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LITERATURA
COSMOVISIÓN
MÍTICA
PROF.GRACIELA RUIZ DIAZ VEGA
EDICIONES RUDIVEG
2022
LA LITERATURA: UN HECHO ESTÉTICO Y FICCIONAL
Desde la invención de la escritura, y antes incluso, el ser humano produce y consume textos que responden a
diferentes necesidades sociales: políticas, académicas... y, por supuesto, estéticas. Sin embargo, lo que cada cultura
ha denominado literatura ha sido diverso y, a veces, contradictorio. No obstante, hay ciertas características sobre
las que existe un acuerdo general: su carácter ficcional y su función estética.
• El carácter ficcional
El verbo latino fíngere significa ‘representar’, ‘componer’, ‘imaginarse’ y de él deriva el término ficción. De esto,
se concluye que el criterio de verdad que rige otros discursos, como el científico o el periodístico, queda en suspenso
para la literatura. Una novela o una obra dramática dan cuenta de un producto del lenguaje en el que todas las
acciones simuladas son producidas por la imaginación del autor. Un escritor puede concebir dragones o personas
desayunando: en ambos casos, se trata de productos inventados y comunicados a través del lenguaje. El autor toma
elementos de la realidad, pero los ha transformado. La noción de ficcional como característica de lo literario nace
con el griego Aristóteles y su Poética, quien propone la idea de que el arte es una imitación de las acciones humanas.
No obstante, la literatura no imita las cosas reales tal como sucedieron sino como podrían ser. En este sentido el
objeto de la literatura es la ficticia, pero con la condición de ser verosímil o creíble
• La función estética
La literatura trabaja con un material de uso cotidiano —el lenguaje— cuya función general es comunicar
información. Con ese instrumento, los escritores son capaces de despertar en sus lectores emociones y sensaciones
inesperadas; conmover y hasta modificar la manera de experimentar el mundo.
El efecto estético de un texto literario se consigue cuando se le presta particular atención a la forma en la que
se comunica el mensaje: la manera en la que está organizado lo que se dice, los procedimientos fónicos, sintácticos
y semánticos que se emplean. Estos recursos formales agregan un plus de información que el lector debe
comprender para apreciar el texto literario.
¿Se puede estudiar la literatura?
Proponer un método para estudiar literatura es una cuestión delicada. Para: empezar, se trata de que todos
leamos permitiendo que se movilicen el pensamiento, la capacidad de sentir, los sueños. Más allá de esto, la escuela
propone una selección de lecturas organizadas para desarrollar, en forma gradual, las competencias lectoras y
permitir la inserción de nuevos lectores en la tradición cultural de la sociedad de la que forman parte. Y, a veces,
esto dista bastante del placer. Entonces, para estudiar literatura, en principio, hay que leer. Pero, para poder hacer
una lectura significativa, el lector deberá contar con una serie de conocimientos extras que le permitirán
profundizar la lectura: la ubicación de la obra dentro de una red de textos, el reconocimiento de su contexto de
producción, el género y la corriente literaria, la trama textual predominante, los artificios retóricos empleados para
producir los efectos de lectura buscados, etc.
En resumen, si hay una forma de estudiar literatura es leyendo los textos y poniendo en juego competencias de
análisis e interpretación literaria.
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LOS GÉNEROS LITERARIOS
Se llama género a un conjunto de textos que presentan características comunes
de manera relativamente estable en relación con el tema y la estructura. Por eso,
hablar de géneros implica hablar de ciertos formatos o “moldes" que una cultura
establece para producir textos. Además, la idea de género permite una clasificación
de los textos que remite a su modo de articulación interna y estructural. A lo largo
de la historia de la literatura, la clasificación de los géneros literarios en tres
grandes grupos —dramático, lírico y narrativo— se ha complejizado. Algunos
escritores han creado textos que la respetan a rajatabla; otros han trabajado a
contramano de ella, transgrediendo este código cultural. Para el lector, el género
produce una expectativa. Cuando alguien compra, por ejemplo, una novela policial,
de alguna manera imagina lo que puede esperar: un delito, un detective y una
investigación que, pista a pista, lo lleve hasta el criminal. Para los críticos y teóricos
de la literatura, los géneros constituyen marcos de análisis, regularidades
estructurales y temáticas que les permiten interpretar las obras y ponerlas en
contacto.
Una categorización básica
El género dramático incluye aquellos textos escritos para ser representados. En él, los personajes son los
encargados de llevar adelante la acción dramática. El texto es doble: por un lado, están los parlamentos, que son
los fragmentos a cargo de los actores que interpretan a los personajes en la representación; por otro, las
acotaciones o didascalias, que son instrucciones para la puesta en escena.
El género narrativo es aquel en el que las acciones se presentan mediante la voz de un narrador. Este, a su vez,
introduce la voz de los personajes, ya sea mediante el estilo directo, o en estilo indirecto presentándola a través de
su propio decir. Con el tiempo, la figura del narrador ha variado y se ha complejizado; se han mezclado técnicas que
permiten fragmentar las perspectivas desde las que son narrados los hechos. Por ejemplo, el escritor argentino
Manuel Puig (1932-1990), en su novela Boquitas pintadas, presenta múltiples voces que arman la narración a través
de diferentes tipos de textos (cartas, noticias, diálogos, etc.) ensamblados como si se tratara de un collage, y con
una mínima participación del narrador.
El género lírico quizá sea el más difícil de definir. En principio, no lo determina el empleo del verso, como se suele
creer ya que, en sus comienzos, los tres géneros se escribían así; y además,
puede haber textos líricos que utilicen la prosa. La lírica es aquel género en que
la separación entre el autor y el yo lírico resulta más imprecisa. Además, en los
textos líricos se destacan el despliegue de recursos retóricos (metáforas,
aliteraciones, etc.) y las transgresiones a las reglas del código lingüístico. Por
ejemplo, un escritor como Luis de Góngora (1561-1627) rompe las reglas
sintácticas estableciendo un orden poco convencional en la construcción de las
frases.
• Género narrativo: pertenece en este género los textos cuyas historias
están relatadas por un narrador.
• Género lírico: pertenece nuestro género los textos poéticos que
desarrollan un uso específico del lenguaje en los que la forma y el
sonido son fundamentales para comprender su significado.
• Género dramático: pertenecen a este género los textos que están
pensados para ser representados ya sea ante un auditorio en el teatro
o como parte de una producción audiovisual en la que serán firmadas.
A diferencia de los textos narrativos sabemos que ocurre en estas
historias directamente por los diálogos y las acciones de los
personajes.
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Lo dijo Aristóteles: épica, drama y lírica
Para la cultura occidental, el primero en marcar las diferencias genéricas fue el filósofo griego Aristóteles (384 a.
C.322 a. C.) en su Poética. Para este pensador, el arte se basa en la imitación o mímesis de la naturaleza. Sostiene
que hay artes que imitan mediante el ritmo; otras, por medio de la armonía; y la literatura lo hace a través del
lenguaje, con lo cual sienta una primera definición: arte de la imitación por medio del lenguaje. Para él, el arte
literario presenta una tripartición: en la lírica es la voz del poeta la que se resalta; en la poesía épica o narrativa,
son las voces del narrador y de los personajes las que se destacan; mientras que, en el género dramático, el autor
desaparece detrás de los personajes, ya que son ellos quienes hablan en la representación.
Lo dijo Bajtín: primarios y secundarios
Muchos siglos después, el lingüista ruso Mijail Bajtín (1895-1975) planteó que cada esfera de la actividad
humana genera textos que surgen de la comunicación concreta y real, es decir, una sociedad produce los tipos de
textos que necesita para funcionar (informes, publicidades, etc.). Estos tipos textuales suelen ser poco variables a
lo largo de la historia de esa cultura. Si bien son producidos por individuos en una situación determinada y resultan
de alguna manera únicos, no son inventados cada vez por los usuarios; sino que es la sociedad la que elabora y
ofrece ciertas formas típicas que presentan predeterminados los temas, el estilo y la estructura. Los géneros
discursivos así los denominó Bajtín- son siempre producidos por una sociedad en un determinado momento de su
historia, y se mantienen relativamente estables. Así, por ejemplo, el género discursivo cuento presenta personajes,
un narrador, una complicación y una resolución. Y esta forma perdura en la cultura occidental.
Existen tantos géneros como actividades humanas, y confeccionar una lista sería una tarea infinita, por lo que Bajtín
los clasifica en géneros primarios, que se relacionan de manera directa con la realidad y se producen en la
comunicación inmediata, como una conversación familiar; y géneros secundarios, que surgen en condiciones de
comunicación más complejas, y son en especial escritos, como una novela o una nota periodística. Estos últimos
suelen absorber los géneros discursivos primarios e incluirlos.
Géneros literarios y visiones del mundo o cosmovisiones
La antigüedad clásica reconocía diferentes modalidades de poesía. A partir de los Modos de imitación o mímesis
categorizados por Aristóteles, se concibieron los géneros literarios tradicionales: épico-narrativo (narrativa), lírico
(poesía) y dramático (teatro).
La filosofía romántica le dio un matiz particular a esa primera tripartición genérica de la civilización griega, y la
inscribió de este modo en la Modernidad.
En sus escritos sobre estética, el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) propuso una
concepción de los géneros literarios basados en ros tipos de relaciones que el ser humano (el sujeto) entabla con
el mundo (con d mundo de los otros y con el mundo exterior). Pero, además, consideraba que existía una
cosmovisión (una visión del mundo) propicia para que surgiera aria uno de los géneros. Tal visión daba origen al
género y se manifestaba en él.
Según Hegel, entonces, la épica, como forma primera y más grandiosa de la narrativa, está representada por los
cantos que relatan las hazañas de un héroe "le asume el espíritu de la comunidad y encarna sus valores. En la épica,
el sujeto y el mundo se encuentran en una relación de participación: la subjetividad queda relegada a favor de la
realización de un sujeto conformado por los mandatos de la comunidad. Este primer género surge en condiciones
en que identidad de un pueblo o nación se está forjando (por ejemplo, las naciones europeas en la Edad Media);
por eso, el poema épico canta el reconocimiento que un pueblo hace de sí.
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Pero, una vez que el mundo objetivo de leyes, de prácticas religiosas, de costumbres se institucionaliza, esta
subjetividad postergada tiene espacio para desarrollarse: surge en estas condiciones la poesía lírica, que canta las
efusiones del alma de un sujeto que tal vez puede volverse en contra de ese mundo objetivo, y considerarlo
agobiante o ajeno a su necesidad más íntima. Lírica es la palabra a través de la que el yo habla de la experiencia del
amor, o de la belleza le la noche, o de la injusticia del mundo.
Ahora bien, cuando un pueblo madura, sabe quién es, y los sujetos que integran son autónomos y capaces de
diferenciar su voluntad y su sentimiento de las necesidades de la comunidad. Este es el momento propicio Mara el
surgimiento del género dramático, porque este puede poner en escena b confrontación entre los intereses y las
pasiones de la subjetividad, por un lado, y las necesidades y voluntades del cuerpo social, por otro; en ese choque
consiste el conflicto dramático, que se torna trágico cuando no hay modo de encontrarle salida.
LA LITERATURA COMO UNA RED DE TEXTOS INTERCONECTADOS
Mijaíl Bajtín sostiene que los textos dialogan entre sí, que una obra literaria responde a textos anteriores, ya
sea porque los cuestiona o porque replantea aspectos que fueron tratados antes, y, a la vez, deja esbozadas
preguntas que futuros textos tratarán de responder. Así, William Shakespeare (1564-1616) presenta, en su
Tragedia de Romeo y Julieta, el tema de los amores imposibles; y, siglos después, Federico García Lorca (1898-
1936) escribirá Bodas de sangre que, en esencia, desarrolla una situación similar.
Esta relación que se teje de un texto a otro ha sido estudiada por muchos teóricos de la literatura. El narratólogo
francés Gérard Genette (1930) propone denominarla transtextualidad y la define como los fenómenos mediante
los cuales los textos se vinculan unos con otros. Para Genette, la transtextualidad presenta cinco clases diferentes
de relaciones: intertextualidad, paratextualidad, metatextualidad, architextualidad e hipertextualidad.
La intertextualidad
Se trata de la presencia de un texto en otro. Por ejemplo, un autor en su obra cita fielmente lo que otro, antes,
ha dicho. Esta práctica es usual y reconocible con facilidad, porque la palabra del citante y del citado llevan marcas
que, en forma visible, las diferencian, como las comillas mediante las que se encierra el discurso citado.
Menos evidente resulta la alusión en la que un autor insinúa un texto anterior. La película Matrix es un ejemplo de
alusión. En ella, se narra la historia de un mundo en el que aquello que los personajes perciben como la realidad no
es más que un sueño. Todo su argumento es una sugerencia de lo que se conoce como el mito de la caverna, del
filósofo griego Platón (427 a. 0-347 a. C.), en el que se explica que los hombres, mediante los sentidos, no conocen
más que “sombras” de la realidad, y solo se puede acceder al conocimiento real por medio de la razón. El
reconocimiento de las alusiones depende de las competencias culturales de los lectores y siempre aporta una
interpretación mucho más rica de la lectura.
La paratextualidad
Se trata de la relación que el texto mantiene con lo que se denomina paratexto: prefacios, dedicatorias,
agradecimientos, epílogos, epígrafes, tapas, contratapas, índices, etc. Algunos de estos paratextos corren por
cuenta del autor, y otros, del editor; pero, en todos los casos, sirven como anticipadores de la lectura y como
disparadores de los conocimientos previos, que siempre facilitan la comprensión.
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La metatextualidad
Es una relación de tipo crítica en la que un analista, un periodista especializado o cualquier comentarista
interpreta y estudia una determinada obra literaria. Por ejemplo, en su Poética, Aristóteles expone las
características y las funciones de la tragedia griega, a la par que analiza, como modelo, la obra Edipo rey, de Sófocles
(496 a. C-406 a. C.). Es decir, establece con la obra de teatro una relación de metatextualidad en tanto la comenta.
La architextualidad
Se trata de una relación entre el texto y el género al que pertenece. Por lo común es muda, es decir, no está
explicitada; pero, al elegir un género u otro, el texto se coloca en una cadena de obras que tienen características
similares. Por ejemplo, cuando Shakespeare escribe Otelo, Macbeth o cualquiera de sus grandes tragedias, adopta
las características del género y se coloca en el mismo universo que los grandes trágicos griegos, los latinos, el teatro
medieval; pero, además, sienta las bases para los trágicos que lo sucederán. A veces, esta relación es explícita en
un título (Poema de Mio Cid) o en un subtítulo (Boquitas pintadas. Folletín).
La hipertextualidad
Se llama hipertextualidad a toda relación que une dos textos: uno anterior, que se denomina hipotexto, y uno
posterior o derivado de él, al que se conoce como hipertexto; de manera tal que este último no podría existir sin el
primero. El hipertexto se apropia del hipotexto y lo modifica; hace de él una nueva obra. No es una alusión, como
en el caso de la intertextualidad, sino una verdadera transformación. Un claro ejemplo de hipertextualidad es el
poema épico escrito por Virgilio (70 a. C.-19 a. C.), la Eneida, en el que el poeta latino narra las peripecias de Eneas,
héroe troyano fundador de la ciudad en la que nacerían Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Lo que narra
Virgilio es de su pura creación, no alude ni cita a Homero (siglo vir a. C) y sus dos poemas, la Ilíada y la Odisea: pero
su obra no podría ser, de no existir ambos hipotextos. La primera parte del poema latino relata el deambular del
héroe por el mar Mediterráneo, en busca del sitio donde establecer la ciudad que dominaría el mundo. Ese
derrotero tiene como antecedente un género de origen griego —la epopeya— y un texto específico, la Odisea, que
cuenta el peregrinar de Odiseo por el mismo mar. La segunda parte de la Eneida relata los enfrentamientos bélicos
de Eneas, una vez llegado al Lacio, y su posterior conquista del territorio. Este fragmento tiene, en cambio, como
hipotexto la Ilíada, que narra cincuenta y un días de la guerra de Troya.
COSMOVISIONES: UNA FORMA DE MIRAR
Una cosmovisión consiste en las nociones (creencias, pensamientos, etc.) con las que un individuo, una cultura
determinada o un momento histórico particular analiza y describe los diversos aspectos de la vida: políticos,
científicos, filosóficos, teológicos, etc. En el caso de la literatura, ese conjunto de nociones permitirá un
ordenamiento de los textos que el ser humano emplea para configurar su comprensión del mundo. Los textos así
ordenados responden a esa forma de comprender la realidad y, a la vez, proyectan una nueva luz para
retroalimentar ese ordenamiento de lo existente. Por ejemplo, Edipo rey, de Sófocles, es un texto que plantea una
visión del mundo trágica, ya que desarrolla el enfrentamiento infructuoso de un individuo con su destino; pero a la
vez, lo que se lee en la obra enriquece o modifica la propia cosmovisión trágica del lector. Las posibilidades de
organizar los textos en cosmovisiones son variadas: mítica, épica, trágica, realista, fantástica, cómica. Como podrá
observarse, las diferentes variables tienen en cuenta diversos aspectos: a veces, una determinada forma de
representar el mundo; en otros casos, ciertas constantes ligadas al género..., pero siempre brindan una forma de
entender e interpretar la experiencia.
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La cosmovisión mítica
La cosmovisión mítica permite agrupar todos aquellos textos que brindan una
explicación “sagrada” que está más allá de la lógica racional sobre la existencia
del mundo, de los hombres, de la vida natural y social. Las historias narradas
suelen ser de carácter sagrado, ejemplares y significativas. Son sagradas, porque
forman parte de las creencias del pueblo; ejemplares, porque funcionan como
ejemplo para que los hombres se comporten de una determinada manera; y
significativas, porque dan a esa cultura la razón de ser de su existencia, Los mitos
permiten entender la creación primera: la del universo. Rememoran
brevemente los momentos esenciales de la creación del mundo, el comienzo
absoluto de todo lo existente; pero también plantean un posible fin de la
realidad, que siempre implica un nuevo comienzo. Los cataclismos míticos
narran cómo los dioses castigan al hombre con la destrucción total, excepto por
una pareja humana que es salvada para asegurar una nueva refundación. La
cosmovisión mítica nos permite comprender la visión del mundo que han tenido
los hombres a lo largo del tiempo, las verdades que han mantenido viva a la
humanidad; nos ayuda a entender nuestras raíces y los valores que todos los
hombres —de una u otra forma— compartimos, más allá de nuestras
específicas creencias.
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EL MITO GRIEGO
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A LAS PUERTAS DEL OLIMPO
Para los griegos las cosas empezaron así...
Al principio, todo estaba revuelto: el agua no corría, las tierras no eran sólidas, en fin, reinaba Caos (que en griego
quiere decir “la boca del abismo”). De Caos nacieron la Noche y la Oscuridad, que lo destronaron y engendraron a
Éter (el aire luminoso de las alturas) y al Día. De ellos nacieron la Tierra y el Mar.
Por aquellos tiempos también existía Eros (el amor), un poder tan antiguo como Caos, pero que impulsaba a la
unión y a la creación. Con su fuerza, Eros engendró la vida en la Tierra, hasta entonces desierta, y florecieron las
plantas, crecieron los animales, se poblaron las aguas y el Cielo lo abrazó todo.
De la unión entre el Cielo y la Tierra, nacieron doce Titanes enormes y fortísimos, tres Cíclopes (que se llamaban
así porque tenían un solo ojo, ubicado en medio de la frente) y tres Gigantes. El Cielo, temeroso de la fuerza de
sus hijos, fue encerrándolos a medida que nacían en el abismo del Tártaro.
Finalmente la Tierra, como buena madre, decidió liberarlos y el menor de los Titanes, Cronos (el Tiempo), eliminó
a su padre, ocupó su lugar y comenzó a reinar junto a sus hermanos.
Cierta vez, Eros convocó a los hijos de un Titán, llamados Prometeo y Epimeteo, y les pidió que modelaran un
ser capaz de dominar a todos los animales que poblaban la Tierra.
Prometeo tomó arcilla húmeda y modeló figuras con forma semejante a la de los dioses.
Eros les infundió con su soplo el espíritu de la vida, y así nacieron las personas.
Prometeo quedó tan encantado con las criaturas recién creadas que quiso ofrecerles algo que las hiciera
mucho más parecidas a los dioses. Entonces robó una chispa del fuego sagrado y se la regaló, para que tuvieran
dominio sobre el fuego.
Ese atrevimiento de Prometeo irritó mucho a los dioses, quienes para vengarse crearon a una mujer
hermosísima a la que llamaron Pandora. A ella-le regalaron un cofre y le ordenaron que jamás intentara abrirlo.
Pandora aceptó la condición y se convirtió en la feliz esposa de Epimeteo. Durante un tiempo vivieron muy
contentos; pero, como bien habían previsto los dioses, Pandora no pudo contener su curiosidad y abrió el cofre,
del que comenzaron a salir toda clase de males, enfermedades y crímenes, que se esparcieron por el mundo. Solo
la Esperanza quedó en el fondo de la caja.
Así fue como la maldad y las pasiones se fueron adueñando de los hombres. La Tierra se empapó de sangre y la
Buena Fe, la Justicia y el Pudor la abandonaron y volaron hacia el Cielo. Viendo esto, los dioses consideraron que
la raza de los hombres no debía sobrevivir y desbordaron las aguas del Cielo y de la Tierra; tierra y mar se
confundieron y solo logró sobrevivir una pareja: un hombre, Deucalión, y su esposa Pirra, considerados justos y
piadosos.
Ambos se mantuvieron a bordo de una débil barca y, cuando las aguas descendieron, lloraron sobre la tierra
desierta rogando piedad a los dioses.
Entonces escucharon una voz poderosa que les decía estas palabras: “Velad vuestros ojos y tirad hacia atrás los
huesos de vuestra abuela”.
Después del desconcierto del principio se pusieron a meditar y comprendieron que su abuela era la Tierra, y
que los huesos de la Tierra eran las piedras.
Entusiasmados, comenzaron a caminar arrojando, a cada paso, una piedra hacia atrás. De las piedras que
arrojaba Pirra nacían mujeres y de las que tiraba Deucalión surgían hombres.
Así se repobló la Tierra después del tremendo diluvio.
En Dioses, héroes y heroínas.
Historias de la mitología griega.
Versión de BEATRIZ FERNÁNDEZ Y ALICIA STACCO.
Buenos Aires, Santillana, Leer es genial, 2001.
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El mito latinoamericano
Entre lo real y lo fantástico
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Entre las culturas prehispánicas más complejas de nuestro continente. Se destacaba la del pueblo maya
se ocupaba la zona de Guatemala y la península de Yucatán. Este pueblo se distingue por sus
conocimientos en matemática y astronomía, por eso particular organización social, arquitectura, por el
desarrollo de su economía agraria y por su prosa narrativa, presente en el Popol Vuh, llamado también
Libro del consejo o de la comunidad. En la lengua Maya la palabra Popol significa “comunidad” o
“consejo” y Vuh” Libro”.
Los relatos que componen esta hora se proponen afianzar una tradición y una identidad a través de
narraciones sobre la creación del mundo y del hombre, y las luchas entre el bien y el mal.
El Popol Vuh presenta sus relatos de acuerdo con la siguiente organización:
• Creación del mundo/sucesivos ensayos para crear al hombre
• Historia de los héroes Hunahpú e Ixbalanqué, hijos de La de la sangre.
• Creación de los hombres de maíz.
• Historia y genealogía del pueblo maya Quiché.
La cosmovisión indígena
Existen profundas diferencias entre la cosmovisión occidental de los conquistadores y la mitad de los
indígenas. Los pueblos originarios concebían la historia como catástrofe. Los dioses ensayan hasta lograr
que sus criaturas los alaben. a cada fracaso en su creación le corresponde una destrucción. Para los
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aztecas, incas y mayas, el sacrificio muestra como la vida se nutre de la muerte. Los creadores y
formadores necesitan de los hombres para ser alabados; por eso les exigen gratitud. Sí son incapaces de
darla son destruidos. Estos dioses actúan en consejo para resolver el destino de la creación.
PALABRAS ENTRE DOS MUNDOS
En las similitudes y diferencias con los otros, reconocemos nuestra propia identidad. Otilia Cortez se interroga
sobre los motivos y las conclusiones a las que puede llegar al analizar las similitudes entre dos cosmogonías, el Popol
Vuh y la Biblia.
Intertextualidad y paralelismo entre el Popol Vuh y la Biblia (Frag.).
Otilia Cortez
Los eventos que en el Popol Vuh muestran cierto paralelismo con ciertos pasajes bíblicos aparecen muchas veces
en un orden diferente, pero en otros casos incluso la secuencia es idéntica, como ocurre en el caso de la creación
de la mujer, o en el relato de las esposas de los hombres de maíz.
Es [...] demasiado simple proponer que esa fusión de concepciones religiosas sea una infiltración que haya
tenido lugar consciente o inconscientemente durante el trabajo de traducción del padre Ximénez, ya que queda
muy marcada una fuerte carga de “paganismo” en la obra. [...] Pero también es difícil concebir que esta infiltración
sea obra de un indio convertido, a menos que él haya querido armonizar el pasado religioso de su pueblo con su
presente. [..] Una posibilidad que se perfila como más probable es que ese indio transcriptor haya insertado algunos
pasajes bíblicos con el propósito de atenuar el matiz “pagano”, y poner el documento a salvo de la mano destructora
de los españoles, conservando así lo esencial del relato original.
Cualquiera que haya sido la motivación para escribir la versión más antigua que conocemos del Popol Vuh, es
innegable la forma en que opera la intertextualidad de los dos textos: a) Si el documento realmente recibió forma
escrita por uno o varios nativos conversos, estaríamos ante un documento que revela la confirmación temprana de
una identidad producto de un sincretismo cultural. b) Si el “espejeo” de la Biblia que se asoma en el Popol Vuh fue
la única manera de ponerlo a salvo de la hostilidad de los conquistadores o una forma de facilitar la evangelización
de los quichés, la intertextualidad en ese caso revela una deliberada manipulación tanto de los pasajes bíblicos
como del original de la obra quiché. c) Si las similitudes ya señaladas no fueran más que coincidencias en la manera
de concebir la creación del mundo, la intertextualidad que parece existir sería un elemento revelador de la
universalidad del pensamiento histórico-religioso.
CORTEZ, OTILIA, INTERTEXTUALIDAD Y PARALELISMO ENTRE EL POPOL VUH Y LA BIBLIA”, EN REVISTA ESPÉCULO, FACULTAD DE CIENCIAS DE LA
INFORMACIÓN, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, AÑO XIV, N.' 40, NOV. 2008-FEB. 2009. EN HTTP://PENDIENTEDEMIGRACION.UCM.ES.
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La Eneida y los orígenes de Roma
Si la épica griega puede considerarse en los poemas de La Ilíada y la Odisea escrito por Homero, la épica
romana tiene su obra máxima en la epopeya escrita por Virgilio, La Eneida. El poeta empieza a
componer su Magna epopeya hacia el año 30 a.C. y la termina en el 19 a.C. Alrededor de once años
trabaja Virgilio para escribir el poema que canta la grandeza de Augusto, cuyo reinado se extiende desde
el 27 a.C. hasta el 14 d.C. Este emperador es quién le encarga al poeta la escritura de una epopeya que
ligue la fundación de Roma con Grecia y el mundo helénico. Para lograr ese cometido literario, Virgilio
escoge un protagonista heroico cuya historia había quedado pendiente en La Ilíada, de Homero. Este
protagonista se llama Eneas.
El héroe victorioso, el héroe derrotado.
Al igual que Aquiles, Eneas fue un Guerrero que participó de la guerra de Troya. Pero, la diferencia el
protagonista de la epopeya homérica, Eneas, le toca ocupar el lugar de los que han sido vencidos, de los
que fueron derrotados durante la contienda. Efectivamente, Eneas debe abandonar su hogar y parece la
pérdida de su esposa: sin embargo, estos acontecimientos le impulsan a iniciar un viaje que lo conducirá
a su destino final; la fundación de la ciudad de Roma.
El héroe de La Eneida comienza siendo un héroe derrotado al finalizar la guerra por lo que serán
necesarios todo su valor coraje e inteligencia para encontrar la Victoria. Esta se dará cuando logré dar
origen de una nueva comunidad.
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La crítica también habla del amor
El crítico literario francés Roland Barthes trata el tema del amor de una manera muy original en su libro
Fragmentos de un discurso amoroso. Toma fragmentos de distintos textos literarios, filosóficos,
psicológicos y arma un dispositivo cuyo tema central es la posición del enamorado frente a su objeto. En
cada fragmento, expone los argumentos, a modo de diccionario. Veamos algunos casos:
"En la calma tierna de tus brazos"
Abrazo: El gesto del abrazo amoroso parece cumplir, por un momento, para el sujeto, el sueño de unión
total con el ser amado' .
"El cuerpo del otro"
Cuerpo: Todo pensamiento, toda emoción, todo interés suscitados en el sujeto amoroso por el cuerpo
amado.
• En los diarios, habrán notado que la relación física —abrazos, caricias, sexualidad— no está nombrada
ni tampoco narrada. Elaboren una hipótesis del porqué de esta exclusión.
• ¿Piensan que Adán habrá sentido lo que expresan los textos de Barthes?
Última reflexión
Lean con atención las palabras finales de Sócrates en el libro de Platón El Banquete, cuyo tema central
es el amor y, simplemente reflexionen sobre ellas como lo hacían los griegos:
... Por eso no sólo sostengo yo que todo hombre debe venerar al Amor, sino que también venero lo que
tiene relación con él y lo práctico de modo preferente, incito a los demás a hacer lo mismo y ahora y
siempre hago la alabanza del poder y de la valentía del Amor, en la medida de mi capacidad'.
Platón. El Banquete. Argentina, Hyspamérica, 1983.
El amor y la poesía
Entre los grandes temas de la poesía universal está el canto al amor. Casi todos los poetas han
experimentado, en algún momento, ganas de cantarle a su enamorada, ya sea porque la han perdido, ya
sea para conquistarla, o simplemente para homenajearla.
• A continuación les ofrecemos una serie de poemas y les sugerimos: primero, leerlos en voz alta y,
luego, comparar el sentimiento del "yo poético" de cada poesía con el sentimiento que experimentó
Adán, respecto de la pérdida de Eva.
1-¿Dónde está la frente que con sólo un gesto...?
¿Dónde está la frente que con sólo un gesto
volvía mi corazón de una parte a otra?
¿Dónde están las cejas y una y otra estrella
que el curso de mi vida iluminó?
¿Dónde está el valor, el saber y la cordura
la justa, honesta, humilde, dulce habla?
¿Dónde, la belleza presente en ella,
de la que largamente sentí el deseo?
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¿Dónde, la sombra gentil del rostro humano
que alivio y consuelo daba a mi cansada alma,
el rostro en que grabé mis pensamientos?
¿Dónde, la que mi vida tuvo entre sus manos?
¡Cuánto la añora el mundo, cuánto la añoran
mis ojos que ya nunca estarán secos!
Francesco Petrarca (italiano, 1304-1374) traducción: Alejandro Patat
2-Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médula que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo (español, 1580-1645)
3-Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería
Señor, ya me arrancaste lo que yo mas quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
Antonio Machado (español, 1873-1939)
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