Neobarroco latinoamericano y objeto psiconanalítico (Bondades del copy and paste)
Sarduy - Lacan - Deleuze - Alemán - Echeverría - Lezama
Author(s): Fabián Darío Mosquera
Source: Guaraguao , Otoño 2011, Año 15, No. 37 (Otoño 2011), pp. 61-76
Published by: El Centro de Estudios y Cooperación para América Latina (CECAL)
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Neobarroco latinoamericano
y objeto psiconanalitico
(Bondades del copy and paste)
Sarduy - Lacan - Deleuze - Alenian
- Echeverria - Lezama
Fabian Darfo Mosquera
Este mentos
mentostrabajo
y citasy decitas es de apenas
distintos origenes,distintos
pero queunseatlas
cinenorigenes,
a una hojade relaciones, pero que un se dialogo cinen a entre una frag- hoja
de ruta esbozada con trazo barroco, especialmente por mano de Severo
Sarduy, para arribar a un entendimiento - siempre parcial, un capricho
precario, que duda cabe- de esa babel indocil que llamamos «lo latinoa-
mericano^ Tenemos como dato proverbial que el poeta, ensayista y no-
velista cubano fue uno de los intelectuales que mas reflexiono acerca del
Neobarroco de su tierra, estilo de una nueva literatura insular del siglo xx a
la que pueden remitirse -un tanto sintagmaticamente, aunque con sus na-
turales diferencias- las escrituras, como sabemos, de Carpentier, el mismo
Sarduy y, por supuesto, Lezama -autor de un poema que diseccionaremos
mas adelante-, quien siempre se reconocio cerca del culteranismo gon-
goriano... Porque por allf va la definicion sarduyana de este fenomeno de
letras: un reconocimiento de que ciertas caracteristicas esenciales del Ba-
rroco literario espanol son compatibles con los elementos de la cultura y la
geografia del Caribe:1 «musicalidad, gracia, alambique, artificio, picaresca,
que convierten al Barroco en una propuesta, todo por convencer». Incluso,
si queremos expresar mas categoricamente la conciliacion entre el Barroco
hispano y el torrencial escandalo simbolico por el que se toma a la 'America
Primordial', basta referirnos a lo dicho por Martin Adan en su ensayo sobre
aquel movimiento literario en el Peru: el primer poema barroco espanol es
la conquista.2
Pero volvamos a lo del convencimiento. Se trata (aquella actitud ba-
rroco), entonces, de una tentativa por convencer y convencerse de que la
fruicion, el regodeo, la caricia (esa suerte de «puesta en escena», para ir
ya usando tambien la expresion de Bolivar Echeverria a la que nos acer-
caremos luego), el hecho por el hecho mismo, pueden imponerse sobre
GUARAGUAO • ano 15, n°. 37, 2011 - pags. 61-76
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la utilidad cuantitativa, sobre la funcionalidad -desde comunicativa hasta
mercantil- de cualquier objeto referential? Ya veremos por que aquella ten-
tativa, en apariencia utopica, cobra importancia en el marco de las socieda-
des latinoamericanas, incluyendo un desplazamiento desde la estetica hacia
ciertos comportamientos socio-culturales y economicos, para recalar en la
politica. Y nos interesa para estos efectos, como herramienta, el psicoanali-
sis; en cuanto disciplina que -parafraseando a Wittgenstein- vierte una luz
especial sobre el concepto de deseo y hace enfasis en la idea del extravio de
un saldo residual en el lenguaje.
Quepan, pues, en ese sentido, unas cuantas lineas a manera de declara-
tion de principios frente a ciertas expresiones -a veces generadas por perso-
nalidades y espacios serios del saber; otras, por cultores de la tartuferia- en
relacion con la vigencia de los postulados freudianos y lacanianos, y la
pertinencia de recurrir a ellos para nutrir debates que adquieren forma
fuera de la circunscripcion clinica o de divan, aquella inherente al trabajo
psicoanalitico aplicado (circunscripcion cuya naturaleza, de todas formas,
tambien suscita dimes y diretes, discrepancias entre quienes abordan sus
dinamicas y reflexionan sobre sus efectos). Nos referimos a debates, vamos
a decirlo de una vez, filosoficos, en el mas amplio -y contemporaneo- sen-
tido de la palabra. Es conocida, por ejemplo, la reticencia que ha generado,
durante anos, la figura de Freud -cuya obra posee, valga recordarlo, algu-
nos puntos de contacto genealogico con la antropologia y, si se mira bien,
la primera sociologia- en varios frentes del analisis cultural norteamerica-
no. Debemos, en parte, a Camille Paglia, catedratica que renovo el pano-
rama critico estadounidense de los noventa con sus energicas reflexiones
sobre el feminismo, el arte y la industria del entretenimiento, su rescate.
La critica cultural pagliana esta profundamente marcada por Freud; sin
embargo, la autora es casi una militante anti-Lacan, por considerarlo un
ejemplo de charlataneria (consideracion comun entre los intelectuales nor-
teamericanos a raiz, sobre todo, de la visita que el frances realizo a Estados
Unidos en el otono de 1975, en la que confundio a sus interlocutores con
sus intrincados nudos borromeos, al punto de llevar a Chomsky a expresar
su hoy conocida sentencia: «He was an amusing and perfectly self-conscious
charlatan»).
Paglia llega a decir que si, por ejemplo, un estudioso de la cultura popu-
lar cita a Lacan, hay que tener plena seguridad de que nos hemos encontra-
do con un incompetente. Resulta entonces curioso que James Fessenden,
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companero de generacion muy querido por ella, le asegurara que muchos
de sus planteamientos coincidian con los del psicoanalista -quien, como
Paglia, se preocupo entre otras cosas por descifrar el mecanismo discursivo
de la universidad-, solo que expresados en un registro diferente. Sea como
fuere, en este terreno, donde hay matices, una voluminosa discusion puede
cultivarse; cosa imposible con aquellos quienes -con pasmosa ligereza y
prepotente socarroneria- aseguran en foros de diversa indole y calana que
autores como Lacan -o, incluso, Derrida- estan «superados» absolutamen-
te, y que en Francia ya nadie los lee. ,;Sabran que la teoria lacaniana cons-
tituye uno de los pilares esenciales del trabajo de un filosofo «de moda»
a nivel mundial como Slavoj Zizek? ^Estaran al tanto de que la opinion
de Jaques Alain Miller, uno de los principales responsables de mantener
saludable aquella matriz teorica, es requerida por sectores (los menos ado-
cenados) del estamento mediatico para generar una interpretacion-otra de
diversas tematicas socioculturales y coyunturas politicas, desde el estreno
de Avatar hasta el ascenso de Obama? A esa senda trillada, precisamente,
por aquellos que han hecho dialogar al psicoanalisis con la cultura, que han
recurrido a variables de su teoria para encarar, por ejemplo, debates de la
filosofia politica -desde Lyotard hasta Stavrakakis, pasando por Aleman-
rendimos homenaje. Asi que volvamos a lo nuestro.
La relacion entre Neobarroco y psicoanalisis en la obra de Severo Sarduy
ha sido harto mencionada. El crftico chileno Cristian Montes Capo -por ci-
tar apenas un nombre- define la novela «Colibri», con tono rotundo, como
«una expresion neobarroca y psicoanalitica del sujeto». Pero sirve, para el
proposito de este texto, consignar lo que ha dicho el mismo Sarduy acerca
de esa connotacion «erotica» del Barroco («caricia» y «puesta en escena»),
sirviendose del psicoanalisis: «E1 espacio barroco es pues el de la superabun-
dancia y el desperdicio. Contrariamente al lenguaje comunicativo, econo-
mico, austero, reducido a su funcionalidad -servir de vehi'culo a una infor-
macion- , el lenguaje barroco se complace en el suplemento, en la demasia
y la perdida parcial de su objeto. O mejor: en la busqueda, por definicion
frustrada, del objeto parcial ». El autor plantea este termino en su designacion
freudiana: «seno materno, excremento -y su equivalencia metaforica: oro,
materia constituyente y soporte simbolico de todo barroco-, mirada, voz,
cosa para siempre extranjera a todo lo que el hombre puede comprender,
asimilar(se) del otro y de si mismo, residuo que podriamos describir como
la (a)lteridad, para marcar en el concepto el aporte de Lacan, que llama a
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ese objeto precisamente (a). (...) El suplemento -otra voluta, ese «otro angel
mas» de que hablaba Lezama- interviene como constatacion de un fracaso:
el que significa la presencia de un objeto no representable, que se resiste
a franquear la linea de la Alteridad: (a)licia que irrita a Alicia porque esta
ultima no logra hacerla pasar del otro lado del espejo».
En relacion con esta ultima idea, la del Barroco como espejo, el autor
considera pertinente una puntualizacion: «si en cuanto a su totalidad el
juego barroco es nulo, no sucede asi en cuanto a su estructura. Esta no es
un simple aparecer arbitrario y gratuito, una sinrazon que no expresa mas
que su demasi'a, sino al contrario, un reflejo reductor de lo que la envuelve
y trasciende: reflejo que repite su intento -ser a la vez totalizante y minu-
cioso- pero que no logra, como el espejo que centra y resume el retrato de
los esposos Arnolflni, de Van Eyck, o como el espejo gongoriano aunque
concavo fieP, captar la vastedad del lenguaje que lo circunscribe, la orga-
nizacion del universo: algo en ella le resiste, le opone su opacidad, le niega
su imagen»... No existe forma, en definitiva, de transbordar ese «objeto no
representable».
El poeta camagiieyano establece, sin embargo, una diferencia entre el
Barroco clasico -el europeo y el primer latinoamericano, durante la Co-
lonia- y su Neobarroco. Los primeros se dan como «imagenes de un uni-
verso movil y descentrado, pero aun armonico» ya que «se constituyen
como portadores de una consonancia: la que tienen con la homogeneidad
y el ritmo del logos exterior que los organiza y precede, aun si ese logos se
caracteriza por su infinitud, por lo inago table de su despliegue». Esto en
referencia a «los dos ejes epistemicos del siglo barroco: el dios -el verbo de
potencia infinita- jesuita y su metafora terrestre, el rey». Por otra parte,
en el Barroco posterior , en el Neobarroco, Sarduy encuentra un reflejo
estructural de la inarmonfa: «la ruptura de la homogeneidad, del logos en
tanto que absoluto, la carencia que constituye nuestro fundamento episte-
mico. Neobarroco del desequilibrio, reflejo estructural de un deseo que no
puede alcanzar su objeto, deseo para el cual el logos no ha organizado mas
que una pantalla que esconde la carencia».
Caben, entonces, despues de beber directamente del aljibe sarduyano,
algunas preguntas: ^Por que el Neobarroco se presenta como un tanteo
estetico predispuesto a reconocer que el logos es organizador de «una pan-
talla que esconde la carencia»? <Por que se constituye, ya desde su estruc-
tura, en elucubracion discursiva en torno a un objeto que ha pasado a
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pertenecer al extravio, siempre mas alia de las recursivas indagaciones del
deseo? Algun atisbo de respuesta puede ofrecer una aproximacion a ciertas
implicaciones historicas y variables socioculturales del ambito en el que
ha germinado esta manifestacion de forma particularmente viva: Cuba y,
una vez mas, de manera general, America Latina. Desde aqui podemos ya
empezar a hablar con despojada franqueza sobre la identidad barroca de un
continente -con toda su almaciga de peculiaridades disonantes- frente al
extravio de un objeto «esencial» que subyace al logos de su mestizaje, de su
deseo. Son afirmaciones que nos remiten a un ensayo del pensador ecua-
toriano Bolivar Echeverria, que abordaremos mas tarde; tambien a otro de
Sarduy -en el que la comparacion de la Revolucion Cubana con un pro-
ceso de «cura» psicoanali'tica puede servir de ejemplo particular-; pero, en
primera instancia, nos trasladan a un terreno deleuzeano que genera una
controversia en torno, precisamente, al psicoanalisis.
Planteamos pues este resumen de las «Cinco propuestas sobre el psi-
coanalisis», que Gilles Deleuze publico en Italia en 1973, para entender
una postura critica radical, de esas que hacen ondear las colmenas, y luego
trabajar a partir de alii:
(...) el psicoanalisis nos habla mucho del inconsciente pero, en cierto modo,
siempre para reducirlo, para destruirlo, para conjurarlo, para concebirlo como
una especie de parasito de la conciencia. Se podria decir que para el psicoa-
nalisis siempre hay demasiados deseos. (...) para nosotros, al contrario, nunca
hay suficientes. (...) no hay un inconsciente ya disponible, sino que (...) hay
que producirlo, y hay que producirlo social, poh'tica e historicamente. (...) Por
«produccion del inconsciente» entendemos lo mismo que por produccion de
deseo en un campo social historico o aparicion de enunciados y enunciaciones
de nuevo tipo (...) El deseo o el delirio (que en profundidad son lo mismo),
el deseo-delirio es, por su propia naturaleza, carga libidinal de todo un campo
historico. Se deliran las clases, los pueblos, las razas, las masas, las muchedum-
bres. Pero, merced al psicoanalisis, que posee un codigo previo, se produce
una suerte de supresion. Este codigo lo constituyen el Edipo, la castracion
y la novela familiar; el contenido mas secreto del delirio, es decir, esta deriva
del campo historico y social, se suprime de tal forma que ningun enunciado
deliran te correspondiente a esa poblacion del inconsciente puede atravesar la
maquina analftica. Decimos que la esquizofrenia no tiene que ver con la familia,
ni con los padres, sino con los pueblos, las poblaciones y las tribus. Decimos
que el inconsciente no es asunto de generacion ni de genealogfa familiar, sino
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de poblacion mundial, y que todo eso es lo que la maquina analitica anula.
No citare mas que dos ejemplos: el celebre caso del Presidente Shreber, cuyo
delirio trata enteramente de las razas, la historia y las guerras. Freud no tiene
en cuenta nada de eso, y reduce su delirio exclusivamente a sus relaciones
con su padre. Otro ejemplo, el de el hombre de los lobos : mientras el hombre
suena con seis o siete lobos, lo que constituye por definicion una jauria, es
decir, cierto tipo de grupo, Freud solo piensa en simplificar esta multiplici-
dad y reducirlo todo a un solo lobo, que, por fiierza, sera el padre. Toda la
enunciacion colectiva libidinal subyacente al delirio del hombre de los lobos
queda suprimida (...). Lo que produce enunciados en cada uno de nosotros
no es nuestro yo en cuanto sujeto sino algo distinto, las multiplicidades, las
masas y las manadas, los pueblos y las tribus, los dispositivos colectivos que
nos atraviesan, que estan dentro de nosotros y que no conocemos porque for-
man parte de nuestro propio inconsciente. La tarea de un verdadero analisis,
de un analisis anti-psicoanalitico, consistiria en descubrir estos dispositivos
colectivos de enunciacion, estos encadenamientos colectivos, estos pueblos
que estan en nosotros y nos hacen hablar, y a partir de los cuales producimos
enunciados. (...). El psicoanalisis implica una relacion de fiierzas muy peculiar.
Esta relacion (...) pasa por el contrato, forma burguesa liberal particularmente
abominable, (...) recurre a un pequeno numero de enunciados colectivos, los
del propio capitalismo, relativos a la castracion, la carencia y la familia, y estos
pocos enunciados colectivos, caracteristicos del capitalismo, intenta insertarlos
en los enunciados individuales de los pacientes. Decimos que es preciso hacer
exactamente lo contrario, es decir, (...) ofrecer a las personas las condiciones
(...) para que puedan generar sus enunciados individuales, para que puedan
descubrir los autenticos dispositivos colectivos que los producen.
Esta vehemente exposicion nos recuerda, por extrano que suene, los pro-
cesos de estudio de la religion vudu: cuenta Laennec Hurbon que frente
al misterioso fenomeno de la «posesion», los primeros investigadores hai-
tianos de dicha fe (Dorsainvil, J Price-Mars, L. Maximilien o L. Mars) en-
marcaron sus consideraciones dentro de paradigmas netamente sicologicos
o psiquiatricos. No fue sino hasta hace poco que se empezo a entender el
asunto dentro del amplio ensamblaje de un sistema cultural.
El texto deleuzeano nos permite, ademas, volver a Sarduy, quien ofrece
un valioso aporte a nuestras elucubraciones, a traves de un escrito Qun
divertimento critico?) titulado «Refugies cubains», en el que toma la Re-
volucion de 1959 -quiza el episodio mas importante de la historia cubana
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contemporanea- y la compara con un proceso de psicoanalisis, a tono, sin
saberlo, con lo propuesto por Deleuze. Alii el autor se pregunta: «^Que
ocurre cuando alguien «emprende», si asi puede decirse, un psicoanalisis,
o, para no se r tan estricto en esa obediencia, cualquier otro tipo de con-
frontacion que lo revele a si mismo, que lo libere de algo?». El mismo se
apresura a dar respuesta: «(...) ante el analista y su empecinado mutismo,
en el demasiado celebre divan vienes, van a surgir, no se sabe desde donde
ni convocadas por quien, fobias, compulsiones, agresividades, toda una
gama de ansiedad, enfatuaciones o inseguridades, arrogancias o autocasti-
gos, que saltan sobre el sujeto, como para devorarlo, que su discurso -ya
sin amo, ya funcionando a la deriva- al mismo tiempo crea, proyecta y
destruye. La revolucion, al menos en su estallido, es como un psicoanalisis
a nivel colectivo, gregario, el de una multitud saturada por su propia ima-
gen y que produce un discurso epico, fascinado por su elocuencia y cuyo
referente real esta cada vez mas lejos, mas ajeno: todo se va convirtiendo en
efecto elocutorio, en proferacion al vacio, en espejo retorico».
Pero Sarduy no se queda alii, sino que extiende la propuesta de una in-
dagacion un tanto mas exhaustiva en la memoria fosil de su isla, y vuelve a
inquirir: «<;Que hay en el inconsciente, en el pasado, en la arqueologia apenas
remota de Cuba? <;Que viejos mitos, que prejuicios persistentes, que rumor
de fondo la revolucion trajo, violentamente, a la superficie, a la visibilidad?
Hay, ante todo, la presencia abrumadora, inmarginable, de la hispanidad.
(...) No (la) del Islam, sensual y geometrico, no (la) de los poligonos estrella-
dos; tampoco la del judaismo, escrutador de la realidad y analitico: no», dice
severo Severo, y recuerda de inmediato a Goytisolo para decir que «la Espana
que nos descubre y que nos impone su logo , su moral al uso, es la que ya ha
rechazado, reprimido en ella misma estos componentes, la que esgrime (...)
un cristianismo inquisidor, ese que se hunde en el medioevo. (...) Represiva,
fascinada por la imagen de un crucificado exigente: por la humillacion y la
muerte». Inmediatamente el poeta propicia el vinculo con la realidad islena
contemporanea: (...) «E1 estallido de la revolucion instauro una imagen mo-
ralizante y seminal del macho; el heroe reproductor, el fecundador mitico,
blandiendo un codigo de prohibiciones y permisividades - muy pocas- que
era apenas, transpuesto, el del cristianismo mas rancio».
Luego vienen las referencias al influjo que representa el otro cauce fun-
dacional, axiomatico, podria decirse, de lo cubano, como lo hemos cono-
cido desde tiempos coloniales: Africa. «(...) Tres de las mas densas culturas
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africanas nos llegan con los barcos de esclavos como una lenta transfusion
a lo largo de los siglos, gota a gota. Culturas de orden tribal, rfgidamente
estructuradas por una red, por una jerarquia de jefes y subjefes, de reyezue-
los y mayimbes -la palabra, como un salto atavico desde el fondo de lo ge-
netico, se vuelve a emplear, hoy en dia, en Cuba-. (...) Los viajes infernales
hacen del individuo que sale, acatador de una ley teliirica, obediente a una
magia que es el ritmo natural, un verdadero cimarron encolerizado. (...)».
Espana inquisitorial y Africa tribal es la sintesis de Sarduy. A eso le agrega la
cultura china, historicamente desvalorizada pero que, segun dice, «ha sido
esencial en la constitucion del ser nacional», y a la que los cubanos deben,
entre otros rasgos, su sentido del azar. (Esta triada neurdlgica como intro-
duction a la idcntidad islena se advierte tambien en su trabajo dc ficcion.
«De donde son los cantantes»> novela publicada en 1967, esta compuesta
por los siguientes relatos: « Junto al rfo de cenizas de rosas», en alusion al
componente chino; «La dolores Rondon», al negro; y «La entrada de Cris-
to en la Habana», al hispanico).
Queda en el paladar un dejo deleuzeano al revisar las preguntas con
las que el autor decide abrochar su intrepido «Refugies cubains»: «^Que
es necesario, que trabajo profundo y lento, para que una cultura deje de
repetirse, de volver a su represion, a lo largo de las reacciones y de las revo-
luciones? <;Que debemos hacer cuando esa cultura es una superposicion de
estratos, una acumulacion de herencias turbias: el trabado y nudoso enma-
dejado de la cubanidad?». Evidentemente, el ejemplo de ese «psicoanalisis
gregario» es simplemente una utilizacion lirica, una herramienta a traves
de la cual Sarduy expresa la huella que en su intelecto y sensibilidad rotulo
la Revolucion, ya que lo que dice acerca de los flujos y reflujos que han ido
a dar al abrevadero de «lo cubano», a la conformacion de aquella especie
de tuetano sociocultural, es producto mas de una «intuicion gnoseologica»
que de una «rigurosa epistemologi'a», y eso hay que tenerlo claro.
De alii que al leer el texto sarduyano completo sea posible darse cuenta
de que las referencias a esos flujos y reflujos, guarecidas bajo un paradig-
ma compuesto por particularidades que niegan la singularidad de cada
uno de sus sujetos (obviamente, por ser imposible la tarea), representan
quiza la lectura de un diagnostico. Sabemos bien que el psicoanalisis no
puede poner sus instrumentos teoricos al servicio de tentativas de conno-
tacion colectiva, «gregaria», que actiien en detrimento de la caracterizacion
singular del sujeto. Pero al ser la idea de dicho «psicoanalisis gregario»
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evidentemente un lance metaforico, que incluye comentarios respecto de
ciertas colectividades y herencias culturales no del todo antojadizos, no
deja -esta nocion- de estar vinculada, como deciamos, con lo requerido
por Deleuze: que esas herramientas teoricas puedan detectar de que forma
esos influjos, esos correlatos historico-culturales, en fin, esa «arqueologia»,
para utilizar la palabra de Sarduy, determinan el discurso inconsciente de
la singularidad; ademas, desde luego, de ese retal secreto atropelladamente
compartido que Jung llamo inconciente colectivo (aunque para efectos de
este ensayo el sentido jungiano del termino mengua para dar paso a uno
quizas ma s garcianoy o mejor dicho, serugiriano).A
Se trata de una propuesta de relacion dialectica y contributiva del 11a-
mado psicoanalisis puro, ese ambicioso andamiaje, con otros saberes de la
Teorfa Critica en el sentido de una Itnea de trabajo desarrollada, aunque de
diversa forma, por autores como los que mencionabamos al inicio: Zizek,
Stavrakakis y Jorge Aleman, quien incluso ha expresado que «los momen-
tos mas fecundos del psicoanalisis siemprc han tenido que ver con una
discusion que intento transformar a la civilizacion», y define las potentiates
condiciones de ese cambio en los siguientes terminos:
Hasta ahora los proyectos de transformacion partian del supuesto de que solo
con la toma de conciencia, solo a traves de la critica y del analisis objetivo de
la realidad, ya se podia inaugurar un proceso de cambio. Pero a partir de la
logica lacaniana, que exige la construccion de mediaciones, esto ya no esta
garantizado. Esta ausencia de garanrias ha llevado a algunos lacanianos a vol-
verse conservadores, ironicos, o a ejercer una especie de escepticismo lucido.
Pero, por el contrario, tambien se pueden aprovechar esos mismos obstaculos
para repensar los proyectos poh'ticos, como lo hace Ernesto Laclau. Vale la
pena que (hoy) se tenga en cuenta el malestar en la cultura descrito por Freud,
el discurso capitalista descrito por Lacan, y las maneras en que un sujeto esta
constituido. (...) Sin pensar como un sujeto esta constituido, es imposible pen-
sar un proceso de transformacion.
La exhortacion de Aleman encuentra eco, en cuanto a las posibilidades
de encender aquel «motor de transformacion» apelando a una naturaleza
nueva del proyecto politico, en la ensayfstica de Bolivar Echeverrfa. La
propuesta de relacion dialectica y contributiva del psicoanalisis puro con
los saberes de la Teorfa Critica ayudaria, en diversos ambientes de America
Latina determinados por el «ethos barroco», a hilvanar valiosas reflexiones
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acerca de ese objeto perdido -siempre multiple y escurridizo- de la identi-
dad -siempre deliciosamente heterogenea; es decir, justamente, barroca-.
(No esta de mas recordar que hablar de heterogeneidad y multiplicidad no s
previene de confundir identidad con identification , un equfvoco siempre
peligroso). Este ethos barroco, segiin Bolivar Echeverria en su ensayo «La
clave barroca de la America Latina», es uno de los esquemas a ser utiliza-
dos por el sujeto que vive bajo la modernidad capitalista para desdibujar,
neutralizar, la contradiccion entre los dos principios o «logicas» que carac-
terizan dicha vida:
El primero de estos dos principios o «logicas» es aquel (...) al que K. Marx 11a-
mo «natural», (...) un principio que pretende estructurar ese mundo de la vida
en referencia a un telos definido cualitativamente y que actua desde el valor
de uso de las cosas, desde la dinamica de la consistencia practica de esta s. El
segundo principio estructurador de la vida moderna establecida, contrapuesto
al primero, seria (...) (uno) que emana (...) del valor mercantil de las cosas, (...)
ajeno a la realizacion concreta de la vida humana y a la consistencia cualitativa
de las cosas; que tiene en cuenta esta realizacion y esta consistencia, pero solo
en abstracto, como si la una fuera el vehiculo de esa voluntad «cosica» del capi-
tal y la otra el soporte de la cristalizacion o materializacion del valor mercantil;
se trata de un principio o una «logica» que pretende estructurar el mundo de
la vida en referencia al telos cuantitativo siempre inalcanzable del incremento
por el incremento mismo.
A diferencia del «ethos realista», en el que la «logica» de acumulacion de
capital somete a la social-natural del valor de uso haciendonos pensar que
la perfecciona (Echeverria nos sugiere pensar en el «american way of life»,
cuyo ambiente de economia industrial ofrece casa con piscina al tiempo que
seguridad ciudadana); a diferencia del «ethos romantico», que mas bien in-
vierte el orden de la subordinacion haciendonos creer en la derrota de la
«logica» de acumulacion («Para el ethos romantico, la vida moderna y su
mundo son creaciones del sujeto humano; son resultados de una aventura vi-
tal emprendida por el, que como tales pueden ser rehechos y transformados
por el de manera soberana en cualquier momento». Pensar en el intento de
construccion de las patrias nacionales.); a diferencia del ethos «clasico», que
plantea una «inmolacion» de la vida social-natural en beneficio de la vida de
valor acumulativo, el «ethos» barroco consiste en la reivindicacion de la vida
del valor de uso. «E1 ethos barroco promueve la reivindicacion de la forma
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que pensarlo ya no en clave romantica sino, por ejemplo, en clave barroca.
No como la toma apoteosica del Palacio de Invierno, sino como la inva-
sion rizomatica, de violencia no militar, oculta y lenta pero omnipresente
e imparable, de aquellos otros lugares, lejanos a veces del pretencioso es-
cenario de la Poh'tica, en donde lo politico -lo re-fundador de las formas
de la socialidad- se prolonga tambien y esta presente dentro de la vida
cotidiana». <;Respuesta a las ultimas preguntas que Sarduy plantea en su
«Refugies cubains»? fTesis compatible con el «proceso de transformacion»
del que habla Aleman?
Y Sarduy regresa para referirnos a quien el consideraba su maestro ba-
rroco: Lezama. Para remitirnos a los fragmentos de uno de los poemas del
autor de Paradiso , que serviran quiza para la constatacion de algunas de
las ideas desarrolladas o, mejor dicho, «desenrolladas» a lo largo de este
texto. La eleccion de este trabajo titulado «La madre», de 1971, no es,
obviamente, casual. La utilizacion lezamiana de la nocion de resto y de la
figura materna (ya abordaremos una o dos cosas de lo dicho por Kristeva)
nos devuelve de inmediato, como es evidente, a la cuestion del objeto a.
La Madre
Vi de nuevo el rostro de mi madre.
Era una noche que parecia haber escindido
La noche del sueno.
La noche avanzaba o se detenia,
Cuchilla que cercena o soplo huracanado,
Pero el sueno no caminaba hacia su noche.
Sentia que todo pesaba hacia arriba,
Alii hablabas, susurrabas casi,
Para los oidos de un cangrejito,
Ya se, lo se porque vi su sonrisa,
Que queria llegar
Regalandome ese animalito,
Para verlo caminar con gracias
O profundizarlo en una harina caliente.
La mazorca madura como un diente de nino,
En una gaveta con hormigas plateadas.
El simil de la gaveta como una culebra,
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Fabian Darfo Mosquera • Neobarroco latinoamericano y objeto psicoanalftico...
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La del tamano de un brazo, la que viruta
La lengua en su extension doblada,
La de los relojes viejos, la temible y risible
Parlante.
Recorria los filos de la puerta,
Para empezar a sentir, tapandome los ojos,
Aunque lentamente me inmovilizaba,
Que la parte restante pesaba mas,
Con la ligereza del peso de la lluvia
O las persianas del arpa.
En el patio asistian
La luna completa y los otros meteoros convidados
Propicio era y magico el itinerario de su costumbre.
Miraba la puerta,
Pero el resto del cuerpo permaneci'a en lo restado,
Como alguien que comienza a hablar,
Que vuelve a refrse, pero como se pasea entre la puerta
Y lo otro restante,
Parece que se ha ido, pero entonces vuelve.
Lo restante es Dios tal vez,
Menos yo tal vez,
Tal vez el raspado solar
Y en el a horcajadas el yo tal vez.
A mi lado el otro cuerpo
Al respirar, mantenfa la vision
Pegada a la roca de la vaciedad esferica.
Se fue reduciendo
A un metal volante con los bordes
Asaltados por la brevedad de las llamas,
A la evaporation de una pequena
Taza de cafe matinal,
A un cabello.
De la figura de la madre podemos decir, desde el punto de vista psicoa-
nalftico, lo clasico (no por eso no discutido): primer objeto de deseo que
el sujeto pierde por la imposition de un logos. Como expresa Kristeva:
«estancia semiotica (imaginaria) pre-verbal, pre-simbolica reprimida por
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el Logos». La madre representa lo que la autora dice haber experimentado
cuando se sometia a su analisis en Francia: «el transito desde las palabras-
sentido hacia las palabras-sensaciones». Kristeva afirma haber explorado
ese lado sensorial de la lengua, efectivamente, al nacer su hijo.
Pero se trata tambien de la madre-isla , no solo por los evidentes ele-
mentos caribes del escenario (el crustaceo, el soplo huracanado, la harina
caliente, la mazorca, la luna completa); sino, como ya expreso Sarduy, por
la presencia de la hispanidad religiosa: «La mazorca madura como un dien-
te de nino/ En una gaveta con hormigas plateadas/ El simil de la gaveta
como una culebra/ La del tamano de un brazo, la que viruta la lengua en
su extension doblada/ La de los relojes viejos, la temible y risible parlante».
Veamos: la mazorca como un diente de nino, que se encuentra en una
gaveta con hormigas plateadas. Si forzamos un poco el verso y enfilamos
la atencion hacia el broche de la figura retorica, <;que son las hormigas
plateadas? Quiza monedas. Monedas a cambio del diente, en ese tierno
trueque con la madre que se inscribe en la tradicion iniciada por el sacer-
dote espanol Luis Coloma a finales del siglo xix, largamente extendida por
Hispanoamerica (y que incluye el contacto a partir de un objeto residual,
cosa que no cambia si nos atenemos a una interpretacion mas inmediata,
si se tratase simplemente de una mazorca madura, representacion de un
vinculo nutricional con la madre). Pero la religiosidad constrictiva, an-
gustiante, inmediatamente aparece: la temible, risible y parlante culebra,
que viruta la lengua en su extension doblada, la de los relojes viejos y del
tamano de un brazo, no es otra que la del paraiso perdido de la tradicion
judeocristiana. Primer objeto-terruno extraviado. Y alii estan el resto de cafe
en la taza, el cabello desprendido, y la noche que, tambien, genera residuo:
es cuchilla que cercena, para que un resto se desprenda de un cuerpo, de un
«Uno» ideal. Es decir -en este marco interpretativo- maternal.
«Lo restante es Dios tal vez», dice el poeta, «Menos yo tal vez / Tal vez
el raspado solar / Y en el a horcajadas el yo tal vez». Versos que ratifican esa
voluntad lezamiana de cantarle a una suerte de goce escindido (como todo
goce, al fin de cuentas). Y a su lado el otro cuerpo se va reduciendo Qel de la
madre que va y viene de lo restante?, «;el suyo propio en otra suerte de desdo-
blamiento? <Un ser en entredicho, en transito entre el lenguaje y lo Real, que
con «la vision pegada a la roca de la vaciedad esferica» se ha imantado en el
limbo del sueno, de la muerte?). De cualquier forma, la parte restante parece
pesar mas «con la ligereza del peso de la lluvia/ o las persianas del arpa». Es
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Fabian Dano Mosquera • Neobarroco latinoamericano y objeto a psicoanalitico...
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el peso, a la vez exiguo y terrible, de la Madre, de ese Yo y ese Nosotros de
connotacion barroca, de un Dios que, al tiempo, es ley y objeto residual
intraducible. Si ubicamos la cultura latinoamericana (plural siempre, intrin-
cada y contradictoria, rizomatica; en fin, poetica) en el estatuto de energia
cognoscente , ya Sarduy, ya Lezama, han sugerido, no sin pertinencia, que es
mas bien esa paradoja carencia/demasi'a de lo barroco su fundamento episte-
mico. Alii se ha sentado la madre comarca/patria/iglesia/tribu, que al mismo
tiempo es orfandad, espacio abierto a la produccion del deseo deleuzeano, a
la revolucion barroca de la que habla Echeverria, ya que en el pielago abisal
de sus entranas alberga el objeto perdido de los mestizajes.
Notas
[Link] la veta cubana constituya un «estilo» apenas en la medida en que podemos reco-
nocer la gravitacion de Lezama y Carpentier como ejes detonantes de lo que vendria. Sin
embargo, aquellas poeticas que surgieron luego, desde la del mismo Sarduy hasta la de Jose
Kozer, estan claramente determinadas por atributos muy singulares. Son producto, en fin,
de especi'ficos pormenores creativos; preservando asi el talante multiple, variadisimo, que
ha marcado a todo el Neobarroco latinoamerciano. Nestor Perlongher, esa figura tutelar
de la «version» ri'oplatense (ya bautizada neobarroso), opinaba que dicha posibilidad litera-
ria «no implica una escuela, ni siquiera un estilo. Es percibir que hay ciertas formaciones
escriturales, que aparecen en diferentes lugares con cierta simultaneidad v con influencias
muy dificiles de conocer. (...) El desencadenante de esto, que es la obra de Lezama - yo
creo que se empezo a escribir a lo Lezama antes de que se lo hubiera lefdo; tal vez se lo
leia en algun poema de antologfa, por lo menos, ese fue mi caso - revela que hay una es-
pecie de flujos microscopicos que estan atravesando de una manera medio subterranea las
lenguas v los paises». Son palabras de 1986, en conversacion con Eduardo Milan. Aquello
de «formaciones escriturales que atraviesan las lenguas y los pai'ses» es particularmente im-
portante. Hablamos, por supuesto, de formaciones engendradas en latitudes mas alia del
Caribe o, de manera puntual, Cuba. Acerca de los antecedences historicos del Barroco y
Neobarroco en el Rio de la Plata* por ejemplo, el poeta uruguavo Eduardo Espina expresa
que «casi mecanicamente v sin demasiada elaboracion, la critica ha trazado la relacion entre
el neobarroco poetico latinoamericano que emergio diafano v contundente a principios de
la decada de 1980, con la obra de Jose Lezama Lima. Con esta apreciacion inexacta y to-
Ciilitarista quedaron excluidos de la lista de references otros escritores tan o mas influyentes
que el cubano, como Julio Herrera y Reissig y Oliverio Girondo». Aunque aquello de «tan
o mas influyentes que el cubano» resulte discutible, se traca de un cricerio que nos deja ver
una amplia dinamica en la creacion barroca y neobarroca en Lacinoamerica. Por otro lado,
Perlongher se refiere al «atravesamiento de la lengua» ya que, no hay que olvidarlo, algunas
de las cosas mas interesantes del Barroco y el Neobarroco concinental se han escrito en por-
tugues (v hasta en portunol). En ese acervo, el maestro Haroldo de Campos encuentra «dos
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h'neas (que) recorren el barroco historico (brasileno): el serio-estetico (lfrico, encomiastico,
religioso) y el jocoso-sati'rico (aliado, en la prosa, a lo «picaresco», genero que se dio con va-
riantes y caracteristicas propias)». Se trata, en fin, como vemos, de un muy vasto panorama.
2. Lezama planteaba, en contraposition a esta idea (y segun nos recuerda tambien, con
cierto entusiasmo, De Campos), que el Barroco americano es entonces «el arte de la contra-
conquista». En El espejo enterrado, Carlos Fuentes retoma esta conception expresando que
«el barroco es un arte de dislocamientos, semejante a un espejo en que, constantemente,
podemos ver nuestra identidad en mudanza»... La misma metafora de la que echa mano
Sarduy, y que robustece el espiritu de este ensayo.
3. Dice Roberto Echavarren -uno de los autores neobarrocos por antonomasia- sobre el
poeta venezolano Marco Antonio Ettedgui, cuya obra tambien se encuentra, segun varios
criticos, dentro del influjo : «a diferencia de Marx, Ettedgui considera el valor de la mercancia
ante todo como fetiche erotico». Idea con un notorio acento freudiano.
4. Incluida por Charly Garcia en su album Yendo de la cama al living , de 1982 -peniiltimo
ano de la dictadura militar argentina-, aunque estrenada un poco antes en un recital de
Seru Giran, Inconsciente Colectivo expresa bien, mas alia de ciertas cursilerias, aquello de que
«el deseo-delirio es, por su propia naturaleza, carga libidinal de todo un campo historico».
Bibliografia
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Campos, Haroldo de (2006): «Barroco, neobarroco, transbarroco», en Sol negro,
revista de literatura , (primer numero), Lima.
Deleuze, Gilles (2005): «Cinco propuestas del psicoanalisis» en La isla desierta y
otro textosy Pre-textos, Espana.
Echavarren, Roberto; Kozer, Jose y Sefami, Jacobo (1996): Medusario, muestra de
poesia latinoamericana , Fondo de Cultura Economica, Mexico.
Echeverria, Bolivar: «La clave barroca de la America Latina», en linea: chttp ://
www. bol i vare . unam . mx> .
hspina, bduardo (2UU6j: «Alejo Carpentier y el neobarroco mio», en bol negro ,
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Lezama Lima, Jose (1999): «La madre», en Poesia Completa , Alianza, Espana.
Milan, Hauarao UUUo;: «LI neobarroco noplatense», entrevista a INestor rerlong-
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Sarduny, Severo (1999) Barroco; V Suplemento, Obras completas , Galaxia Guten-
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- (2000) Refugies cubains, Antologta , Fondo de Cultura Economica, Mexico.
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