SEMINARIO TEOLOGICO NAZARENO
DEL CONO SUR
ENSAYO DEL PASAJE BIBLICO DE GÁLATAS 5: 16 - 26
Por:
MARCELO GÓMEZ HUMEREZ
ENSAYO DEL PASAJE BIBLICO DE GÁLATAS 5 : 16 - 26
En cumplimiento parcial para aprobar el curso
TEOLOGIA PAULINA
Del Programa de Licenciatura en Teología.
Profesor: Dr. Carlos Abejer
La Paz - Bolivia
18/11/2021
INTRODUCCION
En el presente trabajo examinaremos lo que son las obras de
la carne y el fruto del Espíritu Santo. En el creyente
todavía hay lucha que lidia con dos fuerzas, por un lado,
está pecado que seduce, despertando los deseos de la carne, o
las obras de la carne, deseando los placeres y apetitos, pero
por lado está el Espíritu Santo quien tiene los frutos del
Espíritu Santo. Quien le muestra una vida realmente entregada
por completo, consagrada su vida al Señor, siendo que vive en
este mundo.
Pero algunos filósofos contemporáneos no lo creen de esa
manera, sino que pueden sobre llevar estas dos fuerzas. Y
veremos en los siguientes párrafos la aclaración sobre este
tema.
DESARROLLO
Los versículos 16 al 26, en el libro de Gálatas 5 en los
escritos, comienza con una promesa atractiva, en el verso 16
nos menciona que “Vivan por el Espíritu, y no seguirán los
deseos de la naturaleza pecaminosa” (NVI). Sin embargo, uno
se pregunta ¿Qué quiere decir el Apóstol Pablo cuando dice
que vivíamos “por el Espíritu”, o, como dicen en otras
versiones, que andemos “en el Espíritu”? y ¿Cuáles son los
deseos de la naturaleza pecaminosa o de la carne que dice que
no debemos vivir?, ¿Qué habrían significado tales términos
para los primeros lectores de Pablo? Empezaremos a examinar
lo último en primer lugar.
Los lectores del apóstol Pablo estaban familiarizados, con la
palabra deseo, y ciertamente no habría tenido connotaciones
positivas en Romanos 1:24; 6:12 y 1 Tesalonicense 4:5 en
estos versos nos identifica que los deseos de la carne como
concupiscencia. Jervis señala “los pensadores filosóficos y
religiosos del mundo antiguo entendían que el deseo era
intrínseco a la naturaleza humana y que era una trampa de la
que era necesario librarse. El deseo significa que hacemos a
la propia felicidad o la propia paz rehenes de la de la
consecuencia de lo que deseamos, sea dinero, posición y u
otra persona”.
Todas la escuelas filosóficas antiguas abordaron el problema
del deseo. La gente no percibía que la filosofía fuese un
distante ejercicio intelectual exclusivo para los eruditos.
Era, más bien una forma de vida que buscaba garantizar y
conservar la felicidad genuina en medio de los desafíos de la
existencia. Por ejemplo, los estoicos, creían que la
felicidad se encontraba viviendo en armonía con la naturaleza
y aprendiendo a no desear nada de este mundo. Mientras tanto
los epicúreos, en cambio, enseñaban que la respuesta a la
facilidad residía en apartarse de la sociedad y tener el
deseo vigilado viviendo una vida modesta entre amigos. La
respuesta básica al problema del deseo en todos los sistemas
filosóficos antiguos se reducía a la forma en que se
contemplaba la vida, mientras tanto “los filósofos morales
presuponían que el conocimiento es la fuente de la virtud, y
se consideraban médicos del alma cuyo trabajo era disipar la
ignorancia y error”, pues vemos que se creía que el
conocimiento y el pensamiento acertados llevarían una vida
recta sin perjuicio a nada.
El apóstol Pablo, en la solución fundamental, al problema del
deseo pecaminoso es completamente distante ante cualquier
escuela filosófica de la antigüedad. La razón es que él ve el
problema como algo diferente. Para el apóstol, el asunto,
como afirma acertadamente Frank Matera, “es el poder del
pecado, que solo puede ser vencido por el Espíritu. Para el
Apóstol Pablo, la solución de la difícil situación que se
encuentra la humanidad, no es el conocimiento que es derivado
por la filosofía moral , sino la transferencia a la esfera
del Espíritu”. Como personas que no conocen de Cristo, el
pecado une, encadena, pero es una vida sin Cristo, una vida
alejada de Dios, separado de Dios y amigos de Satanás, es
decir el pecado es el que reina, pero también necesitamos que
alguien nos de libertad, esto nos conlleva que debemos tener
la libertad en Cristo y que los deseos pecaminosos deben ser
derrotadas por el poder del Espíritu Santo, que proviene de
“andar en el Espíritu”.
Examinemos la palabra, “andar” es una metáfora extraída del
Antiguo Testamento que se refiere a la manera en que una
persona debería comportarse. San Pablo siendo judío, emplea
la imagen a menudo en sus escritos para describir el tipo de
conducta que debería caracterizar la vida cristiana, a
aquellos cristianos transformados, ya regenerados,
justificados, santificados, mostrar de manera ejemplifica su
vida ante la sociedad.
Su uso de la metáfora también puede estar ligado al nombre
asociado inicialmente con la iglesia primitiva. Antes de que
se llamaran cristianos a los creyentes en Jesús (Hechos
11:26), estos eran conocidos como seguidores del camino (Juan
14:6). Este nombre sugiere que, en una fecha muy temprana, no
se percibía el cristianismo meramente como una colección de
creencias teológicas centradas en Jesús sin conexión alguna
con la forma en que se vivía la vida: antes bien, el
cristianismo era un camino que había que “andar”.
En el Antiguo Testamento define la conducta no simplemente
como “andar”, sino, más particularmente, como “andar en la
ley”. Por ejemplo, Levítico 18:4 dice: “mis ordenanzas
pondréis por obra, y mis estatutos guardareis, andando en
ellos. Yo, Jehová, vuestro Dios”. Los judíos tienen un
término muy especial que usaban para referirse a las normas y
las reglas encontradas tanto en la ley como en las
tradiciones rabínicas de sus antepasados. Halajá. Aunque los
traductores traducen en español como la ley judío, en
realidad se basa en la palabra hebrea traducida andar (hebreo
halak) y significa, literalmente, “el camino de ida”.
Pablo hace un comentario sobre “andar en el Espíritu”, se
contraponen de forma manifiesta al concepto de “andar en la
ley”, según esta afirmación mencionada ya, es como si
estuviera diciendo que los cristianos debemos vivir la vida
por el Espíritu y no por la ley, no es que Pablo rechaza la
ley, sino que en algunos de sus escritos sobre sale las cosas
positivas acerca de la ley, debemos considerar que rechaza la
manera legalista en la que algunos cristianos usaban
indebidamente la ley en Galicia. Una genuina obediencia que
produce de parte de Dios, el desea que nunca pueda lograrse
de manera exterior, sino que debe ser de manera interna que
es producido por el Espíritu Santo (Gálatas 5:18). Puesto que
precisamente el Espíritu nos libró (Romanos 8:2) y sustenta
nuestra libertad en Cristo (2 Corintios 3:17), también el
Espíritu es el único que puede capacitarnos para cumplir
verdaderamente la ley de Dios (Romanos 8:3,4; 15:16).
El conflicto cristiano (Gálatas 5:17), la lucha que el
apóstol describe, en el ser humano que es producido en el
interior que existe en el cristiano. Dado que los seres
humanos nacemos en armonía con los deseos de la carne
(Romanos 8:7),es decir que heredamos del pecado original, que
pasa todos los hombres, lo contrario es, únicamente cuando
nacemos otra vez por el Espíritu (Juan 3:6)empieza a emerger
un conflicto interno real (Romanos 7:9-24). Ello no significa
que los no cristianos nunca experimenten conflictos morales,
pero incluso eso es, en último término, un resultado del
Espíritu. Sin embargo, la lucha del cristiano es más intensa
y también implacable, porque el creyente posee dos naturaleza
que se hacen la guerra: la carne y el Espíritu.
A lo largo de la historia los cristianos hemos anhelado un
alivio de esta guerra interna. Algunos han buscado poner fin
al conflicto apartándose de la sociedad, así como los Padres
del desierto, del siglo IV d.C., que vivían en las regiones
baldías de Siria y Egipto, donde esperaban escapar de la
tentaciones que se producen el mundo, es decir en la misma
sociedad que nos rodea. En algunos casos los mismos
cristianos se cierran en todo, pareciera que son muy
extremistas, pero está el poder del Espíritu Santo, quien
realmente da por sentado, eliminando el pecado personal y
luego el original, llevando un fruto completo por medio del
Espíritu Santo, llevando una vida de santidad, consagrándose
todo por completo.
Aunque el poder del Espíritu, reine en nuestras vidas,
eliminando los deseos de la carne, el conflicto seguirá
existiendo en este mundo, es cuando recibimos a nuestro Señor
Jesucristo, ya sea en el ya y luego en el todavía, hasta
cuando seamos transformados en la segunda venida.
De cierto modo no se debe huir de la sociedad, de nada sirve,
pero la lucha siempre nos acompañara a donde quiera que
vayamos, pero ahí está el Espíritu Santo, quien nos
fortalece, nos capacita para ir adelante en el camino de la
verdad.
Al hablar de la naturaleza de la lucha entre la carne y el
Espíritu en la vida del creyente, es una lucha que nadie
puede vencer por medio de la fuerza humana, sino que está el
Espíritu Santo está, por un lado, el otro está los deseo de
la carne. Puesto que poseemos dos naturaleza, estamos,
literalmente, en ambos frentes de conflicto. La parte
espiritual que hay en nosotros desea lo que es espiritual, y
detesta la carne, como si dijera, el mismo Apóstol Pablo en
otro de sus escritos, el querer está en mí, pero hay algo que
está dentro de mi que no me deja hacer, antes de que sea
totalmente santificado, hay dos mundos que lucha, para tomar
rienda, por un lado está los poderes del pecado, y por otro
lado, está lo que el poder del Espíritu Santo, por eso se
menciona que detesta las obras de la carne, pero no obstante,
nuestra parte carnal anhela las cosas de la carne y se opone
lo que es espiritual. Debido a que la mente convertida es
demasiado débil para resistir la carne por sí misma, la única
esperanza que tenemos de extirpar la obras de la carne es
decidir cada dia, alinearnos con Espíritu Santo, por eso
insiste Pablo tanque en que elijamos andar en el Espíritu.
(Gálatas 5:16).
Entonces, ¿Qué quiere decir Pablo en el versículo 16: “vivan
por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza”
(NVI)? Pablo lo que está diciendo que, si vivimos la vida en
armonía con el Espíritu de Dios, los deseos pecaminosos que
tenemos, no tienen porque materializarse del todo. Así, “
vivir la en el Espíritu no impide que tengamos deseos
carnales, pero si que nos da el poder de evitar actuar para
realizar esos deseos, aunque el pecado persiste en la vida
cristiana, puesto que vivimos en el mundo que está lleno de
pecado, pero el Apóstol Pablo tranquiliza a sus conversos de
que, gracias a la presencia del Espíritu que está en el
creyente, por reina en la vida del creyente los frutos del
Espíritu Santo, por eso no reina el pecado.
Estos dos conceptos paralelos de los versículos 16 y 17
también los podemos encontramos representados gráficamente en
Romanos 7 y 8. Romanos 7 nos ilustra el conflicto presentado
en Gálatas 5:7 describiendo las desastrosas consecuencias de
loas que intentan, por su propia fuerza, vencer el deseo
pecaminosa (Romanos 7:17-23). Aunque saben lo que deben hacer
para evitar los deseos de la carne, se encuentran una y otra
vez inclinándose a las exigencias del deseo. Frustrados,
exclaman: “¡miserable de mí! ¿Quién me librara de este cuerpo
de muerte?” (Romanos 7:24). Pablo da la respuesta, a
continuación, cubre nuestra vida pecaminosa con su justicia
perfecta (Romanos 8:1)y luego obra en nuestra vida “para que
la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no
andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” en el
verso 4.
En los párrafos ya presentados el conflicto que existe entre
la carne y el Espíritu, en Gálatas 5:19-26, el apóstol Pablo
añade mas detalles sobre la naturaleza de esa contraposición
mediante una lista de vicios y virtudes éticos. La practica
de compilar un catálogo de vicios o virtudes era un rasgo
literario perfectamente establecido tanto en la literatura
judía como en la grecorromana. Tales listas identificaban la
conducta que debía evitarse y las virtudes que debían ser
emuladas.
En la literatura judía aparece en los escritos de Filón, un
autor judío de la lengua griega que vivió en Egipto en la
época de Cristo. En sus libros Filón cita un aproximado de
ciento cincuenta a vicios que acompaña a una persona que se
convierte en amante de placeres. Mencionemos algunos vicios:
“falto de escrúpulos, insolente, irascible, insociable,
conflictivo, apasionado, testarudo, grosero”.
Aunque Pablo era perfectamente consciente de las listas de
vicios y virtudes e incluso las empleo en su cartas por
ejemplo (Romanos 1:29-31; 1 Corintios 6:9,10; 1 Timoteo 3:2-
3), observemos un par de diferencias significativas en la
manera en que usa las dos listas que presenta. En primer
lugar, aunque contrapone las dos listas no se refiere a ellas
de misma manera. A la lista de vicios la denomina obras de la
carne, por otro lado, la lista de virtudes la llama el fruto
del Espíritu. Entre la distinción entre obras y fruto es
significativa. James Dunn lo expresa así: “la carne exige,
pero el Espíritu produce”. Es decir, una pone de relieve la
manipulación humana; y la otra la capacitación de la gracia
divina, por medio del ser interior.
En su comentario sobre Gálatas, Timothy George describe entre
estas dos listas, “las obras de la carne son el producto de
seres caídos”, que lucha con su propias fuerzas de manera
individual para tener éxito, esto ocurre en cuanto a los
ídolos de dinero, el sexo y el poder. Por otro lado, esta,
los frutos del Espíritu, “los que cultivan manzanas, naranjas
y melocotones saben que, por mucho que se empeñen en proteger
sus huertos del mal tiempo o de los mortífero insectos, al
terminar el dia el producto dado por un frutal es un don, no
es el resultado del ingenio humano ni de la destreza
agrícola. Así es también lo que el Espíritu Santo efectúa en
la vida de los creyentes, es un don de Dios, que efectúa
cuando el creyente es lleno del Espíritu Santo.
En la segunda diferencia fascinantes entre las dos listas del
aposto pablo es que su lista de vicios es denominada de forma
deliberadamente en numero plural que se refiere como las
obras de la carne. Por otro lado, está el fruto del Espíritu,
es singular, esta hace entender que las obras de la carne es
división, trastorno, divisionismo y desunión, es decir que el
pecado no tiene esa facultad de unir, en cuanto en la esfera
del Espíritu produce un fruto del Espíritu que se manifiesta
en nueve cualidades que fomentan la unidad. Todos se
complementa en uno, por medio uno tiene su fruto.
Por último, un estudio minucioso de lo vicios citados por
Pablo en Gálatas y otros lugares de sus Epístolas pone de
manifiesto que no pretendía que su lista fuese exhaustiva.
Pero parece que escogió vicios representativos que
corresponde a cuatro categorías básicas: Sexo, religión,
sociedad de intemperancia.
A diferencia de las quince palabras para las obras de la
carne, el fruto del Espíritu comprende únicamente nueve
virtudes elegantes, en Gálatas 5:22-24. Algunos eruditos de
la Biblia creen que Pablo organizo las nueve virtudes en
grupo de tres.
El hecho de que Pablo enumere el amor como la primera de las
nueve virtudes no es accidental. Puso el papel central del
amor en la vida cristiana en Gálatas 5:6 y 13 y también lo
sitúa de primero en sus listas de virtudes en otros pasajes
(2 Corintios 6:6; 1 Timoteo 4:12; 6:11; 2 Timoteo 2:22),
aunque todas las demás virtudes no aparecen en fuentes no
cristianas, el amor es claramente cristiano. Todo indica que
no debiéramos verlo de manera simple, sino como una virtud
entre muchas , como una virtud principal es la llave de todas
las demás. El amor es el don supremo del Espíritu y debe
definir la vida y las actitudes de todo cristiano.
Pablo presenta cinco verbos claves en Gálatas 5:16-29 que
muestran las sendas para experimentar plenamente el poder del
Espíritu en nuestra vida.
El primero verbo de Pablo dice que tenemos que “andar” en el
Espíritu. El hecho de que el verbo esté presente en una vida
de experiencia cotidiana, además es un mandato de andar en el
Espíritu, que significa que hemos de actuar por el Espíritu.
El segundo verbo es ser guiado, es el Espíritu que debe
guiarnos en nuestro diario vivir, el Espíritu ha de ser
nuestra guía en la vida. Es decir que debemos aprender a
discernir.
El tercero y cuarto es el verbo vivir, andemos, vivir, en esa
experiencia del nuevo nacimiento que debe ser renovada cada
dia, dado que vivimos por el Espíritu, el apóstol Pablo nos
indica que es necesario que andemos por Espíritu es “stoijéo”
es un termino militar que significa, literalmente, “disponer
en fila”, “marcar el paso” o “forma”. El Espíritu no solo nos
da vida, sino que debería dirigir nuestra vida de forma
cotidiana: Pablo vuelve a recalcar una relación en curso con
el Espíritu, igual que ha hecho con los verbos anteriores.
El ultimo verbo que emplea es “crucificar”. Si hemos de
seguir al Espíritu, hemos de decidir firmemente dar muerte a
los deseos de la carne. La crucifixión llega a ser una
realidad en nuestra vida cuando nutrimos nuestra vida
espiritual y, con la fortaleza del Espíritu, dejamos morir de
hambre a los deseos de la carne. Es cuando ocurre solamente,
que el Espíritu de Dios haga en nuestra vida lo que Dios ya
hizo por nosotros en el calvario.
CONCLUSION
La batalla entre la carne y el Espíritu es una realidad en
curso que exige nuestra vigilancia continua si queremos ser
fieles a Cristo. No podemos dormirnos en nuestros laureles
espirituales del pasado, ni podemos depender de la
experiencia espiritual del otro. En vez de ello debemos
renovar nuestra experiencia espiritual dia a dia, mantenernos
alejados de los deseos carnales, y solo Cristo debe reinar en
nuestras vidas, guiados por Espíritu Santo en nuestro diario
vivir. Siendo ya borrados por completo en nuestra vida, el
pecado original y el pecado personal, que es obra de la
gracia de Dios, que imparte por medio del Espíritu Santo.