LA LEYENDA DEL COYOTE
Hace mucho tiempo, cuando los pájaros hablaban, vivió en los bosques de
México un brujo llamado Soque. Era un hombre malvado, que usaba su magia
para alborotar los vientos y enloquecer a los animales. Soque tenía una cabaña
en lo más profundo del bosque, y usaba como esclavas a tres hermanas
jóvenes y hermosas, de piel muy blanca y ojos muy negros. El brujo las
obligaba a moler el maíz, a cazar en el bosque, a lavar la ropa en arroyos
helados y a recorrer los lugares más ásperos de la selva en busca de hierbas
mágicas. Las hermanas sufrían tanto con aquel tipo de vida que algunas veces
deseaban la muerte. Y lo peor era que, si se equivocaban en algo, Soque las
castigaba con terrible severidad.
Una tarde, las hermanas volvían aterradas a la cabaña. Aunque se habían
pasado el día entero en el bosque, no habían logrado cazar, ni siquiera un
miserable conejo.
–Soque nos castigará por volver con las manos vacías –se lamentó la hermana
menor–. Nos encerrará en la jaula sin agua ni comida, o nos dejará desnudas
junto a un enjambre de avispas furiosas. ¡Ay hermanas, yo ya estoy cansada
de sufrir tanto! ¿Por qué no envenenamos a Soque con alguna planta?
–¡Estás loca! –exclamó la hermana mayor–. ¿Es que has olvidado que Soque
es brujo? ¡Adivinará que queremos matarlo y nos arrancará los ojos!
–O nos enterrará vivas –dijo la hermana mediana.
Las tres muchachas permanecieron calladas. Ciertamente, plantarle cara a
Soque resultaba demasiado arriesgado. Era mejor seguir caminando hacia la
cabaña y aceptar la desgracia como viniera. Pero, de pronto, sucedió algo
extraordinario.
–¡No sigan adelante! –se oyó en el bosque–. ¡Huyan del brujo!
Las hermanas se miraron muy extrañadas. No había ningún ser humano en el
bosque, así que aquella voz solo podía proceder de los árboles o de las piedras.
Las muchachas comprendieron que la misma naturaleza las estaba animando a
escapar, y entonces decidieron arriesgarse. Echaron a correr, veloces como
gacelas, y no se detuvieron en muchos días, salvo para comer algún fruto
silvestre o dormir un rato en el hueco de un árbol.
Una tarde, cuando ya estaban muy lejos de la casa de Soque, las muchachas
decidieron bañarse en un río. Y ya tenían los pies en el agua cuando un pájaro
carpintero se posó en la rama de un abedul e, inclinándose hacia las
muchachas, les dijo:
–¡Corran, corran, Soque se acerca!
Así era. El brujo estaba a punto de alcanzar a las jóvenes. Las hermanas, locas
de terror, abandonaron el río y echaron a correr, pero el brujo cada vez estaba
más cerca. Acosaba a las muchachas con sus flechas envenenadas, y las
jóvenes perdieron toda esperanza de salvarse. En cierto momento, se
detuvieron en mitad del bosque, convencidas de que su suerte ya estaba
echada. Pero, entonces, volvió a sonar aquella voz tan extraña:
–No se rindan –se oyó–. Dense la mano y yo las salvaré.
El que hablaba era Jícuri, el dios del peyote. Compadecido de las hermanas,
había decidido salvarles la vida. Las muchachas se dieron la mano, y entonces
Jícuri sopló con todas sus fuerzas. Un viento huracanado atravesó el bosque y
arrastró a las muchachas, que comenzaron a volar cielo arriba. Iban alto, muy
alto, bien agarradas de la mano, ascendiendo en dirección del sol.
El brujo las vio en las alturas, y entonces disparó tres flechas, una tras otra, y
apuntó tan bien que las tres dieron en el blanco: una en el corazón de la
hermana mayor, otra en el corazón de la hermana mediana y la tercera en el
corazón de la hermana pequeña.
Al ver aquello, Jícuri montó en cólera.
–¡Maldito Soque! –exclamó–. ¿Cómo te atreves a disparar contra esas
muchachas a las que me proponía salvar?
Entonces Jícuri, empeñado en hacer justicia, convirtió a las hermanas en tres
estrellas inmortales, que colocó en la constelación de Orión. Y a Soque, para
que se arrepintiera de su maldad, lo transformó en un animal triste y solitario:
el coyote. Como el coyote conoce su pasado, y sabe que obró mal, por las
noches alza su hocico hacia las estrellas de Orión y suelta un aullido lastimero.
Así pide perdón a las tres bellas hermanas con las que fue tan injusto.
Leyenda de México