Buenos días soy Elvis Quintero y junto con mis compañeros Jackeline Escobar y Leonardo Chávez,
hablaremos sobre el Queísmo y Dequeísmo.
Queísmo y Dequeísmo
¿Cuántas veces hemos escuchado a un compañero o compañera de clases decir cosas como "tienes que
darte cuenta de que cometiste un error" y pensamos que no suena bien la frase? Más aún, nuestro
pensamiento frente a la expresión es "decir de que suena muy feo", y entonces resultamos cometiendo
errores gramaticales. Sin notarlo, caemos en los casos más usuales de Queísmo y Dequeísmo
Queísmo
Según la RAE, es la supresión indebida de una preposición antes de la conjunción que, cuando la preposición
es exigida por alguna palabra del enunciado. Es decir, incurrimos en queísmos cuando eliminamos
preposiciones como de, a o en que necesariamente deben estar dentro de la formulación. Por esta razón, se
afirma que el queísmo es una especie de falta del habla, ya que genera problemas al momento de entender
lo que se dice.
La secuencia de que, por su parte, se emplea como expresión introductora de ciertos complementos cuando
el verbo que rige la oración exige la preposición de. Aunque el queísmo es frecuente, sobre todo, en el habla
coloquial, se aconseja evitarlo, pues se considera un barbarismo.
Este problema se da generalmente en la construcción de las oraciones subordinadas y es común en el
lenguaje coloquial. Pese a ello, debe evitarse en cualquier contexto, puesto que la Real Academia de la
Lengua Española es clara en este sentido y lo considera un uso indebido en todas sus formas.
1. Sustantivos
No hay una regla establecida que nos permita identificar cuáles sustantivos exigen una preposición antes
del que, por lo que tendremos que apelar a nuestra memoria para recordar en qué casos la preposición
es demandada:
2. Adjetivos
Al igual que los sustantivos, tampoco hay una regla que nos permita identificar cuáles adjetivos exigen
una preposición antes del que. Por ello, lo más sencillo es tratar de recordar cuáles son aquellos que
tienen esta característica: convencido y condenado son unos de los casos más usuales.
3. Verbos intransitivos y pronominales
Los verbos intransitivos son aquellos que no tienen un complemento directo pues por sí mismos dan
sentido a la oración. Por ejemplo: vivir, jugar, nadar, dormir, hablar. Por otro lado, los verbos
pronominales son aquellos que distinguimos porque siempre los encontramos en el diccionario con la
terminación –se. Por ejemplo: alegrarse, acordarse, arrepentirse, olvidarse.
Causas:
Economía lingüística. La lengua oral intenta —no siempre— ahorrar y buscar las expresiones más sencillas.
Desconocimiento de la sintaxis española (el análisis sintáctico no sirve para nada… pues a incurrir en
queísmo).
Prestigio. Este es uno de los factores más influyentes en la actualidad del español. No solo el prestigio que
tienen otras lenguas, como el inglés. Por eso, nos invaden extranjerismos y calcos innecesarios.
Algunos verbos permiten el uso de la preposición o su supresión sin que se altere su significado. O con una
alteración ínfima, a veces prácticamente imperceptible, de su significado. Esto sucede, por ejemplo, con
informar.
En hablantes extranjeros: Aparte de las anteriores, el régimen preposicional de sus idiomas no exige esa
preposición o ninguna.