TEMA 1
El Canto Gregoriano
La creación del canto gregoriano
La codificación de la liturgia y de la música bajo los dirigentes romanos hizo posible el nacimiento
del repertorio conocido como canto gregoriano.
El coro que acompañaba al papa cuando este oficiaba sus ceremonias, la conocida como Schola
Cantorum o escuela de cantores fue fundado a finales del siglo VII, estandarizando con su
práctica las melodías que usaban para cada uno de los oficios. El orden de estas melodías no fue
alterado en esencia hasta el siglo XVI.
La denominación de canto gregoriano puede tener su origen en la veneración que dispensaban
los ingleses al papa Gregorio I como fundador de su iglesia, labor diplomática que nada tiene que
ver con una actividad musical tal y como la historia le ha atribuido erróneamente. Los libros de
texto litúrgicos de la época de este papa carecían de notación musical. Sin embargo, durante el
papado de Gregorio II (715-731) si es posible que la Schola Cantorum codificara los cantos.
Melodía y declamación
Las melodías del canto (sencillas y ornamentadas) son vehículos para la declamación de las
palabras. Los fieles podían entender con mayor facilidad las palabras cantadas que las
meramente enunciadas. Cada melodía se articulaba en frases y períodos que se correspondían
con los del texto. La mayoría de las frases semejaban un arco: comenzaban en un registro grave,
ascendían a uno más agudo, se demoraban en él y descendían después.
Las sílabas acentuadas solían corresponderse con notas más agudas.
Los cantos melismáticos pueden contener largos melismas sobre sílabas débiles mientras se
ponen de relieve palabras y acentos importantes.
Existen diversos cantos gregorianos. Cada uno está configurado por su función, su texto y su
modo de interpretación.
Entre los modos de interpretación encontramos:
1. Responsorial: un solista alterna con el coro o congregación.
2. Antifonal: dos grupos o mitades de un coro se alternan.
3. Directo: sin alternancia.
Estilos de relación entre la música y texto:
1. Silábicos: cada sílaba es acompañada por una sola nota.
2. Neumáticos: cada sílaba se corresponde con una cantidad de una a seis
notas. 3. Melismáticos: cantos que son extensos pasajes sobre una única sílaba.
Características del Canto Gregoriano
1. Son vehículos para la declamación de las palabras por lo que sus melodías reflejan la forma y
el ritmo del texto.
2. Sus frases asemejan un arco que comienza grave, asciende a uno más agudo
desmoronándose en él para descender después, de manera análoga al latín hablado. 3. Las
sílabas acentuadas se corresponden con notas más agudas.
4. Otra forma de enfatizar es añadiendo un mayor número de notas a cada sílaba.
5. El ámbito de las melodías es reducido.
6. Las melodías progresan por grados conjuntos.
7. El canto llano es homofónico y en ningún momento intenta expresar emociones o describir
imágenes como por ejemplo, la ópera o las canciones posteriores.
8. No tiene compás sino que sigue el ritmo del texto.
9. Tampoco tiene forma definida ya que sus melodías son fruto del desarrollo textual.
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Algunas partes de la misa y de los oficios se cantaban mediante formulas de recitación, que
pueden utilizarse en muchos textos distintos.
Otras partes de la misa y de los oficios se cantaban mediante melodías plenamente configuradas.
La presencia continuada del canto llano
Muy importante por su influencia en otras músicas fue empleado en ceremonias cristianas de toda
Europa central y occidental.
El Concilio Vaticano Segundo (entre los años 1962 y 1965) permitió que las ceremonias católicas
se celebrasen en las lenguas locales en lugar de en latín.
A finales del siglo XX era practicado sobre todo en monasterios y conventos o interpretado en
conciertos, y se dio a conocer gracias al sonido grabado.
El desarrollo de la notación
En origen, la transmisión fue oral por lo que no es difícil imaginar que exceptuando las más
sencillas y más practicadas, el resto de las melodías eran improvisadas siguiendo fórmulas de
apertura, cierre y ornamento apropiadas al texto que ilustraban.
La notación se desarrolló a través de una serie de innovaciones.
En las notaciones primitivas, los signos llamados neumas (gesto) se colocaban encima del texto.
Estas anotaciones indicaban el número de notas para cada sílaba, si la melodía ascendía,
descendía o repetía, etc. Dado que no quedaba claro cuáles eran las notas exactas, ni su altura ni
intervalo, seguía siendo imprescindible la memorización de las melodías.
Entre los siglos X y XI aparece la notación diastemática o por intervalos (en el monasterio de
Limoges, sur de Francia) que precisaban el tamaño y la dirección de los saltos. Para orientarse, el
copista trazó una linea horizontal sobre el pergamino que correspondía a una nota particular,
normalmente Fa y Do, orientando los neumas en torno a esa línea. Esta idea fue realmente
revolucionaria.
El monje Guido d’Arezzo (ca.991-1033) propuso una disposición en líneas y espacios utilizando
una línea roja para Fa y otra amarilla para Do, con letras en el margen izquierdo para identificarlas
dando lugar al tetragrama, antecesor de nuestro pentagrama. Esto permitió la anotación precisa
de la altura y del intervalo. Con esta notación, Guido demostró que un cantante podía aprender un
verso por sí mismo sin haberlo oído anteriormente.
Pero todavía no tenemos la anotación de las duraciones que no llegará hasta el siglo XIII, con la
polifonía de Notre Dame.
La solmización
Es el último aspecto importante que veremos en este tema.
Para facilitar el canto a primera vista, Guido d’Arezzo utilizó las sílabas iniciales del himno “Ut
queant laxis” para la solmización (en alusión a las notas sol y mi), que dan lugar a un hexacordo
(Do, re, mi, fa, sol y la).
Los continuadores de las teorías de Guido desarrollaron una ayuda pedagógica llamada “mano
guidoniana” con la que aprendían a cantar los intervalos.
Modos gregorianos
Un elemento esencial del plan de estudios de los músicos eclesiásticos era el sistema de los
modos. Se distinguen cuatro modos auténticos emparejados a otros cuatro plagales cuya nota
fundamental se corresponde con las actuales Re, Mi, Fa y Sol. Cada una de estas notas se amplía
por arriba con una serie de otras cuatro notas.
Añadiendo al agudo otra serie de cuatro notas se obtiene el modo auténtico y si las añadimos al
grave, obtienemos el modo plagal.
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