La Conquista del Imperio
Inca
Publicado el 31 agosto, 2015 por laamericaespanyola
Uno de los dos grandes imperios americanos de su tiempo, el Imperio Inca, se estaba
desmoronando por la guerra civil que lo asolaba desde
la muerte de Huayna Capac en 1527. Había dejado heredero a su hijo Huáscar, y a su
hermanastro Atahualpa curaca o gobernador de Quito. El primero representaba a la clase
sacerdotal (Hurin) de Cusco y el segundo a la militar (Hanan). Ambas estaban enfrentadas
desde 1525. Atahualpa se sublevó contra Huáscar y le declaró la guerra en 1530.
Francisco Pizarro González, líder indiscutible de la conquista del imperio Inca, llegó a
América en 1502, en una gran armada al mando de Nicolás de Ovando. Tenía 24 años.
Pasó 15 años como militar en Centroamérica y conocía de primera mano las aventuras y
desventuras de Cortés en México. Su hermanastro
Hernando (por parte de padre) era primo segundo de Hernán Cortés. Llegó al Perú por
tanto, con mucha experiencia de como trabajar para ganar una guerra como esta, antes
incluso de haberla librado. Tenía una experiencia militar importante en la toma de nuevas
tierras y ponía en práctica lo que ya sabía y había visto que funcionaba en otros territorios.
Después de dos complicadas expediciones exploratorias previas de Pizarro en 1524
y 1526, Carlos V dispuso la redacción de un convenio para la exploración y conquista del
Perú, llamado Capitulación de Toledo. La firma, realizada el 26 de julio de 1529, le
autorizaba para dicha conquista. Ante la ausencia de Carlos V, la Reina y emperatriz
consorte Isabel de Portugal firmó el documento el 26 de julio de 1529.
Por esta Capitulación, Pizarro obtuvo la autorización para conquistar el Perú, fundar
ciudades, dentro de los límites de su gobernación que abarcaría una longitud de 200 leguas
(1.100 Km) a lo largo de la costa sudamericana del Pacífico, a partir del río Timbimpuela
(Santiago) en el norte del Ecuador hasta Chincha, en la costa central del Perú. Se le dio el
título de Adelantado, alguacil mayor, gobernador y capitán general del territorio adjudicado
y un sueldo de 725.000 maravedíes por año.
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Por la misma capitulación su socio Diego de Almagro ganó la jerarquía de hidalgo, fue
nombrado gobernador de la fortaleza de Tumbes y se le concedió una renta de 300.000
maravedíes al año.
Pizarro obtuvo ayuda y muchos beneficios, principalmente para él, cosa que en el futuro le
traería serias complicaciones con Almagro. En su estancia en España, le dió tiempo para ir
a Trujillo y convencer a sus hermanos y allegados para que lo acompañasen en la empresa.
Sus acompañantes más relevantes fueron Francisco de Orellana, futuro descubridor del
Amazonas, y su hermano Hernando.
A su vuelta, ya en América, Pizarro inició su tercer y definitivo viaje en Panamá el 20
de enero de 1531, partiendo en tres buques con 180 hombres y 37 caballos. Tocando como
primer punto la bahía de San Mateo, desde donde continuaría su viaje por tierra a través
Atacames, Concebí, Cojimies y Coaque. En esta región
fueron atacados por el mal de las verrugas
(bartonealiasis por picadura de mosca), pereciendo 60 hombres. Salieron de esta insana
comarca y pasaron por Puerto Viejo y Guancavilcas y aún se encontraban en este camino
cuando el cacique Tumbalá los invitó a visitar su isla Puná, en la cual Pizarro terminará
cerciorándose de que el Imperio de los Incas se debatía en una guerra civil.
El Imperio Inca se había formado solo 100 años años antes, cuando las etnias
cuzqueñas impulsadas por su 9º monarca Yupanqui Pachacuti obtuvieron la victoria
frente a la confederación de estados chancas en 1438. Se desplegaron desde su capital
en Cusco para aplastar a los muchos pueblos indígenas de la región. Finalmente su
hijo Tupac Inca Yupanqui, transformó su reino en un Imperio, alcanzando su
máxima extensión, desde el norte en el río Ancasmayo (Colombia), hasta el sur en Bio-Bio
(Chile) y el río Mule (Argentina). Su nieto Huayna Capac, mantuvo el inmenso Imperio,
pero desde 1529, se estaba produciendo una sangrienta guerra civil en la que habían
quedado aniquilados muchos pueblos y ciudades, e infinidad de gente había perdido la
vida. Cuando Pizarro y sus hombres tomaron contacto con aquel Imperio, ya no quedaba
tanto esplendor, había sido destruido poco tiempo antes, después de la muerte de Huayna
Capac. No sabían lo que realmente les aguardaba realmente en esa tierra, pero los incas no
dejaban de observar cada uno de sus movimientos.
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Una vez que fueron reforzados con 200 hombres de Hernando de Soto que había llegado de
Panamá (Soto venía acompañado de su amante Juana Hernández, la única mujer de la
comitiva), la expedición llegó a Tumbes en enero de 1532, un año después desde su partida.
Al llegar a esta ciudad, Pizarro ordenó a Hernando de Soto que tomara preso al cacique
Chilimasa en represalia porque los tumbesinos lo habían atacado. De Tumbes se trasladaron
a Poechos donde su cacique Maizavilca obsequió a Francisco Pizarro con uno de sus
sobrinos, al que le llamaron Martinillo (futuro Martín Pizarro).
La guerra civil entre los incas se decantó finalmente por Atahualpa que derrotó
a Huáscar en Quipaypan en abril de 1532. No por ello dejaba de estar enterado de la
llegada de los españoles y era puntualmente informado de sus movimientos.
Estando ya en el valle de Chira, en el lugar llamado por los indios Tangarara, Pizarro fundó
la primera ciudad española en Perú, con el nombre de San Miguel de
Tangarara (actual Piura) el 15 de Agosto de 1532. Aquí construyeron un fuerte donde se
quedaron 55 hombres a las órdenes del contador real Antonio Navarro.
El 24 de septiembre de 1532, la expedición de Pizarro partió de Piura para dirigirse a
Cajamarca. Allí le esperaba Atahualpa, recién vencedor de Huáscar a quien tenía
prisionero. Iban con él 102 hombres de infantería, 62 de caballería y 2 cañones. Después
de avanzar por la costa hacia el sur y ascender 2.750 metros hasta Cajamarca, entraron
en esta ciudad el 15 de noviembre de 1532.
Durante el ascenso comprobaron las terribles matanzas y represalias que el ejército
de Atahualpa había cometido contra los seguidores de Huáscar.
Inmediatamente Pizarro ordenó a Hernando de Soto y luego a su hermano Hernando
Pizarro que fuesen a los baños del Inca (Pultumarca a 6 Km ) a invitar a Atahualpa a cenar
esa noche en Cajamarca.
Los españoles llegaron atemorizados ante el gran ejército que Atahualpa tenía acampado a
media legua de Cajamarca, y por la crueldad mostrada con los derrotados.
Atahualpa no aceptó la invitación para esa noche, sino para el día siguiente, 16 de
noviembre de 1532. El nuevo Sapa Inca entró en la plaza de Cajamarca acompañado por un
impresionante ejército de 6.000 personas, con intención de atacar a los españoles si no
accedían a desalojar la ciudad. Fuera de la ciudad había quedado el resto de su enorme
ejercito con el general Rumuñahi al frente, por si se escapaba algún extranjero. Su actitud
era beligerante por la superioridad numérica de su ejército. Fueron recibidos por Hernando
de Aldana, el traductor Martinillo y el dominico Valverde. Al atardecer de aquel día, en la
plaza, el sacerdote español Vicente Valverde le exigió al Inca su conversión a la religión
católica y sus sometimiento a la autoridad del Rey de España. Atahualpa r
echazó aquel “requerimiento”, e indignado
amenazó a los españoles. Estos entonces atacaron sorpresivamente con armas de fuego,
caballos y espadas. Ocurrió una masacre, en medio de la cual el Sapa Inca fue capturado y
llevado al Amaruhuasi (casa de la serpiente), donde estaría cautivo ocho meses.
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En 1532, muchos de los habitantes del imperio sometidos a la dominación inca, estaban
dispuestos a aliarse con los españoles para deshacerse de su dominio. Para los recién
llegados fue un autentico golpe de suerte, aun con sus enormes avances tecnológicos no
eran desde luego un ejército formidable. Los primeros en unirse a ellos fueron los
derrotados seguidores de Huáscar.
Según cuenta el Inca Garcilaso, Atahualpa menospreció a Francisco Pizarro una vez que
descubrió que no sabía leer. Los incas consideraban que los superiores debían aventajar a
los inferiores tanto en la guerra como en la paz.
Atahualpa ofreció un gran tesoro (oro, plata y otras joyas) por su liberación. Durante su
cautiverio, se hizo muy amigo de Hernando Pizarro. Hernando le enseñó a jugar al ajedrez
y compartía con él muchas horas en dicha actividad. Por otra parte, estando
preso, Atahualpa consiguió enviar un mensaje a los suyos para que matasen
a Huáscar que estaba prisionero de su ejército, cosa que consiguió.
También mandó llamar a su hermana Quispe Sisa, a su vez hija de Huayna Capac y de
Contarhucho (curaca de Huaylas) y se la entregó a Pizarro para
que se casara con ella. Inés se convirtió en la primera esposa de Francisco Pizarro. Se
casaron por el rito inca. También conocida como Inés Huaylas Yupanqui, de este
matrimonio nacieron Francisca y Gonzalo Pizarro Yupanqui.
Los hijos de Pizarro fueron por tanto sobrinos del Emperador Inca que él mismo había
reconocido y nietos del gran Huayna Capac.
El 14 de abril de 1533 llegó un nuevo refuerzo de Panamá con Diego de Almagro, que
traía 180 hombres y 84 caballos.
Al final del cautiverio del Inca, anunciaron a Francisco Pizarro que había cerca de 50.000
hombres que se acercaban a Cajamarca con el fin de liberarlo y entonces tomó la difícil
decisión de ejecutarlo. Envió a Hernando fuera de Cajamarca a comprobarlo y finalmente
decidió hacerlo, siendo apoyado por los seguidores de Huáscar. Según su manera de ver la
vida y la guerra, no le quedaba otra posibilidad. Había que actuar rápido.
Después de muerto Atahualpa, su ejercito no se desmovilizó y permaneció acechante al
mando de prestigiosos generales, hostilizando a los españoles sin tregua.
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A pesar de ello, Pizarro salió de Cajamarca con destino Cusco el 11 de Agosto de 1533,
nueve meses después de haber llegado a la ciudad. Se formó una gran comitiva,
acompañados por indígenas conocedores del territorio y guerreros de Huáscar. Sobre un
terreno abrupto llegaron a Huamachuco, siguieron a Andamarca y Huaylas, la tierra
de Quispe Sisa. Luego Tarama, Bombón y Hatun Xauxa. Los huancas celebraron su
venida (pensaban que saldrían de la esclavitud de Atahualpa) y consideraban a los
españoles sus salvadores, por lo que se unieron a ellos.
El 9º Inca Pachacuti había infligido a los huancas un enorme castigo por haberse
sublevado contra su imperio. Mandó cortar las dos manos a los hombres y la mano derecha
a las mujeres. Desde entonces habían estado sometidos al estado Inca.
Pizarro primero llegó a Xauxa el 11 de octubre (habían tardado 2 meses desde Cajamarca
en subir y bajar la empinadas tierras de los Andes). Veinte días después salieron
hacia Cusco, enviando en vanguardia a Hernando de Soto. Pasaron por Parcos, Vilcas y
Vilcashuaman. Continuamente hostigados por el ejército de Atahualpa, al final Diego de
Almagro tuvo que socorrer a Hernando de Soto que estuvo a punto de perecer en una de las
emboscadas.
Pasaron por Xaquixahuan y antes de entrar en Cusco sufrieron un nuevo ataque en el que
desertaron de las filas de los ejércitos de Atahualpa los escuadrones de chachapoyas y
cañaris que se pasaron y unieron a los españoles.
El 15 de noviembre de 1533, Pizarro y sus soldados acompañados por guerreros huancas,
chachapoyas, cañaris y seguidores de Huáscar, entraron en la ciudad de Cusco, la ciudad
imperial, capital del Tahuantinsuyo, el ombligo del mundo. Casi tres años habían pasado
desde que salieron de Panamá.
La magnífica ciudad se hallaba situada en un valle a 3.400 metros de altitud sobre el nivel
del mar y estaba rodeada de altas montañas nevadas.
De acuerdo con sus nuevos aliados incas, los seguidores
de Huáscar, Pizarro nombró a Manco Inca, hermano de Atahualpa, como nuevo
emperador.
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El 23 de marzo de 1534, Pizarro refundó la ciudad española de Cuzco.
88 hombres se registraron para quedarse a
vivir en la ciudad. Entre otros estaban Diego de Almagro, Hernando de Soto, Gabriel de
Rojas, Juan Pizarro, Alonso Riquelme (tesorero), Antonio Navarro (contador) y Gonzalo
Pizarro. Beltrán de Castro y Pedro de Candía fueron nombrados Alcaldes ordinarios. No se
registraron mujeres.
Pizarro refundó la ciudad de Xauxa con el nombre de Santa Fe de Hatun Xauxa, el 25 de
Abril de 1534.
Al año siguiente, el 18 de enero de 1535, fundó la Ciudad de los Reyes (Lima) en la costa.
Se encontraba en el valle del río Rimac a donde decidieron trasladarse muchos vecinos
de Xauxa.
Manco Inca descontento con el papel que jugaba y con lo que veía, se rebeló en abril de
1536, asediando Cuzco desde el 3 de Mayo con 200.000 hombres. El asedio duró 14
meses. Pizarro intentó romper el cerco con varias expediciones que fueron aniquiladas.
El 5 de septiembre 40.000 guerreros de Manco Inca atacaron también La Ciudad de los
Reyes, donde se encontraba Pizarro. Cuando estaba a punto de caer la ciudad, el 12 de
octubre fueron liberados por 1.000 guerreros enviados por Cortahucho, la madre de Inés
Huaylas y por 300 hombres de Alonso de Alvarado. Estos guerreros del norte del Perú no
eran “amigos” de los Incas cuzqueños. Habían sido conquistados por ellos y no les
guardaban ningún buen recuerdo.
Hasta el 29 de Mayo de 1537 no fue liberada Cuzco, cuando volvió de Chile la expedición
de Almagro (2 años después de su partida). Los españoles contaron con la alianza de los
huancas, chachapoyas y cañaris. Murieron 1.000 españoles y Cuzco quedo destrozada.
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Manco Inca se retiró a Ollantaytambo y a Vitcos en la selva de Vilcabamba a 165 km
de Cuzco. Desde allí mantuvo una guerra de guerrillas durante varios años.
En 1538 Pizarro, se separó de Inés y se unió con una prima de Atahualpa, Cuximaray
Ocllo (Angelina Yupanqui). Prima, por partida doble, de Atahualpa. Su padre y su madre
eran tíos carnales de Atahualpa. Procedente también de la sierra norte, Angelina había sido
designada por Huayna Capac, su tío, para que fuera esposa y madre de los hijos
de Atahualpa, su primo. Pero de ningún modo Angelina formaba parte tampoco de la
“familia” o “panaca” real. De Angelina nacieron el tercer y cuarto hijos de Pizarro,
Francisco y Juan Pizarro Yupanqui. Toda su descendencia llevaba por tanto, la sangre de
los incas.
Ya en 1540, en nombre de Pizarro, Garci Manuel de Carvajal fundó Arequipa el 15 de
Agosto, con el nombre de “Villa Hermosa de Nuestra Señora de Asunta”.
El imperio fue pacificado y controlado y desde 1542 hasta 1824 constituyó el Virreinato del
Perú. Pizarro había muerto en la Ciudad de los Reyes en 1541. Manco Inca murió en
Vilcabamba en 1544.
En línea con lo acontecido en México diez años antes, los dos grandes imperios americanos
fueron conquistados por otro más poderoso. Aprovechando sus debilidades y explotando la
división existente, Cortés en México y Pizarro en Perú, se hicieron con el control.