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La Sinodalidad en la Iglesia Actual

1. La sinodalidad es una actitud inherente a todos los creyentes que implica escucha, participación y corresponsabilidad para realizar la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio. 2. Para vivir la sinodalidad se requiere conversión personal y de las estructuras eclesiales para valorar los dones de todos, incluyendo laicos y consagrados. 3. Los sacerdotes enfrentan desafíos como falta de identidad vocacional, cansancio espiritual y mundanidad que requieren conversión para vivir la sinodalidad
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La Sinodalidad en la Iglesia Actual

1. La sinodalidad es una actitud inherente a todos los creyentes que implica escucha, participación y corresponsabilidad para realizar la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio. 2. Para vivir la sinodalidad se requiere conversión personal y de las estructuras eclesiales para valorar los dones de todos, incluyendo laicos y consagrados. 3. Los sacerdotes enfrentan desafíos como falta de identidad vocacional, cansancio espiritual y mundanidad que requieren conversión para vivir la sinodalidad
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LA SINODALIDAD

+ MONS. GUILLERMO ELÍAS MILLARES


Titular de Torre de Numidia
y Auxiliar de Lima
INTRODUCCIÓN

Sabemos que el mundo actual necesita urgentemente la


fraternidad. Sin darse cuenta, anhela encontrarse con Jesus. Pero,
¿Cómo podemos hacer que se produzca este encuentro?
Necesitamos escuchar al Espiritu junto con todo el Pueblo de Dios,
para renovar nuestra fe y encontrar nuevas formas y lenguajes para
compartir el Evangelio con nuestros hermanos y hermanas.
El proceso sinodal que nos propone el Papa Francisco tiene
precisamente este objetivo: ponerse en marcha juntos, en una
escucha reciproca, compartiendo ideas y proyectos, para mostrar el
verdadero rostro de la Iglesia: una "casa" hospitalaria, de puertas
abiertas, habitada por el Señor y animada por relaciones fraternas
Para no caer en los riesgos
señalados por el Papa Francisco -
es decir, e! formalismo, que reduce
el Sinodo a un eslogan vacio, el
intelectualismo, que hace del
Sinodo una reflexion teorica sobre
los problemas, y el inmovilismo,
que nos aferra a la seguridad de
nuestros hábitos para que nada
cambie - es importante abrir el
corazon y escuchar lo que el
Espiritu sugiere a las Iglesias (cf. Ap
2,7).
Somos muy conscientes que
los sacerdotes ya
soportamos una gran carga
pastoral. Y ahora parece que
se añaden "nuevas tareas".
Mas que invitarnos a
multiplicar nuestras
actividades, nos están
invitando a la mirada
contemplativa que nos habla
el Papa Francisco.
Sin duda alguna hemos
escuchado hablar mucho de
sinodalidad en los últimos
meses a partir de la
Convocatoria que ha hecho el
Papa Francisco para
participar en el proceso
sinodal del Sínodo de los
Obispos de 2023 que versará
sobre el tema: POR UNA
IGLESIA SINODAL Comunión,
Participación y Misión.
Pero, al mismo tiempo, nos quedan muchas
dudas sobre el sentido de este Sínodo y las
exigencias del proceso que está ya en
actuación y, también sobre la sinodalidad
misma...
¿Qué es la sinodalidad?
¿Para qué se emplea?
¿Qué puede significar la
¿Cómo se puede
sinodalidad en nuestros
instrumentar?
planes y actividades
¿Tiene algún sustento
pastorales?
teológico?
¿Qué me dice a mí como
¿Es solo una novedad
presbítero, especialmente en
pasajera?
mi compromiso como
¿Qué lugar tiene en las
pastor?
propuestas del Papa
Francisco?
Después de 50 años de una eclesiología de
apertura y participación, ya es el momento de
dar un paso adelante a la eclesiología de
sinodalidad, que nos lleva a un escalón más
amplio de lo que significa la colegialidad
episcopal y la comunión eclesial, que nos
propuso el Concilio Vaticano II, que esta nos
lleve a la Iglesia participativa y de
corresponsabilidad en todos sus niveles,
comenzando con la Iglesia Jerárquica o
ministerial.
Ya no se trata solo de la COMMUNIO
en sentido abstracto, ni de la
Colegialidad referida únicamente a
los obispos, sino de una actitud que
envuelve a todo el pueblo de Dios.
¿QUÉ NO ES PROPIAMENTE LA
SINODALIDAD?
La sinodalidad no es un acontecimiento o una reunión, a esto le
llamamos un Sínodo; tampoco es una estructura de
participación, a esto le llamamos estructuras sinodales, por
ejemplo, el Consejo de Consultores en una diócesis, es una
estructura sinodal. La sinodalidad no es una reunión, o una
estructura o un organismo.
¿QUÉ ES PROPIAMENTE LA
SINODALIDAD?
La sinodalidad es una actitud inherente a todos los creyentes,
una forma de ser y de actuar centrada en la participación y
corresponsabilidad con la cual se realiza la tarea fundamental de
la Iglesia: la Misión, el anuncio del Evangelio de la salvación.
Yo como presbítero en mi diócesis
y en este país
¿Me identifico con este
proceso?
¿En qué si y en qué no?
La sinodalidad implica superar el
binomio excluyente entre fieles
laicos y ministros ordenados por la
consideración incluyente de Pueblo
de Dios, donde unos y otros son
sujetos y protagonistas de la misión
de la Iglesia, cada uno con sus
propios carismas y dones.
El acento colocado por el Vaticano II
está en el hecho de que todos son
miembros del Pueblo de Dios
“Aunque algunos por voluntad de
Cristo sean maestros,
administradores de los misterios y
pastores de los demás, sin
embargo, existe entre todos, una
verdadera igualdad en cuanto a la
dignidad y la actividad común
para todos los fieles en la
construcción del Cuerpo de Cristo”
(LG 32)
En mi comunidad
presbiteral diocesana
¿Cómo vivimos esto? ¿Qué
signos se evidencian del
proceso ahora?
LA SINODALIDAD ES UN(A)...

FORMA
ACTITUD
DE ACTUAR

ESTILO

Es inherente a la vida misma del creyente y la comunidad, que debe estar


presente y manifiesta en los ministros ordenados y en los fieles laicos con
sus distintos espacios y sus distintos carismas, una forma de ser que
implica apertura para escuchar y discernir, disponibilidad para caminar
con los otros, empatía con la realidad en la que nos desenvolvemos y
compromiso con la misión de la Iglesia.
En nuestra práctica pastoral, en
nuestras diocesis
¿Cuántos y a quiénes hemos logrado
escuchar?
Nuestra empatía pastoral, con todas
nuestras realidades ¿cómo se está
dando?
¿Tocamos a los que están cerca y a los
que están lejos? (Intra y Extra eclesial)
1. CONVERSIÓN PARA LA SINODALIDAD
Para vivir la sinodalidad se
requiere de una profunda
conversión de toda la Iglesia,
conversión personal y conversión
de las estructuras pastorales que
nos permitan intensificar la
mutua colaboración de todos en
el testimonio evangelizador a
partir de los dones y los roles de
cada uno,
Sin clericalizar a los laicos y sin
secularizar a los clérigos,
evitando en todo caso la
tentación de un “excesivo
clericalismo que mantiene a los
fieles laicos al margen de las
decisiones”.
La conversión pastoral para poner
en práctica la sinodalidad implica la
superación de muchas actitudes
que no corresponden a la
eclesiología de comunión referida
por el Vaticano II

¿Crees que la eclesiología de


Comunión ya es una realidad en
nosotros, o aún, qué paso
tendríamos que dar?
TALES COMO...

La concentración de la El insuficiente aprecio de La escasa valoración del


responsabilidad de la la vida consagrada y de aporte e específico
misión en el ministerio los dones carismáticos cualificado de los fieles
de los Pastores laicos.
2. DESAFIOS PARA EL MINISTERIO
SACERDOTAL NUESTRO
La sinodalidad exige entonces
,una conversión pastoral, pero no
puede haber una transformación
de las estructuras si no se da una
conversión profunda en el agente
pastoral, que somos nosotros.
Aquí es donde nos encontramos
con los desafíos a nuestro estilo
personal de vivir nuestro
ministerio ya que el desafío
fundamental es el cambio de
mentalidad y actitudes ante las
nuevas exigencias de la
evangelización en el mundo
actual y las circunstancias
concretas de nuestro país.
Analicemos algunos de los más
importantes desafíos a nuestro
ministerio, que están en relación
directa al cambio de
mentalidad para vivir la
sinodalidad como presbíteros
hoy.
El desafio de una falta de
identidad con nuestra
propia vocación
Si decir Iglesia es sinónimo de Sínodo decía san
Juan Crisóstomo, decir sinodalidad es otra
palabra para hablar del evangelizador.
Debemos desarrollar una espiritualidad
misionera, ir más allá de la búsqueda de
espacios y tiempos personales, que nos llevan
a dejar la evangelización solo para algunos
momentos, con esfuerzos y tiempos limitados.
El ambiente presenta una serie envolvente de
distracciones para sentirnos como todos los
demás. A la vez vacío, viviendo como si Dios no
existiera, como si los pobres no existieran.
¿Crees que tendríamos que
tener en cuenta esto para
nuestro ministerio presbiteral,
hoy? ¿Por qué?
El desafío del cansancio y
la tristeza espiritual
De la mano con esta actitud nos encontramos
con el pesimismo. Sentimos que los problemas
del mundo y de la Iglesia nos desbordan,
añadiendo a esto nuestros problemas
personales, nos sentimos incapaces de poder
superar los desafíos de la evangelización.
El pesimista se retrae, se aísla. Ante la falta de
resultados reparte culpas, y se queja de todo y
de todos y, lo más grave, se olvida que esta
gran obra de la salvación es de Cristo, es
voluntad de Dios Padre y depende de la acción
del Espíritu Santo, que necesita de trabajadores
humildes pero entusiastas.
¿Cómo manejamos, los
presbiteros, nuestro mundo
emocional?¿desde una
profunda espiritualidad y
manejo de nuestra realidad
humana?
El pesimismo se ha extendido en
muchos ambientes durante el
distanciamiento social al que hemos
estado expuestos durante esta
pandemia. Muchos sacerdotes
afectados por el pesimismo entre
nosotros.
El desafío de la
mundanidad espiritual
Aquí hay un elemento en el camino de la
conversión de nuestro tiempo, en el que
debemos poner especial atención. La
mundanidad y la espiritualidad son dos
conceptos que se oponen en sí mismos
pero que de manera sutil y, tal vez
farisaica, podemos unirlos.
Efectivamente, la espiritualidad es
buscar nuestra realización por los
caminos de Cristo y el Evangelio que no
coinciden con las propuestas del
mundo, entendido este como la
contraposición a los caminos de Dios en
lenguaje que Jesús mismo utiliza en el
Evangelio de san Juan, ‘están en el
mundo, pero no son del mundo, no te
pido que los saques del mundo, sino que
los cuides del mal y del Maligno’ (Cfr. Jn
15, 18ss; 17, 14ss).
La mundanidad, en cambio, es la
pretensión de querer ser una Iglesia
poderosa, llena de prestigio político y
social, mostrando un rostro de
ostentación y de una falsa pureza moral.
Una Iglesia con una gran fachada por su
historia de grandeza cultural, pero que
podría estar más cerca de una pieza de
museo que de una comunidad llena del
dinamismo del Espíritu que santifica y
vivifica en lugar de buscar la Gloria de
Dios y la salvación de nuestros
hermanos, nos seduce la gloria humana
y el bienestar personal.
Una espiritualidad mundana es
aquella que privilegia la vida
social.
Un sacerdote mundano no es otra
cosa que un pagano clericalizado
Por último, señalo entre otros desafíos de
conversión la guerra entre nosotros. Uno
de los obstáculos para la evangelización
es la división entre los cristianos, es un
verdadero anti testimonio, la guerra
entre nosotros, los propios sacerdotes,
que no nos amamos, ni protegemos, ni
nos cuidamos.
El presbítero además de ser el animador
de las distintas experiencias de
comunión, él mismo pertenece a una
comunidad presbiteral con la que debe
estar en constante cercanía y sintonía,
es en el presbiterio donde se vive la
fraternidad sacerdotal alrededor del
Pastor.
Donde se comparte la única misión
recibida de la Iglesia en torno al Obispo
que, como sucesor de los apóstoles, es
nuestro vinculo de unidad con toda la
Iglesia.
CONCLUSIONES

La sinodalidad exige
una conversión
La sinodalidad es Para vivir la pastoral, pero no
una actitud, un sinodalidad se puede haber una
estilo, una forma requiere de una transformación de las
de actuar, profunda estructuras si no se
inherente a la vida conversión de toda da una conversión
misma del la Iglesia
creyente y la profunda en el agente
comunidad. pastoral, que soy yo
como presbitero.
Queridos hermanos sacerdotes, estamos
seguros de que, partiendo de estas prioridades,
encontraremos también el modo de dar vida a
iniciativas concretas, según las necesidades y
las posibilidades, porque la Sinodalidad es
verdaderamente la llamada de Dios para la
Iglesia del tercer milenio. Ponerse en camino en
esta dirección no estará exento de
interrogantes, dificultades e interrupciones,
pero podemos confiar en lo que nos invita la
Sinodalidad y en frutos de vida evangélica más
profunda.
No bastará con escuchar de
Sinodalidad. Sino de vivir con
sencillez y auntenticidad este
estilo de vida como
presbiteros hoy.
+Mons. Guillermo Elias Millares
¡GRACIAS!

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