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La Empatía: Clave para Conectar

Este documento trata sobre la empatía y su importancia para las relaciones humanas. La empatía es la capacidad de percibir y comprender los sentimientos y perspectivas de otras personas y preocuparse por su bienestar. El documento explica que la empatía es fundamental para crear y mantener vínculos significativos, resolver conflictos de manera no violenta, y mejorar la convivencia entre los individuos y la sociedad.

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La Empatía: Clave para Conectar

Este documento trata sobre la empatía y su importancia para las relaciones humanas. La empatía es la capacidad de percibir y comprender los sentimientos y perspectivas de otras personas y preocuparse por su bienestar. El documento explica que la empatía es fundamental para crear y mantener vínculos significativos, resolver conflictos de manera no violenta, y mejorar la convivencia entre los individuos y la sociedad.

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Empatía, el arte de entender a los demás

Resumen

La Empatía es la percepción que tenemos sobre una persona con relación a lo


que piensa, siente o hace considerando las emociones, necesidades y problemas
para poder entender que es lo que sucede que origina sus reacciones, lo que
piensa y lo que siente. La empatía ayuda a fortalecer vínculos con la familia
primordialmente, los amigos y la sociedad en su conjunto. Este estudio nace con
la necesidad de comprender a las personas, sus pensamientos y sus acciones
poniéndonos “en los zapatos de otros” para entender mejor a los mismos. El
objetivo del presente trabajo es demostrar que la Empatía es una habilidad
necesaria para entender y crear nuevas relaciones de sincronía con el mundo que
nos rodea entendiendo las motivaciones, limitaciones y realidades de las
personas. Para la realización de este artículo se revisaron libros y publicaciones
sobre empatía y se llegó a la conclusión de que la empatía es necesaria en
cualquier ámbito de la vida para entendernos y comunicarnos mejor.

Palabras clave: Motivación, Impulso, Esfuerzo, Voluntad.


Introducción
Desde la antropología, la ciencia cognitiva, la filosofía, la neuropsicología, la
psicología del desarrollo, la primatología y la sociología se ha mostrado interés por
la empatía, acordando que es sumamente importante para el ser humano, pero
con cierta controversia sobre su origen, su formación y sus efectos.
Al hablar de empatía hablamos de un concepto relativamente nuevo, introducido
por primera vez por el psicólogo Theodor Lips en 1903. Desde entonces el
concepto se ha ido extendiendo y han surgido varias definiciones encargadas de
explicar esta capacidad natural, compartida con otros mamíferos –como los
chimpancés, los elefantes, las ballenas o los delfines– capaces de percibir y
reaccionar al dolor dando respuestas solidarias.
Definimos la empatía como la capacidad de captar lo que otro piensa y necesita y
la conexión sincera con su sentir como si fuera propio –a pesar de que no sea lo
mismo que uno pensaría o sentiría en la misma situación– sintiendo a la vez el
deseo de consolar y de ayudar. Significa ir más allá de la focalización con uno
mismo, significa salir del propio yo para abrirse a los demás. Esta capacidad
predispone no solo a sentir el sufrimiento sino a compartir también la dicha y a
participar de la alegría de otra persona.
A nivel neuronal el ser humano está preparado para sentir a otro, experimentando
lo que siente y hace, como si estuviéramos en su piel, vibrando con su sentir. No
proviene de imperativos religiosos ni de obligaciones impuestas por las normas
sino del sentido de humanidad que de una manera natural todos poseemos. La
evolución nos ha asegurado la capacidad de preocuparnos por los demás
haciéndonos animales gregarios con impulsos instintivos para protegernos unos a
otros para favorecer la supervivencia, tanto individual como grupal. Para sobrevivir
estamos programados para la lucha, pero también para el altruismo. La empatía
puede ser cognitiva y emocional.
La empatía que más nos humaniza comprende las dos capacidades a la vez, con
una conexión y participación emocional profunda con otra persona, acompañada
de una evaluación cognitiva, poniéndose en marcha una actitud activa dirigida a
aliviar el sufrimiento cuando se producen sentimientos dolorosos. Las dos
variantes de empatía se basan en circuitos cerebrales diferenciados.
La empatía cognitiva implica tener pensamiento en perspectiva para imaginar qué
piensa y siente otro: Sé qué sientes. Sé qué piensas. Mientras que la empatía
emocional conlleva: Siento lo que sientes, es decir, emocionalmente se sienten las
emociones que siente la otra persona. Anteriormente a la empatía emocional y a la
cognitiva tiene origen una empatía primigenia. Se contagia la risa, se contagia el
llanto, se contagia el bostezar. Podríamos decir que esta es una muestra de
sensibilidad compartida y se puede considerar la primera empatía, la más básica y
la que nos muestra la sincronización con los cuerpos de los demás, como las aves
migratorias sincronizan necesidades comunes que las empujan a emprender el
vuelo para un largo viaje. Esta sensibilidad es anterior a la actividad consciente.
Tener la perspectiva de otro –empatía cognitiva– comprender sus reacciones,
comprender cómo se siente, pero sin compartir el sentir, es una forma parcial de
empatía. Esta capacidad incluso puede ser utilizada con fines contrarios a la
empatía y se puede convertir en una forma de utilitarismo, ya que permite la
manipulación. Conocer lo que hiere puede ser usado con crueldad. La extorsión y
la tortura justamente se basan en saber conocer lo que otro necesita, piensa y
siente.
DEFINICION DE EMPATIA
La empatía es la intención de comprender los sentimientos y emociones,
intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo.
La palabra empatía es de origen griego “empátheia” que significa “emocionado”.
La empatía hace que las personas se ayuden entre sí. Está estrechamente
relacionada con el altruismo - el amor y preocupación por los demás - y la
capacidad de ayudar.
Cuando un individuo consigue sentir el dolor o el sufrimiento de los demás
poniéndose en su lugar, despierta el deseo de ayudar y actuar siguiendo los
principios morales.
La capacidad de ponerse en el lugar del otro, que se desarrolla a través de la
empatía, ayuda a comprender mejor el comportamiento en determinadas
circunstancias y la forma como el otro toma las decisiones.
La persona empática se caracteriza por tener afinidades e identificarse con otra
persona. Es saber escuchar a los demás, entender sus problemas y emociones.
Cuando alguien dice "hubo una empatía inmediata entre nosotros", quiere decir
que hubo una gran conexión, una identificación inmediata.
La empatía es lo opuesto de antipatía ya que el contacto con la otra persona
genera placer, alegría y satisfacción. La empatía es una actitud positiva que
permite establecer relaciones saludables, generando una mejor convivencia entre
los individuos.
La empatía no es un agregado superficial, adicional, liviano, de la vida moral. Es
un factor esencial para la resolución de conflictos. Personas que han sufrido dolor,
frecuentemente responden infligiendo dolor a otros. El resultado conduce a la
violencia, a veces emocional, otras veces física, dirigida contra individuos e incluso
contra grupos enteros. La única alternativa genuina, no violenta, es poder ingresar
en el dolor de la otra persona, de tal manera de que sepa que ha sido
comprendida, su humanidad reconocida y su dignidad afirmada. Pero la empatía
activa cambia la vida, no solo para uno sino también para la gente con la que uno
interactúa. En lugar de responder con enojo a la ira de otra persona, es necesario
intentar conocer el motivo del enojo. En general, si la intención es la de tratar de
cambiar el comportamiento de alguien, es necesario ubicarse en su mente, ver el
mundo a través de sus ojos y tratar de sentir lo que siente esa persona, y luego
decir la palabra o actuar de tal forma que apele a sus emociones, no de las de uno
mismo. Muy poca gente lo logra. Los que sí pueden hacerlo, cambian el mundo.

LA EMPATIA COMIENZA DENTRO


Freud observaba: "Los mortales no pueden guardar ningún secreto. Si sus labios
callan, chismean con la punta de los dedos; la traición se abre paso a través de
todos los poros". El jugueteo nervioso del negociador desmiente su expresión
impávida; el estudiado desinterés del cliente que discute el precio de un auto se
contradice con las miradas entusiastas que hecha al convertible codiciado. Saber
detectar esas pistas emocionales es sumamente importante en aquellas
situaciones en que alguien tiene motivos para disimular sus verdaderos
sentimientos, cosa habitual en el mundo de los negocios. Percibir lo que otros
sienten sin decirlo es la esencia de la empatía. Rara vez el otro nos dirá con
palabras lo que experimenta; en cambio, nos lo revela por su tono de voz, su
expresión facial y otras maneras no verbales. La capacidad de percibir esas
comunicaciones sutiles nace de aptitudes más básicas, sobre todo del
conocimiento de uno mismo y del autodominio. Si no podemos percibir nuestros
propios sentimientos (o impedir que nos ahoguen) nos veremos irremediablemente
fuera de contacto con los estados de ánimo ajenos.
ESCUCHA ACTIVA
La escucha activa es escuchar con atención lo que el otro dice con su
comunicación verbal no verbal, con la mirada, tono de voz, postura, etc. Para que
se pueda producir una verdadera escucha activa, es necesario estar en un estado
de atención plena o consciente, lo que permite advertir de forma evidente los
estímulos que nos llegan del exterior. La atención consciente se trata de que quien
escucha se centre de manera exclusiva en la otra persona durante un tiempo
determinado, es decir, lo que se llama “detener la mente”, no pensar en nada, solo
estar concentrado en lo que el otro está diciendo, teniendo interés por todo lo que
se escucha y se observa sin juzgarlo.
Nuestra mente a través del juicio clasifica, escoge, desecha, aprueba y
desaprueba y lo hace con sus propios baremos o parámetros los cuales se han ido
construyendo desde la infancia
producto de la educación, personalidad, experiencia, etc. Al juzgar, sin ser
conscientes de ello, “desconectamos” de lo que el otro dice, dejamos de
escucharle, pasamos de estar centrados en el diálogo exterior para conectar con
“nuestro diálogo interior” (pensamientos, sentimientos, valores, expectativas, etc.)
alejándonos de la posibilidad de ser empáticos.
Escuchar activamente es un acto intelectual, igual que pensar, juzgar, adivinar o
cualquier otro acto realizado por la mente. Y aunque creamos lo contrario, no se
pueden realizar bien con consciencia dos actos intelectuales simultáneos. Prestar
atención plena requiere realizar un esfuerzo físico y mental considerable para
evitar las distracciones que ejercen otros estímulos. Se puede entrenar y de esta
manera estaremos emocionalmente más predispuestos a comprender al otro.

COMPRENSION
La comprensión es la actitud que surge de prestar atención plena e implica estar
abiertos a explorar el mundo del otro para entender sus sentimientos y
necesidades fundamentales. Comprender es ver con “naturalidad” los actos y
sentimientos de los demás, sin juicios, ni condenas, sino con la convicción de que
cualquiera de nosotros podemos caer en lo mismo. Las personas que en la
infancia han sido nutridas afectivamente, porque han sido aceptadas, cuidadas y
queridas, tienen más capacidad para comprender a los demás, porque tienen
menos miedo a que si lo hacen renuncien a sí mismas. La comprensión no implica
tener simpatía ni antipatía al otro, sino simplemente entenderlo sin juzgarlo.
Además, tener comprensión es aplicar la compasión más la acción, lo que nos
lleva a proponer, sugerir o establecer los medios que ayuden a los demás a
superar el estado por el que actualmente pasan. Comprender no significa estar de
acuerdo con el otro, ni implica dejar de lado las propias convicciones y asumir
como propias la del otro.
Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien sin por ello dejar de
ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias
motivaciones. Pero para poder realizar esto sin temor es importante desarrollar
también la competencia del asertividad.
ASERTIVIDAD
Como lo importante no es tan tanto comprender al igual, sino hacerlo con el
diferente y poder empatizar con él sin renunciar a uno mismo, es necesario
desarrollar también el asertividad. Asertividad es una palabra que procede del latín
“asertum” que significa poner en claro, afirmar e implica tener la capacidad para
expresar o transmitir lo que se quiere, piensa, siente o necesita, sin incomodar,
agredir o herir los sentimientos de la otra persona. Es valorar tanto la propia
perspectiva como la del otro, sin sentirse amenazado por la diferencia, pero sí
reforzado por la convicción de que, aunque se comprende al otro se defiende
también la propia postura y se busca desde el respeto una alternativa que
beneficie a ambos o perjudique lo mínimo posible. Por ello, en este modelo, a la
asertividad le antecede la comprensión, la cual nos facilita que estemos más
preparados para respeta al diferente y poder leer de una forma más adecuada las
necesidades del distinto y empatizar con él, y en base a ello, poder reajustar
nuestro actuar para lograr desde la sinceridad y el respeto el mutuo beneficio.
NACEMOS EMPATICOS
Entonces, ¿hay algo en nuestra biología que nos hace empáticos por naturaleza o,
como defienden otros, es un aprendizaje cultural?
“Tenemos que venir preparados de serie por fuerza, porque un plátano no podrá
nunca llegar a ser empático y nosotros sí –sentencia Arcadi Navarro–. Ahora bien,
de ahí a decir que los humanos somos empáticos por naturaleza hay un buen
trecho”. Sí es cierto, agrega, que hay algunas características en los seres
humanos que les hacen capaces en distintos grados de ser empáticos.
Si hay que aprenderlas o las llevamos incorporadas de serie es poco relevante
para este investigador. “Nos caracterizamos –recuerda– por una co-evolución
clara entre naturaleza y aprendizaje, genes y ambiente. Hay muchas cosas para
las que estamos programados para aprender [como el lenguaje]. Tal vez por eso
los bebés son menos empáticos que un adulto”.
Algunos animales también parecen demostrar cierta empatía. Jean Decety,
investigador de la Universidad de Chicago y uno de los expertos más prominentes
en el estudio de la moral, la empatía y la conducta pro social, realizó un
experimento: colocó a una rata atrapada en un tubo de plástico transparente, de
manera que otros roedores pudieran verla. Y estos se lanzaban a intentar
rescatarla, a pesar de que podían optar por ir a engullir chocolate, que les chifla.
¿Eran empáticos? En cierta forma sí, dice Wassmann, que puntualiza que hay que
distinguir diversos mecanismos dentro de la empatía.
El más básico se activa al ver a otro, como cuando un bebé se pone a llorar
porque ve a otro en pleno berrinche.
Hay mecanismos más complejos, como el que permite identificarse con otra
persona; o el que hace posible que se comprenda la situación de otra persona.
Los primeros mecanismos los compartimos con los animales, el tercero es
genuinamente humano. “Para desarrollar una conducta completamente empática,
necesitas el córtex pre frontal, el cerebro social, propio de las personas”, dice
Wassmann.
Una de las teorías neuro-científicas con más peso señala que el cerebro social del
que habla Wassmann se formó hace unos 3,5 millones de años, cuando los
primeros humanos salieron de la selva y empezaron a necesitar una mente más
compleja que les permitiera pensar en los demás, en sus congéneres.
Ser empáticos para sobrevivir. “Hay una hipótesis que usa una metáfora bíblica y
afirma que debemos nuestro cerebro al hecho de que nos expulsaron del paraíso”,
señala Òscar Vilarroya, impulsor de la cátedra El cerebro social, de la UAB. En un
momento determinado, nuestros ancestros se quedaron en la frontera entre la
selva y la sabana y en esa situación era esencial la confianza en los demás
integrantes del grupo para avanzar, porque había innumerables peligros.
“Era clave interpretar la conducta del otro y la empatía permitió desarrollar una
herramienta de pensamiento social muy potente para entender qué pasa a tu
alrededor y actuar en tu beneficio o el de los tuyos”, dice el neurocientífico.
EMPATIA E INTELIGENCIA EMOCIONAL
Hoy todos hemos oído hablar de la inteligencia emocional, e incluso muchos
habremos leído diferentes libros sobre inteligencia emocional y en especial el de
Daniel Goleman.
En resumen, la Inteligencia emocional es el sistema en el que se engloban todas
las habilidades relacionadas con la comunicación entre el individuo y los
sentimientos (ya sean propios o ajenos).
La Inteligencia emocional está compuesta por cinco destrezas: autoconciencia,
autocontrol, auto motivación, habilidades sociales y la empatía.
CAPACIDAD EMPATICA Y DESARROLLO DE LA EMPATIA
Los seres humanos no nacemos siendo empáticos, sino que la empatía forma
parte de nuestro correcto desarrollo emocional y social comenzando a
desarrollarse desde la infancia y tomando especial importancia en la adolescencia.
Por ello, la actitud y la educación emocional de los padres es fundamental para
que un niño desarrolle empatía.
Figura1. Capacidad empática.
La empatía por tanto no es un don, ni un rasgo genético o de nacimiento, es una
competencia o habilidad y como tal todos podemos desarrollarla si lo deseamos.
Una persona puede aumentar su capacidad de empatía observando con más
detalle a los demás mientras habla con ellos, prestándoles toda su atención y
observando todos los mensajes que esa persona transmite, esforzándose por
ponerse en su lugar y “leer” lo que siente.
TIPOS DE EMPATIA
Existen tres tipos de empatía:
La Empatía Cognitiva: Es la que se percibe cuando uno ve cómo son las cosas
que ocurren y adopta la perspectiva del otro. Las personas con este tipo de
empatía las podemos encontrar en el ámbito organizacional o de la empresa. Un
ejemplo de empatía cognitiva es la del líder que logra que sus trabajadores
obtengan buenos resultados porque consigue explicar las cosas de forma que le
entiendan y eso hace que estén motivados. También ejecutivos con gran empatía
cognitiva, tienen puestos en el extranjero porque captan las normas de otra cultura
con mayor rapidez.
La Empatía Emocional: Es la base de la compenetración y de la química, es
sentir a la otra persona, hacerle ver que nos hacemos cargo de su situación. Las
personas que destacan en empatía emocional son buenos consejeros, maestros,
profesores, tienen cargos de responsabilidad en la atención con el cliente y líderes
de grupos que gracias a esa capacidad y tipo de empatía detectan las reacciones
en los demás en el momento.
La preocupación empática: Las personas con esta empatía, sienten la
preocupación, notan que los demás necesitan esa ayuda y se la ofrecen
incondicional y espontáneamente. Son aquellas personas que pertenecen a un
grupo, una empresa o una comunidad, los que ayudan a los demás sin más y
porque les agrada hacerlo cuando lo necesitan.
5 CARACTERISTICAS DE LA EMPATIA QUE SON EJEMPLO DE SU
IMPORTANCIA
La empatía es la capacidad de identificarnos con lo que el otro siente o piensa, de
compartir sus sentimientos y emociones. Es una forma saludable de relacionarnos
con las otras personas, y establecer relaciones constructivas y enriquecedoras.
De allí que sea una habilidad social sumamente relevante en nuestras relaciones
familiares, escolares y profesionales. Por eso, a continuación, te decimos cuáles
son las cinco características de la empatía que son ejemplo de su importancia.
1. Saber escuchar
Saber escuchar es una característica fundamental de la empatía. A las personas
empáticas les gusta establecer relaciones enriquecedoras y constructivas.
Siempre están dispuestas a escuchar al otro y son muy buenas conversadoras.
Por eso, cuando alguien está enojado o triste es importante darle la oportunidad
para expresar el porqué.
2. Comprender al otro
La empatía también supone la capacidad de comprender los sentimientos,
emociones e ideas de la otra persona; no solo aquello que el otro es capaz de
expresar verbalmente, sino también todo aquello que manifiesta con sus gestos,
comportamientos y decisiones.
Una persona empática es capaz de comprender al otro al punto de poder sentir lo
que la otra persona siente y de entender sus estados mentales de manera sincera.
En la empatía hacemos que el otro se sienta comprendido. Así, cuando
reconfortamos a alguien en momentos difíciles, estamos teniendo una actitud
empática.
3. Identificarse con el otro
Ser empáticos es también ser capaces de ponernos en el lugar del otro, entender
de manera honda y sincera lo que piensa o cree, lo que siente o le preocupa, lo
que lo hace sufrir o alegrarse.
Así, una persona empática puede ponerse en la situación emocional del otro y
entender de manera profunda sus sentimientos, miedos o creencias.
Esto se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando alguien nos intenta mostrar las
soluciones a un problema recordando que también ha pasado situaciones
similares en el pasado.
4. Ser solidarios
Una persona empática tiene una elevada sensibilidad hacia lo que sienten o
padecen las otras personas. Por eso, la empatía tiene mucho que ver con la
solidaridad, con las ganas de ayudar al otro, especialmente cuando pasa por una
situación de necesidad. Un ejemplo de esto es ayudar a un amigo que está
pasando por un momento difícil.
5. Ser respetuosos
En definitiva, ser empáticos también implica respetar al otro en sus sentimientos,
ideas, conductas, decisiones y, en suma, en su forma de ser y afrontar la vida,
aunque no estemos de acuerdo ni sea de nuestro agrado.
Por eso, la empatía es un valor fundamental para vivir en sociedad, porque nos
permite comprender a las otras personas y respetar la forma en que manifiestan
sus ideas, sentimientos e inquietudes frente al mundo.
Somos empáticos cuando, por ejemplo, apoyamos a nuestros familiares, amigos o
colegas cuando emprenden aventuras o proyectos que, a veces, no podemos
entender del todo.

¿COMO POTENCIAR LA EMPATIA?


1. Hablar con extraños: la gente sumamente empática alberga la
curiosidad de un niño y encuentra al resto más interesante. Su
interés por la naturaleza humana les invita a conversar con
extraños, expandirse y conocer personas con visiones muy
diferentes aprovechando cualquier situación cotidiana.
2. Desafiar prejuicios y descubrir puntos comunes: las personas
empáticas se alejan de una concepción del mundo plagada de
clichés e ideas preconcebidas. Adquieren un espíritu
independiente al tiempo que tolerante a la búsqueda de compartir
con la gente en lugar de destacar los aspectos que los dividen.
3. Probar la vida de los otros: nos educamos en conocimiento y
este deviene de la experiencia: probar y equivocarse. Siempre es
positivo asistir a ritos religiosos diferentes al nuestro, pasar unas
vacaciones como voluntario en un país en vías de desarrollo…
toda acción enriquece al humanista.
4. Escuchar y abrirse: una persona con alta empatía no duda en
escuchar sinceramente a los demás y hace todo lo posible por
comprender su estado emocional. También vive desprovista de
máscaras y revela sus sentimientos, así crea un vínculo empático
con los demás.
5. Inspirar la acción de masas y cambio social: una actitud
empática puede movilizar conciencias para una revolución social.
Ejemplos como la preocupación global por las víctimas de algún
desastre natural de gran magnitud. Las redes sociales pueden ser
el futuro de la conexión empática.
6. Desarrollar una ambiciosa perspicacia: aplicar la empatía con
los enemigos a modo de “empatía instrumental” al igual que
Gandhi en su resistencia no violenta. También afecta al área
empresarial para dominar los constantes cambios con el respaldo
de un buen liderazgo.
UNA ACTITUD QUE TIENE QUE VER CON UN INSTINTO
Como el ser humano es un ser gregario, es decir, que está acostumbrado por
naturaleza a convivir con otras personas, la vida en conjunto es parte de la
esencia que nos define y por lo tanto es muy difícil o casi imposible vivir
absolutamente aislados y alejados de toda civilización.
En esta convivencia surgen diferentes comportamientos que son también
inherentes a la cualidad humana y que pueden ser desde los más sensatos y
solidarios o egoístas y malvados. Entre ellos encontramos a la empatía, aquella
cualidad que hace que una persona sienta o se emocione ante el sufrimiento del
otro. Entendida como una forma tal vez abstracta de solidaridad, la empatía es lo
que nos permite sentir que otra persona no está bien y por lo tanto, al sentir ese
sufrimiento en nuestro cuerpo y alma, actuar para ayudar a esa persona a que
salga adelante o al menos consolarla.

EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL


Para poder comprender mejor por qué se da la empatía en una persona es
interesante señalar que la misma tiene que ver con la habilidad de desarrollar a su
vez ciertos niveles de inteligencia emocional, aquello que nos hace ser sensibles y
permeables al sufrimiento tanto propio como ajeno.
Mientras hay personas que son educadas y criadas sin el más mínimo interés por
desarrollar inteligencias emocionales, pero sí tal vez cognitivas, también hay
personas que debido al modo en el que han sido criadas o incluso por
experiencias vividas, poseen una alta sensibilidad hacia lo que les pasa a los
demás y por lo tanto dan muestras de una mayor empatía ante situaciones de
dolor o sufrimiento.
IMPORTANCIA DE LA EMPATIA
Para cualquier área de la vida, es necesaria una dosis de empatía bien regulada
por los sentimientos, y controlada adecuadamente, con el fin de establecer
relaciones de convivencia agradables y satisfactorias.
En cualquier ámbito del día a día, familia, trabajo, amigos, tiempo libre… se
emplea esta maravillosa cualidad. Esto hace pensar que las personas con cierta
falta de empatía, que no conocen los beneficios de su práctica ni tienen el ánimo
de saber de ella, se pierden un tesoro emocional tan grande, como para destruir
familias, parejas, amistades… y ni siquiera reparar los daños, ni asumir la
responsabilidad de esos dramas personales.
La importancia de la empatía reside en la familia, y es ella quien debe potenciarla
de la forma más adecuada, y fomentarla desde la infancia en sus hijos. Así, la
empatía se convertirá en algo deseable por todos, y alcanzable en aquellas
personas que sepan valorarla y sentirla.
RESULTADOS
El resultado de una adecuada motivación, es que siempre podrás sortear cualquier
objetivo que te propongas en la medida en que te encuentras motivado realizaras
tus tareas cotidianas con más facilidad sabiendo que las mismas te ayudaran a la
consecución satisfactoria de tus metas.
DISCUSION Y CONCLUSIONES
La motivación es indispensable para el desarrollo personal, haciendo que mejores
tus habilidades para el desarrollo de tus objetivos de superación con la firme
convicción de que todo será mucho mejor de lo que es hoy.

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