ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO
La OMC nació el 1º de enero de 1995, pero su sistema de comercio
comenzó con el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT,
por su sigla en inglés) en 1948.
Los acuerdos de la OMC abarcan una gran variedad de actividades y
tratan, entre otros, temas relacionados con la agricultura, los textiles y
las confecciones, los servicios bancarios, las telecomunicaciones, la
contratación pública, los reglamentos sobre sanidad alimentaria y la
propiedad intelectual.
Las principales funciones de la OMC están relacionadas con las
negociaciones comerciales y la aplicación de las normas comerciales
multilaterales negociadas (incluidas las relativas a la solución de
diferencias).
COMERCIO SIN DISCRIMINACIONES
Un país no debe hacer discriminaciones entre sus interlocutores
comerciales, ni tampoco tiene que hacerlo entre sus propios productos,
servicios o personas. De igual forma, a los ciudadanos extranjeros se les
debe dar un trato nacional.
• Nación más favorecida (NMF): este principio se fundamenta en el trato
igualitario para todos. Cuando un país concede una ventaja especial, ya
sea arancelaria o no arancelaria, debe hacer lo mismo con los demás
miembros de la OMC. Sin embargo, se permiten ciertas excepciones entre
las que se destacan los tratados de libre comercio, los accesos especiales
a países en vía de desarrollo y los obstáculos a productos objeto del
comercio desleal, entre otros.
• Trato nacional: se basa en el trato igual para nacionales y extranjeros.
Los bienes y servicios extranjeros deben estar en las mismas condiciones
en el mercado nacional, se aplica una vez los bienes o servicios hayan
ingresado a este. Por lo tanto, los derechos de aduana a las importaciones
que se presenten antes del ingreso no constituyen una violación al trato
nacional.
FOMENTO DE UNA COMPETENCIA LEAL
Se procura desalentar las prácticas desleales, como las subvenciones y
el dumping. La OMC pretende un sistema de normas consagrado al
logro de una competencia libre, leal y sin distorsiones.
Algunas veces se describe a la OMC como una institución de "libre
comercio", pero esto no es completamente exacto. El sistema autoriza
en realidad la aplicación de aranceles y, en circunstancias restringidas,
otras formas de protección. Es más exacto decir que es un sistema de
normas consagrado al logro de una competencia libre, leal y sin
distorsiones.
Las normas sobre no discriminación -NMF y trato nacional- tienen por
objeto lograr condiciones equitativas de comercio. Este es también el
objeto de las normas relativas al dumping (exportación a precios
inferiores al costo para ganar partes de mercado) y las subvenciones.
Las cuestiones son complejas y las normas tratan de determinar
lo que es leal o desleal, y cómo los gobiernos pueden responder,
en particular mediante la aplicación de derechos de importación
adicionales calculados para compensar el perjuicio ocasionado
por el comercio desleal.
Muchos de los demás Acuerdos de la OMC están destinados a
apoyar la competencia leal, por ejemplo, en materia de agricultura,
propiedad intelectual y servicios. El Acuerdo sobre Contratación
Pública (que es un acuerdo "plurilateral" porque sólo ha sido
firmado por algunos de los miembros de la OMC) hace extensivas
las normas en materia de competencia a las compras realizadas
por miles de entidades "públicas" de muchos países. Y así
sucesivamente.
PROMOCION DEL DESARROLLO Y LA REFORMA
ECONÓMICA
Mediante la aplicación de los acuerdos al sistema y a cada una
de las economías, la OMC trabaja por el bienestar de todos. No
obstante, es consciente de que no es lo mismo aplicarlas a
países desarrollados que a los que están en transición, por lo
tanto prevé asistencia y otorga periodos para que se adapten a
las disposiciones.
El sistema de la OMC contribuye al desarrollo. Por otra parte,
los países en desarrollo necesitan flexibilidad en cuanto al
tiempo preciso para aplicar los Acuerdos del sistema. Y a su vez
los Acuerdos incorporan las disposiciones anteriores del GATT
que prevén asistencia y concesiones comerciales especiales
para los países en desarrollo.
Más de las tres cuartas partes de los Miembros de la OMC
son países en desarrollo y países en transición a economías
de mercado. Durante los siete años y medio que duró la
Ronda Uruguay, más de 60 de esos países aplicaron
autónomamente programas de liberalización del comercio.
Al mismo tiempo, los países en desarrollo y las economías
en transición fueron mucho más activos e influyentes en las
negociaciones de la Ronda Uruguay que en ninguna ronda
anterior, y aún lo son más en el actual Programa de Doha
para el Desarrollo.
POLITICAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL
La política comercial, política de comercio o política mercantil es el conjunto de
iniciativas del gobierno de un país sobre comercio internacional, es decir, sobre la
importación y exportación de productos y servicios (denominados conjuntamente
"bienes") de ese país a otros. La política comercial de un país en un momento
determinado puede situarse en una escala entre los extremos de libre comercio
(ninguna restricción al comercio) y proteccionismo (muchas restricciones, para
proteger a los productores locales).
En ocasiones varios países pueden acordar una política comercial común
respecto a otros, formando por ejemplo una unión aduanera, como lo son la Unión
Europea o el Mercosur. La política comercial de al menos 2 gobiernos de países
distintos puede plasmarse en un pacto comercial, acuerdo comercial o tratado
comercial entre esos 2 países, o más (existen tratados comerciales que han
firmado muchos países). Estos tratados, de negociación muy compleja, fomentan
una política comercial estable a largo plazo, porque suele ser muy complicado
cambiarlos según los diferentes vaivenes que la economía mundial inflija a cada
uno de los firmantes.
POLITICAS PARTICULARES DEL COMERCIO INTERNACIONAL
1.-Prestación de asistencia a las economías en desarrollo y las economías en
transición .
Los países en desarrollo representan alrededor de las tres cuartas partes del número total
de Miembros de la OMC. Esos países, junto con los países actualmente en proceso de
“transición” a economías basadas en el mercado, desempeñan una función cada vez más
importante en la OMC.
Por consiguiente, se presta gran atención a los problemas y necesidades especiales de las
economías en desarrollo y las economías en transición. El Instituto de Formación y
Cooperación Económica de la Secretaría de la OMC organiza una serie de programas para
explicar cómo funciona el sistema y contribuir a la formación de los funcionarios y
negociadores gubernamentales. Algunas de esas actividades se desarrollan en Ginebra;
otras se realizan en los países interesados. Hay una serie de programas que se organizan
conjuntamente con otras organizaciones internacionales. Algunos revisten la forma de
cursos de formación. En otros casos podría ofrecerse asistencia individual.
La asistencia prestada reviste diversas formas: desde ayuda para realizar las
negociaciones de adhesión a la OMC y aplicar los compromisos contraídos en su marco
hasta orientación para participar eficazmente en negociaciones multilaterales. A los países
en desarrollo, especialmente a los menos adelantados, se les ayuda con datos comerciales
y arancelarios relativos a sus intereses en materia de exportación y a su participación en los
órganos de la OMC.
2.-Ayuda especializada para la promoción de las exportaciones: el
Centro de Comercio Internacional
El Centro de Comercio Internacional fue creado por el GATT en 1964, a
petición de los países en desarrollo, para ayudarles a promover sus
exportaciones. Lo administran conjuntamente la OMC y las Naciones
Unidas, estas últimas por conducto de la UNCTAD (Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo).
El centro atiende las solicitudes de asistencia de los países en desarrollo
para la formulación y ejecución de programas de fomento de las
exportaciones y de operaciones y técnicas de importación. Facilita
información y asesoramiento sobre los mercados de exportación y las
técnicas de comercialización y presta ayuda para el establecimiento de
servicios de comercialización y promoción de las exportaciones y para la
formación de personal con destino a esos servicios. La asistencia del
Centro a los países menos adelantados es gratuita.
3.-Cooperación de la OMC en la formulación de la política económica a
escala mundial
Un importante aspecto del mandato de la OMC es cooperar con el Fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones multilaterales
para lograr una mayor coherencia en la formulación de la política económica
a escala mundial. En la Reunión Ministerial celebrada en Marrakech en abril
de 1994 se adoptó una Declaración Ministerial aparte en la que se subrayaba
este objetivo.
En la Declaración se prevé una mayor contribución de la OMC al logro de una
mayor coherencia en la formulación de la política económica a escala
mundial. Se reconoce la vinculación entre los diferentes aspectos de la
política económica y se pide a la OMC que desarrolle su cooperación con los
organismos internacionales que se ocupan de las cuestiones monetarias y
financieras: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
ARANCELES EN LOS PAÍSES EN DESARROLLO
Si bien los sistemas arancelarios confieren protección económica, pueden constituir una bendición mixta
para los productores nacionales. En primer lugar, los exportadores generalmente sufren los aranceles, ya
que estos elevan los costos de sus insumos directa o indirectamente, pero no les permiten aumentar el
precio de sus exportaciones en la misma medida. Esto fue bien documentado para el caso de Colombia en
un estudio clásico de Jorge García García. En segundo lugar, aún los subsectores que compiten con las
importaciones pueden ser perjudicados por los sistemas arancelarios, si sus tasas no son uniformes y son
más altas para sus insumos que para los productos que compiten con su producción.
En términos analíticos, este efecto se mide calculando las tasas de protección efectiva en vez de las tasas
de protección (nominal) simple; y las tasas efectivas pueden ser negativas si la protección es más alta para
los insumos que para los productos. En tercer lugar, es bien conocido que los altos aranceles pueden minar
la competitividad de sectores e industrias nacionales, ya que las ganancias económicas adicionales
resultantes de la protección arancelaria tienden a debilitar el interés por incrementar la productividad.
Debido a esto último, ahora es un principio aceptado que los niveles de los aranceles no deben ser altos en
general y, que si lo son, debe adoptarse un programa para reducirlos progresivamente. Los acuerdos de
libre comercio incluyen normalmente cláusulas para alcanzar estos objetivos. Como se indicó, en el caso del
TLC, se han otorgado hasta 15 años para eliminar algunos aranceles agrícolas, pero el acuerdo para su
eventual eliminación ha sido comprometido en el tratado.
Además de evitar altos niveles, el segundo principio básico para los
sistemas arancelarios es que sus tasas deben ser relativamente
uniformes entre sectores y entre productos. A los efectos de fomentar la
eficiencia económica, este principio es extremadamente importante. Si
bien más adelante se mencionan tres excepciones, en general cuanto
más uniformes sean los aranceles, mejores serán para promover el
crecimiento económico.
La protección arancelaria desigual favorece algunas industrias o
subsectores más que a otros, y a menudo los más favorecidos tienden a
ser los menos competitivos a largo plazo. Podría tratarse de las industrias
que más sienten el acicate de la competencia y, en consecuencia, han
ejercido mayor presión política para conseguir la protección.
En esencia, en los sistemas en los cuales los aranceles son desiguales entre productos,
el gobierno debe “escoger los ganadores” y la experiencia ha demostrado ampliamente
que es mucho menos capaz que el mercado de hacerlo con éxito. Una variante común
de sistema arancelario no uniforme es un conjunto de aranceles graduados, con la tasa
más baja para los productos primarios, una tasa más alta aplicada a los bienes
industriales intermedios y la tasa mayor reservada a los bienes manufacturados de
consumo final. Tal sistema se puso en marcha, por ejemplo, en la República de Corea en
las primeras décadas de su despegue económico y más recientemente en Guatemala.
Este sistema fue propuesto por la primera escuela del desarrollo económico, que daba
prioridad la industrialización como camino hacia el crecimiento. Este enfoque discrimina
contra la agricultura. Si un país tiene ventajas comparativas en algunos productos
agrícolas.
Cuando los aranceles ya están dentro de un abanico bajo o moderado, desde la
perspectiva del desarrollo económico es al menos tan importante uniformarlos tanto
como sea posible, que continuar reduciéndolos. Para que los países puedan explotar sus
ventajas comparativas al máximo y, por lo tanto, maximizar sus perspectivas de
crecimiento, es muy importante alinear los precios relativos nacionales con los precios
relativos internacionales tanto como sea posible. La política arancelaria uniforme
constituye un paso importante en esta dirección.
En primer lugar, subsidiar los alimentos a través de exoneraciones arancelarias significa que el
peso completo del subsidio recaerá sobre los productores y, por lo tanto, es probable que la
producción nacional se reduzca frente a los abastecimientos importados. En las palabras de
Valdés: “Un resultado predecible y bien documentado de la política de alimentos baratos es
que la autosuficiencia de los bienes en cuestión, o sea, los que están implícitamente
subsidiados, decrece rápidamente.
En segundo lugar, este tipo de subsidio es completamente no focalizado, así que todas las
familias lo reciben en proporción a su consumo de alimentos, sin importar sus ingresos. En
este sentido, se trata de un subsidio regresivo. El valor del subsidio es mayor para las familias
más acomodadas. Por ejemplo, en Kenya se encontró que “los subsidios a la harina de maíz
seco en las zonas urbanas de Kenya eran captados de forma desproporcionada por los
estratos de mayores ingresos de la población urbana
En tercer lugar, las exoneraciones arancelarias para los alimentos usualmente exacerban el
problema de la pobreza rural. Este efecto ocurre porque la reducción de los incentivos a la
producción afecta a los productores de todos los tamaños de finca, y como consecuencia
también reduce el empleo de los trabajadores rurales sin tierra. En la mayoría de los países de
bajos ingresos el grueso de la pobreza se encuentra en zonas rurales y constituye así un serio
problema nacional. Puede haber excepciones a esta conclusión cuando la relación entre la
población rural sin tierra y con tierra es muy alta, como en Bangladesh.
INCENTIVOS A LA EXPORTACIÓN
Las normas de la OMC generalmente desalientan los subsidios a la exportación, lo
mismo que los aranceles. Han sido un importante tema de discusión entre las
principales naciones industriales y el objetivo de las negociaciones internacionales ha
sido el de reducirlos gradualmente. No obstante, en vista del sesgo anteriormente
mencionado del régimen de la OMC contra las exportaciones y de su importancia para
los países en desarrollo, vale la pena considerar medidas que podrían fomentarlas en
el contexto de políticas económicas sanas. Muchos países han adoptado formas de
incentivos a la exportación, a través de exoneraciones tributarias y reintegros de los
derechos pagados sobre los insumos importados.
En los países en desarrollo, los productos de exportación frecuentemente son más
intensivos en el uso de mano de obra que los substitutos de productos importados y,
por lo tanto, el sesgo contra las exportaciones es especialmente perjudicial para el
incremento del empleo y la reducción de la pobreza rural.
El principal problema de las medidas de ayuda a la exportación es que no llegan a
buena parte de los productores. La mayoría de los productores pobres no usan
cantidades significativas de insumos importados y, por ende, no pueden percibir
beneficios por reintegros de derechos arancelarios. Igualmente, la mayoría de los
productores no ganan (o no declaran) ingresos suficientes como para pagar impuestos
y por lo tanto las exenciones de impuestos no son relevantes para ellos.
RESTRICCIONES AL COMERCIO EXTERIOR
La política del comercio exterior a menudo abarca los sistemas arancelarios; cuando se les
trata separadamente, además de los acuerdos comerciales incluye las medidas
concernientes al grado de apertura del comercio internacional, o sea, la eliminación de los
controles a las importaciones y exportaciones.
Tales restricciones toman varias formas, entre ellas, cuotas de importación, licencias de
importación y exportación, en algunos casos prohibiciones a la exportación, restricciones a la
disponibilidad de divisas y, a veces, requisitos fitosanitarios libremente interpretados. Otras
formas más sutiles de control de las importaciones son el requisito de depositar moneda
extranjera en el sistema bancario con mucha anticipación a las importaciones y el aumento
del monto del depósito previo requerido.
Existe consenso internacional en que las restricciones comerciales tienen marcados efectos
negativos sobre el desarrollo a largo plazo[105]. En términos de sus efectos sobre los
precios, los controles a la importación (llamados genéricamente barreras no arancelarias) son
equivalentes a aranceles altamente variables en el tiempo, más aún si se imponen
arbitrariamente sin previo aviso. Dependiendo de la severidad de la escasez del producto en
el mercado nacional y del monto de las importaciones permitidas, el precio interno puede
aumentar mucho como resultado de medidas de control a la importación. Por el contrario, las
limitaciones o prohibiciones a la exportación conllevan una disminución del precio nacional y,
en vista de esto, normalmente los productores las rechazan fuertemente.
En períodos de excedentes de producción, a veces la respuesta de la
política es la prohibición de las importaciones. “En Kenya, todas las
importaciones de maíz y trigo, excepto las que tenían propósitos
humanitarios, fueron suspendidas a mediados de 1994 por seis meses. A
principios de 1994, el Gobierno de Nigeria impuso una prohibición a las
importaciones de maíz, cebada y arroz.
A finales de 1994 las autoridades de la región del cobre en Zambia
prohibieron la exportación de maíz fuera de la zona”[106].
Recientemente, Malí prohibió la exportación de cueros y pieles para
promover el procesamiento interno de estos productos. Guyana mantuvo
por años una controvertida prohibición a la exportación de madera dura
en rollos y Letonia puso en práctica una prohibición semejante sobre los
troncos de sus coníferas.
El caso de la prohibición de las exportaciones de madera en rollo ilustra los
efectos económicos potenciales de tales medidas. Su propósito es el de
promover el procesamiento de madera en rollo por parte de la industria
nacional, aumentando así el valor agregado resultante de cada unidad de
extracción forestal.
El objetivo es loable, pero este modo específico de lograrlo puede tener
resultados contraproducentes, porque eliminar el mercado de exportación
para la madera en rollo la hace artificialmente barata en el mercado interno,
fomentando así la creación de una industria de procesamiento de madera
condicionada a la oferta de materia prima barata.
Tales industrias generalmente no son competitivas en el mercado mundial,
por lo cual sus posibilidades de crecimiento se limitan al mercado nacional.
Además, si la prohibición a la exportación se levanta eventualmente,
algunas podrían quebrar a raíz del alto precio de la madera en rollo. En las
palabras de Jan Laarman, “la renuencia a abrir los mercados a la
competencia externa resulta en un uso poco eficiente de la materia prima
forestal. Se genera empleo, pero a elevado costo social por cada puesto
creado”
POLÍTICAS DE AYUDA ALIMENTARIA
Un subconjunto de las políticas de comercio exterior concierne a la ayuda alimentaria.
Tal ayuda ha sido criticada sobre la base de que debilita los incentivos a los
productores locales. En el largo plazo, los países receptores pueden beneficiarse más
de la ayuda financiera que de la ayuda alimentaria, usando los fondos para permitir a
las familias pobres comprar sus requerimientos alimenticios en el mercado interno.
Shlomo Reutlinger ha presentado argumentos poderosos acerca de las ventajas de la
ayuda financiera sobre la ayuda alimentaria:
Dicho francamente, la ayuda alimentaria es producto de una época en la cual se
esperaba que los gobiernos, tanto de los países industrializados como de los países
en desarrollo, intervinieran en gran escala en la producción y el mercadeo de los
alimentos. El desafío más terminante a la noción de que los alimentos son más
necesarios que cualquier otra forma de ayuda surge de la visión ahora generalmente
aceptada de que la pobreza, y no la oferta de alimentos o el mal desempeño de los
mercados alimentarios, es la raíz del hambre y la desnutrición si la causa del hambre
no es la falta de alimentos en el mercado, la opción entre ayuda alimentaria y ayuda
financiera se puede fundamentar solamente sobre la base de cálculos de eficiencia.
La población podría obtener más alimentos, y alimentos más
conformes a sus necesidades, si se les diera dinero en efectivo
para comprar alimentos en los mercados locales. No sólo eso,
cada vez se reconoce más que la desnutrición no puede ser
evitada solamente con comida.
Sin embargo, mientras la ayuda alimentaria esté presente, el
componente concesional de la ayuda siempre representa un
beneficio económico neto para el país receptor; de modo que el
principal reto es cómo usar esta ayuda para fortalecer los sistemas
nacionales de producción y mercadeo.
Las ventajas y desventajas de la ayuda alimentaria han sido evaluadas por el
Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI por sus siglas en inglés), que ha
intentado resumir los términos el creciente consenso sobre este tema. Primero,
el ODI hace una distinción básica:
La asistencia alimentaria describe a cualquier intervención diseñada para
combatir el hambre, en respuesta a problemas crónicos o crisis de corto plazo.
La asistencia alimentaria puede involucrar la entrega directa de alimentos, por
ejemplo como alimentación suplementaria o en proyectos de alimentos por
trabajo. Igualmente, puede involucrar intervenciones financieras, por ejemplo,
para contribuir a subsidiar los alimentos o esquemas de estabilización de
precios.
Luego la ODI sintetiza los hallazgos de algunas investigaciones sobre la ayuda
alimentaria, que apuntan hacia la necesidad de replantear su papel y planificar
su uso en un contexto más amplio:
La ayuda alimentaria de emergencia juega un papel claro y crucial para
salvar vidas y limitar las tensiones nutricionales en casos de crisis
agudas causadas por conflictos o desastres naturales. Sin embargo, a
menudo se carece de evidencias claras que permitan medir sus efectos,
y hay muchos ejemplos de ineficacia más alguna evidencia de llegadas
tardías, que entorpecen la recuperación de las economías locales
afectadas por desastres naturales.
La ayuda alimentaria para el desarrollo fue en los años noventa un
instrumento relativamente ineficaz para combatir la pobreza y mejorar el
estado nutricional y de salud de las personas vulnerables. La ayuda
alimentaria de programa, que se proporciona a los gobiernos para su
venta posterior, es un instrumento particularmente tosco para este
propósito.
La ayuda financiera alimentaria en la mayor parte de los casos es la
manera más eficiente de financiar actividades tales como comidas
escolares o alimentos por trabajo, o proporcionar apoyo presupuestario
o de balanza de pagos al mejoramiento general de la seguridad
alimentaria.