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Exegesis Genesis 3

El documento analiza el pecado original según el relato bíblico de Génesis 3. Explica que la serpiente representa al Demonio que tentó a Adán y Eva a desobedecer a Dios. La tentación sembró la duda sobre las intenciones de Dios y llevó a la ruptura de la relación entre el hombre y Dios. Como consecuencia del pecado original, la humanidad experimenta el desorden, la vergüenza, el miedo y la muerte, aunque Jesús ofrece la redención.

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Exegesis Genesis 3

El documento analiza el pecado original según el relato bíblico de Génesis 3. Explica que la serpiente representa al Demonio que tentó a Adán y Eva a desobedecer a Dios. La tentación sembró la duda sobre las intenciones de Dios y llevó a la ruptura de la relación entre el hombre y Dios. Como consecuencia del pecado original, la humanidad experimenta el desorden, la vergüenza, el miedo y la muerte, aunque Jesús ofrece la redención.

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Unidad 2

Tema: El ser humano a partir de su ruptura con Dios. Análisis del pecado original según
Génesis 3.
La Biblia tiene un lenguaje altamente simbólico, pero con connotaciones profundamente
morales. Así:
 La serpiente: es creada por Dios. Con esto se desmitifica la creencia de los pueblos
de la antigüedad, sobre todos a los cananeos, que le daban caracteres divinos y le
atribuían dotes místicos al punto de rendirle culto. En la Sagrada Escritura
representa al Demonio o Enemigo de la naturaleza humana. Se señala su astucia ,
“era la más astuta de las creaturas” Gn.3,1, y es muy peligroso entrar en diálogo
con el, no solo se trata del mal, sino de Alguien que hace el mal, Jesús lo llama “el
príncipe de este mundo” Jn,12,31 o Jn. 16,11
Desde la moral es bueno saber que hay alguien que nos instiga al mal y que con él
podemos establecer una relación de diálogo y personal.
Es el enemigo de Dios, por lo tanto nuestra relación con él nos aleja de Dios.
Belial es el nombre propio que los judíos le daban al Diablo.
Entonces, en moral nos ubicamos entre dos personas: Jesús o Satanás, no hay término
medio, no hay “con ambos”, o con uno o con el otro, querer ser de ambos es ser tibios, y
eso es tremendo. Ap. 3,16
 La Tentación: Comienza con una tergiversación de la verdad, para que, en caso de
Génesis 3, la mujer entre en diálogo con él y lo corrija. Señala su disgusto por la
superioridad de Dios: “les prohibió comer de todos los árboles del jardín”. La mujer
(Eva) aún ve y tiene acceso a la verdad, “ de todos no, solo de uno no podemos
comer, del árbol del bien y del mal”. El demonio pone en duda la palabra de Dios,
como si Dios no quisiese el bien de la persona, o temiese que ella lo iguale: “el
sabe que si comen serán como dioses”. Siembra la duda, la desconfianza, trata de
socavar la relación del hombre y la mujer con Dios, esto puede quebrar
interiormente al ser humano y ese quiebre se manifiesta exteriormente con la
desobediencia .
Pero entonces: ¿qué es la tentación?
Es el toque de un deseo siempre interno y legítimo que quiere ser satisfecho en :
 Un momento inoportuno
 De un modo equivocado
Entonces: ¿de dónde sale ese deseo?, ¿ está mal tenerlo?
Sin dudas que NO!!!! El problema es quererlo o buscarlo o satisfacerlo sin Dios. El
problema no es el deseo, sino el método para alcanzarlo: la desobediencia.
También hay otra razón para la tentación: “el árbol era apetitoso” (v.6), de qué árbol se
trata? No de manzanas, sino del bien y del mal, es decir del conocimiento del bien y del
mal, pero ese conocimiento tiene que darse en relación a Alguien, es bueno o mal según
quién? Para nosotros según Dios, el bien y el mal es objetivo y el parámetro para
determinarlo es Dios. Es muy bueno que conozcamos el bien y el mal, pero no solos, no
prescindiendo de Dios, no en lugar de Dios. El hombre puede capaz de juzgar, pero no
puede apropiarse del juicio, simplemente porque no es Dios sino creatura. Participa de la
naturaleza de Dios (por su imagen y semejanza) pero no la posee absolutamente, así su
juicio puede subjetivarse desde su visión limitada. Perdido el parámetro para medir (el
sumo Bien: Dios) puede equivocarse.
 El Pecado: una cosa es ser tentado ( no es pecado, Jesús mismo fue tentado por el
demonio en el desierto, durante 40 días) y otra cosa es cometer el pecado.
“Querer ser como dioses” no es un pecado, el pecado es el modo en que queremos
lograrlo, lejos o sin Dios. Dios nos creó para que seamos como El pero en
comunión con El nunca solos. Esto nos ubica en nuestro lugar, nos lleva a
reconocer la Verdad, somos seres limitados y por lo tanto tenemos que obedecer a
Alguien que sabe más, que es más: Dios.
El diablo intenta tentar con la duda hacia las verdaderas intenciones de Dios,
provocando la desconfianza, la ruptura. Es como si dijera: “si quieren ser como
Dios, deben derrocar a Dios”. Cuando entramos en diálogo con el y escuchamos
sus sugerencias comenzamos el camino del pecado, porque dudamos de la palabra
de Dios y se socaba nuestra relación de amistad. El pecado se comente cuando la
tentación sugerida es aceptada por la libertad humana.
El Catecismo, puntos 1849-1850, define pecado como: “una falta contra la razón, la
verdad, la conciencia recta y el amor verdadero para con Dios y el prójimo por un
apego perverso a ciertos bienes”.
La esencia del drama de Gn.3 es la ruptura de la relación del hombre y la mujer con
Dios y la aceptación de otra relación, con el enemigo. Sin embargo en el relato,
Dios se pasea por el jardín y llama al hombre: “¿dónde estás?”. Ese llamado de
Dios continúa hoy día en la voz de la Iglesia, es el llamado a la conversión, es
volverse a Dios, es volver a oir su voz que nos llama de nuevo, que quiere que
orientemos nuestros actos a El y no a las creaturas (apego perverso) . Este es el
origen del pecado o pecado original , está en el origen mismo de la humanidad,
por eso no es un pecado moral o cometido, sino un pecado que trastoca nuestra
naturaleza (concupiscencia) y está en la base de todos los pecados personales.
Por eso somos capaces de hacer el mal.
Para que haya pecado debe haber tres elementos:
1. Conocimiento, actúa la inteligencia, se debe saber que lo que se hace es
malo.
2. Consentimiento, actúa la voluntad, se debe querer hacerlo teniendo la
posibilidad de evitarlo.
3. Materia de pecado, lo que constituye el pecado debe ser malo, por
ejemplo: matar, robar, mentir.
Cuando el conocimiento de la maldad del acto el plena y es pleno el
consentimiento y la materia es grave, el pecado es grave o mortal, porque mata la
gracia santificante en el alma de la persona, y para recuperar esa gracia es
necesario acudir al sacramento de la confesión. Si uno de estos tres elementos
falta, el pecado es leve o venial.
Los pecados también pueden ser:
 De comisión: cuando lo hacemos o cometemos
 De omisión: cuando dejamos de hacer el bien que podemos y debemos hacer.
Las consecuencias del pecado:

 El desorden: El ser tiene un orden según el cual es y se perfecciona en cuanto su


naturaleza, cuando el hombre se desordena tiende al caos, a su propia
aniquilación. Mientras reine el orden las cosas se someten al hombre (le pondrá
nombre y someterá la creación9. Roto el orden viene el desorden. El plan es así:
mientras el hombre este ordenado a Dios, las cosas estarán ordenadas al hombre y
se le someten. Este desorden no afecta solo individualmente al hombre sino
también al mundo físico: enfermedades, vejez, muerte, dolor, en las personas y
también en la naturaleza: terremotos, catástrofes climáticas, tsunamis, etc.
 La vergüenza: Fueron creados varón y mujer, estaban desnudos y no se
avergonzaban ( Gn.2,25) sin embargo después del pecado “se vieron y se
avergonzaron”. ¿Qué pasó? : La comunión original entre hombre y mujer
desaparece y aparece la diferenciación. Somos distintos. Y hay que volver al
engaño del enemigo, no fuimos como dioses sino que nos descubrimos tal como
somos y nos avergonzamos. La desnudez sugiere el desamparo y la indefensión del
ser humano sin Dios o lejos de El. Queda expuesto a las adversidades del entorno,
a la ferocidad de los animales y ya la naturaleza no les resulta confiable, sino
agresiva. El pecado significó perder la pureza del corazón y adquirir la malicia en la
mirada.
 El miedo: es una emoción primaria, ligada al instinto de supervivencia en un
ambiente hostil. La palabra de Dios nos muestra que el hombre tiene miedo a: los
demás seres humanos ( descubre su desnudez), a su entorno ( ya no lo domina), a
Dios ( se esconde de El). No obstante, Dios sale al encuentro de el, lo busca, lo
llama, lo protege ( le teje túnicas de piel)
 La Ruptura: Con Dios, con las demás personas, con la creación, consigo mismo. Y la
última ruptura, la más tremenda y fatal: la muerte: separación del cuerpo y el
alma. Dios trata de menguar todo esta situación y vuelve a nosotros con rostro
humano: Jesús.
 La Concupiscencia: procede de la desobediencia del primer pecado, el pecado
original. Transforma las facultades morales del hombre. No es pecado en sí misma
pero siempre inclina e incita a el. El Bautismo nos borra el pecado original y nos
libra de la culpa, pero no de la inclinación, y este será siempre, en esta vida,
nuestro gran combate, debemos luchar contra esta concupiscencia y para ello
Jesús nos ofrece asociarnos a su propia redención, pero esto debemos hacerlo
libremente. Así contando con la gracia el destino final de cada uno está en
nuestras propias manos. Nosotros con nuestras elecciones vamos forjando nuestro
destino, y podemos elegir bien, porque somos por naturaleza MUY BUENOS, o
podemos elegir mal, porque el pecado original dejó nuestra naturaleza herida y
con la posibilidad de elegir y hacer el mal.
 La muerte: Es la consecuencia mas fatal del pecado. Aparece como consecuencia
de la desobediencia que lo arrebata de su orden natural, de su orientación, de su
propio fin. El hombre fue creado para la vida y la muerte siempre es una “rareza”,
algo extraño que siempre se rechaza. Debemos ordenar nuestra vida en orden a
nuestra muerte, debemos asumir la responsabilidad de nuestros actos porque al
final de la vida debemos responder a Alguien. También es bueno saber “que la
muerte está herida de muerte”, porque en el combate espiritual vencido el pecado
se vence a la muerte, y también recordar que Jesús murió por nosotros y El es el
único que tiene poder sobre la muerte, el RESUCITO, y si nosotros creemos en El
“aunque muramos viviremos”.

Unidad 2
Estructura del pecado original y su relación con los pecados personales
El enemigo de la naturaleza humana tiene muchos nombre: Diablo, Satanás, Lucifer,
Demonio, Baal, entre otros, pero siempre hacemos referencia a un ángel, una creatura
espiritual, creada por Dios, valga la redundancia, caída por haber rechazado a Dios,
pecado que Dios no puede perdonarle porque lo comete en su presencia, a nosotros nos
perdonará todos los pecados, ( si hay arrepentimiento) mientras estemos en este mundo,
porque nuestra visión sobre El es desde la fe, en las tinieblas, después de nuestra muerte,
cuando estemos “cara a cara” ya no hay chances de perdón.
Este Enemigo es el “gran tentador” y “el padre de la mentira”. Su campo de acción
predilecto es nuestra imaginación.
El tienta :
1. Tocando algún deseo legítimo
2. Proponiendo una satisfacción inadecuado respecto al modo o al momento de
concretarla
3. Nos hace entrar en diálogo con el
La Tradición de la Iglesia, fuente de la revelación para nosotros, dice respecto a él, que
algunas batallas se ganan huyendo.
Nunca debemos dialogar con él, porque:
Este Enemigo es el “gran tentador” y “el padre de la mentira”. Su campo de acción
predilecto es nuestra imaginación.
El tienta :
4. Tocando algún deseo legítimo
5. Proponiendo una satisfacción inadecuado respecto al modo o al momento de
concretarla
6. Nos hace entrar en diálogo con el

 Es más astuto e inteligente que nosotros


 Es archienemigo de Dios y como con El no puede meterse, nos busca a nosotros
que somos lo que el Señor más ama. ( Fijense lo que valemos para Dios, que el
diablo nos busca herir para herirlo a El)
Nuestra naturaleza está herida por el pecado original, pero no anulada, a pesar de la
concupiscencia seguimos siendo libres. San Pablo dice al respecto “No hago el bien que
quiero y hago el mal que no deseo” Rom.7,19. El Señor tiene en cuenta nuestra debilidad
y por eso nuestro triunfo es más que meritorio.
El pecado original definió al primer ser humano en cuanto tal. Esto no aconteció
solamente en relación a aquel acto primero, este misterio se repite en cada uno de
nosotros y en cada acción específicamente humana y libre, por lo tanto:

 En cada acto me hago, me construyo a mí mismo


 En cada acto defino lo que soy: si miento soy un mentiroso
Acá se debe tener muy claro que:

 No se puede etiquetar a una persona por lo que hace


 Pero lo que hace, afecta lo que es
Por lo tanto no podemos licuar el acto libre, creyendo que no compromete nuestro ser.
Así el hombre recibiendo su ser y participando del ser de Dios (por ser imagen y semejanza
de El) más la gracia, posee en su libertad la capacidad de hacerse a sí mismo.

Modus operandi del Enemigo y su aplicación a la vida espiritual y moral: el discernimiento


de los espíritus en la Iglesia
Cómo procede el enemigo en una tentación:
1. Toma un deseo legítimo, un deseo incluso bueno que Dios puede haber puesto en
nuestro corazón.
2. Susurra al oído interno la legitimidad de ese deseo, es más, el derecho que
tenemos de concretar ese deseo.
3. Convence “si es legítimo el deseo, si tengo derecho a él, es legítimo también
alcanzarlo
4. Urge al cumplimiento de dicho deseo por el camino más corto, más fácil, aunque
esté alejado de la voluntad de Dios, que dicho sea de paso, se considera como
“opresora”.
Siempre lleva:
 A la confusión
 Al desengaño
 A la frustración

Entonces nos encontramos en esta encrucijada, por un lado el hombre es bueno,


comparte la bondad de lo creado, es imagen y semejanza de Dios, es un ser espiritual,
capaz del conocimiento del bien y del mal, del amor y la comunión, y del discernimiento,
es decir de diferenciarlos y elegirlos o rechazarlos. Y por otro lado ya no es tan bueno
como Dios lo creó, está herido e inclinado al mal (concupiscencia). Por esto debe discernir,
entonces debe:
 Ver la situación
 Juzgar qué debe hacer o elegir
 Actuar en base a lo que elige

El mal afecta la inteligencia obnubilándola, podemos confundir la voz de Dios con la del
Enemigo, y la voluntad debilitándola, podemos no tener la fortaleza necesaria para
resistir o para ejecutar, según. Por eso es tan importante cultivar las virtudes, para
fortalecer la voluntad.
El Enemigo jamás se presenta revelando su verdadera identidad, sus propuestas siempre
son bajo apariencia de bien, porque sabe que el hombre está herido pero NO es malo y
que con una propuesta malvada, sería rechazado de una.
El cristiano tiene que saber discernir, es decir, debe conocer la voz del buen espíritu o
Espíritu Santo, Espíritu de Dios, de los espíritus malos que pueden ser:
 Carnales: deseos, ansias desmedidas, pasiones, rencores, ira, lujuria.
 Diabólicos: deseamos el mal a otros o somos instrumentos del enemigo para que
otros caigan.
San Pablo en 1 Tes. 5,21 nos dice: “Examínenlo todo y quédense con lo bueno”
San Ignacio de Loyola, maestro del discernimiento espiritual identifica el obrar del
enemigo con estos tres ejemplos:
1. Como mujer mala: que agrede a su marido, si éste se “achica” ella se agranda, pero
si el la enfrenta, ella se achica. (Época machista la de Ignacio). Aquí vale reconocer
que si le tememos el gana, hay que enfrentarlo para que desaparezca, pero ese
enfrentamiento no tiene que ser dialogando con él o con nuestras propias fuerzas,
hay que pedir auxilio a Jesús o a María, dicen que a quien más teme es a María,
porque ella también es una criatura y es tanto más poderosa que él, hay que
ponerse a rezar un Avemaría o alguna jaculatoria a Jesús o a la Virgen.
2. Como amante vano: es como un mal hombre que seduce a la esposa o a la hija de
un amigo, le dice que no diga nada, que guarde el secreto, que no lo exponga ni lo
confiese a nadie. Cuando el sentimiento que poseemos proviene del Enemigo, no
queremos decírselo a nadie, no nos atrevemos a “blanquearlo”, nos avergüenza o
nos atemoriza, y cuando logramos decírselo a alguna persona de confianza,
desaparece automáticamente la tentación.
3. Como un buen caudillo: que antes de atacar un castillo, lo rodea e investiga cuál es
su muralla más débil, para acometer el ataque por ese lado. Es bueno para
descubrir cuáles son nuestras “flaquezas”, sabiendo que es por ese lado por donde
seremos “atacados”. Cuando descubramos ese flanco débil es bueno trabajar la
virtud que corresponda para “reforzar”.

Finalmente, podemos también tener como criterio de discernimiento, los sentimientos


que genera:
 Antes de caer en la tentación minimiza la gravedad del asunto: “no es tan grave”,
“no es tan malo”, “todos lo hacen”, “me lo merezco”.
 Después de caer en la tentación aumenta y agudiza la culpa, nos desesperanza,
nos lleva a la desolación, nos hace pensar que no nos cabe el perdón de Dios.
Dios en cambio:
 Antes nos advierte “si comen morirán” Gn.3,3
 Después nos busca, nos llama “¿dónde están?” Gn. 3, 9
Tanto Dios como el Enemigo se pueden valer de instrumentos o de mensajeros: personas,
escritos, los medios de comunicación, etc, a veces conscientes y otras inconscientes.
Finalmente, Dios siempre respeta nuestra libertad y nunca nos miente, porque nos ama, el
Diablo no, si bien no puede meterse con nuestra libertad, porque esta es un don de Dios,
puede disminuirla con información falsa o disminuyendo nuestra propia voluntad. De
todos modos, siempre es la persona el último responsable de sus actos, con la ayuda o la
gracia de Dios que siempre nos acompaña.
El Protoevangelio y la expectativa salvífica Gn. 3,15
Este relato nos cuenta como el hombre pierde los dones preternaturales:
 Don de Integridad: que le daba equilibrio, rectitud, dominio de sus pasiones.
 Don de Inmortalidad: le daba la vida, no estaba creado para morir, iba a vivir
siempre con Dios.
 Don de Impasibilidad: le daba la ausencia de padecimientos exteriores.
 Don de Ciencia: le daba la capacidad de conocer lo necesario para la vida eterna y
terrenal.
 Don de Dominio: le daba la capacidad de dominar toda la creación, sin necesidad
de esfuerzo alguno.
No obstante Dios lo busca, lo llama, y si bien es justo y deben abandonar el paraíso, el
Señor, como padre amoroso, le teje unas túnicas para que se cubran antes de partir.
En el V. 15 dice a la serpiente: “pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu linaje y el
suyo, El te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”. Satanás ha apartado al hombre
de Dios, instaurando el caos en el cosmos, porque todo se ve afectado por esta
desobediencia del inicio.
Ahora el hombre herido por el pecado, inclinado al mal, de alguna manera “esclavo o
acechado por Satanás”, debe hacerse cargo de su decisión, quiso conocer el bien y el mal,
( y eso no es lo malo), lo quiso conocer sin Dios, a sus espaldas, por su propia cuenta, ( y
eso sí es malo).
Entonces Dios se dirige a la serpiente y le anuncia la derrota: “ella te aplastará la cabeza”
(es el modo en que se garantiza la muerte de una serpiente). También vemos el respeto
profundo y absoluto de Dios hacia la libertad humana, y finalmente El mismo se hace de
nuestra naturaleza ( en Jesús) para vencer al enemigo. “Del mismo modo en que en Adán
todos los hombres mueren, en Cristo todos revivirán”. Dios no pelea con ventajas,
enfrentó al enemigo asumiendo la propia debilidad del mismo ser al que el demonio
venció en la primera batalla.
El mal afecta la inteligencia obnubilándola, podemos confundir la voz de Dios con la del
Enemigo, y la voluntad debilitándola, podemos no tener la fortaleza necesaria para
resistir o para ejecutar, según. Por eso es tan importante cultivar las virtudes, para
fortalecer la voluntad.

“Acechar el talón” significa que el enemigo siempre acechará por lo más bajo, en lo oculto,
donde no se lo puede ver bien, su objetivo será trabar, impedir, confundir, hacernos caer.
Los Santos Padres de la Iglesia dicen que Jesús aplasta la cabeza del Diablo cargando el
pecado de todos los hombres y pagando en su carne la falta de todos, semejante acto de
amor, de generosidad, de libertad de un hombre, en tal grado de humildad, es una herida
mortal, es aplastarle la cabeza al malvado, al egoísta, al soberbio enemigo.

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