CASAS MUERTAS
CAPITULO 1
Esa mañana enterraron a Sebastián. Él era una figura importante e influyente en el pueblo de
Ortiz, siempre fue visto como un hombre fuerte, activo y muy voluntarioso. Representaba por lo
tanto una gran pérdida su muerte, una perdida más que física y espiritual, para los habitantes de
Ortiz, quienes asistían abatidos y acabados hacia el cementerio. El padre Pernía, el líder religioso
de Ortiz sería el encargado de llevar la ceremonia, vestido con su mejor sotana, la celada para
ocasiones especiales y de alta importancia. El cementerio era un sitio perfectamente conocido por
todos, debido a las incontables veces que se veían en la necesidad de despedir a algún ser querido.
Carmen rosa era la persona que más tristeza y más vacío sentía por la pérdida de Sebastián, y
marchaba con la multitud, confundida y vacía, ya ni siquiera con lágrimas para llorar. Cuatro
hombres más o menos de la misma edad de Sebastián, jóvenes, cargaron la urna hasta el sitio, uno
de ellos era Celestino, quien desde niño conocía a Carmen Rosa y siempre había estado
enamorado de ella.
Carmen rosa volvió a su casa acompañada de su madre doña Carmelita, quien sufría por el gran
dolor de su hija. Carmen se refugió en el jardín del patio de su casa, el cual era el más bonito y
cuidado de Ortiz, pues ella era una gran amante de cuidar y embellecer con mucha dedicación de
él. Un gran salón de la casa, era una tienda, que atendía dona Carmelita junto a su hija, la tienda
quedaba justo en la esquina de la manzana, frente a la plaza, y era muy bien conocida y concurrida
por la gente de Ortiz.
CAPITULO 2
En el pasado, Carmen Rosa sentía mucha curiosidad por entender y conocer el pasado de Ortiz,
pues todos los mayores hablaban siempre de aquel hermoso tiempo, lleno de alegres fiestas, paz y
sobre todo salud, una época muy dichosa para el pueblo. En el presente solo eran enfermedades y
desgracias, pues la gente se había visto fuertemente afectada por la fiebre amarilla, las ulceras, y
otras pestes.
Carmen Rosa era conocida por muchos por su gran curiosidad y su preguntadera por aquellos
viejos tiempos, le encantaba conocer las historias de todas las casas muertas y de la gente del
pasado de Ortiz, de ese tiempo que como muchos decían ya nunca sería igual. Mientras las otras
niñas jugaban a que sus muñecas tenían vida, como su hermana Martita, Carmen Rosa disfrutaba
de usar su imaginación para reconstruir las ruinas de Ortiz, y revivir a su gente, y sus fiestas.
Carmen rosa conversó con varias personas mayores a quienes les preguntó muchísimo sobre el
pasado del pueblo, y ellas con mucho agrado le contaron sus historias a ella. Algunos de ellos eran,
Hermelinda la de la casa parroquial, la señorita Berenice maestra de la escuela, el viejo señor
Cartaya y Epifanio el gruñón de la bodega. Hermelinda le cuento de los padres anteriores, y de las
grandes procesiones, de donde venía gente de todas partes. El señor Cartaya era un viejo masón y
músico, tocaba la flauta en las fiestas del pueblo, de las cuales le contó a Carmen Rosa, así como
de todo el ámbito político que concernía a Ortiz, cuando según él, era ciudad.
CAPITULO 3
Las niñas de la escuela, compañeras de infancia de Carmen Rosa no entendían la preferencia de la
maestra Berenice hacia ella, la molestaban porque era la favorita, sin embargo, a ella no le
importaba ya que no era cierto, aun así, le gustaba prestar atención a las clases. La señorita
Berenice era soltera y no tenía hijos, siempre había deseado tener una hija como Carmen Rosa, de
allí su afecto hacia ella.
Don Casimiro Villena, el padre de Carmen, en todo momento se encontraba realizando alguna
actividad, así que poco era lo que compartía con sus hijos, era un hombre muy ocupado pero muy
respetado hasta que un día enfermo de fiebre y aunque sobrevivió, no recupero su fuerza ni su
vigor, pero el respeto de la gente del pueblo hacia él, permaneció.
A partir de ese momento, la madre, antes consagrada por entero a su esposo, se dedicó a sus hijas
Carmen Rosa y Marta. La joven ni siquiera termino la primaria a pesar de ser la más inteligente de
las alumnas de la señorita Berenice.
CAPITULO 4
En Ortiz solo había dos distracciones, las cuales se tratan de la iglesia y el rio. Estos lugares eran los
más frecuentados por la gente, pero el pueblo se fue quedando cada vez mas vacío, pues la gente
estaba yéndose. Para sorpresa de Carmen Rosa, su hermana Marta también se casó y abandono el
pueblo, quedándose ella sola con su madre en la casa. Y así el pueblo se fue llenando de casas
abandonadas, deterioradas y cayéndose a pedazos.
CAPITULO 5
Días mas tarde comenzaron los preparativos necesarios de lo que era la fiesta patronal de Santa
Rosa en el pequeño pueblo de Ortiz. Este era uno de los pocos momentos donde se celebraba a
pesar de que el pueblo estuviera lleno de pobreza y miseria. Sebastián, un joven de un pueblo
cercano asistió a la fiesta, y en la misma, Carmen comenzó a imaginar cómo sería salir del pueblo,
dejando la rutina y la miseria de este.
CAPITULO 6
Sebastián fue llevado a la casa de Carmen Rosa por unos amigos y ahí se conocieron. Desde la
llegada de Sebastián al pueblo comienza a notarse un cambio gradual en toda la monotonía del
pueblo, especialmente en Carmen, que comenzó a enamorarse de aquel joven que traía una
nueva vitalidad dentro del empobrecido pueblo. Ella comienza a ver la vida diferente, las personas
le resultan extrañas e incluso ella misma se observa totalmente cambiada. El aburrimiento y la
soledad la han ido cambiando.
CAPITULO 7
Sebastián se unió a un grupo de guerrilleros que se encontraban alzados en las llanuras del centro.
Esto se debe a que están en contra de la dictadura del General Juan Vicente Gómez e intentaban,
de manera infructuosa, tratar de derrocarlo. Mientras tanto, pasa por ahí la caravana que lleva a
una serie de presos hacia el interior de la nación. Sin embargo, se trata solo de un autobús con
dieciséis estudiantes que observan la miseria en la está sumido el pueblo de Ortiz.
CAPITULO 8
El compadre Feliciano era amigo de Sebastián y buscaba de algún modo integrarlo a la trifulca
contra el gobierno del General Juan Vicente Gómez. Parte de la conspiración es llevada a cabo por
Sebastián, la señorita Berenice, quien aparece poseyendo una pistola y el señor Cartaya. Se reúnen
Sebastián y Feliciano en casa del Señor Cartaya, inicialmente mantienen fuera de sus planes a
Carmen Rosa y a la señora Carmelita e intentan alejar a la señorita Berenice pues no quieren
involucrar a las mujeres, pero no lo logran.
La situación en Ortiz permite soñar y pensar en la liberación, la libertad y búsqueda de nuevos
horizontes. Piensan en cómo será la vida en Caracas y sobre todo cerca del mar, visitar sitios jamás
conocidos.
CAPITULO 9
En la acera de enfrente, con las uñas clavadas en los barrotes de madera de una ventana trunca,
Petra Socorro, que ya no era una cortesana sino la mujer de Pericote, lloraba desgarradoramente,
como un animal golpeado. Pericote, un vecino de Ortiz, fue víctima del coronel Cubillos,
representante en el pueblo del orden y la dictadura. La mujer lloraba la muerte de su marido, una
muerte injusta pues el coronel lo mando a ejecutar porque deseaba a Petra y no porque tuviera
realmente la necesidad de hacerlo.
Petra no se dejó seducir por el jefe civil, así como tampoco lo permitió la maestra Berenice; una
mujer interesada únicamente en enseñar a leer y escribir.
CAPITULO 10
En Ortiz y sobre los pueblos más cercanos comenzó a caer una extraña lluvia. Sus habitantes
quería un cambio, cambio que la lluvia trajo consigo, no obstante, no hizo más que empeorarlo
todo. No siempre llovía igual, pero siempre llovía, y la lluvia trajo consigo más enfermedad de la
que se había visto en el pueblo en los tiempos recientes. Las fiebres se extendieron por el pueblo,
llegando incluso a Parapara, lugar en el cual comenzó a haber muertes, aunque no fueron muchas
en general.
CAPITULO 11
Después de un tiempo deja de llover en la zona, pero en vez de ser un alivio se convierte en un
nuevo foco de problemas. Esto se debe a que, a partir de ese momento, se multiplica la incidencia
del paludismo, enfermando y matando a mucha más gente del lugar. Pero no solo del lugar,
puesto que incluso Sebastián enferma a pesar de haber estado lejos del pueblo combatiendo
contra el ejército del General Gómez.
Sebastián vive su fantasía de ser héroe, sin embargo, no lo logra, se contagia de paludismo, una de
las enfermedades más fuertes que existían en esa época, aquel joven no pudo orinar más lo cual
con el tiempo termino por llevarlo a su muerte.
CAPITULO 12
Volviendo al presente, el entierro de Sebastián donde Carmen Rosa recibía pésames. Indicando el
final de la vida, ya no son las personas muertas, sino las casas que terminaron de fallecer ante la
indolencia y el olvido de la sociedad. Es por este motivo que Carmen decide dejar el pueblo,
puesto que se niega a pasar sus últimos días en el mismo estado de deterioro. Se lleva a su mama,
a Olegario y todos las cosas que pueda cargar, consiguen un transporte llamado «La espuela de
plata» el cual es conducido por un trinitario, quien los lleva por la misma vía en donde pasaron los
presos estudiantes y donde pasaron miles de personas en su camino hacia oriente y occidente.
Carmen Rosa llego a un pueblo nuevo que nació gracias a la bonanza del petróleo que apenas
estaba comenzando y decidió ser su propia heroína.
FIN