra.
El prisionero aguantó valientemente por algunos minutos.
_ Quinn de Sayerne! _ gritó finalmente. _ Quinn de Sayerne! No me deje aquí para ser
devorado por las ratas ! Diré todo lo que sé, no omitiré nada, lo juro !
Quinn y sus caballeros interrumpieron la farsa por algunos segundos y después a
retomaron la tarea . Tenían que garantizarse que el hombre quedase lo suficientemente asustado
para cambiar de idea y que no desconfiara de la artimaña.
El prisionero se desesperó y su voz se alteró..
_ Quinn de Sayerne, se lo imploro! Libéreme y confesaré todo!
Pasados unos minutos mas, Quinn abordó silenciosamente a uno de los caballeros y lo
impelió escaleras arriba.
El prisionero suspiró con tal alivio que se podía oírlo exhalar el aire. Los caballeros tuvieron
que hacer un tremendo esfuerzo para no reír.
_ Vos ahí, en la celda! Trata de quedarte quieto y no perturbes a mi amo que ahora está
cenando! _ advirtió el que estaba en lo alto de la escalera.
Quinn gesticuló entonces para que bajase y cerrase la puerta con un golpe, Después un
golpe estruendoso, todo volvió a quedar a oscuras. Y los dedos diligentes volvieron a arañar y
arañar.
_ Quinn de Sayerne, tenga piedad! Le suplico, muestre misericordia y sabrá todo lo que
quiera saber! _ se angustió el renegado.
Después de algunos instantes de suspenso. La puerta volvió a ser abierta. Los dos
caballeros descendieron las escaleras pisando con fuerza.
_ Qué te dio ? No podes dejar a nuestro amo cenar en paz? _ inquirió uno de ellos.
_ Por favor, por favor! Díganle que reconsideré y estoy dispuesto a hablar. Díganle que
revelaré la identidad de los hombres que estuvieron esta noche.
El caballero frunció la nariz.
_ Parece que cambias de idea muy rápido.
_ Pero hay ratos por todas parte! Centenas... No, millares de ellas! Las oí andando por el
corredor, sentí su hocico helado tocar mis pies!
El caballero se hizo el difícil:
_ Mi amo podría no querer interrumpir su cena.
_ No me importa se tengo que esperar! Sólo les pido que no apaguen la luz al salir, así las
ratos quedarán intimidadas y no vendrán cerca mío! _ el hombre habló con voz urgente.
_ Iré a hablar con mi Lord y veré lo que él dice sobre esto. Los dos caballeros se retiraron y
subieron la escalera, apenas conteniendo la risa. Quinn aguardó. Cuando el prisionero comenzó a
lamentarse en voz alta, juzgó que era el momento oportuna para interrogarlo.
El hombre que encontró en la celda nos e parecía ni un poco al insolente que entrevistara
hacía poco. Tenía la frente bañada en sudor y su mirada ya no revelaba arrogancia. Casi se
desmayó al ver a Quinn.
_ Lord! Fue mucha se bondad al venir en mi auxilio! Yo le diré todo lo que desea saber,
pero, por favor, no me deje a la merced de las ratos de nuevo !
Quinn se sentó en el banco.
_ Como te llamas ? _ preguntó sin rodeos.
_ Percival, Lord. Percival de Provins.
_ Y por orden de quien vos y tus compañeros nos atacaron?
El hombre humedeció los labios y respiró profundo.
_ De mi amo. Él quiere reclamar Annosy como parte de sus dominios.
Quinn reflexionó un instante. Frunció el ceño.
_ Su Lord entonces posee sus propios dominios?
_ Si. Su mujer es heredera de Perricault.
_ Perricault no queda muy lejos de aquí.
_ No. Sus tierras limitan con Annosy _ explicó el renegado.
_ Pero aunque Annosy cayese bajo el yugo de su amo, Tulley marcharía con su ejército
hacia aquí.
El renegado encogió los hombros.
_ Mi Lord declara que tiene un plan para silenciar las objeciones de Tulley, cuando tuviese
la posesión de Annosy.
Cruzando las manos, Quinn ponderó aquellas informaciones. El comandante de aquellos
ataques no se contentaba con sus propias tierras y quería anexar también Annosy. Para ello,
acechaba a la propiedad con constantes asaltos, atribuidos a bandoleros. No era un plan ético,
aunque surtiese efecto.
_ Y quien es el hombre que desposó a la heredera de Perricault?
_ Arnaud de Privas.
_ Arnaud de Privas _ repitió Quinn, el nombre le sonaba familiar.
Melisande no había prometido casarse con un cierto Arnaud? Tenía casi certeza de que ella
mencionó aquel nombre. Si así fuese, por qué aquel hombre atacaba Annosy? Sería una venganza
contra él, por haber desposado a Melisande?
No, no tenía sentido. Arnaud estaba casado con la heredera de Perricault.
_ Cual es el motivo que impulsa a su amo a atacar Annosy?
Más una vez, el renegado se encogió de hombros.
_ Debe ser porque limita con las tierras de él. Y también porque es una propiedad próspera.
Desde que se casó con Lady de Perricault, en el verano pasado, se ha dedicado a ese objetivo.
Si aquello era verdad, entonces los ataques no tenían ninguna relación con su persona,
concluyó Quinn. Arnaud se había casado antes que Melisande y, por lo tanto, fue el primero en
quebrar la promesa que los unía.
_ Me Estás diciendo que tu amo vine urdiendo ataques contra Annosy desde el verano ? _
preguntó con aire de duda. _ Y aún no logró apoderarse de la propiedad? Confieso que no
emplearía a los hombres de él a mi servicio.
Como era previsible, el renegado sintió su orgullo herido.
_ Fue el propio amo quien nos instruyó acerca de cómo asediar a la gente de Annosy, sin
realmente causar gran daño. Hasta entonces, nuestra mayor osadía había sido quemar el molino.
Pero esta vez, nuestro Lord determinó que comenzásemos a provocar más estropicios.
Quinn extrañó que eso hubiese sido decidido justamente en esa noche de su llegada a
aquellas tierras.
_ Y por qué cambió de táctica?
_ Se Está poniendo impaciente. Quiere resolver pronto las cosas. Esta noche él mismo
supervisó el ataque, por primera vez.
_ Hablas en serio?
El prisionero asintió.
_ Fue mi amo quien el atacó en la torre. Por eso todos lo siguieron cuando él huyó.
Quinn miró la herida en su pierna. La desconfianza comenzaba a fermentar en su interior.
No le agradaba que Arnaud de Privas atacase Annosy justamente después de que él hubiera
cruzado sus portones.
Aquel tajo profundo le hacía recordar los días que pasara preso en Oriente. El hecho de
haber sido infligido por el antiguo pretendiente de su esposa no eran buenas noticias.
Melisande se habría comunicado con su ex-amante mientras él mismo estaba en Sayeme?
No era improbable que los dos firmasen un acuerdo secreto para que Melisande garantizase la
posesión de Annosy. En ese caso, los asaltantes habrían estado escondidos en el bosque,
aguardando la llegada de él.
Sería posible que Melisande lo trajese ? Ella ya había hecho eso una vez.
Además, no le había confesado que amaba al tal Arnaud? No juraba que Annosy le
pertenecería enteramente?
Capítulo XII
Melisande resistió por una quincena. Después no aguantó más y decidió ver a Quinn en
Sayerne. El shock de despertar y descubrir que su marido había partido comenzaba a
desaparecer y ella pudo ordenar las ideas. Precisaba hablar con Quinn y mostrarle que era
inocente, fuese cual fuese la acusación que él le hacía.
El hecho que su regla no le hubiese venido en el último mes también pesó en aquella
decisión. Melisande sabía que esperaba un hijo de Quinn.
Se Veía en la obligación de contarle lo que le pasaba. Él quedaría contento con la noticia.
Finalmente, tendría un heredero que le garantizaría Sayerne. EN lo profundo, sin embargo,
Melisande estaba recelosa de que como ella estaba gestando el heredero, Quinn ya no tuviese
más necesidad de quedarse al lado de ella.
E aquel era su dilema. Precisaba ir a Sayerne. Y al mismo tiempo temía que, al hacer eso, le
diese a Quinn un pretexto para continuar evitándola.
Ella caminó hasta los campos donde los bueyes empujaban el arado, disfrutando la brisa
fresca. Las señales de la primavera estaban por todas partes. La capa de tierra era espesa, y los
gritos de los muchachos que orientaban la pareja de bueyes se elevaban en el aire.
Curiosamente, Annosy no sufriría nuevos ataques. Melisande se preguntaba como Quinn podía
haber demostrado tanta certeza de que así sería.
Roger la alcanzó y la acompañó. Estaba muy satisfecho con el desarrollo de los
acontecimientos. Charlaba sobre las amenidades y Melisande asentía distraídamente.
_ Como está el número de semillas? _ preguntó ella en un momento dado .
El castellán se concentró mientras hacía los cálculos.
_ Lo suficiente y aún nos sobran algunas bolsas. Tenemos suerte porque este año la oferta
de semillas es escasa.
Su información atrajo el interés de Melisande.
_ Si es así... Mi Lord puede enfrentar dificultades para comprar semillas para Sayerne _
conjeturó ella.
_ Es muy probable _ confirmó el castellán. _ La zafra no fue tan buena en el otoño, aunque
el consumo de invierno no estuviese alterado. Creo que su marido tendrá que buscar lo que
precisa en otras regiones.
Melisande se mordió el labio, meditativa, al vislumbrar ahí un buen pretexto para visitar a
Quinn. Tal vez, con eso, enfriase los ánimos de Quinn y lo volviese más accesible.
_ Crees que podemos economizar semillas y enviar lo que sobra para Sayerne? Roger
frunció la frente .
_ Eso se podría hacer . Sin embargo, quedaríamos en el límite de nuestras necesidades.
Melisande se apresuró y miró a los campos recién arados. Y su mente divagaba. Quería ver
a Quinn. Quería probarle que lo apoyaba en sus metas, aunque Quinn no la apoyase en las de
ella. Sayerne era su razón de vivir y la tarea de restaurarla le llenaba su espíritu. Estaba Claro
que, si Melisande deseaba formar parte de la vida de él, debería mostrar interés por su empresa.
_ Pediré el apoyo de los aldeano en esta cuestión _ resolvió en un impulso. _ Es probable
que contribuyan espontáneamente, ya que mi Lord nos libró de los bandoleros.
_ Si, él realmente nos sacó un peso de encima _ admitió Roger. _ Las últimas semanas
fueron muy tranquilas. Es bueno poder dormir por las noches sin recelo. _ Él carraspeó y agregó:
_ Yo mismo voy a contribuir con semillas de mi propia huerta. Así, los arrendatarios del Lord
podrán comer algo mas allá de pan.
_ Buena idea, Roger. Pediré al cocinero que reserve semillas de hierbas y tubérculos
también. Y hablaremos con todos los siervos para que contribuyan con lo que tengan a su
alcance.
_ Será un placer ocuparme de eso, Lady.
Melisande sonrió satisfecha. Si Roger organizase la recolección de las semillas, en breve
habrían mucha donaciones debidamente clasificadas.
_Gracias . Cuando todo esté listo, yo me encargaré de llevar las bolsas a Sayerne.
_ Trabajaré lo más rápido que pueda, mi Lady.
Ella aceptó con un meneo y el castellán le hizo una reverencia, apartándose con pasos
resolutos para ir ocuparse de sus tareas . Melisande lo siguió con la mirada y acabó avistando a
Berthe a la distancia. Afirmó su decisión. Si, iría a Sayerne y llevaría a la moza consigo. Tal vez
consiguiese acabar con el desencuentro entre Bayard y ella.
Eso la hizo pensar que en su desencuentro con Quinn tal vez no fuese fácilmente
solucionado. O tal vez jamás fuese solucionado... La idea era aterradora. Pero tenía que ser
fuerte y hacer lo que le dictaba su consciencia: le llevaría las semillas a Quinn y le daría la
buena nueva de que había un heredero en camino.
Y, costase lo que costase, descubriría por que él hallaba que ella lo había traicionado.
Bajo el cielo claro y brillante, Arnaud de Privas observó la pequeña comitiva que dejaba los
portones de Annosy. Escondido detrás de una arboleda, acompañó los movimientos del grupo
atentamente y reconoció a Melisande. Quedó confuso, sin adivinar hacia donde podría estar
dirigiendose. Una administradora responsable como ella jamás se ausentaría en aquella época del
año. Había mucho trabajo en los campos y el castellán no podría supervisar todo solo.
Cuando un carro de provisiones cruzó los portones, él quedó aún más intrigado,
preguntándose a donde Melisande llevaría aquellas provisiones. Toda la situación era
claramente irregular. EN los últimos días, los acontecimientos venían tornados inesperados. Era
como si el preciso mecanismo del mundo se hubiese descontrolado, resultando en cadena de
hechos extraños.
Aún se acordaba de cuando uno de sus hombres fue liberado y le viniera a contar que
había un nuevo Lord en Annosy. A Arnaud sólo pudo reír, pues sólo existiría un Lord de
Annosy: él mismo.
Tenía que reconocer que aunque Quinn de Sayerne fue un adversario formidable, Arnaud
sabía que fue la suerte que lo librara de morir por la hoja de la espada de él. La próxima vez que
lo enfrentase, se aseguraría que no hubiese chance de error.
Él consideraba a Quinn de Sayerne de la misma forma que consideraba a su esposa Marie
de Perricault: como un problema menor. El hijo de Jerome representaba apenas un pequeño
desvío en la ruta de su plan de posesionarse de Annosy. Pero Arnaud suponía que el plan que
trazara inicialmente aún podía tener éxito . Bastaría con hacer algunas alteraciones.
Sonrió de para sí, ya anticipando su triunfo. Sería Lord de tres propiedades y, bajo su yugo,
ellas se convertirían en un único y vasto territorio.
Su sonrisa fue substituida por una mueca rencorosa cuando pensó que todo habría sido más
fácil si el renegado liberado en Annosy hubiese retornado directamente a Perricault. Cuando
finalmente uno de sus espías fue enviado a vigilar los portones de Annosy, ya era tarde. No
había medios de saber si Quinn de Sayerne había partido o no.
Él mismo, entonces, se puso a espiar Annosy, con la esperanza de avistar alguna señal que
indicase la presencia del hijo de Jerome. Tal vez la partida de Melisande fuese la señal que había
estado esperando. No era probable que viajase sola si su marido aún permanecía en Annosy.
Cuando el pequeño grupo tomó el camino que llevaba a Sayerne, Arnaud sonrió satisfecho
al ver su pregunta respondida.
Quinn estaba con los aldeanos, ocupado en marcar la delimitación de un terreno, cuando
Bayard vino a llamarlo.
_ Lady Melisande se aproxima a los portones _ informó con calma, con tanta calma que
Quinn creyó haberlo entendido mal. Ella no podía haber venido..
Quinn estaba luchando con una piedra particularmente pesada. Levantó la cabeza con un
movimiento brusco al oír las palabras de su amigo y supo que este observaba su reacción.
Pero Bayard, felizmente, se abstuvo de hacer cualquier comentario.
_ Debo darle permiso para entrar? _ preguntó él en un tono inexpresivo.
Entonces Melisande verdaderamente estaba allí. Quinn suspiró y apartó una mecha de
cabello que le caía sobre la frente, sabiendo que era un tonto por alegrarse con la llegada de ella.
Si fuese más sensato, nunca más desearía volver a verla. La mujer lo había usado , y engañado y
poco le importaba de sus sentimientos. Ahí estaba en resumen lo que había sido su casamiento.
Y, aún así, Quinn soñaba con sus besos. Aún así, sentía el corazón latir aceleradamente ante
la simple mención del nombre de ella. Era realmente un tonto. Las tres semanas que pasara lejos
de Melisande de poco sirvieron para ayudarlo a olvidarla. Y ahora ella volvía para atormentarlo.
Podría prohibirle la entrada, mandaría al guardia a decirle que no era bienvenida en Sayerne...
_ No te preocupes. Yo mismo iré a abrir los portones para darle la bienvenida _
Quinn se oyó decir, contrariando todas sus resoluciones anteriores.
Tiró las herramientas, se sacudió el polvo de las calzas. Se enjuagó el rostro con un lienzo y
se dirigió a la entrada de la propiedad, sin considerar lo que Bayard podría pensar.
Estaba un poco sorprendido ante la naturalidad con que actuaba, como si la visita de su
mujer fuese la cosa más corriente, como si su corazón no le latiese de la forma más errática
dentro de su pecho, como si él considerase menor aquel reencuentro...
Se quedó con la boca reseca cuando la vio, y sus ojos se fijaron en ella con embelesamiento y
avidez.
Melisande venía estaba sentada en la silla de montar. Tenía los cabellos sujetos y sonrió
educadamente al centinela al pasar bajo el arco del portón. Quinn se sintió resentido al pensar
que Melisande no sonreiría de aquel modo al verlo. Estaba radiante y aparentemente no había
sentido ni en lo mas mínimo la falta de él. Un séquito de caballeros la acompañaba, observó
Quinn con aprobación. AL menos, no viajaba sola. Un carro venía mas atrás, lo que no dejaba de
ser curioso. AL avistarlo, Melisande lo observó con una intensidad que lo dejó paralizado. Pero, a
continuación, desvió la mirada, como si no le diese importancia al hecho de verlo Después de
aquellas semanas el vestigio de esperanza que, sin saber, Quinn aún guardaba en su corazón
murió allí, en el patio de Sayerne. Y dio lugar a la rabia. Estaba enojado porque Melisande
hubiese venido. El carro sólo podía significar que decidió mudarse a allá. Quinn quedó
repentinamente irritado, furioso, porque ella estaba invadiendo su santuario sin siquiera pedirle
permiso.
Pero, en lo profundo, sabía que la raíz de su rabia estaba en el hecho de que Melisande no
correspondiese a su amor.
Entonces ella sonrió. Era una sonrisa vacilante, como si no supiese qué esperar de él.
Perturbado, Quinn decidió expulsarla de allí. Era lo mínimo que Melisande merecía.
_ Buen día _ saludó formalmente. No se aproximó a ella. Melisande, a su vez, detuvo el
caballo a una considerable distancia. El muchacho del establo vino para tomar las riendas de su
montura, pero ella miraba a Quinn con aire de duda. Parecía haber esperado otra acogida. Pero
qué podía esperar r después de haberlo traicionado?
_ Buen día _ devolvió el saludo, con menos entusiasmo de lo que esperable.
_ No te esperaba. Lamento no haber hecho ningún preparativo para recibirte _ dijo Quinn,
cruzando los brazos.
Melisande quedó desconcertada con su frialdad. Se apeó, murmurando algo para sí, y se
volvió a mirarlo.
_ No puedes darle una acogida más gentil a tu esposa? _ preguntó en un tono tierno.
Quinn también estaba desconcertado con su inesperada dulzura. Pero cerró los dientes.
_ Tengo mucho trabajo. Se me das permiso, preciso irme.
Dicho eso, le dio la espalda y se apartó. Oyó los pasos de Melisande detrás de sí, pero no se
detuvo y entró en el castillo. La persistencia de ella era previsible, pensó. Era una mujer muy
determinada. Cuando se obsesionaba con una cosa, nada la movía.
Él se detuvo delante de la chimenea. Giró bruscamente. Ahí se acordó, demasiado tarde ,
que fue allí que los dos se habían se amado por la última vez en Sayerne. El recuerdo le provocó
una puntada en el pecho.
_ Esta no fue la acogida que yo esperaba, mi marido _ repitió Melisande con una nota de
melancolía en la voz.
_ Qué más podrías esperar de mí?
_ Yo ? _ Los ojos de ella brillaban como esmeraldas bajo el fulgor del sol. Cubrió la
distancia que los separaba con pasos enérgicos y se puso delante de Quinn. _ Pues fuiste vos
quien me abandonó, huyendo en medio de la noche como un cobarde!
_ Fue la única actitud sensata que podía tomar después de todo lo que pasó entre nosotros.
_ Qué? Y cómo pudiste atreverte a dejarme sola, sin avisarme a donde ibas ?
_ No pensé que eso te importase.
Por un instante, Melisande se sintió tan trastornada que las palabras le faltaron.
_ No pensaste ... Qué clase de tonto sos vos, Quinn de Sayerne? No fuiste vos quien me
tomó en sus brazos apenas llegaste a Annosy? No fuiste vos quien quedó herido y casi me matas
de preocupación? Tal vez haya sido otro Quinn de Sayerne entonces, pues vos no pareces
acordarte de eso con la misma claridad que yo !
Él retrocedió, a la defensiva, y volvió a cruzar los brazos como si los usase de escudo.
Detestaba su propia debilidad delante de aquella mujer. La mera agitación de ella ya lo hacía
titubear.
_ Tal vez haya sido otro Quinn de Sayerne quien se ilusionó y confió en vos, antes de saber
la verdad _ se obstinó él.
_ Qué verdad? _ inquirió ella, estrechando los ojos.
_ La verdad que me ocultaste.
Cuando la vio ruborizarse, Quinn tuvo certeza de que le había arrancado la mascara de su
hipocresía.
_ Cómo supiste que yo te escondía algo? _ Melisande le preguntó, desorientada, con voz
trémula.
_ Fue el prisionero quien me contó todo. Después, me bastó con unir las piezas del
rompecabezas .
Ella frunció el ceño.
_ Y qué tiene el prisionero que ver con esto?
_ Todo! _ replicó Quinn, cada vez más agitado. _ No quieras jugar conmigo, mi dama!
Ahora conozco la verdad! Puedo no ser un administrador muy experimentado , pero estoy lejos
de ser ciego!
_ De qué estás hablando?
Él gesticuló irritado, no estaba convencido de la confusión que manifestaba Melisande.
_ Estoy hablando de que vos y Arnaud de Privas. De tu deseo de desposar al hombre que
era tu novio. Del plan que trazaste con él después que huiste de Sayerne!
La evidente incredulidad de ella, sin embargo , no resquebrajó la convicción de Quinn de
que ella mentía.
_ Vos enloqueciste . De dónde sacaste esa idea absurda? _ murmuró Melisande.
_ Absurda ? Pues te diré lo que es realmente absurdo, Lady. Absurdo es que, aún sabiendo
que vos me traicionaste, me engañaste y probablemente planeaste mi muerte, Aún así no
consigo borrarte de mi mente ! Tu imagen me persigue en sueños y pesadillas ! No consigo parar
de ver tu sonrisa, de sentir tu contacto, de considerar tu completa incapacidad de pensar en
cualquier cosa que no sea Annosy!
Agitado, se aproximó a ella y le levantó dedo índice.
_ Eso, mi Lady, es lo que es absurdo! Melisande se limitaba a mirarlo. Quinn se preguntó,
de repente, por que no decía nada. Aquella pasividad no era propia de ella.
_ Vos sos un completo idiota _ ella murmuró por fin. Y continuó, levantando la voz: _
Cómo podes distorsionar los hechos de esa manera ? Llega a ser demencial !
_ Yo ? Pero no distorsiono nada, mi Lady! Fuiste vos quien confesó amar a Arnaud y lloró
porque no podías casarte con él . Fuiste vos quien hizo que yo me sintiese un gusano, cuando en
verdad vos me estabas armando una celada.
_ Quinn, yo nunca lo amé.
Aquella declaración, tan breve, lo dejó atónito, perplejo, alelado.
_ Vos me dijiste que lo amabas.
Melisande hizo un gesto negativo. _ Fue apenas un truco para que vos no te aproximases
más a mí. _ dijo cabizbaja. _ Tenía miedo de enamorarme de vos.
_ Entonces admites que me engañaste !
Ella encogió los hombros. La mirada que le dirigió era infinitamente tierna.
_ Yo falté a la verdad sólo aquella vez.
Quinn quería creerle . Pero sabía que, una vez más, Melisande mentía.
_ No. Aquella fue la primera vez que faltó a la verdad. después hubo muchas otras. Te
acuerdas de la noche que pasamos aquí, cuando usaste tus trucos para asegurarte de que yo
dormiría profundamente y no te impediría huir hacia Annosy?
En ese punto, ella se ruborizó. Miró a un costado nerviosa.
_ Bien... Yo de hecho había planeado eso. Pero me olvidé de todo lo que había planeado
cuando me fui involucrando con vos. Fue muy difícil partir después de eso.
_ Bellas palabras.
Melisande lo observó, y Quinn no podía desviar la mirada.
_ Nuestro acuerdo fue hecho de buena fe, Quinn. Nunca hubo insinceridad en mi contacto
físico . Vos me mostraste un mundo nuevo y sentí tu falta en estas últimas semanas.
_ Y yo te digo una vez más : bellas palabras. Y vacías. Vos misma admitiste que guardaste
en secreto tu trama con Arnaud.
_ No sé de dónde vos sacas esa idea fantasiosa _ replicó Melisande, riendo sin ganas. _ Yo
me pregunto si no fue tu cabeza la que sufrió un golpe en Annosy!
_ Vos me escondiste tu secreto y yo lo sé .
_ Si, yo tenía un secreto que te escondí. _ Ella volvió a enrojecerse , pero no retrocedió. _
Pero si vos crees que involucra a Arnaud, está completamente equivocado.
_ Qué es entonces? Qué más podría haberme ocultado? Yo te desafío a que me pruebes
que no estás mintiendo.
Ella sonrió y meneó la cabeza de una manera que lo desconcertó.
_ Yo apenas te oculté una cosa, Quinn... Que descubrí que te amaba más que a nadie en
este mundo.
Aunque su corazón pareciese de repente saltar dentro de su pecho, él se forzó a mantener el
control . Melisande estaba jugando con sus sentimientos. Y ahora intentaba engañarlo diciéndole
lo que él más deseaba oír.
Si. Era lo que él más deseaba oír y era la peor de las mentiras.
_ Él es tu amante? _ Quinn preguntó entre dientes.
_ Qué? Quinn de Sayerne, ahora estás pasando todos los limites !
Melisande se aproximó con gestos rígidos, le agarró la túnica y le dio un sacudón y lo
empujó contra la pared. Y lo hizo con tal ímpetu, que Quinn no fue capaz de reaccionar.
_ Tonto, mil veces tonto ! Crees realmente que hice este largo viaje apenas para venir a
mentirte ? Me quedé preocupada cuando partiste sin explicación ! Intenté ser paciente, pero vos
te estás excediendo con ese sin sentido sobre Arnaud. Yo no lo veo desde hace mucho tiempo. _
Ella lo observó y sostuvo la mirada. _ Te lo Juro.
Quinn estaba casi tentado a creer en ella. Casi.
_ Pero tuviste noticias de él, no?
_ No. Ni siquiera sé dónde está ahora.
Ahora Quinn tenía la confirmación de que Melisande quería engañarlo. Como podía estar
cara a cara con él y mentir tan descaradamente? Estaba mas allá de l a comprensión humana que
existiese una criatura capaz de tanta perfidia.
_ Ahórrame de tus mentiras. Vos sabías que fue Arnaud quien atacó Annosy la noche que
llegué. Y yo sé que vos lo sabías.
_ Arnaud?
Melisande fingía espanto a la perfección, pensó Quinn, pero estuvo tentado de darle
crédito. Aunque, su amargura alimentaba las acusaciones y, así, prosiguió:
_ Si, Arnaud y sus hombres. Fue él quien me hirió. Pero por qué te estoy contando esto?
Vos ya lo sabes todo!
Entonces se separó de Melisande, empujando las manos de ella, que aún se aferraban a su
túnica . La Miró de modo penetrante, como si quisiese descifrar sus pensamientos.
_ No le pediste a él que vigilase mi llegada? Debe haber sido un shock para vos volver a
verme en el castillo con vida. Pero no culpes a tu amante. Yo luché con todas mis fuerzas para
no sucumbir bajo su espada.
_ Eso es imposible, Quinn. _ Melisande respiró profundo. Su rostro cambió de color.
_ No. Todo pasó exactamente como te lo afirmo, y sabes muy bien eso. No te hagas la
desentendida. Vos y Arnaud tramaron todo. Ahora no vengas a decirme que sentiste mi falta y
que me amas.
_ Vos estás equivocado.
_ No. Estoy en lo cierto.
_ Yo no sabía que Arnaud estaba involucrado en esto.
_ Tenías que saberlo.
_ Pero no lo sabía ! _ casi gritó ella, golpeando un pie con exasperación. _ Óyeme, cabeza
dura ! Yo ignoraba completamente que Arnaud estaba detrás de los ataques a Annosy. No
puedo comprender por que él actuaría así y mucho menos como vos llegaste a esa conclusión
disparatada.
Quinn cruzó los brazos.
_ Entonces vos aún lo defendes y dudas de mí. Veo que ya hiciste tu elección.
Ahora Melisande parecía a punto de escupir fuego. quedó lívida, después se ruborizó con
cólera. Imperturbable, él asistió a la tormenta de rabia que se armaba. Ella, sin embargo, se forzó
a hablar con voz calma.
_ Si, Quinn. Hice mi elección, aunque ahora me pregunte si no fui una completa tonta. Vos
me dejaste y yo vine por vos, eso es todo.
_ LO veo . Un viaje de días te llevó semanas porque vos estabas demasiado ansiosa por
llegar _ ironizó él.
_ Quinn! Vos sos el hombre más enervante que jamás conocí ! Cuando desapareciste sin
decir una palabra, creí que no demorarías en volver. Entonces esperé tu retorno. después
comencé a temer que no me quisieses más y no tenía valor de venir a buscarte en Sayerne.
_ Y por qué decidiste venir ahora? _ insistió Quinn de modo áspero. _ Por que no te
quedaste en Annosy?
Los ojos de Melisande centellaron con el brillo de las lágrimas, y él se arrepintió de su
brusquedad . Ante el súbito desamparo de ella, tuvo el impulso de tomarla en sus brazos y
hacerla sonreír de nuevo. Estaba muy confuso y ya no sabía qué pensar.
_ Me temí que no tuvieses suficientes semillas para tus campos. Por eso te traje en el carro _
ella dijo en voz baja, derrotada.
En otras circunstancias, Quinn habría quedado muy contento porque su esposa había
resuelto su problema más preeminente. Le había sido imposible comprar la cantidad necesaria de
semillas en aquella primavera y detestaba que Melisande pudiese adivinar sus dificultadas. Y, lo
peor, que las solucionase.
Maldita mujer, pensó. De toda la cristiandad, Melisande era la última persona con quien
quería quedar en deuda. Sin contar con que era irritante que él precisase de su ayuda, cuando
ella claramente no precisaba de su ayuda en Annosy.
Quinn se forzó a hablar. Su voz sonó contrita.
_ Yo te pagaré por cada que semilla que hayas traído.
_ No, no. Es un presente de la gente de Annosy a la gente de Sayerne. Yo quiero que tus
tierras prosperen.
_ No necesito de tu caridad.
_ Por favor, acepta este presente. Aunque después te apartes de mí _ dijo Melisande, y era
obvio que tenía dificultad de proferir aquellas últimas palabras.
Ella parecía genuinamente sentida con su desconfianza. Quinn se preguntó si no estaría
siendo injusto. Y, sin embargo, todas las piezas del rompecabezas habían ajustado
perfectamente...
O, por el menos, habían ajustado hasta Melisande reapareció y comenzó a confundirlo con
sus afirmaciones.
No podía permitir que ella permaneciese en Sayerne. Su presencia lo desorientaba, lo hacía
revivir con toda la intensidad sentimientos que ya había juzgado olvidados.
Estaría perdido si quedase a la merced de aquellos sentimientos. Melisande lo destruiría.
Ella y Arnaud intentarían apuñalarlo por los cuatro costados y él tal vez no tuviese la suerte de
sobrevivir.
_ Si esa era a su misión, considérela concluida. Te Agradezco tu generosidad y te deseo
buena viaje de regreso _ dijo deprisa.
Sus modos rudos la desconcertaron momentáneamente, pero ella se recompuso.
_ Eso no es todo, mi marido. Yo te traigo una buena nueva.
Quinn se obligó a mirarla con impasibilidad.
_ Y cuál es?
_ Tu hijo nacerá antes de la Navidad _ Melisande respondió con voz embargada, mientras
nuevas lágrimas rodaban por su cara. Como Quinn la miraba con absoluta incredulidad, ella
meneó la cabeza tristemente. _ No esperaba que fueses a recibir la noticia con tal indiferencia. Sea
como fuere, ya no precisas quedar a mi lado para alcanzar sus propósitos.
Él se sentía paralizado. Demasiado Atónito para hablar. No se atrevía a creer en Melisande.
Tenía mucho miedo de aferrarse a una mentira. Si descubriese que se había apegado a falsas
esperanzas, su mundo entero se derrumbaría. Por otro lado, quería desesperadamente creer en
ella...
Melisande se quedó en silencio, aún llorando. Con un último sollozo, giró abruptamente y
se precipitó hacia la puerta . Parada en el umbral, miró a Quinn aún una vez mas.
_ Yo te amo _ dijo con voz trémula _, aunque, en este momento, no pueda imaginar por
qué.
Quinn no sabía qué decir. Pasmado, la observó desaparecer en el patio. La oyó discutiendo
con el muchacho del establo, transcurridos algunos instantes, el galope del corcel que se
distanciaba.
Sería posible que fuese verdad ? Habrían un hijo ! Quinn fijó su mirada en un punto
inexistente, intentando acostumbrarse a la idea.
Un hijo. El hijo que Tulley exigiera a cambio de Sayerne.
Todo aquello sería suyo . Él miró a su alrededor, al castillo que tanto amaba. después siguió
los pasos de Melisande. Cuando se detuvo en la puerta, avistó apenas una nube de polvo en los
portones de la propiedad.
Ella se fue.
La angustia que se había instalado en su corazón cuando partiera de Annosy volvió a
torturarlo. Sin Melisande, Sayerne no significaba nada para él.
Cuando había vuelto, había retomado los trabajos de restauración sin el entusiasmo
anterior, ejecutándolos mecánicamente. Demasiado tarde , se dio cuenta de que fue por orgullo
que regresó a aquella tierra desertando los aposentos que compartiera con Melisande en Annosy.
Quinn contempló las tierras que se perdían en el horizonte. Sin Melisande a su lado, nada
de aquello tenía importancia. Sin Melisande a su lado, todo perdía sentido.
Pero ella había dicho que lo amaba. La esperanza comenzó a insinuarse en el corazón de
Quinn. Sería posible que Melisande le dedicase algún afecto? Habría él echado todo a perder con
sus acusaciones irascibles?
Habría aún un medio de traer a Melisande junto de él? Estaría realmente equivocado
respecto a Arnaud?
Quinn escrutó el cielo que oscurecía y apretó los labios. Mujer imprudente! No hacía caso
de su propia seguridad al viajar sola a aquella hora. Él habría de encontrarla y traerla de vuelta a
Sayerne. Y entonces descubriría la verdad. De una vez por todas.
Pero, aún ahora, Quinn ya se atrevía a imaginar a los dos juntos, con su hijo, construyendo
un hogar sólido. Que fuese en Annosy i Sayerne no había diferencia.
La única cosa que realmente importaba era tener su mujer consigo. Quinn apenas notó
como sus pasos se apresuraban en dirección a los establos.
Capítulo XIII
Ella sabía que no tenía más escapatoria. Se Enderezó muy altiva, miró a su perseguidor
con la mayor seguridad que podía fingir.
_ Quién sos vos y qué buscas ? _ preguntó. _ Yo no tengo dinero en mi poder.
_ Melisande _ replicó el extraño, llamándola por su nombre con un leve aire de censura. Su
tono íntimo le pareció inaceptable a Melisande, hasta que él dijo: _ Y así que recibes a tu novio
después de tantos años?
_ Yo no... _ comenzó Melisande, y se calló cuando lo vio apearse.
Era un hombre magro, de facciones un poco toscas. No se parecía en nada al novio que
había guardado en sus recuerdos. Pero los recuerdos muchas veces se distorsionaban .
Ella frunció el ceño al verlo retirarse el yelmo. Hacía tanto tiempo que no lo veía, que le
costó a reconocerlo.
_ Arnaud de Privas a tu disposición _ dijo él suavemente.
El modo peculiar en que se curvó para saludarla, con la pierna derecha rígida, eliminó todas
las dudas de Melisande. Arnaud le había contado que había sido herido gravemente en aquella
pierna durante una salida de caza. Si, sólo podía ser él, pensó, sintiéndose súbitamente aún más
incomoda.
_ Es una sorpresa encontrarte , Arnaud. Una visita a Annosy habría sido más apropiada tal
vez.
Mientras lo miraba, nuevas dudas le vinieron a la mente . Lo que Quinn le había contado
sobre Arnaud tendría fundamento? Qué diría su ex novio al saber que ella había desposado
otro hombre? Melisande temía su reacción cuando se enterase del hecho.
Arnaud se rió provocándole un sobresalto.
_ Vos no estabas disponible la última vez en que estuve en Annosy.
Diciendo eso , él le ofreció la mano para ayudarla a salir del río. Melisande sintió una
extraña reticencia en tocarlo y permaneció junto a su caballo.
_ No digas disparates, Arnaud. hace años que no vas a Annosy. _ Ella hizo una pausa, y la
afirmación de Tulley y de Quinn le volvió a su memoria. Sería verdad que se había casado con
otra mujer?
_Me gustaría mucho de saber dónde estuviste todo este tiempo . Me quedé a la espera de
tu retorno en Annosy para honrar nuestra promesa.
_ Enfrenté algunos contratiempos. Pero te aseguro que siempre tenía en mente nuestros
interés, Melisande.
_ De qué estás hablando?
_ Y vos, qué tienes para contarme ? Oí decir que te casaste _ dijo él.
Melisande disfrazó su incomodidad . Aquella era la confrontación que más temía. Qué diría
Arnaud al saber que ella amaba a su marido?
Cuando habló, su tono fue instintivamente defensivo:
_ Si conoces la historia, debes saber que todo fue arreglado por Tulley. Si vos hubieses
retornado para honrar tu promesa, nada de eso hubiera pasado .
_ A Tulley nunca le importé _ replicó él con indulgencia.
La indiferencia con que Arnaud abordaba la cuestión de su casamiento aumentó las
sospechas de Melisande. Comenzaba a pensar seriamente que Lord de Tulley y Quinn no le
habían mentido.
_ Tulley me contó que vos te habías casado también, Arnaud. Es verdad? _ indagó en un
impulso, incapaz de contenerse.
Él cruzó las manos y miró hacia el cielo.
_ Eso ya no es motivo de preocupación.
_ Qué quieres decir? Estás casado ó no?
La expresión de Arnaud se volvió enigmática.
_ Al que parece, mi esposa falleció hoy.
_ Oh, lo siento mucho!
Primero Melisande se condolió de su infortunio. Luego, comenzó a cuestionarse qué hacía
él lejos de sus tierras justamente en el día de la muerte de su esposa.
_ Lo Sientes ? _ Arnaud levantó las cejas, y de repente sonrió. _ Es extraño, pues yo no
estoy ni un poco triste.
_ Por Dios ! Cómo puedes afirmar algo así ? _ se escandalizó ella.
_ No fue un casamiento basado en el amor, Melisande. EN verdad, Marie era horrible . _
Arnaud se rió, haciéndola sentir un escalofrío. _ Pero ahora estoy seguro de que nunca más me
atormentará.
_ Por favor, pare con eso ! No es algo que se diga de una muerta !
Los ojos de él brillaron con una chispa que podía ser de demencia . Volvió a sonreír.
_ La cuestión no es decir, sino hacer. Porque fue todo planeado. Hice eso por nosotros,
Melisande. Desposé a Marie para que nosotros dos pudiésemos disponer de más riqueza. Por ese
motivo demoré tanto en volver a vos.
Ella lo miraba con horror. Arnaud, se fue poniendo tan perturbado , que apenas notó su
shock.
_ Imagina, Marie fue la glotona más voraz que jamás conocí. Tomaba vino en todas las
comidas. Y, si no había invitados en la mesa, no compartía su garrafa de vino conmigo _
prosiguió él, torciendo la nariz con repugnancia. _ Y hoy no había ningún huésped en Perricault.
Pues quieres saber lo que hice? Eché en la garrafa de vino una cierta poción de hierbas. Una
porción que sería fatal. Para todos los efectos, pasé el día entero cazando y no imagino lo que
sucedió con mi dulce esposa. Como ves , nada más simple _ remató, encogiéndose de hombros
y apartando las manos.
_ Ninguno médico podrá cuidar de su esposa? _ preguntó Melisande, preocupada.
_ Ah, no. Trágicamente, el médico fue a Lyons a comprar algunos remedios y sólo retornará
dentro de una quincena. Nadie se acordará de que fui yo quien le sugirió ese viaje.
_ Pero con certeza alguien debe haberla atendido a esta altura, no?
Arnaud movió los hombros con desdén.
_ Marie siempre usó y abusó de todos los alimentos y substancias. Nadie se alarmará con
su malestar. Ah, si vos supieras las cosas que ya la vi comer ! Si alguien sospecha que su grave
estado , probablemente desconfiara demasiado tarde .
Aquella demostración de fría deliberación, hizo que Melisande se estremeciera.
_ Qué quieres de mí, Arnaud?
_ Apenas lo que me prometiste después de un respetable período de luto por mi querida
Marie, yo habré de casarme de nuevo. Vos serás mi elegida.
_ Pero... Yo ya estoy casada. No puedes pedirme que cometa bigamia _ objetó Melisande.
Él volvió a sonreír de aquella manera que le provocaba escalofríos.
_ Yo no te conté lo que estaba cazando esta noche. – El corazón de Melisande dio un golpe
y a continuación se aceleró. Arnaud había enloquecido. Y ahora quería matar a Quinn. Ella
precisaba fingir que aceptaba los planes de su ex novio, de lo contrario acabaría teniendo la
misma suerte que Marie de Perricault. Precisaba salvar a su hijo y a Quinn de las manos de aquel
asesino.
Lo miró con pretendido interés, rezando para que en su semblante no se notase todo el
horror que sentía.
_ Pero, Arnaud, por qué hiciste eso? Por qué no volviste simplemente a Annosy y me
desposaste ?
Los ojos de él centellaban en la oscuridad que descendía sobre el bosque . Melisande se
forzó a quedarse dónde estaba, controlando el impulso de retroceder e huir. Mientras Arnaud
pensase que le serviría en sus propósitos, estaría segura.
_ Ya te expliqué que actué pensando en nosotros dos. Perricault limita con Annosy y, por lo
tanto, las dos propiedades pueden ser unificadas. Cuando Marie se enamoró de mí, me fue
imposible resistir la tentación. _ Él se inclinó y observó a Melisande bien en los ojos. _ Pero
debo confesar que, todo este tiempo , era por vos que mi corazón suspiraba. Yo recordaba tu
belleza y tu dulzura cada vez que aquella gorda me importunaba.
Ella retrocedió imperceptiblemente. Pero, cuando Arnaud extendió la mano, no la rechazó.
Lo Acompañó al margen del río, mientras él iba diciendo:
_ Tengo una propuesta que hacerte. Como mujer inteligente que sos , creo que vas a
apreciar mi plan.
Melisande intentó sonreír de forma alentadora.
_ Entonces dime cual es tu propuesta, Arnaud. Me interesa de veras.
Quinn se apeó al oír las voces viniendo del bosque y se deslizó silenciosamente por entre
los arbolas. Vio que alguien se lanzaba en persecución de Melisande y ahora seguía el rastro de
la ramas partidas. Escuchó el barullo de algo cayendo al agua y temió lo peor, hasta discernir
la voz de Melisande. Felizmente ella estaba viva.
Agachado detrás de un arbusto, vio las siluetas de dos personas. Inmediatamente reconoció
a Melisande. Ella rengueaba un poco y su caballo avanzaba con un paso poco usual. Quinn
frunció el ceño, preocupado. Escrutó entonces el rostro del hombre que caminaba al lado de ella.
Su sangre se heló en las venas, pues no era otro sino el detestable Arnaud de Privas.
Quinn se acordó de como Melisande había huido de él admitió que su intimidación no
tendría sentido si realmente estuviese asociada con su ex novio. Además, no habría arriesgado su
caballo por nada del mundo .
Melisande había insistido en que no veía a Arnaud hace años. Merecía un voto de
confianza. Si era de hecho inocente, entonces corría gran peligro.
Él agudizó los oídos y captó la voz contenida de ella.
_ Entonces dime cual es tu propuesta, Arnaud. Ella me interesa .
No se le escapó a Quinn su extrema palidez y la sonrisa tensa que había en sus labios. No
sabía lo que Melisande planeaba , pero le daría el beneficio de la duda.
Y Arnaud le expuso su plan :
_ Quiero que comprendas que fue una idea que se me ocurrió y de la cual estoy muy
orgulloso . Estoy seguro que reconocerás su mérito, Melisande. Escucha bien, si Sayeme, Annosy
Perricault fuesen unificadas, formarán un territorio basto. Y yo seré su Lord.
_ Ocurre que las tres propiedades no están unificadas _ replicó ella, en un tono calmo.
Quinn luego imaginó que Melisande intentaba ganarse la confianza de Arnaud y lo
incentivaba a hablar. Sonrió , lleno de orgullo. Era una mujer inteligente. Y adoptaba la buena
táctica de conocer el objetivo de su adversario.
_ De hecho esas tierras aún no fueron unificadas _ admitió Arnaud. _ Pero, con la muerte de
Marie, yo seré el Lord de Perricault. En cuanto a vos, ya tienes Annosy. Y tu esposo tiene
Sayeme. Si él muere accidentalmente, Sayeme pasará a tus manos. Cuando nosotros dos nos
casemos, las tres propiedades serán una, serán nuestras.
Melisande carraspeó delicadamente.
_ Me parece que vos no estás totalmente al tanto de la situación. Tulley aún no invistió a
mi marido con el título de Sayerne y no tiene ninguna intención de darme la posesión formal de
Annosy.
Arnaud estrechó los ojos.
_ Cómo? Estás mintiendo, sé que lo estás ! Uno de mis hombres me contó que él era Lord
de Sayerne!
_ Tu hombre? _ preguntó ella, confusa.
_ Si, si. El bandolero que fue hecho prisionero en Annosy. Ah, si yo al menos hubiese
sabido que era con Quinn de Sayerne con quien estuve luchando, no le hubiese infligido apenas
una herida en la pierna. Yo lo hubiera acorralado hasta verlo exhalar el último suspiro !
La perplejidad de Melisande fue tan legítima, que Quinn se llenó de remordimiento por
haber dudado de su inocencia.
_ Entonces era vos el autor de los atentados a Sayerne ! _ exclamó boquiabierta.
_ Claro. Yo no te expuse mi plan porque sabía que quedarías contrariada. Pero eso ya es
parte del pasado. Y ahora no ambiciono apenas la anexar Annosy. Todo cambió _ retrucó
Arnaud, entusiasmado.
_ Vos nunca tuviste la intención de honrar nuestra promesa !
Él tiró la cabeza hacia atrás y rió.
_ Y por qué habría de hacerlo ? Perricault es mucho más rica que Annosy, aunque en
cambio me ofreció una esposa menos atractiva. _ Él encogió los hombros con displicencia. _
Cuando los mercenarios de Jerome atacaron Perricault, tenía la idea de emplear una táctica
semejante para conquistar Annosy. Comandé el ataque a tus tierras el mes pasado y supe lo que
había acontecido . Cuando llegó a mi conocimiento que estaba casada con Quinn de Sayerne,
percibí que el destino me favorecía. Ahí estaba mi chance de poseer tres propiedades en vez de
apenas una. _ Aproximó el rostro al de ella de forma insinuante y esbozó una sonrisa . _ Mas
allá, es claro, de arreglar una esposa bonita, independiente y versada en el arte de la
administración. Fue una gran suerte que vos nunca hubieses conocido a Marie personalmente.
_ Yo supe que ella había se casado, pero ignoraba quién era su marido _ murmuró
Melisande, reflexionando sobre los detalles de aquel macabro plano. De repente, no soportó más
y acusó: _ Vos pretendías verme muerta para poseer Annosy!
Quinn miró a Arnaud, sin esperar realmente que el otro negase la acusación.
Y, en efecto, Arnaud se limitó a apretar los labios y a inclinar la cabeza con displicencia.
_ Era una posibilidad _ admitió. _ Pero ahora todo está saliendo mucho mejor de lo
esperado.
Melisande lo observó . No aguantó más y su voz se inflamó:
_ Cómo puedes creer que yo me casaré con un monstruo como vos?
Arnaud demoró algunos instantes para asimilar su brusco acceso de cólera.
_ Un monstruo? Me Estás llamando monstruo?
_ Si ! Vos faltaste al compromiso que firmaste conmigo y mastate a tu esposa ! _ Ella
escupió a los pies de él. _ No eres digno de mí!
El semblante de Arnaud quedó contorcionado de odio. Alarmado, Quinn desenvainó el
puñal que traía en la cintura. Lamentaba no haber traído consigo la espada, pero lo que tenía a
mano bastaría para arrancar el corazón maligno de aquel hombre.
_ No tienes opción, mi querida _ retrucó Arnaud, apretando los dientes. _ Mas allá de todo,
te estoy ofreciendo una oportunidad muy por encima de tu merecimiento. Tienes la alternativa
de preparar una trampa para tu marido, casarse conmigo y ayudarme a gobernar las tres
propiedades. Que mujer no quedaría satisfecha con tan generosa oferta?
_ Y cuál sería mi segunda alternativa? _ preguntó Melisande. Cruzó los brazos con visible
aversión.
_ Ah, reconozco que tu segunda alternativa no sería tan agradable. Yo tomaré a mi cargo
Annosy y te forzaré a desposarme. Será entonces una novia renuente y después una esposa
cautiva. Perderás tu libertad por nada, porque tu marido forzosamente morirá y yo poseeré
Annosy antes que Tulley pueda levantar la mano contra mí.
_ Que garantía tengo de que no correré el mismo destino de Marie?
_ Ninguno, supongo _ dijo Arnaud con indiferencia. _ después que nos casemos, no
precisaré más de vos. Todo dependerá de que sepas agradarme debajo de las sabanas.
_ Asqueroso ! _ gritó Melisande.
Él la escrutó bien a tiempo de notar su expresión de repulsa. Ella se recompuso deprisa,
pero ya era tarde, Arnaud estrechó los ojos y aferró por la muñeca .
_ Tal vez debamos testear tus habilidades como amante ahora mismo, mi querida. Qué te
parece?
Melisande gritó. Mientras se debatía, la fisionomía de Arnaud se volvió malévola.
_ Cierra la boca, estúpida ! Está comenzando a exasperarme !
_ Le contaré todo a Quinn!
_ No me desafíes, Melisande. Nadie podrá oírte aquí. No fue por mera coincidencia que
escogí un lugar aislado para nuestra negociación...
Así diciendo, él sacó su puñal y levantó o brazo. La lamina brilló con siniestras
repercusiones.
Ella abrió los ojos bien grandes , llena de terror.
_ No puedes hacer eso, Arnaud _ dijo con voz débil.
_ No sólo puedo sino que lo haré. Annosy será mía, con o sin tu cooperación. Y, entonces,
cuál es tu opción?
Arnaud apenas serán había terminado de hablar, cuando Quinn se tiraba sobre él.
Melisande jadeó de susto cuando vio el puñal de Arnaud descender sobre ella. Con un
gesto desesperado, torció el cuerpo y consiguió soltarse. Lo Esquivó en el último segundo, y la
lamina pasó raspando por su brazo.
_ Sal de aquí! _ le gritó Quinn.
Ella dio un paso para atrás, mientras Quinn dirigía la hoja de su propio puñal al estómago
de Arnaud. Este, sin embargo , consiguió desviarlo.
EN eso, Melisande tropezó y cayó a la margen del río, Quinn se distrajo un instante,
mirando por encima de su hombro. Cuando volvió a girar, el puñal de Arnaud le rozó el rostro
y fue atinar al aire . Arnaud retrocedió y sonrió cuando sus miradas se cruzaron.
_ Sólo uno de nosotros saldrá vivo de este lugar, Quinn de Sayerne. Y el vencedor podrá
reclamar su merecido premio.
_ No hay ningún premio _ replicó Quinn con los dientes cerrados.
_ Oh, lo hay . Nos Vamos a batir por la bella Melisande y por su próspera Annosy.
_ La dama ya hizo su elección.
_ La opción de la dama no tiene nada que ver con esto.
_ Pues yo digo que tiene que ver.
_ Y yo digo que vos sos un tonto...
Arnaud entonces saltó sobre él. Vino una sucesión de envestidas impelidas por una rabia
ciega. Quinn sintió la hoja que le rozaba el hombro, el brazo y la pierna como una caricia mortal.
Rechazó sus golpes, pero el suspenso se prolongaba, pues él tampoco conseguía acertar a su
oponente.
Arnaud envistió contra sus piernas, haciéndolo perder el equilibrio. Quinn cayó de lado y
tuvo su muñeca herida. El dolor lo obligó a aflojar el asimiento en el cabo de su puñal. Arnaud
aprovechó atacar nuevamente , transfigurado, intentó acertar a Quinn en el corazón.
Quinn vio un reflejo plateado en el aire en el momento en que Melisande clavaba su faca
en el muslo de Arnaud. Este cayó de rodillas al lado de Quinn, y la hoja de su puñal perforó la
tierra. Empujó el cabo sin éxito y, al ver que Quinn se puso de pie , retrocedió lleno de miedo.
_ Vos no matarías a un hombre desarmado, no es cierto ? _ dijo Arnaud con tono
suplicante, su voz revelando una súbita humildad.
_ Si estuvieses en mi lugar, vos no me matarías ? _ replicó Quinn, avanzando hasta
acorralarlo contra un árbol.
El otro se encogió y saltó de repente. Los dos se trabaron en lucha . Arnaud le agarró la
muñeca e intentó apuntar la lamina del puñal al pecho de Quinn. Los dos rodaran en el suelo .
Quinn consiguió separarse de él y lo golpeó en el brazo, haciendo que el puñal apuntase al
vientre de él. Arnaud osciló, cayó de bruces y soltó un grito cuando la lamina se clavó en su
vientre.
_ Maldito seas... _ insultó, agonizante, los párpados casi cerrando . _ Si no fuese por vos, yo
tendría las tres propiedades...
_ Se no fuese por tu codicia, vos tendrías la más bella esposa de toda cristiandad _ replicó
Quinn, sonriendo secamente.
Arnaud cerró los párpados y su respiración cesó.
Quinn giró y extendió la mano a Melisande. Ella se apoyó en su brazo, temblando , y él la
envolvió con su capa.
_ Te lastimaste ?
_ No fue nada serio. Caí sobre mi cola. _ Melisande bromeó . _ No te preocupes. Creo que el
niño no sufrió ningún daño.
Quinn sintió un aprieto en el corazón por ella pensar que sólo se preocupaba por el
heredero .
Melisande merecía oír la verdad. Pero, antes, él la llevaría sana y salva a Sayerne. Sujetó el
caballo de Melisande y el de Arnaud a un árbol y, tomando Melisande en sus brazos, caminó por
la huella que llevaba al camino.
_ Mañana pediré a Bayard que venga buscar los caballos _ murmuró.
_ El mío está herido y tal vez no pueda andar hasta Sayerne.
_ No te aflijas. Lo Examiné y no parece tener fracturado ningún hueso.
Melisande buscó su mirada, con su cara súbitamente congestionada.
_ Y Arnaud?
_ Está muerto.
Ella suspiró aliviada y recostó su cabeza en su pecho.
_ Arnaud quería matarte . Tenía tanto miedo!
_ No te preocupes por eso, Melisande. Conversaremos más tarde, al lado del fuego. Ahora
precisamos volver a Sayerne.
Ella sonrió débilmente.
_ Si. Vamos a casa, marido.
Al oír aquellas palabras, Quinn sintió su corazón desbordar de alegría.
Cuando llegaron a la seguridad de Sayerne, él le pidió a Melisande que lo aguardase en el
patio.
_ Volveré en un instante _ le prometió con una sonrisa.
Y ella lo esperó, preguntándose qué planeaba Quinn , o qué estaría pensando. Habría
reflexionado sobre su declaración de amor? Él no hizo ninguna alusión al futuro de los dos. Eso
la inquietaba.
El olor fragante de l a tierra se mezclaba con el de la hierba verde. Melisande levantó su
rostro al cielo y observó las estrellas que relucían contra el fondo negro azulado. El cuarto
creciente se elevaba en el firmamento como una fruta plateada. Ella sintió la brisa primaveral
soplando en sus cabellos y suspiró. Si Quinn la amase, la vida sería perfecta...
Los pasos de él sonaron en el vestíbulo. Melisande giró. Al verlo asomarse en la puerta,
notó que traía una pequeña caja.
_ Eso vino de Oriente _ explicó Quinn, entregándole la caja. _ Fue la única cosa que traje de
allá.
Melisande admiró la perfección de la madera tallada y corrió los dedos sobre la tapa. Allí
habían sido incrustadas flores de marfil . Quinn carraspeó y habló con alguna dificultad:
_ Se lo Compré a un artesano cuando supe de la buena nueva sobre Sayerne. Quise traer
un objeto para mi hogar.
_ Es muy bonita _ elogió Melisande, le devolvió la caja.
Él meneó la cabeza en un gesto negativo.
_ No. Quédate con ella. _ Quinn respiró profundamente y la observó intensamente. _ El
mercader me dijo que yo debería dársela a la mujer que capturase mi corazón.
Melisande quedó sorprendida, después tuvo miedo de alimentar falsas esperanzas.
_ Oh, Quinn... No hay necesidad de me des un regalo
porque seré la madre de tu hijo.
_ No digas eso. Fui culpable de no haberte confesado mi amor cuando lo vi aflorar en mi
corazón.
Él le tomó la mano con infinita ternura.
_ Yo te amo, mi lady . Preciso una compañera y una amante, una esposa y una amiga, con
sabiduría y comprensión , gentileza y ardor que sólo vos posees . Espero que mis palabras duras
no hayan cambiado lo que me dijiste esta tarde.
Quinn se agachó y apoyó una rodilla en el suelo.
_ Melisande d'Annosy, aceptas ser mi esposa, de cuerpo y alma?
Lágrimas de felicidad antecedieron la respuesta de ella.
_ Quinn _ susurró con voz embargada. _ Nada de lo que vos dijeses cambiaría el amor que
encierro en mi corazón. Yo te amo más que a todo en este mundo . Mi único recelo es que me
desprecies por haber traído a Arnaud y su odio tan cerca de Sayerne.
Quinn se levantó y tomó su mano.
_ No digas más nada, mi lady. Nunca más pronuncies ese nombre. Fuiste vos quien me
salvó y eso significa mucho .Te Debo mi vida y te mostraré cuan reconocido te estoy por eso por
el resto de nuestros días.
Melisande le acarició los cabellos.
_Estás contento con nuestro hijo?
_Como podría no estarlo, si ese hijo fue concebido con amor? Será un niño con mucha
suerte por tener a una madre como vos _ dijo él con los ojos brillando.
La visión de Melisande se turbaba con las lágrimas. Ella sonrió y le pasó la mano
cariñosamente por la cara.
_ya has pensado la respuesta , mi lady ? _ preguntó él bromeando.
_Oh, Quinn ! Cómo puedes pensar que yo no te aceptaría ? No hay nada que desee más
que ser tu esposa. _ Y, en ese momento Quinn le secó las lágrimas y Melisande volvió a sonreír.
_ A menos, claro, que hayas cambiado de idea y no quieras ser más ser mi campeón y
defensor...
_ Pues no tendrás otro más devoto mientras yo viva.
_ Espero que no_ ella murmuró.
Los labios de Quinn buscaron los suyos y le dieron un beso lleno de promesas. Cuando se
separaron, él hizo que Melisande pósase su mano en la tapa de la caja.
_ Ábrela _ pidió.
No se le había ocurrido a ella que pudiese haber algo en su interior. Curiosa, la sacudió y
oyó un leve ruido. Lanzó una mirada inquisitivo a Quinn, que nada dijo, limitándose a arquear
una ceja.
Entonces ella levantó la tapa de la caja con cuidado. Apenas vislumbró su contenido, y el
viento sopló, arrebatando las semillas de su santuario . Melisande miró a su alrededor,
desconcertada con las semillas que revoloteaban en una nube gris antes de que fueran llevadas
lejos.
_ Qué semillas son? _ preguntó, encantada.
_ No sé. Un mercader me dijo que recordarían a mi elegida la constancia de mi amor.
Melisande se tiró en sus brazos, apenas cabía en sí de alegría.
_ Yo nunca dudaría de tu amor, Quinn _ le susurró.
Él la rodeó con sus brazos y volvió a besarla. Después entraron en el castillo. Y, aquella
noche, se amaron por primera vez en el solar de Sayerne.
EN la primavera siguiente, cuando Tulley fue a investir a Quinn con el título de Sayerne, el
patio estaba adornado con flores coloridas y perfumadas. Eran las mismas que estaban
incrustadas en la caja que Quinn le diera a Melisande.
Ella espió la llegada de Lord de Tulley por la ventana del solar. Sonrió y cerró la tapa de la
caja . Observó cuando Quinn cruzaba el patio. Cargaba orgullosamente a su hijo en sus brazos y
fue a saludar Tulley. La sonrisa de Melisande irradió entonces felicidad e infinito amor. Sabía
que, en aquella y en muchas otras primaveras, estaría segura en los brazos de su campeón.
FIN