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Interpretación del Tiempo en Náhuatl

El documento describe las concepciones del tiempo en las culturas mesoamericanas a través de sus calendarios, cosmografía y cosmogonía. Los mesoamericanos entendían el tiempo de forma cíclica, representado en el calendario azteca de 260 días y en el ciclo de 52 años. Dividían el espacio en tres regiones -el mundo de arriba, la tierra y el inframundo- que interactuaban según los dioses y fenómenos astronómicos.

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Interpretación del Tiempo en Náhuatl

El documento describe las concepciones del tiempo en las culturas mesoamericanas a través de sus calendarios, cosmografía y cosmogonía. Los mesoamericanos entendían el tiempo de forma cíclica, representado en el calendario azteca de 260 días y en el ciclo de 52 años. Dividían el espacio en tres regiones -el mundo de arriba, la tierra y el inframundo- que interactuaban según los dioses y fenómenos astronómicos.

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EL TIEMPO, UNA INTERPRETACIÓN DESDE EL LENGUAJE NÁHUATL

Presentado por: Diego aramando Galindez Diaz


ID: 000465674

Desde el momento que el hombre se pregunta sobre su origen y su final, ya está


condenado a la búsqueda incesante sobre ¿qué es el tiempo? Y, por su puesto
las culturas mesoamericanas no fueron la excepción, este profundo anhelo los
llevo a desarrollar impresionantes sistemas de entender este fenómeno en el que
se enmarca la existencia del hombre.
El tiempo es un concepto desapercibido por el hombre, el cual esta reducido a
cumplir una agenda, que le permite sólo percibir el ínstate que se le escapa. Tal
vez por miedo al porvenir, o al devenir, pero prefiere no pensarlo. Tal vez se
persiguen tiempos mejores, pero en definitiva ¿Qué es el tiempo? De pronto es
más comprensible como “Alfa y Omega”, claro, sin que esto implique ahondar en
¿Qué es el principio? O ¿Qué es el fin?
Puede ser poco saludable que percibir el tiempo como lo comprendió Nietzsche,
sea poco saludable, o más bien puede ser muy angustioso. “Eso fue lo que
Zarathustra dijo a su corazón cuando el sol estaba en pleno mediodía. Sondeó
entonces las alturas con la mirada, pues había oído la voz aguda de un ave: un
águila trazaba amplios círculos en el aire, y de ella colgaba una serpiente, no
como si fuera un botín, sino como una amiga, pues iba arrollada a su cuello.
(Nietzsche, 1995, p. 16).” (Garcés, 2021, pág. 35) En todo caso el tiempo se
puede interpretar de dos formas, un tiempo cíclico donde reine el eterno devenir o
un tiempo lineal donde sólo reine lo eterno.
Lo interesante es que la analogía del águila y la serpiente no han sido usadas sólo
por Nietzsche, para explicar el tiempo. Para la civilización mesoamericana también
tiene un gran significado. Puesto que marca el punto donde se desarrollaría una
de las culturas más importantes del territorio americano, los Aztecas.
Un águila devorando una serpiente sobre un nopal, es la señal dada por el dios de
la guerra Huitzilopochtli, una imagen que encierra un profundo significado religioso
para el pueblo que inicia un peregrinar a través del tiempo y del espacio, sobre los
cuales va cimentando las bases de su cultura. Asumen una veneración absoluta a
sus dioses que marcan el devenir de sus destinos, pues la imagen del águila
también representa de algún modo el tiempo, es decir, “el dios del sol tiene
también, como es sabido, un animal que le sirve de nahualli; es el águila. Tan es
así que los nombres del sol incluyen los de esta ave; así, cuauhtlehuanitz o “águila
que asciende” es el sol por la mañana, mientras que cuauhtémoc o “águila que
cae” es el sol por la tarde.” (Caso, 2021, pág. 366) Se podría ver en esta imagen,
un concepto general de lo que entendían por “tiempo” las culturas
mesoamericanas.
El tiempo en estas civilizaciones es transversal en la concepción del calendario, la
cosmografía y cosmogonía, una muestra de esto es la síntesis que se encuentra
en “La piedra del sol”, que también se conoce como el calendario azteca.
En este elemento que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de
la ciudad de México, se puede ver la compresión cíclica del tiempo, el cual se
puede entender por medio de un proceso inductivo, por el cual se inicia con el
conteo de los días, pero que facilita la comprensión de una clasificación del tiempo
por grupos más grandes, en los cuales se va marcando el fin y el inicio de nuevos
tiempos. Entonces el conteo de los días se desarrolla por medio de, “la
combinación de un conjunto de veinte signos, llamados tonalli, con un conjunto de
trece números. El conjunto de los tonalli estaba compuesto por animales, plantas,
artefactos humanos, fenómenos naturales y conceptos abstractos”. (Santos, 2021,
pág. 129) El desarrollo de esta fórmala daba como resultado 260 días, esta suma
recibe el nombre de “tonalpohualli”1.
Pero el conteo de los días no era la única forma de entender el tiempo, también
existía otro grupo de signos denominados Yoaltetecuhtin 2, con los cuales de
contaba las noches, en nueve meses lunares.
Además, el fin del conteo de los días y las noches, también permitía ejercer cierto
control sobre la población, ya que “el tonalpohualli con subdivisiones internas
estaba registrado en libros pictoglíficos que servían, tal como lo sugiere su
nombre, para contar los días y para relatar sobre las almas y sus destinos en los
días”. (Santos, 2021, pág. 135) Así que la concepción del tiempo permitía a la
elite ejercer control político y religioso por medio de la administración de los
destinos particulares.
El resultado del tonalpohualli correspondía a la sumatoria de los 20 tonalli, con el
conjunto de los trece números. Dicho resultado también se relacionaba, con lo que
se conoce como los cuatro puntos cardinales, dicha definiciones, “estaban insertas
en un determinado xihuitl, o año sazonal, el que a su vez poseía su propio número
y cargador y, también, estaba relacionado con una de las cuatro direcciones del
mundo.” (Santos, 2021, pág. 136) Este año se componía de 365 días, y cuando
este grupo completaba 52 ciclos, tomaba el nombre de xiuhmolpilli, y se realizaba

1
“Formada por tonalli, que significa ardor, calor del sol y tiempo de estío, y se empleaba como sinónimo de
día, y portlapohualli, que significa cosa contada, numerada o relatada. De ese modo, podríamos traducir
tonalpohualli como cuenta de los días o relato sobre los días. Pero es interesante notar que tonalli también
significa alma, espíritu, razón, parte, porción, lo que se destina a alguien. Por lo tanto, tonalpohualli puede
traducirse también como relatar o contar algo sobre las almas, sobre la suerte de cada uno, sobre lo que se
destina a cada ser.” (132)
2
Señores de la Noche.
la ceremonia del Fuego. Pues al cumplirse este ciclo era probable que se
produjera un cataclismo el cual daba fin a una edad.

En este abordaje ya se ha evidenciado la relación de la triada formada por el


calendario, la cosmografía y la cosmogonía, para tener una visión global del
tiempo. Sin embargo es importante puntualizar la forma como se interpretaba el
espacio y, lo hacían de la siguiente manera: “Topan (Sobre Nosotros), Tlalpan (En
el Suelo) y Mictlan (Región de los Muertos), así como la división de esos grandes
ámbitos en partes menores. La dimensión horizontal del espacio se dividía en
cuatro rumbos o regiones mientras que la vertical en estratos, siendo que trece
eran los pisos Sobre Nosotros y nueve los de la Región de los Muertos.” (Santos,
2021, pág. 237) Aunque existen estas tres divisiones del espacio, todos convergen
en el centro y ejercen una influencia notable que se evidencia en los fenómenos
naturales como en las mismas relaciones humanas.
De este modo se describe el Tlalpan, como “Señor o Monstruo de la Tierra, un ser
semejante a un cocodrilo o caimán, que estaba en el medio de aguas inmensas y
maravillosas, o teoatl. Esas aguas inmensas –que quizá podríamos entender
como oceánicas– circundaban la Tierra y se unían a los cielos en los límites del
mundo” (Santos, 2021, pág. 238). Pero esta superficie, a su vez se dividía en
cinco regiones, las cuales se encuentran representadas en “la primera página del
Códice Fejérváry-Mayer, reproducida en la figura 20. En ella podemos observar la
existencia de cuatro portales trapezoidales intercalados con otros cuatro, con
formato de arco. Esos portales están delimitados por una franja continua que
cambia de color y sobre la cual se encuentran grafiados pequeños círculos. En las
uniones de los portales trapezoidales con los arqueados y en las puntas de los
trapezoidales están dispuestos los veinte signos del tonalli.” (Santos, 2021, pág.
240) Esta demarcación les permitía entender el movimiento de los astros y los
respectivos tiempos en los que se movían. Es decir que existe una vinculación
inherente entre el tiempo y el espacio.
“Entre las estrellas, parece ser que las Pléyades ocupaban un papel
destacado pues, después de un periodo de invisibilidad, reaparecían
exactamente en el día del primer pasaje anual del Sol por el cenit. Ese
fenómeno –marcado por el día en que el Sol no proyectaba sombras al
mediodía al incidir en objetos alargados y ubicados perpendicularmente al
suelo, y por la noche en que las estrellas cruzaban el cielo muy cerca del
cenit– habría sido importante para distinguir las dos grandes estaciones
climáticas en que se dividía el año en Mesoamérica: Xolpan y Tonalco o,
respectivamente, la estación lluviosa y la estación seca” (Santos, 2021, pág.
243)
De modo que la comprensión del tiempo se presenta de forma inherente al
espacio, teniendo claro que estos eran administrados por los dioses, de tal forma
que el hombre mesoamericano entendía su existencia desde un tiempo mediado
por las religiones que interpretaban el tiempo, la cosmografía y la cosmogonía. Un
ejemplo claro de estas convergencias se encuentra en el Chilam balam de
Chumayel, en lo referente a la rueda de los katunes, “se refiere a las cuatro
primeras y más antiguas series de profecías para sus correspondientes katún. En
tal sección, los cuatro primeros grupos de katun están relacionados,
respectivamente, con los cuatro centros hegemónicos que se habrían sucedido en
el poder regional: Ichcaansihó (Mérida), Chichén Itzá, Mayapán y Kinchil Cobá”
(Santos, 2021, pág. 252)
Por otro lado debajo de la tierra está el “Mictlan” o la región de los Muertos, que en
otras culturas se conocerá como el inframundo, a este mundo subterráneo se
podía ingresar por medio de cavernas, manantiales o lagos. Este espacio era para
los muertos comunes, aquellos que no trascendían al sol. “Por eso también se
llamaba Ximohuayan o Lugar de los Descarnados.” (Santos, 2021, pág. 256) A su
vez el mundo de arriba se encuentra dividido entre nueve y trece niveles, lo cuales
corresponden a la jerarquía de los dioses marcados en la cosmogonía, los cuales
correspondían a diferentes fenómenos celestes.
De este breve recorrido se puede concluir que el concepto de tiempo es esencial,
no sólo para interpretar la civilización de Mesoamérica sino, que es inherente a la
concepción de existencia. Desde este punto, entender nuestras circunstancias es
entender el espacio, y la forma como lo transformamos a partir de un posible
tiempo cíclico o lineal.

Bibliografía
Caso, A. (25 de 08 de 2021). ESTUDIOS CLÁSICOS -EL ÁGUILA Y EL NOPAL. Obtenido de ESTUDIOS
CLÁSICOS -EL ÁGUILA Y EL NOPAL:
https://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn50/1011.pdf

Garcés, J. P. (25 de 08 de 2021). Animales simbólicos de Zarathustra . Obtenido de Animales


simbólicos de Zarathustra :
https://www.funlam.edu.co/uploads/fondoeditorial/141_Animales_simbolicos.pdf

Santos, E. T. (25 de 08 de 2021). TIEMPO, ESPACIO Y PASADO EN MESOAMÉRICA. EL CALENDARIO,


LA COSMOGRAFÍA Y LA COSMOGONÍA EN LOS CÓDICES Y TEXTOS NAHUAS. Obtenido de
TIEMPO, ESPACIO Y PASADO EN MESOAMÉRICA. EL CALENDARIO, LA COSMOGRAFÍA Y LA
COSMOGONÍA EN LOS CÓDICES Y TEXTOS NAHUAS:
https://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/tiempo/espacio.html

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