COLEGIO PERUANO NORTEAMERICANO "ABRAHAM LINCOLN"
PROGRAMA DEL DIPLOMA
Curso: RELIGIÓN Grupo 3: individuos y Sociedades
Profesoras: Sonia Alvarado Grado y sección: 11.º ELLIOT-MAYA
Nombre: ___________________________________________________________________________________
La cultura postmoderna: rasgos
En los últimos años nuestro mundo ha pasado por cambios tan rápidos y profundos como jamás lo había hecho en tan
poco tiempo. Asistimos a una revolución cultural que está implantando nuevos modos de pensar y estar en el mundo. Es
la revolución de nuestro tiempo y nuestro mundo, y en buena parte constituye un fenómeno irreversible frente al que no
hay marcha atrás, aunque a veces choque con las creencias y valores de la tradición en que nos integramos.
1º Cultura de la abundancia y de la satisfacción : En los últimos años hemos pasado de las sociedades de bienes escasos
a sociedades de la opulencia, el consumo y el bienestar. Antes, la inseguridad existencial se vivió como un «destino
total», hoy se vive la experiencia de seguridad existencial global, bienestar generalizado y cultura de la satisfacción. La
ausencia de sensaciones de vulnerabilidad posibilita cambios simbólicos y mentales.
No se pueden negar los bienes que la ciencia y la técnica aportan a la persona y a la sociedad. Pero, aun reconociendo
tales bienes, es preciso reconocer también ciertos riesgos: que el hombre se embriague con sus conquistas, se fascine
ante ellas y piense que «es como Dios», excluyendo por tanto a un Dios trascendente. El hombre puede llegar a
absolutizar la ciencia y la técnica, y acabar por excluir la fe como innecesaria (si la ciencia lo explica todo, ¿para qué sirve
la fe?), o bien por crear un antagonismo entre la ciencia y la fe (ciencia y fe son dos mundos diferentes y hasta
enemigos), o bien por vivir en un permanente dualismo (recurrimos a la ciencia para todo; a la fe en lo que nos resulta
misterioso, incomprensible). La economía neoliberal y el fenómeno de la globalización se han encargado de producir
medios y herramientas; abundan en instrumentos, pero carecen de sentido; saben cómo funcionan las cosas, pero no
saben bien para qué han de ser utilizadas... Y la carencia de sentido es un problema dramático para la humanidad. El
psiquiatra vienés V. Frankl lo repitió con insistencia: «El problema fundamental del ser humano es un problema de
sentido, no de placer; sin placer se puede vivir, sin sentido, no». Esta cultura ofrece cada vez más posibilidades de placer,
y cada vez menos posibilidades de sentido. Aún más, la cultura neoliberal abunda en política, y carece de mística.
El espíritu consumista acaba generando en el hombre un ansia insaciable de tener y poseer; se siente desgraciado si
tiene menos que los demás y acaba siendo insolidario, porque olvida a los más pobres y contribuye indirectamente a su
explotación. Este materialismo le lleva fatalmente a vivir como si Dios no existiera y a procurar sacar el máximo provecho
de la vida prescindiendo prácticamente de Dios. Madurar en la fe, en un contexto semejante, significa básicamente dos
cosas para las Iglesias. En primer lugar, recuperar la dimensión mística y carismática de la comunidad cristiana, e insuflar
en esta humanidad una brisa de aliento y de sentido. En segundo lugar, acompañar el buen funcionamiento institucional
con el crecimiento de la experiencia y de la vida cristiana, dando lugar a que la comunidad cristiana sea verdadero
fermento en medio de la masa. El aporte más específico de las Iglesias cristianas a la humanidad debe ser precisamente
la experiencia mística y carismática.
2º Oscurecimiento de Dios y deificación del hombre. Para este hombre, Dios queda relegado a la periferia y a los confines
del mundo. Antes que buscar explicaciones en la religión, se buscan en la ciencia, de modo que Dios y su misterio son
cada vez menos «misterio» y acaba por ser innecesario y hasta superfluo. La sociedad está inmersa en una cultura que
lleva al «hombre autosuficiente» a vivir «como si Dios no existiera». Es una «apostasía silenciosa» que ya no parte de
una negación explícita de Dios, como ocurriera en los siglos precedentes, simplemente prescinde en su pensamiento, en
los criterios morales y la vida real de Aquél, que pasa a ser un «desconocido» o un «fósil» del pasado.
3º Se ha producido el paso del «homo religiosus» al «homo indiferens», para comenzar a dar paso a un «retorno a lo
sagrado» de nuevo cuño y con unas formas de religiosidad con centro y base en el mismo individuo. En otras palabras,
se está retornando a una religiosidad que busca vivir toda la espiritualidad centrada en el sujeto humano. o. El cardenal
Poupard indica que esta desviación religiosa es otro indicativo del deseo de autonomía del hombre. Incapaz de suprimir la
sed de plenitud y de eternidad, que Dios ha puesto en el hombre, busca paliativos en el gigantesco supermercado
religioso, donde gurus de toda clase ofrecen recetas de felicidad y realización personal.
4º Todo es subjetivo y relativo. La reflexividad crítica, sistemática y desacralizante ha alcanzado todos los absolutos y
certezas de la modernidad llevando a una des absolutización generalizada: crisis de credibilidad de los grandes relatos e
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ideologías de todo tipo, des absolutización del progreso indefinido, relativización de la ciencia, la técnica y la razón… Las
recetas de la tradición, que enseñaban cómo vivir, ya no valen: han desaparecido los modelos históricos, y su lugar ha
sido ocupado por las culturas y tradiciones híbridas. Pero quizá lo más alarmante no es que piensen que la verdad no
existe, sino que no preocupe lo más mínimo, porque la consideran innecesaria. Como decía el P. Carlos Valverde, «ya no
hay verdades, hay apetencias»19; no hay certezas, hay opiniones. Cada uno tiene la suya y todas valen lo mismo.
5º Globalización: Hasta anteayer fue una expresión maldita, pero hoy ha pasado a ser el nombre que damos a la fase
actual de nuestro mundo, convertido en un solo lugar donde todo lo que suceda afecta a todos. Sugiere una conciencia
cargada de universalismo y cosmopolitismo; proyecto de una humanidad más interrelacionada, integrada y solidaria. La
globalización está suponiendo una invasión del cambio en la vida de las personas y de los pueblos. El nuevo mundo
apenas coincide con el viejo. El cristianismo pertenece a las culturas antiguas y tradicionales, y como ellas está llamado a
rejuvenecer, si quieren sobrevivir, y a mantenerse actuales, a actualizar sus valores. Este es un gran desafío en esta
época de la globalización, pues la cultura global entiende poco de los valores de la tradición.
Extraído de:
Miguel Ángel Medina Escudero. Desafíos para creer, hoy. Universidad Eclesiástica San Dámaso – Madrid. Disponible en:
file:///C:/Users/user/Desktop/RELIGI%C3%93N/G10%20RELIGI%C3%93N/RELIGI%C3%93N%20G11/DESAFIOS%20DE%20LA%20IGLESIA
%20POST%20MODERNA.pdf
J. M. Mardones, El desafío de la postmodernidad al cristianismo (Sal Terrae, Santander 1988)
ACTIVIDAD
1. Elabora un esquema gráfico o un cuadro considerando los rasgos fundamentales de la cultura posmoderna.
2. Interpreta tanto la frase como la caricatura; ¿Cuál es el mensaje del autor?
"El modernismo es la actitud de quien no cree en lo que cree"
(Charles Péguy)