Ramiro Biera M2 Pensamiento Contemporáneo
S. CRAIG ZAHLER Y EL USO DEL DOLOR COMO COMPONENTE PRINCIPAL
EN SUS PELÍCULAS
“El dolor es una de esas llaves con las que abrimos puertas, no sólo de lo
más íntimo, sino a la vez del mundo Cuando el ser humano se muestra a la altura
o superior al dolor, ahí vemos las fuentes de las que mana su poder. ¡Dime cuál es
tu relación con el poder y te diré quién eres!”
Ernst Jünger
El cineasta americano S. Craig Zahler parece que ya ha encontrado varias de estas
llaves. A pesar de contar con tan sólo tres películas: Bone Tomahawk (2015), Brawl
in Cell Block 99 (2017) y Dragged Across Concrete (2018), además de 4 novelas
gráficas y un pasado como baterista de heavy metal, Zahler fue capaz de manifestar
una visión de mundo y de sus personajes, que se sostiene a lo largo de sus tres
primeras películas.
Siguiendo el recorrido de su gran mentor cinematográfico, o por lo menos, uno de
ellos, todos los protagonistas en sus películas siguen el mismo principio: “A man’s
got to do what a man's got to do”. Frase dicha por John Wayne en The grapes of
wrath (1940) de John Ford. Uno podría deducir que todos los protagonistas en las
películas de Ford, tienen que hacer lo que tienen que hacer y no hay vueltas. En
The man who shot Liberty Valance (1962) Tom Doniphon no chista un segundo en
su deber de matar a Liberty y salvar a Ransom, ni tampoco se vanagloria después,
de haber sido el héroe que salvó al pueblo del mal. Hasta es más, muere en el
mismo pueblo, sin prestigio ni gloria, viejo y olvidado. Ethan Edwards en The
searchers (1956) tampoco se entretiene más de lo necesario y después de rescatar
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a su sobrina de la tribu indígena, se vuelve desde dónde vino al comienzo de la
película, mientras los demás festejan puertas adentro.
Del mismo modo, a Kurt Russell en Bone Tomahawk, no le queda otra que ir en
busca de los trogloditas que secuestraron a la médica del pueblo, por más que
todos le digan que es una misión suicida, porque es el Sheriff del pueblo y es lo que
tiene que hacer. Lo acompañan su asistente, Richard Jenkins, Matthew Fox, un
vaquero al que los indígenas le masacraron a su familia, un hombre que declara
haber matado a más de trescientos indígenas, pero que se ve obligado a ir a la
misión por ser el responsable de que la médica haya estado en la cárcel atendiendo
a un preso, en el momento del secuestro. “If you want to question my morals, do it
later..”. Finalmente, el cuarto miembro es el esposo de la médica, Patrick Wilson,
que tiene rota la tibia (hecho que sucede antes de los narrados en la película), y por
lo tanto es al que más desaconsejan de ir, pero por otro lado es el más convencido
de hacer todo por traerla de vuelta, no importa a qué costo. El costo es el dolor. Ya
que su condición va empeorando cada vez más, hasta que no le queda otra que ir
por su cuenta y atrasarse en comparación al resto del grupo. El Sheriff en una
ocasión le dice: “Pain is how your body talks to you. You'd do well to listen to it.”
Es interesante ver este tipo de perspectiva frente al dolor, sobretodo en el contexto
social y cultural que vivimos hoy en día, en el cual, como dijo Jünger en su ensayo
“Sobre el dolor” (1934) hay un esfuerzo permanente de relegar al dolor a las fuerzas
del azar, de lo ineludible, pensando que tal vez por eso, no seremos alcanzados por
él. Cuando en realidad es ineludible para todos y cada uno de nosotros.
En Brawl in Cell Block 99, sucede algo similar. Bradley Thomas (Vince Vaughn), un
ex boxeador devenido en narcotraficante, es apresado luego de haber caído en una
redada. Su mujer, embarazada, es secuestrada mientras él está en prisión y lo
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obligan a “hacerse transferir” a otra prisión mucho peor, y matar a un preso que se
encuentra en la “Celda 99”. Bradley ni pestañea, y destroza a cualquiera que se
pueda interponer entre su mujer y él, sin meditarlo dos veces. Se antepone al dolor,
y mediante el mismo, encuentra su fuerza para salir adelante. Jünger dice que a la
vida le falta propiamente una conclusión satisfactoria y es verdad. En el mundo de
Zahler, la mayoría de las cosas son una mierda, y hay que subsistir a pesar de ello,
por convicción o lo que sea. Hay un carácter trágico en él, que decide sobre la vida
de los personajes, sin importarle si son buenos o malos o si realmente se merecían
su destino. Bradley termina salvando a su mujer de que le corten en pedacitos a su
feto, y aniquila a todos en la cárcel. Pero, finalmente es ejecutado por el jefe de
policía de la prisión, luego de haberse entregado y que no haya peligro alguno. Lo
único que le queda es haber escuchado por teléfono las patadas en la panza de su
mujer que da su hijo.
La película comienza con un plano detalle de una lata siendo aplastada por la rueda
enorme de una camioneta. El dolor tiene esa capacidad, de transformar la vida en
un segundo, como la rueda de esa camioneta redujo a chatarra aplastada a la lata
de gaseosa. En este aspecto, claramente más visual que kinestésico, la lata
parecería seguir el ejemplo de la arquitectura, y es que cómo dice Jünger, “es una
ciencia consagrada al dolor”. Consagrada al dolor, porque está destinada a la ruina,
a la lucha contra la Naturaleza, que nunca va a poder ganar y que por lo tanto,
desde el mismo momento de su concepción, ya está destinada al fracaso. Por
mucho que se resista. Jünger toma de ejemplo a La casa de Latón en Las mil y una
noches y nos ofrece este ejemplo:
“En esta casa han comido mil reyes que eran ciegos del ojo izquierdo y mil reyes
que eran ciegos del ojo derecho y otros mil que veían con los dos ojos, y todos se
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han ido de este mundo y han establecido su morada en los sepulcros y las
catacumbas”
No es sólo el dolor físico y el uso de la ultraviolencia en cámara, es decir,
mostrándonos todo, lo que caracteriza su cine. También cabe destacar el tiempo
que se toma para narrar una historia (sus tres películas duran más de dos horas
cada una), según él es para desarrollar más los personajes, sin importar si las
escenas que lo consiguen, añaden algo a la trama o no.
Su tercer película, Dragged Across Concrete, la más larga de las tres (dura casi tres
horas), es un neo-noir acerca de dos policías, Mel Gibson y Vince Vaughn, deciden
interceptar un robo y quedarse con el dinero, luego que el primero, haya sido
suspendido por uso excesivo violencia en contra de un mexicano. Fue capturado por
una cámara de seguridad, en medio de una redada. Aquí me gustaría traer a flote lo
que dice Jünger sobre la fotografía, y es que genera que se tome como documento.
El acontecimiento, pasa a segundo plano y el acto mismo de ver, que según Jünger
es un acto de agresión, pasa a ser lo primero. A Mel Gibson lo suspenden por uso
excesivo de la violencia en contra de un hombre perteneciente a una minoría,
porque la cámara justo capturó ese momento. Pero nadie le reconoce que durante
ese operativo logró interceptar un cargamento con drogas, destinado a ser vendido
en una secundaria. Jünger decía que estábamos acercándonos a situaciones en las
que se precisa que una noticia llegue en pocos segundos a todas las conciencias, y
que ahí se esconden formas especiales de la disciplina. Esa disciplina para con la
gente, para que decida qué pensar y qué hacer, es la que hace que a Mel Gibson lo
suspendan, sin antes investigar cómo se dio la situación ni preocuparse tampoco
por eso. Lo fundamental es apartar al agredido del conjunto, ya que sino la
moralidad interna se destruiría.
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Lo interesante, es que, si esto no hubiera pasado, a Mel Gibson no se le hubiera
ocurrido nunca volverse un policía corrupto. Pero luego de evaluar que está hace 35
años en el mismo puesto, porque “prioriza el trabajo, pero no puede hacer política”
cómo su ex-compañero, Don Johnson, que sí lo pudo hacer y ahora es su jefe; que
vive en un barrio peligroso y que a su hija la pueden asaltar o violar en cualquier
momento (Zahler nos muestra uno de esos asaltos); saca la conclusión de que esos
valores que él tiene, no le sirvieron para nada. Que a la sociedad no le importa que
seas bueno o malo, efectivo o no, sino cómo te ven. Porque el acto de ver, juzga
inmediatamente, es un acto de agresión, y si lo que ven no les gusta, no se
preocupan en nada más que en eso.
Como dice Jünger “En este período aún sentimos la aniquilación del valor, el
aumento cada vez mayor de la superficialización y la simplificación del mundo. Pero
cada vez es mayor la cantidad de pérdida de valores a medida de que nacen los
niños de generaciones más jóvenes. Nos encontramos en una fase última del
nihilismo.”